domingo, 30 de septiembre de 2018
Leonardo Sciascia; El mar color de vino
lunes, 29 de junio de 2015
Leonardo Sciascia: El caballero y la muerte
Idioma original: italianoDe la misma forma que se enfrenta a la muerte el "caballero" protagonista de la novela: el Vice, un oficial de policía enfermo de cáncer que ha de resolver el asesinato de un importante abogado, en una ciudad italiana sin identificar (por ciertos datos, podría ser Turín). Un crimen cometido, aparentemente, por un supuesto nuevo grupo revolucionario que se hace llamar "Los hijos del 89"... aunque el caso está enturbiado por la implicación en él del Presidente, no de la República Italiana, sino de las Industrias Reunidas, alguien que parece ser incluso más poderoso... El personaje del Vice, por otro lado, no tiene nada que ver con el tópico policial; más bien resulta ser un trasunto del propio Sciscia: siciliano, exquisitamente culto y erudito, dado a la reflexión, al apunte filológico o histórico, incluso a filosofar....un personaje contado con una elegancia que se extiende a todo el texto, y por supuesto, al estilo con que está escrito. Elegancia que es marca de la casa, como ya sabrán sus lectores.
Por supuesto, El caballero y la muerte, novela a la que el autor puso el subtítulo de sotie ("tontería" en francés, pero también farsa o sátira teatral), guarda un carácter de alegoría irónica y hasta sarcástica, en ocasiones. Recordemos que Sciascia no sólo fue un escritor siciliano que denunció los tejemanejes de la mafia de su tierra, conchabada con el poder político y económico; también ejerció como político en los años "de plomo" en que Italia se vio envuelta en la llamada" estrategia de la tensión", con grupos terroristas, tanto de la extrema derecha como de la izquierda, actuando a veces por motivaciones poco claras y con la intromisión de los servicios de inteligencia o de -otra vez-los poderes políticos y económicos (de hecho, Sciascia fue unos de los parlamentarios de la comisión encargada de dilucidar el asesinato de Aldo Moro). De ahí que tuviera una opinión bastante desconfiada sobre lo que pudiera ocultarse detrás de este tipo de organizaciones, como ya dejó ver en una novela de 1971, El contexto.
El caballero y la muerte no es una novela policíaca redonda. No es tampoco -creo yo- la mejor novela de Sciascia: se me ocurren como obras mejor acabadas El consejo de Egipto o El día de la lechuza, por ejemplo. Y aunque aquí este escritor sí se explaya, en gran medida, sobre sus pensamientos y observaciones sutiles, no es tampoco, ni mucho menos, el único libro donde plasma todo su escepticismo humanista, su visión de la sociedad en la que le había tocado vivir. Pero sí que es, desde luego, su libro más conmovedor y emocionante, más comprensivo y compasivo. y eso, tratándose de Leonardo Sciascia, no es poco, precisamente.
Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al Día: aquí
domingo, 30 de agosto de 2015
Matteo Collura: Sciascia. El Maestro de Regalpetra
Idioma original: italianoTítulo original: Il maestro di Regalpetra. Vita di Leonardo Sciascia
Año de publicación: 1996
Traductora: María José Palomero
Valoración: Muy recomendable
Tampoco se esconden aquí las polémicas que vivió este hombre de letras y de acción, que no huía de ellas, pese a su carácter eminentemente pacífico y para nada pendenciero. Pero era un hombre valiente, como ya demostró sobradamente al ser de los primeros y más decididos denunciantes de la opresión mafiosa que vivía Sicilia. Por eso, seguramente uno de sus momentos más amargos los vivió cuando, a raíz de un artículo suyo sobre el nombramiento del juez Borsellino (más tarde asesinado por la Cosa Nostra), fue acusado por los "fanáticos de la anti-mafia" de cierta connivencia, si no con tal organización, sí con su espíritu -o, cuando menos, de compartir el derrotismo interesado de sus valedores-... ¿A alguien le suena algo parecido? No, claro, en la impoluta democracia española no pasan ni han pasado nunca estas cosas... Otro momento "delicado" de su vida pública ocurrió cuando formaba parte, como diputado del Partido Radical, de la comisión parlamentaria encargada de investigar el secuestro y asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas. Sus sospechas y disquisiciones sobre la naturaleza de este grupo le darían -y de hecho, ya le habían dado- para más de un libro.
Una biografía ésta que es, pues, el retrato de un hombre inteligente, lúcido, irreductible en su independencia intelectual; un hombre y un escritor de una pieza que supo mantener su integridad en una época y un lugar complicados para hacerlo, que además supo escribir una buena muestra de magníficas obras, y convertirse en un referente literario y cívico de primer orden. Una muy buena biografía escrita, además, por otro siciliano amante de su tierra y que nos brinda la oportunidad de conocer mejor a ese maestro de las letras que fue Leonardo Sciascia.
viernes, 22 de marzo de 2013
Leonardo Sciascia: Muerte del inquisidor
Título original: Morte dell'Inquisitore
Año de publicación: 1964
Valoración: Muy recomendable
Leonardo Sciascia (que se pronuncia, más o menos, como "Shasha") es una figura interesante de la literatura y la cultura italiana de la segunda mitad del siglo XX: profesor, periodista, político (famoso por sus discursos irónicos, directos, afilados) y escritor de novelas policiacas alejadas de la norma, sin un final cerrado y reconfortante; un escritor que mucho antes que Saviano se atrevió a retratar el mundo de la mafia y sus promiscuas relaciones con el poder político y económico.
Esta Muerte del inquisidor es una obra peculiar, una reconstrucción histórica pero con un inevitable aire de relato novelesco. Recrea, a través de una documentación bastante amplia, el asesinato del inquisidor Juan López de Cisneros a manos del fraile Diego La Matina en 1657, durante el proceso de interrogatorios (léase torturas) a que el fraile fue sometido antes de ser condenado a morir en la hoguera. La obra parte de un misterio casi policiaco: el origen desconocido de la persecución de la Inquisición contra La Matina: ¿quizás algún tipo de herejía religoso-política relacionada con el cuestionamiento de la propiedad privada? ¿Por qué, si era en efecto un hereje peligroso, la Inquisición encarceló y condenó a La Matina a varias penas menores antes de su condenación definitiva?
El "caso" que da origen al texto sirve de punto de partida para la presentación más amplia del régimen de terror implantado por la Inquisición en Sicilia, y en el resto de los reinos cristianos durante varios siglos: un régimen de delaciones, torturas, abusos de poder, brutalidad y fanatismo en el que, viene a decir Sciascia a lo largo del texto, la religión no pasaba muchas veces de una mera excusa para el ejercicio de un poder absoluto y arbitrario. Del mismo modo que el caso de De La Matina sirve para representar a toda la Inquisición, la Inquisición sirve para representar a todas las formas de poder omnímodo e ilimitado, sea cual sea su origen.
La lectura del texto gana con el paso de las páginas: al principio resulta fácil perderse entre la maraña de datos, nombres, fechas y documentos, hasta encontrar el hilo central que guía la historia. Después asistimos fascinados (con una fascinación algo morbosa, es cierto) a la representación de los terrores de las sesiones de tortura y las iniquidades de un sistema seudo-judicial sádico y corrupto.
Por cierto que el traductor de la obra, Rossend Arqués, merece una mención especial por su trabajo en la traducción de los fragmentos de documentos de los siglos XVI y XVII, en los que ha hecho un esfuerzo por reproducir la distancia gráfica y gramatical del original italiano, imitando la ortografía vacilante del español de la misma época. Probablemente un experto en historia de la lengua española pondría algunos reparos a algunas de las soluciones adoptadas, pero para el lector no especialista el efecto está muy bien conseguido. Algo menos mérito tiene el corrector ortotipográfico del texto (cuyo nombre nunca conoceremos) al que se le han escapado algunas erratas molestas (acentos, comas que sobran, espacios que faltan, etc.).
Nota final: Es imposible (para mí, por lo menos) hablar de Sciascia y de sus obras y no pensar en Andrea Camilleri, otro escritor siciliano, admirador de Sciascia para más señas, y que, como él, compagina la escritura de novelas policiacas (frecuentemente muy críticas con el sistema policial, político y judicial) y el compromiso político. De hecho, esta Muerte del inquisidor me ha recordado en cierto modo a Las ovejas y el pastor, una obra igualmente a medio camino entre el ensayo histórico y la novela, y que también reflexiona sobre el poder religioso, su vinculación con los poderes más terrenos y sus consecuencias en la vida social siciliana. La obra de Sciascia, en todo caso, tiene una profundidad y una resonancias más amplias que la de Camilleri.
Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al Día: aquí
viernes, 27 de agosto de 2021
Leonardo Sciascia: A cada cual lo suyo
jueves, 27 de noviembre de 2014
Leonardo Sciascia: El archivo de Egipto
Idioma original: italianoTítulo original: Il consiglio d'Egitto
Año de publicación: 1963
Valoración: recomendable
Leonardo Sciascia es conocido sobre todo por sus novelas policiacas, algunas de ellas ya reseñadas en este blog; sin embargo, más que a un género, a Sciascia hay que relacionarlo con un espacio: Sicilia. (Así entre paréntesis, no está mal la nómina de 25.000 km2: Lampedusa, Quasimodo, Pirandello, Camilleri...). Y en este caso, Sciascia se acerca a este espacio a través del molde de la novela histórica, aunque, como era de esperar, con un toque muy personal.
La trama central de El archivo de Egipto (o El consejo de Egipto, en otras ediciones) es la historia de una falsificación: a finales del siglo XVIII el abate Vella, para poder ascender en la jerárquica sociedad siciliana y obtener reconocimiento y prestigio, altera un manuscrito árabe que narra la vida de Mahoma, para transformarlo en una desconocida historia de Sicilia; animado por el éxito de su empresa, pasa luego a inventar un amplio volumen, también supuestamente árabe, El archivo de Egipto, que permitiría demostrar que los nobles sicilianos han llevado a cabo una tarea secular, casi milenaria, de expropiación de los bienes comunes.
Aunque esta trama es la principal, y la peculiar psicología del abate Vella (ambicioso, manipulador, inteligente, escurridizo) es lo más memorable, los demás materiales literarios añadidos a este tronco principal contribuyen a crear una obra coral, en la que se retrata el conjunto de la sociedad de Palermo, con sus tensiones entre la monarquía renovadora y la nobleza feudal conservadora, entre los primeros iluministas y los guardianes inquisitoriales de la ortodoxia. Así, surge, como único héroe posible de esta historia, la figura del abogado Di Blasi, cabecilla de una revolución fallida contra los poderes establecidos.
Se perciben así en esta novela algunos de los temas permanentes en la obra de Sciascia: la crítica al poder absoluto y al fanatismo, la reflexión sobre el origen de los males de Sicilia o la oposición constante entre fuerzas modernizadoras y tradicionalistas. También hay en El archivo de Egipto un cierto barroquismo en el estilo y en la estructura que son muy propios del autor, que nunca cuenta solo lo que parece estar contando a primera vista. Esto hace que la lectura de El archivo de Egipto no sea necesariamente fácil, pero sí muy rica en interpretaciones.
También de Leonardo Sciascia en Un Libro Al Día: aquí
miércoles, 29 de julio de 2015
Leonardo Sciascia: Los apuñaladores
Idioma original: italianoTítulo original: I pugnalatori
Año de publicación: 1976
Traducción: Juan Manuel Salmerón
Valoración: recomendable
martes, 19 de agosto de 2014
Leonardo Sciascia: Una historia sencilla
Idioma original: italianoTítulo original: Una storia semplice
Traductor: Carlos Manzano
Valoración: Muy recomendable
Ésta es la última novela (y el último libro) que escribió uno de los grandes de la literatura italiana, Leonardo Sciascia, precisamente entre sus sesiones médicas, cuando ya la enfermedad que padecía le conducía hacia un final inevitable. Se publicó justo antes de su muerte, en 1989.
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lunes, 29 de noviembre de 2010
Leonardo Sciascia: Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel
Idioma original: italianoTítulo original: Atti relativi alla morte di Raymond Roussel
Fecha de publicación: 2010 (primera edición: 1971)
Valoración: Muy recomendable
De Raymond Roussel se sabe que fue poeta, novelista, dramaturgo, músico y ajedrecista, y que tuvo gran influencia sobre los surrealistas y los autores de la nouveau roman. También se sabe que dedicó su vida a la escritura y que murió el 14 de julio de 1933 en el Hotel des Palmes de Palermo, aparentemente debido a una sobredosis de barbitúricos. Y digo "aparentemente" porque todas las actas oficiales referentes a su muerte tienen la misma fecha: el 14 de julio, lo que quiere decir que en apenas medio día se encontró su cadáver, se hicieron las pertinentes investigaciones (?) y, sin autopsia de por medio, se dio por válido que la causa de su muerte había sido la ingesta masiva de medicamentos con la intención clara de quitarse la vida.
Treinta y ocho años después, Leonardo Sciascia recupera esas actas y decide investigar concienzudamente los hechos que rodearon la muerte del célebre escritor. La primera parte del libro es la exposición de esos hechos (por ejemplo, se sabía que estaba en el hotel con una mujer que ocupaba la habitación contigua y cuyas declaraciones en relación a Roussel y al momento en que se encontró su cadáver eran contradictorias) y las preguntas que se hace Sciascia al respecto: no queda claro por qué se omitieron (o se pasaron por alto con una desvergüenza sorprendente) ciertos detalles que habrían sido claves para la investigación y que habrían podido desestimar el suicidio como causa de la muerte, por qué los periódicos italianos no hablaron del deceso hasta varios días después, por qué el caso se cerró en apenas medio día en un país en el que la burocracia es excesivamente lenta y cualquier investigación se demora meses innecesariamente, etc.
La segunda parte del libro, escrita por Julio Reija (también el traductor del texto de Sciascia), es un llamamiento a re-valorar el trabajo de este autor italiano, quien dedicó su vida a escribir obras denunciando la manipulación, la desinformación y las mentiras a las que estaba sometido el pueblo por parte de los gobernantes. Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel, por tanto, más que un intento de descubrir qué ocurrió en la habitación 224 del Hotel des Palmes el día 14 de julio de 1933, es una pequeña joya que denuncia las malas artes de las instituciones y el borreguismo al que todos estamos sometidos, y que nos hace pensar si hoy en día esto ha cambiado algo. Desgraciadamente, yo diría que no.
domingo, 14 de mayo de 2017
Leonardo Sciascia: Los tíos de Sicilia
Idioma original: italianoTítulo original: Gli zii di Sicilia
Traducción: Rossend Arqués
Año de publicación: 1.958-1.960
Valoración: Recomendable
domingo, 12 de mayo de 2013
Leonardo Sciascia: Puertas abiertas
Título original: Porte aperte
Año de publicación: 1987
Valoración: Recomendable
Tengo la sensación de que las novelas de Leonardo Sciascia (aunque solo he leído dos, y por lo tanto estoy extrapolando) no pueden calificarse propiamente de novelas policiacas, sino más bien de novelas políticas con una excusa policial. No son, desde luego, novelas policiacas al uso, ni del género whodunit ni hard-boiled, y el "caso" policial es en realidad una excusa para reflexiones de mayor calado, basadas en la realidad siciliana pero aplicables al resto de Italia y del mundo.
Ese es, por lo menos, el caso de Puertas abiertas, una novela aparentemente inspirada en un caso real. Como en toda novela policiaca, hay un crimen: en 1937, en pleno auge del fascismo de Mussolini, un hombre asesina con premeditación a su mujer, al jefe que lo ha despedido y a la persona que ha ocupado su cargo; pero este crimen es únicamente el origen, no el núcleo de la novela. En realidad, el personaje central es el juez ad latere del caso, que sabe que el acusado es culpable -así lo ha confesado el propio reo-, pero que debe decidir si le aplica la pena de muerte, como quiere todo el lobby jurídico y político, o si, de acuerdo con sus convicciones, lo condena "solo" a cadena perpetua.
Sciascia, como hacía en Muerte del Inquisidor (aunque en un género textual distinto), utiliza por lo tanto el caso puntual como origen para una reflexión, densa y demorada, sobre el poder, la justicia, la dignidad y la honestidad en medio de un ambiente corrupto que clama pidiendo sangre: prensa, abogados, políticos, policías y el conjunto de una sociedad anestesiada que viste la escarapela del fascismo aunque no crea en él. En una Italia en la que, según la propaganda oficial, "se duerme con las puertas abiertas", la realidad es que todo el mundo tiene miedo de todo el mundo, y la lealtad a unos principios puede costar cara.
Traducción de Ricardo Pochtar.
Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al Día: aquí
martes, 16 de mayo de 2023
Colaboración: Todo modo, de Leonardo Sciascia
Título original: Todo modo
Traducción: Joaquín Jordá
Año de publicación: 1974
Valoración: Muy recomendable
Siempre me ha parecido un acierto y modelo a copiar por la crítica de otras ramas del saber la diferencia que se establece en enología, (disciplina a la que soy totalmente ajeno), entre lo que se le suele llamar “gusto” y “regusto”. Esto, como profano, lo entiendo como la diferencia de sensaciones que te produce algo (un “input”, se mal llamaría ahora) en el momento del consumo y en su digestión; y que conste, hablo de vinos porque de momento no me he dado a las drogas, ni tampoco quiero propugnar su uso. Por cierto, al contrario que en la comida, soy acérrimo defensor de las novelas de digestión pesada, profunda y laboriosa.
No es este el caso, puesto que es una novelita corta que se puede despachar en un par de horas a placer. Y hablo del gusto/regusto porque, a pesar de su brevedad, me ha recordado muy claramente a tres obras muy distintas entre sí (y, al menos dos de ellas, bastantes más largas), sensación que ha ido aumentando a medida que lo dejaba reposar: La montaña mágica, El nombre de la rosa, y, porqué no, Hotel Pánico, de Superlópez. Curiosamente, todas ellas, incluida la reseñada, del S. XX.
Les cuento parte del argumento y ya me dirán ustedes:
Un pintor, sin nombre revelado en toda la obra, llega como casi por casualidad a una especie de antigua ermita que actualmente funciona como hotel, pero regentada por curas, monjas y demás personajes religiosos.
Nuestro protagonista se entera de que en los próximas días se celebrarán unas jornadas de meditación a las que acudirán la flor y nata del país, desde el presidente y ministros, hasta peces gordos de la banca y la industria, por lo que decide quedarse a ver qué se cuece, cosa que consigue valiéndose de su influencia.
Dado que en ese primer día de estancia las únicas ocupantes parecen ser cinco llamativas jóvenes, nuestro protagonista (gustos hay de todo tipo) aprovecha para acercarse y conocer al padre Gaetano, sacerdote y jefe de hotel, que se convierte rápidamente en la figura central de la novela, y con el cual surge una complicidad que no sabemos hasta qué punto es real y hasta cuál imaginada por el pintor.
También con rapidez (todo tiene que ser rápido a la fuerza, es una novela realmente corta), en cuanto llegan los afamados huéspedes se producen una serie de actos que forman el argumento en sí de la novela. Y hasta aquí podemos leer sin destripar el argumento.
Tildada por la posterioridad como profética (publicada unos 4 años antes del asesinato y secuestro de Aldo Moro) y por la crítica como novela de fuerte carga social, la verdad son estos aspectos que no he detectado en ningún momento, quizá por mi inevitable distanciamiento con el régimen italiano de la época. De hecho, si cito La Montaña Mágica y El nombre de la Rosa es por la sensación de aislamiento y mundo propio que me han hecho sentir las tres.
Aunque he leído en bastantes sitios que Todo modo se podría catalogar como novela negra, no encaja para mí dentro de lo noir: No hay un Sherlock Holmes – ni, más importante, un Watson – si no contamos las deducciones que se le ocurren al propio pintor y que hace llevar al personal encargado de resolver el caso, que por alguna razón desconocida parecen tomarlas en consideración. Sí que hay, pululando a lo largo de todo el libro, algo de brumoso, pero con una niebla que más que ocultar de misterio acoge parece tener forma de existencialismo – mérito del padre Gaetano.
De hecho, lo mejor de la novela, para mí, son los parlamentos entre el pintor y el padre Gaetano, o más bien todos los momentos en los que aparece este último, verdadero eje central del libro. Aunque de inevitable tendencia religiosa, se nos muestra un personaje maquiavélico y manipulador con el que en ningún momento los lectores sabremos a qué atenernos. Mención aparte para su final, lo que para mí descarta definitivamente el género negro: simplemente, no cumple las reglas no escritas del género.
Sciascia se sirve de la oportuna amistad entre el personaje del juez instructor, compañero de la infancia del protagonista, y de la complicidad que surge entre este y el comisario para irnos dando migajas del – nulo – avance en el caso.
Con estos tres personajes centrales, acompañados de un cocinero acongojado por las circunstancias que personifica al personal laico del hotel, y un comisario con más ganas de retirarse que de solucionar el caso, cumpliendo este el papel de policía pasota y corrupto que presuntamente preponderaba en la época, Leonardo Sciascia construye una novela muy bien formada, excelentemente escrita, con numerosas citas (muchas de las cuales, vergüenza de mí, ignoro) que nos hablan de alta cultura pero aún así accesible y perfectamente disfrutable.
Lo abierto del final, que no sé si se deberá a que fue escrita para una época y un lugar muy concretos o es así por decisión artística, y las referencias críticas que no he conseguido advetir en la novela, la alejan, a mi juicio, la calificación de Imprescindible, pero con los suficientes méritos propios como para alzarse con un Muy Recomendable.
Pero ojo, me da la sensación – tan manida pero a la vez tan cierta - que es de esos libros que el no poder disfrutarlo al máximo es más culpa de (la ignorancia) del lector que del oscurantismo del autor.
PD: Y sí, no es tan divertida como Hotel Pánico, pero es que hablar de la época buena de Superlópez ya son palabras mayores...
Otras (bastantes) obras de Leonardo Sciascia en ULAD: aquí
Firmado: EPS
domingo, 6 de junio de 2021
Leonardo Sciascia: El día de la lechuza
Título original: Il giorno dela civetta
Año de publicación: 1961
Valoración: Muy recomendable
No voy a descubrir, a estas alturas, el
oficio del gran Leonardo Sciascia (1921-1989), su habilidad para sacar a la luz
los trapos sucios de la sociedad que retrata, su ácido humor etc. Sí aclararé,
para quien todavía no conozca a este escritor, que las sinopsis sobre su obra que
van a encontrar en (casi) todas partes no suelen hacer justicia a sus novelas. En
cuanto a esta que nos ocupa, lo de menos es que se asesine a alguien, incluso si
este hecho es el que desencadena la acción, recordemos que fue la primera obra
que habla claramente del asunto con perspectiva crítica e inaugura todo un
subgénero obviamente imprescindible.
Porque hay muertes, sí, pero lo que se nos
cuenta no es más que una excusa para hablar de otras cosas, y porque quien se
acerque a El día de la lechuza con la
esperanza de encontrar una trama policiaca al uso, con pistas, sospechosos y
una investigación en la que el lector participa como un investigador más, es
muy probable que quede defraudado. Ustedes objetarán que, efectivamente, en
esta novela podemos encontrar todo eso, y no digo que no, pero el autor utiliza
a su manera las pautas del género negro, se aparta de sus convenciones y va
directo a lo que le interesa, que más que la intriga en sí misma son los
aspectos político-sociales y sus consecuencias éticas y jurídicas. Por eso, en
lugar de un enjambre de detalles vamos a encontrar un texto más bien sintético –síntesis
que tiene lugar en una segunda versión y cuya función es, sobre todo, autoprotectora–
donde el foco ilumina algunas personalidades, conductas, investigaciones e interrogatorios;
en concreto, todo aquello que refleje la relajación de las costumbres y
corrupción de la autoridad en una Sicilia que puede ser el paradigma de
cualquier lugar y época donde la infección se haya propagado lo suficiente para
que pueda compararse con la isla italiana.
Lo entenderemos mejor si, en vez de hablar
de personajes, nos centramos en los bloques donde estos se integran. Por una
parte la autoridad corrupta presente, la autoridad ausente que avala a esta con
su poder superior y casi indestructible y, como factor esencialísimo aunque
intercambiable, los brazos ejecutores, que son los únicos susceptibles de pagar
el pato mientras los anteriores se lavan las manos tranquilamente. Al otro lado,
el pueblo temeroso y mudo mientras pueda, algún confidente casi siempre
involuntario, y una autoridad insobornable que aporta el factor maniqueo al
relato pero que es necesario para mantener cierta dosis de optimismo y porque
esas personas existen (haberlos, haylos y, de hecho, su cara visible se inspira
en una figura real) aunque, por desgracia, se puedan contar con los dedos.
A partir ahí encontraremos tejemanejes,
negocios, encubrimientos, argucias que triunfan, o no, algo que en el fondo es
irrelevante, simple cuestión de detalle. Lo que importa es que el muestrario de
los más deleznables comportamientos supera lo individual y acaba convirtiéndose
en una malla que vertebra el tejido social y convierte la convivencia en un
estercolero inmundo. Por eso, para el puñado de personajes que están en el ajo –la
mayoría de los que se presentan con cierto detalle– la mafia no existe, no es
más que un invento de gente obsesionada, como el capitán Bellodi, que se empeña
en triunfar a costa de los sufridos paisanos, esos que trabajan para atraer el
progreso y la fortuna. Esta actitud negacionista –palabra, por lo demás, muy de
moda en estos tiempos– no se reduce a la localidad donde se producen los
hechos, en la vida real, tal como reveló el propio Sciascia, era la que imperaba
en el propio gobierno de la nación, el cual, solo tres años después, hubo de
recoger velas y crear una comisión parlamentaria que investigase una realidad
tan palpable.
“… le comprendo: no es siciliano, y los prejuicios son duros de pelar. Con el tiempo se convencerá de que todo es un montaje. Pero mientras tanto, por favor, vigile atentamente las investigaciones de ese Bellodi…”
Lo que hay que hacer es callarse, todo irá
bien mientras nadie se vaya de la lengua (pero ese tal Bellodi, aunque sea
forastero, no parece nada tonto y es capaz de idear alguna treta que confunde a
alguno y acaba consiguiendo que hable). Callarse y, por supuesto, dejarse
proteger por esos ciudadanos honrados que se ocupan de que todo se mantenga en
su sitio, nada de emprender negocios al margen de la comunidad, y si por
casualidad ocurre, lo primero es librarse de elementos así, lo segundo y no
menos importante, dejar claro que esa clase de comportamientos no se van a
tolerar en ningún caso, que escarmiente en cabeza ajena quien sienta la tentación
de hacer lo mismo. En cuanto a los que representan la parte más débil, con que
no molesten nos vale.
“… porque el pato no tengo que pagarlo solo yo, también los trabajadores deben pagar su parte… Y desde hace dos semanas no cobran su salario… -Desde hace tres meses –corrigió el otro sonriendo. –No lo recuerdo con precisión…. Y, claro, me vienen a protestar: pitadas delante de mi casa, palabrotas que no quiero repetir: es para matarles… Entonces voy a verle a él y ¿sabe lo que me dice? “¿Ha comido usted hoy?” “He comido”, le digo. “Y también ayer”, dice él. “También ayer”, digo yo. (…) “Y esos que han ido a montar bronca delante de su casa, ¿han comido hoy?” Le iba a decir: “Y a mí que puñeta me importa si han comido o no han comido?”, pero, por educación, le contesto: “No lo sé”. Él me dice: “Debería informarse”.
¿Qué hay que hacer para desenmascarar a quienes
han tejido esa red, prácticamente impenetrable? Pues lo que hace Bellodi, lo
que se ha hecho en cualquier sitio cada vez que se ha investigado con rigor:
seguir el rastro del dinero. Pero el trabajo ha de ser ímprobo porque el
embrollo es enorme –en él están implicadas, para bien o para mal, todas las
tendencias políticas y estamentos sociales– y aquí se encuentra condensado en un
centenar y medio de páginas, verdaderamente complejas, que merece la pena leer con
atención.
Traducción: Juan Ramón Azaola
También de Leonardo Sciascia, todos estos títulos.
jueves, 12 de julio de 2018
Eduardo Halfon: Biblioteca bizarra
jueves, 27 de marzo de 2014
John Dickie : Cosa Nostra
r vicios) y la mía, lo confieso, son las historias de mafiosos, ya sea como tema literario, en formato película o serie de televisión. Ahora bien, por más que me pueda sentir atraído por el morbo de las historias de
También de John Dickie en ULAD: ¡Delizia!
martes, 11 de junio de 2019
Magius: El método Gemini
domingo, 1 de marzo de 2026
ULAD al desnudo
Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos.
Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.
Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo.
Se trata de un sencillo ejercicio que nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.
Os pedimos:
Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.
Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)
Más un placer culpable.
Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).
Alain:
Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.
Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista.
Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.
Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.
Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.
José Miguel:
En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:
- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).
- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).
- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).
- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).
- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).
- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).
Félix:
Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía
* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos
* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor
* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante
* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta
* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura
Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace
Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)
Juan G.B.:
-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).
-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.
-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.
Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.
Mi placer culpable: Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.
Francesc:
-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19
-David Foster Wallace (ídem) 18
-Michel Houellebecq (otro ídem) 11
-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10
Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así
Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.
Koldo:
Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:
- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).
-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.
-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.
-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...
Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)
Mi placer culpable: Los libros de viajes polares.
Carlos
Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:
- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán
- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan
- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo
Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.
¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.
- Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
- Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
- Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
- Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
- Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
- Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
- Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
- Stephen King (25 títulos).
- Patricia Highsmith (22 títulos).
- Clive Barker (15 títulos).
- Alberto Moravia (13 títulos).
- H. P. Lovecraft (12 títulos).
- (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
- Ramiro Pinilla
- Julio Cortázar
- Andrea Camilleri
- Stephen King
- Agatha Christie











