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miércoles, 14 de febrero de 2018

Stefan Zweig: Miedo

Idioma original: alemán
Título original: Angst
Traducción: Roberto Bravo de la Varga
Año de publicación: 1920
Valoración: muy recomendable

¡No leáis la contraportada del libro!

Lo escribo ya aquí, de manera destacada, para que a nadie se le pase por alto, pues la contraportada explica más de lo que debería y su lectura podría estropear, en parte, el disfrute de este gran libro. Hecho el aviso, vamos a por la reseña.

Quienes ya conocéis la obra de Stefan Zweig podéis haceros una idea general de lo que os encontraréis, al menos en cuanto al entorno, las costumbres sociales, la caracterización de los personajes, etc. De esta manera, el autor austriaco, tal y como nos tiene acostumbrados, nos sumerge en un mundo de alta burguesía para narrar, en esta ocasión, una historia de pasiones, dudas, remordimientos, deseos y miedo.

En esta breve novela (muy breve, diría), Zweig plantea una reflexión sobre la infidelidad y sus consecuencias, sobre aquello que se esconde tras la arriesgada tentación de romper la cotidianidad de la vida de una pareja estable y acomodada, de relación monótona y rutinaria, para dar cabida a una aventura sentimental. El misterio que subyace en el secreto guardado forma parte del atractivo de la situación, y el miedo a ser descubierto incrementa el atractivo de la nueva relación. O al menos en su inicio. Porque como en toda aventura, no todo es perfecto, no todo sale como uno espera, siempre hay elementos incontrolables. Y en eso abunda el libro, en la sensación que uno tiene cuando no sabe cómo afrontar una situación que no únicamente depende de uno mismo, y en la dificultad de tener que lidiar con el miedo que aparece cuando la incertidumbre ataca y afecta el día a día de una persona.

El libro sorprende, y lo hace positivamente. Porque cuando uno lee Zweig puede presuponer qué se encontrará, en términos generales. Sabe que habrá personajes de la alta sociedad y que tratará sobre relaciones emocionales, sobre pasiones y enamoramientos, sobre remordimientos y posibilidades, pero en esta novela, aunque extremadamente corta pero con el número de páginas exacto para lo que pretende contar, encontramos algo diferente en la prosa de Zweig: sentimos angustia, desespero y miedo a los propios sentimientos, o a expresarlos, y experimentamos cierto temor cuando empatizamos con la protagonista en una situación que la supera, que la abruma, que la sobrepasa; somos testigos del sufrimiento que reside en ella, un sufrimiento que crece de forma incesante, contagiándonos su angustia a medida que avanzamos en la lectura y nos transmite la intensidad de sus sentimientos, su temor y su miedo.

De esta manera, en la que probablemente sea la novela más oscura de Zweig, menos luminosa, más negativa hacia el ser humano, más intrigante y enigmática, el autor nos brinda una excelente ocasión para analizar la complejidad del ser humano, sometiéndonos a la reflexión que supone tener que afrontar aquellos secretos que residen en uno (o que incluso lo persiguen) y cuestionarnos qué haríamos nosotros ante tal situación, cómo lo resolveríamos, y cómo sentiríamos. Con este propósito, Zweig nos plantea un escenario de dudas y miedos, en el que la habitual calidad de la prosa de Zweig fluye en cada página, pero, además, en esta ocasión, lo hace con tintes más enigmáticos, más oscuros de lo que nos tiene acostumbrados, conduciéndonos de forma inexorable a través de un camino dirigido a la oscura intimidad de nuestro ser.

PD: Aprovecho la ocasión que me brinda la publicación de esta reseña para recordar la figura del excelente traductor de Zweig al catalán, Joan Fontcuberta, fallecido esta misma semana. Nos deja como legado sus traducciones de indudable valor y gran calidad literaria. D. E. P.

Otras obras de Stefan Zweig en ULADEl mundo de ayer¿Fué él?Fouché. Retrato de un hombre políticoMendel el de los librosMaría AntonietaTiempo y mundoCarta de una desconocidaNovela de ajedrezVeinticuatro horas en la vida de una mujerViaje al pasadoLos ojos del hermano eternoLas hermanasMontaigneLa piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, ClarissaArdiente secreto, Una boda en Lyon, El amor de Erika Ewald

martes, 16 de junio de 2009

Stefan Zweig: El mundo de ayer

Idioma original: alemán
Título original: Die Welt von gesternFecha de publicación: 1942
Valoración: Imprescindible

Hace unos días terminé de leer El mundo de ayer, la autobiografía póstuma de Stefan Zweig, una obra capaz de capturar la atención del lector desde sus primeras páginas. No me considero un buen lector de literatura de no ficción. En general, se me hace pesada, lenta y, en muchas ocasiones, necesito darle un respiro a un libro de no ficción, dejarlo reposar durante un tiempo en la mesita antes de retomarlo. Sin embargo, Zweig escribe una autobiografía apasionante, no sólo por los hechos que relata -las dos guerras mundiales de por medio- sino sobre todo por sus reflexiones, sus análisis de los cambios socio-políticos, su postura europeísta, su visión del exilio, sus contradicciones... En definitiva, la visión de un miembro de la generación eslabón entre los siglos XIX y XX que vivió en primera persona algunos de los conflictos más graves de la historia de la humanidad.

La biografía comienza en sus años infantiles y jóvenes pero, más allá de hablar de sus experiencias en la escuela, Zweig nos sitúa en un mundo y una sociedad en los que la seguridad es el valor primordial, en los que uno sabe aproximadamente qué va a ser de él desde que nace, un mundo y una sociedad que cambian lentamente, paso a paso, y que sufren determinados conflictos cada cierto tiempo, pero en los que una misma generación no suele conocer más que una gran guerra. De estos primeros años, es también destacable el relato de sus años de escuela, en la que coincide un grupo de adolescentes apasionado por el arte y conocedor de las últimas vanguardias, según Stefan Zweig, mejor incluso que los críticos literarios del momento. A partir de ahí, vamos a ir conociendo sus relaciones con toda la intelectualidad europea, pasajes apasionantes en los que describe sus encuentros y conversaciones con la mayoría de las grandes figuras del arte, la ciencia y la política europeas de la primera mitad del siglo XX.

Pero ese mundo de la seguridad se ve roto por completo con el estallido de la Gran Guerra, momento en que Zweig es plenamente consciente de la importancia de rescatar la unidad espiritual europea frente al patriotismo exacerbado que ha derivado en un desgarrador conflicto bélico. Y en sí, esa es la misión de su autobiografía, subtitulada Memorias de un europeo. Un documento excepcional de la historia y la intrahistoria del siglo XX en el que, página a página, vamos viendo cómo el pesimismo se va apoderando de un hombre que acaba suicidándose poco tiempo después, dejando al mundo huérfano de una mente aguda y brillante y un verbo genial.

Otras obras de Stefan Zweig en ULAD: ¿Fué él?Fouché. Retrato de un hombre políticoMendel el de los librosMaría AntonietaTiempo y mundoCarta de una desconocidaNovela de ajedrezVeinticuatro horas en la vida de una mujerViaje al pasadoLos ojos del hermano eternoLas hermanasLa piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, Montaigne, Clarissa, Miedo, Ardiente secretoUna boda en LyonEl amor de Erika Ewald

lunes, 16 de agosto de 2021

Stefan Zweig: Una boda en Lyon

Idioma original: alemán
Título original: Die Hochzeit von Lyon und andere Erzählungen
Traducción: Tiana Puig (ed. en catalán) / Berta Vias Mahou (ed. en castellano)
Año de publicación: 1927
Valoración: está bien

Creo que en la comunidad lectora hay un amplio consenso sobre la calidad literaria de Stefan Zweig y de su capacidad inmensa para retratar y explorar la condición humana. En este brevísimo libro del autor austríaco encontramos el relato principal que da nombre a esta obra y tres relatos adicionales, muy diferentes entre ellos y que abordan temáticas algo diferentes a lo que nos tiene acostumbrados.

Tal es así, que el libro empieza con el relato que le da nombre, y que ocupa prácticamente la mitad de la extensión del libro. En él, «Una boda en Lyon» el autor nos traslada al Lyon de 1793, al momento en el que se firma un decreto en el que se establecía que «todos los edificios de la ciudad rebelde fueran derruidos, y los monumentos, reducidos a cenizas» lo cual conllevaba la destrucción de la segunda ciudad más grande de Francia; la pólvora se encargaba de destruir los edificios y los condenados son tan numerosos que los meten donde pueden hasta que llega el momento de la sentencia y, en uno de esos lugares en lo que los reclusos esperan su hora final, el autor centra el foco de la historia en dos jóvenes que encarcelan justo el día en el que debían casarse. Zweig narra con su habitual estilo y fineza los sentimientos de los dos prometidos que coinciden de manera casual en los sótanos del ayuntamiento, lugar en el que permanecen recluidos aquellos que serán sentenciados. Así, la joven y el joven se encuentran, por un casual y, a pesar de la terrible circunstancia, se sienten afortunados, porque podían, sino vivir, al menos sí morir al lado de su persona amada. El único lamento, la única pena, el hecho de «tener que presentarse delante de Dios con un nombre que no le correspondería, en lugar de hacerlo como su legítima esposa». Pero, y ahí Zweig deja entrever una característica que será común a todos los relatos incluidos en el libro, hace acto de presencia la bondad y la solidaridad, pues entre los reclusos se encuentra un capellán rebelde que se ofrece para «unirlos en sagrado matrimonio ante los testimonios allí congregados y Dios omnipresente». Este relato es un canto al amor, a la solidaridad, a la humanidad y a la vida, para aprovecharla y disfrutarla hasta el último momento y en cualquier situación, pues «ningún soplo de vida será devuelto» y que Zweig ambienta de manera muy precisa como si de una obra de teatro se tratara, describiendo a la perfección la ambientación, los personajes y la escenografía. Y, de igual modo, aprovecha para hacer una crítica clara y evidente del terror jacobino impuesto durante la revolución francesa con la presencia de nombres como Fouché, Robespierre, Barère o Couthon, creando así un marco histórico ambiental reconocible por el lector.

En el segundo de los relatos, «La caminata», el autor nos sitúa en Judea en la época de Jesucristo y en ese marco geográfico e histórico nos narra la historia de un joven que empieza una travesía hacia Jerusalén para encontrar al redentor. A medio camino se detiene en una casa para coger aire y recobrar fuerzas y, a pesar de las tentaciones que en ella encuentra, el joven, fiel a su fe y determinación, prosigue su camino. El autor sabe transmitir en este relato la duda y la tentación del protagonista, a la vez que ejemplifica la lucha contra el deseo. 

En estos dos textos iniciales. Zweig se desmarca de su habitual narrativa protagonizada por las clases altas de la geografía centroeuropea y las relaciones entre hombres y mujeres de alta alcurnia. Así, el autor realiza con estos cuentos un cambio de registro situando la narración en torno a lo religioso, pero sin caer en el proselitismo sino que sitúa las narraciones en determinados momentos históricos para ejercitar un retrato puramente circunstancial de una época donde la religión copaba los principales impulsos de la humanidad: la devoción, la culpa, y la fe.

En el tercer relato, «Un ser humano inolvidable», Zweig vuelve al escenario en el que mejor se desenvuelve y nos narra un relato que gira en torno a la bondad, al altruismo y a la generosidad como los mayores bienes que poseemos y que, ejercitado de manera habitual y espontánea, pueden convertir la sociedad en un lugar amable en el que vivir. Es evidente que el mensaje es altamente utópico, aunque sí es necesario que se plantee para, al menos así, dar ese primer paso: el de la concienciación. La humanidad y la bondad que transmite el relato, así como las valores que defiende, deberían ser siempre tenidos en cuenta (y seguidos, a ser posible), pues transmiten un escenario en el que la codicia y el individualismo no tienen cabida.

Ya en el último de los relatos, «Dos solitarios», el autor sitúa como protagonistas de la historia dos personas marginadas por la sociedad que coinciden y se encuentran, que se entienden y confraternizan, que encuentran en el otro aquello que vive dentro de sí mismo, estableciendo una unión y compañerismo que probablemente solo ellos pueden elevar a tal grado de compenetración.

Analizados los diferentes cuentos que se incluyen en esta obra, cabe decir que este es un libro algo atípico dentro del universo de Zweig, pues en sus dos primeros relatos de acerca de manera clara al aspecto religioso y que casi uno podría estar pensando que lee a Erri de Luca, por la crítica hacia ciertos estamentos pero también por la bondad de su relato sin caer en la desmesura. Por contra, los dos últimos relatos abandonan esa temática y en ellos se puede reconocer de manera más evidente la impronta del autor austriaco, aunque lamentablemente sin mostrar en ellos con plenitud el inmenso talento y capacidad narrativa que tiene Zweig y que habitualmente demuestra en gran parte de sus obras, ya sean ensayos o ficción.

Por ello, este es un libro corto, cortísimo, que se lee de un tirón y que, según mi punto de vista, no forma parte de sus mejores obras. Y, en este caso, no se trata en absoluto de un problema de extensión, pues Zweig ha demostrado sobradamente desenvolverse con soltura en las narraciones cortas como «Miedo», «Ardiente secreto», «Carta de una desconocida» o «Veinticuatro horas en la vida de una mujer». En este caso, el motivo está en el contenido, en la falta de impacto, pues encontramos un tono más suave, menos profundo y más comedido, aunque, de todos modos, siempre podemos hallar en estos cuentos elementos interesantes como en toda obra de Zweig.

lunes, 11 de junio de 2012

Stefan Zweig: ¿Fue él? y Las hermanas

Idioma original: alemán
Título original: War er es? y Die gleich-ungleichen Schwestern
Año de publicación: 1937 y 1987
Valoración: Está bien, Recomendable


En nuestro (aparente) afán por reseñar la obra completa de Stefan Zweig (una tarea en la que todavía nos falta Momentos estelares de la humanidad, por cierto), hoy ofrecemos un 2x1 que nadie podrá rechazar: dos novelitas cortas (tan cortas que casi podrían calificarse de relatos largos) unidas no solo por su extensión, sino también por su tono casi fabulístico, como de aplicación de una idea más que de representación de una realidad.


¿Fue él? es algo así como un relato de suspense psicológico (aunque en realidad el suspense se desvanece bastante pronto, diría yo): en la primera página sabemos que ha habido un asesinato, y sobre él planea la pregunta del título: ¿quién es el culpable? A partir de aquí, la trama se centra en John Charleston Limpley, un hombre excesivo en todos sus ímpetus y en todos sus afectos, su mujer y su perro, Ponto. La tensión del relato dirigiéndose hacia su final casi inevitable (en todo caso, previsible) está bien conseguida, como no podía ser menos siendo Zweig el autor, pero la narración es de una sencillez extrema; tan extrema, que parece que le falta algo.


Las hermanas (subtitulado "conte drolatique", o sea, "cuento humorístico") tiene el aspecto de una fábula moral, o mejor dicho, inmoral. Más que seres humanos, sus personajes parecen alegorías. Las dos hermanas del título, significativamente nombradas Helena y Sofía, son dos muchachas hermosas e inteligentes, pero también temendamente competitivas y envidiosas. En su afán por superarse la una a la otra, eligen caminos opuestos: el del vicio y el placer, Helena; el de la virtud y la contención, Sofía. Una vez más, la narración es sumamente esquemática, como de parábola más que de relato, pero el conjunto lo salva el humor irónico y algo malvado de Zweig.

Las dos novelitas están bien, sin llegar a ser obras maestras, y dada su brevedad se leen en una tarde, o menos. De hecho, muchas de estas novelitas de Zweig podrían publicarse agrupadas en un volumen único, y no pasaría nada (bueno, lo que pasaría probablemente es que el editor ganaría menos dinero). Entre las dos, ¿Fue él? me ha parecido más floja, con menos chispa; Las hermanas, a pesar de su idealismo casi abstracto, es más divertida y más agradable, aunque tampoco sea especialmente sorprendente. En cualquier caso, son dos obritas entretenidas y curiosas, que no desmerecen del resto de la obra narrativa de Zweig, aunque tampoco creo que nadie las incluya entre sus obra maestras.


También de Stefan Zweig en ULAD: El mundo de ayerLos ojos del hermano eternoFouché. Retrato de un hombre políticoMendel el de los librosMaría AntonietaTiempo y mundoCarta de una desconocidaNovela de ajedrezVeinticuatro horas en la vida de una mujerLa piedad peligrosa o la impaciencia del corazónViaje al pasadoMontaigneClarissaMiedoArdiente secretoArdiente secretoUna boda en LyonEl amor de Erika EwaldEl amor de Erika Ewald

sábado, 16 de febrero de 2019

Stefan Zweig: Ardiente secreto

Idioma original: alemán
Título original: Brennendes Geheimnis
Traducción: Berta Vías Mahou (ed. en castellano) / Ester Capdevila (ed. en catalán)
Año de publicación: 1911
Valoración: recomendable

Es de sobras conocida la capacidad de Zweig para escribir sobre la condición humana y sobre las emociones, pues sabe entender como pocos aquello que sentimos, aquello que nos mueve, aquello que nos impulsa a actuar de una cierta manera, y esa mirada clara y precisa la transmite perfectamente en sus libros.

En este breve libro, Zweig despliega nuevamente su alta capacidad narrativa para implicarnos directamente y de manera inmediata en la historia. Así, no necesita muchas páginas para situarnos en ella y, establecido el marco ambiental, nos narra la llegada de un joven barón a un pequeño pueblo, donde se dispone a pasar unos días de vacaciones. El joven, poco amante de aventurarse en la exploración de uno mismo pretende dedicar su estancia a buscar compañía femenina, pues no se encuentra a gusto en la soledad y tiene pulsiones que le empujan a buscar y encadenar relaciones íntimas. Además, la lejanía respecto a su lugar donde habita, su buen parecido y unas ya demostradas artes seductoras, le brindan una buena ocasión para ello. Y parece que el azar se conjura con ello, pues encuentra en su mismo hotel una mujer que pasará unos días en la compañía única de su hijo pequeño. Qué mejor oportunidad para dar rienda suelta a sus pasiones, pues la ocasión parece propicia e idónea. O eso parece.

Ya en las primeras páginas, el estilo inconfundible del autor austríaco nos da las pinceladas suficientes para enmarcar la historia en un paisaje que sirve de escenario de los devaneos amorosos del protagonista, pero la habilidad de Zweig se pone de manifiesto realizando un ligero cambio en la aproximación a la historia al cambiar el foco inicial centrando la figura no en el joven barón aparentemente protagonista, sino en el hijo de la mujer que pretende conquistar. Y es a través de ese enfoque donde Zweig despliega su magnífico talento pues vemos en el niño aparecer todas las dudas que seguirán de mayores, que nos perseguirán, y asoman la soledad, la incomprensión, el miedo a perder el cariño de los seres queridos o admirados y, por extensión, el autor nos transmite bajo la mirada del niño todos aquellos sentimientos que envuelven los corazones de los adultos. Así, el autor cubre el espectro de las pasiones existentes en las diferentes edades en un solo personaje, y es a partir de él que la historia se centra en ellas, haciéndolas crecer y creando un despertar consciente de aquello que reside en cada uno de nosotros. A partir del triángulo formado por los tres (y únicos) protagonistas, Zweig alterna los equilibrios entre las relaciones que se crean entre ellos, decantando la balanza sentimental hacia un lado u otro, para explorar, en cada uno de ellos, aquello que les motiva y les conmueve, aquello a lo que aspiran y desean, aquello que quieren conservar aún a costa de arriesgar lo que ya tienen, y en ese vaivén emocional se abren las suficientes fisuras para dejar entrar y crecer, las dudas, los miedos y el egoísmo. Porque Zweig tiene la facilidad de con muy poco, captar, analizar, exponer y explotar los miedos y las pasiones que conforman la condición humana, el ego y el atrevimiento, el deseo y el rechazo, y la perversa habilidad de quien lucha por conseguir aquello que desea, sin tener en cuenta la voluntad o sentimiento de los demás.

Así, Zweig sabe perfectamente conectar con el lector, y despertar en el no únicamente la curiosidad en querer ávidamente avanzar en la novela, sino también en descubrir, averiguar y profundizar en aquellos sentimientos que albergamos en nuestro interior y que, en ocasiones mostramos, y en ocasiones escondemos, no únicamente a las personas de nuestro entorno sino también a nosotros mismos.

Si ubicamos la novela en la prolífica vida literaria del autor, y siendo una de sus primeras novelas, es interesante ser testigos de cómo a los treinta años Zweig ya se encontraba en una madurez narrativa sublime, no únicamente por saber retratar a la perfección cada uno de los personajes, sino también para conocer y expresar qué ocurre dentro de ellos. La narración en tercera persona es muy hábil pues, a pesar de que el punto de vista principal se centra en el niño, transmite perfectamente qué siente cada uno de los personajes, sus dudas, sus miedos y sus odios, estableciendo así un marco perfecto dentro del cual ubicar emocionalmente cada uno de los vértices de este extraño triángulo sentimental que conforman el niño, su madre y el joven barón.

Aunque probablemente no sea el mejor libro del autor, es innegable su calidad literaria y cómo consigue siempre conectar con el lector a través, no únicamente de su clara estructura, sino de una prosa que recrea perfectamente el ambiente por el cual se mueven sus siempre reflexivos y apasionados personajes. Siempre es un placer leer Zweig, y cada libro es una ocasión más para deleitarnos con las historias que magistralmente narra.


Otras obras de Stefan Zweig en ULADEl mundo de ayer¿Fué él?Fouché. Retrato de un hombre políticoMendel el de los librosMaría AntonietaTiempo y mundoCarta de una desconocidaNovela de ajedrezVeinticuatro horas en la vida de una mujerViaje al pasadoLos ojos del hermano eternoLas hermanasMontaigneLa piedad peligrosa o La impaciencia del corazónClarissa, MiedoUna boda en LyonEl amor de Erika Ewald

jueves, 24 de marzo de 2011

Stefan Zweig: Mendel el de los libros

Idioma: alemán
Título original:
Buchmendel
Fecha de publicación: 1929
Valoración: muy recomendable

Y volvemos al fin, después de muchos meses, al que ha sido uno de nuestros autores fetiche desde que arrancó este blog: Stefan Zweig. Uno vuelve a sus páginas como quien pisa de nuevo la casa de sus abuelos, después de muchos años, y encuentra que todo está en su sitio y es correcto y huele a antiguo. Sin duda, su prosa es limpia, precisa, con las dosis justas de retórica para atraer sin cansar, pero creo que no es esto lo que más me atrae. Lo mejor de Zweig es su capacidad para mostrar, en pocos trazos, la esencia de sus personajes.

En este caso, en realidad, todo el libro (el librito: apenas 50 páginas) se reduce a eso. Quiero decir que la trama consiste en el desvelamiento de una persona: Mendel, el de los libros. Zweig nos lo presenta magistralmente, sacándolo de entre las sombras del olvido, y sentándolo ante nuestros ojos en la mesa del café Gluck, donde el viejo se volcaba de la mañana a la tarde sobre las páginas amarillentas de su mercancía. Nos hace presenciar el milagro al introducirse a sí mismo, de joven, haciéndole una consulta bibliográfica, y recibiendo como respuesta un increíble torrente de títulos, autores, editoriales, precios y librerías de viejo.

Mendel, el librero judío del café Gluck, encarna esa contradicción extrema entre lo más alto y lo más pequeño, que raya con la vivencia religiosa. Un anciano miope y sucio, encerrado en la trastienda de un café, encarnaba la memoria más portentosa que conoció la Europa de su tiempo. Una memoria que, como al Funes borgiano, le incapacitó para la vida y, por eso mismo, le dio un aura de santo, de monstruo, de prodigio viviente.

Zweig atrapa al lector en la descripción extasiada de esta extraña mente y con la afligida narración de las circunstancias que la perdieron para siempre. Paradójicamente -o no-, Mendel el de los libros es en el fondo un ensayo sobre el olvido.

jueves, 19 de octubre de 2017

Stefan Zweig: Clarissa

Idioma original: alemán
Título original: Clarissa
Año de publicación: 1976
Valoración: inclasificable

Empezaré la reseña explicando el porqué de esta inusual valoración. Este libro se publicó de forma póstuma y es un libro inconcluso. Debido a este aspecto, es difícil calificarlo debidamente puesto que el final es totalmente abierto y uno es incapaz de saber cómo tenía pensado Zweig terminarlo, e incluso hacia donde avanzar la trama (aunque sí se indican brevemente las intenciones del autor en los capítulos finales). Si tuviera que hacer una valoración lo dejaría en un «está bien», siendo consciente que sería algo injusto hacerlo (al ser inconcluso) aunque también es cierto que debemos valorar el libro por lo que es y no por lo que promete (o prometía).

El libro trata sobre Clarissa, protagonista absoluta de la novela. Ya en un inicio, el autor nos narra la infancia de la protagonista y el frío ambiente familiar en el que crece, viviendo desde pequeña aislada del resto de su familia. Huérfana de madre, quien muere durante el parto, el núcleo familiar está formado por su hermano (quien casi no aparece en la novela) y su padre, militar ausente volcado absolutamente en el trabajo haciendo tareas de documentación. Las funciones del padre radican en recabar tanta información como sea posible sobre las tropas enemigas, tarea que desempeña con una minuciosidad extrema. El carácter del padre, quien carece de la capacidad de demostrar afecto, marca la relación con Clarissa, y sus charlas (ocasionales) se reducen principalmente a comprobar que su hija progresa como se espera de ella en el colegio. De esta manera, con la misma exigencia, rigor y meticulosidad que aplica al trabajo educa a su hija (desde la distancia), dejando de lado cualquier acto o gesto cariñoso hacia ella, sin mostrarle ternura ni afecto. En este entorno frío y solitario crece Clarissa, hasta que llega a la edad suficiente para empezar su carrera profesional como ayudante de un profesor, quien la enviará a una conferencia en Suiza. Allí se abrirá su mundo y conocerá a Léonard, un joven francés de quien se enamora. Pero los tiempos son convulsos en la Europa de 1914, y los caminos de Austria y Francia no van en la misma dirección.

Con esta premisa, y sirviéndose de la Primera Guerra Mundial como telón de fondo, Zweig nos narra una historia donde la guerra, las relaciones, los deseos y la corrección se entretejen hasta elaborar un retrato de Europa de principios de Siglo XX. Así, encontramos en Clarisa muchas características de la obra de Zweig como la relación sentimental entre personajes y hasta sus características: él comedido y prudente, ella agradable e inquieta. En este libro póstumo también aparece mencionada la figura de Montaigne, al que Zweig admira como ya demostró en la biografía que publicó sobre el humanista (reseñada también en ULAD). Y es que la obra de Zweig, como es habitual en él, gira en torno a sus personajes, a sus fragilidades y aspiraciones, a la rectitud y la delicadeza de los corazones que buscan sentirse arropados por almas parecidas.

Escrito con prosa ágil, la obra se lee con la calma que el propio libro imprime, contagiándose uno de la belleza siempre existente en la narrativa de Zweig. Sin embargo, y sin poner en duda la calidad literaria del autor (sería casi un sacrilegio), hay cierta repetición de temas y planteamientos que ya encontramos en muchas de sus obras y este hecho reduce el impacto causado por su lectura. Las similitudes son evidentes más allá de su estilo, y la trama se desenvuelve en un entorno parecido al que podríamos encontrar en «La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón» o «Carta de una desconocida». A medida que uno avanza en la lectura de este libro, tiene la sensación de haber leído algo parecido antes, y la reiteración de temas y enfoque ya no sorprenden. Eliminado el factor sorpresa en su obra, queda la calidad de su escritura. Con eso al menos sí nos podemos quedar y, tratándose de Zweig, no es poco.

Otras obras de Stefan Zweig en ULADEl mundo de ayer¿Fué él?Fouché. Retrato de un hombre políticoMendel el de los librosMaría AntonietaTiempo y mundoCarta de una desconocidaNovela de ajedrezVeinticuatro horas en la vida de una mujerViaje al pasadoLos ojos del hermano eternoLas hermanasMontaigne, La piedad peligrosa o La impaciencia del corazónMiedoArdiente secretoUna boda en LyonEl amor de Erika Ewald

sábado, 5 de junio de 2010

Stefan Zweig: Veinticuatro horas en la vida de una mujer

Idioma original: alemán
Título original: Vierundzwanzig Stunden aus dem Leben einer Frau
Fecha publicación: 1929
Valoración: recomendable

Creo que ya es de sobra conocida la devoción que algunos de los autores de este blog tenemos por Stefan Zweig. La verdad es que, en mi caso, descubrirlo fue una gran sorpresa. Enseguida me cautivó su estilo, el ritmo que logra imprimir a sus narraciones y su capacidad de hacer interesantes historias que, de primeras, a mí siempre me han resultado bastante aburridas. Después de leer varios de sus libros, me resulta difícil decidir si me quedo con sus libros de ficción o con aquellos de no ficción: en ambos grupos he encontrado piezas excelentes. Sin embargo, la devoción que le profeso me pone a la defensiva cuando quiero reseñar una de sus obras. "¿Lo estaré valorando por encima de lo que vale?", suelo preguntarme. En este caso, vaya por delante, he tenido mis dudas a la hora de decidir una valoración.

El argumento es muy simple, quizás incluso demasiado. Un grupo de turistas, entre los que se encuentra el alter ego del autor, pasa unos días de asueto en un hotel de Mónaco. La tranquilidad del lugar se ve repentinamente interrumpida por la llegada de un joven que parece reunir todas las características que encantan a la buena sociedad de principios de siglo: es atractivo, inteligente, buen conversador y extremadamente educado. El joven pasa solamente un día en el hotel, pero tras su marcha se descubre que una de las turistas, madre y esposa "ejemplar" hasta la fecha, ha desaparecido, dejando una carta en la que anuncia que deja a su familia y se fuga con el joven, de quien está profundamente enamorada. Dicho suceso torpedea directamente la línea de flotación del sistema de valores de este grupo de burgueses y remueve los recuerdos de una anciana también allí hospedada.

Stefan Zweig parte de una anécdota mínima para desarrollar una novela breve en la que ataca la moral burguesa de los años veinte. Con su estilo característico, logra recrear un ambiente íntimo que cautiva al lector y le hace cómplice de los secretos que esconde el alma de una anciana, una mujer cuya vida se tambaleó en apenas veinticuatro horas.

Otros libros de Stefan Zweig reseñados en este blog: El mundo de ayer¿Fué él?Fouché. Retrato de un hombre políticoMendel el de los librosMaría AntonietaTiempo y mundoCarta de una desconocidaNovela de ajedrezViaje al pasadoLos ojos del hermano eternoLas hermanasLa piedad peligrosa o La impaciencia del corazónMontaigneClarissaMiedoArdiente secretoUna boda en LyonEl amor de Erika Ewald

domingo, 12 de junio de 2011

Stefan Zweig: Tiempo y mundo


Idioma original: alemán
Título original (de la recopilación en inglés): Impressions and tests. 1904-1940
Año de publicación: 1º edición en España: 1957
Valoración: Muy recomendable



Hay muchas razones para admirar a Stefan Zweig: su prosa, sus sinceros argumentos, la sensibilidad que transpira, su humanismo, la vigencia de las cuestiones que plantea… Pero a mí lo que realmente me atrae de sus ensayos (con la ficción ocurre algo distinto) es que, como si fueran una máquina del tiempo, me trasladan de repente a otra época. Nadie más consigue este efecto: la mayoría de los libros logran que imagine otros ambientes, pero con Zweig pateo las calles, me cuelo en las casas, leo la prensa, habló con la gente de comienzos del siglo pasado y me siento uno de ellos. ¿Me entendéis?

Este volumen, publicado por primera vez hace más de cincuenta años, no fue concebido de forma unitaria. Es una recopilación de conferencias, anotaciones y escritos sueltos del autor producidos durante casi cuatro décadas y está dividido en tres partes: la dedicada a semblanzas de personajes, la que describe lugares que visitó y aquella en la que se recogen reflexiones personales, principalmente sobre el curso de la historia.

Y como no quiero que me acuséis de que eso de que viajo en el tiempo me lo estoy inventando, intentaré dar una idea algo más objetiva de este libro. Mientras lo leía me preguntaba en qué nos parecemos y qué cosas han cambiado desde entonces. En definitiva, ¿la historia cambia? ¿la historia se repite?

Puede que se repita: “Continuamente le llegaba de fuera a este ámbito cultural nueva sangre extraña y asimismo se mezclaba… eslavos, magiares e italianos, polacos y judíos afluían al ámbito creciente de la ciudad. Con esta continua mezcla los orígenes perdían sus aristas, todo se tornaba aquí más suave, complaciente, conciliador, diferente y amable, esto es, austríaco.”

O puede que cambie según la premonitoria lógica de Zweig: ”… la idea de los Estados Unidos de Europa se presenta como una exigencia política y en cierto modo superpolítica. El postulado de que todos los países de este continente tengan que unirse en una unidad económica y espiritual, en un organismo único, (…) no cabe ya discusión acerca de la realidad irrecusable de que Europa tiene que ser, por fin, una.”

Pero él mismo nos saca de dudas: “La historia nunca se repite. Se limita a jugar alguna vez con las analogías, pero dispone de una riqueza tan enorme de materiales, que va extrayendo continuamente nuevas situaciones de su inagotable arsenal”.


miércoles, 14 de diciembre de 2022

Stefan Zweig: El amor de Erika Ewald

Idioma original: alemán
Título original: Die Liebe der Erika Ewald
Traducción: Clara Formosa (en catalán para Viena Edicions) / Roberto Bravo de la Vargfa (en castellano para Acantilado)
Año de publicación: 1904
Valoración: recomendable


La importancia o el impacto de un autor se hace evidente cuando su estilo deja una marca imborrable, cuando puedes coger un libro al azar y con pocas páginas reconocer en ellas a su autor. Y es innegable que Zweig es uno de ellos, creo que pocos autores lograrían un consenso tan unánime al respecto porque en todos sus libros despliega su talento a la hora de entender y transmitir los matices de la condición humana.

En el libro que nos ocupa, el autor nos traslada ya de entrada a un hogar en el que el silencio y el decaimiento ocupan todo el espacio. Es la hora de cenar, y nadie tiene palabras para llenar el vacío. En ese triste hogar, que desprende frialdad y soledad en cada uno de los segundos que el lector destina a esas páginas iniciales, viven Erika, su hermana Janette y su padre. El vacío, inmenso, sombrío, lúgubre, que se despliega y abarca toda la casa lo llena la ausencia de la madre, fallecida hace un tiempo. Zweig nos hace testigos de esa melancolía, en una escena en la que «los tres tenían poco a decirse» y Erika «sentía que era inútil luchar contra la atmósfera gris que se desplegaba por encima de esos momentos como nubes de tormenta densos y amenazadores». Pero ella guarda aún una pequeña esperanza, una pequeña ilusión, alimentada por una incipiente alegría, pues había conocido a un chico y habían estado juntos ensayando una pieza musical. Y ella esperaba con gran anhelo que llegara el día en el que él la invitara a su casa.

Ya en esos primeros compases, constatamos porqué Zweig nunca decepciona. Ofrece siempre lo que el lector espera: una recreación perfecta de los ambientes de la época, las inevitables dudas y recelos del amor, una imagen de meticulosidad y refinamiento en las maneras y las costumbres; también un ritmo pausado que no aburre sino al contrario, pues lo usa con maestría para aguantar la tensión narrativa y dejar que nuestras emociones acompañen a los personajes quienes «durante un rato permanecieron en silencio; no era un silencio incómodo, sino únicamente un temor indefinido, propio de las personas refinadas cuando tienen que iniciar una conversación con banalidades». Y entre ambos personajes Zweig alterna los puntos de vista de él y de ella, y traslada cómo es habitual en el autor el refinamiento en la maneras, unas maneras que ocultan e intentar tapar los deseos subyacentes de sus personajes, siempre con la presencia imperante de la castidad y la virtud como pilares de la personalidad de sus protagonistas pues, como en él es habitual, sus personajes parecen contener todos los sentimientos que albergan, como se evidencia al afirmar que, «por eso no sentía ningún temor ni aprensión por el futuro, creía en el eco suave y alegre de aquel amor casto y venerable que le daba tanta confianza en su belleza artística y su pureza interior» pero «entonces a ella la estremecía una necesidad ardiente de ternura, una expectación de palabras amables y dulces, que en realidad temía» aunque «se contenía mucho en mostrar a los demás su felicidad (…) porque quería proteger su circunstancia de las miradas extrañas, como una obra de arte con centenares de fragmentos fugaces». 

En un libro de apenas cien páginas no merece la pena hablar mucho del argumento, pues sería fácil caer en spoilers que estropeen una futura lectura, y creo que estas pinceladas son suficientes para comprobar una vez más que Zweig se maneja a la perfección creando personajes de sentimientos contenidos, vivos pero no vividos desacomplejadamente y nos relata una historia sentimental entre dos personajes que viven de y por la música, y por la mesura que imprimen a su relación que, como notas de una partitura perfectamente orquestada, no permiten disonancias en el ritmo que su razón imprime a la relación. Así, con más fugas que allegros en la partitura que construye Zweig, la relación avanza en un ritmo continuo y tenso que el autor sostiene in crescendo durante la trama argumental. La contención frena el impulso, y sus personajes parecen encorsetados como notas en una partitura que no pueden salirse de la escala en la que están creadas y que se evidencia al afirmar que «ahora se percataba de que su historia no representaba ni la injusticia ni la hostilidad de la vida, sino que únicamente era dolorosa, porque le faltaba el alegre paso de danza de los temperamentos risueños y frívolos que saltan por encima de los abismos del dolor (…) Y la soledad le caía encima y la oprimía (…) El dolor que salía de ella volvía para desbordarle el alma, y el hecho de confesarse y analizarse incesantemente a sí misma al final le producía un cansancio mortecino y una apatía desesperanzada, que no podía luchar más contra el destino y sus fuerzas ocultas» porque «aún no sabía que un dolor profundo es como un torrente subterráneo tenebroso, que perfora la roca con un silencio inquieto, y no para de llamar y llamar con una ira impotente a puertas infranqueables. Hasta que un día la pared se resquebraja y, con una euforia incontenible que todo lo destruye y agota las fuerzas, se precipita hacia el valle florido, que se mecía confiado, sereno, sin sospechar nada…»

Por todo lo explicado y con la facilidad de lectura que ofrece un libro tan corto, vale la pena encontrar un rato para leerlo. Porque a pesar de que bien es cierto que este libro no se encuentra entre sus mejores relatos, se trata de un libro de Zweig. Y a Zweig hay que leerlo siempre. Y varias veces.

domingo, 12 de marzo de 2017

Stefan Zweig: Montaigne

Idioma original: alemán
Título original: Montaigne
Año de publicación: 1942
Valoración: muy recomendable


En momentos complejos como en los que nos encontramos actualmente, en una época donde según algunos políticos se ha superado (ejem) la crisis mientras la población pasa por situaciones de pobreza, donde las ideologías extremas (y extremistas) van aumentando su papel en un ya de por sí deshumanizado mundo, donde cada día somos testigos de las injusticias sociales que nos rodean, hay que buscar respuesta y consejo en los clásicos. Y ya puestos, ¿por qué no hacerlo leyendo a Zweig hablando sobre Montaigne?

En este ensayo póstumo e inconcluso debido al suicidio del autor, confluyen dos personajes ilustres de nuestra cultura; la escritura siempre precisa, hábil y rica de Zweig nos sirve de vehículo para aproximarnos a la vida de Montaigne. Tras unos primeros capítulos de puesta al día de la filosofía del humanista francés y su aplicación a la sociedad contemporánea a Zweig, éste nos detalla la vida de Montaigne y la intención de su padre aristócrata en apartarlo de los excesos y de la vida cómoda para hacer de él una persona con grandes conocimientos sobre la cultura a la vez que con grandes dosis de humildad y austeridad. Estos inicios fomentaron el interés por la educación y la cultura, que sería ampliados y enriquecidos a lo largo de su vida para acabar siendo una persona altamente influyente en la sociedad. Con críticas a la férrea disciplina educativa del momento, Zweig afirma que «trabajamos únicamente para llenar la memoria y dejamos el entendimiento y la consciencia vacías. ¿De qué nos sirve tener el estómago lleno si no lo digerimos, si no se transforma en nosotros, si no nos hace crecer y fortalecernos?». Sin duda, estas reflexiones son vigentes hoy en día con un sistema educativo en proceso de revisión y transformación, siendo cuestionado por seguir el método tradicional de enseñanza y no haber sido capaz de adaptarse completamente a los tiempos actuales. Más allá de la reflexión sobre el sistema educativo, la admiración de Montaigne por la cultura y los libros es tan grande que a sus 38 años se retiró a su torre para vivir únicamente rodeado de libros y así poder ampliar su conocimiento. Esta veneración hacia los libros queda perfectamente expuesta cuando indica: «sabiendo que puedo disfrutarlos cuando quiera, estoy contento solo por el hecho de tenerlos» o «no molestan cuando uno guarda silencio, solo hablan cuando se les pregunta».

Las tesis de Montaigne tienen cabida siempre, pero más aún en esta época de pérdida de valores y tendencia al narcisismo. El culto a la imagen, el deseo y necesidad de reconocimiento popular ampliado por los altavoces digitales de las redes sociales, se expande a medida que la humanidad tiene más herramientas para su difusión. La imagen exterior le come terreno a lo que albergamos en el interior y la superficialidad brilla y deslumbra, cubriendo con un manto de opacidad nuestro interior, nuestra humanidad. Montaigne luchó contra los excesos, contra la riqueza externa, contra aquello que nos aparta de quienes somos realmente. Para ejemplarizar la actitud comedida del humanista, retomo una de las frases incluidas en el libro: «¿Cómo defenderme para no ir en mis palabras y acciones más allá de donde mi yo más íntimo quiere llegar?» o también «me gustaría no saber cuánto tengo, para disgustarme menos en el caso pérdida».

Estudiando las tesis de Montaigne, Zweig hace una analogía de la época en la que vivió para analizar su propia vida y la de una Europa con grandes carencias humanitarias y de identidad. Y visto el estado en el que se halla Europa en nuestros días, parece que seguimos cayendo en los mismos vicios del pasado. La filosofía de Montaigne y su análisis retoma vigencia y permite cuestionar, no únicamente la sociedad y sus valores, sino también aquello que la componen: los valores individuales que cultivamos y albergamos cada uno de nosotros. Y entre todas las aseveraciones de Montaigne, me quedo, por la profundidad y la responsabilidad individual que debemos tener ante las injusticias, con la siguiente: 

domingo, 8 de marzo de 2009

Stefan Zweig: María Antonieta


Título original: Marie Antoinette
Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 1932
Valoración: Muy recomendable

Hay algunos acontecimientos, no muchos, a los que nadie discutiría un papel crucial en la Historia. A primera vista, todo el mundo parece saber algo sobre ellos. Sin embargo, a poco que se examine ese pretendido saber, éste se revela como una colección de vagos clichés y mistificaciones interesadas. La Revolución francesa es un caso prototípico, y más aún uno de sus personajes centrales: la Reina María Antonieta. En torno a ella se aglutinaron como en ninguna otra persona las iras revolucionarias y el afecto de los nostálgicos; sus biografías no han sido sino momentos de una lucha política entre dos caricaturas: la “loba austríaca” de los jacobinos y la “reina mártir” de la Restauración.

Stefan Zweig logra escapar de este callejón sin salida gracias a una agudeza psicológica muy poco común, que le permite vislumbrar los miedos y las esperanzas de María Antonieta en sus actos mismos, al margen de la parafernalia teatral con que los recargan sus partidarios y detractores. Bajo los solemnes ropajes de la historia aparece una mujer mediocre, que pasó la mayor parte de su vida en una completa ignorancia de cuanto se extendía bajo la vida cortesana y la hacía posible. Cuando los acontecimientos se aceleraron a su alrededor y se vio convertida, a su pesar, en el gozne de un vuelco histórico, fue ya demasiado tarde para reaccionar.

Dos escenas, magistralmente narradas por Zweig, encierran en su contraste la vida de María Antonieta y lo que ella representa: su entrada triunfal en París como esposa del Delfín y el traslado forzoso de la familia real de Versalles a las Tullerías, 16 años después. Idéntico recorrido, jalonado de vítores: como princesa aclamada por sus súbditos primero, y como rehén del pueblo revolucionario después. Pocos tratados de Historia pueden explicar mejor en qué consiste la modernidad política.

Otras obras de Stefan Zweig en ULAD: El mundo de ayer¿Fué él?Fouché. Retrato de un hombre políticoMendel el de los librosTiempo y mundoCarta de una desconocidaNovela de ajedrezVeinticuatro horas en la vida de una mujerViaje al pasadoLos ojos del hermano eternoLas hermanasLa piedad peligrosa o La impaciencia del corazónMontaigneClarissa, MiedoArdiente secretoUna boda en LyonEl amor de Erika Ewald