sábado, 26 de junio de 2021

Vladimir Nabokov: Rey, dama, valet

Idioma original: ruso

Título original: Король, дама, валет

Año de publicación: 1927-28

Valoración: Muy recomendable



Tras estos tres enigmáticos nombres se encuentran los protagonistas de una novela que, aunque escrita al inicio de su carrera literaria, demuestra con creces las excepcionales dotes de su autor y la convierten en precursora del virtuosismo que demuestra Lolita y de los alardes experimentales de Ada o el ardor, entre otras. Habida cuenta de que en ella aparecen muy fugazmente tanto las volátiles mariposas que tanto le apasionaron y a las que estudió con tanto interés como jugadores anónimos que se inclinan sobre el tablero de ajedrez, otra de sus grandes pasiones, me pregunto si este valet –infante en la baraja francesa y sota en la española– no representa en realidad al alfil de dicho juego. Y es que la novela refleja, a grandes rasgos, una prolongada partida donde los jugadores son también piezas de carne y hueso que avanzan, retroceden, cubren o traicionan a sus contrarios y, finalmente, se convierten en los ganadores o perdedores de esa trascendente partida vital. A partir de cierto momento, el éxito o fracaso de uno u otro equipo constituirá uno de los grandes alicientes de nuestra lectura, sin olvidar la sutileza psicológica, el esmerado retrato ambiental y el firme pulso con que Nabokov nos conduce por los enrevesados recovecos de la trama.

A primera vista podría parecer una intrascendente novela de adulterio femenino –subgénero que unas cuantas décadas atrás, justo cuando se hallaba en la cima, tan excelsos títulos dejó a las generaciones futuras y que en esa época estaba ya muy trillado– pero según avanzamos por ella la vemos convertirse en un derivado de este al estilo de Thérèse Raquin (1868) o de la posterior El cartero siempre llama dos veces (1934). Pero, tras ese planteamiento, el ingenio de su autor se aparta de cualquier modelo y, tras varios giros –inesperados pero escrupulosamente coherentes–, cierra la apasionante historia con un giro final que nos deja boquiabiertos. La coherencia de la que hablo se manifiesta particularmente en discretos toques de atención que comienzan, justamente, cuando se ha llegado a los dos tercios del texto –he hecho la cuenta– para advertir al lector entregado que se inicia un decisivo cambio de talante en uno de los tres protagonistas. Para compensar, incluye también algunos datos confusos que impiden hasta al más perspicaz adivinar las intenciones del novelista. Intenciones siempre aviesas, por supuesto.

Franz, un joven de familia modesta y sin ninguna habilidad destacable, es decir, sin futuro, es enviado por su madre a Berlín para que su acaudalado primo Dreyer –en apariencia, un bromista con suerte pero en realidad, un lince para los negocios– le busque acomodo en una de las  empresas que regenta. Tras visitarle en su mansión, Franz alquila un sórdido cuchitril no lejos de esta y se le contrata en los Grandes Almacenes de su tío. Pronto se convierte en un asiduo de aquella casa, en la que Dreyer no suele pasar mucho tiempo y donde la ambiciosa e intrigante cónyuge, claramente más joven que el marido, se aburre de lo lindo rodeada de lujos sin alma.

“Y en realidad, Martha creía que su  matrimonio no era distinto de los otros, que siempre reina la discordia, que la esposa lucha con el marido, contra sus peculiaridades, contra sus desvíos a las reglas establecidas y que todo esto componía una pareja feliz. Solo es desgraciado un matrimonio cuando el marido es pobre o lo han encarcelado por algún negocio turbio o derrocha el dinero con otras mujeres.”

El tono de la narración es más bien sombrío, pero el rostro de Nabokov mientras discurre o escribe –y que cualquiera con un poco de imaginación puede vislumbrar a través de los renglones que va leyendo– es de pura guasa. Le vemos desorientar a sus lectores a conciencia, vapulear a los personajes cebándose sin piedad con cualquiera de los tres y disfrutar a base de bien haciéndolos sufrir. Cualquier atisbo de felicidad es el preludio de nuevas angustias o quebraderos de cabeza, son como tres ratoncillos zarandeados por un enorme gato tan malvado como lleno de recursos. Aún así, tras terminar la lectura, encuentro un claro favorito y otro al que parece detestar más de la cuenta. También resulta destacable a pesar de su rol, muy secundario, el viejo Enricht, dueño de la casa donde se hospeda Franz, una personalidad siniestra, misteriosa y voluble, cuyos rasgos, aunque con más años a cuestas, podrían recordar al Norman Bates de Psicosis, y al que nos hubiera gustado conocer más a fondo.


También de Vladimir Nabokov: Lolita, Pnin, El original de Laura,

Sobre Vladimir Nabokov: Un revolver para salir de noche

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