Año de publicación: 2024 y 2025
Valoración: imprescindible para interesados
Año de publicación: 2024 y 2025
Valoración: imprescindible para interesados
Idioma original: Alemán
Título original: Triumph und Tragik des Erasmus von Rotterdam
Traducción: R. S. Carbó
Año de publicación: 1934
Valoración: Muy recomendable (Imprescindible para los humanistas)
(De manera intencional pongo de portada la colección de biografías de Zweig de Acantilado. En estas épocas de dar, este tabique de dos tomos es uno de esos regalos que te cagas. Regálenselo a esa persona amada. De nada: luego me agradecen. Incluye las biografías de Erasmo de Róterdam, Fernando de Magallanes, María Estuardo, María Antonieta, Joseph Fouché, Honoré de Balzac y Marceline Desbordes-Valmore).
Cuando hay un libro altamente recomendable, la reseña se vuelve corta. Hay pocas cosas que agregar al texto original además de decir: léanlo.
Se dice que una persona extraordinaria nace cada cien años. Así que el hecho de que Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero hayan habitado el planeta al mismo tiempo no puede ser otra cosa que un prodigio. Y no solo eso: el choque entre ambos, el sabio que pule frases hasta dejarlas como vidrio y el monje que lanza martillazos, define, para Zweig, el punto exacto en el que Europa deja de conversar y empieza a gritar.
Zweig escribe esta biografía como quien ve venir una tormenta. Publicado en 1934, el libro tiene esa electricidad rara de las obras que hablan de otra época, sí, pero con el oído puesto en el siglo XX: el fanatismo como método, la polarización como forma de vida, la masa como una máquina que exige sangre o milagros, y el intelectual humanista intentando, tercamente, que el mundo no se vuelva una hoguera.
Zweig no explica a Erasmo, lo dramatiza. Lo coloca en escena. Lo deja ser lo que fue: un hombre de letras, un europeísta antes de que existiera la palabra, un creyente sin ganas de inquisiciones, un reformista alérgico a la Reforma cuando se sale de madre. Erasmo, dice Zweig, es la encarnación de la medida. Y luego llega Lutero, que es todo lo contrario: no mide, arde. El conflicto va más allá de la teología; es temperamental.
Si te interesa el humanismo, este libro es obligatorio. Si te interesa la Reforma, también. Y si te interesa, aunque sea por puro instinto de supervivencia, entender cómo se rompe una sociedad y cómo la inteligencia y mesura puede volverse un estorbo, entonces más te vale leerlo. Porque la biografía de Erasmo, en manos de Zweig, es algo útil: una advertencia escrita con elegancia.
Idioma original: francés.
Título original: Le mage du Kremlin
Traducción: Adolfo García Ortega
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable
Veamos: publicar en 2023 una novela que trata sobre Vladimir Putin no, es, digámoslo claro, el colmo de la audacia y la innovación, por no decir que pudiera considerarse un flagrante caso de oportunismo. Esta novela fue premiada con el Honoré de Balzac (no tengo el gusto) y su autor pasa por ser un conocedor de primera mano de ciertos entresijos de la política internacional contemporánea. Lo cual le da cierta ventaja, aparte de la obvia licencia literaria implícita que supone el absoluto misterio que rodea a la persona de Vladimir Putin, que, hace ya casi dos años, es visto como uno de los enemigos irreconciliables de Occidente, peor, como una de las mayores amenazas individuales para (las mayúsculas se imponen) la Paz en la Tierra
Vadim Baranov, protagonista interpuesto de la novela, ha sido su asesor. Un periodista ha acudido a visitarle y la narración cubre, como si obrasen de prólogo y epílogo el principio y el fin de la entrevista, la historia de su ascenso a la cúspide y relativa relegación dentro del entorno del líder ruso. De eso se trata, de especular, qué otro remedio parece quedar, con la figura de los pesos pesados en su ámbito de influencia, en especial de aquellos que acumularon fortuna y poder para perderlos de forma súbita y a veces trágica. No sé hasta qué punto lo que escribe Da Empoli es una especulación o si a través del sustancial reguero de nombres y hechos reales hemos de imaginar que esa figura, la de un intelectual de bajo perfil que se constituye en influencia en la sombra, no es en sí una réplica de la realidad o más bien una arriesgada apuesta de cómo pudo, o puede ser. Sí que diría, desde una dificil posición de objetividad, que el relato resulta acomodaticio con todos los prejuicios desde los cuales el mundo occidental observa a Putin: su pasado como funcionario gris y frío, con una implacable visión de qué partes del pasado soviético hay que preservar, su presente como, valga la redundancia, implacable líder impermeable a cualquier sombra de influencia que pueda ya no discutir sino atenúar un poder que el libro siempre muestra igual: firme, despótico, impertérrito. Lo cual no desmerece el mérito narrativo: las primeras doscientas páginas se devoran a medida que el desfile de celebridades, que incluyen personajes tan variopintos como Edward Limónov o los Jodorkovsky, magnates descabezados de Yukos, escenarios ahora tan denostados como el Londres convertido en el paráíso de las descomunales fortunas de aquellos que supieron reconvertirse tras la caído del muro. Todo ello, opino, quizás demasiado acomodaticio y adecuado a la idea central: Putin es un tirano que está dispuesto a todo con tal de mantener su país, como mínimo, en el añorado status de poder de la Guerra Fría.
Cuando Da Empoli insiste en vender esa imagen tan cuadriculada, cuando le resulta tan conveniente preservar la fascinación por lo desconocido (no en vano ni se nombra a Gorbachov o Lenin, sí a Stalin y Yeltsin) la narración, sin perder calidad literaria, cae demasiado en el estereotipo. Podríamos decir que el juego de la ficción política busca demasiado esa explicación que tanto cuadra con nuestra escasa comprensión de una sociedad tan lejana. Putin es el demonio, tiene cuernos, es cruel y despótico y su aguijón está listo para clavarse en el lomo de la presa, que hoy en día es el planeta. Una definición que me da que tendría más lecturas que la algo unívoca que esta novela muestra.
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez6. Caracas muerde de Héctor Torres5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto4. Contra vosotros de Mercedes Soriano3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo
Título original: Le père Goriot
Traducción: Joaquín de Zuazagoitia
Año de publicación: 1835
Valoración: Está bien
Hace mucho tiempo que leí Eugenia Grandet, y en su momento me dejó una estupenda sensación (no me pregunten porque no me acuerdo de nada, la mala memoria lectora es uno de los motivos por los que empecé a escribir reseñas, pero en esa época todavía no lo hacía. Perdón, sigo), hasta el punto de que lo conseguí en francés con idea de releerlo. Pero se me han quitado un poco las ganas tras leer Papá Goriot, a pesar de que sea uno de los títulos más reconocidos de este autor, cuyo nombre se cita de carrerilla junto con Stendhal, Flaubert y Zola si hablamos de la novela realista francesa (Yo creo que Balzac está algún peldaño por debajo de los otros, pero esa es otra historia).
Hecho el introito, pasemos a la novela. Si a veces decimos que una característica de los clásicos es que sus personajes resultan inolvidables, este es sin duda un caso claro: Goriot es un antiguo fabricante de fideos, o algo así, que en su momento debió manejar una fortuna bastante decente, y que ahora vive en la cutrísima pensión de Mme. Vauquer. La razón de ese contraste provoca habladurías sobre los posibles vicios que han hecho descender a Goriot hasta el fondo del escalafón social. Naturalmente, el cuadro lo completan los demás habitantes de la pensión, todos gentes a quien la suerte parece haber dado la espalda: la señorita Taillefer, desheredada en vida por su malvado padre; el misterioso Vautrin, de quien poco se sabe aparte de su vitalidad y carácter sarcástico; o el estudiante Eugène de Rastignac, un joven de provincias ansioso por abrirse paso en la alta sociedad parisiense.
Personajes en general bien dibujados, junto con eficaces descripciones que rápidamente ubican al lector en ese ambiente polvoriento de fracasados actuales o futuros. Por cierto, que el propio Balzac, aficionado a inversiones un poco locas, parece ser que vivió un proceso bastante semejante al de Goriot, y no es difícil que hubiera conocido alojamientos parecidos al que se presenta en la novela. El caso es que Rastignac se decide a maniobrar para dar el salto a los salones y la buena vida para lo que, además de un buen contacto, utiliza el trampolín de las conquistas femeninas de forma que recuerda un poco al Julien Sorel de Rojo y negro, escrita solo cinco años antes.
El nudo de la historia, aunque con un fuerte matiz folletinesco, se sitúa justamente en ese proceso de ascensión social protagonizado (o al menos pretendido) por el joven, algo que se puede resumir en las dos o tres páginas del devastador monólogo del huésped Vautrin, quien explica cómo funciona la buena sociedad parisina: la ambición sobre todo, el genial triunfador (trepa) que despierta por igual envidia, odio y admiración, cero escrúpulos, el placer y la posición social por encima de cualquier otra cosa. Es así como se triunfa en París, como se alcanza la posición envidiable, las mujeres más deseadas, el lujo, así es como la vida sonríe y se vive plenamente.
En definitiva tenemos el enfrentamiento entre el bien y el mal, el buen corazón de las gentes sencillas frente al mundo despiadado de la ostentación, la hipocresía y el desprecio a los sentimientos. El nudo se enreda en torno a Goriot y Rastignac, uno aferrado a sus pasiones familiares, el otro dubitativo ante lo que le atrae y todavía no conoce, y debatiéndose ante lo que parecen sus propias convicciones íntimas.
Esos personajes, como decía antes, se hacen difícilmente olvidables pero reciben tal vez demasiadas vueltas de tuerca. De forma que, al menos para este lector, la bonhomía de Goriot termina por transformarse en un dibujo grotesco, empalagoso y hasta con algún rasgo de cosas muy feas que seguro que Balzac nunca llegó a intuir, pero que sobrevuela en algunos momentos hasta producir una cierta grima. Goriot es lo que llamaríamos un perdedor, un tipo lloriqueante incapaz de entender (sólo al final lo hace) el inmenso error que le ha conducido a la perdición, ese error que cualquier lector detecta pronto y que por eso le hace, digo yo, más acreedor de crítica que de compasión.
En ese combate entre buenos y malos hasta Rastignac, con su ingenuo y bien retratado ímpetu juvenil, acaba perdiendo el atractivo de la volubilidad y adquiriendo cierto aire de pastelón, aunque hay que reconocer que se redime, en un giro sorprendente, justo al final del libro, apenas en un par de líneas.
Desde el punto de vista narrativo, al libro le pesan bastante esas largas parrafadas tan propias de la época, un estilo que a veces llega a exasperar un poco en especial en los diálogos, y que frena la acción de una forma que puede cargar bastante al lector poco paciente o demasiado acostumbrado a ritmos más vigorosos.
Así que conviene leerlo con una cierta perspectiva, siendo conscientes de que lo que tenemos entre manos responde a parámetros bastante diferentes a los que rigen en nuestro tiempo. De esta forma se pueden seguramente apreciar mejor sus virtudes, que las tiene, aunque siendo sincero creo que Balzac en general, y probablemente el Goriot en concreto, han podido envejecer peor que varios de sus contemporáneos.
P.S. Como dato anecdótico diré que el traductor de mi edición del libro, Joaquín de Zuazagoitia, fue un alcalde de Bilbao de quien tenía algunas referencias por cuestiones que, claro está, nada tenían que ver con la literatura. Y bueno, al margen de la traducción, que en general parece correcta aunque con algunos puntos oscuros, resulta gratificante apreciar cómo algunos políticos son (o eran) capaces de demostrar aptitudes para actividades muy diferentes de aquellas por las que son conocidos.

Idioma original: francés
Idioma original: inglés