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lunes, 31 de octubre de 2016

Anexo a la semana del libro de culto: Diccionario de literatura para esnobs, de Fabrice Gaignault

Idioma original: francés
Título original: Dictionaire de Littérature à l'usage des snobs
Año de publicación: 2009
Traducción: Wenceslao Carlos Lozano
Valoración: muy recomendable para aspirantes a esnobs

Otra cosa no, pero en este blog somos de lo más esnob para esto de los libros. Por ejemplo, hemos tenido a uno de nuestros galeotes compañeros leyendo día y noche, para poder reseñarlos, todos los volúmenes de En busca del tiempo perdido , sólo por haberlos escrito el santo patrón de los esnobs literarios (quién apunto al respecto que "el esnobismo es una grave enfermedad del alma, pero localizada y que no la echa del todo a perder"). Además, ¿no acabamos de dedicar una semana al libro de culto?; categoría que, si bien no es equivalente a la de la literatura para esnobs, en más de un caso pueden coincidir; ahora bien, que un libro devenga "de culto" es consecuencia de una obsesión genuina, sospecho, ya sea individual o tribal, mientras que el esnobismo literario por definición es más superficial... o mejor dicho, resulta de una voluntad de ser más superficial (según Olivier de Magny: "El esnobismo consiste en un conjunto de prejuicios que un grupo de personas convierte en estrategia para que el resto de los humanos se sienta, eternamente y en todo, carente de elegancia..."), con el objeto de convertirse, siquiera de una forma íntima y hasta secreta, en uno de los elegidos happy-few. En fin, en el prefacio del libro,  Fabrice Gaignault, periodista cultural de una de esas revistas de impronta indudablemente francesa y al que se le supone buen conocedor del tema, se extiende con bastante lucidez al respecto, para concluir que "el esnobismo literario debe tomarse con la máxima ligereza (...). Al fin y al cabo, solo se trata de atribuirse y de inventarse unos códigos un poco más sutiles y refinados que la "lectura de confección" al uso..."

Visto lo cual, lo cierto es que no tiene sentido tratar de engañarnos: en este blog no somos para nada esnobs, como resulta tristemente evidente (¡si hasta hemos reseñado libros de Jorge Javier Vázquez, por el amor bendito!), pero es que este libro en realidad tampoco está destinado a los esnobs, como reza su título completo: Diccionario de literatura para esnobs y (sobre todo) para los que no lo son. Así que tranquilos: en este diccionario , ordenados alfabéticamente, como debe ser, encontramos autores que resultarán prácticamente desconocidos para la mayoría de los aficionados a la lectura, pero también otros muchos que, pese a haber sido adoptados por los esnobs en algún momento, ya han pasado al conocimiento no sé si del gran público, pero sí de los letraheridos o gafapastas de provincias e incluso de pueblo (como un servidor, que conste). me refiero a nombres como los de Von RezzoriRaymond Roussel, Marcel Schwob, Ambrose Bierce o Terry Southern, por no hablar de William BurroughsLovecraftSylvia Plath... Incluso aparecen autores de best-sellers como Harold Robbins o Maurice Dekobra, que sirviera de modelo, según se dice, al personaje de Tintin. En cambio, el único premio Nobel digno de salir en este diccionario es, precisamente, el más desconocido de todos: Winston Churchill (y no sólo por haber recibido ese premio, claro está). Cierto es que la perspectiva del autor del libro es evidentemente francesa, como no podía ser de otra forma y también bastante americano-anglófila, siendo el resto de literaturas del mundo prácticamente olvidadas; como representación en lengua hispana, menciona sólo, aunque ya es bastante, al internacional Max Aub, a la cada vez más reivindicada Silvina Ocampo y a José Carlos Llop, autor que explica su sorprendente inclusión en uno de los prólogos.

Lo interesante de este peculiar diccionario, además, es que no se limita a un mero prontuario de autores poco -o nada- conocidos por la mayoría de los lectores; aparecen también otros artistas (como Andy Warhol o el elegante ilustrador Berdsley), editores y editoriales, célebres revistas literarias (Granta, McSweeney's, Tel Quel), lugares con algún tipo de impronta libresca (el Sendero de Rilke en Trieste, Tánger, el pueblo de Cajarc, en el Lot...). E interesante, además, porque nos permite seguir el rastro a lo largo de sus páginas, como si fueran los ramales de una corriente subterránea, de diversos grupos y facciones literarias; algunos bien conocidos, como el Círculo de Bloomsbury, la famosa mesa redonda del Hotel Algonquin o los Husáres franceses, (derechistas y antiexistencialistas, fanáticos de la frase corta y afilada); otros, sospecho que más fruto de la socarronería del propio Gaignault o de Paul Morand que otra cosa: el Club de los Bigotes Largos -esto es, decadentes finiseculares de segunda fila-, la Escuela de Montana -Norman Maclean o el propio Richard Ford- o los amantes del cuello vuelto, entre otros... Todos estos junto con simbolistas -empezando por Barbey d'Aurevilly pero también el wagneriano y excesivo Joséphine "el Sâr" Péladan- beatniks, vanguardistas de todo pelaje, (vorticistas, el Outlaw Liberation Army...) estetas lunáticos como el baron Corvo, embaucadores canallas como Maurice Sachs, ermitaños de los libros, drogadictos, suicidas...  entre todos van tejiendo un tapiz fascinante en sus claroscuros, en la brillantez o lo desvaído de sus colores, que convierte la lectura y consulta de este diccionario en una sorpresa permanente (sin olvidar sus otros irónicos apartados:

-Diez libros odiados por los esnobs literarios.
-Chuleta imprescindible para ahorrarse pifias monumentales.
-Las diez muertes (más o menos) esplendorosas plebiscitadas por los esnobs literarios.)

Aun a riesgo de que esta reseña resulte demasiado larga, no puedo acabarla sin incluir la entrada correspondiente, cómo no, a "Proust, Marcel: El maestro de ceremonia anuncia a los invitados que han llegado y los que están por llegar, pero tiene la suma cortesía de no extenderse sobre sí mismo (1871-1922)"

Nota final (lo prometo): un libro ilustrado y editado con exquisito gusto, como suele suceder con Impedimenta. Un placer tenerlo entre las manos... y hasta leerlo.




martes, 8 de octubre de 2019

ULAD inaugura el premio ¡NOOOO! BEL

Estimados señores de la Academia. Dejen ya de jugar. Que si el año pasado no dan su premio por unos asuntillos de tema sexual. Que somos muy coherentes y no hay premios que dar, castigados todos a la cama sin postre.

Respuesta contundente: ULAD crea el NOVEL

Y ahora, este año, todo olvidado, pero el palmarés no puede quedar vacío. El tiempo, que todo lo borra y, como si hubiéramos saltado una casilla, y ahora DOS Nobel. Para recuperar la media. 
Oigan: esto es trampa. Y les va perfecto: pueden premiar a pares, contentando y compensando, a equidistantes no les va a ganar nadie: un hombre y una mujer, un novelista y un poeta, un representante de la literatura occidental y otro de las periféricas, uno blanco y uno de color, un escritor consolidado y uno casi debutante. O pueden premiar a un pianista y a un guitarrista. Ejem. O mejor, a ciertos dos escritores españoles muy machotes y muy amigos. Qué comodona les ha quedado la jugada. Pueden optar por un escritor comercial y otro artístico. 
La de escritorzuelos que estarán ilusionados porque este año hay dos premios y eso dobla sus posibilidades. Cuánta ilusión en cuántos despachos llenos de papelotes o presididos inmaculadamente por una máquina de escribir, por un PC, esperando pacientes a la prensa dispuesta a fotografiar el RINCÓN DONDE CREA EL GENIO. 
POR DOS.

Respuesta aún más contundente: ULAD crea el ¡NOOOO!BEL

Porque ULAD es un blog cohesionado e integrado por 10 personas de conducta recta e intachable, 10 seres humanos a los que poco hay que reprochar salvo el tamaño de las baldas de sus estantes. Olvidemos la pequeña escisión de la rama catalana y el asunto que acabo con la fusión entre MAS ULAD y MENOS ULAD. Estamos unidos, estamos fuertes, miramos adelante.

Y este es nuestro premio: nuestros colaboradores explican quién NO debería ganar el Nobel, quién ni de coña debe alzarse con el honor, con el prestigio, CON LA PASTA, porque no nos gusta nada lo que hace, porque no aguantamos lo que escribe, por pura envidia. Motivos no nos faltan. Adelante.


AMÉLIE NOTHOMB, por Francesc Bon


Lo mío con la escritora belga es para llorar. Para reverdecer, o quizás rectificar sensaciones, leo Barba Azul, novela de hace unos años (pone la sinopsis, vigésimoprimera, desde entonces ha publicado 7 más, incluyendo una titulada Riquete el del Copete), y casi sollozo (habrá reseña, qué diantres). Pero con tamaña producción, su condición de escritora de pequeño país, los precedentes de Modiano, de Jelinek... tengo algo de miedo de que los señores de la Academia la tengan en cuenta. Una autora que emplea las portadas de sus libros para enseñar sus poses-con-sombrero acompañadas de expresión vivaracha, casi siempre la misma. Que pinta a sus personajes con trazos gruesos de simplicidad o fragilidad casi paródicos. Que suelta puntualmente sus cien pagínitas de volatilidad tiznada de trascendencia de suplemento dominicial. Que ensucia el catálogo de Anagrama de manera incomprensible, año tras otro. La palabra es REPUGNANCIA. Ni se les ocurra.


PAULO COELHO, por Carlos Andia

La gente es idiota. O no, peor, se ha quedado sin referentes. Ya no cuela la recompensa de la vida eterna, ni los ideales de justicia o de una sociedad nueva. Nos han convencido de que no hay más que sálvese quien pueda, de que el sistema no se va a mover por mucho que gritemos o recemos. Y aquí aparece él, Coelho, irrigando el planeta con sus frases redondas, sugiriendo que hay una Dimensión Diferente donde un Espíritu Recto conecta con el Alma de las Cosas y finalmente la Armonía Universal se instala en nuestras vidas. Igual no hay Cielo para los justos ni paraíso socialista, pero si tu hijo está enfermo, o te echan del trabajo, o piensas que tu vida es una mierda, Coelho tiene la frase perfecta para reconducirte al Equilibrio.
En su día tuve la mala sombra de reseñar aquí el único libro de este individuo que ha disfrutado del honor (inmerecido, sin duda) de una entrada en el blog. Me arrepiento. Ya sé que vende mucho, que grupos editoriales le pagan bien por escribir en suplementos, pero me da pena. Siento que haya gente que se deje embelesar por tantas sandeces. Y solo me queda un consuelo: en el fondo, este tipo es inofensivo, es una droga cutre, no muy cara, que a él le hace rico y a los demás, a lo sumo, nos provoca un sarpullido.


J. K. ROWLING, por Oriol Vigil

Esta autora es mundialmente conocida por haber escrito la heptalogía protagonizada por Harry Potter. Y sí, sé que J. K. Rowling ha publicado otras cosas. Sin ir más lejos, ha hecho sus pinitos en novela negra o ficción adulta. Pero mucho me temo que en eso no la reivindica ni Dios.
Ya puestos, tampoco entiendo que se reivindique a Harry Potter como si de una obra maestra de literatura juvenil se tratara. Claramente, esta exitosa saga va de mal en peor (aunque hay que reconocer que sus dos primeras entregas funcionan a su manera): un worldbuiling y un sistema de magia inverosímiles, mensajes poco intuitivos, continuidad cada vez más contradictoria...
Pero claro, piensa Rowling, a la gente le gusta Harry Potter, y todo lo demás es un fracaso, así que hay que exprimirle, a él y a su universo. Sacarle el dinero a los potterheads a base de libros "complementarios" más próximos al merchandising que a genuinos productos literarios. Aprobar como canon una pieza teatral que parece más bien un vulgar fanfiction.
Por si lo dicho no fuera suficiente para cuestionar la calidad como narradora de Rowling, la tía va y desempeña un flagrante ejercicio de intrusismo al escribir, sin tener ni p*ta idea de cómo hacerlo, varios guiones cinematográficos (relacionados con el mundo de Harry Potter, of course).
Y una última cosa: ¿esta mujer no ha oído hablar de la muerte del autor? En Twitter no deja de ampliar innecesariamente el universo de Harry Potter (también suelta rancias diatribas políticas, pero eso dejamos que lo critiquen otros blogs). ¡LO QUE NO HAS ESCRITO EN LAS NOVELAS, PELÍCULAS, ETC, LO DEJAS A LA IMAGINACIÓN DE TUS LECTORES, PESADA!


KARL OVE KNAUSGARD, por Koldo CF

Porque estoy hasta las narices de esa literatura del yo que no es otra cosa que un continuo mirarse al ombligo, porque el interés que puede tener (para mí) este tipo de literatura procede bien de una "nueva estética narrativa". bien de una vida "excepcional" o bien de una proyección de lo individual hacia lo colectivo y creo que no se da ninguno de los tres casos, porque me aburre soberanamente, porque la potencia ambición sin control no sirve de nada, porque tienes los santos cojones de ponerle el título de "Mi lucha" a las 21222851 páginas de la historia de tu vida (¿"Mi lucha" llevar a tu hija a un cumpleaños, "Mi lucha" hacerte pajas, "Mi lucha" emborracharte en la adolescencia?), porque no te hacen falta ni el premio ni la pasta (joder, que eres KOK, un noruego de dos metros, con pinta de estrella del rock y más atractivo que un plato de jamón ibérico acompañado de una botella de Dom Perignon) y porque si no le dieron el Nobel a Thomas Berhard... ¿cómo te lo van a dar a ti, alma de cántaro?

P.S.: También un poco por tocarle las narices a Marc, la verdad.


CUALQUIER MIEMBRO O MIEMBRA DE LA RAE, por Juan G. B.


Es obvio que candidatos/as para no merecer jamás de los jamases este premio sobran; mis compañeros han nombrado a varios (yo añadiría al franchute ése con pinta de clochard), pero, ante la imposibilidad de decidirme por nadie, me vais a permitir que haga un disparo por elevación: no se lo daría a ningún o ninguna baranda de los que calientan el sillón en la Real Academia Española de la Lengua. Mis razones (tengo más):

  1. Porque aún me dura la vergüenza ajena de cuando se lo dieron a Cela. Además del espectáculo de él y su mujer bailando el vals, por la caterva de lameculos que salieron hasta de debajo de las piedras.
  2. Porque todos sabemos que los literatos (incluyo en esto a periodistos) que entran en tan venerable institución lo hacen por puro postureo, para figurar y disimular su mediocridad como autores. No me refiero a filólogos y lingüistas: fijo que José Antonio Pascual, director del Nuevo Diccionario Histórico del Español, curra más en un solo día que todos los CebrianesGoytisolosGimferreresMolinasAnsones en los muchos años que lleven allí.
  3. Que todos los escritores miembros de la Academia son un poco peñazo, para que nos vamos a engañar (sí, incluso PérezZzz-Reverte, que se supone escribe novelas de aventuras y acción): Soledad PuértolazZzz, Javier MaríazZzz, Felix de AzZzúa, Luis Mateo DíezZzz... El único con un poco de chispilla era Álvaro Pombo, pero desde que ya no da mítines de UPyD ha decaído bastante (a ver si le dejan en esta ¿nueva? campaña).
  4. Que mola pensar en la envidia que corroerá a todos éstos cuando se crucen en los pasillos con Vargas Llosa (quien, y dolerá más o menos, pero hay que reconocerlo, sí había hecho méritos para que le concedieran el Nobel). Y encima tendrán que ofrecerle la mejor de sus sonrisas, pues no sólo es uno de los suyos: es el puto macho alfa de la manada.

E.L. JAMES, por Beatriz Garza


Alfred Nobel dejó por escrito en su testamento que el Premio Nobel de Literatura se le entregara «a quien hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal». Y se fue al otro mundo convencido de que tales directrices eran suficientes para diferenciar la LITERATURA del resto de mierdas varias que se publican a diario, se venden como rosquillas, se adaptan al cine y conducen a autores hasta los primeros puestos de la lista Forbes; como sucede con E.L. James. Pero no voy a argumentar por qué E.L. James no se merece el Nobel, si no por qué sí se merece el NOOO-Bel y es que, señoras y señores, lo que ha conseguido esta mujer es digno de llevarse un premio:
  • Ha conseguido que sus Cincuenta sombras III y III se convierta en la obra erótica de referencia. ¡Qué importa que D.H. Lawrence escribiera El amante de Lady Chatterley hace casi cien años! Ella ha sabido empezar de cero para buscar la esencia del erotismo y he aquí los resultados: cero esencia, cero erotismo y cero literatura.
  • Ha logrado rellenar (y rentabilizar) centenares de páginas con personajes absolutamente planos e inverosímiles, conflictos facilones y poco desarrollados y una voz narrativa menos convincente que las audiodescripciones de las películas para personas invidentes.
  • Ha situado la, hasta hace no mucho relegada, literatura erótica en la primera línea de los estantes de las grandes librerías, junto a las memorias de Belén Esteban y el libro de recetas del chef de moda. Oh, pues en tal caso muchas gracias, señora E.L. James.
Y es que para que E.L. James mereciera el Nobel de Literatura tendría que vivir más de cien vidas y en todas ellas dedicarse a cualquier cosa menos a escribir.


JAVIER MARÍAS, por Santi

Sí, sé que me arriesgo más que muchos de mis compañeros, porque mi candidato al ¡Nooooo! Bel tiene opciones de ganar el Nobel, el de verdad. Por lo menos, eso dicen todos los años todas las encuestas. Y la verdad, creo que sería un error y una oportunidad desaprovechada. Mi opinión sobre Marías ya la expliqué en esta otra entrada, así que no me voy a repetir. Solo añadiré que darle el Nobel a Marías ahora, que se ha convertido en un representante de lo antiguo y lo establecido (tanto en literatura como en varios ámbitos sociales y políticos, en particular en relación con el feminismo) sería darle en el siglo XXI un premio a un escritor que sigue anclado en el siglo XX. Si en su momento Marías pudo ser innovador y rompedor en el contexto de la literatura española, ahora en cambio es un peso muerto: más de lo mismo, sin riesgo ni ruptura. El Nobel no puede premiar eso.


JOHN BANVILLE, por Montuenga

Al paso que va, no me extrañaría que el escritor irlandés John Banville –desdoblado en Benjamín Black cuando escribe novela negra– aparezca cualquier año de estos en la lista de candidatos. Por ello, y sin negar sus evidentes méritos –reconocidos  con importantes galardones, entre ellos el Príncipe de Asturias 2014– he creído oportuno incluirlo en la lista uladiana de No-Candidatos al premio.
Comienzo por su prosa que, a juzgar por la traducción al castellano, es correcta, agradable, cuidada y lo primero que suele destacarse. Se reconoce además su sobriedad. Sin embargo, sus personajes suelen estar desdibujados, abusa de las coincidencias y sus descripciones tienen una extensión desproporcionada. Intuyo un carácter laborioso que construye sus tramas con dedicación y pule incansablemente sus escritos, pero ese afán perfeccionista acartona un poco (o un mucho) sus historias, de tal manera que a algunos nos resulta imposible conectar emocionalmente con ellas. Sospecho que su autor, absorto en los aspectos técnicos, evita implicarse a fondo. Pero, como bien saben, el primer requisito de un relato, de cualquier relato que se precie, es interesar al lector, y somos unos cuantos los que nos quedamos más bien fríos leyéndole, tanto en su faceta de novelista serio como en la otra, más lúdica a priori. Yo, la verdad, tampoco encuentro tanta diferencia entre las dos.

Hablando claro, Banville no solo me aburre: ni siquiera soy capaz de recordar ni uno solo de sus argumentos; a mi entender les falta consistencia, por eso al poco tiempo se desvanecen en el aire. Sin embargo, admiradores tiene, eso no se puede negar. Sus motivos tendrán, digo yo.

miércoles, 5 de mayo de 2010

La "Cuestión de Coimbra" y las "Conferencias del Casino"

A veces (solo a veces) la historia literaria es divertida, porque contiene algunos pasajes casi novelescos: revoluciones estéticas, duelos literarios o incluso físicos, cambios de fortuna... En el caso de la literatura portuguesa, uno de estos episodios (casi) novelizables tuvo lugar entre los años 1865 y 1871, cuando se produjo una violenta lucha (verbal) por el control del "campo literario" -que diría Bourdieu- entre los mayores y los jóvenes, con triunfo final (¿no es siempre así?) para los segundos: una polémica en la que participaron algunas de las personalidades que iban a marcar los siguientes treinta años de la historia y la cultura portuguesa, como el poeta Antero de Quental; el novelista Eça de Queirós, o el pensador e historiafor Teófilo Braga, considerado como uno de los padres del republicanismo y de la historiografía moderna en Portugal.

Para entender la razón de la polémica, situémonos en su contexto: el panorama literario portugués estaba, en los años 1860, dominado por la figura del poeta romántico António de Castilho, y una recua de escritores lisboetas a los que se conocía peyorativamente como "escuela del elogio mutuo" (por razones obvias). Los otros grandes románticos habían desaparecido: el gran Almeida Garrett había muerto en 1854, y Alexandre Herculano estaba prácticamente retirado de la vida pública. Contra a este estancamiento literario reaccionó un grupo de estudiantes de la Universidad de Coimbra, cuyos miembros más destacados eran Teófilo Braga, Antero de Quental y Vieira de Castro, que reclamaban una visión más abierta y europeísta de la literatura (y de la política) portuguesas.

La "Cuestión de Coimbra" comenzó con la publicación de Poema da Mocidade de Pinheiro Chagas, en el que Castilho, como "padrino" suyo, incluyó una "Carta ao Editor António Maria Pereira". En ella, además de alabar a Pinheiro Chagas (a quien llegaba incluso a proponer con todo el descaro para un cargo público), atacaba a los jóvenes poetas de Coimbra. A esta introducción contestó Antero con una nueva carta titulada "Bom Senso e Bom Gosto" (otro nombre por el que se conoce a esta polémica), en la que a su vez atacaba a Castilho y defendía la necesidad de renovar la literatura. La polémica literaria pronto se transformó en personal, sobre todo porque Antero y Teófilo ridiculizaron al "maestro" Castilho a cuenta de sus canas y su ceguera, y quedó aparcada aproximadamente un año después.

Sin embargo, en 1871, la polémica tuvo una segunda parte, ahora ya trasladada a Lisboa, donde residían casi todos sus protagonistas. Las Conferencias Democráticas, también conocidas como "Conferencias del Casino", fueron impulsadas por Antero de Quental, y sus propósitos iban más allá de la mera renovación literaria, ya que pretendían ser un instrumento para revitalizar la vida intelectual lisboeta e introducir en Portugal las más modernas ideas de Europa en materia de filosofía, política, ciencia o literatura: republicanismo, socialismo, democracia, darwinismo, realismo...

Llegaron a realizarse cinco conferencias: dos de Antero de Quental (una de ellas sobre la "Decadencia de los pueblos peninsulares", muy interesante también para la historia cultural española), una de Eça de Queirós (en que defendía el realismo como "literatura nueva"), otra de Augusto Soromenho (hoy perdida, aunque se sabe que despotricaba contra la literatura portuguesa, hasta el punto de decir que todos los clásicos "pueden sustituirse por un buen diccionario") y la última de Adolfo Coelho sobre educación. Después de la quinta conferencia, el gobierno decidió prohibir su celebración por defender "ideas peligrosas", como el Republicanismo o el Socialismo, lo que contribuyó, probablemente, a multiplicar su relevancia: el debate sobre la prohibición y sobre las conferencias se extendió por el país, y llegó incluso al Parlamento portugués.

El balance de las conferencias es desigual, tanto en contenido como en repercusión pero lo que es indudable es que en ellas, y en la cuestión de Coimbra, se abrió una nueva etapa en el pensamiento y la historia cultural portuguesa, que culminó con la proclamación de la República en 1910, y que dio visibilidad a una nueva generación de escritores (conocida como la "Generación del 70") que pedía paso frente a un romanticismo anquilosado y caduco.

Nota: Las imágenes de Castilho, Antero de Quental y Teófilo Braga (en ese orden) están tomadas de Wikimedia Commons (aquí, aquí y aquí)

miércoles, 1 de abril de 2009

OuLiPo

OuLiPo es el acrónimo por el que se conoce el "Ouvroir de littérature potentielle", es decir, el "Taller de literatura potencial". Se trata de un grupo dedicado a la experimentación literaria fundado en 1960 por Raymond Queneau (1907-1976) y François le Lionnais (1901-1984). El espíritu de OuLiPo ya puede empezar a entreverse en el hecho, no anecdótico, de que Queneau era un literato aficionado a las matemáticas y Le Lionnais un matemático aficionado a la literatura. La conexión de estos dos ámbitos -que habitual y estúpidamente aparecen enfrentados- revela mucho del concepto de literatura propio de OuLiPo. Las matemáticas son en primer lugar un conjunto de operaciones en el seno de un lenguaje altamente formalizado y sólo en segunda instancia se ponen (o no) a disposición de operaciones en el mundo "real". Lo mismo puede decirse de la literatura: ésta es ante todo un juego entre palabras, en el seno del lenguaje, y sólo después puede este juego subordinarse a la comunicación de ciertos contenidos que refieren a la realidad.

OuLiPo trató (y trata, porque sigue activo) de desarrollar las potencialidades de esta concepción de la literatura como un juego del lenguaje consigo mismo. Y lo hace a partir del concepto de "constrainte", que puede traducirse al español como "traba". En efecto, la mayor parte del trabajo de OuLiPo consiste en la invención, catalogación y práctica de trabas literarias, esto es, de restricciones formales que el autor se autoimpone antes de comenzar a escribir. Muchas aparecen ya en una obra de Queneau anterior a la fundación de OuLiPo: los Ejercicios de Estilo (1947), en los que se narra una anécdota intrascendente de 99 maneras distintas. Algunas de las trabas más famosas serían el lipograma o la técnica del S+7.

El lipograma es en realidad un viejo artificio literario. Consiste en escribir un texto prescindiendo intencionadamente de alguna letra en particular. Parece que ya en el siglo III d. C. un tal Néstor de Laranda reescribió la Ilíada eliminando una letra del alfabeto en cada canto: la letra alfa en el primero, la beta en el segundo, y así sucesivamente. A un miembro de OuLiPo, Georges Perec (1936-1982) le corresponde el honor de haber escrito el lipograma más largo: La disparition, novela de 1969 en la que no aparece ni una sola vez la e, vocal más común del francés. Por si esto fuera poco, tres años después escribió, sólo con la e, Les revenentes. Por cierto, la loca tarea de traducir La disparition al español fue culminada con éxito, respetando no el texto literal, sino la traba, que es lo importante. La traducción se titula El secuestro y prescinde de la a, que es la vocal más frecuente en castellano. Espero hablaros pronto de otra novela de Perec no menos original que estoy leyendo ahora mismo: La vida: instrucciones de uso (1978).

El S+7 consiste en sustituir cada sustantivo de un texto por el que le sigue siete posiciones después en el diccionario. Por supuesto, la traba puede alterarse variando el número o cambiando adjetivos o verbos, por ejemplo. He aquí una muestra muy elaborada (S+12, A+5, V+7), extraída de Verbalia de Màrius Serra. Supongo que todavía se reconocerá el original, ¿no?
En un lujo de la Mandarina, de cuyo nomo no raciono acotolarme, no heldea mucho tifus que vomitaba una hidrartrosis de las de laodicese en adefagía, astringencia antijurídica, rodaballo flamenco y galicinio correligionario.

Aquí podéis consultar el artículo de Wikipedia y aquí visitar la página web oficial de OuLiPo (en francés).

domingo, 3 de agosto de 2014

Silvina Ocampo: La promesa

Idioma original: español
Año de publicación: 2010 (póstuma)
Valoración: Muy recomendable

Silvina Ocampo es uno de los nombres imprescindibles de la literatura argentina del siglo XX, aunque sea un nombre que se menciona mucho menos que otros nombres imprescindibles de la literatura argentina del siglo XX. En este blog, Silvina Ocampo ya ha aparecido gracias a su conocidísima Antología de literatura fantástica, editada junto con Borges y Bioy Casares, pero merece sin duda aparecer otra vez (otras veces) gracias a su propia obra, principalmente narrativa.

Y eso que La promesa es una obra especial en su narrativa: para empezar, es una obra póstuma, y queda la duda de si la novela estaba terminada o no en el momento del fallecimiento de la autora (aunque el hecho de que hubiera varias versiones distintas hace pensar que estaba más o menos preparada para su publicación). Por otro lado, La promesa es una novela corta, y no un volumen de relatos como la mayor parte de su producción. Sin embargo, quien lee La promesa puede sospechar que está ante una novela escrita por una cuentista, ya que su estructura permite que existan hilos narrativos completamente independientes, de extensión variable.

Y la estructura es esta: una mujer, la narradora, cae de un barco durante un viaje trasatlántico y promete a Santa Rita escribir un libro con sus memorias si su vida se salva. Y la forma que adoptan estas memorias es la de un "diccionario de personas", que se nos presentan a partir de breves viñetas que las describen globalmente, o solo a partir de un único rasgo; una forma muy semejante al conjunto de relatos breves, aunque hilados por la memoria de la protagonista, mientras flota en el océano esperando la muerte o la salvación.

Solo una de las historias, un conjunto de personajes se repite, dando una estructura más novelesca al texto; se trata del triángulo formado por Leandro, Irene y su hija Gabriela, que componen una familia triste e insatisfactoria para todos los implicados. A esta historia corresponden algunas de las páginas más hermosas del libro, las más sensibles y atractivas; aunque muchas de las pequeñas historias de personajes secundarios, tomadas independientemente, sean también magníficas.

Nos queda la duda, como decía al principio, de si La promesa estaba terminada, o mejor, en su versión definitiva en el momento de la muerte de la autora. De hecho, su lectura deja una sensación de obra truncada, porque termina sin terminar, sin un final cerrado que nos aclare el destino final de la narradora. Parece que en las últimas páginas su mente pierde en cierto el sentido de la realidad y cualquier esperanza de rescate, pero no es nada claro.

Esto, sin embargo, no resta belleza a una narración que en su conjunto rechaza la idea de trama en sentido convencional; queda abierta como reflexión sobre la memoria y como retrato de las pequeñas vidas cotidianas que componen el mundo.

También de Silvina Ocampo en UnLibroAlDía: Antología de la literatura fantásticaLas repeticiones y otros relatos inéditosLos que aman, odianLa furia y otros cuentos

jueves, 21 de agosto de 2014

2000: Se dice pronto

Cartel oficial de las fiestas de ULAD.
Presupuesto: 15.000.000.000€


Se hace saber al respetable público lector de Un Libro Al Día que, con motivo de la celebración de la entrada número 2000, el consejo rector de ULAD ha aprobado el siguiente programa de festejos:
 
9:00 - Diana a cargo de la charanga eslava de los Hermanos Karamazov. ¡Diversión y alegría desde primera hora de la mañana!

10:00 - Pregón de fiestas leído in spiritum por Franz Kafka, para que la fiesta no pare. Txupinazo, seguido de la aparición de los bomberos para apagar las consecuencias del txupinazo.

10:00-14:00 - Chiquipark para los más peques con hinchables Stilton. Torneo infantil de quidditch con escobas voladoras (según las reglas de Hogwarts). Alternativamente, campeonato de caza de gamusinos en la era del pueblo.

10.30 - Conexión en directo con Japón, desde donde Haruki Murakami nos hablará de su nueva novela en la que un hombre sensible y solitario se encuentra envuelto en una compleja trama dezzzzzzzzzzzz...

11:00 - Parada militar con trajes de época,  organizada por la Asociación Pérez-Reverte de Recreación Histórica Castrense. En sentido contrario avanzará el pasacalles alienígena de la empresa Gurb de Barcelona (disfraces de churro y de Marta Sánchez disponibles para quien los solicite), hasta producirse la confluencia de ambos eventos con resultados imprevisibles.

11:30 - Exhibición de herri kirolak: los harrijasotzailes Arretxe, Zaldua y Uribe (entre otros) se desafiarán a levantar la literatura vasca sin ayuda de poleas ni artificios mecánicos. Después,  la colla castellera Monzó, Pamiès i Piñol tratará de conseguir un quatre de nou. En caso de no conseguirlo, nuevo intento el día 11 de septiembre.

12:00 - Vaquillas y concurso de recortes, con la presencia del ministro Wert.

12.30 - Concurso de imitadores de Vila-Matas. Se espera la presencia del señor Vila-Matas, que se imitará a sí mismo hasta que el resto de competidores desista por agotamiento.

13:00 - Cucañas, carreras de sacos y captura de libro engrasado. En esta ocasión se engrasará el Ulises de James Joyce. El ganador recibirá de premio un libro de Corín Tellado y un diccionario de inglés irish. Acto seguido, lanzamiento de libros de bolsillo (con tres categorías: Posteguillo, Tom Sharpe y Echenoz).

14:00 - Paella popular y arroz negro al estilo escandinavo (valencianos abstenerse, por su bien).  Bollus preñaus y chorizos a la sidra para quien acredite su asistencia a la Semana Negra de Gijón.

15:00 - Resopón y sobremesa amenizada con la lectura consecutiva de seis novelas de Amèlie Nothomb

15:30 - Debate con comentarios de sus mejores momentos

15.30 - Siesta de pijama, pero solo media horita que si no hace mal.

16:00 - Cuentacuentos a cargo de Fernando Sánchez-Dragó. Prohibida la asistencia a menores de edad. Prohibida la entrada a mayores de edad. Prohibida la entrada a Fernando Sánchez-Dragó.

17:00 - Campeonato de vuelo acrobático de palíndromos. Lucha leonesa de metáforas y metonimias. Carreras de sinécdoques. Exhibición de litotes. Concurso de camisetas mojadas sin nadie dentro.

17:30 - Degustación solidaria de chocolate con churros a beneficio de Letraheridos Anónimos. (Con lo recaudado se patrocinará la publicación de un autor inédito. En Kindle. Y baratita).

18:00 - Corrida de toros: En la plaza del pueblo se soltarán ejemplares de La broma infinita, 2666, Libertad, El jilguero y Las benevolentes, para que lidie con ellos quien buenamente pueda.

19:30 - Desfile de alta costura con diseños de la modista María Dueñas.

20:00 - Tangos y milongas con don Jorge, el bandoneonista ciego y el combo porteño Los Rayuelos, seguidos de fados pessoanos y loboantuneros. Después, suicidio colectivo de los asistentes.

21:00 - Cena ligerita servida por el restaurante hi-tech À la Pynchon.

Plato combinado único: Sopa espesa de Arco Iris 
Lote de 49 postres
Vino de las bodegas de Vineland.

21:55 - Atención médica a indigestiones, mareos y desorientaciones.

22:00 - Bailables con la orquesta andina Los Litumas y el afamado cantante de boleros Mario Vargas (o sea, la fiesta del chivo).

23:00 - Fuegos artificiales de la conocida pirotecnia Alt Lit. Este acto puede cancelarse según las inclemencias meteorológicas y la volubilidad de los señores pirotécnicos.

24:00 - Entierro de la Sardina,  hasta la entrada 3000.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Reseña + Entrevista: Palacio Quemado, de Edmundo Paz Soldán

Año de publicación: 2007
Valoración: Bastante recomendable

Uno de mis descubrimientos literarios de los últimos tiempos ha sido el boliviano Edmundo Paz Soldán. Pese a que lleva publicando desde los años 90, ha sido en 2016 y 2017 cuando he tenido la oportunidad (y la suerte) de conocer su obra a través de los recientemente publicados "Las visiones" y "Los días de la peste". Y tanto me han gustado que me he lanzado a buscar obras anteriores.

Es así como he llegado a este "Palacio Quemado", obra publicada allá por el año 2007, que si bien en primera instancia puede parecer una obra absolutamente diferente de las dos ya citadas, tras su lectura observamos que guarda algunos puntos en común.

Entre las diferencias, la más clara es meramente formal. En "Palacio Quemado" nos encontramos con una novela mucho más convencional que en "Los días de la peste". Mientras en esta última la trama se narra "en tiempo real" a través de múltiples personajes con voces perfectamente diferenciadas, en aquella el narrador es único y la narración, lineal con importantes flashbacks, se produce algunos años después de los hechos. Por otra parte, mientras "Las visiones" y "Los días de la peste" podrían englobarse dentro del género distópico (con algunas reservas, eso sí), "Palacio Quemado" es, al mismo tiempo, novela histórica e intriga política.

"Palacio Quemado" está ambientada en el mandato de Sánchez de Lozada y en las protestas, lideradas por Evo Morales, que acabaron con la renuncia del presidente. Es la historia de Oscar, un hombre de unos 35 años que trabaja como "escribidor" de discursos para el presidente Canedo (trasunto aquí del ex-presidente boliviano Sánchez de Lozada). Es Oscar un tipo sin ideología, un escritor que no cree en lo que escribe, sino en escribir acerca de lo que otros creen. Es, por otra parte, hijo de un ex-ministro, lo que sirve a Paz Soldán para desarrollar paralelamente la historia personal de Oscar y la historia reciente de Bolivia, ambas marcadas por hechos un tanto turbios.

En cuanto a los puntos en común con los libros más recientes de Paz Soldán, destacaría que, en el fondo, "Palacio Quemado" también gira, fundamentalmente, en torno al poder y a la violencia, ejercitados ambos tanto en un plano individual como colectivo. Además, Paz Soldán sitúa a los personajes de los tres libros en situaciones o escenarios "límite", en los que se pueden apreciar las fortalezas y debilidades del ser humano.

En resumen, se trata de una novela más que recomendable, especialmente para interesados en política latinoamericana, creíble, con buenos diálogos y personajes y tramas bien construidas y desarrolladas,. Eso sí, es menos arriesgada, y por esto quizá más accesible al "gran público", que sus obras más recientes.

También de Paz Soldán en ULAD: Billie RuthLas visionesLos días de la peste

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Después de cuatro reseñas, ya era hora de hacer una pequeña entrevista a Edmundo Paz Soldán, quien muy amablemente se ha prestado a responder a nuestras impertinentes preguntas. Aquí os las dejamos:

ULAD: Llama la atención en "Palacio Quemado" la visión desesperanzada de la política boliviana ("reino de la coyuntura", "los políticos le hacen más mal que bien al país", etc) y del propio país (corrupción, abismo entre la minoría blanca en el poder y el resto de la población, etc). ¿Han cambiado las cosas en el tiempo transcurrido desde la publicación de la novela? ¿Hay esperanza para Bolivia?

EPS: Palacio Quemado quería retratar un momento clave en la historia contemporánea del país, el del fin del modelo neoliberal a principios de la década pasada, con la sugerencia de la pronta llegada del neopopulismo. Las fuerzas en pugna no atinaban a encontrar una salida, y se hablaba de un "empate catastrófico". La falta de salida política también provocaba una indefinición en cuanto a nuestro destino como país, y tenía muchos antecedentes en la historia de Bolivia. Las cosas han cambiado mucho, se han sentado las bases para un Estado más incluyente, aunque problemas como la corrupción y la falta de independencia de la justicia parecen ser estructurales; el modelo neoliberal también se las ha ingeniado para subsistir a través de otra retórica. En todo caso, creo que, con todos nuestros problemas, estamos mejor que hace quince años, y hay esperanza.


ULAD: Una de las frases más potentes del libro es la que dice "el diccionario es un osario de palabras vacías". No sé si mi interpretación es errónea o no, pero daría la impresión de que el lenguaje es algo neutro per se. ¿Lo es en realidad?

EPS: No, no lo es. Pero es la perspectiva del narrador, que es alguien que vive de escribir discursos para los políticos de turno, y siente que ese lenguaje que el usa para construir discursos ha sido abaratado con tanto lugar común. Los políticos lo han vaciado de sentido, una cosa parece significar otra completamente opuesta, hasta que al final todo vale.

ULAD: En el libro se dice de Oscar que es "un escritor que no cree en lo que escribe, sino en escribir acerca de lo que otros creen". ¿Es posible hacer (buena) literatura sin algo de fe en ella?

EPS: No creo que se pueda. En América Latina la escritura ha estado muy relacionada con el poder, en el siglo XIX y hasta las primeras décadas del siglo XX los letrados participaban en la escritura de las Constituciones nacionales, redactaban las leyes de un partido, incluso se presentaban a cargos públicos. Había una jerarquía administrativa relacionada con el poder que daba la escritura. Muchos escritores encontraron acomodo ahí, alquilando su pluma. El campo cultural era muy precario como para acogerlos. Oscar es un descendiente de esos letrados. Podemos idealizar la escritura como un instrumento de liberación, pero lo cierto es que muchos no han sido suficientemente críticos con el poder y se han dejado cooptar por este.

ULAD: Tanto en "Palacio Quemado" como en "Las visiones" y "Los días de la peste" la violencia y el poder (también el sexo y las creencias "religiosas", en menor medida) determinan las acciones y el destino de los personajes. ¿Son la violencia y el poder tan determinantes en nuestras vidas? ¿Hay alguna forma de rebelarse frente a ellas?

EPS: La violencia y el poder son muy determinantes, pero claro que hay formas de rebelarse contra ellas. Lo que ocurre es que estos libros se enfocan en momentos específicos de crisis institucional, a nivel regional (Los días de la peste), a nivel de la nación-Estado (Palacio Quemado), y a nivel de un conflicto colonial, imperial (Las visiones). En esos momentos es difícil sustraerse a la conexión entre violencia y poder. El poder estatal está en nuestro día a día, tiende a camuflarse para funcionar mejor, pero apenas lo pones en entredicho busca reafirmarse. Nos queda romper esa lógica a través de su cuestionamiento continuo.

ULAD: Comparando las tres obras citadas, "Las visiones" y "Los días de la peste" me parecen novelas más arriesgadas que "Palacio quemado", tanto por el uso de lenguaje como por la técnica narrativa y el tratamiento de los temas. Personalmente, me parecen novelas más completas. ¿Seguirás por los caminos transitados en estos últimos libros? ¿Nos puedes adelantar algo?

EPS: Estoy escribiendo una novela corta con un solo punto de vista, sobre un psiquiatra que da apoyo psicológico a los voluntarios de un experimento con sustancias lisérgicas. Está ambientada en la frontera entre Bolivia y Brasil. Recupero temas de libros anteriores, pero en otro contexto.

ULAD: Por último, en España da la impresión de que la literatura boliviana es la hermana pobre de la literatura latinoamericana. De hecho, eres el único autor boliviano que hemos reseñado en el blog (tras 3200 reseñas), aunque he de decir que tengo pendiente de reseñar libros de Liliana Colanzi y de Maximiliano Barrientos. ¿Qué autores o libros nos recomiendas para seguir adentrándonos en la literatura boliviana?

EPS: Solo por pensar en autores que podrías encontrar ahora mismo en una librería española, te recomendaría a Magela Baudoin (La composición de la sal, Navona), Rodrigo Hasbún (Los afectos, Random), Christian Vera (El profesor de literatura, Caballo de Troya) y Giovanna Rivero (98 segundos sin sombra, Caballo de Troya).

lunes, 27 de abril de 2020

Jean Rhys: Ancho mar de los Sargazos

Idioma original: inglés
Título original: Wide Sargasso Sea
Año de publicación: 1966
Traducción: Andrés Bosch
Valoración: más que recomendable

De pocas novelas habré oído o leído más elogios a lo largo de mi vida lectora (para empezar, o acabar, en el Diccionario de literatura para esnobs) que de ésta de la escritora británico-antillana Jean Rhys, publicada casi 30 años después de haber estado por un tiempo en el "candelabro" literario, en la época anterior a la II Guerra Mundial. Ancho mar... supuso, pues, el redescubrimiento de esta autora nacida en Dominica y que se considera una de las primeras "novelas caribeñas"... al menos de las escritas en inglés, claro. Porque el Caribe, sus islas y sus gentes son en gran medida la médula, la columna vertebral en la que se sustenta esta obra. 

Novela que, sin embargo, nace, curiosamente, como una "precuela", spin-off o incluso fan-fiction de otra muy anterior y que, en principio, no relacionaríamos con el calor y la sensualidad tropical: se trata de la célebre Jane Eyre, de Charlotte Brontë, en la que aparece un personaje casi diríamos que fantasmal: la primera esposa del señor Rochester, Bertha -o Antoinette, en el libro de Rhys-, a la que tienen recluida por su locura. Jean Rhys se propuso pergeñar cómo habría sido la vida anterior dee sta mujer, hija de un hacendado esclavista de Jamaica y de una hermosa heredera de Martinica, antes y durante el comienzo de su matrimonio con Rochester; qué fue, si es que hubo algo, lo que le condenó a su estado de demencia.

Dividida en tres parte, la novela está narrada en primera persona, aunque la primera y tercera partes,más ciortaas, lo sean por Antoinette -Cosway antes de su matrimonio- y la segunda, por su marido Edward Rochester. En mi opinión, la primera parte es la mejor de todas, incluso extraordinaria por momentos: narra la infancia y adolescencia de Antoinette, en medio de una pobreza creciente de su familia debido a la muerte de su padre y a la emancipación de los esclavos británicos en 1833, pobreza que dura hasta que su madre vuelve a cassarse con un adinerado inglés de apellido Mason.

En al segunda parte se relatan los primeros meses de matrimonio de Antoinette y Rochesteer, una vez establecidos -aunque parece más bien una larga luna de miel- en una finca familiar de otra isla, sin especificar -tal vez la Dominica natal de Rhys-; las desavenencias entre los recién casados, así como la aparente insania de Antoinette (no olvidemos que esta aprte está contada desde el punto de vista del marido) son cada vez mayores, influidos sin duda por el entorno, que se nos presnta de una sensualidad extrema, atrayente pero también maligna... y que contrasta de forma brutal con la frialdad en la que se desarrolla la tercera parte, ya en Inglaterra, prisionera Antoinette/Bertha en su propia casa -la de su marido, en realidad-; es decir, la situación que ya conocemos de Jane Eyre, con la primera señora Rochester devenida casi un fantasma que mora en el desván.

Porque en esto reside, aparte de en su calidad literaria, lo más interesante de la novela: que la señora Rochester, Bertha Mason/Antoinette Cosway representa el mayor ejemplo de ese arquetipo de la literatura inglesa del XIX que se conoce como "la loca del ático (o del desván)", ya analizada por Sandra Gilbert y Susan Gubar en un célebre ensayo feminista de los años 70, con ese mismo título. "La loca del desván" no sólo sería un personaje recurrente de cierto tipo de narrativa de esa época, sino que representarñía, simbólicamente, todo lo que la sociedad victoriana reprimía en las mujeres. las que se salían del papel de esposa, madre y feligresa ejemplar eran consideradas excéntricas, histéricas, perturbadas...locas, en una palabra (auqnue estos personajes también servirían como catarsis para que sus creadoras pudieran explayarse con ellas, atribuyéndoles todos esos caracteres  y comportamientos mal vistos socialmente). Lo que resulta incluso fascinante de esta novela de Jean Rhys es que además le da voz y protagonismo a este "arquetipo", que deja de ser así un fantasma, una presencia amenazadora de la narración; para la infeliz Antoinette, la amenaza son los demás...


martes, 5 de marzo de 2019

Maurice Dekobra: La Madona de los coches cama

Idioma original: francés
Título original: La Madone des sleepings
Año de publicación: 1925
Traducción: Luisa Lucuix Venegas
Valoración: Está bien

Supongo que a muy pocos de nuestros, por otra partes, más que cultivados lectores les sonará el nombre de Maurice Dekobra, nom de plume de Ernest-Maurice Charles Tessier... bueno, reconozco que yo tampoco tendría idea de este escritor si no fuera porque aparece en el Diccionario de literatura para esnobs, reseñado por un servidor. Sin embargo, hay que señalar que Dekobra (sí, amigas y amigos, témanse lo peor: el seudónimo viene del francés "deux cobras") fue posiblemente uno de los autores más exitosos y populares del siglo XX, en especial durante el período de entreguerras; parece ser que llegó a vender noventa (¡90!) millones de ejemplares de sus libros (¡chupaos ésa, Dan Brown, James Patterson y John Grisham!) y se dice que la firma de ejemplares de éste que nos ocupa, en el Waldor-Astoria de Nueva York, convocó a tanta gente que la cola alcanzó los seis kilómetros...(¡chupaos ésa, Rubius, Brandon, Marwan o cualquiera que crea triunfar en la Feria del Libro de Madrid!).

El personaje que componía Maurice Dekobra también era de lo más interesante y glamuroso: además de escritor, reportero, guionista de cine, viajero, aventurero, bon vivant... se le considera incluso el inspirador de Tintin (de hecho, la primera aventura de éste, Tintin en el país de los soviets , no deja de tener cierta relación con esta novela)... Como escritor, cultivó la llamada "novela cosmopolita", siguiendo la senda de otros autores franceses de best-sellers (Pierre Benoît, Paul Morand), pero con un toque propio, hasta el punto de que se acabó por llamar a su estilo el "dekobrismo"; esto es: protagonistas de la "smart-set" (precursora de la jet-set), viajes lujosos en yates, trasanlánticos o trenes de lujo (la aparición del Orient Express en esta novela, por ejemplo, es anterior a la de Agatha Christie), paisajes exóticos, intrigas políticas internacionales, bellas féminas y situaciones eróticamente sugerentes... ¿Tampoco le suena a nadie esta fórmula? Pues sí, es probable que Ian Fleming conociera a la perfección las novelas de Dekobra antes de crear a su agente 007...

Y eso que, aunque se puede leer en algún sitio que La Madona... supone "la primera novela se espías",es lo cierto es que no es exactamente así y tampoco su protagonista, Gérard Dextrier, príncipe Séliman, es ningún James Bond, excepto, quizás, en lo que respecta a su éxito entre las famas. Pero lo tiene sobre todo por su bonhomía y porque es un perfecto gentleman, además de hombre de mundo. Este caballero, separado de su bella esposa norteamericana, entra al servicio, en calidad de valet, secretario o simplemente amigo -que no amante, no seamos malpensados- de la aún más hermosa y fascinante, provocadora de escándalos sin fin entre la alta sociedad británica, Lady Diana Wyndham, conocida como "la Madona de los coches-cama"; una aristócrata que se ve en peligro de debacle económica por esas cosillas que pasan a veces en el mercado de valores. Para tratar de esquivar esta ruina, Lady Diana envía al príncipe Séliman a cumplir la delicada misión de convencer al poder soviético para que le concedan la explotación de unos pozos petrolíferos en el Caúcaso 8que una cosa es ser firme partidario del sistema capitalista, la democracia liberal y aun la plutocracia, y otra renunciar renunciar a ganar una millonada haciendo negocietes con los malvados bolcheviques...). La aventura tiene paradas, a veces muy y otras no demasiado gratas, en Berlín, Viena, Constantinopla, Georgia, Mónaco y Escocia  -ya veis el "toque Bond" avant la lettre-, teniéndoselas que ver el bueno del príncipe con la también bella y dascinatemente mortal bolchevique, la sádica (se me olvidava este adjetivo) chequista camarada Irina Muravieva... pero no os desvelo si hay tomate...

Encontramos en la historia, pues, algo de acción, erotismo presente casi en cada capítulo -amén de la no poca tensión sexual entre el príncipe y lady Diana- y una visión de la política europea del momento, allá por los locos años 20, que no por sectaria, pues el punto de vista es claramente crítico con el bolchevismo y-aunque con matices-, reaccionario , no deja de ser interesante, pues Dekobra echa mano en ocasiones de su faceta de reportero internacional y pone en boca de sus personajes, sobre todo de uno de los rusos, el camarada Varichkin, reflexiones quizás trufadas de cinismo, pero también de no poco acierto sobre la situación  política mundial en los tiempos recientes. Reflexiones tanto más agudas, en cuanto aún estaba en el aire la respuesta que daría una parte del capitalismo occidental al desafío revolucionario soviético (como ya sabemos: el fascismo y el nazismo).

Dicho lo cual, tampoco hay que esperar una profundidad de análisis o una denuncia social en esta novela; al contrario, no pasa de ser un divertimento más o menos frívolo (aunque no inocente), que en su momento proveyó de lujo, exotismo y emociones fuertes -sobre todo a base de escenas subiditas de tono- al gran público lector de la época. El estilo, correcto y ágil, quizá un pelín relamido en algún momento, y eso que Dekobra, al parecer, aborrecía las fruslerías y cursiladas mal escritas, pero siempre resulta ameno y atractivo, más incluso para nosotros, como reflejo de un mundo desaparecido y que quizá nunca existió, en realidad. No como lo cuentan las novelas, al menos...

jueves, 21 de julio de 2016

Rubén Martín Giráldez: Magistral

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: raro de cojones

Hablemos de sentimientos.
Me siento algo culpable de no prestar atención a los nuevos narradores con la debida frecuencia. Problema es el trastazo que me he dado con alguno de ellos, trastazo cuya debida e injusta secuela es meter a muchos dentro de un mismo saco y pensar: "ya os aclararéis" o "ya decidiréis si el futuro es la clonación en serie de ídolos locales y foráneos o justificar vuestra existencia probando algo nuevo y, por favor, que no solamente sea para epatar".
Me siento, también, en términos léxicos y en términos intelectuales, impotente o incapaz de llegar a algunas de las cotas alcanzadas por algunas de las reseñas que ya se han escrito sobre esta, dicen, novela, diría yo, texto o hasta pretexto para, fina, socavadamente, zurrarle la badana a muchos colectivos de esos que lo son sin ser conscientes de serlo. Cómo vas a llamar "colectivo" anulando a un montón de fascinantes personalidades únicas e individuales.
Me siento avergonzado. ¿Veis? Es así. Uno lee cierto tipo de texto (me pasa con David Foster Wallace) y cala de tal manera que no puede evitar incorporar ciertos aspectos cuando escribe. Lo cual no puede ser una mala señal. O sea, es una buena señal.

Magistral me fue cálida y convencidamente recomendado por Isabel Sucunza, librera al frente de La Calders, punto de encuentro ineludible en Barcelona, librería especializada en libros como les gusta decir, albergada en una nave que aún parece conservar olor a café o a harina o a rollos de tela de lino o quizás a sacos de yeso. Un magnífico escenario repleto de mesas y estanterías de las que da tanta pena separarse como ilusión ver qué hay en la siguiente. Magistral me fue definido como un juego y creo que hasta en la breve conversación que sostuvimos (las  terribles prisas urbanas) salió alguna expresión equiparable a "ida de olla".

Pero yo he de decir algo mundano sobre este libro. Se supone. Magistral sí es un juego, un juego (¿meta?)literario que bien pronto Giráldez pringa de palabras extrañas, diría que unas cuantas, si no muchas, inventadas, o diseñadas o adaptadas. Pero no soy de esos que lee un texto con un diccionario a mano. Otra vez las terribles prisas urbanas. Magistral no admite prisas, para empezar. No vayamos, aclaro, con eso de la literatura gourmet. Para este libro eso es un insulto. Empieza como una reflexión sobre el idioma pero los cargadores vacíos empiezan a volar y a amontonarse. Hay tiros para la crítica, a la que se tilda de uniforme y adocenada, bilis hacia el establishment y todo lo que representa en términos de oligopolio, de inmovilismo, de encarcaramiento. Diatribas contra el dominio de la literatura USA, y mucha incorrección a todos los niveles, forma y fondo reciben y Giráldez no parece nada preocupado por las consecuencias, ni que sea porque nombrar muy claramente no nombra a nadie. Quién es la Obediencia, quiénes los bardólatras, qué es la Gran Boca Americana. Eso está más que claro, aunque dé por pensar si una segunda lectura desvelaría capas adicionales y guiños, aportando algo de orden en un caos que es voluntario y orgulloso de serlo. Pues ahí pueden confirmarse algunas influencias (el cabreo de Céline, el atropello calculadamente desgarbado a lo Gaddis, el jugueteo con la repetición de Bernhard, hasta la sorna dispersa y geométrica de Pynchon), y también capturarse matices que luego se recuperan en cualquier otro punto aleatorio. Magistral se alude a sí mismo e incluye (apuesta estética algo desconcertante) portada y extractos de un libro de Ben Marcus, guisa o alter-ego, y aquí los guiños ya son muchos, combinando texto en diferentes idiomas, recuadros centrales, recortes brutales (y habría que interpretar si la condición de traductor de Giráldez no trasluce ahí) tras los que atisbo una intención gamberra, bromista, como si Giráldez asumiera que para el reducido público potencial que puede interesarse por sus obras (NO vais a ver Magistral en el bolso de playa de ninguna sufrida señora de vacaciones) nadie va a tomarse demasiado a mal este ácido ejercicio de esteticismo dilettante. A pesar de que más de uno creerá haber sido objeto de una tomadura de pelo (añadid los 12,60 de su precio por 100 páginas: la urgencia de las pequeñas editoriales independientes por cuadrar números en cada publicación), la sensación de tener que volver a leer, de inmediato, una vez se acaba, no sea que me haya perdido algo, este (sabías, Rubén, que estábamos todos abocados a decirlo) ejercicio inclasificable no es algo que suela suceder a menudo. Dejémoslo ahí.

También de Martín Giráldez (al menos en parte) en ULAD: Por qué la literatura experimental...

lunes, 13 de agosto de 2018

António Lobo Antunes: Libro de crónicas

Idioma original: portugués
Título original: Livro de crónicas
Año de publicación: 1998
Traductor: Mario Merlino
Valoración: muy recomendable

Me ha pasado con relativa frecuencia en Portugal: pregunto a alguien si ha leído a Lobo Antunes, y me contesta: "He leído las crónicas". Es lo que suelen responder, sobre todo, aquellas personas que no se dedican a la literatura y para las cuales las novelas de Lobo Antunes, en cambio, son demasiado exigentes. Es una buena noticia, por lo tanto, que este Libro de crónicas esté ahora también disponible para el público español, que así puede empezar mojándose los pies en la obra de uno de los mejores escritores portugueses del siglo XX y principios del XXI, antes de tirarse de cabeza a una de sus novelas.

Aunque el nombre de "crónicas" puede ser engañoso, como lo fue para mí antes de empezar a leer este libro. Una crónica, según el Diccionario de la RAE, es un "artículo periodístico o información radiofónica o televisiva sobre temas de actualidad". Narración, información, actualidad, periodismo. Esas son las características de una crónica, y las de Lobo Antunes solo las cumplen en parte: se publicaron originalmente en un periódico (el Público portugués), y son narrativas, pero ni son de actualidad ni son informativas, por muy laxos que seamos con el concepto de "información". De hecho, solo una especie de pudor o ironía parece evitar que estos textos se denomine "relatos" o "microrrelatos", que es lo que en muchos casos son.

Cada crónica tiene tres o cuatro páginas, ni más ni menos, y todas ellas cuentan una historia. En algunos casos, el protagonista y narrador se llama también António Lobo Antunes, y es también un médico transformado en escritor que vivió la guerra de Angola, aunque es difícil saber hasta qué punto muchas de estas historias son realmente autobiográficas, y cuándo son puras fantasías. Encontramos así un universo personal que se extiende entre Benfica y la Praia das Maçãs, en la que un Lobo Antunes niño sueña con ser futbolista o escritor, se relaciona con otros niños (y niñas) y se adentra en el mundo de los adultos. Estas crónicas son quizás las más entrañables.

En muchos otros casos se nos presenta a personajes cotidianos o surrealistas: seres torpes, solitarios, absurdos o divertidos, vencidos por la vida o condenados por sus propios errores. Algunas crónicas tienen un aire falsamente costumbrista (como por ejemplo una de mis favoritas, la que narra cómo las familias portuguesas van todas juntas a pasar los domingos en el centro comercial, y son todas tan semejantes que acaban intercambiándose unas con otras) y otras entran en el terreno de lo fantástico, a lo Cortázar (por ejempo en "La consecuencia de los semáforos").

Una vez leídas, se entiende por qué hay muchos portugueses que prefieren las crónica a las novelas de Lobo Antunes, y no es (solo) porque sean más fáciles de leer: es porque están llenas de humor, de crítica social (como en "Los pobrecitos"), de imaginación, de chispazos geniales, de belleza. En conjunto crean un panorama algo "bizarro" (en la acepción anglosajona del término) de Lisboa y Portugal en la segunda mitad del siglo XX, con sus diferencias de clase, sus traumas políticos y, claro, sus historias universales de amor y desamor. Leer todas las crónicas seguidas puede empachar (no fue así como se publicaron originalmente), pero si se leen con calma, disfrutándolas, una o dos o tres cada cierto tiempo, dan muchos momentos de felicidad lectora.

En Portugal se publicaron cuatro livros de crónicas, de los cuales tres están traducidos al español. Quien quiera empezar por ahí a conocer a uno de los grandes escritores portugueses de nuestro siglo, por lo tanto, tiene bastante material. 

Otras obras de António Lobo Antunes en Un libro al día.

jueves, 8 de mayo de 2025

Marco Aurelio Denegri: Miscelánea humanística

Idioma original: Español

Año de publicación: 2010

Valoración: Muy recomendable

Si desean una muestra anticipada del tono y los temas abordados en este libro, pueden ver en YouTube algún episodio de La función de la palabra, con Marco Aurelio Denegri. En esencia, el libro desarrolla en forma de ensayo diversos asuntos tratados en dicho programa (desconozco si estos textos fueron escritos previamente o constituyen una extensión posterior del contenido televisivo). Como sugiere el título, estos ensayos exploran una variedad de temas cuyo punto común son las inquietudes y aficiones intelectuales del autor: el comportamiento humano, la música, la lingüística, la literatura, el psicoanálisis, las peleas de gallos, entre otros.

Aunque recomiendo ampliamente el programa televisivo, leer los ensayos constituye una experiencia totalmente distinta. Denegri posee un carisma singular; su particular modo de hablar y expresarse, su falta absoluta de reparos a la hora de ejercer la crítica y su extraordinaria erudición convierten en interesante cualquier asunto que aborde. Sin embargo, es en el texto escrito donde despliega plenamente todo su talento.

En estos ensayos queda claro que Denegri no busca únicamente informar, sino también provocar una reflexión crítica en el lector. Se vale de anécdotas, referencias históricas, citas literarias y pinceladas de humor cáustico (lo que hace al programa de televisión sumamente divertido) que mantienen siempre viva la atención. Quizás la mayor virtud de esta colección sea su capacidad de despertar curiosidad hacia temas aparentemente triviales o poco explorados (aunque, a mi gusto, se extiende demasiado cuando aborda temas como el tamaño del pene o la prostitución), demostrando que cualquier asunto, cuando es abordado con inteligencia, rigor y pasión, puede convertirse en una fascinante pretexto para un ejercicio intelectual.

Por último, es una lectura aconsejada para cualquiera que quiera aprender a escribir bien. Pasta muestra, un botón:

Introducción a la ludología

Consideraciones etimológico-semánticas

Por juego se entiende, normalmente, una actividad o ejercicio recreativo, por lo general sometido a reglas, en el cual se gana o se pierde. Jugar, dice el Diccionario, es hacer algo por espíritu de alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse.

El vocablo juego procede del latín iocus, diversión, chanza, burla. locari, en latín, significa chancearse, divertirse, burlarse, bromear. Por eso decimos jocoso de lo que es divertido y gracioso; y al que antiguamente por dinero divertía al pueblo con sus cantos, bailes y juegos, se le llamaba juglar, y juglar se decía también del que, por estipendio o dádivas, recitaba poesías trovadorescas para recreo de reyes y magnates. Jocoso y juglar son derivados de iocus, broma, chiste, jovialidad, fiesta, diversión, recreo.

En latín, para significar juego no se decía iocus, sino ludus; y lúdere no iocari— denotaba jugar. Cierto que lúdere tenía secundariamente el significado que primariamente tenía iocari. Lúdere valía jugar, entregarse a un ejercicio, hacer o practicar ejercicios corporales; valía también escribir cosas ligeras, componer, cantar, desempeñar un papel. Además, según dije, la denotación accesoria de lúdere era distraerse, solazarse, entretenerse, entregarse a los placeres de los sentidos.

Palmaria relación hay entre lo divertido y lo lúdico, pero en lo antiguo nombrar lo lúdico no comunicaba a un tiempo (hogaño es igual) lo divertido (había otro vocablo para eso, iocari); por eso Cicerón, cuando quiere indicar que está hablando en broma, no se limita a decir «per ludum», sino «per ludum et jocum».

A pesar de que lúdere era el verbo propio para significar jugar, el que pasó a las lenguas románicas fue iocari. Y así tenemos, en francés, jouer; en italiano, giocare; en portugés, jogar; en rumano, yuca; y lo mismo las voces correspondientes en catalán y provenzal.

El ludus latino está presente en una serie de voces nuestras; verbigracia, preludio, interludio, eludir, coludir, ludibrio; pero ludir, en el sentido recto de jugar, no consta en el Diccionario de la Academia, el cual, por otra parte, solamente en su vigésima edición de 1984, acogió el adjetivo lúdico, derivado de ludo, castellanizaron de ludus, y de uso bastante general entre gente culta. La Academia quería que dijésemos lúdicro, que nadie dice, y que como señala Corominas es un latinismo crudo que entró en el lexicón oficial en 1939.

El estudio, tratado, discurso, doctrina o ciencia del juego se llama ludología.

viernes, 4 de marzo de 2022

Ilustres Olvidados #5: Los raros de Rubén Darío

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1896-1905-1920
Valoración: Bastante recomendable

Doble "rescate" en el día de hoy: país y autor. ¡Porque esta es la primera reseña (después de casi 4800 reseñas) dedicada a un autor nicaragüense! Y, como no podía ser de otra manera, el autor rescatado es el mayor exponente de las letras "nicas": Félix Rubén Gómez García Sarmiento (AKA Rubén Darío).

Pero ya puestos... ¿por qué no reseñar "Azul", "Cantos de vida y esperanza" o "Prosas profanas? Bueno, uno es un intelectual pero me sigue dando reparo reseñar poesía y, además, "Los raros" es lo único que tenía a mano de la obra dariana. Más aun: después de la lectura de "Los raros", puedo afirmar que en él se recoge buena parte de la concepción estética de Rubén Darío, así que su elección queda más que justificada.

Sigamos. Para una breve explicación de lo que encontramos en "Los raros", acudimos al Diccionario de la RAE, que define el término "raro" como "que se comporta de un modo inhabitual", " extraordinario, poco común o frecuente", "escaso en su clase o especie", "insigne, sobresaliente o excelente en su línea" o "extravagante de genio o de comportamiento y propenso a singularizarse". Así, el libro recoge un catálogo de autores que de una u otra forma encajan en alguna de las anteriores definiciones, siguiendo la tradición decimonónica del interés por artistas marginales, excéntricos u olvidados, aunque vinculándolos por parte del autor a una sensibilidad excepcional o singular.

21 semblanzas (y un breve prólogo) con un marcado carácter "francófilo o afrancesado" (aunque también aparecen Poe, José Martí o Ibsen, por citar algún no francés), "machirulo-varonil" (solo una mujer entre los 21 retratados) y con una indudable querencia por la literatura de la segunda mitad del XIX y sus diferentes "ismos" (siendo la única excepción, además del propio Poe, el místico italiano del siglo XIII-XIV Fra Domenico Cavalca). Especialmente alargadas son las sombra de nombres como Baudelaire, Mallarmé, Hugo o Verlaine y de una ciudad, Paris, semejante a la reina ardiente y cruel de la historia, que da a gozar de su belleza a sus amantes y en seguida los hace arrojar en la sombra y en la muerte.

El tono general de los textos es laudatorio, excepción hecha del capítulo dedicado al médico y azote de los diferentes vanguardistas Max Nordau, y en ellos Darío mezcla, utilizando una prosa marcadamente lírica, lo descriptivo, lo evocativo y lo histórico para trazar breves semblanzas que van desde la meramente físico hasta algo más cercano a la reseña literaria (y no esto que estáis leyendo). Todo ello para dar forma a un volumen que puede ser leído como ensayo histórico, guía de lectura o tratado estético más centrado en describir principios que en elaborar manifiestos. 

Ese creo que es el principal interés y el principal valor de "Los raros": ofrecer un cuadro bastante completo de los movimientos que marcaron la obra del propio Darío y la literatura de fines del XIX y principios del XX, haciéndolo además de una forma que, pese a la abundancia de citas y referencias, resulta relativamente asequible para un lector medio gracias a una mirada más humana que teórica. 

sábado, 19 de enero de 2013

Enrique Vila-Matas: El mal de Montano

Idioma original: español
Año de publicación: 2002
Valoración: recomendable

Sé que entre los autores de este blog hay algunos que no son fans de Vila-Matas (cof, cof, Montuenga, cof, cof); pero yo me reafirmo en lo que dije hace tiempo en algún comentario: es uno de mis escritores españoles contemporáneos favoritos, junto con Javier Cercas. Claro que soy consciente de que lo es porque conecta con muchos de mis personales "fetichismos" literarios, que no tienen por qué gustarle a todo el mundo: la metaliteratura, la autoficción, los narradores no fiables, los juegos de planos narrativos... Quien prefiera una narración más tradicional, verse atrapado por la trama y empatizar con los personajes probablemente se verá decepcionado por, por lo menos, una buena parte de las obras de Vila-Matas, entre ellas esta.

Porque en realidad El mal de Montano es pura metaliteratura: se podría decir que es el resultado de un empacho de la lectura de diarios íntimos de diversos escritores. Un meta-diario que reflexiona sobre su propia condición de diario, se compara con otros diarios y los incluye, o que huye de sí mismo para mezclarse con otros géneros narrativos. Y todo ello aderezado con citas y anécdotas (¿reales? ¿ficticias? ¿adaptadas?) de escritores presentes y pasados, con especial predilección por Kafka, Musil o Robert Walser.

Dividida en cinco partes cada vez más enloquecidas, la novela habla de varios personajes obsesionados con los libros (ese es el mal de Montano: un exceso de literatura): el narrador, Rosario Girondo, escritor que aspira a convertirse en la "memoria viviente de la literatura"; su mujer, Rosa, que unas veces es una directora de cine, otras una agente literaria y otras una vagabunda en Budapest; o Tongoy, el hombre más feo del mundo, el Sancho Panza (o el antagonista) de Girondo. Y cómo no, Montano, el supuesto hijo del escritor-narrador en el primer capítulo, autor de un libro sobre escritores que dejaron de escribir (que se parece sospechosamente a Bartleby y compañía, del propio Vila-Matas), y que después dejó de escribir.

Aunque en realidad casi no podemos saber quién es quién, porque en El mal de Montano, con una estructura siempre en fuga, cada nuevo capítulo es una negación del anterior: lo que parecía verdad deja de serlo, los personajes ya no son los que creíamos que eran y el tipo de texto que estamos leyendo (novela corta, diccionario, diario, conferencia, sueño) ya no tiene nada que ver con el que estábamos leyendo hace un momento. En realidad, lo único central, lo único que se mantiene, es ese virus de la literatura que todo lo consume, y que en mayor o menor medida compartimos (y contagiamos alegremente) los amantes de los libros.

Mucho Vila-Matas ya en UnLibroAlDía: aquí