Idioma original: inglés
Título original: Red-dirt marijuana and other tastes
Fecha de publicación: 1967
Valoración: recomendable
Terry Southern (1924-1995) fue uno de los escritores más influyentes del pasado siglo. Escribió relatos, novelas, ensayos y guiones (tanto para el cine –Easy Rider, entre otros– como para la televisión) y Tom Wolfe dijo de él que fue el creador del Nuevo periodismo, esto es (a grandes rasgos), de combinar lo mejor del periodismo con lo mejor de la literatura y alejarse de lo que hasta entonces se consideraba el periodismo tradicional.
Tanto si fue el creador de ese movimiento estilístico como si no, lo cierto es que los textos de Southern se salen de lo común. En este libro (que reúne escritos publicados en la revista Squire, entrevistas y un par de piezas dramáticas) el autor se vale de las drogas, tanto legales como ilegales, para darle un repaso a la política exterior estadounidense, a la CIA, a la moral imperante, a la música y a lo "moderno" (Eres demasiado hip, tío), entre otros temas.
Aunque no seamos fans del Nuevo periodismo, sin duda estos textos no nos dejarán indiferentes. Southern utiliza un estilo cuidado y sarcástico, caracterizado por un ácido humor negro (como en el hilarante relato La carretera que sale de Axotle) y una absoluta falta de pelos en la lengua para llevar al lector adonde él quiere y mostrarle cómo son ciertas partes de este mundo que sin duda desconoce.
Otros libros de Terry Southern reseñados en Un Libro Al Día: El cristiano mágico
lunes, 14 de mayo de 2012
domingo, 13 de mayo de 2012
Elvira Menéndez: La máquina maravillosa
Fecha de publicación: 1989
Valoración: Recomendable
Hasta hace poco ni siquiera se me había pasado por la cabeza reseñar este libro que tanto me gustó en mis años mozos ya que se trata de literatura infantil/juvenil. Pero como últimamente me encuentro más concienzado que nunca con el problema que supone que los avances tecnológicos estén deshumanizándonos a marchas forzadas, me he dicho "Qué diablos, ¡si lo que cuenta La máquina maravillosa está de rabiosísima actualidad y para nada es cosa de niños!". Y por eso, hoy traigo este libro a ULAD.
Porque no, no es ni sano ni aceptable que comencemos a clasificar nuestras relaciones amistosas en cibernéticas y no cibernéticas; que prefiramos comunicarnos por mail y redes sociales con personas que viven a poca distancia de nuestras casas en vez de quedar en carne y hueso; que gastemos horas y horas frente a la pantalla de un ordenador pasando de una cosa a otra mientras fuera brilla un sol extraordinario y los pájaros cantan; que en una reunión social los asistentes recurran a sus malditos móviles cada vez que se haga un silencio incómodo o surja una conversación poco interesante; que la gente haga fotos de los cocidos y las paellas que está a punto de zamparse como si necesitara la aprobación y/o la envidia de su pandilla virtual; que muchos y muchas cuelguen imágenes que muestren fetos humanos recién concebidos o en pleno desarrollo; que simplifiquemos hasta la dentera trances tan dolorosos como rupturas amorosas o incluso muertes de seres queridos expresándonos puerilmente en frías y asépticas frases online, etc, etc, etc...
No, no es sano ni aceptable. Porque donde esté la calidez de una mano humana en cuyo interior fluye la sangre y la vida, y un par de ojos brillantes y acojedores por donde uno es capaz de intuir la esencia del alma que encierran, que se quite cualquier emoticón infernal y esos repugnantes y pixelados pulgares en alto. He escrito.
Y ahora, el argumento de La máquina maravillosa (publicado en los 80, ¡cuán sabia y adivina fue su autora!).
En el año 2090, en una ciudad burbuja aislada del mundo exterior, viven, entre otros muchos seres humanos, cuatro niños amigos llamados Sara, Elena, Pablo y David. Dentro de dicha cápsula, los críos se sienten encerrados y aburridos de su monótona rutina. Poseen robots que hacen de todo y sistemas automáticos que facilitan la más estúpida tarea. Pero todo cambia cuando los amigos, gracias a la curiosidad que les despierta un libro (objeto muy mal visto en esa sociedad) de Sara, deciden salir al exterior. Para ello necesitarán despistar a sus padres, y por eso acudirán a un viejo y amable anciano, don Bonifacio, un excéntrico inventor que además de descubrirles el delicioso chocolate o el divertido juego de las construcciones, les proporcionará una máquina para entretener a los adultos. Así los niños lograrán salir al exterior de la burbuja y descubrirán un apasionante mundo con hierba no sintética, preciosas flores naturales y variaciones de temperatura, donde podrán jugar sin necesidad de teclas y robots, y descubrirán la belleza y el placer de la vida natural, con todo lo que la misma conlleva. Bonifacio también disfrutará de la aventura, y a partir de entonces, nada volverá a ser igual...
Un libro, en fin, bonito, fácil de leer tanto para niños como para adultos, agradable, y que da mucho que pensar.
Léanlo y recomiéndenselo a sus amigos. En persona, si cabe ;)
sábado, 12 de mayo de 2012
Octavio Paz: Traducción: literatura y literalidad
Idioma original: españolAño de publicación: 1990
Valoración: muy recomendable
Ya nos vale: esta es la primera reseña que publicamos de Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura en 1990 y, curiosamente, ni siquiera va a ser de su obra poética (sin duda, su vertiente creativa más representativa, a pesar de que su obra ensayística sea incluso más vasta que la primera).
Traducción: literatura y literalidad es un ensayo sobre la traducción de poesía no solo sagaz e intuitivo, sino también, a mi modo de ver, rompedor en muchos aspectos. Paz se atreve a desmontar algunos de los mitos y tabúes que planean sobre la traducción de poesía, pero sus afirmaciones no son osadas: están bien argumentadas, son convincentes y surgen de su propia experiencia como poeta-traductor. De hecho, en la segunda parte Octavio Paz nos presenta sus propias traducciones de poemas de Donne, Mallarmé, Apollinaire y cummings para ilustrar sus aseveraciones anteriores.
Como digo, en Traducción: literatura y literalidad encontramos declaraciones lapidarias. Siempre se ha dicho que solo los poetas pueden traducir poesía, ¿verdad? Desde luego, yo siempre lo había oído (y me revolvía internamente contra semejante afirmación). Y, por supuesto, el poeta-traductor tenía que ser de igual talla al poeta traducido. Pues bien, he aquí la opinión que Paz tiene a este respecto:
En teoría, sólo los poetas deberían traducir poesía; en la realidad, pocas veces los poetas son buenos traductores. No lo son porque casi siempre usan el poema ajeno como un punto de partida para escribir su poema. El buen traductor se mueve en una dirección contraria: su punto de llegada es un poema análogo, ya que no idéntico, al poema original. No se aparta del poema sino para seguirlo más de cerca (…). La razón de la incapacidad de muchos poetas para traducir poesía no es de orden puramente psicológico, aunque la egolatría tenga su parte, sino funcional: la traducción poética, según me propongo mostrar en seguida, es una operación análoga a la creación poética, solo que se despliega en sentido inverso (sic).
Efectivamente, Paz concibe la traducción de poesía como un acto de creación y no de mímesis. El traductor no parte del "lenguaje en movimiento, materia prima del poeta", sino del lenguaje que el poeta ha fijado en el poema. La traducción de poesía no busca, o no debería buscar, reproducir "lo mismo", sino, como expresó Paul Valéry, "reproducir con medios distintos efectos análogos".
Para mí, como traductora profana en la materia de la traducción de poesía, este ensayo ha resultado esclarecedor. Pero es muy recomendable para todo aquel que, después de leer esta reseña —tenga o no interés en la traducción— vea tambalearse los pilares de sus concepciones respecto de esta actividad que no nos es ajena a nadie.
Al fin y al cabo, seamos o no conscientes de ello normalmente, como apuntaba en una anterior reseña-reflexión sobre la traducción, todos somos lectores de traducciones.
También de Octavio Paz en UnLibroAlDía: El laberinto de la soledad, Apariencia desnuda
viernes, 11 de mayo de 2012
Colaboración: El llano en llamas de Juan Rulfo
Idioma original:
español
Año de publicación:
1953
Valoración: Imprescindible
Al terminar de leer este libro me he puesto muy triste porque ya no
hay más. Después de gozar con Pedro
Páramo y con El Llano en llamas,
ya no hay más Rulfo. ¿Qué hizo que el mexicano dejara de lado la literatura? Con
sólo dos libros consiguió convertirse en un referente. ¿Pero por qué no publicó
más? ¿Demasiada presión? ¿Demasiada exigencia? Rulfo ha reconocido en alguna
entrevista haber terminado otra novela; pero la destruyó. Decidió eliminarla.
Supongo que después de Pedro Páramo,
ninguna novela es una buena novela.
El Llano en llamas es una colección de diecisiete relatos
situados en México durante la Revolución de 1910 y en la época inmediatamente posterior
a la misma. El texto vio la luz en 1953, dos años antes a de la publicación de Pedro Páramo, y ambos libros comparten
estilo, una visión mágica del campo y algunos grandes temas, como la revolución,
la violencia y la muerte.
En este libro la violencia de la Revolución es una violencia
contenida. Incorpórea. Gaseosa. Se filtra por la piel de los personajes
paralizándolos y frustrándolos. Los protagonistas son gentes sin salida, que
aceptan con resignación la fatalidad de su destino. Ni la esperanza, ni los
milagros ni los esfuerzos por salir adelante funcionan. Están condenados a
sufrir.
En las historias de Rulfo no hay mucha acción, todo es en apariencia
estático; pero es gracias a esta quietud que el lector es capaz de penetrar en
la psique de los personajes, en sus emociones contenidas y en sus roces
acumulados cocidos en el calor del desierto.
Fragmento del relato Luvina:
Y es que allá el tiempo es muy
largo. Nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupa cómo van
amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche.
Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una
esperanza.
jueves, 10 de mayo de 2012
Zoom: El aliento del cielo, de Carson McCullers
Título original: Breath from the Sky
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1971 (en castellano): 2007
Valoración: Recomendable

Este relato narra una de esas historias pequeñas que se desarrollan en un espacio reducido donde no sucede nada de importancia. En el jardín de una casa se muestra a una niña inmóvil que observa a la gente que pasa por allí. A primera vista, no pasa de ser una estampa intrascendente con sólo una decena de páginas, pero puede que esa acción mínima esté señalando a otro sitio, fuera del alcance de la vista.
Lo que de verdad importa es lo que McCullers no cuenta. A pesar de la poca experiencia que tenía cuando lo escribió, su gran talento acierta a crear dos campos de batalla ocultos dentro de la niña. En uno, quienes pelean a muerte son los bacilos de Koch con los pulmones de la maltrecha Clarence. Ésta languidece en su hamaca sin más actividad que unas toses que la dejan exhausta; en ese estado, hasta le intensidad de la luz resulta dolorosa y cualquier forma, color, movimiento que entre en su campo de visión recibe un interés fugaz. El otro ring es su propia mente, no tanto por la comprensible envidia que le produce la normalidad de los suyos como por la angustia que supone saber que en un futuro próximo vivirá alejada de todo y de todos, quién sabe durante cuánto tiempo. Y, por si esto fuera poco, tiene que enfrentarse a la indiferencia con que la van a dejar sola allá arriba, a esa resolución sin alma que parece guiar a todos, al desaliento que produce ser la única que ve el lado terrible del proyecto.
La intensidad que alcanzan estos sentimientos, por debajo de la aparente banalidad de la escena, se debe a su carácter autobiográfico. Carson McCullers aún no había olvidado los atroces momentos que le tocó vivir cuando, siendo adolescente, fue enviada a un sanatorio por culpa de unas fiebres reumáticas que al principio confundieron con tuberculosis y que le perseguirían durante toda su vida. Más tarde, su hermano quitaría importancia a esta anécdota afirmando que, en realidad, Carson era la preferida de su madre y que, sólo a causa de su sensibilidad de artista, interpretaba de esa forma los hechos. No creo que los artistas sean más sensibles que los que no lo son, sólo que algunos de los que tienen sensibilidad son, además, capaces de reflejar sus impresiones artísticamente. De cualquier modo, la escritora debió guardar un poso de traición mucho tiempo y quiso liberarlo poniéndolo por escrito. Debajo de la minuciosa descripción de lo que ve Clarence, atisbamos el desamparo del personaje, su temor, y también una entereza admirable.
La intensidad que alcanzan estos sentimientos, por debajo de la aparente banalidad de la escena, se debe a su carácter autobiográfico. Carson McCullers aún no había olvidado los atroces momentos que le tocó vivir cuando, siendo adolescente, fue enviada a un sanatorio por culpa de unas fiebres reumáticas que al principio confundieron con tuberculosis y que le perseguirían durante toda su vida. Más tarde, su hermano quitaría importancia a esta anécdota afirmando que, en realidad, Carson era la preferida de su madre y que, sólo a causa de su sensibilidad de artista, interpretaba de esa forma los hechos. No creo que los artistas sean más sensibles que los que no lo son, sólo que algunos de los que tienen sensibilidad son, además, capaces de reflejar sus impresiones artísticamente. De cualquier modo, la escritora debió guardar un poso de traición mucho tiempo y quiso liberarlo poniéndolo por escrito. Debajo de la minuciosa descripción de lo que ve Clarence, atisbamos el desamparo del personaje, su temor, y también una entereza admirable.
El aliento del cielo es un cuento primerizo, sorprendentemente bien construido, que se recogió póstumamente en The Mortgaged Heart y que, desde 2007, podemos leer en español al formar parte del volumen al que da título, junto con otros dieciocho y tres novelas cortas.
También de Carson McCullers en ULAD: Reflejos en un ojo dorado, El corazón es un cazador solitario, El mudo y otros textos
También de Carson McCullers en ULAD: Reflejos en un ojo dorado, El corazón es un cazador solitario, El mudo y otros textos
miércoles, 9 de mayo de 2012
Brendan Behan y Paul Hogarth: Mi Nueva York
Idioma original: inglés
Título original: Brendan Behan's New York, with drawings by Paul Hogarth
Fecha de publicación: 1964
Valoración: muy recomendable
Pues sí. Resulta que después de publicar Mi isla (dos años más tarde, exactamente), Brendan Behan y Paul Hogarth decidieron repetir la experiencia y escribir/ilustrar otro libro juntos, que lleva el título de Mi Nueva York.
Como se puede deducir a partir de su título, Behan se dedica a hablar en este volumen de la ciudad de Nueva York y de todo lo que en ella se puede encontrar: gente de diferentes razas, inmigrantes, bares, teatros, restaurantes, el Central Park, rascacielos, la Estatua de la Libertad... Como ya ocurría en Mi isla, el autor no se corta un pelo a la hora de decir lo que piensa, tanto de la propia ciudad (a la que considera la mejor y más fascinante del mundo) como de la gente que vive en ella o de los que gobiernan el país.
Así, mientras descubre los bares, teatros y la forma de comportarse de la gente (tanto de los neoyorquinos como de los inmigrantes), Behan habla de la religión, de los conflictos raciales, de los homosexuales, de JFK... mostrando una mentalidad sorprendentemente abierta para la época en la que se escribió esta obra y dedicando especial atención al hecho de ser un irlandés y vivir en Nueva York (y, sobre todo, a cómo la nueva generación, los hijos de los primeros inmigrantes irlandeses, salen adelante).
Brendan escribe de forma muy amena y natural (quizá grabaron sus conversaciones, como ocurrió en Mi isla, aunque nadie dice nada al respecto) y con mucho humor, lo cual le da al libro un estilo fresco y ligero, a pesar de que hable en muchas ocasiones de temas muy serios. Ya sea para conocer (de una manera completamente subjetiva) cómo era Nueva York hace cincuenta años, ya sea para conocer un poco mejor la visión que tenía Behan de lo que lo rodeaba y al mismo tiempo echarse unas risas, vale la pena leer este libro.
También de Brendan Behan y Paul Hogarth: Mi isla
Título original: Brendan Behan's New York, with drawings by Paul Hogarth
Fecha de publicación: 1964
Valoración: muy recomendable
Pues sí. Resulta que después de publicar Mi isla (dos años más tarde, exactamente), Brendan Behan y Paul Hogarth decidieron repetir la experiencia y escribir/ilustrar otro libro juntos, que lleva el título de Mi Nueva York.
Como se puede deducir a partir de su título, Behan se dedica a hablar en este volumen de la ciudad de Nueva York y de todo lo que en ella se puede encontrar: gente de diferentes razas, inmigrantes, bares, teatros, restaurantes, el Central Park, rascacielos, la Estatua de la Libertad... Como ya ocurría en Mi isla, el autor no se corta un pelo a la hora de decir lo que piensa, tanto de la propia ciudad (a la que considera la mejor y más fascinante del mundo) como de la gente que vive en ella o de los que gobiernan el país.
Así, mientras descubre los bares, teatros y la forma de comportarse de la gente (tanto de los neoyorquinos como de los inmigrantes), Behan habla de la religión, de los conflictos raciales, de los homosexuales, de JFK... mostrando una mentalidad sorprendentemente abierta para la época en la que se escribió esta obra y dedicando especial atención al hecho de ser un irlandés y vivir en Nueva York (y, sobre todo, a cómo la nueva generación, los hijos de los primeros inmigrantes irlandeses, salen adelante).
Brendan escribe de forma muy amena y natural (quizá grabaron sus conversaciones, como ocurrió en Mi isla, aunque nadie dice nada al respecto) y con mucho humor, lo cual le da al libro un estilo fresco y ligero, a pesar de que hable en muchas ocasiones de temas muy serios. Ya sea para conocer (de una manera completamente subjetiva) cómo era Nueva York hace cincuenta años, ya sea para conocer un poco mejor la visión que tenía Behan de lo que lo rodeaba y al mismo tiempo echarse unas risas, vale la pena leer este libro.
También de Brendan Behan y Paul Hogarth: Mi isla
martes, 8 de mayo de 2012
Carlos Fuentes: La muerte de Artemio Cruz
Idioma original: español
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable
Estaba yo el otro día dando clase de literatura hispanoamericana, explicando precisamente El otoño del patriarca (que, como ya saben los lectores habituales de este blog, no es precisamente una de mis novelas favoritas), y un alumno preguntó: "Bueno, pero toda esta experimentación, todo este barroquismo, ¿para qué?" Y yo contesté, no sé si acertadamente, que lo que estos autores intentaban era llevar al lenguaje y a la narrativa hasta sus mismos límites, y expresar una realidad específicamente americana empleando las técnicas literarias más vanguardistas. Pero tengo que reconocer que yo mismo a veces me pregunto: ¿para qué tanta perfección técnica y formal, tanto barroquismo estilístico, tanta experimentación? ¿Para darnos de comer a cuatro críticos y satisfacer el enorme ego de los escritores?
Por supuesto, estoy haciendo de abogado del diablo (al menos en parte): es indudable el valor histórico de obras como Rayuela, El Señor Presidente o Conversaciones en La Catedral, lo mismo que es indudable que sus autores están entre los mejores narradores del siglo XX, o que limitar programáticamente la narrativa a su función de "contar historias" sin prestar atención a cómo se cuentan esas historias es un empobrecimiento gigantesco (un empobrecimiento que afecta, creo yo, a gran parte de la literatura española actual). Lo cierto es que ya no se escriben novelas así. Ni siquiera los autores del boom que siguen vivos escriben novelas así: todos ellos han evolucionado hacia formas más sencillas, más clásicas, de narrar en los últimos años.
Todo este enorme prólogo sirve para introducir una de aquellas novelas propias del boom, con todo lo grandioso y todo lo cuestionable que ello conlleva. La muerte de Artemio Cruz es una indagación sobre el pasado mexicano, desde la Revolución hasta mediados del siglo XX, narrada a través de la voz (de las voces) de un anciano hombre de negocios que en su lecho de muerte rememora episodios de su vida y reflexiona sobre sus relaciones familiares (un recurso, por cierto, que Chico Buarque ha "copiado" en Leche derramada): una mujer que no lo ama, una hija que lo desprecia, viejos amores apasionados, un hijo muerto en la Guerra Civil española... A lo largo de la novela, Artemio Cruz se muestra como un hombre desilusionado, cobarde, traicionero, manipulador, sin escrúpulos, sin verdaderos afectos: su familia solo se preocupa por encontrar su testamento y él solo se preocupa por dejar bien atados sus negocios.
Pero lo que destaca en la novela es la experimentación narrativa: el texto alterna fragmentos narrados en primera persona y en presente/futuro (referentes a las últimas horas de vida del protagonista); fragmentos en segunda persona (los debates que transcurren en la mente torturada de Artemio) y fragmentos en tercera persona y en pasado, situados en un momento que se indica mediante una fecha, y que van desde el momento del nacimiento de Artemio Cruz en 1889 hasta su muerte en 1959. Para que la cosa quede clara, cada uno de los fragmentos se inicia con el pronombre correspondiente ("Yo", "Tú", "Él"). La suma de estos fragmentos dispersos de personalidad y de historia dan una imagen desencantada del México contemporáneo, en el que cualquier ideal que pudiera albergar la Revolución se ha visto sustituido por la ambición, la corrupción y el mercantilismo.
Esta no es, realmente, la más compleja de las novelas que se escribieron durante la época del boom. El propio Carlos Fuentes alcanzó, en Terra Nostra, un nivel de complejidad narrativa, estilística y simbólica aún mayor. De hecho, esta novela casi podría considerarse un paso adelante en el aprendizaje del autor, en busca de su madurez expresiva. Tiene, en mi opinión, algo de desfasado en su exhibicionismo formal, pero también mantiene mucha fuerza en la construcción del personaje y en la representación de la realidad mexicana, por lo que sigue siendo una lectura recomendable, sobre todo para degustadores de la técnica narrativa.
Curiosamente, La muerte de Artemio Cruz es contemporánea de otra obra de Fuentes, Aura, que no tiene nada que ver, ni temática ni estilísticamente: aquella es una novela corta de género fantástico, cuya mayor experimentación consiste en estar narrada en segunda persona y en futuro. De hecho, Aura parece ser un divertimento escrito para "descansar" de la enorme exigencia de Artemio Cruz. En palabras del propio Fuentes: "Pues bien, Aura y Artemio Cruz son novelas escritas a la misma vez. Tuve que alejarme de Artemio Cruz. Estaba muy cansado de escribirla, así que escribí Aura. Y son novelas complementarias: Artemio Cruz es una novela de la muerte de la vida, y Aura es una novelita de la vida de la muerte". Lo cierto es que las dos, casi sin parecer del mismo autor, son obras que conviene leer. Y eso les concede un mérito especial.
Todas las reseñas sobre Carlos Fuentes en ULAD: Aquí
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable
Estaba yo el otro día dando clase de literatura hispanoamericana, explicando precisamente El otoño del patriarca (que, como ya saben los lectores habituales de este blog, no es precisamente una de mis novelas favoritas), y un alumno preguntó: "Bueno, pero toda esta experimentación, todo este barroquismo, ¿para qué?" Y yo contesté, no sé si acertadamente, que lo que estos autores intentaban era llevar al lenguaje y a la narrativa hasta sus mismos límites, y expresar una realidad específicamente americana empleando las técnicas literarias más vanguardistas. Pero tengo que reconocer que yo mismo a veces me pregunto: ¿para qué tanta perfección técnica y formal, tanto barroquismo estilístico, tanta experimentación? ¿Para darnos de comer a cuatro críticos y satisfacer el enorme ego de los escritores?
Por supuesto, estoy haciendo de abogado del diablo (al menos en parte): es indudable el valor histórico de obras como Rayuela, El Señor Presidente o Conversaciones en La Catedral, lo mismo que es indudable que sus autores están entre los mejores narradores del siglo XX, o que limitar programáticamente la narrativa a su función de "contar historias" sin prestar atención a cómo se cuentan esas historias es un empobrecimiento gigantesco (un empobrecimiento que afecta, creo yo, a gran parte de la literatura española actual). Lo cierto es que ya no se escriben novelas así. Ni siquiera los autores del boom que siguen vivos escriben novelas así: todos ellos han evolucionado hacia formas más sencillas, más clásicas, de narrar en los últimos años.
Todo este enorme prólogo sirve para introducir una de aquellas novelas propias del boom, con todo lo grandioso y todo lo cuestionable que ello conlleva. La muerte de Artemio Cruz es una indagación sobre el pasado mexicano, desde la Revolución hasta mediados del siglo XX, narrada a través de la voz (de las voces) de un anciano hombre de negocios que en su lecho de muerte rememora episodios de su vida y reflexiona sobre sus relaciones familiares (un recurso, por cierto, que Chico Buarque ha "copiado" en Leche derramada): una mujer que no lo ama, una hija que lo desprecia, viejos amores apasionados, un hijo muerto en la Guerra Civil española... A lo largo de la novela, Artemio Cruz se muestra como un hombre desilusionado, cobarde, traicionero, manipulador, sin escrúpulos, sin verdaderos afectos: su familia solo se preocupa por encontrar su testamento y él solo se preocupa por dejar bien atados sus negocios.
Pero lo que destaca en la novela es la experimentación narrativa: el texto alterna fragmentos narrados en primera persona y en presente/futuro (referentes a las últimas horas de vida del protagonista); fragmentos en segunda persona (los debates que transcurren en la mente torturada de Artemio) y fragmentos en tercera persona y en pasado, situados en un momento que se indica mediante una fecha, y que van desde el momento del nacimiento de Artemio Cruz en 1889 hasta su muerte en 1959. Para que la cosa quede clara, cada uno de los fragmentos se inicia con el pronombre correspondiente ("Yo", "Tú", "Él"). La suma de estos fragmentos dispersos de personalidad y de historia dan una imagen desencantada del México contemporáneo, en el que cualquier ideal que pudiera albergar la Revolución se ha visto sustituido por la ambición, la corrupción y el mercantilismo.
Esta no es, realmente, la más compleja de las novelas que se escribieron durante la época del boom. El propio Carlos Fuentes alcanzó, en Terra Nostra, un nivel de complejidad narrativa, estilística y simbólica aún mayor. De hecho, esta novela casi podría considerarse un paso adelante en el aprendizaje del autor, en busca de su madurez expresiva. Tiene, en mi opinión, algo de desfasado en su exhibicionismo formal, pero también mantiene mucha fuerza en la construcción del personaje y en la representación de la realidad mexicana, por lo que sigue siendo una lectura recomendable, sobre todo para degustadores de la técnica narrativa.
Curiosamente, La muerte de Artemio Cruz es contemporánea de otra obra de Fuentes, Aura, que no tiene nada que ver, ni temática ni estilísticamente: aquella es una novela corta de género fantástico, cuya mayor experimentación consiste en estar narrada en segunda persona y en futuro. De hecho, Aura parece ser un divertimento escrito para "descansar" de la enorme exigencia de Artemio Cruz. En palabras del propio Fuentes: "Pues bien, Aura y Artemio Cruz son novelas escritas a la misma vez. Tuve que alejarme de Artemio Cruz. Estaba muy cansado de escribirla, así que escribí Aura. Y son novelas complementarias: Artemio Cruz es una novela de la muerte de la vida, y Aura es una novelita de la vida de la muerte". Lo cierto es que las dos, casi sin parecer del mismo autor, son obras que conviene leer. Y eso les concede un mérito especial.
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