Mostrando las entradas para la consulta Ricardo Piglia ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Ricardo Piglia ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor 



martes, 21 de julio de 2020

TochoWeek IV #2. Alberto Laiseca: Los sorias

Idioma original: Español
Año de publicación: 1998
Valoración: Empachoso 


Los sorias (premio Boris Vian) es considerada una obra maestra de la literatura latinoamericana. Autores de la talla de César Aira, Rodolfo Fogwill y Ricardo Piglia respaldan dicha opinión. Personalmente, no sabría decir si están en lo cierto. En todo caso, reconozco que esta es una novela pródiga en virtudes. Pero me es imposible negar lo obvio: también la lastran bastantes defectos. Y, además, es de ese tipo de ficciones que solamente atraerá a aquellos cuyos gustos sean afines.

Me explico: uno puede apreciar el tremendo esfuerzo que supone concebir este texto. Sin embargo, disfrutar de su lectura y reconocer sus geniales hallazgos es una tarea complicada. Únicamente quienes estén predispuestos a este tipo de narrativa saldrán de él con ganas de más. De más Alberto Laiseca, de más experiencias realmente singulares.

Volvamos al libro. A este tocho kilométrico que el autor tardó diez años en escribir (y otros dieciséis en publicar). Valorarlo según su carácter unitario le hace un flaco favor, pues no está concebido para ser leído de un tirón, ni tiene un argumento estrictamente lineal. Si acaso, hay que acercarse a esta obra como si de un retablo fragmentario se tratara. Sus mejores ideas se encuentran dispersas; su humor, espaciado. Tengámoslo muy en cuenta.

Estamos frente a un artefacto literario que parece un homenaje (y, asimismo, una crítica) a la posmodernidad. Ante una pintoresca mezcolanza de géneros y registros: ciencia ficción, fantasía, humor, terror, drama bélico, música, poesía, teatro... Ante una épica que narra el conflicto que existe entre las naciones de Tecnocracia y Soria. Ante la historia de un dictador que se humaniza.

Los aspectos positivos de esta obra son, a mi juicio, los siguientes:

  • Es una inestimable ventana al curioso universo de Laiseca. Universo onanista y, al mismo tiempo, proclive al tributo (o saqueo, más bien) de lo ajeno. 
  • Su originalidad. 
  • Su creatividad. La imaginación de Laiseca es colosal, capaz de conjurar una Tierra ficticia (aunque tenga algunas similitudes geográficas e históricas con nuestro planeta); una Tierra abundante en "lore", con sus propios países, lenguas y religiones. Amén de un sistema de magia tremendamente complejo (aunque, eso sí, algo incongruente). 
  • Como acabo de insinuar, el sistema de magia de Los sorias es fascinante. Involucra a ocultistas, sociedades esotéricas, mudras, viajes astrales, máquinas capaces de ofrecer apoyo logístico, zombies, gólems imparables, tijeras asesinas... 
  • También la tecnología pergreñada por Laiseca es extraordinaria y, hasta cierto punto, compleja. 
  • Diversos delirios, esoterismos, erotismos o personajes de corte bruegheliano que aparecen en estas páginas. 
  • La erudición (nada jactanciosa) que Laiseca derrocha. Sus conocimientos de ópera, literatura, historia o mitología son excepcionales. 
  • La desmitificación de varias disciplinas (como la filosofía y las matemáticas) o figuras históricas (Wagner, Napoleón...). 
  • El humor de Laiseca. Es cierto que es demasiado intermitente; no obstante, vale la pena armarse de paciencia y buscarlo. 
  • Sus reflexiones en torno al sindicalismo, al comunismo, a los técnicos, a la historia como farsa. Son muy lúcidas y se presentan con humildad.
  • Su "self-awareness". Varios pasajes dan a entender que Laiseca es consciente de estar escribiendo algo «revolucionario», por lo que hay que disculparle sus «excesos» (pg. 341), a la par que algo, en cierto modo «tedioso», cuyo único objetivo es llegar a una «frase genial insertada en el medio» (pg. 330). 
  • Las rupturas de la cuarta pared. Destacaría esa en que el cronista de Los sorias admite haber producido en el relato «rupturas discontinuizantes» y apela al perdón del «magnánimo lector» (pg. 244). O esa otra en que dice que se le ha tostado la tarta que tiene en el horno por estar distraído escribiendo una «disquisición sobre el amor y los franceses» (pg. 573).

En cuanto a los defectos de esta novela, destacaría que:

  • Los temas se exponen de forma un tanto débil, lo cual resulta insultante, teniendo en cuenta que el autor ha dispuesto de mucho tiempo para desarrollarlos. Por ejemplo, los delirios megalomaníacos de los dictadores. Esta ficción tenía todas las papeletas para sumarse a la tradición de novelas de dictadores hispanoamericanas y ofrecer una meditación al respecto, pero a la postre no da la talla. 
  • Hay poca consistencia en el "worldbuiling" y el sistema de magia establecidos por Laiseca. Comprendo que una obra como esta no requiere que semejantes apartados estén muy pulidos, pero aún y así, había veces en que las disonancias y lagunas impedían que me sumergiera al cien por cien en la lectura. 
  • La psicología de los personajes. Laiseca los va dibujando poco a poco, casi con parsimonia, pero nunca profundiza en ninguno. Y esto impide que empaticemos con ellos. El arco de redención del Monitor hubiera sido mucho más efectivo si se le hubiera desarrollado adecuadamente, por ejemplo. Además, la caracterización pobre de los protagonistas del relato resta impacto a algunas situaciones, especialmente a aquéllas que transcurren en los últimos coletazos de la novela.
  • Algunos pasajes de la novela, o incluso capítulos enteros, se hacen demasiado pesados, cuando no directamente aburridos.  
  • El final se siente abrupto y, sobre todo, se toma demasiado en serio a sí mismo, traicionando el acabado desenfado del resto.  
  • El narrador trata al lector como si fuera estúpido. En serio, se pasa todo el tiempo recordándonos que esto ya lo había dicho, pero te lo repito de todos modos por si te habías olvidado. 
  • La torpe exposición. A menudo, la información se nos entrega de forma poco orgánica. Con "infodumpings" o a base de notas y apéndices. 
  • Los delirios que más divertidos me parecieron reciben muy poco foco. El de un magnicida frustrado, por ejemplo, o el de un comerciante que vende pájaros. En cambio, los estereotipados, como el del Soriator, son omnipresentes. 
  • Las intrigas de palacio acaban reducidas a caprichosas rencillas. Cero tensión política. 
  • Hay muchas erratas. Algunas son obvias decisiones estilísticas (Laiseca emplea signos ortográficos, de puntuación y tildes al margen de convenciones, y a veces de forma arbitraria, sin respetar antecedentes propios); otras se deben, probablemente, a gazapos ortotipográficos. De todos modos, incluso a las erratas intencionadas se le podría reprochar que obstaculizan de forma innecesaria la lectura. Una tilde puede marcar la diferencia entre un sustantivo y un verbo; una mayúscula colocada donde no debería estar puede suponer una pausa accidentada; etc... 
  • Laiseca siente debilidad por las oraciones larguísimas y abusa de las subordinadas o de las comas. 
  • Los argentinismos homogeneizan las voces.

En conclusión: Los sorias es una novela que sólo recomendaría a los mitómanos de Laiseca. Y, seguramente, incluso los seguidores del escritor tendrán que intercalarla con otras lecturas. Al fin y al cabo, no es ni de lejos su trabajo más redondo, pese a que nos encontramos ante una obra innegablemente ambiciosa.

Para conocerle, acudid a El gusano máximo de la vida misma. Tiene los mismos elementos que hacen atractiva a Los sorias (ideas locas, humor, experimentación formal, un narrador carismático...) expuestos con mayor consistencia. Y es menos empachosa.


Otras obras de Alberto Laiseca en ULAD: El gusano máximo de la vida misma

miércoles, 25 de marzo de 2020

Reseña + Entrevista: Enero, de Sara Gallardo

Idioma original: Español
Año de publicación: 1958
Valoración: Muy recomendable

Siempre que se habla de “Mejores novelas escritas con menos de 30 años” aparece “El corazón es un cazador solitario” de Carson McCullers, que cuenta, a su vez, con una de las mejores primeras frases de novela. Pues bien, “Enero” fue publicada en 1958, cuando Sara Gallardo contaba con 26-27 años y cuenta también con una primera frase de una contundencia tal que constituye un llamado a la lectura inmediata de la novela.

“Hablan de la cosecha y no saben que para entonces y no habrá remedio –piensa Nefer-; todos los que están aquí, y muchos más, van a saberlo, y nadie dejará de hablar”

Con esta primera frase podemos adivinar la ubicación espacial de la novela (resulta curiosa la elección del campo como escenario tanto de Enero como de Eisejuaz, siendo Gallardo una autora bonaerense y siendo buena parte de la narrativa argentina de la segunda mitad del siglo XX eminentemente urbana), que Nefer será la absoluta protagonista de la novela, que algo se cierne sobre ella y que este algo, irremediable y oscuro, tendrá terribles consecuencias.

Pero Sara Gallardo juega con el lector y en la misma primera página desvela el misterio (el embarazo de Nefer, de apenas 16 años, producto de una violación). “Enero” pasa a ser una novela diferente a la que podía parecer y su centro se desplaza del misterio, de la violación, apenas dibujada, y del embarazo, al que apenas se hace referencia, a los efectos que estos dos últimos provocan en Nefer y en la comunidad que la rodea.

Es precisamente ese giro lo que confiere a las apenas 100 páginas de “Enero” una carga y una intensidad brutal. La elección de Nefer y de los sentimientos y pensamientos que la atraviesan como núcleo del relato permiten a Gallardo combinar inocencia y madurez, mezclar el lenguaje coloquial / popular de los diálogos con el lenguaje poético de las descripciones y transiciones (casi siempre con frases que son como latigazos en la espalda) y construir la novela en base a una serie de contraposiciones y contradicciones que la dotan de variadas capas y lecturas.

En cuanto a las capas que podemos encontrar en "Enero", podemos citar:

  • La contraposición entre espacios “abiertos” y “cerrados”: la casa y la iglesia como prisiones o como espacios asfixiantes frente a un campo de horizontes infinitos que ofrece una libertad apenas entrevista. Así, paisaje y clima ser convierten en otros personajes de la novela
  • Como también ocurriera en "Eisejuaz", la contraposición entre Iglesia y creencias “indígenas”. Frente a aquella, una sensación de inferioridad y temor; frente a estas, mayor proximidad y confianza.
  • La relación entre patronos y trabajadores de la estancia. La sumisión de estos a aquellos es total y no solo en el aspecto económico.
  • Los roles que juegan Doña María y Don Pedro, madre y padre de Nefer, y por extensión el resto de personajes masculinos y femeninos
Y en cuanto a las posibles lecturas, no excluyentes entre sí, que ofrecen las apenas cien páginas de “Enero”, se me ocurren las siguientes:
  • Novela de formación o novela sobre el fin de la inocencia.
  • Novela folletinesca, con su amor no correspondido, su embarazo no deseado, etc. En este sentido, podría ligarse en cierto modo a “Boquitas pintadas” y a su contraste brutal entre fondo y forma.
  • Novela social, con su lado de denuncia de la situación de la mujer en general y de la mujer pobre en particular y con su lado de crítica a una sociedad pacata y timorata que conduce a Nefer a un final terrible
Para no extenderme más, y tal y como he dicho al principio, “Enero” es una magnífica primera novela, breve, emocionante e intensa, aunque quizá ligeramente inferior a “Eisejuaz”, que me parece mucho más ambiciosa, arriesgada y atrevida (aunque también exigente para el lector) en el aspecto formal. Eso sí, no debemos olvidar la edad a la que “Enero” fue escrita.

También de Sara Gallardo en ULAD: Eisejuaz y Los galgos, los galgos

+++++++++++++++++++++

En los comentarios a la reseña de Eisejuaz hizo su aparición (cosa que me hizo mucha ilusión) Paula Pico Estrada, responsable de la Editorial Winograd e hija de Sara Gallardo. Contactamos con ella vía Twitter y muy amablemente se presta a responder a nuestras preguntas. De nuevo, muchas gracias, Paula

Pese a sus escasas 100 páginas, creo que “Enero” puede ofrecer diversas lecturas no necesariamente excluyentes: novela romántica, folletín (no lo digo, ni mucho menos, en sentido peyorativo), denuncia social… ¿Con cuál te quedas tu?

Buena pregunta. Yo creo que es una novela realista social, pero sin un propósito extraliterario de denuncia. Es decir: explora mucho de los temas de las novelas sociales; en el caso de Enero podríamos hablar de la relación de poder entre las clases, entre los géneros, y entre la Iglesia y sus fieles. También podríamos hablar de las alianzas entre los poderosos, por ejemplo, entre la patrona, el violador y, de nuevo, la Iglesia. ¡Y la cuestión del aborto! Pero te puedo asegurar, también de modo extraliterario, que nada de eso pasó en términos teóricos por la cabeza de mi madre. A ella se le presentó u ocurrió una historia a partir del mundo social que conocía, y todo el resto es fruto de su sensibilidad, de su imaginación y de su amor a la lengua castellana. Es decir, de la necesidad inútil de escribir.

Solo he podido leer “Enero” y “Eisejuaz”, pero resulta curiosa la elección del campo como escenario de ambas novelas, teniendo en cuenta tanto su origen bonaerense como que la mayor parte de la narrativa argentina de la segunda mitad del siglo XX (al menos, la que llega a Europa) es fundamentalmente urbana. ¿A qué puede deberse?

Creo que a su origen social. Por el lado materno, mi madre pertenecía a una familia afrancesada y liberal; por el paterno a una familia hispanista y nacionalista. Ambas familias estaban vinculadas con las letras, la historia, el periodismo y ninguna era terrateniente. Son familias burguesas ilustradas urbanas. En ambas familias había una percepción de que la biografía personal y la historia de la Argentina se entretejían, pero esa percepción tomaba formas diferentes. Mi abuela materna tenía horror por el campo y por los animales y un enorme orgullo por su abuelo escritor (Miguel Cané) y su bisabuelo presidente y traductor de la Divina commedia (Bartolomé Mitre). Mi abuelo paterno, en cambio, tenía una visión nacionalista de cuyo imaginario formaba parte constitutiva el campo. De nuevo: no era una familia terrateniente. Cuando mi abuelo heredó a sus padres, se compró 300 hectáreas (para la Argentina de aquella época, nada de nada, un campito) en un bajo, porque al agua atraía a los pájaros. Le gustaba salir a caballo vestido de gaucho, rodeado de perros, y salir a caminar, rezando el rosario. Más allá de la ideología, su amor por la naturaleza era profundo, real y artístico, y mi madre se embebió de él.

Pregunta quizá ligada a lo anterior: El boom obvió a buena parte de los narradores que ofrecían una visión nada condescendiente de la realidad rural o indígena (Vamos, que en Europa preferíamos una visión edulcorada de la realidad). Si a eso le unimos el hecho de que fue un “movimiento” eminentemente masculino, la obra de Sara Gallardo parecía condenada de antemano. ¿Pueden haber sido esos los motivos de su olvido o puede haber algo más?

Es que hay algo que precede a su ausencia del grupo del boom, y esto es su ausencia de cualquier círculo literario en la Argentina. Yo creo que esos círculos son siempre políticos, de una u otra manera, y la idea que mi madre tenía de la literatura estaba completamente fuera de cualquier mundillo: concebía el valor del arte por el arte mismo. Ni se le ocurría pensar al arte como un producto superestructural de condiciones materiales: para ella existía el eidos platónico de la Belleza y su vocación era acercarse a él. Escribía en una soledad muy grande.
Por otro lado, no hay que minimizar el hecho de que fuera mujer, y, para colmo, muy hermosa y de clase media alta. Siempre existió (o ella lo sufrió) la idea de que era una señora que escribía para entretenerse y para entretener. Yo creo que sus pares no la leyeron, directamente. Excepto el adorable Manucho Mujica Lainez, de quien se hizo muy amiga a fines de los años 70.

Pese a ese olvido y haber transcurrido más de 60 años de la publicación de “Enero”, todavía quedamos lectores (y editores como Nicolás) que en 2020 descubrimos a Sara Gallardo y encontramos a una autora moderna y atemporal al mismo tiempo. ¿A qué crees que puede deberse esa conexión?

¡Ay, en cualquier momento me remito yo también al eidos platónico para contestarte! Porque, ¿qué es lo que vuelve clásica a una novela? Yo creo que hay cosas que son buenas independientemente del contexto; novelas que, en cada época en que las leas, te van a develar una perspectiva que parece actual sobre la naturaleza humana, donde vas a leer descripciones de la sociedad o del mundo natural que te los harán ver con ojos nuevos.

Tambien me llama la atención en “Enero” y “Eisejuaz” el contraste entre “lo culto y lo popular”, entre la experimentación formal o estilística (más en “Eisejuaz”) y el lenguaje popular o el lado “folletinesco”. Aquí tiro de “Las tres vanguardias: Saer, Puig y Walsh” de Ricardo Piglia y a su tesis sobre el uso del fondo y la forma en estos autores para preguntarte: ¿en qué espacio podríamos situar a Sara Gallardo?

¡Me mataste! No leí el ensayo y no te puedo contestar.

Entre la publicación de “Enero” y la publicación de “Eisejuaz” transcurren 13 años en los que se observa un gran salto en lo que a riesgo a nivel formal se refiere. Podríamos decir que “Enero” es una gran novela de juventud y “Eisejuaz” la gran novela de madurez de Sara Gallardo. De no haber sido por su temprano fallecimiento, ¿qué camino habría seguido su narrativa?

Lo que decís con respecto a Enero y Eisejuaz es exactamente así, son sus dos grandes novelas, y las dos que ella prefería. A Enero la siguieron dos novelas sociales más, Pantalones azules y Los galgos, los galgos. A Eisejuaz, dos libros de cuentos, El país del humo y La rosa en el viento, en los cuales priman la imaginación y la experimentación formal. Yo creo que estaba en una etapa de transición, y que si hubiera podido superar la depresión que tuvo en sus últimos años, que la tenía muy dispersa, se
hubiera volcado a una forma directa y sencilla de narrativa, al estilo de su ídolo Robert Louis Stevenson o de Herodoto. De hecho, esto te lo digo porque ella misma, en sus últimos años, me dijo “Hay que escribir como Herodoto”, a quien recién leía. (Recordemos que murió muy joven, al menos, joven para morir: a los 56 años).

Por ir terminando. Asistimos en los últimos años a la recuperación de la obra de Sara y otras autoras de su generación, al auge de nuevas narradoras argentinas y latinoamericanas como Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda, etc, pero seguro que continúan existiendo autoras olvidadas y/o ninguneadas. ¿Cuáles son, en tu opinión, los secretos mejor guardados de la literatura argentina y que no debemos dejar pasar bajo ningún concepto?

¡Uy! Me agarraste con las manos fuera de la masa. Leo casi exclusivamente en inglés, porque mi locura son los escritores ingleses de mediados del siglo XIX y la lista es infinita. Estoy con George Eliot ahora, después de haber pasado por un romance con Trollope, al que tengo que volver. En fin… Solo te puedo hablar de tres escritores argentinos que me han gustado muchísimo en los últimos tiempos y creo que los tres son muy buenos. Mariana Enríquez, a quien nombraste; Hugo Salas y Miguel Vitagliano. Pero repito que hay demasiados autores que no he leído y que quizás por eso no pueda nombrarlos. Volviendo a tu pregunta: no hay que dejar pasar ni a Salas ni a Vitagliano, eso por cierto. (A Enríquez tampoco, pero ya lo han dicho otros antes que yo.)

La última pregunta será puramente mitómana. En la contraportada de la edición de Malas Tierras de “Eisejuaz” aparece un texto de mi adorado Mujica Lainez en el que alaba de forma entusiasta la novela de Sara (me choca mucho porque parecen dos narradores absolutamente antagónicos en lo estilístico). ¿Pudiste conocer a Manucho? ¿Qué nos puedes contar de él?

¡Qué bueno que lo adores! ¡Era adorable! Él y su mujer, Ana de Alvear, fueron buenísimos con mi madre, que acababa de enviudar, se había mudado a la provincia argentina de Córdoba, a la localidad en la que él vivía (Cruz Chica) y andaba como bola sin manija, con dos hijos adolescentes y un niño de 5 ó 6 años. Manucho le ofreció una casita dentro de su propiedad, la integró a su vida social y familiar, leyó sus textos, se los comentó con cariño y con generosidad. Fue un gran, gran amigo y protector. Él es un autor argentino que quiero leer; tengo varias novelas suyas acumuladas en casa. Quizás con este nuevo raro mundo de aislamiento en que estamos viviendo logre ponerme al día.

domingo, 20 de octubre de 2019

Ricardo Piglia: Las tres vanguardias. Saer, Puig, Walsh

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Depende (para mi, muy recomendable)

Joder, Koldo. Cada vez con libros más raros. ¿De qué va este?
Pues este libro es la transcripción de una serie de conferencias que Ricardo Piglia dictó en la Universidad de Buenos Aires en 1990. En ellas habló acerca de lo que el consideraba nuevas vanguardias de la literatura argentina, cuyos máximos exponentes serían (para él) Juan José Saer, Manuel Puig y Rodolfo Walsh. Partiendo de lo que Piglia llama el período de constitución de las grandes poéticas argentinas de la novela, lo que hizo fue analizar cómo se empiezan a constituir otras poéticas y cómo se insertan las tradiciones exteriores en estas nuevas poéticas "locales".

Vale, che, que parecés un psicologo argentino. Bueno, ¿conviene venir ya leído de casa?
Por partes. Es un libro muy argentino, obviamente, y de ahí que sea conveniente tener al menos algunas nociones básicas acerca de lo que Piglia llama primera vanguardia argentina (que para el acaba en 1967 con la publicación del Museo de la Novela de la Eterna, de Macedonio Fernández) y que incluye a autores como el propio Macedonio, Arlt, Marechal, Borges y Cortázar.

Ya, ¿y es necesario conocer en profundidad la obra de Saer, de Puig y de Walsh para poder "disfrutar" del texto? 

Recomendable, sí; imprescindible, no. En mi caso, he leído apenas un par de obras de Saer (La pesquisa y El entenado), una de Puig (Boquitas pintadas) y una de Walsh (Operación Masacre) y creo que con eso es suficiente para tener una idea general acerca de sus respectivas poética.

¿Seguro?
Que sí, hombre, que sí. Te explico por qué. Pese a que Piglia centra el tema en la literatura nacional, es obvio que las cuestiones que en el texto se plantean son plenamente universales. Asuntos como la tensión entre la novela y la narración, entre el ideal y lo real, la "función" de la novela, la relación entre el arte y la vida, entre las innovaciones técnicas, los cambios en las estructuras narrativas provocados por estos y los diferentes modos de recepción del arte, etc son algo que se ha planteado en las diferentes literaturas nacionales (si es que estas existen, claro), aunque el lo lleve a terreno de lo argentino.

¿Y cómo dice Piglia que resuelven Saer, Puig y Walsh los asuntos que comentas?
Abreviando, Piglia define a Saer como vanguardia clásica y dice del el, por ejemplo, que supone la ruptura entre artista y sociedad, que sigue una estrategia narrativa en la cual se busca la totalidad a través de la fragmentación, en la que se narra de forma descriptiva el presente y en la que el estado de conciencia es el determinante de la realidad (y no al revés).
En cuanto a Puig (y en esto no puedo estar más de acuerdo con Piglia), supone la unión de la alta cultura y la cultura de masas desde el punto de vista formal, aunque con un punto de ruptura con la cultura de masas en sus finales "no felices" y en ese intento de hacer "algo más" con géneros narrativos ya tratados.
Por último, Walsh representa la vanguardia histórica, la tensión entre vanguardia política y estética rota a través de la acción. Walsh opta por la no ficción para resolver la relación arte / vida, por la función del escritor como historiador del presente

Uf. Pará ya, pibe (como sigás así, terminaré hablando lunfardo). A todo esto: ¿el lenguaje utilizado, las referencias... abruman?
No, o al menos yo no he tenido esa sensación. ¡Y te lo digo sin ser, ni mucho menos, un experto en estos temas ni tener formación específica en la materia!. Claro que las referencia filosófico-literarias abundan (Walter Benjamin esta por todas partes), pero hay que reconocer que Piglia hace las conferencias  amenas y accesibles para un público más o menos "estándar"

Entonces, ¿qué? ¿Lo recomiendas o no?  ¿Lo leo no lo leo? 
A mi, desde luego, me ha parecido un libro interesantísimo, aunque no se lo recomendaría a todo el mundo. Por ejemplo, si has leído a Saer, a Puig o a Walsh, deberías leerlo. Si no los has leído pero tienes cierto interés por cuestiones como "qué es la literatura (o la novela)", "de dónde viene" o "hacia dónde se dirige", no dudes en leerlo. Y si ni una cosa cosa ni la otra, primero lee a Puig, a Walsh y a Saer (yo iría en este orden) y luego ya hablamos.


También de Ricardo Piglia en ULAD: Los diarios de Emilio RenziBlanco nocturnoPlata quemada Los casos del comisario Croce

domingo, 5 de mayo de 2019

Ricardo Piglia: Los casos del comisario Croce


Idioma:
 español
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien


Sin más referencia de la obra de Ricardo Piglia que la proteica y excelente Plata quemada, me dispuse a leer éste su último libro; de hecho, publicado de forma póstuma. No se trata de una novela, sino de una serie de relatos policiales protagonizados por el comisario Croce (personaje que ya aparecía, por lo visto, en Blanco nocturno), un pesquisa rural de la provincia de Buenos Aires, especialmente atinado a la hora de resolver misterios gracias a métodos que aúnan la deducción y lo intuitivo. Hay que señalar que estos casos no siguen un hilo temporal, sino que saltan de la época en la que el policía se encontraba en el mejor momento de su carrera, a la de su jubilación o cuando tuvo que pasar a la clandestinidad por motivos políticos  (Croce estaba vinculado, aunque no queda claro si de forma muy entusiasta, con el régimen peronista).

Tampoco es que los casos de estos cuentos o, la mayoría de ellos, guarden mucho parecido con los consabidos de la "novela problema", como ocurre con los de Sherlock Holmes o los libros de Agatha Christie, Gaston Leroux y tantos otros... Alguno sí que transita, aun de forma más modesta,  por ese terreno, como La resolución, que el autor además aprovecha para explicar el "método" del comisario Croce o uno de los mejores, La señora X, supuestamente basado en un caso real que llegó a conocimiento de Piglia, en el que Croce investiga una "no violación". Son varios, por otra parte, los relatos que parecen basados en sucesos reales o anécdotas que le contaron a Piglia, en personajes y rumores más o menos legendarios de la cultura popular argentina -El astrólogo o La película-, aunque no sean tan conocidos fuera de ese país. También están representadas, y de forma no menor, las tramas de raigambre borgeana: así sucede con esa especie de Wakefield que aparece en El impenetrable y, sobre todo, con el estupendo relato La excepción, donde toda la investigación se lleva a cabo a través de unos versos. El propio Borges o un trasunto suyo protagoniza La conferencia, donde se diserta acerca del relato policíaco y el crimen perfecto.

El último de los relatos (y me he dejado alguno), El método, es más bien un compendio de reflexiones, apuntes y recuerdos de o sobre el comisario Croce, así como un rápido repaso a varios casos que quizás no tenían la entidad para merecer un cuento propio. Tal método de Croce que además de en la observación se basa en su humanidad e incluso empatía con el criminal, recuerda un tanto a los de otros famosos comisarios de los libros, como el Maigret, de Simenon, por su bonhomía,  o el Adamsberg de Fred Vargas, aun con menos tendencia que éste a "palear nubes". Croce es más circunspecto, más melancólico, más "tanguero", si se quiere, aunque también , sin duda, está armado con un estoicismo imbatible.

Antes he mencionado Plata quemada, pero he de reconocer que toda comparación con esta novela es injusta. Porque aquella crónica anfetamínica y fascinante de un atraco la escribió un Piglia en la plenitud de su vida y su oficio literario y estos cuentos del comisario Croce, un autor enfermo, en cada vez peor estado físico, que incluso debió utilizar un sistema de escritura a través de la mirada para poder acabarlos. El resultado, claro, es más calmo, relajado, incluso algo desfondado, lejos de la tensión adictiva de aquella otra novela. Pero, eso sí, en ambos libros pervive el interés de Piglia por desvelar y entender, por asumir la complejidad desconcertante del ser humano.


Otras obras de Ricardo Piglia reseñadas en Un Libro Al Día: Plata quemadaBlanco nocturnoLos diarios de Emilio RenziLas tres vanguardias: Saer, Puig, Walsh

lunes, 23 de mayo de 2016

Reseña + Entrevista. Patricio Pron: No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable para iniciados, bastante recomendable para público general


Como escribí en mi primera reseña de Pron, mi primer impulso de acercamiento a este escritor argentino surgió de las frecuentes menciones a Bolaño relacionadas con su obra. No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (en adelante, NDTL) es, o al menos esto ha apreciado por encima de todo el que esto escribe, un homenaje en toda regla al escritor chileno. Lo cual no ha de constituir una recriminación en modo alguno. Que novelas brillantes como ésta le tomen como referencia o inspiración solamente es un acto de justicia. 
La estructura de carrusel de testimonios de su parte central, la temática centroeuropea, el jugueteo con escritores reales e inventados, con personajes de otras novelas, la mención fugaz a aviones que escriben textos. Puntos que remiten a todo el universo contextual del chileno, pero que aportan indicios de que Patricio Pron ya anda edificando el suyo.

Pron, por eso, ha sido muy inteligente para crear ese armazón y decorarlo según su propio criterio, y ahí ya luce su propia personalidad. Un escritor inquieto, prolífico, esencia de esa multiculturalidad signo de los tiempos, escritor de títulos largos y ambiciones anchas al que, quizás, pero a esto me ayuda algo conocer su dinamismo y su profusión en las redes sociales, solo podría achacarse cierta tendencia a ese concepto endogámico del escritor para escritores, con lo que Pron restringe (saldré de dudas preguntándole) su público potencial. No sé si ello es deliberado, por eso, porque ya sabemos los tiempos en que estamos, con todo el mundo relacionado con lo editorial mirando por encima del hombro, no por superioridad, sino para copiar al vecino, colega, competidor, incluso en opiniones, en expresiones, en tonos.

El viejo recurso de la II Guerra Mundial: Pron sitúa a sus personajes en un hipotético Congreso de Escritores Fascistas Europeos que va a celebrarse en una pequeña ciudad italiana. Problema 1: estamos en la primavera del 45, y las cosas no parecen acabar de pintar bien para los partidarios del Eje. De hecho, las montañas y los bosques que rodean la ciudad son un hervidero de brigadistas y partisanos que, atentos a los movimientos del conflicto, empiezan a tomarse la justicia por su mano. Sea porque saben que van a hacerse con el poder, sea porque van a perderlo. Problema 2.: Luca Borrello, uno de los más insignes congresistas, aparece muerto al fondo de un barranco. 
En torno a este misterio no central, y desplazándose adelante y atrás y hacia los lados, Pron, teje una trama oscura donde asistimos a tres momentos (representados por las tres generaciones de varones apellidados Linden) de la historia europea: 1945, 1978 y la actualidad. Como sugiriendo que solo las ideologías coherentes y arraigadas pueden superar la barrera del tiempo, y como insinuando que las heridas tardan más en cicatrizar, si lo hacen, cuando son interiores, Pron nos lleva desde las disquisiciones sobre la coherencia del fascismo y de su hermano bastardo, el futurismo, (representados por aquellos que ya temblaban como un flan ante el advenimiento de un tiempo en que la gente no les reiría las gracias, sino que se fijaría, y mucho, en las desgracias que habían organizado) hasta el desestructurado presente. Y los escritores parecen argumentar, ahora que le ven las orejas al lobo, que todo lo suyo era una mera teoría que ha sido malinterpretada, y se entregan al perverso juego del equívoco y a lo que sea con tal de salvar un pellejo; aunque allí con ellos haya miembros de las SS y escritores alemanes con su imperioso poder organizativo. Y viendo desmoronarse su perversa utopía quieren argumentar, los escritores querrán desmarcarse, ellos no son los que llevan la pistola al cinto, todo se ha ido de las manos, los extremos se tocan, hemos sido tergiversados.

Pron alterna escenas memorables con algún interludio con exceso de carga teorizante. Quien aprecie ese espíritu aguerrido, el de huir del típico esquema de misterios que se van resolviendo, disfrutará enormemente. Lectores de otro perfil no tan bregado puede que le recriminen esos cabos sueltos dejados de forma premeditada. Eso sí, Pron es un autor cuyos movimientos tienen, siempre, una justificación.

*********************************************************************************

Y Pron es un autor que aceptó responder algunas de nuestras inquisitorias cuestiones. Sobre esta novela, sobre su obra, y sobre cualquier cosa. Lo hizo justo ayer, y aquí lo tenéis, ya.


El escritor que  respondía cuestionarios sólo mientras veía partidos de fútbol

Foto: Lisbeth Salas

¿Qué obras o autores sirvieron de influencia para la escritura de la novela?

Algunos libros se escriben con un puñado de referencias, cinco o seis autores y obras que le sirven de tradición y de marco; pero hay otros libros que, por su carácter “total”, sólo pueden ser escritos bajo la influencia de cientos, verdaderamente cientos de libros y autores, también los que hemos olvidado pero han moldeado nuestra sensibilidad y nuestra forma de ver la literatura. En “No derrames tus lágrimas […]” está la literatura futurista, por supuesto, pero también Ezra Pound, Jorge Luis Borges, Thomas Bernhard, Roberto Bolaño, Georges Perec, Julien Gracq, Marcel Duchamp, Felix Philipp Ingold. Kurt Vonnegut, Jr… Muchos, realmente muchos autores y libros: casi todos los que he leído, de una manera o de otra.


¿Cree que los libros sobre escritores (tipo "Prohibido entrar sin pantalones") son un subgénero de moda?


No, no lo creo. Más bien creo que existe la necesidad en algunos autores (y en sus lectores) de escribir y leer libros que expliquen, de ser posible, la traición a la agrafía y a la comodidad en la que incurre quien, por una razón u otra, y contra todo sentido común, decide escribir. Queremos estar allí cuando lo hace, queremos saber por qué y cómo lo hace y por qué un día deja de hacerlo, y los “libros sobre escritores” narran precisamente eso.


¿Por qué pone siempre títulos tan largos?


Al comienzo, como un gesto de rebeldía ante la obra de Ricardo Piglia, que ejerció una influencia muy importante en mí como lector y tiene títulos breves o brevísimos; al final, por la incapacidad de escribir títulos más breves.


La obra de Borrello es un ejercicio de desaparición del autor y de la literatura ¿Cree que la literatura está destinada a desaparecer?


Bueno, creo que la literatura (al menos como negocio) está haciendo unos méritos notables para desaparecer. Sin embargo, también creo que una de sus funciones principales, que podríamos denominar “función narrativa”, es parte ineludible de la esencia del ser humano y no desaparecerá, lo que no significa que vaya a permanecer en la literatura y no a mudarse a otro medio, posiblemente audiovisual. Luca Borrello lo intuye, creo, y su historia es la de quien, habiendo perdido la literatura, la recupera y luego se pierde y la pierde.


Vd, es una persona muy activa en redes sociales. Nosotros, un blog sobre literatura. ¿Cómo vamos a apañárnoslas para trascender en medios tan potentes en el día a día, pero tan volubles en el futuro? ¿Ve estos canales, en algún momento, como independientes del hecho o no de la publicación?


No creo que ninguno de nosotros pueda apañárselas de ninguna manera para trascender: de hecho, me parece evidente que todos estamos condenados al olvido, a trazar una raya en el agua y que ésta se disuelva a nuestro paso. No tiene siquiera sentido pensar en estas cosas.


Vd. forma parte de ese movimiento global de escritores que desarrollan carreras lejos de sus lugares de nacimiento ¿Se ve estableciéndose de nuevo en su país?


¿En cuál de todos ellos? (En realidad, yo siempre estoy en “mi país”, dondequiera que esté.)


Pregunta trampa (por lo panorámica) Si no sabe lo que es un informe DAFO, se lo explico. Se usa en management para valorar Debilidades Amenazas Fortalezas y Oportunidades. ¿Se ve capaz de improvisar un informe DAFO de la literatura actual?


No estoy seguro de ser o haber sido capaz, pero creo haber improvisado ese informe en un libro publicado hace dos años y que se titula (nuevamente los títulos largos) El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (Turner, 2014).



Para concluir, una segunda pregunta-trampa. Hágase esa pregunta que le gustaría que le hicieran en una entrevista perfecta. Aquella cuya respuesta lleva preparando interiormente años. Y ya que estamos, respóndala.

A menudo (mejor dicho, en todas las entrevistas) echo de menos que me pregunten “¿Por qué?”. Es decir, por qué en relación a todo y a todos. La respuesta, inevitablemente, sería o es (y aquí no soy nada imaginativo, lo siento) “¿Por qué no?”.

Y se quedó sin mencionar la intercambiabilidad.

www.patriciopron.com

https://twitter.com/Patricio_Pron

www.elboomeran.com/blog/539/blog-de-patricio-pron

miércoles, 4 de mayo de 2016

David Toscana (2x1): El último lector

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable

Con tantos escritores y tantos libros que se parecen peligrosamente los unos a los otros, hasta el punto de hacerse indistinguibles, cuando se descubre una voz diferente, con personalidad, con un estilo propio, esto es una alegría y una sorpresa muy agradable. Eso me ha pasado con David Toscana, al que no conocía hace un mes, y del que he leído dos libros seguidos (que voy a reseñar también seguidos), y seguro que no serán los últimos que lea de él.

Cuando digo que David Toscana tiene una voz diferente no quiero decir que no se parezca a nada ni a nadie (como si eso fuera posible). De hecho, sus referentes fundamentales (Cervantes, Rulfo, Donoso, García Márquez...) aparecen en cada entrevista que da, y también son reconocibles en su obra. De Cervantes toma el tema de la locura, que permite dar rienda suelta a la fantasía sin salirse del realismo; de Rulfo, los paisajes del desierto mexicano, y los personajes que están derrotados antes incluso de empezar a luchar; de García Márquez, el cuidado por el estilo y el lenguaje.

El último lector, la primera de las novelas que he leído de Toscana (no confundir con una obra del mismo título pero de Ricardo Piglia) tiene un principio propio de novela policiaca: Remigio, habitante de Icamole, un mísero pueblo en merio del desierto donde casi nunca llueve, descubre en el fondo de su pozo el cadáver de una niña. No se sabe nada de ella: quién es, de dónde viene, quién la ha matado. Asustado por las posibles consecuencias, se lo cuenta a su padre, el bibliotecario Lucio, quien le aconseja que haga como el personaje de una novela, y entierre el cadáver entre las raíces.

A partir de ese momento, es Lucio, "el último lector", quien pasa a ocupar el centro de la escena, interpretando todo lo que sucede en el texto a través de sus lecturas, y la novela se transforma en un ejercicio metaliterario en que el bibliotecario actúa como crítico, como narrador y también como censor. Pero no censor en función de criterios morales (las escenas de sexo le gustan bastante, de hecho), sino de criterios estilísticos: no soporta que los autores mencionen las marcas de ropa, de perfumes, de sombreros; tacha los adjetivos innecesarios y tópicos; exige que los autores sepan de lo que hablan y no se sirvan de tópicos melodramáticos para salr del paso...

Así contada quizás la novela no parezca nada especial (un ejercicio quijotesco más, como muchos otros), pero a todo lo anterior hay que sumarle dos de las mayores virtudes de David Toscana: su sentido del humor, irónico pero amable, sobre todo con los personajes desfavorecidos, y su cuidado del estilo, que sin ser pedante ni rebuscado huye del estilo transparente y conversacional que domina mucha literatura actual. Y todo ello en un paisaje desértico que tiene resonancias históricas (en Icamole libró Porfirio Díaz una batalla que después se atribuyó a Pancho Villa, que queda más chic) y míticas (la travesía del desierto, etc.).

De los párrafos anteriores se puede deducir que David Toscana se encuentra más próximo de los escritores del boom (aunque sin realismo mágico) que de los grupos llamados McOndo o Crack, a pesar de que generacionalmente le corresponderían estos últimos. Su renuncia a los espacios urbanos, su renuncia a la (pos)modernidad y a sujetarse a las últimas modas (la narco-narrativa, por ejemplo) le sitúan un poco al margen de las tendencias dominantes en la narrativa mexicana. Y sin embargo, hace tiempo que no encontraba un escritor con tanta personalidad y al que me apetezca tanto seguir leyendo.

El siguiente: El ejército iluminado.

También de David Toscana en ULAD: El ejército iluminado

martes, 12 de enero de 2016

Semana de la autobiografía #2: Los diarios de Emilio Renzi de Ricardo Piglia

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable para todos; muy recomendable para escritores; imprescindible para fans de Piglia

Habrá quien piense que estoy haciendo trampa reseñando unos diarios en la semana de la autobiografía, sobre todo cuando el nombre del autor, Ricardo Piglia, y el del protagonista, Emili Renzi, son diferentes. Pero hay que tener en cuenta dos cosas: la primera es que esto no son realmente unos diarios, sino una reelaboración revisada, con cincuenta años de distancia, de unos cuadernos escritos en la juventud del autor; y la segunda es que el nombre completo de Ricardo Piglia es Ricardo Emilio Piglia Renzi, así que la distancia entre autor y personaje es, en fin, la misma que en cualquier obra autobiográfica: la que hay entre el sujeto que habla y el objeto de que habla.

Que conste que empecé esta obra con algunos recelos. No soy aficionado a leer memorias, autobiografías o confesiones, y menos todavía de textos privados que se hacen públicos en la vejez o tras la muerte del escritor (ya me despaché a gusto sobre el tema en esta entrada). Además, Babelia había elegido este libro como mejor libro del año y, en fin, serán prejuicios míos, pero eso para mí es casi un punto negativo. Y las primeras páginas estaban confirmando mis prejuicios, porque notaba en ellas un tono pedante y egocéntrico (muy de Piglia, me parece) que no me estaba gustando nada... Pero luego estos diarios que no son un diario me engancharon, y me hicieron reconciliarme con la obra, con el autor y quién sabe si también con el género.

Este primer volumen de los Diarios de Emili Renzi cubre los "años de formación" del escritor (1957-1967). Vemos en estos años a un escritor algo inmaduro, titubeante y pobre pero decidido a triunfar y convertirse en escritor ("en diez años seré el mejor escritor de Argentina", reconoce haber dicho en un momento dado), y que mientras tanto vive de dar clases en la Universidad de La Plata, de traducciones, ediciones y antologías, o de la generosidad de amigos y familiares. Junto con las relaciones amorosas de juventud (varias y variadas), es la literatura el tema que ocupa más espacio en los diarios; no solo vamos siguiendo lo que Piglia (perdón, Renzi) escribe, sino también lo que lee: el autor demuestra en estas páginas ser un lector y un crítico atento, intuitivo y muy consciente de la técnica y sus posibilidades.

Pero lo que más me ha gustado de este libro es, precisamente, que no es un diario íntimo, sino una producción literaria creada a partir de un diario, y con consciencia de que es un texto para ser releído más adelante, por el propio autor, primero, y después por el público. Y aunque al final Piglia (o Renzi, tanto da) diga estar "transcribiendo mis diarios", en realidad está haciendo mucho más que ellos: selecciona (por ejemplo, solo se incluyen los cuadernos relativos a su vida en Argentina), incluye textos ajenos a los diarios (relatos, reflexiones, fragmentos) y sobre todo se relee a sí mismo, reafirmándose, o por lo menos eso dice, en el que fue cuando comenzaba y no era todavía "el mejor escritor de Argentina".

En la cabecera de esta reseña he incluido tres valoraciones diferentes: los fans de Piglia, sus estudiosos y seguidores, adorarán estos diarios, que les acercarán al autor en proceso de construcción; a los que quieren leer por el puro placer de hacerlo, a lo mejor les resulta algo pesada tanta reflexión sobre el estilo, los narradores o los tiempos verbales; en cambio, los escritores tienen aquí mucho material que aprender. Para empezar, sobre la determinación que hace falta para llegar a ser escritor: Piglia sacrifica lo que hace falta, pasa hambre, malvive, da sablazos si hace falta, con tal de poder leer y escribir; y también sobre la forma de leer y aprender de otros escritores, con atención al detalle, a las variaciones técnicas, pero también con un criterio y una estética propios. (De García Márquez, por ejemplo, dice que tiene una prosa "demagógica").

No sé si me compraré el resto de los Diarios cuando salgan (está prevista una trilogía): a lo mejor son más de lo mismo, y terminan por aburrir. Lo que sí sé es que, si volviera a leer este primer volumen, bolígrafo en mano, encontraría mucha frase para subrayar y mucha idea para reflexionar, sobre Piglia, sobre las mujeres, sobre la literatura, sobre la vida.

También de Ricardo Piglia en ULADPlata quemadaBlanco NocturnoLas tres vanguardias: Saer, Puig, WalshLos casos del comisario Croce

domingo, 28 de junio de 2015

Rodolfo Walsh: Los irlandeses

Idioma: español
Año de publicación: 2007 (la recopilación)
Valoración: recomendable

Y, tras la buena experiencia del Walsh periodista de denuncia, sus relatos de ficción resultan, lógicamente, ser de un registro completamente diferente. No es que Los irlandeses me haya decepcionado. Para nada: pero no es el libro al que uno puede acudir en busca de más Operación masacre. Nada más lejos. Aquí disponemos de un estilo mucho más lírico y valioso (cuestión lógica), pero echamos de menos el plus de riesgo. Ya que los tres relatos que componen Los irlandeses, que no suman 90 páginas (aunque la edición de El Aleph nos regala un prólogo del siempre interesante Ricardo Piglia) son narrativa corta en modo clásico, con situaciones y personajes coincidentes, que se llaman cuentos como podrían llamarse capítulos extraídos de un todo más extenso.
Se trata aquí de ciertas situaciones acontecidas a un grupo de chicos (especulamos en su adolescencia) internos en un colegio irlandés en Argentina. Ciento treinta internos, todos ellos compartiendo ese origen (así que aunque sea un libro argentino los apellidos son O'Hara, Mulligan, etc.) entre los cuales un protagonista es común a los tres relatos: el Gato. No es que suceda gran cosa; básicamente estamos en 1939, con lo que las coincidencias (y el apellido del autor) nos hacen especular con un cierto tono autobiográfico. Lo que sucede es que Walsh lo cuenta de un modo primoroso, con un tono lírico (no inflamado) y un caudal de imágenes y metáforas que le aportan un cierto aspecto casi irreal. Los muchachos se retan, se pelean, se enzarzan en curiosas situaciones relacionadas con el personal del internado. Que esto no es Hogwarts ni Torres de Malory. Aquí de lo que se trata es de retratar la sensación de desamparo de los niños abandonados con la mejor de las intenciones, pero igual en una situación muy lejos ser deseable. Una temática que sirve de pretexto para una prosa deslumbrante, pero cuyo interés para el profano en la obra de Walsh puede que no sea prioritario. Los completistas en la obra del argentino que no lo hayan leído dudo que ni hayan llegado al final de esta reseña.

Otros libros de Rodolfo Walsh reseñados en Un Libro Al DíaNota al pieOperación Masacre

domingo, 28 de julio de 2013

Ricardo Piglia: Blanco Nocturno

Idioma original: español

Año de publicación: 2010

Valoración: Muy recomendable

Si a alguno de ustedes le apetece introducirse en los entresijos de una inquietante historia, llena de ramificaciones y detalles inconfesables, si tiene interés en adentrarse en los detalles de un hecho criminal, sus antecedentes y consecuencias, para rellenar esos tiempos muertos y sofocantes que suelen presentarse en los meses veraniegos, les recomiendo Blanco Nocturno, pero solo si son capaces de aislarse y disfrutar de una lectura tranquila. El silencio es fundamental pues, aunque aparentemente fácil de leer por su prosa sencilla y su ubicación en un pequeño pueblo argentino sin grandes complicaciones vitales, se trata de un artefacto complejo por la profundidad de las implicaciones que el autor –para colmo- nos obliga a adivinar. Como ven, todo lo contrario de una historia ligera para asumir el bullicio del verano con la cabeza puesta en otro sitio.

En la tranquila vida del pueblo se produce una muerte tan anunciada como difícil de explicar. Otra paradoja más en una trama repleta ellas. Porque paradójicos son los seres que pueblan estas páginas -no  solo los que se dan a conocer, sino, y sobre todo, el mundillo que bulle detrás, esa gente del pueblo que, probablemente, chismorrea, acelera sucesos, construye opiniones y forma alianzas-, paradójico es el curso de los acontecimientos, las relaciones familiares, el papel que se adjudica en los hechos a cada uno de los actores, el destino final de cada uno de ellos. Incluso el desenlace lo es.

A pesar del argumento, no puede clasificarse dentro del género negro. Sé que esto desanimará a más de uno pero no les quiero engañar. Efectivamente, existe un cadáver (por lo menos), contamos con la presencia de un comisario (o dos) cuya obligación es investigar los hechos, también parece haber móvil (uno o varios), incluso sospechosos (uno, fundamentalmente). Pero Piglia no se ciñe a los esquemas del género: excepto retratar el tejido social que permite ese asesinato, no le interesa lo mismo que a los autores de thrillers-, al contrario, se atiene a sus obsesiones e intereses personales y a sus particulares pautas narrativas sin avenirse a ninguna concesión.

Esta novela posee una rara y difícil virtud: su mayor interés no reside en lo que dice sino en lo que calla, y esto a pesar de la envolvente prosa de Piglia, la esmerada construcción de los personajes o la magnífica recreación ambiental. Para lograr algo así, para que el lector pueda comprender entre líneas, para que las alusiones formen parte de la trama tanto o más que los hechos explícitos, palabras y situaciones han de estar medidas al milímetro, algo que –como digo a veces- no es fácil de encontrar en estos tiempos.


lunes, 21 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: Roberto Arlt: El juguete rabioso

Idioma original: español
Año de publicación: 1926
Valoración: Muy recomendable

Roberto Arlt es, tengo la impresión, casi completamente desconocido en España fuera del ámbito literario, editorial o académico, pese a que autores tan relevantes como Cortázar, Piglia o César Aira reconocen su influencia. Quizás su mala suerte fue coincidir en el tiempo y en la misma ciudad con autores de la Jorge Luis Borges, de estética muy alejada de la suya y más influyentes en el panorama literario de la época. De hecho, es ya clásica en la historiografía literaria argentina la contraposición entre el grupo Boedo (de corte realista y social), al que pertenecería Arlt, y el grupo Florida o grupo "Martín Fierro" (vanguardista, esteticista y teóricamente vinculado a las élites socioeconómicas) al que pertenecería Borges.

Sea como sea, lo que encontramos en El juguete rabioso tiene efectivamente poco que ver con los relatos fantásticos borgianos, y mucho más con la tradición literaria hispánica: la picaresca, Cervantes, Galdós... El protagonista, Silvio Astier, vive en los suburbios de Buenos Aires en un entorno empobrecido y caótico; su vida cambia con un empacho de novelones sobre bandoleros andaluces, y se imagina que quiere ser un de ellos; así, cual Rinconete y Cortadillo, funda una sociedad de delincuentes a pequeña escala (el «Club de los Caballeros de la Media Noche»)que realiza pequeños hurtos, falsificaciones y sabotajes. Una vez disuelta la sociedad, Astier pasa a ser "mozo de muchos amos" (ayudante de un librero, aprendiz de ingeniero militar, vendedor ambulante de papel), con escenas que parecen directamente sacadas de una edición modernizada de El Buscón, hasta alcanza la "cumbre de toda su buena fortuna" cuando se le presenta la oportunidad de cometer un gran robo en la casa de un ingeniero.

El juguete rabioso es un libro sorprendente y desconcertante, en primer lugar por su capacidad para avanzar siempre, con una estructura narrativa abierta y en constante transformación genérica. También, por su estilo, a veces poético, a veces barroco, siempre cuidado, nada que ver con lo que tópicamente esperamos encontrar en una novela realista y social (claro que el "realismo social" como término crítico todavía no existía). "Baldía y fea como una rodilla desnuda es mi alma", dice por ejemplo el protagonista, que además de un ladrón también es un ávido lector de Baudelaire.

Porque, efectivamente, El juguete rabioso es un libro lleno de libros: la historia comienza, quijotescamente como decíamos, cuando el protagonista lee (alquilados) una serie de novelones sobre bandoleros; el último gran golpe del «Club de los Caballeros de la Media Noche» es un asalto a una biblioteca; el primer trabajo de Astier es como ayudante de un librero; el último, como vendedor ambulante de papel... Ya hemos hablado, además, de las referencias que pudieron servir de modelo a Arlt (con la picaresca y la novela cervantina a la cabeza), pero también pueden encontrarse en él los libros a los que más tarde servirá de modelo: las novelas torrenciales de César Aira, Los detectives salvajes y su "realismo visceral", las obras más realistas de Piglia como Plata quemada...

El título original que Arlt planeaba para su novela era La vida puerca; Ricardo Güiraldes, para quien Arlt trabajaba como secretario y ayudante en esa época, le aconsejó que lo cambiase al actual, El juguete rabioso. Creo que no hay duda de que el cambio fue adecuado...

También de Roberto Arlt en ULAD: Los siete locos y Los lanzallamas

domingo, 18 de noviembre de 2012

Ricardo Piglia: Plata quemada

Idioma original: español
Año de publicación: 1997
Valoración: recomendable

Dos tipos ultimando los detalles de un atraco, que perpetrarán junto a otros: primer capítulo, y ya todo desprende un fuerte aroma tarantiniano, esa especie de marca de fábrica que ha impregnado la cultura popular de los últimos lustros. Crueldad y violencia gratuita, o muy  barata, cierto humor negro, diálogos aparentemente banales acerca del hecho de cargarse gente a tiros. Planificación del golpe, cronómetro en mano, ligera erótica del delincuente, hasta del delincuente más tirado, del que delinque porque es un desesperado adicto a las drogas o porque ese es su único modus vivendi. Descripción casi clínica del asalto, relación de fechorías, visualización de los asaltantes en su convivencia mientras dura el proceso de la huida.
Sí, dije tarantiniano, sobre todo ese ambiente desquiciado, el de los delincuentes (a los que acaban llamando los nihilistas) custodiando el botín e iniciando una especie de discusiones acerca de su reparto, perdiendo los nervios constantemente, presas de la sobreexcitación, de la creciente desconfianza entre ellos y de los abusos de substancias.
Pero podría también decir capotiano, de ese Capote frío y preciso de A sangre fría, pues algo comparte con él este libro, muchos años más tarde; algún espíritu común flota, y no sólo es que Piglia haga suya toda la jerga de los delincuentes de baja estopa (también, por cierto, convirtiendo su lectura en algo, a pesar de dinámico, no siempre sencillo). Es que la crónica de los hechos, unos hechos reales, se sustenta en parecidas licencias de adaptación y especulación de la realidad. En cierta búsqueda de los orígenes de la conducta criminal, que aquí también es errática, intuitiva y caprichosa. En este sentido, Plata quemada no es novela policíaca al uso, ni tan siquiera género negro; hay puntos en que parece más bien novela costumbrista, realismo visceral obstinado en mostrar la violencia y el crimen como elementos habituales del día a día, como componentes de la normalidad. Los atracadores,que saben que habrá que matar a los policías que custodian el furgón, lo relatan como un elemento más de la operación; su consideración es fría, casi como la de un epígrafe presupuestario. Esa frialdad, ese relato, a pesar de las sobreentendidas licencias del autor, tiñen este libro no de negro sino de rojo. Casi lo convierten en una de esas reconstrucciones de escenas del crimen. La tensión se palpa y, conforme el lógico e inexorable desenlace se acerca, conforme el número de hojas pendientes hasta el final se reduce, el lector transita por las vidas de unos criminales crueles e irrespetuosos con la sociedad en que viven, pero extrañamente fieles a sus principios.
Una efectiva novela, inspirada, dinámica, ligeramente descorazonadora, que se lee con una sorprendente facilidad.

También de Ricardo Piglia en ULADBlanco NocturnoLos diarios de Emilio RenziLas tres vanguardias: Saer, Puig, WalshLos casos del comisario Croce