jueves, 9 de agosto de 2012

Jim Dodge: Stone Junction. Una epopeya alquímica

Idioma original: inglés
Título original: Stone Junction
Año de publicación: 1990
Valoración: muy recomendable


Jim Dodge (California, 1945) es un hombre atípico. Vivió durante muchos años en una comuna autosuficiente y en la actualidad vive en un rancho aislado con su mujer y su hijo. Empezó a publicar cuando contaba casi cuarenta años y, desde entonces, tan sólo han salido a la luz tres novelas (Fup, Not Fade Away y Stone Junction) y una compilación de poemas y prosas cortas (Rain on the River), aunque todas estas obras han gozado del aplauso absoluto de la crítica.

Quizás por lo "poco habitual" que resulta ser su vida (o quizás no, quién sabe), sus libros también son bastante atípicos. Tanto su estilo como las historias que nos cuentan se salen de lo que habitualmente nos podemos encontrar en las mesas de novedades de las librerías, ofreciendo algo inesperado pero siempre satisfactorio.

El protagonista de Stone Junction es Daniel Pearse, un muchacho criado durante sus primeros años por su madre y posteriormente instruido por varios profesores pertenecientes a la AMO (la Alianza de Magos y Forajidos), quienes le enseñan a falsificar documentos, a cultivar, consumir y traficar drogas, a jugar al póker, a abrir cajas fuertes, a disfrazarse y, finalmente, de la mano del mago Volta, a desmaterializarse.

El motivo de toda esta enseñanza y preocupación por Daniel no es otro que entrenarlo para que sea capaz de robar un diamante que está en poder de la CIA, una especie de piedra filosofal o de Santo Grial que Volta desea pero no es capaz de conseguir. ¿Qué ocurrirá cuando Daniel lo consiga? ¿Qué supone estar en posesión de ese diamante? ¿Por qué es tan importante y por qué la CIA está dispuesta a perseguir y asesinar, si es necesario, a todo aquel que le ponga la mano encima?

A través de más de 500 páginas, Dodge nos explica la historia de Daniel, de su madre, de la AMO y de los profesores, consejeros, magos y gente de todo tipo que se cruzan en la vida del muchacho. Como toda buena novela coral que se precie, cada uno de esos personajes tiene un papel esencial en el desarrollo del personaje principal y de la acción de la novela, y el autor consigue construir y enlazar innumerables subtramas para que todos ellos reciban la atención que se merecen por parte del lector y la historia principal siga su curso como debe.

No es poca cosa. En una novela como ésta, llena de numerosos datos, nombres y acontecimientos que tienen lugar en todo lugar y línea temporal imaginable, es imprescindible dejar atados todos los cabos (y, os lo aseguro, son muchos) para que nada chirríe, algo que Dodge consigue con aparente facilidad. No hay nada que suene mal en Stone Junction, ningún párrafo que quitar o saltar, pues en ningún momento se nos hace larga o pesada. Todo lo contrario. A pesar de su más de medio millar de páginas, esta novela se nos hace corta, ligera, y consigue que lleguemos a sus últimas líneas deseando que, por favor, por arte de magia, se materialicen unas cuantas páginas más.



También de Jim Dodge: FupEl Cadillac de Big Bopper

miércoles, 8 de agosto de 2012

Natsuo Kirino: Grotesco

Título original: Gurotesuku グロテスク (en inglés: Grotesque)
Idioma original: japonés
Año de publicación: 2003 (en castellano: 2011)
Valoración: Recomendable


Esta es la segunda novela de la autora publicada en castellano. En ella manifiesta la misma preocupación que en la primera, Out, por el efecto que las estructuras y convenciones sociales producen en las mujeres japonesas. Aquí juega además con la idea del determinismo biológico. Así, la genética (los rasgos físicos e intelectuales, incluso los rasgos éticos, por ejemplo: la maldad como fenómeno congénito) se confronta con la influencia social: estructuras educativas y laborales, diferencias de clase etc.

Al principio nos introduce en la vida familiar de la protagonista y luego va ampliando el enfoque: el pasado, el colegio, otras familias. Fenómenos como  el fanatismo o el binomio determinismo / libertad se convierten en motores de la trama. Pero el factor que motiva las conductas es la competitividad en el ascenso social, a ella se subordina todo cuanto ocurre. Los efectos son, lógicamente, nefastos: envidia, complejos, odio, frustración, esfuerzos desproporcionados, dramas familiares y vidas destrozadas desde el principio. En definitiva, un omnipresente fracaso, tanto personal como de convivencia.

La narradora y protagonista, además de presentar los hechos, pone a disposición del lector una serie de documentos (diarios, cartas, un expediente policial que incluye el testimonio del acusado), que amplían la perspectiva colocándonos frente a un panorama más que revelador y que la mera confesión del personaje no nos permitiría entender.

Lo peor de la novela  – y quizá también su mayor mérito – consiste en que la naturaleza arquetípica de los personajes así como la libre sucesión de los hechos han sido lastrados por las tesis de Kirino, viéndose a la vez compensados por su clarividencia. A mí me ha mantenido intrigada y he disfrutado de verdad. Es cierto que pasan muchas cosas, pero también contiene muchas reflexiones, incluso intenta encontrar una base científica para explicar lo que sucede. En sentido estricto, no se puede considerar novela negra ya que, para empezar, le falta acción. Por eso, el genuino consumidor del género o cualquiera que busque un ritmo trepidante se puede sentir decepcionado con un argumento en el que el descubrimiento del culpable no es más que un mero trámite y donde los asesinatos son un mero pretexto, en este caso, como en otros mucho más ortodoxos, funcionan a modo de lupa de la que se sirve la autora para observar la sociedad más fácilmente . Pero, para mí, la mejor novela negra es la que cumple este requisito, por eso Kirino me gusta tanto.

En el penúltimo capítulo, ya avanzado el diario de Kazue (la segunda víctima) comienza a perder fuelle. Se alarga demasiado, no añade mucha más a lo ya narrado y resulta inverosímil en algunos momentos. Aunque no se puede negar que retrata magníficamente la progresiva degeneración física y mental de quien lo escribe y su irremediable caída en la demencia. Luego, a medida que progresa el capítulo y se acerca la fecha de los crímenes, va mejorando y, antes de que acabe, vuelve a remontar. Lo que le salva son las mentiras (las de Kazue, Zhang, Yuriko, las de su manipuladora hermana mayor) que, junto a las del resto de capítulos, forman un conjunto de hilos con el que se teje la red que nos acerca a la verdad.

La versión que podemos leer en España es una traducción del inglés. Tengo entendido que el final se ha modificado para adaptarlo al gusto americano, así que no sé si criticar la incoherencia de la autora o renegar de sus traductores. Lo que no puede negarse es que las cuestiones que plantea le preocupan realmente – algunas, incluso, llegan a obsesionarla –, que no están concebidas como meros artefactos comerciales ni sus enrevesados argumentos han sido ideados pensando en el éxito de ventas. La trama transpira sinceridad y eso es de agradecer.

Amarga, pesimista, desesperanzada, cargada de tonos sombríos. Si existiese alguna luz para nosotras, parece decir la autora, sólo la encontraríamos más allá de la muerte, nada hay peor que seguir cumpliendo años siendo mujer. También es un lamento por la constante dominación masculina, aunque a veces se diría que la ensalza. O, quizá, la absoluta sumisión de los personajes femeninos constituya una crítica. Resulta difícil saberlo. De cualquier forma, el mundo sórdido y triste de la prostitución se presenta en toda su crudeza y, a pesar de una inconsistencia innegable (ese empeño en identificarla con la liberación femenina no sé muy bien cómo encajarlo), se ve que conoce bien el terreno que pisa, está llena de pasión y, sobre todo, de preguntas.

También de Kirino: Out

martes, 7 de agosto de 2012

Estampas veraniegas: Leer caminando

Desde que amanece apetece, eso está claro. Leer, digo. De lo contrario, este blog no tendría razón de ser, ni dispondríamos nosotros de material suficiente para reseñar un libro al día desde hace más de tres años.

Y en la lectura, como en todo, cada cual tiene sus posturas favoritas (no se nota NADA que hace apenas seis días publicamos nuestra mundialmente aclamada entrada "caliente", ¿verdad?), así como sus manías, sus fobias y sus filias. Y de eso trata precisamente la serie de reseñas que inaugura la entrada de hoy: de esas manías, fobias y filias (costumbres, en suma) de las que hacemos gala los que redactamos este blog.

Y, como tampoco es lo mismo leer en el sofá un lluvioso domingo de enero que pelearse con la arena al pasar de página en una playa paradisiaca, hemos decidido limitarnos —por lo menos de momento, y dadas las fechas— a escribir sobre nuestras costumbres lectoras veraniegas. Comenzamos con una de alto riesgo, no apta para torpes ni para vergonzosos: leer caminando.


** LEER CAMINANDO **

Esta modalidad de lectura les permitirá combinar el placer de un buen libro con la vivificante experiencia de respirar un poco de aire fresco o de torrarse al sol (dependiendo de la ubicación geográfica de cada usuario). Extraordinariamente, algunos sujetos han llegado a acusar una metamorfosis completa, mutando de ratas de biblioteca a ratones de campo. Así, investigaciones uladianas han demostrado sobradamente que integrar esta práctica en la rutina diaria puede contribuir a mejorar sustancialmente la calidad de vida de los lectores, especialmente la de los más ávidos y paliduchos.

No obstante, quienes se animen a probar esta modalidad de lectura deberán atenerse a las siguientes instrucciones. Advertencia: las autoridades uladianas no se responsabilizarán de los posibles daños humanos y materiales derivados de la puesta en práctica de esta modalidad lectora y, dado el caso, negarán —hasta tres veces si es necesario— su presunta relación con la impulsora de tan insensata iniciativa (ella misma alegará enajenación lectora transitoria).

1. Requisitos imprescindibles:
  • Sentido del ridículo: nivel bajo o nulo.
2. Requisitos deseados:
  • Coordinación psicomotriz: nivel alto o bilingüe.
3. Antes de la lectura, el usuario
  • escogerá el calzado más adecuado para la actividad propuesta: por motivos fácilmente dilucidables, las autoridades uladianas desaconsejan cordones y tacones;
  • planificará el itinerario más propicio para sus fines: por razones igualmente obvias, las autoridades uladianas recomiendan superficies llanas y homogéneas.
4. Durante la lectura, el usuario
  • evitará colisionar con otros viandantes, caminando en línea recta y manteniendo la distancia de seguridad aconsejada por las autoridades uladianas (referencia: dos ancianos y medio), esforzándose en todo momento por no perder el hilo de la lectura (véase punto 2);
  • guiará la progresión lectora con la punta del dedo índice que mejor concuerde con su orientación política, de modo que los ojos puedan retomar fácilmente la lectura después de una mirada de reconocimiento para redirigir la trayectoria o para saludar al vecino del quinto (véase punto 1);
  • mantendrá dentro de su campo de visión el mayor número de elementos posibles para evitar pisar pies, perros o excrementos humanos o animales.
5. Tras la lectura, el usuario
  • subsanará cualquier posible desperfecto físico derivado de su torpeza (o bajo nivel de coordinación psicomotriz);
  • releerá cualquier pasaje cuya lectura se hubiera visto interrumpida por la conversación mundana o entorpecida por la intromisión en su campo de visión de algún espécimen humano llamativo.
  • se aplicará aftersun en el cogote.

Próximas estampas veraniegas: leer en el avión, leer en la playa, leer en el parque, leer durmiendo (¿¡leer durmiendo¡?), leer en la cama vs. mosquitos, leer a 50º a la sombra y con moscas…

lunes, 6 de agosto de 2012

Evelio Rosero: La carroza de Bolívar


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2012
Valoración
: recomendable

La figura de Simón Bolívar parece estar en constante discusión en América: conforme cierta tendencia populista ha ido arraigando en los sistemas políticos, parece ser el icono favorito al que aferrarse para reivindicar cierto perfil de personalidad patriótica a nivel continental.

El ginecólogo que protagoniza esta novela contempla como su vida no es como la imaginaba, y que lejos está de ser idílica y perfecta. En una extraña decisión individual, paga a unos artesanos para que decoren una carroza de Carnaval con objeto de ridiculizar a un hombre adinerado de su ciudad. Otro hombre adinerado: él también lo es. Una ciudad colombiana, Pasto, particularmente diezmada en el pasado (episodio que se relata en el libro), en las sucesivas guerras de liberación, en el siglo XIX. Alertado por la posible repercusión de esa burla, toma una decisión aún más drástica: la carroza se modificará, pero  para pasar a ridiculizar a Simón Bolívar, el sacrosanto liberador del continente. Sobre el cual el doctor ya ha estado escribiendo un duro estudio crítico. Es 1966 y la noticia de esa nueva intención se extiende: pronto la presión empieza a ser asfixiante sobre los artesanos y sobre el propio doctor para que desestime tan descabellada idea, y la carroza no sea construida y, ni mucho menos, salga a desfilar. Pronto esa presión toma un cariz y emplea unos medios que van más allá de la aceptación de la crítica y la sonrisa ante la ironía. Aparece la violencia. Pero el doctor Proceso, irónicamente llamado Justo Pastor, consciente de que todo el atrezzo de su vida ha empezado a mostrarse como tal, decide no arredrarse y seguir adelante

Desfilan políticos, religiosos, militares, terratenientes, humildes artesanos. Hay episodios de escarceos amorosos, casi sátiras cortesanas. Cuando esa presión en contra de la construcción de la carroza, nada sutil, ya algo física, no resulta suficiente, un grupo de jóvenes, todos ellos ataviados con nombres inspirados en líderes soviéticos, decide tomar la justicia por su mano y no escatimar en medios para impedir el oprobio y la humillación de la puesta en duda del Libertador.

Es esa parte central, la dedicada por Rosero a narrar los testimonios que el doctor Proceso ha recopilado en su investigación , testigos que acreditan que Bolívar no fue tan heroico ni tan justo: que fue cobarde y alargó conflictos y dejó a sus tropas saquear y violar, cuando no lo hizo prácticamente él mismo, la que debe estar causando considerable revuelo. Es como si Rosero empleara el pretexto del doctor y de su carroza y de su investigación para criticar él mismo. El caso es que, aunque sobran páginas, seguro, para incidir con tesón en bajar el mito del pedestal, esta novela resulta disfrutable: porque está bien construida y bien escrita. Al lector ya bregado en literatura colombiana, le será familiar esa denuncia, presente en otros autores y libros. El hablado en Colombia no es, a mi juicio, el castellano más difícil de comprender. La estructura de la narración resulta apropiada: con ese interludio histórico, algo prolongado pero rico en datos y en intensidad dramática. El final, conforme se avecina el clímax, el día del desfile de la carroza, se torna algo confuso y equívoco. Parece que quien lee está en medio del gentío, de las personas disfrazadas, de las sombras escurridizas. Puede que sea premeditado, que todo quiera parecer como en ciertas escenas de cine.

Un ejercicio de buena escritura con intenciones sociales y políticas, pero no para todos los gustos. Hay que estar al día, e interesado, por el complicado panorama político centroamericano: el actual, y el que viene de siglos atrás, para disfrutar en profundidad esta novela. Se disfruta mucho, en ese caso. Si no, se puede hacer algo larga.

domingo, 5 de agosto de 2012

Colaboración: La maleta de Sergei Dovlatov

Idioma original: ruso  
Título original: Chemodan 
 Año de publicación: 1986
Valoración: Recomendable

Algún día, todos cabremos en una maleta.

El escritor ruso Sergei Dovlatov hace tiempo que ocupa una, la suya, la que le permitieron sacar de la vieja Unión Soviética y que llevó a los Estados Unidos, su última tierra de acogida. En ella acarreaba lo que pudo meter, una colección de calcetines verdes “made in Finland”, un traje para entierros, un gorro de auténtica piel de foca, unos guantes, los botines del alcalde de Leningrado, una camisa de popelín y la chaqueta de la celebridad cubista Ferdinand Leger.

Sergei Dovlatov. 3 de septiembre de 1941, Ufá, 24 de agosto de 1990, Nueva York. Judío, hijo de la farándula, escritor y cuentista. Probó con la filología finesa hasta su expulsión de la facultad. Sirvió en el ejército tres años. Intentó el periodismo, trabó amistad con Joseph Brodsky, ejerció como corresponsal por Estonia. Fue guía del museo Pushkin. El típico artista fichado por el KGB por diletante. El típico disidente que, aprovechando la flojera del estado soviético para asilarse en los Estados Unidos.

La maleta se inserta en la colección de libros que el autor dejó sobre su experiencia soviética y que, finalmente, publicó Nueva York, después de intentarlo sin fortuna en su tierra. Con la perspectiva del tiempo, el drama sabe a menos hasta convertir la miseria y el alcoholismo en un vodevil que firmaría el mismo Woody Allen. A veces, casi es mejor así. Lo favorece un humor sobrio y una prosa seca que caen a peso en el alma como tragos de vodka. Porque después del golpetazo suben los vapores que convierten la vida y la supervivencia en una gincana que incluye momentos de todo: desde peleas a trapicheos, de trabajos subterráneos ahogados en alcohol a historias de amor como témpanos, haciendo de soldado o de periodista en la tierra del silencio. De todo ello, Dovlatov hace recuento. Y saca para llenar una maleta. Microhistorias. Como quien coge lo imprescindible antes de salir corriendo.

Firmado: Tuli Márquez de la Nogal

Otros libros de Sergei Dovlatov reseñados en Un Libro Al Día: El compromiso,  La zona, Retiro, La extranjera

sábado, 4 de agosto de 2012

Andrea Camilleri: El campo del alfarero

Idioma original: italiano
Título original: Il campo del vasaio
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Ya en otras entradas me he confesado fan (casi) incondicional de Andrea Camilleri: he perdido la cuenta de cuántas novelas del comisario Montalbano me he leído, y a estas hay que añadir tres o cuatros libros más que no pertenecen a esta serie (El traje gris, Las ovejas y el pastor, La intermitencia...). Así que cuando cojo una de sus novelas, muy especialmente si son de la serie policiaca, no busco que me sorprenda, sino todo lo contrario: volver a encontrarme con viejos conocidos: el socarrón y epicúreo comisario Montalbano, la siempre esquiva Livia, el torpe Catarella, Mimì y Fazio... y ese ambiente entre corrupto y cutre de la Italia retratada por Camilleri.

Y eso es exactamente lo que se encuentra en El campo del alfarero, una más (la número trece en orden cronológico, aunque no creo que nadie las lea en orden cronológico) de las novelas protagonizadas por Montalbano. En este caso, la trama arranca con la aparición de un cadáver descuartizado en un campo de arcilla (de ahí el título), que mezcla a la mafia con los cartel de droga colombianos y que lleva a Montalbano a enfrentarse a la traición dentro de su propio equipo. El argumento policial, como suele ser el caso con Camilleri, está bien llevado, aunque nunca alcanza la complejidad de un Mankell, por ejemplo.

Pero como siempre lo mejor, lo que hace que Camilleri sea diferente -y mejor, a mi parecer- que la mayoría de los escritores de novela policiaca que hay por ahí, es el humor cínico y ligeramente cruel que abunda en la novela: sobre todo en Montalbano, que como es más inteligente que casi todos los que le rodean puede reírse o jugar con ellos casi a voluntad -lo que no quiere decir que siempre se salga con la suya-; pero también en la descripción de personajes, a veces estereotípicos, sin duda (como esa Dolores colombiana, un leopardo sensual de olor a canela) o caricaturescos, como el inspector Lattes, al que apodan Latte e mele por su empalagosa amabilidad.

Un detalle curioso de esta novela es que, además de las ya habituales intertextualidades que tanto le gustan a Camilleri -a lo mejor para demostrar que, aunque escriba novela policiaca, es un hombre culto-, en este caso también se pone "cervantino" y autoficcional, al incluir en el texto una referencia, que se demostrará clave, a una de sus propias novelas (no de la serie Montalbano, claro): La desaparición de Patò. 

En fin, que es una buena novela policiaca, en la línea de casi todas las de Camilleri. Nada más, y nada menos.

También de Andrea Camilleri en ULAD: Aquí

viernes, 3 de agosto de 2012

Ramiro Pinilla: Verdes valles, colinas rojas 1: La tierra convulsa

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: recomendable

Sí, es verdad que Verdes valles, colinas rojas es una unidad y que no se debería reseñar volumen a volumen, sobre todo porque la trama no está completa y es difícil saber si determinados elementos que ahora parecen algo tangenciales luego cobrarán importancia; pero bueno, me arriesgo, sobre todo porque hacer una sola reseña para una novela de 2400 páginas parece poco...

Con esta novela, Ramiro Pinilla parece haber querido escribir la gran narración épica del País Vasco en el tránsito crucial entre el siglo XIX y el XX. Para conseguirlo, se centra en la historia de dos familias de Getxo, pertenecientes por tanto al mismo entorno humano pero a clases sociales diferentes: los aristócratas Baskardo-Onaindia, y los baserritarras Altube. Con una estructura polifónica y compleja cronológicamente, Pinilla nos presenta las historias más o menos entrelazadas de diversos personajes pertenecientes a ambas familias en un amplio periodo de tiempo (entre 1880 y 1940, aproximadamente, al menos en este primer volumen).

Verdes valles... está estructurada a partir de varias dicotomías bastante evidentes, ya desde su título: clase alta / clase obrera; Getxo / Arboleda; margen derecha / margen izquierda; vida rural / vida urbana, y sobre todo nacionalismo / socialismo. Esta oposición de dos cosmovisiones opuestas ("lo de aquí, lo de siempre, lo bueno", frente a "lo de fuera, lo nuevo, lo malo") es fundamental, ya que estructura casi toda la novela, y condiciona el comportamiento y el destino de varios de los personajes, si no todos. Por ejemplo, la incapacidad de Roque Altube para comprender y asimilar los movimientos obreristas de las minas, y su rechazo a renuncia a su universo Getxotarra, provocará su caída en desgracia, la de Isidora y la de su hija Teresa.

Curiosamente, Pinilla (un acérrimo opositor del nacionalismo como ideología) cuestiona pero no desactiva completamente algunos de sus tópicos esenciales: de hecho, es una "extranjera", la misteriosa Ella, quien viene a romper el paradisíaco equilibrio del Getxo rural (los paralelismos bíblicos son bastante fáciles de encontrar, y probablemente deliberados), introduciendo la semilla del rencor, la envidia y la lujuria -además de la mercantilización de la tierra, algo nunca visto "entre vascos". Tampoco las figuras del maketo impotente Román, o de la exuberante Anaconda, parecen dar una visión excesivamente positiva de todo lo llegado de fuera.

Así contada, puede dar la impresión de que la novela es una cosa demasiado intelectual y demasiado conceptual, y es verdad que a ratos es así, que se nota por momentos la mano de Pinilla moviendo el universo narrativo para "llevar el agua a su molino". Pero también hay que decir que en otros momentos Pinilla demuestra ser un narrador con mayúculas, capaz de crear personajes, diálogos y escenas verdaderamente memorables: la cacería de llamas, el naufragio, el momento de la revelación de Ella como germen de todo mal...

El mayor defecto que le veo (por ahora) a Verdes valles, como era de esperar, es su verbosidad: no solo se incluyen en la novela todo tipo de materiales e historias distintos, a veces poco relacionados con la ya de por sí vaga trama argumental, sino que cada uno de ellos se cuenta con morosidad y detenimiento, con una alergia peligrosa al resumen o la elipsis. Ciertas situaciones (por ejemplo, las sucesivas huelgas mineras) resultan repetitivas y demasiado demoradas; otros capítulos -especialmente los que se remontan a una especie de pasado mitológico vasco- parecen entorpecer la narración más que enriquecerla.

Y como esta es solo la reseña del primer volumen de la novela no puedo dejar aquí conclusiones, sino solo un "Continuará...". Continuará... cuando termine de leerme el tomo 2: Los cuerpos desnudos (el título promete, desde luego...).

La obra casi completa de Ramiro Pinilla en ULADSenoLa higueraVerdes valles, colinas rojas 2 y 3Aquella edad inolvidableSolo un muerto másHuesosCadáveres en la playaEl cementerio vacíoLas ciegas hormigasLos cuentos