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domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año)El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
ClásicoEl crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convencióTodos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

viernes, 12 de diciembre de 2025

REFLEXEÑA 2x1: Renaissance, la caída de los hombres, y Renaissance, la ira de los vencidos, de J.J. Lucas

Idioma original: español
Año de publicación: 2010 en Atlantis, 2014 en Dolmen
Valoración: por muchas circunstancias azarosas, pésimo pero enternecedor

Cuando los ínclitos miembros de ULAD me propusieron entrar a su secta comunidad para alivianarles el sufrimiento, seguramente pensaban: "bueno, ha comentado a un Nobel australiano que no lo conoce ni su mamá, ha comentado a Sabato, que es más o menos de culto y gusta mucho en el blog, ha comentado a Cercas y encima dándole con un palo, cosa que también nos es favorable, seguro que si lo invitamos no nos va a venir con algo random o merecedor de ser quemado..., ¿verdad?" Y acá los decepciono, porque efectivamente traigo un mejunje complicado de analizar, tanto en mi valoración (completamente subjetiva) como en el inexistente filtro de calidad y edición de este primer libro (¡porque son dos!).

La cosa es que este libro me llegó por mi compañero de la librería donde trabajo, por lo que ya juega un componente afectivo en contra. Su recomendación fue más o menos así: "yo sé que sos muy puritano con la prosa y todo lo demás, y te juro que este libro me costó leerlo, pero quedate con la idea". Como ya me había recomendado Hacedor de estrellas (reseña en breve) pensé que le debía una, y me dispuse a leer su ejemplar. Para qué...

En el año 2023 (no le erró por mucho), el virus Verónica, originado en Nueva York (por alguna razón siempre es ahí), infecta y convierte a casi todos sus habitantes en whiteyes (el autor pone mucho empeño en que no son zombis), unos seres con fuerza, velocidad y resistencia sobrehumana y una insaciable tenacidad para destruir a la humanidad (le podés disparar tres veces a la cabeza a uno que seguirá persiguiéndote). Ahora bien, una de las particularidades de este virus es que, al matar a uno, la bacteria persiste en el aire con más fuerza y contagia a todos alrededor en un área no tan chica, por lo que se añade el problema de eliminarlos sin expandir el virus. La única ventaja, más o menos, con el que cuenta el reducido grupo de supervivientes al que vamos siguiendo a lo largo de la novela, es que sus fotorreceptores son tan sensibles (de ahí el nombre whiteye) que no soportan la luz del sol y solo cazan a la noche. La gran desventaja es que estos bichos evolucionan, condensando milenios de aprendizaje de una especie en pocos días, aprendiendo a cazar en conjunto y tejiendo planes en común que no sean solo comer descerebradamente.

Como esta reseña se va a hacer larga, diré solamente que los bichos son una mezcla de todo, zombis, vampiros y algún otro adefesio que ronde por las páginas de la literatura y las imágenes por segundo del cine. Pero a favor de la novela, y una vez que se superan otras cuestiones que ya comentaré, señalo que generan una verdadera tensión en algunos puntos de la trama, que siempre está la duda de cuándo aparecerán, incluso a plena luz de sol, y reconozco que hubo momentos donde sentí disparada mi alarma ante la breve descripción de unos ojos blancos en la oscuridad. Bien por J.J. Lucas, ¿no?

Pero esto no sería un pésimo si no hubiera con qué justificarlo. Primero, el grupo de supervivientes. Es un grupo militar, como es evidente, sacado de los peores guiones del Call of Duty (y un poco de Gears of War con peor resultado). Es un tropel de clichés, literalmente: el líder del grupo, el coronel Lawrence Newseth, que todo lo puede y que a pesar de bordear los cincuenta años sobrevive a caídas mortales y otras menudencias; la doctora Phoebe Rubbyn, la esperanza de la humanidad, muy linda y con un acercamiento romántico (aunque se agradece que al autor le parezca una nimiedad en el contexto de la obra); un sobreviviente solitario que se las arregla por su cuenta gracias a su ingenio y suerte; el resto del grupo, cada uno más estereotipado que el otro: el colombiano explosivo, el afro-estadounidense bromista, la chica ruda, el ruso serio y musculoso, en fin, ninguno se salva de marcar casilla en la peor literatura. Si hasta sus nombres son calcados en lo genérico: Escobar, Sulassky, Ridewolf (!). Segundo, el otro personaje que aparece cerca del final de la novela. Tiene la llave para explicarlo todo y, por supuesto, es un científico genio y loco (no diré más porque forma parte de la trama, pero seguro se imaginan por dónde va la cosa).

Y tercero, pero no menos importante, la estructura de la novela. Se nota que el autor quiso poner todo lo que sabía de su universo en esta novela, y es evidente que se lanzó a escribirla sin ningún tipo de plan, porque la forma de seguir la historia es un desastre. Comienza con un prólogo donde nos sitúa en la confusión del virus, sigue con el grupo de supervivientes en el campo Renaissance, último reducto de la humanidad, salta al sobreviviente solitario, de repente arroja flashbacks mal insertados sobre el origen del virus, incluso dentro del mismo capítulo, luego una escena de más de cincuenta páginas que avanza repentinamente la trama, de nuevo otro flashback de varios personajes que no nos importan, y así todo el tiempo. Recién se estabiliza luego de habernos explicado mil veces lo que bastaba con unas páginas, esto es decir, después de la primera mitad (y son 500 páginas en una edición de hojas y tapa rígida, de párrafos como monolitos sin un punto aparte que ni el mismísimo Foster Wallace te hace, frases kilométricas donde, de cinco oraciones, cuatro son para re-explicar la primera, de descripciones imposibles de imaginarse y de sucesos impactantes junto a historias anodinas). Para mí fue un esfuerzo seguir la historia, no por ella misma, que es simple y canónica en su género, sino por los continuos saltos temporales sin ninguna razón. De hecho, llegué a abandonar la novela, pero por insistencia de mi compañero continué. Al final, con muchas ganas, uno se acostumbra a la forma de narrar (o el cerebro se hace auto-lobotomía) y la trama se acelera y deja momentazos a partir de la segunda mitad.

Ahora bien, debo reconocer que el esfuerzo invertido hizo que le agarrara cariño a la historia. Pienso en la frase de Borges, que hasta los más mediocres escriben páginas brillantes; mucho es aseverarlo en este caso, pero con empeño y cierta desconexión cerebral uno disfruta mucho más esta obra que otras más serías (releería esta antes que Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río). La discusión de siempre. Pero eso me lleva a la siguiente obra y a los efectos que causa en la mente el continuar una historia luego de cierto tiempo invertido.


Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: mejor y peor que el otro

Nuestro amigo J.J. Lucas aprendió que para contar una historia necesitaba ordenarla y fue a un taller de escritura. ¡Festejemos! O no. Porque lo que tiene un taller es que te brinda recursos para mejorar y ordenar tu narrativa y te limita al mismo tiempo por el miedo a no ser correcto según los patrones de quién dé el taller. Todas suposiciones mías.

Como al final las últimas doscientas páginas del anterior las devoré y las comenté con mi compañero con alegría, como hacía rato no me pasaba (y alguna vez se debería hablar de cómo los libros mejoran casi siempre por el hecho de analizarlos con otra persona), le prometí leer la secuela. Y henos aquí, después de mil páginas de clichés, batallas épicas y resistencias desesperadas.

Luego del final apoteósico aunque algo bizarro (sobre todo para un argentino), el grupo cada vez más mermado del coronel se ve en la disyuntiva de los pasos a seguir: si esconderse como lo venían haciendo y perder cada vez más gente o luchar con todos sus recursos y decidir el destino de la humanidad. Como buenos personajes de este género, eligen lo último. Debo aclarar que, para estas alturas, los whiteyes tienen su propio líder y un objetivo que se aclara a medida que avanza el libro (aunque se huele venir a lo lejos por la característica manía del autor de explicarte todo), por lo que la amenaza es aún más tensa y los momentos en que aparecen son más seguidos. Como no puedo contar mucho, diré que se incide en la clasificación de ellos en distintos roles, como un enjambre, liderados por su propio líder (y aunque los roles se parecen a un videojuego, rescato la ambigüedad con la que identifica al mismo).

La estructura es muchísimo más limpia en esta novela. Si antes pasábamos de A a Z, de H a B, ahora es lineal y no hay forma de perderse. Ya no hay párrafos kilométricos ni escenas inútiles. Hay tres líneas argumentales que J.J. Lucas va manejando (con sorprendente soltura para sus antecedentes); la del coronel, la del sobreviviente solitario 2.0 y la del origen del virus, esta vez mucho mejor desarrollado y con escenas que hacen sentido. A la novela le cuesta bastante arrancar, y por momentos asistimos con más interés a los flashbacks que a las escenas del coronel (ni hablar del superviviente; al ser una copia del esquema del anterior, pierde verosimilitud), lo que, en mi caso, me representó una señal de que había logrado involucrarme en la historia. Incluso hay nociones interesantes, como la de que los whiteyes son más beneficiosos para la naturaleza que los humanos (al pararse todo, el mundo es un lugar más limpio), que recubren de una pátina inesperada de crítica social a la novela.

Luego de superar el inicio, la trama carbura y nunca se estanca, a diferencia del anterior, pero, a pesar de que la escritura es más limpia y fácil de leer, de que los momentos de acción son grandiosos, se pierde la tensión de los whiteyes. Como es una guerra permanente, el peligro se centra en la carencia de recursos y en la lotería de quién será el siguiente del grupo en morir, un recurso más bien pobre. Las cartas están sobre la mesa, por lo que el elemento sorpresa ha desaparecido. Lo que se rescata, esta vez, es la aparición de humanos peores que los whiteyes, como variación de la amenaza; si bien no es original, al menos da frescura, aunque resulta irritante que, con años de experiencia, el grupo del coronel se comporte tan ingenuamente como lo hace en algunos casos. Ni siquiera se justifica con la desesperación, porque en otros momentos aún más críticos permanecieron con una lucidez inverosímil.

No la haré más larga. A partir de cierto punto, la trama del pasado se desvanece y las dos del presente convergen, y todo desemboca en varios enfrentamientos finales (sí, varios). Pero como ya explico en mi valoración, si lo mejor venía por el lado de la limpieza narrativa, lo peor viene por el lado de que J.J. Lucas encasilla la novela en marcos muchísimos más genéricos que la anterior, y resulta demasiado previsible cuándo morirá alguien, cuándo tocará la siguiente revelación. Hay genialidades, por supuesto, pero incluso la aparición de ideas cada vez más fantásticas (una suerte de Red Skull con la escopeta del Doom Eternal, un Godzilla whiteye, etc) fuerza el tono de la novela y le resta la fuerza emocional del anterior. 

Mi crítica es esta, entonces: es evidente que, o bien a J.J. Lucas le entró vergüenza por la forma de narrar en la primera novela, o bien un editor le dijo que rebajara sus fantasías en algo más accesible, o bien un taller le hizo aprender y se entusiasmó de más en escribir correcto. Pero solo correcto. La escena final, por ejemplo, quiere ser una cosa monstruosa de epicidad, pero se queda en nada por lo rápido que transcurre, la aparición de conceptos a cuarenta páginas finales y la necesidad de cerrar de forma satisfactoria una situación que, a las claras, era desfavorable para los protagonistas. No es que utilice un deus ex machina, pero se aprovecha de un recurso argumental para estirar la trama por lo menos tres capítulos solo para tenernos en suspenso. No funciona porque: 1) los monólogos épicos de rigor y la batalla final ya se dieron; 2) la trama del líder de los whiteyes se venía resolviendo a los tumbos; 3) los huecos argumentales empezaron a aparecer por todos lados, dejando pistas, por ejemplo, que nunca terminan de resolverse (¿el coronel es inmune o no? Con la cantidad de sangre que traga hace novela y media que debería haberse infectado). Por eso, paradójicamente, le guardo más cariño al primero que al segundo; este, si bien objetivamente no es un suplicio leerlo, en términos de riesgo no aporta nada.

Ahora bien, se preguntarán ustedes: y después de tanto merequetengue con dos libros pésimos, ¿qué onda con la REFLEXEÑA? Me doy cuenta que el tiempo invertido para la reseña supera a la paciencia que debí tenerle a los dos libros, sobre todo al primero, y puedo establecer una vaga relación masoquista entre sufrir y que me termine gustando lo que leo. Y seguramente mi valoración esté empañada por el afecto. Sobre todo reconozco que, en circunstancias normales (es decir, sin alguien que me recomiende cosas y con menos tiempo libre), lo hubiera dejado a las pocas páginas. Mi compañero mismo dijo: "con un GRAN editor podría haber sido un bestseller". No soy tan considerado, pero pienso que a J.J. Lucas, que parece un buen tipo a juzgar por las entrevistas y crítico con las armas y el daño al medio ambiente, le hubiera ayudado alguien que lo aconsejara (un taller, sí, pero también que se preocupara por él) y diera orden a sus ideas, que le dijera que los errores de estructura y narrativa podían convertirse en seña propia y no transfigurarlos en algo genérico. Da la impresión de que en el segundo libro pensó en echar manos de los recursos más fáciles para ir completando la historia. Porque la inventiva la tiene y las ganas de escribir y entretener también. Y eso lo consigue. Haciendo memoria de lo leído de este año, no lo podría incluir en mi top3 de peores libros. Por supuesto que no digo que es el Nobel perdido ni que sea una buena obra, pero la diversión en la literatura es una cosa buena, necesaria, y, dejando de lado las editoriales "serias" (que publican cada bodrio también...), hay otras que editan basura escrita por gente que no le interesa lo que cuenta. Al menos, leyendo estos libros, la sensación es que el autor le tenía un profundo cariño a su historia y que, fuera de una forma u otra, trataría de hacérnoslo llegar.

jueves, 30 de octubre de 2025

Colaboración: A la intemperie, de Roberto Bolaño

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Interesante (para completistas)


Seguramente pensarían ustedes que ya no quedaba ningún escrito de Roberto Bolaño por publicar. Craso error. Debolsillo, dado el seguimiento que tienen las novelas del escritor chileno en nuestro país, se ha preocupado de saciar las necesidades de los “bolañistas” publicando un volumen titulado A la intemperie. 

En este caso, no nos encontramos con una nueva novela inédita, puesto que a estas alturas los baúles están vacíos. Se trata de un volumen que recopila los artículos, columnas y reseñas que publicó Bolaño desde los años 70 hasta poco antes de su muerte. También se recogen prólogos a obras de otros autores y algunas conferencias y discursos.

Con estos antecedentes, como ustedes fácilmente comprenderán, el interés que pueda suscitar esta obra es muy relativo. La temática es muy dispersa y el estilo varía mucho entre los distintos escritos puesto que pertenecen a épocas muy dispares, por lo que la coherencia general de la obra brilla por su ausencia. 

En este sentido, quizás no resultan especialmente atractivos tantos relatos sobre ambientes y personajes de Blanes, su lugar de residencia, ni tampoco los numerosísimos artículos dedicados a autores chilenos que no son conocidos por estos pagos, pero lógicamente hay que situarlos en el contexto de los medios informativos, especialmente el Diari de Girona y Las Últimas noticias de Chile, en que fueron publicados. 

Mucho más interesantes son los artículos en los que habla de literatura. Aunque debe quedar claro que no son críticas literarias ni artículos de opinión. Bolaño introduce sus valoraciones, principal aunque no exclusivamente, de escritores españoles e hispanoamericanos, donde desgrana sus filias y fobias personales, con las que el lector podrá estar o no de acuerdo. El autor chileno ensalza entre los autores españoles a Javier Cercas, Javier Marías o Vila-Matas y nos recomienda encarecidamente que si nos gustan los cuentos “un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Lo repito una vez más, por si no ha quedado claro, a Cela y Umbral ni en pintura”. Y poco más adelante concluye que como cuentista “con Poe tendríamos de sobra”. No creo que Harold Bloom estuviera de acuerdo.

En cuanto a la literatura hispanoamericana deja claramente de manifiesto su predilección por los autores argentinos, especialmente Borges y Cortázar, y en cuanto a la literatura chilena, sobre todo destaca a Huidobro y Nicanor Parra, a los que dedica varios artículos. En cuanto a fobias, aquí queda su valoración de Isabel Allende: “su literatura es mala, viva, pero mala”.

En fin, un volumen que puede resultar útil para completistas a los que les guste coleccionar todo lo publicado por Bolaño, pero prescindible para todos los demás.

Firmado: José Miguel Martínez

Otras muchas obras de Roberto Bolaño reseñadas en ULADaquí


miércoles, 28 de mayo de 2025

Colaboración: El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas

Idioma original: Español

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien (por lo tanto, decepcionante)


No he leído las demás obras de Javier Cercas. Me acerqué a este libro no tanto por el autor, al que tenía ganas de leer hace rato, sino por el tema en sí: la travesía de un escritor al que el Vaticano abre las puertas para realizar una crónica de un viaje papal, concretamente del viaje a Mongolia del Papa Francisco en 2023.

Podría decirse que estoy más cerca de Javier Cercas en cuanto a su postura anticlerical y firme en su ateísmo, hasta podría decirse que me resulta difícil no salir del encasillamiento racional a la hora de analizar los diversos cuestionamientos y respuestas que pone en boca de curas y otros cargos pertenecientes a la jerarquía del Vaticano. Y con todo, me es difícil no pensar en que este libro hubiese sido una novela más profunda e interesante en manos de otro escritor, ya fuera de convicciones ateas o religiosas.

Me explico: el libro se divide en tres partes, En busca de Bergoglio, Los soldados de Bergoglio y El secreto de Bergoglio. A riesgo de revelar las situaciones claves, pasaré directamente a detallar lo que creo que son las deficiencias de las obras.

Para empezar, hay una excesiva reiteración de su condición de ateo militante. Por supuesto que Cercas intenta establecer el tono de la obra, el punto de vista con el que va a encarar la insólita propuesta, su reticencia inicial y su aceptación posterior en base a la promesa a su madre enferma de Alzheimer (que por otro lado, para el lector esta cuestión pasa a un segundo plano rápidamente, a pesar de que en la primera parte cierra casi cada capítulo con una frase al estilo: “para preguntarle al loco de Dios sobre la resurrección de la carne y la vida eterna y contárselo a mi madre”), pero la insistencia con que lo hace, su desconfianza a que el lector no intuya o comprenda la trascendencia del viaje, termina por aburrir al darlo todo masticado. Ni siquiera el primer encuentro con Francisco revela un manejo literario de la situación, apenas un informe frío.

A Cercas le ha quedado una mezcla extraña entre querer poner el foco de atención en la figura del Papa y su recorrido histórico y personal y la intromisión de su narrador como alguien atormentado por el divorcio de su herencia católica, por no hablar de los excesivos diálogos que coronan cada capítulo con diversos personajes que se van olvidando uno tras otro y que simplemente sirven para repetir lo mismo, con leves variaciones, acerca del papel de Francisco en la Iglesia y de sus virtudes y defectos.

El libro mejora con el viaje a Mongolia, dándole frescura hasta cierto punto, porque luego vuelve a incurrir en los mismos errores (esquematización de diálogos e incluso acartonamiento de personajes que, por sus caracteres, deberían ser potentísimos: la incredulidad y admiración que todos sentiríamos por los misioneros se ve opacada justamente por la incredulidad y admiración del narrador, que se siente artificial y reiterativa). La única parte que justifica el libro es cuando el narrador se encuentra con el Papa para consultar sobre lo que le aqueja, porque ahí es cuando se expone de verdad a una descripción certera de un personaje histórico y no una semblanza superficial. La pregunta en sí carece de importancia; de hecho, uno puede intuir lo que ha contestado el Papa, y la necesidad de esconderlo hasta el final de la historia revela una falta de tensión alarmante en un texto de estas características.

No puedo decir que no sea un libro que se lea rápido, que infunda conocimiento al lector de los mecanismos internos de cónclaves y sínodos y otras parafernalias, pero todo termina por ser tan insulso, todas las reflexiones del narrador parecen ser básicas (incluso la revelación de haber discernido a la persona que es Jorge Bergoglio y a su puesto como Papa Francisco es corta de alcance y profundidad), casi como un deber a ser formuladas porque son obvias, que la sensación al cerrar el libro es la que mencioné al principio: que ojalá otro escritor hubiese tenido el encargo (y el encumbramiento de la novela no sé si habla peor de Cercas o del Vaticano) de realizar una crónica y poder hablar con el Papa, que, guste o no su figura y la institución a la que representó, ha sido un personaje clave en estos últimos años.

Firmado: Félix

Más de Javier Cercas reseñado en ULAD: aquí


martes, 3 de enero de 2023

Malditas cubiertas: las mejores y peores de 2022

Ha acabado otro año lleno de novedades literarias y de libros que son o en su momento eran (o no) un must y comienza uno nuevo en el que nos espera más de lo mismo: miles o decenas de miles de nuevos libros que no otorgan la menor tregua ni a las librerías ni a los lectores que pretenden estar más o menos al tanto de lo que se publica. Ni siquiera en Un Libro Al Día damos abasto porque, después de todo, sólo podemos hacer 365 reseñas al año, amigues... En fin, todo esto es para explicar (y justificar) que para elaborar esta mi selección personal de las mejores y peores cubiertas (que no "portadas", por favor...  Nunca es ocioso recordarlo) de 2022, me he basado en los libros que he podido ver por ahí (ni siquiera leer) a lo largo del año; una cantidad ínfima, después de todo.  Y que, como digo, corresponde únicamente a mi propio gusto, cambiante y, a veces, contradictorio, por otra parte, no al de mis compañeros de blog, que tienen cada cual el suyo, así como cualquiera de quienes nos leen. Y ya se sabe que, para gustos, los colores... aunque también se dice que hay gustos que merecen palos ; )

Huelga decir que se trata únicamente de libros publicados en el Estado español, aunque alguno de ellos, por editoriales que no son españolas o no del todo... Además,  en algún caso se trata de una reedición, pero no publicada antes en España. He dejado fuera los cómics o novelas gráficas puesto que, en principio, partirían con ventaja.


Lo mejorcito en cubiertas de libros de 2022, según este vuestro humilde servidor:

- Neorrancios (VV.AA.) : quizá ya haya caducado la polémica, no sé, pero en tiempos recientes y al menos en España hemos asistido a cierta tendencia a idealizar en exceso épocas pasadas por parte de escritores/as u opinadores/as que por edad, no las han llegado a vivir o, como mucho, de niños. Como respuesta, también hay quien ha considerado que se trataba de la expresión de un pensamiento "regre" o "rancio" y a eso se debe la publicación de este libro colectivo, cuya cubierta sintetiza de forma magnífica, a la par que elegante, en mi opinión, las tesis de su interior.

- Sinsonte de Walter Tevis: No puede faltar en una lista de mejores cubiertas alguna de Impedimenta, así que mi elegida en esta ocasión es ésta tan exquisita, como de costumbre (sugerente y original la contraposición entre la ciudad y el bosque), de este libro de ciencia-ficción que, además, se adecua perfectamente,  hasta donde yo sé, a su contenido. 

- La Orden de John Dickie: Un libro sobre la Historia y leyenda de la Masonería necesita simbolismo, exceso, oropel y misterio; esto es, todo lo que exhibe esta estupenda y adecuada cubierta que, sin duda, no pasa desapercibida. 








- Las herederas de Aixa de la Cruz: Otra preciosa cubierta, a mi entender, que, por lo que sé, hace referencia a la trama de la novela, sin ser demasiado explícita. Me encanta el delicado contraste entre el color del dibujo y el color del ¿fruto? Ejem...lo que sea.

- Ceniza en la boca de Brenda Navarro: Tampoco he leído esta novela y, por ello, no puedo saber en qué medida 
resulta adecuada la imagen de la cubierta, pero teniendo en cuenta la sinopsis, sí que parece que esta idea de una cremallera encajada en el troquelado de un sello podría ser una metáfora interesante, sin resultar obvia. Además de ser una imagen de lo más sugerente, en sentido propio.

Visiones de fuego de María Pandiello: Los libros de La Felguera, pese a qué suelen versar sobre asuntos y personajes delincuenciales, marginales o, como es el caso, esotéricos, generalmente lucen unas cubiertas muy cuidadas y de un gusto exquisito, como la de esta Historia ilustrada de la alquimia, que no podría ser más hermosa, a la par que llamativa. Y a juego con su meno menos fascinante y espléndido interior


- Aunque no me emociona como cubierta, me permito añadir a modo de anexo (o accésit, si se prefiere), esta de Obra maestra de Juan Tallón. No hay duda, en este caso, de que la imagen o falta de ella corresponde al contenido del libro, puesto que éste trata sobre la desaparición de una obra de arte del Museo Reina Sofía. Un acierto más, que sigue la línea general de Anagrama en los últimos años, aunque, como veremos a continuación, de vez en cuando siguen alternando la cal con la arena. Porque, en efecto, querides lectores, amigues todes de Un Libre Al Díe, ya llegamos  a...

Lo peor de lo peor. Las cubiertas más feas que pegarle a un padre con los calzoncillos que llevabas en Nochevieja:

Bajar es lo peor: En contraste con la cubierta anterior, en esta ocasión Anagrama ha vuelto a una costumbre deplorable, la de colocar una foto random (por fortuna, en blanco y negro) que puede tener algo que ver, o no, con el libro. En este caso de una del fotógrafo argentino Alfredo Srur que, por más que podría ser un retrato de un personaje de esta novela de Mariana Enriquez, no resulta especialmente atrayente para su lectura (no digamos ya pasar por la caja de la librería). Para eso, que hubieran vuelto a poner al ángel caído de Cabanel y chimpún...

- El castillo de Barbazul: Tercer título de la trilogía Terra alta de Javier Cercas, la cubierta está en la línea de las otras dos: farragosa, oscura y, por tanto, más bien confusa ( las novelas, no sé). Seguro que en Tusquets lo pueden hacer mucho mejor (tampoco sería difícil), don Javier; haga un manifiesto pidiéndolo, o algo así... Seguro que más de un amigo suyo lo firmaría, y yo también.




- Ninguna herida: No pongo en duda que Laia Font sea una gran poeta y seguro que este poemario contiene versos maravillosos, pero me temo que nunca lo sabré, porque si alguna vez llego a ver este libro en una librería o biblioteca, os aseguro que no lo toco ni con un palo. Lo siento mucho, pero el resultado es horrendo.


- Batido de gato de Zigor Dewaelle: Tres cuartos de lo mismo. Una cubierta horrorosa, con esa especie de montruo multiforme, criatura mutante o lo que sea., y, para más inri, con una combinación cromática tampoco demasiado afortunada. Aunque es esta ocasión, al menos, los responsables tienen la excusa de que, por lo que cuenta mi compañero Oriol en su reseña, se trata de una novela bastante bizarra y supongo que la cubierta acompaña...

- Miles de ojos: Hablando de bizarradas, esta novela de Maximiliano Barrientos no se queda atrás y tampoco su cubierta en fealdad. Aunque aquí sí que doy fe de que la ilustración hace referencia al contenido del libro. lo que no tiene excusa posible es la anticuada composición ni lo de plantar en la cubierta la típica opinión elogiosa que se suele poner en las fajas (que para eso sirven, al menos), por más que sea de nuestra admirada Reina Mariana.

Aniquilación: El año pasado, en una entrada sobre las peores cubiertas de 2021, insinué que la más fea del año 22 podría ser la de la nueva novela de Houellebecq. Os prometo que era una broma, pero, mirad por dónde, acerté... ¿Qué narices es ese manchurrón ahí en medio, Anagrama? ¿Una salpicadura de sangre, de vómito, una diarrea galopante? ¿La masa encefálica de algún lector que ha estallado tras leer las chorradas que escribe el inefable Michel? Por favor, no nos volváis a hacer algo así en este 2023, que hasta el libro más mierder se merece un poco de cariño...


En fin, esta es mi lista, que podía haber sido más larga, pero también más corta. Dejad la vuestra en los comentarios, si os apetece y, sobre todo, os deseo un feliz año a todo el mundo lleno de buenas lecturas. Si tenéis dudas para elegirlas, acordaos siempre del único e inimitable Un Libro Al Día... Where else?

domingo, 7 de agosto de 2022

Ignacio Martínez de Pisón: Filek

Idioma original: español

Año de publicación: 2018

Valoración: recomendable

Echo un vistazo a lo reseñado anteriormente de Martínez de Pisón y las valoraciones son invariables: "recomendable". Y cierro las páginas de este Filek y alcanzo la misma conclusión. No hay motivo para no recomendar este libro. O sea, habría incluso a quien le fascinaría el planteamiento, que se desarrolla en un escenario espacio-temporal tan fascinante como los años 30 y los 40 en la España, casi siempre el Madrid, de la II República, el golpe de estado franquista, la convulsa Europa de la época. Puede que ese lector encontrara mi valoración tibia o rácana. Más cuando la lectura se adereza con esas fotos de grano grueso, fotos de señores posando que hacen tan bien las veces de complemento visual que sitúa en contexto. Miradas a cámara, poses adustas, actitudes serias e impecables, uno imagina esos personajes moviéndose por una ciudad bulliciosa entre sospechosos y sospechadores, entre agentes dobles y agentes uniformados, entre gente que alardea de sus creencias y gente que intenta ocultarlas. 

Un caldo de cultivo idóneo para recrear las andanzas de Albert von Filek (parece, su nombre verdadero, aunque a lo largo de su existencia lo altera para facilitar huida y equívoco) un buscavidas de poca monta, seguramente incapaz de matar una mosca pero sumamente versátil en lo de timar al incauto. Martínez de Pisón documenta su existencia, el libro tiene más de 280 páginas pero invierte las 30 últimas en agradecimientos y bibliografía pues la búsqueda ha sido exhaustiva aunque no siempre fructífera. Da para lo necesario en la trama, o en el desarrollo de la semblanza del personaje, y asistimos a un vaivén de nombres y hechos en los que interviene el sujeto, un antiguo militar de procedencia austriaca dedicado en cuerpo y alma, aprovechando su origen y sus capacidades de convencimiento, a estafar pequeñas cantidades, a embaucar a incautos con las promesas de grandes productos y descubrimientos, a asociarse para patentar inventos inverosímiles. En sus periódicas estancias en prisión, en este caso en las cárceles del Madrid republicano una vez iniciada la sedición del 18 de julio, traba amistades que le permitirán alcanzar la cúspide cuando convenza a ministros del gobierno franquista de que ha desarrollado la fórmula de un producto alternativo a la gasolina.

Todo impecablemente narrado y con un notable sentido del ritmo, aunque he apreciado un tono excesivamente periodístico - el autor parece no ir a manifestarse u opinar sobre la propia persona del protagonista hasta cerca del fin del libro - y también he de recordar que el  género biografías subgénero biografías de canallas de alguna relevancia, es un barrio transitado en los últimos años, desde el Cercas de El impostor, pasando por los experimentos de Echenoz en sus novelas cortas, hasta ejercicios de igual perfil documental como El  marqués y la esvástica o la muy brillante La chica del este de Clara Usón. Curioso, hay un hilo invisible que enlaza estos personajes. Lo que quiero decir, y me remito a esa homogeneidad valorando a los libros del autor, es que suena, a veces, a recurso socorrido cuando la inspiración remite y se es consciente de que se dispone de cierto oficio. Filek no es una excepción. Al hilo de cierta cuestión planteada en redes sociales, es literatura con una función de entretenimiento, incluso de bagaje cultural, pero diría que queda algo escasa, en este caso, de intención de gran trascendencia.

martes, 17 de mayo de 2022

Carlos Zanón: Love Song


Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: mediocre

Me perdonaréis cierta insistencia (atribuidlo a cierta manía con el producto de proximidad) con ciertos autores. Enésimas oportunidades y vuelvo a recaer en Amat, en Cercas, ahora en Zanón. Pero es que me da que hay cierta nebulosa endogámica que hay que contrapesar. Carlos Zanón, por ejemplo, resulta casi omnipresente en sus colaboraciones en prensa, en radio, empieza a formar parte de cierta élite mediática (junto a Santi Balmes o David Carabén) que parece tener muchas oportunidades de manifestarse por cauces adicionales a aquellos por los que se dieron a conocer. Aunque en el caso de Zanón, digamos que siempre ha escrito, y que ahora simplemente se ha hecho con cierta celebridad. Cosa legítima, claro, cada uno se busca la vida y más cuando a raíz de la progresiva degradación de la industria cultural, es decir, de sus rendimientos económicos, empieza a parecer que una sola actividad no da para lo básico o para el tren de vida que cada uno piense que tiene que llevar. O sea, que Zanón está aprovechando su tirón y va publicando, y sus dos últimas obras, Taxi y una especie de intento de relanzar el personaje de Pepe Carvalho, las dejé pasar, escarmentado de las poco gratas experiencias previas. Y lo que se dice de Love Song, aunque sea fruto de reseñas en los medios que suelen emplearlo, y en las sempiternas notas de contratapa, parece prometer.

Bueno, no.

Ahora fue él quien sacó el brazo por la ventanilla del automóvil. Tocó el frío lomo del auto como si fuera un dragón. Quizá estuviera más borracho de lo que creía. Pero quería estarlo más. Quería bebérselo todo. Llegar hasta la inconsciencia. El reto siempre fue ése. Beber, comer, follar, drogarse, tocar, meterte en la boca del Gran Lobo hasta el límite de la resistencia: el estómago girado, los dedos sangrando, la cabeza agujereada. Pasarlo bien, destrozarte para que cuando el Lobo cierre las mandíbulas, encuentre tu cuerpo en el peor estado posible y así se enfade y te diga gritando: ¿esto qué es? ¿Qué mierda me das? Todo deteriorado, inservible: cuerpo y afectos. ¿Para eso he corrido toda la vida detrás de ti, hijo de puta?¿Para este despojo he ido detrás toda la vida, Cowboy?

Todos los tópicos que se acumulan en las trescientas páginas largas de este libro están aquí. Bueno, faltaría el cuero y los tattoos. Pero todos los capítulos regresan a ellos de una manera u otra. La narración de tres músicos que van de gira acompañados de un chófer en una furgoneta y que recorren los clásicos locales decadentes de la costa mediterránea y sus reflexiones y actos (muy superficiales) en lo que parece el ocaso de sus carreras. Y el párrafo citado no es particularmente mediocre en el sentido literario. Es tópico y es recurrente, y ese es el lastre del libro. Que es una narración que debería fluir con naturalidad y Zanón la anquilosa interponiéndose como autor y no dejando que ningún personaje se defina sin apelar a los estereotipos que fascinan al escritor. Así que asistimos a una constante mención de influencias musicales y de elementos del mundillo del rock, claro hábitat (os recuerdo que Zanón tituló uno de sus libros Yo fui Johnny Thunders) del escritor, y sucede que cada uno de esos cortos capítulos, en vez de aportar coherencia a la historia, la va enmarañando y lastrando, incluso a veces da la sensación de que Zanón ha convertido una ocurrencia en una parte de la novela. Así que la historia se dispersa y se hace eterna. Cuando estamos ante una novela de esencia rock'n'roll (subgénero a batirse en retirada) esta Love Song muestra una alarmante carencia de ritmo narrativo. Los personajes resultan tan confusos e intercambiables en ese trazado de triángulos que cualquier concursante de First Dates resulta más estimulante a nivel narrativo. Zanón tira de todo recurso, jugueteando con la novela negra - otro despropósito - para que eso arranque, pero en un punto, partir de la mitad del libro, ya resulta imposible. Y vuelvo a referirme a L'endemà de Tuli Márquez, como demostración de que se puede narrar con solvencia el proceso de decadencia de las rock-stars. A todo eso, esta novela opone la ristra de tópicos de rigor, página tras página. No hay libro donde se emplee con tanta profusión el verbo follar y todo resulte tan poco sensual. Pero es una más de entre tantas cuestiones inexplicables. Solo el amiguismo justifica cualquier elogio.