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martes, 10 de febrero de 2026

Michel Nieva: Ciencia ficción capitalista

Idioma: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable (sobre todo para interesados)

Pequeño ensayo, de éstos a los que nos tiene bien acostumbrados Anagrama en los últimos años, del escritor y profesor argentino Michel Nieva (autor de las descacharrante La infancia del mundo pero asimismo de otros libros que ahondan en una visión latinoamericana o al menos argentina de la Ciencia ficción: los también ensayos de Tecnología y barbarie y Ficciones gauchopunks, que con ese título no creo que tarde mucho en leer). En el caso de Ciencia Ficción capitalista trata un tema que podría considerarse, en cierto modo, el reverso del resto de sus libros y cuya clave nos la da el subtítulo de este librito: Cómo los multimillonarios nos salvarán del fin del mundo. Huelga decir que es un subtítulo con vocación irónica... aunque quizá no del todo, como veremos.

El género literario de la Ciencia ficción ha sido considerado tradicionalmente, al menos por la "alta cultura", como un divertimento, un género menor que. más allá de la infancia y la adolescencia, sólo interesaba a los frikis, una excentricidad inofensiva. Sin embargo, como señala Nieva en su ensayito, las fabulaciones más o menos utópicas de los libros de Ci-Fi han servido no sólo de inspiración , sino de guía para muchos inventores, científicos y aun dirigentes políticos desde el siglo XIX -imposible, claro, dejar de mencionar a Verne o a Wells-; ahora, en cambio, quienes han tomado buena nota de las fantasías -o predicciones- de este tipo de libros y anuncian su intención de llevarlas a cabo son los magnates de la economía digital, los Musk, Zuckerberg, Thiel y compañía (lo mejor de cada casa, vaya). Los susodichos han adoptado como suyas las elucubraciones o incluso vaticinios de autores como AsimovClarkeHeinlein o Neal Stephenson, particularmente las que se refieren a dos asuntos: la prolongación de la vida humana -en particular, SU vida humana-, aspirando incluso a la inmortalidad, y la colonización del espacio exterior, empezando, claro está por la luna y Marte (por lo que sea, al que no leen estos tipos es a Philip K. Dick y su Desafío total). Como es evidente para cualquiera, más allá de los sueños fantásticos e incluso entrañables de los perennes lectores de Ciencia ficción que dicen ser, el objetivo de estos mangan... magnates es expandir el sistema capitalista más allá de lo límites terrestres y perpetuar la explotación y contaminación del medio ambiente a través del Universo, que no en vano es ilimitado. O dicho en palabras de Michel Nieva, que siempre serán más acertadas que las mías: 

"(...)Una especulación sin límite que posibilita el tesoro imaginativo de la ciencia ficción capitalista. Porque cuando se afirma que la ciencia ficción pertenece al ámbito "especulaticvo", es esa capacidad de especulación la que las corporaciones traducen al mundo financiero. Y si los primeros autores del género reivindicaban una literatura que se fundiera con la ingeniería y la siderurgia, la ciencia ficción capitalista también vehiculiza la especulación de la literatura a la economía y las finanzas."

Por otra parte, el autor de este ensayo, latinoamericano él, después de todo, no puede dejar de prever la futura colonización del espacio con lo que supuso la colonización europea de América, su explotación a todos los niveles y los desastres humanitarios y ecológicos que ha conllevado y aún conlleva. 

¿Hay alternativa a este futuro que nos aguarda, de manos de los millonarios tecnológicos de California? Nieva propone, por una parte, la adopción de una cosmovisión más integradora del planeta en el que vivimos y, por extensión, de los posibles mundos en los que puede llegar a vivir la Humanidad, a la manera de la que poseen, precisamente, los cada vez más escasos pueblos indígenas de América. Por otra parte, la alternativa a esa Ciencia ficción capitalista -o la visión capitalista de la Ci-Fi, si se prefiere-, es otra basada en ideologías diferentes, que la hegemonía actual del capitalismo neoliberal nos han hecho casi olvidar, pero que ahí aún están presentes: la utopía espacial socialista de Estrella roja, de Alexander Bogdánov o la especulación -certeza, en su caso- de los alienígenas como miembros de sociedades inevitablemente comunistas, por ser más avanzadas, según la concepción marxista que seguía el trotskista argentino J. Posadas, fundador de la Cuarta Internacional Posadista. 

Aunque quizás la solución no sea tan complicada, al menos por lo que respecta al ámbito literario, como demuestra el propio Nieva en un cuento -o la sinopsis de un cuento- que nos ofrece al final del librito, con un Elon Musk que ha llegado a los 500 años y ha colonizado Marte, pero sigue siendo igual de... (aquí, que cada cual ponga el calificativo que considere más adecuado).

Nota final: Esta semana, casualmente, el amigo Musk ha publicado en su red social un tweet (en respuesta a otro de Perro Sanxe, que también manda c***s) en el que explica que su empresa SpaceX va a concentrarse, antes de ir a Marte, en establecer una ciudad en la Luna, en el plazo de diez años... A ver si hay suerte y él mismo es su primer habitante...

También de este autor en Un Libro Al Día: La infancia del mundo

lunes, 28 de abril de 2025

Olga Ravn: Los empleados

Idioma original: danés

Título original: De ansatte

Año de publicación: 2018

Traducción: Victoria Alonso

Valoración: para mí, recomendable

Si digo que esta novela supone una deconstrucción posmoderna de la ciencia-ficción cultivada por Stanislaw Lem y Philip K. Dick, más de uno y una entre quienes nos leen se mosquearán por: 

  1. Considerarme un pedantuelo gafapástico con ganas de dar la nota.
  2. Considerarme un hereje provocador con ganas de dar la nota.
  3. Considerarme un gilipuertas, sin más. Con ganas de dar la nota, eso sí...
Y probablemente todas las opciones sean ciertas. Pero es que, además, estaría mintiendo o, cuando menos, siendo bastante inexacto porque:
  1. No hay ninguna deconstrucción, sino que nos encontramos ante una narración fragmentada en múltiples testimonios emitidos por un número igualmente indeterminado de declarantes y que, en principio, pueden dar una apariencia caótica, pero que  en verdad nos van guiando de manera firme por toda la narración, hasta su desenlace.
  2. Cierto que es una novela de Ciencia-Ficción "blanda" que deriva por momentos hacia una metafísica algo difusa, expresando los personajes -es decir, los declarantes o testigos a los que me he referido- sus dudas sobre su identidad, la fiabilidad de sus recuerdos  o la finalidad de su misión. Si esto no os recuerda a la narrativa de Lem y de Dick, indiscutibles -y fundamentales- autores de Ciencia-Ficción, ya me diréis...
  3. Por otra parte, tanto Philip K. Dick como Stanislaw Lem ya resultan suficientemente posmodernos-; de hecho, no se puede serlo más-, aunque sus nombres no se encuentren en los tratados de literatura "seria". Así que hacer una deconstrucción, construcción o doble tirabuzón de sus obras sería redundante.
Resumen resumido: la nave seis mil, procedente de la Tierra, se encuentra cerca del ¿planeta? llamado Reciente Descubrimiento, con el propósito de recoger posibles hallazgos -objetos- y trasladarlos a la nave. Tales objetos, de imprecisa naturaleza -no queda claro si se trata de seres vivos o no, o siquiera si se pueden definir de esta forma- se custodian en salas que bien se podrían considerar museísticas -algunos de estos objetos se dirían más instalaciones de arte contemporáneo que entes extraterrestres- y ejercen una difusa pero innegable influencia sobre los tripulantes de la nave que entran ellas. Tripulantes o, mejor aún, empleados, entre los que se encuentran tanto humanos como otros de apariencia humana, fabricados ya adultos y dotados de un software que incluye falsos recuerdos (¿a alguien le suena esta idea?); tanto unos como otros van prestando sus testimonios a un comité encargado por la empresa u organismo que les ha enviado allí -Homebase- de investigar y/o registrar lo que acontece en la nave. O tal vez se trate de un procedimiento estándar de Recursos Humanos - es decir, humanos y con apariencia humana-, que cosas más raras se han visto, incluso en nuestra prosaica realidad; en todo caso, son estos testimonios los que componen la novela, a modo de pequeños "capítulos" (lo entrecomillo porque tampoco es que se trate de eso, exactamente, ya digo que con una apariencia más desordenada de lo que lo están, en realidad,

Es cierto que esta premisa lo mismo valdría para una novela de Ci-Fi más especulativa u otra con un tono humorístico, de terror, ciberpunk o lo que sea... Pero lo que hace Olga Ravn es, en primer lugar, dotarla de un tono sutilmente poético, en el que cobran gran importancia las impresiones sensoriales, tanto las inmediatas, parece que estimuladas por los objetos, como aquéllas que han quedado impresas en la memoria de los empleados. En segundo término, más que en las peripecias espaciales de los tripulantes de la nave seis mil la novela se centra en las relaciones entre ellos y, sobre todo, en la asunción o alienación de su humanidad por unos y otros; los humanos parecen cada vez sentir menos su condición, mientras que sus compañeros de apariencia humana van tomando conciencia de serlo...  

El resultado es una novela un tanto inasible -sobre todo al principio-, recorrida por un aliento poético, sin que éste llegue a estomagar o a condicionar en exceso la lectura. pero sí que deja un poso en la misma, un aire entre existencialista y onírico que puede resultar del gusto de muchos lectores 7as, aunque también espantar a otros. de ahí la valoración que he puesto  en esta reseña; no se trata de que , en mi opinión, esta novela sea recomendable (obviamente, siempre es según mi opinión), sino que me parece recomendable para gente que tenga un gusto y un interés no digo similares a los míos, pero sí en sintonía con ellos y, sobre todo, en sintonía con lo que nos propone Olga Ravn. A quien así le ocurra, la novela no le decepcionará.

jueves, 6 de febrero de 2025

Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Jared Roberts es uno de mis escritores de creepypastas favoritos. Su prosa no es la más cuidada, ni sus personajes los más complejos. Pero su obra, publicada originalmente en su mayoría en el foro nosleep de Reddit, es creativa y personal (pues mezcla elementos weird con terror y ciencia ficción), además de desconcertante y desasosegante de un modo único e inimitable. Ah, y tiene algunos planteamientos, ideas y giros extremadamente alocados. 

Así que, cuando supe que Roberts había publicado The Machine Stories, la compré sin pensarlo un segundo. Quería apoyar a tan talentoso autor, e incluso estaba dispuesto a hacerlo a pesar de que su antología la imprimiera y distribuyera Amazon, adoleciera de una cubierta horrenda hecha con IA y compilara algunos relatos que yo ya conocía, pues los había escuchado locutados en YouTube.

¡Y cuánto me alegro de haber adquirido The Machine Stories! Al fin y al cabo, es un festín para los incondicionales de Roberts; también es una toma de contacto inmejorable para todo aquel que quiera adentrarse en su universo surreal y enigmático, o una buena adquisición para los amantes de la literatura extraña que no le teman a la complejidad y la ambigüedad. 

Los doce textos compilados en The Machine Stories tienen una calidad bastante homogénea. El único que no me ha gustado, pues me ha parecido muy pobre en su simpleza y linealidad, ha sido "More Channels". "Push the Blue Botton", por su parte, tiene un planteamiento interesante, pero no lo desarrolla de forma convincente y recuerda vagamente a una parte de La ciudad de Mario Levrero mucho más lograda. "The Arkansas Sleep Experiments", la interpretación de Roberts de uno de los subgéneros fundacionales de los creepypastas, resulta efectivo, pero se queda corto en impronta autoral e intensidad argumental cuando lo comparamos con otras obras del escritor.

De los demás textos, insisto en que todos ellos muy dignos, destacaría si acaso, por su absoluta genialidad, la novela corta "The Hidden Webpage", por su protagonista, "The Trees Are Not What They Seem" y, por su atractivo formato (se concibió para ser narrado en un podcast) y sus giros, "Sunburn".

Los textos de The Machine Stories parten de la misma premisa: personas corrientes con vidas anodinas se ven súbitamente envueltas en una serie de eventos bizarros. En ellos hay también una serie de elementos recurrentes: memorias de las que no te puedes fiar o directamente alteradas, angustia existencial y universos paralelos. Además, todos desdibujan la realidad con tanto éxito (o quizá es que la percepción de los protagonistas es errónea) que, al terminarlos, resulta imposible saber qué ha sucedido realmente. 

Teniendo este contenido y estética unificadores en cuenta, uno podría pensar que, leídos de corrido, los textos de The Machine Stories se antojarían reiterativos. Sin embargo, la inagotable inventiva de su autor convierte a cada uno de ellos en una experiencia distinta.

Dejad que os hable un poco de mis favoritos: 

"The Hidden Webpage" inaugura el volumen. Es, sin duda, un clásico de los creepypastas. Uno extremadamente original, capaz de apilar detalles extraños (aparentemente interconectados pero cuya lógica interna somos incapaces de establecer) con suma facilidad, erigir una atmósfera muy lograda e incrementar la tensión paulatinamente. Uno que se apropia de una imagen tan ridícula como lo son dos hombres disfrazados de abeja y hace que ésta te provoque un escalofrío. 

"The Trees Are Not What They Seem" es creativo, intenso y atmosférico. Ciertamente, resulta menos original que "The Hidden Webpage", y su manera de amontonar detalles extraños sin dar tregua al lector o a los personajes no fluye tan orgánicamente como en esa genialidad inspirada. Aun así, me parece un relato muy recomendable, y tiene la particularidad de que su protagonista es más proactivo y tiene una personalidad más marcada de lo habitual en la obra de Roberts.

"Sunburn" cierra la antología. Y lo hace por todo lo alto, con una historia redactada a modo de guion que sabe llevar su premisa hasta límites insospechados. Roberts en estado puro, señores.

Ahora permitid que liste algunos pasajes del libro:

«If you've been on the internet long enough you learn that. There's evil out there. Not the child porn or torture videos. Something deeper. Something hidden in all the code and connections.» ("The Hidden Webpage", página 10)

«When something dies, (...) there’s just this emptiness there. I think sometimes that emptiness can get filled with something else. Maybe that might look to us like a ghost. It’s nothing we should have anything to do with.» ("An Old-Fashioned Ghost Story?", página 128)

«(...) natural selection has nothing to do with with truth and everything to do with survival. It’s as reasonable to think we survive by being constantly deceived as to belive we survive by knowing reality as it is. Maybe we were naturally selected to detect the world all wrong.» ("We Built a Machine that Told Us Everything We Wanted", página 137)

Poco más que añadir. The Machine Stories no gustará a todo el mundo. Al fin y al cabo, los textos que compila son, al igual que la mayoría de Roberts, sumamente desconcertantes (incluso diría que herméticos), y suelen cerrarse con finales abiertos que pueden frustrar a cierto tipo de lectores. 

Aun así, esta antología autopublicada hará las delicias a los amantes de la literatura de lo extraño. Porque Roberts es uno de sus mejores cultivadores, y no sabéis lo afortunados que somos de que mucha de su obra se pueda leer o escuchar en internet de manera totalmente gratuita. Ojalá saque otro libro pronto para poder seguir apoyando su carrera; evidentemente, lo compraré sin pensarlo dos veces, aunque me gustaría que en esta ocasión el autor cuidara la edición (¡si hace falta hago yo la ilustración de cubierta!), no se decantara tanto por los elementos de ciencia ficción e incluyera más textos inéditos.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Hola, Jared! ¿Cómo estás? Soy un gran admirador de tu obra y me hace mucha ilusión poder entrevistarte. En primer lugar querría preguntarte cómo te definirías en tanto que autor. ¿A qué género te adscribes y a qué público quieres llegar?

J.R.: Definir mi obra me provoca ansiedad, pues al hacerlo corro el riesgo de gafarla. Como cuando notas que las cosas están yendo bien y luego dejan de hacerlo. O cuando descubres que eres un escritor de terror e inmediatamente no puedes escribir nada que dé miedo. Así que intento no darle muchas vueltas. 

Escribo situaciones que nacen de sentimientos, fantasías y percepeciones de experiencias propias. Quiero captar sentimientos para que podamos hablar sobre ellos. Creo que a todos nos interesa la vida interior, especialmente la oscura. Supongo que el éxito de A24 prueba que mi público no es tan de nicho como en un inicio llegué a pensar. La gente busca complejidad, honestidad y sombras.

ULAD: ¿Qué obras te inspiran? 

J.R.: Miro muchas películas. Sobre todo de terror. Y dramas lentos y sombríos, como Paterson y Manchester by the Sea. También me gusta la TV. Twin Peaks. Y esa serie de los 90 llamada Millennium.

En cuanto a literatura. Thomas Bernhard supuso una revelación la primera vez que lo leí. También me gusta mucho John Updike. Y esa novela extraña titulada A Voyage to Arcturus es una gran influencia.

El misticismo católico también me inspira. Estuve a punto de convertirme en un monje benedictino. Cuando tenía 18, leí a Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Juan de la Cruz, Pseudo-Dionysus, Augustine, Evagrius Ponticus, Ángela de Foligno, etc... Ahora soy ateo, pero católico al mismo tiempo.

ULAD: ¿Cuál es tu trayectoria como escritor?

J.R.: No tengo mucho bagaje como escritor. Estudié filosofía. Dirijo una PMO (Oficina de Gestión de Proyectos). Escribo porque lo necesito, porque es una pasión, un propósito.

ULAD: ¿Qué ha supuesto autopublicar The Machine Stories, tu primer libro? ¿Tienes algún otro proyecto en mente, literario o de otra índole?

J.R.: No me ha gustado publicar The Machine Stories. Supuso una capitulación, porque nunca quise autopublicar. Sin embargo, suspendieron mi cuenta de Reddit por un tiempo (ya la he recuperado) y pensé que debía preservar de alguna manera las historias que subí ahí por si acaso. 

Estoy trabjando en múltiples proyectos. Es uno de mis defectos. Estoy enfangado con tres guiones. Uno de ellos, sobre "The Hidden Webpage". Un talent manager de Hollywood me lo pidió hace ocho años, pero la cagué. Por entonces no estaba preparado. También estoy escribiendo una novela, que ya tengo a medias. Y otra antología. ¡Eres el primero en saberlo, sin contar a mi mujer! Asimismo, querría montar un podcast con las últimas historias que he escrito. Y tengo listo un ensayo monstruoso basado la historia y cultura de una de mis pasiones, los estudios de internet.

ULAD: He visto que, entre tus referentes, citas a Robert Aickman, John Carpenter y David Lynch. ¿Puede que, en tu literatura, también haya algo de Philip K. Dick, y de escritores de terror contemporáneo (ya sea de otros cultivadores de nosleep y creepypastas o de autores como Thomas Ligotti o Michael Wehunt)?

J.R.: Realmente sólo he leído una novela de Philip K. Dick, Valis. Fue hace años, y me gustó mucho. En esa novela, Dick retrata eventos e ideas cósmicos al hacer que afecten la vida de un tipo corriente. Eso me impresionó sobremanera, aunque no lo consideraría una influencia. Pero corrígeme si me equivoco, ¡no dejes que me autoengañe! 

Sobre los otros autores. No he leído a Thomas Ligotti, y no conocía a Michael Wehunt. ¿Te suena el concepto alemán del zeitgeist? Quizá nuestras similitudes se deban a ello. Distintas personas llegarán a los mismos sentimientos e ideas, y acabarán reflejándolos en obras similares, pues la época y el contexto geográfico lo propician.

ULAD: Tus ficciones dejan entrever una visión del mundo y del hombre muy específicas. Hablan de universos incognoscibles y hostiles, llenos de eventos y conexiones que tus protagonistas apenas pueden asimilar o comprender, en los que gobiernan fuerzas aterradoramente poderosas. ¿Esta aproximación existencial es meramente literaria o, al igual que la de H. P. Lovecraft se nutría del materialismo y miedo a lo desconocido del autor, la tuya tiene raíces en creencias personales?

J.R.: Bueno, en la mayoría de mis historias abordo la memoria. A grandes rasgos, la memoria construye nuestro mundo. Si recuerdas a tus padres como abusivos, incluso si no lo eran, esto tendrá consecuencias en tu vida. Yo mismo he tenido memorias de cosas raras que otra gente niega que hayan sucedido. No sé. Todo esto se coló en mis historias. Algunas están más interesadas en plasmar la extrañeza y la liminalidad. Nada de lo que he escrito es puramente litetario.

ULAD: Ya que he mencionado a Lovecraft, me gustaría saber si te sientes influenciado por él de algún modo. Superficialmente, creo que vuestra obra no tiene nada que ver la una con la otra. Sin embargo, al menos en mi opinión, compartís temas y recursos narrativos. Uno de dichos temas sería la representación de un universo hostil hacia el ser humano repleto de fuerzas que escapan a nuestra comprensión. Y un recurso narrativo, el usar protagonistas con poca personalidad y proactividad para acentuar su universalidad e indefensión.

J.R.: Hmm, bueno, ciertamente disfruto sus historias. Me gusta bastante, por ejemplo, Dreams in the Witch House, donde los ángulos de la habitación no tienen sentido matemáticamente. ¿Qué es más inherente al orden del universo que las matemáticas? El protagonista atraviesa un mal ángulo o algo así, y luego se concatenan una serie de imágenes delirantes que te obligan a forcejear para darles sentido. Así que supongo que Lovecraft me influye en cierto modo. 

Me gusta cómo rompe las reglas. No le importa la narrativa convencional. Exploraba, ante todo, sus sentimientos. Antes de él, la gente ya sentía el horror cósmico. Más inmigrantes de lo habitual llegaban a ciudades históricamente insulares. Einstein nos descubría cosas nuevas sobre el universo. El universo devino enorme y complicado y abrumador. Las historias de Lovecraft transmutan los sentimientos de su mundo provinciano y de sus intereses siendo opacados por la inmensidad del universo. 

A pesar de que mucha gente a día de hoy la disfruta superficialmente, su obra nos permitió crear un vocabulario para un sentimiento concreto, el del horror cósmico. Y estoy seguro de que muchos de sus lectores identificarán sus propios sentimientos gracias a su obra. Esto es lo que pretendo lograr yo. Querría enriquecer el entendimiento de nuestra vida interior al imbuirlo en mis historias.

Y es cierto que mis protagonistas son poco proactivos (exceptuando el de "The Trees Are Not What They Seem", que tiene mucha personalidad). Quizá esto es algo en lo que emulo a Lovecraft. 

ULAD: He notado que muchas de tus historias están contextualizadas por una mitología propia y comparten elementos, aunque de una manera tan críptica que al lector le cuesta hacerse una visión panorámica nítida. ¿Tienes muy trabajado ese universo englobador, o te limitas a interconectar superficialmente tus ficciones?

J.R.: En la mayoría de casos, establezco esas conexiones según me parece. A veces tengo una noción más clara de cómo conectan las cosas, como en "The Trees Are Not What They Seem". Pero, al contrario que J. R. R. Tolkien, no dibujo mapas ni establezco genealogías antes de empezar a escribir. ¡Eso me volvería loco!

ULAD: Se puede extraer una lectura simbólica a tus textos. A "The Hidden Webpage", por ejemplo, el cómo internet puede absorver nuestra vida por completo; a "Remember that David Lynch movie, Dune? About that", "How to Lose Friends and Terrify People" o "Three Visits to a Hidden Tribe", el cómo familiares o amigos devienen irreconocibles. ¿Sueles tener en cuenta un núcleo temático alrededor del cual desarrollar tus historias?

J.R.: Yo forcejeo más bien con impresiones y sentimientos, que supongo que son similares a un tema. Pero señalar ese tema, o mejor dicho, buscar la palabra que lo defina, es trabajo de los críticos literarios. A ellos se les da bien. 

Mis temas provienen de la sección de mi paisaje interior que en ese momento quiera explorar. Me gusta pensar que otras personas tienen pensamientos y sentimientos similares a los míos, porque si no, todo es en vano. Todos tenemos pensamos y sentimos cosas que no sabemos cómo definir o expresar. 

O sea, ¿sabes lo que es el ASMR? Yo sentí eso toda mi vida, pero hasta que se popularizó en YouTube no fui capaz de ponerle un nombre. Durante dos décadas estuve intentando transmitir a otros ese cosquilleo placentero sin éxito alguno.

ULAD: Me ha parecido que tu antología The Machine Stories, aunque adscrita como la mayoría de tu obra dentro del género de terror, se decanta bastante hacia la ciencia ficción. En ella no hay solamente otras dimensiones y entidades cósmicas, sino que también tecnología futuristas y experimentos imposibles. ¿Fue el toque de ciencia ficción un criterio a la hora de seleccionar varios de los relatos que la compondrían? ¿Cómo decidiste qué historias la conformarían y en qué orden las situarías?

J.R.: No me gusta recurrir a lo sobrenatural en mis historias, quizá porque no creo en ello. Pero sí que creo que el mundo natural es inmensamente más complejo de lo que suponemos, y que el poder de la tecnología será cada vez más aterrador. Así que la tecnología misteriosa sustituye a demonios y fantasmas para mí. The Machine Stories agrupa historias con máquinas que distorsionan la realidad, nunca para bien. A veces de forma maliciosa, y otras no tanto, aunque siempre como las entidades amorales del Gran Colisionador de Hadrones de Lovecraft.

ULAD: Hay personas a las que tu literatura no les atrae. La consideran demasiado hermética. Tampoco les gusta que les obligue a estar atentos a múltiples pistas y detalles, ni que tenga finales abiertos y ambiguos. ¿Por qué decidiste abanderar este tipo de ficción? ¿Cómo la reivindicarías ante gente reticente?

J.R.: ¡Hermética! Me encanta esta palabra. 

A ver, ninguna obra de arte gustará a todo el mundo. Scorsese odia el cine de Marvel. A mí me encanta Deadpool y en cambio jamás miraré The Irishman. Mi película favorita del año pasado fue Hundreds of Beavers, pero poca gente se tragará  una comedia de dos horas grabada como una película muda.

Por mucho que disfruto las historias bien atadas y con un desenlace definido, no me siento cómodo escribiéndolas, porque al hacerlo siento como si estuviera jugando con figuras de acción. Movamos este juguete de plástico aquí y este otro allá y hagamos que peleen y fin. Cuando yo escribo historias misteriosas y ambiguas, me siento confiado en lo que hago. Estoy hablando de la realidad en toda su escurridiza gloria. No de plástico. Aunque entiendo que, a veces, demasiada vaguedad puede ser frustrante y pretenciosa. Yo mismo fui incapaz de terminar Skinamarink.


También de Jared Roberts en ULAD: Aquí

domingo, 11 de agosto de 2024

Benjamín Labatut: La piedra de la locura

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: recomendable

Pues menudo reseñador estoy hecho: tan de espaldas a las novedades que debo enterarme con varios meses de retraso (en la era de Internet: una eternidad y media) del revuelo que hay con este escritor chileno. Primera referencia suya, la reseña de Koldo de MANIAC, que se me pasa algo por alto en medio de tanta vorágine y hace muy poco la de Un verdor terrible, y, en el colmo de la originalidad oportunista, aprovecho el relajamiento del verano para zamparme, en apenas un par de semanas, sus tres referencias para Anagrama que parecen constituir el corpus de este joven escritor chileno con apariencia de estrella del rock. 

De hecho mi desvergüenza ya es absoluta, pero, público que nos lee, 42 grados son demasiados para vencer la pereza y desisto de publicar comentarios endogámicos en las acertadas reseñas de Koldo y me limito a suscribir el colofón de una de ellas: esperamos a Labatut en otro registro una vez ha demostrado su solvencia en este curioso género que (¿por dónde anda Jean Echenoz?) cuenta con algún precedente quizás no tan directo pero cuesta definir: ¿ficción no ficcional divulgativa con alguna pretensión polémica? (en adelante FNFDCAPP). En todo caso, otro de esos escritores que, a pesar de algún pequeño truco algo tramposo, hay que leer, pues Labatut se las apaña no sólo para ser contemporáneo en su estilo, en su desparpajo, sino que también rezuma referencias clásicas no solo en el ámbito científico sino también en el literario. De hecho, la primera mención en este breve La piedra de la locura es Lovecraft y esto ya muestra un poco el motivo de que estos dos artículos no encontraran acomodo en sus otros libros. 

El ámbito científico es diferente y aquí no estamos metidos ni en física ni en matemática e incluso el tono es más comedido: Labatut no emplea el gatillo que tanto fascina en sus obras. No hay especulación vivencial y sí testimonio directo que abarca - aparte de la mención a otro grande como Philip K. Dick - desde la revuelta de Chile de hace unos años hasta cuestiones más prosaicas que, curiosamente, apuntan en dirección oblicua a sus otras obras y confirman cierta sensación - agradable, por supuesto - de contextualización, de obra en progreso. A seguir exhaustivamente.

Todos los libros de Benjamín Labatut reseñados en ULAD: aquí


martes, 9 de enero de 2024

Harlan Ellison: Visiones peligrosas (I, II y III)

Idioma original: inglés
Título original: Dangerous visions
Traducción: Domingo Santos y Francisco Blanco
Año de publicación: 1967
Valoración: Recomendable para fans

Uno piensa que la vida es como un bote a la deriva; en ocasiones, ligeros vientos nos arrastran a gran velocidad, como con empeño en llegar lo antes posible a algún destino ignoto, y en otras, sin embargo, nos dejamos llevar por el flujo de la corriente; me pregunto qué extrañas corrientes han llevado mi vida hasta el momento en que me hallo leyendo un relato sobre un Bosco postmoderno con pene prensil, hijo de una ninfómana obesa y ludópata y nieto de un Unabomber helénico y centenario, narrado al estilo de Finnegans Wake durante 70 páginas– todo ello cortesía del bueno de Philip José Farmer -. Por cierto, un saludo a la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie, que nos ha estado nutriendo de tarjetas de felicitación navideña durante tantos años; no sé porqué me he acordado ahora de ellos.

Debo aclararme: la reseña de hoy versa sobre Visiones peligrosas, una antología de relatos originales (esto es importante) de más de una treintena de popes de la ciencia ficción de los años 60, y claro, la época... la New Wave, el verano del 67, los hippies, las drogas... todo ella lleva a un resultado irregular. Pero oigan, al menos Philip K. Dick reconoció que usó drogas para la confección de su relato: más honesto que otros que hicieron mutis por el foro, pero que qué quieren que les diga, hay argumentos - como el anterior citado, o el toreo con coches - que parecen  haber sido pergeñados con cierta ayuda lisérgica.

Bien, lo cierto es que es una obra encomiable: nada menos que la flor y nata de la época, así como viejas glorias supervivientes de la generación anterior, creando nuevos relatos y  nunca publicados, expresamente recopilados para la ocasión y contando además con total libertad creativa. ¿Qué podía salir mal? Pues que es inevitablemente irregular.

Es, como digo, inevitable darse cuenta de quién se lo ha tomado más en serio, quién ha recuperado un texto de algún cajón y quién se ha desmelenado completamente rozando la boutade. Los textos van desde las cinco páginas (¿en serio, Damon Knight?) hasta las setenta y pico, con un nivel muy variable: desde grandísimos relatos como un ¿y si? del bloque soviético ganando la guerra fría, pasando por la entonces controversia de la pena de muerte y la donación de órganos, hasta alguna historia totalmente descafeinada como la del propio Harlan Ellison - para nada a la altura de sus compañeros - o algún breve cuento de hadas leído ya mil veces e integrado en el subconsciente colectivo de la humanidad.

Aquellos fans del género encontrarán muy interesante (o al menos ese fue mi caso) leer la obra de escritores más o menos principiantes en aquel entonces que pronto brillarían con luz propia en el firmamento de la ciencia ficción: un jovencísimo Larry Niven anterior a Mundoanillo, por ejemplo. Además, nos da la oportunidad de leer a autores más que interesantes a cuya obra es hoy día difícil de acceder; estoy pensando en Roger Zelazny o Theodore Sturgeon.

Otro plus que tiene es que cada relato, además de una desenfadada introducción de Harlan Ellison, tiene al final unos pocos párrafos de cada escritor explicando su visión de lo narrado, o sobre cómo ve él o ella el futuro (ahora ya pasado) de la ciencia ficción escrita. Esto punto lo encuentro francamente interesante, demasiadas veces me ha pasado que me quedado descolocado al acabar una lectura del género sin saber exactamente qué pretendía trasladarnos el escritor.

Cada uno de los volúmenes cuenta también con un prólogo general por parte de Ellison, el primero de ellos cuenta además con uno de Asimov, que quiso colaborar así en lugar de escribir un relato: es también francamente divertido cómo le llama enano insolente a Ellison y este le responde llamándole viejo decrépito. Ah, la ciencia ficción y su buena gente...

En fin, si son de magín inquieto no puedo menos que recomendarle esta antología; de carácter variable, el volumen de buenas historias es el suficiente como para que valga la pena leerlo, y en cuanto a las malas, son demasiado breves como para que importe.

Un libro ya legendario en el pequeño orbe de la ciencia ficción.

viernes, 8 de julio de 2022

Edmundo Paz Soldán: La mirada de las plantas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable 

Ya he hablado en alguna ocasiones del reciente (y más que bienvenido) desembarco en España de varias editoriales latinoamericanas. Esta vez es el turno de la mexicana Almadía, quien se estrena por estos lares con un autor de amplia trayectoria y de quien ya hemos reseñado un buen puñado de obras en ULAD. Nos referimos al boliviano Edmundo Paz Soldán y a su última novela, esta La mirada de las plantas que podría ser una mezcla de Apocalypse Now y Philip K. Dick.

Porque en ella "habemus" laboratorio en la profundidad de la selva amazónica, experiencias lisérgicas, drogas sin drogas, realidad virtual, personajes con oscuros pasados, deepfakes... Podríamos, por tanto, hablar de una novela de ciencia ficción distópica, siempre anclada al presente (eso sí), acerca de las posibilidades y problemas de los usos de la tecnología, pero eso quizá sería simplificar en exceso.

La adicción, el placer, la solución a una necesidad, son más fuertes que el deseo de privacidad.

Y es que aunque ese sea el aspecto principal de la novela, La mirada de las plantas es mucho más completa y compleja. Posee, por ejemplo, una indudable vertiente político-social (referencias a la política ecológica y económica del Compañero Presidente, a la explotación de las gentes de la Amazonía, etc) que sirve como fundamental telón de fondo de los acontecimientos de la trama o una veta metafísica a la que se alude con bastante frecuencia.

Somos ideaciones creadas por nuestros cerebros. Las plantas y las máquinas nos ayudan a darnos cuenta de eso. A descentrarnos. A sacarnos de nosotros. Estamos regados en los demás. Somos los demás. Podemos ser el que abusamos. Podemos ser el que desapareció.)

Todo lo anterior en una ubicación geográfica para nada casual: la Amazonía boliviana, justo en la frontera con Brasil. Sirve esta como frontera "política", pero también como metáfora de las dos realidades en las que se ven envueltos los protagonistas de la novela y condiciona, como no podía ser menos, el habla de los mismos.

Por tanto, novela de género (o al menos en parte) con sus ya comentados pros y alguna que otra contra, como una cierta sensación de cuento algo alargado en su trama principal y algún que otro personaje secundario al que se observa mayor recorrido y que queda algo desaprovechado. Un texto que emparenta con la obra más reciente de Paz Soldán (Iris, Las visones, partes de La vía del futuro), que amplía horizontes y busca salir de las estrechas fronteras tradicionales para plantearnos dudas y preguntas que quizá ofrezcan respuestas que no sean fáciles de ofrecer ni cómodas de leer.

Un montón de libros de Edmundo Paz Soldán en ULAD AQUÍ

jueves, 23 de junio de 2022

Octavia E. Butler: Hija de sangre y otros relatos

Idioma original: inglés
Título original: Bloodchild and Other Stories
Traducción: Arrate Hidalgo en castellano, para Consonni
Año de publicación: 1971-2003
Valoración: recomendable


Cuando hablamos de un campo literario como el de la ciencia ficción, nos vienen a la cabeza nombres legendarios como Philip K. Dick, Isaac Asimov, Ted Chiang, Ursula K. Le Guin y muchos otros, aunque principalmente autores masculinos. Pero tras leer no pocas novelas de la autora, queda claro que Octavia E. Butler merece estar entre los grandes a pesar de ser desconocida por gran parte de un público poco acostumbrado a ver una voz femenina y negra en un campo tan poblado y dominado por autores blancos como el de la ciencia ficción.

Esta obra recopilatoria consta de siete relatos cortos (algunos escritos en el inicio de la carrera literaria de la autora y otros añadidos posteriormente) así como de un par de ensayos sobre el acto (y la necesidad) de escribir; ya la propia autora abre con un prefacio donde ella misma confiesa que «odio escribir relatos. Intentar escribirlos me ha enseñado más sobre la frustración y la desesperación de lo que jamás querría saber» y añade afirmando que «yo soy, en esencia, novelista. Las ideas que más me interesan tienden a ser grandes (…) Y aun así, algunos de mis relatos son relatos de verdad». Quizá es por ello por lo que, de manera acertada aunque poco común, la autora añade al final de cada uno de los relatos un epílogo para poder hablar sobre ellos, para contar su motivación y su intención al escribir cada uno de estos cuentos.

Estilísticamente, ya en el primero de los relatos, «Hija de sangre» (que también da nombre al libro) desborda en impacto con un relato ganador de varios premios de ciencia ficción como Nebula, Locus y Hugo, situándonos en un mundo donde las tlic, unos seres provenientes del exterior (de tres metros de altura, con muchas extremidades y cola con aguijón), controlan los terranos, poseyéndoles o reclutándolos como símbolo de estatus, pues «T’Gatoi nos repartía entre los desesperados y nos vendía a ricos y poderosos a cambio de apoyo político (…) T’Gatoi supervisaba la unión de las familias». En este relato, Butler narra con crudeza y de manera bastante descarnada una situación en los que los humanos son utilizados por parte de una colonia invasora como cuerpos recipientes para su procreación y continuidad como especie mientras nos sitúa, en otro plano igualmente interesante, en una relación de amor (sic) posesivo y sumiso.

De manera parecida al anterior relato, en «La tarde y la mañana y la noche», la autora juega también con la violencia y los detalles escabrosos para tejer un relato en torno a una enfermedad que se transmite genéticamente que causa una gran falta de autocontrol en aquellos que la padecen pero que, a su vez, esa falta de control bien gestionada puede ejercer como elemento disruptivo para desplegar un potencial que de otra manera quedaría adormecido. Esta violencia se pone nuevamente de manifiesto en «Sonidos de habla», donde la narración nos ubica de lleno en una escena violenta en medio de un autobús. El relato nos sitúa en un mundo donde una extraña enfermedad provoca la pérdida de habla y, en casos extremos, la muerte, pues para quienes la padecían, «el lenguaje se perdía por completo o quedaba grave mente deteriorado. Nunca se recuperaba. A menudo, también producía parálisis, discapacidad intelectual o muerte». Así, a través de la voz de la protagonista que ha perdido la capacidad de leer y escribir, Butler nos habla de la incapacidad de la humanidad en comunicarse, en la facilidad de caer en la envidia y dejarse llevar por la ira. Y como toda una sucesión de situaciones parecidas se encarnan en un mal de daño irreversible.

Más allá de los relatos cortos, igualmente interesantes son los dos ensayos incluidos en el libro, el primero de los cuales («Obsesión positiva») trata sobre cómo la literatura la ha acompañado durante toda su vida y cuando, a sus diez años, se decidió a dar el paso a la escritura, pues «había decidido escribir algunas de las historias que me habían estado contando aquellos años. Cuando no tenia historias que leer, aprendí a inventármelas. Ahora estaba aprendiendo a dejarlas por escrito». Un paso adelante no vacío de dudas pues la autora confiesa que a sus trece años de vida dijo a su tía que quería ser escritora, quien le respondió afirmando que «los negros no pueden ser escritores». Tras esta inesperada respuesta la duda la asaltó puesto que «en los trece años de vida no había leído una sola palabra impresa que, por lo que yo supiera, hubiera sido escrita por una persona negra», aunque afortunadamente no cesó en su empeño. También es igualmente interesante (y ligado al hecho de escribir) el segundo de sus ensayos («Furor escribendi») donde la autora da consejos sobre qué hay que hacer para llegar a escribir un escrito que sea publicable y que se podría resumir constando que hay que «leer. Lee el tipo de libros que te gustaría escribir y aprende con ello», ir a talleres de escritura porque «escribir es comunicar. Necesitas que otras personas te digan si estás comunicando lo que tú crees y si lo estás haciendo de maneras que sean no solo accesibles y entretenidas, sino también tan cautivadoras como te permita tu habilidad»; de igual manera, la autora es directa al afirmar que hay que practicar sin pausa, pues es la única opción («Escribe. Escribe todos los días. Escribe tanto si tienes ganas como si no») y con ello pone de manifiesto la necesidad de la autoexigencia («revisa tu escritura hasta que sea tan buena como te permita tu capacidad» (…) «si encuentras algo que hay que arreglar, arréglalo, sin excusas. Ya habrá suficientes cosas que estarán mal y que no verás») así como la perseverancia, pues «del mismo modo que el hábito es más fiable que la inspiración, el aprendizaje constante es más fiable que el talento. Nunca dejes que el orgullo o la pereza te impidan aprender».

Ya volviendo a los dos últimos relatos (añadidos posteriormente a los escritos al principio de su carrera), vemos como en «Amnistía» la autora utiliza un escenario parecido a «Hija de sangre», pues lo protagoniza un conjunto de seres en forma aparentemente de plantas que invaden un territorio y utilizan a los humanos como trabajadores, no sin antes haberlos torturado hasta conseguir establecer una vía de comunicación entre ambas especies. De manera similar a como vimos en «Hija de sangre», las comunidades envuelven a las personas y las someten hasta que pierden toda esperanza, todo anhelo de cambio y, del mismo modo que en su anterior relato, sus personajes terranos se encuentran envueltos en algún momento por esas criaturas, mezclando miedo y afecto de una manera que nos inquieta y nos altera afirmando que «cuando una Comunidad te envuelve es como si te contuvieran en una especie de… camisa de fuerza cómoda» (…) «por alguna razón, después de la primera vez ya no da miedo. Es tranquilo y agradable». La autora consigue transmitir angustia al imaginar cómo los personajes pueden aceptar y asumir su nueva condición y encontrarla a su vez placentera acostumbrándose a los abusos y a los castigos, porque tal y como afirma Noah, «a algunos dejó de importanos, dejamos de luchar». 

Finalmente, en «el libro de Martha», la autora nos plantea una conversación entre Dios y la protagonista, a quien Dios ha traído para darle el poder de idear y aplicar un cambio en la humanidad para así poder salvarla, «algún modo de hacer que la humanidad no fuera una especie tan autodestructiva». El relato gira en torno a la dificultad de encontrar una única causa (y por tanto solución) a nuestros grandes males. Asimismo nos plantea la responsabilidad de asumir tal tarea sin saber si somos capaces de salir airoso porque, de lo contrario, se la podrían encomendar a alguien con fines perversos. El relato nos sitúa ante una terrible coyuntura pues ¿seríamos capaces de asumir la responsabilidad de encontrar y aplicar un cambio a nivel global sin saber a ciencia cierta si podría acarrear consecuencias perjudiciales que podrían empeorar incluso más la situación a largo plazo?

Por todo ello, y visto a nivel global, el libro que nos ocupa merece una lectura, pues de los siete relatos y dos ensayos que comprende la mayoría son recomendables, destacando por encima de todos «Hija de sangre», «La tarde y la mañana y la noche», «Sonidos de habla» y los dos ensayos. Butler sabe cómo mantener la tensión a lo largo de los relatos, cubriendo su obra con una prosa rodeada de violencia, en algunos casos física, pero también psicológica. La autora sabe cómo insuflar sus relatos de agonía y miedo y cierto punto de sometimiento y aceptación de la humanidad ante unas adversidades que nos vienen de fuera de nosotros mismos, pero a las que no sabemos cómo hacerles frente. 

Recuerda la propia autora en uno de los ensayos incluidos en libro una anécdota en la que, en una de las charlas que daba, una joven negra le dijo que «siempre he querido escribir ciencia ficción, pero no creía que hubiera ninguna mujer negra haciéndolo». Por eso, es muy destacable la figura de Octavia E. Butler, ya no únicamente por la calidad más que evidente de su prosa, sino por abrir un camino difícil, arduo y para mucha gente inexistente hacia la ciencia ficción con mirada femenina, con mirada negra. Cómo con los relatos de su obra en los que imagina escenarios en apariencia ficcionales pero posibles, ella imaginó un mundo inexistente, un mundo donde las mujeres negras podían escribir ciencia ficción, y lo hizo posible. Y de manera muy destacada.

También de Octavia E. Butler en ULAD: ParentescoLa parábola del sembrador, La parábola de los talentos

domingo, 13 de febrero de 2022

Reseña + Entrevista: La habitación de los sueños rotos de Carlos Télez Sedano

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Está bien / recomendable

Aunque los dos versos de Keats que constituyen el epígrafe de la novela sintetizan a la perfección lo que encontraremos en ella, citaré uno de los comienzos más célebres de la literatura para completar el cuadro: "Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera".

Porque "La habitación de los sueños rotos" es una novela coral que, bajo el aspecto inicial de "biografía" de su protagonista, oculta la historia de la descomposición de una familia. Pero no solo eso porque también, aunque en menor medida, hay algo de crónica social, de novela psicológica, de novela "negra", de relato generacional, etc. 

El aspecto coral es obvio ya que es una decena de voces la que se encarga de desgranar la historia de Alberto, quien carece de voz en la novela por permanecer postrado en la cama de un hospital, y su familia. Monólogos (y aquí resulta imposible no pensar en Faulkner o en "Cinco horas con Mario") que funcionan como desahogo o confesión ante un confesor mudo y que sirven para ofrecer, a través de la cotidianeidad, los reproches, los recuerdos, las envidias o la pura cháchara intrascendente, una visión global del asunto y que facilitan. 

Por no enrollarme demasiado, citaré brevemente los aspectos más destacables de la novela:

  • el riesgo que asume el autor, al optar por un protagonista "principal" que carece de voz en la novela.
  • la diferenciación de las voces. Creo que lo más difícil en este tipo de textos es dotar de voz propia a los distintos personajes y eso es algo que, en buena medida, se consigue.
  • los personajes, creíbles y reconocibles en sus diferentes aristas, lo cual es clave en una novela eminentemente realista.
  • el manejo y dosificación de la información.
  • el ritmo. Pese a que la propia estructura elegida por el autor obliga a ciertas reiteraciones, el texto tiene un ritmo endiablado.
  • el final, con sensibilidad pero sin sensiblería, con el cual el autor demuestra que sabe moverse en un registro diferente al del resto del texto.
En el lado menos positivo, cabría mencionar:
  • una cierta sobreexplicación de la trama. Personalmente, me gusta que en este tipo de textos haya aspectos que queden más a la imaginación del lector.
  • alguno de los personajes secundarios (Carlos ya sabe cuál) me parece algo desaprovechado, mientras que otros (también se los he comentado ya) ocupan demasiado espacio en comparación con su aporte a la historia.
  • un exceso de "linealidad" en la primera parte de la novela. Pese a que ya digo que las voces de los protagonistas están bien definidas, creo que una mayor alternancia de registros (como sucede al final del texto) daría mayor empaque a la novela.
En cualquier caso, los puntos positivos superan a los no tan positivos. Creo que puliendo algunos aspectos, Carlos puede dar ese salto que merece. Ideas, ganas y lecturas no le faltan.

También de Carlos Télez Sedano  en ULAD: La herida

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A continuación, os adjuntamos un pequeño cuestionario que Carlos Télez Sedano ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Buenas, Carlos. Para quien no te conozca, ¿cómo te definirías como escritor?

C.T.S.: No sabría definirme como escritor. Quizá esa tarea le corresponde a los demás. Lo que sí te puede decir es que procuro que mis novelas sean fáciles de leer y enganchen al lector; que pidan seguir leyendo hasta descubrir el desenlace de la trama.

ULAD: Siendo un escritor "no profesional", ¿tienes algún tipo de rutina a la hora de escribir o uno va sacando tiempo de donde buenamente puede?

C.T.S.: Voy sacando tiempo de donde puedo. Por lo general, escribo los fines de semana aunque, al trabajar a turnos, en ocasiones lo hago por las mañanas entre diario. Con la primera novela estuve obligado a hacerlo de madrugada ya que mi hija acababa de nacer y, por aquel entonces, trabajaba a jornada partida con muchas horas extras en la fábrica. A partir de la segunda novela deseché la noche porque me agota más, pero es inevitable que algunas veces escriba con la cena esperando. En cualquier caso, una vez que empiezo la novela que tenga entre manos soy muy disciplinado. En ese sentido, mi mujer y mi hija también me ayudan mucho porque me dan libertad para encerrarme en el estudio y desconectar de las responsabilidades familiares.

ULAD: "La habitación de los sueños rotos" es una novela que nace del dolor y que tiene un componente intimista que "La herida", con todas sus referencias espaciotemporales, no tenía. ¿El material obligaba a un texto así?

C.T.S.: Sí, es cierto que el planteamiento de esta última novela nace del dolor. Sufrir la enfermedad y posterior muerte de mi padre fue determinante para dar sentido a la historia. Sin ser una novela autobiográfica, es posible que sea la más personal e intimista porque he usado varios hechos reales como punto de partida. Evidentemente, ficcionando todos los detalles y obligado a no ser fiel a lo que pasó realmente.

ULAD: Por lo leído hasta ahora, te gusta jugar con la forma, con la estructura de los textos, pero esto no juega en contra del ritmo de los mismos. Como escritor y como lector (o como lector que escribe), ¿fondo, forma o una sabia combinación de ambas?

C.T.S.: No sé si por mi parte es sabia, pero me inclino por una combinación de ambas. Me halaga que digas que asumo riesgos como escritor. Cuando tengo clara la idea de lo que quiero hacer no hay premeditación a la hora de escoger una estructura para llevarla a cabo. Lo hago de la manera que creo que es más conveniente para la historia, con mis aciertos y con mis errores.

ULAD: Por cierto, después de "destripar" la pareja o la familia, ¿cuál será la siguiente sacrosanta institución deconstruida?

C.T.S.: Pues girará también en el ámbito de la pareja y de la familia. Alba, la protagonista de este nuevo proyecto, tratará de dejar atrás una familia tóxica y una pareja más tóxica todavía. El espíritu de su hermana muerta, siendo ella pequeña, la perseguirá allá donde vaya. Es una novela que supondrá otro reto para mí puesto que será la primera que escriba con un narrador omnisciente. Como influencia me ha servido el testimonio de una persona muy cercana a mí que me dejó con el corazón roto. Será una historia muy dura y, por supuesto, inventada al cien por cien, aunque con una base real como punto de partida. También, sin querer caer en la burda copia, algo habrá del universo de una escritora que nos gusta mucho a los dos: Mariana Enríquez.

ULAD: Tercera novela y las tres autoeditadas (por cierto, muy poquito que envidiar a publicaciones de editoriales consolidadas), aunque con una breve y no demasiado buena experiencia en una "grande". ¿Ventajas y desventajas de ambas, al menos en lo que a tu experiencia se refiere?

C.T.S.: Agradezco mucho tus palabras. En mi caso, el fichaje en formato digital de mi segunda novela ha sido desconcertante y frustrante a partes iguales. Aún sigo sin explicarme las razones que llevaron a esta editorial a publicar “La herida” cuando no han hecho absolutamente nada de promoción para su venta. En ese sentido, prefiero la autoedición porque tienes el control total de tu obra. Por contra, la autoedición te limita para llegar a más público. Las redes sociales y los contactos en los medios son importantes para la difusión de tu obra, pero dan para lo que dan. Es muy difícil que el público apueste por leer tus libros si no te conoce. En cualquier caso, mi agradecimiento total para personas que, al igual que tú, me dan visibilidad. Si algún piadoso editor o editora lee esta entrevista y le apetece darme una oportunidad, bienvenido será.

ULAD: Quienes te seguimos en redes sabemos que tienes un gran bagaje de lecturas y sabemos por dónde van los tiros. Para quien no lo hace (y ya está tardando), ¿cuáles son tus autores y libros de cabecera?

C.T.S.: Como habrás podido comprobar, leo un poco de todo. Sí es verdad que últimamente leo más “realismo sucio”. Descubrir a las editoriales Sajalin y, en menor medida, Dirty Works y Malas Tierras, ha sido un auténtico regalo. De todos modos, mis gustos son eclécticos y lo mismo me emociono leyendo a Harry Crews o Newton Thornburg que a Philip K. Dick o a autores más clásicos como Chesterton, Conrad o Wilde; la lista podría ser interminable. Por citar tres libros de cabecera de diferentes géneros diría: “El asesino dentro de mí” de Jim Thompson, “Los detectives salvajes” de Bolaño y “El extranjero” de Camus.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Philip K. Dick: Nuestros amigos de Frolik 8

Idioma original: inglés
Título original: Our friends from Frolix 8
Año de publicación: 1970
Traducción: Miguel Giménez Sales
Valoración: está bien

Ésta no es, y lo digo ya desde ahora, una de las grandes novelas de Philip K. Dick, de ésas que te dejan descolocado, desubicado (y va sin segundas... bueno, no) y, sobre todo, maravillado. Que es una forma de decir noqueado por la imaginación laberíntica de este autor. Pero, vaya, que el buen hombre escribió a lo largo de su vida 36 novelas y una infinidad de relatos, así que no todas van a ser igual de buenas... Frolik 8 es del montón, si se quiete, pero del montón de Dick, que no es el mismo montón de cualquier juntaletras de ayer o de hoy, por lo que esta novela dista mucho de resultar desdeñable, así, sin más...

La trama de la novela, de ambientación futurista, consta, no obstante, de elementos que bien podríamos relacionar con la época en la que se escribió (y con la actual): en pleno siglo XXII, la Humanidad se haya dividida por un sistema de castas que clasifica a las personas según sus supuestas capacidades; en la cima, dominando todo el sistema, los llamados Nuevos Hombres, de inteligencia superior, y los Inusuales, que han desarrollado habilidades extraordinarias como la telepatía. En la base y en su papel habitual de masa contingente, los Antiguos -es decir, como ustedes y como yo-; dentro de este vasto grupo nos encontramos además con los llmados Subhumanos, que no es que sean más tontos, sino que son los diisidentes y resistentes a este sistema basado en el apartheid intelectual. Los Subhumanos tienen como líder, por no decir Mesías, a un tal Thors Provoni, un disidente que un día se agenció una de las naves espaciales para irse haasta el infinito y más allá en busca de ayuda alienígena. Entre que vuelve o no, la disidencia se nutre de los folletos ilegales dictados por el teórico Eric Cordon, en los que propugna un mundo nuevo, basado en la igualdad, el amor y demás zarandajas...

El sistema se mantiene en pie sin problemas, bajo el liderazgo del Presidente del Consejo, el libidinoso telépata Willis Gram, hasta que un día se anuncia el regreso de Provoni, acompañado de un frolikem, alienígena de desconocidos poderes... Sin embargo, la situación ya había cambiado antes para algunos que habían tomado conciencia de la injusticia de la situación; tal es el caso de Nick Appleton, un antiguo, tallador de neumáticos, que se rebela a raíz de que su hijo Bobby es rechazado en el examen de capacidad que determina a qué casta intelectual pertenece cada persona y si son aptos para el servicio público (exámenes que todo el mundo piensa que están amañados, como es de suponer).

Es evidente que la novela puede interpretarse, en primer lugar y más allá de la ambientación futurista, como una crítica a cuelquier sistema político basado en la preeminencia de una élite sobre el resto de la población; dada la época en que fue escrita, quizás el ejemplo más inmediato fuera el de los regímenes soviético y similares, aunque se puede hacer extensivo a cualquier otro sistema de castas, ya sea por motivos raciales o simplemente económicos... Aunque tampoco nos montemos muchas películas (bueno, vale, justo en el caso de Philip K. Dick, esta expresión no es muy acertada...): ante todo, esta es una novelita de Ciencia-Ficción, más o menos entretenida , con unos toques de humor muy de agradecer -sobre todo cuando aparece el personaje de Willis Gram-y que pare este escritor probablemente no fue otra cosa que un trabajo alimenticio... como todo lo que escribió, en realidad, aunque algunas de sus obras tengan un nivel literario y hasta "filosófico" (siempre entrecomillado... y lo digo a favor de Dick) mayor que otras. En cualquier caso, no tengamos dudas: hay que seguir leyéndolo, siempre.

Como la cubierta de la edición del libro que yo he leído es un poco horrenda, para mi gusto,  me vais a permitir que ponga también ésta, de Minotauro, mucho más chula...


Más títulos de Philip K. Dick reseñados en Un Libro Al Día: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?UbikEl hombre en el castillo

viernes, 20 de noviembre de 2020

Stephen King: El Instituto

Idioma original: inglés

Título Original: The Institute

Año de publicación: 2019

Traducción: Carlos Milla Soler

Valoración: recomendable

Para celebrar que el único y verdadero rey del que, al menos yo, me siento súbdito  está de enhorabuena por la derrota de su Leviatán político (no creo que haga falta aclarar a quién me refiero, sobre todo porque, además, King le lanza más de una puya ya desde el comienzo de la novela), vamos hoy con la reseña de su, de momento, última novela... Aclaro lo de "de momento": para el año que viene hay anunciada otra de este prolífico autor, además de que en este 2020 ha aparecido también un libro de relatos.

Pese al título, El Instituto no se desarrolla en una high school donde, por ejemplo, una chica con poderes paranormales es humillada durante el baile de fin de curso y ella se venga de sus compañeros de una forma terrible (¿a quién se le podría ocurrir un argumento así?); no, aunque sí hay alguna conexión: el Instituto de esta novela es una instalación secreta en el norte de Maine -dónde si no-, en la que son recluidos, tras ser secuestrados, niños y adolescentes con ciertos poderes psíquicos, como la telepatía y la telequinesia, y allí son sometidos a diversas pruebas, tratamientos e incluso torturas, con vistas a prepararlos para un objetivo aún más oscuro... Pero un día el secuestrado es Luke Ellis, un chaval de doce años con alguna capacidad telequinésica, pero, sobre todo, muy inteligente. de hecho, se trata de un auténtico niño prodigio, y este hecho marcará la diferencia con todos los que han pasado por el Instituto durante los largos años de su existencia. Al mismo tiempo, en un pueblo perdido de Carolina del Sur un ex-policía de Florida de viaje hacia el Norte llamado Tim Jamieson es contratado como sereno, otro hecho determinante para esta historia; las trayectorias de estos dos protagonistas se cruzarán en algún momento, claro, así como las de otros muchos personajes, buenos y malos, amigos y enemigos, pero para saber cómo, cuándo y por qué habrá que leer la novela, me temo...

Quienes ya conozcan algo -o mejor, mucho-  de universo literario de King encontrarán aquí elementos que ya aparecen en otros de sus libros: personas con poderes paranormales, organizaciones que tratan de utilizarlos en su provecho, grupos de jóvenes amigos que se enfrentan juntos al peligro, héroes por accidente... Por decirlo así, El Instituto se puede considerar como una revisitación o incluso remozamiento de la anterior obra de este escritor (y un poco, también, de Philip K. Dick). La novela, en todo caso, se lee más como un thriller que como una historia de terror, si es que alguien espera sólo eso de cualquier libro del Rey. Huelga decir que éste domina a la perfección el tempo y los recursos narrativos, por lo que es un thriller que además, se bebe con la facilidad de un vaso de agua fresca en verano. Quizás, por poner un pero, esa misma facilidad, la facultad de King para que la narración fluya sin el menor obstáculo, en algún momento impide que el lector se detenga impactado por las tremebundeces de la historia -que alguna que otra hay-, algo que quizás un autor menos ducho habría remarcado con más énfasis. Pero, claro, a estas alturas tampoco le vamos pedir a Stephen King que no nos subyugue desde la primera página hasta la última, porque es lo que mejor sabe hacer.


Tropollón de libros de Stephen King reseñados: aquí

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Tamara Romero: Los dedos de la bruja

Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2012
Valoración: Recomendable (especialmente para jóvenes)

La barcelonesa Tamara Romero escribió Los dedos de la bruja, su primera novela, en castellano. La tuvo en un cajón durante años hasta que vio la oportunidad de publicarla en inglés, traducida por ella misma bajo el título Her Fingers, en la editorial americana Eraserhead Press. Recientemente, Mai Més ha decidido traérnosla al público catalán. Por supuesto, esta nueva versión lingüística se la debemos, también, a la propia Romero. Una políglota en toda regla, sí señor.

No quiero dejar pasar la ocasión de mencionar la ilustración de la cubierta, hecha por Cristina Cid. Es, a todas luces, preciosa. Y denota algo que ni en paratextos editoriales ni en ninguna reseña he visto mencionar: que el producto al que acompaña tiene un toque "young adult". Conste que no me estoy quejando, ¿eh?; a fin de cuentas, esta novela de Romero le otorga interés y profundidad a la narrativa juvenil. Pero creo que es deshonesto venderla como si fuera otra cosa. 

Y hablando de esto. El prólogo de Víctor García Tur nos informa de que Los dedos de la bruja pertenece al bizarro. Personalmente, creo que a esta historia, pastiche que mezcla fantasía oscura con ciencia ficción distópica, le falta extravagancia e incoherencia como para incluirla en este género en alza.

¿De qué trata? Misadora, una bruja de cabellos rojos cuyos dedos han sido reemplazados por apéndices de metal, es rescatada de las aguas de un río. Su salvador, un científico que trabaja para el gobierno y vive en una cabaña, termina por contarle las terribles verdades que el Poder oculta.
  
Hay muy buenas ideas, en Los dedos de la bruja. Me refiero a su enfoque transhumanista, a que las personas tengan hasta tres nombres distintos y empleen uno u otro según el tipo de encuentro, a los sonámbulos, a la enfermedad conocida como la mordaza o a la existencia de Eraya y su convivencia con Yimla. Por no hablar de los guiños a diversas obras que se desperdigan aquí o allá. Por ejemplo, esos animales híbridos que bien podrían haber salido de la pluma de Philip K. Dick, o esos "outsiders" que tanto recuerdan a los de Clive Barker. Igualmente hay, según afirma la autora en una entrevista hecha por Leemáslibros, un homenaje a Crimen y Castigo.

Me ha sorprendido que Romero sea capaz de condensar tanta información en poco más de cien páginas. No sólo entrega un "worldbuilding" bastante trabajado, sino que comunica una miríada de mensajes, la mayoría con una fuerte carga de crítica social, a sus lectores. A saber:

  • Lo detestables que son las estrategias que el "statu quo" emplea para perpetuarse (maquillar el legado que han heredado de una dictadura e instrumentalizarlo convenientemente, controlar al individuo, perseguir a posibles disidentes, fomentar el consumo de drogas entre la población...). 
  • Lo absurda que es la lucha entre sexos.

Quizás el apartado menos conseguido del libro sean sus personajes. Sus dos protagonistas son particularmente planos, lo cual resulta insultante, teniendo en cuenta el foco que el argumento les da. Incluso el robot doméstico de Volátil, el científico, parece tener una personalidad más marcada que los humanos. Asimismo, señalaría que las interacciones entre éstos son demasiado lineales para mi gusto. Y que alguna subtrama (como ésa que indaga en la relación entre el mentado Volátil y el gobierno) queda frustrantemente desdibujada. 

En definitiva: Los dedos de la bruja es una propuesta fresca, sugerente y rebosante de ideas creativas que disfrutaremos sobremanera, pese a sus defectos y carencias, si acudimos a ella con las expectativas adecuadas. Es un "young adult" de calidad; amén de un debut literario sumamente prometedor.


También de Tamara Romero en ULAD: La estatua que tiembla, Objeto ancla, La momia y la niñera

lunes, 31 de diciembre de 2018

Guillem López: El último sueño

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: más que recomendable

Indagando un poco sobre este libro, pues no frecuento demasiado (o menos de lo que debería) el universo del Ci-Fi, leo que al castellonense Guillem López se le considera el autor hispano más señero dentro de este género. Bien, ya digo que no soy quién para cuestionar esta aseveración y, desde luego, lo que yo me he encontrado en esta su última novela, y también en la anterior, Arañas de Marte, me hacen pensar que es cierta, sin desdoro, claro está, para el resto de escritores que se dedican a la Ciencia-Ficción y la Fantasía.

En cualquier caso, atendiendo a lo mostrado en El último sueño, sólo cabe reconocer que Guillem López es, cuando menos, un narrador impecable, tanto en lo que se refiere a la estructura y desarrollo de la trama como a la composición de personajes y ambientes, así como al dominio de un lenguaje y un estilo que van más allá de lo meramente utilitario y eficaz para entrar a menudos en terrenos más propios de la prosa con un aliento lírico.

La historia que nos cuenta la novela bien podría encajar dentro del relato de aventuras más clásico, quizás aderezado, con ciertos tintes políticos: en una ciudad inmensa, inacabable y opresiva -llamada, de forma paradójica, Paraíso-, la élite de sacerdotes, funcionarios y comerciantes opulentos viven en el seguro y próspero zigurat central, mientras el resto de sus habitantes pululan por un dédalo interminable de barrios más o menos miserables, muchos de los cuales se encuentran además bajo el dominio de pintorescas bandas callejeras. A una de las más marginales de éstas, los Abandonados -apenas un puñado de adolescentes y críos mugrientos-llega pidiendo ayuda Kemi, una fugitiva del zigurat que parece estar en relación con las fuerzas más poderosas que gobiernan Paraíso: la casta de Jemeníes, sacerdotes que han controlado siempre a las Kas , deidades cautivas que proporcionan la energía que hace funcionar toda la ciudad, la Kamé... y cuya última representante trata de mantener dormida a toda costa el Gran sacerdote y cónsul, el muy siniestro Kébemon, con ayuda -se supone- de Nimbara, el primer ministro.

Nos encontramos con un trasfondo, por tanto, de luchas por el poder, cambios fundamentales en el modelo energético y revoluciones cuya aparente espontaneidad está controlada por poderes ocultos (no aparecen chalecos reflectantes pero bien podrían...), que buscan que todo cambie para que todo siga igual... ¿A alguien le suena algo de todo esto? Además, la estética que se sugiere bebe, sin duda, del movimiento steampunk, pero también de La naranja mecánica o de películas como Los amos de la noche (The warriors). Y por supuesto, de Gangs de Nueva York, libro y peli, cuya influencia parece evidente en esta novela utópica y trepidante. También, me parece a mí, recuerda a algunos relatos de Philip K. Dick, en las que describe sociedades férrea y cruelmente estamentada. A China Miéville, con quien sospecho se habrá comparado más de una vez a este autor. E incluso uno se acuerda de la Corte de los Milagros, de Victor Hugo...

En fin, una novela que no decepcionará (todo lo contrario) a los amantes del género fantástico pero tampoco a quien se acerque a ella en busca de un trago refrescante entre lectura de más altos vuelos (quizás sería más correcto "de más altas pretensiones"). Me parece en especial interesante, por otro lado, para el público juvenil, sin que esta novela cuente con las limitaciones que se suponen se autoimponen en muchos libros destinados al lector de estas edades. Porque, en mi opinión, El último sueño es mucho más que eso, es una novela de bastante entidad y empaque ; quien lo quiera comprobar, sólo tiene que darse una vuelta por los callejones, los cielos y cualquiera de los muchos submundos de Paraíso.

viernes, 13 de enero de 2017

Edmundo Paz Soldán: Las visiones

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Bastante recomendable

Ponga en una olla una pizca de García Márquez, unas gotas de Orwell, una cucharada de Huxley y un pellizco de Philip K. Dick. Remueva durante unos minutos hasta que todos los ingredientes se hayan dorado. Pase la mezcla por la batidora y vierta el resultante en un montón de hojas en blanco. 

Si sois capaces de imaginar algo así, os podréis hacer una idea muy aproximada de lo que son las historias que componen "Las visiones".

Se trata de 14 relatos del género fantástico o ciencia-ficción, en los que hay mucha más ficción que ciencia, que ponen sobre la mesa una serie de temas de corte político o social. O, mejor dicho, el "continente" es ciencia-ficción pero el "contenido" es absolutamente real. Ambientados en un mundo ficticio (¿el futuro tal vez?), los temas son tan reales, tan vigentes como la violencia, la religión, el control social, el control mental, las drogas, los efectos del colonialismo, etc.

A modo de ejemplo: un relato sobre un juez que tiene visiones con personas por él condenadas, otro sobre hombres perdidos entre las ruinas de templos abandonados en la selva y que comparten, en cierto modo, un pasado común del que pretenden huir, otro en el que el protagonista es un sucedáneo del doctor Menegle experto en guerra lisérgica, otro sobre la convivencia (es un decir) entre humanos y replicantes al más puro estilo Blade Runner, etc.

La verdad, lo confieso, es que no soy demasiado aficionado a la ciencia-ficción. Pero el enfoque que da Paz Soldán a los relatos, además de ser tremendamente personal, es sumamente atrayente y original. Merece la pena acercarse a su particular universo.

Y ya puestos a recomendar otros libros de Paz Soldán, me atrevo a sugerir "Iris", su anterior novela. Y lo hago porque, pese a no haberla leído, los relatos de "Las visiones" son una extensión, en cuanto a temas y ambientes, de "Iris". Y si "Las visiones" es un muy buen libro, "Iris" imagino que no le andará a la zaga.

Aunque también podéis leer otros libros de Paz Soldán ya reseñados en ULAD, como Billie RuthPalacio QuemadoLos días de la peste

lunes, 26 de septiembre de 2016

Reseña a cuatro manos: Don DeLillo, Cero K

Idioma original: inglés
Título original: Zero K
Traductor:  Javier Calvo
Año de publicación: 2016
Valoración: interesante / recomendable

Voz propia: Si algo puede decirse de Don DeLillo es que tiene una voz propia, un estilo propio. Sería posible leer una de sus novelas, o incluso un fragmento, y reconocer su forma de escribir. Es difícil definir en qué consiste: creo que es una forma al mismo tiempo visual y abstracta de narrar, menos interesada en los actos y los objetos que en las ideas que esos objetos y actos encarnan.

Bueno: podría recriminársele que a veces tarde demasiado en desarrollar un concepto, o que recargue algo su escritura. No me voy a quejar de eso, con la de escritores que descuidan la forma para centrarse en transmitir sus ideas con contundencia y precipitación.

La trama: Jeffrey Lockhart viaja por invitación de su padre (al que no llama padre ni papá ni papi, sino "Ross") a un complejo en medio de la nada destinado a la criogenización de los cuerpos de personas que, por la razón que sea, deciden congelarse a sí mismas para despertar muchos años después. El complejo es una mezcla de centro de alta tecnología y performance artística, y allí se encuentra Artis, la nueva pareja del padre de Jeffrey, a pocos días de ser criogenizada. Esta decisión provoca en el narrador, y también en su padre, pensamientos y sentimientos contradictorios, que deberán enfrentar junto con el resto de experiencias provocadas por aquel extraño complejo.


Aunque ese amago distópico, llevado a mayores consecuencias por escritores de género como Asimov o Philip K. Dick o simplemente usado de pretexto, como Houellebecq en La posibilidad de una isla, no deja de ser una especie de lienzo en blanco sobre el que lanzarse a una reflexión sobre la sociedad actual y sus paranoias.

Arte y literatura: Quizás Don DeLillo sea el autor que más cerca está, en sus temas y en su forma de tratarlos, de las reflexiones sobre el arte contemporáneo. Punto Omega se abre con la descripción de una instalación en el MoMA: la proyección a cámara lenta de Psicosis. En Cero K la obra de arte es el propio complejo destinado a la hibernación: un complejo en el que la propia arquitectura, la escultura (en forma de maniquís, de calaveras gigantes, etc.), el cine (con proyecciones aleatorias de hechos reales, históricos o ficticios) y la propia vida parecen adaptarse a una finalidad estética.

Pues yo opino algo parecido, pero creo que la instalación como "objeto" es un simple aderezo necesario para ejemplificar el gusto por el derroche vacío propio de los supermillonarios, como si fuera gente incapaz de ajustarse a lo necesario, que tiene que deslumbrar en todos y cada uno de los detalles posibles.

Rechazo: Hay algunos aspectos en esta novela que me producen rechazo, y que hacen que me parezca interesante, pero no necesariamente recomendable. La primera es el lenguaje abstracto y algo pedante, como de crítico artístico, con el que está escrito, y que como digo es una marca de su autor. Me cuesta decidir si ese lenguaje está vacío y solo se sirve a sí mismo, o si de hecho quiere transmitir alguna idea importante sobre la vida y la muerte.

Yo no he sentido rechazo. De hecho, me gusta ser capaz de recomendar este libro antes de entusiasmarme u odiarlo como me ha pasado con todas las novelas que he conseguido acabar de DeLillo. Me gusta que arriesgue y que, aunque en este caso la cuestión de la inmortalidad no sea precisamente un planteamiento original, provoque al lector a la reflexión, incluso al posicionamiento. llegar a considerar pros y contras. Hay tanta novela que se deglute y no deja sensación alguna que, tratándose de una historia irregular que en más de un momento (ese interludio "poético" de la mujer criogenizada) se le escapa de las manos, la de DeLillo tiene capacidad de involucrar (o embaucar) al lector.

Otro aspecto es el tipo de protagonistas que Don DeLillo frecuentemente escoge para sus obras: hombres blancos, de clase alta (altísima: el 1% del 1%), cosmopolitas y cultos, con cuyos "sufrimientos" me cuesta identificarme. El posible significado humano y humanista de la criogenización parece quedar bastante limitado si es algo a lo que solo puede acceder una elite económica, la misma que compra arte contemporáneo o que puede permitirse viajar por todo el mundo gracias a su dinero o a su pasaporte.

¡Pero al final los deja en ridículo! Los ricos que pueblan esos libros, al menos este Ross de nombre falso o el broker de divisas chalado de Cosmopolis, parecen tan aburridos y hastiados de no encontrar nada con lo que obtener una emoción que, sea un corte de pelo en el extremo de la ciudad o una apuesta descabellada por una resurrección condicionada y restringida (como un 'reseteo'), son distintas caras de la misma absurda forma de diferenciarse del resto del planeta por su excentricidad, o por su pretenciosa manía de trascender.

Firmado: Santi y Francesc