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lunes, 26 de octubre de 2026

Yevgueni Zamiatin: La inundación y otros textos

Idioma original: Ruso
Traducción: Marta Rebón
Año de publicación (del volumen): 2026
Valoración: Decididamente recomendable

La inundación y otros textos es un volumen misceláneo publicado por Automática que recopila cinco escritos de Yevgueni Zamiatin. Dichos escritos son: dos relatos, un artículo que reivindica la libertad literaria, una renuncia pública a la Unión de Escritores y una carta dirigida al mismísimo Stalin.

Para quien no lo sepa (yo mismo no tenía ni idea antes de leer este volumen), Zamiatin fue un escritor ruso que, debido a su integridad y disidencia, devino víctima de la censura y el exilio durante el régimen soviético. En la carta mandada a Stalin previamente mencionada, el autor se queja de la persecución injusta a la que es sometido, y declara que su único crimen es su «costumbre, muy incómoda, de decir no lo que en un momento dado resulta conveniente, sino lo que me parece verdad».

La carta en cuestión es admirable. Zamiatin no se achanta lo más mínimo al dirigirse a Stalin y, además de solicitar exiliarse junto a su esposa, persevera en su reivindicación de la literatura alejada de la conveniencia del poder e incluso de la pleitesía ciega «a la Revolución». Supongo que el escritor tenía ciertas garantías, ya que sabía que el dictador había velado por otros compañeros de profesión en el pasado, pero esto no resta un ápice de valentía ni dignidad a su actitud en la misiva.

Por otra parte, también me parece admirable el artículo "Tengo miedo", el cual concentra multitud de ideas en unas pocas páginas. Zamiatin defiende en él que una revolución no debe acoger a mercenarios de las letras que no creen en ella (los «avispados»), reivindica el arte «proletario» en contraposición al «cortesano», denuncia las dificultades que parecen quienes se dedican a la «literatura auténtica» (como tener que buscar un trabajo complementario) y recuerda que la literatura nunca debe ser complaciente, ni siquiera con la causa o cultura que la ve nacer.

Cito a continuación uno de los pasajes más brillantes de este "Tengo miedo", con el que estoy de acuerdo en gran medida: «la verdadera literatura solo puede existir allá donde la hacen no funcionarios diligentes y de probada lealtad, sino locos, ermitaños, herejes, soñadores, rebeldes, escépticos. Y si el escritor debe ser sensato, debe ser católicamente ortodoxo, debe ser útil hoy, no puede fustigar a todos como Swift, no puede sonreír ante todo como Anatole France, entonces no puede haber literatura de bronce, sino solo literatura de papel, de periódico: la que se lee hoy y en la que mañana se envuelve el jabón de arcilla».

Llegados a este punto, abordemos los relatos que inauguran el volumen, titulados "La caverna" y "La inundación". Ambos rozan la genialidad y evidencian la calidad como narrador de Zamiatin. A fin de cuentas, exhiben una prosa de un virtuosismo innegable y son capaces de definir escenarios, personajes, dinámicas y situaciones con apenas unas pinceladas.

Ambos son dramas intimistas, casi domésticos, cercados por un mundo helado que roza lo posapocalíptico (el primero) o atravesados por un desastre natural a gran escala (el segundo). En ambos, los protagonistas, parejas que llevan años juntos y atraviesan una dura situación (la incapacidad de denigrarse a un estado primitivo de supervivencia en el primero y la de tener hijos en el segundo), asisten a su decadencia conyugal con una entereza quebradiza. Ambos comparten un tono tráfico, sombrío y claustrofóbico.

Para terminar esta reseña de La inundación y otros textos diré que el escrito menos interesante del conjunto es, a todas luces, "Carta a la redacción" (aunque tampoco negaré que tiene su valor como documento histórico). En él, Zamiatin hace un detallado y prolijo recorrido al acoso sistemático al que el régimen soviético lo sometió tras declararlo un artista incómodo y, por tanto, conflictivo, por publicar tanto la novela Nosotros como el artículo "Tengo miedo".


También de Zamiatin en ULAD: Aquí

jueves, 25 de febrero de 2021

Colaboración. Evgueni Zamiatin: Nosotros


Idioma original: ruso 

Título original: Мы

Traducción: Alejandro Ariel González. 

Publicación: 1924 (escrita entre 1919 y 1921). Edición española de Hermida Editores, 2016. 201 páginas. 

Valoración: obra maestra para interesados / muy recomendable para el resto.  

Si las semblanzas de ULAD exigieran título más allá del de la obra reseñada, nuestra primera tarea del día sería fácil: “Nosotros: la primera distopía.” 

Hoy nos guía un propósito bello: contribuir modestamente a reivindicar la figura de Evgueni Zamiatin y a darles, a él y en especial a su mejor obra, el lugar que a ambos corresponde. 

Ciertamente ULAD ya reparó en la novela, en una brillante reseña de Koldo CF de 19 febrero de 2018, comparativa con la célebre “1984.” Tres años después y a pesar seguramente de una mayor accesibilidad, “Nosotros” sigue siendo relativamente desconocida, como si el inamovible cupo de este tipo de novelas para el común de los lectores estuviera compuesto, en exclusiva, por “1984”, “Un mundo feliz” y, quizás en menor medida, “Fahrenheit 451.”   

ULAD me permite dedicar esta semblanza en exclusiva a “Nosotros”, sin “competencia,” como modesto premio individual no compartido, es decir, con todo el protagonismo. Bien lo merece.   

No estamos ante una obra de fácil lectura, si bien no es extensa. El tamaño de la letra y la buena edición de Hermida Editores ayudan a leer la obra con gusto (o mejor con menor dificultad) porque parece claro que Zamiatin apuesta intencionadamente por la complejidad descriptiva con un doble fin: marcar la distancia temporal y cultural entre narrador y lector, y ahondar en los estados psicológicos del protagonista. Con notoria recurrencia los guiones entrecortan las frases, o estas finalizan con puntos suspensivos que sustituyen  pensamientos inacabados, lo que exige al lector un esfuerzo suplementario para seguir la trama. De este modo, las frases parecen contener recurrentes anacolutos y muchas veces parecen no seguir, en apariencia, un hilo lógico. 

No se desanimen. Léanla despacio o léanla dos veces. Quien suscribe estas líneas optó por lo segundo. Al final de la primera lectura me pareció una novela de referencia, pero nada especial. Al concluir la segunda he llegado a pensar que “Nosotros” es una obra maestra.   

Vayamos someramente a la trama. D-503 es un ingeniero-matemático -como Zamiatin- primer constructor de la nave “Integral”, que vive en plena armonía consigo mismo después de la Guerra de los doscientos años y cuya pluma, “habituada a los números, no es capaz de crear una melodía de asonancias y rimas.” 

En el Estado Unido que surgió tras la guerra hay un Muro Verde de vidrio adonde alcanzan los límites de la civilización, Torres Acumuladoras que dosifican la lluvia, un cielo de homogéneo azul y rostros, que son números, “no ensombrecidos por la locura del pensamiento” cuyas actividades diarias fija una Tabla de Horas. Los números se levantan, visten y trabajan “como uno solo”, habitan traslúcidas viviendas individuales y sus rasgos fisiológicos, podemos intuir, se parecen cada vez más, lo que contribuye a anular la envidia y, con ello, a generar felicidad. A D-503 le ha tocado leer y oír “cosas increíbles sobre aquellos tiempos en los que los hombres vivían aún en libertad, es decir, en un estado salvaje y desorganizado.” En la nueva civilización los Guardianes vigilan las costumbres y el Bienhechor ejerce el poder supremo en pos de la felicidad de todos, entre ellos la de D-503, el poeta R-13, O-90, I-330 y otros. Del argumento no les diré más.  

De “Nosotros” sorprende por igual cuánto ha sido orillada y cuánto prefigura. Orwell bebe claramente de Zamiatin. El británico parece que fue honesto y lo admitió, y es que la sombra del plagio planea sobre “1984”, o como mínimo la de una deuda excesiva, por distintos que sean los estilos narrativos de cada autor. Quizás no tanto lo fue Huxley, seguramente menos influenciado pero tal vez también menos sincero. 

Cercenaríamos el análisis de la obra si eludiéramos su lectura política. Se retratan los regímenes totalitarios, con semblanzas que adelantan desgraciadas escenas de la Alemania de los años 30 y 40 o incluso la figura de Mussolini. No obstante, Zamiatin tenía la fuente de inspiración bien cerca, en la guerra civil que dio lugar al régimen soviético, al que inicialmente apoyó y del que se distanció antes incluso del acceso de Stalin al poder. La crítica a lo que sería este régimen puede considerarse, bien mirada, incluso feroz o al menos inadmisible para éste (incluida la negación de cualquier revolución como definitiva) de ahí que la obra fuera silenciada en la U.R.S.S. 

Pero considerarla política sería reducirla significativamente. La intelectualidad del trabajo sobrepasa con creces la crítica a una organización social de tiempo y lugar concretos. No piensen tampoco que estamos ante abstrusas y obsoletas reflexiones futuristas, o frente a notas políticas burdamente disfrazadas de novela. “Nosotros” plantea cuestiones de Religión, Filosofía, Psicología, Ciencia, Progreso y, en suma, destino y condición humana.

Les aseguro que más allá de las cuadernas, trancaniles, cadenas de montaje y soldaduras hay trama y hay luchas. De ahí, en parte, la extraña belleza que cruza la novela y, en particular, a varios personajes, cuyas motivaciones, intuyo, son más complejas de lo que pudiera parecer. Pero puedo estar equivocado: lean y saquen Uds. sus propias conclusiones.  

No es poco lo que la obra anticipa. Quizás ningún libro me ha traído flashes de tantas obras o incluso películas posteriores, por las ideas o imágenes más o menos fugaces que contiene. Por su parte, las referencias al Antiguo Testamento en comparación con la nueva “religión” (“de nuevo somos sencillos e inocentes como Adán y Eva”) no dejan de tener profundidad y originalidad. En suma, sin resultar cargante, la novela es intelectualmente sabrosa.  

Por último, es difícil ponderar el valor de la obra si ya han pasado por nuestras manos otras similares que se llevaron la difusión y la gloria, y tampoco podremos sentir el impacto que su lectura nos hubiera causado de haber sido la primera, de modo que tendremos que imaginarlo. Pero los méritos deben ir, en gran medida, en función del orden cronológico. Así que si Ud. tiene pendientes también esas obras que hemos citado más arriba… pues no lo dude: léalas todas, pero empiece por “Nosotros.”


  También de Zamiatin en ULAD: Aquí


Firmado: Fran Marín Paz   


lunes, 19 de febrero de 2018

Zamiatin y Orwell: Nosotros y 1984

Idioma original: Ruso (Nosotros) / Inglés (1984)
Año de publicación: 1920 (Nosotros) / 1949 (1984)
Valoración: De recomendable a muy recomendable

Vamos a hablar hoy de dos de las más famosas distopías del siglo XX, con permiso de "Un mundo feliz". "1984", uno de los libros clave de mi biografía lectora, ya tuvo su reseña en este blog, pero son tantos los puntos en común con "Nosotros" que, tras la lectura de este, se hace necesaria una "reseña comparada".

Lo primero que hemos de tener en cuenta a la hora de comparar ambas obras es que "Nosotros" fue publicada en 1920 y "1984" en 1949. Esos veintinueve años de adelanto por parte del ruso son un punto importante a favor de este último (luego veremos por qué).

Otro punto a tener en cuenta, de cara a entender ambas obras, es la experiencia personal de los dos autores. Por un lado, Zamiatin fue, al menos en un primer momento, un bolchevique convencido que tuvo la oportunidad de trabajar en una Inglaterra industrial en la que en taylorismo campaba a su anchas. Por su parte, Orwell también simpatizó con la revolución rusa, pero los tristemente célebres "Procesos de Moscú" y su experiencia en la Guerra Civil Española le llevaron a adoptar posturas claramente antiestalinistas. Veremos después esta influencia.

Para no extenderme más de la cuenta, allá va un pequeño resumen de las semejanzas y diferencias de ambas obras, excluyendo comentario alguno acerca del final de las mismas, por si alguien quiere descubrirlo por sí solo:

SEMEJANZAS:
  • Ambas obras se sitúan en mundos futuros aparentemente ideales (obvio, son distopías) y gobernados por un poder omnímodo semejante a un Dios: El Benefactor en "Nosotros" y el Gran Hermano en "1984".
  • Las sociedades representadas en ambos libros (en "Nosotros" llamada Estado Único) son estados ideales de "no libertad" y están compuestas por seres que no son más que millones de células de un único y poderoso organismo. 
  • El protagonista principal es parte más o menos importante del engranaje del poder: D-503 es el constructor-jefe de una nave que llevará las bondades del Benefactor a toda la galaxia, mientras que Winston Smith trabaja en el Ministerio de la Verdad manipulando hechos históricos por el bien del Gran Hermano. 
  • El amor es la cuña por la que entran las dudas a los protagonistas principales. Gracias a la aparición de un personaje femenino (I-330 en "Nosotros" y Julia en "1984"), tanto D-503 como Winston Smith entrarán en contacto con seres apartados de esas sociedades supuestamente ideales. 
  • Englobaré en este punto lugares, entidades, artilugios, etc que ponen de manifiesto un claro paralelismo entre ambas obras. En primer lugar, indicamos los que aparecen en "Nosotros" y después su equivalente en "1984": las Tablas de la Ley y la Telepantalla, los Guardianes y la Policía del Pensamiento, el otro lado del Muro Verde o la Casa Antigua y el mundo de los proles, la Sala de Operaciones y la habitación 101... Las semejanzas son enormes y la impresión de plagio planea sobre la obra de Orwell. 
DIFERENCIAS:
  • Mientras que "1984" está narrada en tercera persona, "Nosotros" está narrada en primera persona a través de anotaciones que sugieren la idea de un informe o un cuaderno de bitácora. Esta estructura hace que la narración sea, en mi opinión, menos fluida que en "1984".
  • En "Nosotros" el Estado Único es una especie de nuevo paraíso, un mundo puro y feliz, ideal, racional y preciso. En "1984", aunque desde el poder se traslada una imagen semejante, el mundo no es así; se trata de una sociedad permanentemente en guerra en la que la pobreza salta a la vista. De hecho, el propio Winston Smith vive casi en la pobreza. 
  • "1984" es una novela mucho más política (aún) que "Nosotros", que es más simbólica y abstracta. Además, en "Nosotros" hay un mayor componente de ciencia-ficción.
  • En "Nosotros" se dejan ver críticas mucho más evidentes contra la religión, contra el arte socialista y contra el proceso tecnológico que lleva a formas de organización de la producción tales como el taylorismo. "1984", por contra, se centra en un plano más político. 
  • Las imágenes de "1984" son más crudas e impactantes que las de "Nosotros". "1984" es más sucia. Solo recordar la habitación 101 se me ponen los pelos de punta. 
CONCLUSIÓN:

Antes de nada, hay que reconocer el mérito de los precursores y, aparentemente, Zamiatin lo fue. Siempre es más difícil crear un "universo" que desarrollarlo. Digo esto porque da la impresión de que Orwell se inspiró (¿tal vez, plagió?) en "Nosotros" a la hora de escribir "1984", lo que a su vez no es óbice para admitir que también la perfeccionó. Porque creo, sinceramente, que la narración de "1984" es mucho más completa, ágil y entretenida que la de "Nosotros", la cual pierde fuelle a mitad de la novela. Por otro lado, las referencias e imágenes de "1984" me parecen me parecen más cercanas para un lector actual que las de "Nosotros", de ahí que el grado de identificación con aquella sea mayor, al menos para mi.

En definitiva, y admitiendo los no pocos méritos del "Nosotros" de Zamiatin, me quedo con "1984", la cual seguirá siendo una de mis novelas de cabecera (ay, cuánto peso tiene la adolescencia!). Eso sí, gracias a Zamiatin, parte de ese halo mítico de la obra de Orwell se perderá para siempre, como lágrimas en la lluvia. -)

Otras obras de Orwell en ULAD AQUÍ
Otras obras de Zamiatin en ULAD AQUÍ

domingo, 18 de marzo de 2018

Elizabeth Burgoyne Corbett: Nueva Amazonia

Idioma original: Inglés
Título original: New Amazonia. A foretaste of the future
Año de publicación: 1889
Traducción: Susana Prieto Mori
Valoración: De plena actualidad

1889, centenario de la Revolución Francesa, de la toma de Bastilla, de las guillotinas, del "Liberté, égalité, fraternité"... ¡Y una mierda! No hablaremos de la "liberté" o de la "fraternité", sino de la "égalité", la cual digamos que se aplicó a un sector muy reducido de la población en el que no entraban la inmensa mayoría de las mujeres.

Por suerte, las protestas siempre han estado ahí. Tenemos muy reciente la histórica jornada de este 8 de marzo, pero no está de más recordar que las demandas de igualdad real vienen de lejos. Cambian las formas, pero no los objetivos. Así, por ejemplo, una serie de escritoras de la Inglaterra victoriana se lanzaron a protestar por su injusta situación y a imaginar lugares y tiempos futuros en los que los roles de la mujer fueran radicalmente diferentes a los que hasta entonces les "correspondían en suerte". Una de esas escritoras fue Elizabeth Burgoyne Corbett, y el mundo que imagino lo llevó al siglo XXV y le dio el nombre de Nueva Amazonia.

A esta Nueva Amazonia llega la narradora y protagonista del relato junto al engreído y ridículo Augustus Fitz-Musicus, y allí descubrirán sorprendidos un territorio gobernado en exclusiva por mujeres, pero en el que la igualdad entre hombres y mujeres es absoluta en el resto de aspectos (nada de brecha salarial, nada de violencia de genero, etc).

Realmente, como suele ocurrir el libros de este estilo (utopías, distopías, etc), el fondo prevalece sobre la forma. El mensaje que Corbett pretende lanzar es claro y la narración y el estilo están supeditados al mensaje. No esperéis, por tato, encontrar un argumento elaborado, personajes complejos ni nada por el estilo. Diría incluso que se trata de un "ensayo novelado". El objetivo de la autora es presentar una sociedad ideal y para ello conduce a los protagonistas a través de la Historia y del día a día de Nueva Amazonia, los cuales contrapone frente a la Inglaterra victoriana.

En la parte "histórica", se presentan los hechos que llevaron a la creación de Nueva Amazonia y los motivos por los que se halla gobernado por mujeres. Entre estos hechos y motivos destacan las guerras que asolaron al territorio, la discriminación por razones de género, las protestas y la preponderancia numérica de la población femenina.

En la parte de organización social, política, económica, cultural, educativa o religiosa de Nueva Amazonia es donde, a mi entender, se halla lo más interesante del libro. Como ya he dicho, se trata de una sociedad gobernada en exclusiva por mujeres pero en la que la igualdad entre hombres y mujeres en el resto de ámbitos es total, lo que permite que Nueva Amazonia sea la comunidad más perfecta, próspera y moral del mundo. Ahora bien, este grado de perfección deja entrever algunos de los males que décadas más tarde anunciaron autores distópicos como Zamiatin, Orwell o Huxley. Y es que en algunos aspectos la sombra de la eugenesia y de los estados totalitarios que gobernaron buena parte de Europa en la primera mitad del siglo XX sobrevuela las páginas del libro. Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que la autora apoyara estas tesis (de hecho, lo desconozco), pero resulta curioso comprobar hasta que punto puede ser cierto eso de que "el sueño de la razón produce monstruos".

Pese a esto último, me atrevo a decir que se trata de un texto visionario en algunos aspectos y absolutamente necesario, por desgracia, en otros, como el de las críticas furibundas al machismo imperante o el de la demanda de igualdad real. Ojalá dentro de un tiempo lo más cercano posible libros como Nueva Amazonia sean simples objetos de curiosidad. En nuestra mano está.

viernes, 29 de noviembre de 2024

Chinguiz Aitmátov: Más de un siglo se alarga el día

Idioma original: Ruso
Título original: Кылым карытар бир күн
Año de publicación: 1980
Traducción: Marta Sanchez-Nieves Fernández
Valoración: Bastante recomendable

Kirguistán, otro país al que tachar de las lista de "Países de los que no hay ningún autor reseñado en ULAD". Ya solo nos quedan Vanuatu, Lesotho, Liechtenstein, República Centroafricana y alguno que otro más. ¡Igual de aquí a 25 años completamos el mapamundi!

Bueno, el caso es que esta novela de Chinguiz Aitmátov es una muy buena novela, de esas que podríamos meter en la etiqueta "Si quieres ser universal, habla de tu pueblo, de tu aldea". Porque, aunque el texto se localiza en las estepas kazajas y cubre un arco temporal que va desde la época de Gengis Khan hasta la carrera espacial soviético - estadounidense, los temas tratados en él son universales y eternos.

El resumen resumido del argumento podría ser el día que transcurre entre el fallecimiento y el entierro del anciano Qazhangap, ferroviario durante 40 años en el apartadero de Boranly-Buranny. Será su compañero y amigo Ediguei quien se encargue del asunto y quien, a lo largo de ese día, rememore su vida en las estepas. Pero me estoy quedando corto.

Más de un siglo se alarga el día es la historia de marginados que se aferran a momentos luminosos, de hombres corrientes sometidos a los azares de la Historia, de seres que viven, luchan, aman y mueren entre el dolor y la esperanza. También es un texto que habla sobre la eterna lucha entre lo viejo y lo nuevo, "civilización" o "barbarie" (¿cuál?), sobre los mecanismos del poder y la alienación, sobre la inmutabilidad e inevitabilidad de ciertas cosas, sobre vidas cotidianas, etc.

Para hablar de todo ello, el autor recurre a dos líneas principales (una más que otra, la verdad): la "realista" y la "ciencia-ficción", teniendo además la línea realista una serie de desvíos y derivaciones, vinculados al mito y a la leyenda, de suma importancia en la novela. 

El lado realista de la novela nos habla de la vida en las estepas y nos lleva a la colectivización, a la Segunda Guerra Mundial, a la represión estalinista, la desestalinización, etc. (Destaca, en esta vertiente de la novela, la terrible y "hermosa", al mismo tiempo, historia de Abutalip y Zaripa). Pero decía que esta línea realista toma desvíos y derivaciones vinculados al mito y a la leyenda, siempre con una lectura claramente política. Es aquí donde pasado y presente se unen y muestran la atemporalidad de la novela y donde encontramos una referencia clara para situar la novela de Aitmátov. Esta no es otra que el gran Ismail Kadaré y obras como, por ejemplo, Abril quebrado o El palacio de los sueños.

Pero Más de un siglo se alarga el día también tiene un lado "ciencia-ficción" que entronca con Zamiatin, Aleksandr Bogdánov o los hermanos Strugatski y que sirve para unir presente y futuro. Explotación económica del espacio exterior, vida extraterrestre, intento de comunicación, miedo a lo desconocido / a la otredad... Muy friki todo, mucho potencial, pero... Es esta última vertiente la que hace que la novela no tenga una valoración algo superior. Hay un hilo que une esta trama con la "realista", sí, pero creo que es algo tenue y que no tiene la misma fuerza que la parte vinculada a mitos y leyendas del pasado. Además, queda la impresión final de que la historia de la estación espacial Parteit y de los dos astronautas que marchan al recién descubierto planeta Mambla Selvática queda cerrada "en falso".

En cualquier caso, la parte "mítico-realista" de la novela es realmente magnífica y compensa con creces la ligera decepción que deja el final de la trama especial, quedando tras la lectura de la novela una impresión general más que favorable.

martes, 15 de abril de 2014

Biografías lectoras: ganadores (2)

TOC, por David Villar Cembellín

El acto de leer, a estas alturas lo tengo claro, es un trastorno obsesivo-compulsivo. Obsesivo, porque mentalmente no concibes tu existencia sin lectura o tu mente sin el sumatorio de las mismas; y compulsivo, porque recurrentemente vuelves a los libros como pulsión vital. «El arte es la mentira que nos permite comprender la verdad», que dijo Picasso en la que puede ser la mejor definición sobre la función de la Literatura.

Así las cosas, recapitulemos: ¿dónde comenzó mi afición de lector? No tengo ninguna duda, el germen tuvo lugar a edad temprana con las historietas de Pulgarcito, un tebeo que devoraba semanalmente y que proporcionó infantil e infinito placer al niño que fui. Por supuesto que a esos Pulgarcitos siguieron otros tebeos: la colección entera de Tintín, de Astérix, Zipi y Zapes, Mortadelos y Filemón, Grandes Aventuras Ilustradas… mi afición lectora se cimentó sobre una sólidas raíces: los tebeos. En mi cabeza sonaban Enrique y Ana.

A posteriori —o paralelamente, no recuerdo— llegaron decenas, quizá centenares de libros infantiles que sacaba casi a diario de la Biblioteca del Colegio de La Salle de Sestao (un abrazo fuerte desde aquí para Míkel, el bibliotecario): allí fueron cayendo desde la colección de Los Cinco (que me volvió loco), hasta los infames Hollister (que nunca me terminaron de gustar, demasiado anglobuenistas), Los tres investigadores, La banda del cuatro y medio, libros de El barco de vapor, la colección entera de los inolvidables Elige tu propia aventura de tapa roja (mis favoritos, La guarida de los dragones y Te conviertes en tiburón), etc. Pero si debo rescatar un libro de mi infancia, aquel fue La historia interminable. Su extensión (400 páginas o´clock), el carácter épico de la aventura que contaba, la multitud de personajes, la tipografía a doble color… aquel ejemplar que mi madre me compró en el Círculo de Lectores fue, sin ambages, mi lectura favorita de aquella infancia tardía. Aún lo es. En la radio sonaban casetes de Duncan Dhu que regalaban con la SuperPop y recopilatorios grabados de Los 40 Prinicpales a los que bautizaba con los originales nombres de “Guay 1”, “Guay 2”, “Guay 3”…

Y en estas llegó mi pubertad, llegó la adolescencia… y digamos que estuve más preocupado/ocupado de otras cosas que de leer. Además, en términos estrictamente crematísticos fue mi adolescencia una época particularmente jodida: fumador precoz, bebedor de fin de semana y aficionado a los tebeos… muchos vicios para 300 pesetas a la semana si las notas acompañaban (que no era el caso, para más inri). Pero, oh, de repente, como maná del cielo, a últimos de mes siempre aparecían 2000 pesetas en mi mano. ¡2000 pesetas!

—Son para sacarte el bono mensual para el tren, ¿eh? —especificaba nítidamente mi madre.
—Sí, mama —mentía yo.

Y esas 2000 pesetas para el bono mensual, demasiadas definitivamente para un trozo de cartulina amarilla con tu DNI escrito a boli, se convertían automáticamente en mi paga extra, en mi bolsa de resistencia, en mi fondo de reptiles, en mi salvación. A cambio solo debía ir el resto del mes de colada en el tren, ni tan mal. Así fue como el casi hasta la indigencia misérrimo adolescente de Margen Izquierda que fui —que en el fondo siempre seré— consiguió dinero para seguir comprando cómics (el Spiderman de McFarlane, la Patrulla-X de Claremont…). Mis lecturas de esa época: las Crónicas de la Dragonlance (que me encantaron), El señor de los anillos (que me pareció un tostón ultradescriptivo, aún hoy no trago a Tolkien), los mitos de Chtuluh de Lovecraft, y algún que otro libro de más empaque que iba rescatando de las abigarradas estanterías de mi casa: La ciudad de la alegría de Lapierre, La insoportable levedad del ser de Kundera, Por quién doblan las campanas de Hemingway, Misericordia de Galdós, Tartufo de Moliere, Papillón de Carriere, Réquiem por un campesino español de Sender, La buena tierra de Pearl S. Buck, etc. La verdad es que tenía en mi propio hogar un buen fondo de armario. 

Pero si he de elegir una lectura de adolescencia que me marcó, que me tocó hondo, fue El club de los poetas muertos de N. H. Kleinbaum. Probablemente será una obra menor, o tramposa, o maniquea, pero me da igual, no me avergüenza reconocerlo… en aquel momento quinceañero la leí de un tirón, me habló de mí mismo y agitó mi anterior como ninguna lectura lo había hecho hasta entonces. En mi radiocasete sonaban noche y día A night at the opera de Queen, Violator de Depeche Mode, Disintegration de The Cure y Zooropa de U2.

Y como quien no quiere la cosa, crecí, me hice legal —que no moralmente— adulto, y el cuerpo me pedía más y más. Y entre cosas que me dejaron amigos (La tregua de Benedetti, El camino de Delibes…) y cosas que iba sacando de la biblioteca de Sestao (me divertí mucho cuando descubrí a Bukowski y Fante, me maravillé con Unamuno a través de Niebla, flipé con la trilogía de Auschwitz de Primo Levi…), las lecturas crecían y crecían. Además, gracias a trabajos esporádicos comencé a gozar de cierto escaso poder adquisitivo y pude culminar los imprescindibles de cómics que había ido dejando cojos a falta de vil metal: Watchmen, V de Vendetta, The Sandman, Black Orchid... Los dos más grandes de aquella época fueron sin duda Alan Moore (de quien aún sigo comprando compulsivamente todo lo que hace, de nuevo el TOC) y Neil Gaiman. Todavía conservo los originales de aquellos cómics que editó Zinco por primera vez. En la radio sonaban Guns´n Roses y grupos grunge que nunca me acabaron de convencer del todo, mientras yo descubría a Serrat, a Sabina, a Victor Jara, y me iba de concierto hasta Barcelona para ver a U2 (año 1997, Placebo de teloneros).

Y el tiempo prosiguió. Y con él las lecturas. Y así llegaron los que considero los más grandes. Pessoa y su Libro del desasosiego. Dostoievski y sus hermanos Karamazov (y, ¡oh!, Noches blancas). Scott Fitzgerald y sus hermosos y malditos. Steinbeck y sus uvas de la ira. Céline y su viaje al fin de la noche. Kenzaburo Oé y su cuestión personal. Y los relatos y el teatro de Chejov (mención especial para las líneas finales de El tío Vania y Las tres hermanas). Y la inolvidable disertación amorosa de Carson McCullers en La balada del café triste. Y la siempre hilarante y divertida crítica social de Gogol. Y el realismo sucio y desesperanzado de Thom Jones, Kjell Askilden y Ray Pollock. Y los futuros distópicos de Zamiatin, Orwell y Huxley. Y los alegatos antibelicistas de Trumbo y Vonnegut. Y la eterna espera de Buzzati. Y la lucidez impía de Saramago. Y las historias siempre trágicas y emocionantes de Zweig. Y los justos de Camus. Y las ciudades de Calvino. Y las estrellas de Lem. Y tantos y tantos…

La lista a estas alturas no es interminable, pero sí extensa. Menos de lo que me gustaría, no obstante. También han ido evolucionando mis gustos en cómics, creo, hacia terrenos más europeos e independientes, y en estos años he leído unos cuantos excelentes: Blankets de Craig Thompson, El arte de volar de Altarriba y Kim, la serie de Paul de Rabagliati, el Paracuellos de Carlos Giménez, el siempre seguro de calidad Luis Durán, y muchos más que no tendría tiempo aquí de reseñar. Además, con el tiempo he dado cabida a la poesía, a la que tenía semiolvidada, y he disfrutado como un loco de poetas tan grandes como Pessoa, Alejandra Pizarnik, Marina Tsvetaieva, Kavafis, Karmelo Iribarren, Luis Alberto de Cuenca, Manuel Altolaguirre, Kirmen Uribe, y tantos otros que se me estaban escapando —que todavía se me escapan— por pura ignorancia (internet ha sido un cauce muy útil, por cierto, para estos hallazgos). En mi reproductor de mp3 ahora suenan mucho los Smiths y Nacho Vegas, señal tal vez de que a estas alturas me he vuelto un ser más triste, o quizá tan sólo más lastimero.

Pero a lo que vamos: con el carácter ecléctico de siempre, sigo leyendo. Sin un orden, sin un patrón, solo por el placer de leer, y lo seguiré haciendo. Pero sirvan estas líneas, este corolario a esta biografía lectora, como agradecimiento a todos aquellos que lo hicieron posible y sentaron las bases del lector en que me he convertido. Así, quede dicho:

¡GRACIAS A MI FAMILA POR AQUELLOS PRIMEROS “PULGARCITOS”!
¡GRACIAS A MIKEL Y SU BIBLIOTECA DEL COLEGIO DE LA SALLE DE SESTAO POR EXISTIR!
¡GRACIAS A MI MADRE POR EL EXCELENTE FONDO DE ARMARIO LITERARIO QUE TENÍA EN CASA!
¡GRACIAS A LOS AMIGOS, NOVIAS, COMPAÑEROS DE TRABAJO… QUE COMPARTIERON CONMIGO SUS LECTURAS FAVORITAS!
¡GRACIAS A LOS LIBREROS QUE SUPIERON DESCUBRIRME AUTORES QUE DESCONOCÍA Y A AQUELLOS QUE SUPIERON ENCONTRAR MIS EXIGENCIAS MÁS BIZARRAS! (un abrazo especial para aquel dependiente rastafari de la FNAC-Zaragoza que se equivocó conmigo y se pensó algo que no era cuando le pedí el Maurice de Forster) ;P
¡GRACIAS A LA GUAPA BIBLIOTECARIA DE MUSKIZ QUE NUNCA SE ENFADA CUANDO LE LLEVO CON MUUUUUCHO RETRASO TODOS LOS LIBROS QUE ME LLEVO!
¡GRACIAS A LOS PEQUEÑOS EDITORES QUE ARRIESGAN Y RESCATAN DEL OLVIDO OBRAS QUE VALEN MUCHO LA PENA!
¡GRACIAS A INTERNET, Y SUS DESCONOCIDOS, Y SUS CRÍTICAS, Y SUS BLOGS, Y SUS PÁRRAFOS ESCOGIDOS… QUE SIRVEN DE BRÚJULA PARA TODOS ESOS NUEVOS DESCUBRIMIENTOS!

Gracias a todos, de verdad. Mi trastorno obsesivo-compulsivo está en deuda con vosotros. Pero eternamente agradecido por el mismo, en serio.