domingo, 5 de febrero de 2012

Harvey Pekar, Joyce Brabner y Frank Stack: Nuestro año de cáncer


Título original: Our Cancer Year
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1994
Valoración: recomendable

A pesar de que Harvey Pekar (1939-2010) fue un estupendo crítico de libros y de jazz, ha pasado a la historia por ser uno de los más conocidos autores de cómics underground del pasado siglo, gracias a su obra American Splendor. Aunque en esta serie de cómics se dedicó a contar su vida y su peculiar manera de ver el mundo (acompañado de excelentes dibujantes, como Crumb), la obra que reseño hoy poco tiene que ver con ella.

En este libro –escrito a cuatro manos entre Pekar y su mujer, Joyce Brabner–, el autor relata cómo fue 1991, el año en el que descubrió que tenía cáncer. Así, en plena Tormenta del Desierto (algo que afectará sobremanera a Joyce) y mientras sufren apuros económicos para pagar la casa que se acaban de comprar, Harvey y su mujer tienen que hacer frente a una enfermedad para la que no están preparados. Mientras las pruebas médicas, las sesiones de quimioterapia y los bombardeos de medicinas se suceden, ambos tienen que luchar contra el cuerpo cada vez más débil y depauperado de Harvey y su negativa visión del mundo, que empeora cada día que pasa.

Con absoluta crudeza y sin un atisbo de autocompasión, la pareja cuenta el día a día de una enfermedad que cada vez está más presente entre nosotros y que, sin embargo, nos aterroriza como ninguna. Para llevar a cabo esa tarea han contado con la ayuda de Frank Stack (conocido, sobre todo, por ser responsable del primer cómic underground de la historia, The Adventures of Jesus), quien, con un dibujo sencillo –en apariencia– y sumamente expresivo, consigue que el lector se introduzca de lleno en la historia y se contagie de ese malestar general que la narración desprende.

Harvey y Joyce dejan constancia en este libro de que la gente que nos rodea (amigos, familiares...) es imprescindible para poder seguir adelante en una situación como ésta, pero también, desgraciadamente, de que al final cada uno tiene que vivir su propia lucha solo. Y, a pesar de lo que pueda parecer, no lanzan un mensaje negativo. Simplemente cuentan las cosas como ellos las vivieron. Como son, en definitiva. Quizá por eso nos asusten tanto.

sábado, 4 de febrero de 2012

Ana María Matute: Primera memoria


Idioma original: español
Año de publicación: 1959
Valoración: Muy recomendable


La literatura femenina del siglo XX en España ha producido unas cuantas joyas, no muchas, pero suficientes para enorgullecernos y disfrutar con ellas durante bastante tiempo. Lo malo de las obras excepcionales es que se estudian. Sí, no es ninguna tontería, forzosamente han de llegar a los libros de texto y eso les presta un aura injustamente soporífera. Pero como lo aburrido, que yo sepa, nunca ha pasado a la historia, lo que hay que hacer es dejarse de prejuicios, y darles una oportunidad. Pensemos que si llevan años mencionándose por aquí y por allá, evidentemente, es por algo. Otra recomendación, que me parece obvia, es que se lean a la edad conveniente. Nada hay más efectivo para arrinconar las mejores creaciones que obligar a los chavales a leerlas cuando sus intereses todavía son otros. Yo opino que no hay que darles libros sino páginas hábilmente elegidas (de Cervantes, de Galdos, de Matute…) de lo contrario sólo conseguiremos que, si llegan a leer algo, se conformen con productos de cuarta.

Las mujeres entraron en la historia de la literatura, como en todo lo demás, de puntillas y muy despacio. Hasta el s. XX no encontramos nombres de primera fila. De esa categoría, yo no conozco más que tres: Ana María Matute, Rosa Chacel, Mercè Rodoreda; y precisamente ahora, cuando abundan los nombres de ambos sexos, no hay tiempo para cocinar a fuego lento los guisos literarios.

En mi opinión, lo mejor de Ana María Matute, hay que buscarlo antes de 1973. A partir de entonces transcurre un largo trecho, veinte años, sin ninguna producción novelística y con apenas publicaciones: algo de literatura infantil y unos pocos relatos para adultos. Primera memoria, que forma parte de la celebrada trilogía Los Mercaderes junto con Los soldados lloran de noche y La trampa, ganó en 1959 el, entonces más que prestigioso, Premio Nadal. Lo que nos cuenta en ella es el descubrimiento de la maldad humana por una adolescente que se ve obligada a contemplar la realidad con ojos adultos por primera vez. Y lo que ve, tanto en los demás como en ella misma, no resulta muy agradable.

El verano en que la guerra civil española acababa de estallar muchos tuvieron que quedarse en el lugar que la casualidad quiso ya que no había posibilidad de moverse, algunos forzosamente inactivos o con sus proyectos congelados, lo que podía resultar desesperante por muy afortunados que se sintiesen porque la contienda no hubiera llegado hasta ellos. A nuestros personajes les alcanzan sólo los ecos de la guerra. El lenguaje que emplea Matute, el paisaje y el clima, los caracteres y los sentimientos están entrelazados con tal maestría que el lector se ve envuelto en un torbellino que le arrastra, junto a los personajes, al pozo sin fondo de la envidia, la traición, la violencia, la cobardía, el afán de dominar, la venganza, la abulia y la soberbia. Metáfora y realidad son una sola cosa: la isla simboliza el aislamiento – que genera el odio – el sol abrasador encarna ese odio, los árboles y las pitas amenazan, el periquito simboliza el amor que se deposita en el elemento equivocado, indiferente, el gallo amenazante, las palomas invasoras… Todo ello inequívocamente vivo gracias a esa prosa, magnífica, embrujadora, tan pavorosa como lo demás, como un rodillo que empuja y hace rodar nuestros pensamientos hasta el mismo borde de la tragedia.

Lo que se nos cuenta puede referirse a cualquier época, a otros conflictos bélicos, otras desigualdades, otros odios. Se nos introduce en un ambiente a punto de estallar, no por los tiros ni los bombardeos sino por la tensión que se percibe en las personas y hasta en el reino animal y vegetal. La tierra, el mar, el sol, la temperatura, los objetos, los gestos, las costumbres, van precipitando un drama que terminará cebándose, como siempre, sobre el más débil e inocente. La mano maestra con que la joven Matute nos va conduciendo hacia el desastre convierte esta novela en una de las joyas de la literatura contemporánea.

También de Ana María Matute en ULAD: Olvidado rey Gudú, La torre vigía, Los niños tontos, Fiesta al Noroeste, Olvidado rey Gudú (contrarreseña)

viernes, 3 de febrero de 2012

Charles Bukowski: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco

Idioma original: inglés
Título original: The captain is out to lunch and the sailors have taken over the ship
Año de publicación: 1998
Valoración: Recomendable

¿Me estás diciendo en serio que llevamos casi tres años de blog, y que todavía no hemos reseñado nada de Charles Bukowski? ¿Pero qué clase de desaprensivos somos? ¿Quién manda aquí? ¿Qué clase de garito es este? Bueno, pues voy a reseñar yo este libro, aunque ya advierto, queridos lectores, que este probablemente no es el mejor libro para empezar a conocer a Bukowski; no, si no habéis leído nada de él, os recomiendo más bien que empecéis por Pulp o por algunas de sus recopilaciones de relatos (La máquina de follar o Escritos de un viejo indecente, por ejemplo).

En cambio, si ya has leído a Bukowski y le tienes cariño (de lejos, claro, porque de cerca tiene pinta de que debía de ser insoportable), entonces te gustará leer esta obra, publicada póstumamente y compuesta por algunos fragmentos de sus diarios ilustrados (para mi gusto, horriblemente) por Robert Crumb. En él encontrarás al mismo Bukowski de toda la vida, pero ya viejo (los diarios los escribió entre 1991 y 1993, es decir, cuando ya pasaba de los 70) y con una vida de lo más acomodada que se reparte entre el hipódromo y su casa, con ocasionales fiestas hollywoodienses. Nada que ver, como él mismo reflexiona, con el escritor despreciado por casi todos que dormía en la calle y comía cuando podía y lo que podía.

Es curioso, sí, ver a este Bukowski, tan antisocial y tan misántropo como siempre, hablar de cosas como su jacuzzi, sus nueve gatos o su ordenador Macintosh (que uno de sus gatos llena de semen en una de las escenas del libro, por cierto). Pero hay algo que no cambia con respecto a cualquiera de sus obras anteriores, y es lo que salva este libro: me refiero el estilo brutal, absolutamente libre de artificios y de correcciones políticas, de Bukowski. Cuánto podrían (podríamos) aprender los escritores de hoy, que demasiadas veces nos la cogemos con papel de fumar, de un escritor como él, por mucho que personalmente fuera un borracho, un misógino, un misántropo o lo que quiera que fuese, qué más da.

"Lo primero que debe hacer la escritura es salvar tu propio pellejo", dice. "Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte", dice. "Que te den por culo, compañero", le responde a un lector que le reprocha que no admire a Shakespeare: "¡Y tampoco me gusta Tolstoi!". Qué envidia escribir así, con esa libertad absoluta.

También de Charles Bukowski en ULAD: Pulp, Cartero, Hollywood, La máquina de follar

jueves, 2 de febrero de 2012

Jean Teulé: La tienda de los suicidas

Idioma original: francés
Título original: Le magasin des suicides
Fecha de publicación: 2007
Valoración: Se deja leer

Vaya por Dios... El Día de la Marmota, y yo escribiendo sobre suicidas. Qué se le va a hacer...).

La tienda de los suicidas es uno de esos libros que podrían haber sido una maravilla si su autor hubiera aprovechado mejor la buena idea que tuvo y no se hubiera conformado con plasmarla de forma decepcionante ya fuera por pereza, ya fuera por falta de pericia. Pero como no he leído nada más de Jean Teulé, el escritor del libro que hoy nos ocupa, no me aventuraré a opinar sobre el tema.

Vayamos al argumento...

Este libro nos sitúa en un futuro cercano nada alentador donde el cambio climático causa estragos, los políticos son aún más facinerosos que los de la actualidad y la gente, enganchada a la religión y a la desesperación, tiene la nada sana costumbre de considerar seriamente la idea de acabar con su vida. Vamos, que el suicidio está a la orden del día. De ahí que en semejante contexto a nadie le resulte chocante que exista una tienda especializada en artículos para suicidas, a saber: pistolas con una única bala, venenos varios, eficientes horcas, etc... Un curioso lugar regentado por una suerte de familia Monster donde la rubia sobrina de la serie (asquerosamente normal y nada macabra) es aquí un crío llamado Alan, de sonrisa perenne y como recién salido de una serie de Disney Channel.

Y a ver... El libro no está mal. Se lee con una sonrisilla en la boca en todo momento (vamos, el humor negro es su savia reina), pero tampoco es que el escritor haya utilizado chanzas y ocurrencias especialmente loables, y por eso es que a mí me ha decepcionado tanto: semejante tema en manos de un autor más maquiavélico, ingenioso y cómico podría haberse convertido en un tótem para los amantes de la carcajada siniestra.

Y el argumento tampoco es nada del otro jueves... Se empieza contanto cronológicamente anécdotas que ocurren en la tienda, describiendo a sus clientes y a sus tétricos propietarios sin demasiado detalle, para pasar a enredar un poco las cosas hasta llegar, rápidamente y casi sin avisar, a un, en mi opinión, grotesco final que le dejará a más de uno con la boca abierta. Sólo diré que el feliz Alan es el protagonista absoluto de este nada convencional The End...

Así que dejémoslo en que se deja leer para que nadie se lleve un chasco. Es breve y..., bueno, curioso. Que cada uno decida. Quien avisa...

miércoles, 1 de febrero de 2012

Carlos Fuentes: Aura

Idioma original: español
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable


Releer esta novela me ha producido sensaciones y reflexiones sorprendentes.

La primera: qué diferente es esta novela del recuerdo (bastante difuso, también es verdad) que tenía de ella. En mi memoria era un "Imprescindible" de libro. Ahora, ya veis, se ha quedado en un "Recomendable". Creo que, cuando la leí por primera vez, estaba en plena etapa de fascinación por lo fantástico, y encajó en esta fiebre como un guante; ahora esa fiebre ya se me ha pasado, y lo que entonces me fascinaba ahora no consigue interesarme tanto.

La segunda, relacionada: es curioso cómo vienen y van las modas literarias (y no me refiero a los best-sellers sino a la "alta literatura", por llamarlo de alguna forma), Por ejemplo, en los años 40 y 50 hubo una ola de literatura fantástica que recorrió el continente americano y contagió a muchos de sus principales escritores: en 1940 Borges edita (en colaboración con Bioy Casares y Silvina Ocampo) su Antología de literatura fantástica; en 1941 el propio Bioy Casares publica La invención de Morel; diez años más tarde, en 1951, el Bestiario de Cortázar; y todavía diez años más tarde, en 1962, esta Aura de Carlos Fuentes. Los escritores que vinieron después (García Márquez, Vargas Llosa...) ya no siguieron esta línea fantástica pura, sino que, como en el caso de Gabo, la integraron en una estética nueva que ha dado en llamarse "realismo mágico". No me atrevo a intentar una explicación literaria ni sociológica de esta moda.

Todo esto para decir que Aura debe ser considerada dentro de ese contexto, como representante casi último ("epígono", que dicen) de un género o subgénero que no desapareció, por supuesto, pero que ya no volvería a ocupar ese lugar central en el canon literario latinoamericano (piénsese por ejemplo en la estética de escritores como Piglia o Bolaño). Y dentro de ese contexto, sí, Aura es una obra casi perfecta, estilística y narrativamente muy trabajada y que funciona sobre todo en la creación casi inmediata de una atmósfera de misterio, suspense y terror (es un decir).

El planteamiento inicial de la historia tiene algún parecido con Los papeles de Aspern de Henry James (aunque a partir de aquí las dos novelitas se parezcan como un elefante a una llave inglesa): un hombre joven y culto, Felipe Montero, acude a una casa antigua y decadente habitada por dos mujeres, una vieja y una joven, casi niña, para escribir, o mejor dicho, completar las memorias del difunto marido de la anciana. El chico se enamora perdidamente de la joven, Aura, poseedora de unos ojos verdes casi inverosímiles, y se propone liberarla de lo que supone que es un cautiverio forzado e insoportable.

Pero muy pronto el autor nos da pistas de que las cosas no son lo que parecen: pistas más o menos sutiles (algunas, muy poco sutiles) como los comportamientos extraños de los dos personajes; los gatos que van y vienen; la oscuridad, la humedad, el polvo acumulado... No sé hasta qué punto de la narración pensaba Carlos Fuentes que se conservaría el efecto-sorpresa: un lector mínimamente avezado en este tipo de relatos adivina el final, salvo por ciertos detalles, relativamente pronto, así que el momento climático (de clímax, no de clima) queda bastante diluido.

¿Y por qué un "recomendable" si digo que es una novela bien escrita, casi perfecta, que funciona? Pues porque, ahora, da una sensación de artificio vacío, de preciosismo sin contenido humano. Será que desde los años 60 la literatura hispanoamericana ha mostrado las posibilidades de mezclar los prodigios de la técnica y el estilo, con la profundidad del mensaje; o será que yo ya no soy el que era.

Todas las reseñas sobre Carlos Fuentes en ULAD: Aquí

martes, 31 de enero de 2012

Francesco Pacifico: La historia de mi pureza


Título original: Storia della mia purezza
Idioma original: italiano
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

Piero Rosini pertenece a una adinerada familia italiana. Tiene 30 años, está casado, tiene tres hermanos mayores que él y nada en común con ninguno de ellos, ni siquiera con sus padres. Militante del catolicismo conservador más extremo, ha escogido llevar una vida llena de privaciones (vive en el extrarradio de Roma, trabaja a cambio de un mísero sueldo en una editorial católica y ha renunciado a cualquier tipo de placer, incluido el sexo), mientras critica y aborrece el estilo de vida que llevan sus parientes, de mentalidad liberal y más abiertos a disfrutar y a vivir como se les antoja, sin preocuparse demasiado en ganarse el cielo.

Aunque son sus profundas convicciones religiosas las que dominan su vida, éstas se verán cuestionadas cuando, una noche, se descubre obsesionado por los pechos de su cuñada, una joven que es la encarnación de la virginidad y la virtud. Martirizado por estos sentimientos y estresado debido a un polémico libro que la editorial para la que trabaja va a publicar en breve, decide irse a París una temporada a aclarar sus ideas. Sin embargo, las nuevas amistades que entabla en la capital francesa y la nueva vida que tiene que llevar allí harán que todo su sistema de valores se tambalee.

Y no, no es que Piero llegue a París y se líe con todo bicho viviente y de repente se vuelva anticatólico o antirreligioso o ateo. Ni mucho menos. Pero las reflexiones que realiza nuestro protagonista, de las que somos testigos a medida que su mundo interior se hunde y se reconstruye (curiosamente, en la ciudad del pecado por excelencia), son dignas de admiración. Pacifico no deja títere con cabeza en esta novela: ni religiosos, ni antirreligiosos, ni católicos, ni judíos, ni modernos, ni clásicos. Todos tienen algo que esconder y algo que ofrecer. Todos están perdidos en un mundo que ya no es de nadie y cada uno intenta salvarse como puede.

¿O no? ¿Y si realmente nadie intenta salvarse? ¿Y si lo único que cada uno quiere es fastidiar al de al lado? ¿Y si nadie sabe en realidad qué es lo que quiere? ¿A qué tenemos que aferrarnos, entonces? A través de un personaje ciertamente antipático –y no por sus ideas religiosas, que nadie me entienda mal, sino por lo retorcido de su pensamiento–, Pacifico nos cuenta una historia de fe, intransigencia y obsesiones, pero también de huídas hacia adelante, donde queda patente, una vez más, lo frágil y asombrosamente irónica que puede resultar ser la existencia.

lunes, 30 de enero de 2012

Colaboración: Sábado por la noche y domingo por la mañana de Alan Sillitoe

Idioma original: inglés
Título original: Saturday Night and Sunday Morning
Año de publicación: 1958
Valoración: Muy recomendable

Primera novela del Angry Young Man Allan Sillitoe, Sábado por la noche y domingo por la mañana cuenta la vida y milagros (en sentido literal en algunos casos, porque no debe resultar nada fácil tener dos líos simultáneos con dos mujeres casadas en una ciudad tan pequeña como Nottingham, ni trasegarse once pintas de cerveza y siete pelotazos de ginebra un sábado por la noche y vivir para volver al curro en la fábrica de bicicletas el lunes a las siete de la mañana) de Arthur Seaton, un joven veinteañero simpático, atractivo y buscabroncas, en conflicto permanente con todo lo que huela a autoridad y compromiso, que pasa cinco días a la semana pensando en lo que hará los otros dos: beber hasta caer redondo –el alcohol: la mejor y más inimitable forma de olvido que existe-, intentar enrollarse con todas las mujeres que pueda –mujeres de compañeros en el turno de noche incluidas- y echar la caña los domingos en cualquier río de los alrededores después de un paseo en bici.

Literatura social y peleona, fuertemente impregnada de rabia filosófica y espíritu de resistencia frente a ese sistema organizado por políticos que nos “arengan subidos a cajas de detergente”  y nos mantienen “vivitos y coleando mientras somos productivos, y sigue poniéndonos sellos por toda la jeta hasta que no puedes ver ni a tres palmos. Y lo que es más: te obliga a que seas tú mismo quién compres los sellos”.

Sillitoe reparte leña a diestro y siniestro (gobierno, sindicatos, familia, matrimonio, rey, patria…) gracias a una galería de personajes a los que sus actos definen muy por encima de sus palabras y una descripción de ambientes –especialmente logradas las escenas de la vida y el trabajo en la fábrica, os lo digo yo, que de joven trabajé en una- y situaciones, tan ajustadas que, como apunta un astuto crítico del diario The Guardian: “La historia de Arthur Seaton era fruto de una época cuando se publicó por primera vez. Ahora ha devenido atemporal”.

El estilo es potente y directo, impregnado de ese sentido del humor que suele ayudarle a uno a  no volverse loco (muy divertida la historia de los tres primos de Seaton, alistados durante la guerra en el RCD: Real Cuerpo de Desertores) y de un inesperado lirismo, especialmente en las escenas que transcurren en los campos que rodean la ciudad, único refugio dónde Arthur disfruta de una tranquilidad que le permite ver su vida con cierta perspectiva, aunque ésta resulte de lo más deprimente.

Por último, no quiero dejaros escapar sin comentar la excelente la traducción de Mercedes Cebrián (asesorada por la mujer de Sillitoe, la poeta Ruth Fainlight), que consigue dar a los diálogos y al monólogo interior del protagonista el tono justo, dotándolos de una viveza y contemporaneidad que proporciona en todo momento al lector la sensación de estar presente físicamente en medio del fregado, viviendo junto al protagonista escenas que muy bien podrían estar ocurriendo en este mismo momento, junto a personas muy parecidas a las que podamos conocer hoy día, sin caer en ningún momento en ese rollo cheli-caricaturesco en que suelen caer bastantes autores cuando tratan de “poner voz” a currantes, delincuentes y pobres en general.

Una novela con muy mala leche, de lectura más que recomendable en estos tiempos que corren.

Firma: E. Hormigos

También de Alan Sillitoe en ULAD: La soledad del corredor de fondo, El cuadro de la barca de pesca