viernes, 19 de octubre de 2018

Semana del arte #5: Siri Hustvedt: La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres

Idioma original: inglés
Título original: A woman looking at men looking at women
Traducción: Aurora Echevarría (edición en castellano), Ferran Ràfols (edición en catalán)
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable

Confieso albergar cierto temor a la hora de escribir esta reseña, pues Siri Hustvedt es una autora inmensa, no únicamente por la calidad de su prosa, sino también por la variedad temática de sus obras y por ser una autora por quien siento absoluta devoción. Podría intentar (sí, intentar) contar qué explica la autora en los veinte capítulos que conforman este ensayo. Pero sería una tarea ardua, complicada, probablemente indigerible y costosa para mí como reseñista y para vosotros como lectores. Porque la riqueza, profundidad y amplitud temática que Hustvedt cubre en este conjunto de ensayos es descomunal. No estamos hablando de un ensayo ligero y ágil, estamos hablando de un libro que es casi como una tesis porque, haciendo gala de sus grandes conocimientos en campos tan variados como el arte, la neurología, el feminismo, etc., la autora nutre el libro de infinitud de referencias bibliográficas, detalles, análisis y reflexiones. Pero no os asustéis, porque la capacidad narrativa de la autora hace perfectamente digerible su relato. Y pido ya disculpas de entrada por la extensión de la reseña, hay mucho a comentar.

Estructuralmente, el libro está claramente dividido en dos partes: en la primera expone el papel de la mujer en el arte, tanto ejerciendo de modelo como siendo la artista y la analiza en contraposición con el papel desempeñado por los hombres en esa misma esfera. En su segunda parte, y que queda fuera de esta reseña por extensión y por tratarse de una temática diferente al arte, habla sobre la condición humana, centrándose especialmente en la psique.

De esta manera, en la primera parte del libro, la autora se centra en el arte, como concepto, como campo de creación, pero también como representación de los sentimientos, como elemento de expresión, como vehículo para cuestionar, explorar, provocar y expandir el universo de uno mismo. Así, hay muchas referencias a pintores y artistas en este libro, pues habla de Picasso y su obra, de Elaine de Kooning y de Louise Bourgeois (en quien se basa la protagonista de su última novela «El mundo deslumbrante»), entre muchos otros. De esta manera, analiza no únicamente su obra sino también aquello que los autores pretendían representar, cuáles eran sus motivaciones y qué intentaban plasmar en sus cuadros. Haciendo un recorrido sobre algunos artistas representativos de la historia, Hustvedt habla sobre algunos cuadros de estos pintores, sobre qué les impulsaban a pintar de la manera en que lo hacían; igualmente la autora pone en valor artistas menos reconocidas por el solo hecho de ser mujeres, pues su obra tardó años en ser conocida pues los hombres tapaban sus méritos y la calidad de sus cuadros. Así comenta la irrupción de Pollock, que por su talento, pero también por ser un hombre, tapó una artista como Bourgeois, considerada una de las artistas más transformadoras del siglo XX y primera mujer artista a la que el MoMa dedicó una exposición en solitario, en el 1982 (sí, no fue hasta el 1982, habiendo abierto las puertas en 1929). Un Jackson Pollock, creador del action painting junto con su mujer Lee Krasner (quien, a diferencia de él, pasó bastante más desapercibida posiblemente por el mismo motivo). Con estos ejemplos, la autora denuncia que las artistas femeninas hayan pasado a un segundo plano en la historia del arte, pues es un mundo dirigido y dominado por hombres.

Hustvedt también habla sobre cómo interaccionamos con el arte, pues observando las mujeres que aparecen en los cuadros (en referencia a «Mujer que llora» de Picasso, o «Columbine» de Beckmann), al contemplarlas, «les doy vida. Sin un espectador, un lector, un oyente, el arte está muerto». Así, y hablando de Picasso, a ojos de la autora su costumbre de pintar un artista delante de un caballete con un pincel en la mano y una modelo desnuda es un ejemplo del vínculo del pintor con el deseo sexual.

La autora también habla de escultura, y denuncia el mercado del arte utilizando como ejemplo el desorbitante precio pagado por «Perro Globo» de Jeff Koons. Así, la autora afirma que «la experiencia del arte siempre es una relación dinámica entre el espectador y el objeto contemplado» y habla del precio de las obras como consecuencia de la percepción de las mismas en el contexto de un mundo determinado por el comprador. Y es por ello que un cuadro firmado por Rembrandt tiene un valor muy superior a si el mismo cuadro fuera firmado por un discípulo suyo, a pesar que el objeto continúa siendo el mismo (aquí no puedo dejar de pensar en la magnífica obra de teatro «Arte», de Yasmina Reeza, que versa precisamente sobre este tema).

La autora habla de lo que significa el arte, de lo que nos aporta, y afirma, de manera muy acertada, que «La experiencia del arte solo se produce en el encuentro entre el espectador y el objeto artístico. La experiencia perceptiva del arte literalmente se encarna en el espectador. No somos receptores pasivos de una realidad factual externa, sino que creamos activamente lo que vemos a través de unos patrones establecidos en el pasado, aprendidos de manera tan automática que han acabado siendo inconscientes». «Sin memoria no hay percepción», por lo que la valoración de una obra tiene un componente objetivo (técnica, material, etc.), pero siempre viene acompañada de un componente subjetivo, propio de cada uno. Y así el arte forma parte de la transferencia de uno mismo, de la necesidad de ser visto y reconocido por el otro. En este aspecto, la autora enlaza la tercera componente de la obra, del libro, donde analiza la ciencia, la condición humana, la psique, y el psicoanálisis. De esta manera, la autora en su visión holística sobre la condición humana, habla sobre psicología y las tesis de Freud y el psicoanálisis, y disgrega también en qué consiste la escritura desde el punto de vista del autor y como siente a través de sus personajes, estableciendo una relación entre ellos, el lector y el escritor. La autora abunda en este tema hablando de la ciencia de la memoria y el Denkraum de Warburg, pues la concepción e interpretación de las artes va ligada a nuestra memoria, a nuestros recuerdos, pues la obra nos evoca sensaciones ligadas a nuestras experiencias pasadas. De ahí también el interés de la autora en hablar de la parte científica del arte, de cómo funciona nuestro cerebro al contemplar las obras, de cómo reacciona ante ellas. Y así, como ejemplo de la relación y el impacto del arte en el espectador, habla de la exposición «Ocupaciones» del artista Anselm Kiefer sobre el nazismo, que tuvo una gran polémica por la repulsa que provocaba a mucha gente que iba a verla. Y es que, como indica la autora «El mejor arte no es nunca inocuo: altera las predicciones perceptivas del espectador», «lo que hace el arte es desafiar la polaridad cómoda entre blanco y negro, un modo de expresión capaz de contener contradicciones dolorosas o ambigüedades agónicas».

A pesar de estar de su estructura en dos grandes bloques, los diferentes ensayos son totalmente independientes unos de otros por lo que su lectura puede ser realizada de forma individual o sin tener en cuenta el orden en el que están publicados. Así, se trata más de un libro para consultar los diferentes temas en función del interés que de un libro que se lea de principio a fin. Hay mucho trabajo de documentación en este libro de Hustvedt y la muestra está en las más de veinticinco páginas de referencias bibliográficas, con referencias a libros de diversa índole: arte, psicología, feminismo. La autora habla también en el libro sobre otros aspectos artísticos como la danza, el cine, y lo rubrica también con pinceladas sobre feminismo, pornografía, escritura, psicología... siempre desde un enfoque académico y conceptual pero próximo al lector, que convierte este ensayo en una obra más que interesante para aquellos que estén interesados, no únicamente en el arte, sino en la condición humana.

De esta manera, y habiendo centrado la reseña especialmente en la parte dedicada al arte, podemos constatar que lo que sería un ensayo que a manos de otra escritora echaría para atrás, asustaría e intimidaría a un lector no habituado a las materias tratadas, Hustvedt nos lo transmite como si fuera algo natural, con las palabras fluyendo de manera espontánea, compartiendo con nosotros su conocimiento. Y en este aspecto reside la gran calidad del libro, porque no es solo por lo que cuenta, ni por lo que sabe, sino por cómo la hace accesible al lector. No quiero tampoco que esta reseña lleve a engaño: no es un libro para todo el mundo, pero sí es un ensayo para quién esté interesado en los distintos temas que trata, que pueden ser leídos de manera aislada por su profundidad. Porque el libro se puede, y creo que se debe, leer de manera pausada, pues hay mucha información y profundidad como para asimilarla de golpe. Mi consejo es leer los capítulos de manera individual y dejando cierto tiempo entre ellos. Porque más que un ensayo, lo que Siri nos ofrece aquí es una muestra de sus amplios conocimientos sobre una gran diversidad de materias y conviene dejar que los absorbamos en pequeñas dosis. Para mí, sin duda alguna, es un libro de referencia, el libro de cabecera donde reposa aquello que afecta a la humanidad: el arte, la ciencia, la psicología y el feminismo. Es una guía imprescindible para adentrarse en el mundo del arte y del análisis de la condición humana de la mano de una de las mejores y más completas escritoras que hay en la actualidad.

También de Siri Hustvedt en ULAD: El hechizo de Lily Dahl, Recuerdos del futuro, El verano sin hombres, La mujer temblorosa o la historia de mis nervios, Los espejismos de la certeza, Madres, padres y demás, Una súplica para Eros, Historias de fantasmas

jueves, 18 de octubre de 2018

Semana del arte #4: André Salmon: La apasionada vida de Modigliani

Idioma original: francés
Título original: La vie passionnée de Modigliani
Traducción: Manuel Arranz
Año de publicación: 1957 (reeditado en 2017)
Valoración: Está bien

Cuando el Consejo de Ancianos de ULAD decidió convocar esta Semana del Arte, no lo pensé: desde que se publicó por primera vez en castellano el año pasado, tenía en cartera este libro sobre Modigliani. No porque fuese especialmente fan de su obra, sino por curiosidad en torno a personaje tan peculiar, solitario y destacada víctima de dependencias varias. 

Pero, por ir al grano, resulta que el libro no es exactamente una biografía, o al menos lo que yo entiendo por biografía, es decir, el relato cronológico de lo acontecido en la vida de tal personaje. André Salmon, poeta y crítico de arte, fue por lo visto amigo del pintor italiano, y al parecer veinte años antes ya había escrito un ensayo previo al que ahora nos ocupa. No sé hasta qué punto Modigliani era protagonista de aquel trabajo, pero lo cierto es que al menos en la primera mitad de este, Amedeo aparece más bien poco. La impresión que da es que M. Salmon, en el ocaso de su vida (andaría por los setenta y tantos), decidió retomar su personaje favorito como imagen central, con la intención de elaborar un retrato mucho más amplio, con los recuerdos de toda esa época ya mítica de la bohemia parisina (primeras dos décadas del siglo XX), con centenares de artistas en ciernes viviendo casi siempre en la miseria para estar donde había que estar, en el corazón de la creatividad del planeta. 

Lo reconoce el mismo autor, cuando habla de evocar ‘los grandes días de una época sin igual como fue la de las grandes creaciones’. Siente nostalgia el viejo Salmon, y se lanza a describir con detalle cafés, boulevares y miserables estudios de Montmarte y Montparnasse, y semblanzas, a veces un poco largas, de numerosos artistas (Picasso, Derain, Soutine, Severini, entre otros muchos). Y todo ello, según reconoce, novelado en una medida que no podemos conocer, pero que en bastantes ocasiones sospechamos bastante elevada. Con todo, la sensación es la de un inmenso travelling, un recorrido en el que la cámara va viajando por la ciudad y se va encontrando aleatoriamente con diversos personajes que beben en una taberna, discuten en un café o se reúnen en una pensión. Y entre ellos, cada cierto tiempo aparece el guaperas de Modigliani. Salmon se esfuerza en hacerle protagonista, en mantenerle a la vista, pero no será hasta la segunda mitad del libro cuando acapare la mayor parte de la atención. En cualquier caso, esa dispersión inicial no carece de cierto interés. 

Centrándonos ahora en Amedeo, descubrimos a un joven que, como tantos otros, acude a Paris atraído por el magnetismo del epicentro mundial del arte. A las penalidades comunes a todos los que allí aterrizaron con una mano delante y otra detrás hay que añadir la doble desubicación de Modigliani. Por una parte, es un tipo rabiosamente individualista, de pocas palabras y ninguna afición por las actividades colectivas de la bohemia. Generalmente, aparece por los bares solo o con alguno de sus escasos amigos, dibujando sin descanso y sin convicción.

Pero además parece también voluntariamente aislado desde el punto de vista creativo: como buen italiano, Modigliani carga con una importante herencia clasicista, y no termina de encontrar el camino. Aunque admira a Picasso (estrella emergente), detesta el cubismo y su geometrización de la formas, y tampoco se deja seducir por el divisionismo que goza de cierto predicamento entre algunos compatriotas. Puede que este doble aislamiento, personal y artístico, haya dejado su huella en un obra tan personal, inconfundible e imposible de etiquetar en las corrientes de la época.

Realmente, esto son circunstancias que tampoco tenían por qué conducir a más desgracias. Pero Modigliani pronto encontró otras fuentes de sufrimiento. Su talento parecía estancado y ni siquiera se decidía a pintar (se refugiaba en el dibujo y sondeó la escultura, robando piedras de obras en construcción para poder trabajar). Y bien por esto mismo, o simplemente porque le dio por ahí, comenzó una intensa y prolongada relación con el alcohol y el hachís. Añadido a su carácter colérico, los colocones del frustrado pintor y los escándalos consiguientes fueron famosos en toda la ciudad. La interacción entre su carácter difícil, las generosas adicciones, su pobreza casi extrema y la creatividad marchita genera un conglomerado inevitablemente explosivo, pero sin que queden claras las relaciones de causa/efecto entre los distintos factores.

Y no quedan claras quizá porque la posición de Salmon resulta bien extraña. Se presenta como amigo de Modigliani, y así lo confirman testimonios de la época, pero nunca parece estar ahí en los momentos importantes. Transmite el autor la sensación de escribir de oídas, y ofrece citas larguísimas de numerosos personajes que claramente son reelaboraciones de recuerdos más que el relato fiel de las situaciones. Incluso llama enormemente la atención cómo cuenta sin rubor en una escena bastante cruda cómo corrió a esconderse mientras Amedeo maltrataba a su gran amor Jeanne Hébuterne en plena calle. O esa amistad era algo bastante relativo, o la cobardía de don André era sencillamente sonrojante.

Al margen de esto, la verdad es que esta última parte del libro ofrece un buen retrato del artista italiano, presentado con ciertas dosis de ironía. Es Salmon especialmente punzante con la primera gran amante de Modigliani, la supuesta poetisa Beatrice Hastings, aunque tampoco le duelen prendas en reconocer que fue bajo su influjo cuando la pintura de Amedeo comenzó por fin a florecer. 

Finalmente, como decía antes, el amor terminó triunfando quizá con la persona más inesperada, aquella muchachita llamada Jeanne que, no obstante su aparente insignificancia, capturó el corazón de aquel hombre ‘de belleza dramática’, atormentado y devorado por el alcohol y la droga. Y como la acción conjunta de todos estos ingredientes no dejaba margen al error, el final de Modigliani, de Jeanne y del hijo que esta llevaba encima, fue inexorablemente catastrófico.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Semana del arte #3: Tom Wolfe: La palabra pintada

Idioma original: inglés
Título original: The painted word
Año de publicación: 1975
Traducción: Diego Medina
Valoración: Interesante


Tom Wolfe tenía mucha cultura, una aguda capacidad de observación y la habilidad para abordar cualquier tema con rigor. Así que cuando el Arte Moderno se cruzó en su punto de mira, él afiló el lápiz y alumbró La palabra pintada, un ensayo crítico/humorístico cuya argumentación será más o menos acertada (los expertos opinarán) pero es, desde luego, sólida, divertida y tan cáustica como toda la obra de este autor. No en vano el subtítulo es: El arte moderno alcanza su punto de fuga.

Resumen resumido: el Arte Moderno, nacido a finales del siglo XIX con el fin de romper con toda expresión artística anterior que necesitara de una «literatura» para poder ser contemplado, acaba siendo igual de literario y dependiente de una teoría que lo sostenga hasta el punto de que la expresión artística prácticamente desaparece y tan solo queda la teoría.
«Nada de “ver sea creer”, tonto de mí: “creer es ver”, porque el Arte Moderno se ha vuelto completamente literario: las pinturas y otras obras sólo existen para ilustrar el texto»
La palabra pintada es un ensayo corto (144 páginas) que se estructura mediante un prólogo y seis capítulos, cuyos títulos ya nos dan una idea del contenido y el tono: 1.La Danza de los Bohemios / 2. No se invita al público (Nunca se le ha invitado) / 3. El todo Nueva York montado en un caballo cubista / 4. Greenberg, Rosenberg & Lo Plano / 5. Hola, Steinberg (Adiós, Greenberg) (Tú también, Rosenberg) (La alegría vuelve a Culturburgo) / 6. He aquí el paso decisivo.

Los temas concretos que se abordan a lo largo de la argumentación propuesta por Wolfe, resultan bastante polémicos porque apuntan varias cuestiones que no pueden dejarnos impasibles:
  • Que el Arte Moderno, entendido como algo vivo, ya no está en manos de los artistas si no de los críticos (y pone un ejemplo muy interesante en relación a Jackson Pollock).
  • Que el Arte Moderno está secuestrado por el poder económico y depende absolutamente de él.
  • Que el Arte Moderno pereció auto fagocitado por sus propias teorías y por llevar demasiado lejos la máxima de «el arte por el arte».
  • Que así como en literatura, música y otras disciplinas del arte, el gran público forma parte del proceso y su opinión se valora, no sucede lo mismo con las artes plásticas modernas.
Wolfe cierra con un epílogo, clímax de todo lo expuesto, donde expresa de forma más directa su opinión al respecto. Y si Wolfe pensaba todo eso el año 1975, daría cualquier cosa por saber qué opina del Arte Moderno actual. A modo de muestra:
«(…) los científicos de mediados del siglo XX procedían a partir de los descubrimientos de sus predecesores para elevarse desde ellos hasta las alturas… mientras que los artistas, por su parte, ignoraban los hallazgos legados por sus maestros desde la época de Leonardo da Vinci y, aterrorizados, los reducían o desintegraban con el disolvente universal de la Palabra»
La palabra pintada ofrece una lectura amena, divertida y muy interesante en la que se disecciona la cuestión del Arte Moderno haciendo que parezca algo sencillo cuando en realidad no lo es. Se puede leer perfectamente sin tener grandes conocimientos sobre arte pero para que la lectura sea plenamente satisfactoria requiere —o al menos ha sido así en mi caso— de una relectura más atenta ya que aparecen muchas fechas, nombres propios y acontecimientos que pueden hacer que perdamos de vista el juguetón hilo argumental que Wolfe plantea. Porque es a lo largo de ese hilo argumental (perfectamente pautado) que Wolfe desmonta, desmiembra y deslegitima todo el artefacto teórico que llevó al Arte Moderno hasta lo que conocemos ahora. Un baño de ironía corrosiva.

Y lo mejor, como en cualquier lectura a mi parecer, es la reflexión posterior que suscita. Personalmente me ha hecho pensar en un texto de Ortega y Gasset que leí hace años, titulado La deshumanización del arte, en el que se lamenta de cómo el Arte Moderno ha perdido el contacto con la gente para convertirse en algo minoritario... tal vez sea la consecuencia natural de retorcer y encorsetar las pulsiones artísticas que antes eran mejor recibidas. O no. En todo caso, me ha parecido muy plausible que alguien se atreva a bajar al Arte Moderno de su pedestal, con argumentos y con rigor. Así que si es cierto eso de que cada civilización/sociedad necesita sus propios narradores, no hay duda de que Tom Wolfe lo fue de la suya y que los ecos de muchas de sus crónicas aún resuenan con autoridad.

Ya para acabar, decir que no contento con desposeer a la pintura moderna de su halo de magia y exclusividad, Wolfe hizo lo mismo con la arquitectura moderna en otro ensayo de similares características titulado ¿Quién teme al Bauhaus feroz? del que os hablaré en otra ocasión.

Otras reseñas sobre obras de Tom Wolfe publicadas en ULAD: aquí

martes, 16 de octubre de 2018

Semana del arte #2: Annie Ernaux / Marc Marie: El uso de la foto

Idioma original: francés
Título original: L'usage de la photo
Traducción: Lydia Vázquez Jiménez
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien

Annie Ernaux nos tiene acostumbrados a sus relatos autobiográficos, pues así son la mayoría de sus obras (y la totalidad de las reseñadas en ULAD). En este caso, hace un ligero cambio de registro y, sin abandonar la narración autobiográfica, se adentra en el terreno de las artes visuales, incorporando la fotografía como elemento nuclear del libro.

Este libro surge tras la constatación de la necesidad que la autora, juntamente con su pareja, tenía en fotografiar la ropa extendida por el suelo tras una noche de hacer el amor pues sentía la necesidad de plasmarlo, de dejar constancia, «como si el amor no bastara, como si hiciera falta conservar su representación material». La condición única de tal experimento era no modificar el escenario, debía fotografiarse tal cual quedaba expuesto. Los dos autores, pareja en ese momento, y tras meses de seguir este ritual, sintieron que no era suficiente con captar esos instantes, sino que también debían escribir sobre esas fotos, para dar forma y recuerdo a esos momentos amorosos. De ahí surgió la idea de la escritura, como complemento a la fotografía, como otro medio para captar una escena, pues tal y como indica la autora: «Foto, escritura, en ambos casos se trataba para nosotros de conferir más realidad a momentos de goce irrepresentables y fugitivos». Así, yendo más allá, Annie Ernaux determina claramente una relación entre la fotografía y el sexo, estableciendo como nexo de unión el deseo, quedando perfectamente expuesto en el siguiente párrafo escrito por la autora, al afirmar que «el clic de la máquina es una extraña simulación del deseo, que empuja a ir más allá. Cuando soy yo la que hago la foto, la manipulación, el enfoque del zoom es una excitación particular como si tuviera un sexo masculino.»

Los autores también destacan el uso de la fotografía como testigo visual de su historia. Así, los pequeños detalles que contienen las fotos sirven para plasmar no solo el momento en que fueron tomadas sino el antes y el después, enlazando de esta manera pasado y futuro, reconstruyendo la historia a base de pequeños momentos (quien sabe si de ahí el término instantáneas) para trazar una historia continua.

Estructuralmente, el libro está escrito con narraciones alternadas, donde el método y la estructura siempre es el mismo: en primer lugar, se muestra la foto tomada, luego uno de los dos explica su visión y sus recuerdos a partir de ella, y luego el otro autor hace lo mismo. Capítulo a capítulo, fotografía a fotografía. De esta manera, Annie y Marc, escriben sobre la importancia de la foto como canal de recuperación de, no únicamente las experiencias vividas, sino también de los recuerdos, aunque a veces la imagen representada no guarda relación con los sentimientos que se albergan del momento en que fue tomada.

Más allá de los recuerdos que les traen la revisión y análisis de las fotos, el uso de la foto sirve también para analizar los objetos en su naturaleza más azarosa y sirve para atribuirles cualidades emocionales que van más allá del propio objeto. Así lo refleja la autora en el siguiente párrafo: «De todas las cosas abandonadas en el suelo después de hacer el amor, los zapatos son los más conmovedores. Caídos de costado, manteniéndose de pie, pero mirando direcciones opuestas, o emergiendo de un montón de ropa, pero siempre alejados el uno del otro. Su alejamiento, cuando aparece en la foto, da medida de la violencia del gesto para desembarazarse de ellos. (...) A diferencia de otras prendas de vestir convertidas en formas abstractas, los zapatos son el único elemento de la foto que conserva la forma de una parte del cuerpo. Que realiza más la presencia en ese momento. Es el accesorio más humano». El análisis que hace de los objetos como elementos vivos, en la medida en que fueron móviles, flexibles, casi como si tuvieran vida propia (o la vida que tuvieron, cuando fueron ocupados por cuerpos humanos), es interesante y sugerente.

Dejando de lado el análisis puramente de los objetos en sí, los autores utilizan las fotos realizadas para, a partir del análisis de su composición, hablar de sus vidas y sus miedos, de su pasado y su futuro, que tratan con delicadeza y el conocimiento de que todo es efímero, pues puede terminar en cualquier momento; conocedores de la caducidad de la vida, la viven buscando y creando «instantes perfectos, como pequeñas burbujas», pues «de burbuja en burbuja, la muerte acaba por abandonar la presa». Las fotos son la representación del momento vivido, y ahí se alojan también los miedos por el cáncer de mama de la autora, los temores por una guerra de Iraq innecesaria y abominable, las inquietudes de cada uno y el temor de que todo acabe. Así, el hecho de que en las fotografías no aparezcan sus cuerpos les hace pensar en la ausencia de ellos, en su muerte, «no es el rastro de nuestro paso por ahí lo que veo, sino nuestra ausencia, e incluso nuestra muerte».

El libro es interesante especialmente si se ha leído previamente alguna de las otras obras de la autora, puesto que gran parte de la narración trata sobre su vida, sus relaciones, la enfermedad de cáncer que padeció Annie Ernaux, y por tanto es de gran contenido autobiográfico. Aún y así, tiene también interés des del punto de vista del uso de la fotografía y de su utilidad, de su función, pues la vida queda encuadrada y fijada en momentos concretos a partir de las fotos tomadas, y ese es el principal motivo de hacerlas, intentar crear momentos de nuestra vida que nos permitan enlazarla a un pasado que de otra manera quedaría postergado al olvido. Así, las fotografías, sirven para guardar no únicamente el recuerdo de donde estuvimos, sino para intentar guardar en ellas los sentimientos que teníamos en ese instante, como una evidencia o prueba material de la existencia de un sentimiento puntual, tal vez fugaz, que mediante el uso de la foto pretendemos fijar de forma permanente en nuestra vida.

Tambien de Annie Ernaux en ULAD: Memoria de chica, La mujer helada, No he salido de mi noche, Los años, Una mujer, La otra hija, El lugar, El lugar (contrarreseña)

lunes, 15 de octubre de 2018

Semana del arte #1: Sylvia Plath: Dibujos


Idioma original: Inglés
Título original: Drawings
Traducción: Guillermo López Gallego
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable para interesados

Este volumen rescata la obra gráfica de Sylvia Plath, una de las mejores poetas norteamericanas del siglo XX. El encanto de Dibujos, pues, más allá del que pueda tener su cuidada edición, es el de dar visibilidad a la faceta artística de Plath; faceta oculta bajo la densa sombra que proyecta su trabajo literario. 

Dibujos recopila un total de cuarenta y cinco apuntes. La gran mayoría han sido hechos con pluma y tinta, aunque en alguno que otro se ha utilizado el lápiz. Todos estos apuntes se han tomado del natural y son completamente respetuosos, a la hora de plasmarlo, con el referente al que aluden: o bien lo retratan con fidelidad, o bien lo idealizan con gracia. Es por ello que el acabado general de estos dibujos oscila entre la minuciosidad naturalista y el preciosismo halagador. De modo que no os podéis imaginar mi desconcierto cuando la propia Plath afirma que se inspira en el primitivismo, y que persigue dicho acabado formal en sus obras. Lo cierto es que nada me parece más opuesto a la burda y arcaica tosquedad del primitivismo que estas estampas contemporáneas de motivos cotidianos, refinadas y hasta cierto punto virtuosas. Para que os hagáis una idea, Plath llegó a vender algunos de estos dibujos para ilustrar publicaciones en revistas que exigían un estilo tipo The New Yorker. Así que, ¿soy el único incapaz de establecer una relación entre ellos y el primitivismo?

Casi todos los dibujos compilados en este libro (excepto dos) son monocromos, basados en el fuerte contraste que existe entre el negro de la tinta y el color neutro del soporte. En ellos, la línea es omnipresente (la mancha, en cambio, aparece mucho menos), y define tanto el contorno de las figuras como sus volúmenes o texturas. Se nota que Plath tiene algunos problemas resolviendo la figura humana, sobre todo su anatomía; en cambio, presenta una facilidad envidiable a la hora de afrontar paisajes, objetos o animales. También se le da de maravilla el planteamiento espacial del dibujo: sus composiciones, a veces más tradicionales, en otras ocasiones más atrevidas, siempre ofrecen un atractivo diálogo entre los distintos elementos que componen sus dibujos, soporte incluido.

Se hace extraño saber que esta producción gráfica, tan bella y sosegada, acompañada por unas cartas y un diario íntimo igual de luminosos, son de Plath. Cualquiera que haya leído su lírica contrastará estas encantadoras imágenes, estos textos optimistas, con la voz áspera y amarga que impera en la poesía de la autora. Ya puestos, ¡quién iba a decir que una persona que escribe estas cartas, que dibuja así, acabaría quitándose la vida! Sucede, sin embargo, que el material recopilado en Dibujos (es decir, tanto las misivas y el diario como los propios dibujos) es previo al sufrimiento que acuchilló la biografía de su autora. Pertenece, de hecho, a uno de sus periodos vitales más pletóricos y felices: justo cuando obtuvo una beca Fulbright, se casó en secreto con Ted Hughes y visitó con él, en su idílica luna de miel, París y España.


En definitiva, Dibujos es un libro encantador. En especial para alguien como yo, que adora este tipo de propuestas. Quizás trascienda por poco la mera anécdota bibliográfica, pero creedme cuando os digo que hará las delicias del interesado. Y, ya de paso, dejadme aprovechar esta oportunidad para recomendar también las recopilaciones de dibujos de otros tres poetas: Jean Cocteau, Federico García Lorca o Günter Grass. ¡No tienen desperdicio!  


domingo, 14 de octubre de 2018

Charlotte Perkins Gilman: Matriarcadia

Idioma original: Inglés
Título original: Herland
Año de publicación: 1915
Traducción: Celia Merino Redondo
Valoración: Decepcionante

Tres jóvenes estadounidenses descubren, casi por casualidad, un país habitado exclusivamente por mujeres. Aislado durante casi dos mil años y organizado de forma autogestionaria / asamblearia, Matriarcadia es un mundo ideal, autosuficiente, una sociedad armónica de seres que rozan la perfección física y moral, centrados en la maternidad (no como experiencia individual, sino social), que no padecen enfermedades ni hambre ni delincuencia ni ninguno de los males que aquejan al mundo “civilizado”.

La llegada de los tres alegres muchachotes yankees hace surgir el previsible conflicto. El choque cultural entre los jóvenes y las habitantes de Matriarcadia y las comparaciones entre la sociedad estadounidense (cabría decir de la clase media-alta del “primer mundo) y la sociedad de Matriarcadia son inevitables.

Parece un punto de partida más que interesante, ¿verdad? Ya. Desgraciadamente, en mi opinión, es una novela fallida, al menos en lo literario. Por varios motivos. Allá vamos.

Por un lado, los tres personajes masculinos principales (el típico “seductor”, el romántico inocentón y el “término medio”, que es quien narra la historia en primera persona) son meros estereotipos sin desarrollo. Los personajes no evolucionan, son absolutamente planos. Y eso es algo que chirría, sobre todo si tenemos en cuenta que permanecen aislados en territorio “hostil” durante un buen tiempo. En cuanto a los personajes femeninos, más de lo mismo.

Por otra parte, las formas de organización de la sociedad de Matriarcadia aparecen, en su mayor parte, solo esbozadas. El ejemplo más claro es el de la economía; cuatro pinceladas no son suficientes para un tema con muchas posibilidades como sería la organización de los medios de producción en una sociedad autárquica por obligación. Solo el aspecto educativo es tratado con algo más de profundidad, aunque creo que también podría dar más de sí.

Por último, algunos aspectos clave de la novela se resuelven en apenas unas pocas líneas. Un ejemplo: el cómo pasa Matriarcadia de ser una sociedad “al uso” a ser un lugar habitado solo por mujeres y cómo llegan estas a reproducirse es algo que Gilman se ventila ¡en un par de líneas! La primera mujer de la nueva sociedad se reproduce por partenogénesis. Y las siguientes, igual. Nada más. Un poco escaso, ¿no?. Otro ejemplo: el final, que no desvelaré, resulta demasiado simple, demasiado poco trabajado y precipitado.

Añadiré, también, un par de aspectos extraliterarios. El primero es algo que me ocurre con cierta frecuencia en novelas de este tipo. Me parece ver en ellas una cierta idealización de la eugenesia y ya sabemos a lo que eso recuerda. El segundo es que la novela se olvida, a la hora de exponer la situación de la mujer en la sociedad de principios del siglo XX, de las mujeres de clases trabajadora ("media-baja", populares... Llamadlo como queráis). Es, por tanto, una visión parcial, producto supongo del propio origen social de la autora.

Pese a lo anterior, hay que reconocer que la novela cuenta con un punto de partida más que interesante, que en el momento de su publicación seguro que generó gran controversia y puso sobre la mesa la situación de la mujer de la época y que algunos de los aspectos que denuncia siguen, desgraciadamente, vigentes en cierta forma. Eso sí, literariamente me parece bastante flojita. Sinceramente, esperaba más.

sábado, 13 de octubre de 2018

Mircea Cărtărescu, Premio NOVEL ULAD 2018

COMUNICADO OFICIAL

Se informa a nuestros lectores que, tras el recuento de los votos recibidos hasta el 8 de Octubre de 2018, y computados igualmente los votos que, de forma secreta, los colaboradores de este blog han efectuado, el I Premio NOVEL ULAD correspondiente al año 2018 queda oficialmente otorgado a :




Mircea Cărtărescu

Que ha obtenido un total de 34 puntos según el sistema de votación establecido en las bases que se publicaron en la correspondiente convocatoria.
Los escritores que han ocupado el segundo y tercer lugar en esta votación, han sido, respectivamente, Philip Roth (R.I.P.), que obtuvo 28 puntos, y Margaret Atwood, que obtuvo 13 puntos. La votación ha registrado un total de 30 participantes, a los que hay añadir los votos de los colaboradores, que han votado sin opción a premio. Han sido 42 los escritores que han obtenido algún tipo de mención en las votaciones, y hasta el último momento se mantuvo la incerteza sobre el resultado final.

Nuestros lectores votantes han dicho de sus correspondientes elegidos: 

(por favor, queridas editoriales, dejad en paz estas frases en vuestras adoradas fajas.)

Mircea Cărtărescu: 

"porque es muy bueno, el nuevo enfant terrible de los Balcanes, Kafka reencarnado"
"Solenoide se constituye en un pilar del nuevo siglo. Tras 2666, se convierte en el nuevo gran eslabón del género de la novela."
"Esa mezcla de autobiografía, fantasía y onirismo me tiene atrapado. Me encanta su estilo. Mucho merito de eso también es de la traductora, Marian Ochoa de Eribe." 
"Sería una enorme sorpresa, pero creo que se lo merece. Renovador, arriesgado y excelente en todos los sentidos."
"Por la recreación de un universo interior repleto de fantasmas y reflexiones alucinatorias, reflejos de un exterior de decadencia y complejos, y explorar el alma humana en una obra que es tan onírica como realista."
"porque es uno de los escritores más en forma del panorama actual, con un universo literario propio y característico, cultivador de géneros variados, y sé que va a recibir muchos votos, y me apetece acertar la quiniela! (y además me gusta mucho, que conste)."
 "Por ser capaz de crear un universo diferente, entre lo real y lo onírico. Un descubrimiento reciente pero muy poderoso."
"a. La gran capacidad de configurar epopeyas personales y delirantes, siempre basadas en su propia identidad.
b. El delicado y elegante manejo de situaciones surrealistas."
"Porque significaría premiar la literatura de calidad y popularizar la literatura de este genio tan poco reivindicado. Su relativa juventud suma a favor, ya que el Novel daría un empujón a la carrera que le queda por delante."

Philip Roth:

"Eterno olvidado, con una extensísima carrera y con una obra de una magnitud enorme."
 "Norteamericano y blanco; suficientemente profundo y accesible para la mayoría."
"porque es el mejor escritor vivo que existe, que ha sido merecedor de todos los reconocimientos que existen, salvo el de la Academia Sueca. Y para reparar este terrible error, aquí estáis vosotros!"
"Por ser el único que, en mi opinión, sí que ha conseguido escribir “La Gran Novela Americana” (ese mantra tantas veces repetido) además de desnudar su alma, sus altas y bajas pasiones y de hacerme reír como pocos en su "Lamento"..."
"Por ser el más grande escritor norteamericano de la segunda mitad del siglo XX. Si a Nixon lo ridiculizó de manera magistral en Our Gang (La pandilla - Nuestra pandilla, según las ediciones de aquí) a saber que habría hecho con Trump..."
"aunque tarde, una obra tan profunda y extensa, con un sentido del humor tan especial, merecía ser reconocida con el máximo galardón."

Margaret Atwood:

"Munro y Alexievich deben tener una sucesora digna. Atwood, tras la muerte de Grace Paley, es una de ellas" 
"Por evidenciar el hecho de que la ideas son nuestra mejor arma contra los totalitarismos, y desinvisibilizar el control que el sociedad aun desea ejercer sobre las mujeres, haciendo de la distopia una forma de denuncia."
 "La gran señora de las distopías que te lleva a vivir, durante todo el tiempo que dura la lectura, a mundos mundo extrañísimos. Y te los crees."
 "Por escribir ciencia ficción de calidad y con humildad"
"Por su capacidad para hacer denuncia, concienciar y reivindicar derechos y luchas desde la creatividad."

De entre los votos recibidos, el premiado es Luismi, cuyo voto coincidió en orden con los dos primeros premiados, por lo cual será contactado por e-mail para hacerle llegar su reluciente y correspondiente premio.
Felicidades por su acierto y gracias a todos los participantes. 

ULAD ha cumplido todos los años que se lo ha propuesto. Los suecos no. Que no vaya a darnos ahora por fabricar muebles.