lunes, 24 de agosto de 2015

Reseña + entrevista: Los turistas desganados de Katixa Agirre

Idioma original: euskera
Título original: Atertu arte itxaron
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable

Nota inicial: esta reseña se publicó originalmente con motivo de la edición, en 2015, de la versión original de la novela en euskera, con el título de 'Atertu arte itxaron'. La entrevista ha sido realizada, en cambio, con motivo de la publicación de la traducción al castellano, en octubre de 2017, con el título de 'Los turistas desganados'.

¡Curioso libro este, que se empeña en explicarse a sí mismo y no nos deja a los críticos casi ningún trabajo por hacer! Así dice en uno de los primeros párrafos: "La carretera y el viaje, la metáfora de asfalto, el autoconocimiento, la penitencia, el destierro, la travesía del desierto. Ítaca. Un género con una abundante tradición en la historia de la literatura. Qué te piensas. Estas cosas se hacen con fundamento. Con una revisión de la literatura anterior. Status quaestionis". Y sigue luego, efectivamente, con una breve revisión de algunos antecedentes del género de viajes: Don Quijote, On the road, Lolita...

Porque, efectivamente, esta novela es casi una road novel: la reconstrucción de un viaje de vuelta a los orígenes (como la Odisea) pero también la historia de un vagabundeo sin objetivo definido más allá del propio viaje (como el Quijote y la novela de caballerías en general). Se trata, en este caso, del viaje que la protagonista y narradora, Ulia, emprende con su compañero, Gustavo, para mostrarle el País Vasco en el que nació: la casa de su madre en Vitoria, pero también Bilbao, Algorta, la costa vasca, San Sebastián...

Se trata, como dice el propio texto, de un viaje de autoconocimiento, y quizás más que eso, de conocimiento mutuo: tanto Ulia como Gustavo guardan secretos el uno para el otro, que solo desvelarán en las últimas páginas del libro. Pero la novela se compone también de otras líneas argumentales, como la reconstrucción de la vida pasada de Ulia (su adolescencia, su carrera truncada como cantante, su historia amorosa y sexual), sobre la relación de la madre de Ulia con un hombre llamado "Jota", y también algunos pasajes relativos a la vida de Benjamin Britten, que quedan algo lejanos del resto de la narración pero se justifican porque ese es el tema sobre el cual Ulia está escribiendo su tesis.

Es casi imposible no usar el término "posmoderno" para describir esta novela, no solo por la autorreferencialidad de la que ya hablaba antes (la narradora hace en varios momentos comentarios sobre el propio proceso de escritura, la selección de palabras, técnicas o perspectivas para contar la historia), sino también por la autoironía que aparece recurrentemente, por el fragmentarismo de la narración o por el juego (moderado) con el pastiche: en el texto se incluyen noticias del periódico (en euskera y en español), e incluso las instrucciones para preparar correctamente un white russian.

Pero Atertu arte itxaron no es solo una adaptación vasca de la road movie americana o una contribución a la narrativa vasca posmoderna (cuyo exponente más archiconocido es Bilbao-New York-Bilbao de Kirmen Uribe); es también una lectura ágil, con cabida para el humor y para la experimentación formal, para el melodrama y el erotismo; un paseo no turístico ni exotizante por un País Vasco que está encontrándose a sí mismo después de los años de violencia terrorista o allejera.

Otras obras de Katixa Agirre en ULAD: Hábitat


Entrevista con Katixa Agirre


Empezando por la (auto)traducción, ¿cómo ha sido el proceso? ¿Has reelaborado, o te has limitado a traducir? 

He sido fiel a lo que escribí en su día en un 99%. La verdad es que ha sido un proceso fácil y natural, conocía tan bien el texto que no me ha costado ponerlo en otra lengua.

 
¿Por qué ese cambio de título tan radical? 

Intenté una traducción literal, algo así como "Esperar a que escampe" y el verbo "escampar" me pareció entonces muy feo comparado con atertu, que es mucho más sugerente. Así que acabé rescatando uno de los muchos títulos que había descartado para la novela original, y lo traduje, y esta vez sí, me sonó bien.

 
¿Qué ha cambiado, en el País Vasco, y también en la literatura vasca, en los dos años desde que publicaste el original hasta ahora? ¿Crees que esa diferencia temporal puede afectar a la recepción de la traducción de la novela? 

No creo que el País Vasco haya cambiado mucho en este tiempo, quizá lo más reseñable, en el ámbito literario y también social, haya sido el éxito arrollador de Patria, y una cierta moda en torno al conflicto vasco en la literatura. No sé si esto es bueno o malo, puede ser bueno desde el punto de vista de marketing, pero quizá Patria haya agotado o asfixiado el tema, tengo dudas.

 
Esta es una novela muy posmoderna, en el sentido de que es muy autoconsciente de su existencia como narración (y como "literatura de viajes"). ¿Sigue vigente este paradigma literario, cultural, filosófico, o da muestras de agotamiento? 

Pues fíjate que yo la veo bastante clásica, con el viaje del héroe, sus pruebas y su clímax final. De haber algo, hay una parodia de lo posmoderno, esta tendencia a mezclar autora y narradora, a que la autora enseñe sus cartas continuamente e interpele al lector, porque esa asociación entre autora y narradora es pura ficción. Es cierto que la narradora explica el relato constantemente (básicamente, para quién escribe y por qué, incluso qué reacciones espera) pero esa explicación es pura invención, no son las verdaderas razones por las que yo escribí la novela.

 
En cierto modo, esta novela, como 'La línea del frente' de Aixa de la Cruz, reflexiona sobre la capacidad de dialogar y construir un discurso sobre eventos traumáticos. ¿Crees que esto es posible? En la novela, Ulia no consigue dialogar ni con su padre ni con su pareja... 

Es posible y necesario, hablar, contarse historias, darle sentido al pasado y al presente mediante el artilugio narrativo. Es una necesidad humana tan básica como la de respirar. Ulia no consigue hablar pero puede escribir. 

 
El epílogo y la frase final ("tengo muchas cosas que contarte"), ¿indican una cierta esperanza de que este diálogo "sanador" pueda darse en el futuro? 

Yo creo que el final, aunque abierto, sí es esperanzador, y la última frase es toda una declaración de intenciones: hay que seguir contándonos, contar y escuchar historias es la mejor manera no sólo de darle sentido a nuestras vidas, sino de generar empatía y entender al otro.  


¿Qué papel juega la biografía de Benjamin Britten en la novela? ¿Por qué decidiste incluirlo?
 

Como excusa de la tesis que está escribiendo la protagonista, doy pinceladas de la vida de este compositor inglés, sobre todo de su juventud, marcada por su pacifismo y su negativa a hacer la guerra justo cuando la guerra parecía más justificada, en plena ofensiva nazi. En las partes dedicadas a Britten es donde más de lleno se tratan los temas que en el resto de la novela solo se intuyen. ¿Es la violencia siempre rechazable? ¿Podemos ponernos de perfil cuando los acontecimientos históricos nos arrollan? ¿Tenemos derecho a negarnos a luchar cuando sabemos que otros lo harán por nosotros?


¿Crees que existe una "guerra por el relato" en el País Vasco, como tantas veces se ha dicho en los últimos años? ¿Qué papel puede/debe jugarla literatura en este contexto?
 

Siempre ha existido esa guerra a nivel simbólico: desde el lenguaje que acuñó la izquierda abertzale, hasta esa negación misma de que existiera un conflicto que se gestó, creo, en tiempos de Aznar. Que exista esa guerra simbólica, que esté viva, que cada cual tenga la libertad de contar cómo lo vivió y confrontar su experiencia con otras experiencias antagónicas, me parece positivo, aunque hay que recordar que esa libertad está aún hoy en día coartada (nada tan fácil como invocar a las víctimas para censurar esto o aquello). En general, me remito a lo dicho por Edurne Portela en El eco de los disparos, sobre la necesidad de una imaginación ética que venga fomentada por las representaciones artísticas de toda índole. Ahí es donde la literatura puede hacer su humilde aportación.

domingo, 23 de agosto de 2015

Óscar Esquivias: Viene la noche

Idioma: castellano
Año de publicación: 2007
Valoración: muy recomendable

Tercera entrega de la trilogía "dantesca" sobre la Guerra Civil española escrita por Óscar Esquivias y... ¡sorpresa!: nuevo cambio de registro, e incluso de personajes -casi- y de escenario. Si Inquietud en el Paraíso constituía una reconstrucción histórica ejemplar -aunque la novela sea bastante más que eso- y La ciudad del Gran Rey era una fantasía distópica que actuaba como metáfora (perdón por tanta esdrújula), en Viene la noche la acción se desarrolla en el tiempo presente -es decir, cuando se escribió la novela, en 2006- y no en el  Burgos real ni el "alternativo", sino en Madrid. Cambian también los personajes: desaparecen -no del todo- Rodrigo Gorostiza, el relojero Bayona, el comandante Paisán... y la historia se centra en la vida de un anciano, el burgalés Benjamín Tobes, vecino del madrileño barrio de Tetuán, cuyas calles recorre a diario; también nos hablan de su familia, sus amigos, su afición por la lectura... si bien el protagonismo lo comparte, aunque sea a modo de contrapunto, con su hijo jaime, que también tiene sus propias y peculiares circunstancias matrimoniales y familiares.

Novela de aparente corte costumbrista que supone un retrato de la España actual -de la que era en 2006, en realidad-, con sus calles repletas de inmigrantes (sería curioso comprobar hasta que punto pueden haber cambiado -o no- las cosas en pocos años, convirtiendo esta novela casi en un testimonio histórico), y el transfondo de los atentados del 11 de marzo de 2004 como eco de lo que supusieron la Guerra Civil y sus consecuencias. También, para quien guste de los recursos y guiños "letraheridos" hay algún momento metaliterario elegantemente trazado. Por no hablar del divertido grupo de los poetas jacobinos de la letra impresa liderados por Garcilaso Morris... 

Pero Viene la noche es sobre todo una novela sobre la devastación que puede suponer la vejez sobre los seres humanos; sobre sus capacidades, sus percepciones y su entorno... sobre lo que han sido o han creído sertoda la vida. Y eso, aunque nos resistamos a su avance con uñas y dientes -como hace Benjamín Tobes-; antes o después, la noche llega.

La vejez, pues, como uno de los círculos del Infierno, más allá del cual sólo resta otro más, el de la muerte.


sábado, 22 de agosto de 2015

Colaboración: La casa del trueno de Dean R. Koontz

Idioma original: Inglés
Título original: The house of thunder
Traductora: María José Buxo-Dulce Montesinos
Año de publicación: 1990
Valoración: Está bien

El debate de la Alta y Baja Literatura ya se ha cobrado demasiadas víctimas. Por culpa de mentalidades estrechas y obtusas, material o autores de calidad han sido ninguneados. Debido a prejuicios infantiles o a inclinaciones herméticas, también. El criterio comercial no suele indicar calidad, es cierto, pero tampoco tiene por qué implicar producciones sosas, anodinas o de reflexiones estériles. Es bien sabido que el paisaje de la literatura de terror ha sabido nutrirse acertadamente de elementos, llamémosles positivos, de la cultura de masas. No hay más que pensar en el arquetípico Stephen King para cerciorase de ello. Sin embargo, hay otros escritores interesantes en el género que tener en cuenta.

Aquí es donde aparece Dean R. Koontz. Al igual que King, es muy prolífico e imaginativo. Además, su técnica es, igual que la del maestro del horror contemporáneo, bastante decente. Al menos, en lo que al oficio respecta. Sus personajes y escenarios son muy verosímiles, por lo que Koontz nos permite vestir cualquiera de las identidades planteadas, o imaginarnos viviendo la experiencia narrada. En cuanto a la trama de sus novelas, podríamos decir que este es el único aspecto que lo delata como escritor de Baja Literatura, pues tiene a lo "pulp".

El libro del que pretendo hablar en esta reseña (a ver si lo consigo, que hasta ahora me he dedicado a divagar) es La casa del trueno. Publicada originalmente bajo pseudónimo, no es, ni de lejos, la mejor novela de este autor. No obstante, posee momentos cargados de terror que los admiradores del género agradeceremos sobremanera. Susan Thorton es la protagonista: sufre de amnesia y, aunque intenta recuperar sus recuerdos, la atmósfera en la que se encuentra zambullida (un tétrico y misterioso hospital, cuyos pasillos son patrullados por fantasmas salidos de su nebuloso pasado) no será el ambiente más favorable para que lo consiga.

Si bien La casa del trueno resulta monótona si ya has leído antes a Koontz, pues el autor insiste en los mismos tipos de personajes, giros argumentales y ambientaciones que acostumbra visitar, es una novela plagada de agradecidos momentos de tensión. La historia tiene momentos algo predecibles y el final es de lo más decepcionante (lo cual no significa que no sea bastante original), pero, en general, se puede disfrutar con la lectura de esta novela. No plantea grandes cuestiones filosóficas, es verdad, pero te entretiene a lo grande, lo cual es su virtud más grande como trabajo confeso de Baja Literatura.

En resumen, recalcaré que, como ya he mencionado, existen libros en la nutrida bibliografía de Koontz que son mucho mejores. A pesar de su insistencia en ciertos recursos argumentales, este escritor se convierte en una parada obligada en el itinerario de los interesados en el terror contemporáneo.

También de Dean R. Koontz en ULAD: La feria del terror

Firmado: Oriol Vigil

viernes, 21 de agosto de 2015

Daniel Tammet: La poesía de los números

Idioma original: inglés
Título original: Thinking in Numbers
Año de publicación: 2014
Traducción: Pablo Álvarez Ellacuria
Valoración: recomendable

El mayor peligro de los libros que quieren acabar con ciertos convencionalismos y juntar distintas disciplinas es claro: el de quedar estancado en una tierra de nadie a medio camino de muchas cosas. No tiene por qué ser un defecto. No todos los lectores potenciales son fundamentalistas que exigen una posición clara e inequívoca. 
No es que Tammet fracase; la lectura de La poesía de los números es un ameno entretenimiento, quizás no del mismo tipo que los grandes triunfos de Blackie Books (el grandísimo Santiago Lorenzo, por ejemplo) sino algo más, por decirlo, veraniego, algo más alejado de la trascendencia, y que tiene su público, y que puede que este sea más amplio que, no sé, los lectores de Pynchon o de Gaddis. También es una pequeña aventura literaria que va de menos a más, lo cual resulta curioso. A medida que las cifras empiezan a desaparecer de las páginas, parece que todo empieza a fluir un poco mejor. 
Otro peligro que elude Tammet entonces: el de limitar La poesía de los números a ser una simple enumeración (valga la redundancia) de anécdotas y de curiosidades, lo cual despojaría a esta lectura de personalidad y la haría descender a la categoría de esos curiosos tomos iniciales (Las sorprendentes ciencias, etc...) que se entregan a precio reducido con las ediciones dominicales de los periódicos. ¿Qué conclusión sacamos, entonces? Que el empollón que nos saluda en imagen digitalizada desde la portada, el tipo capaz de memorizar 22.514 primeros decimales del número Pi, parece desenvolverse mejor, o ser más interesante, cuando desciende a las mundanas arenas de la abstracción dentro de unos cauces. Es entonces cuando más se disfruta con esta lectura algo irregular, una recopilación de una veintena larga de ensayos dónde de nos habla de la relación de las matemáticas y la vida cotidiana, las matemáticas y el lenguaje, las matemáticas y la métrica, las matemáticas y el ajedrez, las matemáticas y la esperanza media de vida, y otros muchos (y no siempre apasionantes; la irregularidad es algo acusada aquí) temas donde la vida y los números confluyen. 
Tammet no lo hace nada mal, intercala alguna experiencia biográfica que aporta interés y cercandad. Pero lucha contracorriente: a los profanos les va a resultar algo difícil encontrar estímulos para seguir adelante en todos los relatos, y puede que a los especialistas el tratamiento de alguno de los temas le parezca frívolo. Un ejercicio valiente, casi osado para los tiempos que corren, en los que al 99% de los lectores hay que dárselo todo tan mascadito.

jueves, 20 de agosto de 2015

Colaboración: El lector del tren de las 6.27 de Jean-Paul Didierlaurent

Idioma original: francés
Título original: Le liseur du 6h27Año de publicación: 2015
Traducción: Adolfo García Ortega
Valoración: recomendable

El lector del tren de las 6.27, aparte de ser un cuento -casi un apólogo- delicioso, que se devora de una sentada, contiene una elocuente reflexión sobre el destino de los libros de papel y -tal vez lo más importante- la certeza de que la gente corriente esconde historias extraordinarias.  Miel sobre hojuelas, pues, para los asiduos a este blog: elogio encendido de la lectura y palmadita de autoayuda.

Auténtico best seller en Francia, un servidor tiene, sin embargo, la sensación de que está leyendo una compilación de textos breves engarzados -eso sí,  con habilidad de orfebre- en la línea argumental principal: la historia de un joven, Guibrando Viñol,  que obsequia diariamente a sus compañeros de viaje de un tren de cercanías con fragmentos salvados de aquellos volúmenes que, una vez descatalogados, son convertidos en pasta de papel por la empresa en la que él trabaja. Téngase en cuenta que el autor, Jean Paul Didierlaurent, ha sido galardonado en dos ocasiones con el Premio Hemingway de Relato. Hasta los personajes, completamente planos, son de cuento: los tenemos malos malísimos (Kowalski, Brunner) o empalagosamente buenos. Por haber, hay incluso un monstruo… Curiosamente los personajes secundarios están más cuidadosamente perfilados

La historia, sin embargo, no resulta en ningún momento deslavazada porque el bastidor es consistente, las narraciones seductoras. El autor demuestra además tablas y oficio: es admirable la habilidad con que se mueve en un urinario público, cómo sabe nadar y guardar la ropa con la historia de Giuseppe, cómo describe –desnuda- a partir de un gesto o de un detalle, con qué maestría torea un final previsible y, por supuesto feliz, al que está deseando llegar el lector. Didierlaurent es un velocista que consigue terminar jadeante pero con dignidad una carrera de fondo.

Traducida ya a veinticinco idiomas, estamos pues ante una obra ligera, conciliadora, balsámica que, de vez en cuando, nos merecemos.

Y terminemos con el doblaje. Uno no quisiera estar en la piel del traductor, Adolfo García Ortega: uno de los personajes, Yvon, habla en perfectos alejandrinos. Respetar contenido y forma tiene mucho mérito. Justo es reconocerlo.  

Firmado: Aster Navas

miércoles, 19 de agosto de 2015

Óscar Esquivias: La ciudad del Gran Rey

Idioma: castellano
Año de publicación: 2006
Valoración:  recomendable

Segunda entrega de la trilogía "dantesca" escrita por Óscar Esquivias y, en contra de lo que pudiera esperar el lector, cambio casi total de registro. Si Inquietud en el Paraíso estaba narrada partiendo de la ortodoxia de la novela histórica "convencional" -aunque superándola-, aquí nos encontramos un relato de corte fantástico, que se desarrolla en un escenario distópico, en una relidad alternativa correspondiente, aparentemente, al Purgatorio. Una distopía que resulta ser, en principio, similar a la ciudad de Burgos donde se desarrollaba la primera entrega de la trilogía... aunque sólo en apariencia: se trata de un "Burgos" azotado por una enigmática guerra, cuyas calles cambian de trazado por las noches, poblado por misteriosos -y peligrosos- habitantes, cuyos cielos son surcados por ermitaños voladores, una ciudad de tiempo cambiante, donde los ángeles custodian los sagrarios de las iglesias en ruinas, donde la única moneda en circulación son los dientes humanos... Una ciudad en la que tratan de desenvolverse -y ocultarse- los supervivientes de la expedición de don Cosme Herrera, con el comandante Paisán al frente. Un mundo distópico que nos remite, inevitablemente, a Las ciudades invisibles de Calvino, aunque también a las pesadillas opresivas de Kafka, al universo surrealista... O, en cuanto a las artes plásticas, a las pinturas de El Bosco, los grabados de Escher o incluso las creaciones de Chagall.

Además de una imagen del Purgatorio, la ciudad del Gran Rey es también, obviamente, una metáfora de la España inmersa en la Guerra Civil -y ésta, a su vez, del Purgatorio y viceversa-; de igual forma, el ominoso Gran Rey puede ser un trasunto del mismo Dios.... o del Diablo (o del propio Franco, por qué no...). Entreveradas en la narración principal encontramos además pequeñas estampas cotidianas de la ciudad, relatos corots de un costumbrismo surrealista que enriquecen la novela y nos ofrecen un panorama más amplio y profundo de ese Purgatorio que quizás no sea sino el reflejo enel espejo de nuestra propia realidad.

Una novela ésta distinta a lo acostumbrado, sin duda, y que por eso mismo no dejará indiferente a nadie. Que además constituye una muestra de lo que es capaz de escribir este autor de probada inventiva y exquisita factura literaria.


Otros libros de Óscar Esquivias en Un Libro al Día: Andarás perdido por el mundo, Jerjes conquista el mar, Viene la noche, Inquietud en el Paraíso

martes, 18 de agosto de 2015

Jim Thompson: 1280 almas

Idioma original: español
Título original: Pop. 1280
Año de publicación: 1964
Traducción: Antonio Prometeo Moya
Valoración: muy recomendable

Vaya: sé que no es muy correcto empezar una reseña con una palabrota.

Pero: joder con el sheriff Nick Corey. Vaya sentido de la moral y de la ética y del deber y de la rectitud. Un tipo curioso, una especie de canalla con suerte al que todo le ha ido saliendo a pedir de boca. Triunfa donde va: comete crímenes amparado por su estrella de representante de la ley, de cuyas consecuencias se zafa. Va de cama en cama de toda mujer que se le antoja, siempre diferentes de Myra, aquella con la que está casado. Se las apaña para aparecer como un impecable ciudadano empeñado en ayudar a todo el mundo cuando no es más que un gañán de la peor calaña que no tiene el mínimo escrúpulo, el mínimo miramiento en llevarse por delante a quien se interponga entre él y sus planes estrafalarios. Bragueta y gatillo fáciles, este Nick Corey, a lo que le ayudan no solamente la extraña disposición de las mujeres que frecuentan su compañía sino la torpeza de sus sucesivos antagonistas, sean estos macarras, maridos que aparecen en el peor momento, testigos potencialmente incómodos. Él va despachando los asuntos mientras en su cabeza configura algo parecido a un plan maestro. 
Ah! No olvidemos su sacrificado día a día, el que Jim Thompson nos describe con una retranca que pone de relieve el enorme cachondeo que es 1280 almas. Que si siestas, cómodas pernoctas de ocho o diez horas para reponerse de duras jornadas laborales dedicadas al paseo y al retozo en catre ajeno. Que si desayunos sencillitos de tres platos y postre. 
Si Jim Thompson no retratara, entreverado en tanto sarcasmo, el panorama de una América rural, sucia, racista hasta la naúsea, primaria, lúgubre y precaria, cercana a lo real, uno cerraría el libro y diría a otra cosa mariposa. Pero no: todo ese atrezzo no es más que un excipiente para colocarnos amarga medicina, para que apreciemos lo moderna que suena esta novela que cumple medio siglo justo este año. Va, pónganle una cara medio célebre y dejenlo vagar por uno de esos cochambrosos parques repletos de caravanas. Quítenle dos grados de violencia y de frialdad y rianse como si fuera un personaje de My name is Earl. Reconozcámonos pasmados y hasta algo ruborizados por el desparpajo con el  que Thompson intercala mala catadura, tabús (el incesto, como en Hijo de la ira), y banaliza la violencia. Un enorme favor a hacernos: no encerrar a Thompson en el restringido mundo de la "novela negra". Salta las barreras, dejando un enorme reguero tras de sí. De hedor, por eso.

También de Jim Thompson en ULAD: Los timadores, El asesino dentro de mí, Hijo de la ira