Mostrando las entradas para la consulta Balzac ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Balzac ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de abril de 2026

Colaboración: 2 x 1 Antes que nada y Bue, de Martín Caparrós

 Idioma original: español

Año de publicación: 2024 y 2025

Valoración: imprescindible para interesados


La fase de su escritura en la que se encuentra Martín Caparrós es especialmente interesante. Viene de andar tras las huellas del hambre, de diseccionar las venas abiertas de América Latina que versó Galeano, de algún esfuerzo apabullante en el campo de la novela que él considera pasó desapercibido, de darle la vuelta al género de la crónica, de intentar reportar a toro pasado la creación del mundo. Todo se le ha hecho poco: su implicación, sus posiciones sin medias tintas; su apuesta por la literatura; las cabeceras de más prestigio; los charcos más embarrados. Todo empezó un día que le dejaron firmar en un diario y algo cambió el día que leyó por vez primera a su maestro Manuel Vicent. Continúa con sus artículos y sus polémicas, levantando polvo, abriendo frentes constantemente. Gramaticales, deontológicos, épicos. Se hace preguntas y las lanza al mundo sabiendo que él el primero no puede responderlas.

Y en el último año y medio han llovido con generosidad tres volúmenes en los que el argentino va más allá, pues si alguna profundidad abisal le quedaba por estudiar era la suya propia: es la que emite ultrasonidos desde las páginas de Antes que nada, donde repasa su vida, la interior y la pública, en los jirones que no se le han quedado en la selva del periodismo a ras de suelo que le ha caracterizado. Como los otros títulos, este último es monumental y ambicioso, y seguro que le dejó insatisfecho como tantas otras veces. Aquí hay mucha tela que cortar para aspirantes, ejercientes y fans, que a fin de cuentas son los que pueden aportar notas al pie, aunque a ver quién se las apuesta a Caparrós. Por lo pronto, estas memorias se tapan bien con cubiertas oscuras, como advirtiendo de ser el libro negro del autor, que deja bien claro que sorpresas te da la vida y por supuesto, que para contarlo hay que valer, también, y mucho. El camino de las favelas de Buenos Aires a las pacíficas afueras de Madrid ha sido retorcido y sorprendente.

Antes que nada puede complementarse con artículos y entrevistas recientes, pero sobre todo con los otros dos pequeños tomos que han aparecido en estos meses, Bue y La verdadera vida de José Hernández, que son pura evocación en blanco y negro. Reversos bien camuflados de Buenos Aires y de canto al padre del Martín Fierro, Caparrós vierte en ellos no el análisis sino el aliento, y no la nostalgia sino la melancolía, como tan bien distinguiría su querido Vicent. En estos casos no es tan torrencial la escritura como la emoción, pero no perdamos ripio.

Sobre la triada asoma la firmeza de una vocación, en estos tiempos líquidos de rapidez y demora, cuanto más deprisa más despacio, de prosa deslavazada y piezas sin adscripción. No caigamos en el tópico del autor hecho género. Llamemos a las cosas por sus nombres: memorias, novela y poesía. Caparrós prescinde aquí, al menos directamente, de las crónicas que lo han destacado y que en conjunto se erigieron en monumentos: LacrónicaEl HambreEl mundo entoncesÑaméricaEl interiorLarga distancia y su secuela La guerra moderna... Periodismo que si no fundó, al menos creó escuela en una hilera de seguidores que lo practican alrededor del mundo. La crónica va y viene con las épocas. Esas piedras angulares están ahí, para quien quiera volver a ellas. En rigor, algunos podrían llamar a esos libros recopilaciones. No errarían.

No es el caso de los que nos ocupan hoy. Es vertiginoso pensar no ya que alguien pueda ser tan fértil, sino qué torrente creativo en tan poco tiempo puede dar lugar a obras apuntaladas como estas. Una en su largo aliento, otra en su justa medida, otra en la virtuosidad del verso. ¿Qué escuelas de escritura ni qué inteligencias artificiales ni qué giros argumentales? Lengua charlatana, seguridad, nada que perder pero nada que alcanzar. Entrevistas promocionales donde se denuncia la manera balzaquiana para homenajear a Balzac con los mismos libros que se promocionan. Por responsabilidad, la llamada al orden debe ser por parte de los dos: de Balzac y de Caparrós. Larga vida al escritor y lo escrito: el momento es curioso, los juegos de espejos son gratificantes y se espera que la fábrica no detenga su producción. Mientras tanto, siempre queda releer.

Firmado: César

También de Martín Caparrós reseñado en ULAD: aquí

 

viernes, 26 de diciembre de 2025

Stefan Zweig: Erasmo de Rotterdam: Triunfo y tragedia de un humanista

Idioma original: Alemán

Título original: Triumph und Tragik des Erasmus von Rotterdam

Traducción: R. S. Carbó

Año de publicación: 1934

Valoración: Muy recomendable (Imprescindible para los humanistas)

(De manera intencional pongo de portada la colección de biografías de Zweig de Acantilado. En estas épocas de dar, este tabique de dos tomos es uno de esos regalos que te cagas. Regálenselo a esa persona amada. De nada: luego me agradecen. Incluye las biografías de Erasmo de Róterdam, Fernando de Magallanes, María Estuardo, María Antonieta, Joseph Fouché, Honoré de Balzac y Marceline Desbordes-Valmore).

Cuando hay un libro altamente recomendable, la reseña se vuelve corta. Hay pocas cosas que agregar al texto original además de decir: léanlo.

Se dice que una persona extraordinaria nace cada cien años. Así que el hecho de que Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero hayan habitado el planeta al mismo tiempo no puede ser otra cosa que un prodigio. Y no solo eso: el choque entre ambos, el sabio que pule frases hasta dejarlas como vidrio y el monje que lanza martillazos, define, para Zweig, el punto exacto en el que Europa deja de conversar y empieza a gritar.

Zweig escribe esta biografía como quien ve venir una tormenta. Publicado en 1934, el libro tiene esa electricidad rara de las obras que hablan de otra época, sí, pero con el oído puesto en el siglo XX: el fanatismo como método, la polarización como forma de vida, la masa como una máquina que exige sangre o milagros, y el intelectual humanista intentando, tercamente, que el mundo no se vuelva una hoguera.

Zweig no explica a Erasmo, lo dramatiza. Lo coloca en escena. Lo deja ser lo que fue: un hombre de letras, un europeísta antes de que existiera la palabra, un creyente sin ganas de inquisiciones, un reformista alérgico a la Reforma cuando se sale de madre. Erasmo, dice Zweig, es la encarnación de la medida. Y luego llega Lutero, que es todo lo contrario: no mide, arde. El conflicto va más allá de la teología; es temperamental. 

Si te interesa el humanismo, este libro es obligatorio. Si te interesa la Reforma, también. Y si te interesa, aunque sea por puro instinto de supervivencia, entender cómo se rompe una sociedad y cómo la inteligencia y mesura puede volverse un estorbo, entonces más te vale leerlo. Porque la biografía de Erasmo, en manos de Zweig, es algo útil: una advertencia escrita con elegancia.

domingo, 21 de enero de 2024

Giuliano da Empoli: El mago del Kremlin


Idioma original: francés.
Título original: Le mage du Kremlin    
Traducción: Adolfo García Ortega
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable

 Veamos: publicar en 2023 una novela que trata sobre Vladimir Putin no, es, digámoslo claro, el colmo de la audacia y la innovación, por no decir que pudiera considerarse un flagrante caso de oportunismo. Esta novela fue premiada con el Honoré de Balzac (no tengo el gusto) y su autor pasa por ser un conocedor de primera mano de ciertos entresijos de la política internacional contemporánea. Lo cual le da cierta ventaja, aparte de la obvia licencia literaria implícita que supone el absoluto misterio que rodea a la persona de Vladimir Putin, que, hace ya casi dos años, es visto como uno de los enemigos irreconciliables de Occidente, peor, como una de las mayores amenazas individuales para (las mayúsculas se imponen) la Paz en la Tierra

Vadim Baranov, protagonista interpuesto de la novela, ha sido su asesor. Un periodista ha acudido a visitarle y la narración cubre, como si obrasen de prólogo y epílogo el principio y el fin de la entrevista, la historia de su ascenso a la cúspide y relativa relegación dentro del entorno del líder ruso. De eso se trata, de especular, qué otro remedio parece quedar, con la figura de los pesos pesados en su ámbito de influencia, en especial de aquellos que acumularon fortuna y poder para perderlos de forma súbita y a veces trágica. No sé hasta qué punto lo que escribe Da Empoli es una especulación o si a través del sustancial reguero de nombres y hechos reales hemos de imaginar que esa figura, la de un intelectual de bajo perfil que se constituye en influencia en la sombra, no es en sí una réplica de la realidad o más bien una arriesgada apuesta de cómo pudo, o puede ser. Sí que diría, desde una dificil posición de objetividad, que el relato resulta acomodaticio con todos los prejuicios desde los cuales el mundo occidental observa a Putin: su pasado como funcionario gris y frío, con una implacable visión de qué partes del pasado soviético hay que preservar, su presente como, valga la redundancia, implacable líder impermeable a cualquier sombra de influencia que pueda ya no discutir sino atenúar un poder que el libro siempre muestra igual: firme, despótico, impertérrito. Lo cual no desmerece el mérito narrativo: las primeras doscientas páginas se devoran a medida que el desfile de celebridades, que incluyen personajes tan variopintos como Edward Limónov o los Jodorkovsky, magnates descabezados de Yukos, escenarios ahora tan denostados como el Londres convertido en el paráíso de las descomunales fortunas de aquellos que supieron reconvertirse tras la caído del muro. Todo ello, opino, quizás demasiado acomodaticio y adecuado a la idea central: Putin es un tirano que está dispuesto a todo con tal de mantener su país, como mínimo, en el añorado status de poder de la Guerra Fría. 

Cuando Da Empoli insiste en vender esa imagen tan cuadriculada, cuando le resulta tan conveniente preservar la fascinación por lo desconocido (no en vano ni se nombra a Gorbachov o Lenin, sí a Stalin y Yeltsin) la narración, sin perder calidad literaria, cae demasiado en el estereotipo. Podríamos decir que el juego de la ficción política busca demasiado esa explicación que tanto cuadra con nuestra escasa comprensión de una sociedad tan lejana. Putin es el demonio, tiene cuernos, es cruel y despótico y su aguijón está listo para clavarse en el lomo de la presa, que hoy en día es el planeta. Una definición que me da que tendría más lecturas que la algo unívoca que esta novela muestra.

 

lunes, 20 de diciembre de 2021

2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)

Lo que ha leído Juan:


Koldo TOP 10 Leído en 2021 + 2 Relecturas

Mención de honor para la parte fotográfica de Vale un Potosí de Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougere. Dicho esto:
 
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada
8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón
7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez
6. Caracas muerde de Héctor Torres
5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto 
4. Contra vosotros de Mercedes Soriano
3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal
2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)
1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Las dos mejores relecturas del año: Caballos desbocados de Yukio Mishima y Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq.
 
Actualización de última hora: La Capilla Sixtina. Relato de una obra maestra

Montuenga:

Lo mejor que he leído este año:

Ficción:


No ficción:

Y lo peor:

Ficción:

  • Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
  • Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
  • Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.

No ficción:

  • El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
  • Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
  • Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
  • Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.

Carlos Bookboard 2021:
Como siempre, y como es bien lógico, ha habido algunas cosas algo decepcionantes, pero para qué darles más publicidad. Bastante tienen con haberles hecho un hueco.


Marc Peig:


Oriol Vigil:


Beatriz Garza:


Francesc Bon:

Otro año en que defraudo hasta mis peores expectativas, leyendo poco, tarde y mal. O a lo mejor es la cosa esta del mercado, vendiendo la moto de modo tan constante y repetitivo, que me refugio en lo conocido, temeroso del fulgor que desprenden los actos promocionales y las fajas. 
Así que:
  • Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas. 
  • Medalla de plata, ex aequo Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
  • Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
  • Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
  • Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier  Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
  • Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.

Santi (que ha leído este año menos que nunca pero aun así no ha ido mal):

Tres textos autobiográficos imprescindibles:

Cuatro novelas sobre la memoria (individual o colectiva):
 
Tres libros que te reconcilian con el mundo y con la humanidad
 
Cuatro libros de terror

Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
 
Un libro que leí porque, en fin, alguien tenía que hacerlo: Feria de Ana Iris Simón

También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.



NOTA FINAL:
Queridos lectores: podéis enviar vuestras listas al correo del blog: unlibroaldia@gmail.com. A finales de enero publicaremos una entrada con todos vuestros correos (indicad, por favor, si se puede mencionar vuestro nombre al publicarla).

jueves, 20 de mayo de 2021

Honoré de Balzac: Papá Goriot

Idioma original: francés

Título original: Le père Goriot

Traducción: Joaquín de Zuazagoitia

Año de publicación: 1835

Valoración: Está bien


Hace mucho tiempo que leí Eugenia Grandet, y en su momento me dejó una estupenda sensación (no me pregunten porque no me acuerdo de nada, la mala memoria lectora es uno de los motivos por los que empecé a escribir reseñas, pero en esa época todavía no lo hacía. Perdón, sigo), hasta el punto de que lo conseguí en francés con idea de releerlo. Pero se me han quitado un poco las ganas tras leer Papá Goriot, a pesar de que sea uno de los títulos más reconocidos de este autor, cuyo nombre se cita de carrerilla junto con Stendhal, Flaubert y Zola si hablamos de la novela realista francesa (Yo creo que Balzac está algún peldaño por debajo de los otros, pero esa es otra historia).

Hecho el introito, pasemos a la novela. Si a veces decimos que una característica de los clásicos es que sus personajes resultan inolvidables, este es sin duda un caso claro: Goriot es un antiguo fabricante de fideos, o algo así, que en su momento debió manejar una fortuna bastante decente, y que ahora vive en la cutrísima pensión de Mme. Vauquer. La razón de ese contraste provoca habladurías sobre los posibles vicios que han hecho descender a Goriot hasta el fondo del escalafón social. Naturalmente, el cuadro lo completan los demás habitantes de la pensión, todos gentes a quien la suerte parece haber dado la espalda: la señorita Taillefer, desheredada en vida por su malvado padre; el misterioso Vautrin, de quien poco se sabe aparte de su vitalidad y carácter sarcástico; o el estudiante Eugène de Rastignac, un joven de provincias ansioso por abrirse paso en la alta sociedad parisiense.

Personajes en general bien dibujados, junto con eficaces descripciones que rápidamente ubican al lector en ese ambiente polvoriento de fracasados actuales o futuros. Por cierto, que el propio Balzac, aficionado a inversiones un poco locas, parece ser que vivió un proceso bastante semejante al de Goriot, y no es difícil que hubiera conocido alojamientos parecidos al que se presenta en la novela. El caso es que Rastignac se decide a maniobrar para dar el salto a los salones y la buena vida para lo que, además de un buen contacto, utiliza el trampolín de las conquistas femeninas de forma que recuerda un poco al Julien Sorel de Rojo y negro, escrita solo cinco años antes.

El nudo de la historia, aunque con un fuerte matiz folletinesco, se sitúa justamente en ese proceso de ascensión social protagonizado (o al menos pretendido) por el joven, algo que se puede resumir en las dos o tres páginas del devastador monólogo del huésped Vautrin, quien explica cómo funciona la buena sociedad parisina: la ambición sobre todo, el genial triunfador (trepa) que despierta por igual envidia, odio y admiración, cero escrúpulos, el placer y la posición social por encima de cualquier otra cosa. Es así como se triunfa en París, como se alcanza la posición envidiable, las mujeres más deseadas, el lujo, así es como la vida sonríe y se vive plenamente.

En definitiva tenemos el enfrentamiento entre el bien y el mal, el buen corazón de las gentes sencillas frente al mundo despiadado de la ostentación, la hipocresía y el desprecio a los sentimientos. El nudo se enreda en torno a Goriot y Rastignac, uno aferrado a sus pasiones familiares, el otro dubitativo ante lo que le atrae y todavía no conoce, y debatiéndose ante lo que parecen sus propias convicciones íntimas.

Esos personajes, como decía antes, se hacen difícilmente olvidables pero reciben tal vez demasiadas vueltas de tuerca. De forma que, al menos para este lector, la bonhomía de Goriot termina por transformarse en un dibujo grotesco, empalagoso y hasta con algún rasgo de cosas muy feas que seguro que Balzac nunca llegó a intuir, pero que sobrevuela en algunos momentos hasta producir una cierta grima. Goriot es lo que llamaríamos un perdedor, un tipo lloriqueante incapaz de entender (sólo al final lo hace) el inmenso error que le ha conducido a la perdición, ese error que cualquier lector detecta pronto y que por eso le hace, digo yo, más acreedor de crítica que de compasión.

En ese combate entre buenos y malos hasta Rastignac, con su ingenuo y bien retratado ímpetu juvenil, acaba perdiendo el atractivo de la volubilidad y adquiriendo cierto aire de pastelón, aunque hay que reconocer que se redime, en un giro sorprendente, justo al final del libro, apenas en un par de líneas.

Desde el punto de vista narrativo, al libro le pesan bastante esas largas parrafadas tan propias de la época, un estilo que a veces llega a exasperar un poco en especial en los diálogos, y que frena la acción de una forma que puede cargar bastante al lector poco paciente o demasiado acostumbrado a ritmos más vigorosos. 

Así que conviene leerlo con una cierta perspectiva, siendo conscientes de que lo que tenemos entre manos responde a parámetros bastante diferentes a los que rigen en nuestro tiempo. De esta forma se pueden seguramente apreciar mejor sus virtudes, que las tiene, aunque siendo sincero creo que Balzac en general, y probablemente el Goriot en concreto, han podido envejecer peor que varios de sus contemporáneos.

P.S. Como dato anecdótico diré que el traductor de mi edición del libro, Joaquín de Zuazagoitia, fue un alcalde de Bilbao de quien tenía algunas referencias por cuestiones que, claro está, nada tenían que ver con la literatura. Y bueno, al margen de la traducción, que en general parece correcta aunque con algunos puntos oscuros, resulta gratificante apreciar cómo algunos políticos son (o eran) capaces de demostrar aptitudes para actividades muy diferentes de aquellas por las que son conocidos.

viernes, 31 de julio de 2020

Luis Artigue: Café Jazz El Destripador

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Entre está bien y recomendable

Tras el aparentemente extraño título de "Café Jazz  El Destripador" se esconde una biografía parcial y novelada del trompetista Miles Davis (1926 - 1991). Biografía porque estamos ante la narración de la vida de Miles Davis; parcial porque abarca fundamentalmente los años comprendidos entre 1945 y 1960; novelada porque se añaden una serie de elementos ficticios que además sirven para desplazar la novela al París de mediados del siglo XIX y combinar géneros (novela realista, negra, psicológica, ciencia ficción / terror...)

Se puede hablar, por tanto, de una novela en dos planos espaciotemporales. El primero de ellos, el llamémosle período de "formación y despegue" de Davis como músico, está ambientado básicamente en el Harlem de 1945 -1960 y en el se narran los comienzos de Davis, su difícil y destructiva relación con Charlie "Bird" Parker (¡si no habéis visto la peli de Clint Eastwood sobre Parker, hacédlo), su autodestructivo descenso a los infiernos (¡ay, esos dos mantras de la genialidad que consume y de que no hay santidad sin sufrimiento!), su ambición, su separación musical y personal de Parker, sus intentos de redención, su éxito, etc. El segundo de ellos nos traslada al París de la degradación y el malditismo, del láudano y la absenta, de Baudelaire, Balzac y Courbet, lugares y personajes que guardan entre sí muchas similitudes.

Ahora, ¿cómo "se come" este desplazamiento? Pues a través del enésimo intento de desintoxicación de Davis, que da lugar a un exorcismo que pone en relación lugares y tiempos. Quizá esa conexión sea el punto más débil de la novela. Creo que las dos historias por separado funcionan de maravilla (más la del NY de los 40-50), pero es a la hora juntar ambas dónde me da la sensación de que flojean más.

Dicho esto, hay que reconocer que la novela posee una serie de virtudes que hacen que la valoración final de la misma sea positiva. Unos ejemplos:
  • La recreación de ambientes. Artigue nos lleva a los clubs de jazz de Harlem o a las tabernas del París del XIX  y nos mete de lleno en sus sonidos y olores.
  • Los personajes. El riesgo obvio es caer en la caricatura pero ese riesgo se esquiva mediante su penetración en la psicología de Davis, Parker y compañía. Mención especial creo que merece el análisis de los mecanismos de la relación entre los dos músicos o de la relación entre Baudelaire y la madre de su hija.
  • El lenguaje, que combina poesía con ágiles diálogos de forma natural.
  • El amor por el jazz, presente en todas sus páginas.
Por resumir, "Café Jazz El Destripador" es una novela ambiciosa y arriesgada en la que la combinación de voces y género, en lineas generales, funciona. Desde luego, una buena opción para aficionados al jazz y a la literatura.

jueves, 24 de agosto de 2017

Malika Mokeddem: La prohibida



Idioma original: Francés
Título original: L’interdite
Año de publicación: 1993
Traducción: Pilar Jimeno Barrera
Valoración: Muy recomendable

Toda la literatura de Malika Mokeddem emerge de la ciénaga del malestar y el desasosiego generado por la situación de las mujeres en Argelia. Por la manera en que esta sociedad trata y somete a la mitad femenina de su población al ninguneo, a la invisibilización y al desprecio. Un país, la Argelia oficial, tan ufano y orgulloso de su victoriosa revolución, que logró la independencia hace ya medio siglo y en el que también, como sentenció Balzac, las novelas son la historia de su vida privada como nación.
  
Lo son las novelas de Malika Mokeddem, casi todas traducidas al castellano y al catalán, que cuentan siempre la misma historia, la de una mujer de cualquier edad o condición reivindicándose, luchando. Rebelándose contra las reglas impuestas del patriarcado y dejando transpirar por todos los poros de su cuerpo la insolencia y el desafío; mujeres argelinas –africanas y mediterráneas, musulmanas o laicas-, plantándose insumisas ante el dominio y proyectando sensualidad, belleza, tesón, beligerancia, resistencia, talento y lucidez.

Por supuesto, Malika Mokeddem nos está contando su propia historia. Nacida en 1949 en Kenadsa, en el Oeste argelino, a las puertas del desierto del Sáhara, fue la mayor de diez hermanos, o sea, su criada. Un rol cuyo único final posible era ser entregada en matrimonio. Ella encontró una rendija por la que huir. En los libros; allí donde su mente halló el combustible que le permitió volar. Logró iniciar estudios de Medicina en Orán, para luego dar el salto a Francia, donde se especializó en Nefrología, tarea compartida con la escritura. En La prohibida, la historia arranca así: Sultana, una médico establecida en Montpelier regresa a su pueblo después de quince años de ausencia, donde reencontrará algunos de los personajes que dejaron la dolorosa impronta de la tragedia en su infancia y deberá resolver sí les ajusta cuentas y de qué manera.

Allí está Dalila, una solitaria niña de diez años, que encarna, con su voluntad de aprender, entender y soñar, el espíritu y el afán de la libertad, la dignidad y la belleza en pugna por no desaparecer, por mantenerse latente frente a la asfixia del integrismo, el odio, la miseria y la corrupción. Aparece también Vincent, un varón francés al que el transplante de un riñón de una joven argelina fallecida en accidente permite reiniciar una nueva vida con autonomía, curiosidad y avidez de emociones que parecían definitivamente enterradas por la crueldad de la enfermedad: “No eres más que un poco de química desordenada, con una calavera en cada uno de los extremos: híper e hipo; un miedo que baila al giga entre el híper del estrés y el hipo de la neurastenia”. 

La prohibida, rabiosamente actual pese a los veinticinco años de su aparición, va de las estrategias de supervivencia de estos personajes, de la manera en que cada uno de ellos arma su capacidad de sostener unos valores, encarar las adversidades y seguir en la brecha. No es una narración ni elaborada en exceso ni con pirotecnia formal, pues su genuino interés, su potencia literaria, radica en servirnos con la crudeza precisa un relato inapelable y demoledor sobre la incombustible capacidad de la dignidad humana frente al sofocante dominio del fanatismo totalitario, del machismo atroz y de la condición miserable que esta época nuestra impone todavía a tantas mujeres. Y en donde a quien se recusa a bajar la mirada y se atreve a romper el silencio, se le escupe sin cesar la palabra afilada: “Puta”.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Mathias Enard: Brújula

Idioma original: francés
Título original: Boussule
Año de publicación: 2015
Traducción: Robert Juan-Cantavella
Valoración: bastante recomendable

Siria, Turquía, Irán, Egipto... ¿qué nos traen a la cabeza los nombres de estos países? Vale, no hace falta que nadie conteste; cualquiera que vea los informativos de la tele sabe que las noticias que llegan de por allí no son precisamente halagüeñas: guerra, atentados, integrismo religioso, yihadismo, inestabilidad, éxodo de refugiados... Esa es la percepción que tenemos ahora mismo de ese Oriente Próximo. Pues bien, el francés Mathias Enard se ha propuesto con esta novela dar la vuelta a esa imagen de lo "oriental" (amigos uruguayos, no va por ustedes: es por emplear el mismo término que el escritor; en apariencia más vago, pero en realidad más inclusivo y hasta preciso que "árabe" o "musulmán"). Lo que pretende Enard es demostrarnos que entre Oriente y Occidente ha habido, al menos durante los últimos doscientos años, un diálogo constante, un juego de espejos en el que se han reflejado mutuamente las imágenes concebidas sobre el otro... aunque en verdad la novela se limita a dilucidar sobre esa idea de lo "oriental", generalizada hasta el punto de que incluso las propias sociedades actuales de esa zona del mundo, parecen haber asumido, en buena medida, la concepción occidental de la misma.

Desde luego, Mathias Enard está más que bien pertrechado para la tarea: orientalista también él, ha vivido en los países de los que habla en la novela y domina las lenguas árabe y persa (además de hablar el castellano mejor que yo y creo que también el catalán). En consecuencia, el despliegue erudito -pero sin llegar a la pedantería- de referencias culturales variadas resulta impresionante: por la novela desfilan orientalistas ilustres como los austríacos von Hammer-Purgstall, o Alois Musil (primo de Robert),alemanes como Friedrich Rückert y Max von Oppenheim, franceses como Charles Mandrus, traductor de Las mil y una noches, el padre Antonin Jaussen o el teórico racista conde de Gobineau; incluso el palestino Edward Said... pero también escritores y, sobre todo, poetas en diversas diversas lenguas: Annemarie Schwarzenbach (a medio camino con el apartado anterior), Georg Trokl, Osama Ibn Munqidh, Ernst Bloch, Ibn Arabi, Badr Shakir Al Sayyab, Kafka, Chateubriand, Dick al-Djinn, Marcel Proust, German Nouveau, Parviz Baharlou, Suhawardi, Thomas Mann, Nietzsche, Washington Irving, Sadeq Hedayat, Hafez al Shiraz, Heine, Flaubert, Henry Levet, Fernando Pessoa -Álvaro de Campos mediante-, Balzac, Goethe, Faris Shidyaq, Omar Jayam... Por último, y por razones inherentes a la novela, también un buen número de músicos, clásicos y contemporáneos: Félicien David, Karol Szymanowski, Julien Jalaleddin Weiss, Henry Rabaud, Hasbeyov, Bizet, Doménico Scarlatti, Franz Liszt, Mendelsohn, Wagner... y por encima de todos, Beethoven. ¿Son muchos nombres? Pues me he dejado unos cuantos...

El hilo que utiliza el autor para hilvanar todas estas referencias culturales, así como las recurrentes alusiones al reconocimiento de la "alteralidad" y la "construcción común" de un imaginario (glups... ahora que lo pienso, espero que este libro no lo lean los muchos inquisidores del anti-buenismo, o está apañado, el pobre Enard... Bueno, no; no creo que lleguen a leerlo), es la figura de un musicólogo orientalista vienés, Franz Ritter, que a lo largo de una noche de insomnio va desgranando toda una serie de disgresiones sobre esta fascinación occidental por Oriente, así como los recuerdos de sus vivencias en estos países... motivadas, en buena parte, por su prolongado enamoramiento por Sarah, que no es una moderna Scherezade, sino una especie de Lisa Simpson pelirroja y parisina, también orientalista, ella. Es la historia de estos personajes, más algún que otro secundario (Bilger el arqueólogo loco, Faugier el opiómano), lo que convierte al libro en una novela, y no en un ensayo o incluso un libro de viajes. Un viaje siempre hacia el este, siguiendo la brújula del protagonista, que marca ese punto cardinal, hacia el Oriente como metáfora del ansia vital, de la huida de la inmovilidad que prefigura la derrota y la muerte. Individual pero también cultural, colectiva. Ahora bien: si el bueno de Franz está bien definido y trazado (qué menos, si toda la novela se desarrolla a través de un monólogo en primera persona), representado como un entrañable y melancólico pagafantas con lecturas, la trama que le une con Sarah y a ambos con los demás personajes no resulta demasiado convincente. 

En mi opinión, quizás sea éste el punto débil de la novela, aunque no debió de parecérselo así al jurado que le concedió el premio Goncourt en el pasado 2015. Como, acostumbrado a los entrañablemente amañados premiso españoles, esto de los que se conceden en otros países me pilla un poco fuera de juego, no opinaré si esta concesión fue la más adecuada o no. En todo caso, sí que me parece justa. Brújula es un libro magníficamente escrito, muy interesante y, al menos para mí, ha sido grato de leer (aunque ya aviso que no me parece que la "gran historia de amor", como ha sido definida en algún medio, sea aquí lo más importante). Hasta qué punto se puede considerar una novela o no, es otra cuestión, pero, tratando como trata de la mixtura creativa, de la rotura de los compartimentos estancos en los que nos empeñamos en encerrar la diversidad de los elementos culturales, de la mezcla entre distintas concepciones del mundo... tampoco creo que eso tenga demasiada importancia.


Otros títulos de Mathias Enard reseñados en Un Libro Al DíaZona

domingo, 2 de octubre de 2016

Michael Pfeiffer: El destino de la literatura


Idioma original: español
Año de publicación: 1999
Valoración: muy recomendable para interesados



Mucho tiempo ha pasado ya desde 1999, año de publicación de este libro, que ostenta orgulloso el 1, señal de que representó la obra inaugural de Acantilado. Curioso: la editorial entonces se llamaba El Acantilado. Y empezar con un compendio de entrevistas, por orden rigurosamente alfabéticio, a una decena de escritores dejaba las cosas bien claras. La apuesta no iba a ser para nada una apuesta mayoritaria. Y esa apuesta iba a ser arriesgada desde el primer momento. Incluso en 1999 algunos de los autores entrevistados ya debían estar en el centro de la polémica, cómo no ahora.
Las entrevistas de Pfeiffer parten de una primera pregunta común y toman diferentes caminos en función de su respuesta. Pfeiffer les pregunta primero a todos por la situación de una literatura que cada vez tiene más "material" y cómo ésta va a afrontar un eventual e incierto futuro relacionado con la tecnología.
Y diecisiete años más tarde me encuentro leyendo cómo todas esas predicciones u opiniones o especulaciones resultan igual de válidas, básicamente debido a que ese futuro no se ha definido a lo largo de tanto (o tan poco, digamos eso tan bonito de que todo es relativo) tiempo. De la obvia disparidad de opiniones, permitidme que me quede con la socarronería marca de la casa de Quim Monzó, que clava uno de los comentarios más brillantes del libro (a la vez escatológico y a la vez certero) cuando se refiere al corporaritivismo del sector editorial y a su complejo sistema de ayudas recíprocas con el avieso fin de garantizar ese futuro conjunto, esa especie de dumping  literario donde se trata de que el conjunto no pierda ni el favor del público (un conjunto monolítico, ávido de echarse lo que sea al gaznate y luego digerirlo de forma común) ni por supuesto el favor del bolsillo del público, que de algo hay que comer. Otros se expresan de forma más erudita, o aprovechan para promocionar sus propias obras o los proyectos en que andan metidos. Javier Marías hace mucho de sí mismo, Eduardo Mendoza desborda elegancia y Valente hace mucho de "poeta" con una entrevista corta y esquemática. Todas las opiniones con su personalidad y algunas compartiendo lugares comunes: es inevitable que ante un planteamiento tan abierto las respuestas se desboquen y, curioso, acaben repitiéndose ciertas menciones, sobre todo, de la cohorte de clásicos que uno ya puede imaginarse: Cervantes, Stendhal, Balzac, Tolstói, Joyce, son referencias de varios de los entrevistados.
A pesar del lógico devaneo particular (los egos pesan, amigos), este es un libro de los que se amortizan en su lectura. Apuntad referencias clásicas, faltaría, pero cada uno de los entrevistados acaba manifestando su individualidad a través de alguna cita, alguna preferencia particular, algo que despierta nuestra curiosidad. Puede que no sea la mejor de las obras que ha publicado Acantilado, pero tiene una evidente intención y constituye una muestra perfecta de por dónde irían los tiros en el futuro: rigor, seriedad, respeto, fidelidad a una línea y tesón, trazando caminos por los que otros han discurrido.

miércoles, 20 de abril de 2016

TochoWeek #3. Thomas Piketty: El capital en el siglo XXI

Idioma original: francés
Título original: Le capital au XXIe siècle
Traducción: Francisco J. Ramos y Ana Escartín
Año de publicación: 2.013
Nº páginas: 859 (libro+apéndice)
Valoración: Muy recomendable  (Imprescindible para interesados)

Karl Marx escribió El capital en 1.873, y 140 años después el economista francés Thomas Piketty publica este trabajo, que suscitó gran interés y cierto grado de polémica, no en vano el autor es conocido por sus investigaciones sobre la desigualdad y las grandes fortunas. En realidad, aunque obviamente los dos son libros de economía, el que intentaré comentar hoy no constituye ni una revisión ni una réplica del clásico, con el que apenas coincide en aspectos muy concretos, aunque tampoco excluyo que se haya dejado funcionar el efecto tractor de título tan famoso. 

Tras una muy amplia y clarificadora introducción, en las dos primeras partes se pone al lector en antecedentes sobre algunos de los grandes parámetros que definen las magnitudes económicas a nivel internacional: el crecimiento, tanto económico como demográfico, el binomio capital/renta y las relaciones entre rentas del capital y del trabajo –punto en el que se aproxima algo más a algunos de los conceptos trabajados por Marx. Todas estas cuestiones se analizan, interrelacionan y justifican mediante un universo de datos y gráficos, que nos indica a las claras que estamos ante un estudio serio y riguroso, que busca explicaciones globales en que fundamentar la tesis que expone después. 

Tiene además la virtud de entroncar con un enfoque histórico-político de muy largo plazo, que no sólo hace la lectura menos árida para el profano, sino que permite una visión integrada de los fenómenos económicos. Incluso se permite recurrir con frecuencia a textos literarios –es especial, Balzac y Austen- para ilustrar algunas situaciones sobre la estratificación social, lo que resulta llamativo y francamente se agradece. Y, por otra parte, se ofrece la posibilidad de ampliar aún más la información, remitiéndose al descomunal material contenido en la página http://www.piketty.pse.ens.fr/fr/capital21c (anexo técnico), buena muestra de cómo compatibilizar un texto en papel con los recursos de la tecnología.

Una vez fijados los conceptos básicos, Piketty entra de lleno en el alma del libro, que no es otra que las desigualdades generadas por el sistema. La idea central consiste en que en la esencia misma del capitalismo se encuentra el mecanismo por el que, en unas condiciones dadas, las desigualdades aumentan de forma cada vez más acelerada. Sin entrar en profundidades, se puede decir que estamos ante el supuesto en que el rendimiento del capital es superior a la tasa de crecimiento, una realidad empírica que se cumple históricamente sin excepción. Dicho de otra forma, estamos ante esas estadísticas que periódicamente conocemos por los medios de comunicación, en las que vemos cómo un porcentaje ínfimo de la sociedad posee más de un tercio de la riqueza de un país, a veces incluso mucho más. Y no hablamos ya de dictadores subsaharianos o sátrapas postsoviéticos, sino de élites de Europa occidental y Estados Unidos, es decir, aquí y ahora.

Entrando en este tema, aunque sin abandonar su naturaleza técnica, el tono del libro empieza a cambiar ligeramente. Piketty no se limita a describir sino que se moja con las implicaciones sociales de estas desigualdades desbocadas, y hasta hace detonar algunas valoraciones que dejan claro que no está en la equidistancia:

‘La democracia real y la justicia social exigen instituciones específicas, que no son únicamente las del mercado, y que tampoco pueden limitarse a las instituciones parlamentarias y democráticas formales’

Y, planteado el problema, pasa a buscar soluciones. La única forma de corregir esta deriva –que en términos teóricos puede llevar al infinito, es decir, a la acumulación de todo el patrimonio mundial en manos de un puñado de individuos- reside en medidas fiscales y de control del capital. Las propuestas son a grandes rasgos 1) Un impuesto sobre la renta limpio de las exclusiones por las que se escapan las grandes fortunas, y recobrando la potente progresividad que ha perdido en las últimas décadas 2) Un modelo de tributación sobre el capital a nivel mundial, que el propio autor reconoce utópico a corto plazo, pero deseable como objetivo 3) El fin de los paraísos fiscales y de la opacidad sobre datos bancarios (vaya, una cosa que resulta, desde luego, de la máxima actualidad).

Es decir, que a lo largo de las casi 800 páginas (y miles de datos complementarios ofrecidos on line) se pone números, fechas y ubicación a esas intuiciones populares del tipo ‘los ricos son cada vez más ricos’, o a las informaciones, parciales y a veces poco rigurosas, que los medios transmiten de cuando en cuando y que aceptamos con desinterés y cierta resignación (estadísticas, datos de ONGs, listas Forbes). Pero se trata de realidades, muchas veces de magnitud más escalofriante aún de lo que pensamos, que tienen su origen en el propio sistema, y que son corregibles si hay voluntad para ello.

Es por tanto un imponente trabajo técnico, pero que no rehúye un importante grado de compromiso con el objetivo de combatir este desenfreno en las desigualdades, socialmente inaceptable. A nivel lector, tampoco nos olvidemos de que estamos ante un libro de economía, pero se advierte en él la voluntad de mantenerse más o menos cerca del gran público, adquiriendo así un cierto tono divulgativo que quizá los especialistas considerarán excesivo. Y si, aun sin perder el rigor, puede albergar la intención de provocar cierto debate, de ninguna manera es algo que se le pueda reprochar, porque aún queman los rescoldos de la crisis iniciada en 2.007, y no están tan lejanos los días en que los dirigentes políticos clamaban, presa del pánico, la necesidad de ‘refundar el capitalismo’.

Así que, si nos interesa indagar en este fenómeno económico que define nuestra sociedad en el principio del siglo XXI, el esfuerzo bien merece la pena.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Honoré de Balzac y E. M. de Saint-Hilaire: El arte de pagar sus deudas sin gastar un céntimo

Idioma original: francés
Título original: L'art de payer ses dettes et de satisfaire ses créanciers sans débourser un sou
Año de publicación: 1827
Traducción: Jürgen Jencquel
Valoración: entre recomendable y está bien


Pues sí, amigos, ULAD ha decidido abrir su exclusiva relación de reseñas a ese popular -popularísimo, incluso- género que es el de los libros de autoayuda. ¿Cómo? ¿Que éste no es un libro de autoayuda, sino un clásico del siglo XIX, de todo un Balzac, nada menos? Pues fijémonos en el título completo del libro, a ver qué nos parece: El arte de pagar sus deudas y de satisfacer a sus acreedores sin gastar un céntimo en diez lecciones o Manual de derecho comercial para uso de gente arruinada, deudores, desempleados y demás consumidores de dinero. Por el que fue mi tío, profesor emérito.

(El tal tío, que resulta haber sido un moroso de dimensiones legendarias, lo era, en todo caso, del colega de Balzac, Emile Marco de Saint-Hilaire, si examinamos la biografía del célebre escritor y sus espinosas relaciones familiares. Quien, por otro lado, si de algo sabía por experiencia propia era de deudas y acreedores: a los 28 años, edad a la que escribió esta obrita, ya se había arruinado, entre otras cosas por su ocurrencia de meterse a editor y publicar "tratados" como éste o como El arte de anudarse la corbata  y cosas así...).

Bueno, a lo que iba: ¿es o no es un libro de una practicidad absoluta, lo más útil que cualquier ciudadano del siglo XXI (y también de hace 200 años, por lo visto) puede leer? Vaya que sí... ahora bien, El arte de pagar sus deudas... supone algo más que un manual de truquitos para esquivar acreedores -aunque también lo sea-, al estilo del artista moroso de 13 Rue del Percebe; representa toda una filosofía de vida y más aún, toda una doctrina económica que explica y clarifica en gran medida las relaciones comerciales, financieras y has personales entre individuos, empresas y países, a las que asistimos cada día, estupefactos; más aún desde hace cierto tiempo... Dos o tres de los axiomas del famoso señor tío en los que se basa el libro, a modo de ejemplo:

"I ) Mientras más deudas se tienen, más crédito se tiene; mientras menos acreedores se tienen, menos ayuda se puede esperar.
VI ) Hasta con la mejor administración, una nación siempre se divide en dos partidos totalmente opuestos. Puede ser una nación tan grande como quiera, tan unida como pueda, pero siempre sucederá.
Es decir: 
Primer partido: individuos que roban.Éste es el partido más fuerte.
Segundo partido: individuos que son robados. Éste es el más grande.
Dejo al lector escoger el partido que más convenga, pues no es posible escoger un partido neutral o de transición (como se hace en política); ¡según nuestra interpretación no puede existir tal partido!
X ) Es obvio que el mundo está compuesto de personas que tienen demasiado y de gente que no tiene lo suficiente. Su deber es en lo que concierne a su propia persona, establecer el equilibrio"...

Todos estos axiomas se pueden resumir en el último, especialmente expresivo:

XVII ) "...¡Lo que otro tiene en el bolsillo estaría mucho mejor en el mío!...¡Lárgate, para que pueda sentarme yo en tu puesto!...
En pocas palabras, éste es el principio básico de toda moral"

Bastante esclarecedor, ¿no? Cabe decir que para los autores del libro -esto es, para el famoso "tío"-, la sociedad está dividida en "productores" y "consumidores": productores serían los que disponen de dinero de sobra, hasta el punto de que no saben qué hacer con él y consumidores, los que no tienen ese dinero pero lo necesitan y tienen muchas ideas sobre como gastarlo de manera satisfactoria. Los primeros se convierten en acreedores y los segundos en deudores, para conservar el equilibrio financiero -e incluso espiritual- del mundo. es una doctrina que, como se ve, ha tenido mucho éxito en los últimos dos siglos... ¡si hasta el tío de marras podría haber presidido un banco español, para sacarle sus ahorros a los jubilados con las preferentes!

En fin, fuera de estas cuestiones más generales, el libro tiene un carácter práctico indudable: Sólo hay que fijarse en los temas de los distintos capítulos: tipología de las deudas; formas de amortización de las mismas (la más eficaz, muerte del acreedor), características necesarias -físicas y morales- para ser un deudor (la más importante: el aplomo); elección de zona y vivienda para poder dedicarse a tal práctica, modos de vida, etc... Empero, es cierto que los últimos capítulos dedicados a las vicisitudes que acechaban al deudor francés de principios del siglo XIX (a saber: los temidos alguaciles, el secuestro corporal a petición del acreedor o la cárcel de Saint-Pélagie, donde podían ser encerrados), aunque interesantes, no son de utilidad para sus émulos del siglo XXI... No ocurre lo mismo, sin embargo, con la verdad indiscutible que anima a esta pequeña pero gran obra, una verdad que sigue siéndolo hoy en día y seguro que lo será dentro de otros dos siglos:

"Siempre es mejor encontrarse sin un céntimo en el bolsillo que sin crédito."

Que se lo pregunten a más de uno de la lista Forbes...


(Casi se me olvida: deliciosas ilustraciones de Honoré Daumier, de regalo. A ver quién da más...).

Otras obras de Honoré de Balzac en ULAD: Eugenia GrandetEl elixir de la vida


viernes, 4 de septiembre de 2015

Stephen Vizinczey: Verdad y mentiras en la literatura

Idioma original: inglés
Título original: Truth and lies in literature
Año de publicación: 2001
Traducción: Pilar Giralt Gorina
Valoración: canónico

Perdonad lo excéntrico de la valoración. Pero libros como este consiguen, y bien que hacen, empequeñecer esta tarea amateur, caprichosa, sencilla y errática que es escribir en internet y sobre libros. Entonces, genuflexo (y agradecido a Álex Azkona por la recomendación) el aficionado que escribe esto que estáis leyendo piensa. Piensa cómo y de qué manera hacer justicia a un libro así, sin caer en los lugares habituales de las reseñas elogiosas, sin recurrir a las listas habituales de calificativos. ¿He escrito alguna vez boquiabierto? No, que recuerde. Pues empecemos con esa palabra. Porque esta retrospectiva de Vizinczey, escritor y crítico húngaro cuya relativa fama cabe atribuir a la novela En brazos de la mujer madura nos ofrece reseñas, artículos sobre escritores, reflexiones políticas, y, last but not least, el conjunto. Que debería ser lo que cuenta, si se trata de valorar. El conjunto es la sensación profunda que se apodera del lector sobre cómo Vizinczey acomete su función crítica. El guiño empieza en el título: Verdad - una - y mentiras - varias - en la literatura. Porque no es que esta sea una experiencia enfocada en el análisis de argumentos, sino que se extiende en todos los ámbitos alcanzables, de manera que, glups, qué complicado es declarar esto en este ámbito, quien lee queda con la sensación de que Vizinczey se impregnaba de lo que leía, absorbía y comprendía tan hasta el fondo el libro, la obra, el autor, y esa capacidad le investía de una autoridad absoluta para, luego, pertrechar esos textos que, por sí solos ya tienen valor literario, pero que tienen además ese poder de empujar a la búsqueda.
No es que Vizinczey no muestre alguna debilidad personal. Por encima de todas, su adoración por Heinrich Von Kleist, en segundo término Balzac, Stendhal, y algunas fobias no tan visibles ni en las que, con una discreción digna de elogio, se ensaña. Que yo recuerde, tilda a Kundera de inmaduro, critica el quiebro argumental de Billy Budd de Melville, y el objeto más claro de su crítica es el corporativismo de la prensa literaria de Nueva York, a la que tilda de actitudes chantajistas. Por todo lo demás, lo comentado, demostración de comprensión absoluta, de asimilación de cada obra en la que se sumerge. Capacidad de análisis brillante. Conocimiento mayestático. Descomunal cómo transmite su entusiasmo, combinando mesura, emoción, razonamiento. La cuestión, quizás, no es que uno pueda coincidir o no con lo que Vizinczey opine, sino lo estimulante que esta lectura resulta. Ya hablé de Bloom y hablé de Carrión y de Eduardo Jordà, recuerdo cada uno de esos libros como campos de minas para los pusilánimes. Cargaría con este libro, repleto de notitas marcando páginas y resaltando textos, y empezaría a encargar libros. Seguro que discreparía de muchas opiniones, seguro que diría que no es para tanto, puede que hasta llegara a conclusiones dispares o a considerar que Vizinczey se ha excedido en algún punto. Puede, incluso, que determinadas horas no sean las más adecuadas para sumirse en especulaciones sobre ciertas obras. No se trata de divertirse ni de saltar: se trata de captar el mensaje profundo que el libro desprende, la importancia de la literatura como bastión de la cultura.
Adicionalmente a las reseñas y artículos sobre literatura, el libro nos ofrece algunos ensayos de carácter más general, que entroncan en la realidad política que Vizinczey, húngaro que se exilió a EEUU en plena guerra fría, escribió sobre diversas temáticas. La Mafia, la dominación rusa, la Europa postguerra. Todos ellos, escritos de gran fuerza y valor. Más regalazos. Como si a este magnífico pastel le hiciera falta una guinda.

viernes, 24 de abril de 2015

Charles Dickens: La casa lúgubre

Idioma original: inglés
Título original: Bleak House
Año de publicación: 1852-3
Valoración: está bien

Me resulta difícil valorar una novela como La casa lúgubre, que a lo largo de sus casi novecientas páginas me ha producido a partes iguales admiración y aburrimiento. Admiración, porque Dickens consigue crear y sostener un universo gigantesco de personajes principales y secundarios, entrelazados de las maneras más diversas (algunas sorprendentes, otras muy melodramáticas); aburrimiento, porque son casi novecientas páginas, y porque no todos esos personajes ni todas esas tramas me han interesado por igual; algunas de ellas, de hecho, no me han interesado lo más mínimo.

Es difícil resumir el argumento de La casa lúgubre, precisamente porque este entrelazamiento de historias. Quizás los protagonistas centrales sean el triángulo de jóvenes compuesto por Esther Summerson (una huérfana de corazón puro purísimo), Ada Clare y Richard Carstone (amantes cuyo amor es imposible, por lo menos por ahora), todos ellos bajo la supervisión de John Jarndyce, un hombre tan rico como generoso. Pero también ocupan un lugar central Lord y Lady Dedlock, representantes de la elitista aristocracia inglesa; Jo, el muy dickensiano niño mendigo; la filantrópica señora Jellyby, que se preocupa tanto por los pobres niñitos africanos que descuida a sus propios hijos hasta el punto de la indigencia...

Y de fondo, atravesando toda la novela de la primera a la última página, encontramos un despiadado retrato de la judicatura británica, lenta, farragosa, injusta, destinada más a dar de comer a los abogados que a descubrir la verdad e impartir justicia. El máximo representante de este sistema absurdo y corrupto es el caso "Jarndyce contra Jarndyce", del que se dice que ha atravesado ya varias generaciones, que requiere carretillas llenas para trasladar toda su documentación y que contamina con su perniciosa influencia a todos los que se implican en él (y muy particularmente, en este caso, al joven Richard, que fía toda su futura fortuna a la resolución del caso, condenándose así a desperdiciar su vida).

No creo ser muy original si digo que mi Dickens favorito es el humorista, el satirizador implacable de los defectos de la sociedad inglesa, en particular de la alta burguesía y la aristocracia: el retrato de lady Jellyby, que siempre tiene la mirada perdida "como si estuviera viendo África" y que es incapaz de cuidar a su propia familia, por ejemplo, es de lo más memorable del texto. En cambio, el Dickens lacrimógeno, el de las doncellas inmaculadas y los niños harapientos, me resulta bastante más intragable.

Resulta difícil, como decía al principio, darle una valoración a esta novela. Tiene, desde luego, acérrimos defensores (entre ellos G. K. Chesterton, nada menos) y tiene, indudablemente también, páginas y personajes magistrales, que están al alcance solo de los escritores más consumados. La propia construcción narrativa es digna de los maestros de la novela realista decimonónica, como Tolstoi, Balzac, Galdós, Eça, capaces de mantener vivos y diferenciados decenas de personajes.

Y sin embargo, la lectura se me ha hecho pesada, pesadísima por momentos. Quizás convenga recordar que La casa lúgubre, como gran parte de la obra de Dickens, se publicó por entregas de treinta y dos páginas cada una (a un precio de un chelín). No cabe duda de que la experiencia de leer ochocientas página seguidas es muy diferente a la de leer 32 páginas al mes durante dos años, y quizás sea esta segunda la lectura preferente de un texto como este: por entregas, por fascículos para no empachar.

Otras obras de Charles Dickens en ULAD: Aquí