sábado, 15 de noviembre de 2014

Reseña interruptus: Tao Lin: EEEEE, EEE, EEEE

Idioma original: inglés
Título original: Eeeee, eee, eeee (de verdad)
Año de publicación: 2007
Traducción: Gema Facal Lozano
Valoración: a tomar el pelo a otra parte

Esta palabra describe este libro en las notas de la contraportada. "Divertidísimo".

Jua jua jua.

Perdonen: me encuentran por el suelo, desternillándome. Recompongo un poco mi aspecto y les hablo, seré breve, de las 48 o 50 páginas que he aguantado de Eeeee, eee, eeee, novela que toma su onomatopéyico título de los sonidos emitidos por los delfines en que el protagonista, Andrew, sueña. Bueno, hay también unos osos por ahí, y no diría muy bien si sueña o piensa en ellos o alucina con ellos porque la E del libro venga de éxtasis o... madre, este libro me ha hecho caer en los puntos suspensivos. Qué será lo siguiente, qué va a ser de mí. 
Y no es el primer libro de Tao Lin que leo, pues ya me solacé con otro el otro día, sentado en una terraza mientras esperaba a que me repararan un pinchazo. Tao Lin, saben, proclamado en no me acuerdo qué sitio el escritor más influyente de internet. Manos a la cabeza, todos. Bueno, a la cara, si tal es el panorama. Ni me acuerdo, lo que puse sobre el otro libro que leí, pero al menos llegué hasta el final, porque por debajo asomaba algo parecido a un argumento. Que aquí, ópera prima del amigo, ni eso. Tan difícil es montarse una historia mínima y montar algo alrededor de ella. Si esto es para el público de internet, hombre, esa gente que está leyendo con el dedo a milímetros del puntero del ratón para ver la página siguiente. Deprisa, deprisa, frases cortas, ritmo endiablado, nulo desarrollo, nada de relleno, todo intenso. Literatura exprés. Saben. Todo comprimidito, como las píldoras aquellas que comen los astronautas. Así de buenas son que no dejan de abrirse tiendas que las venden. Pues no: sin que se me pueda acusar de aversión a aquello tan manido de los nuevos modelos de acceso a la cultura, lo de Tao Lin es una tomadura de pelo como una pianola, una cosa sin la mínima sustancia ni el más mínimo amago de control de calidad, cosa muy justificable al escribir un blog, pero nada al editar algo con formato de obra o, como pone en la portada, de novela. 23 añitos cuando escribió esto, sí, oh, qué chulo y qué cool y qué guay esa foto en la contraportada (¿comiéndose una muffin?). Si quieren leer algo moderno, lean a Jenn Díaz, o a David Foster Wallace.

También de Tao Lin en ULAD: Otro libro, pero casi igual de malo. Casi que no lo pongo, ¿vale? 
Y a lo mejor soy capaz de leer otro: no puedo creérmelo ni yo.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Nicholas Shakespeare: Bruce Chatwin

Idioma original: inglés
Título original: Bruce Chatwin
Año de publicación: 1999
Traductor: José Manuel de Prada Samper
Valoración: muy recomendable (imprescindible para fans)

Ante todo, me atrevo a solicitar un aplauso para el autor de este libro: hay que tener valor para desarrollar una carrera literaria en Gran Bretaña, con tal apellido (a ver quién se atrevería a hacer lo mismo en España apellidándose Cervantes o Quevedo). Esta circunstancia, además, supone una amable ironía: el biografiado aquí, el escritor Bruce Chatwin, contaba que de niño solía visitar a unas tías-abuelas en Stratford-upon-Avon y las acompañaba a la iglesia, donde él mismo mostraba la tumba de William Shakespeare a los soldados aliados. Justo es que luego otro Shakespeare nos haga de guía en la visita del "mausoleo" de Chatwin (aún más metafórico, puesto que no está enterrado en ninguna parte).

Pido otro aplauso, además, en reconocimiento a la labor titánica llevada a acabo para esta biografía. No sólo por la extensión resultante (603 páginas, más notas y fotos), sino por la dificultad inherente para llevarla a cabo, pese a la colaboración de la viuda del biografiado y los numerosos testimonios de amigos, amantes, colegas, mentores y conocidos del mismo... Porque la de Bruce Chatwin quizá no fuera la vida más azarosa de un escritor en el azoroso siglo XX, pero seguro que sí una de las más inquietas y poliédricas: nacido en una familia de clase media de las Midlands, durante la II G. M., después del colegio no pasó por la universidad, sino que entró a trabajar como mozo en la casa de subastas Sotheby's. Allí, gracias a su legendario "buen ojo", pronto se convirtió en experto en arte y antigüedades (y en cebo sexual para los clientes) y con veintipocos años frecuentaba lugares, personas y ambientes de los más granado de la "sociedad internacional". Cansado de esta ocupación y (supuestamente) enfermo de la vista, comenzó a viajar, y a los 25 dejó la empresa para estudiar arqueología en Edimburgo... actividad que también abandonó cuando iba a comenzar una carrera profesional en esta disciplina. Pasó a trabajar para el Sunday Times, primero como asesor artístico y luego como reportero, llevando a cabo entrevistas y artículos brillantes sobre distintos aspectos de la actualidad de los años 70... Empleo que también desecharía para viajar a la Patagonia y escribir luego un libro sobre el viaje que ya se ha convertido en un clásico del género. A partir de ahí, comienza una carrera literaria que le proporcionó un éxito fulgurante y un reconocimiento creciente, hasta su muerte en 1989.

Aparte de esta variada actividad en tan distintos ámbitos, Chatwin fue posiblemente uno de los culos más inquietos de su época y, si bien resulte exagerado considerarlo como un "nómada" (una de sus obsesiones), sí que es cierto que se pasó la vida viajando por buena parte de los rincones del globo, por motivos profesionales o por propia inquietud. Por no hablar de una vida social también de lo más variopinta (en las páginas del libro, encontraremos desde miembros de la high-society a pintores, escritores, antropólogos... o pastores africanos y guías pashtunes). Con lo cual, se comprende aún más la dificultad de biografiar una existencia tan agitada e intensa.

Y aún así, la biografía resulta de una prolijidad abrumadora, casi excesiva. De hecho, creo que esta exhaustividad provoca una cierta distorsión en la visión que nos ofrece N. Shakespeare del personaje: en ocasiones, se nos presenta como un tipo chismoso, mixtificador, promiscuo, excesivamente esteta, más dilettante que erudito, agotador... (desde luego, no es una hagiografía); aunque los mismos testigos son los que también nos hablan de su encanto, originalidad, talento, excepcionalidad... Y el propio Shakespeare, para ser justo, también recoge -dentro de lo posible, claro- los momentos solitarios de estudio, de frenesí, de frustración y de hallazgos que acompañan a toda creación literaria. y que quizás fueran los más intensos en la intensa vida de Chatwin. Resultan en especial interesantes los capítulos en los que se explica cómo iba recogiendo los mimbres para tejer sus libros y también este proceso, propiamente dicho. Así como la otra cara de la moneda de la literatura: la dolorosa elaboración de su primer y fallido título, La alternativa nómada; un fracaso que le acompañaría hasta sus últimos días.

En todo caso, una biografía inmejorable para conocer a un personaje fascinante y, sobre todo, a un escritor inclasificable, pero no por ello menos imprescindible, más allá de modas o reivindicaciones.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Claire North: Las primeras quince vidas de Harry August

Idioma original: inglés
Título original: The First Fifteen Lives of Harry August
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

Cuando empezamos a leer este libro, creemos que Harry August es un hombre normal. Hijo bastardo de un noble inglés, su madre (criada en casa del noble) muere después del parto y es dado en adopción (por aquello de guardar las apariencias) a una pareja de trabajadores del mismo noble, quienes lo cuidarán como si fuera su propio vástago. Lleva una vida de lo más convencional, pasan los años y se muere. Vale. Pero resulta que vuelve a nacer, hijo bastardo del mismo noble inglés y dado en adopción a la misma pareja de trabajadores... y ay, resulta que recuerda a la perfección todo lo vivido en su vida anterior. Así que lo cuenta, lo encierran en una institución y termina por tirarse por la ventana. Y vuelve a nacer, hijo bastardo del mismo noble, etc., etc. 

Así descubre que es una de las no pocas personas en el mundo incapaces de morir y poner punto y final a sus vidas, por lo que se dedica –en cada una de sus existencias– a buscar a aquellos que son como él, mientras estudia las más diversas materias para intentar comprender qué es lo que le hace volver a nacer y no olvidar lo que ya ha vivido (lo cual, en ocasiones, puede ser un engorro: ¿os imagináis tener tres años físicamente y más de doscientos mentalmente? Uf). Así pasa de una vida a otra, hasta que, al final de la decimoprimera, una niña acude a su lecho de muerte para decirle que el mundo se acaba más rápido de lo que debería y que sólo él puede evitarlo.

Debido a lo que la pequeña le cuenta, Harry August dedicará sus cuatro vidas siguientes a intentar detener un proceso que no sólo amenaza con borrar de la faz de la Tierra a aquellos que son como él, sino también con cambiar para siempre y de forma irreversible la historia tal y como la conocemos.

Las primeras quince vidas de Harry August se nos presenta, así, como una reinvención de las historias de viajes en el tiempo. Es cierto que Harry no viaja en el tiempo (al menos, lo que hasta ahora entendíamos como tal), pero, gracias a que siempre nace en el mismo sitio, en el mismo momento y bajo las mismas circunstancias y a que sabe qué va a pasar en el futuro, puede tomar decisiones diferentes y alterar así el curso de la historia.

Aunque deberíamos decir que esta primera novela de Claire North es una obra de ciencia-ficción, no faltan en ella elementos de thriller, de novela histórica o incluso de novela de aventuras. La autora dedica una pequeña parte del libro a tratar el tema de las paradojas temporales, cómo no, pero por suerte para nosotros no se recrea en el tema, sino que deja que la acción siga su curso y envuelva al lector en un amasijo de vidas, saltos en el tiempo (pues la historia no está contada de forma lineal, lo que suma puntos e intriga) y acontecimientos entrelazados del que no le será nada fácil salir. Por eso podemos decir que, a pesar de que Las primeras quince vidas de Harry August no ha debido de ser nada fácil de escribir, es sin duda es una delicia para leer. Así que ya sabéis...

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Colaboración: En busca de April de Benjamin Black

Idioma original: Inglés.
Título original: Elegy for April
Año de publicación: 2010
Valoración: Está bien.

John Banville necesita a Benjamin Black. John Banville es un escritor candidato al Nobel, Benjamin Black, no. Si Benjamin Black no existiera y fuese John Banville quien escribiera en solitario novelas como “En busca de April” –tercer  título protagonizado por el forense Quirke-, quizás su candidatura al Nobel sería menos sólida. Por eso, John Banville necesita que Benjamin Black –el cual nunca ganará el Nobel- se apodere de él para escribir estas novelas.

Así que Black le propone un misterio a Banville: April ha desaparecido. Se nos sitúa a la familia de April entre las más importantes de la metrópoli (en la novela negra a los desaparecidos que fueron a colegios públicos no los busca nadie), se entrevista a una anciana matriarca podrida de prejuicios y linaje en mitad de su lujoso salón y a un médico tan ilustre como de áspera moralidad. Por supuesto, las comparecencias de los integrantes del grupo de amigos de April arrojan luz sobre la personalidad de la ausente y sombras sobre su paradero, lo suficiente para entender que lo importante de este recorrido no es averiguar dónde está sino quién fue. Todo esto es cometido de Benjamin Black, que proporciona la materia negra, bastante clásica, infalible en el género noir si se gestiona bien.

Y a partir de aquí, aparece Banville. Cuando se tiene una reputación de estilista que defender no se puede dejar nada al azar, y hasta los pasajes en los que el protagonista se limita a contestar al teléfono deben servirse al lector con esmero. Suyo es el esfuerzo por dotar a cada personaje de entidad propia. Suya es la descripción del nebuloso Dublín de los años cincuenta, con su correlativa metáfora meteorológica de un paisaje moral asfixiante penetrado sin remedio por el catolicismo oficial del Arzobispo McQuaid. Nada se atisba con claridad en medio de la bruma, salvo las fotos en segundo plano de los líderes de la independencia irlandesa de la mano de dignatarios eclesiásticos. En mi opinión, John Banville cumple su misión correctamente, con más solvencia que brillantez, con menos ironía que morosidad, con una calidad de escritura que oscila entre la elegancia y el oficio.

¿Banville y Black se llevan bien? “En busca de April” se lee fácilmente, si bien es cierto que la historia se podía haber resuelto en la mitad de páginas sin sacrificar profundidad de tipos ni descripción de ambientes. En un punto determinado, los personajes ya están gastados, dejan de evolucionar, los giros que Black proporciona los dosifica Banville tanto que empezamos a darnos cuenta que no va a haber mucho más y uno siente la tentación –sofocada, sofocada- de volver a las andadas de lector primerizo: saltarse las descripciones en pos de acortar los plazos que nos separan del desenlace.

Si la Literatura fuese una cuestión de matemática, el dúo Banville/Black debería ser imbatible en el género y leo que hay muchas opiniones en este sentido, lectores autorizados para los que BB ha dotado de una nueva dimensión a la novela negra. ¿Será que no han leído demasiada novela negra? ¿O acaso piensan que no había sido adecuadamente dimensionada hasta que Banville conoció a Black? Esa sí que es una buena historia para una ficción de misterio.

También de Benjamin Black en ULAD: El otro nombre de Laura, El lémur
Como John Banville: Aquí

Firmado: Talibán

martes, 11 de noviembre de 2014

Marguerite Duras: El amante

Idioma original: francés
Título original: L'Amant
Año de publicación: 1984
Valoración: imprescindible

Esta novela entra perfectamente en la categoría "No puedo creer que todavía no la hayamos reseñado"; de hecho, estaba convencido de que yo mismo, o Yemila, o alguien, había escrito una reseña en los primeros tiempos del blog, y sin embargo, salvo que el buscador me esté jugando una mala pasada, no es así. Así que puedo decirlo: no puedo creer que no hayamos reseñado El amante hasta ahora.

Esta novela también entra en otra de mis categorías favoritas: libros que han pasado a la cultura popular con una imagen simplificada o deformada. (A esta categoría pertenecen, por ejemplo, El retrato de Dorian Gray o Los viajes de Gulliver). Porque uno piensa en El amante y, probablemente por culpa de la película de Jean-Jacques Anaud, en lo que pensamos es en una novela erótica llena de tórridas escenas de sexo explícito entre una adolescente francesa y un joven oriental.

Claro, es elemento erótico está en la novela, que es una recreación (ficcionalizada) de un episodio en la vida de la escritora: una breve relación amorosa mantenida, cuando tenía apenas quince años, con un hombre chino durante su estancia en Vietnam (o en aquella época, Indochina). Sin embargo, no es una novela que se recree en el sexo explícito, sino en la sensualidad, el deseo, la atracción irracional y sus consecuencias, sobre todo cuando se trata de una relación imposible debido a diferencias de edad, culturales, sociales y económicas.

Pero El amante es también el retrato de una familia disfuncional y opresiva, arruinada e inadaptada a la nueva situación. Se trata de una familia, la de la propia escritora, compuesta por una madre obsesiva y depresiva, y unos hermanos de caracteres opuestos. Es, en cierto modo, una novela de aprendizaje de una muchacha que está descubriéndose a sí misma (en el sentido sexual, pero no solo) en medio de un ambiente hostil e incomprensible. "Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde", dice una de las primeras frases de la novela.

Hay varias cosas que hacen que esta novela sea imprescindible: la sensibilidad con la que está narrada; la propia técnica narrativa, que desgaja la voz de la autora en su yo adolescente y su yo adulto, casi anciano, que recuerda, reescribe y evalúa la propia acción. Y el estilo: un estilo depurado y directo, pero también capaz de un lirismo de evocación poderosa: una frialdad de cirujano con que se analiza tanto la primera relación sexual de la joven protagonista como la muerte de su hermano o la locura de su madre, pero que aun así alcanza una gran belleza expresiva, tanta que dan ganas de aprender francés solo para poder disfrutar del original (aunque la traducción de Ana Maria Moix, creo, le hace justicia).

Un imprescindible como hacía tiempo que no reseñábamos (yo, por lo menos). No puedo creer que hasta ahora no lo hubiéramos reseñado...

lunes, 10 de noviembre de 2014

D.T. Max: Todas las historias de amor son historias de fantasmas -David Foster Wallace, una biografía

Idioma original: inglés
Título original: Every love story is a ghost story. A life of David Foster Wallace
Año de publicación: 2013
Traducción: María Serrano
Valoración: imprescindible para cualquiera (pero los seguidores de DFW no habrán  ni llegado a esta frase, ni falta que les hace conocer la valoración que para ellos puede tener esta maravilla)

Hace muchos años que dejé de tener pósters en las estancias que habito. Así que mi mitomanía queda atrás. De hecho, creo que la última foto que desprendí de una pared fue de otro David, Sylvian, cantante de la banda de glam futurista Japan. Un tipo que se maquillaba y se acicalaba como una mujer para acabar peleándose con otros miembros de la banda por asuntillos de faldas. De mujeres, más concretamente.
Pero os juro que recaería en esa costumbre con este otro David. Aunque realmente es una cuestión que me viene a oleadas, que son agotadoras, cada acercamiento a su obra o a su persona me hacen admirarlo con más convicción. Claro que es muy fácil caer en esa necrofilia, más potente aún que la que rodea a Bolaño, pues no es lo mismo caer víctima de una enfermedad que suicidarse. Ya es decisión de cada lector si esa certeza (perdón, puede que algún astronauta no sepa que Foster Wallace puso fin a su vida a los 46 años, víctima de la profunda depresión de la que le era imposible salir) nos conduce inexorablemente por las páginas y nos condiciona a interpretar cada una de sus acciones como etapas de acercamiento a su determinación final. 
Pero usemos la clave que queramos para sumergirnos, sea la de lectores despistados pero curiosos, sea la de fans bregados a la búsqueda de piezas que completen el rompecabezas, sea la de escépticos profesionales que consideran la obra del escritor estadounidense como palabrería sobrevalorada, sea cual sea nuestra elección, veo imposible salir defraudado de este excelente trabajo de composición (casi oficial, pues dispone de toneladas de información solo accesible a través de correspondencia privada del autor) que no solo hace las veces de presentación del escritor y su método creativo (las menciones a todo el proceso son constantes, valiosas, interesantes, fascinantes) sino que también traza una especie de suspense en crescendo, donde conocemos y valoramos tanto al hombre como al escritor, y no podemos por menos que reconocer que su inmenso talento era a la vez salvavidas y lastre de su personalidad. Y si somos capaces de verlo atravesar noches enfebrecidas entre alcohol, fármacos y marihuana, en las que era capaz tanto de devorar lectura tras lectura como de poco menos que enloquecer escribiendo hasta el amanecer, si somos capaces de asimilar las dificultades de relacionarse con personas que comprendieran su necesidad y su obsesión, debemos agradecerlo tanto a los generosos y brillantes extractos de sus obras que inveteran sus más de 400 páginas como a la solvencia de D.T, Max como transcriptor, como selector, como comentarista sin dejarse llevar por la fácil alabanza o la conmiseración. Nada de eso. No es que nos lleve de la mano a un final en que no vemos otra salida, es que vivimos la intensidad de su mundo interior, nos extenúa y nos atrapa de tal forma que nos llevaría a cualquier lado, pasando antes, eso sí, por la librería.
Hace unas semanas decidí calificar como imprescindible Lo que tiene alas, de un autor relativamente poco conocido como Eduardo Jordá: lo hice porque representaba uno de los sueños que yo concibo para quienes acuden a internet y a blogs como este a la búsqueda de lecturas, que es la posibilidad de expandir de forma inabarcable el abanico de lugares literarios donde podemos obtener placer. Pues bien, este libro lo es, de la misma manera. Leerlo me ha abocado a hacer consultas descabelladas. He mirado fotos, a ver si Elizabeth Wurtzel estaba tan buena como para obsesionar a Wallace de manera instantánea con ella. He mirado si Mark Leyner, que a ratos parece complemento y a ratos antagonista, tiene algo traducido al español. He considerado si no es hora ya de dar nuevas oportunidades a escritores que he vilipendiado, pero que son defendidos por Wallace, como Pynchon o DeLillo. Las respuestas, por cierto, han sido tres Sí. Con los de hoy, 9 de noviembre, ya van cinco Sí. La cosa es que, a pesar de que este libro estimula poderosamente la curiosidad de cualquiera hacia la obra de Wallace, siempre habrá quien diga si esto no es una obsesión, si esto no es necrofilia, si esto no es, más que una ampliación del campo de batalla, una concentración excesiva de esfuerzo orientada hacia una sola finalidad. La verdad, para el que esto escribe es que, tanto leer a Wallace a pelo, como hacerlo a través de este fastuoso y serio trabajo dedicado a su persona, acaban condicionando no solo futuras lecturas y escrituras sino hasta meras formas de abordarlas. Tal es su influjo.
Con lo cual, de momento, creo que lo he dicho todo.

De o sobre David Foster Wallace en UnLibroAlDía: El rey pálido, Hablemos de langostas, Esto es agua, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. Ensayos y opiniones, Entrevistas breves con hombres repulsivos, Encarnaciones de niños quemados, La escoba del sistema, En cuerpo y en lo otro, Conversaciones con David Foster Wallace

domingo, 9 de noviembre de 2014

Julian Barnes: Inglaterra, Inglaterra


Idioma original: inglés
Título original: England, England
Año de publicación: 1998
Traductor: Jaime Zulaika
Valoración: Muy recomendable

Supongo que muchos de nuestros lectores estarán familiarizados con esos conceptos, vagos pero muy precisos a un tiempo, que se expresan a través de fórmulas como lo "vasco-vasco", "catalán-catalán", "gallego-gallego", etc... (curiosamente, lo de "español-español" no se utiliza, creo... Invito a quien quiera a hacer sobre el tema una reflexión que yo, con permiso, me ahorraré a mí mismo). Pero en todas partes, al parecer, cuecen las habas identitarias, y en el caso del Reino (re-)Unido -perdón por el chiste-, no sólo entre los sedicentes escoceses. También en la Merrie England , pese a la desenvoltura que cabría suponerle a su hegemonía en el Reino, el patriotismo pasa por la adhesión no sólo a determinados símbolos e instituciones, sino también a ciertos acontecimientos y figuras de su pasado, convenientemente escogidos, expulgados y mitificados, eso sí. Como en todas partes, cabría añadir...

Pues bien, éste es el material que Julian Barnes, inglés-inglés (aunque con una confesa y sospechosa francofilia) de Leicester, para más señas, utiliza para componer una sátira con la que fumiga algo más que los excesos patrióticos (patrioteros, más bien). El argumento ya parte de una idea jocosa: un megamagnate post-moderno, tipo Murdoch, Sir Jack Pitman, decide crear en la isla de Wight, como obra magna que le sucederá en la posteridad, una réplica "perfeccionada" de la Inglaterra a la que tanto dice amar, pero que juzga como incómoda, decadente e imperfecta. El proyecto va más allá de un parque temático para turistas ricos, que es el proyecto original, al conseguir la independencia de la isla y que la propia familia real británica se traslade a ella, conviviendo con ilustres personajes -o leyendas- de la Historia inglesa como Robin Hood, la reina Victoria o el doctor Johnson (la aparición de este último no parece en absoluto aleatoria, desde luego). La configución y éxito de esta nueva entidad político-lúdico-comercial no sólo crea una dinámica interna propia, sino que también afecta a la llamada "Vieja Inglaterra", que acaba pareciendo menos real que su copia... Para mayor ironía -a modo de boomerang, si se quiere-, hay que decir que lo que a finales del siglo XX parecía ser una entelequia puramente satírica, a día de hoy se ha convertido casi en una realidad superpuesta a la Inglaterra "auténtica", como puede atestiguar cualquiera que se dé una vuelta por el Londres más turístico.

Bien es cierto que en la novela no sólo se satiriza sobre los parámetros -no pocas veces oportunistas- del patriotismo para determinar quién o qué merece formar parte y representar al acervo colectivo de una nación. También nos dibuja una imagen bastante convincente de cómo sería un Estado sin Estado propiamente dicho, el sueño del ultra-liberalismo, donde el gobierno se viera reemplazado por la dirección ejecutiva de una corporación y las leyes, por los términos contractuales entre empleador y empleado. Y más allá, sobre toda la novela sobrevuela la filosofía de Guy Debord, plasmada en su obra, La sociedad del espectáculo (de hecho, Barnes se cura en salud haciendo una velada alusión a este autor ya en las primeras páginas del libro), que ya señalaba: 

“Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.”

Pero Barnes no sería el magnífico escritor que es si no nos ofreciera algo más. La novela, además de una divertida sátira, propone una reflexión sobre los elementos que escogemos -o nos escogen- para conformar nuestra memoria personal, no sólo colectiva, y que en buena medida son los que moldean nuestra personalidad... ¿o quizá no lo son y ésa es sólo una premisa más que aceptamos, como los propios recuerdos o los mitos que alimentan el fervor patriótico? Es una duda que la protagonista femenina, Marta Cochrane (contratada por Sir Jack para hacer de "cínica oficial" del Proyecto), tarda toda una vida en resolver, como un puzzle al que le hubieran hurtado una pieza. Un puzzle que representaba su Inglaterra particular. Que cada cual escoja la suya.

Otras obras de Julian Barnes en Un Libro Al Día:  Aquí