miércoles, 16 de junio de 2021

Gerardo Fernández Fe: Hotel Singapur


Idioma original:
Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Está bastante bien

Hace unas semanas leí en Simpatía, la última novela del caraqueño Rodrigo Blanco Calderón, una frase que cualquier novelista que se precie debería tatuarse donde se le antoje:

Si algo te enseña Francis Ford Coppola es que en una buena película no hay personajes secundarios. Todos sus personajes, en caso de emergencia, por decirlo de alguna manera, deberían poder cargar con el peso de la historia.

Pues bien, esta frase se ajusta como un guante a esta sorprendente "Hotel Singapur" del cubano Gerardo Fernández Fe, más aún si tenemos en cuenta que se trata de una novela "coral" en la que asistimos a 6-7 historias que transcurren en tiempos y lugares tan separados entre sí como el Madrid de 1936, una pequeña ciudad norteamericana en los 90 o la Cuba de la segunda mitad del siglo XX, con su contexto histórico pero sin los habituales lugares comunes y clichés.

Y eso que el punto de partida no podría ser, en apariencia, más anodino. Un hombre de unos 40 años llega a una empresa estatal con el fin de auditar las cuentas de esta, pero lo que en realidad hace no es otra cosa que auditar la vida de los otros (aquí es inevitable la referencia a la película alemana del mismo título, pese a que el bueno de Genaro no sea un agente de los servicios de inteligencia) para no pensar demasiado en la suya propia. 

Pero esta aparente convencionalidad de la historia salta por los aires cuando vemos que el autor opta por una estructura arriesgada, por una especie de castillo de naipes en el que si uno de ellos falla, todo puede irse al garete. No es el caso. Fernández Fe mantiene la tensión y el ritmo a base de buenas historias y buenos personajes, tanto es así que por sí solos podrían ser leídos como breves novelas independientes. Pero "Hotel Singapur" vendría a ser más bien un mural en el que se combinan realidad y la ficción y en el que conviven distintas referencias espaciotemporales, en el que hay escenas que hablan del pasado y del presente, de desconocidos cercanos, de soledades, muertes, abandonos, huidas, esperanzas rotas... Ramas y tramas, en definitiva, que se rozan y entrelazan, seres de carne y hueso que  van desde lo "carveriano" hasta lo "bukowskiano" y con los que uno se encariña o se cabrea, según el momento. 

Junto a (o precisamente gracias a) estas historias a las que llegamos siempre gracias a persona interpuesta (la memoria tiene mucho de ficción) encontramos en la novela interesantes reflexiones acerca de la memoria, la identidad, la construcción del relato y el papel del narrador en esta construcción. Esto ayuda, rompe el paso al lector y da al texto una vertiente diferente pero complementaria.

Ya digo que "pese a" las más de 400 páginas del texto, el interés no decae en ningún momento y uno acaba enganchado a las miserias cotidianas de estas vidas cruzadas. Resulta, por tanto, curioso (por no decir otra cosa) que ninguna editorial haya apostado por "Hotel Singapur" y que el autor haya debido recurrir a la autoedición en el "innombrable dinosaurio". Ellos se lo pierden.

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