Mostrando las entradas para la consulta Michael Ende ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Michael Ende ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de noviembre de 2024

Edward Carey: Los secretos de Heap House (Trilogía Iremonger, libro I)

Idioma original: inglés

Título original: Heap House

Año de publicación: 2013

Traducción: Lucía Barahona Lorenzo

Valoración: Más que recomendable

Metemos en una coctelera un buen chorrazo de narrativa dickensiana con regusto a distopía steampunk, una medida de Georges Perec y media de Harry Potter. Un par de chorritos de Gerald Durrell y de Roald Dahl (un poco más de éste. si se quiere). Unas gotas de Michael Ende y un destilado de novela de terror, para darle aroma (me refiero a Grady Hendrix, no hay que pasarse y poner, por ejemplo, de King). Se agita todo bien (o se mezcla, yo qué sé, que tampoco soy James Bond...) y después se empapa bien de Downton Abbey o del más añejo Arriba y abajo un terrón de Wodehouse para que se deshaga sobre la mezcla. Sírvase el combinado en vaso largo, adornado con una peladura de Tim Burton para darle color (negro, en este caso) y un par de guindas: una de amor adolescente y otra de crítica social. Paladear con delectación pero sin demasiada demora, porque este cóctel no se puede tomar solo, sino acompañado de otros dos. Eso sí, el disfrute para quien lo beba está garantizado...

En fin, yo casi que dejaría la reseña aquí, pero entiendo que puede ser difícil comprender a qué viene tanta gansada elegir esta forma de hacerla. Así que, para todos y todas ustedes, fieles lectores de ULAD, aquí va el preceptivo resumen resumido: La Heap House del título y donde transcurre esta novela es una inmensa mansión victoriana -no en vano estamos en 1875- situado en una aún mucho más inmensa extensión cubierta de desechos, Iremonger Park, a las afueras de la siempre jubilosa Londres. En ella vive casi la totalidad de  a familia Iremonger, que han construido su fortuna, desde el humilde oficio de chatarreros de sus lejanos antepasados, haciéndose con los residuos de la cercana pero a la vez lejana metrópoli. Porque casi ninguno de los Iremonger sale en toda su vida de la mansión, donde viven con toda clase de comodidades aquellos que se consideran de pura sangre -de pura sangre Iremonger, se entiende, pues tienen la costumbre de casarse entre primos-, atendidos por un innumerable ejército de criados y sirvientas, también parientes, pero más lejanos. La división entre las dos castas, que viven, respectivamente, en la parte superior e inferior de la gran mansión parece inquebrantable hasta que llega para servir de criada la huérfana Lucy Tennan, poco dispuesta a aceptar las reglas sin más ni más. Y que encuentra su reflejo en el inseguro Clod Iremonger, joven miembro de lo más selecto de la familia que vive con el tormento, desde su nacimiento,de ser capaz de oír lo que dicen los objetos... Algo sumamente incómodo y hasta perturbador en esa casa, no sólo porque se yergue en mitad de un extenso basurero -de hecho, la propia mansión se compone de partes de otros edificios, recogidos aquí y allá- sino porque en esa peculiar familia a cada nuevo miembro se le asigna un objeto personal del que no pueden separarse jamás; el de Clod, por ejemplo, es un tapón de bañera universal. Los objetos son en gran medida, como puede verse, el alma, la médula de este libro; mi aplauso, por cierto, a la traductora, que sospecho habrá tenido que consultar un sinfín de diccionarios para poder ofrecernos la nomenclatura correcta de tan variado utillaje.

Con todo esto que he contado creo que ya es suficiente para animar a cualquiera a leer esta novela. Pero es que además puede encontrar un sinfín de personajes peculiares, espacios laberínticos, peligros insólitos, aventuras y romance... Quizás a alguien le pueda alejar la apariencia de novela juvenil que tiene, pero, en mi opinión, no lo es o no sólo (porque también puede resultar, sin duda una estupenda novela juvenil); en todo caso, garantizo, como ya he explicado antes, que se trata de un libro totalmente disfrutable. Su única pega: que estamos ante la primera parte de una trilogía. Ahora mismo ardo en deseos de leer las otras dos...      

Nota final: se me olvidaba comentar que en el libro hay multitud de ilustraciones, sobre todo retratos de muchos personajes, realizados por el propio autor de la novela. Todo un plus, creo yo.       

sábado, 24 de junio de 2023

Bryan Talbot: Bilogía(*) de Luther Arkwright

(*) Nota previa: No me gusta nada lo de "bilogía" o "dilogía", pero, al parecer, según la RAE (echad la culpa a quien ya sabéis), son los términos adecuados para referirse a una obra literaria compuesta por dos volúmenes.

Dentro de la hornada de historietistas británicos, tanto dibujantes como guionistas, que despuntaron en los años 70 y 80, y que han destacado sobremanera desde entonces, lo mismo en el cómic mainstream de superhéroes, etc. como en propuestas más personales y arriesgada emparentadas con la narrativa fantástica y la New Wave de la Ciencia-Ficción, (Alan Moore, Neil Gaiman, Michael Moorcock) encontramos, en un lugar prominente -y ducho, además en ambas facetas, guión y dibujo- a Bryan Talbot y, en particular, aunque no sólo, estas dos obras suyas protagonizadas por su emblemático personaje Luther Arkwright. El primero de estos cómics, publicados por episodios en distintas revistas entre 1978 y 1989 fue el más importante cómic británico del último tercio del siglo XX y tuvo además gran influencia en el devenir posterior de la historieta  no ya británica, sino, debido a la importancia creciente de los creadores de esa procedencia, también en la norteamericana y por ende , mundial.  Ojo cuidao, que esto no lo digo yo, sino personas más autorizadas, creo, como el guionista Warren Ellis o el mismísimo Alan Moore.

Pese a contar con algunos personajes comunes, empezando, claro está por el propio Arkwright u estar ambientados ambos, en su mayor parte, en una Gran Bretaña distópica, que mezcla elementos contemporáneos y aun futuristas con otros victorianos e isabelinos, los libros difieren en varios aspectos, pero, sobre todo, en el técnico: el primero, en blanco y negro -evidentemente, por economía presupuestaria, pero que también corresponde al desarrollo del argumento- denota un estilo menos naturalista y una técnica que imita los grabados victorianos  -lo que dificulta un tanto su visualización, aunque le dota de "autenticidad"-; en la segunda parte el dibujo está mejor conseguido y las viñetas muestran una explosión de color. La planificación de la página y el desarrollo narrativo, no obstante, son igual de ambiciosos en ambos casos , aunque en El corazón del Imperio Talbot mejoró en lo que respecta a claridad expositiva... Pero , en fin, veamos con más detalle cada uno de los libros:


Idioma original: inglés

Título original: The Adventures of Luther Arkwright

Año de publicación: 1978-1989

Traducción: Carlos Díaz Maroto (edición de 2003; Oscar Palmer y Luis Alboreca (edic. de 2016)

Valoración: recomendable 

Veamos si soy capaz de resumir el locurón narrativo que supone este cómic: Luther Arkwright es una especie de agente 007 con poderes psiónicos que se mueve de un paralelo a otro del multiverso (sí amigos y puede que alguna que otra amiga: éste no es un concepto que haya inventado la editorial y productora MARVEl... registrado, tal vez), tratando de neutralizar la acción de los elementos disruptores que llevan la entropía y el caos a los diferentes "continuums", a causa, sobre todo, del influjo de un misterioso artefacto, el Ópalo de Hielo Ardiente (bueno, ¿qué tal va? ¿Sencillito, no?). Arkwright actúa bajo las directrices del programa Ragnarok, creado por la Inteligencia Artificial W.O.T.A.N., situada en Valhalla Nova, en el paralelo 00.00.00, el más estable de todos. 

Aunque no todo es deber y trabajo, claro... a Luther no le faltan oportunidades para el esparcimiento erótico, tanto con su compañera, la agente Rose Wylde, como con la guerrera rusa Octobriana -este personaje, al parecer, procede de una "leyenda comiquera" de la época soviética-, así como con la princesa Anne, a la que Luther deja un par de bollos en el h... quiero decir que está encinta de gemelos. Precisamente en el paralelo 00.72.87, que es en el que vive esta princesa, se desarrolla la mayor parte de la acción. Allí Inglaterra vive bajo el régimen de una estricta República Puritana, desde los tiempos de Oliver Cromwell, ocupando siempre sus descendientes el papel de Lord Protector. Los disidentes y revolucionarios, en cambio, se agrupan bajo la bandera monárquica para combatir a los puritanos con la ayuda, en teoría, del zar de Rusia y el Kaiser prusiano -que, en realidad, pretenden hacerse con Inglaterra-; todo este batiburrillo histórico se desarrolla, como no podía ser menos, en medio de una ambientación que mezcla elementos retrofuturistas, armas de la I Guerra Mundial, la época de la Guerra Civil inglesa y la Restauración, la Victoriana y aún de los sixties del siglo XX.


No voy a seguir porque yo mismo me hago la p... ficha un lío (quiero decir que ni entiendo todo lo que tenía apuntado); Sin embargo, quien se proponga la lectura de este cómic, que no se asuste, pues todo resulta más fácil según van pasando las viñetas. En cuanto al estilo gráfico, además del remedo de los grabados que he mencionado antes, hay que admitir que las figuras resultan al principio un tanto envaradas y de trazo inexperto -recordemos que la historia se fue publicando por entregas a lo largo de más de diez años-, algo "fanzinero", por decirlo así, amén de que el acentuado contraste de los claroscuros, sin grises y con pocas tramas de transición, dificulta a veces su escrutinio. No obstante, se aprecia una importante evolución (a mejor, se entiende) hasta las últimas páginas del cómic.



Idioma original: inglés 

Título original: Heart of Empire. The Legacy of Luther Arkwright

Año de publicación: 1999

Traducción: Raúl Sastre

Valoración: más que recomendable

Diez años más tarde se publicó una segunda parte de Las aventuras... titulada El corazón del Imperio (con el explícito subtítulo en inglés El legado de Luther Arkwright). La acción se desarrolla nuevamente en el paralelo 00.72.87, veintitrés años después de la Gloriosa Revolución y la Pax Britannica subsiguiente. En el Imperio gobierna desde entonces, de forma despótica, la reina ana, convertida en una terrible vampiresa, con un aire entre Isabel I y  Lady Dimitrescu (bueno, en este caso sería al revés), mientras que en el país pululan tanto místicos y visionarios, como opositores demócratas, conspiradores neopuritanos y agentes extranjeros, como el cardenal Barberini, asesino a las órdenes del Vaticano. La princesa Victoria, la hija superviviente de los gemelos que Ana tuvo con Luther Arkwright se siente cada vez más inquieta tanto por la situación del país como porque siente que una amenaza indeterminada pone en peligro a todos. Su padre, el héroe de la nación, desapareció hace mucho tiempo...

Esta Gran Bretaña distópica sigue siendo un maremágnum de elementos steampunk, isabelinos, victorianos, etc., pero ahora aderezados con una sobredosis -se entiende que con ánimo satírico- de símbología nacional-imperialista, con la estética resultante que cabe suponer: hay Union Jacks por todas partes, barroquismo, oropel a manta y exaltación monárquica (que no dejen de leerlo todo el que tenga mono del British Style tras los fastos funerarios y coronarios de los últimos tiempos). Ayuda a este despliegue, claro está, que este volumen sea a todo color, lejos del tenebrismo del primer libro de la bilo... dilo... lo siento, no puedo: del primero libro de los dos. Por lo demás y aunque también aparece el dichoso multiverso, además de que encontramos también viejos personajes secundarios, como Fairfax o el periodista americano Hyram Kowalsky, la historia es aquí más fácil de seguir, más "disfrutona", si se me permite el vocablo. Igual que en la primera parte o incluso de forma más explícita, las escenas de sexo tienen su presencia e importancia en la trama... Quizás esto se deba a que , en lo que se refiere al dibujo, la pericia de Talbot mejoró considerablemente entre el primer volumen de Luther Arkwright y éste. Así, entre el uso del color y el magnífico dominio del trazo, este segundo es una delicia para la vista.

En fin, para terminar, señalar que no es necesario leer la primea parte para entender esta segunda y viceversa, pero sí conviene hacerlo con las dos, porque, pese a su disparidad de estilo y la dificultad, en algún momento de seguir lña trama, ambas se enriquecen con la lectura de la otra y es la mejor forma de aumentar el disfrute lector. Que es de lo que se trata.




Otros cómics de Bryan Talbor reseñados en Un Libro Al Día: Sally Heathcote, sufragistaLa virgen roja

martes, 3 de marzo de 2020

Biografías lectoras II: La Vuelta al Libro en 7 etapas (y un prólogo) y dos metas volantes

Prólogo (1977- 198X): No vamos a empezar diciendo que nací con un libro en las manos. Ni mucho menos. De hecho, el único “material” que había en casa era un puñado de ediciones del Círculo de Lectores y una enciclopedia que adornaba con dudoso gusto el salón. Para más inri, lo más parecido a una librería que teníamos (y tenemos aún) en el pueblo era la papelería donde comprábamos el material escolar o mi madre y mis abuelas comparaban el Hola y demás artefactos.

1ª etapa (198X-1991): Salimos a fuego desde el km. 0, aunque condicionados por lo comentado en el punto anterior. La propia enciclopedia y sus mapas fueron, así, mi principal lectura y el más que probable origen de mi fascinación por tierras lejanas, exploraciones polares y demás familia. En cuanto a ficción se refiere (aunque quizá hablar ahora de la URSS, Checoslovaquia o Yugoslavia sea más ficción que cualquier otra cosa), nada que pueda sorprender a los nacidos a mediados o finales de los 70: la colección de El Barco de Vapor, Los Cinco, Los Hollister (qué horror), tebeos, Elige tu propia aventura, Michael Ende, etc

2ª etapa (1991-1995): Etapa rara en la que quizá se acusa el cansancio de la etapa anterior. Hago "la goma" desde los primeros kilómetros. Acercamientos a Baroja (el primer autor que leí de forma casi compulsiva), a Luis Martín Santos, a Unamuno, a la poesía de Blas de Otero. Alejamientos literarios y también extraliterarios. Los literarios me llevan ahora a preguntarme, y a no hallar una respuesta clara, hasta qué punto es necesario forzar a chavales de 15-16 años a leer a Lope, Calderón, Lorca, Unamuno, Cervantes, etc. Los extraliterarios tienen dos componentes: las experiencias propias de la edad y la bicicleta, parte fundamental de mi vida. A más kilómetros, menos libros. Por suerte, con la edad he alcanzado una sabia combinación de kilómetros y libros.

3ª etapa (1995-2000): Pájara lectora casi total, sobre todo en su primera parte. Mucha bicicleta, mucha música y nada de lectura, más allá del Plan General Contable (¿qué hostias me llevaría a mi a la Facultad de Económicas (lo sé, pero prefiero no recordarlo)). Por suerte, ese mismo motivo (aunque con otro nombre) y algún pequeño percance ciclista me llevaron de vuelta a los libros. Etapa iniciática en lo que a literatura latinoamericana se refiere: Isabel Allende (¡!), Gioconda Belli, García Márquez, etc. ¡Había que estar a la altura!.

4ª etapa (2001 – 2003): Recupero las buenas sensaciones. Madrid o el deslumbramiento. Librerías modernas, librerías de viejo, grandes superficies… Autores que llevan a otros autores. De García Márquez a Cortázar, a Rulfo, a Tolstoi, a Faulkner… Primeras lecturas de los grandes clásicos del siglo XX.

5ª etapa (2003 – 2004): La etapa reina. Puerto de los gordos en forma de bicho extraño que se ha metido en mi cuerpo. Meses y meses del hospital a casa y de casa al hospital. Meses en los que los libros, el cine y la música (también la medicación y algún que otro intangible) me salvaron. Meses en los que la lectura era una huida, una forma de engañar al miedo, de vivir otras vidas (a lo mejor lo fue desde el principio). No llevé la cuenta pero la lista es interminable: Dostoyevski, Mishima, Kundera, Sabato, Borges… Parecía que la vida se iba y había que apurarla.

6ª etapa (2005): La etapa transoceánica. Apenas dos meses en Buenos Aires son más que suficientes para dejarme marcado para siempre. Las librerías de la Avenida Corrientes (aún guardo algún marcapáginas de la Librería Hernández – Av. Corrientes 1436), Palermo… Fui con una maleta y volví algo más cargado: Saer, Piglia, Mujica, Pauls, Arlt, Silvina… Ojalá pueda volver algún día, ojalá.

7ª etapa (2005 – 2020): Lecturas más variadas, más arriesgadas, más completas creo yo (y más desde que formo parte de esta maravillosa locura que es ULAD), aunque la novela y el relato sigan siendo predominantes. Autores clásicos (Proust, los rusos del XIX, Víctor Hugo...) aunque prestando atención a "novedades" (Bolaño, Cartarescu, Mariana Enríquez y todas las nuevas narradoras latinoamericanas, Carrere, el amigo Houellebecq …) y también aproximaciones a una literatura situada un poco en el margen (Sara Gallardo, Danilo Kis, William Gass, José María Arguedas...). Me dejo a muchos autores en el tintero y espero dejarme a muchos que vendrán en futuro más o menos lejano. 

Las metas volantes (2008 y 2013): Un par de personas nuevas aparecen por casa y nos convierten en "respetables padres de familia" y nos hacen comenzar un círculo nuevo cuando aún estamos a medio camino del nuestro. Y aunque contamos con mejores medios y con más oportunidades que nuestros padres, tenemos las mismas ganas de hacerlo bien y el mismo miedo de hacerlo mal. En esas estamos.

P.S.: Espero no haber sido demasiado pesado ni haberme puesto demasiado ñoño.

martes, 4 de marzo de 2014

Biografías lectoras: Le rose et le noir

ULAD cumple un lustro y qué mejor manera de celebrarlo que los que formamos parte de esta cyber-taifa nos mojemos un poco más, pero sólo un poco, ¿eh?: ofreciendo a los lectores del blog algo cercano a la confesión pero siempre desde el punto de vista literario, es decir, contando a quien quiera leerlo cuáles han sido los libros que más nos han marcado. Y no me costaría demasiado mencionar estas obras, porque cada vez que alguien me pregunta por mis libros de cabecera, algo que ocurre a menudo, recito mi dichosa lista como si de un mantra se tratara. Sin embargo, si tengo que retroceder un poco más atrás, hasta mi infancia y primera adolescencia, la cosa se vuelve un poco más vergonzosa.

 Pero qué se le va a hacer, no se le puede pedir a una niña de primaria que lea lo mismo que una mujer que ya ha pasado por la universidad, que (en teoría) ha madurado, y que ha visto y experimentado bastantes cosas, ¿no? Y es precisamente esta primera etapa de mi vida lectora, sobre la que quiero escribir aquí. Así que echemos la vista un poco atrás, algo más de dos décadas atrás, y situémonos en el Bilbao de belleza post-apocalíptica que precedió a la Era Guggenheim.

Nunca olvidaré que el verano de antes de empezar el curso en el que me tocaba aprender a leer estaba muerta de miedo: temía que aprender a leer fuera algo increíblemente difícil, una disciplina pensada para mentes brillantísimas. Algunos críos de clase leían ya (cosa de sus ansiosos padres), y eso era algo que me inquietaba. Pero mi hermano, nada más ni nada menos que dos años mayor que yo, me tranquilizó. “Aprender a leer no es para tanto, ya lo verás”, afirmó. Y afirmó con tanta calma y seguridad, que yo le creí.

 Y qué razón tenía mi hermano… Aprender a leer, no era, en efecto, tan difícil, y cuando vi que el asunto se me daba bien, me relajé y comencé a disfrutar de sus beneficios: conocer fantasías imaginadas por otras personas (y eso que con las mías ya tenía bastante entretenimiento). Mis primeras lecturas fueron, no es nada extraño, los cuentos de hadas, y me gustó tanto el tema que se puede decir que caí enferma de “princesitis”: adoraba a las princesas y las historias que protagonizaban. Y no sólo porque fueran tan bellas, llevaran vestidos maravillosos, vivieran en lugares increíbles y sus envidiosas enemigas siempre acabaran fatal: los constantes elementos macabros presentes en aquellas historias me despertaban un inquietante placer por lo perverso que se incrementaría con el paso de los años. Había nacido mi pasión por el rosa y el negro.

 Recuerdo una interminable colección de libritos ilustrados diminutos con todos los cuentos clásicos para niños del mundo, que intenté inútilmente completar. ¡Siempre descubría uno nuevo! Mis pobres abuelos y padres me compraban uno o dos cada verano, en una preciosa librería/kiosko antigua del pueblo burgalés donde veraneaba. Con sólo recordar el olor de ese lugar de madera oscura y casi en penumbra aunque afuera el sol castellano abrasara, me emociono. Y comencé a tener mis ídolos literarios... La que más me gustaba era la pálida Blancanieves (una princesa de belleza gótica arropada por una bruja transformable,un espejo que habla,una manzana roja envenenada y un ataúd de cristal: fascinante), y La Bella y la Bestia era mi relato preferido: en él, la Bella, cautiva de lujo de una misteriosa Bestia aristocrática, utiliza toda su sensibilidad e ingenio para evitar que su captor, que la visita puntualmente cada noche, a las nueve, la devore. Una Sherezade europea que se sacrifica por su padre y que puede morir a dentelladas mientras cena elegantemente vestida en un comedor de lujo. Horror barroco plus amor más que morboso: de nuevo, una siniestra atracción... Años después, al ver El coleccionista, de William Wyler, todos los elementos de esta historia volverían a conquistarme.

 Pasaron unos añitos, y llegaron mis primeras lecturas “de mayores”, protagonizadas, oh, sorpresa, por los libros de “El Barco de Vapor” (la historia del tragaldabas rey Tunix era mi preferida), los de “Elige tu propia aventura” (adoré, sobre todo, La maldición de Batterslea may; El expreso de los vampiros, el cual se lo dejé a una niña repelente y nunca me lo devolvió; El reino subterráneo, y mi preferido, El misterio de Chimney Rock, una deliciosa muestra del terror más puro y elegante con pasajes que aún a día de hoy me parecen espeluznantes: la tentación de reseñarlo por aquí está pudiendo conmmigo), o los de “Alfred Hitchcock y los tres investigadores” (me encantaba Júpiter Jones).

Luego pasé a asuntos más serios, es decir, a la mismísima Ágatha Christie (la amplia colección que tenía mi abuela en su casa me ayudó a empezar a disfrutarla), al mismísimo Sherlock Holmes (su nombre estaba por todas partes, le busqué en la biblioteca del colegio, y caí rendida a esta versión adulta de Júpiter Jones), o, todo hay que decirlo, la saga de vampiros de Anne Rice, que me alucinó durante demasiado tiempo. H.G. Wells, Stevenson y Julio Verne también estuvieron por allí, y alterné las creaciones de estas celebrities con un sinfín de libros para niños, entre ellos, La máquina maravillosa de Elvira Menéndez, que me consta que a Ian Grecco también le encantó.

 Michael Ende merece una mención especial: en su historia interminable, además de disfrutar mucho con las fantásticas aventuras del guerrero Atreyu por Fantasía, vi por primera vez a un protagonista poco lucido, un crío del mundo real huérfano de madre y con un padre deprimido, gordito,débil, acosado, triste, solitario y que se refugia en los libros, afición gracias a la cual su vida cambiará por completo. En fin, el arquetipo del héroe romántico e incomprendido, totalmente opuesto a sus viles y vulgares enemigos, y al que finalmente le salen bien las cosas. Aquello me gustaba…

 Pero esta etapa en la que princesas, vampiros, detectives interesantes y fantasías varias constituían mis lecturas de evasión, se puede decir que llegó a su fin cuando cierto ruso insigne apareció en mi vida a través de dos apasionados desconocidos condenados a amarse y a olvidarse en cinco citas nocturnas: hablo de las Noches blancas de Dostoievski, un librito que andaba por casa desde hacía años pero que yo no me atrevía a leer por considerarlo "de adultos". Pero quizás por verlo corto y en una edición tan bonita, me animé a leerlo, y qué bien hice, porque nunca un libro me ha revuelto tanto como dicha nouvelle: me provocó un torbellino de sensaciones hasta entonces desconocidas, agradables y dolorosas a partes iguales. La carta que cierra la historia me dejó sin habla por la mezcla de belleza, tristeza y alegría que contenía. Y en fin: me di cuenta de que podía llegar a adorar un libro sin necesidad de elementos macabriles ni amores enfermizos. Porque aquello era "adulto", aquello era de calidad, aquello era especial. A partir de ahí, nada sería igual... Aquí, la reseña que Ian, otro fan de la novela, escribió: Noches blancas

Seguí buscando libros de Dostoievski, y también, gracias sobre todo a los consejos de mi madre, lectora voraz que vio que yo ya estaba preparada para pisar otros terrenos, de Truman Capote, Navokov, Kundera, Faulkner, Kafka, Camus,Stendhal y un largo etcétera… Así fue como pasé a otro nivel. Creo que es obvio a qué me refiero, con lo que este post debería llegar ya a su fin.

 Sin embargo, no puedo hacerlo sin citar a alguien: a Arthur Rimbaud. Descubrí al niño terrible de la poesía francesa decimonónica en segundo de Bachillerato, gracias a una joven profesora de Lengua y Literatura cuyas clases eclipsaban por su pasión e interés a las lecciones de sus desganados colegas. Ella fue la que por primera vez me habló de los simbolistas, que capitaneados por Rimbaud, ofrecían al lector unos versos alucinantes, a años luz de las austeras odas a la muerte, la exaltación de la belleza o los melodiosos pesares que hasta entonces había estudiado en esa materia. Ian Grecco, que pretendió durante un tiempo ser un Rimbaud maltés, reseñó también por aquí (siempre se me adelanta) un libro muy bueno sobre el poeta, para los que todavía no sepan mucho de su vida: Gonzalo Armero: Vida y hechos de Arthur Rimbaud 

Y tras ese especial último año de instituto, llegó la Universidad con mi querido e inolvidable Taller Literario, que daría para otro post, así que tampoco entraré en materia. A estas alturas, decir que gracias a mis colegas del grupo, conocí a decenas de autores colosales más e hice mis propios hallazgos. Eso sí, sin perder mi tendencia al rosa y al negro, a la belleza por la belleza y la cursilería mezcladas con el lado oscuro de las personas, los crímenes estudiados y la perversidad sutil. Pero por favor, que nadie piense que sueño con cometer alguna tropelía y llevarme a alguien por delante... Siempre lo digo: el hecho de adorar lo macabro no es nada más que verle el lado interesante a ciertas figuras e historias marcadas por la Muerte, la gran tragedia inevitable a la que todos estamos condenados.

Ya que no puedo darle esquinazo,  prefiero burlarme un poco de ella y tratarla con naturalidad en vez de vivir temiéndola.

Sed felices y hasta el próximo post-confesión.

martes, 29 de noviembre de 2011

El libro de mi infancia: Mi amiga Flicka, de Mary O'hara


Idioma original: inglés
Título original: My Friend Flicka
Año de publicación: 1941
Valoración: Recomendable

A mí, como a Yemila, me resulta en ocasiones difícil reseñar un libro que no haya reseñado ya alguno de mis compañeros de ULAD. Somos muchos, leemos mucho y nuestras elecciones suelen coincidir –aunque no lo hagan nuestros veredictos. Para reseñar el libro de mi infancia, yo –otra vez, como Yemila– habría escogido La historia interminable (y con esto no sé si Michael Ende era una máquina que nos impresionó a todos o si es que, por alguna extraña acción de marketing, toda una generación recibió este libro por Navidad), pero, al estar ya reseñado, pensé en otro libro que me marcó por muy diferentes razones: El horror de Amityville. Sí, amigos, me leí esa novela cuando no tenía edad suficiente y casi no dormí en un mes.

Como la historia de Amityville no es un buen ejemplo de "libro de mi infancia" (que yo entiendo que debe ser un libro que nos marcara para bien y no para recordarlo 20 años después y que se nos ponga la piel de gallina), buceando en mis recuerdos rescaté una obra que sí me había gustado mucho (y que era apropiada para los 10 u 11 años que yo tenía cuando la leí): Mi amiga Flicka.

¿Por qué me había gustado mucho? Porque yo fui la típica niña "asilvestrada" (ventajas de haber pasado media infancia en un pueblo de 100 habitantes) que se pasaba el día subiéndose a (y, sobre todo, cayéndose de) los árboles y rodeada de animales de granja. Y claro, un caballo (algo que no había en mi pueblo) me parecía lo más.

Pero vamos al tema. Este libro cuenta la historia de Ken McLaughlin, un niño de 10 años que vive en un rancho de Wyoming con sus padres y su hermano mayor. A pesar de la difícil relación con su padre (porque, aunque es sólo un niño, se espera de él que se comporte y aguante la vida en el rancho como un adulto), éste le deja que se ocupe de Flicka, una potrilla aparentemente indomable.

Mary O'hara, que vivía en un rancho y adoraba los caballos, conocía muy bien cómo era la vida en el campo, donde el bienestar de los animales es la absoluta prioridad de los rancheros. Sabía lo que supone levantarse antes de las 6 de la mañana para ordeñar, limpiar, cepillar, alimentar, sacar a pastar, devolver a las cuadras, hacer de veterinaria, etc. y eso es algo que consiguió plasmar en este libro. A pesar de que la historia de la potrilla y el niño es bonita y tiene su punto de fantasía, lo que la rodea no lo es. La vida en el campo no se muestra como algo idílico y fantástico, donde uno se despierta con el trinar de los pájaros y se pasa el día paseando por el prado mientras las cabritillas brincan a su alrededor. Para nada. Aquí hay problemas de dinero, trabajo duro, dolor de espalda, sacrificio y la relación
de amor-odio que todos los que viven de la naturaleza tienen con ella.

Pero también muestra el lado bueno que tiene vivir con animales, lo mucho que se puede aprender de ellos y, sobre todo, la importancia de respetar la naturaleza. Por eso creo que es un libro muy apropiado para cualquier niño, porque enseña muchas cosas importantees, pero está tan bien escrito que apenas te das cuenta de que estás aprendiendo algo. Y eso, en mi opinión, es todo un logro.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El libro de mi infancia: El príncipe de la niebla, de Carlos Ruiz Zafón

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1993
Valoración: Recomendable

El llevar varias centenas de libros reseñados en ULAD tiene un lado malo, ¿sabéis? Y es que a los que escribimos en este blog, en ocasiones (sobre todo cuando preparamos series especiales como la presente) nos cuesta escoger libros para reseñar que no lo hayan sido ya por algún compañero. Y bueno, éste ha sido uno de esos casos, no puedo evitar ser sincera.

Vamos, que cuando me preguntan por "El libro de mi infancia", quizás tendría más derecho a ocupar ese lugar La historia interminable, de Michael Ende, que ya ha sido reseñado en este blog, o alguno de los cuentos de hadas de los que también se habló por aquí al aludir a cierto libro que ahondaba en la psicología de este tipo de relato... (por cierto, mi preferido era La bella y la bestia, en una edición preciosa que casi robo de la biblioteca de la escuela). Y considero que tampoco es plan de volver con Sherlock Holmes o con alguna de las novelas de Agatha Christie, que ya hay varias que han protagonizado posts en ULAD... Y no sé, ¿"Alfred Hitchcock y los tres investigadores" o la serie de "Elige tu propia aventura" no es quedarse un poco escaso para un blog tan sólido como ULAD? Hummm...

En fin, que finalmente he escogido El príncipe de la niebla, de Carlos Ruiz Zafón, porque considero que de todos los libros de este tipo que devoré en mis años mozos, mi tipo predilecto (a saber: misterio, algún detalle macabro, romance con un punto trágico, héroes jóvenes e imperfectos, componentes sobrenaturales), éste fue el mejor escrito y el que más poso ha dejado en mi memoria.

La trama nos presenta a la familia Carver, padre, madre, hija pequeña, hija adolescente e hijo adolescente, que huyendo de la Segunda Guerra Mundial, se refugian un verano en una misteriosa casa en la costa atlántica con un peculiar jardín con estatuas de piedra (donde destaca la de un inquietante payaso), un reloj que marcha al revés y un gato negro. En esta misma casa murió años atrás Jacob, el hijo de la anterior familia ocupante, en extrañas circunstancias, así que uno se puede imaginar que no hablamos precisamente de la casita de Pin y Pon...

El héroe de la función es el hijo de los Carver, Max, de trece años, y el villano, un terrible mago conocido como el señor Caín que pude adquirir las más diversas formas y que le concede a uno lo que desea a cambio de una fidelidad absoluta. Y pobre de aquél que rompa el trato...

Por la historia desfilan, por supuesto, los imprescindibles secundarios (donde destaca Roland, un atractivo muchacho, nieto del farero del lugar, que inicia un romance con Alice, la hermana de Max), y factores atractivos y determinantes para la trama como un enigmático barco sumergido y el faro del abuelo de Roland.

Y bueno, concluyo diciendo que recomiendo este libro para adolescentes con el que Zafón ganó el Edebé de literatura porque lo recuerdo como un divertidísimo pasatiempo bien escrito y emocionante donde alguien entre los once y los dieciséis años aficionado a los libros de aventuras y misterio encontrará todo lo que desea con una buena dosis de calidad literaria.

También de Carlos Ruiz-Zafón en ULAD: La sombra del viento

lunes, 7 de junio de 2010

Zoom: Felicidad clandestina, de Clarice Lispector

Idioma original: portugués
Título original: Felicidade clandestina
Fecha de publicación: 1971
Valoración: Muy recomendable

Una vez más, bienvenidos, pequeños míos, al rincón del tío Ian, vuestro iglú divulgativo y educativo. Hoy os presento otro de mis relatos preferidos, Felicidad clandestina, obra de una dama llamada Clarice Lispector, brasileña de adopción, ucraniana de origen.

Lispector, que pese a tener un apellido que bien podría pertenecer a un agente secreto inmerso en tejemanejes de la Guerra Fría, o a un jarabe para la tos, fue una exquisita escritora famosa por conceder a sus irrepetibles relatos una sensibilidad y una originalidad narrativa fuera de serie. Y además de escribir varias decenas de cuentos (lo que yo considero su especialidad), también se atrevió con la novela con igual éxito.

De todos modos, hoy me pondré con una de sus pequeñas piezas literarias, la que más me impactó del volumen de cuentos donde se encontraba recopilada. ¿Y que por qué ocurrió tal cosa? ¿Que por qué Felicidad clandestina me llegó tan hondo? Porque, siento repetirme, amiguitos y amiguitas de lo sublime, su argumento entronca peligrosamente con algo que a mí me ocurrió: algo que sufrí en mis propias y lozanas carnes al final de mi adolescencia.

Felicidad clandestina
tiene un argumento que se puede resumir así: hay una niña muy buena, muy guapa y muy enamorada de la literatura (sí, sí, no andamos desencaminados si pensamos en la bella Clarice Lispector en sus tiempos de infante), y hay otra niña, rechoncha, despelujada y rencorosa que la envidia y odia en silencio. El problema es que la segunda tiene un libro que la primera ansía leer por encima de todo, y la segunda, sabedora del tesoro que posee entre sus malignas manecillas, inicia un sádico juego con la guapa-buena-lista: hace a la pobre cría ir cada dos por tres a su casa con la promesa de que le dará el libro, pero nunca se lo termina de dar poniendo excusas. Y pese a que día tras día la guapa-buena-lista ve que su gozo está condenado a naufragar en un pozo, es tal su amor por el Libro Prometido, que no desiste, y sigue suplicando en silencio a la pequeña mostrenca propietaria que se lo preste. ¿Y que cómo acaba? Aaaaaah... Ese es el secreeetoooo... Leedlo:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/por/lispec/felicida.htm
Y ya está, ya he terminado. Siento no resolver la duda de qué es lo que me pasó a mí para sentirme identificado con lo que sucede en este relato. Tendría que retrotraerme a la época en la que deseé ser actor y recibía promesas de ser ayudado de parte de un presunto amigo...

Dios os guarde de los presuntos amigos, mis angelitos...Y no diré más: esa es otra historia que debe ser contada en otra ocación (Michael Ende dixit).

También de Clarice Lispector en ULAD: La pasión según G.H., Agua vivaUn soplo de vidaLa hora de la estrellaCerca del corazón salvaje

viernes, 21 de mayo de 2010

Michael Ende: Momo

Título original: MOMO oder Die seltsame Geschichte von den Zeit-Dieben und von dem Kind, das den Menschen die gestohlene Zeit zurückbrachte (Momo, o la extraña historia de los ladrones de tiempo y la niña que devolvió el tiempo robado a la gente)
Idioma original:
alemán
Fecha de publicación: 1973
Valoración: muy recomendable

Entrevista realizada por una Lectora a Momo, en las gradas del anfiteatro donde habita la propia Momo:

Lectora: Ante todo, gracias por atenderme. Ha sido difícil llegar hasta ti, pues tienes un montón de amigos que se acercan continuamente a contarte cosas.

Momo: ¿Y qué has hecho para que te dejen? -sonríe.

L: Pues he tenido que hacer un trato con los niños -Blanco ha sido el más estricto- y les he prometido participar en uno de sus juegos. La verdad es que no han tenido que insistirme mucho porque, si son como los del libro que cuenta tu historia, me lo voy a pasar genial!

Momo: ( ) -sonríe silenciosamente.

L: Sé que todos vienen aquí a hablarte y hablarte, y que tú los escuchas con esa habilidad especial que tienes para hacerlo -que yo creo que es sólo que “realmente” escuchas a la gente- y a todos se les ocurren nuevas ideas, y se alejan con la sensación de haber profundizado más en sí mismos. A los niños se les ocurren mejores juegos, a Gigi se le ocurren mejores historias y cuentos, y a Bepo Barrendero alguien le escucha con paciencia. ¡Pero yo quiero que me hables! O, al menos, no dejes que sólo hable yo, como ya estoy haciendo -una capa roja de rubor recorre mis mejillas-. Así que te pregunto: ¿crees que tu historia es una historia para niños? Ganaste en Alemania el premio de Literatura Adolescente...

Momo: Es cierto, pero durante un año después de la publicación, recibí durísimas críticas, que siguieron tiempos después. En Alemania debían escribirse historias realistas, y consideraron que la mía era evasiva y demasiado crítica con la sociedad. Y no entiendo eso, ¿cómo puede ser ambas cosas?

L: Ya, al criticar a la sociedad actual, ese mundo de fantasía en el que se sumerge tu historia, cobra otra intención. Es a través de esa fantasía, fantasía que envolvía la vida del autor desde su infancia, educado en un entorno profundamente artístico y surrealista, con la que el autor nos ataca. Gracias por llevarme a esta reflexión, mi pequeña niña, pero ¡no me has contestado! ¿Literatura infantil?

Momo: Uhm...Casiopea, ¿tú que dices? -y se dirige a esa tortuga del maestro Hora, tan especial. Al momento, aparece en su caparazón, luminosa, la palabra: Ambas.

L: Es decir, que la pueden leer los jóvenes, entretenerse y disfrutar, y precaverse del futuro adulto que les espera. Y, a la vez, es sumamente adulta, porque sólo cuando eres adulto y ya has vivido ciertas experiencias, puedes comprender en su totalidad la cantidad de metáforas que añade Ende. Crítica voraz a la sociedad de consumo y al modo de empleo del tiempo por parte de los adultos. Esto realmente me ha impactado al leer tu historia. Resulta fascinante cómo, de una manera tan sencilla, Ende nos muestra qué es lo que se está haciendo hoy en día, y cómo podríamos intentar cambiarlo. Por cierto, y para terminar que me estoy alargando más de lo normal -y vale, sí, tus amigos me esperan y estoy deseando jugar-, ¿piensas alguna vez en los hombres grises?

Momo: A veces sí, pero al instante me acuerdo de las voces de las flores horarias, y los olvido de nuevo.

L: Pues yo espero no tener que verlos nunca. Tan vacíos, tan malvados,tan grises, y con tanto poder sobre el ser humano...sé que han vuelto a aparecer y están repartidos por el mundo, pero, gracias a tu historia, quizá haya lugares a los que nunca se puedan acercar. ¡Gracias Momo! Me voy a jugar...

Otros libros de Michael Ende: Jojo y La historia interminable.

jueves, 13 de agosto de 2009

Michael Ende: Jojo. Historia de un saltimbanqui

Título original: Das Glaukermärchen
Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 1982
Valoración: muy recomendable
Comenzamos a ensayar esta obra de teatro para adultos hace algunos años. El proyecto se quedó en eso, en proyecto, pero pasamos horas releyendo el guión, conociendo a los personajes y ensayando sus pasajes. Nos quedamos sin local de ensayo, así que aprovechábamos cualquier lugar de Granada para representar alguna escena. Supongo que nos quedó algo de Jojo a todos.
La historia comienza cuando una compañía de circo en decadencia que vive ocupando un solar abandonado, es conminado por una industria química a abandonar el lugar. Esta les ofrece un acuerdo, ofreciéndoles hacer la publicidad de la empresa a lo largo del país. Parece la gran oportunidad de la compañía de salir a flote y abandonar la miseria, pero la industria química les pone una condición: tienen que dejar a Eli, una niña discapacitada que recogieron hace años, en un asilo. Comienzan los debates morales entre los miembros de la compañía. Anochece, y deciden continuar al día siguiente con el debate. Entonces Eli le pide a Jojo, el saltimbanqui, que le cuente una historia.
En esa historia, Ende extrapola a los personajes de la compañía de circo a un mundo imaginario donde se encuentra Angramain, la araña malvada que conquista el reino del príncipe Joan (Jojo en el mundo de fantasía), y la princesa Eli, que vive confinada en un mundo de imágenes de espejos.
Se entretejen la realidad y la fantasía, en una fábula que critica el abuso del medioambiente y la deshumanización del mundo. Una lectura perfecta para este verano, que te hace reflexionar sobre el rumbo que llevamos.
Y sí, me tocó el papel de Wilma, lanzadora de cuchillos- Angramain, araña.

También de Michael Ende: La historia interminableMomo

miércoles, 15 de abril de 2009

Michael Ende: La historia interminable

Idioma original: alemán
Título original: Die unendliche Geschichte
Fecha de publicación: 1979
Valoración: imprescindible


La historia interminable es uno de los libros a los que necesito volver de vez en cuando. Creo que Ende consigue encerrar al lector en la novela misma, de un modo difícil de superar. Para ello se sirve de un artificio muy eficaz: normalmente el lector tiende a sentirse identificado con el protagonista; pues bien, aquí es el protagonista quien se identifica con el lector. El protagonista, de hecho, es un lector, un lector inmerso en un libro llamado La historia interminable. Esta es sólo la primera de las que Borges llamaría "magias parciales" del libro. A partir de esa identificación protagonista - lector, en dirección opuesta a la usual, se sucede un juego de espejos en los que los mundos de la ficción y la realidad se imitan y se entrecruzan.

El signo visible de este juego es una de las características más singulares del libro: el uso de tinta roja y verde. Hasta donde yo sé, todas las ediciones respetan este detalle, que es esencial a La historia interminable. Digo esencial con toda propiedad, porque es esa diferencia de color la que constituye la novela. En rojo se cuenta la historia de Bastian, un chaval que encuentra un libro bellamente encuadernado en una vieja librería, lo roba y decide faltar a clase para leerlo. En verde se cuenta la historia que Bastian está leyendo: las tribulaciones de Fantasia, un país amenazado por un terrible peligro, y de su enferma soberana, la Emperatriz Infantil. La cosa no queda así, claro: el verdadero argumento de la novela está en el cruce ambos niveles, que, por eso mismo, deben ser claramente identificables en todo momento.

Si se tiene en cuenta que el libro que lee Bastian se llama igual que el que el lector tiene en sus manos, se entenderá que puede hablarse de un nivel de ficción y de otro de meta-ficción. Creo (pero puedo equivocarme) que La historia interminable es el único libro en el que se separan estos dos niveles así, gráficamente. A esto hay que sumar un buen número de referencias y homenajes más o menos escondidos. Antes citaba a Borges, y no por casualidad. En un capítulo de la segunda parte aparecen unos monos que arrojan continuamente unos dados con letras al suelo y observan las frases que se van formando al azar. Tienen un antecedente claro en los bibliotecarios de La biblioteca de Babel, que buscan "el Libro" mediante un método muy similar. (El referente más lejano hay que buscarlo en Los viajes de Gulliver.)

Estos juegos de meta-ficción y estos ecos de muchas grandes obras de la literatura, sin embargo, quedarían en nada si la histora en sí misma no mereciera le pena. Eso es lo bueno de La historia interminable: que cualquiera puede disfrutarla, que es conmovedora y divertida, y que no puede dejar de atrapar a cualquier que se acerque a ella con ganas de sumergirse en otro mundo. Como Bastian.

Otras obras de Michael Ende en ULAD: Jojo. Historia de un saltimbanquiMomo