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domingo, 30 de septiembre de 2018

Leonardo Sciascia; El mar color de vino


Idioma original: Italiano
Título original: Il mare colore del vino
Año de publicación: 1973
Traducción: Juan Manuel Salmerón Arcona
Valoración: Muy recomendable

¿Por qué nos gusta tanto Sciascia? Repaso las entradas que este blog  dedica al escritor siciliano y encuentro hasta una decena, cargadas de elogios, reconocimiento de bondades y entusiasta recomendación. Y desde luego no seré yo quien vaya a desmarcarse de esta respetabilísima tradición. Pero, ¿por qué nos gusta tanto Sciascia? Podría irme por los cerros de Úbeda y soltar alguna ocurrencia del tipo por que todos los mediterráneos somos sicilianos. Proclives a buscar refugio en una sombra y verlas pasar, bla bla bla…

Pero no. Hay algo más hondo. Más sustancial. Los libros de Leonardo Sciascia (1921 / 1989) cuentan, casi exclusivamente, historias sicilianas y para nuestro autor Sicilia era una excelente unidad de medida de lo universal. Sin ápice de ombliguismo ni asomo de aldeanismo. Pero lo que ciertamente fascina de Sciascia es el rigor, la pulcritud de los argumentos, la exigencia a motivos y razones, la capacidad para pensar, para desnudar y (re)vestir ideas, comportamientos, actos y roles. O sea, para desmenuzar la condición humana con lucidez y agudeza. Por eso (creo) nos gusta tanto, y nos da lo mismo acabar de leer sus libros sin saber quién ha dado la orden, quién puso su pulgar hacia abajo, por que eso –como buenos sicilianos- no hace falta que nos lo cuenten, ya lo sabemos, estamos debajo de la sombra viéndolas pasar…. Lo que interesa es cómo sobrevivimos o cómo –casi siempre- somos manejados, dominados, toreados. Sometidos. Casi siempre.

El libro recoge trece relatos publicados en revistas y publicaciones varias entre 1959 y 1972. Destaca, por supuesto, la proverbial contención del autor; si el asunto puede ser bien contado en diez páginas, no son necesarias ni doce ni once. De los relatos aquí reunidos me parecen magníficos el que da título al libro, en el que un ingeniero peninsular emprende viaje en tren de Roma a Sicilia donde coincide en el compartimento con una familia siciliana –amor a dentelladas- que le dan un trayecto del que no conseguimos saber si le resulta sublime o terrorífico, o ambas cosas a la vez; la ironía resplandece con el mismo brillo que el sol del amanecer sobre el Jónico cuando el tren reinicia su andadura por el lado insular del estrecho de Messina.

En La retirada se pone a prueba el dogmatismo y la fe de aquellos militantes comunistas que recriminaban a sus esposas la devoción en santos milagreros y vírgenes protectoras mientras caían en la misma fantasía aunque su ídolo fuese un orondo y bigotudo soviético. En Un caso de conciencia vuelve a aflorar ese empacho de narcisismo y temerosa vergüenza al que dirán revestido de honor que tanto impregna y motiva al macho siciliano y a ese escozor que se percibe en la frente cuando surgen los cuernos, y que es uno de los grandes asuntos de la literatura del país. Y aquí es imposible no acordarse de los textos que componen el Tríptico siciliano de Vitalino Brancatti, uno de los referentes fundamentales en la formación como escritor de Leonardo Sciascia.

Otros relatos, como Juicio por violación o Eufrosina o El largo viaje, desprenden un aire como de crónica social, de retrato de un tiempo desde una cercanía sentimental que, aún así, prescinde por completo de la autoindulgencia que les haría caer de cabeza en el costumbrismo. Algunos, en fin, son un ejercicio divertido y sagaz de sacar punta a la relación entre los poderosos y las gentes de a pie, como en Reciprocidad, Western de “Cosa Nostra” o Giufà, donde la asimetría del trato entre los encaramados a la cúspide social y los que deambulamos por su base no deja de ser una arbitraria distinción frente a la simetría en la capacidad de pensar y desenvolvernos que a todos nos es propia y que convierte a quienes pululan por estos relatos en personajes de la negra comedia de la vida bajo el inclemente sol mediterráneo. Por eso siempre hay que volver a Sicilia. Y releer a Sciascia.

Otros títulos de Leonardo Sciascia en ULAD: aquí

lunes, 29 de junio de 2015

Leonardo Sciascia: El caballero y la muerte

Idioma original: italiano
Título original: Il cavaliere e la morte
Año de publicación: 1989
Traducción: Ricardo Pochtar
Valoración: Muy recomendable

El caballero, la muerte y el diablo es posiblemente el grabado más célebre de Alberto Durero (no estoy seguro, porque en el que dedica a la visión de San Eustaquio aparece un ciervo con un crucifijo en la testuz, similar al de las botellas de Jägermeister, así que nunca se sabe...): en él aparece un ritter medieval, montado a caballo. con su armadura y su lanza; junto a él, una especie de esqueleto barbado que le muestra un reloj de arena -obviamente, la Muerte- y otro ser, entre monstruoso y grotesco, que representa al Diablo. Este grabado, amén de proporcionar el título a la novela, es el leit-motiv que recorre toda esta historia escrita por Leonardo Sciascia, la penúltima que escribió, de hecho -la última fue Una historia sencilla -, antes de morir.
De la misma forma que se enfrenta a la muerte el "caballero" protagonista de la novela: el Vice, un oficial de policía enfermo de cáncer que ha de resolver el asesinato de un importante abogado, en una ciudad italiana sin identificar (por ciertos datos, podría ser Turín). Un crimen cometido, aparentemente, por un supuesto nuevo grupo revolucionario que se hace llamar "Los hijos del 89"... aunque el caso está enturbiado por la implicación en él del Presidente, no de la República Italiana, sino de las Industrias Reunidas, alguien que parece ser incluso más poderoso... El personaje del Vice, por otro lado, no tiene nada que ver con el tópico policial; más bien resulta ser un trasunto del propio Sciscia: siciliano, exquisitamente culto y erudito, dado a la reflexión, al apunte filológico o histórico, incluso a filosofar....un personaje contado con una elegancia que se extiende a todo el texto, y por supuesto, al estilo con que está escrito. Elegancia que es marca de la casa, como ya sabrán sus lectores.
Por supuesto, El caballero y la muerte, novela a la que el autor puso el subtítulo de sotie ("tontería" en francés, pero también  farsa o sátira teatral), guarda un carácter de alegoría irónica y hasta sarcástica, en ocasiones. Recordemos que Sciascia no sólo fue un escritor siciliano que denunció los tejemanejes de la mafia de su tierra, conchabada con el poder político y económico; también ejerció como político en los años "de plomo" en que Italia se vio envuelta en la llamada" estrategia de la tensión", con grupos terroristas, tanto de la extrema derecha como de la izquierda, actuando a veces por motivaciones poco claras y con la intromisión de los servicios de inteligencia o de -otra vez-los poderes políticos y económicos (de hecho, Sciascia fue unos de los parlamentarios de la comisión encargada de dilucidar  el asesinato de Aldo Moro). De ahí que tuviera una opinión bastante desconfiada sobre lo que pudiera ocultarse detrás de este tipo de organizaciones, como ya dejó ver en una novela de 1971, El contexto.
El caballero y la muerte no es una novela policíaca redonda. No es tampoco -creo yo- la mejor novela de Sciascia: se me ocurren como obras mejor acabadas El consejo de Egipto o El día de la lechuza, por ejemplo. Y aunque aquí este escritor sí se explaya, en gran medida, sobre sus pensamientos y observaciones sutiles, no es tampoco, ni mucho menos, el único libro donde plasma todo su escepticismo humanista, su visión de la sociedad en la que le había tocado vivir. Pero sí que es, desde luego, su libro más conmovedor y emocionante, más comprensivo y compasivo. y eso, tratándose de Leonardo Sciascia, no es poco, precisamente.


Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al Díaaquí

domingo, 30 de agosto de 2015

Matteo Collura: Sciascia. El Maestro de Regalpetra

Idioma original: italiano
Título original: Il maestro di Regalpetra. Vita di Leonardo Sciascia
Año de publicación: 1996
Traductora: María José Palomero
Valoración: Muy recomendable

El gran Leonardo Sciascia nació en Racalmuto, un pueblo del interior siciliano, de salinas y solfaratas, en 1921, cuando Italia estaba a punto de caer en la época fascista. Creció bajo su yugo y asistió a su declive, a la ocupación alemana y al desembarco aliado en la isla. También a las turbulencias de la posguerra y al hegemonía política de la democracia cristiana. Denunció a la Mafia que dominaba su tierra, gracias a la violencia y a su conchabeo con los mandamases de Palermo y Roma. Vivió en primera fila la confusión de los "años de plomo", las guerras mafiosas que asolaron Sicilia y el nacimiento del movimiento Anti-Mafia. Murió justo antes de que los actores políticos que se habían disputado su país durante décadas (DC, PCI, socialistas...) implosionaran a raiz del escándalo de la Tangentopolis (se libró, al menos, de tener que ver a Berlusconi de Presidente). Fue maestro, editor, concejal en Palermo, diputado nacional, amante de la cultura, tanto italiana y siciliana como europea -sobre todo, francesa y española-, erudito en literatura, lingüística, historia, amigo de escritores ilustres -Calvino, Bufalino-, discípulo de otros -Brancati-, pirandelliano, productor de su vino y su aceite, esposo, padre y abuelo, fino analista de la realidad italiana, coleccionista de grabados... y sobre todo, fue un hombre de letras, escritor de estupendas -y preclaras- novelas policíacas, cuentos bendecidos por el humor y la ironía, penetrantes ensayos; rescató también figuras y sucesos del pasado siciliano -aunque no solo siciliano- sobre los que extendió la luz de su entendimiento y su mirada llena de inteligencia y sutileza. Fue uno de los grandes de la literatura italiana, sin duda.

Matteo Collura traza aquí una biografía ejemplar, perfectamente documentada y estructurada, que recorre desde la infancia y años de formación del escritor siciliano, sus antecedentes familiares, sus amigos, etc... hasta sus últimos años, pasando por aquellos de compromiso político. Y, ante todo, sus libros, de los que hace un repaso pormenorizado y agudo, de la mano -o de la boca- del propio Sciascia. Porque la gran virtud de esta biografía es precisamente que convierte al biografiado en el guía que nos va mostrando lo que ha sido su propia vida. El autor se retira a un lado para cederle la palabra a Leonardo Sciascia, a través de su testimonio, obtenido de diversas entrevistas, libros de conversaciones (estupendo el de Fuego en el alma, con Doménico Porzio) o sus múltiples ensayos en el que nos fue legando su visión sobre numerosos asuntos, contemporáneos a él o pertenecientes a ese pasado que tanto le apasionaba (sobre todo el siglo XVIII, el Siglo de las Luces y de la Revolución francesa, el de Diderot y Voltaire...).

Tampoco se esconden aquí las polémicas que vivió este hombre de letras y de acción, que no huía de ellas, pese a su carácter eminentemente pacífico y para nada pendenciero. Pero era un hombre valiente, como ya demostró sobradamente al ser de los primeros y más decididos denunciantes de la opresión mafiosa que vivía Sicilia. Por eso, seguramente uno de sus momentos más amargos los vivió cuando, a raíz de un artículo suyo sobre el nombramiento del juez Borsellino (más tarde asesinado por la Cosa Nostra), fue acusado por los "fanáticos de la anti-mafia" de cierta connivencia, si no con tal organización, sí con su espíritu -o, cuando menos, de compartir el derrotismo interesado de sus valedores-... ¿A alguien le suena algo parecido? No, claro, en la impoluta democracia española no pasan ni han pasado nunca estas cosas... Otro momento "delicado" de su vida pública ocurrió cuando formaba parte, como diputado del Partido Radical,  de la comisión parlamentaria encargada de investigar el secuestro y asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas. Sus sospechas y disquisiciones sobre la naturaleza de este grupo le darían -y de hecho, ya le habían dado- para más de un libro.

Una biografía ésta que es, pues, el retrato de un hombre inteligente, lúcido, irreductible en su independencia intelectual; un hombre y un escritor de una pieza que supo mantener su integridad en una época y un lugar complicados para hacerlo, que además supo escribir una buena muestra de magníficas obras, y convertirse en un referente literario y cívico de primer orden. Una muy buena biografía escrita, además, por otro siciliano amante de su tierra y que nos brinda la oportunidad de conocer mejor a ese maestro de las letras que fue Leonardo Sciascia.

viernes, 22 de marzo de 2013

Leonardo Sciascia: Muerte del inquisidor

Idioma original: italiano
Título original: Morte dell'Inquisitore
Año de publicación: 1964
Valoración: Muy recomendable

Leonardo Sciascia (que se pronuncia, más o menos, como "Shasha") es una figura interesante de la literatura y la cultura italiana de la segunda mitad del siglo XX: profesor, periodista, político (famoso por sus discursos irónicos, directos, afilados) y escritor de novelas policiacas alejadas de la norma, sin un final cerrado y reconfortante; un escritor que mucho antes que Saviano se atrevió a retratar el mundo de la mafia y sus promiscuas relaciones con el poder político y económico.

Esta Muerte del inquisidor es una obra peculiar, una reconstrucción histórica pero con un inevitable aire de relato novelesco. Recrea, a través de una documentación bastante amplia, el asesinato del inquisidor Juan López de Cisneros a manos del fraile Diego La Matina en 1657, durante el proceso de interrogatorios (léase torturas) a que el fraile fue sometido antes de ser condenado a morir en la hoguera. La obra parte de un misterio casi policiaco: el origen desconocido de la persecución de la Inquisición contra La Matina: ¿quizás algún tipo de herejía religoso-política relacionada con el cuestionamiento de la propiedad privada? ¿Por qué, si era en efecto un hereje peligroso, la Inquisición encarceló y condenó a La Matina a varias penas menores antes de su condenación definitiva?

El "caso" que da origen al texto sirve de punto de partida para la presentación más amplia del régimen de terror implantado por la Inquisición en Sicilia, y en el resto de los reinos cristianos durante varios siglos: un régimen de delaciones, torturas, abusos de poder, brutalidad y fanatismo en el que, viene a decir Sciascia a lo largo del texto, la religión no pasaba muchas veces de una mera excusa para el ejercicio de un poder absoluto y arbitrario. Del mismo modo que el caso de De La Matina sirve para representar a toda la Inquisición, la Inquisición sirve para representar a todas las formas de poder omnímodo e ilimitado, sea cual sea su origen.

La lectura del texto gana con el paso de las páginas: al principio resulta fácil perderse entre la maraña de datos, nombres, fechas y documentos, hasta encontrar el hilo central que guía la historia. Después asistimos fascinados (con una fascinación algo morbosa, es cierto) a la representación de los terrores de las sesiones de tortura y las iniquidades de un sistema seudo-judicial sádico y corrupto.

Por cierto que el traductor de la obra, Rossend Arqués, merece una mención especial por su trabajo en la traducción de los fragmentos de documentos de los siglos XVI y XVII, en los que ha hecho un esfuerzo por reproducir la distancia gráfica y gramatical del original italiano, imitando la ortografía vacilante del español de la misma época. Probablemente un experto en historia de la lengua española pondría algunos reparos a algunas de las soluciones adoptadas, pero para el lector no especialista el efecto está muy bien conseguido. Algo menos mérito tiene el corrector ortotipográfico del texto (cuyo nombre nunca conoceremos) al que se le han escapado algunas erratas molestas (acentos, comas que sobran, espacios que faltan, etc.).

Nota final: Es imposible (para mí, por lo menos) hablar de Sciascia y de sus obras y no pensar en Andrea Camilleri, otro escritor siciliano, admirador de Sciascia para más señas, y que, como él, compagina la escritura de novelas policiacas (frecuentemente muy críticas con el sistema policial, político y judicial) y el compromiso político. De hecho, esta Muerte del inquisidor me ha recordado en cierto modo a Las ovejas y el pastor, una obra igualmente a medio camino entre el ensayo histórico y la novela, y que también reflexiona sobre el poder religioso, su vinculación con los poderes más terrenos y sus consecuencias en la vida social siciliana. La obra de Sciascia, en todo caso, tiene una profundidad y una resonancias más amplias que la de Camilleri.

Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al Díaaquí

viernes, 27 de agosto de 2021

Leonardo Sciascia: A cada cual lo suyo

Idioma original: italiano

Título original: A Ciascuno il Suo

Año de publicación: 1966

Traducción:  Esther Benítez

Valoración: muy recomendable

A cada cual lo suyo o, por decirlo con más propiedad, UNICUIQUE SUUM, palabras que aparecen en la cabecera del eclesiástico diario L'Osservatore Romano y también en el reverso de las letras recortadas y enviadas formando un anónimo amenazante al farmacéutico de un pueblo del interior de Sicilia. Farmaceútico Manno que, al igual que su compañero de caza, el médico Rossello, caen asesinados días después de sendos disparos de escopeta. El único que parece darse cuenta de la procedencia de esas letras recortadas es el profesor Laurana, amigo del farmacéutico, que comienza a tirar de ese hilo para ir destejiendo una trama más complicada de lo que cabía esperar, en un principio.

Supongo lo que pensará quien lea esta reseña (y no haya leído la novela): asesinatos en un pueblo siciliano... años 60 -esto no lo había mencionado aún-... Leonardo Sciascia... sin duda es una novela sobre la Mafia. Pues no. O no en el sentido estricto del término, porque, aunque no salga ningún "hombre de honor", como en El día de la lechuza (tampoco, y es muy significativo, hay un capitán Bellodi), de "mafiosa" se puede calificar también la actitud de los habitantes del pueblo de ver, oír y callar, de no meterse en líos sobre lo que no le incumbe a uno -o incluso cuando le incumbe, si no se puede sacar provecho de ello-, aún a costa de convertirse en cómplice de un crimen. A no ser, claro, que se sea un ingenuo , un "cretino", como le califican algunos al profesor Laurana, metido en el asunto por curiosidad e inconsciencia, pero también rendido al influjo de una hermosa mujer... porque resulta que la viuda del farmacéutico es mujer de gran belleza y eso al profesor le tiene un tanto trastornado y le sirve de acicate en su investigación...

Una novela, ésta, inspirada en un caso real que se produjo en Agrigento en 1960 (y en el que, por cierto, murió como "daño colateral" un estudiante de Porto Empedocle, así que uno se pregunta si no sería conocido o incluso pariente de Andrea Camilleri) y que Sciascia retomó para, según sus palabras (aunque aquí me pierdo un poco porque habría que conocer mejor la historia política italiana de aquellos años), "...escribir un informe sobre un fracaso histórico, el fracaso del centro izquierda (...) como fórmula de gobierno, a partir de 1964 había unido al partido socialista con la Democracia Cristiana en la dirección de lo asuntos del país.
(...) Este acontecimiento, destinado a provocar un cambio radical en la vida política italiana, una vez más se había frustrado por la eterna inmutabilidad del eterno fascismo italiano. Sin embargo, el libro se ha interpretado como una historia sobre la mafia", a lo que su biógrafo, Matteo Collura, apostilla: "Y lo es, aunque la metáfora que lo envuelve tiene como centro el corazón de la política". Por decirlo en otras palabras, una novela que fuera una metáfora sobre el célebre "Cambiar todo para que todo siga igual" de El Gatopardo. En versión noir (o giallo), claro...

Con permiso, sigo que las citas, que me ahorran mucho trabajo siempre resultan interesantes e incluso esclarecedoras. según Alberto Moravia, "los relatos de género policíaco de Sciascia parten de la claridad (se sabe quién ha cometido el delito) pero terminan adentrándose en el misterio"; es decir, a la inversa de la novela policíaca tradicional. Aunque el propio Sciascia comentaba: "Hay, sin embargo, una diferencia entre esta oscuridad y la de la ignorancia (...) Esta es la razón por la que utilizo con frecuencia el discurso de la novela policíaca, pues es una especie de informe que tiende a decir la verdad de los hechos y denunciar al culpable, aunque no siempre se logra  encontrar al culpable. Incluso llego a pensar que hoy me daría por satisfecho con una sola cosa."

Ya acabo; de nuevo según Collura, éste es un libro fundamental en la producción literaria de Sciascia, porque "en él se expresan claramente las razones de su discrepancia -siempre respecto a los fáciles automatismos- en cuanto a la política, a la justicia y a la mafia, "en esta especie de nave pirata que ha sido Sicilia" y en su profundización de estos abismos está a punto de implicar a toda Italia".

Sólo puedo decir que ojalá se tratara únicamente de Sicilia o de Italia.


Muchos más libros de y sobre el gran Leonardo Sciascia reseñados: aquí

jueves, 27 de noviembre de 2014

Leonardo Sciascia: El archivo de Egipto

Idioma original: italiano
Título original: Il consiglio d'Egitto
Año de publicación: 1963
Valoración: recomendable

Leonardo Sciascia es conocido sobre todo por sus novelas policiacas, algunas de ellas ya reseñadas en este blog; sin embargo, más que a un género, a Sciascia hay que relacionarlo con un espacio: Sicilia. (Así entre paréntesis, no está mal la nómina de 25.000 km2: Lampedusa, Quasimodo, Pirandello, Camilleri...). Y en este caso, Sciascia se acerca a este espacio a través del molde de la novela histórica, aunque, como era de esperar, con un toque muy personal.

La trama central de El archivo de Egipto (o El consejo de Egipto, en otras ediciones) es la historia de una falsificación: a finales del siglo XVIII el abate Vella, para poder ascender en la jerárquica sociedad siciliana y obtener reconocimiento y prestigio, altera un manuscrito árabe que narra la vida de Mahoma, para transformarlo en una desconocida historia de Sicilia; animado por el éxito de su empresa, pasa luego a inventar un amplio volumen, también supuestamente árabe, El archivo de Egipto, que permitiría demostrar que los nobles sicilianos han llevado a cabo una tarea secular, casi milenaria, de expropiación de los bienes comunes.

Aunque esta trama es la principal, y la peculiar psicología del abate Vella (ambicioso, manipulador, inteligente, escurridizo) es lo más memorable, los demás materiales literarios añadidos a este tronco principal contribuyen a crear una obra coral, en la que se retrata el conjunto de la sociedad de Palermo, con sus tensiones entre la monarquía renovadora y la nobleza feudal conservadora, entre los primeros iluministas y los guardianes inquisitoriales de la ortodoxia. Así, surge, como único héroe posible de esta historia, la figura del abogado Di Blasi, cabecilla de una revolución fallida contra los poderes establecidos.

Se perciben así en esta novela algunos de los temas permanentes en la obra de Sciascia: la crítica al poder absoluto y al fanatismo, la reflexión sobre el origen de los males de Sicilia o la oposición constante entre fuerzas modernizadoras y tradicionalistas. También hay en El archivo de Egipto un cierto barroquismo en el estilo y en la estructura que son muy propios del autor, que nunca cuenta solo lo que parece estar contando a primera vista. Esto hace que la lectura de El archivo de Egipto no sea necesariamente fácil, pero sí muy rica en interpretaciones.

También de Leonardo Sciascia en Un Libro Al Día: aquí

miércoles, 29 de julio de 2015

Leonardo Sciascia: Los apuñaladores

Idioma original: italiano
Título original: I pugnalatori
Año de publicación: 1976
Traducción: Juan Manuel Salmerón
Valoración: recomendable

La noche del 1 de Octubre de 1862, trece personas fueron apuñaladas por sorpresa, sin que mediara ningún tipo de riña o amenaza previa, a la misma hora y en distintos puntos equidistantes, repartidos por la ciudad de Palermo. Los agredidos eran personas de diferente edad y condición, sin nada más en común, en apariencia que su conciudadanía y encontrarse a esas horas en la calle. Los agresores, en cambio, sí que parecían cortados por el mismo patrón: iban vestidos de forma similar y también su apariencia física era la misma. Pero tan sólo uno de estos apuñaladores pudo ser detenido en el momento de los hechos: Angelo d'Angelo, un limpiabotas de treinta y ocho años que confesó formar parte de una banda constituida para ejecutar tales hechos; delató a sus compañeros e incluso al instigador de esos actos, que según él era nada menos que el príncipe de Sant'Elia, un rico noble y político siciliano, senador del Reino de Italia y representante en la isla del rey Víctor Manuel II, etc... (aunque quizá no demasiado leal al nuevo régimen; recordemos que esto ocurrió en un momento en el que el Estado de la Italia unificada aún estaba tratando de afianzarse, amenazado en el Sur por las conspiraciones borbónicas...).

Éste es el material a partir del cual Leonardo Sciascia construyó uno de sus libros -habituales en su producción literaria más madura-, en los que parte de un acontecimiento real o un proceso judicial del pasado para desarrollar una investigación a posteriori, que, dada la extrema agudeza y sutileza del escritor siciliano, le sirve para ir desovillando una trama bien enredada -en ocasiones, a propósito- y observar aquellos hechos aplicándoles la lupa clarificadora de los años transcurridos... y de su propia inteligencia, por supuesto. Así hizo también en La bruja y el capitán, 1912+1Muerte del inquisidor o La desaparición de Majorana y también hace en Los apuñaladores, sobre uno de los sucesos más misteriosos aún y más embrollados de la Historia de Sicilia (que no es cualquier cosa...).

Como es evidente, Sciascia no tenía nada de estúpido; tampoco de ingenuo... Este libro apareció en 1976, justo en los años en los que estaba reciente en Italia la llamada "estrategia de la tensión" (una versión imperfecta o más expeditiva de la "doctrina del shock", si se quiere), con la que la extrema derecha -y otros poderes utilizando a la extrema derecha- había tratado de provocar un colapso en la política italiana por medio de cruentos atentados, para precipitar la instauración de un gobierno autoritario neofascista, que frenase al pujante PCI. La respuesta de la izquierda tampoco se quedó atrás y dio lugar a los llamados "años de plomo". Sciascia (que, no olvidemos, además de literato también se dedicó esporádicamente a la política y en aquel momento era concejal en Palermo por el Partido Comunista) vio en aquellos hechos lejanos del ottocento siciliano un antecedente claro de esta "estrategia de la tensión" y también una manera de evidenciarla. Lo que no es obstáculo para que este libro, escrito con la elegancia característica de este autor, sea, además de una pesquisa en el pasado apasionante , una obra literaria estimable yuna lectura de lo más recomendable, sin duda alguna.


Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al Díaaquí


martes, 19 de agosto de 2014

Leonardo Sciascia: Una historia sencilla

Idioma original: italiano
Título original: Una storia semplice
Traductor: Carlos Manzano
Valoración: Muy recomendable

Ésta es la última novela (y el último libro) que escribió uno de los grandes de la literatura italiana, Leonardo Sciascia, precisamente entre sus sesiones médicas, cuando ya la enfermedad que padecía le conducía hacia un final inevitable. Se publicó justo antes de su muerte, en 1989.

La historia, de corte policial, en realidad no tiene nada de sencilla, como ya podíamos imaginar: un ex-diplomático siciliano, residente en el extranjero, vuelve un día  a la casa de campo familiar y encuentra algo que no debería estar allí, un famoso cuadro robado años atrás (Sciascia se inspiró en el caso real de una famosa tela de Caravaggio desaparecida en 1969 de un oratorio de Palermo). El hombre llama a la policía, pero cuando un sargento acude al día siguiente, lo que halla en la casa es el cadáver del ex-diplomático, aparentemente suicidado. A partir de la pista que le da un profesor, viejo amigo del finado, el sargento de policía sigue investigando una trama que se va complicando por momentos, a medida que transcurre la novela (y eso que el libro consta de poco más que 70 páginas), hasta llegar al sorprendente final. o quizás sea el final, precisamente, lo que tiene poco de sorprendente, menos aún en un lugar y una época (la Sicilia de los años 80) en donde cualquier cosa parecía posible, incluyendo las actividades criminales de personas poco sospechosas de ellas. 

La sencillez de es ta historia viene marcada, eso sí, por la limpieza y concisión del estilo, admirables. Lo que no impide que el autor demuestre en cada momento su erudición y la distinción característica de su prosa, como sabrá cualquiera que haya leído sus libros. En esta novela, en todo caso, hay alguna diferencia con respecto a otras que escribió en los 60, como El día de la lechuza y A cada cual lo suyo: si en éstas su función principal era la denuncia, aunque fuese una denuncia amarga e incluso desesperanzada, en Una historia sencilla, bajo el evidente escepticismo queda lugar para la esperanza, al menos la que supone la figura del sargento Lagandara. Una esperanza que también, en ese momento y lugar, en Sicilia, era absolutamente necesaria,  por más que recibiese duros golpes no mucho después (uno de ellos, sin duda,  la desaparición del propio Sciascia). 

En suma, una novelita concentrada y deliciosa, magníficamente escrita. Y un buen modo, para quien no lo conozca, de comenzara frecuentar a un autor imprescindible. Y para quien no guste demasiado de las historias de mafiosos y demás, tranquilos: la palabra Mafia no aparece ni una sola vez en todo el libro. No hace falta.

También de Leonardo Sciascia en Un Libro Al Día: aquí

lunes, 29 de noviembre de 2010

Leonardo Sciascia: Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel


Idioma original: italiano
Título original: Atti relativi alla morte di Raymond Roussel
Fecha de publicación: 2010 (primera edición: 1971)
Valoración: Muy recomendable

De Raymond Roussel se sabe que fue poeta, novelista, dramaturgo, músico y ajedrecista, y que tuvo gran influencia sobre los surrealistas y los autores de la nouveau roman. También se sabe que dedicó su vida a la escritura y que murió el 14 de julio de 1933 en el Hotel des Palmes de Palermo, aparentemente debido a una sobredosis de barbitúricos. Y digo "aparentemente" porque todas las actas oficiales referentes a su muerte tienen la misma fecha: el 14 de julio, lo que quiere decir que en apenas medio día se encontró su cadáver, se hicieron las pertinentes investigaciones (?) y, sin autopsia de por medio, se dio por válido que la causa de su muerte había sido la ingesta masiva de medicamentos con la intención clara de quitarse la vida.

Treinta y ocho años después, Leonardo Sciascia recupera esas actas y decide investigar concienzudamente los hechos que rodearon la muerte del célebre escritor. La primera parte del libro es la exposición de esos hechos (por ejemplo, se sabía que estaba en el hotel con una mujer que ocupaba la habitación contigua y cuyas declaraciones en relación a Roussel y al momento en que se encontró su cadáver eran contradictorias) y las preguntas que se hace Sciascia al respecto: no queda claro por qué se omitieron (o se pasaron por alto con una desvergüenza sorprendente) ciertos detalles que habrían sido claves para la investigación y que habrían podido desestimar el suicidio como causa de la muerte, por qué los periódicos italianos no hablaron del deceso hasta varios días después, por qué el caso se cerró en apenas medio día en un país en el que la burocracia es excesivamente lenta y cualquier investigación se demora meses innecesariamente, etc.

La segunda parte del libro, escrita por Julio Reija (también el traductor del texto de Sciascia), es un llamamiento a re-valorar el trabajo de este autor italiano, quien dedicó su vida a escribir obras denunciando la manipulación, la desinformación y las mentiras a las que estaba sometido el pueblo por parte de los gobernantes. Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel, por tanto, más que un intento de descubrir qué ocurrió en la habitación 224 del Hotel des Palmes el día 14 de julio de 1933, es una pequeña joya que denuncia las malas artes de las instituciones y el borreguismo al que todos estamos sometidos, y que nos hace pensar si hoy en día esto ha cambiado algo. Desgraciadamente, yo diría que no.

Otras obras de Leonardo Sciascia reseñadas en ULADaquí

domingo, 14 de mayo de 2017

Leonardo Sciascia: Los tíos de Sicilia

Idioma original: italiano
Título original: Gli zii di Sicilia
Traducción: Rossend Arqués
Año de publicación: 1.958-1.960
Valoración: Recomendable


Como se puede ver al final de esta reseña, Leonardo Sciascia es un autor al que hemos dado bastante bola en ULAD. Algo que llama la atención en él es su versatilidad, tanto dentro del propio mundo literario como en sus fronteras: es Sciascia hombre de notable erudición, experto en temas históricos desde el siglo XIX hacia atrás, donde construye algunas de sus tramas, pero tiene la habilidad de combinar y simultanear a veces estas aptitudes con narraciones que caerían en el ámbito de lo que podríamos llamar género policíaco. Algo que recuerda un poco por ejemplo a Umberto Eco.

En esta ocasión tenemos sin embargo algo diferente. ‘Los tíos de Sicilia’ es una de las primeras obras de Leonardo, diríamos una obra de juventud, formada  inicialmente por tres relatos, a los que se añadiría un cuarto en ediciones posteriores.

Se podría elucubrar acerca de quiénes son esos tíos de Sicilia (está bastante claro en los dos primeros relatos, quizá también en el tercero y mucho menos, o nada, en el último), pero me parece más oportuno ir por partes. El libro arranca con ‘La tía de América’, donde se dibuja un pueblo siciliano en los compases finales de la Segunda Guerra Mundial. Desde la perspectiva de un chaval de familia pobre tenemos un retrato de individuos anclados a la tierra para quienes la guerra es un accidente, algo cuyo valor radica en la posibilidad de hacerles salir de la pobreza. Algunos toman partido, otros se muestran indiferentes y no pocos cambian sin pudor de chaqueta esperando colocarse cerca del ganador. En lo que todos coinciden es en la fascinación por América y la expectativa de que con la victoria de los aliados algo de la supuesta opulencia del tío Sam (¿otro tío?) acabe pegándose a la reseca tierra siciliana.

En parecidos registros se mueve ‘La muerte de Stalin’, donde las esperanzas de un tal Calogero se depositan no en América, sino en el líder soviético que da título al relato. Calogero sigue con devoción su trayectoria política y durante años justifica a duras penas sus decisiones, aunque esto le lleve a duros enfrentamientos con sus vecinos y por supuesto con la Iglesia. Stalin es por tanto también ‘lu zi Peppi’, el tío Pepe, el padre del mundo ideal de justicia e igualdad que se está fraguando, una ilusión a la que agarrarse desde una polvorienta aldea del extremo sur de Europa.

Las dos historias rebosan el aire inconfundible del realismo italiano. Uno siente que está viendo una película de Alberto Sordi o de Vittorio de Sica: chicos vivaces, mujeres malhumoradas, hombres que discuten de política de forma apasionada, viejos socarrones que se limitan a jugar y charlar en la taberna, curas iracundos. Mucho humor ácido, personajes ridículos pero profundamente humanos, gente en la que la esperanza parece una broma.

‘El quarantottu’ (barullo, follón) se mantiene obviamente también en Sicilia, pero cambia el decorado a un siglo antes, durante los episodios revolucionarios de 1.848. Aquí los estamentos sociales son todavía más nítidos, y por encima de los demás emergen los personajes de un barón, enredado en un notable lío de faldas, y el obispo, celoso de los bienes de la Iglesia (o de los suyos propios, que viene a ser lo mismo). Metidos nobles, clérigos y pueblo llano en confusos acontecimientos sin un rumbo político definido, los potentados maniobran con habilidad, resueltos a conservar sus privilegios, olvidándose de sus principios en cuanto se vea la necesidad. La sátira es feroz y el relato resulta tronchante, aunque desde el punto de vista literario el argumento resulta más endeble, quizá por abarcar un periodo demasiado largo y acumular multitud de sucesos.

Como decía al principio, el último relato, ‘El antimonio’, se añadió en ediciones posteriores, y está claro que no guarda demasiada relación con los demás. En esta ocasión nos encontramos en la Guerra civil española, a donde el protagonista ha llegado integrado en las tropas enviadas por Mussolini. Una vez más, su única intención es escapar de la pobreza y, en paralelo al primer relato, buscar una oportunidad para huir a América. Sin embargo, se verá inmerso en la brutalidad de una guerra que poco a poco empieza a percibir desde enfoques diferentes a los que traía. En realidad, ‘El antimonio’ no cuenta exactamente episodios de la guerra, sino que pronto adquiere un tono ensayístico, el argumento desaparece bajo las reflexiones que el protagonista va desarrollando a partir de lo que vive en primera persona. Se diría que es la voz de Sciascia la que va descubriendo lo absurdo de la situación: es una guerra de clases, y por lo tanto nada pinta un italiano pobre luchando contra españoles pobres.

De manera que no es fácil encontrar un denominador común a las cuatro historias. Si acaso, la voluntad de retratar a esos sicilianos ‘que no se agitan, que se reconocen por dentro y sufren en silencio, pobres que nos saludan con gesto cansado, como desde la lejanía de siglos’. Esa imagen la encontramos a lo largo de todo el libro, es lo que se oculta detrás del humor dislocado, de esas esperanzas depositadas en cosas lejanas o absurdas, en mitos americanos o rusos, en la huida de esa tierra que parece retenerles como un imán. Y sin embargo, no nos transmite desánimo ni pesadumbre: los sicilianos pasan penalidades, anhelan un mundo mejor, pero no parecen haber dejado de disfrutar de la vida.

Otras obras de Leonardo Sciascia en ULADAquí

domingo, 12 de mayo de 2013

Leonardo Sciascia: Puertas abiertas

Idioma original: italiano
Título original: Porte aperte 
Año de publicación: 1987
Valoración: Recomendable

Tengo la sensación de que las novelas de Leonardo Sciascia (aunque solo he leído dos, y por lo tanto estoy extrapolando) no pueden calificarse propiamente de novelas policiacas, sino más bien de novelas políticas con una excusa policial. No son, desde luego, novelas policiacas al uso, ni del género whodunit ni hard-boiled, y el "caso" policial es en realidad una excusa para reflexiones de mayor calado, basadas en la realidad siciliana pero aplicables al resto de Italia y del mundo.

Ese es, por lo menos, el caso de Puertas abiertas, una novela aparentemente inspirada en un caso real. Como en toda novela policiaca, hay un crimen: en 1937, en pleno auge del fascismo de Mussolini, un hombre asesina con premeditación a su mujer, al jefe que lo ha despedido y a la persona que ha ocupado su cargo; pero este crimen es únicamente el origen, no el núcleo de la novela. En realidad, el personaje central es el juez ad latere del caso, que sabe que el acusado es culpable -así lo ha confesado el propio reo-, pero que debe decidir si le aplica la pena de muerte, como quiere todo el lobby jurídico y político, o si, de acuerdo con sus convicciones, lo condena "solo" a cadena perpetua.

Sciascia, como hacía en Muerte del Inquisidor (aunque en un género textual distinto), utiliza por lo tanto el caso puntual como origen para una reflexión, densa y demorada, sobre el poder, la justicia, la dignidad y la honestidad en medio de un ambiente corrupto que clama pidiendo sangre: prensa, abogados, políticos, policías y el conjunto de una sociedad anestesiada que viste la escarapela del fascismo aunque no crea en él. En una Italia en la que, según la propaganda oficial, "se duerme con las puertas abiertas", la realidad es que todo el mundo tiene miedo de todo el mundo, y la lealtad a unos principios puede costar cara.

Traducción de Ricardo Pochtar.

Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al Díaaquí

martes, 16 de mayo de 2023

Colaboración: Todo modo, de Leonardo Sciascia

Idioma original: italiano

Título original: Todo modo

Traducción: Joaquín Jordá

Año de publicación: 1974

Valoración: Muy recomendable


Siempre me ha parecido un acierto y modelo a copiar por la crítica de otras ramas del saber la diferencia que se establece en enología, (disciplina a la que soy totalmente ajeno), entre lo que se le suele llamar “gusto” y “regusto”. Esto, como profano, lo entiendo como la diferencia de sensaciones que te produce algo (un “input”, se mal llamaría ahora) en el momento del consumo y en su digestión; y que conste, hablo de vinos porque de momento no me he dado a las drogas, ni tampoco quiero propugnar su uso. Por cierto, al contrario que en la comida, soy acérrimo defensor de las novelas de digestión pesada, profunda y laboriosa.

No es este el caso, puesto que es una novelita corta que se puede despachar en un par de horas a placer. Y hablo del gusto/regusto porque, a pesar de su brevedad, me ha recordado muy claramente a tres obras muy distintas entre sí (y, al menos dos de ellas, bastantes más largas), sensación que ha ido aumentando a medida que lo dejaba reposar: La montaña mágica, El nombre de la rosa, y, porqué no, Hotel Pánico, de Superlópez. Curiosamente, todas ellas, incluida la reseñada, del S. XX.

Les cuento parte del argumento y ya me dirán ustedes:

Un pintor, sin nombre revelado en toda la obra, llega como casi por casualidad a una especie de antigua ermita que actualmente funciona como hotel, pero regentada por curas, monjas y demás personajes religiosos.

Nuestro protagonista se entera de que en los próximas días se celebrarán unas jornadas de meditación a las que acudirán la flor y nata del país, desde el presidente y ministros, hasta peces gordos de la banca y la industria, por lo que decide quedarse a ver qué se cuece, cosa que consigue valiéndose de su influencia.

Dado que en ese primer día de estancia las únicas ocupantes parecen ser cinco llamativas jóvenes, nuestro protagonista (gustos hay de todo tipo) aprovecha para acercarse y conocer al padre Gaetano, sacerdote y jefe de hotel, que se convierte rápidamente en la figura central de la novela, y con el cual surge una complicidad que no sabemos hasta qué punto es real y hasta cuál imaginada por el pintor.

También con rapidez (todo tiene que ser rápido a la fuerza, es una novela realmente corta), en cuanto llegan los afamados huéspedes se producen una serie de actos que forman el argumento en sí de la novela. Y hasta aquí podemos leer sin destripar el argumento.

Tildada por la posterioridad como profética (publicada unos 4 años antes del asesinato y secuestro de Aldo Moro) y por la crítica como novela de fuerte carga social, la verdad son estos aspectos que no he detectado en ningún momento, quizá por mi inevitable distanciamiento con el régimen italiano de la época. De hecho, si cito La Montaña Mágica y El nombre de la Rosa es por la sensación de aislamiento y mundo propio que me han hecho sentir las tres.

Aunque he leído en bastantes sitios que Todo modo se podría catalogar como novela negra, no encaja para mí dentro de lo noir: No hay un Sherlock Holmes – ni, más importante, un Watson – si no contamos las deducciones que se le ocurren al propio pintor y que hace llevar al personal encargado de resolver el caso, que por alguna razón desconocida parecen tomarlas en consideración. Sí que hay, pululando a lo largo de todo el libro, algo de brumoso, pero con una niebla que más que ocultar de misterio acoge parece tener forma de existencialismo – mérito del padre Gaetano.

De hecho, lo mejor de la novela, para mí, son los parlamentos entre el pintor y el padre Gaetano, o más bien todos los momentos en los que aparece este último, verdadero eje central del libro. Aunque de inevitable tendencia religiosa, se nos muestra un personaje maquiavélico y manipulador con el que en ningún momento los lectores sabremos a qué atenernos. Mención aparte para su final, lo que para mí descarta definitivamente el género negro: simplemente, no cumple las reglas no escritas del género.

Sciascia se sirve de la oportuna amistad entre el personaje del juez instructor, compañero de la infancia del protagonista, y de la complicidad que surge entre este y el comisario para irnos dando migajas del – nulo – avance en el caso.

Con estos tres personajes centrales, acompañados de un cocinero acongojado por las circunstancias que personifica al personal laico del hotel, y un comisario con más ganas de retirarse que de solucionar el caso, cumpliendo este el papel de policía pasota y corrupto que presuntamente preponderaba en la época, Leonardo Sciascia construye una novela muy bien formada, excelentemente escrita, con numerosas citas (muchas de las cuales, vergüenza de mí, ignoro) que nos hablan de alta cultura pero aún así accesible y perfectamente disfrutable.

Lo abierto del final, que no sé si se deberá a que fue escrita para una época y un lugar muy concretos o es así por decisión artística, y las referencias críticas que no he conseguido advetir en la novela, la alejan, a mi juicio, la calificación de Imprescindible, pero con los suficientes méritos propios como para alzarse con un Muy Recomendable.

Pero ojo, me da la sensación – tan manida pero a la vez tan cierta - que es de esos libros que el no poder disfrutarlo al máximo es más culpa de (la ignorancia) del lector que del oscurantismo del autor.

PD: Y sí, no es tan divertida como Hotel Pánico, pero es que hablar de la época buena de Superlópez ya son palabras mayores...

Otras (bastantes) obras de Leonardo Sciascia en ULADaquí

Firmado: EPS

domingo, 6 de junio de 2021

Leonardo Sciascia: El día de la lechuza

 Idioma original: italiano

Título original: Il giorno dela civetta

Año de publicación: 1961

Valoración: Muy recomendable


No voy a descubrir, a estas alturas, el oficio del gran Leonardo Sciascia (1921-1989), su habilidad para sacar a la luz los trapos sucios de la sociedad que retrata, su ácido humor etc. Sí aclararé, para quien todavía no conozca a este escritor, que las sinopsis sobre su obra que van a encontrar en (casi) todas partes no suelen hacer justicia a sus novelas. En cuanto a esta que nos ocupa, lo de menos es que se asesine a alguien, incluso si este hecho es el que desencadena la acción, recordemos que fue la primera obra que habla claramente del asunto con perspectiva crítica e inaugura todo un subgénero obviamente imprescindible.

Porque hay muertes, sí, pero lo que se nos cuenta no es más que una excusa para hablar de otras cosas, y porque quien se acerque a El día de la lechuza con la esperanza de encontrar una trama policiaca al uso, con pistas, sospechosos y una investigación en la que el lector participa como un investigador más, es muy probable que quede defraudado. Ustedes objetarán que, efectivamente, en esta novela podemos encontrar todo eso, y no digo que no, pero el autor utiliza a su manera las pautas del género negro, se aparta de sus convenciones y va directo a lo que le interesa, que más que la intriga en sí misma son los aspectos político-sociales y sus consecuencias éticas y jurídicas. Por eso, en lugar de un enjambre de detalles vamos a encontrar un texto más bien sintético –síntesis que tiene lugar en una segunda versión y cuya función es, sobre todo, autoprotectora– donde el foco ilumina algunas personalidades, conductas, investigaciones e interrogatorios; en concreto, todo aquello que refleje la relajación de las costumbres y corrupción de la autoridad en una Sicilia que puede ser el paradigma de cualquier lugar y época donde la infección se haya propagado lo suficiente para que pueda compararse con la isla italiana.

Lo entenderemos mejor si, en vez de hablar de personajes, nos centramos en los bloques donde estos se integran. Por una parte la autoridad corrupta presente, la autoridad ausente que avala a esta con su poder superior y casi indestructible y, como factor esencialísimo aunque intercambiable, los brazos ejecutores, que son los únicos susceptibles de pagar el pato mientras los anteriores se lavan las manos tranquilamente. Al otro lado, el pueblo temeroso y mudo mientras pueda, algún confidente casi siempre involuntario, y una autoridad insobornable que aporta el factor maniqueo al relato pero que es necesario para mantener cierta dosis de optimismo y porque esas personas existen (haberlos, haylos y, de hecho, su cara visible se inspira en una figura real) aunque, por desgracia, se puedan contar con los dedos.

A partir ahí encontraremos tejemanejes, negocios, encubrimientos, argucias que triunfan, o no, algo que en el fondo es irrelevante, simple cuestión de detalle. Lo que importa es que el muestrario de los más deleznables comportamientos supera lo individual y acaba convirtiéndose en una malla que vertebra el tejido social y convierte la convivencia en un estercolero inmundo. Por eso, para el puñado de personajes que están en el ajo –la mayoría de los que se presentan con cierto detalle– la mafia no existe, no es más que un invento de gente obsesionada, como el capitán Bellodi, que se empeña en triunfar a costa de los sufridos paisanos, esos que trabajan para atraer el progreso y la fortuna. Esta actitud negacionista –palabra, por lo demás, muy de moda en estos tiempos– no se reduce a la localidad donde se producen los hechos, en la vida real, tal como reveló el propio Sciascia, era la que imperaba en el propio gobierno de la nación, el cual, solo tres años después, hubo de recoger velas y crear una comisión parlamentaria que investigase una realidad tan palpable.

“… le comprendo: no es siciliano, y los prejuicios son duros de pelar. Con el tiempo se convencerá de que todo es un montaje. Pero mientras tanto, por favor, vigile atentamente las investigaciones de ese Bellodi…”

Lo que hay que hacer es callarse, todo irá bien mientras nadie se vaya de la lengua (pero ese tal Bellodi, aunque sea forastero, no parece nada tonto y es capaz de idear alguna treta que confunde a alguno y acaba consiguiendo que hable). Callarse y, por supuesto, dejarse proteger por esos ciudadanos honrados que se ocupan de que todo se mantenga en su sitio, nada de emprender negocios al margen de la comunidad, y si por casualidad ocurre, lo primero es librarse de elementos así, lo segundo y no menos importante, dejar claro que esa clase de comportamientos no se van a tolerar en ningún caso, que escarmiente en cabeza ajena quien sienta la tentación de hacer lo mismo. En cuanto a los que representan la parte más débil, con que no molesten nos vale.

“… porque el pato no tengo que pagarlo solo yo, también los trabajadores deben pagar su parte… Y desde hace dos semanas no cobran su salario… -Desde hace tres meses –corrigió el otro sonriendo. –No lo recuerdo con precisión…. Y, claro, me vienen a protestar: pitadas delante de mi casa, palabrotas que no quiero repetir: es para matarles… Entonces voy a verle a él y ¿sabe lo que me dice? “¿Ha comido usted hoy?” “He comido”, le digo. “Y también ayer”, dice él. “También ayer”, digo yo. (…) “Y esos que han ido a montar bronca delante de su casa, ¿han comido hoy?” Le iba a decir: “Y a mí que puñeta me importa si han comido o no han comido?”, pero, por educación, le contesto: “No lo sé”. Él me dice: “Debería informarse”.

¿Qué hay que hacer para desenmascarar a quienes han tejido esa red, prácticamente impenetrable? Pues lo que hace Bellodi, lo que se ha hecho en cualquier sitio cada vez que se ha investigado con rigor: seguir el rastro del dinero. Pero el trabajo ha de ser ímprobo porque el embrollo es enorme –en él están implicadas, para bien o para mal, todas las tendencias políticas y estamentos sociales– y aquí se encuentra condensado en un centenar y medio de páginas, verdaderamente complejas, que merece la pena leer con atención.

 Traducción: Juan Ramón Azaola

También de Leonardo Sciascia, todos estos títulos.

jueves, 12 de julio de 2018

Eduardo Halfon: Biblioteca bizarra

Idioma: español
Año de publicación: 2018 (como libro)
Valoración: recomendable

He de confesar que éste es el primer "Halfon" que leo. Y también confieso (o, mejor, prometo) que no va a ser el último. De hecho, la mayor objección que le puedo poner a este librito de poco más de 100 páginas es que me ha sabido a poco.porque se trata de uno de esos libros misceláneos, una recopilación de artículos y otros textos ya publicados aquí y allá, que sirven de perfecto aperitivo, de entrante para abrir el apetito a obras más extensas y con más chicha (lo que no significa con más sabor) a las que hincarle el diente.

No son muchos los capítulos, pues ya digo que el libro no es muy extenso: seis artículos, en principio variados, pero que tienen en común, de una u otra forma, el veneno inoculado de la literatura, tanto en su vertiente lectora como, en su caso,  en la práctica de la escritura. También la memoria, la personal y la familiar, que, me parece, es uno de los motores que mueven la obra literaria de este autor; de hecho, los vericuetos de la memoria son el tema principal -incluso en su título- de uno de los "capítulos" del libro, La memoria infantil.

Los demás textos, pese a su carácter diverso, ya digo que guardan también una relación entre sí, un hilo invisible que los une y que, sin ceñirlos en exceso, sí que les otorga una cierta coherencia: Biblioteca bizarra, que da título al volumen, es un repaso, con un aire algo calviniano, a una serie de bibliotecas personales que el escritor ha conocido -o incluso de ninguna manera ha podido conocer, como ocurre con la última, La biblioteca mojada-; en algún caso la descripción se hace de las bibliotecas de escritores conocidos: reconozco que cuando leí la que dedica a la de Leonardo Sciascia -o más bien a su colección de retratos de otros escritores-, conservada en la fundación que lleva su nombre, Halfon me ganó para la causa...

Los desechables, el segundo capítulo del libro, se refiere a una reunión que tuvo este autor en una biblioteca de barrio de Bogotá con personas que vivían en la calle y trataban de sobrevivir a ésta y al infierno de la adicicón que les había llevado a ella. Halfon, boy es la rememmoranza de la gestación y nacimiento de su hijo, que el autor entrevivió con la traducción de los poemas de William Carlos Williams, lo que le da pie para una nueva reflexión sobre la creación y sus complejidades, tanto referida a la literatura como a la de la vida de una persona. En Saint-Nazaire el escritor que le sirve para llevar a cabo estas reflexiones es Chéjov, cuya correspondencia estudia mientras se encuentra en esa localidad francesa, al tiempo que contempla el mamotreto de la base alemana de submarinos de la II Guerra Mundial (esas megaestructuras nazis, siempre tan sugerentes...).

Dejando aparte la ya mencionada La memoria infantil, el último capítulo del libro es quizás el mejor de todos: un artículo publicado originalmente en inglés titulado Mejor no andar hablando demasiado, en el que Eduardo Halfon va trenzando la historia reciente de su país, Guatemala, con la suya personal y su descubrimiento tardío y abducción por parte de la literatura. un artículo que avanza con una nostálgica suavidad hasta que Halfon, que como narrador no tiene un pelo de tonto (no va con segundas), de pronto incrementa la tensión hasta terminar con un mazazo que te deja sin respiración, pero, sin dudas con ganas de leer más, mucho más , de este escritor.

Termino ya, tranquilos todos, enlazando con la referencia anterior al gran Sciascia. Porque este librito -de apabullante sobrecubierta, hay que señalar- me ha recordado a alguno de este escritor siciliano, como Negro sobre negro, en el que también se aunaban una serie de reflexiones sobre las sutilezas de la vida o sobre las circunstancias histórico.políticas de su país con otras puramente literarias, de una exquisitez y sensibilidad inigualables. Al menos, para mí como lector, inigualables hasta ahora, que he descubierto a Eduardo Halfon.


Otros títulos de Eduardo Halfon reseñados en Un Libro Al Día: MonasterioSignor HoffmanDuelo

jueves, 27 de marzo de 2014

John Dickie : Cosa Nostra

Idioma original: inglés
Título original: Cosa Nostra
Traductor: Francisco Ramos
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

            En esta vida, cada cual tiene sus debilidades (por no decigangsters o el supuesto glamour (o falta del mismo) de la “honorable sociedad”, por encima de todo disfruto y admiro el rigor y la inteligencia a la hora de abordar un tema, sobre todo si éste es espinoso, como es el caso. Y rigor e inteligencia es lo que abunda en este libro de John Dickie.
r vicios) y la mía, lo confieso, son las historias de mafiosos, ya sea como tema literario, en formato película o serie de televisión. Ahora bien, por más que me pueda sentir atraído por el morbo de las historias de

            Para ello, el autor echa mano de las herramientas del historiador, más que de las del literato o incluso el periodista (no quiero decir que todos los historiadores hagan gala del mismo rigor, ni tampoco que no lo puedan hacer literatos o periodistas...) a saber: la documentación, la metodología y el sentido común. Y digo documentación porque, si bien es cierto, como comentaba Sciascia, que estamos hablando de una sociedad secreta de carácter criminal que, por su propia naturaleza, no deja ningún tipo de documento interno (a no ser que consideremos como tales los pizzini de Bernardo Provenzano, sobre los que ha escrito Camilleri), sí que existe, casi desde el primer momento de su aparición, en el siglo XIX, abundante documentación judicial (procesos, interrogatorios...), informes realizados  sobre el terreno por expertos, miles de noticias y artículos periodísticos sobre la Mafia, tanto en Italia como en Norteamérica, confesiones de mafiosos prominentes, como Buscetta, entrevistas con algunos de ellos (para los fans de Andrea Camilleri, no perderse el diálogo entre el viejo mafioso Gentile y un joven dutturedu, precisamente sobre lo que significa ser mafioso. No tiene desperdicio) y cientos de libros, entre ellos autobiografías de capos especialmente vanidosos.

            Haciendo gala de un estilo narrativo impecable, Dickie nos va desgranando todos los momentos de la historia de la Cosa Nostra, tanto siciliana como italoamericana (al menos, hasta que ambas se desligaron de forma definitiva), desde su aparición en la Conca d’Oro y Palermo, más o menos al mismo tiempo que el propio Estado italiano, su ligazón con la oligarquía local y su infiltración en los fascios campesinos;  las andanzas de la famosa Mano Negra, el establecimiento en Estados Unidos; la persecución por parte de Mussolini y el prefecto Mori; el post-fascismo y el alineamiento de la Mafia con la DC, el misterio del caso de Salvatore Giuliano, el enriquecimiento por medio del pelotazo urbanístico, en el llamado “saqueo de Palermo” ( ya vemos que en España ni siquiera hemos inventado eso); la eclosión del tráfico de droga a gran escala y el consiguiente desequilibrio de poder, origen de las “guerras mafiosas” de los años 60 y 80, que llevaron al poder en la Cosa Nostra siciliana a los militaristas corleonesi, capaces incluso de enfrentarse con el propio Estado, en vez de colaborar con él, como había hecho la Mafia hasta entonces. También habla de la aparición del movimiento anti-Mafia y de sus contradicciones (que llevaron incluso a cuestionar la honorabilidad de Leonardo Sciascia, uno de los primeros en denunciar en Italia el peligro que era la Mafia, cuando para la mayoría no pasaba de ser un tema folklórico… Esto también nos suena de algo, me temo). Aunque por desgracia, el libro fue publicado justo antes de la detención de Provenzano, el último capo di tutti i capi.

            Dickie rebate también algunas de las “leyendas” más habituales sobre la Cosa Nostra: el origen medieval de la organización (y del propio término “Mafia”), su supuesto "atraso";  su inserción dentro de la tradición y peculiaridad de la cultura siciliana; la ayuda que prestó la organización a las fuerzas aliadas, durante la liberación de Sicilia (y la realidad, una vez más, resulta menos colorista pero más inquietante)…

            En definitiva, una obra de investigación histórica exhaustiva e imprescindible para quien esté interesado en el tema. Y un libro magnífico, que cuenta un relato absorbente, también para quien no esté especialmente interesado. Muy recomendable.

También de John Dickie en ULAD: ¡Delizia!

martes, 11 de junio de 2019

Magius: El método Gemini


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Decía Leonardo Sciascia que la mafia es “una asociación criminal con fines de lucro ilícito que se interpone parasitariamente y con medios violentos entre la propiedad y el trabajo, entre la producción y el consumo, entre el ciudadano y el Estado”. De este asunto, el escritor siciliano sabía bastante, al igual que el napolitano Roberto Saviano, que advierte que el cine de Coppola o de Scorsese han ofrecido un relato edulcorado, abrillantado, de este tipo de criminales. ¿Qué empuja al cerebro de un dibujante murciano a meterse en el empeño de querer contar de manera fidedigna la trayectoria de un mafioso neoyokino de siglo pasado? Misterio. Por supuesto desconozco la explicación, pero desde luego reconozco que El método Gemini me ha sorprendido y me ha fascinado.

De acuerdo que el islote de Manhathan y sus aledaños sea quizás el milímetro cuadrado más mitificado del mapamundi y que sus calles, sus edificios, sus barrios, las escaleras, andenes y el plano del metro, sus avenidas, puentes y muelles formen parte de la tarjeta gráfica que llevamos incorporada. Pero que alguien que jamás ha puesto allí los pies le dedique un cómic a esas calles y a los tipos que las infestan y lo haga de manera pulcra, mordaz, veraz y atractiva a mí me resulta definitivamente meritorio. Es así en el caso de Magius, el nombre que Diego Corbalán (Murcia, 1981) tomó prestado del monje miniaturista del siglo X para firmar sus ilustraciones y cómics, género en el que se inició a través de fanzines de black metal a los que siguieron álbumes como Murcia, una corrosiva y desternillante visión de la séptima ciudad más poblada de España en la que el autor insistía en su predilección por diseccionar sociedades y grupos cerrados, secretos, sus formas y rituales y su manera de alcanzar y gestionar el poder y el dominio por la fuerza.

Con estos antecedentes, supongo que poner en el punto de mira el barrio de Canarsie, en Brooklyn, y la vida de Roy Albert deMeo (1942 / 1983) ya puede ser considerado más fácil de entender. El tipo en cuestión, para la ocasión rebautizado como Mickey DioGuardi, tuvo una exitosa trayectoria criminal; en sus inicios trabajó como banquero y a su olfato para invertir en nuevas posibilidades de negocio agregó una genuina falta de escrúpulos así como grandes dosis de crueldad y ambición para labrarse un venturoso porvenir que le llevo a ser captado y promovido por las estructuras mafioso/criminales que dominaban algunos de los sectores más lucrativos de Nueva York. El tipo en cuestión hizo carrera con la sede central de su organización radicada en un bar de su barrio, el Gemini Lounge, dedicada a todo tipo de trapicheos y delitos, como el robo, desguace y exportación de automóviles de lujo, muy en la línea que explicaba Leonardo Scaiscia. Allí puso en marcha y desarrolló hasta la excelencia el que fue conocido como método Gemini, una discreta y eficiente manera de asesinar y hacer desaparecer cadáveres, se calcula que al menos un par de centenares, gracias al aprendizaje en su adolescencia del oficio de carnicero y de la técnica para descuartizar animales.

Pero El método Gemini no cae en el error que señalaba Roberto Saviano porque transmite una sensación pegajosa e incómoda de vísceralidad, de violencia cruda y sistemática, de oportunismo sin escrúpulos y obsesión por el dominio, del lucro por sometimiento y de la ramplonería del poder, de la ostentación de la bestialidad y del orgullo por vínculo de sumisión, de lo miserable de las jerarquías autoritarias y el brillo de la ostentación hortera. Lo hace a través de un dibujo pulcro y depurado pero, especialmente, a través de la opción por los colores primarios –rojo, azul, amarillo- que confieren al relato una atmósfera algo así como delirante, alucinada. Como contrapunto, los diálogos, directos y punzantes, y el desarrollo cerrado de escenas como secuencias narrativas, van aportando matices, detalles, contexto, que dotan a la narración de ritmo, elocuencia e interés. A mí, que tampoco he puesto jamás los pies ni en la Gran Manzana ni aledaños, la novela de Genius me lo ha hecho pasar en grande.




domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.