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sábado, 28 de septiembre de 2024

Contrarreseña + Entrevista: Ciudad en llamas de Garth Risk Hallberg

Idioma original: inglés

Título original: City on fire

Traducción: Cruz Rodríguez Juiz

Año de publicación: 2015

Valoración: muy recomendable 

Más que ser una contrarreseña, veo esto como un buen pretexto para retomar esta novela e indagar un poco en las ideas de su escritor, Garth Risk Hallberg. Tengo que decir que la reseña original de este libro me parece excelente y concuerdo en muchas de las opiniones (incluso me tome la licencia de elaborar algunas pregutnas para la entrevista usando puntos que se tocan en la reseña, gracias, Francesc), por lo que, para evitar ser redundante, me limitaré solo a hacer pequeños apuntes (además de aportar mi opinión sobre los comentarios en la reseña original).

Para muchos escritores, incluidos los mismos norteamericanos, la literatura que se produce actualmente por esos rumbos ha dejado de ser lo que fue durante aquella esplendorosa época del siglo XIX y principios del XX (en palabras del escritor americano Jesse Ball, entrevistado en este blog, la mayor parte de lo que se escribe en Estados Unidos es basura). Podemos llegar al extremo de algunos escritores, como Carlos Fuentes, que aseguraba que la literatura en lengua inglesa ha ido en decadencia desde Shakespeare, llegando en ese momento a alcanzar su máximo potencial en cuestiones formales y estéticas (ya para qué mencionar el fenómeno BookTok o Bookstagram).

Tal vez el ruido del alud de publicaciones corrompe cualquier obra que se publique, y la relación señal/ruido se hace cada día más insignificante. He aquí un gran reto para los lectores, si es que quieren disfrutar de vez en cuando de lecturas excepcionales. A mi parecer, este libro vale la pena, y mucho. Se nota el trabajo y cuidado que se requirieron al escribir esta gran novela, en ambición y extensión. Aunque estoy de acuerdo de que la primera tal vez no fue lograda del todo.

Hay ciertos pasajes que sirven exclusivamente para mostrarnos algunos ángulos ocultos de los personajes, que no son del todo relevantes para la trama, pero que nos ayudan a entender un poco mejor sus motivaciones y reacciones ante ciertos eventos. Por ejemplo, el reportaje de los pirotécnicos o un ejemplar del fanzine de Samantha. Para muchos son fragmentos prescindibles, y que debieron ser eliminados para la edición final, pero quizá sean estos capítulos los que aportan una mayor profundidad a los personajes y enriquecen el tejido narrativo de la novela.

City on Fire es en definitiva una obra ambiciosa (tal vez demasiado) que, a pesar de sus excesos, ofrece una visión rica y detallada de una ciudad en constante transformación (una ciudad que en realidad podría ser cualquier ciudad). Risk Hallberg logra capturar la esencia de una era tumultuosa, utilizando distintos elementos narrativos para construir un collage (o un fresco, en palabras del autor) detallado de una ciudad caótica. Para mi, la maestría de Hallberg reside en su capacidad para tejer múltiples tramas y personajes de manera coherente, tomando en cuanta que hay mínimo 6 o 7 personajes que tienen un papel fundamental.

Sin duda, una lectura que merece el tiempo y la atención de aquellos que buscan más que una simple historia, sino una experiencia literaria más allá de una trama entretenida.

Por cierto, en 2023 salió una serie de televisión basada en el libro. Háganse un favor y no vean ni el trailer antes de leer el libro, les va a arruinar todo. Está culerísima.



Pueden ver la reseña original aquí: TochoWeek #6. Garth Risk Hallberg: Ciudad en llamas


sábado, 6 de julio de 2024

José Agustín: Se está haciendo tarde (final en laguna)

Idioma original: español

Año de publicación: 1973

Valoración: recomendable

José Agustín falleció en enero de este año, un suceso muy relevante en el mundo literario mexicano. No estoy seguro hasta qué grado repercutió en el panorama hispanohablante (o mundial, si acaso), pero es innegable la importancia que tuvo en el desarrollo de las letras mexicanas, tanto en el aspecto puramente literario como en cuestiones de identidad y representación cultural. Fue influencia de jóvenes autores que encontraron en su estilo y temática una fuente de inspiración y un espejo de la realidad que vivían. José Agustín vino a romper ciertos paradigmas que existían a inicios de la segunda mitad del siglo XX, al introducir elementos de la contracultura en la literatura mexicana, abordando temas tabúes y empleando un lenguaje que resonaba con el público joven (claro, joven en ese entonces, respecto a los jóvenes de ahora, de los cuales hablaré más adelante). Mientras que escritores como Octavio Paz y Carlos Fuentes (avatares de la literatura mexicana) se destacaban por su prosa elaborada, poética y muchas veces formal, José Agustín optó por un lenguaje más coloquial y directo, un cambio radical frente a la literatura más académica y formal de ese entonces.

José Agustín se centraba en la vida cotidiana, las preocupaciones y las experiencias de la juventud. Sus novelas trataban sobre la cultura popular, la música, las drogas, la rebeldía y la vida urbana, lo cual se puede ver claramente en "De perfil", tal vez su novela más conocida (entiendo, sin embargo, que todos esos elementos se convertirían en un cliché más adelante). En la novela aquí reseñada, diría que estos elementos toman un papel aún más relevante.

La trama de "Se está haciendo tarde" es simple: dos jóvenes, un dealer y un experto en las ciencias ocultas, se la pasan bien chido entre alcohol y drogas. No hay mucha acción como tal. Para que se den una idea, podríamos comparar este libro con "En el camino" de Kerouac o "Azul casi transparente" de Murakami (supongo que cada país tiene su versión). Lo que importa aquí son los detalles que la hacen única. A mi parecer, el punto fuerte son los diálogos. La manera en la que se intercalan con las sensaciones de los personajes produce impresiones muy vívidas. Los intercambios son crudos y auténticos, reflejando la jerga y el ritmo del habla juvenil mexicana, lo cual añade una capa adicional de realismo y credibilidad a la narrativa. Aunque puede llegar a ser un poco pesado para lectores que no están familiarizados con el argot mexicano, o para jóvenes mexicanos, a los que les podría parecer una forma de hablar “de viejos”.

Además, los diálogos están impregnados de una ironía y un humor muy particular, que permiten una conexión emocional más profunda con los personajes. Estos momentos de ligereza contrastan con las situaciones más oscuras y reflexivas de la novela. Agustín también se destaca en su capacidad para capturar las emociones y estados mentales de sus personajes a través del diálogo. Las palabras dichas y no dichas, los silencios y las interrupciones, permite experimentar de manera íntima los altibajos emocionales de los protagonistas, desde la euforia hasta la desesperanza y el vacío existencial.

El subtitulo del libro, “Final en laguna”, habla precisamente de cómo acaba la novela. Mi parte preferida, lleno de quietud y nostalgia. En estas páginas finales, Agustín capta con maestría la mezcla de esperanza y desilusión propia de la juventud. Los diálogos entre los personajes en este escenario son introspectivos y reveladores, mostrando una vulnerabilidad que no habían exhibido anteriormente. Esta escena es un ejemplo perfecto del talento de Agustín.

lunes, 7 de marzo de 2022

Reseña + Entrevista: Ruidos humanos de Carlos Pitillas Salvá

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable

Ruidos humanos es una antología que compila doce relatos. Doce relatos en los que se aprecia una querencia por lo oscuro, inquietante y extraño. 

Algo que valoro de estos cuentos es que, pese a las afinidades que los hermanan, son muy distintos los unos de los otros. Al fin y al cabo, exhiben tonos, registros y temáticas la mar de variados.

Me han gustado todos, pero querría destacar los que me parecieron más logrados. Aviso, eso sí, de que en una relectura podría decantarme por favoritos diferentes, porque la calidad general es tan uniforme que cuesta tener predilecciones individuales.

  • "Beber por fin de los charcos" inaugura esta colección y desde el vamos deja claro que hemos venido aquí a retozar en el barro de la miseria y la crueldad. ¡Contad conmigo! 
  • "La cosecha" emplea elementos fantásticos para reflexionar sobre el paso de la infancia al mundo adulto, los cambios que acarrea la pubertad y las desigualdades sociales. 
  • "Hilera de umbrales descendentes" es un magistral ejercicio de suspense, tensión y misterio cuyo cierre te deja con el culo torcido. 

Por ponerle alguna pega a las historias de Ruidos humanos, diría que a veces son excesivamente opacas y que su prosa poética no siempre funciona para comunicar ciertas cosas. Aunque debo recalcar que este par de defectillos son tan discretos, por puntuales e imperceptibles, que lejos están de lastrar al conjunto. 

En definitiva: Carlos Pitillas Salvá, psicólogo que hasta ahora sólo había publicado libros de no ficción, es un escritor a tener en cuenta. Su obra narrativa, tan personal y madura como imaginativa, hará las delicias de los amantes de la literatura siniestra e incómoda. También servirá para recordarnos una vez más que el terror es un género para nada reñido con la factura artística y el manejo de temas profundos.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Carlos ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Buenas, Carlos. Creo que los libros que has publicado ya dan una idea al respecto, pero te lo pregunto de todos modos: ¿qué clase de intereses literarios tienes?

C.P.S.: Me interesa cualquier tipo de literatura inquietante. Este es un término que me convence porque apunta hacia ese componente de extrañamiento y desviación que tienen algunas obras, pero que no es necesariamente fantástico. Por ejemplo, muchos de los relatos de Raymond Carver son literatura inquietante, a pesar de ser realistas. Lo mismo pasa con la literatura de Tobias Wolff o con algunos relatos de Hemigway. Creo que Julio Cortázar (que sí se movió en el territorio fantástico) fue una de mis primeras ventanas a esa literatura en que lo cotidiano se ve atravesado por algo "otro", una anomalía que revela aspectos no reconocidos de nuestra experiencia. Hay una serie de autores, muy diferentes, que para mí comparten algo de todo esto. Una lista incompleta de estas voces podría incluir a J.G. Ballard, Toni Morrison, Carmen María Machado, Anna Starobinets, Jon Bilbao, Mariana Enríquez, Nadia Bulkin, Shirley Jackson, Ryu Murakami o David Vann.  

ULAD: ¿Has notado diferencias al saltar de la no ficción a la narrativa?

C.P.S.: Sí, para mí son escenarios muy diferentes de escritura. Mi relación con el ensayo es siempre más fácil, porque me dedico a impartir clases. Casi todos los días estoy delante de alumnos a los que debo trasladar una información compleja en un formato accesible. Ese trabajo de síntesis y articulación se mueve con muchísima naturalidad hacia el ensayo, lo que hace que los "protocolos" de este género me pillen más cerca que los de la ficción. Escribir ficción, en mi caso, se parece mucho más a un parto prolongado (y a veces un poco más sanguinolento de lo que me gustaría).  

ULAD: Tengo la impresión de que, de un tiempo a esta parte, el género de terror coquetea con mayor frecuencia con lo "weird", lo insólito y lo extraño. Tú mismo recurres a esta clase de recursos. ¿Qué efectos crees que transmiten?  

C.P.S.: Estoy de acuerdo contigo, y creo que ese coqueteo del que hablas es una estupenda noticia, porque conecta al género con uno de los que probablemente fueron sus objetivos originales: sacar a luz los complejos, las heridas, los monstruos que se esconden tras el velo de racionalidad y de orden con el que vivimos cotidianamente. En el siglo XIX, en plena época de entusiasmo ilustrado, el terror vino a decirnos que el sueño de la razón tiene un envés monstruoso. Esa es una tesis que exploré hace poco en su ensayo coescrito junto con Ismael Martínez Biurrun; en dicho texto, investigamos la relación del fantasma y de otros monstruos del cine de terror contemporáneo con los traumas que no hemos sido capaces de procesar o las partes de nuestra identidad que reprimimos. Creo que el terror, lo insólito y lo extraño se encuentran y establecen una relación muy orgánica cuando coinciden en este proyecto de desvelamiento.

ULAD: El estilo de los relatos de Ruidos humanos es, cuanto menos, peculiar. ¿Bebe de fuentes concretas o surge espontáneamente?

C.P.S.: Creo que procede de las mismas fuentes de las me viene el interés por lo inquietante en la literatura. Los autores que he mencionado antes tienen todos una gran capacidad para escribir de una forma en la que se manifiesta eso que Mark Fisher describió, si no recuerdo mal, como "la ausencia de algo que debería estar ahí, o la presencia de algo que no debería estar ahí". El lenguaje, en esta literatura, va más allá de lo denotativo para encarnar esa extrañeza o esas desviaciones y, por eso, casi siempre es un lenguaje ligeramente "anómalo". No estoy seguro de haber logrado algo así con Ruidos humanos, pero sí tengo claro que me interesa ese fenómeno a través del cual la forma de contar algo es una herramienta para generar significado. 

ULAD: Me ha encantado cómo enfocas a los protagonistas de tus historias; ni los glorificas ni los demonizas. ¿Quizá tu visión del ser humano tiene algo que ver en el asunto? 

C.P.S.: Creo que sí, aunque nunca había pensado en esto. Los personajes tienden a dibujarse solos cuando escribo la historia, que es lo que suele exigirme un mayor esfuerzo consciente. Creo que muchos personajes de Ruidos humanos están tocados por alguna experiencia traumática, por alguna pérdida o alguna forma de desamparo, y eso es algo que se hace evidente en los cuentos. Bajo esa luz, supongo, incluso los personajes más indeseables tienen su herida y son víctimas de algo. Me alegra mucho que hayas tenido esta sensación al leer el libro. 

ULAD: ¿A día de hoy estás trabajando en otros proyectos? En caso afirmativo, ¿puedes darme detalles?

C.P.S.: Llevo algunos meses redactando trozos de un ensayo sobre psicoanálisis, y juntando piezas sueltas de un relato que me está quedando más largo de lo habitual. Pero aún es pronto para decir algo más concreto sobre cada uno de estos atisbos de proyecto.

sábado, 10 de julio de 2021

María Luisa Bombal: La última niebla / la amortajada

Idioma original:
Español
Año de publicación: Años 30 - 40 del siglo XX
Valoración: Muy recomendable alto

No sé yo si, como dijo Carlos Fuentes, María Luisa Bombal fue "la madre de todos nosotros". Y no sé tampoco si a la propia Bombal le hubiese gustado mucho esa imagen, la verdad. Lo que si sé es que la autora nacida en Viña de Mar posee, pese a la brevedad de su obra, altura y nivel más que suficientes para ser tenida en cuenta por sí misma, sin entrar en comparaciones. Y esto, ya digo, a pesar de que toda su obra se "reduce" a cinco relatos y a dos novelas breves que suman en total unas 190 páginas.

¿Por qué, entonces, semejante entusiasmo con la obra de Bombal? Pues por su extraña belleza, por su magnetismo, por sus cerradas atmósferas, por su retrato de unos personajes en una época y un contexto muy determinado, etc ¡Qué carajo: porque Bombal escribía verdaderamente bonito (sea o no la esta la palabra adecuada)! Sirva como ejemplo el comienzo de "La amortajada": 
Y luego que hubo anochecido se le entreabrieron los ojos. Oh, un poco, muy poco. Era como si quisiera mirar escondida detrás de sus largas pestañas.
A la llama de los altos cirios, cuantos la velaban se inclinaron, entonces, para observar la limpieza y la transparencia de aquella franja de pupila que la muerte no había logrado empañar. Respetuosamente maravillados se inclinaban, sin saber que Ella los veía.
Porque Ella veía, sentía.

Ahí queda eso. Este párrafo es una muestra del talento de Bombal y un brevísimo compendio de algunas de las características de su obra. Porque hay una serie de elementos comunes a los diferentes textos:

  • La poesía en prosa: Es prosa e importa "qué se dice", por supuesto. Pero ese "qué" va indisolublemente unido a un "cómo" marcado por simbolismos, imágenes, contraposiciones y ambientaciones que acercan su obra a los poetas románticos: nieblas, bosques, muertes, angustias...
  • Ligado a lo anterior, hay una permanente sensación de cuento de hadas en los textos de Bombal, aunque luego estos no tengan un final feliz.
  • Los personajes: Siempre mujeres jóvenes de clase media-alta abocadas a vidas vacías, matrimonios de conveniencia y sexualidades frustradas que ven la muerte como acto de vida.
  • Lo real, lo onírico y lo "gótico", todo ello entremezclado en la narración, siendo quizá estos dos últimos vías de escape de una realidad por momentos asfixiante.
Si tuviera que elegir alguno de los textos, quizá elegiría "El árbol", relato breve que trae a la memoria "El acoso" de Carpentier (lo musical como telón de fondo). Creo que es donde mejor se ejemplifica el manejo de la dualidad realidad / ensoñación y la utilización de símbolos por parte de la autora.

Muy muy cerca de "El árbol" se sitúa "La última niebla", texto que se mueve siempre en dos planos, racional e irracional, con toques surrealistas e importante carga sexual.

Por último, destaca la borgiana "La amortajada", un permanente remover cenizas y secretos en el que la autora incide en su estilo poético y elusivo.

En resumen, afortunada reedición de una autora cuya grandeza es inversamente proporcional a la extensión de su obra, de una escritora poco conocida en España (mucho más en Latinoamérica) que espero ocupe por estos lares el lugar que merece.

martes, 14 de julio de 2020

Reseña + Entrevista: "Crema Paraíso", de Camilo Pino

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Más que recomendable

Una invitación para acudir a un reality show, mezcla de "Quién sabe dónde" "Gran Hermano", que emite una televisión alemana es el punto de partida de la disparatada comedia de equívocos que es esta "Crema Paraíso" del venezolano Camilo Pino. Aunque "Crema Paraíso" no es solo eso. Es también, entre otras cosas, la crónica de un desencanto generacional y una nueva vuelta de tuerca al dilema entre "alta" y "baja" cultura, a los mecanismos que determinan esta clasificación y a la línea que separa el éxito y el fracaso.

Para que los ingredientes de esta mezcla tan ecléctica no exploten, Pino sitúa la novela en dos tiempos con dos narradores diferenciados y la construye en base a personajes y situaciones contrapuestas y a mucho humor inglés (pero de ese que juega con lo grotesco) con toques caribeños. 

Un ejemplo: Los personajes de Emiliano Dubuc (50 años, jugador compulsivo de Candy Crush que vive en Miami en una situación económica más bien precaria) y Alfonso Dubuc (mejor poeta venezolano de su generación y padre acechado por la culpa convertido, con el tiempo, en un viejo verde al que la cabeza parece no regirle demasiado bien). 

Otro: La estancia de Alfonso Dubuc, a comienzos de los 80, en el Primer Congreso de Escritores Latinoamericanos de La Habana. Viaje y estancia entre lo tragicómico, lo patético y lo delirante finalizados de forma abrupta y sorprendente que suponen, al mismo tiempo, un fracaso, una pérdida de la inocencia y el definitivo despegue de Dubuc como poeta. Hasta ese momento, no era otra cosa que un poetilla de segunda o tercera fila que, de golpe y porrazo, comienza a "codearse" con Ernesto Cardenal (ojo a cómo aparece caracterizado), Mario Benedetti o Fidel Castro y a publicar en destacadas revistas y editoriales.

Otro más: El reality show, que supone el reencuentro de Alfonso con Beata Schultz, con quien mantuvo un breve "affaire" durante el citado Congreso habanero. Esta parte es la más disparatada de todas y con la que más me he podido reír. Situaciones equívocas, absurdas, grotescas y rocambolescas que acaban cerrando el círculo de los hechos ocurridos años atrás.

En el lado positivo de la novela destacaría, por encima de todo, su frenético ritmo. 250 páginas plagadas de personajes que no son lo que parecen, que se leen "fácil", que pasan en un santiamén y que, al mismo tiempo que divierten (y mucho), dejan una serie de temas en el aire sobre las que igual tendríamos que dar un par de vueltas. En el menos positivo, creo que la parte final está algo desaprovechada. Me he reído un montón con las peripecias alemanas de los Dubuc, con sus historietas casi surrealistas, y me da la sensación de que podrían haber dado más juego. O quizá es solo que me lo estaba pasando en grande y me jodió que terminara.

Pese a esto último, buen sabor de boca el que me ha dejado este "Crema Paraíso" y su limonada frappé.

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Y ahora, un breve cuestionario al que Camilo Pino accedió amablemente a contestar. ¡Muchísimas gracias, Camilo!

ULAD: En la reseña definimos "Crema Paraíso" (como descripción general, aunque es mucho más que eso) como "disparatada comedia de equívocos con mucho humor inglés y toques caribeños". ¿Cómo la definiría Camilo Pino?

C.P.: Esa frase captura el espíritu de la novela. Agregaría que hay una lógica dentro del delirio, que es una novela de padre e hijo, que el padre es un gran poeta, y el hijo un joven obsesionado con el dinero, y que se embarcan en dos viajes, uno hacia la América Latina de principios de los ochenta, cuando todavía se podía creer en la revolución cubana, y otro, en el presente, a las profundidades del entretenimiento basura en Europa y los Estados Unidos. Y que en el camino se tropiezan con la poesía, pero no una poesía luminosa, sino más bien dionisíaca y errática, avergonzada de su belleza. Pero si tuviéramos que resumir todo en una frase, me quedaría con la tuya.

ULAD: En la novela se juega con el concepto de éxito y fracaso y con la construcción de aquel. En su opinión, ¿en qué medida depende el éxito o el fracaso de una obra o autor de elementos "extraliterarios"?

C.P.: A corto plazo, mucho, muchísimo. Hay elementos “extraliterarios” que pueden determinar la recepción inicial de una obra: el padrinazgo de una persona famosa o respetada por los lectores, el gusto del momento, tener una fuerte presencia en las redes sociales, ganarse un premio reconocido, contar con el apoyo de una campaña de mercadeo, hasta la personalidad de un autor pueden hacer despegar un libro. Lo difícil es mantenerlo vivo, que se lea más allá de ese impulso inicial y sobre todo, que establezca una conexión real con un grupo de lectores.

Yo creo que con el tiempo los libros malos desaparecen y que muchos de los buenos van haciendo su camino por sí mismos, a veces muy lentamente. También creo que los elementos extraliterarios son necesarios, inevitables, y que toca convivir con ellos. Lo importante es que los escritores no olvidemos que nuestra responsabilidad final es para con la escritura, que el resto es accesorio.

ULAD: Siguiendo un poco con lo anterior, la imagen que se da del "establishment literario latinoamericano" de los años 80 no es demasiado positiva. ¿Qué le parece el "establisment" de 2020? Y, ahora que vive en los Estados Unidos, ¿qué diferencias hay entre el "establishment" estadounidense y el venezolano?

C.P.: Vivo en Miami, una ciudad que, como dice Hernán Vera Álvarez, detesta a los intelectuales. Los escritores aquí somos como borrachitos que nos reunimos escondidos en las dos librerías independientes de la ciudad. Aunque hay que admitir que somos disciplinados y persistentes. De hecho, hay grupos como Suburbano, que editan y producen eventos y que han logrado crear una comunidad literaria en español. Y también está la Feria del libro de Miami, que tiene un programa en español bastante decente. Pero la verdad es que el gran mundo literario estadounidense orbita en otra galaxia que gira alrededor de Nueva York y que ignora por completo la producción en español.

En cuanto al mundo literario venezolano, pues está pasando un proceso de transformación muy grande. La industria editorial está diezmada y un porcentaje enorme de los escritores, quizás la mayoría, vivimos en el extranjero. Han pasado dos cosas: Nos hemos internacionalizado y nos hemos desplazado al mundo digital, con todo lo que eso implica. Aunque supongo que la industria en pleno se está moviendo a Internet de una manera u otra. Quizás nos estemos adelantando.

ULAD: Asistimos en la novela al desencanto o la desafección de Dubuc hacia la Revolución cubana, al tiempo que otros autores permanecen, bien por comodidad o cobardía, a su sombra. ¿Puede ser extrapolable a la situación actual de Venezuela? ¿Puede, en este sentido, constituir el texto un llamado a cierta parte de la intelectualidad latinoamericana o europea?

C.P.: No hay dictador sin juglar. Piensa en los futuristas, o en poetas como Ezra Pound, que se entregaron de cuerpo y alma al fascismo. Yo escribo sobre los escritores latinoamericanos revolucionarios y su complicidad con los hermanos Castro, porque es una realidad que conozco bien y que sufro directamente, pero siempre ha habido complicidad entre una clase intelectual y el régimen dictatorial de turno.

Y es cierto, esa complicidad prevalece en muchas instituciones culturales y académicas de Europa y lo Estados Unidos. La izquierda caviar, o Disney, o exquisita (la tradición es larga y por eso tiene tantos nombres) ha hecho un daño enorme, en algunos casos irreparable y no estoy hablando de censura o de la marginación sistemática de ciertos escritores, estoy hablando de hambre, violencia y muerte. Disculpa lo afectado, pero es así.

ULAD: Por último, asistimos a un auge de la literatura venezolana en los últimos tiempos. Al menos en España, podemos acceder a la obra de Rodrigo Blanco, de Juan Carlos Méndez Guédez, Alberto Barrera, Karina Sainz Borgo, un tal Camilo Pino...y se ha recuperado la obra de autores como Teresa de la Parra, Victoria de Stefano o Úslar Pietri. Pese a que son autores muy diferentes entre sí, ¿podemos hablar de un "miniboom" venezolano?

C.P.: Yo creo que sí, que se puede hablar un pequeño boom. Barrera Tyszka abrió en camino con La enfermedad y luego con Patria o muerte y desde entonces se está publicando y leyendo más literatura venezolana fuera del país. Dicen que las crisis son grandes fuentes de material literario, y quizás esa sea una de las explicaciones (desafortunadamente). El otro motivo puede ser la internacionalización de los escritores y lectores venezolanos. Pero teorizar sobre estos fenómenos siempre es arriesgado. Lo que sí te puedo decir es que sería estupendo pasar de pequeño boom, a boom de verdad.

ULAD: La pregunta más seria e importante de todas: ¿Realmente merecía Dylan el Nobel?


C.P.: No más que el poeta Dubuc. A ver, Dylan es un gran artista, un excelente músico. Sus letras son buenas, pero no son superiores a la producción de cualquier poeta medianamente decente. Y por lo que veo, el Nobel lo traía sin cuidado. Ni siquiera se presentó en la ceremonia y parece que se copió la mitad del discurso de aceptación. Con tanto escritor de calidad pasando trabajo en el mundo, es injusto otorgarle un Nobel a un cantante famoso y millonario. Esa decisión la tomó un jurado desconectado con la realidad. Fíjate en lo que pasó después. El Nobel perdió un montón de credibilidad y terminó enredándose en escándalos más disparatados que los de Crema Paraíso.

jueves, 7 de mayo de 2020

José Donoso: El lugar sin límites

Idioma original: español
Título original: El lugar sin límites
Año de publicación: 1966
Valoración: está bien

Hay momentos en la historia de la literatura que nos dejan grandes nombres que coinciden en el tiempo, como por arte no sé si de magia, pero sí porque escriben de una manera diferente y hacen de la literatura un hito, algo destacable, perdurable y reconocible años después. A los ya muy conocidos Gabriel García Márquez, Cortázar o Varias Llosa, al conocido boom latinoamericano se les unen otros escritores como Carlos Fuentes, pero también José Donoso, y mi experiencia lectora debía remediar no haber leído nada de él.

En esta breve novela, Donoso nos sitúa ya de entrada en una casa de alterne, donde trabajan la Manuela y su hija la Japonesita entre otras mujeres. El autor retrata perfectamente, con pocas palabras y bastante diálogo, la situación en la que se encuentran, no únicamente en la casa, sino también respecto a la sociedad del momento. Así, la narración parte de la convivencia de esas mujeres y del hartazgo y menosprecio hacia los hombres que solicitan sus servicios, en un lugar ya decadente y sin muchos visos de progreso.

Con este escenario, el libro empieza con mucha tensión, con un ambiente cargado, claustrofóbico y abrumador, con la Manuela sufriendo porque Pancho Vega, un hombre con el que tuvo una relación en el pasado, ha vuelto al pueblo y nada presagia que tenga buenas intenciones, vista su personalidad, su pasado y el de ellos dos. Esta relación y este sobrecogimiento tiene preocupada a Manuela, y la narración apasionada y empática nos pone en situación y nos contagia esa inquietud que se convierte en uno de los ejes sobre los cuales gira el relato exponiendo la necesidad de afecto de Manuela (y también de sus empleadas) porque, a pesar de todo, a pesar de maltratos, «un año llevaba soñando con él. Soñando que la hacía sufrir, que le pegaba, que la violentaba, pero en esa violencia, debajo de ella o adentro de ella, encontraba algo con que vencer el frío del invierno». Esa es la tristeza profunda que narra el libro, la desesperación que llega a buscar la compañía, incluso si va acompañada de maltrato, afirmando incluso que «si Pancho Vega no fuera tan bruto entonces ella se enamoraría de él y sería su amante un tiempo hasta que la dejara para irse con otra». Así se evidencia el carácter, dominante él y sumisa ella por la falta de futuro y aspiraciones de quien solo ve en la vida infortunio y desespero, extensivo a muchas de esas mujeres de la sociedad que el libro refleja, totalmente eclipsadas por sus maridos, que hacen lo que quieren, y ellas resignadas, «que hicieran las mil y una, hoy no importaba con tal que las hicieran con el señor» porque el «verdadero coto de campaña era la casa de la Japonesa. Allí se reunían los cabecillas, de allí salían las órdenes, los proyectos, las consignas».

El segundo eje es la figura de Don Alejo, el hombre poderoso, el que domina la situación y controla las riendas que conducen la vida de los ciudadanos y el porvenir del pueblo. Él mantiene vivas sus ilusiones, hace y deshace a su voluntad e interés. Donoso sabe describir perfectamente la necesidad del pueblo en confiar en alguien que tenga una mínima intención (real o no) de soportar el peso de una tierra que va cayendo del tren del progreso, irradiando un desánimo global en sus habitantes que, como clavo ardiendo, necesitan buscar algo que les ofrezca un agarre al que aferrarse, que les sostenga, que les arrope. Alguien que se preocupe por ellos, un protector.

Con este contexto, en «El lugar sin límites», Donoso nos refleja una sociedad hecha trizas, una mentalidad derrotada y triste, una población que idolatra a quién viene con aires de futuro, que muestra una cara solidaria pero tiene alma avariciosa, que comparece con un ofrecimiento irrenunciable de llevar con él, bajo su protección y pretendido altruismo, una promesa, una oferta de mejora tan incuestionable como la llegada de la electricidad que viene con forma de progreso e ilusión de nuevos tiempos, de cambios en una sociedad con dificultades y anquilosada, también en costumbres. Como dice Manuela, que heredó de su madre el burdel, y que afirma que «mi madre murió de pena. De pena porque la Estación del Olivo se iba para abajo, porque ya no era lo que fue». La añoranza a una época donde su burdel se llenaba de muchachos y obreros. Una tierra en estado de dejadez, «El Olivo no es más que un desorden de casas ruinosas sitiado por la geometría de las viñas que parece que van a tragárselo».

Lamentablemente, pese a la adecuada ambientación y la fuerza del inicio de la historia, la evolución de la misma es desigual, con momentos realmente interesantes, pero con cierta repetición de conceptos y personajes desaprovechados que, añadiéndolo a un estilo con el que no he llegado a conectar, hace que la lectura del libro sea algo farragosa. Es posible que la corta extensión de la novela haya contribuido a querer condensar en ella mucha carga y contribuir así al ambiente opresivo, pero intuyo que una extensión más amplia hubiera permitido al autor desarrollar más los personajes y aprovechar la historia planteada.

A pesar de ello, el libro ofrece reflexiones interesantes, pues Donoso ha escrito un libro en el que refleja la soledad y tristeza de la sociedad, narrándonos las tensiones de una comunidad pequeña, unas tensiones relacionadas con el poder y la ambición, económicas y sentimentales. Una tensión que se centra en Manuela y la compleja relación con su hija por la diferencia de ambiciones e ilusiones, pero también en la tensión con Alejo por la desconfianza que su pasado le acarrea, así como tensiones emocionales con Pancho, que viene también de tiempo atrás; son tensiones, en definitiva, con la propia vida y la ausencia de un futuro halagüeño y prometedor. Ya lo expone el propio autor afirmando, en voz de Manuela, que «No quedaba ni una esperanza que pudiera dolerle, eliminando también el miedo. Todo iba a continuar así como hasta ahora, como antes, como siempre». Hay tierras por las que el tiempo parece no pasar, o puede que simplemente las evite, por infértiles o por abandonadas al egoísmo de quien puede cambiar su rumbo, si le conviene.

Otros libros de José Donoso en ULAD, o sobre él: Coronación, Correr el túpido velo, El lugar sin límites (contrarreseña)

sábado, 12 de octubre de 2019

Reseña + Entrevista: The Night, de Rodrigo Blanco Calderón

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable

You're the bedtime story
The one that keeps the curtains closed
And I hope you're waiting for me
Cause I can't make it on my own
I can't make it on my own
(Morphine - The Night)


La polémica que rodeó la concesión del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa (Edición 2018) a la primera novela de Rodrigo Blanco Calderón obliga a un reseteo mental antes de comenzar su lectura. Fuera prejuicios, fuera ideas preconcebidas, que sea la novela la que se defienda por sí misma.

Una vez concluida su lectura, he de decir que “The Night” es una muy buena novela, compleja y ambiciosa, que va mucho más allá de lo que señalaban las iniciales crónicas sobre la concesión del premio, centradas demasiado en el fondo (la situación política y social de Venezuela) y obviando de una forma difícil de entender la forma.

Podríamos, en una primera aproximación, definir la novela como una obra acerca de cómo adaptarse a la violencia y la oscuridad, real y metafórica, en un país al borde del derrumbe (la noche era un espejismo pero había que saber atravesarlo). Por tanto, es obvio que la situación venezolana es clave en la novela, no solo como telón de fondo sino como un personaje más de la misma. Así, los seres que encontramos en las páginas de "The Night" no pueden escapar de esa sensación a medio camino entre lo grotesco y la pesadilla que recorre la ciudad. Pero lo que da mayor valor a la novela es la forma elegida por el autor para presentárnosla. Digo esto porque, aunque inicialmente la aparición de varios cadáveres de mujeres con evidentes signos de violencia en una Caracas de pesadilla podría llevarnos a pensar en un thriller de denuncia social al uso, en “The Night” Rodrigo Blanco se aleja del “panfleto facilón” y nos ofrece una novela “matrioshka” con mucho de juego intertextual en la que se aúnan el género policial, psicológico, político e histórico (aquí podríamos poner todas las comillas del mundo).

Con la presencia permanente de la violencia en sus más variadas formas, iremos descubriendo historias de personajes reales y ficticios que conducirán a nuevas historias, recorreremos los caminos - revoluciones, cárcel, destierro, viaje de aprendizaje y desencanto a Europa incluidos -  seguidos por destacados miembros de la izquierda venezolana desde 1950 hasta la actualidad y tendremos la sensación de perdernos en un laberinto plagado de referencias literarias, en un territorio en el que las zonas oscuras de los personajes oprimen tanto como la oscuridad de Caracas, en unos textos en el que más importantes que las respuestas son los diferentes caminos explorados y los intentos casi desesperados de poner en orden las imágenes.

En este sentido, “The Night” recuerda de manera clara al Bolaño de “Los detectives salvajes” en sus personajes escritores o aspirantes a escritores en una búsqueda casi desquiciada y en su repaso a la reciente historia latinoamericana, a “2666” en la enumeración de los horrendos crímenes cometidos en Caracas, a “La pesquisa” de Saer, al Pierre Menard de Borges o a ciertos planteamientos macedonianos (tengo demasiado reciente la lectura del Museo de la Novela de Eterna).

En resumen, no sé si “The Night” será la mejor de las novelas presentadas a concurso, pero sí sé que es una muy buena novela que trae al primer plano a las letras venezolanas, unas de las grandes olvidadas del continente.

También de Rodrigo Blanco Calderón en ULAD: Los terneros

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Adjuntamos, a continuación, una pequeña entrevista a Rodrigo Blanco Calderón, al que agradecemos su amabilidad por prestarse al "interrogatorio".

ULAD: “Tu necesidad de escribir es, ante todo, terapéutica. Se diría que quieres escribir para olvidar o para comprender y lo más probable es que así lo hagas”. ¿Para qué escribe, en general y en el caso de esta novela, Rodrigo Blanco Calderón?

RBC: Los motivos de la escritura suelen ser misteriosos y también decepcionantes. En mi caso, la respuesta es muy endogámica: escribo porque necesito leer un libro que solo está en mi cabeza. Escribo para sacarme determinadas historias de mi cabeza. Lo irónico es que después de concluir el libro, la motivación para leerlo se ha perdido o ha cambiado. Es imposible leerlo del todo como si fuera de otro.

ULAD: ¿Es la literatura un acto de amor no correspondido?

RBC: O a destiempo, que viene a ser lo mismo.

ULAD: ¿Crear no es nunca compatible con la indiferencia?

RBC: Lo veo bastante difícil. La creación es compatible con la obsesión y también con la distracción. Y con la inconsciencia, incluso. Pero la indiferencia no aprecia las formas, no retiene ningún contenido. A menos que se tome a sí misma como objeto, pero entonces la indiferencia se vuelve atención.

ULAD: “El realismo mágico le puso colorete, alas y vestidos a la miseria”. Yo añadiría que, pese a poner en el mapa a la literatura latinoamericana, también tuvo como aspecto negativo el de relegar a muchos autores que quedaron fuera del “canon” y que hoy están casi olvidados. ¿Compartes esa visión?

RBC: En parte, pues esa desatención por los otros autores que quedaron fuera de la órbita del Boom (la mayoría, pues como dijo Ángel Rama, el «boom» fue un selecto club con solo cuatro integrantes fijos –Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y Cortázar– y un invitado cambiante –a veces Donoso, a veces Puig, etc–) es una cuenta que habría que adjuntarle a la crítica y a la prensa que no atendió la amplitud de todo lo que sucedía en la literatura latinoamericana de entonces. 

ULAD: E insistiendo en esos “olvidados”, da la impresión de que la literatura venezolana es una de las olvidadas dentro de la literatura latinoamericana. Un ejemplo, que creo que puede ser extrapolable al mundo “real”: en el blog llevamos hasta ahora 132 libros de autores argentinos, 38 de autores colombianos, 37 de autores chilenos, 18 de autores uruguayos y solo 8 de autores venezolanos. ¿A qué puede deberse? ¿Qué autores venezolanos actuales nos puedes recomendar?

RBC: La literatura venezolana estuvo prácticamente ausente del debate internacional durante los años del Boom y también en las décadas posteriores. Eso no quiere decir que esa literatura no existiera ni que no valiera la pena ser conocida, solo que una serie de circunstancias determinaron que sucediera así. Por ejemplo, las políticas culturales y editoriales del periodo democrático (1958- 1998) hicieron de Venezuela un gran anfitrión de la literatura latinoamericana. Desde la creación del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos (en cuya primera edición, realizada en Caracas en julio de 1967, se conocieron en persona García Márquez y Vargas Llosa), pasando por las publicaciones de autores extranjeros en la editorial del estado, Monte Ávila Editores, hasta la organización de diversos congresos de literatura. Sin embargo, no supimos ser unos promotores de nuestra literatura fuera de Venezuela. La circunstancia dramática que ha vivido el país en los últimos 20 años, que ha provocado el mayor éxodo masivo en la historia de América Latina, ha tenido como consecuencia que los escritores venezolanos se hayan visto obligados a hacerse un espacio en el mercado internacional. Apoyándose, todo hay que decirlo, en la atención que nuestra tragedia ha despertado en el mundo entero. Hay muchos autores venezolanos que leer. Enumero algunos al azar de la memoria: Victoria de Stefano, Oscar Marcano, Elisa Lerner, Salvador Fleján, Enza García, Rubi Guerra, Ana Teresa Torres, Juan Carlos Méndez Guédez, Gisela Kozak, Alberto Barrera Tyszka, Juan Carlos Chirinos, Karina Sainz Borgo, Eduardo Sánchez Rugeles, Yolanda Pantin, Héctor Torres, Laura Cracco, Fedosy Santaella, Miguel Gomes, Roberto Martínez Bachrich…se me están quedando muchos en el tintero. El punto es que hay una tradición rica y fuerte buscando sus lectores.

ULAD: "Borges decía que la historia universal no era sino la diversa entonación de diferentes metáforas” ¿Qué metáfora definiría la Venezuela actual?

RBC: Pienso en un plato de sopa pero lleno hasta el borde con petróleo.

ULAD: “Un poder como este, que produce risa y sin embargo te mata, es más corrosivo que un poder serio, de esos que provocan terror con la sola presencia de sus líderes o de sus símbolos”. ¿Puede haber parte del problema que desde Europa (o al menos desde España) se haya visto a Chávez / Maduro como algo caricaturesco (su chándal, su gorra, su “Aló Presidente”, etc)?

RBC: Por supuesto. Es que son personajes caricaturescos. Chávez y Maduro han encarnado a conciencia la figura del típico dictador de república bananera. Son unos payasos, pero unos payasos asesinos. El chavismo es una versión caribeña de IT.

ULAD: “Hay veces en las que queramos o no, lo mejor es adormecerse, no pensar mucho y dejar que los que saben hagan su trabajo”. ¿Resignación, dejadez o mero instinto de supervivencia?

RBC: ¿Quién dice eso? ¿Uno de mis personajes? En todo caso, hay que tener en cuenta el contexto original de las frases. Al discurso ficcional le gusta aparentar ser irremediable, pero la realidad nos muestra que muy pocas cosas son irremediables. Y todos sabemos cuáles son.

ULAD: Termino por el principio: “Al principio fue un largo, inesperado, apagón de cinco horas”. ¿Volverá la luz a Caracas?

RBC: Sí. Y volverá a irse también. Las luces de la razón, en América Latina, fluctúan como el servicio eléctrico.

ULAD: P.S.: Viviste en París, lo que se nota en alguno de los cuentos de “Los terneros” y en algunas partes de “The Night”. Viviendo ahora en Málaga, ¿habrá libro “malagueño”?

RBC: Seguramente. Para mí es algo natural incorporar los lugares que visito o los lugares donde he vivido en mis historias.

sábado, 6 de abril de 2019

Andrea Bajani: Mapa de una ausencia

Idioma original: italiano
Título original: Se consideri le colpe
Traducción: Carlos Gumpert
Año de publicación: 2007 (en castellano, 2017)
Valoración: Muy recomendable

Ni me acuerdo desde cuándo no leía a un autor italiano, puede que el último fuese Malaparte, o Magris, no sé, pero en todo caso hace mucho mucho tiempo. Gran error, teniendo a mano a tipos como Bajani que, ya lo verán, ha escrito una muy buena novela. Bajani es un escritor que se podría calificar de joven (cuarenta y algo) y que, según fajas y contracubiertas de la muy pulcra edición de Siruela, llega al mercado español avalado por gente en principio tan fiable como Enrique Vila-Matas o Antonio Tabucchi. Bueno, tampoco quiere decir mucho, al igual que los diversos premios cosechados por este libro –publicado diez años antes en Italia-, pero de entrada tenía buena traza.

Casi siempre me resulta difícil hablar de un libro con el cuidado exigido para no incurrir en spoiler, a veces digo menos de lo necesario y otras seguramente llego a estropear algo. En este caso, me limitaré a decir lo que se resuelve en las primeras páginas: un joven italiano viaja a Rumanía tras serle comunicada la muerte de su madre, que se había afincado allí absorbida por un proyecto empresarial.

Hay por tanto en principio un escenario que da para consideraciones sociopolíticas: los italianos desembarcaron en Rumanía como otras potencias económicas en otros muchos países que ofrecían mano de obra barata, suelo a precio de risa y mayor laxitud para desarrollar cualquier actividad. La cosa de la globalización, ya se sabe. Bajani toca el tema de forma algo tangencial, aunque hace un buen dibujo de esa sociedad rumana que acaba de salir del medievalismo comunista y se muestra estupefacta ante el cambio de milenio y demás. 

Pero me interesa mucho más la perspectiva individual del joven ante el cadáver de la madre, de la que no sabe nada desde hace años. En el tiempo que el protagonista pasa en Bucarest, sus reflexiones, que constituyen la base del libro, proceden de dos fuentes: los recuerdos infantiles, y el conocimiento directo que empieza a tener del entorno en el que se movió la madre en los últimos tiempos. Las dos corrientes se van entrecruzando para reconstruir la historia, siempre desde la subjetividad y la información parcial del hijo.

Desde el punto de vista del niño, la narración es impecable, sencillamente perfecta. El protagonista describe lo que el niño vio, lo que hizo y lo que escuchó, tal cual lo contaría un niño, aunque con lenguaje de adulto. Véase que no he dicho ‘lo que sintió’, porque el elemento emocional está completamente ausente. El narrador solo relata hechos, situaciones, juegos, llamadas, conversaciones, personajes que entran y salen de escena, nunca sentimientos. Así que, si alguien pensó en el clásico chantaje al lector poniendo por medio a la criatura, se equivoca por completo. Bajani –o mejor, su personaje- presenta escenas, recuerdos aislados, imágenes, y el lector saca las consecuencias.

Si con los recuerdos infantiles tenemos que ir construyendo la fase más remota de la historia de la madre, con lo que el hijo encuentra en su viaje vamos completando la más reciente. Aquí son los personajes secundarios los que suministran la información, y así el narrador va siendo consciente de todo aquello que ignoraba, aunque pudiese intuir una parte. Hablando con el socio y algunos colaboradores, observando los pabellones que se levantaron, contemplando la casa donde vivió y donde ahora yace muerta, la figura de la madre adquiere su correcta dimensión.

De forma que todo ello es en realidad un solo retrato, una biografía compleja, contradictoria, llena de puntos ciegos que a veces el narrador, y tras él casi siempre el lector, deben pensar como rellenar. El trabajo de construcción de ese retrato me parece excepcional, como cuando contemplamos a un artista avanzando en un dibujo: los trazos sueltos puede parecer que a veces no tienen sentido, o que tienen uno diferente del imaginado, pero poco a poco van conformando una imagen coherente, algo con vida propia que ha surgido de una simple acumulación de líneas, espacios y sombras. Porque además, el personaje que llena el relato (del que desgraciadamente me tengo que abstener de hablar) es también sumamente interesante, de una riqueza poco corriente, lo mismo en su relación con su hijo, con su(s) pareja(s), su familia o su empresa. Es decir, una mujer y los múltiples vértices de su entorno.

Me refería antes a la ausencia de emotividad, que es quizá el elemento más sorprendente –para bien- cuando se toca un tema como este. El hijo, ante la muerte de la madre, muestra siempre un tono neutro, sin que se transparente dolor, ni indiferencia, ni rencor, ni pena, nada. El relato, tanto de viejas historias infantiles como de situaciones actuales, es puramente objetivo. En esa distancia se esconde quizá una intención de abandono: el hijo, en su relativa frialdad y aunque no lo pretenda, está  devolviendo aquella ausencia de la que habla el título castellano. Que desde luego, también hay que decirlo, me parece mucho más bonito que el original, que precisamente hace alusión a la culpa, planteando (pienso que sin respuesta) si realmente el narrador la tiene o no en cuenta, o en qué medida. Todo este conjunto de emociones contradictorias que se deja ver detrás de la historia me parece lo más valioso del libro: el personaje-narrador nunca lo dice de forma explícita, pero de lo que cuenta se desprenden esos sentimientos enfrentados, soterrados bajo el propio relato, que el lector debe valorar según su criterio. La habilidad para presentarlo de esta forma solapada dice mucho sobre el talento del autor.

Después de todos los malabarismos para evitar destripar la historia, también diré que en mi opinión hay cosas que flojean algo en la novela: sobre todo los secundarios, bastante prescindibles y a años luz de los protagonistas, algunas incongruencias y subtramas sin mucho recorrido, o ese formato de confesión/reflexión dirigido siempre a la madre, que limita un poco la flexibilidad de la narración. Pero tampoco me hagan caso, son detalles de reseñista cascarrabias, que para nada desmerecen un libro de esos que de verdad se disfrutan.

También de Andra Bajani en ULADEl libro de las casas

sábado, 21 de abril de 2018

Carlos G. Gurpegui: El soñador de Providence


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable para interesados

Sé que soy un pesado, siempre hablando de Lovecraft, pero es que me encanta su obra. Además, de Lovecraft hay que hablar; al fin y al cabo, el autor de Providence es una figura clave en la transición del terror gótico al horror moderno. Ah, y no olvidemos su rol en la gestación de la llamada proto ciencia ficción o la literatura weird. Así que dejad que os dé un poco más la lata con este señor, ¿vale?

Y sí, también sé que los fans de este autor siempre intentamos relacionarlo con todo, buscando su influencia hasta en el tapizado, ese "horror indescriptible", del sofá de nuestra abuela. Pero no se puede negar que ha influenciado sobremanera a la cultura popular, tanto del siglo XX como del XXI. Literatura, películas, juegos de rol, videojuegos y hasta grupos de música se han visto tentados a usar, de forma más o menos directa, el imaginario o el estilo del maestro de Providence. Y ya que hablamos de la influencia de Lovecraft, dejad que os señale que para Gurpegui, autor del libro que hoy nos ocupa, hay dos clases de adaptaciones del horror lovecraftiano: las que se quedan en la mera referencialidad por limitarse a ofrecer terminología o reminicencias estéticas del autor de Providence, o las que se nutren del fondo de su obra.

Pero bueno, no nos adelantemos. El Soñador de Providence es un ensayo riguroso y actualizado. Su estructura, correcta: permite a Gurpegui ir entregando, de forma ordenada, la información que necesita revelar para articular su discurso. Debo reconocer que algunas ideas o pasajes del libro se repiten en varios apartados, pero nunca de forma molesta. Pese a que también encontré ciertos altibajos en el estilo con que está  escrito, suceden de forma puntual y no entorpecen la lectura del texto en su conjunto. De modo que este es un ensayo fluido y hasta adictivo, si tienes interés en explorar la figura del Soñador.

En él, Gurpegui hace un repaso de distintos frentes. Grosso modo, podríamos enmarcar estos frentes en tres grandes cajones: la biografía de Lovecraft, su literatura y su influencia. No obstante, es justo decir que el reclamo principal de esta obra es el apartado de la influencia que ejerció Lovecraft. Y, en especial, la que ejerció en los videojuegos. Al fin y al cabo, el subtítulo ("El legado literario de H. P. Lovecraft y su presencia en los videojuegos") promete este enfoque, ¿no?

Uno acude a El Soñador de Providence esperando hallar un análisis de la influencia que las creaciones de Lovecraft han tenido en el lenguaje y las mecánicas de ciertos videojuegos; queremos encontrar reflexiones sobre algunos de los títulos del octavo arte que beben profundamente de su filosofía y visión estética. Y aunque algo de esto hay, reconozco que esta parte del libro se me antojó más limitada que las demás; es por ello que he salido de ella un poco decepcionado. Quizás urgía publicar el libro aunque aún estuviera en un estado de gestación, o puede que Gurpegui se entretuviera demasiado en apartados previos del mismo, no lo sé. El caso es que el apartado dedicado a la influencia de Lovecraft en los videojuegos no me ha aportado mucho. Y aviso que quizás mi impresión no la compartan todos; al fin y al cabo, hay una fuerte comunidad en Youtube de analistas de videojuegos, tanto anglosajones como hispanohablantes, que llevan años diseccionado la presencia de Lovecraft en los videojuegos, y probablemente, por conocerlos previamente, el ensayo no me ha iluminado tanto en ese sentido.

En cambio, hay otras secciones del texto que han conseguido cautivarme. El Soñador de Providence repasa, en una larga introducción, la vida del escritor estadounidense, además de sus influencias literarias y el fenómeno que generó a su alrededor, conocido como el Círculo de Lovecraft. Y lo hace, como ya os adelantaba antes, basándose en fuentes actualizadas que rebaten muchas de las concepciones erróneas que se tenían sobre el autor. En este sentido, el ensayo es tremendamente relevante. Así pues, aquellos que quieran comprender a Lovecraft lo agradecerán. Y es que en España, el autor ha calado en el imaginario popular como si de una leyenda se tratase, pero casi ninguno de los prejuicios que se tienen de él son ciertos. Esta inexactitud se debe, básicamente, a la falta de fuentes traducidas a nuestro idioma que exploren su obra y vida. De hecho, la única biografía de Lovecraft traducida al español está totalmente refutada a estas alturas.

En conclusión, recomiendo este ensayo por la actualización biográfica que hace de Lovecraft, así como por su labor aglutinadora de diversos estudios literarios que desmenuzan su obra. Por otro lado, aunque es innegable que en él se aborda la influencia del autor en juegos de rol o videojuegos, no sé si satisfará del todo a los que lo compren solamente por esta razón. Conmigo, al menos, no sucedió así. O no del todo.

lunes, 29 de enero de 2018

Reseña + Entrevista: Archipiélagos de Abilio Estévez

Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable


Poseedor de una fecunda trayectoria literaria, Abilio Estévez (La Habana, 1954) ofrece en su última novela publicada, Archipiélagos, un relato denso, abigarrado y fascinante. Al igual que en alguna otra de sus anteriores novelas -como por ejemplo El navegante dormido (2008) ambientada en la década de los 70- en Archipiélagos Emilio Estévez escoge un momento concreto del siglo XX cubano, en esta ocasión los días de agosto de 1933 que supusieron la caída del dictador Gerardo Machado, para urdir una ficción tan cargada de verosimilitud que el lector acaba atrapado por los personajes que pasaron aquel episodio real en la muy ficticia y literaria taberna La estrella de Occidente de Marianao.

Abilio Estévez parece tener predilección por esos lugares en la periferia de la Habana en el que se buscan la vida y se encuentran personajes que encarnan a ese tipo de personas comunes, sencillas y anónimas que no son los que acostumbran a manejar los hilos de la Historia sino más bien a sufrir las consecuencias de los acontecimientos. Esta caracterización de los personajes, tan faltos de elevadas expectativas más allá de su quehacer cotidiano y de la determinación por desempeñarse sin pretenciosa grandilocuencia, no significa en absoluto que el relato carezca de ambición narrativa. Por que el fresco que nos deparan las cuatrocientas páginas y pico de ese momento y de ese lugar es minucioso, vibrante, goloso. Un resultado basado en una variopinta y generosa galería de personajes, bien perfilados, de los que página tras página vamos conociendo personalidades, trayectorias, afanes y relaciones con los demás. Pero además, la escritura de Abilio Estévez tiene una especial cadencia para fijarse en los detalles que acaban, más que aportando verosimilitud al relato, sirviendo de cauce para que éste fluya como una reticente corriente, espesa y demorada, cargada de nutrientes.
 
La acción principal se centra en los tres días que supusieron la caída del machadato pero los saltos en el tiempo, con el narrador y protagonista rememorando desde su madurez aquellos días se alternan con el ejercicio de memoria del resto de los personajes en situaciones como la guerra de los negros en 1912 –solventada con la matanza de varios miles de descendientes de los esclavos por parte de la nueva legitimidad nacionalista y republicana surgida de la Independencia- o los devastadores efectos del huracán que asoló la isla el 20 de octubre de 1926. Queda clara la intencionalidad del autor de acotar, explicar, comprender, la realidad actual como deriva de toda una cadena de hechos, episodios y circunstancias de los que somos consecuencia directa. Al fin y al cabo, la ficción es una manera de ordenar, de pensar la realidad. En la que también valen símbolos y metáforas, como el rescate y ocultamiento para preservarlo de la multitud enfurecida de un instrumento tan incomprensible y fútil en ese momento como un astrolabio. Un aparato que proporciona coordenadas, que fija una posición; la premisa de una buena decisión sobre, por ejemplo, un rumbo.

El protagonista de la trama es José Isabel Masó, un adolescente inquieto y curioso, proclive a dejar volar la imaginación hacía lugares y países exóticos y a inventarse sus propios archipiélagos. Un afán que le permitirá entender que el lugar donde uno vive no es necesariamente el centro del mundo, aunque sea una amalgama tan fascinante y original como la de estos descendientes de bandidos españoles, chinos lavandero-opiómanos y negros lánguido-bailadores con la que el autor identifica a sus personajes en esa atmósfera insular y antillana, atravesada y atrapada “por la enorme distancia que existía entre la inquietud humana y la hermosa indolencia de la realidad”.

También de Abilio Estévez en ULAD: Cómo conocí al sembrador de árboles


Entrevista a Abilio Estévez



Quedo con Abilio Estévez una suave tarde de invierno para compartir un dry martini -que nos prepara Sergio, quien ejerce de estupendo librero de cabecera en Literanta- y casi dos horitas de conversación. Escuchar a Abilio, amable, conciso, cabal y risueño, es una verdadera delicia. Tanto que la grabadora y el teléfono con los que intento registrar sus palabras deciden incumplir su tarea y obviar su cometido, optando como yo por disfrutar del momento. Así que unos días después ejerzo de pesado y le pido a Abilio Estévez que me conteste por escrito. 

-¿Buscas una historia, una época, unos personajes, con los que narrar o más bien son elementos que se van conformando en tu imaginación hasta que decides transformarlo en un relato, en una novela?

-No, por lo general las historias no se buscan, aparecen. Son obsesiones, como sueños recurrentes que vienen de muy lejos. Casi diría que unas pocas obsesiones que se escriben una y otra vez. Decía Flannery O’Connor (y creo que tenía razón) de que todo el que haya sobrevivido a su infancia y adolescencia ya tiene para escribir el resto de la vida. 

-Ambientaste la novela Archipiélago en los años 30. ¿En qué fuentes buceaste para configurar el relato?

-Leí muchos libros de la época, me sumergí en la Cuban Heritage Collection de la Biblioteca Universidad de Miami, un lugar que es como un templo de la cultura y la historia cubanas. Pero fundamentalmente conté con mi madre (ya tiene 90 años) y las historias de la familia, sus propios recuerdos. Una verdadera maravilla. 

-¿Es la ficción una manera de entender, ordenar, dominar la realidad? ¿Vamos al pasado para entender el presente?

-Creo que todos estaremos de acuerdo en que sin la ficción la vida sería impensable. Hay que tener presente que Sheherezade salvó la vida contando esa caja china que es la colección de cuentos más hermosa que se haya escrito, Las mil y una noches. Supongo que la vida carece del orden y la estructura que le confiere la literatura. Vivimos una vida nueva cada vez que abrimos un libro. 
 
-Los personajes de Archipiélago son gente corriente, anónima, discreta parecen ir a la deriva, como naufragos de la Historia y de sus propias vidas… 

-Tienes razón, son víctimas de la historia, más o menos como nosotros, ¿no? Entre los posibles tipos de personas que quizá haya, yo señalaría dos: los que “hacen” la historia y los que la sufren. La mayoría pertenecemos a esta última categoría. Y así quise que fueran los personajes de mi novela. 

-Archipiélago está ambientada en los días que supusieron la caída de una dictadura, de una tiranía, el machadato. Pero Cuba no consiguió deshacerse del autoritarismo ni de la falta de libertades, puesto que después llegó Batista y más tarde los hermanos Castro.

-La historia de mi país parece dirigirse hacia ese último desastre. Era una de las cosas que quería intentar entender con ese libro. Vuelvo a las obsesiones de las que te hablaba, esa necesidad de iluminar un poco esa oscuridad en la que hemos vivido, no sólo los cubanos, sino la mayoría de los países en la cuenca de El Caribe. El autoritarismo, el caciquismo, ese mal que quizá nos haya llegado de España, encontró en América una tierra propicia. Los Castro son hijos de gallego. ¿No parece una coincidencia sospechosa? 

-Caracterizas Cuba como una amalgama de bandidos españoles, chinos lavandero opiómanos y negros lánguido-bailadores…

-Sí, sí, la amalgama de nuestros países fue tremenda. Al principio de la conquista los que llegaban de la península eran por lo general marginales, de todos los rincones del reino. Cuando ya no había mano de obra indígena, secuestraban negros del Calabar y los traían en aquellos horrendos barcos negreros. Eran negros yorubas, lucumíes, congos, carabalíes..., arrancados de sus tribus y esclavizados… Luego, hacia finales del siglo XIX, llegaron los chinos, los coolies, que fueron engañados, en régimen de semiesclavitud. De todo eso, surgen las naciones caribeñas: Puerto Rico, República Dominicana, Cuba…

-Para ti, ¿es Cuba una herida?

-No sé si esa sea la palabra justa. No sé si es una herida, pero desde luego es algo que duele por algún lugar.

-¿Concibes la escritura si no es desde el inconformismo, la insatisfacción, la rebeldía?

-Totalmente. Creo que escribir es un acto de rebeldía. Un decir No. Tal vez se escriba para remediar una carencia, una insatisfacción. Por lo menos así es como lo entiendo. Es lo que nos llega desde el Romanticismo y, mucho más precisamente, desde Baudelaire y los poetas malditos: la literatura como acto de rebeldía.

-¿A qué escritores cubanos deberíamos prestar más atención?

-A dos gallegos (no fue malo todo lo que llegó de Galicia) maravillosos: Lino Novás Calvo, autor de una novela extraordinaria Pedro Blanco, el negrero, publicada por Tusquets Editores; Carlos Montenegro, autor de Hombres sin mujer. También Lydia Cabrera, una antropóloga que, junto con Fernando Ortiz, descubrieron la cultura negra de Cuba. Dos cuentistas excelentes: Enrique Labrador Ruiz, Calvert Casey.

-¿Y a cuáles escritores hay que volver siempre?

-Pues a Alejo Carpentier, a José Lezama Lima, a Virgilio Piñera, a Guillermo Cabrera Infante. Tenemos una gran literatura, dicho sea sin orgullo patrio, frase que me es radicalmente ajena.

lunes, 19 de octubre de 2015

Carlos Fuentes: Diana o la cazadora solitaria

Resultado de imagen de diana o la cazadora solitariaIdioma original: español
Año de publicación: 1994
Valoración: Está bien


Hasta a los grandes autores les cuesta arrojar a la papelera o dejar a medias esas obras que, aunque técnicamente irreprochables, no están a la altura de aquellas que les elevaron a la cumbre. Poemas y novelas prescindibles dentro de una producción concreta se encuentran en cualquier época, pero desde hace algunos años, y en lo que concierne a la novela, la presión editorial ha originado una literatura de relleno que desentona un poco con la brillantez del currículo. La estructura de Diana no parece muy meditada, su conjunto resulta bastante irregular aunque le salve en parte la brillantez de su prosa, la hondura de algunas reflexiones y, en general, el innegable oficio de Fuentes.

Lo que se recrea aquí es un fragmento de la biografía del novelista: la relación que mantuvo en la década de los 60 con la actriz Jean Seberg, fallecida prematuramente. Comienza idealizando su figura mediante una enumeración de cualidades, pero de forma tan distante y abstracta que más que el retrato de una amante parece una idealización artificial al estilo de aquellos poetas medievales que practicaban el amor cortés. Porque ni se relatan las incidencias de esos amores ni se muestra el carácter de Diana. Ni de nadie porque, en realidad, todos los personajes aparecen difuminados. Tras esa presentación, la novela se convierte en un híbrido de narración, ensayo y memorias que se alternan anárquicamente sin un criterio claro y sin llegar a profundizar en ninguno. Aunque las páginas más logradas son, sin duda, las que dedica a analizar cine, literatura, personalidades y episodios históricos

“¿Cuándo fueron inocentes los Estados Unidos? ¿Cuando explotaron el trabajo negro esclavizado, cuando se masacraron entre sí durante la guerra de secesión, cuando explotaron el trabajo de niños e inmigrantes y amasaron colosales fortunas habidas, sin duda, de manera inocente? ¿Cuando pisotearon a países indefensos como Nicaragua, Honduras, Guatemala? ¿Cuando arrojaron la bomba sobre Hiroshima? ¿Cuando McCarthy y sus comités destruyeron vidas y carreras por mera insinuación, sospecha, paranoia? ¿Cuando defoliaron la selva de Indochina con veneno? (…) Los hipócritas ingleses, los cínicos franceses, los orgullosos alemanes (los inculpados y autoflagelantes alemanes tan ayunos de ironía) los violentos (o lacrimosos) rusos, ninguno cree que su nación haya sido jamás inocente”
o el escenario político del momento
“… a las vorágines del asesinato de los Kennedy y de Martin Luther King, la muerte de decenas de miles de muchachos salidos de los pueblecitos rurales a las selvas asiáticas, los muertos de Vietnam, los soldados drogados, los muertos inútiles, para nada, menos mal que al frente no iban los muchachos blancos, sino los negros y los chicanos, la carne de cañón, y en el país un coro de mentirosos diciendo que estábamos conteniendo a China, salvando la democracia vietnamita, impidiendo la caída de los dominós… Jhonson, Nixon, los magnavoces de la hipocresía, la ignorancia, la estupidez…”
o su actividad como escritor
“Necesitaba mentirme como escritor para sobrevivir como hombre.”
Pero se trata de divagaciones dispersas aquí y allá, sin el rigor y la organización de lo estrictamente ensayístico pues forman parte del flujo de conciencia del personaje que, a su vez, transmite sus propias preocupaciones y juicios.

El texto languidece por momentos, eleva el vuelo a veces pero en su mayor parte no mantiene el interés demasiado. Esto es así hasta que empieza a presentirse el desenlace, justo después de un episodio –tan reiterativo como ambiguo– en que el protagonista intuye una infidelidad. Es entonces cuando Fuentes comienza a ser concreto: por fin presenta a Diana como emblema del movimiento opositor sucumbiendo a la persecución de una derecha radical y racista, asistimos a una escena que contiene información real sobre la situación conyugal del narrador, nos ilustra sobre el final de la activista informándonos retrospectivamente de las causas que lo motivaron, muestra sus pensamientos y sentimientos sin máscaras por medio. Ahora es cuando comprendemos las motivaciones del personaje, incluso esa indiferencia que motivó la ruptura entre ambos. Es decir, precisamente cuando la muerte aparece en escena el texto comienza a cobrar vida. Y así es como concluye, justo cuando empezaba a interesarnos.