domingo, 1 de octubre de 2017
Por qué (a algunos) no nos gusta Marías
Empecemos por el principio.
Marías empezó a publicar en los años 70; no hace falta recordar cuál era la situación política y cultural de España en esa altura: un país cerrado en sí mismo y que soñaba con abrirse al mundo, política, cultural y socialmente. En narrativa mandaban, a lo mejor, Delibes; a lo peor, Camilo José Cela; Juan Goytisolo llevaba ya unos cuantos años exiliado. En comparación, los 80, en los que Marías se consolida como novelista, son los años del aperturismo, de la movida, del destape, de las primeras películas de Pedro Almodóvar (que, hasta cierto punto, es el Javier Marías del cine): son los años de la Esperanza en el Futuro y la Democracia.
En ese contexto, Javier Marías representaba algo muy diferente: un escritor criado entre Estados Unidos y Madrid, hijo de un prestigioso filósofo republicano (Julián Marías, nada menos), profesor en Oxford… No hay más que comparar Cristo versus Arizona de Cela (1988) con Todas las almas de Marías (1989): son casi del mismo año, pero parecen provenir de mundos completamente diferentes, por el lenguaje, el tono, el espíritu, la pesadez de una frente a la levedad de la otra... Sería interesante recuperar lo que se escribió y lo que se dijo de las novelas de Marías en los años 70 y 80 (si todavía no se ha hecho, ahí hay tema para una tesis); sospecho que mientras los tótems de la crítica establecida lo ignoraban, toda una generación (o más de una) de lectores más jóvenes se reconocieron en él, y lo convirtieron en un símbolo: Marías era la España que España quería ser. ¡Ya basta de realismo mal entendido, de vanguardismo trasnochado, de tremendismo rancio! ¡Queremos ser europeos, cosmopolitas, universales!
De hecho, la oposición entre lo viejuno y lo nuevo se hizo patente en un conflicto que Marías ha recordado hace poco: su oposición al premio Nobel para Camilo José Cela, que le valió la enemistad de Cela, y con él el rechazo de una parte del establishment literario español. Sí, aunque ahora nos cueste creerlo, Marías fue antisistema, eso hay que reconocérselo.
Pasa el tiempo; y no un poquito de tiempo: casi cuarenta años. Estamos en 2017. Aquellos jóvenes lectores que auparon a Marías a la categoría de símbolo son hoy los críticos que dictan las líneas maestras de la narrativa española desde las páginas culturales de los periódicos. Y Marías, aunque le cueste admitirlo, no es que ya no sea antisistema, es que es el sistema. Cada vez que publica novela tiene derecho a publirreportajes en todos los medios del país (prensa, radio, televisión), escribe una columna en uno de los semanales de más tirada, ha recibido (y rechazado) prácticamente todos los premios literarios imaginables, es miembro de la RAE como su amigo Arturito… Cuando Marías dice que siempre ha sido un aguafiestas, y que por eso ahora resulta incómodo, se olvida de que su propia posición en el sistema cultural y literario ha cambiado: antes era un joven melenudo (es un decir) que luchaba contra el poder (cultural, al menos); ahora es el Papa de la literatura española que mira hacia abajo a quienes osan criticarle; es el poder encarnado y algo más calvo.
Porque Javier Marías ya no es de hoy; las generaciones más jóvenes (digamos, de los cuarenta años para abajo) ya no lo ven como algo nuevo o diferente, sino como lo antiguo, lo de siempre, más de lo mismo: ahora es Marías quien es viejuno. Como tantos otros fenómenos y productos derivados de la Transición, Marías y muchos de sus defensores se resisten a ver que España ha cambiado, que los tiempos son otros y que el inmovilismo no funciona en cultura como no funciona en política. Por eso suenan tanto a rabietas de cascarrabias sus críticas al feminismo (que no entiende), a las redes sociales (que no entiende) o a sus detractores (que no entiende). Marías ya no representa la España que España quiere ser, sino la que nos han querido imponer a través de los documentales de Victoria Prego.
Sé que habrá muchos lectores del blog que estén pensando: “sí, bueno, pero ¿Javier Marías es buen escritor?” Aquí ya habrá opiniones para todos los gustos. Creo que es innegable que tiene valores y talentos que sus detractores prefieren ignorar (es un buen estilista, construye escenas poderosas, sus novelas casi siempre contienen ideas o intuiciones sugerentes), pero en mi opinión también tiene carencias que sus defensores ocultan (le cuesta construir una trama sólida, no sabe diversificar la voz, su estilo a veces se vuelve rocambolesco por intentar ser preciosista). Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí me parecen buenas novelas; Todas las almas es muy divertida. En cambio, Los enamoramientos me pareció una malísima novela, y que le concedieran el Premio Nacional de Narrativa creo que fue más un ejercicio de nostalgia que de verdadera crítica literaria. No es, en mi opinión, un candidato serio al premio Nobel; pero tampoco es un tuercebotas, no exageremos.
En todo caso, que Marías escriba bien o no es lo de menos; importa más lo que representa, para unos y para otros. De hecho, me atrevería a apostar que muchos de los que le atacan no han leído ninguna de sus novelas; y a lo mejor muchos de los que le defienden (¡glups!) tampoco.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Javier Marías: Los enamoramientos
Año de publicación: 2011
Valoración: Se deja leer
Los lectores de este blog tienen dos opciones: creer al 99% de la crítica literaria española, que ha puesto esta novela por las nubes (como prueba, aquí una crítica, y otra, y otra del gran José María Pozuelo Yvancos), y que la han considerado como una de las mejores novelas de 2011; o creer a este humilde bloguero, al que le ha parecido una novela correcta, sin más. [Aunque también hay una tercera opción: que lean la novela y decidan por sí mismos].
En general, ya he dicho alguna otra vez que no comparto esa admiración reverencial que rodea a Javier Marías: a estas alturas ya me he leído unas cuantas de sus obras (Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí, Todas las almas y esta), y casi todas me han dado la misma impresión: Marías es bueno en las distancias cortas, tiene páginas excelentes -en esta obra, por ejemplo, las paráfrasis de Balzac o de Dumas-, pero no consigue construir tramas profundas, bien desarrolladas, que atrapen al lector. La de esta novela (la muerte de un personaje y sus efectos en las relaciones entre otros tres) es mínima, y no se exploran muchos de los que podrían haber sido sus vericuetos más interesantes [para mí] (como esa ambigüedad final sobre las posibles causas de la muerte del personaje, que se despacha en muy pocas páginas).
Un defecto que encuentro a las obras de Marías (y también de otros escritores españoles, pero ese es otro tema) es que el narrador se empeñe en comentar, explicar, masticar, analizar la acción para el lector, como si este fuera imbécil y no supiera sacar conclusiones a partir de lo que está leyendo. No se limita a decir, por ejemplo: "X tenía los ojos enrojecidos y un pañuelo en la mano", sino "X había llorado por la muerte de su esposo y estaba inconsolable como están inconsolables todas las personas que han perdido a un ser querido" (el ejemplo es ficticio, pero no muy lejano a la realidad). En realidad, toda esta novela es una verbosísima reflexión sobre la muerte, la culpabilidad y el amor, temas esenciales, claro, pero en los que Marías no parece aportar casi nada nuevo, sinceramente
Otra pega que le pongo en concreto a esta novela, y que contraviene algo que he dicho antes, es precisamente el estilo. En otra crítica, positiva para más señas, de la novela, se dice: "Los enamoramientos está narrada por una mujer, pero suena tal como suenan todos los narradores hombres de las anteriores novelas de Marías." Estoy totalmente de acuerdo con esta frase, pero esto para mí no puede ser un motivo de elogio, sino que representa un fracaso. En general, Marías no parece capaz de separarse lo suficiente de sí mismo como para crear un estilo propio para sus personajes: todos ellos, lo mismo la narradora María Dolz que Díaz-Varela, y hasta Francisco Rico, que hace una aparición en plan guest star de teleserie americana, hablan igual. Y ninguno de ellos habla como hablan las personas. En un momento dado, un personaje dice: "Gracias por el cumplido. No te sueles prodigar en ellos" (el ejemplo esta vez es real, aunque citado de memoria). Esa frase no solo es irreal, excesivamente literaria -en el peor sentido del término- sino que es torpe, tópica e innecesaria. Lo que podría decirse de muchas otras frases de la novela.
En fin, todo parece indicar que Javier Marías ganará algún día el Premio Cervantes y quizás hasta el Premio Nobel, si consigue vivir lo suficiente. A mí me parecerá excesivo, sobre todo después de leer esta obra. Pero también afirmo que voy a seguir leyendo sus novelas hasta ver si me convencen de su maestría.
Otros libros de Javier Marías reseñados en Un Libro Al Día: Mientras ellas duermen, Los dominios del lobo, Todas las almas, Vidas escritas, Corazón tan blanco, Berta Isla, Así empieza lo malo, Mañana en la batalla piensa en mí
jueves, 27 de enero de 2011
Javier Marías: Los dominios del lobo
Idioma original: españolFecha de publicación: 1971
Valoración: Recomendable
Merece la pena leer el prólogo que Javier Marías hace a su propio libro, Los dominios del lobo, porque en él el autor explica cómo gestó la que fue su primera novela, cuando aún era un adolescente.
Así pues, recomiendo esta novela que se lee con interés de una tirada, sin pretensiones estilísticas ni reflexiones atosigantes. Es, sencillamente, la obra de un jovencito espabilado y brillante que escribía en la casa de su tío maldito en un París de postal y que acabaría siendo considerado años después uno de los grandes escritores de su país.
Otros libros de Javier Marías reseñados en Un Libro Al Día: Los enamoramientos, Mientras ellas duermen, Todas las almas, Vidas escritas, Corazón tan blanco, Berta Isla, Así empieza lo malo, Mañana en la batalla piensa en mí
jueves, 7 de septiembre de 2023
Javier Marías: Berta Isla
Penúltima novela del escritor español más importante de los últimos años, para bien o para mal; eterno candidato al Nobel, no sé con qué posibilidades reales, Marías nos ha dejado sin llegar a llevarse el preciado galardón, lo más parecido a sagrado que nos queda hoy en día y que automáticamente eleva a sus ganadores a un estrato superior. Debo decir que, vistos algunos de los ganadores de las últimas ediciones, no me parecería Javier Marías fuera de lugar. Veamos si esta novela cumple las expectativas.
En esta obra, Berta Isla es una mujer española nacida a principios de los 50 que se casa con su amor de juventud, Tomás Nevinson. Este, por azares de la vida, acaba dedicándose al espionaje, lo que le condena a largos períodos de ausencia de su hogar. Como resumen del argumento, esta nota tan breve es más que suficiente.
Antes de meterme en la trama, me gustaría resaltar un hecho: la pareja que protagoniza la novela está formada por un espía que se desenvuelve en la convulsa segunda mitad del siglo XX y por su cónyuge (Berta), que se limita a quedarse en casa. Que el libro por título lleve el nombre de esta última no es casualidad. No esperemos acción aquí, no es un libro de aventuras.
La novela trata en realidad sobre la espera y la ausencia; aunque es cierto que hay escenas muy potentes y muy buenas (brillante el episodio con el mechero), el grueso del libro consiste en las reflexiones e introspección de Berta. Aquí es donde radica fundamentalmente el desarrollo de la prosa de Marías y la razón de la novela, sin embargo puede llegarse a hacerse algo pesado; mientras que en el primer y último cuarto de la novela “pasan cosas”, en el grueso central no sucede absolutamente nada. Simplemente, Berta da rienda suelta a su monomanía sobre su marido.
Es justo decir que la prosa de Marías es muy buena, siempre es un gusto leerle (en ficción, no me meteré aquí en su faceta columnista), no obstante se nota que en ocasiones la persona eclipsa al narrador sin ningún tipo de embarazo. Resalta para mal en particular el comienzo de un capítulo en el que se dedica a divagar sobre la flojedad de los jóvenes actuales, en contraste con los de su generación, que esos sí que eran hombres de verdad. O la disertación sobre lo ridículo que es que los catedráticos hayan dejado de usar toga. Cosas de abuelo cebolleta, pero que dejan vislumbrar un elitismo bastante incómodo.
Cierto es que no es fácil reseñar a Marías sin caer en una serie de lugares comunes, pero teniendo en cuenta lo leído en la novela, no es algo por lo que él haya mostrado ningún reparo. Si no es la primera novela del autor que leemos, podremos comprobar que hay mucho material reciclado. Ya es una constante la presencia de Oxford en sus novelas, los personajes bilingües, las diatribas sobre el uso del término correcto, las dificultades de la traducción, disquisiciones sobre la etimología de los apellidos; todo eso está muy bien, pero podría llegar a lo paródico. No entiendo la necesidad de que hasta Berta acabe también como profesora de inglés; es como si Marías no fuese capaz de concebir otra ocupación para una persona. Y tampoco entiendo que haya un nexo tan estrecho entre universidad y servicios secretos; creo que, simplemente, el autor no se toma el trabajo de buscar otro escenario y se basa en el que mejor conoce. Si la novela tratase sobre, yo que sé, la pesca de altura, estoy seguro de que también habría fabricado una unión entre este mundo y la universidad de Oxford.
Pero no acaban aquí las coincidencias; las similitudes llegan hasta las descripciones físicas (labios blandos que se espachurran al besar, pestañas largas como de mujer, cicatrices en la barbilla...). Rasgos comunes a muchos personajes de Marías. ¿Se estaba quedando sin ideas nuestro autor? ¿O simplemente se estaba dejando llevar por inercia? Que el contexto histórico de los protagonistas coincida con el de su propia vida creo que también nos da una pista.
Su última novela, Tomás Nevinson, retoma a nuestros protagonistas y, en contra de lo que pudiera parecer en un principio, no nos ilustra sobre los pormenores de nuestro espía en su larga ausencia; esta nueva novela sucede inmediatamente después de los hechos narrados en Berta Isla, lo cual refuerza mis sospechas de que a nuestro autor se le estaban acabando las ideas y optaba por reciclar todo lo posible.
No quiero terminar esta crítica con un malentendido; es una buena novela, muy buena, Marías escribe con gran maestría y eso se deja ver a lo largo de todo el libro; sin embargo, no es perfecta, y sus partes menos inspiradas (desde mi punto de vista) son las que he procurado resaltar; no es necesario hablar de las buenas, porque hablan ellas por sí solas.
Otros libros de Javier Marías reseñados en la ULAD aquí.
sábado, 24 de marzo de 2018
Colaboración: Así empieza lo malo de Javier Marías
Idioma original: españolAño de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable
“No hace demasiado tiempo que ocurrió aquella historia, y sin embargo hoy sería imposible. Me refiero a lo que les pasó a ellos, a Eduardo Muriel y a su mujer, Beatriz Noguera, cuando eran jóvenes, y no tanto a lo que me pasó a mí con ellos cuando yo era el joven y su matrimonio una larga e indisoluble desdicha”.
jueves, 2 de mayo de 2013
Javier Marías: Mientras ellas duermen
Pero los que mejor sabor de boca me han dejado, han sido los que a continuación resumiré brevemente.
Otros libros de Javier Marías reseñados en Un Libro Al Día: Los enamoramientos, Los dominios del lobo, Todas las almas, Vidas escritas, Corazón tan blanco, Berta Isla, Así empieza lo malo, Mañana en la batalla piensa en mí
sábado, 15 de marzo de 2025
Javier Marías: Mañana en la batalla piensa en mi
Año de publicación: 1994
Valoración: Muy recomendable
sábado, 9 de julio de 2016
Javier Marías: Corazón tan blanco
domingo, 5 de abril de 2015
Javier Marías: Vidas escritas
Año de publicación: 1992
Valoración: muy recomendable
jueves, 23 de septiembre de 2010
Javier Marías: Todas las almas
Año de publicación: 1988
Valoración: Recomendable
Antes de ir a Oxford, es conveniente y hasta imprescindible leer Todas las almas de Javier Marías. Reconozco que no he leído demasiado de este escritor, al que muchos críticos consideran uno de los mejores, si no el mejor, novelista español actual; pero esta novela es un buen comienzo -o recomienzo-, porque la lees, y dan ganas de leer más.
Todas las almas puede decirse que es pionera en el género de la autoficción, que está tan de moda ahora mismo. El protagonista, del que no sabemos el nombre y apenas tenemos datos, comparte muchas vivencias con el autor: los dos fueron profesores de español en Oxford, vivieron en la misma casa piramidal, conocieron la pompa y el esplendor oxonianos antes de volver a Madrid... Pero, claro, esto es una novela, y el personaje no es el escritor, y los personajes que lo rodean, aunque basados con más o menos cercanía en personas reales, son creaciones de su imaginación.
Argumento, lo que es argumento, la novela no tiene mucho. La historia principal, la que más espacio ocupa, es la relación del protagonista con una mujer británica misteriosa y distante; sin embargo, las mejores escenas y personajes son otros: esa cena en un elegante comedor de un College, que se convierte en una escena propia de los hermanos Marx, o el portero de la Institución Tayloriana, que confunde los tiempos y a las personas presentes con las de su memoria...
En fin, que por ahora, en esta novela, no he visto yo al "gran autor español contemporáneo" que otros ven en Marías, aunque sí a un escritor capaz de desplegar un estilo brillante y de jugar con distintos ritmos y situaciones narrativas. Pero me lo he pasado muy bien leyéndola, y eso ya la convierte en una novela recomendable. Sobre todo, si vas a viajar a Oxford.
Otros libros de Javier Marías reseñados en Un Libro Al Día: Los enamoramientos, Mientras ellas duermen, Los dominios del lobo, Vidas escritas, Corazón tan blanco, Berta Isla, Así empieza lo malo, Mañana en la batalla piensa en mí
miércoles, 8 de julio de 2009
Raymond Radiguet: El diablo en el cuerpo
Idioma original: francésTítulo original: Le diable au corpsAño de publicación: 1923
Valoración: Está bien
Esta vez, fue nada más ni nada menos que el escritor español Javier Marías el que “me convenció” para leer/descubrir a Radiguet. Sucedió en una charla del escritor a la que tuve ocasión de asistir. Durante el turno de ruegos y preguntas, una señora del público (una de esas mujeres de edad avanzada y emperifollado aspecto que tratan de tú a tú a los artistas e intelectuales con los que milagrosamente coinciden), con una confianza que podía hacer creer que conocía al señor Marías desde el jardín de infancia, le dijo, con una sonrisa, algo así como: "ay, y qué bien que tú también, Javier, sepas apreciar como se merece El diablo en el cuerpo, de Raymond Radiguet. No sabes cuánto he disfrutado leyendo ese libro, qué maravilla..." (que conste que cómo supo la señora aludida que Javier Marías sentía debilidad por ese libro aún continúa siendo un misterio para mi modesta persona). Y el señor Marías, sonrió a la dama comprensivo, y alabó, lacónico, el entonces misterioso libro. No esperé mucho para hacerme con él.
Pero adiós, anécdotas; bienvenida, crítica...
El libro cuenta el romance entre un adolescente de quince años y una joven de dieciocho, Marthe, mientras el primero prometido, después marido de ésta, Jacques, está en la guerra. El affaire es un secreto a voces entre los vecinos y conocidos de ambos jóvenes, pero no por ello dejarán de verse y disfrutar de su imposible y auténtico (aunque ellos a veces parecen no querer comprenderlo) amor.
El diablo en el cuerpo es una lectura rápida y fácil; es corto y su lenguaje asequible, pero no por ello frugal o raquítico. Fue escrito a principios de los años veinte por el jovencísimo francés Raymond Radiguet (el chico apenas contaba con diecinueve años), en el que no pocos vieron al "nuevo Rimbaud" (lo de buscar versiones 2.o de personajes célebres es, al parecer, una estupidez que cuenta con sus añitos).
Radiguet, el cachorro de una acomodada familia francesa y colegial mediocre pero de mente brillante, fue el protegido del gran Jean Cocteau que, al parecer, se "enamoró" del talento del crío y le ofreció trabajo después de leer unos textos suyos. Gracias a la admiración que levantó su pluma entre Cocteau y otros consagrados escritores, le nouveau Rimbaud se sumergió de lleno, apenas salido del cascarón, en el mundillo del periodismo y la escritura del París de la época, pero su jugueteo con aquellos círculos literario-bohemios fue muy breve, brevísimo: murió con veinte años de edad a causa de una enfermedad. Un año después, se publicó El diablo en el cuerpo, por lo que las mayores alabanzas las recibió una vez muerto.
El libro está bien, como indico al principio de esta crítica, pero debo decir que, en mi modesta opinión, está sobrevalorado, aunque supongo que sus reconocidas virtudes se deben más que nada a la edad del autor que lo engendró. De todos modos, el final de El diablo en el cuerpo (tranquilidad: no me iré de la lengua), me pareció una salida facilona a la que recurren muchos escritores noveles (véase Buenos días, tristeza, del que hablaré otro día) para rematar la faena cuando no están muy convencidos de sus personajes y de su trama, y creen que un portazo potente e inesperado rematará una obra que ellos se apresuran en juzgar mediocre.
Se lo diré a Marías la próxima vez que le vea si no se me adelanta alguna dama con aroma a polvos de tocador.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Javier Cercas: La velocidad de la luz

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: Recomendable
Con una obra narrativa no demasiado extensa (cinco novelas y algún volumen de relatos), Javier Cercas se ha convertido en uno de los escritores fundamentales de la literatura española de comienzos del siglo XXI, sobre todo porque ha sabido conectar con algunas de las líneas dominantes de la novelística actual: la autoficción y la memoria histórica. La velocidad de la luz, como Soldados de Salamina, combina un poco de las dos, aunque más de la primera que de la segunda.
En efecto, el primer capítulo de la novela recuerda un poco a Todas las almas, de Javier Marías, porque, como se dice en el propio texto, está protagonizada por alguien que "es como yo, pero no soy yo": un personaje sin nombre que, como Javier Cercas, estudió en Barcelona, vivió en Gerona y trabajó temporalmente en la Universidad de Urbana, en Estados Unidos. Allí es donde el narrador conoce al personaje que originará la trama principal: Rodney Falk, un veterano de la guerra de Vietnam reconvertido en profesor de español y perseguido por el fantasma de la culpa.
Lo mejor de la novela es esta primera parte: la creación de un ambiente y unos personajes con un estilo que es a la vez claro y trabajado, sin aspecto de serlo. A partir de la segunda mitad, en cambio (y quizás esto sea solo una apreciación personal), me parece que la novela decae: que se interna en terrenos más tópicos y trillados e incluso en el melodrama. Y ese paralelismo final (quien haya leído la novela supongo que sabe a qué me refiero) es demasiado forzado, demasiado perfecto -algo que también le han reprochado a Cercas, por cierto, en relación con su última novela-ensayo, Anatomía de un instante-.
No quiero decir que La velocidad de la luz no me haya gustado, ni que no la considere una buena novela. Lo es, pero no es tan original ni está tan bien cerrada como Soldados de Salamina. En todo caso, este humilde lector concuerda con el veredicto casi unánime de la crítica: Javier Cercas es uno de los nombres fundamentales de la novelística española actual.
Otras obras de Javier Cercas en ULAD: Aquí
martes, 26 de mayo de 2015
Robert Louis Stevenson: Ensayos literarios
Año de publicación: antes de 1894
Traducción: Beatriz Canals y Juan Ignacio de Laigleisa
Valoración: entre recomendable y está bien
Además, encontramos también una charla sobre la novela, en la que teoriza sobre los tipos de ésta que se cultivaban en su tiempo y la respuesta a ciertas declaraciones sobre el tema expresadas por Walter Besant y...Henry James, precisamente, con los que polemiza amablemente al respecto, sobre lo que debe o no concernir a la ficción en prosa y sus condicionantes de lo que consideramos como novela ( "La vida es monstruosa, ilimitada, absurda, profunda y áspera; en comparación con ella, la obra de arte es ordenada, precisa, independiente, racional, fluida y mutilada"-"Toda novela, primero y cada género de novela, después, existe por y para sí misma").
En suma, una serie de apuntes -también encontramos unos "Bocetos" literarios- y reflexiones de un gran escritor sobre la ocupación que absorbió buena parte de su existencia, y que nos brindó obras y personajes especialmente perdurables y queridos para todo amante de la lectura. Una obra desde luego interesante y sin duda muy recomendable para los seguidores de Stevenson, que además, nos brinda alguna que otra frase definitoria del espíritu que anima sus otros libros y que animó, sin duda, su demasiado corta vida:
" La ficción es al adulto lo que el juego al niño; en ella cambia la atmósfera y el curso de nuestra vida; y cuando el juego armoniza con la fantasía de tal modo que se participa en él de todo corazón, cuando cada nuevo giro satisface, cuando gusta evocarlo y demorarse en su recuerdo con auténtico placer, entonces la ficción se llama novela ".
Otros libros de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: La isla del tesoro, El Club de los Suicidas, El diablo en la botella, El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde
viernes, 26 de octubre de 2012
¡Quédate con tu premio (literario)!
Eso es lo que hizo ayer Javier Marías al rechazar el Premio Nacional de Narrativa, dotado con 20.000€, que le había sido concedido por su última novela, Los enamoramientos. Hasta cierto punto, podía preverse este rechazo: Marías siempre ha dicho que un escritor no debe cobrar del Estado, por lo que desde 1995 no acepta ni premios ni invitaciones para eventos que sean organizados con dinero público. Al parecer, los miembros del jurado han querido ofrecer el reconocimiento a su obra, aun sabiendo que corrían el peligro de que Marías no aceptase el premio.
Pero si hablamos de no aceptar premios literarios, es imposible no mencionar a los dos únicos escritores que han rechazado el premio Nobel de Literatura: Jean-Paul Sartre y Boris Pasternak. Las circunstancias de ambos rechazos fueron muy diferentes: Sartre, que tenía por costumbre no aceptar ningún tipo de distinción, rechazó el premio porque "ningún autor debe permitir que lo conviertan en una institución, aunque sea en el modo más honorable".
El caso de Pasternak es muy diferente: cuando el autor de Doctor Zhivago supo que había ganado el Premio Nobel de Literatura en el año 1958 se mostró "infinitamente agradecido, conmovido, orgulloso, sorprendido, abrumado"; sin embargo, al aparato político de la URSS no le gustó ni la novela de Pasternak ni el premio "occidental", y organizó una campaña de protestas "espontáneas" en su contra. Tras ser amenazado con no poder volver a la URSS si acudía a la gala de entrega en Suecia, Pasternak escribió una carta a la Academia Sueca renunciando al premio. Pero esto no fue suficiente para el estado soviético, que continuó su campaña de acoso y desprestigio contra Pasternak hasta su muerte en 1960, e incluso después.
Aunque en circunstancias menos trágicas que estas, la política suele estar detrás de muchos de estos premios rechazados. Por ejemplo, hace apenas un mes la escritora portuguesa Maria Teresa Horta rechazó recibir el premio D. Dinis de manos del Primer Ministro Passos Coelho, como muestra de repulsa por la política de austeridad del actual gobierno; y también recientemente un poeta estadounidense, Lawrence Ferlinghetti, ha rechazado un premio otorgado por el PEN Club húngaro, dotado con 50.000€, como protesta por las políticas del partido derechista gobernante en Hungría, que "tienden al autoritarismo y al consecuente retroceso de la libertad de expresión y de los derechos civiles". También Albert Boadella y Els Joglars rechazaron en 1994 el Premio Nacional de Teatro, por considerar que llegaba "demasiado tarde", en un momento en que ya no necesitaban el reconocimiento de "la oficialidad".
En otros casos, sin embargo, el rechazo de un premio significa el rechazo de todos los premios, o del concepto mismo de premio, distinción o competición entre creadores. Desde una postura en cierto modo cercana a la de Sartre, el poeta griego Dinos Cristianópolus no aceptó el Gran Premio de las Letras griego por estar “en contra de cualquier tipo de distinción honorable. No hay ambición más grosera que querer distinguirnos. Este terrible ‘ser mejor que los demás’ (υπείροχον έμμεναι άλλων) que nos dejaron los griegos antiguos. Estoy en contra de los premios porque disminuyen la dignidad del ser humano… Recibir premios significa aceptar jefes intelectuales y algún día debemos eliminar a los jefes de nuestras vidas”.
lunes, 14 de septiembre de 2026
Gonzalo Núñez: Los retratos desparejados
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable
Así, cuando alguien ve un cuadro o lee un libro es el tiempo el verdadero tema, pero este es tan astuto que hace creer al lector o al espectador que solo es una historia de amor o de guerra o el retrato de un hombre que ya pasó por este mundo.
Pues sí, queridos, creo que esta frase extraída de la página 72 de la novela podría ser una buena aproximación a esta porque, aunque Los retratos desparejados parece una texto sobre relaciones de pareja en pleno siglo XXI, lo que Gonzalo Núñez nos ofrece en su segunda novela es una historia / tratado sobre el amor y el desamor (eso es innegable), sobre el peso del pasado y de la culpa, sobre lo que fue y no se vio o sobre lo que se vio y no fue, sobre palabras no dichas, sobre palabras supuestas, sobre el tiempo, el puto paso del tiempo.
Todo lo anterior con el arte como telón de fondo. Son los retratos desparejados (dípticos de parejas o matrimonios pintados por autores flamencos allá por el siglo XV y que por diversas causas y azares fueron separados) que dan título al libro la imagen perfecta de la separación y de la ruptura, así como el punto en el que confluirán pasado y presente del narrador y protagonista.
Esta presencia del arte permite al autor introducir digresiones sobre el mundillo. El problema está en que, si bien resultan interesantes y darían para un ensayo de lo más entretenido, personalmente me sacan un poco de la trama principal, esa centrada en la psicología del amor, en cómo vemos o creemos que nos vemos (y ven). Y mira que me jode porque la indagación sobre el amor y el desamor y sus alrededores tiene ritmo, es profunda, casi obsesiva y retrata a la perfección estos tiempos líquidos que nos ha tocado vivir y la parte más "ensayística" le da un puntito intelectual que a gafapastas y curiosos (ejem, aquí hay uno) disfrutamos.
En cualquier caso, Los retratos desparejados no deja de ser una buena novela en la que hay un fuerte componente generacional (recomendada especialmente para nacidos en los 70 - 80) y en la que las influencias van de Javier Marías a Milan Kundera, pasando por un Houellebecq relajadito. La influencia de Marías se aprecia ya desde la primera frase, muy al estilo de Mañana en la batalla piensa en mi o Corazón tan blanco, pero también en el manejo del lenguaje y los saltos temporales; la de Kundera en las reflexiones sobre el propio "hecho amoroso", un poco en la onda de La insoportable levedad del ser (a veces me parece ver por las páginas de Gonzalo Núñez a Teresa y Tomas); la de Houellebecq relajadito en ese retrato de nuestro tiempo, aunque sea menos oscuro y pesimista que el del francés. ¡Palabras mayores, eh!
En fin, como decían en Con faldas y a lo loco... Nadie es perfecto. Esta novela tampoco. Eso sí, es de lo más recomendable.
martes, 8 de octubre de 2019
ULAD inaugura el premio ¡NOOOO! BEL

Lo mío con la escritora belga es para llorar. Para reverdecer, o quizás rectificar sensaciones, leo Barba Azul, novela de hace unos años (pone la sinopsis, vigésimoprimera, desde entonces ha publicado 7 más, incluyendo una titulada Riquete el del Copete), y casi sollozo (habrá reseña, qué diantres). Pero con tamaña producción, su condición de escritora de pequeño país, los precedentes de Modiano, de Jelinek... tengo algo de miedo de que los señores de la Academia la tengan en cuenta. Una autora que emplea las portadas de sus libros para enseñar sus poses-con-sombrero acompañadas de expresión vivaracha, casi siempre la misma. Que pinta a sus personajes con trazos gruesos de simplicidad o fragilidad casi paródicos. Que suelta puntualmente sus cien pagínitas de volatilidad tiznada de trascendencia de suplemento dominicial. Que ensucia el catálogo de Anagrama de manera incomprensible, año tras otro. La palabra es REPUGNANCIA. Ni se les ocurra.
PAULO COELHO, por Carlos Andia
La gente es idiota. O no, peor, se ha quedado sin referentes. Ya no cuela la recompensa de la vida eterna, ni los ideales de justicia o de una sociedad nueva. Nos han convencido de que no hay más que sálvese quien pueda, de que el sistema no se va a mover por mucho que gritemos o recemos. Y aquí aparece él, Coelho, irrigando el planeta con sus frases redondas, sugiriendo que hay una Dimensión Diferente donde un Espíritu Recto conecta con el Alma de las Cosas y finalmente la Armonía Universal se instala en nuestras vidas. Igual no hay Cielo para los justos ni paraíso socialista, pero si tu hijo está enfermo, o te echan del trabajo, o piensas que tu vida es una mierda, Coelho tiene la frase perfecta para reconducirte al Equilibrio.En su día tuve la mala sombra de reseñar aquí el único libro de este individuo que ha disfrutado del honor (inmerecido, sin duda) de una entrada en el blog. Me arrepiento. Ya sé que vende mucho, que grupos editoriales le pagan bien por escribir en suplementos, pero me da pena. Siento que haya gente que se deje embelesar por tantas sandeces. Y solo me queda un consuelo: en el fondo, este tipo es inofensivo, es una droga cutre, no muy cara, que a él le hace rico y a los demás, a lo sumo, nos provoca un sarpullido.
J. K. ROWLING, por Oriol Vigil
Esta autora es mundialmente conocida por haber escrito la heptalogía protagonizada por Harry Potter. Y sí, sé que J. K. Rowling ha publicado otras cosas. Sin ir más lejos, ha hecho sus pinitos en novela negra o ficción adulta. Pero mucho me temo que en eso no la reivindica ni Dios.Ya puestos, tampoco entiendo que se reivindique a Harry Potter como si de una obra maestra de literatura juvenil se tratara. Claramente, esta exitosa saga va de mal en peor (aunque hay que reconocer que sus dos primeras entregas funcionan a su manera): un worldbuiling y un sistema de magia inverosímiles, mensajes poco intuitivos, continuidad cada vez más contradictoria...
Pero claro, piensa Rowling, a la gente le gusta Harry Potter, y todo lo demás es un fracaso, así que hay que exprimirle, a él y a su universo. Sacarle el dinero a los potterheads a base de libros "complementarios" más próximos al merchandising que a genuinos productos literarios. Aprobar como canon una pieza teatral que parece más bien un vulgar fanfiction.
Por si lo dicho no fuera suficiente para cuestionar la calidad como narradora de Rowling, la tía va y desempeña un flagrante ejercicio de intrusismo al escribir, sin tener ni p*ta idea de cómo hacerlo, varios guiones cinematográficos (relacionados con el mundo de Harry Potter, of course).
Y una última cosa: ¿esta mujer no ha oído hablar de la muerte del autor? En Twitter no deja de ampliar innecesariamente el universo de Harry Potter (también suelta rancias diatribas políticas, pero eso dejamos que lo critiquen otros blogs). ¡LO QUE NO HAS ESCRITO EN LAS NOVELAS, PELÍCULAS, ETC, LO DEJAS A LA IMAGINACIÓN DE TUS LECTORES, PESADA!
KARL OVE KNAUSGARD, por Koldo CF
Porque estoy hasta las narices de esa literatura del yo que no es otra cosa que un continuo mirarse al ombligo, porque el interés que puede tener (para mí) este tipo de literatura procede bien de una "nueva estética narrativa". bien de una vida "excepcional" o bien de una proyección de lo individual hacia lo colectivo y creo que no se da ninguno de los tres casos, porque me aburre soberanamente, porque la P.S.: También un poco por tocarle las narices a Marc, la verdad.
CUALQUIER MIEMBRO O MIEMBRA DE LA RAE, por Juan G. B.
Es obvio que candidatos/as para no merecer jamás de los jamases este premio sobran; mis compañeros han nombrado a varios (yo añadiría al franchute ése con pinta de clochard), pero, ante la imposibilidad de decidirme por nadie, me vais a permitir que haga un disparo por elevación: no se lo daría a ningún o ninguna baranda de los que calientan el sillón en la Real Academia Española de la Lengua. Mis razones (tengo más):
- Porque aún me dura la vergüenza ajena de cuando se lo dieron a Cela. Además del espectáculo de él y su mujer bailando el vals, por la caterva de lameculos que salieron hasta de debajo de las piedras.
- Porque todos sabemos que los literatos (incluyo en esto a periodistos) que entran en tan venerable institución lo hacen por puro postureo, para figurar y disimular su mediocridad como autores. No me refiero a filólogos y lingüistas: fijo que José Antonio Pascual, director del Nuevo Diccionario Histórico del Español, curra más en un solo día que todos los CebrianesGoytisolosGimferreresMolinasAnsones en los muchos años que lleven allí.
- Que todos los escritores miembros de la Academia son un poco peñazo, para que nos vamos a engañar (sí, incluso PérezZzz-Reverte, que se supone escribe novelas de aventuras y acción): Soledad PuértolazZzz, Javier MaríazZzz, Felix de AzZzúa, Luis Mateo DíezZzz... El único con un poco de chispilla era Álvaro Pombo, pero desde que ya no da mítines de UPyD ha decaído bastante (a ver si le dejan en esta ¿nueva? campaña).
- Que mola pensar en la envidia que corroerá a todos éstos cuando se crucen en los pasillos con Vargas Llosa (quien, y dolerá más o menos, pero hay que reconocerlo, sí había hecho méritos para que le concedieran el Nobel). Y encima tendrán que ofrecerle la mejor de sus sonrisas, pues no sólo es uno de los suyos: es el puto macho alfa de la manada.
E.L. JAMES, por Beatriz Garza
- Ha conseguido que sus Cincuenta sombras I, II y III se convierta en la obra erótica de referencia. ¡Qué importa que D.H. Lawrence escribiera El amante de Lady Chatterley hace casi cien años! Ella ha sabido empezar de cero para buscar la esencia del erotismo y he aquí los resultados: cero esencia, cero erotismo y cero literatura.
- Ha logrado rellenar (y rentabilizar) centenares de páginas con personajes absolutamente planos e inverosímiles, conflictos facilones y poco desarrollados y una voz narrativa menos convincente que las audiodescripciones de las películas para personas invidentes.
- Ha situado la, hasta hace no mucho relegada, literatura erótica en la primera línea de los estantes de las grandes librerías, junto a las memorias de Belén Esteban y el libro de recetas del chef de moda. Oh, pues en tal caso muchas gracias, señora E.L. James.
Sí, sé que me arriesgo más que muchos de mis compañeros, porque mi candidato al ¡Nooooo! Bel tiene opciones de ganar el Nobel, el de verdad. Por lo menos, eso dicen todos los años todas las encuestas. Y la verdad, creo que sería un error y una oportunidad desaprovechada. Mi opinión sobre Marías ya la expliqué en esta otra entrada, así que no me voy a repetir. Solo añadiré que darle el Nobel a Marías ahora, que se ha convertido en un representante de lo antiguo y lo establecido (tanto en literatura como en varios ámbitos sociales y políticos, en particular en relación con el feminismo) sería darle en el siglo XXI un premio a un escritor que sigue anclado en el siglo XX. Si en su momento Marías pudo ser innovador y rompedor en el contexto de la literatura española, ahora en cambio es un peso muerto: más de lo mismo, sin riesgo ni ruptura. El Nobel no puede premiar eso.
JOHN BANVILLE, por Montuenga










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