viernes, 7 de abril de 2023
VV.AA.: Mundo Weird. Antología de nueva ficción extraña
jueves, 6 de abril de 2023
Chris Kraus: La fábrica de canallas
Título original: Das kalte Blut
Año de publicación: 2017
Traducción: Isabel García Adánez
Valoración: muy recomendable
¿Se puede tener simpatía por un nazi, aunque se trate de un personaje de ficción? Si alguno fuéramos un escritor murciano de extremocentro, dedicado a llamar la atención en los medios de derechas denunciando la dictadura woke, no cabe duda que la contestación sería: "Sí, por supuesto", antes de enseñar la foto de Knut Hamsun que tendríamos sobre el escritorio. Pero para el resto de personas normales y más o menos decentes, la respuesta no es tan clara..."Hombre, un nazi-nazi, aunque sea un personaje de novela... Buf, qué difícil..." Pues más complicado resulta aún decirlo una vez leída esta novela. Porque su protagonista-narrador en primera persona, Konstantin -Koja- Solm es un alemán del Báltico y, junto a su hermano Hubert, miembro de las SS y, más concretamente, agente de la SD, su servicio de información, integrada dentro de la igualmente infame Oficina para la Defensa del Reich dirigida por el felizmente finiquitado Heydrich y. después, por el mismísimo Himmler. Pero, además, Koja Solm es un tío ocurrente, simpático y sentimental, con un temperamento y vocación artística, más que por la intolerancia política -de hecho, en ningún momento se presenta como un nazi convencido y no tiene ningún problema en tener trato amistoso hombres, ni mucho menos en mantener relaciones de...ejem, todo tipo con mujeres de razas supuestamente inferiores-; a diferencia de su hermano Hub, ha devenido nazi por las circunstancias del momento, de igual forma que luego espía para diferentes servicios secretos, traicionando a quien haga falta para su propia supervivencia y la de quien le importa de verdad. Es, en todo caso, más un pícaro que un fanático, aunque también un criminal.
Se ha comparado este libro con Las benévolas de Jonathan Littell, libro que no he leído (ni creo que vaya a hacerlo, que son 1200 paginacas, tetes...); no sé, pues, hasta que punto existen similitudes, aparte de las más obvias, entre las dos obras, pero si hay algo que distingue a sus autores: a diferencia, supongo, del norteamericano que escribe en francés, el alemán Kraus (*) no sólo originario del país responsable de todo el quilombo, sino también está afectado personalmente, por la conmoción que le supuso enterarse de que su abuelito querido había sido de las SS durante la guerra, y de ahí el germen de esta novela. No obstante, parece que el abuelo nazi debía de ser cariñoso con el nieto (igual que le ocurre a cierto escritor murciano, que tenía "un abuelo rojo y otro facha"... sólo que, visto lo visto, parece que el facha le daba más propina), porque ya digo que Kraus no presenta al personaje basado en él -aunque no únicamente- como un psicópata asesino, sino como un canalla, o medio canalla, que se amolda a lo que le va tocando vivir. Aunque claro, algo de mala conciencia sobre las tropelías que ha cometido a lo largo de su vida sí que le debe de quedar a Koja Solm, pues durante su estancia en un hospital de Múnich en 1974 -debido, en concreto, a una bala que tiene alojada en la cabeza- se dedica a contárselo todo a su infortunado compañero de habitación, un hippie llamado Basti, que alucina ante la historia, y sin necesidad de psicotrópicos (bueno, alguno que otro también hay, ejem...).
De todos modos, más que un lamento por lasa culpas de Alemania, que también, lo que aquí encontramos es una crónica histórica-familiar a lo largo de casi un siglo, un dramón incestuoso -o varios., una novela de espías que se desarrolla en diferentes épocas y escenarios, un libro de humor -sí, lo siento, pero hay mucho humor en esta novela, incluyendo humor judío-; más aún, una crónica sobre los avatares de la Alemania y el mundo de la posguerra y el papel que jugaron en ella los antiguos (?) nazis como fue el doctor Gehlen, general de contrainteligencia de la Wehrmacht y posterior director de la semioficial Org -bajo el ala de la CIA-, y su sucesor, el BND, organizaciones más llenas de nazis que los juicios de Nüremberg (y sólo un poco menos que en los congresos que se celebraban en esa ciudad durante el III Reich). Claro, que no sólo los servicios secretos occidentales hicieron la vista gorda con según que gente de turbio pasado, también el KGB, cómo no, e incluso el muy judío Mosad, con quien nuestro Koja y el resto canallas también tienen no poco trato, en algunas de las páginas, por cierto, más hilarantes del libro, merced, en gran medida, a la presencia del jefe de la inteligencia y contrainteligencia israelí, el inefable Isser Harel (oriundo también de Letonia, por cierto).
En este extenso libro (perfectamente podría haber entrado en una de nuestras Tochoweeks) cada cual puede encontrar lo que busque: quien quiera estremecerse con un relato de los horrores de la época nazi, podrá hacerlo -aunque hay que señalar que la denuncia de Kraus va más hacia lo que ocurrió después, la connivencia de los gobernantes de la RFA con los criminales de guerra), igual que quien busque el morbo erótico y sentimental o quien guste de una novela de espías a la vieja usanza, cuando no había hackers , algoritmos ni deep web o cosas por el estilo.... Quien quiera partirse de risa, lo hará, ya digo, y quien quiera llorar -o, al menos, emocionarse-, también. Lo más importante, en cualquier caso, es que todo esto, junto, conforma un PEDAZO DE NOVELÓN, un relato de resonancias bíblicas, sobre el amor, la traición, la cobardía o el valor y los vínculos que no se pueden borrar ni con sangre ni con fuego. Algo tramposo, sin duda, y tal vez inverosímil (aunque cosas más raras se han visto), pero que funcuiona de principio a fin merced, quizás a esta misma variedad , lo mismo que por una prosa de más que notable calidad y, sobre todo, a un protagonista y narrador que no puede dejar de conquistarnos y repelernos a la vez. Un canalla o medio canalla, al menos, incluso un nazi, de acuerdo -de aquella manera, eso sí-, pero que, pese a todo, no deja de concitar simpatía. Otra cosa es que, en la vida real, un tipo así debería quizás acabar colgando de una soga, no lo sé... Pero, en fin, esto es una novela, después de todo...
(*) Hay que aclarar que el autor de esta novela es un escritor y director de cine alemán, no una crítica de arte y escritora norteamericana también llamada, mira por dónde, Chris Kraus.
miércoles, 5 de abril de 2023
Vicenç Pagès Jordà: Kennedyana
Año de publicación: 2022
Valoración: bastante recomendable
Bien: en el momento de escribir esta reseña, en este blog (lo he buscado con Google) no se ha mencionado, todavía, a ChatGPT. Con lo cual no ha surgido el debate estéril sobre la creación literaria, ya no digamos su aplicación a este subgénero inmundo que es la crítica/reseña/comentario literario y nos hemos librado, que nuestro sudor nos cuesta y el bienestar de nuestras familias de ello depende, de vivir inquietos bajo el yugo amenazador de que un señor pésimamente pagado, subcontratado por algún gigante de Silicon Valley, halle el algoritmo que permita emitir la opinión objetivamente definitiva y metacontrastada sobre los libros que día a día vamos viendo aquí.
Y ¿a qué viene al caso este comentario, aparte de rellenar el obligatorio primer párrafo introductorio? Bueno: Kennedyana se publicó unos meses después de que su autor falleciera y en algún momento del texto he echado de menos que no sea un libro más extenso, más abrumador. Incluso creo percibir cierto desequilibrio entre el texto introductorio, que abarca casi una cuarta parte del libro, y su desarrollo propiamente dicho, que ocupa menos de doscientas páginas, que se me ha hecho muy corto y por eso he pensado si, como de una Sagrada Família literaria se tratara, alguien hubiera extendido más algunos de esos capítulos y los hubiera llenado, que material no hubiera faltado, con más alusiones a la historia de esa saga, los Kennedy, que viene a representar, trágicamente a su pesar, el primer eslabón de la política global insertada en una especie de cultura pop.
Pero lo descarto: por mucho empeño que se pusiera, el texto está impregnado de la personalidad del autor, e incluso me atrevería a aseverar que la propia foto elegida para la portada (unos operarios manipulan unas figuras a tamaño real de JFK y Jackie) es una manifestación orgullosa de la condición humana como elemento inimitable e irrepetible al servicio de ciertas manifestaciones culturales.
Mal: en el momento de escribir esta reseña en este blog (lo he buscado con Google) no se ha mencionado, todavía, a ChatGPT. Y un blog literario de presencia diaria y constante, de confluencia forzada, pero pacífica, de individuos de diversos orígenes y generaciones debería haber puesto el tema sobre el tapete. Ni que fuera para distanciarse(nos) de esos opinadores con el piloto automático que componen reseñas sobre libros con un 40% de sinopsis y un 70% de panfleto promocional* y las publican pendientes de que las máquinas de búsqueda controlen los vínculos y moneticen con calderilla, que ya da igual (sabéis a quienes me refiero) recomendar buenos o pésimos libros con tal de facturar. Tanto quien esto escribe, como el autor de este libro, han de echar mano de recursos personales, de, experiencias propias y del bagaje de lo leído/visto/consultado, que naturalmente no es todo lo posible y naturalmente viene distorsionado por la opinión o el impacto. O sea, Pagès Jordà documenta la historia de la familia Kennedy desde los orígenes de la dinastía como inmigrantes de origen irlandés que amasan una gran fortuna que les permite acceder a una trascendencia social de mucho impacto, y fruto de ello es su enorme ambición política, su colosal éxito personal y la inconmensurable repercusión de todos los hechos que afectan a su persona, con la descomunal cima que suponen los hechos del 22 de noviembre de 1963 (junto al 11-S, dos cifras marcadas a fuego en el imaginario universal, por mucho que les pese a los crispados anti-yankis), hasta toda la concatenación de hechos - tragedias en su mayor parte - que prácticamente llegan hasta la actualidad, que los convierte en una dinastía mítica y uno de los elementos clave del imaginario moderno, cuya capilaridad es absoluta, interminable, inconsciente y descontrolada. Pagès no se limita a lo morboso ni se centra en el Gran Misterio de la Humanidad, pero es profuso en acudir a toda clase de referencias (literarias, periodísticas, visuales), demostrando no solo una amplia cultura sino una desvergonzada actitud que no distingue entre los distintos estratos de éstas. Da igual referirse a prensa rosa o amarilla o a obras de gran envergadura (De Lillo, Pynchon) o si los hechos han sido tratados de forma epidérmica o si se les ha sometido a una análisis de alto calado: Pagès Jordà lo abarca todo y consigue apuntalar un estudio más exhaustivo en su alcance potencial que en su extensión. Las alusiones son continuas y excitan la curiosidad del lector, que se dispara en todas direcciones, incluyendo la propia obra de Pagès Jordà, que ya alude a su recurrencia sobre el tema, y las páginas de Kennedyana se me antojan trágicamente exiguas porque estamos ante un artefacto literario (encajémoslo en la categoría de ensayo) que es rabiosamente contemporáneo.
* Lo que deja la opinión de quien lo escribe, si se trata de una persona, en un 10% negativo.
martes, 4 de abril de 2023
Xavier Mas Craviotto: La pell del món
Título original: La pell del món
Traducción: publicado en catalán por L'Altra Editorial, sin traducción al castellano en el momento de publicar la reseña
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable
lunes, 3 de abril de 2023
Rosa Chacel: Memorias de Leticia Valle
Año de publicación: 1945
Valoración: Recomendable alto
Puestos a buscar mujeres escritoras no hace falta irse muy lejos y mucho menos hacer ‘descubrimientos’ extraños. Esto es, claro está, una opinión personal, porque creo que hay escritoras interesantes que siempre han estado ahí, que sí están en los manuales, pero a las que casi nadie presta atención hoy en día, quizá porque no se ajustan a ciertos patrones. Pero antes de meterme en berenjenales no deseados, pasemos a hablar de Rosa Chacel, vallisoletana, autora poco ruidosa que afortunadamente llego a cosechar premios importantes en vida. Memorias de Leticia Valle es quizá su obra más conocida, y da para comentar bastantes cosas.
Se trata de un texto en primera persona con la narración de una niña de apenas doce años que cuenta cosas que va sintiendo y descubriendo, pero que nadie piense en el diario tontorrón de preadolescente llena de perplejidad e inseguridades. Con posibles rasgos autobiográficos, Leticia describe la vida, más bien aburrida, en un pueblo donde convive con una tía y con su padre, militar lisiado recién regresado de Marruecos. Pronto comienza la niña a tomar clases de música en casa de doña Luisa, y también enseguida el marido de esta, don Daniel, pasa a ser su profesor en materias escolares amplias. Todo el relato se establecerá en el triángulo entre estos tres personajes.
Leticia es una niña precoz, pero su voz no es la de una repipi, ni la impostada de una adulta que finge hablar como una menor, lo que leemos es sobre todo lo que ella ve y siente desde la posición en que le coloca la edad, narrado de forma cristalina, con maestría absoluta que combina la necesaria ingenuidad de la mirada con la precisión y la finura del relato. Una síntesis perfecta que deja además imágenes insólitas, algunas de enorme belleza, que solo pueden salir de la cabeza de una niña, como cuando explica con naturalidad las fantasías que de improviso le venían cuando era aún más pequeña.
Pero claro, esto no es tan sencillo, porque lo que vive Leticia va más allá de lo corriente o esperable. Está ansiosa de aprender cosas, aunque no necesariamente, o no solo, lo que se aprende en la escuela. No piensen mal: la niña disfruta con la música de doña Luisa, y también cocinando con ella, necesita conocer de verdad a su padre, saber lo que hace o hacía y por qué, se entusiasma con las enseñanzas de don Daniel, quiere absorber conocimientos y teme no llegar al nivel deseado. Como es lógico, no tiene claro lo que busca, pero sí que busca con intensidad, quizá probarse, quizá tocar la puerta del mundo adulto, absorber lo que siente o intuye que puede estar ahí fuera.
Todo ello va configurando esa relación tan especial con Luisa y Daniel. Con ella establece lazos que se parecerían a los que tendría con su propia madre, que es por cierto una figura completamente ausente del libro, como si nunca hubiera existido. La maestra ve sin embargo a Leticia como una amiga, sin importar la diferencia de edad. Y con Daniel las cosas, que siempre tuvieron un sesgo algo extraño, tomarán un rumbo inesperado donde irá creciendo una atracción (¿mutua o solo unilateral?) que ha hecho que se compare a esta obra con Lolita, escrita por cierto diez años más tarde.
Pero no, tampoco eso es suficiente para hacernos una idea fiable del libro, hace falta el ingrediente fundamental: la elipsis. Todo en Memorias de Leticia Valle es una enorme elipsis donde, aunque lo que leemos aporta información necesaria, mucho más importante es lo que no podemos leer, lo que no se cuenta, lo que queda tras la cortina que extiende la autora. Es la mayor grandeza y originalidad del libro, continuar línea tras línea siendo conscientes al mismo tiempo de que hay mucho más que queda fuera del foco, cosas que llevarán al relato a su desenlace (también brumoso, equívoco) pero que deberemos construir en base a lo que tenemos delante. Si no lo hacemos, nos quedará la sensación de algo escrito con inteligencia y finura, pero algo blando donde pesa más la sensibilidad del diario que el vigor de una narración atrayente.
Hay quien dice que Rosa Chacel tenía cierta tendencia a la autocensura, y de ahí el vaciado de los elementos más potentes, y quizá escabrosos, del texto (ya sabemos que los censores no se destacaban por su perspicacia). Sinceramente pienso que esto no es suficiente para explicar un relato escrito como a trasluz. Yo creo que la voluntad de escamotear escenas decisivas es parte, y una parte fundamental, del planteamiento narrativo, como si la autora se hubiera propuesto el ejercicio de contar sin llegar a ser explícita, un recurso muy difícil de desarrollar y que en mi opinión se alcanza con pleno éxito.
Es más, eso que solo se deja entrever tras las veladuras de un discurso aparentemente inocente, provoca mucho más desasosiego precisamente por permanecer oculto, o casi. El lector se pregunta si ha entendido bien, si no estará malinterpretando pequeños detalles, si se ha perdido alguna información. Eso sí, la jugada es arriesgada porque, a fuerza de sutileza y de amagar, uno puede terminar por desconectar y decidir que no quiere hacer el esfuerzo de leer entre líneas porque que en realidad en el relato de Leticia no ocurre nada importante. Y yo les aseguraría que sí, que sí ocurre, que Rosa Chacel nos hace sufrir un poco para descubrirlo pero está ahí, y luego cada uno lo verá de una forma y con un alcance diferente. Seguramente no llegaremos a la misma conclusión, pero habrá merecido la pena.
domingo, 2 de abril de 2023
Yukio Mishima: La casa de Kyoko
Título original: Kyōko no le
Traducción: Emilio Masiá López
Año de publicación: 1959
Valoración: Más que recomendable (joder, que es Yukio Mishima!)
Algún tocapelotas puede decir que Yukio Mishima escribía siempre el mismo libro. Sus personajes atormentados y tendentes a lo autodestructivo, sus incisos políticos y espirituales, su obsesión por la belleza y el cuerpo o sus atmósferas oscuras y opresivas puede que constituyan elementos comunes a la mayoría de sus novelas, pero de ahí a decir que es siempre la misma novela hay un trecho.
Como no podía ser de otra forma, "La casa de Kyoko" posee todos esos ingredientes (y alguno más), aunque ciertos aspectos confieren al texto un aire algo diferente. Veamos.
"La casa de Kyoko", publicada originalmente en 1959 y, por tanto, situada en una etapa intermedia de la obra de Mishima, es una de las novelas más autobiográficas y "autopredictiva" del autor.
Cuatro personajes masculinos de unos 25-30 años y la omnipresente Kyoko, que vendría a ser el pegamento que los une, son los protagonistas de una novela eminentemente psicología y autobiográfica en la que Mishima se sirve de un grupo heterogéneo en edad, profesión y procedencia para mostrarnos las diferentes vertientes de su propia personalidad: la narcisista, la nihilista, la sensible y la de hombre de acción.
Todo lo anterior, por si fuera poco, situado en un contexto de crisis económica y espiritual (la guerra de Corea, la ocupación norteamericana, etc) que determina en cierto modo la vida de los personajes.
Es, por tanto, ese componente psicológico (ese exprimir a sus personajes hasta el límite, ese hurgamiento salvaje en sus ideas, sentimientos y pensamientos ) el centro y la principal virtud de "La casa de Kyoko". Esto no es obstáculo para que en ella encontremos , aunque en menor medida que en otras obras del japonés, detalladas y hermosas descripciones de paisajes, oscuras y perturbadoras imágenes de una potencia erótica brutal o las a veces frecuentes "brasas teóricas" de Mishima sobre economía o espiritualidad.
Por ir terminando, diría que "La casa de Kyoko" es una buena novela pero no la situaría entre las mejores del autor. Quizá una cierta descompensación entre la carga psicológica y la carga poética de la novela y algún que otro exceso teórico hagan que el texto no llegue a la altura de "La corrupción de un ángel" o "Nieve de primavera", dos de mis favoritas del autor. Al menos, esa es mi impresión.
Un porrón de libros de Yukio Mishima reseñados en ULAD: Caballos desbocados, Sed de amor, Nieve de primavera, El Templo del Alba, El pabellón de oro, El rumor del oleaje, Los años verdes, Después del banquete, El sol y el acero, El marino que perdió la gracia del mar, La corrupción de un ángel
sábado, 1 de abril de 2023
Victoria Martín: Se tiene que morir mucha gente
Vi a Claudia correteando como una loca, sus bucles terroríficos se movían con cada uno de sus saltos. Me entraron ganas de abrazarla y decirle que todo iba a estar bien, pero me contuve porque no se puede abrazar a niños que no sean tuyos.
(…) a lo largo de la historia los hombres han logrado que esta práctica sea una herramienta válida para infravalorar y desacreditar a las mujeres que prosperan en el trabajo. Si una mujer ha conseguido un ascenso a base de mamadas, me parece absolutamente lícito, solo faltaría que después de hacer algo así no te den un aumento, más responsabilidades y un despacho con vistas.





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