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jueves, 5 de marzo de 2026

Woody Allen: ¿Qué pasa con Baum?

Idioma original: inglés
Título original: What´s with Baum
Traducción: Manuel de la Fuente Soler
Año de publicación: 2025     
Valoración: se deja leer


Como pueden ver ustedes en la portada, ¿Qué pasa con baum? se nos anuncia como una novela de Woody Allen. Y ese es el problema de este libro, un problema de concepto. Lo que tenemos delante, por mucho que se esfuercen en transmitirnos desde la editorial, no es una novela, es mas bien un guion convertido en libro. 
Como muchos de ustedes sabrán, dada su edad, es poco probable que el señor Allen ocupe sus energías en rodar una nueva película y en lugar de eso ha dirigido su talento a entregarnos una novela. No es su primer libro, ha publicado algunos  con anterioridad que tienen un tinte más autobiográfico, A propósito de nada, o se enmarcan dentro del género del ensayo, por ejemplo, Sin plumas o ¿Cómo acabar de una vez con la cultura?
En esta ocasión Allen nos relata las peripecias de un escritor  de mediana edad, Asher Baum, inmerso en una profunda crisis existencial. Sus libros no se venden, su tercer matrimonio se tambalea y su hijastro, también escritor, disfruta de un éxito comercial que Baum cree inmerecido. Como en muchas películas de Allen, nuestro protagonista es un hombre maduro, judío, cultureta, aficionado a los museos, conciertos o salas de cine, especialmente si proyectan una película de Bergman,  y amante de los restaurantes recogidos y bohemios de Manhattan. ¿Les recuerda a alguien?
Pues bien, todo lo que le sucede a nuestro protagonista se desarrolla en una serie de viñetas a las que sólo falta colocar en la parte superior Interior-día o Exterior-noche, cual si se tratara de una escaleta cinematográfica. Los personajes resultan un poco planos, faltos de profundidad, apenas hay lugar para las reflexiones y cuando éstas se producen Allen recurre a un desdoblamiento de personalidad de nuestro protagonista al que el resto de personajes sorprenden, a menudo, hablando consigo mismo.  Todo son diálogos, réplicas y contrarréplicas que se acercan más a una película que a una novela. En un giro inesperado del guion, perdón de la novela, nuestro escritor recibe una confidencia que intenta utilizar en contra de su hijastro, que provoca un terremoto personal y familiar de dimensiones colosales.
Allen es una persona muy inteligente y el sarcasmo y la ironía se deslizan a lo largo del libro. Son rasgos que hemos visto en sus películas y que no faltan aquí, pero el resultado final es muy desigual y nos da la impresión de haber visto estos personajes y estas situaciones muchas veces.
En resumen, si ustedes anhelan poder disfrutar de una nueva película de Woody Allen, háganse unas palomitas, túmbense en su sofá favorito y en poco más de lo que dura una película habrán leído esta "novela" de Woody Allen.





domingo, 13 de junio de 2021

Edu Galán: El síndrome Woody Allen

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2020

Valoración: Muy recomendable


Igual exagero un poco si digo que esta es una de las reseñas que me ha costado más escribir. Quizá no tanto, pero sí confieso que he querido ser más cuidadoso de lo normal, porque tocamos temas delicados, de absoluta actualidad, porque estamos hablando de nuestra sociedad de hoy mismo. Cuidadoso sí, pero también sin medias tintas, no en vano el núcleo del libro, o uno de ellos, podría ser la denuncia de ese engendro que denominamos lo políticamente correcto, y de la deriva que han ido adquiriendo ciertas reivindicaciones sociales. Pero no perdamos más el tiempo.

Woody Allen, famoso actor, director, músico, etc. fue pareja de Mia Farrow, también famosa actriz. En un momento dado, Allen inició una relación (se enamoró, o como ustedes quieran) con Soon-Yi, hija adoptiva de Mia, algo que, como es normal, levantó mucha polvareda mediática. Poco después Woody fue demandado por abuso sexual en la persona de Dylan, una niña, otra de las hijas adoptivas de Mia. Tras un tormentoso proceso, Allen fue absuelto de la acusación. Años después, sin embargo, la sombra de la sospecha adquiere un volumen inusitado, y el director es objeto de boicots, anulaciones de contratos, peticiones de retirada de diversos reconocimientos, y su imagen pública es perseguida y denostada sin tregua. (Dicho entre paréntesis, en mi opinión tanto Woody como Mia son un par de perturbados que lo peor que pudieron hacer fue tener niños a su cargo, además de ser dos personajes con cuentas bancarias que soportan sin problema todas sus insensateces, con lo que no me mueven a lástima en absoluto).

La historia de Woody Allen, aunque profusamente detallada en el libro (para mi gusto, demasiado), es solo una excusa para abordar los temas de fondo. ¿En qué parámetros se mueve nuestra sociedad actual? Si alguien es juzgado y absuelto de un delito tan repugnante ¿en base a qué, pasado el tiempo, se reactiva una opinión pública agresiva hasta el punto de impregnar la actitud de unas cuantas multinacionales (y en base a qué intereses se mueven estas multinacionales)? ¿Qué es creíble y qué no? En el ámbito doméstico hablaríamos de eso tan popular de la pena de Telediario, ya saben, un Tribunal establece tu inocencia pero todo tu entorno se ha vuelto ya tóxico con la mera denuncia, y la sospecha es suficiente para hundirte la vida.

Muy a grandes rasgos, Galán defiende que hemos entrado (en buena parte por la omnipresencia de internet) en una etapa en que las clásicas reivindicaciones sociales han entrado en vía muerta y las causas que mueven a los sectores más combativos adquieren características muy específicas. Es lo que llama Causocracia, algo que entiendo como la vertiente sociológica de los populismos, y a lo que se agarran tanto desde la izquierda como desde la derecha, incluso segmentos difícilmente identificables con una u otra. La causas, defendidas a veces con toda justicia y otras puede que con algo menos, se convierten en Causas, así, con mayúscula, vistiendo ropajes autoritarios. La Causa lo impregna todo, no deja lugar a matices o perspectivas, toda discrepancia, por pequeña que sea, es elevada a traición, no existe gradación y nada hay más abominable que la tibieza o la equidistancia. O eres de los nuestros o eres nuestro enemigo. Incluso puedes ser nuestro enemigo sin saberlo, o hasta en contra de tu voluntad. Se lamina a quien no aplauda con suficiente entusiasmo, se liquida a quien, aun dentro de la Causa, pretenda puntualizar algo. 

Haciendo otro pequeño paréntesis, diré que Galán pone principalmente el foco en el feminismo, o mejor, en ciertas formas de feminismo digamos radicalizado, extremista, intransigente, como ustedes quieran, y analiza con detalle la progresión del movimiento #MeToo, sin duda por la obvia relación que guarda con el entorno de los hechos que sirven de base a la reflexión. Pero la perspectiva del texto es mucho más amplia y, si nos detenemos a pensar, es muy fácil encontrarle encaje a muchos o casi todos los movimientos sociales actuales, léase víctimas del terrorismo, anti-racismo, animalistas, pro-vida, anti-fascistas (a los fascistas se les dan por supuesto estos caracteres), y un largo etcétera.

La víctima es siempre el centro, la única voz autorizada para determinar que lo es, y la única que puede juzgar al agresor y establecer su condena. Como en el caso de Allen, importa poco el fallo de un Tribunal porque, si no resuelve a nuestro gusto, siempre estará infectado por alguna tara que lo deslegitime. Es la opinión pública (o su supuesta vanguardia) la que dicta la damnatio memoriae sobre el acusado. Más aún, esta recae sobre el acusado y todo lo que le rodea: es rechazable ver películas de Woody Allen u organizar foros sobre su cine, se impide la publicación de sus memorias y ya nada que venga de él está limpio de culpa. Es el argumento ad hominem y el derribo de algunos de los pilares de la democracia, la presunción de inocencia y la libertad de expresión. Todo ello teñido por la emotividad que corre como la pólvora por la televisión y por internet, así como la inclinación a reglamentarlo todo, a prohibir o denostar cualquier manifestación que la Causa, o cualquiera de sus integrantes o de sus víctimas detecte como ofensivo. Estamos en el campo de la hipersensibilidad, en el que proliferan las microagresiones o una ortodoxia en el lenguaje que alcanza límites insospechados: defiendo la pederastia solo por oír a Woody Allen tocar el clarinete, soy homófobo si digo que me desagrada Conchita Wurst, racista si me río con un chiste de negros (de leperos no?), un bárbaro si no me gustan los perros, machista o cosas aún peores si cuestiono alguna de las acusaciones de #MeToo, asesino de niños si defiendo el derecho al aborto, facha o españolista si discrepo de los independentistas y cómplice del terrorismo si coincido en algo con ellos. Siga usted poniendo ejemplos al gusto.

También es posible que estas actitudes no sean tan nuevas como a veces parece deducirse del libro. El autor reconoce que tiempo atrás predominaron encorsetamientos sociales similares, que desde la óptica burguesa se traducían como ‘mal gusto’ o ‘malas costumbres’ (lo que en lenguaje norteamericano sería el famoso ‘comportamiento inapropiado’), y en el ámbito puramente político los extremismos y la intransigencia son bastante antiguos. Sin embargo, actualmente todo ello ha adquirido matices algo diferentes y se ha visto amplificado sin límites por los modernos medios de comunicación, sobreponderando el bulo o la sospecha que ruedan sin límite, y trasladando la presión al ámbito privado, no solo del posible agresor, sino de cualquiera de nosotros. En una sociedad dominada por la imagen cómo no vamos a empatizar con alguien que, bien presa del abatimiento o de la indignación, se presenta como víctima de un agravio o una agresión. Pero ¿sabemos algo más acerca de lo ocurrido, o nos basta con el impacto de ese testimonio y no queremos oír nada más? ¿Nos quedamos con #YoSíTeCreo, o pasamos, como propone Galán, a #YoSíTeEscucho?

Muchas de estas cuestiones se plantean en el libro, en general bien trabajadas y expuestas con claridad, intentando componer un discurso coherente. Como lector, obviamente no estoy de acuerdo con todo lo que expone (a veces se pasa de frenada, o se le desvía un tanto el foco reuniendo asuntos demasiado heterogéneos), pero me parece un texto valiente que, mezclando algunas dosis de humor con pasajes de bastante profundidad, tiene como finalidad remover conciencias, y un objetivo muy hermoso y muy grande, que nunca deberíamos perder de vista, y que encontramos nada más empezar el libro: ‘reivindicar la duda y el pensamiento crítico’ en tiempos de certezas absolutas y ‘todas las opiniones valen lo mismo’.


sábado, 15 de mayo de 2010

Woody Allen: Cómo acabar de una vez por todas con la cultura

Idioma original: inglés 
Título original: Getting Even 
Fecha de publicación: 1971 
Valoración: muy recomendable 

He aquí uno de esos libros que sirven de cifra y faro de su siglo. Si Diderot y D'Alembert necesitaron un buen montón de años -y un montón aún más grande de papel- para su Enciclopedia, Woody Allen les superó de un solo tomo y con apenas 100 páginas. Con la notable ventaja de que ningún rey francés ha sido decapitado tras la publicación. Esta síntesis de la cultura mundial empieza con una reseña del primer volumen de Las listas completas de ropa de Hans Metterling (en cuatro tomos), un mangnífico homenaje a esa sana costumbre de editores y académicos que consiste en publicar absolutamente todo lo que encuentren en la cómoda de un autor muerto. En este caso, se publican las listas de la tintorería del tal Metterling, acompañadas de comentarios eruditos sobre, por ejemplo, su aversión al almidón:
"Por supuesto, Breuer ha señalado ya la relación existente entre los calzoncillos almidonados y la sensación permanente que tenía Metterling de que hablaban de él hombres con carrillos."
Una pieza, informada y rigurosa, sobre el crimen organizado nos habla de mafiosos como Thomas (El Carnicero) Covello, Albert (El Positivista Lógico) Corillo o Domicik (El Herpetólogo) Mione, y desanima a quienes busquen aquí una carrera fácil, pues "la mayoría de los criminales deben trabajar durante largas horas, a menudo en edificios sin aire acondicionado". Muy reveladoras resultan también las memorias de Schmeed, barbero del Führer, el cual informa de las terribles consecuencias ocasionadas por la intención que albergaba Churchill de dejarse patillas. Preguntado ante el tribunal de Nuremberg sobre su complicidad con el III Reich, Schmeed se defendió convincentemente diciendo: "No sabía que Hitler era nazi. La verdad es que durante años pensé que trabajaba para la compañía de teléfonos." El abanico de conocimientos que despliega Woody Allen en este libro es ciertamente asombroso. Muestra grandes dotes como intérprete de leyendas hasídicas, por ejemplo. Como aquella sobre la mujer que parecía un arenque o el rabino que vagaba por los Urales en un traje de conejo. Sus comentarios a estas profundas tradiciones revelan toda su riqueza simbólica:
"El Rabino sueña tres noches seguidas. Los Cinco Libros de Moisés, restados de los Diez Mandamientos, suman un total de cinco. Menos los hermanos Jacob y Esaú, nos quedan tres. Fue un razonamiento parecido el que llevó al Rabino Yitzhok Ben Levi, el gran místico judío, a ganar la apuesta doble en el hipódromo durante cincuenta y dos carreras consecutivas y aun así terminar viviendo del seguro social."
Pero, por supuesto, si en algún punto destacan los conocimientos de Woody Allen, adquiridos en este caso de la pura experiencia personal, es en el campo del psicoanálisis. Recoge unas conversaciones con Helmholtz, contemporáneo de Freud y testigo de los tiempos heroicos de la Psicología. Helmholtz recuerda la terrible vergüenza que pasaba Freud cada vez que quería comprar unos bollitos llamados "Schnecken" o cómo Jung acostumbraba a regalar grandes osos de peluche a los pacientes cuyo tratamiento fracasaba. Es éste, en fin, un compendio de la civilización occidental que no puede faltar en su biblioteca. Los cinco primeros lectores que llamen para pedirlo recibirán de regalo un frasco de absurdo existencialista o una simpática banana de peluche con gafas de pasta. Lo que nos quede.

También de Woody Allen en ULAD: A propósito de nada. Autobiografía

martes, 28 de septiembre de 2021

Woody Allen: A propósito de nada. Autobiografía

Idioma original: Inglés
Título original: Apropos of nothing
Traducción: Eduardo Hojman
Año de publicación: 2020
Valoración: Chanchi 

Woody Allen es, para mi, uno de los grandes cineastas del siglo XX. Películas como Annie Hall o Hannah y sus hermanas estarían en mi Top 10 sin ninguna duda, así que resulta cuanto menos curioso que haya dejado pasar un montón de meses desde que compré este libro hasta que decidí sacarlo de la pila de pendientes y leerlo. Cosas de la acumulación incontrolada de libros, supongo.

El caso es que si estáis en esa situación, con el libro cogiendo polvo en la estanterías o, incluso, con el libro apuntado en la lista de futuribles, dejad lo que estéis leyendo o corred a vuestra librería o biblioteca más cercana y poneos a devorarlo. De verdad, no os va a defraudar lo más mínimo (o eso espero). ¿Por qué?

En primer lugar porque es un texto muy muy divertido que os traerá a la memoria alguna de sus películas. Sin ir más lejos, el magnífico comienzo en el que rememora su infancia y adolescencia, con su odio a la escuela, sus primeras escapadas para ir al cine, la relación con sus padres, con la religión, sus primeros y prosaicos acercamientos a la cultura, etc, me recuerda una barbaridad a "Días de radio". Es, por ritmo, "acidez" y risas, la parte más destacada del libro.

En segundo lugar porque está lleno de chispa, de frases ingeniosas y de comentarios mordaces con los que Allen deja ver su crónica insatisfacción, su misantropía, su sentido del humor, la "Welschmerz" alleniana. Sí, los que llevamos gafas de pasta somos así, soltamos palabrejas de estas que dan enjundia a una reseña aunque no tengamos ni puñetera idea de su significado.
Algunas personas ven el vaso medio vacío, otras lo ven medio lleno. Yo siempre veía el ataúd medio lleno.

Estáis leyendo la autobiografía de un analfabeto misántropo que adoraba a los gángsters... 

En tercer lugar es un texto desmitificador y, al mismo tiempo, alejado de cualquier presuntuoso ejercicio masturbatorio (otra vez "Annie Hall") y de la falsa modestia. Resulta sorprendente observar el "desapego" que Allen siente hacia el éxito o el fracaso, hacia su modo de hacer cine y hacia sus películas, hasta el punto de autodefinirse como "cineasta imperfecto", de no leer las críticas o de no volver a ver sus películas una vez finalizado todo el proceso, sin que esto sea obstáculo para declarar su amor incondicional por el séptimo arte.

La gracia de hacer una película es hacerla, el acto creativo. Los aplausos no significan nada (...) Basta de perder el tiempo con trivialidades 
En cuarto lugar porque, si os interesa el cine de Allen, revela un montón de anécdotas, chascarrillos e información sobre algunas de sus películas más emblemáticas, sobre su "método" de trabajo, sobre su relación con actores, productores, montadores, representantes, etc. Además, comprobaremos cómo los gustos del público no van siempre en la línea con las preferencias del autor.
A mi me gusta rodar, irme a casa y ver un partido de baloncesto.
La correlación entre las películas malas y el éxito de taquilla es  un enigma que la física aún no ha logrado dilucidar.

Podría seguir, pero creo que lo voy a resumir en que conjuga de forma magistral memoria personal con una cierta forma de memoria colectiva y con historia del cine, todo ello a un ritmo (de jazz, como no podía ser de otra manera) trepidante. Solo un pero, relacionado con la parte en la que se refiere a su relación con Mia Farrow y a las acusaciones (de las que jamás fue declarado culpable) de abusos sexuales: parece un poco "ajuste de cuentas" y, aunque no deja de ser algo importante en su biografía, creo que se equivoca al concederle tanto espacio. Pero, ¿quién soy yo para llevar al contraria a don Allen Stewart Koningsberg?

También de Woody Allen en ULAD: Cómo acabar de una vez por todas con la cultura

lunes, 1 de julio de 2013

Joël Dicker: La verdad sobre el caso Harry Quebert

Idioma original: francés
Título original: La Vérité sur l'Affaire Harry Quebert
Año de publicación: 2012
Valoración: decepcionante, o no. Depende.
Traducción: Juan Carlos Durán Romero

Nos la quieren meter doblada otra vez. Esto es así. Pero es primero de julio y lunes y lo mejor será tomárselo todo con humor.

Hay un montón de cosas por comentar y necesito un orden... Empecemos por la faja, que la tengo a mano:
El mayor fenómeno editorial de los últimos años: un joven suizo de 27 años con un thriller monumental, número 1 en ventas en Francia.
Premio Goncourt des Lycéens, Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa. 
Uno está empezando a perder la fé en los franceses, a quienes tenía en alta estima ya ni me acuerdo de por qué. Leo por ahí que esta novela quedó finalista del premio Goncourt y que no ganó por un voto. Un voto de nada. Casi como perder en penaltis. Yo entiendo que no todos los años son igual de buenos, como pasa con el vino, que no siempre hay obras geniales a las que premiar, pero si nos suena que el Goncourt es o era un premio prestigioso y miramos en wikipedia comprobamos que, entre los ganadores, hay gente como Houellebecq, Maalouf o Duras (y antes, Malraux, Proust...). La conclusión de esto es que a los franceses, sea como fuere, se les ha ido la olla: por un voto.

Y ahora, dos citas escogidas de la contra y la solapa:
Recuerda a Philip Roth, Jonathan Franzen o Woody Allen.
Descrita como un cruce entre Larsson, Nabokov y Philip Roth.
A esto me refería con mi frase inicial: meter doblada. Ese concepto. Fue por culpa de estas campanas sobre Nabokov y Roth y Franzen (lo de Woody Allen supongo que tiene que ver con las llamadas telefónicas de la madre, pero ya llegaremos a eso) que me venció la curiosidad y leí el libro, a pesar de sus casi 700 páginas y de que andaba metido en otras lecturas. Pero joder: ¡Nabokov! ¡27 años! ¡Goncourt! ¡Liberté! ¡Fraternité! ¡Zidane!

A estas alturas os estaréis preguntando de qué va el libro. Os entiendo. Pero antes quisiera mencionar sólo por encima una cuestión que me ronda la cabeza en los últimos meses sobre los libros cuyos protagonistas o personajes principales son escritores. Qué. Está. Pasando. Los hay buenos, malos y regulares, claro, no voy a entrar en generalizaciones cualitativas, pero de un tiempo a esta parte, no sé si ha sido suerte u otra cosa que tendría que hacerme mirar en el médico, a mi alrededor brotan textos así como champiñones. A saber, por encima: Moo Pak, Twist, Magma, Siberia, El joven Nathaniel Hathorne, X, La vida interior de las plantas de interior, Mr. Gwyn... Hay más, pero no es el momento. Repito: qué está pasando. Volvamos al libro: ¿de qué iba?

Pues de un ¡joven escritor de gran éxito! que tratará de esclarecer el crimen presuntamente cometido más de treinta años atrás por un ¡viejo escritor de gran éxito! que es, por cierto, su mentor y amigo. Esto es un no parar, reconozcamoslo. El tema es que, al poco de empezar la novela, desentierran los huesos de una niña de 15 años (¡adolescente escritora de gran- nooo, es broma, es broma) desaparecida 33 años atrás y con quien el famoso mentor tuvo una relación cuando él contaba 34. Bastante sórdido, eso de ella tuviera quince, por mucho amor que diga haber sentido el personaje hacia la niña. A lo largo de la novela, en cualquier caso, el protagonista (Marcus Goldman, joven escritor de éxito, etc.) ejercerá de detective con la intención de averiguar "la verdad sobre el caso Harry Quebert" y, con suerte, liberar de la cárcel a su viejo amigo, a quien considera inocente del crimen, escribir un libro sobre el proceso, etc.

Esto es: un thriller en toda regla. Niña asesinada, hombre en prisión, investigador civil, dudas, secretos, mentiras,confesiones, personajes de última hora.
Añadimos a esto: numerosas reflexiones sobre el acto de escribir, sobre el sentido de la escritura, sobre el negocio de la escritura, sobre la página en blanco. Y un libro misterioso. Y metaliteratura.
Vamos con Roth y Nabokov (supongo):
Salpimentamos con: la historia de amor entre el viejo escritor (Harry Quebert, que no lo había dicho) y la niña de 15 años.
Por último: como a los dos escritores les gusta el boxeo, se pegarán algunos sopapos en plan deportivo y hablarán también de eso de atizar, buscándole simetrías con eso de escribir.

No me extenderé, lo diré escuetamente, estoy seguro de que otros lectores hablarán de ello: contar una historia de amor entre un tío de 34 y una niña de 15 NO BASTA para relacionar un libro con Nabokov. Asimismo, incluir reflexiones sobre el boxeo NO BASTA para relacionar un libro con Roth. Establecer esa relación es reírse de los lectores. Es engañar. Es querer metérsela doblada a quien busca una determinada lectura. Es tener unos cojonazos de aúpa. Y, en último extremo, es culpa nuestra seguir haciendo caso de todas las barbaridades que se dicen de un libro. Lo de Franzen (ver cita, más arriba) ya me lo explicarán. Alguien. En alguna parte. Sobrio.

Por supuesto, esta flipada de los editores no tiene que ver con el autor ni con el texto en sí; en una entrevista reciente, Joël Dicker confiesa que su única intención era escribir un buen libro y ya está. Vale, ok: bien por él.

El libro tiene cosas buenas: entretiene, se lee fácil, busca sorprender. Eso tiene de bueno. Lo que pasa es que a las tres cosas se les pueden poner peros:

Entretiene: porque ninguna reflexión puesta en boca de los personajes es profunda o convincente, ni siquiera las referidas a la literatura. Todo es ligero, superficial, tópico. Hueco. Entretiene como un reality de investigación criminal (que ya están tardando. Hasta les doy un título: Mastercrime).
Se lee fácil: y tanto. Aproximadamente el 80% del texto son diálogos, o diálogos indirectos. Pim, pam, pum. Ningún interés en labrar la palabra (ay, Nabokov), toda la maquinaria puesta al servicio de la trama. Prosa simple, eficiente, invisible. Hay capítulos en los que el protagonista habla con más gente que yo en una semana. Un infierno, en verdad os digo.
Busca sorprender: 700 páginas dan para muchos giros, y ciertamente algunos están bien. El problema viene cuando a falta de unas 150 páginas para el final el autor quiere rizar el rizo, y girar, y volver a girar y, desde mi punto de vista, se cae. Un mareo, un absurdo. Y claro: en las últimas 50 páginas tiene una liada pero tan grande que se pasa 40 tratando de poner orden, explicar, re-explicar, aparentar normalidad, recortar los numerosos flecos... y a pesar de ello deja una sensación de la cosa no está bien, de que flaquea. El problema de los fuegos artificiales es que, cuando terminan, sólo queda humo.

En cuanto a la relación entre hombre y niña, tema capital del libro (es un decir: no hay un tema en el libro), me gustaría apuntar una cosa: la ninfa en cuestión (Nola) es, por si no teníamos suficiente con las neuras del protagonista, un personaje abofeteable de puro cándido. En serio. No tiene ningún puto sentido que un tío más o menos adulto se interese por una cría que sólo habla (no miento) con ¡exclamaciones! y cuyas frases más habituales son "¡te quiero!", "¡es muy bonito!", "¡me gusta mucho!", "¡tienes que escribir, mi amor!" y otras por el estilo. No pasa de ese encefalograma plano, a pesar de lo que de ella se diga hacia la mitad del libro: creedme. Por eso un lector más o menos suspicaz pensará que: a) el viejales tiene algún tipo de tara mental (no se menciona en el texto) o, más probablemente, b) la niña está superdesarrollada y, además, buenísima (se sugiere, pero tampoco se menciona). La trama habría sido más honesta y verosímil si, simplemente, el autor hubiera puesto negro sobre blanco que la muchacha era algo espectacular. Pero no: que si sus gráciles movimientos, que si su luminosa energía, que si su alegría de viVAMOS, HOMBRE.

Ya termino, perdón. La conclusión vendría a ser que es una lectura poco exigente, apropiada para el verano, puro best seller con aroma ("recuerdos", dicen los chefs modernos) a eso de escribir novelas, Dan Brown sin Dante, Larsson sin Lisbeth Salander, Stephen King sin el payaso de It, prácticamente un guion cinematográfico con algo de sexo, con algunas escenas moñas y otras violentas, con personajes capaces de decir, sin vergüenza, "senos generosos" (¡senos generosos! ¡no me jodas! ¿cómo de generosos? ¿cuánto de generosos?) y, en fin, qué puedo añadir, ya os hacéis una idea. A mí me ha decepcionado profundamente, pero estoy seguro de que mucha gente disfrutará del libro como de un filete, se venderá a lo grande y ayudará a cuadrar las cuentas de los libreros, que falta nos hace. Lo mejor de la novela, por cerrar con una sonrisa, son las conversaciones del protagonista con su madre: puro absurdo, excepcionales para animar el ambiente entre dramas y muertos, cachondísimas. Lástima que sean tres.

miércoles, 8 de junio de 2022

Dorothy Gallagher: De cómo recibí mi herencia


Idioma original:
Inglés
Título original: How I came into my inheritance
Traducción: Regina López Muñoz
Año de publicación: 2001
Valoración: Esta muy bien

"De cómo recibí mi herencia" es un conjunto de 14 textos en los que Dorothy Gallagher hace un recorrido por la historia familiar y personal, pero siempre (o casi siempre) engarzada en la Historia con mayúsculas: desde un pueblecito de la actual Ucrania hasta el Lower East Side o el Bronx, desde comienzos del siglo XX hasta los años 80-90 pasando por la gran hambruna de 1932, desde lo particular a lo general y viceversa.

Hay una frase en la página 12 del libro que creo que resume bastante bien el tratamiento que Gallagher da a los diferentes textos:  
No fue fácil detectar el momento en que mi padre empezó a perder la chaveta, porque siempre había sido un hijoputa más terco que una mula, como él mismo decía de cualquiera que tuviese una opinión ligeramente distinta a la suya.

Ahí se concentran las que para mi son las dos claves fundamentales: el tono y la distancia. Ambas son manejadas a la perfección por la autora y con ello consigue que este texto autobiográfico se aleje del puro ejercicio masturbatorio sin especial interés para el lector.

Así, el humor ácido y mordaz y la desmitificación de la historia familiar son las bases sobre las que se construyen unos textos en los que se entrelazan vida y muerte, en los que se mezclan historias iniciáticas con historias de madurez, en los que se (con)funden diferentes generaciones, en los que conviven historias perfectamente identificables para un lector "actual" con otras de una lejanía temporal y espacial inimaginable.

Cuentan por ahí otras reseñas que una de las referencia más próximas a Gallagher puede ser Vivian Gornick. Sí, puede ser, pero Gallagher tiene un puntito "cabrón" y divertido que Gornick no tiene. De hecho, me parece mejor libro "De cómo recibí mi herencia" que "Apegos feroces". 

E igual es cosa mía pero ciertos textos de Gallagher me han recordado más a esas películas de Woody Allen (Días de radio) en las que rememora su infancia / adolescencia y en los que una galería de familiares "estrafalarios" muestran a la perfección la distancia sociocultural entre su país de adopción y su país de origen y el salto generacional de padres a hijos.

No importa. Esto de las referencias es más para "ubicar al libro y a la autora" que para otra cosa. Quedémonos con que "De cómo recibí mi herencia" es, por sí solo y sin entrar en comparaciones, un muy buen libro. Una magnífica recuperación.

jueves, 7 de junio de 2012

Colaboración: Nocilla Experience, de Agustín Fernández Mallo

Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: Está bien

Nocilla Experience es la segunda parte de una trilogía narrativa (Proyecto Nocilla) basada en la teoría postpoética de Agustín Fernández Mallo. Sus méritos tienen que ver con las carencias de la mayoría de las novelas (españolas) contemporáneas: estructura ambiciosa, temas originales y ausencia de solemnidad. También están a su favor muchas de sus influencias y homenajes: física cuántica, el ajedrez en Kalmukia, Julio Cortázar, Brit Pop, Jim Jarmusch, Apocalipsis Now, Roberto Rossellini, Woody Allen y bastantes más que estoy olvidando.

En su contra, podría apuntarse la falta de verosimilitud de casi todos los personajes del libro, que parecen no dejar de ser en ningún momento extensiones acartonadas del narrador; algunas historias que entorpecen al resto y debilitan la estructura y los excesos postmodernos en el estilo. Para un tipo tan pasado de moda como yo, Fernández Mallo resulta más interesante como lector, que como escritor; más interesante encontrando historias, que inventándolas o contándolas. Más interesante como agitador del polvo de la literatura española más rancia que como novelista o profeta literario.

Con suerte, alguno de sus entusiastas lectores pop acabará cayendo en los autores que admira, homenajea y copia Fernández Mallo. Con suerte, los leerá con cuidado y empezará a amarlos, dará las gracias al Proyecto Nocilla y lo dejará guardado en un cajón como las cartas adolescentes de su primer ex.

También de Fernández Mallo en ULAD: El hacedor (de Borges). RemakePostpoesíaLimboNocilla Dream

Firma invitada: Jorge Martín

domingo, 11 de agosto de 2019

Stephen Dixon: Interestatal

Idioma original: Inglés
Título original: Interstate
Traducción: Ariel Dilon
Año de publicación: 1995
Valoración: Muy recomendable

El término "variación", en el mundo del arte, suele ir asociado a lo musical. El ejemplo más típico serían las conocidas variaciones Goldberg. Ahora bien, ¿qué son las variaciones, según la wikipedia?
"Una variación es una técnica formal donde el material es repetido en una forma alterada. Los cambios pueden involucrar melodía, ritmo, armonía, contrapunto, timbre, orquestación o cualquiera de esas combinaciones"
"Es una composición caracterizada por contener un tema que se imita en otros subtemas o variaciones, los cuales guardan el mismo patrón armónico del tema original, y cada parte se asocia una con la otra. Difieren entre ellas los patrones melódicos y el tempo de cada variación."
Cuento todo esto porque las diferentes historias que componen "Interestatal" podrían ser consideradas las "variaciones Dixon". Aquí el tema principal o el material original sería el asesinato, a manos de un tarado mientras circulan por la autopista a la que se refiere el título, de la hija pequeña de Nathan Frey. Los cambios serían los diferentes puntos de vista del suceso, los momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la tragedia, momentos clave en la vida de Nathan Frey, etc que dan cuerpo a los textos que componen "Interestatal".

Hay que tener en cuenta, y esto es clave a la hora de "afrontar" este libro, que lo que hemos llamado "variaciones Dixon" son casi 500 páginas narradas siempre en primera persona y, en su mayor parte, en formal de torrencial y deslavazado monólogo interior. Porque, más allá de todo lo anterior, "Interestatal" es una exhaustiva y profunda indagación en la mente humana y en su forma de construir y moldear los recuerdos. En este caso, la mente analizada es la de Nathan Frey, personaje obsesivo e hipocondríaco que vendría a ser un cruce entre un personaje de Thomas Bernhard y otro de Woody Allen (si es que esto es posible). Sirvan como ejemplo las cuarenta páginas, aproximadamente, de monólogo interior para decidir si llama o no a su esposa para contarle lo ocurrido.

Dicho esto, entenderéis que no se trata de un libro para todos los públicos. Es posible que haya gente que no consiga entrar en la prosa de Dixon y que considere esta reiterativa y aburrida. En mi opinión, no lo es. Y no lo es, sobre todo, por el ritmo y la tensión que Dixon imprime a la narración. Sabemos desde el primer momento qué ha ocurrido, sabemos "cómo acaba", pero queremos seguir leyendo, queremos averiguar todo de Nathan Frey, seguir sus divagaciones, etc. Ahí, además de en el análisis psicológico del personaje, está el mérito del autor.

En fin, que este es el tercer Dixon que leo en cosa de año y medio, libros y tiempo más que suficiente para que se haya convertido en uno de mis autores de cabecera.

También de Stephen Dixon en ULAD: Historias tardías

domingo, 22 de marzo de 2009

Eduardo Mendoza: Sin noticias de Gurb

Idioma original: español
Año de publicación: 1991
Valoración: Muy recomendable

Una vez Esti (la compañera de este blog) me decía que hay pocos libros que hagan reír. No que hagan sonreír, o que entretengan, o que levanten el espíritu: que consigan arrancarnos una carcajada violenta, que nos haga parecer ridículos en el metro, en el aeropuerto o donde sea. A mí sólo se me ocurrieron algunos libros de Groucho Marx, de Woody Allen y, en otro registro, las novelas del Mundodisco de Terry Pratchett. Bueno, pues Sin noticias de Gurb es también uno de esos libros capaces de hacerte cosquillas en el cerebro.

El argumento ya invita a la risa: una pareja de extraterrestres aterrizan en Barcelona, y uno de ellos, Gurb, desaparece, tras adoptar "para no llamar la atención" la apariencia de Marta Sánchez. El otro, tímido, torpón, solitario, decide salir en su busca, y descubre que le encantan los churros, y que no es tan fácil relacionarse con otros seres humanos como podría parecer. La extrañeza e inadaptación del extraterrestre, absurdo como un Mr. Bean intergaláctico, proporciona escenas delirantes, como sus intentos de seducir a la vecina pidiéndole arroz (y sal, y aceite, y pollo...) o su desafortunado trabajo temporal como encargado de un bar.

Curiosamente, sólo han pasado 18 años de su publicación, pero ya empezaría a hacer falta una edición anotada de esta novela (me imagino a las nuevas generaciones de lectores preguntántose: "¿quién es Marta Sánchez?, ¿quién es Pasqual Maragall? Ah, pero ¿es que hubo unas Olimpiadas en Barcelona?"). En todo caso, esos pequeños detalles no hacen que la novela sea más divertida, ni evitan que, probablemente, se te escape alguna risotada durante su lectura.

Otros libros de Eduardo Mendoza en Un Libro Al DíaLa ciudad de los prodigiosTres vidas de santosEl enredo de la bolsa y la vidaEl misterio de la cripta embrujadaEl laberinto de las aceitunasEl año del diluvioUna comedia ligeraLos soldados de Cataluña

domingo, 25 de octubre de 2020

Jordi Costa: Cómo acabar con la Contracultura

Idioma original: español

Año de publicación: 2019

Valoración: bastante recomendable

Los motivos que pueden incitarme a leer un ensayo de más de 300 páginas sobre un fenómeno que se dio por finiquitado hace más de tres décadas son tan peregrinos como recordar la discutible traducción al español del título de un libro de Woody Allen, pensar que la ironía del autor al titular su obra siempre merece cierta atención, llamad al que esto firma caprichoso o errático en sus elecciones, pero anda, poneos en el pellejo de las frecuencias y regularidades que imperan por estos lares. En apenas catorce horas esto ha de publicarse y mi opinión sobre el libro es una especie de compendio de sensaciones. 

Primero: el fenómeno de la Contracultura en España es un fenómeno que más que una enorme repercusión o incluso una secuencia proyectada hacia el presente, queda como una especie de hecho aislado, un oasis que me cuesta adjetivar (no es creativo, no es disidente, no es original), pero que, aunque no llegué a vivir (nací algo tarde para ello) en su plenitud, sí que llegué a apreciar en algo que podría denominar como onda concéntrica de efecto ya mitigado. La Contracultura, como todo movimiento de cierta repercusión en España por la época, era una mera replica adaptada de lo que podía llegar, filtrada por la censura y tamizada por el precario acceso a las fuentes originales, del movimiento homónimo originado en los Estados Unidos y abanderado por los adalides del Nuevo Periodismo, ciertos escritores difíciles de encasillar como Kerouac, Ginsbergh, Burroughs, una generación marcada por el movimiento hippy, las reacciones a la Guerra de Vietnam, el uso de los estupefacientes, ciertos ideales no poco contradictorios, etc.

Segundo: como fenómeno, hay que reconocer a los grandes nombres del movimiento su valentía por encarnar esos valores en un entorno tan hostil, duro no solo en lo social sino en lo puramente físico, ahí se jugaban encontronazos con duras leyes que hostigaban a todo aquel que se salía del repugnante entorno nacional-católico. 

Tercero: en esta enumeración de personajes y hechos relevantes que acapara las tres cuartas partes del libro, documentada y exhaustiva, es triste constatar como un movimiento contestatario, incluso rebelde en cierto sentido, ha dejado tan poco poso, un poso casi más estético que intelectual, y la gran mayoría de sus nombres de referencia han acabado inscribiéndose en los círculos más acomodaticios de la cultura a la que pretendían derrocar, cuando no han protagonizado espectaculares trayectorias ideológicas, sonrojantes en algunos casos en que personajes que se abanderaron como transgresores en su tierna juventud acaban sus días como ancianos conservadores casi de misa diaria.

Costa narra con todo lujo de detalles (algunos de ellos realmente demostrativos de que el libro es un trabajo de mucho mérito), si bien ese alejamiento temporal del movimiento puede abrumar al lector profano o a quien no tenga una primera referencia anclada en la memoria. No se limita a enumerar personajes y obras sino que adopta esa posición crítica que podríamos resumir, respecto a según qué figuras, en un casi dramático "quién te ha visto y quién te ve".

Pero, curioso, cuando podría resolver que este libro gustará tanto como a uno le interesen los movimientos culturales, este en particular, o sea seguidor irredento de alguno de sus componentes, el libro se redime, digamos que más que remontar empieza a brillar de forma fulgurante, con el testimonio de la youtuber Esty Quesada ("Soy una pringada") cuya trayectoria vital podría tener apenas una lejana analogía con el movimiento, pero cuyas declaraciones tienen un profundo componente emocional, duro, contundente. 

lunes, 4 de julio de 2016

Saul Bellow: La víctima

Idioma original: inglés
Título original: The victim
Año de publicación: 1947
Valoración: recomendable


Un hombre de mediana edad, de clase media, con un trabajo mediano (o mediocre) y una vida familiar tranquila se encuentra en un parque de Nueva York con otro hombre, alcohólico, fracasado y resentido. El segundo hombre, Allbee, acusa al primero, Asa Leventhal, de haber sido la causa de todas sus miserias, al haber provocado que lo despidieran de un trabajo en su juventud. En consecuencia, exige una reparación más que un castigo. Inicialmente, Leventhal rechaza esta acusación como absurda e injusta, pero poco a poco le asalta la duda sobre su propia inocencia, y establece con Allbee una relación de dependencia enfermiza y autodestructiva.

El tema de la culpa, central en La víctima, es recurrente en la literatura y la cultura judía (y católica, ya que estamos): no hay más que leer las obras de Philip Roth, o ver las películas de Woody Allen. Aquí, la culpa adquiere un nivel abstracto, casi mítico: cualquier persona puede ser catastróficamente culpable, incluso sin saberlo, en una mezcla del pecado original y la mariposa que provoca un tornado en Tokyo. De hecho, una de las virtudes de esta novela, a mi parecer, consiste en la contraposición de dos subtramas interligadas: la de Leventhal, que quizás sea culpable (o no), y la de la enfermeda de su sobrino, Mickey, sobre quien la enfermedad se ceba como si se tratase de un Job contemporáneo e inconsciente. De hecho, el propio lector es llevado a dudar de la inocencia de Leventhal, que unas veces parece ser la víctima del título, y otras veces el victimario, y que se nos presenta como un hombre solitario, con mal genio, susceptible.

Quizás para entender esta idea de culpa colectiva, impuesta desde fuera pero progresivamente autoasumida, convenga recordar la fecha de publicación de la novela: 1947. La noticia del Holocausto empezaba a extenderse, con todo su horror (ese mismo año se publica Si esto es un hombre de Primo Levi). En el texto, Leventhal menciona el Holocausto solo una vez, en medio de una discusión de tintes antisemitas, pero creo que debe considerarse en cualquier caso como un subtexto global. ¿Los campos de exterminio no fueron, al fin y al cabo, la consecuencia última e inhumana de un proceso mucho más largo e intenso de culpabilización de los judíos? ¿No es esa culpabilización inconsciente e histórica la que posibilita que Leventhal acepte las acusaciones de Allbee en la novela?

La víctima es una novela oscura y opresiva: la trama se desarrolla como un crescendo obsesivo a medida que los personajes de Allbee y Leventhal comienzan a entrelazarse, en un proceso de hundimiento que parece dejar poco lugar a la esperanza. Quizás por eso resulta especialmente decepcionante el desenlace, que no voy a detallar, pero que parece una salida fácil para una novela que pedía un final mucho más contundente. Casi da la impresión de que Saul Bellow se hubiera cansado de escribir, después de llevar a los personajes hasta el último límite, y hubiera decidido darle "garrotazo" al texto con un último capítulo de cierre.

No creo que Saul Bellow sea un autor muy leído hoy en día, al menos en España; de hecho, es posible que su realismo y su psicologicismo hayan quedado algo pasados de moda (en particular en lo que se refiere a las largas descripciones de personajes o espacios). Pero su influencia en la literatura estadounidense posterior es unánimemente reconocida; de hecho, las similitudes entre su obra y la de Philip Roth, al que mencionaba antes, son más que llamativas. Pero leer La víctima no es solo un acto de erudición o arqueología literaria: es también una experiencia lectora desasosegante, oscura, muy poco veraniega, pero muy estimulante y técnicamente (casi) irreprochable. No cabe duda de que estamos ante un maestro de la novela del siglo XX, aunque sea un maestro en el que ya nos resulte difícil reconocernos.


También de Saul Bellow en ULAD: Henderson, el rey de la lluvia, Carpe diem, "Dejando la casa amarilla"



sábado, 16 de agosto de 2025

Daniel Guillén (@Manuel_de_BCN): Hazme reír

Idioma: español

Año de publicación: 2024

Valoración: recomendable

Un fenómeno curioso que se ha dado en los últimos años es el de escritores/as que han conseguido publicar gracias a su labor previa en las redes sociales; entiéndase que no estoy hablando de los y las típicos influencers, youtubers indocumentados o poeticastros de carpetas de instituto, sino de gente que sabe mucho sobre algún tema -o investiga y luego sabe explicarlo-, pero que no tenían otro lugar para contarlo, así que se dedicaron a hacerlo a través de los conocidos como "hilos" en el antiguo Twitter (lo de ahora es un engendro nazi) o Bluesky. Algunos de estos divulgadores/as (me niego a llamarles "creadores de contenidos") han publicado luego libros que recogen todos esos hilos, de los que unos pocos elegidos, hasta ahora, han merecido la inmortalidad de las reseñas de Un Libro Al Día, como ha ocurrido con los escritos por Pedro Torrijos y Laia San José. En el caso que hoy nos ocupa tenemos a otro de estos divulgadores en redes, Daniel Guillén Hidalgo -conocido en internet como @Manuel_ de BCN-, que no se dedica a contarnos historias sobre arquitectura o vikingos, sino de algo que suele ser del agrado general o que, al menos, todos y todas disfrutamos alguna vez, según los gustos de cada cual, e incluso puede volverse adictivo: la comedia.

Pero no cualquier tipo de comedia; no hablamos ni de la Comedia dell'Arte ni de los vodeviles burgueses que se suelen representar en los teatros durante las fiestas patronales de cada ciudad... En el caso de este libro, los muchos capítulos se dividen entre los dedicados a:

a) Series de televisión o "comedias de situación" (sit-coms) más o menos míticas: Fawling Towers -de donde el autor sacó su seudónimo en redes, pues uno de los personajes siempre se presentaba como "Manuel, de Barcelona"-, Te quiero, Lucy, Seinfeld, Loco por ti o Las chicas de oro...

b) Películas de humor: entre los que aparecen grandes éxitos (por no decir filmes ya míticos) como Una noche en la ópera, El jovencito Frankenstein, La escopeta nacional, La vida de Brian, Aterriza como puedas, Cuando Harry encontró a Sally o Tiempos modernos, de Chaplin -en un capítulo en el que también nos habla de otros dos colosos de la época: Harold Lloyd y Buster Keaton-; al igual que en las series del apartado anterior, los capítulos se centran, sobre todo, en la génesis, en ocasiones dificultosa, de estos grandes y divertidísimos títulos 8un recuerdo desde aquí al beatle George Harrison, que hipotecó su mansión para poder financiar y, sobre todo, ver La vida de Brian, en lo que se ha llamado "la entrada de cine más cara de la Historia").

c) La mayor parte del libro está dedicado a cómicos/as que, si bien han podido triunfar luego en el cine y/o la televisión, comenzaron o cuando menos cultivaron con frecuencia durante alguna época de su vida lo que se conoce como stand up comedy, es decir, que han sido monologuistas o, aunque sea, cuentachistes... La lista es muy amplia y en ella encontramos desde estrellas de cine -es decir, que se dedicaron al cine posteriormente, pero empezaron sobre los escenarios-, como Steve Martin, Woody Allen, Robin Williams, Bill Murray, Richard Pryor, Jim Carrey... (estos primeros nombres quizá sorprendan a los no norteamericanos), otros que no dieron el salto a la gran pantalla , pero cuyo nombres resultan legendarios para los profesionales y aficionados al humor, como George Carlin o Lenny Bruce; epítomes de cierto humor británico -aparte de los (Monty Python, claro), como Peter Sellers, Rowan Atkinson y Ricky Gervais e incluso representantes hispanos del género: el gran Gila, Andreu Buenafuente o, a estas alturas ya mítico  Eugenio. En esta categoría también podemos incluir a grupos teatrales que , aunque no hagan exactamente monólogos -de hecho, hay unos que ni siquiera hablan-, han triunfado en los escenarios de allí por donde han pasado: me refiero a Tricicle y a los no menos geniales les Luthiers.

Como se ve, a excepción de estos últimos, argentinos, el resto de comediantes de los que Daniel Guillén nos habla en el libro -hay alguno/a más, pero ocurre lo mismo- son o del ámbito cultural español o de países anglófonos. No hay más representantes del humor latinoamericano ni tampoco de , por ejmplo, el humor francés o italiano. Es comprensible, puesto que la muchos de los personajes y obras de los que trata el libro aparecen en él debido al recuerdo o la trayectoria vital y cultural del autor y, además, la bibliografía disponible sobre humoristas escénicos parece estar sobre todo en inglés, pero, de todos modos, sería deseable que en algún futuro nuevo volumen se incluyeran a cómicos/as de otras lenguas o culturas. También, aunque ya aparecen aquí unas cuantas, como la mencionada Lucille Ball o Carole Burnett, podría dedicarse más espacio a las mujeres humoristas, algunas de ellas excelentes (y particularmente en el ámbito del monólogo, creo yo). Lo mismo puede desearse sobre la inclusión de humoristas surgidos no en los clubes de comedia, los teatros o en la tele, sino en los diferentes canales que proporciona internet hoy en día (como el propio autor del libro).

Puntualizaciones éstas, en todo caso, muy secundarias ante la gran virtud del libro, que es hacernos pasar un buen rato y, sobre todo, darnos ganas de pasarlo aún mucho mejor conociendo o revisitando, toda la plétora de humor que nos propone.

martes, 24 de diciembre de 2013

Peter Cameron: Coral Glynn

Idioma original: inglés
Título original: Coral Glynn
Año de publicación: 2013
Traducción: Patricia Antón
Valoración: de más a menos

1950. Coral Glynn es una joven enfermera que anda dando tumbos de trabajo en trabajo. El del momento en que empieza esta novela atender a la anciana madre, enferma terminal, del comandante Hart, militar herido en la XX Guerra Mundial, con severas secuelas físicas. En una población inglesa, Coral se encontrará en medio de una encrucijada de hipocresía y secretismo propio de ciertas comunidades en pequeñas poblaciones. Curioso secretismo, donde la intimidad de cada uno es fruto de los rumores y donde uno es juzgado por aquellos a quien no conoce.
Lo mejor de Coral Glynn es cómo su lectura atrapa y seduce, cómo las tres primeras partes, de las cinco en que se divide el libro, trazan una curva ascendente, un crescendo elegante y contenido lleno de resonancias british, de puesta en escena sobria de una historia que amaga trazos dickensianos pero que puede ponerse al día si pensamos, por ejemplo, en las películas inglesas de Woody Allen, como Match Point. En ese tramo el lector está encantado. Incluso la ligera deriva hacia lo policiaco excita la imaginación en una historia que está dibujando a la perfección los carácteres de sus personajes .
Lo peor, su desenlace, definido en la contraportada  como inesperado, que resulta decepcionante, acomodaticio y lastra el resultado conjunto final: es entonces cuando acuden a nuestra memoria los diálogos algo forzados, alguna frasecita inconsistente, y una contención muchas veces excesiva. Errores admisibles si la historia tuviese otro colofón. Lo que amagaba en algunos momentos como denuncia solapada de la diferencia de clases, lo que en algún otro parecía teñir la trama de anti-belicismo, resulta resolverse de una manera peligrosamente cercana a lo folletinesco. Con franqueza, esperaba más de esta novela. No esperaba fuegos artificiales sino una historia, regresando a los símiles cinematográficos, a lo Dogville. Pero no: parece que, a partir de la cuarta y quinta parte, Cameron decida no apostar a fondo por ennegrecer la trama. Más bien acaba decantándose por un incómodo rosa diluído.

También de Peter Cameron en UnLibroAlDía: Algún día este dolor te será útil

viernes, 27 de julio de 2012

Colaboración: El palacio de la luna de Paul Auster

Título original: Moon Palace 
Idioma original: Inglés
Año de publicación: 1989
Valoración: muy recomendable

Paul Auster es un escritor bastante prolífico. Parece que ello sea un problema. O sea, cuesta seguir su ritmo de publicación, casi anual, y cuesta también creer que ello no repercuta en la calidad de sus novelas. Algo parecido a lo que pasa con otro célebre new-yorker, Woody Allen. Una obra al año, una actitud profesional y amante de su profesión, pero la eterna pose de escepticismo de las audiencias, como si fuera imposible mantener cotas óptimas de calidad.

Así que hablemos claro: ésta es una de las mejores novelas de Paul Auster. Mucha gente piensa que la mejor. Algunos se inclinan por otra también excelente, Leviatán.

Se hace difícil hablar de El palacio de la Luna sin mencionar cajas chinas o muñecas rusas. Pues es esta una novela, casi, biográfica que contiene otra biografía en clave, casi, de novela de misterio, que contiene otra corta novela, casi, del oeste. Todo ello en medio de relaciones paterno-filiales y con el aderezo de historias cruzadas marcadas por coincidencias fruto, parece, del azar (o no: esto es Auster). La trama es tratada de una manera casi matemática: las andanzas del protagonista parecen trazar ondas, golpes de suerte y puestas a cero, descensos a los abismos y súbitas pujanzas, en una especie de juego con un leve tono mágico, como si ángeles de la guardia velasen por él cuando parece precipitarse al vacío.

La prosa de Auster es directa y certera. No hay frases largas, no abusa de las subordinadas. Siguiendo con ese rigor matemático, cada palabra y cada frase parecen no poder estar nunca en un mejor lugar. Solo un afán perfeccionista puede estimar que, hacia el final, la historia de Solomon Effing resulta algo forzada y esas últimas 50 páginas, en las que deben resolverse algunos enigmas, son quizás la parte menos brillante de la novela. Pero antes nos hemos dado un festín de más de 250 páginas rayanas con la perfección, tanto en estilo y en resultado literario como en originalidad de la historia.

Sólo he leído cinco novelas de Auster, de entre su veintena. Supongo que en alguna de ellas bajó el listón o se equivocó. Pero no en El palacio de la Luna. Esta es una gran novela, una de las que justifican plenamente su status de autor de culto.

Firmado: Francesc Bon

También de Paul Auster en ULAD: Aquí

miércoles, 13 de julio de 2011

Amélie Nothomb: Biografía del hambre


Idioma original: francés

Título original: Biographie de la faim
Fecha de publicación: 2004
Valoración: Recomendable

No creo que haga falta presentar a estas alturas de la película a la incombustible y peculiar Amélie Nothomb, belga del 67 nacida en Japón y educada en varios países de la geografía mundial gracias al trabajo de diplomático de su padre.

Amélie, que publicó su primera novela a los 25, como una Woody Allen de las letras, tiene la buena y fiel costumbre de sacar una nueva obra cada año. Y si bien es cierto que es de esos autores a los que o se les ama o se les odia, no viene mal comentar, de vez en cuando, alguna de sus novelitas, cortas, originales e incisivas, y plataforma de lucimiento para su estilo deslenguado y muy difícil de imitar.

Biografía del hambre es, quizás, su novela más autobiográfica. Digo "más" porque los buenos "nothombistas" saben de sobra que a la autora le encanta basarse en sus propias batallitas, recuerdos y experiencias para tejer sus novelas. Y la verdad es que la vida de esta mujer tan excéntrica que se ha convertido gracias a sus confesadas excentricidades en un original producto editorial, da para muchas obras. Vamos, que no me parece nada raro que saque una cada año...

En la que hoy reseñamos, que comienza en su Japón natal y nos lleva posteriormente a otros lugares como Nueva York o Bélgica, la Nothomb se encarga de desgajar y analizar hasta límites insospechados una de sus grandes pasiones/obesiones: su apetito "infinito". Y pese a que la escritora haya confesado en varias ocasiones que su relación con la comida fue durante muchos años tormentosa (sufrió de anorexia en su adolescencia), y que trata de ver al alimento como simple carburante (con la excepción de su adorado chocolate negro), no hay que considerar al hambre que da título a esta novela como el hambre de comida: la cosa va mucho más allá.

Mediante metáforas y el relato de experiencias técnicamente "alimenticias", la autora alcanza a exponer reflexiones más bien existenciales. Porque su apetito sin freno alcanza al conocimiento, al amor y a las nuevas experiencias.

Así pues, esta novela nos presenta a una Nothomb con más ganas de confesar que nunca, y gracias a ella nos deleitaremos con esa clase de extrañas imágenes a las que la escritora nos tiene tan acostumbrados, como pueden ser la de una cría adicta a la fresca agua de una fuente japonesa o la del deleite de la misma criatura, algo más crecidita, al percibir el maravilloso contraste que hace la sangre roja de sus encías sobre una lámina de piña amarillísima.

Por cierto, yo soy de los que la aman...


lunes, 22 de noviembre de 2021

Alejandro Padrón: París siempre valía la pena

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

¿Habéis leído "París era una fiesta (A moveable feast)", las memorias parisinas de Hemingway? O,al menos, ¿os acordáis de "Midnight in Paris", la película de Woody Allen en la que Owen Wilson viaja en el tiempo y se encuentra con el propio Hemingway, el matrimonio Zelda y Francis Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, etc? 

Opción A: habéis leído el libro y habéis visto la película.

Opción B: habéis leído el libro pero no habéis visto la película.

Opción C: habéis visto la película pero no habéis leído el libro.

Opción D: ni habéis leído el libro ni habéis leído la película.

Si tu respuesta es la A (y en menor medida la B o la C), quizá "París siempre valía la pena" no descubra nada nuevo pero servirá para imaginar, a través de la ficción o de la novelización de hechos reales, episodios apenas sugeridos o ignorados por Hemingway en sus memorias.

Si tu respuesta es la B o la C, el libro de Alejandro Padrón funcionará y tendrá su mayor valor como puesta en contexto de una generación y unos autores fundamentales en la literatura del siglo XX.

Si tu respuesta es la D (mal, muy mal), lee "París siempre valía la pena" porque ese compendio entre lo real, lo ideal y lo legendario será una lectura, al mismo tiempo, entretenida y didáctica. Además, ahora que se acercan la cenas y comidas familiares, podréis presumir ante vuestros cuñados de vuestros conocimientos sobre la bohemia parisina de los años 20.

Todo esto gracias a un texto que es, obviamente, un homenaje a la figura de Ernest Hemingway y que parte de una premisa si no 100% novedosa sí muy atractiva: la supuesta novela / memorias de Max Sterling, compañero de fatigas de Hemingway en sus años parisinos. 

Además de esta premisa, Padrón opta por una estructura audaz, con mucho de juego borgiano, en la que se juntan 3 narradores y 3 tiempos para una triple búsqueda (real, ideal y legendaria) de la figura del autor estadounidense. Lo anterior hace que el texto pueda ser leído, casi a partes iguales, como novela, diario o guía de viajes. Y aunque esta triple elección sirve adecuadamente al objetivo de ofrecernos una visión global del Hemingway persona(je) y demuestra un atrevimiento por parte del autor que es de agradecer, creo que una de esas tres patas flojea ligeramente. En concreto, me refiero al juego que se establece con uno de los narradores / personajes (Nicka Dams). Me da la impresión de ser un recurso algo trillado y que se estira de forma algo innecesaria. 

Pese a esto, he disfrutado de "París siempre valía la pena" y recomiendo su lectura acompañada, si es posible, de un acercamiento previo a las memorias del autor de "El viejo y el mar". Por eso de completar huecos, vaya.

P.S.: Me encanta la cubierta del libro, que incluye un fragmento de Paris by night (Konstantin Korovin)

lunes, 2 de julio de 2018

Ciudades de libro #1: Nueva York: Gangs de Nueva York, de Herbert Asbury


Idioma original: inglés
Título original: Gangs of New York
Año de publicación: 1928
Traducción: Carme Font Paz
Valoración: muy recomendable (sobre todo para interesados)

Olvidaos de los rascacielos. Olvidaos de las imágenes rutilantes de Broadway o Times Square. Olvidaos de Sinatra, de Gene Kelly bailando, vestido de marinero. Olvidaos de las pelis de Woody Allen o de El padrino, de las comedias románticas que empiezan en el hotel Plaza y acaban el la pista de hielo de Central Park. Olvidaos -por favor, olvidaos en serio- de Donald Trump y de su hortera torre forrada de oro. Y pensad en una ciudad de casas bajas, de mansiones lujosas pero también llena de agujeros infectos donde recalaban los inmigrantes de una no menos infecta Europa. Donde los ricos vivían en el Upper East Side o en Harlem,  y lo que se dio en llamar la Cocina del Infierno... bueno, ya entonces era bastante infernal, mientras los pobres se apelotonaban en el bajo Manhattan, cerca del puerto. Donde el Bronx o Brooklyn eran  barrios  casi rurales, llenos aún de granjas; una ciudad con pocos italianos, judíos o chinos, no demasiados habitantes negros, pero con muchos, muchos irlandeses, que huían del hambre en su isla.

Estamos en el Nueva York de la primera mitad del siglo XIX, cuando el ocio teatral y tabernario se centraba en el Bowery y el epicentro de la delincuencia y la marginalidad se encontraba también en esa calle y, sobre todo, el la intersección conocida como "Five Points", en cuyo meollo se hallaba la conocida, supongo que de forma irónica, como Paradise Square (curiosamente, justo donde hoy se encuentran los juzgados municipales, el Tribunal federal y lo que fue el centro de detención de las "Tombs", y muy cerca del Ayuntamiento y la jefatura de Policía); bandas como las de los Dead Rabbits, los Plug Uglies o los Bowery Boys dominaban las calles de esa parte de Manhattan, enfrentándose en batallas épicas a puñetazo, navajazo o ladrillazo limpio, si era menester, mientras  servían a los intereses políticos del corrupto y célebre Tammany Hall, o al llamado "Know Nothing", el Partido Nativista Americano (ya veis que aunque lo intentemos, no es posible olvidarse de Trump...).

¿A alguien le resulta familiar esta imagen? Pues sí, hay una película de Martin Scorsese basada bastante libremente en este libro; además, para quien pueda haberlo leído, recordad que también uno de los relatos de la Historia Universal de la infamia, de Borges, está basado en él. Pocos años después de su publicación, de hecho, porque ya en su momento esta crónica histórico-periodística de Herbert Asbury tuvo gran éxito, de tal forma que el mismo autor escribió con posterioridad una segunda parte, además de libros similares sobre la historia de los bajos fondos de Chicago, San Francisco y Nueva Orleans. Pero no nos vayamos de la gran Manzana -aunque entonces sólo fuera aún una manzanita verde, aunque ya con una buena cantidad de gusanos-: visitaremos allí sitios tan tenebrosos como la Old Brewery de Five Points, el Callejón de los Asesinos o el Gotham Court de la calle Cherry; conoceremos al legendario gigante Mose, a famosos gágsters como el ladrón Hicksey, a Leslie, rey de los ladrones de bancos, y a los enemigos mortales John Morrissey y Bill Poole "el carnicero" (éste igual os suena de algo). O, por supuesto, los no menos terribles adversarios: el distinguido Paul Kelly y el "príncipe de los gángsters", el aún más célebre Monk Eastman, jefe de la banda que llevaba su nombre. Mujeres igualmente peligrosas, como Maggie "Gato del Infierno" o Annie la Combatiente, líder de las Gophers femeninas de Hell's Kitchen. Lo mismo que a esta banda, a los Dusters, los Five Pointers o incluso los tongs chinos que se entraron en guerra en Chinatown a comienzos del siglo XX. Por no hablar de un episodio especialmente truculento y que costó la vida de miles de personas (y supongo que poco conocido fuera de EEUU y tal vez incluso en ese mismo país): la llamada "Batalla de los seis días" o rebelión que tuvo lugar en la ciudad contra las leyes de reclutamiento para la Guerra de secesión, y que fue duramente reprimida por el ejército, utilizando incluso cañones contra la población civil (también hubo otros motines anteriores, protagonizados por bandas o por los propios policías).

En fin, que el señor Asbury nos da aquí un repaso exhaustivo, nos ofrece una visión fascinante y diferente, aunque terrible, de lo que fue, durante más de un siglo, una de las ciudades más emblemáticas del mundo. Pensemos que aún le quedaba por ver los efectos de la Ley Seca, el dominio de bandas como las de Dutch Schultz o Bumpy Johnson, el ascenso de la mafia italoamericana, los reinado de Luciano, de Genovese, Gambino... vaya, que a Asbury, periiodista además de escritor, y que vivió hasta 1963, no le dio tiempo a aburrirse, que digamos... En ese sentido, el final de Gangs of New York, la película de Scorsese es, precisamente de lo más significativo...

viernes, 28 de octubre de 2016

Semana del libro de culto: Memorias póstumas de Brás Cubas de Machado de Assis

Idioma original: portugués
Título original: Memórias póstumas de Brás Cubas
Año de publicación: 1880 (1881 como libro)
Valoración: Muy recomendable

Me dicen mis colegas ULADianos: ¡vamos a hacer una semana dedicada a libros de culto! Y yo: ¿y qué es un libro de culto? Un libro que tienen muchos seguidores; un libro que tiene pocos seguidores, pero fanáticos; un libro que pasa desapercibido en su momento pero después gana fama internacional e interplanetaria... En fin, Francesc ya ha escrito un ensayo sobre "el libro de culto y la madre que lo parió" así que no voy a extenderme sobre el asunto; el caso es que a mí me costaba pensar en algún libro de culto (que no estuviese ya reseñado en ULAD), hasta que durante la misma semana varias personas diferentes me hablaron de estas Memorias póstumas de Brás Cubas, del brasileño Machado de Assís, y me pareció que podía encajar en la serie: es un libro quizás poco conocido en España, pero que en Brasil y Portugal tiene una legión de seguidores y defensores, que lo han convertido en un clásico, a pesar de (o por causa de) su irreverencia.

Así que aquí va.

El protagonista de estas "memorias" es Brás Cubas, un político, inventor y amante fracasado que las escribe desde el otro lado de la raya, o sea, desde la tumba. De hecho, la novela está dedicada "al primer gusano que royó mi cadáver", y comienza precisamente con la escena de la muerte del protagonista y la narración de sus últimos años, en vez de hacerlo, como sería lo habitual por la infancia y los años de aprendizaje. A partir de ahí, de forma desordenada, humorística y fragmentaria, se cuenta la historia de un hombre que quiso ser ministro y no lo fue, quiso ser famoso y no lo fue, y pasó su vida entera enamorado de una mujer casada con otro hombre.

Brás Cubas es un protagonista y un narrador cínico, sincero, egoistón y no demasiado trabajador, representante de la clase adinerada y esclavista de Río de Janeiro, pero resulta simpático por su sinceridad, su espíritu ironico y burlón y porque, como buen antihéroe, nunca consigue salirse con la suya al final. En efecto, en las Memorias póstumas encontramos el mismo humor que puebla otras obras de Machado de Assís, como Dom Casmurro o El Alienista: un humor basado en un narrador autoconsciente que interrumpe la acción, la anticipa, la comenta, omite secciones enteras de la historia y en general juega con las expectativas del lector, con quien dialoga continuamente.

Los antecedentes de este tipo de memoria autoirónica y metaliteraria los menciona el propio Machado de Assís (o mejor, Brás Cubas) en su texto: el Tristram Shandy de Lawrence Sterne, el Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Maistre o los Viajes por mi tierra de Almeida Garrett. A estos se podría añadir el Quijote, que a su vez inspiró a Sterne: en el "emplasto Brás Cubas" con el que el narrador espera alcanzar la gloria no está muy lejos del "bálsamo de fierabrás" cervantino, como tampoco lo están los juegos metanarrativos constantes que aperecen en el libro...

Cuando apareció, las Memorias póstumas de Brás Cubas fueron mal entendidas o mal consideradas: se discutió si aquello era o no una novela; si tenía suficiente trama o profundidad; si los saltos en el tiempo eran o no aceptables; si era una simple imitación del estilo de Sterne. Con el paso del tiempo, se ha convertido en un clásico de la literatura brasileña, alabado por Woody Allen o Susan Sontag (entre muchos otros, claro), y creo que por ello un digno "libro de culto" para nuestra serie.

Y si no, pues qué le vamos a hacer.

martes, 14 de noviembre de 2023

Benjamín Labatut: MANIAC

Idioma original: Inglés
Título original: The Maniac
Año de publicación: 2023
Traducción: Benjamín Labatut
Valoración: Muy recomendable alto

No es fácil condensar MANIAC en media docena de párrafos. Podríamos decir que es un tríptico sobre la razón y la locura (aquello de que el sueño de la razón produce monstruos), una novela metafísico-matemática sobre los peligros de la tecnología, sobre hombres que jugaron a ser dioses que no juegan a los dados, sobre cajas de Pandora entreabiertas, etc. Tantas cosas contenidas en 400 páginas que, al menos en dos tercios de las mismas, me recuerdan mucho a Zelig, aquella película de Woody Allen sobre un hombre camaleónico en la que el neoyorquino se servía de la forma del documental para construir la biografía del personaje. No nos adelantemos.

Tres son las partes en las que se divide el texto, siendo la segunda y más extensa el centro de una obra que extiende sus tentáculos hacia el pasado y el futuro. 

En la primera de ellas se narra la historia del físico Paul Ehrenfest y su creciente pulsión de muerte resultado de la perversa racionalidad que estaba empezando  echar raíces a su alrededor. Un comienzo realmente brutal y turbador que trae a la cabeza El túnel de Ernesto Sábato (curiosamente o no, físico y matemático antes que escritor y que abandonó la ciencia debido a una crisis existencial).

En la parte central, que ocupa 170 de las 400 páginas del libro, se novela la biografía del húngaro Janos Lajos Neumann, convertido en Johnny Von Neumann una vez emigró a los Estados Unidos y en JVN para nosotros, personaje fascinante y contradictorio (brillante e infantil, genio ego(t)ista y cruel, visionario obsesivo), que en sus 54 años de vida creó la primera computadora moderna, sentó las bases matemáticas de la mecánica cuántica o de la teoría de juegos, participó en la creación de la bomba atómica, profetizó la inteligencia artificial, etc. Como decía anteriormente, la biografía de JVN se construye en forma de falso documental / reportaje periodístico a partir de hechos ciertos y de testimonios de 15 personas que acompañaron al "genio" en vida: compañeros, amigos, esposas, hija, etc. Con esto lo que Labatut consigue, además de abarcar la totalidad de la vida y obra de JVN, es sugerir infinidad de preguntas y dudas y de ahí aquella vertiente matemático-metafísica de la que hablaba. 

Por última, las 100 páginas finales nos acercan al futuro entrevisto por JVN y nos relatan el desafío entre Lee Sedol, el mejor jugador de Go de su tiempo, y Alpha Go, sistema avanzado de inteligencia artificial. Contemplamos, así, el avance de las tecnologías desarrolladas o prefiguradas por JVN y compañía, nos situamos, esta vez ya sí, frente a frente con las máquinas, y asistimos entre fascinados y temblorosos a la aterradora belleza de las posibilidades que estas sugieren.

Creo que son dos los principales aciertos o virtudes de Labatut en esta obra. Por un lado, la estructura elegida, con múltiples voces, y la ubicación temporal de estas, muchos años después de la muerte de JVN, dan pie a variadas lecturas, a distintas interpretaciones sobre la vida y creaciones del personaje; por otro, el ritmo con el que Labatut maneja la narración hace que temas tan "arduos" como la física nuclear, la mecánica cuántica o el juego de Go se conviertan en algo realmente apasionante. En este sentido, Labatut recuerda al mejor Bolaño, capaz de imprimir un ritmo vertiginoso a cualquier narración, ya trate de escritores nazis, de crímenes espantosos o de delirios realvisceralistas.

Lo único que "empaña" la valoración del libro y que no lo sitúa en la categoría de imprescindible es el carácter excesivamente "wikipédico" del texto. Y esto me lleva a preguntarme si Benjamín Labatut es un genio o un encantador de serpientes, un enorme escritor o un mago extremadamente habilidoso en sus juegos de manos. Para aclarar esta duda (y porque, sea como sea, he disfrutado de MANIAC como un enano) ya he encargado Un verdor terrible. En unas semanas lo reseñaré. Queda dicho.