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domingo, 9 de agosto de 2015

Colaboración: Pulp de Charles Bukowski

Idioma original: inglés
Título original: Pulp
Traductoras: Cecilia Ceriani y Txaro Santoro
Año de publicación: 1994
Valoración: Decepcionante


Mi experiencia con Bukowski ha sido muy grata. Me enorgullece decir que gracias a él he vivido momentos increíblemente intensos. En un periodo en que no encontraba una literatura que no que me hastiara o me dejara indiferente, apareció él. Desde entonces, no nos hemos separado, y dudo que jamás lo hagamos (aunque con ello le daría una alegría a mi novia, que es una feminista convencida).

Debo decir que siempre me entrego a la obra de este autor, sobre todo si hablamos de su vertiente narrativa (la poesía en general, no sólo la suya, no me atrae demasiado), con gran entusiasmo. Cuando llevaba leídas unas pocas páginas de Pulp, sin embargo, ya percibí que el libro no iba a gustarme. Y no porque sea precisamente malo, sino porque, dentro de lo que el talento de Bukowski puede llegar a engendrar, se queda corto.

Use retazos autobiográficos o escriba ficción pura y dura, Bukowski es capaz de deleitarnos siempre con dos cosas: en primer lugar, nos entrega una media de veinte carcajadas (de las que te hacen parecer un perturbado mental si te encuentras en el metro y el resto de pasajeros te escuchan reír) con cada libro. Su genial humor acompaña cada uno de sus textos de narrativa (e incluso en varios de sus poemas), tiñe cada uno de sus párrafos con sus hilarantes y a veces también corrosivas sentencias.

No obstante, hay otro elemento en el trabajo de Bukowski por el que yo me siento sumamente interesado. Además de su sentido del humor, este escritor posee una capacidad inigualable para machacarnos, para humillarnos. O, al menos, eso es lo que creo yo. Cuando lo leo, siento que me desprecia, que su ponzoñoso desdén va aflorando de cada una de sus palabras y cala en mí. Su crudeza al retratarnos a nosotros, los seres humanos, es algo fantástico que, a mi forma de ver, convierte en verosímiles a todos sus personajes. Es un misántropo (y sí, un misógino, ¿estás contenta, cariño?) y nos odia tanto como se odia a sí mismo.

En los personajes de Pulp, sin embargo, no existe este realismo. Entiendo que, al ser una novela que parodia la literatura de consumo popular, no haga demasiado hincapié en la profundidad psicológica de los personajes, pero, al estar escrita por Bukowski, esa característica no hace más que desacreditarla un poco. 

Así que sí, es cierto, Pulp es una novela que expone (o desnuda, palabra que considero muy acorde al hablar de la obra de Bukowski) los excesos del género de la novela policíaca o fantástica de las publicaciones “pulp”. Sí, no lo voy a negar, Pulp es tan tremendamente divertida como cualquier otro libro de Bukowski. Sin embargo, si tu relación con este autor es igual que la mía, notarás que él mismo se ha extirpado parte de su esencia al escribir Pulp. Es decir, que si lo quieres leer por separado, Pulp es un libro recomendable. No obstante, si lo haces para continuar un largo viaje con Bukowski, pronto comprenderás que te decepciona bastante.

También de Charles Bukowski en ULAD: CarteroEl capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, La máquina de follarHollywood

Firmado: Oriol Vigil

jueves, 31 de enero de 2019

Friedrich Dürrenmatt: El juez y su verdugo

Idioma original: Alemán
Título original: Der Richter und sein Henker
Año de publicación: 1950
Traductor: Juan José del Solar
Valoración: Se deja leer

El juez y su verdugo es la primera novela policial de Friedrich Dürrenmatt. En ella, el autor nos presenta al comisario Hans Bärlach, personaje al que recuperará cuando escriba La sospecha. Huelga decir que ambas historias son autoconclusivas, por lo que se pueden leer de forma autónoma. De las dos, me quedo con ésta: es sencilla en su presentación, pero en todo momento cumple con lo que promete. Las ínfulas de su continuación, en cambio, quedan en papel mojado.

Cuando digo que El juez y su verdugo cumple con lo que promete me refiero a que es un desprejuiciado pasatiempo pulp. No hay que esperar de este texto, pues, nada más que una trama repleta de golpes de efecto. Y ya. En serio, nada de buscarle un trasfondo profundo. Sí, sé que Dürrenmatt te intenta colar un discurso sobre la lucha entre el Bien y el Mal, pero ni caso. Éste es tan anacrónico para el siglo XX, además de escueto, que si le diéramos mucha importancia el libro pecaría de pretencioso.

Aunque estoy siendo algo injusto al insinuar que El juez y su verdugo es maniqueísta con su tratamiento de la lucha entre el Bien y el Mal. Para nada. Al fin y al cabo, uno de los grandes interrogantes que plantea esta pequeña ficción es el siguiente: ¿cualquier medio está justificado con tal de hacer prevalecer a la justicia? El comisario Bärlach encarna a la perfección esta problemática en cierta escena de lo más memorable. Y me callo para no chafaros nada. Sólo aprovecho para avisaros de que Bärlach, protagonista encubierto de esta novela coral, es más interesante que su insípida contraparte de La sospecha. Menos intachable desde el punto de vista ético, no sé si me explico.

A todo esto, todavía no he resumido el argumento de la novela. La cosa es tal que así: el teniente Schmied de la policía de Berna ha sido asesinado. Bärlach y el agente Tschanz serán los encargados de encontrar a su ejecutor. La investigación apuntará hacia un tal Gastmann, un hombre al que el comisario lleva intentando encarcelar casi veinte años. Esta será la última oportunidad de Bärlach, ya que padece una enfermedad estomacal que lo llevará a la tumba en meses.

Suena interesante, ¿no? Ah, pero mucho cuidado con el componente pulp del que os hablaba antes. Si no te van este tipo de cosas, El juez y su verdugo te hará levantar la ceja en más de una ocasión. Y es que, por más que quieras, no puedes tomarte en serio a esta novela. El villano principal, por ejemplo, suelta un monólogo pomposo digno de una de las películas más casposas de James Bond. Por medio tenemos a matones forzudos y una daga con forma de serpiente. Otra repercusión (no necesariamente negativa) que la identidad pulp de este relato ha tenido en él: la trama tiende hacia la acción, más que hacia la investigación.

De modo que, sin ser un libro extremadamente especial, recomiendo leer El juez y su verdugo por tener:

  • Un argumento lleno de giros y recontragiros (que diría Juan) para nada previsibles. 
  • Un mensaje simple pero más o menos conseguido sobre lo quebradiza que es la justicia.  
  • Elementos algo casposos, siempre simpáticos para los amantes de la pulp fiction como yo. 

Lástima, por otro lado, que la prosa de esta novela sea tan irregular. Sus capítulos iniciales, por ejemplo, no están muy bien escritos: diálogos poco naturales, estructuración del relato algo confusa... Y, por el contrario, más adelante hay escenas narradas con absoluta maestría. La del entierro de Schmied es cojonuda. Todavía mejor es, para mí, la que describe el asalto que el coronel Bärlach sufre en su casa. De hecho, tanto los sucesos narrados en la misma como el estilo literario de ese pasaje me recordaron al magistral relato “El corazón delator”, de Edgar Allan Poe.

Sospecho que esta fluctuación entre partes bien y mal escritas se debe a que El juez y su verdugo fue originalmente publicada por entregas. Seguramente su naturaleza de folletín también es la responsable de que el ritmo y la estructuración global de la novela sean algo irregulares. Pero sabiendo lo potente que puede ser Dürrenmatt como escritor, me fastidia que no puliera esta novela una vez iba a publicarse íntegramente. Hay subtramas, como la que explora las diferencias entre el comisario y la criminología moderna, que no aportan nada y bien podría haberse prescindido de ellas. Asimismo hay personajes, como el Dr. Lucius Lutz, a los que se intenta dar una relevancia que al final no acaban teniendo.

En definitiva, El juez y su verdugo no le llega ni a la suela de los zapatos a La promesa, novela policiaca de Dürrenmatt que, a mi juicio, consigue trascender al género en el que se adscribe. Sin embargo, es bastante más estable en su planteamiento que La sospecha. Carece de la ambición de esta última, no lo niego, pero como entretenimiento pulp cumple a la perfección.


Más de Friedrich Dürrenmatt en ULAD: El túnel, La visita de la vieja dama, La sospecha

domingo, 7 de julio de 2024

VV.AA.: Bill el Largo y la posada maldita

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Entretenido

Hace algún tiempo leí Momias y embalsamados, una antología de cuentos de terror de escritores españoles. En ella había un relato bastante entretenido, titulado "En el nombre del musgo", cuyo protagonista era una suerte de Solomon Kane andaluz. 

Bill el Largo, personaje creado por el dibujante y guionista Edgar Max, es también una especie de Solomon Kane. No en el aspecto puritano, claro, pues Bill es un antihéroe conflictivo, malhablado y alcohólico; me refiero, más bien, a que tanto Bill como Solomon protagonizan aventuras de corte sobrenatural. 

El autor nos lo describe del siguiente modo: «lanzador de cuchillos y aventurero de pasado misterioso y reputación más que dudosa. Un hombre del que se dice que no tiene corazón y que habla con fantasmas, al que los gatos rehúyen y los cuervos graznan. Un tipo que viene de una estirpe maldita que llama al mal fario como el imán atrae a las limaduras de hierro.» Además, tiene «fama de ser difícil de matar.»

Semejante personaje protagoniza Bill el Largo y la posada maldita, un relato autoconclusivo financiado a través de una campaña de micromecenazgo y editado con muchísimo mimo por Maldragón. El volumen, de tapa dura, alterna una página del texto de Edgar Max con otra ilustrada por Alejandro Ortega.

La historia narrada por Bill el Largo y la posada maldita se desarrolla durante una tormentosa Noche de los Difuntos. En una posada de una zona sin especificar de la Cornisa Cantábrica coincidirán contrabandistas, guardias reales, párrocos, brujas, lobos salvajes y criaturas lovecraftianas; huelga decir que todo terminará en una orgía de destrucción, sangre, muerte, venganza y resaca.

Como podréis intuir, a Bill el Largo y la posada maldita lo empapa una aura "pulp"; al fin y al cabo, es un pastiche que aglutina diversos géneros (acción, misterio, terror...) y emplea a un protagonista al que su autor puede sumergir en toda clase de aventuras autoconclusivas. 

Al relato de Edgar Max lo permean también un registro canalla (beneficiado por una narración con enfoque oral), símiles logradísimos (recordemos ese «llama al mal fario como el imán atrae a las limaduras de hierro») y un sentido del humor bastante gamberro.

Quizá una propuesta con mayores pretensiones hubiera erigido una atmósfera más potente, profundizado en los personajes y hecho mayor hincapié en la tensión previa al clímax. Sin embargo, repito en que Bill el Largo y la posada maldita es un divertimento "pulp" que cumple holgadamente con sus modestas intenciones, por lo que, de abordarlo con las expectativas adecuadas, hará las delicias a los amantes de esta clase de literatura.

Al atractivo de la historia contribuyen también, por cierto, las ilustraciones de página completa de Alejandro Ortega. De estilo caricaturesco, acabado minucioso y trazos firmes, funcionan en tanto que complemento gráfico. Ah, como curiosidad me gustaría mencionar que, pese a que el texto menciona que en la posada sólo hay «tres hermanos augustinos», en la primera página donde aparecen dibujados hay cuatro.

En resumen: Bill el Largo y la posada maldita es un relato entretenido, ideal para los amantes del espíritu "pulp" y de personajes como Solomon Kane. Sin duda alguna, su modestia permite que le perdonemos sus puntos flacos (ciertos pasajes de redacción confusa, que Bill sea un personaje sin apenas protagonismo, que nos quedemos con ganas de saber más de la intrigante Cordelia...).

jueves, 5 de junio de 2025

VV.AA.: Bolsilibros Yeray 02

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Está bien

Adoro a esas editoriales actuales que, con mayor o menor acierto, distribuyen "pulp". Me vienen unas cuantas a la cabeza: Pulpture, Proyecto Estefanía, Matraca, Isla de Nabumbu, Barsoom, Costas de Carcosa, Segasaturno Productions, etc... 

Recientemente he descubierto otra. Se llama Yeray, y una de sus colecciones recupera el formato de los bolsilibros, esa literatura popular, antaño conocida como de a duro, en sus distintas facetas (policíaco, terror, ciencia ficción, "western", aventuras...).

El segundo volumen de tan prometedora colección se centra en el género del terror, e incluye dos novelas cortas. La primera, del español Alejandro Riera Guignet, se titula Dame tu muerte. La segunda, de la argentina Eneele Horst, Compulsión.

Ambas me han gustado. En general, cumplen holgadamente sus modestos objetivos: homenajear a la tradición hispana de bolsilibros y entretener al lector. Incluso me atrevería a decir que sorprenden gratamente en un par de apartados, en los que superan a la literatura popular más estandarizada.

Y es que los desarrollos de Dame tu muerte y Compulsión, sin ser un dechado de originalidad, demuestran cierta creatividad argumental y ambición temática. Asimismo, sus personajes, si bien son algo planos y estereotipados, no se sienten tan acartonados, ni sus roles tan previsibles, como los de otras ficciones "pulp". Y, por último, su prosa elude el estilo preñado de diálogos tan característico de la literatura escapista.

Con esto no quiero decir que estemos ante obras maestras. Hay que acudir a Dame tu muerte y Compulsión con las expectativas adecuadas y previendo una prosa algo taquigráfica, una trama más bien efectista y un elenco sencillito. Sin embargo, insisto en que, dentro de los estándares "pulp", podrían considerarse aportaciones muy dignas, e incluso particularmente inspiradas en ciertos detalles (resulta un puntazo que ignoren clichés como el de los romances forzados). 

Dame tu muerte, quizá la más terrorífica de las dos novelas cortas, trata sobre un guardaespaldas que, guiado por una voz misteriosa que anula su voluntad por completo, presencia al cadáver de una mujer víctima de un accidente de coche y se empieza a obsesionar con la muerte.

Destacaría, por encima de todo, su imaginería grotesca y "gore". Sin ser particularmente creativa o explícita, logra causar cierta repugnancia cuando es descrita, y alcanza cotas de perversidad y morbo muy elevadas en la escena del salón de baile. También resaltaría su potente primera mitad (exceptuando ciertos capítulos, de los que hablaré a continuación), pues concatena escenas con pasmosa agilidad, erige convincentemente una atmósfera sórdida y siembra un sugerente misterio.

Entre los aspectos negativos, citaría que algunos de sus capítulos introductorios no aportan nada relevante al conjunto, e incluso le restan solemnidad a causa de su (extremadamente ocasional, todo sea dicho) tono cómico. Asimismo, la revelación del misterio que permea la historia (¿qué es esa voz que guía al protagonista y a otros personajes?), aunque satisfactoriamente alocada, no me ha acabado de convencer, pero esto probablemente se debe a que yo hubiera preferido que las cosas discurrieran por otros derroteros.

Compulsión, por su parte, narra el reencuentro de dos hermanos, propiciado por la aparición de una extraña criatura que cada uno debe estudiar desde sus respectivos campos (el folklore y lo paranormal).

De ella me han gustado el diseño de la criatura y las habilidades de ésta (prolijamente detalladas y, aun así, capaces de desconcertar al lector). También los paralelismos que establece entre Asgeir y Pigmalión, o el escenario donde transcurre la intensa segunda mitad de la historia.

En cambio, no he acabado de conectar con su tono, que es demasiado peliculero para mi gusto (sobre todo durante el último tercio de la obra, en el que una carrera contrarreloj culminará con una serie de inevitables explosiones). Además, los personajes, que se empapan de dicho tono peliculero, obedecen a una lógica a ratos inverosímil (amistades que se forjan en tiempo récord, arcos de redención predecibles, reconciliaciones conmovedoras, etc...). 

Poco más que añadir sobre la segunda entrega de la colección Bolsilibros Yeray. Sólo insistir en que, de acudir a estas novelas cortas con las expectativas adecuadas, pasaremos un rato estupendo, e incluso seremos recompensados con algún que otro destello inesperado. Suficiente para alguien como yo, que sin haber vivido el auge de la Selección Terror de Bruguera y otras propuestas similares, las echa de menos ahora que apenas son un recuerdo de una época en la que la literatura popular vendía como churros.

viernes, 3 de febrero de 2012

Charles Bukowski: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco

Idioma original: inglés
Título original: The captain is out to lunch and the sailors have taken over the ship
Año de publicación: 1998
Valoración: Recomendable

¿Me estás diciendo en serio que llevamos casi tres años de blog, y que todavía no hemos reseñado nada de Charles Bukowski? ¿Pero qué clase de desaprensivos somos? ¿Quién manda aquí? ¿Qué clase de garito es este? Bueno, pues voy a reseñar yo este libro, aunque ya advierto, queridos lectores, que este probablemente no es el mejor libro para empezar a conocer a Bukowski; no, si no habéis leído nada de él, os recomiendo más bien que empecéis por Pulp o por algunas de sus recopilaciones de relatos (La máquina de follar o Escritos de un viejo indecente, por ejemplo).

En cambio, si ya has leído a Bukowski y le tienes cariño (de lejos, claro, porque de cerca tiene pinta de que debía de ser insoportable), entonces te gustará leer esta obra, publicada póstumamente y compuesta por algunos fragmentos de sus diarios ilustrados (para mi gusto, horriblemente) por Robert Crumb. En él encontrarás al mismo Bukowski de toda la vida, pero ya viejo (los diarios los escribió entre 1991 y 1993, es decir, cuando ya pasaba de los 70) y con una vida de lo más acomodada que se reparte entre el hipódromo y su casa, con ocasionales fiestas hollywoodienses. Nada que ver, como él mismo reflexiona, con el escritor despreciado por casi todos que dormía en la calle y comía cuando podía y lo que podía.

Es curioso, sí, ver a este Bukowski, tan antisocial y tan misántropo como siempre, hablar de cosas como su jacuzzi, sus nueve gatos o su ordenador Macintosh (que uno de sus gatos llena de semen en una de las escenas del libro, por cierto). Pero hay algo que no cambia con respecto a cualquiera de sus obras anteriores, y es lo que salva este libro: me refiero el estilo brutal, absolutamente libre de artificios y de correcciones políticas, de Bukowski. Cuánto podrían (podríamos) aprender los escritores de hoy, que demasiadas veces nos la cogemos con papel de fumar, de un escritor como él, por mucho que personalmente fuera un borracho, un misógino, un misántropo o lo que quiera que fuese, qué más da.

"Lo primero que debe hacer la escritura es salvar tu propio pellejo", dice. "Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte", dice. "Que te den por culo, compañero", le responde a un lector que le reprocha que no admire a Shakespeare: "¡Y tampoco me gusta Tolstoi!". Qué envidia escribir así, con esa libertad absoluta.

También de Charles Bukowski en ULAD: Pulp, CarteroHollywoodLa máquina de follar

jueves, 15 de diciembre de 2022

Joseph Berna: Los Aliados de la Noche

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2019
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

Joseph Berna (pseudónimo de José Luis Bernabeu López) fue uno de los autores más prolíficos de bolsilibros patrios. De su ingente producción cabe destacar sus aportaciones a la literatura "pulp" de terror y policiaca. Los Aliados de la Noche, novela corta que hoy traigo a colación, pertenece a este último género, aunque también ofrece grandes dosis de acción y erotismo. 

¿De qué trata? Pues bien, un detective privado es contratado para proteger a una joven de una banda de moteros que tienen aterrorizados a los habitantes de Santa Mónica.

De esta obrita subrayaría las siguientes virtudes: 

  • Da lo que promete; es decir, una lectura amena, un despiporre que nunca se toma en serio, escapismo de quiosco, una desacomplejada fantasía de poder masculina, un honesto batiburrillo de tópicos, reminiscencias a la serie B de los 70-80s, puro "rule of cool", un simpático sentido del humor, paletadas de violencia y un puñado de escenas fogosas. 
  • El dinamismo de su prosa y la agilidad de su argumento permiten que se lea de una sentada.
  • Dota a Rob Duggan, su protagonista, de un carisma la mar de seductor.
  • Abunda en diálogos que, si bien no son siempre estrictamente necesarios para que la trama avance o los personajes adquieran cuerpo, acusan cierto ingenio.

Por otro lado, querría señalar los defectillos que le he encontrado a Los Aliados de la Noche

  • No resulta memorable, pues recuerda sobremanera a centenares de ficciones similares.
  • El estilo de su autor es sumamente mejorable. Tiende al puntoyapartismo excacerbado y a los añadidos redundantes; en ocasiones adolece incluso de una puntuación extraña.
  • Es tonalmente inconsistente.
  • La historia contiene escenas prescindibles, decisiones narrativas poco verosímiles, comportamientos bastante gratuitos y una batalla final anticlimática. 
  • Su manera de enfocar determinados temas (por ejemplo, las relaciones entre hombres y mujeres o el abuso sexual) puede disgustar a sensibilidades modernas.

En conclusión: aunque no creo que Los Aliados de la Noche sea una gran novela, tampoco voy a fingir que eso es lo pretende. Al fin y al cabo, sólo quiere entretener al lector, ayudarle a evadirse de la realidad durante algunas horas; lo cual cumple con creces. Por tanto, dada su naturaleza "pulp" y su modesto objetivo, sus carencias son fácilmente perdonables.

No querría terminar esta reseña antes de alabar a Matraca. Sin esta editorial no podríamos tener Los Aliados de la Noche en nuestras manos, porque la novela de Berna, originalmente escrita en 1986, permanecía hasta ahora inédita debido al cierre de Bruguera.


También de Joseph Berna en ULAD: Las pesadillas de Joseph Berna (volumen 13)

domingo, 10 de abril de 2016

Jarvis Cocker: Madre, hermano, amante

Idioma original: inglés
Título original: Mother, brother, lover, selected Lyrics
Año de publicación: 2012
Traducción: Lucía Lietjmaer
Valoración: muy recomendable para fans

Aprovechando que es fin de semana y nadie parece darse demasiado por aludido, voy a colocar otra de esas lecturas sobre música que me traen nulos comentarios pero enorme satisfacción para mi ego sediento de justicia con el mundo.

Aunque por una coincidencia temporal y vagamente sonora fueron etiquetados en aquella maraña de mitad de los 90 llamada britpop (polarizada por la enemistad Oasis vs Blur), los Pulp fueron una banda cuya obra ha aguantado muy bien el paso del tiempo. Inactivos desde hace unos lustros, su líder indiscutido, Jarvis Cocker, ha seguido en una relativa primera línea de la actividad, ejerciendo ocasionalmente como presentador de radio o DJ. Haciendo gala de su exquisito eclecticismo y mostrando que mantiene intacto su touch. Pero el tipo es consciente que siempre va a estar asociado a la banda que le encumbró, así que hace relativamente poco decidió recopilar un buen montón de letras de sus canciones y extenderse algo en explicar sobre la génesis de su música y como, casi de forma inconsciente, las letras empezaron a tener una importancia en el contexto de la banda, y dejaron de ser, como tristemente es muy frecuente en el mundo del pop, un mero pretexto para insertar melodías vocales.

Sobre los textos de las canciones: Cocker demuestra su ironía british y su capacidad para diseccionar situaciones de la cotidianidad y extraerles provecho. Por supuesto están todos sus clásicos, pero nos encontramos con pequeñas joyas en lo que son aparentemente temas menores. Pero hay de todo. Conciencia social en Help the aged, tragicomedia doméstica en Dishes Live Bed Show, pescozón para la tendencia hedonista y poco prudente de la escena de las raves en Sorted our for e's and wheez's y, claro, como no, clásicas escenas de una amable lucha de clases en Common people o ataques ácidos a la angustia post adolescente y a la torpeza de los escarceos sexuales, en Lipgloss o Babies.

Cocker insistía en los libretos de sus discos: no lea las letras mientras oiga las canciones. Su explicación a esa contundencia está en este libro. No tenía sentido disociarlas de su entorno sonoro, pues más que despojarlas del placer de su escucha, era romper el conjunto que ofrecian con su entorno. Las magníficas canciones de Pulp eran el único envoltorio válido para esos textos y Cocker no deja de repetir que sus letras no son poesías y que él no es otra cosa que un músico que, obligado a insertar un texto, se negó a meter palabrería sin sentido y optó por intentar transmitir. Y vaya si lo consiguió. Porque resulta que el conjunto de lo escrito por Cocker es muy brillante, aunque ese entorno sonoro sea lo que lo eleve al status de obras maestras de la música (dejo al gusto de cada uno añadir etiquetas o adjetivos), merece la pena no solo leer la interesante introducción en la que explica (o justifica) esa debilidad que alguno tacharía de pretenciosa, la de creer que su obra escrita es susceptible de ser compilada, de ser agrupada y, asumiendo que es pre-explicada y post-explicada, disfrutar de una entidad propia por separado. Obviamente necesario para fans del grupo (que puede que discutan traducciones u omisiones de tal o cual preferida), pero muy interesante incluso para quienes, sin conocer al grupo o a su obra, haga que sientan curiosidad, indaguen, se interesen, y conozcan joyas como ésta.



viernes, 9 de abril de 2021

P. Djèlí Clark: Ring Shout

Idioma original:
Inglés 
Título original: Ring Shout
Año de publicación: 2020
Traducción (al catalán): Martí Sales
Valoración: Recomendable (especialmente para jóvenes)

1922. Macon, Georgia. Una joven negra llamada Maryse se dedica, junto a sus amigas Sadie y Cordy, a matar monstruos. Monstruos que fueron invocados mediante brujería en 1915 y se han camuflado entre los miembros del Ku Klux Klan. 

Como podéis ver, la premisa de Ring Shout es sumamente atractiva. Y lo que empieza siendo un sencillo entretenimiento "pulp", un relato de venganza un tanto plano, no tarda en incorporar satisfactoriamente rasgos de fantasía, terror, drama y crítica social.

De esta novela destacaría lo siguiente: 


  • Los eventos reales que le sirven de telón de fondo (la esclavitud, los linchamientos, el segregacionismo, etc...) hubieran sido justificados por escritores menos competentes que P. Djèlí Clark a través de influencias sobrenaturales, y no al revés.
  • Le da un arco a su protagonista. Es algo lineal, pero deja buen sabor de boca.
  • Su villano, Clyde el carnicero, tiene un nombre cojonudo, un diseño moderadamente original y un rol amenazante.
  • En menos de ciento cincuenta páginas consigue comprimir un universo único, habitado por criaturas asombrosas y permeado por un sistema de magia la mar de interesante. 
  • Sus giros de tuerca funcionan a la perfección (salvo uno, que era un tanto obvio); no sólo me parecieron orgánicos, sino que añaden plausibilidad al conjunto. El que justifica que Maryse sea la "chosen one", por ejemplo, excusa que este tropo por lo general nefasto haya sido empleado.
  • La salpica un humor que oscila entre lo meramente simpático y lo ocurrentemente cáustico.
  • Cobija secuencias que harán las delicias de los amantes de la adrenalina, la violencia y el "gore".
  • Además de reflexionar en torno al racismo, en qué es lo que hace que los hombres se conviertan en monstruos y en cómo todo ser humano debe luchar contra sus propios demonios, aborda multitud de temas de refilón: el folclore de los negros, el uso de "the N-word", la igualdad entre hombres y mujeres, el socialismo, la propaganda, el sensacionalismo en los medios de comunicación, las teorías conspirativas...
  • Su poderoso mensaje final viene a decir que la «rabia pura» que provoca la discriminación a aquéllos que la sufren «exige justicia», pero nunca debe combatirse con «odio».
  • Sus referencias a H. P. Lovecraft y su literatura. Mención especial para ésa que aparece en el epílogo y daría pie a una secuela. 
  • Su audacia a la hora de subvertir el subgénero del horror cósmico desde el respeto por sus fundamentos, aunque criticando sus excesos y sus rasgos identitarios más caducos, de un modo similar al perpetrado por obras afines (así a bote pronto me viene a la cabeza Territorio Lovecraft, de Matt Ruff).
  • Su capacidad para dialogar con la Historia americana y con diversas piezas artísticas de connotaciones supremacistas (pienso en El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith).

En cuanto a los defectillos que le he encontrado a este texto, que son menores y para nada entorpecen la gratificante experiencia que supone leerlo, señalaría éstos: 


  • Va dirigido a un público "young adult", de modo que puede llegar a alinear a otras demografías. Asimismo, es innegable que cae en algunos vicios de este tipo de literatura. 
  • La voz narrativa sabotea ciertas escenas, pues su tono gamberro no acaba de casar siempre con los momentos de acción o tensión.
  • Su prosa, aunque funcional, podría haber compaginado tanta descripción con evocación, e incluir más figuras retóricas, aparte de los abundantes símiles.
  • En ocasiones se pasa de peliculero, lo cual dificulta tomarlo en serio. 
  • Me hubiera gustado que se le diera foco a la faceta de contrabandista de licores del grupo protagónico.
  • Echo en falta la complejidad y desarrollo de Maryse en el resto de personajes, así como una mayor sofisticación en sus dinámicas e interacciones mutuas. 
  • Quizá las motivaciones de las Tías, que son ambigüas durante sus primeras apariciones, se esclarecen demasiado para mi gusto en el epílogo.

Sea como fuere, Ring Shout es una ficción adictiva, repleta de buenas ideas, ejecutada con solvencia y portadora de un mensaje relevante. La recomiendo a los amantes del "pulp" con trasfondo; a los admiradores de Lovecraft que estén dispuestos a admitir que las bases sentadas por él pueden dar pie a seductoras variaciones; a todo aquel que quiera pasar unas horas entretenidas a la par que rumiar sobre diversas problemáticas que llevamos arrastrando desde hace siglos. 

sábado, 27 de enero de 2024

Michael Ashley: La era de Campbell 1936 – 1945 (I y II)

Idioma original:
inglés
Título original: The history of the Science Fiction Magazine (1936 - 1945)
Traducción: Jordi Arbonés
Año de publicación: 1975
Valoración: Recomendable para fans

¿Otra antología de ciencia ficción? Bueno, ¿y por qué no? Seguro que no será la última.

Es este un tipo de literatura muy dado a la antología. El relato breve es un tipo de formato que se adapta muy bien al género, con las características necesarias: se plantea una idea, un escenario, los personajes indispensables y se desenvuelve la trama. No hay más, no lo necesitamos. Ni secundarios, ni tramas adyacentes, ni divagaciones: eso lo dejamos para la novela larga, más convencional.

Esta antología en concreto se refiere a la llamada Edad de Oro de la ciencia ficción, cuando el género se empezó a modelar como lo que conocemos hoy y el mercado de EEUU se empezó a llenar de revistas pulp especializadas, en las que grandes escritores comenzaron a publicar sus primeras historias: Sturgeon, Asimov, Clarke, Ron Hubbard...

El Campbell del título, John Campbell, no hace referencia a ningún escritor sino a un editor de varias de esas revistas que, al parecer, gracias a un gran instinto, fue algo así como el rey Midas del género.

El primer volumen cuenta con un extenso monográfico de varias decenas de páginas donde se mencionan todas sus hazañas, así como las revistas existentes, su duración y longitud, los pseudónimos de los autores más prolíficos, los métodos de pago, alguna historieta interna... Seguramente todo muy interesante para aquellos que estén realmente metidos en el mundillo: mi afición no da para tanto, lo he leído, pero, como fan de la ciencia ficción, sin más aspiraciones, podría habérmelo saltado perfectamente. Solo recomendable para los aficionados más recalcitrantes.

Lo que nos interesa, los relatos: Aquí es donde viene lo bueno y la principal razón por la que me he decidido a leer esta antología. Si nos fijamos en el título del volumen (1936 – 1945) no será difícil discernir la razón de este extracto histórico: La II Guerra Mundial, con todo lo que ello conlleva (en lo que nos atañe en esta crítica, crisis del papel y llamada a las armas de jóvenes escritores), acabó con casi todas las revistas pulp y con una forma de entender el género, relegando al olvido a una generación de autores más o menos brillante. Extractos seleccionados de su obra es lo que aquí nos presentan los dos volúmenes y la razón de ser de la antología.

Como no podía ser de otra manera, temas clásicos como el viaje en el tiempo, la amenaza de una Tierra postguerra fría (cuando aún no había acabado la guerra) o la transmigración de conciencias son los fundamentos de los relatos que forma la obra. Varios de ellos adolecen de también clásicos fallos del género: maniqueísmo, genios locos y héroes perfectos, antropocentrismos, perspectiva de visión corta, deus ex machina... lo temprano de los relatos (algunos de más de cien años ya) me permite pasar por alto estos errores, sabiendo de antemano lo que me iba a encontrar.

Nombres desconocidos para mí como Weinbaum (prematuramente fallecido), Fearn, Leister o Williamson se convierten en revelaciones y dejan detalles de su calidad: en ocasiones, presumiendo el lector en algún relato un final tonto, ilógico o previsible, nos dan una lección de racionalidad con una vuelta de tuerca inesperada. Puede que sean antiguos, pero no ingenuos. Nuevos autores para disfrutar, sin duda.

Hay un relato que sobresale de los demás, tanto en calidad como en longitud, y por si solo justificaría la adquisición y lectura de estos volúmenes: hablo de Triángulo de cuatro lados, de Temple. En esta obra de los años 30 se especula con la clonación humana, las derivaciones éticas y relaciones emocionales que ello conllevaría, y, ojo al dato, aparece un clon llamado Dolly, como la oveja. He investigado por si el origen del nombre del animal provenía de este relato, pero parece que es solo casualidad. Se ve que el germen de la oveja Dolly provenía de una glándula mamaria, y los investigadores, al pensar en dichas glándulas, no podían pensar en otras más protuberantes que las de Dolly Parton. En fin. Yo prefería mi versión de ciencia ficción, pero la realidad a veces es más prosaica y, sobre todo, más aburrida.

Otro punto inevitable en una antología y cualquier recopilación es la variedad de nivel: junto a algunos relatos que, a día de hoy, pueden leerse sin ningún tipo de problema (disquisiciones sobre la eternidad y la probabilística, por ejemplo), hay otros bastante más sonrojantes, tanto por tema como por tratamiento de personajes (sobre todo femeninos), un punto de la época muy claramente mejorable.

¿Resumen? Recomendable para fans del género, no pasa de ahí.

lunes, 31 de marzo de 2025

Edogawa Rampo: La bestia entre las sombras

Idioma original: Japonés
Título original: 影の中の獣
Traducción (al catalán): Mei Gutiérrez
Año de publicación: 1928
Valoración: Recomendable (sobre todo para incondicionales de Edogawa Rampo y amantes de la literatura detectivesca)

He leído mucho al escritor japonés Edogawa Rampo. También he criticado (y bastante) varias de sus obras. Nunca lo hago con dureza, porque en el fondo me parecen extremadamente entretenidas y hay una enternecedora ingenuidad en ellas, pero me es imposible negar que a menudo obligan a suspender la incredulidad en demasía, o que apuestan por elementos argumentales inverosímiles.

Pues bien, La bestia entre las sombras es una excepción. Y es que esta novela corta es puro Rampo, pero sin los excesos algo pasados de rosca a los que el autor nos tiene acostumbrados en obras de inclinación "pulp" como La bestia ciega o El Lagarto Negro.

Hay un argumento enrevesado y muchos giros de tuerca en La bestia entre las sombras, cierto, pero en ningún momento pierden credibilidad. El erotismo permea la obra, de acuerdo, pero aunque es decadente, morboso y hasta me atrevería a decir que perverso, nunca llega a extremos ridículos y caricaturescos.

A esto hay que sumarle otros tres apartados en los que La bestia entre las sombras se antoja particularmente inspirada: su estructura (capaz de progresar la historia de manera orgánica y cerrar capítulos con suculentos "cliffhangers"), sus personajes (simples pero efectivos) y determinadas escenas en el clímax (pienso sobre todo en una potentísima, que recontextualiza por enésima vez la obra y deja una sensación de incertidumbre que roza la genialidad).

Poco más que añadir; sólo insistir en que La bestia entre las sombras me ha sorprendido, porque si bien mantiene la impronta autoral de Rampo y el encanto genuino de su literatura, refina la fórmula del autor. Y es que entrega una ficción pulida, verosímil y bien estructurada, un argumento y unos personajes plausibles, un misterio atractivamente sugerente, un romance exquisitamente oblicuo (y, visto en retrospectiva, sumamente trágico) y una visión del erotismo y la perversión madura y realista, aun si todo esto es en detrimento del toque "pulp" y "eroguro" que caracterizaba otras obras del nipón. 

De modo que recomiendo entusiastamente esta novela corta de Rampo, especialmente a los amantes de la literatura detectivesca. Y a quienes vayáis a leerla os doy un consejo: acudid a ella sin que nadie os destripe su argumento, pues merece la pena dejarse sorprender por sus constantes zarandeos. Eso sí, permitid que os abra el apetito con una pequeña sinopsis: 

Un escritor de novelas detectivescas soltero, cuya obra es «considerada (...) la más intelectual del género», conoce a una hermosa mujer llamada Shizuko, con quien entabla cierta amistad. Un día, Shizuko recurre a él en busca de ayuda. Y es que un antiguo amante despechado, Hirata, la ha encontrado y está decidido a vengarse. Para ello, le infundirá miedo mediante cartas obsesivas y se declara dispuesto al acoso e incluso al asesinato. Shizuko, que no puede acudir a su adinerado marido porque éste descubriría que su esposa no era virgen cuando se casaron, tiene que confiar entonces en el narrador de la historia. Y él aceptará el caso, por un lado porque quiere ayudar a su amiga, pero también porque Hirata resulta ser el hombre tras el pseudónimo de Shundei Õe, escritor de novelas detectivescas «sangrientas, astutas y malvadas» con quien siempre sintió cierta rivalidad literaria.


También de Edogawa Rampo en ULAD: Aquí

martes, 11 de abril de 2023

Sergio Salvador Campos: Los Comuneros

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

Los Comuneros, de Sergio Salvador Campos, es una novelita "pulp" editada por Matraca. Entretiene y se lee de una sentada, pero su irregularidad y su escasa memorabilidad dejan un sabor agridulce. 

¿De qué trata? El detective Hermann se infiltra en una secta; aunque su objetivo principal es liberar al hijo de un ministro, está dispuesto a desarticularla completamente en caso de hallar indicios criminales. 

Empecemos señalando las virtudes de esta ficción quiosquera:

  • Su acabado global, ingenuo a la par que entrañable.
  • La prosa, pedestre pero funcional.
  • Algunas de sus ideas. Lástima, eso sí, que en la mayoría de los casos no estén del todo desarrolladas.
  • Presenta la situación y los personajes sin demorarse excesivamente, pero con un grado de profundidad del que la segunda mitad carece. 
  • Siembra semillas prometedoras, que por desgracia no florecerán más adelante.
  • La reincorporación de Ingrid propicia dinámicas y conflictos interesantes, amén de un arco más o menos logrado. 
  • La organización interna de la secta (esa jerarquía compuesta por el líder, los dadivosos, los necesarios y los novicios) está bien explicada y resulta, hasta cierto punto, creíble. Asimismo, la jerigonza mística de Alpha es bastante verosímil. 

Por otro lado, a Los Comuneros se le podría reprochar que:

  • La segunda mitad de la historia se siente excesivamente apresurada. Supongo que la intención del autor era imprimirle un ritmo adrenalínico; por desgracia, dicho ritmo no sólo se nota en las escenas de acción, sino en todas. 
  • Se cierra con un "deus ex machina" de manual.
  • Los personajes son, en general, bastante planos. Además, a algunos se les da un foco excesivo, ya que luego de aparecer una o dos veces no vuelven a ser mencionados. Pienso, por ejemplo, en los guardaespaldas de Alpha.  
  • El protagonista no consigue que empatices con él, pues su caracterización es tan simple como exageradamente positiva. Personalmente le hubiera hecho moralmente gris, quizá aprovechando el tiempo que estuvo infiltrado en la mafia. ¿Y si tuvo que cometer actos atroces entonces, para ganarse la confianza de los criminales a los que trataba de engatusar? Eso podría haber dado juego a la hora de sumergirlo en los Comuneros y, sobre todo, durante el reencuentro con Ingrid. Imagináoslo: ¿y si hubiera abusado de ella, junto a los otros, ya sea para aparentar o por un momento de debilidad humana? ¿Qué implicaciones tendría esto en sus esfuerzos para liberarla de las garras de los mafiosos, en su tentación por abrazar una vida más harmoniosa de la mano de los Comuneros y en su posterior romance? Y bueno, puestos a permanecer fieles a su caracterización original (insisto que, a mi juicio, excesivamente positiva), ¿por qué no hacer énfasis en su impulsividad, la cual es, supuestamente, su único defecto?
  • La trama policiaca tiene inconsistencias. Por ejemplo, el hecho de que el protagonista, pese a la precipitación con que le hacen aceptar el caso, va bien preparado en algunos aspectos, mientras que descuida otros tremendamente obvios. ¿De veras me tengo que creer que no ha buscado en internet cómo entrar en contacto con la secta y que es el encargado del hotel en que se aloja quien le proporciona la información?    
  • Una vez Hermann empieza a desentrañar secretos, la coherencia interna de la obra se viene abajo. Por más que Sergio intente justificarlo, no me creo que sea tan fácil infiltrarse en determinadas áreas del recinto, o se deje el acceso a las armas sin candado.
  • Multitud de elementos podrían haberse introducido de manera mucho más orgánica. Hay otros que únicamente abultan el conjunto y, por tanto, son susceptibles de poda.

En definitiva, Los Comuneros es una ficción recomendable para los amantes del "pulp" más genuino. De todos modos, tengo que reconocer que incluso a un servidor, quien reivindica el género a capa y espada, le ha parecido una lectura un tanto regulera.

A la obra de Sergio la acompañan, en la edición que yo he leído, relatos de diversos autores. Éstos amplían el mundo y los personajes de Los Comuneros; mientras que algunos aportan poco, otros expanden el material de base en direcciones interesantes. 

Por cierto, el colegueo que se aprecia en los paratextos de este bolsilibro (prólogo, entrevistas, ilustraciones…) me parece entrañable, aunque puede sobrarle a quienes no tenemos un vínculo directo con Matraca, su catálogo, su editor o su plantilla de escritores.

sábado, 22 de febrero de 2020

Ed Wood: La sangre se esparce rápidamente

Idioma original: Inglés
Título original: Blood splatters quickly
Año de publicación: 2014
Traducción: Matías Battistón*
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

El director de culto Ed Wood no deja de sorprenderme. ¿Quién me iba a decir que el perpetrador de Plan 9 del espacio exterior, ese entrañable pináculo del cine cutre, escribía? Tim Burton no, desde luego, ya que en la película que le dedicó obvia este detalle.**

El caso es que Wood escribía. Escribía relatos para revistas eróticas de mala muerte. Bob Blackburn, amigo de la viuda de Wood, reunió y publicó veintiséis de estos relatos en 2014. Relatos plagados de borracheras, crímenes, sexo y humor negro. Relatos que, por lo general, están escritos con un estilo tosco*** e incluso, en ciertos pasajes, involuntariamente cómico****. Relatos que presentan argumentos manidos y personajes acartonados. Relatos que, pese a lo malos que son, recomiendo sin lugar a dudas a los amantes del desparpajo pulp. Recordad: no nos reímos de Wood, nos reímos con él.

Para mí, la mejor pieza de esta antología es "Cómo matar una noche de sábado", cuento que se podría emparentar fácilmente con el realismo sucio. Sus toques de humor funcionan tan bien como los de "La escena del crimen", sátira bastante lograda a la que solamente lastra la obviedad de su mensaje.

"Escena íntima / Despegue" y "Ninguna tonta" también son historias destacables. Wood caracteriza correctamente a las dos mujeres que las protagonizan, que ya es mucho. ¿Quizás las escribió estando sobrio, para variar?

Por su parte, "La sangre se esparce rápidamente", obra que da título al volumen que la compila, resulta entretenida. Igual que "Pechugas en bandeja" o "El prostíbulo del terror: una pizca de espanto". Buen trabajo, Wood.

Lo dicho: esta antología (la cual incluye, por cierto, varias de las ilustraciones que acompañaron a los textos originales) hará las delicias de los amantes del pulp. A ratos me encontraba exigiéndole más mala leche o excentricidades a estos relatos. Después recordaba que a las creaciones del bueno de Wood hay que disfrutarlas incondicionalmente. Y así lo hice.


*Debemos la traducción al español de Blood splatters quickly a la editorial Caja Negra. Dicha traducción, por tanto, presenta palabras, expresiones y modismos argentinos.

**Lo que sí recoge el biopic de Burton es la fascinación de Wood por el travestismo y los sweaters de angora. Fascinación que emerge, evidentemente, en su ficción literaria.

***Cuando Wood intenta manejar el pasado y el presente paralelamente, la narración queda confusa de narices.

****¿Acaso nadie avisó a Wood de que abusaba de los puntos suspensivos y de que, incluso, los empleaba en ocasiones contraproducentes? Adorable.

martes, 7 de mayo de 2019

Alberto Laiseca: El gusano máximo de la vida misma

Idioma original: Español  
Año de publicación: 1998
Valoración: Delirante


El gusano máximo de la vida misma es una auténtica locura. Pero, ¿de qué me sorprendo? Alberto Laiseca, su perpetrador, estaba mal de la cabeza. De verdad, lo que no se le ocurriera al Maestro, no se le ocurriría a nadie.

Una pregunta: ¿qué os sugiere el título de esta novela? A mí me hizo pensar en una obra delirante en fondo y desprejuiciada en forma. La ilustración de la cubierta escogida por Tuquets sólo ayudaba a cimentar esta idea. ¿Creéis que acerté? Huelga decir que sí. 

Al fin y al cabo, leyendo este libro, uno no sabe si le están tomando el pelo o si es cómplice de una broma épica. Así de mal escrito está. Su argumento, por otro lado, es un despropósito sin pies ni cabeza. 

Tampoco os penséis que me estoy quejando, ¿eh? Y es que El gusano máximo de la vida misma es, por decirlo de algún modo, una gamberrada entretenida. Una que en ningún momento intenta ocultar que lo es. De hecho, el mayor acierto de esta ficción es no tomarse en serio a sí misma; las cotas de auto-parodia que alcanza son altísimas. 

Además de ser “self-aware”, El gusano máximo de la vida misma reconoce su condición. Pide disculpas al lector por sus excesos, ya sea explícita o implícitamente; confiesa en múltiples ocasiones que está narrado de forma atroz; señala impúdicamente sus fallos... 

¿A qué fallos me refiero? Pues al escenario intercambiable, por ejemplo. En ningún momento queda claro si la acción transcurre en Nueva York o en Buenos Aires. Otro defecto que me viene a la cabeza: la puntual pereza de Laiseca, que le impide explayarse en asuntos de vital importancia para la coherencia o legibilidad de la trama. ¿Y qué hay de todos los detalles innecesarios que salpican estas páginas, metidos con calzador y a sabiendas de que son inútiles?

Por todo lo dicho, puede parecer que este es un libro pésimo. Sí y no. No voy a negar que una obra mal escrita, por más que lo sea de forma intencionada (como es el caso), está, a fin de cuentas, mal escrita. Pero, al mismo tiempo, me parece que El gusano máximo de la vida misma no carece de sustancia. En otras palabras: para mí, esta novela es un divertimento superficial que, asimismo, tiene cierto interés literario.

No en balde me recuerda a El alma de Gardel, de Mario Levrero. Ambos textos son, aparentemente, insulsos, pero es innegable que rebosan genio. Sus autores se nutren descaradamente de la literatura “pulp” más mediocre, de la serie B más infecta, para moldear a su antojo un descabellado argumento. Y dar, de paso, lecciones de escritura a quien sea capaz de cogerlas al vuelo. O lúcidas sentencias sobre el universo. Todo esto, repito, sin tomarse en serio a sí mismos en ningún momento. 

Llegados a este punto, quiero aclarar que El gusano máximo de la vida misma no es para todo el mundo. Si no te gusta la narrativa experimental y algo “pulp”, aléjate de él. Si te ofende el humor negro con ramalazos misóginos o racistas, pásalo de largo. Luego no digáis que no os lo he advertido.

Ahora, al argumento del libro. Bueno, bien mirado, aquí no vamos a encontrar un argumento. Al menos, uno al uso. Porque la trama principal es una excusa con la cual Laiseca pretende unir retazos de lo más dispares, cuyas junturas, muchas veces, ni siquiera se molesta en pulir. Esta es, por tanto, una historia fragmentaria, que se construye mediante el ensamblaje de trozos dispersos, no siempre emparentados entre ellos.

Por esta razón, uno tiene la sensación de que la novela va creciendo y creciendo de manera caótica. Improvisada, incluso. Tampoco es que Laiseca se abandone completamente al azar. El autor deja claro que planifica ciertos aspectos; no es casualidad que reincida en el uso de algunos recursos. Como resultado tenemos un texto aparentemente deslavazado pero compacto a su manera. 

El gusano al que hace referencia el título de esta ficción, guiño a las películas de monstruos más casposas imaginables, es el protagonista. O algo parecido. Este ser, antiguo, poderoso, consumado violador de mujeres, conocerá, a lo largo de estas páginas, a una galería de personajes la mar de pintoresca: un necrófilo escapado de otra novela, ex prostitutas, una Reina de las Cloacas que recita incansablemente a Shakespeare y capitanea a un ejército de ratas, un científico nazi que es racista hacia los blancos (sic)...

Así pues, de El gusano máximo de la vida misma resaltaría:  

  • Su planteamiento, ocioso pero no por ello exento de cierta profundidad. 
  • Su naturaleza de artefacto posmoderno. La experimentación en esta novela nos entrega: fluctuación de formatos narrativos, apropiación de personajes literarios ajenos, recuerdos del propio Laiseca, disertaciones de corte absurdo... 
  • El simpático acabado "naif" de toda la propuesta. 
  • Que todo el tiempo nos pilla por sorpresa, pues no deja de superarse, gamberrada tras gamberrada.
  • La prosa de Laiseca, que alterna el uso de argentinismos, onomatopeyas, muletillas y palabras inventadas con tiempos verbales en subjuntivo, tan carcas y pomposos. 
  • El narrador (que no deja de ser el propio escritor) y su tremendo carisma. Durante la mayoría del relato se muestra informal, juguetón, y rompe constantemente la cuarta pared. 
  • El humor chusco que asoma de tanto en tanto. Funciona prácticamente todo el tiempo. 
  • La erudición (nada jactanciosa) que demuestra el autor a través de estas páginas. Referencias literarias, mitológicas, culturales, históricas y filosóficas abundan en esta narración, pero como ésta no se toma en serio a sí misma, una pátina de intelectualidad sarcástica no desentona en absoluto. Lo mismo con las constantes citas a Shakespeare. La desmitificación a la que se somete al dramaturgo es tal que su presencia en un dislate como El gusano máximo de la vida misma no se antoja pretenciosa. Además, Shakespeare no podía quedar al margen. A fin de cuentas, «Hoy sólo los marginales citan al Bardo.» 

Como veis, hay muchos aspectos positivos a reivindicar en esta novela. Pero tampoco os penséis que está libre de defectos. A bote pronto, se me ocurre que: 

  • Algunos de sus pasajes son aburridos. Uno en que Laiseca habla de las cloacas de Nueva York y Buenos Aires, por ejemplo (aunque hay que reconocer que está plagado de chistes y de anécdotas la mar de curiosas). U otro en que divaga sobre gallos y gallinas.  
  • No todos los personajes son ni la mitad de interesantes que el protagonista o la Reina de las Cloacas, pese a que se les da un foco similar.

Todo esto en menos de ochenta páginas. Ochenta páginas que se leen en un santiamén y que, contra todo pronóstico, perduran en el lector. Eso sí: conseguir este libro no es nada fácil. Al menos, un ejemplar físico. Actualmente está descatalogado, y los especuladores han inflado su precio en el mercado de segunda mano, como viene siendo costumbre. Yo os recomiendo tirar de Lectulandia y leerlo en PDF. Con tal de poder comprarlo, no obstante, deberíamos montar un Change.org para que se reedite esta pequeña joyita. ¿Quién se apunta?


Otras obras de Alberto Laiseca en ULAD: Los sorias

lunes, 14 de abril de 2025

Xavier B. Fernández: El infierno y Texas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Recomendable: Está bien

El infierno y Texas es un pastiche "pulp" que combina el "western" con el horror. Uno que da lo que promete: personajes simples pero llamativos, diálogos chispeantes, un par de pasajes terroríficos, alguna descripción truculenta y un puñado de escenas de acción bien narradas. Todo ello envuelto con una prosa eficaz y condensado en capítulos breves (que habitualmente se cierran con un "cliffhanger" que anima a seguir devorando la historia).

La novela de Xavier B. Fernández trata sobre un grupo de héroes variopintos que unen fuerzas para enfrentarse al temible vampiro Comodoro y sus diabólicos esbirros. 

Todos estos héroes, desde el joven y valiente Ismael hasta Valdemar Veracruz, David Bonnechance (apodado Blackjack) y Lobo Gris, me han gustado. Pese a ser protagonistas algo planos están adecuadamente esbozados, rebosan carisma y mantienen interacciones bastante simpáticas. 

Los villanos de El infierno y Texas, en cambio, me han parecido menos interesantes. Y es que en ningún momento he llegado a sentirlos verdaderamente amenazadores (de hecho, sus derrotas, aunque argumentalmente astutas, son en general bastante anticlimáticas). De todos ellos rescataría, si acaso, a Betty la Roja, porque tiene un diseño tremendamente efectivo (aunque, todo sea dicho, algo estereotipado) y es la catalizadora de cierta revelación en el clímax de la novela.

Además de las limitaciones impuestas por su humildad y sus escasas pretensiones, El infierno y Texas tiene, por supuesto, sus defectillos. Quizá el principal (aunque vaya por delante que en ningún momento llega a romper la inmersión del lector) es que la voz de Ismael, el narrador, no siempre resulta convincente, ya que por momentos habla con una sencillez que le encaja, pero otros suelta palabras que desentonan un pelín. 

Otro defecto que le veo a la novela es que se antoja poco verosímil que Blackjack se muestre escéptico de la existencia de los vampiros tan tardíamente, teniendo en cuenta que ya ha combatido contra ellos y que cuando apenas se los habían mencionado no había mostrado ningún signo de desconfianza. Pero bueno, Fernández apenas se detiene en este asunto, e incluso lo justifica hasta cierto punto. Y la verdad es que yo, en una novela como esta, tampoco necesito explicaciones demasiado elaboradas.

En resumidas cuentas, El infierno y Texas es literatura "pulp" en todo su esplendor: fácil de leer, adictiva en su desarrollo, de argumento y personajes tan sencillos y estereotipados como efectivos... Si bien es cierto que no logra superar al género que homenajea (el de los bolsilibros con pistoleros enfrentados a monstruos góticos), como a mi juicio sí hiciera, por ejemplo, El sheriff Goodman contra Pinhead y otras espeluznantes aventuras en el lejano oeste, de Takeshi García-Ashirogi, supone una aportación muy digna al mismo, con cierto valor literario y, lo que es más importante en casos así, mucho valor como entretenimiento.

lunes, 16 de enero de 2023

Reseña + Entrevista: Las pesadillas de Joseph Berna. Volumen 13, de Joseph Berna

Quienes me conocen saben que me encanta la literatura "pulp". Siento especial predilección por aquella que se enmarca dentro del terror. Da igual que sea mala; o, mejor dicho, da igual que sea mala, siempre y cuando logre cautivarme con su ingenuidad o "self-awareness". 

Cautivarme; eso es, precisamente, lo que consiguen las ficciones de Joseph Berna. Son malas a rabiar, pero como nunca se toman en serio a sí mismas, resulta imposible no cogerles cariño.

Vamos por partes: Joseph Berna (pseudónimo americanizado de José Luis Bernabeu López) fue un prolífico escritor de bolsilibros. Sobre todo entregó novelas cortas de terror, ciencia ficción y "noir" al público de su época, ávido de escapismo barato y sin pretensiones.

Matraca se ha propuesto rescatar a tan entrañable autor del olvido reeditando concienzudamente su obra. Para muestra, un botón: en la colección Tocho y medio están recopilando cronológicamente todas las novelas de terror escritas por Berna. Y debo decir que, por lo poco que he visto, están haciendo una gran labor. 

¡Fijaos en esas cubiertas! Aunque admito que me gustan más las de Bruguera, admiro el estilo modernizado de las nuevas versiones. Asimismo, valoro los paratextos, ilustraciones y bandas sonoras con que Matraca engalana o complementa sus publicaciones.

En fin: para iniciarme con la producción terrorífica de Berna escogí, de manera totalmente aleatoria, el volumen 13 de Las pesadillas de Joseph Berna (2021). En su interior encontramos tres novelas cortas: El experimento del doctor Marlowe, El Señor de la Noche y Aguijón Mortífero. Abordémoslas una a una. 

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Idioma original: Español 
Año de publicación: 1983
Valoración: Insustancial (a la par que, a su extraña manera, encantadora)

En El experimento del doctor Marlowe tenemos todos los clichés del subgénero de los científicos locos: un "mad doctor", esbirros grotescos, un laboratorio subterráneo, experimentos atroces, sustancias verdosas... Lamentablemente, estos clichés se ejecutan aquí con nula originalidad y cierta torpeza. Por poner un ejemplo: los villanos no intimidan, ya que el lector los ve constantemente en aprietos.  

Por otra parte, de esta historia sorprenden gratamente tres cosas: 1) el nivel de planificación que exhibe su argumento; 2) que haya dejado pasar la oportunidad de recurrir al arquetipo de la damisela en apuros en un contexto que se hubiera prestado a ello; 3) lo contenido que se muestra Berna al introducir toques eróticos. Vamos, que no es un portento narrativo pero, a su humilde manera, funciona.

Idioma original:
 Español 
Año de publicación: 1984
Valoración: Insuficiente (aunque sigue siendo tan mala que es buena)

El Señor de la Noche es un refrito de esas películas de serie B en las que un temible vampiro es revivido, siembra el caos durante un ratito y termina sucumbiendo ante los buenos. Entre medio hay, evidentemente, muslos, tetas, sujetadores y braguitas por doquier, amén de algo de humor ceporro.  

Lo peor de este simpático despropósito son, claramente, los personajes, quienes actúan como si fueran estúpidos. Trevor Bingham deja la puerta abierta de su castillo; quizá se confió, porque vive en un lugar apartado y no se imaginaba que nadie viniera a fisgonear. Pero, habiendo cometido un crimen, ¿puedes permitirte ser tan descuidado? ¡Venga ya! 

Tampoco nuestro héroe es inteligente. El muy cazurro investiga por su cuenta a Bingham. Supongo que un verdadero macho jamás involucraría a la policía, aunque con ello no sólo se ponga en peligro a sí mismo, sino también a su novia. 

¿Y qué hay del barón Ramsey? El temible Señor de la Noche es extremadamente fácil de derrotar porque, en vez de escapar cuando tiene la oportunidad, se echa la siesta en su cripta. Encima, la cripta en cuestión tiene una ventana por la que entra la luz solar. ¡¿Por qué no la sellaste en su día, hombre?! ¿Y por qué, teniendo toda la noche para huir, te quedas en el castillo donde están tus adversarios? Ah, espera, que para curarte en salud les tiendes una trampa, en plan Solo en casa. Ojalá te funcione, majete.

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1984
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

Asegura Berna que Aguijón Mortífero es una de sus obras favoritas. Verdaderamente, uno intuye que se lo pasó muy bien escribiéndola. A fin de cuentas, es un despiporre tan entretenido y carismático como, en el fondo, ridículo y trivial.

Va de un alacrán gigantesco que persigue a un pintor y su nueva modelo. La premisa, "cheesy" como ella sola (en el mejor sentido del término) permite al autor meter a mujeres semidesnudas sin que la cosa chirríe demasiado, amén de unas llamadas telefónicas entre Michel Dablon y la policía que tienen su gracia.

En el lado menos positivo encontramos la batalla final, que es decididamente anticlimática, y el tono fluctuante del conjunto.

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Resumiendo: es fácil ver qué patrón siguen las novelas de terror de Berna. Estamos ante pastiches americanizados que recurren desacomplejadamente a todos los clichés del género habidos y por haber; pastiches construidos a base de descripciones y diálogos, que ostentan un estilo taquigráfico y una puntuación dudosa; pastiches que abundan en escenas omisibles y meten sexo gratuito a cascoporro; pastiches que presentan a héroes unidimensionales, villanos de cartón piedra y personajes femeninos despampanantes. 

Pastiches que, en suma, resultan más involuntariamente cómicos que propiamente horroríficos y, aun así, se hacen un hueco en nuestro corazón. Porque cómo no enternecerse ante Berna, quien producía un bolsilibro tras otro con un único y loable objetivo: que el lector se evadiera de la realidad.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Pepe Cueto, editor de Matraca, ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¿Conociste a Berna en persona? ¿Tenía alguna excentricidad destacable? ¿Era tan, ejem, fogoso que dan a entender sus ficciones cargadas de erotismo? ¿Qué clase de libros leía?

P.C.: Sí, viajé a Valencia expresamente para conocerlo y pasé un fin de semana en su compañía y la de su familia. Me alojé en un hotel cercano a su domicilio y, exceptuando las horas de sueño, el resto del tiempo estuve con ellos en su casa o en la calle, paseando juntos. Fueron muy amables y hospitalarios. 

Berna era todo un señor de los que ya apenas se ven, educadísimo y a la vez cercano y con muchísimo sentido del humor. Se notaba que era muy buen padre y marido. Las fogosidades supongo que las dejaba para la intimidad. No creo que leyese demasiados libros; le interesaba mucho más la prensa, especialmente la deportiva. Durante los años en que escribió para Bruguera sí leyó bolsilibros de todos los autores.

ULAD: ¿Cómo reaccionó al saber que querías publicar su obra, tanto la inédita como la que ya viera la luz en su momento de mano de Bruguera y, en menor medida, Andina?

P.C.: Ilusionadísimo. Su viuda me ha contado que imprimió el correo electrónico que le envié proponiéndoselo, y no recuerdo bien si incluso llegó a enmarcarlo. Yo creo que se sintió reconocido y rejuvenecido, después de tantos años en el olvido. De hecho, cuando se lo propuse estaba pasando un momento de salud muy delicado (acababa de salir de una neumonía) y mejoró bastante.

ULAD: ¿De dónde proviene tu devoción por su literatura y su persona?

P.C.: Me suelen atraer los perdedores, e igual que no me fío cuando todo el mundo alaba a una persona, tampoco lo hago cuando es denostada. Personalmente no considero que Berna escribiese ninguna obra maestra, pero todos sus libros son puro entretenimiento y diversión. 

Teníamos una relación muy buena, y él me daba todas las facilidades para los proyectos que se me ocurrían e incluso me ofrecía su ayuda (por ejemplo con la revisión de textos). También su memoria de elefante ayudaba bastante a admirarlo, ya que era una enciclopedia viviente.

Como persona, lo considero un ejemplo a seguir. Como escritor... Sobre gustos, los colores. Yo, desde luego, me río leyendo sus obras y recurro a ellas cuando necesito desconectar de los sinsabores diarios.

ULAD: Tengo la impresión de que Berna es más ninguneado que sus colegas del bolsilibro patrio. ¿Estás de acuerdo? En caso afirmativo, ¿a qué crees que se debe esto?

P.C.: Berna no es universalista, sino que hace una obra muy centrada en un momento concreto de la historia de España: el llamado destape que tuvo lugar durante la transición entre la dictadura y la democracia, es decir, años setenta y ochenta. Todos los jóvenes que no habían nacido en aquellos años no pueden entender esa mentalidad. Había muchísimo interés por todo lo relativo a la sexualidad, después de varias décadas de represión, y se manifestó en todos los productos culturales: libros, películas, cómics, etcétera.

Luego hay personas que aman un género en concreto, por ejemplo la ficción científica, y en las novelas de Berna de dicho género no encuentran lo que van buscando, porque Berna en realidad no escribía novelas de los distintos géneros, sino que usaba las constantes temáticas de los mismos como excusa para dar rienda suelta a su particular sentido del humor. Esto puede provocar que una novela de ficción científica de Berna parezca una mala novela de ficción científica, cuando en realidad ni siquiera es una novela de ficción científica, sino una novela de humor picante con apariencia de ficción científica. Lo mismo puede decirse de sus novelas policiacas, del Oeste, etcétera.

Finalmente, Berna no tendría un estilazo, pero te aseguro que su sintaxis era impecable, y los revisores de Bruguera raramente tenían que hacerle correcciones.

ULAD: ¿Cuáles son tus novelas favoritas de Berna? ¿Las recomendarías a alguien que quisiera iniciarse con él, o en ese caso seleccionarías otras?

P.C.: Mi novela favorita es, con diferencia, La máscara del mal. Porque se la propuse yo, porque fue la obra que supuso su retorno a la escritura después de más de veinte años, porque me la dedicó y porque yo mismo la prologué.

Quizá las mejores novelas de Berna sean las primeras y las últimas, que escribió sin apenas presiones editoriales. Cuando digo las primeras me refiero a las que ahora estamos reeditando en Matraca en formatos digitales. Cuando digo las últimas me refiero a las que escribió desde 2018, pues se tomaba el tiempo que necesitaba, sin plazos de entrega. Siento especial devoción por la primera de todas sus novelas, La misteriosa Stella.

En general, creo que sus mejores novelas son las policiacas y las del Oeste. Berna era un humanista y se movía mejor al margen de los elementos fantásticos, tan frecuentes en otros géneros como la ficción científica o el terror.

Y como curiosidad, Berna tiene una novela que se salta todas las barreras habituales del bolsilibro: La gran semana, cuyo género es el humor puro, sin escudarse detrás de otro género, y cuya extensión es muy superior a la de los demás bolsilibros. Me contó que cuando dejó de escribir para Bruguera necesitó escribir algo diferente, y el resultado fue La gran semana, que para colmo transcurre en España en vez de en Estados Unidos.

ULAD: En Matraca habéis tomado una decisión formal arriesgada: reeditar clásicos "pulp" precedidos por cubiertas modernas. Aunque la jugada os ha salido bien, debo preguntar: ¿por qué no conservasteis la identidad gráfica tradicional de esta clase de literatura?

P.C.: En general no soy muy amigo de hacer nada como se ha venido haciendo hasta ahora, para desgracia de los más puristas. Yo quería rediseñarlo todo desde cero. Lo de las portadas no es la única innovación; los bolsilibros tampoco llevaban ilustraciones interiores, ni prólogos, ni conversaciones con los autores. 

Aparte, la literatura popular de principios de siglo, por ejemplo la colección La Novela Popular, tenía unas portadas muy modernas y vanguardistas. Yo en un primer momento quise que las ilustraciones de las portadas fuesen conceptuales, y muchas lo son.

ULAD: El volumen 13 de Las pesadillas de Joseph Berna se cierra con un relato de tu autoría. Me han gustado mucho su premisa, su imaginería y la caracterización del protagonista; sin embargo, admito que me ha parecido bastante diferente a lo que escribía Berna, quien apenas hacía hincapié en la psicología de sus personajes. ¿Consideras que Berna te ha influenciado en tanto que escritor?

P.C.: Bueno, en los relatos complementarios de la colección se le da mucha libertad al autor. En la serie Los piratas de Curtis Garland, lo único que se le pidió a los autores fue que los relatos tratasen sobre la piratería. En Las pesadillas de Joseph Berna, que fuesen de terror. En Las elucubraciones de Adolfo Quibus, que apareciese el periódico The Cronical Post. Es decir, no es preciso imitar el estilo de Curtis Garland, ni de Joseph Berna, ni de Adolfo Quibus.

Es lógico que yo me interese más por la psicología de los personajes que Berna, puesto que la psicología es mi profesión y llevo veintisiete años dedicado a la misma. Lo de los libros es una afición.

Confieso que el protagonista de mi relato existe: es un cura del colegio en el que estudié, y ese relato es mi pequeña venganza por las torturas psicológicas que yo y el resto de mis compañeros tuvimos que soportarle. Un compañero mío insiste en que escriba más relatos protagonizados por el padre Sebastian Square.

No creo que Berna me haya influido mucho, puesto que yo llevo leyendo ávidamente desde la más tierna infancia, y a Berna únicamente desde hace poco más de cinco años. Sí hay un recurso suyo que me gusta utilizar, aunque no con la frecuencia que lo hace Berna: el párrafo de una sola línea, preferiblemente corta. Si por ejemplo yo en un párrafo describo una situación inesperada, y en la última línea de dicho párrafo digo: «Todo el mundo se quedó boquiabierto», esa frase no tiene la misma fuerza que si la pongo aparte. Claro, si todos los párrafos son de una sola línea, entonces no. Berna lo hacía porque tenía que entregar una novela a la semana (algunas épocas incluso seis novelas al mes); yo lo hago, como te digo, para subrayar algo. Y cada vez que utilizo ese recurso, me acuerdo de él, que era un buen amigo al que echo mucho de menos.


También de Joseph Berna en ULAD: Los Aliados de la Noche