Título original: 五香街
Traducción: Blás Piñero
Año de publicación: 2002
Valoración: Recomendable
Disclaimer: cometí el grave error de leer simultáneamente esta novela de Can Xue y una de Krasznahorkai. Ya no sé ni qué estoy leyendo.
Con saber las influencias de Can Xue se pueden dar una idea de por dónde va este libro: Kafka, Camus, Jung, Freud y mucha literatura clásica china que desconozco, pero a la que se hace alusión en las múltiples notas del traductor, principalmente relacionadas con el confucianismo y el budismo.
La novela es la anticipación de algo que nunca ocurre, una postergación insufrible, muy al estilo de Franz “Daddy Issues” Kafka, en un mundo lleno de simbolismos oníricos, paranoia colectiva y una atmósfera distópico-judeo-bolchevique que parece inventada por un burócrata con fiebre.
Sí, como ya se lo imaginan: es una novela confusa, que parece no avanzar. La trama es una espiral que oscila alrededor de la Señora X, una mujer que llega a la calle de los cinco aromas desde un lugar indeterminado para irrumpir en la indolencia del barrio. La Señora X se nos presenta como una mezcla de diferentes arquetipos de excepción: es la bruja, el súcubo, el flautista de Hamelin, el ángel del apocalipsis. Es una figura camaleónica, manipuladora, pero que al mismo tiempo parece habitar un plano paralelo desde donde mira hacia esta dimensión a través de un espejo, o de un microscopio.
Los habitantes de la calle, por su parte, reaccionan ante ella como una comunidad que descubre de pronto que tiene conciencia, pero no sabe qué hacer con ella. La observan, la juzgan, la desean, la temen, la convierten en mito, en amenaza, en chisme, en explicación universal de todo lo que no entienden. La Señora X solo necesita existir para que la gravedad a su alrededor se trastoque. Su presencia descompone el orden mediocre del lugar.
Lo más extraño es que la novela avanza precisamente porque nada se concreta. Cada página parece prometer una revelación definitiva, una escena central, un acontecimiento que por fin explique quién es la Señora X, qué quiere, qué representa, qué demonios está pasando en esa calle. Pero Can Xue no da su brazo a torcer. No es que no de respuestas, es que ni siquiera se llega a plantear una pregunta concreta.
No es una novela amable. A ratos se siente como escuchar a varias personas discutir sobre un crimen que no ha ocurrido, o sobre un milagro que nadie vio, pero del que todos tienen una opinión moralmente superior. Algunas veces llega a ser irritante, como si Can Xue tuviera algo en contra de nosotros.
Y, sin embargo, hay algo hipnótico en todo esto. Llegué al final de la novela sin saber qué había pasado.
Si recomiendo La calle de los cinco aromas es precisamente por su extrañeza. Recomendada para quienes disfrutan de la literatura incómoda, alegórica, circular, paranoica y con personajes que parecen tener más inconsciente que personalidad.
Por último, como cereza del pastel, las notas del traductor nos ofrecen un panorama amplio sobre la cultura e historia China, principalmente durante el Maoísmo.
Les aconsejo leer este libro con una ópera de Philip Glass de fondo, solo para que la cuña apriete.

1 comentario:
Excelente reseña, Alain. Me ha hecho reír en un par de ocasiones.
El libro me llama poderosamente la atención. Soy muy fan de la literatura falsamente inerte y estanca, de simbolismos esquivos y carga onírica, que tú tan bien asocias con Franz Kafka (sobre todo El Castillo y El proceso). En esta línea recomiendo también El retorno de Walter de la Mare, La otra parte de Alfred Kubin y Los veinte días de Turín de Giorgio de Maria, aunque creo que las tres novelas citadas, pese a su satisfactoria ambiguedad, no son ni la mitad de crípticas que la que tú has reseñado.
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