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sábado, 13 de junio de 2020

Joseph Roth: La marcha Radetzky

Idioma original: Alemán
Título original: Radetzkymarsch
Traducción: Isabel García Adánez
Año de publicación: 1932
Valoración: Imprescindible



Creo que no me equivoco si digo que esta es una de las novelas clave de la primera mitad del siglo XX y uno de los ejemplos más acabados de novelas que reflejan el final de una época y los efectos que este tiene sobre los individuos. Y mira que buena parte de la narrativa de Joseph Roth (Musil, Zweig, etc) gira alrededor de ese tema, pero es que "La marcha Radetzky" lo tiene (casi) todo.

El punto de partida de la novela será la heroica acción de Joseph Trotta, quien casi sin quererlo salva la vida del Emperador Francisco José durante la batalla de Solferino, lo que provocará que Joseph Trotta se convierta en el barón von Trotta und Sipolje (localidad esta de la que procedían sus antepasados) y modificará para siempre el destino de la vida de su hijo Franz y su nieto Carl Joseph.

Los destinos de ambos (sobre todo el de Carl Joseph) aparecen, por tanto, entrelazados con el ocaso de la monarquía austrohúngara, el cual es narrado desde el sarcasmo y la ironía, aunque no sin pequeñas dosis de melancolía. Todo ello conjugando destinos individuales y acontecimientos históricos, contraponiendo valores "antiguos" y "nuevos", diferenciando entre realidad y apariencia.

Por una parte, estarían la omnipresente figura del Emperador y los valores que de ella aparentemente emanan: el deber, la obediencia, el sacrificio, el honor; por otra, su aplicación práctica en instituciones como la clase política o el ejército. Por ejemplo, el contraste entre el oropel de los desfiles o el papel aglutinador y ejemplar del ejército y la imagen de este como un grupo de holgazanes, bebedores y jugadores o entre las tradiciones antiguos y las nuevas costumbres es brutal.

Producto de estos contrastes y del choque entre el ideal y la realidad es el personaje central de la novela, el teniente Carl Joseph von Trotta und Sipolje. Nieto del héroe de Solferino e hijo de un jefe de distrito, recto y espartano funcionario que más parece un fantasma de otros tiempos y un reflejo decolorado del Emperador, Carl Joseph se ve empujado desde su más tierna infancia a la carrera militar. La carga, para lo bueno y para lo malo del nombre del héroe de Solferino, una relación paterno-filial basada en silencios y sobreentendidos y el peso del deber, el honor, la obediencia y la sumisión harán de Carl Joseph un ser pusilánime, un hombre "sin atributos", un instrumento en manos del infortunio.
De ahí que "La marcha Radetzky" no haya de ser considerada, al menos en exclusiva, como una novela histórica y que conserve en 2020 toda su vigencia. Porque es también una novela de corte psicológico o existencialista, sobre seres fuera de lugar que tratan de "pertenecer" de alguna manera, aunque en el fondo siempre sean incapaces de adaptarse a las nuevas situaciones o a situaciones que la Historia va poniendo en su camino.

Sea como fuere y hagamos la lectura que de la novela hagamos, "La marcha Radetzky" vuelve a dar muestra de la capacidad de penetración psicológica de Roth, de sus habilidades como narrador o contador de historias, de su maestría para entrelazar extensas descripciones (por ejemplo, las de los paisajes de su Galitzia natal) y ágiles diálogos o para dejarnos una serie de escenas memorables, como pueden ser el diálogo entre Carl Joseph y el doctor Max Demant previo al duelo en el que este último se ve inmerso, la agonía del criado del primer y segundo Trotta o las poderosas imágenes de la guerra, en las que sentimos el hambre, la sed y la violencia en carne propia. Por ponerle un pequeño pero, quizá el comienzo sea algo "lento", ya que está destinado más a una puesta en situación que otra cosa. Si lo leéis y os transmite esa sensación, no desistáis. Merecerá mucho la pena, de verdad.

sábado, 6 de julio de 2013

Joseph Roth: La leyenda del santo bebedor

Idioma original: alemán
Título original: Die Legende vom heiligen Trinker
Año de publicación: 1939
Valoración: Muy recomendable

Hay una categoría de libros que ocupa un lugar muy especial en mi corazón lector (y creo que en el de muchos lectores como yo): son los libros que parecen fáciles de escribir de tan sencillos que son, pero que de sencillos no tienen nada, faltaría más. A esta categoría pertenece esta Leyenda del santo bebedor, obra póstuma de uno de los grandes narradores centroeuropeos del siglo XX, Joseph Roth. Aunque aquí hayamos reseñado de él solamente Hotel Savoy y La rebelión, también merecerían una reseña (que tal vez algún día llegue) al menos La marcha Radetzky, La tela de araña y El busto del Emperador.

Pero vamos con esta Leyenda, que como indica su título tiene un aire misterioso de irrealidad, pese a su ambientación realista. La trama es (como decía antes) de lo más simple: a Andreas Kartak, un clochard parisino de origen polaco, un desconocido filántropo le hace entrega de doscientos francos, con la condición de que los devuelva cuando quiera y pueda a santa Teresita de Lisieux en la iglesia de Sainte Marie des Batignolles. Y el buen clochard intenta cumplir su promesa, pero siempre hay algo que se lo impide: cuando no es su afición a la bebida y a los placeres mundanos, es una antigua amante que intenta recuperarlo, y cuando no es un conocido que lo estafa. El dinero aparece y desaparece de la vida y de la cartera de Andreas milagrosamente (el término no es casual), hasta su último y desesperado intento de saldar su deuda con la santa. 

No hay que buscar, como decía, en esta novela alardes técnicos: el texto es una continua huida hacia adelante, que exige del lector la "suspensión de la incredulidad" para aceptar las premisas de un mundo en el que los encuentros casuales, las apariciones milagrosas y las coincidencias improbables se suceden. El estilo original de Roth debe ser, a juzgar por lo que he leído, uno de los valores de esta obra, pero eso resulta difícil de evaluar a través de una traducción, por mucho que sea una traducción competente como la realizada por Michael Faber-Kaiser para Anagrama.

La leyenda del santo bebedor es un libro en cierto modo festivo, a pesar de su estructura trágica (Andreas Kartak parece constantemente movido por fuerzas superiores a él que lo conducen a un final inevitable). El propio Joseph Roth pasó sus últimos años envuelto en una nube alcohólica en París, como el protagonista del relato. La frase final del libro explicita esta relación entre el protagonista y el autor, y explica también el evidente cariño con que es tratado el personaje: "Gebe Gott uns allen, uns Trinkern, einen so leichten und shönen Tod. / Denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte."

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lunes, 15 de junio de 2009

Joseph Roth: Hotel Savoy

Idioma original: Alemán
Título original: Hotel Savoy
Año de publicación:
1924
Valoración: Muy recomendable

Releer una obra de la que tenemos un inmejorable recuerdo siempre es arriesgado: hay poco que ganar -como mucho, mantener la alta impresión original- y mucho que perder, porque la desmitificación de un libro al que tenemos cariño es algo doloroso (hace poco decía Esti que tenía miedo de volver a leer los libros de "Los Cinco", por lo que pudiera pasar...)

Por eso cuando volví a coger Hotel Savoy de la estantería después de casi diez años, sabía que estaba corriendo un riesgo. Mi recuerdo de la novela de Joseph Roth era inmejorable: una novela con elementos kafkianos, surrealistas, oníricos, llena de personajes extravagantes y de escurridizos Godots. Mi preocupación aumentó al hojear la introducción de Cátedra, que presentaba la novela como un reflejo de la sociedad centroeuropea de posguerra (de la Primera Guerra Mundial, claro), es decir, como una novela poco menos que realista. Afortunadamente, las primeras páginas de la novela me reafirmaron en mi recuerdo original: el estilo y los personajes volvieron a atraparme de inmediato y, al igual que hace diez años, devoré la novela en unas pocas horas (sólo son unas 150 páginas).

Es cierto que Hotel Savoy es un reflejo de la desquiciada sociedad centroeuropea de entreguerras, marcada por la vuelta a casa de los combatientes (pobres, enfermos, desahuciados), el surgimiento del fascismo y del comunismo, la crisis de valores provocada por la Gran Guerra. Pero este retrato no es realista a la manera decimonónica, sino que tiene un aire inconfundiblemente centroeuropeo (un aroma a Kafka poco denso), con elementos vanguardistas (toques de Beckett, de Ionesco incluso) y un estilo impresionista, de frases y párrafos cortos y cortantes.

La historia es realmente vaga en Hotel Savoy: el protagonista y narrador, Gabriel Dan, es uno de los muchos combatientes que llegan a una desconocida ciudad de Europa del Este (probablemente Łódź, en Polonia) y se instala en el Hotel Savoy, un establecimiento que ofrece una deslumbrante fachada de lujo y occidentalidad, pero que esconde todo un mundo de personajes organizados jerárquicamente (los ricos en los elegantes pisos inferiores, los pobres en los superiores, atestados e insalubres). En el hotel, Gabriel conoce a Stasia, bailarina de variedades; a Wladimir Santschin, payaso que muere a causa probablemente de las malas condiciones de vida del hotel, o al misterioso ascensorista Ignatz, a quien los huéspedes entregan sus maletas una a una a cambio de su estancia en el hotel.

Los segundos dos capítulos de la novela están marcados por la llegada de dos personajes, y la espera de otro que nunca llega (¿o sí?): el ex-combatiente revolucionario Zwonimir, que sacudirá la vida de Gabriel Dan, del resto del hotel e incluso de la ciudad entera; el millonario Bloomfield, llegado de América como una promesa -cumplida sólo muy parcialmente- de dinero fácil para los habitantes de la ciudad, y el misterioso director del hotel, Kaleguropulos, al que nadie conoce, nadie ha visto, pero que se las arregla para visitar las habitaciones y controlar a los inquilinos a su antojo.

En resumen, en esta segunda lectura Hotel Savoy sólo ha perdido, quizás, un punto en la escala de mis recuerdos (de imprescindible a muy recomendable). A ratos, Roth parece más interesado en escribir un "catálogo de personajes raros y curiosos" que una verdadera novela. En cualquier caso, Joseph Roth (ojo, no confundir con Philip como nos ha pasado a muchos en algún momento) sigue estando entre ese selecto grupo de escritores centroeuropeos que nos enseñan lo que vale una buena novela.

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miércoles, 24 de enero de 2018

Joseph Roth: La Cripta de los Capuchinos

Idioma original: Alemán
Título original: Die Kapuzinergruft
Traducción: Jesús Pardo
Año de publicación: 1938
Valoración: Muy recomendable

El primer capítulo de esta novela nos da una idea perfecta de lo que nos encontraremos en ella: la historia de un mundo desparecido (el imperio austro-húngaro) y del extrañamiento de su protagonista. 
“No soy un hijo de mi tiempo, es verdad, incluso diría que me resulta difícil no erigirme en su enemigo, y no es que no lo entienda, como he afirmado a menudo, esto es una excusa piadosa. Por pura comodidad no quiero volverme hostil o agresivo, y por lo tanto digo que no lo entiendo, cuando debería decir que lo odio o que lo desprecio”
Como se puede comprobar, “La Cripta de los Capuchinos” es heredera directa, en cuanto a temática, de “La marcha Radetzky”, probablemente la mejor obra de Roth. De hecho, su protagonista, Francisco Fernando Trotta, es nieto de un hermano del héroe de Solferino, aquel que salvó la vida del emperador, etc. 

Narrada desde la distancia que da el tiempo, la novela abarca un período de 25 años (1913-1938), desde los decadentes ambientes aristocráticos de la Viena previa a la Primera Guerra Mundial hasta la anexión de Austria por Alemania (el célebre Anschluss), y es, como ya he dicho, la historia del final de una era y de los sucesivos extrañamientos de una generación y de una clase social.

La Guerra, que implica la pérdida de nombre, posición, rango, dinero, casa, valores, pasado, presente y futuro, marca el devenir de los acontecimientos. Pone, además, de manifiesto la contraposición entre lo viejo y lo nuevo, constante a lo largo de todo el libro, y supone una especie de epifanía para Trotta. 

Buena muestra del contraste entre lo viejo y lo nuevo y el deslumbramiento que causa en Trotta es su relación con Joseph Branco Trotta y Manes Reisiger, representantes del viejo mundo multiétnico del imperio, con sus viejos oficios y sus tradicionales costumbres, frente a la más cosmopolita y moderna Viena de Francisco Fernando. Con ellos vivirá la Guerra y el destierro y con ellos se reencontrará al final del libro.

Este contraste “viejo – nuevo” y el extrañamiento del protagonista se acentúa en la Viena de posguerra, época de adaptación y asimilación de nuevas ideas (algunas de ellas vilipendiadas con anterioridad). Los nobles ahora son apenas burgueses y son seres desubicados en un mundo nuevo, el de los negocios, en el que fracasan una y otra vez. La posguerra es momento de reencuentros, como el que tiene lugar con su madre, que sigue viviendo como si su mundo no se hubiera deshecho, o con su esposa Isabel, una mujer absolutamente cambiada respecto a la que dejó al comienzo de la Guerra. Reencuentros y desencuentros en un mundo que cambia a velocidad de vértigo..

Las principales virtudes del libro, como ya ocurre en otras obras de Roth, son la evolución psicológica de los personajes y el retrato de los diferentes ambientes. Trotta dista absolutamente de ser un personaje plano; es imposible que en 1938 sea el mismo que en 1913 debido a las sucesivas experiencias a las que se enfrenta (Guerra, destierro, matrimonio, paternidad, fracasos, etc) y Roth maneja esta evolución del personaje de forma magistral. Por otra parte, la sensación de melancolía y pesimismo que transmite el libro acompañan perfectamente el tono del relato.

Por ponerle un pero, me quedo con las ganas de saber algo más del período pre-Anschluss. Me parece percibir una cierta precipitación (lo sé, ¿quién soy yo para pretender criticar a Joseph Roth) a la hora de resolver ese período previo al final del libro.

En cualquier caso, un muy buen libro de uno de esos autores imprescindibles para entender la Europa de comienzos del siglo XX.

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sábado, 21 de enero de 2023

Joseph Roth: Confesión de un asesino

Idioma original: alemán

Título original: Beichte eines Mörders

Año de publicación: 1936

Valoración: Recomendable


No soy partidario de leer los libros mediatizado por lo que pueda saber de su autor (personalidad, ideología, acontecimientos decisivos, etc.), y por eso procuro esquivar esas informaciones, al menos hasta haber terminado. Esta vez no pudo ser y, como parece inevitable, lo que leí acerca de Joseph Roth en una edición uruguaya resultó clave para entender al menos el porqué del personaje protagonista de esta novelita. Por lo visto, el padre abandonó la casa familiar al poco de nacer Joseph, y nada más volvió a saberse de él. Esta circunstancia parece que siempre sobrevoló la mente del escritor, y le indujo a especular/fantasear sobre la personalidad del padre huido.

Algo de esto le ocurre efectivamente al ruso cuyo relato llena las páginas de Confesión de un asesino. Reunidos los parroquianos de un bar cualquiera, entre los que se cuenta un periodista tras el que se entrevé al propio Roth, a raíz de un comentario suelto el aludido, el ruso, se decide a contar la historia de su juventud. Ante unos vasos que se van rellenando de tanto en tanto, relata el hombre que su apellido es Golubchik (en ruso, nada menos que Palomita), y que en realidad es hijo ilegítimo del príncipe Krapotkin. Esa dualidad en la filiación la lleva muy mal el muchacho, que desprecia a su progenitor legal (desprecio que se encarna en el absurdo apellido) y está decidido a hacer valer sus derechos frente al aristocrático padre biológico. 

Hay en el chico una buena dosis de rebeldía, algo bastante comprensible, y otro tanto de ambición, aunque en este caso su contenido no está tan claro como se podría suponer. Como decía, Golubchik reniega de su origen (solo respeta a la madre) y se reivindica frente al príncipe pero, aunque los derechos que reclama tienen en principio un evidente contenido económico, hay más que eso. En realidad, y aquí el libro tiene un tanto de novela de formación, hay una tempestad interna, una especie de rabia universal que, pese a la desorientación de la que el joven es consciente a ratos, parece que le llevase siempre a buscar la peor opción posible.

Y aquí aparecen nuevos elementos, en concreto un misterioso personaje, amable y atildado, que aparece y desaparece, y que a veces aconseja o simplemente acompaña al joven en las sucesivas aventuras en que se va viendo envuelto. Hay en ese tipo algo maligno que nunca se deja ver pero que el lector capta muy pronto de forma intuitiva. Y esa primerísima persona en que se desarrolla el relato, aparte de evocar un estilo muy de finales del XIX, acentúa por algún motivo esa sensación de incomodidad y hace pensar en personalidades trastornadas o conflictos de identidad, en presencias inquietantes que de alguna forma determinan la conducta. El tono me hace pensar en Meyrink, pero también en Perutz. 

Sin embargo, hay algo en la forma de escribir de Roth que resulta muy peculiar. Su prosa es de apariencia extremadamente sencilla, lo que encaja muy bien con una narración puesta en boca de un hombre corriente como es el protagonista. Pero si nos detenemos a escarbar un poco más encontramos sutileza en las imágenes, desenvoltura y mano diestra en el manejo del ritmo narrativo, y figuras retóricas impecables, en especial cosificaciones y personificaciones muy logradas que dan colorido y vigor a la historia.

Aunque en primer plano la figura del narrador ruso es la del joven decidido a hacerse valer aunque sin tener muy claro en qué dirección, de fondo tenemos una especie de corriente invisible, construida por su propia indecisión y seguramente dirigida por su misterioso amigo, que parece conducirle siempre por los caminos más espinosos, entre el engaño y el crimen, sin que sea capaz de resistirse aunque a veces intuya que puede o debería encontrar una salida.

Hay algo negro en su propio origen y una fuerza que le impide corregir el rumbo, lo que provoca una sensación de inquietud permanente, como si Roth nos estuviera diciendo que en esas circunstancias todo está escrito, que nada podemos hacer para escapar del destino y que cuando el Mal nos ha tocado, aunque ni siquiera lleguemos a distinguirlo, nos va a guiar a su antojo y sin remedio hacia la perdición.

Unas cuantas obras de Joseph Roth reseñadas en ULADaquí


sábado, 12 de octubre de 2024

Joseph Roth: Job. Historia de un hombre sencillo

Idioma original: Alemán
Título original: Hiob 
Traducción (al catalán): Judith Vilar
Año de publicación: 1930
Valoración: Entre recomendable y está bien

Job, de Joseph Roth, es una novela formidable. Una que cuenta una historia sencilla pero emotiva con una prosa también sencilla pero expresiva y vigorosa, cuyos temas, tono y argumento me han recordado poderosamente a los de varias obras de mi admirado Isaac Bashevis Singer.

Su primera mitad transcurre sobre todo en Zuchnov, una villa miserable de Rusia; la segunda parte, en cambio, sucede Nueva York, Estados Unidos. La protagonizan Mendel Singer, un judío devoto, su mujer y sus tres hijos.

Cada uno de los personajes del elenco principal está adecuadamente caracterizado. Incluso algún secundario desfila con la cabeza bien alta, pese al escaso foco que se le da; es el caso, por ejemplo, de Sameschkin, que tiene unas dinámicas muy interesantes con Deborah, la mujer de Mendel, y comparte una escena conmovedora con éste último.

Muchísimos temas se barajan en Job: el sufrimiento del desgraciado, el distanciamiento conyugal, el envejecimiento, la ambivalencia hacia los hijos, la melancolía del apátrida, el choque con la idiosincrasia americana, el desencanto con Dios... Dichos temas se tratan con humildad, pero sin subestimarlos, y se abordan desde la siempre cambiante perspectiva de los personajes, así como en función del tono que impregna la novela en cada momento (sobre todo agridulce o trágico).

El estilo narrativo de Roth es, como adelantaba más arriba, muy potente. Engañosamente sencillo, emplea varios recursos a su favor (como el de la repetición) y regala pasajes, descripciones o reflexiones de gran calado.

Quizá, eso sí, Job sea una obra ligeramente inferior a otras similares. Como estudio de personaje centrado especialmente en Mendel es menos completo y matizado de lo que podría haber sido. Como ficción que gira en torno a lo judío tampoco acaba de alcanzar toda la profundidad posible. Sea como fuere, esto no impide que estemos ante una novela formidable que hace gala de una prosa magnífica, un elenco sólido y unas reflexiones maduras.


También de Joseph Roth en ULAD: Aquí

domingo, 12 de abril de 2009

Philip Roth: Elegía


Idioma original: inglés
Título original: Everyman
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

Si no os importa, voy a empezar con una batallita. La primera novela que leí de Philip Roth la leí por error. Acababa de leerme dos novelas de Joseph Roth (Hotel Savoy y La leyenda del Santo Bebedor) y me habían encantado, y quería leerme algo más de él, así que cuando encontré por casa un libro de un tal Roth, lo cogí sin mirar más, y empecé a leerlo. Aquel libro era El lamento de Portnoy, y claro, a mí me extrañaba bastante que un autor centroeuropeo de la primera mitad del siglo XX escribiera sobre las tribulaciones de un judío en Newark (Nueva Jersey), obsesionado por su incapacidad para disfrutar de las más variadas y freudianas experiencias sexuales. Una vez aclarado el error, la novela me gustó bastante, tengo que decir.

Desde aquel primer encuentro accidental, he leído varias novelas más de Philip Roth, y casi todas me han dejado una sensación parecida: la de que son buenas novelas, bien escritas, "sólidas" como ficciones y como narraciones, pero ninguna llega a ser redonda, perfecta. Tanto en Me casé con un comunista como en Sale el espectro hay momentos brillantes, pasajes sobre lo físico y sobre lo metafísico que quitan el aliento (y Roth no se corta un pelo a la hora de sumergirse en lo físico, tanto en lo sexual como en lo escatológico). Pero en todas ellas, también, hay momentos en los que la novela pierde fuerza, como si Roth fuera mejor en el arte de escribir que en el arte de tachar o tirar a la basura.

A Elegía (en inglés, Everyman, con una referencia al drama medieval del mismo título que se pierde en el español), le pasa algo parecido: al principio me costó entrar en la novela, las primeras 50 páginas -en las que se celebra el funeral del protagonista y algunos de sus allegados comienzan a recordarlo- me parecieron excesivament densas, torpes, de ritmo atrancado. A partir de ahí la cosa mejoró, y la segunda mitad, que trata sobre todo de la vejez y sus consecuencias, me encantó. De hecho, de todas las novelas que he leído de Roth, es por ahora la que más me ha gustado.

Y eso es precisamente lo que me pasa con Philip Roth: que la novela que más me ha gustado me parece "Muy recomendable", que no es poco, pero ninguna de ellas "Imprescindible". Dicen que La mancha humana es su mejor novela. Espero leérmela dentro de poco y ver si por fin consigue subir ese último peldaño. Porque a Roth sólo le falta éso y el Premio Nobel...

También de Philip Roth en ULAD: IndignaciónEl animal moribundo, La conjura contra AméricaLa mancha humanaNémesisPastoral americanaEl lamento de PortnoyEngañoLa humillaciónGoodbye, ColumbusSale el espectro

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Joseph Roth: La rebelión


Título original : Das Rebellion
Idioma original : Alemán
Fecha de publicación : 1924
Valoración : recomendable

Ciertos conocidos insisten que este, y no Philip, es el mejor Roth. Vaya, no me gusta encontrarme ante tales tesituras y, aunque reconozco que al contemporáneo su fecundidad a veces le traiciona, y no comulgo con su decisión manifestada de dejar de leer ficción, opto por hurgar en la obra del Roth que ya murió, hace bastantes años, víctima, dicen del alcoholismo. Y me encuentro con que La rebelión es una muy buena novela repleta de excelente literatura, con un aire entre lo social y lo muy levemente fantasioso.

Cuenta esta novela la historia de Andreas Pum, austríaco mutilado en la Primera Guerra Mundial, por tanto, condecorado con una medalla y autorizado por un documento a pasear su organillo y tocar su música. De lo cual se siente orgulloso: defiende ese orden que le ha compensado de esa manera por servir a su país. Ese sentido justo que, para él, equilibra el mundo. Su existencia es gris y humilde pero no exenta de algo parecido a la felicidad. Acepta su lugar en la sociedad y parece no anhelar más que aquello que va encontrándose a su paso. La gente que le da dinero por interpretar su música, la joven viuda con la que se casa, todo lo encuentra como cree que merece y debe ser. Pero un episodio desgraciado da al traste con ese modesto pero idílico panorama.

Hace unos meses leí El extranjero de Camus. Que me dejó un pelo frío. La sensación con La rebelión ha sido más satisfactoria. Más esperanzada, menos desasosegante. También es esta una historia que podemos interpretar libremente, desde su ubicación espacio-temporal (Viena, período entreguerras), hasta su título, pasando por los sucesivos estados anímicos (respecto a la autoridad, respecto a la sociedad, respecto a las mujeres, respecto a la religión) del protagonista y sus relaciones con los seres que le rodean, con el aparato burocrático estatal y autoritario que le concede y le niega favores de forma volátil y caprichosa. También Andreas parece, como el personaje de Camus, mantener una postura determinada frente al mundo. También Andreas parece, como el coronel de García Márquez al que nadie escribía, aguardar un giro en su fortuna. Aunque los hechos que le acontecen hacen que esta esperanza se reduzca radicalmente. Sé que habrá quien encuentre exagerada la comparación, donde Sartre abanderó un movimiento, obtuvo un Nobel, influyó a una generación y Roth, Joseph, parece ser uno de esos escritores condenados al malditismo. Pero algo tiene esta novela y estos personajes que los hace originales e interesantes.

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jueves, 9 de enero de 2014

Joseph Roth: Fuga sin fin

Idioma original: alemán
Título original: Die Flucht ohne Ende
Año de publicación: 1927
Traducción: Juan Luis Vernal
Valoración: recomendable

Los primeros párrafos de Fuga sin fin parecen irnos a sumir en una especie de epopeya trágica de aires tolstoianos. Y no iríamos desencadenados, pero resulta que Roth no es un escritor de tono tan solemne. Pronto los engaños de Franz Tunda, protagonista absoluto del libro, combatiente austriaco abandonado en Rusia en ese histórico momento entre la I Guerra Mundial y la Revolución Rusa, revelan un cariz más acanallado, más de superviviente por naturaleza. Entonces es cuando nos damos cuenta de que hasta obras consideradas menores de algunos grandes escritores tienen un cierto potencial. Sí: poco importa que sea una pequeña comarca o toda la fría y desolada Europa posterior a la I Guerra Mundial la que haya que atravesar para salvar el pellejo. La cuestión es llegar a casa, sea ésta un país desaparecido o desmigajado y albergue ésta un futuro poco o nada halagüeño. La cuestión es vivir, disfrutar de un presente mucho más cierto que ese futuro lleno de incógnitas. Y tengamos en cuenta que el libro es escrito en 1927, equidistante entre el inicio de los dos grandes conflictos,
Así es como Tunda cambia de identidad y se apunta a lo de la Revolución. Se integra sin demasiada convicción, parece disculparse continuamente por un origen burgués. Pero no tarda en hartarse, y quiere averiguar cómo es el mundo que el conflicto ha dejado atrás.
Aunque me da la impresión de que en ese momento la novela pierde fuelle. No cuadran las fechas y esa década de la vida de Tunda se vuelve confusa y algo inverosímil. De repente lo vemos al borde de la miseria y de repente los vemos alternando con gobernantes. La segunda mitad del libro, la del desencanto de la Revolución y su periplo por las cenizas de la Europa devastada, resulta, sin pérdida de valor literario, algo confusa, en el aspecto narrativo. No se alcanza a ver si esto es un recurso, pero los hechos suceden de una manera que nos desorienta. Tantas cosas y tantos lugares en tan poco tiempo, y tantas dudas de cuál de esos pasados que acumula es aquel al que quiere regresar. Franz Tunda es otro de esos personajes que he encontrado en cada obra de Roth que he leído. Una especie de outsider extemporáneo, un individuo cautivo de sus paranoias y debilidades. Seres que se debaten entre situaciones extrañas y alucinadas, herederos de algunos detalles de las obras de Kafka y a la vez anticipos de una suerte de existencialismo bohemio y algo turbio. Aclaro que el valor de la prosa y ese poderoso arranque ganan la partida y decantan la balanza. Pero a pesar de su convivencia temporal con algunas de sus mejores novelas, las palabras obra menor retumban en mi cabeza.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Aharon Appelfeld: Badenheim 1939

Idioma original: hebreo

Título original: Badenheim 1939

Año de publicación: 1978

Valoración: Recomendable

 

 

Conocer las circunstancias que marcaron la niñez de este escritor (1932-2018) solo puede despertar curiosidad por conocer su obra. Para situarle en su contexto, diré que padeció la represión nazi como la mayoría de judíos europeos de su época. Pero su caso es diferente: aunque el lento desarrollo de los acontecimientos, su gusto por las descripciones y por la narración indirecta (lo que cuenta parece irrelevante pues lo que importa de verdad es todo lo que calla) nos recuerden a otros colegas suyos como Zweig y Joseph Roth, en realidad pertenece a la generación siguiente, la del otro Roth, el estadounidense con quien llegó a trabar amistad y cuya entrevista de 1988 encabeza la edición que he leído.

El niño Aharon, de familia acomodada, se vio con solo ocho años  despojado de todo. Tras el asesinato de su madre, escapó del campo de concentración y tuvo que sobrevivir gracias (o a pesar de) la voluntad de los adultos que iba conociendo. Finalmente, pudo llegar a Israel y reencontrarse con su padre. Es allí donde aprendió hebreo, cursó estudios universitarios y desarrolló en ese idioma una extensa carrera literaria.

Appelfeld no suele interesarse explícitamente por la maldad o la desgracia, más bien retrata el negativo de estas realidades y es el lector quien debe completar el resto. La infancia, la bondad, la ingenuidad, el hábito de evadirse, en definitiva, la vida confortable, al margen de una realidad más o menos dramática, suelen constituir el marco en el que sitúa sus argumentos. Hay mucho que escarbar bajo esa superficie brillante y distinguida, detrás de la monótona (pero opulenta) cotidianeidad que aparece en Badenheim 1939. Porque, no nos engañemos, la fecha del título ya nos da una pista, nada está puesto ahí al azar, todo tiene su razón de ser y el lugar exacto donde encaja perfectamente.

A cargo del Roth más contemporáneo, y como antesala a una concienzuda entrevista, se ofrece el relato a grandes rasgos de su vida, los caracteres de su escritura, la impronta kafkiana de esta etc. El mismo entrevistador parece impactado –como lo estaremos nosotros más adelante– por la serenidad del relato, una impasibilidad aparente que, como decía antes, apenas muestra más que la cara amable de personas, lugares y hechos, y que el propio Roht describe así: “Tan única como el tema es la voz que se origina en una conciencia herida, concertada en algún punto con la amnesia y con la memoria, que sitúa el relato a mitad de camino entre la parábola y la historia.” Y hace notar al entrevistado que los datos para comprender la situación no están en la mente de los personajes, ni siquiera el escritor los suministra con el detalle necesario, ha de ser el lector mediante sus conocimientos históricos quienes desvelen el trasfondo de lo que ocurre. Y es que Appelfeld, perplejo después de tantos años por la facilidad con que se produjeron hechos tan terribles, por esa tolerancia rayana en la complicidad con que las víctimas se dirigían alegremente a su destino, opta por resaltar esa actitud. Recordemos que él aún no tenía edad para entender lo que estaba ocurriendo, menos aún para tomar decisiones, de ahí esa postura radicalmente distinta a la de autores de más edad.

Tras esta ilustrativa preparación nos enfrentamos, por fin, a la novela. Ya no puede sorprendernos ese pueblo de veraneantes, tan pacífico y soñoliento, tan consciente de su condición privilegiada, donde la mayor preocupación consiste en saborear la excelente repostería local, descansar plácidamente, disfrutar de los conciertos programados y estar al tanto de los últimos chismorreos para no aburrirse más de la cuenta. El novelista describe minuciosamente la belleza del paisaje a medida que se suceden las estaciones del año. Los personajes viven en la indolencia la mayor parte del tiempo, si no fuera por los datos suministrados en el prólogo, la irrupción en escena de un Departamento de Sanidad, que se infiltra en zonas privadas y públicas, solicita información y obliga a los residentes a inscribirse, la nueva situación nos habría pasado desapercibida. A partir de ahí, las condiciones se van volviendo más penosas, pero muy poco a poco y sin que los personajes le den  excesiva importancia, solo el lector se alarma con la metáfora de los peces. Las comunicaciones parece estar cortadas, pero lo atribuyen a algún problema subsanable, hay rumores de un traslado a Polonia que todos reciben de buen grado, piensan que, si la vida en Badenheim empieza a complicarse, nada mejor que trasladarse a un lugar donde, presumiblemente, se les recibirá con los brazos abiertos. Encontramos aquí la candidez que Appelfeld mencionaba en la entrevista.

Es cierto que la atmósfera de esta novela corta resulta algo irreal, que el relato mantiene un aparente estatismo ya que lo relevante permanece semioculto, pero bajo su aspecto de irrealidad la novela está hablando de nosotros, de los humanos de hoy, de ayer y de siempre. ¿O acaso piensan que hoy mismo no seríamos capaces de una frivolidad escalofriante en momentos de verdadero peligro para la especie humana, que solo los que –según cuenta el novelista– habitaban Badenheim en esa época vivían procurando no leer la prensa y preocupándose únicamente por que el agua alcanzase la temperatura adecuada, los pasteles se sirviesen a su hora o en vigilar el estado de ánimo de los músicos cuando estaba a punto de producirse un Holocausto? Imposible que eso suceda en nuestra época, ¿no es verdad? Y, volviendo a los personajes, ¿caerán en la cuenta alguna vez de la amenaza que se cierne sobre ellos? Eso me lo reservo. Lean.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Jakob Wassermann: El caso Maurizius

Resultado de imagen de el caso maurizius amazonIdioma original: alemán
Título original: Der Fall Maurizius
Año de publicación: 1928
Valoración: Imprescindible


Aquí termina el caso Maurizius, pero no la historia de Etzel Andergast”. Con esta frase –que como ven no desvela absolutamente nada– cierra Wassermann una trama de casi seiscientas páginas, meticulosamente construida, con el propósito (que cumplió con creces) de dejar la puerta abierta a entrega/s posterior/es. Porque, efectivamente, la obra tiene una segunda parte (Etzel Andergast, 1931) y hasta una tercera (Joseph Kerkhovens dritte Existenz o La tercera existencia de Joseph Kerkhoven, 1934) que, por desgracia y si no me equivoco, solo se tradujeron en Argentina hace más de seis décadas.

Quien la haya leído y disfrutado hasta el final entenderá mi decepción –que espero no dure mucho tiempo– pues la personalidad de este adolescente, hijo del fiscal general de estado, es tan compleja como seductora y, desde luego, extremadamente precoz para la mentalidad actual, aunque por la forma en que se abordan los hechos parece que no para la de hace un siglo. Pero no nos hagamos ilusiones, en esa segunda parte, ni se le concede tanto protagonismo como parece sugerir el título ni la personalidad adulta de Etzel resulta tan idealista y encantadora como era de esperar. Más bien todo lo contrario.

Jakob Wassermann –no confundir con August von Wassermann, médico alemán contemporáneo suyo que puso nombre a una prueba para detectar anticuerpos en la sangre– escribió una treintena de obras, principalmente novelas, aunque llega a abordar todos los géneros. Esta y CasparHauser fueron, probablemente, las más populares por entonces. El caso Maurizius, además de  reflejar las profundas y diversas crisis que sufrió Europa en la primera mitad del siglo XX, plantea interrogantes decisivos y nunca resueltos hasta ahora. Creo que no es tan conocido en España como, por ejemplo, Joseph Roth, Thomas Mann o Robert Musil, no obstante, se trata de uno más entre esos excepcionales escritores centroeuropeos y figuras representativas de su época.

Antes hablaba del hijo del fiscal. Él es quien pone en marcha una de las dos historias que se entrecruzan. Maurizius, en cambio, constituye el eje central de ambas. El fiscal Andergast también juega un papel determinante en las dos, pero si alguien guarda todas las cartas en la mano, aunque por motivos estratégicos se le ignore durante muchas páginas, es el autodenominado Waremme, un personaje que recuerda bastante al Arnheim de El hombre sin atributos, aunque mucho más retorcido y malvado. También él es un diletante, aprendiz de todo y maestro de nada, con un prestigio adquirido a base de cháchara, que vive de triunfar en los salones y cuyas ideas políticas parecen adelantar el totalitarismo que triunfaría en Alemania unos años más tarde. Representa al Goliat que, con más intuición que astucia y gracias a sus debilidades emocionales, acabará siendo vencido por el David de la novela encarnado por el omnipresente Etzel.

Son muchos los motivos que convierten en excepcional esta obra. El principal, que se trata de un fresco del primer cuarto del siglo XX, con sus contradicciones, inquietudes, mentalidad y forma de abordar los problemas. Sin olvidar el acertado diseño de caracteres desde el primero hasta el último: a todos los conoceremos por sus actos y, en algunos casos, también por larguísimos parlamentos que, supongo, desanimarán a más de uno. Aunque quizá lo más meritorio consista en convertir una novela de ideas, al estilo de La montaña mágica, en un artefacto intrigante capaz de volver loco de impaciencia al lector mientras el novelista, por boca de sus personajes, filosofa durante páginas y páginas. Y es que el desencadenante de todo es un asesinato nada menos. Wassermann pasa revista a un célebre error judicial presentándonos, por un lado al presunto culpable, por otro a alguien que dieciocho años más tarde revisará de nuevo los hechos con la pretensión de averiguar la verdad que se oculta tras las apariencias. Para lograrlo, deberá emprender un viaje iniciático en el que –en memorables páginas casi costumbristas– lo veremos mezclarse con un vulgo del que apenas tenía noticia y renegar del padre con todo lo que representa sin dejar de añorar a la madre que perdió. Como ven, un argumento complejo que no se puede resumir en unos cuantos párrafos.  

De principio a fin, abarcándolo todo y de forma más o menos explícita, subyacen las dudas sobre la objetividad de la justicia. ¿Nos suena esto de algo?. Hasta el que se creía infalible empieza a cuestionar la idea: “¿Porqué no lo dijo en su momento? (…) Tal vez era consciente de que la verdad solo era verdad para él, pero no para mí, no para nosotros, hasta que él estuvo dispuesto a expresarla casi en contra de su voluntad. Pero ¿y si la verdad fuese tan solo el resultado del paso del tiempo?” Con más razón los que llevan toda la vida entre presos: “¿Qué quiere decir con justicia? Esa palabra es como un pez, se te escurre de las manos cuando quieres agarrarla”.

Han transcurrido noventa años y las circunstancias son muy distintas. No sé en otros países, pero por fortuna aquí en España el poder judicial funciona como un reloj en perfecto estado. No se aprecia rastro de irregularidades, arbitrariedad, discriminación o clientelismo. Estamos encantados, por supuesto.

Traducción: Carmen de Miguel y Jorge Seca


También de Jacob Wassermann: Caspar Hauser

lunes, 16 de diciembre de 2024

ULAD 2024 - Olvidad cualquier otra lista

Para qué más preámbulos: la lista de los listos. La que todo autor anhela por integrar. La que todo el mundo editorial espera para consultar. La única virtud que nos falta es la modestia.


Alain:

Resumen del año: Mi primer año como miembro de ULAD. Formar parte de un grupo de apasionados por la literatura ha sido estimulante. Además, tuve la oportunidad de platicar con escritores a los que admiro. Así que ha sido un año muy bueno para mí. Aquí mis favoritos del año:

Novela: Salto mortal, de Kenzaburo Oé. Los años de espera, de Fumiko Enchi.
Novela corta: Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta.
Cuentos: Lealtad al fantasma, de Enrique Serna. La sangre de medusa (y otros cuentos marginales), de José Emilio Pacheco.
Comic: Takemitsuzamurai, de Issei Eifuku y Taiyō Matsumoto.
Crónica: Una novela criminal, de Jorge Volpi.
Poesía: Kokinwakashu. Sobre la luz, de Oscar de Pablo.
Relectura: Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.
Descubrimientos: Los niños 6 y Cómo provocar un incendio y por qué, de Jesse Ball.

Oriol:

Resumen del año: No ha leído ningún libro imprescindible. Aun así, he descubierto muchas novelas, antologías y cómics notables. ¡Ah, y mi primer título, El amor edípico contra la lujuria sadomasona, ha sido publicado por Colectivo Juan de Madre Presenta, ilustrado por Rios Über Alles y reseñado con mucho tino por, entre otros, Santi Pérez Isasi y David Calpa! ¡Ah, y a través del compañero Alain Ríos he podido preguntar un par de cosillas al gran Shintaro Kago!

Novelas destacables: Un jardín de placeres terrenales, de Joyce Carol Oates, Valentino, de Natalia Ginzburg, El reloj de sol, de Shirley Jackson, y Job. Historia de un hombre sencillo, de Joseph Roth.
Novelas que parecen escritas específicamente para mí: My husband has taken our roleplaying too far, de Christian Wallis, El regreso, de Walter de la Mare, y El dios de piedra, de Leonard Cline. Quizá incluiría también La declaración de Stella Maberly, de F. Anstey, y Los veinte días de Turín, de Giorgio de Maria.
Clásicos decimonónicos castizos desempolvados: Las cañadas indómitas, de Raimon Casellas, El subterráneo habitado, de Manuel Benito Aguirre, Narraciones inverosímiles. Selección, de Pedro Antonio de Alarcón, y Criadero de curas, de Alejandro Sawa.
Mejor antología de relatos:  Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero. 
Relatos destacados: Varios de T.errores. En el bosque ya estás muerto, de VV.AA., de L'amant del diable, de Elizabeth Bowen, de Parásitos perfectos, de Luis Carlos Barragán Castro, y de Negro tal vez, de Attila Veres. 
Mejores novelas gráficas: Fraction y El palacio infinito de Shintaro Kago. También es bastante buena La voz de las bestias, el ansia de los hombresde Thomas Gilbert.
Mejor libro de no ficción: El camino pagano, de Edgar-Max.
Empacho de: Narrativa (tanto novela como relato).

Juan:

Resumen del año: En general, un año bastante anodino; ni bien ni mal, ni frío ni calor, ni carne ni pescado... Aún así, alguna que otra lectura destacable sí que ha habido:

Polar y novela del año (previsiblemente, aunque aún quedan unos cuantos días para que éste termine): Historias de la noche de Laurent Mauvignier 
Novela de miedito (o no): Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay 
Novela/reportaje gráfico: sin duda, El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Biografía (más o menos) también bastante gráfica: Las 100 primeras películas de Nicolás Cage de Paco Alcázar y Torïo García.
Ensayo: The King, de autoría variada y, en curso de lectura, Danza macabra, justamente de The King...

Poesía: Llibre de meravelles de Vicent Andrés Estellés (cierto que no he leído ningún otro, pero lo merece igualmente).

Decepción: Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query. Esta es la chafada más gorda, pero también ha sido un poquito decepcionante Lo que más me gusta son los monstruos - Libro Dos de Emil Ferris. Y aún tengo el culo torcío con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda...

NO decepción del año: Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez.

Sorpresa (se entiende que agradable) del año: Los secretos de Heap House de Edward Carey,

Bizarrada del año (y por muchos más, sospecho): El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil.


Carlos:


Resumen del año: esto es una novedad introducida por sorpresa, así que me ha dejado un poco descolocado. Aun así diré que el año ha sido regular, con más decepciones de las habituales, y un nivel medio en el que apenas sobresalen un puñadico de cosas, algunas como estas:


Novela: en castellano Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas; en otros idiomas, El otro nombre (Septología I), de Jon Fosse

Novela corta: Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y Noches blancas, de Fiódor Dostoyevski

Ensayos y similares:

    - Humanidades: Los hombres no son islas, de Nuccio Ordine

    - Música: Aquellos años accidentales, de Laura Piñero

    - Arte: El eco pintado, de Óscar Martínez

Historia: Ocho días de mayo, de Volker Ullrich

Libros de viajes: Campos de Níjar, de Juan Goytisolo

Biografía novelada: Lawrence de Arabia. La corona de arena, de Jose María Álvarez

Relectura: Artificios, de Jorge Luis Borges

Humor: El puente de los perros suicidas, de Abel Amutxategi

Clásico: La guerra carlista, de Ramón del Valle-Inclán (reseña en unas semanas)

Rarezas y descubrimientos: Madame Edwarda, de Georges Bataille, y Nebiros, de Juan Eduardo Cirlot


Koldo:

Resumen del año: Lo de siempre, pero un año más viejo

Tres libros de relatos:  Ahí fuera de Kate Folk, Alcaravea de Irene Reyes-Noguerol y Cuentos completos de Juan Carlos Onetti. 
Tres novelas: Eloy de Carlos Droguett, Despertar a los muertos de Scott Spencer y El origen. Una indicación de Thomas Bernhard. 
Dos libros híbridos: Yo navegué con Magallanes  de Stuart Dybek y Grimmish de Michael Winkler.
Dos libros de memorias (también un poco híbridos): Cada uno por su lado y Dios contra todos de Werner Herzog y Vida de un pollo blanquecino de piel fina de Andrés Pérez Perruca.
Un ensayo: Terror y utopía: Moscu en 1937 de Karl Schlogel.

Marc:

Resumen del año: año flojo en lecturas (en cantidad, pero también en calidad). Pocos libros destacables en un año en el que se salva básicamente por libros de autores ya conocidos y por el descubrimiento de la obra de Fosse.

Libro del año: «La próxima vez el fuego», de James Baldwin
Ensayo del año: «El temps de la promesa», de Marina Garcés
Autores de literatura infantil del año: Romain Pujol & Vincent Caut con la serie «Avni»
Consagraciones del año, nuevamente: Pol Guasch, Annie Ernaux
Descubrimientos del año (autores): Jon Fosse 
Propósitos para el 2025: más poesía y más clásicos
 
Francesc: 
 
Resumen del año: incluso estando satisfecho de haber sido capaz de sostener un cierto ritmo lector, lo hubiera estado más si el año hubiera contado con alguna experiencia reveladora sobre todo en clave ficción, aunque quizás en estos tiempos extraños y convulsos confiar en que se produzcan carreras literarias de largo recorrido resulte un poco ingenuo. 
 
Aún así:
 
Libro del año: Ex-aequo: Los jugadores de Whist de Vicenç Pagès Jordà (aún no reseñado) y El dia de la Independència de Tuli Márquez, lecturas, ambas, generacionales, cercanas y crepusculares y reivindicaciones de que los autores en catalán deberían contar con una industria valiente que los traduzca. Ya de paso, todo lo de Monzó y lo de Pàmies.
Retrasos del año: Mary Gaitskill, autora que me ha interesado con cierto efecto retroactivo y a la que aún me resulta difícil ubicar, por la manía de la industria editorial USA de etiquetarlo todo
Ensayos del año: lo digo en el resumen, me gustaría engancharme a algún autor de ficción, pero el ensayo (y las novelas cortas, je je) ha sido un recurso muy útil para marcarme ciertas pautas lectoras, así que desgloso dos categorías: 
  •     Ensayo atemporal: Aldous Huxley y Barbara Cassin (aún no reseñado)
  •     Ensayo del momentoEva Illouz Mark Coeckelbergh, más que nada para que se lean antes de que sus premisas caduquen (o estallen por los aires) y los veamos más antiguos que el periódico de ayer (¿qué es un periódico?)
Propósitos del año: hacer algún mínimo caso a las novedades de ficción, a ver si así descubro algún escritor notable antes de que se me muera. Leer ensayos sin que sepa de antemano que comulgo con sus planteamientos (se resolvería de cuajo leyendo a Jiménez Losantos). No pasar de largo en las secciones de poesía (al menos mirar las portadas, me refiero). Leer más crónica. Releer más de todo.
 
 
Santi:
Resumen del año: Revisando mis (escasas) reseñas de 2024, veo que el año empezó bien, con una buena cosecha de libros comprados/regalados en Navidad, pero luego vino una larga sequía de lecturas, en la que predominaron las relecturas y los clásicos. Entre lo que he leído más reciente predomina claramente lo fantástico y el terror, y la literatura española y en español. Va mi lista:

  • Libro del año: De entre los recientes, Visceral, de María Fernanda Ampuero, que me sorprendió muchísimo; de entre los menos recientes, Los santos inocentes de Delibes, que no puedo creer que todavía no estuviera publicado en el blog.
  • Mejores novelas: Un amor de Sara Mesa (con permiso de Juan G.B.) entre las recientes y Tristana de Galdós entre los clásicos. Mención especial para dos novelas hispanoamericanas impresionantes: Huasipungo de Jorge Icaza y Balún Canán de Rosario Castellanos.
  • Mejores novelas cortas: Un detalle menor de Adania Shibli y Mireia de Purificació Mascarell.
  • Mejores libros de cuentos: Conejo maldito de Bora Chung y El peor escenario posible de Alejandro Morellón.
  • Mejor ensayo / autobiografía / autoficción / whatever: Yeguas exhaustas de Bibiana Collado Cabrera
  • Libros sobre paternidad (que aún no he reseñado): "pulgar hacia arriba" para Literatura infantil de Alejandro Zambra; "pulgar hacia abajo" para Irene y el aire de Alberto Olmos
  • Lectura más loca e inclasificable del año: El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil Hervás.
  • Decepciones (sin ser libros horribles ninguno de los dos): Soy fan de Sheena Patel y Otaberra de Elisa Victoria.

Propósitos del año: Leer más, mejor, más variado y más reciente (aunque este propósito lo hago todos los años y ya se ven los resultados...).


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¿Qué hay de vosotros, queridos lectores de ULAD? Estamos deseosos de que compartais vuestras listas con nosotros en los comentarios.

lunes, 27 de agosto de 2012

Martin Amis : Dinero

Título original: Money. A suicide note.
Idioma original: Inglés
Fecha de publicación: 1984
Valoración: está bien

¿Podría ser que ciertos detalles de un libro formen parte de una especie de mensaje subliminal, para ayudar a la trama?.
Dinero (ignoro el motivo por el que Anagrama suprimió la frase adicional del título, supongo que difícil de traducir en su doble sentido) es un libro, hasta su página 250, por lo menos, muy confuso. Tan confuso como la nube etílica en que vive constantemente el protagonista. Puede que ese sea un recurso literario. Extensión temporal, disipación mental y desorientación absoluta. Largas páginas de viajes en avión y estancias en hoteles. De periplos por burdeles, clubes de strippers y bares de todos los pelajes, casi siempre el protagonista solo. De desorganizadas cenas con actores y actrices de segunda fila, de reuniones de continuo descontrol: bebiendo, retozando, fumando.  Curioso, no mucho sexo, y apenas algunas drogas.Gastando, porque ahí está la cuestión. Todo funciona, mientras el camarero no vuelva con la tarjeta hecha pedazos, porque no tiene fondos. Todo ese panorama alcanza al lector, contagia de una manera engañosa: con una sorprendentemente efectiva y variada prosa, con lo cual uno disfruta frase tras frase y párrafo tras párrafo, pero con una no tan agradable sensación de que aquello no acaba de avanzar. Sí, el tipo despilfarra a espuertas. Sí, el tipo bebe hasta el agua de las macetas. Sí: sobre la página 150, o así (cuando otros muchos buenos libros ya lo han dicho todo), entonces vienes a enterarte que ese John Self que protagoniza la historia es productor, o director, o guionista, y que tanta vicisitud se enmarca en el proceso de planificación de una película). Bukowski, Easton Ellis, Welsh, o Joseph Roth: todos han estado o ahí, en esa especie de bitácora del vicio y el descontrol donde dudas, muy a menudo, si algo pasó ayer o anteayer o si no pasó en realidad. Ni siquiera todos lo han hecho escribiendo tan bien como Amis. Tampoco acabo de entender su intención, pues, cerca del final (otras 50 páginas que parecen entrar en bucle), empiezo a atisbar algún conato de moraleja, que encontraría algo absurdo.Veinte páginas cualquiera de este libro constituyen un relato corto perfecto y ejemplar. Pero casi cuatrocientas.
Ah, el recurso literario. Tienes una botella de whisky aceptable. Si lo tomas de un trompazo acabarás por los suelos. A cortos vasos la cosa funciona mejor: entra bien. Pero la botella dura demasiado. No deberías tomarlo, pero tienes ganas, ya, de probar otra botella. Te excedes, con las prisas, y acabas con una cierta resaca.

También de Amis en ULAD: Aquí


martes, 26 de marzo de 2013

Gregor von Rezzori: Un armiño en Chernopol

Título original: Ein Hermelin in Tschernopol
Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 1958
Valoración: Recomendable

Desde luego, la contraportada de este libro, o más bien, de la trilogía en la que está incluido ("Memorias de un antisemita"), trata de seducir muy bien al lector con frases así:  "comparado a menudo con autores como Joseph Roth y Robert Musil, y considerado por algunos el Proust de la lengua alemana, Gregor von Rezzori recupera para sus lectores un fragmento no desdeñable de aquella Europa mítica", o "Un armiño en Chernopol -novela galardonada con el prestigioso Premio Fontane- es un grandioso fresco social de la Europa de entreguerras ambientado en una ciudad imaginaria (...), y los personajes más variopintos, por cuyas venas corre 'sangre dacia, romana, gépida, ávara, petchenega, cumana, eslava, húngara, turca, griega, polaca y rumana' ".

Pero, ¿quién es Gregor von Rezzori?  ¿Y qué cuenta en sus celebradas "Memorias de un antisemita", cuya primera parte reseñamos hoy aquí?

Rezzori (1914- 1998) nació en Czernovitz, capital de la Bucovina, cuando ésta era una provincia oriental del imperio austrohúngaro. Estudió en Viena y vivió en Bucarest, Berlín, París e Italia. Se dedicó al periodismo, a la ilustración e, incluso, al cine (como guionista y actor), pero es conocido, sobre todo, por su actividad novelística.

Escrita en alemán, su "gran trilogía" es la obra por la que más se le conoce, y en ella realiza una recreación más que una descripción fiel y realista de su mundo, un mundo en constantes cambios que pasó de pertenecer al imperio austrohúngaro para convertirse en parte de Rumania primero, del impero soviético después, de Ucrania finalmente.

En Un armiño en Chernopol (otro nombre para Czernovitz), Rezzori hace gala de un estilo "engañoso", ya que provoca que el lector pueda pensar que se encuentra ante un narrador decimonónico (su lirismo; su melancolía contenida; sus descripciones larguísimas de paisajes y aspectos físicos; el uso interminable de subordinadas; largas reflexiones personales; lenguaje satírico; su, a veces fallido, interés en bucear en la psicología de sus personajes...). Pero en cuanto ciertos sucesos y acontecimientos tienen lugar en la trama, el hechizo se rompe: descubrimos que estamos ante las memorias de un hombre que vivió su infancia y juventud en la primera mitad del siglo XX, y nos cuenta sus vivencias en una pequeña ciudad del sudeste europeo.

En esta novela, Rezzori presenta a una serie de personajes a los que quiere dotar de carisma y peculiaridades inolvidables (un poeta ingresado en un manicomio, un distinguido prefecto, una dulce e inteligente niña, una altiva y caprichosa aristócrata, una estirada profesora de ballet...), teje sus páginas con sucesos de todo tipo (duelos, infidelidades, los primeros a ataques a comercios judíos...), y logra generar una lectura divertida, agradable y satisfactoria.

De todos modos, en esta primera parte de la "gran trilogía" yo no he visto la obra maestra que muchos dicen que es, quizás porque, como ya he indicado, veo a un hombre del siglo XX intentando transmitir sus recuerdos y sensaciones con maneras de los grandes novelistas del XIX, y eso es algo que me chirría un poco. Pero sólo un poco. Por eso recomiendo Un armiño en Chernopol, y en cuanto termine con las otras dos novelas de "Memorias de un antisemita", escribiré sobre ellas por estos lares.

También de Gregor von Rezzori en ULADMemorias de un antisemita