domingo, 14 de diciembre de 2014

Claudio Magris: El Conde y otros relatos

Idioma original: italiano
Título original: Il Conde, La portineria, Le voci, Essere già stati
Traducción: María Teresa Meneses
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Había una vez un hombre al que llamaban el Conde, que se dedicaba a rescatar los cadáveres que aparecían flotando en el río, que era al mismo tiempo venerado por su trabajo y por la devoción que profesaba hacia aquellos que sacaba del agua, y temido por lo mal que trataba a los que aún estaban vivos. También había un hombre que, recién llegado a la vejez, decidió que no iba a comportarse como todos esperaban de él. Y se dedicó a mentir y a fingir, sólo para poder vivir como deseaba. Además, había otro hombre que se relacionaba con las mujeres que le gustaban sólo a través de los mensajes que éstas dejaban en su contestador automático, y otro que expresó en una bella letanía la hermosura de dejar este mundo y, por tanto, dejar de existir.

Éstos son, a grandes rasgos, los protagonistas y los argumentos de las cuatro narraciones que comprenden El Conde y otros relatos, excelente compilación de Claudio Magris que nos muestra al autor en un género (el relato) en el que no suele prodigarse.

A pesar de su brevedad (el libro no llega a las cien páginas), esta obra es sin duda una pequeña joya en la que todos sus personajes son perdedores, ajenos a una sociedad que los tiene en su seno pero no los acoge y que asumen su destino y el sinsentido de sus vidas con una naturalidad y una aceptación que raya lo enfermizo. Además de no luchar contra lo que les ha tocado en suerte y no intentar cambiar o mejorar su existencia, da la impresión de que no hacen otra cosa que esperar a que llegue el fin, viendo la vida pasar como quien ve llover.

Y, sin embargo, éste no es un libro triste o desolador, sino todo lo contrario. Debido a la excelente escritura de Magris, cada una de las piezas que lo conforman nos dejan un regusto esperanzador que nos demuestra que incluso en los momentos más oscuros existe un poso de belleza que, pase lo que pase, podemos y debemos disfrutar.

También de Claudio Magris en ULAD: El infinito viajar, No ha lugar a proceder

sábado, 13 de diciembre de 2014

Emmanuel Carrère: El bigote

Idioma original: francés
Título original: La moustache
Año de publicación: 1986
Traductora: Esther Benítez
Valoración: recomendable

El bigote parte de una circunstancia simple, casi anecdótica: un hombre, en principio sin ningún rasgo característico excepcional -se diría que es el prototipo del ciudadano francés medio: joven profesional más o menos acomodado, casado, sin hijos-, salvo un negro bigote que le ha acompañado durante años, decide un día afeitárselo para darle una sorpresa a su mujer, que no le ha conocido sin él, mientras ésta hace la compra. Pero a su vuelta, su esposa parece no notar ningún cambio, aunque él desconfía, pues ella es una terca aficionada a las bromas pesadas. Pero tampoco sus amigos, con los que cenan esa noche, dicen anda sobre el cambio, ni sus compañeros de trabajo... Nuestro protagonista comienza deslizarse hacia una zona de incertidumbre, en la que las dudas y las certezas devienen intercambiables y los recuerdos se confunden con lo imaginario, y viceversa... Un lugar en el que ni siquiera existe la seguridad de la propia locura, porque... ¿y si fuesen los demás los locos?

Esta es una novela corta pero de una evidente densidad, a pesar, ya digo, de lo anecdótico, incluso banal, de su planteamiento. Como cualquiera puede suponer al leer la sinopsis, el manido adjetivo "kafkiano" es lo primero que se le viene a la cabeza al lector, aunque en la contraportada del libro también se hace referencia a otro autor cultivador de un cierto género fantástico, como es el francés Maupassant. A mí, en cambio, esta narración me ha traído el recuerdo -aunque no tenga demasiado que ver, salvo la apelación al absurdo- de La nariz un conocido cuento de Gogol, en el que su protagonista persigue a su nariz por todo San Petersburgo, igual que el de Carrère parece perseguir a su bigote por todo París.... pero aquí se acaba toda similitud, porque lo que en un relato es humor, aun con cierta acidez, en el otro deriva pronto hacia lo trágico e incluso cabe  cierta reflexión existencialista (más en el pensamiento suscitado del lector que en el propio relato, debo aclarar) sobre aquello que compone nuestra identidad y, aún más lejos, sobre lo que podemos estar seguros de que constituye la realidad que nos rodea... o no. En este sentido, esta novela también me trae a la memoria alguna película del director Christopher Nolan. Y, si alguien la ha visto, supongo que también recordará una película francesa del 2005, titulada, precisamente, La moustache, basada en esta misma historia y dirigida... pues por el propio Emmanuel Carrère. Yo no tengo el placer.

La novela en sí es del año 1986, una de las primeras publicadas por este autor, y sin embargo, hay que decir que está escrita con absoluta corrección y solvencia, incluso con brillantez en algunos pasajes. No obstante, también es cierto que hay una zona media de "calma chicha", en la que el protagonista se ve metido en un bucle recurrente entre la locura y la cordura que puede resultar algo pesada... una sensación paliada, sobre todo, por la propia brevedad de la novela, que hace que pronto superemos estas aguas quietas -que no tranquilas- para precipitarnos, llevados por una corriente inexorable, hacia el turbulento remolino final. Un remolino como el que se produce al quitar el tapón de una bañera y que arrastra, junto con la espuma y los pelos de un bigote recién afeitado, muchas de las seguridades y convenciones que nos tranquilizaban antes de comenzar a leer el libro. Porque quizá sea ésta la sensación principal que nos queda, al cerrarlo: desasosiego.

También de Emmanuel Carrère en ULAD: Aquí

viernes, 12 de diciembre de 2014

Eduardo Halfon: Monasterio

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

A veces uno se pregunta por la cuestión de la suerte asociada al éxito literario. No al crítico, pues de esto, modestia aparte, acaba encargándose este magma igualitario que es internet y que somos los blogs, que procuraremos poner, aunque sea por el efecto abrumador del aluvión de opiniones, los puntos sobre las íes. Despojando de prestigio a quien no lo merece y otorgándoselo a quien le es negado. Los blogs somos Fuenteovejuna, señor. Y que Halfon no se haya mudado a Brooklyn o no haya sido objeto (supongo) de la atención de Bloom o Kakutani es una circunstancia que (sigo suponiendo) le es ajena. Pero si sigue escribiendo como en Monasterio, igual ni le es necesario. Porque estas ciento y pico páginas son una pura maravilla, equiparable a la obra de muchos autores mucho más divulgados. mucho más premiados (ay, que se me escapa el nombre de Modiano) y mucho más vendidos. Porque otras novelas cortas se contentan, perdonad que insista en alegorías musicales, en insistir en la misma melodía una y otra vez, pero Monasterio, como narración, va sobrada de líneas argumentales, y podríamos decir que, de alguna manera, Halfon dilapida alguna de las historias zanjándolas en unas pocas líneas, lujo que pocos pueden darse.
Así, de la historia principal, la de los dos hermanos que están en el aeropuerto de Tel Aviv esperando sus maletas, viajando para acudir a la boda de su hermana (que ha abrazado la ultraortodoxia religiosa), van surgiendo otras: la de la relación entre Eduardo, el protagonista, con Tamara, aeromoza de Lufthansa, el origen de sus familias, la diáspora ocasionada por el nazismo, el ghetto de Varsovia, la complicada relación con los árabes, las tretas necesarias por parte del pueblo judío para su supervivencia, la contradicción latente en formar parte de Occidente y conservar absurdas leyes religiosas basadas en preceptos más anticuados e inamovibles que la Constitución Española. Todas las explica Halfon con un estilo claro, directo, ágil, a la vez que seductor. No hablamos de dejar el relato en su estructura mínima, de desecarlo al sol hasta que solamente queda su armazón, sino de elegir en todo momento el término y el ritmo preciso: se hable de hechos históricos o se hable de curiosos gustos en el ámbito sexual. Halfon está cómodo, se le nota, y escribe desprendiendo esa sensación, tanto que, una vez leido, volveríamos a empezar Monasterio para constatar que no nos hemos olvidado pasar por ninguno de sus rincones. 

También de Eduardo Halfon en ULAD: Signor Hoffman

jueves, 11 de diciembre de 2014

Colaboración: Austerlitz de W. G. Sebald

Idioma original: Alemán.
Título original: Austerlitz 
Traductor: Miguel Sáenz
Año de publicación: 2001
Valoración: Muy recomendable.

Con la fábula de Jaques Austerlitz, Sebald, nos habla de la búsqueda de la razón de ser del individuo en el siglo XX (extensible también al XXI), y al mismo tiempo intenta pagar su propio tributo como alemán al holocausto judío. Seguramente es sus obra más lograda.

G. W. Sebald, muerto en el 2001 en accidente de trafico, junto con Claudio Magris o Enrique Vila-Matas son representantes de un tipo de escritura que se formula con múltiples formas de expresiones literarias entrecruzadas: ensayo, novela, historia, dialogo, monólogo y cuantas otras se nos puedan ocurrir. Pero sin llegar a lo que podríamos denominar escritura experimental que convierta los textos en peligrosos juegos de palabras. Un universo literario arriesgado donde a veces los símbolos pueden esconder tanto a la creación como a la falta de ella. El lenguaje de Sebald, que era profesor de literatura, se basa en una realidad muy documentada desde donde la ficción busca todos los recovecos de esto que nos empeñamos en llamar realidad, un lenguaje preciso pero ameno. Lo único que podemos echar en falta es una vida psicológica en sus personajes.

Esta obra (Sebald decía que no era una novela) es casi un monólogo sobre el transcurrir de una vida dentro de la historia del siglo XX. «Solo lo supe años más tarde por alguien que sobrevivió, me dijo Vera, dijo Austerlitz». Un monólogo realizado en los encuentros casuales o acordados, íntimos o distantes, en terrazas o paseos entre el protagonista y el oyente que escribe para transmitírnoslo. Sebald es un walseriano, un paseante solitario que comenta todo lo que ve. El paseo como forma de deambular, de ver, de vagar, de viajar. El paseo de uno mismo o el de los demás, vistos desde la terraza de un bar. El itinerario de una ocupación perpetua; el estudio de la arquitectura de las estaciones de tren. Los paseos y el monólogo dan lugar a disquisiciones, y cuando la confianza se asienta el parloteo da lugar al recuerdo.

 El recuerdo y lo que queremos o no recordar. El recuerdo y el olvido. Sebald nos pasea por lugares y artistas de la vieja Europa, desde Turner a Marienbad, de Goethe a la costa de Gales o del observatorio de Greemwich a Balzac a través de las salas de las estaciones de tren; «había momentos sin comienzo ni fin…un punto ciego sin duración». El recuerdo siempre tiene algo de nostalgia, no de melancolía, y de perdida; no recordamos lo que tenemos. El recuerdo de lo pasado que jamás volverá y que lleva a la mayor perdida que es la muerte de uno y el olvido por parte de los demás, la disolución absoluta. Austerlitz a través de la historia de Europa llega al recuerdo personal que busca los orígenes; el origen para explicar nuestro ser. La búsqueda perpetua del ser humano: si no se quien soy, estoy solo, en mi soledad de búsqueda individual me incomunico, ¿la búsqueda del origen está en mis recuerdos de infancia? ¿si llego a encontrarme romperé el cerco de mi soledad? «En algún momento del pasado he cometido un error y ahora estoy en una vida falsa».

En esta búsqueda individual se tropieza con el mundo. Y aquí nos encontramos con un segundo hilo argumental por donde Sebald nos lleva de la mano. En esa búsqueda hacia el recuerdo encontramos la Alemania nazi y el holocausto judío, que en la historia del siglo pasado han quedado indisolublemente unidos. Alemanes, en este caso, pero que podrían ser, desgraciadamente, cualquier ciudadano civilizado del mundo; cada uno de nosotros embebido por el entusiasmo ante el resurgimiento nacional, olvidarnos de las humillaciones que no hemos sido capaces de superar, creernos los elegidos, afirmar que uno es él ser superior…

Austerlitz buscando sus orígenes llega a Praga y a Theresienstadt, la fortaleza con forma de estrella, campo de concentración, cárcel donde murió Gavrilo Princip; de quien dicen que cambio la historia de la Europa moderna. Sebald en sus libros no solo nos habla del holocausto, si no también de la destrucción de Alemania por parte de los aliados y de la literatura postbélica. Nos cuenta de ese miedo a hablar de determinados temas que han quedado impresos en el alma de su patria. Pero en todas las casas existe la palabra prohibida, el ser innombrable, o el recuerdo rigurosamente olvidado. Pero aquí el mundo da la vuelta a los conceptos y el mantenimiento de la memoria es una necesidad a falta de justicia. «Quien ha sufrido la tortura, ya no puede sentir el mundo como su hogar» nos recuerda Jean Amery.

La historia del hombre tal vez sea el moverse entre un individualismo que busca la identidad y un totalitarismo social que arrasa. El fin del milenio nos ha llevado a la verdad del ser humano; la soledad del individuo, la búsqueda quimérica y el horror inenarrable, y Sebald nos lo recuerda.

Firmado: Coro

miércoles, 10 de diciembre de 2014

John Williams: Butcher's Crossing

Idioma original: inglés
Título original: Butcher's Crossing
Año de publicación: 1960
Traducción: Luis Murillo Fort
Valoración: muy recomendable


Es de esperar que al descubrimiento de una gran novela de un autor siga cierta corriente de recuperación de sus obras. Más cuando se trata de autores en lenguas foráneas: aflorarán las reediciones, las nuevas traducciones, las puestas en contexto de su obra. Irremisiblemente, es tan triste como cierto que, en ese alejamiento del centro del éxito nos acabemos encontrando con alguna novela que nos decepcione.
En este caso, respecto al enorme impacto de Stoner, este Butcher's Crossing de título intraducido, cinco años anterior, es, claro, diferente. Pero ya sabemos de la capacidad narrativa de Williams; ¿cabe esperar otro personaje del mismo calado, o aquí nos enfrentamos a algo distinto, a otra historia narrada de otra manera? o preguntar directamente ¿es Butcher's Crossing tan bueno como Stoner?
No querréis que os conteste directamente y dejéis de leer justo aquí.
Para empezar, el registro de Williams aquí es distinto, Más áspero, menos considerado con las formas, un estilo de lirismo crudo, tan fríamente descriptivo que resulta perturbador. Butcher's Crossing es el pequeño poblado compuesto por unos pocos comercios, hoteles, burdeles y casas, que sirve de punto de partida a una expedición de caza financiada por Will Andrews. Una especie de osada inversión para la que se rodea, o capta, a varios especialistas: cazadores, desolladores: todos ellos acaban componiendo una especie de organización empresarial donde, en un descabellado cuento de la lechera, todos hacen cábalas a cuenta de una enorme manada de búfalos que Miller, que se auto-impone como comandante de la misión, recuerda haber avistado hace casi una década. Cuentan con sacar una auténtica fortuna de sus pieles, a cuenta de una peregrina moda de la época (chaquetas de piel de búfalo que todo el mundo quiere llevar).
En clave de puro western, la expedición -hombres, víveres, caballos, bueyes, carro- se encontrará en situaciones extremas, en ida, estancia, y vuelta. Son unos meses que sitúan a cuatro hombres al margen de la civilización de la que proceden, un período en el que la convivencia, con las lógicas desavenencias, se vertebra en torno a esa finalidad común. Aquí es fácil comprender por qué se compara a este Williams con Melville o McCarthy (la solapa le atribuye condición de eslabón perdido entre ambos), pero yo hablaría también de Homero, y emparentaría a Williams con obras descarnadas de Kenneth Cook o Bruce Chatwin. La dureza en la descripción de algunas de las escenas, las relacionadas con las cacerías que pasan a ser anodinas jornadas laborales, la magnífica tensión conseguida en los momentos de mayor incertidumbre, la sensación claustrofóbica que aporta el espacio abierto, el encuentro con la naturaleza cruel e inexplorada. Bastante alejada, esta historia de un  año en la vida de un joven estudiante, de la epopeya vital de Stoner. Sí: demostración de la versatilidad de Williams.
Porque la respuesta es sí: Butcher's Crossing es tan bueno como Stoner.

También de John Williams en  UnLibroAlDía: Stoner

martes, 9 de diciembre de 2014

Ádám Bodor: La visita del arzobispo

Idioma original: húngaro
Título original: Az érsek látogatása
Traducción: Adan Kovascis (al castellano), Unai Elorriaga (al euskera)
Año de publicación: 1999
Valoración: recomendable

Gabriel Ventuza llega a Bogdanski Dolina, una localidad imaginaria situada en los Cárpatos, a recoger los restos de su padre, pero tiene la mala suerte de ser atracado por el camino. Como le roban hasta la ropa, le prestan una sotana y le recomiendan hacerse pasar por párroco. Así que, convertido en clérigo, visita varios días a la semana Izolda, un hospital que también es utilizado como prisión encubierta para los que no comulgan con el régimen eclesiástico imperante en la zona, y se dedica a confesar a los que allí se encuentran y a conocer cómo vive la gente del lugar, a quien sólo parecen importar los preparativos de la visita del arzobispo, que nunca llega.

Así comienza La visita del arzobispo, una novela que le sirve a Bodor para criticar con dureza el régimen comunista rumano en particular y cualquier régimen totalitario en general. El autor sabe muy bien de lo que habla. Perteneciente a la minoría húngara habitante de la Transilvania rumana, fue encarcelado cuando sólo tenía 17 años por realizar actividades anticomunistas. Aunque en 1982 se mudó a Hungría huyendo del régimen de Ceaucescu, allí no lo pasaría mejor, pues ese país todavía tardaría varios años en liberarse del control del gobierto soviético.

El ambiente opresivo que debió de vivir el autor está, por tanto, también presente en la novela, lo que hace que su lectura no sea del todo fácil. Estamos ante un libro gris, angustioso, que nos produce un nudo en el estómago cada dos por tres y que no nos da un sólo respiro. Y no es para menos: además del terrible hospital y de la situación opresiva e inhumana en la que viven los lugareños, Bodor nos presenta Bogdanski Dolina como una ciudad rodeada por vertederos, por lo que las gaviotas sobrevuelan continuamente el lugar y los animales salvajes acuden al caer la noche, atraídos por el olor de la basura. Por eso no es recomendable salir mucho de casa ni mostrar signos de debilidad.

Es un sitio en el que nadie está nunca a salvo ni puede fiarse de sus vecinos, en el que el tiempo transcurre en círculos, donde nada parece cambiar ni mejorar nunca, y donde todo aparece fragmentado, roto, sin arraigar. Así también ha escrito Bodor esta obra, que avanza a base de flaschbacks, cerrando historias abiertas en diferentes puntos de la narración y elaborando un exquisito puzzle que el lector debe montar a medida que avanza la trama. Tan angustioso como fascinante. Si a alguien no le importa sufrir con una lectura, éste es sin duda su libro.

Nota final: La versión de este libro que he leído yo ha sido la traducida al euskera (Artzapezpikuaren bisita). Quien sepa euskera, que lea esta versión, pues merece mucho la pena. Unai Elorriaga ha hecho un excelente trabajo.

También de Bodor en ULAD: Los pájaros de Verhovina

lunes, 8 de diciembre de 2014

Joyce Carol Oates: Violación: Una historia de amor

Idioma: inglés
Título original: RAPE A love story
Año de publicación: 2004
Traducción: Santiago Roncagliolo
Valoración: muy recomendable

Dijeron Patrick Modiano. Yo había apostado, internamente, por una descabellada teoría, la de que los de la Academia optarían por desconcertar al planeta concediendo dos premios seguidos a dos mujeres que escribieran en inglés. Y Joyce Carol Oates es, igual que era Munro, igual que, espero, sigan siendo algunos otros, una de esas eternas aspirantes. Así que, obediente y planificador, opté por una de esas novelas cortas, por uno de esos platos degustación. Pues menudo acierto, si toda su obra es así. Porque Violación, una historia de amor es una joya. De síntesis, de estructura, de ritmo narrativo. De todo. Puede que abuse algo de esa especie de sentido del suspense, tan cinematográfico y tan propio de los géneros judiciales y/o policíacos, Pero eso dista mucho de ser un defecto. Puede que a muchos les parezca hasta un poderoso incentivo.
Como se deduce de su sinopsis, de su título y hasta de la foto que ilustra la portada de la edición que he leído, nos enfrentamos a una situación dura. Dura y cruel. Añadámosle injusta. Teena Maguire, viuda de 35 años, decide volver a casa con su hija de 12 años tras las celebraciones de una noche de 4 de Julio. Por el camino del parque de Niagara Falls acortarán diez minutos. En teoría: porque están siendo seguidas por un grupo de jóvenes vecinos, que, bajo los efectos del alcohol, las drogas, y una cierta sensación de impunidad, violarán a Teena y la golpearán hasta dejarla al borde de la muerte. Bethie, la niña, se escapará por los pelos de un destino tan trágico, pero quedará marcada por ser testigo de la agresión que sufre su madre. Y la novela se embarca, a partir de esa fuerte imagen inicial, la de Teena postrada agonizante en una cabaña en el parque, en una historia que es a la vez de hundimiento y de resurgimiento. Nada puede seguir siendo igual cuando Teena, que salva la vida, sabe que los que la han agredido son vecinos y conocidos que pensaban que tenían derecho a hacerlo. Nada puede seguir cuando, a medida que son detenidos, un abogado sin escrúpulos pero con una tarifa espectacular, logre hacer dudar al jurado de aquello que es más que obvio. La agresión en toda regla empieza a ser puesta en tela de juicio en un juego tan legal como inmoral. Teena empieza a temer por cómo acabe todo.
Y hasta aquí explico. 
Construida como una narración de suspense, Violación, una historia de amor, es, virtualmente, una de esas novelas que no se puede soltar hasta acabarla. Con su ligera sensación coral y con la apuesta por personajes muy hábilmente huidizos del estereotipo, esta es una de esas novelas que cala en el lector y que sirve, con sus 160 páginas, como aperitivo para abordar alguna de las obras en gran formato de Joyce Carol Oates. 
Pero dijeron Patrick Modiano.

Otras obras de Joyce Carol Oates reseñadas en Un Libro Al Día: Puro fuego, Rey de Picas, Bestias