lunes, 7 de septiembre de 2015

Clara Usón: La hija del Este

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Ratko Mladić es (o fue: actualmente cumple condena) un general del ejército serbio implicado en los episodios más cruentos de todos los conflictos bélicos de la antigua Yugoslavia. Es (o fue) un militar brillante, cruel, calculador, meticuloso. Todos le atribuyen responsabilidad directa en hechos sangrientos contra población civil, como el asedio de Sarajevo o la matanza de Srebrenica, o el proceso de genocidio de los musulmanes de Bosnia. Todo el mundo sabe que ha tenido mucho que ver en esos hechos y todo el mundo le juzga y le recrimina sus actos. 
Todos, menos muchos de sus conciudadanos serbios, a los que, en su momento, una campaña de propaganda ha convencido de que no son atacantes sino atacados. 
Todos, menos, particularmente, Ana, una guapa y brillante estudiante de medicina, que es la que está más lejos de insultarle o poner en duda su integridad.
Porque a Ratko Mladić, Ana le llama "papá".

La hija del Este toma como punto de partida un viaje de Ana Mladić a Moscú, un viaje en compañía de amigos que saben quién es y que interrumpen ciertas conversaciones cuando ella aparece. En ese viaje Ana parece que toma consciencia de que la verdad no es la que le están mostrando en casa. Oculta su identidad, enmascara su acento, dice tener otra nacionalidad que la suya, serbia en ese momento, primeros 90, donde Serbia protagonizaba guerras, ora contra Croacia, ora contra la pequeña y maltrecha Bosnia.

Curiosamente este libro me recuerda muchos aspectos de obras de Javier Cercas. Por el punto de partida a medio camino entre la ficción y la investigación, por el rigor y la curiosidad empleada en esclarecer ciertos hechos históricos, por la crudeza y frialdad de la descripción de algunos hechos, por el deseo de desenmascarar a todos esos falsos héroes amparados en cruzadas que nadie les ha exigido. Porque entre las descripciones de la vida de Ana Mladić, y conforme los testimonios de sus allegados (con la notable omisión de su padre) van desfilando, Clara Usón, estilo impecable, majestuoso sentido del tempo, nos va presentando a los grandes protagonistas del último conflicto europeo. Los Karadzic, Milosevic, políticos oportunistas, caudillos corruptos que corrieron a aprovecharse del previsible desmoronamiento que la muerte de Tito, dictador empeñado en agrupar bajo una misma bandera comunidades que no tenían nada que ver, precipitó. Una necesaria lección de historia a la que tampoco hay que buscarle muchas vueltas: la condición de hervidero de esa zona se remonta muchos siglos atrás, hay cuentas pendientes que se arrastran por generaciones, parece que cualquier idea de paz allí sea precaria y provisional.

Quien viviera los hechos en su día o se haya interesado en ello no necesita aclaraciones, y ya que la contratapa habla de "novela" no hay que explicar finales. La hija del Este admite lecturas variadas: lección histórica, tragedia en la que el peso de apellido y pasado es un lastre difícil de aguantar, crónica social de un continente en constante remiendo (cuando esto escribo las TV vomitan sin cesar imágenes de estaciones de tren en Hungría. con las multitudes de sirios en busca de refugio por toda Europa), fascinante historia de la difícil formación del carácter cuando las situaciones son extremas, cruel aventura de desencanto y desmoronamiento de mitos. Mucho bagaje el contenido en estas 450 páginas, cierto.

Quizás Usón haya cometido, en el loable empeño de rellenar de contenido una trama especulada, algún pequeño desliz en forma de aderezo excesivo. Pero todo lo demás raya en la perfección y cuadra en la voluntad que se presupone a un libro así: abarcar no solo hechos concretos sino el contexto en que se producen, el escenario que los genera, y sus consecuencias, individuales y colectivas. Y conseguir excitar la curiosidad. Aunque sea un par de décadas tarde. Tengamos en cuenta que a muchos el sentimiento de culpa no les va a durar mucho. El que no ve, no sufre. Si hasta es posible que no volvamos a pensar en esos países hasta que haya, no sé, un Mundial de fútbol. O un festival de Eurovisión.

Por cierto. Premio de la Crítica en 2012. Merecidísimo.

También de Clara Usón en ULAD: Valor

domingo, 6 de septiembre de 2015

Andrea Camilleri: La captura de Macalé

Idioma: italiano
Título original: La presa di Macallè
Año de publicación: 2003
Traducción: María Antonia Menini Pagès
Valoración: Imprescindible

¿A quién no le gustan las historias turbulentas, repletas de sexo y violencia? ¿Cuyos personajes, además, se ven agitados por las más bajas pasiones y oscuros fanatismos, mientras ocultan secretos inconfesables y aviesas intenciones? Todo ello, eso sí, visto a través de la mirada de un niño de seis años, el pequeño -no en todos los sentidos- Michilìno... lo que no significa que sea una mirada inocente, como puede adivinar cualquiera que ya conozca la narrativa de Andrea Camilleri; porque en la historia que aquí nos cuenta encontramos de todo -literalmente, de todo- menos inocencia... (o quizá sea al revés: ésta es una historia que trata precisamente sobre la inocencia, pero la de un ángel exterminador). Por no ser, no es inocente ni la época de la que nos habla: la de la Italia fascista, cuando bajo las arengas de Mussolini, sus soldados se lanzaron a la absurda tarea de conquistar un imperio en la lejana Abisinia (de ahí el título, pues Macalé fue una localidad tomada por las tropas transalpinas).

La misma época viscosa y exaltada en la que transcurrió la infancia del propio escritor, quien es más que probable que aprovechara para exorcizar aquí parte de sus demonios. Y el exorcismo practicado es, como poco, brutal: Camilleri dispara con bala -y acierta- no sólo contra los desvaríos fascistas, sino también contra la hipocresía de instituciones como la religión, la familia o la educación; contra conceptos tan arraigados en nuestra cultura como son la culpa y el pecado; contra la idea de la infancia como un territorio sin mácula y, sin embargo, que resulta tan corruptible -y corrompida-por todos. Ésta es una novela tremenda, inclemente, sin concesión alguna a la complacencia. Aunque sí que hay lugar, y mucho, para el humor y para el erotismo -por llamarlo de algún modo...-; quizás dibujados a veces con trazo grueso, pero hay que reconocer que si en algo es un maestro Camilleri es en plasmar de forma fluida y desenvuelta lo que en otros autores quedaría chabacano y soez. De hecho, aún no sé si me maravilla o me horroriza más pensar en lo que he disfrutado leyendo ciertas barbaridades... (un aparte: no entiendo cómo la Lolita de Nabokov sigue generando aún alguna polémica, mientras que este libro... en fin, supongo que debe de estar prohibido en varios estados de los USA, como mínimo). Ayuda también, claro, el excelente tono conseguido por el autor, que no pierde en ningún momento la perspectiva infantil... con lo que consigue que leamos la novela con más facilidad y hasta agrado, a pesar de que lo que nos cuenta resulta cada vez más descarnado.

Brutal, por tanto, tremenda, inclemente... podríamos añadir iconoclasta, incendiaria, demoledora, desaforada... pero también divertida, felliniana, conmovedora, lúcida... adjetivos todos que definen esta novela, aunque ninguno la abarque en su totalidad. Lo que no estoy seguro es que se pueda decir que es recomendable (desde luego, no para lectores sensibles e impresionables. Mucho menos para los temerosos de Dios...); pero sí, siempre, sin lugar a dudas, imprescindible.

Hoy, 6 de Septiembre, Andrea Camilleri cumple 90 años -nada menos-; cuando se publicó este libro tenía pues, 77. No sé, por tanto, si se le puede considerar un viejecito entrañable, aunque sí un escritor excelente, insobornable y corrosivo como pocos (por más que algunos sólo quieran ver en él a un autor de entretenidas novelas policíacas). Lo menos que podemos hacer desde aquí, aparte de desearle que cumpla muchos más años, es agradecerle a u dutture Camilleri la buena cantidad de estupendos libros que nos ha ofrecido a lo largo de su vida. Y también, quizás, que sólo haya escrito uno como La captura de Macalé. 

Muchos más libros de Andrea Camilleri reseñados en Un Libro al Día: aquí mismo.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Colaboración: El cuerpo humano de Paolo Giordano

Idioma original: italiano
Título original: Il corpo humanoAño de publicación: 2012
Valoración: recomendable

El cuerpo humano llora, ríe, piensa y canta pero también suda, orina y defeca. El cuerpo humano nace y crece pero también puede ser partido en pedazos, descuartizado y fragmentado. El cuerpo humano toca otros cuerpos, penetra en ellos o es penetrado, unas veces como forma de intimar y otras como mero desahogo físico. El cuerpo humano se puede automutilar o se puede usar para golpear otros cuerpos. El cuerpo humano es carne y hueso, músculos y tendones.

Paolo Giordano tomó a dos protagonistas en su primera novela La soledad de los números primos que maltrataban su propio cuerpo al ser incapaces de superar sus heridas internas. En su segunda novela, El cuerpo humano, se cuenta la historia de un destacamento de soldados italianos en lo que eufemísticamente se llama “misión de paz” en Afganistán. Un grupo de más de un centenar de soldados en un desierto que recuerda por momentos al desierto de los tártaros de Dino Buzzatti, donde acecha un enemigo invisible pero siempre presente, un desierto que deshumaniza, que provoca hematomas en la piel, que penetra en los pulmones y hasta en las mentes de los que viven rodeados por él, un desierto que hace enloquecer, que lleva al destacamento a representar fragmentos de La chaqueta metálica, a que matar a una serpiente se convierta en el acontecimiento del día y a que la carne en mal estado provoque peleas por el turno en los retretes comunes.

Todo ello en la novela de Giordano está representado con una tangibilidad casi física. Olemos las heces de los soldados, su sudor durante el día, tiritamos con ellos durante las noches, sentimos el crujir de las cucarachas bajo las botas y el sabor repugnante de la comida envasada.

Asistimos también a lo que dejaron atrás en Italia, amantes embarazadas, madres hiperprotectoras, familias desestructuradas, y comprendemos sus huidas hacia delante en medio de ninguna parte. Y luego, entramos en sus pensamientos, en sus fantasías y en cómo se van separando progresivamente del mundo que dejaron atrás y al que no podrán volver, al igual que Beatriz Viterbo en "El Aleph" de Borges, cuando el narrador constata que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. No regresarán como héroes, no regresarán como Ulises, si es que regresan. Regresarán mutilados o víctimas del estrés postraumático a un mundo que les rechaza. Que nadie espere de El cuerpo humano una reflexión filosófica sobre la guerra, solo trozos de vidas mutiladas e n el cuerpo y en el alma por experiencias para las que nadie está preparado.

Un libro coral que confirma la maestría de Giordano después de La soledad de los números primos.

También de Paolo Giordano en ULAD: La soledad de los números primos

Firmado: Federico Escudero

viernes, 4 de septiembre de 2015

Stephen Vizinczey: Verdad y mentiras en la literatura

Idioma original: inglés
Título original: Truth and lies in literature
Año de publicación: 2001
Traducción: Pilar Giralt Gorina
Valoración: canónico

Perdonad lo excéntrico de la valoración. Pero libros como este consiguen, y bien que hacen, empequeñecer esta tarea amateur, caprichosa, sencilla y errática que es escribir en internet y sobre libros. Entonces, genuflexo (y agradecido a Álex Azkona por la recomendación) el aficionado que escribe esto que estáis leyendo piensa. Piensa cómo y de qué manera hacer justicia a un libro así, sin caer en los lugares habituales de las reseñas elogiosas, sin recurrir a las listas habituales de calificativos. ¿He escrito alguna vez boquiabierto? No, que recuerde. Pues empecemos con esa palabra. Porque esta retrospectiva de Vizinczey, escritor y crítico húngaro cuya relativa fama cabe atribuir a la novela En brazos de la mujer madura nos ofrece reseñas, artículos sobre escritores, reflexiones políticas, y, last but not least, el conjunto. Que debería ser lo que cuenta, si se trata de valorar. El conjunto es la sensación profunda que se apodera del lector sobre cómo Vizinczey acomete su función crítica. El guiño empieza en el título: Verdad - una - y mentiras - varias - en la literatura. Porque no es que esta sea una experiencia enfocada en el análisis de argumentos, sino que se extiende en todos los ámbitos alcanzables, de manera que, glups, qué complicado es declarar esto en este ámbito, quien lee queda con la sensación de que Vizinczey se impregnaba de lo que leía, absorbía y comprendía tan hasta el fondo el libro, la obra, el autor, y esa capacidad le investía de una autoridad absoluta para, luego, pertrechar esos textos que, por sí solos ya tienen valor literario, pero que tienen además ese poder de empujar a la búsqueda.
No es que Vizinczey no muestre alguna debilidad personal. Por encima de todas, su adoración por Heinrich Von Kleist, en segundo término Balzac, Stendhal, y algunas fobias no tan visibles ni en las que, con una discreción digna de elogio, se ensaña. Que yo recuerde, tilda a Kundera de inmaduro, critica el quiebro argumental de Billy Budd de Melville, y el objeto más claro de su crítica es el corporativismo de la prensa literaria de Nueva York, a la que tilda de actitudes chantajistas. Por todo lo demás, lo comentado, demostración de comprensión absoluta, de asimilación de cada obra en la que se sumerge. Capacidad de análisis brillante. Conocimiento mayestático. Descomunal cómo transmite su entusiasmo, combinando mesura, emoción, razonamiento. La cuestión, quizás, no es que uno pueda coincidir o no con lo que Vizinczey opine, sino lo estimulante que esta lectura resulta. Ya hablé de Bloom y hablé de Carrión y de Eduardo Jordà, recuerdo cada uno de esos libros como campos de minas para los pusilánimes. Cargaría con este libro, repleto de notitas marcando páginas y resaltando textos, y empezaría a encargar libros. Seguro que discreparía de muchas opiniones, seguro que diría que no es para tanto, puede que hasta llegara a conclusiones dispares o a considerar que Vizinczey se ha excedido en algún punto. Puede, incluso, que determinadas horas no sean las más adecuadas para sumirse en especulaciones sobre ciertas obras. No se trata de divertirse ni de saltar: se trata de captar el mensaje profundo que el libro desprende, la importancia de la literatura como bastión de la cultura.
Adicionalmente a las reseñas y artículos sobre literatura, el libro nos ofrece algunos ensayos de carácter más general, que entroncan en la realidad política que Vizinczey, húngaro que se exilió a EEUU en plena guerra fría, escribió sobre diversas temáticas. La Mafia, la dominación rusa, la Europa postguerra. Todos ellos, escritos de gran fuerza y valor. Más regalazos. Como si a este magnífico pastel le hiciera falta una guinda.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Roalh Dahl: Charlie y la fábrica de chocolate

Idioma original: inglés
Título original: Charlie and the Chocolate Factory
Año de publicación: 1964
Traducción:Verónica Head
Valoración: recomendable para niños y grandes

Quien se haya detenido a mirar las etiquetas de esta reseña, antes de pasar a leerla, se habrá dado cuenta de que una de las que he colocado es la de "terror". Sí, terror... ¿En una historia para niños? Bueno, no es algo tan descabellado; quien haya leído los cuentos originales recopilados y redactados por los hermanos Grimm, por ejemplo, se habrá dado cuenta de que el componente terrorífico está más que presente, para solaz de los pequeños y no digamos de sus mayores, a pesar de lo que ha hecho la industria Disney -y derivados- para edulcorar las historias. Y aun así, nunca lo han conseguido del todo... (por no hablar de productos más recientes que tratan de aprovechar la fascinación infantil por aquello que les produce sus más acedrados miedos como son las muñecas Monster High...).

Pero no, lo que me trae a la cabeza la palabra "terror" cuando pienso en la historia de Charlie y la fábrica de chocolate es, sobre todo, el miedo que me inspiraba la versión cinematográfica. No me refiero a la más reciente, dirigida por Tim Burton y protagonizada por Johnny Depp. Esa es un caramelito, créanme. La que causaba terror en mi impresionable mente infantil era la de los años 70, con Gene Wilder en el papel de Willy Wonka, que vi de pequeño en aquella tele que teníamos en blanco en negro (no sé si la película también lo es o tiene color). ¿Y por qué me causaba ese miedo? Pues quizás fueran las imágenes del niño ahogándose en el río de chocolate o aquellos inquietantes hombrecillos que trabajaban en la fábrica... no sé, pero el caso es que siempre he asociado esa película y por extensión el libro en el que está basada y el nombre de su autor, con la sensación de miedo, por no decir pavor.

También es verdad que el autor, el británico Roald Dahl, tenía fama de darle a sus relatos y novelas un toque cruel, muchas veces teñido de fina ironía que hace que sea, precisamente, muy apreciado por ello. En todo caso, ni siquiera en sus historias para niños nos ahorra la muestra de aspectos desagradables o injustos de la vida: en este libro, para empezar, el protagonista, Charlie Bucket, es un tierno infante que vive en unas condiciones terribles, casi "dickensianas", pasando hambre en una casa que se cae a pedazos junto a una familia paupérrima -aunque sorprendentemente resistente-: padre, madre y cuatro abuelitos postrados en la cama de forma permanente. Ni tele, ni videoconsola , ni siquiera un perrito al que poder darle patadas para desquitarse, de vez en cuando... y aun así, Charlie, en vez de convertirse en un delincuente en ciernes, como haría cualquiera de nosotros, es más bueno que las pesetas, un verdadero encanto, el mejor hijo y nieto que se pudiera tener...

Pese a todos los sinsabores que la vida le ha reservado, Charlie recibe un día su recompensa en forma de billete dorado que aparece en una chocolatina Wonka, y que es el pasaporte necesario para visitar la fábrica de chocolate del enigmático Willy Wonka, situada casualmente allí mismo, en su ciudad, a pocos metros de su casa, pero en la que ni él ni nadie ha entrado nunca. No es el único niño afortunado, sin embargo: otros cuatro billetes dorados acaban en manos de sendos niños, que, por constraste con nustro Charlie, parecen ser el compendio de todos los defectos que el señor Dahl veía en la infancia de su momento: avariciosos, malcriados, caprichosos, glotones, maleducados... (No me resisto a dar sus nombres, que no tienen desperdicio: Augustus Gloop, Violet Beauregarde, Veruca Salt y Mike Tevé). No es la visita a la misteriosa y maravillosa fábrica de chocolate la única recompensa, el señor Wonka también promete un premio muy especial para uno solo de ellos... aunque, quién sabe,  puede que a más de uno también le aguarden ciertos castigos acordes con sus faltas...

Y hasta aquí puedo contar, bajo pena de ser calificado como "destripador de libros" (de todas formas, sospecho que la historia es ya harto conocida). Solo decir que Dahl no ahorró imaginación a la hora de concebir las desventuras que les aguardan a los pobres (?) infantes... Vaya, parece que sí tenía cierta tendencia a la crueldad, la escritura del buen hombre...

O puede que no. La verdad es que en el fondo, el señor Dahl resulta ser un poco "primavera". Lo que intenta con este libro, por otra parte ameno y divertido, es ofrecer una fábula moralizante, para los niños, de una  ingenuidad y conservadurismo conmovedores (también es verdad que una versión alternativa, aunque más plausible, hubiese tenido más difícil su publicación): "Niños, sed buenecitos y portaos bien con vuestros mayores, o si no, recibiréis antes o después vuestro castigo... ¿No es así?". Pues no: a los buenos Charlie Buckets de este mundo les espera, en el mejor de los casos, recibir un número más o menos limitado de palos y humillaciones, tener acceso -difícil- a un trabajo precario, pagar una hipoteca incluso después de que el banco les haya embargado la casa y agachar la cabeza sin protestar demasiado o les caerá una buena multa por aplicación de alguna ley que haya sacado el gobierno de turno. Mientras que los niños maleducados, avariciosos, mandones y bordes tienen todas las papeletas para que todo les vaya de perlas y, cuando crezcan, convertirse en ministros, banqueros, estafadores de altos vuelos o directores del FMI (incluso una cosa detrás de la otra, que me han dicho que se puede...), al tiempo que les fastidian bien la vida -por no decir otra cosa- a los Charlies que se les pongan por delante. O por debajo...

¿Ven cómo sí que esta historia da mucho miedo?

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Colaboración: Fredi de Héctor Lastra

Idioma original: español
Año de publicación: 1996
Valoración: imprescindible

Fredi es un novelón, una novelaza de algo más de 460 páginas, la última que publicó su autor. Está dividida en tres secciones que la ubican temporalmente de la manera más precisa: “De marzo a noviembre de 1961”; “De julio de 1966 a julio de 1967”; “De mayo de 1973 a enero de 1974”. Tiempos interesantes en la Argentina, según la maldición china. Los de la proscripción del peronismo, dictaduras fugaces y, finalmente, de terrorismo de estado a lo bestia durante el último gobierno de Perón, el nacimiento de la gloriosa Triple A, el antecedente más inmediato de lo que posteriormente sería su continuación y culminación, la maquinaria genocida del Proceso, la última dictadura argentina.

El protagonista, Fredi, es un lumpen que permanece en prisión por fuera de las secciones temporales explicitadas en el índice. Ha cometido gravísimos crímenes pero siempre lo agarran por delitos menores. Posee una ética personal a medio camino entre la villera y la carcelaria. Una ética que traiciona a menudo, unas veces impulsado por su inagotable, canino afán de supervivencia y superación, otras por su no menos descontrolada libido.

La novela, pues, nos muestra la vida de un hijo de puta en su doble condición de víctima y victimario, una bestia suelta en la selva en pugna con otras iguales o peores que él, como abogados o prestamistas, o depredando sin piedad a sus presas. Finalmente, se le presenta la oportunidad de integrarse en la organización de la ultraderecha peronista, un pasaporte seguro para satisfacer todas sus aspiraciones. Y toma una decisión que lo define.

En un punto no del todo reseñado, Fredi es una novela mucho más maldita que su primera creación de largo aliento, La boca de la ballena. Mientras que ésta fue prohibida y premiada en forma casi simultánea, contó con varias ediciones y secuestros, y es casi obligado mencionarla y reseñar sus desventuras editoriales en cualquier artículo que trate la literatura argentina de los ‘70, de aquélla no hay casi nada, ni siquiera olvido. Quizás porque, aparte de asfixiante, es una novela incómoda, intolerable tanto para los antiperonistas como para los peronistas.

En Fredi, como en La boca de la ballena, el sufrimiento no está monopolizado por la izquierda peronista. De hecho, en ambas novelas las escenas más perturbadoras de violencia política tienen a
anarquistas y/o comunistas como víctimas, y a fuerzas policiales y parapoliciales al servicio del peronismo como verdugos. Intolerable e inaudito. En todo caso, digno de silencio.

Fredi es una novela imprescindible en la medida que es una novela necesaria. Dedo en la llaga, dedo acusador. Fruto, como La boca de la ballena, del trabajo de años. El estilo de ambos textos parecería de escritores diferentes, pero las dos cautivan por su prosa poderosa y personalísima.

Firmado: Fernando Daniel Bruno

martes, 1 de septiembre de 2015

Patrick Modiano: El lugar de la estrella

Idioma original: francés
Título original: La Place de l'Étoile
Año de publicación: 1968
Valoración: interesante

El punto de partida: esta era la última oportunidad que le daba a Modiano: después de leer En el café de la juventud perdida y La hierba de las noches había llegado a dos conclusiones: los que dicen que Modiano siempre escribe la misma novela tienen razón; y además esa única novela de Modiano no me interesa un carajo. Cafés bohemios, mujeres misteriosas, un mundillo del hampa de lo más inofensivo, un París de tarjeta postal... No, gracias. Así que El lugar de la estrella, o mejor dicho, la Trilogía de la ocupación (que también incluye La ronda nocturna y Los paseos de circunvalación), iba a ser su última oportunidad. Si esta novela era igual que las otras, Modiano y yo habíamos terminado para siempre (como Vila-Matas y yo, por ejemplo).

Para situarnos: El lugar de la estrella es la primera novela de Modiano, publicada originalmente en 1968, cuando el autor tenía 23 años. El título es un juego de palabras entre la "Place de l'Étoile" (la plaza donde se sitúa el Arco de Triunfo) y la place de l'étoile, literalmente "el lugar de la estrella", o sea, el lugar donde los judíos debían colocarse la estrella amarilla que los identificase durante el nazismo y la ocupación de Francia. La novela fue muy bien acogida, obtuvo varios premios y el apoyo de Queneau, pero también el rechazo del padre del propio Modiano.

Primera impresión: esta novela no es como las otras novelas de Modiano que había leído: es mucho más oscura, mucho más incómoda, mucho menos autocomplaciente. Punto positivo para él.

El argumento: Raphael Schlemilovitch es un judío antisemita que vive en la Francia posterior a la Segunda Guerra Mundial, y que transita (o se imagina que transita) por diversos ambientes históricos o imaginarios de la Francia ocupada y de la posguerra. Así, se transforma en informante de la Gestapo, en el "judío oficial del Tercer Reich", en tratante de blancas, en emigrante judío a Israel, en paciente de Sigmund Freud...

Novela postraumática: El lugar de la estrella es la expresión (así lo interpreto yo) de traumas individuales y colectivos. El personaje de Schlemilovitch tiene algo del padre del propio Modiano: judío sefardita, escapó de la deportación y se dedicó después a negociar en el mercado negro, llegando a tener tratos con la Carlingue (la Gestapo francesa). Pero también tiene algo de Maurice Sachs, un escritor judío colaboracionista (a pesar de lo cual murió deportado a un campo de concentración) que aparece como personaje en la novela. Así, la vida familiar de Modiano se combina con la vida colectiva de Francia, que todavía no ha terminado de purgar las culpas por su actuación durante la Segunda Guerra Mundial, la pasividad o el colaboracionismo de una parte de su población y su antisemitismo visible desde el famoso "caso Dreyfus" (que también es una constante en la novela).

Lectura incómoda: No es esta una lectura fácil, por dos motivos, uno de técnica y otro de contenido. En cuanto a la técnica, Modiano rechaza la narración lineal, y crea un mundo narrativo en el que los saltos en el tiempo y en el espacio son constantes, y en el que la realidad y la imaginación se mezclan como en los sueños. Cuesta cogerle el hilo al texto, e incluso cuando se coge el hilo hay que seguirlo con esa lógica onírica que hace pensar, por ejemplo, en El maestro y Margarita de Bulgákov. Además, la profusión de referencias culturales y literarias francesas que hoy nos resultan desconocidas (la de Maurice Sachs, por poner un ejemplo) aleja también el texto del lector actual no francés -y sospecho que también del francés medio, que no estará tan enterado de la vida intelectual y literaria de su país a mediados del siglo pasado-.

Lectura incómoda 2: Pero El lugar de la estrella también es incómodo por su contenido: el protagonista es un judío antisemita, un antihéroe capaz de seducir mujeres inocentes y entregarlas para la trata de blancas, egoísta, mentiroso, traidor. Es, por decirlo así, la encarnación de todos los tópicos antisemitas sobre los judíos. Aunque el texto tenga un obvio objetivo hiperbólico y paródico, aun así nos removemos incómodos en la silla al ver cómo se "juega" con el nazismo, el Holocausto, el antisemitismo, la fundación del estado de Israel... El propio autor lo debió de ver así porque, según he leído, en ediciones sucesivas de la obra eliminó algunos párrafos que consideró excesivos, por ejemplo uno en que se afirmaba que "los judíos no tienen el monopolio del martirio".

Conclusión: ¿Le daré por lo tanto más oportunidades a Modiano, o hasta aquí hemos llegado, esto es todo, amigos, sayonara, baby? Pues sí, creo que se las daré. No diré que El lugar de la estrella me haya encantado porque, como digo, es una lectura incómoda por motivos diversos. Pero sí me ha parecido una novela atrevida, original, densa, compleja, que plantea cuestiones duras en una sociedad demasiado complaciente consigo misma. Quizás no me haya convencido todavía de que Modiano se mereciera el premio Nobel, pero sí se ha ganado más oportunidades.

También en ULAD de Patrick Modiano: Tres desconocidas, La hierba de las noches, En el café de la juventud perdida, Ropero de la infancia, Catherine