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viernes, 16 de octubre de 2026

Gunzou x Granta: Maru Ayase, Iko Idogawa, Natsuko Imamura, Yusuku Miyauchi, Tomoka Shibasaki, Kohei Toyonaga

A pesar de que las revistas ya no se venden en esas cosas del pasado llamadas kioskos, algunas librerías destinan un espacio para estos objetos que cada vez tienen menor razón de existir (su mayor inmediatez, con respecto a los libros, no puede competir con los satélites y la fibra óptica). Paseando por la librería de mi colonia (y digo paseo porque a qué otra cosa se va a una librería, pudiendo buscar y comprar todo en línea, incluso en negocios pequeños) me llamó la atención este número especial de la revista Gunzou, la cuál suelo comprar con regularidad.

Gunzou, una de las revistas literarias más importantes de Japón, hizo una colaboración con su homóloga británica, Granta. Las dos revistas comparten un modelo similar: acogen con mayor entusiasmo a escritores jóvenes, el premio que otorgan es un escaparate importante para escritores emergentes y han publicado a escritores que llegarían a ganar el Nobel.

Esta colaboración es de lo más interesante. Es una edición bilingüe, con los escritores japoneses traducidos al inglés, y los escritores no japoneses traducidos al japonés. Así que, si se pueden hacer de un número online, podrán leer lo más reciente de algunos escritores jóvenes que tal vez se hagan con el Nobel en algunas décadas. 

Maru Ayase: We are stars

Idioma original: Japonés

Título original: Watashitachi ha hoshi (私たちは星)

Traducción: Hayda Trowell

Año de publicación: 2026

Valoración: Decepcionante

El primer cuento de esta colección es una especie de slice of life. La protagonista nos cuenta, casi como en una entrada de diario, sus vicisitudes a lo largo de un día.

Una madre recoge a su hija de la escuela para luego ir a una plaza a comer con las otras mamás. Hablan sobre cuáles son las mejores opciones para que sus hijos realicen actividades extraescolares: inglés, música, natación, etc.

Intercaladas con las actividades normales de una madre con hijos pequeños, aparecen las reflexiones de la protagonista sobre temas más o menos relacionados con lo que ocurre a su alrededor y con lo que sucede en el mundo, sobre todo aquello que ve en las redes sociales. Al estrés de lidiar con las responsabilidades de su mundo inmediato se suman la incertidumbre, la desesperanza y la incomprensión que dejan a su paso las noticias.

El contraste es interesante. Y nos podemos preguntar ¿Qué importa decidirse por una escuela de inglés por sus grupos pequeños y atención personalizada cuando ese niño quizá no vaya a tener casa ni trabajo? En una de esas terminará volando en pedazos, envuelto en alguna guerra absurda fuera de su país. O encerrado en su cuarto, jugando videojuegos y comiendo ramen instantáneo. Tiene mucho potencial.

Sin embargo, el cuento no me gustó. La vida diaria que se nos relata, incluso con sus problemas, me resulta demasiado banal. Incluso tengo la duda de si todo esto pretende ser una sátira demasiado velada y simplemente no me da la cabeza para tanta sutileza.

Pareciera que la protagonista es perfectamente consciente de la burbuja en la que vive y, aunque las noticias sobre un bombardeo o alguna crisis humanitaria le producen cierta ansiedad, da la impresión de que no pretende hacer el más mínimo esfuerzo por entender mejor lo que está ocurriendo:

Los debates políticos eran un infierno. Personas de toda ideología y punto de vista posibles se lanzaban mutuamente dolor e ira, burlas y desprecio. El mundo se estaba volviendo peligrosamente inestable.

Creo que este fragmento resume muy bien esa idea de que uno debe preocuparse por lo que pasa en el mundo, aunque en el fondo le dé igual. En ningún momento se nos presenta una mirada verdaderamente alerta ni algún hecho concreto: los movimientos de ultraderecha, el empobrecimiento de la población en muchos países (incluido el de la protagonista), el genocidio en Gaza, etc. Lo único que percibe es que los debates políticos eran un infierno, personas de toda ideología y punto de vista posibles... Bla, bla, bla.

Después vienen algunas reflexiones absurdas sobre el lenguaje que, más que pensamientos de una mujer adulta enfrentándose a la complejidad del mundo, parecen ocurrencias de un niño de primaria (perdón, me alteré). Pero es que por momentos esta historia me pareció incluso ofensiva.

No porque un cuento tenga la obligación de ofrecer un análisis político profundo ni porque su protagonista deba comprender todos los males del mundo. Precisamente una de las virtudes de la literatura puede ser mostrarnos personajes confundidos, contradictorios o incapaces de procesar aquello que ocurre fuera de su pequeña esfera. El problema es que aquí el relato parece querer otorgarle una profundidad particular a esa angustia sin salir nunca de la superficie. La protagonista mira el desastre del mundo desde su teléfono, suspira un poco y continúa con sus preocupaciones cotidianas. Esa indiferencia disfrazada de sensibilidad podría haber sido precisamente el objeto de una sátira, pero al parecer esto pretende hacernos sentir mejor.

El cuento concluye con la protagonista despidiéndose de las mamás de los compañeros de escuela de su hija y llegando, de alguna manera, a la conclusión de que el mundo, después de todo, no es tan malo:

En este mundo que se tambalea, esas manos diciéndonos adiós eran como estrellas centelleantes.

Pfff.

Iko Idogawa: Wasn't there a bigger bird

Idioma original: Japonés

Título original: Motto ookina tori ga ita hazu nan dakedo(もっと大きな鳥がいたはずなんだけど)

Traducción: Jesse Kirkgood

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable

Este cuento es muy diferente de los demás de la colección en lo que respecta a su estilo. No es tan común encontrar este tipo de textos entre los escritores contemporáneos, quienes se han decantado, en su mayoría, por el ensimismamiento y la psicología de la interioridad.

En este caso, el cuento es prácticamente un párrafo continuo, narrado en tercera persona, pero siempre desde la perspectiva de un niño de primaria. El estilo se adecúa muy bien a esa mirada infantil y a la sucesión de momentos, impresiones y sensaciones nuevas que el protagonista todavía no es capaz de comprender del todo. Se nos muestran las impresiones y sensaciones más que un entendimiento de lo que ocurre.

El niño juega, tiene conflictos con otros niños, es víctima de bullying y convive con su familia. Aunque todas estas experiencias parecen atravesarlo inicialmente de una manera similar, casi sin jerarquías claras entre unas y otras, en un texto tan corto alcanzamos a percibir cómo su visión del mundo comienza a moldearse a partir de las circunstancias que lo rodean.

El cuento consigue además algo que me parece particularmente interesante: mostrarnos acontecimientos que para un adulto pueden tener significados muy evidentes, pero que el niño simplemente recibe como nuevas experiencias. Hay crueldad, miedo, amistad, violencia y relaciones familiares, pero todo nos llega filtrado por una conciencia que todavía no posee las herramientas para ordenar ni interpretar completamente lo que está viviendo.

Sin embargo, debido al estilo del texto, me perdí varias veces. Lo atribuyo también, al menos en parte, a las dificultades de la traducción: en japonés es frecuente omitir pronombres y, al no llamar constantemente a los personajes por su nombre, en algunos pasajes resulta difícil saber exactamente de quién se está hablando. Aunque creo que esto termina siendo secundario. El autor parece querer transmitirnos imágenes, sensaciones y pequeños momentos antes que construir un discurso claramente procesado por la razón, haciéndonos experimentar durante unas páginas la manera fragmentaria, inmediata y todavía incompleta en que percibe el mundo.

Natsuko Imamura: After today, that’s it

Idioma original: Japonés

Título original: Kyou de saigo (今日で最後)

Traducción: Lucy North

Año de publicación: 2026

Valoración: Se deja leer

El siguiente cuento va más por la línea de la que les platicaba hace rato: las ideas y sentimientos de una paria social.

Como no podía ser de otro modo, la protagonista encaja casi a la perfección en el estereotipo del personaje japonés contemporáneo: lleva una vida precaria, sobreviviendo al día con un sueldo de medio tiempo (aunque habría que detenernos un momento en las diferencias con Latinoamérica, porque, por Dios, ¿quién puede, ya no digamos vivir, sino siquiera sobrevivir con un salario de medio tiempo? Problemas de primer mundo), lidia con el aislamiento social y la depresión y, en este caso particular, se suma además un trastorno alimenticio (bulimia y anorexia).

Para un lector ajeno a este subgénero que podríamos llamar, provisionalmente, post-existencialismo japonés, el cuento resulta interesante. Vemos el contraste entre dos formas de vida dentro de una ciudad preapocalíptica como Tokio.

Por un lado está la protagonista, completamente alienada de la naturaleza, y no solo del entorno, sino también de sus propios instintos básicos de supervivencia. Carece de motivaciones, vive aislada y parece desplazarse por la ciudad siguiendo apenas una rutina mínima que le permite continuar existiendo.

Por otro lado, se nos presentan (claro, siempre desde los ojos de la misma protagonista) personajes que dedican su tiempo libre al alcohol, al ruido, al consumo y a una búsqueda constante de sobreestimulación.

Son, al final, dos formas distintas de una misma deshumanización. Unos se retraen hasta casi desaparecer y otros se saturan de estímulos para no tener que detenerse a pensar. En ambos casos, queda la impresión de una sociedad profundamente indolente, incapaz de ofrecer vínculos, propósito o siquiera una razón convincente para seguir participando en ella.

El cuento funciona mejor, para mí, como retrato de ese estado de ánimo que como historia propiamente dicha. No hay aquí una gran revelación ni una idea particularmente novedosa, sobre todo si uno ya ha leído varias obras japonesas contemporáneas construidas alrededor de la alienación, la precariedad y el aislamiento. Pero está bien contado, tiene una atmósfera consistente y logra transmitir con bastante eficacia esa sensación de estar viviendo en una ciudad inmensa, rodeado de personas y, al mismo tiempo, completamente solo.

Yusuke Miyaguchi: The man with seven genders

Idioma original: Japonés

Título original: Nanatsu no sei wo motsu otoko (七つの性を持つ男)

Traducción: Matt Treyvaud

Año de publicación: 2026

Valoración: Está bien

La diferencia de estilo de este escritor con respecto a los anteriores se entiende un poco mejor al conocer sus antecedentes. Miyauchi pasó buena parte de su infancia en Estados Unidos, adonde llegó con cuatro años y donde permaneció hasta los once o doce. Además, antes de dedicarse a la literatura trabajó durante unos ocho años como programador. De pronto, esta especie de pulp tecnológico, con hackers, corporaciones malvadas, conspiraciones, traiciones y personajes excéntricos, resulta bastante menos inesperada.

De hecho, esos dos mundos (Estados Unidos y las computadoras) aparecen constantemente en su obra. En entrevistas, Miyauchi ha dicho que conserva algo así como dos canales mentales, uno japonés y otro estadounidense, y que la diversidad racial del Nueva York de su infancia siempre le pareció, en sí misma, una situación bastante cercana a la ciencia ficción. También ha hablado de las dificultades que tuvo con el idioma y de las experiencias de discriminación racial que vivió durante esos años.

Por eso tampoco parece casual que en The Man with Seven Genders aparezcan cuestiones relacionadas con la integración racial, la pertenencia y la clasificación de las personas. No sé hasta qué punto Miyauchi pretende defender aquí una postura concreta sobre estos temas, pero sí parece evidente que le interesan desde hace tiempo. En Kabul no Sono, por ejemplo, la protagonista es una mujer estadounidense de ascendencia japonesa que debe enfrentarse tanto a la discriminación sufrida durante su infancia como a su propia relación conflictiva con la identidad japonesa; incluso aparece la historia de los campos de internamiento de japoneses en Estados Unidos.

No sé si todas las ideas terminan de cuajar en un cuento tan corto, pero se puede considerar como una parte más de su obra completa.

Tomoka Shibasaki: Nothing to do with it

Idioma original: Japonés

Título original: Nani mo shiteinai (なにもしていない)

Traducción: Eriko Ikeda Kay

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable

Mi principal problema al tratar de entender este cuento es mi ignorancia de ciertas sutilezas de la historia contemporánea de Japón. El relato parece tener varias capas de lectura, de las cuales me da la impresión de que solo pude atravesar por completo una y me quedé a medio camino de la segunda, con la sensación de que había una profundidad mayor que apenas logré vislumbrar.

La primera capa es bastante sencilla: un cuento de formación. La historia de dos amigas que crecen en un barrio y de cómo su cotidianidad va cambiando de significado a medida que ellas también cambian. Los lugares son prácticamente los mismos, las personas continúan ahí y muchas de las cosas que hacen parecen no tener ninguna importancia; sin embargo, al pasar los años, aquello que antes era simplemente parte del paisaje empieza a adquirir otro significado. Hasta aquí todo bien. Es un cuento interesante, aunque tampoco nada fuera del otro mundo.

La segunda capa, donde me quedé a medias, tiene que ver con los nombres de los personajes y con los caracteres que componen Shōwa (昭和). La era Shōwa, que se extendió de 1926 a 1989, contiene dentro de sí periodos completamente distintos de la historia japonesa: el expansionismo y la guerra, la derrota, la ocupación estadounidense, la reconstrucción, el crecimiento económico acelerado y finalmente el Japón próspero de las décadas de 1970 y 1980. Es casi absurdo que una sola era abarque países tan diferentes entre sí. Yo, por ejemplo, nací precisamente en el último año de Shōwa y tengo 37 años.

Que esos caracteres aparezcan asociados con los personajes difícilmente parece accidental. Da la impresión de que las vidas de estas niñas y las transformaciones del barrio funcionan también como una versión diminuta de las transformaciones del país. Las personas envejecen, desaparecen, llegan otras; las casas cambian; ciertas costumbres dejan de tener sentido y aparecen otras nuevas. Aquí es donde siento que me falta información. Aunque conozco algo de la historia de Japón, no termino de comprender qué correspondencias concretas quiere establecer Shibasaki entre los personajes, sus nombres y las distintas etapas de Shōwa. No sé hasta qué punto debemos buscar una alegoría histórica precisa o si la autora simplemente quiere que esa historia permanezca solo como fondo. 

Y quizá exista todavía una tercera capa que se me escapó por completo. Muchas cosas del cuento parecen no tener nada que ver unas con otras: los juegos de las niñas, los perros, los vecinos, las historias familiares, el paso del tiempo, la historia de Japón. Ni idea.

Kohey Toyonaga: The ETC card is not inserted

Idioma original: Japonés

Título original: ETC kado ga sounyu sareteimasen (ETCカード挿入されていません)

Traducción: Kalau Almony

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable

Este es el cuento más raro de la colección. Para que se den una idea, empieza siendo una especie de cuento de Raymond Carver sobre un doble de acción, para terminar convertido en uno de Cortázar, pero de los más delirantes. Definitivamente estamos ante una voz interesante dentro de la literatura japonesa contemporánea.

Toyonaga, además, parece tener cierta afición por este tipo de mezclas. Su obra anterior combina historia, violencia, cultura popular, fantasmas, hip-hop, graffiti, Ultraman, anime y referencias a Ghost in the Shell, sin preocuparse demasiado por mantener la coherencia. Es un autor joven, muchos lo consideran muy prometedor. Ya veremos.

viernes, 19 de junio de 2026

Luis Guallar: Cara de Muerto

Idioma original: Español
Año de publicación: 2014
Recomendable: Está bien

La editorial Tyrannosaurus Books tenía una colección harto curiosa. Se llamaba Monsters Unleashed y pretendía trasladar al papel la experiencia de estar viendo una película "grindhouse" a través de novelas "pulp" donde aparecieran monstruos de la literatura de terror clásica recontextualizados en ambientes y desarrollos propios del cine "explotation".

Y vaya si Cara de Muerto logra esto con creces, al llevar a la criatura creada por el doctor Frankenstein al Texas del lejano Oeste, enfrentarlo a marshalls y criminales, hacerle llevar sombrero y enseñarle a manejar armas de fuego.

Así pues, Cara de Muerto es una novela que da lo que promete: mezcla de "western" y terror, múltiples referencias a los amantes del segundo género, abundantes dosis de acción trepidante, sangre caudalosa y humor desacomplejado, personajes simples pero carismáticos y una prosa sencilla pero efectiva. Si uno acude a ella con las expectativas  adecuadas, la disfrutará sobremanera.

Ciertamente, el conjunto podría pulirse un pelín. La prosa, aunque ya digo que sobradamente efectiva, es mejorable en determinados pasajes, pues acusa de algunas repeticiones intrusivas y abusa del adjetivo «castigado». En cuanto al argumento, si bien funciona a la perfección a la hora de entregar escenas sangrientas e hilarantes y lograr que cojamos cariño al elenco protagónico, presenta una revelación que, al menos a mi juicio, era demasiado previsible.

Sea como fuere, Cara de Muerto es una novela simpática, extravagante y desacomplejada que cumple con lo que promete. Poco más, pienso yo, podemos pedir los fans del género de terror a sus iteraciones lúdicas sin otra pretensión que entretener.

domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

lunes, 17 de noviembre de 2025

Carlos Pérez Merinero: El ángel triste

Idioma original: Español
Año de publicación: 1983
Valoración: Está bien

El ángel triste es una novela negra simple pero efectiva. Sin ser extremadamente memorable, compleja o profunda, resulta sumamente entretenida, presenta un ritmo trepidante y personajes razonablemente perfilados. Sus vulgarimos, diálogos chispeantes y escenas de sexo y violencia recuerdan a los de la encantadora literatura "pulp". 

Tiene cierto mérito en tanto que pionera del género en español, pues su autor, Carlos Pérez Merinero, siempre narró sus ficciones en primera persona desde el punto de vista de un criminal, cosa poco habitual en su época.

Trata sobre un hombre de 32 años que quiere una existencia tranquila, una existencia que no le obligue a asumir responsabilidades, en la que el visionado de películas en su aparato de vídeo, el dinero y el sexo estén asegurados. Pero su madre, que se empeña en vivir, le priva de recibir la herencia, su amante Julia le pide que se mude con ella, amenazando su soledad, y los vecinos del piso de al lado discuten todos los días, impidiéndole hallar la paz. 

El único reproche que le haría a El ángel triste es que ciertos pasajes no aportan gran cosa y que su tercera parte (aunque interesante en sí misma) se siente algo desconectada de las dos primeras. También destacaré que, si bien la perversión moral y sexual del protagonista podían resultar escandalosas en su época, a día de hoy se antojan bastante suaves.

En resumen: esta novela gustará a los incondicionales del género negro, especialmente a quienes acudan a ella anticipando una prosa meramente funcional, la disección de un personaje amoral, un descenso a los infiernos de la autodestrucción y saludables dosis de sexo sórdido y violencia cruda. 

El ángel triste se publicó originalmente en la mítica colección Libro Amigo de Bruguera en 1983. Yo he leído una reedición de Vernacci, cuyo diseño y formato (el libro emula una cinta de vídeo, y la cubierta y contracubierta su funda) me parece muy original. 

Ah, la novela ha sido adaptada al cine, aparentemente con poco acierto, en dos ocasiones, en películas tituladas Bajo en nicotina (1984) y Bueno y tierno como un ángel (1989).

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Abraham Merritt: ¡Arde, bruja, arde!

Idioma original: Inglés
Título original: ¡Arde, bruja, arde!
Año de publicación (por entregas): 1932
Traducción: ¿?
Valoración: Se deja leer

El reputado neurólogo doctor Lowell recibe la visita del líder mafioso Ricori, quien le trae a su mano derecha, un hombre aquejado por un mal inexplicable. El paciente, que presenta una rigidez anormal y un rostro desfigurado por el terror, no tarda en morir. Tanto Lowell como Ricori inician entonces una investigación para descubrir qué ha sucedido, y terminan enfrentándose a una perversa bruja y los muñecos que obedecen sus diabólicas instrucciones.

Este es el argumento de ¡Arde, bruja, arde!, novela con cierto aroma "pulp" de Abraham Merritt que, si bien resulta una lectura entretenida, no llega a ser memorable y da la impresión de que podría haberse ejecutado con mayor solvencia. Personalmente, siento que la acuciante falta de acción, las excesivas explicaciones de los personajes y el cuestionamiento constante que Lowell hace de la magia la convierten en pesada. Asimismo, creo que su final es anticlimático, y que la villana, aunque imponente en algunos tramos de la historia, no parece tan amenazante como debería durante otros.

Resumiendo: ¡Arde, bruja, arde! es una novela correcta. Aunque sus limitaciones impiden que se disfrute en exceso, no defraudará a quienes acudan a ella con las expectativas bajas. 


P.D.: Por cierto, no hay término medio en las cubiertas de sus ediciones en español. O son preciosas (como las de Anaya y de Costas de Carcosa) o entrañablemente casposas (como las de Molino y Diana). En cuanto a la de Beetruvian, todavía tengo que determinar a qué categoría pertenece. 

P.D.: Ah, la novela de Merritt fue adaptada libremente al cine en 1936 por el cineasta Tod Browning.





miércoles, 22 de octubre de 2025

VV.AA.: Bolsilibros Yeray 06

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

La sexta entrega de la colección de bolsilibros de Yeray Ediciones está centrada, al igual que la segunda, en el género de terror. Su nivel medio me ha parecido inferior al de su predecesora; aun así, las dos novelas cortas y el relato que agrupa dan lo que prometen (es decir, literatura popular tan simple y modesta como disfrutable).

Grimorio, de Carlos Díaz Maroto, sigue los pasos de Cristina Echevarría, la dueña de una librería de viejo que se topa con un volumen que alberga conocimientos prohibidos. En general, su argumento fluye e incluso toma derroteros que, sin ser excesivamente creativos, resultan interesantes. Por otra parte, la evolución de su protagonista, aunque hubiera podido plasmarse de manera más orgánica, resulta creíble. Y dos de sus escenas son bastante divertidas (desde el punto de vista de un lector amante de la casquería, claro).

El ladrón de novelas, de Cameron Crane, describe la lucha entre un escritor y un compañero de profesión que se dedica a plagiar a otros mediante un artefacto hebreo nutrido con alquimia. Esta historia debe ser abordada como la alocada aventura "pulp" sin grandes pretensiones que es. De otro modo, pueden chirriarnos algunas de sus decisiones (el estilo un tanto pedante, teniendo en cuenta lo que está narrando, o determinadas justificaciones argumentales, que a mí me rompieron la inmersión por rocambolescas o innecesarias).

"El secreto de Angus Wheeler", de Miguel Ángel Naharro, trata sobre cómo el nuevo vigilante de un cementerio descubre la existencia de los gules. Fuertemente inspirado por H. P. Lovecraft, no aporta nada a la mitología concebida por este escritor, pero tiene algún pasaje grotesco que hará las delicias a los incondicionales del Soñador de Providence.

Por todo lo dicho, la sexta entrega de la colección Bolsilibros Yeray mantiene el loable afán de resucitar el formato bolsilibro y reivindicar la literatura popular. Lamentablemente no alcanza, al menos a mi juicio, el nivel de la segunda, la cual, pese a las limitaciones y humildad intrínsecas de esta clase de apuestas editoriales, contenía textos que exhibían mayor solvencia y arriesgaban un pelín más. 

sábado, 27 de septiembre de 2025

Ralph Barby: Alguien pintó el mal

Idioma original: Español
Año de publicación: 1981
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

Alguien pintó el mal es el bolsilibro número 425 de la mítica Selección Terror de Bruguera. Lo escribió Ralph Barby (pseudónimo de Rafael Barberán Domínguez), prolífico autor de literatura popular que tiene en su haber la friolera de un millar de obras de todo tipo de géneros.

El argumento de Alguien pintó el mal es el siguiente: el ya jubilado juez Cunning se lleva clandestinamente a Dorothy Ambross, una médium internada en un manicomio, al único caserón situado en una pequeña isla rodeada de un río. El juez quiere emplear los poderes de Ambross, así como la magia que permea el lugar, para contactar con Natalie Norton, una mujer que fue asesinada hace dos años. Laura Berner, la enfermera que cuida a Ambross, y Aldo Wassermann, sobrino de la propietaria del caserón, asisten a la sesión de espiritismo oficiada por Cunning. Pronto se preguntan si lo sobrenatural existe realmente y si el juez no está dispuesto a todo con tal de conseguir su objetivo.

Si bien Alguien pintó el mal es una novela corta simple e incluso algo rudimentaria, cumple holgadamente su cometido (es decir, entretener) e incluso funciona sorprendentemente bien, al menos para los estándares de los bolsilibros. A fin de cuentas, te mantiene enganchado a lo largo de sus 96 páginas, su nivel de planificación es razonablemente alto y logra erigir un par de escenas particularmente siniestras. 

Por supuesto, Alguien pintó el mal hubiera podido pulirse, ya que presenta erratas, una prosa pedestre, clichés del género, personajes y escenarios superficialmente descritos, un final precipitado (aunque no necesariamente anticlimático) y un morbo y erotismo que pecan de ingenuos para lectores contemporáneos. No obstante, todas estas carencias son fácilmente perdonables en una ficción sin pretensiones, cuyo autor escribía libros sin descanso. Incluso le dan ese simpático toque casposillo y cutre al conjunto, propio de libros de terror "pulp", que los fanáticos tanto apreciamos.

viernes, 29 de agosto de 2025

José Luis Garci: Gun Moll (A Hollywood Story)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

Gun Moll (A Hollywood Story) es una especie de bolsilibro contemporáneo. Así lo indican tanto el tamaño del libro, que mide 9,5x13cm, como la extensión, temática e influencia norteamericana del relato que contiene.

Sigue a dos mujeres que atraviesan el desierto de Arizona en un Chevrolet para llegar a la frontera mexicana. Llevan mucho dinero en efectivo y un cadáver en el maletero. Una de ellas tiene una herida de bala en el hombro. Follan a menudo, ya sea en plena carretera bajo la canícula de julio o en moteles sin aire acondicionado. 

La historia narrada en Gun Moll (A Hollywood Story) no es nada del otro mundo. De hecho, podríamos considerarla esteriotipada, pues su argumento y personajes ya los hemos visto cientos de veces en el género negro. Sin embargo, la dignifican un pelín su prosa, que sin ser excepcionalmente artística rebasa lo meramente funcional, y su manera de ir dosificando la información al lector.

A estos dos elementos que elevan lo que de otra manera sería un texto bastante sencillito, incluso dentro de los parámetros "pulp" a los que podríamos adscribirlo, hay que sumar la atractiva edición con que Reino de Cordelia lo envuelve: tapa dura, cubierta de textura verjurada y catorce ilustraciones de Miguel Navia, que realzan el alto voltaje erótico (por no decir pornográfico, dada su explicitud y gratuidad) de la obra. 

En fin, que estamos ante un bolsilibro contemporáneo que, además de condensar todo lo bueno de este tipo de literatura en su contenido (falta de pretensiones, entretenimiento, arquetipos, dosis de violencia y sexo...), va acompañado por un continente de lujo.

jueves, 5 de junio de 2025

VV.AA.: Bolsilibros Yeray 02

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Está bien

Adoro a esas editoriales actuales que, con mayor o menor acierto, distribuyen "pulp". Me vienen unas cuantas a la cabeza: Pulpture, Proyecto Estefanía, Matraca, Isla de Nabumbu, Barsoom, Costas de Carcosa, Segasaturno Productions, etc... 

Recientemente he descubierto otra. Se llama Yeray, y una de sus colecciones recupera el formato de los bolsilibros, esa literatura popular, antaño conocida como de a duro, en sus distintas facetas (policíaco, terror, ciencia ficción, "western", aventuras...).

El segundo volumen de tan prometedora colección se centra en el género del terror, e incluye dos novelas cortas. La primera, del español Alejandro Riera Guignet, se titula Dame tu muerte. La segunda, de la argentina Eneele Horst, Compulsión.

Ambas me han gustado. En general, cumplen holgadamente sus modestos objetivos: homenajear a la tradición hispana de bolsilibros y entretener al lector. Incluso me atrevería a decir que sorprenden gratamente en un par de apartados, en los que superan a la literatura popular más estandarizada.

Y es que los desarrollos de Dame tu muerte y Compulsión, sin ser un dechado de originalidad, demuestran cierta creatividad argumental y ambición temática. Asimismo, sus personajes, si bien son algo planos y estereotipados, no se sienten tan acartonados, ni sus roles tan previsibles, como los de otras ficciones "pulp". Y, por último, su prosa elude el estilo preñado de diálogos tan característico de la literatura escapista.

Con esto no quiero decir que estemos ante obras maestras. Hay que acudir a Dame tu muerte y Compulsión con las expectativas adecuadas y previendo una prosa algo taquigráfica, una trama más bien efectista y un elenco sencillito. Sin embargo, insisto en que, dentro de los estándares "pulp", podrían considerarse aportaciones muy dignas, e incluso particularmente inspiradas en ciertos detalles (resulta un puntazo que ignoren clichés como el de los romances forzados). 

Dame tu muerte, quizá la más terrorífica de las dos novelas cortas, trata sobre un guardaespaldas que, guiado por una voz misteriosa que anula su voluntad por completo, presencia al cadáver de una mujer víctima de un accidente de coche y se empieza a obsesionar con la muerte.

Destacaría, por encima de todo, su imaginería grotesca y "gore". Sin ser particularmente creativa o explícita, logra causar cierta repugnancia cuando es descrita, y alcanza cotas de perversidad y morbo muy elevadas en la escena del salón de baile. También resaltaría su potente primera mitad (exceptuando ciertos capítulos, de los que hablaré a continuación), pues concatena escenas con pasmosa agilidad, erige convincentemente una atmósfera sórdida y siembra un sugerente misterio.

Entre los aspectos negativos, citaría que algunos de sus capítulos introductorios no aportan nada relevante al conjunto, e incluso le restan solemnidad a causa de su (extremadamente ocasional, todo sea dicho) tono cómico. Asimismo, la revelación del misterio que permea la historia (¿qué es esa voz que guía al protagonista y a otros personajes?), aunque satisfactoriamente alocada, no me ha acabado de convencer, pero esto probablemente se debe a que yo hubiera preferido que las cosas discurrieran por otros derroteros.

Compulsión, por su parte, narra el reencuentro de dos hermanos, propiciado por la aparición de una extraña criatura que cada uno debe estudiar desde sus respectivos campos (el folklore y lo paranormal).

De ella me han gustado el diseño de la criatura y las habilidades de ésta (prolijamente detalladas y, aun así, capaces de desconcertar al lector). También los paralelismos que establece entre Asgeir y Pigmalión, o el escenario donde transcurre la intensa segunda mitad de la historia.

En cambio, no he acabado de conectar con su tono, que es demasiado peliculero para mi gusto (sobre todo durante el último tercio de la obra, en el que una carrera contrarreloj culminará con una serie de inevitables explosiones). Además, los personajes, que se empapan de dicho tono peliculero, obedecen a una lógica a ratos inverosímil (amistades que se forjan en tiempo récord, arcos de redención predecibles, reconciliaciones conmovedoras, etc...). 

Poco más que añadir sobre la segunda entrega de la colección Bolsilibros Yeray. Sólo insistir en que, de acudir a estas novelas cortas con las expectativas adecuadas, pasaremos un rato estupendo, e incluso seremos recompensados con algún que otro destello inesperado. Suficiente para alguien como yo, que sin haber vivido el auge de la Selección Terror de Bruguera y otras propuestas similares, las echa de menos ahora que apenas son un recuerdo de una época en la que la literatura popular vendía como churros.

lunes, 14 de abril de 2025

Xavier B. Fernández: El infierno y Texas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Recomendable: Está bien

El infierno y Texas es un pastiche "pulp" que combina el "western" con el horror. Uno que da lo que promete: personajes simples pero llamativos, diálogos chispeantes, un par de pasajes terroríficos, alguna descripción truculenta y un puñado de escenas de acción bien narradas. Todo ello envuelto con una prosa eficaz y condensado en capítulos breves (que habitualmente se cierran con un "cliffhanger" que anima a seguir devorando la historia).

La novela de Xavier B. Fernández trata sobre un grupo de héroes variopintos que unen fuerzas para enfrentarse al temible vampiro Comodoro y sus diabólicos esbirros. 

Todos estos héroes, desde el joven y valiente Ismael hasta Valdemar Veracruz, David Bonnechance (apodado Blackjack) y Lobo Gris, me han gustado. Pese a ser protagonistas algo planos están adecuadamente esbozados, rebosan carisma y mantienen interacciones bastante simpáticas. 

Los villanos de El infierno y Texas, en cambio, me han parecido menos interesantes. Y es que en ningún momento he llegado a sentirlos verdaderamente amenazadores (de hecho, sus derrotas, aunque argumentalmente astutas, son en general bastante anticlimáticas). De todos ellos rescataría, si acaso, a Betty la Roja, porque tiene un diseño tremendamente efectivo (aunque, todo sea dicho, algo estereotipado) y es la catalizadora de cierta revelación en el clímax de la novela.

Además de las limitaciones impuestas por su humildad y sus escasas pretensiones, El infierno y Texas tiene, por supuesto, sus defectillos. Quizá el principal (aunque vaya por delante que en ningún momento llega a romper la inmersión del lector) es que la voz de Ismael, el narrador, no siempre resulta convincente, ya que por momentos habla con una sencillez que le encaja, pero otros suelta palabras que desentonan un pelín. 

Otro defecto que le veo a la novela es que se antoja poco verosímil que Blackjack se muestre escéptico de la existencia de los vampiros tan tardíamente, teniendo en cuenta que ya ha combatido contra ellos y que cuando apenas se los habían mencionado no había mostrado ningún signo de desconfianza. Pero bueno, Fernández apenas se detiene en este asunto, e incluso lo justifica hasta cierto punto. Y la verdad es que yo, en una novela como esta, tampoco necesito explicaciones demasiado elaboradas.

En resumidas cuentas, El infierno y Texas es literatura "pulp" en todo su esplendor: fácil de leer, adictiva en su desarrollo, de argumento y personajes tan sencillos y estereotipados como efectivos... Si bien es cierto que no logra superar al género que homenajea (el de los bolsilibros con pistoleros enfrentados a monstruos góticos), como a mi juicio sí hiciera, por ejemplo, El sheriff Goodman contra Pinhead y otras espeluznantes aventuras en el lejano oeste, de Takeshi García-Ashirogi, supone una aportación muy digna al mismo, con cierto valor literario y, lo que es más importante en casos así, mucho valor como entretenimiento.

jueves, 3 de abril de 2025

Charles Bukowski: Música de cañerías

Idioma original: Inglés

Título original: Hot water music

Traducción:  Jorge Berlanga

Año de publicación: 1984

Valoración: Muy recomendable


Muchos dicen que Bukowski era misógino; lo cierto es que fue muchas cosas: alcohólico, violento, depresivo, misógino… pero, desde luego, nunca un comunista. Lo que no podemos negar es que era también profundamente hilarante.

Este fue el primer libro que leí del buen Chinaski, cuando yo tenía 18 años, y por supuesto que me encantó. Aún hoy, al releerlo, sigue siendo de los pocos que logran arrancarme una carcajada. Probablemente Bukowski era una persona insufrible, con la que resultaría imposible convivir, pero Chinaski, su alter ego, es un tipazo: ocurrente, espontáneo, carismático, alguien con quien habría querido tomarme unas cervezas.

Los relatos de este libro presentan a protagonistas entrañables: poetas decadentes, mujeres apasionadas, borrachos, gigolós cínicos, exhibicionistas, etc. Son historias muy breves, de apenas unas páginas, que parten de premisas simples. Bukowski no necesita demasiadas palabras para conseguir resultados extraordinarios: a veces a través de un giro inesperado y, otras, simplemente por medio de una ocurrencia ingeniosa. Además, no se molesta en adornar las frases ni recargar las descripciones; todo es directo, con diálogos escuetos. El punto fuerte, tal como he mencionado, es el humor y las frases mordaces que pueblan estos cuentos.

Entre mis favoritos, hay historias de lo más disparatadas: un hombre que se lacera el pene con un florero con el que pretendía tener coito; otro que no soporta los celos al ver a su pareja bailar como poseída con otros; un tipo obligado a lidiar con todo lo que conlleva la muerte de su padre cuando, en realidad, lo que menos le importa es su padre; e incluso una pareja que decide solucionar la escasez de alimentos recurriendo a la carne humana. Como pueden ver, los temas son tan variados como inverosímiles.

Sin embargo, más allá del aparente nihilismo con el que la mayoría de los protagonistas afrontan sus experiencias, estos escenarios retratan la vida de gente que vive al límite, marginada, decadente y, al mismo tiempo, tan humana como cualquiera.

lunes, 31 de marzo de 2025

Edogawa Rampo: La bestia entre las sombras

Idioma original: Japonés
Título original: 影の中の獣
Traducción (al catalán): Mei Gutiérrez
Año de publicación: 1928
Valoración: Recomendable (sobre todo para incondicionales de Edogawa Rampo y amantes de la literatura detectivesca)

He leído mucho al escritor japonés Edogawa Rampo. También he criticado (y bastante) varias de sus obras. Nunca lo hago con dureza, porque en el fondo me parecen extremadamente entretenidas y hay una enternecedora ingenuidad en ellas, pero me es imposible negar que a menudo obligan a suspender la incredulidad en demasía, o que apuestan por elementos argumentales inverosímiles.

Pues bien, La bestia entre las sombras es una excepción. Y es que esta novela corta es puro Rampo, pero sin los excesos algo pasados de rosca a los que el autor nos tiene acostumbrados en obras de inclinación "pulp" como La bestia ciega o El Lagarto Negro.

Hay un argumento enrevesado y muchos giros de tuerca en La bestia entre las sombras, cierto, pero en ningún momento pierden credibilidad. El erotismo permea la obra, de acuerdo, pero aunque es decadente, morboso y hasta me atrevería a decir que perverso, nunca llega a extremos ridículos y caricaturescos.

A esto hay que sumarle otros tres apartados en los que La bestia entre las sombras se antoja particularmente inspirada: su estructura (capaz de progresar la historia de manera orgánica y cerrar capítulos con suculentos "cliffhangers"), sus personajes (simples pero efectivos) y determinadas escenas en el clímax (pienso sobre todo en una potentísima, que recontextualiza por enésima vez la obra y deja una sensación de incertidumbre que roza la genialidad).

Poco más que añadir; sólo insistir en que La bestia entre las sombras me ha sorprendido, porque si bien mantiene la impronta autoral de Rampo y el encanto genuino de su literatura, refina la fórmula del autor. Y es que entrega una ficción pulida, verosímil y bien estructurada, un argumento y unos personajes plausibles, un misterio atractivamente sugerente, un romance exquisitamente oblicuo (y, visto en retrospectiva, sumamente trágico) y una visión del erotismo y la perversión madura y realista, aun si todo esto es en detrimento del toque "pulp" y "eroguro" que caracterizaba otras obras del nipón. 

De modo que recomiendo entusiastamente esta novela corta de Rampo, especialmente a los amantes de la literatura detectivesca. Y a quienes vayáis a leerla os doy un consejo: acudid a ella sin que nadie os destripe su argumento, pues merece la pena dejarse sorprender por sus constantes zarandeos. Eso sí, permitid que os abra el apetito con una pequeña sinopsis: 

Un escritor de novelas detectivescas soltero, cuya obra es «considerada (...) la más intelectual del género», conoce a una hermosa mujer llamada Shizuko, con quien entabla cierta amistad. Un día, Shizuko recurre a él en busca de ayuda. Y es que un antiguo amante despechado, Hirata, la ha encontrado y está decidido a vengarse. Para ello, le infundirá miedo mediante cartas obsesivas y se declara dispuesto al acoso e incluso al asesinato. Shizuko, que no puede acudir a su adinerado marido porque éste descubriría que su esposa no era virgen cuando se casaron, tiene que confiar entonces en el narrador de la historia. Y él aceptará el caso, por un lado porque quiere ayudar a su amiga, pero también porque Hirata resulta ser el hombre tras el pseudónimo de Shundei Õe, escritor de novelas detectivescas «sangrientas, astutas y malvadas» con quien siempre sintió cierta rivalidad literaria.


También de Edogawa Rampo en ULAD: Aquí

domingo, 26 de enero de 2025

Malditas cubiertas: lo peor y lo regulinchi de 2024 (Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate)

Ya estamos aquí de nuevo, dispuestos (espero) a visitar los no sé cuántos círculos del Infierno de mano de Virgilio o, en su ausencia, de Morgan Freeman en Se7en (vale, pido perdón). Pero antes, démonos una vuelta por el no tan popular pero sí apañado Purgatorio, donde las almas que han sido un poco traviesas en su paso por la Tierra deben aguardar a que sus pecados sean perdonados. Vaya, que viene a ser como una lavandería automática, pero sin máquinas de vending... En el caso de las cubiertas de libros, serían aquellas, según mi criterio personal aunque infalible,  que, o bien no soy capaz de sentenciar con un pulgar para arriba o para abajo, o bien me gustan pero no sé si cumplen su cometido de atraer a un posible lector a ese libro... 

-Tal es el caso de la primera cubierta, que, para ser sincero, he estado a punto de enviar al Cielo de los libros, pero algo me lo ha impedido. Se trata de la de Teoría del Gran Infierno -aunque no merece ir allí, en ningún caso- de Iván Humanes, una cubierta que ha merecido los elogios de todo el mundo, al menos entre los aficionados al género de terror. y que a mí también me gusta, a decir verdad, pero que encuentro un tanto excesiva y abigarrada para ponerla junto a las exquisiteces que componen el grupo de las mejores cubiertas del año pasado. De todas formas, aunque la haya enviado al Purgatorio, os prometo que por poco tiempo... (aunque no sé si el dueño o dueña de la pierna que se va a zampar el cocodrilo estaría de acuerdo con eso).

- Algo similar se puede decir de El amor edípico contra la lujuria sadomasona de... ejem, Oriol Vigil (aquí se demuestra que en Un Libro al Día somos tan íntegros que no nos casamos ni con nosotros mismos. Justos como la balanza del arcángel San Miguel que pesará las almas en el Juicio Final). He de decir que a mí la cubierta no me disgusta, pues representa bastante bien tanto la trama sadomasona de la novela, como la personalidad de su autor (también quizás, el carácter de los lectores de esta literatura bizarra... Sé bien de lo que hablo pues me encuentro entre ellos, siquiera de forma esporádica). Ahora bien, seamos honestos: bonita, lo que se dice bonita, no es... Incluso puede repeler un poco, según a quién; en todo caso, dudo que alguien se sintiera atraído por ella en la sección de libros de El Corte Inglés, que es donde suele acudir a comprarlos la gente de bien. Claro, que tampoco creo que vendan este libro en El Corte Inglés...


-Sin salir del mundo bizarro, en este caso de terror, encontramos La maldición del segador, a cuya cubierta le ocurre algo parecido: ciertamente, parece y es un despiporre ejecutado de manera un tanto cutre, pero que se corresponde con el delirante argumento de la novela. Además de poder considerarse, sin duda, un homenaje a las indescriptibles cubiertas de las novelas pulp y weird de mediados del siglo pasado, así como a las de bolsillo de los años 70 y 80 (sobre las que Grady Hendrix tiene un estupendo ensayo, que seguramente también merezca una reseña). De todos modos, recordemos que en el género de terror existe toda una tradición de colocar a los libros cubiertas no ya feas sino horripilantes (no sólo por lo que ilustran, sino también por mal hechas), algo que se está perdiendo, me parece en los últimos tiempos, en los que editoriales y aficionados nos hemos vuelto un poco pijipis... Aún hay ejemplos, sin embargo, de las viejas costumbres, como atestiguan las cubiertas de Un payaso en el maizal (1 y 2), de esta misma casa editorial, Dimensiones Ocultas:




-Cambiando de tercio, encontramos La estrella más hermosa de Yukio Mishima: sobre esta cubierta he tenido mis dudas porque cuando la vi, en un principio me resultó original e incluso me gustó bastante, hasta el punto de que estuve tentado a enviarla al Cielo de las cubiertas de libros. Ahora bien, pensando un poco en ello, me fue pareciendo cada vez más fruto de una idea algo infantil. Es verdad que corresponde con el argumento de la novela (no lo voy a contar aquí, por si algún día cae reseña), pero, teniendo en cuenta las muy maravillosas cubiertas, en mi opinión, que le ha puesto Alianza a otros libros de Mishima, me pareció que con quedarse en el Purgatorio ya estaba bien... Curiosamente (quiero pensar), el concepto de la cubierta es baastante similar a una novelette, asimismo publicada en España el año pasado por la editorial Satori, del también japonés Angō Sakaguchi.



-La central de Élizabeth Filhol: a decir verdad, esta cubierta me parece muy adecuada para el tema del libro (el trabajo en una central nuclear) y hasta me llama la atención, por esa forma de romper el marco fotográfico clásico de las cubiertas de Anagrama e incluso invertirlo, convirtiendo la imagen en el marco del fondo de color. Sin embargo (y este es un problema que arrastran muchos otros libros de Panorama de Narrativas, en esta editorial... sólo que aquí se nota más), la combinación o más bien contraste, entre los grises de la foto y el color crema amarillento -o amarillo cremoso, no sé-, característico de esta colección me causa bastante dentera. A ver si sale en los Compactos y le ponen otro fondo...

-A ver, señores y señoras de Impedimenta , ¿qué les ha hecho el pobre Eurípides? Porque de ese insigne dramaturgo griego es el cabezón escarlata que han plantado en mitad de la cubierta y, lo que es peor, le han puesto esos ojos saltones de broma, supongo que para representar lo picueto que se quedaría el buen hombre si conociera el argumento de esta novela (que en efecto, va sobre un montaje harto peculiar de algunas de sus obras). Vale, puedo entender la relación, pero quizás habría alguna manera gráfica más sutil para expresarlo, digo yo... Que el pobre parece el culo del un mandril, coño. aún así, como la cubierta tiene una relación evidente con el texto que ilustra (qué menos, por otra parte), dejémosla en el Purgatorio...

-Y por último en este apartado, esta cubierta que... bueno, sí, lo sé: es horrenda a varios niveles, tanto estéticos como éticos... ¿Por qué no la he enviado directamente al octavo círculo del Infierno, que es donde le correspondería? Porque fijaos en lo extraordinariamente bien que le queda el traje a este hombre. Sólo por eso, la he colocado en el Purgatorio, aunque ya os digo que ésta sí que por mucho tiempo. Muchísimo...

(Nota: si el de la foto fuera Mazón, la enviaba al Infierno de cabeza, sin dudarlo)





Ahora sí que sí, amigues i amics; lo que llevábais esperando, cuando poco, desde el día de ayer y, en muchos casos, desde hace un año: la lista de las cubiertas condenadas al fuego eterno, a los tormentos inacabables que les esperan en el Averno. Como siempre, repito que es mi criterio y sí vosotros/as no estáis de acuerdo, ¡Al Infierno también, a que Pedro Sánchez Botero os pinche con el tridente! Que oye, también puede tener su punto... En fin, aquí van, las cubiertas más feas que pegar a un padre con un calcetín sudao y, encima, de poliéster:

-Planeta solitario de Ana Flecha Marco... Yo supongo que con esta cubierta se siguió la misma idea que con la de, por ejemplo Chamanes eléctricos en la fiesta del sol:  poner colorinchis llamativos para que un posible lector o lectora (y, sobre todo, comprador) lo pudiese identificar el  libro desde lejos en una librería abarrotada de novedades o, si no lo conocía de antemano, sentirse atraído por él. Vale, me parece una estrategia inteligente, ¡pero, coño, curraoslo un poquito, no hagáis la cubierta con el Paint! Más aún cuando se trata de una pequeña editorial (Mr. Griffin o Menoslobos... no tengo muy claro cual es el nombre) que cuida mucho el diseño gráfico de sus libros... menos éste, por lo que sea. "No, es que se trata de una imagen irónicamente naïf para expresar el extrañamiento que podemos sentir al viajar y que..." Bueno, vale, me creo lo que me digáis, pero a mí, así, no me dan ganas de leerlo. Quizá poniéndole una funda, no sé...


-Si no recuerdo mal la geometría básica, el volumen de un cilindro se obtenía multiplicando la superficie de la base por la altura.  Y una cubierta como ésta se obtiene multiplicando las pocas ganas de trabajar del ilustrador o ilustradora por la desidia del o la responsable editorial que aprueba semejante dejadez. Que vale que El volumen del tiempo I parte de una idea bastante abstracta, si se quiere, pero como la prota es anticuaria especializada en libros del siglo XVIII, que pongan una foto de Bill Murray con una peluca empolvada, aunque sea...

-Me sabe mal enviar al Infierno la cubierta de un libro que he reseñado hace poco, pero es que la de esta novela no hay por dónde agarrarla, lo siento... Entiendo, tras haberla leído, el significado que pretende transmitir: ese sentimiento casi amoroso -y sin casi, en algún caso- que experimenta la asesina protagonista hacia sus víctimas y los ambientes domésticos en los que transcurre la acción, simbolizados en un vaso de Cola-Cao con galletas. Muy bien, pero me temo que esos tonos color ca... amarronados, quiero decir, en constraste con el alicatado en azulejo blanco, que los hace resaltar aún más, no son los más apropiados para atraer a los posibles lectores que no sepan nada del libro. El fucsia de las letras del título parece elegido para, precisamente, paliar un poco el escaso atractivo del cromatismo de la foto, pero casi es peor, creo yo...
En fin, para quien quiera leer la reseña de Un momento de ternura y de piedad, aquí está el enlace.

- Nacido para el miedo. Entrevistas a Thomas Ligotti: Que Thomas Ligotti no es la alegría de la huerta ni tampoco Jude Law cuando era joven y tenía más pelo lo tenemos todos claro, ¿no? Pero tampoco hacía falta retratarlo con esa pinta de jubilado en viaje del IMSERSO que lleva una semana sin hacer de vientre... No dejes que te hagan esto, Thomas, que así no vas a conseguir convertirte en el Dan Brown o el John Grisham de los escritores de terror... ni siquiera en Brandon Sanderson (no digo en el Stephen King porque sería un pleonasmo y, además, tampoco es que el Rey sea un adonis). La imagen se corresponde bien con el título, no obstante, porque parece que el pobre Ligotti está muy agobiado por la posibilidad de que el laxante no le haga efecto. O le haga demasiado...




-Si ya no apetece mucho llevarse el anterior libro a casa y ver todos los días la jeta de Ligotti, no digamos ya el de esta antología de relatos, también publicada por Valdemar (ya siento que tengan dos cubiertas en el Infierno... aunque igual no les desagrada tanto estar aquí). Es verdad que, como he comentado antes, el género de terror admite e incluso pide imágenes horrísonas, pero en este caso ya no es sólo eso, sino que el personaje de la cubierta recuerda a alguna de esas amigas de tu abuela que se empeñaban en que les dieras un beso cuando eras pequeño (y, pero aún, te lo daban ellas a ti) o a la portera del edificio donde estabas de estudiante y que controlaba todos tus movimientos. ¡Ah, que igual es un tío! Pues el yonqui del barrio, que tras sobrevivir al caballo y a innumerables lonchas de speed, se ha regenarado gracias a la Iglesia Evangélica y ahora ejerce de vigía moral de la juventú...

-Como sin duda os habréis dado cuenta a lo largo de esta entrada -y la de ayer- yo no tengo ni idea de diseño gráfico, así que es absolutamente imposible que acabe impartiendo clases de esta materia. Pero en el hipotético caso de que lo hiciera, os puedo decir que mi primera clase empezaría dictando la siguiente regla al alumnado: "NUNCA, JAMÁS, BAJO NINGÚN CONCEPTO coloquéis la imagen de un INODORO en la cubierta de un libro". Creo que no es una norma absurda y hasta diría que resulta de sentido común... algo con lo que no están de acuerdo los responsables de la edición de Que tenga una casa de Florencia del Campo. No he leído esta novela, así que a lo mejor resulta que toda la acción se desarrolla dentro de ese pequeño aseo y por eso resulta pertinente su imagen, pero aún así... Yo veo un libro con un puto váter en la cubierta y ya os digo que no me gasto ni un solo lerele en comprarlo. Es más, ni siquiera se me pasaría por la cabeza mangarlo...

En fin, lo dejo ya, que de lo que se trata es de dar sólo una muestra de lo que se puede encontrar por esas librerías y bibliotecas de Dios. Aún así, me quedo con ganas de poner alguna más (por ejemplo, la de Minimosca, de Gustavo Faverón , más fea aún en comparación con la cubierta que le puso Candaya a Vivir abajo, con una prisión de Piraniesi, nada menos), pero no vamos a hacer eterna esta agonía. Quedaría por hacer,  además, porque sería interminable o, cuando menos, merecería (es un decir) otra entrada exclusiva, un repaso a tres de los géneros que más cubiertas horrorosas y kitsch proporcionan al sufrido público lector: el llamado romántico (ponedle comillas, si queréis), el conocido como "histórico" (a este se las pongo yo) y el de fantasía (sin comillas). Y no digamos ya la combinación de dos de ellos o de todos... Como fin de fiesta, os dejo aquí un surtido  de estas clases de libros, para que soñéis esta noche (si son pesadillas o sueños húmedos depende de vosotros/as). Arrivederci!