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martes, 15 de abril de 2025

Colaboración: Galveias, de José Luís Peixoto

Título original: Galveias

Traductores: Pilar del Río y Antonio Sáez Delgado

Año de publicación: 2016

Valoración: Muy recomendable


Tan lejos, tan cerca. Nos llega muy poca información sobre la literatura que se está haciendo en Portugal y apenas podemos nombrar escritores de aquel país aparte de Saramago y Pessoa. Estamos a tiempo de remediar ese desconocimiento y quizás este excelente libro de Peixoto pueda contribuir a ponerle remedio.

Nos propone en este libro el escritor portugués una novela coral por la que van desfilando las vidas de los habitantes de un pueblo del Alentejo portugués, Galveias, cuyo día a día se ve sacudido por el impacto de un meteorito que impregna de olor a azufre la atmósfera del lugar.

Aprovecha Peixoto la anécdota del meteorito, casi un Mcguffin a la manera de Hitchcock, para irnos desgranando capítulo a capítulo las vivencias de una entrañable galería de personajes que, con sus alegrías y miserias, conforman un universo de vidas que se van entretejiendo y cuya suma constituye el alma colectiva del pueblo.

El ritmo de la narración es deliberadamente lento. El autor portugués se propone integrarnos en la atmósfera diaria del pueblo a través de los pequeños detalles de las vidas de sus habitantes que en casi todos los casos comienzan siendo asuntos privados, casi secretos, pero que acaban involucrando al resto de la colectividad. Todo ello con un lenguaje minucioso, poético, tratando con gran humanidad a unos personajes que, en la mayoría de los casos, nacieron y morirán en el pueblo y que se plantean su vida como una cuestión de supervivencia y una adaptación a las circunstancias que les han tocado vivir utilizando los escasos recursos que tienen a su alcance.

Merece la pena recrearse en un fragmento, una reflexión de uno de los personajes en la que nos describe su lugar en el mundo y en la que podemos vislumbrar la riqueza del lenguaje narrativo en que se mueve Peixoto: “Todos tenemos un lugar donde la vida se ajusta. Cada mundo tiene un centro. Mi sitio no es mejor que el tuyo, no es más importante. Nuestros sitios no pueden compararse porque son demasiado íntimos. Donde existen solo nosotros podemos verlos. No vale la pena explicar nuestro sitio, nadie va a entenderlo. Las palabras no soportan el peso de esa verdad, tierra fértil que viene del pasado más remoto, manantial que se extiende hasta el futuro sin muerte”.

Firmado: José Miguel Martínez

Otras obras de José Luís Peixoto reseñadas en ULADEl camino imperfecto

sábado, 4 de junio de 2022

Lev Tolstói: La mañana de un terrateniente

Idioma original: ruso

Título original: Утро помещика

Traducción: Selma Ancira

Año de publicación: 1856 (en castellano, que yo sepa, 2021)

Valoración: Recomendable


Acantilado viene aplicando hace tiempo la política de rescatar títulos poco conocidos de autores relevantes, como Pessoa, Erasmo, Colette o Auden, varios de los cuales hemos traído ya al blog. Creo que también Tólstoi ha visto publicada alguna otra obrita anterior en este catálogo. Y no hace mucho comentaba sobre los posibles prejuicios (positivos o negativos) con que existe el riesgo de que se afronten estas lecturas, así que no me voy a repetir. En el caso del gran autor ruso, aviso solamente que el libro que nos toca hoy tiene un trasfondo autobiográfico que puede añadir interés para sus fans.

Don León, como se le conocía tradicionalmente por estas tierras, procede de un cierto linaje aristocrático, aunque por lo visto tuvo desde joven inquietudes en torno al bienestar de los más desfavorecidos, y desarrolló algunas iniciativas en beneficio de los campesinos, no tengo claro si se trataba una escuela gratuita o algo parecido. El carácter autobiográfico que decía antes queda claro si pensamos que Tolstói tenía unos treinta años cuando escribió el libro, tal vez menos, y esa preocupación por la situación de los más miserables había brotado ya con fuerza, seguramente preludiando la deriva filosófica que le dominó con el paso de los años, una mezcla de altruismo y religiosidad que sedujo a un amplio y heterogéneo grupo de admiradores.

El alter ego del autor es entonces el joven príncipe Nejliúdov, un joven terrateniente que abandona sus estudios para dedicarse de lleno a mejorar las condiciones de vida de sus mujiks, los campesinos sin propiedades que trabajaban las tierras del señor a quien les unía una relación poco menos que feudal. El chico tiene una especie de revelación, una visión muy clara de lo que quiere hacer, acercarse personalmente a sus campesinos e intentar mejorar su situación. Desde el principio es consciente de que nadie en su entorno, ni siquiera su querida tía y consejera, va a apoyarle, pero no por ello se desanima, y emprende un recorrido por unas cuantas isbas en las que residen algunos de esos aldeanos para conocer sus necesidades.

Lo que va encontrando es algo que a buen seguro supera las negras expectativas que se había planteado. Churis es un viejo que vive en una choza infrahumana, la tierra que le corresponde es incapaz de dar ningún tipo de fruto, está enfermo y sin fuerzas, y responde con sutil ironía a cuantas posibilidades de mejora le propone Nejliúdov. Solo tiene un hijo varón, apenas un chaval y, en uno de los momentos más duros y clarificadores del relato, se niega en redondo a que vaya a la escuela porque el hijo constituye su única posibilidad de ayuda. Yuvanka no está en mucho mejor situación, es un borracho cuya aspiración es vender un caballo para poder seguir pagando el alcohol que consume. Davidka es un muchacho albino, gordo y pasivo, quizá con algún tipo de problema, a quien su madre no consigue hacer que trabaje. A Dutlov las cosas parece que le van mejor, apoyado por sus dos hijos, pero es especialmente celoso de que nadie sepa el dinero que tiene, ni siquiera su señor, y ha construido una burbuja en la que prosperar dentro de lo que cabe sin interferencias externas, seguramente consciente de su situación excepcional.

En ese mundo inhóspito de temperaturas gélidas, maderas podridas, tierra infértil y pobreza extrema el príncipe se mueve con dignidad, intentando resultar cercano sin abandonar su status, y aportar ideas, luchando por evitar que sus ideales se tambaleen, aunque es a cada paso más consciente de la dificultad de la empresa. Porque aquí surgen con toda su crudeza algunas de las taras clásicas asociadas a eso que se llama el alma rusa, singularmente el fatalismo, que a veces se traduce en la muy conocida afición al alcohol, y casi siempre en una cierta pasividad, la incapacidad para buscar una salida, el sometimiento al sistema y la convicción de que lo único que se puede hacer es intentar sobrevivir con lo que a cada uno le ha tocado.

Nejliúdov, siempre bienintencionado, intenta atender a las necesidades más inmediatas de sus campesinos, les invita a cambiar de isba, les ofrece trigo, intenta cambiar sus costumbres, pero choca siempre con la negrura de quienes han aceptado su destino como irrevocable y reciben con cierta sorna, cuando no con desconfianza, las buenas palabras de su amo. El inevitable paternalismo del joven idealista se va así encontrando con un muro que le deja claro lo complicado que será llevar adelante sus propósitos. No bastará con buenas palabras ni con una ayuda momentánea, nada cambiará en lo sustancial mientras el sistema siga funcionando de la misma manera, y removerlo ni es su intención ni, a lo que se ve, la de quienes deberían estar luchando por cambiarlo.

El viejo maestro ruso, aun todavía en una fase casi embrionaria, nos deleita con su estilo limpio, elegante pero directo, pero sobre todo nos invita a pensar en la situación: nadie pone en cuestión el funcionamiento de las cosas pero, aun dentro del esquema, es el señor quien intenta mejorarlas, y sus campesinos quienes se muestran más inmovilistas. Cuestiones que, más que con la economía o la política, tienen que ver con la cultura y una determinada forma de ver el mundo.


Otras obras de Lev Tolstói en ULADGuerra y pazAnna KareninaSonata a KreutzerLa felicidad conyugalLa muerte de Iván IlichLos dos húsaresLa mañana de un terrateniente


viernes, 17 de diciembre de 2021

Flann O'Brien: La saga del sagú de Slattery

 Idioma original: inglés

Título original: Slattery's sago saga

Año de publicación: 1973 (póstuma)

Valoración: Más que recomendable (de haber mantenido el mismo nivel)


Flann O’Brien es uno de los muchos seudónimos –más bien especie de heterónimos al estilo de Pessoa– de Brian O’Nolan, un escritor y articulista admirado por Borges, Graham Greene, Joyce o Beckett, y este texto, de haber vivido él lo suficiente, habría sido una novela. Su temprana muerte lo convirtió en relato inacabado, pero lo que aporta bastó para que se publicase enseguida tal como lo había dejado su autor. Es verdad que en un principio nadie se arriesgó a independizarlo, siempre se agrupaba con otras piezas cortas suyas hasta que alguien decidió lanzarlo como obra con entidad propia, y pienso que fue un acierto.

Claro que si se animan a leerlo tienen que estar prevenidos, porque el lector de La saga del sagú tiende a enfrascarse tanto en la trama, se siente tan cómodo en la comarca irlandesa dónde tiene lugar la acción y entre esos personajes tan estrafalarios, que no repara en que apenas le quedan un par de páginas. De repente, y en pleno disfrute, tenemos que frenar en seco y nos quedamos parpadeando. ¿Ya? Pues sí, el estado de salud de una persona no entiende de proyectos. Así que tienen que estar preparados, fijarse en el grosor de lo que queda y no ilusionarse con que podrán prever el resto de la historia. A esta le faltan, probablemente, más de sus tres cuartas partes, lo que supone muchas otras escenas hilarantes y un desenlace probablemente sorpresivo que jamás podremos leer, pero eso no debe ser obstáculo para que degustemos las que han sobrevivido. Eso sí, les aseguro que no se trata de un borrador, que su contenido es tan regular, coherente y su forma tan cuidada como los de cualquier obra concluida, incluso mejor que muchas de ellas.

Lo que van a encontrar es humor absurdo, crítica social e imaginación a raudales, todo ello marca de la casa, y unos personajes tan entrañables como obsesivos. Lo mejor de todo es que las manías recurrentes no proceden de sus mentes retorcidas sino más bien de un estatus social y unas preocupaciones colectivas, llámenlos prejuicios si quieren, que determinan su forma de ver la vida, de vivirla y, en algún caso, de resolver conflictos que afectan a todos. ¿Conocen a alguien que siendo –o sintiéndose– millonario decide comprar todo el terreno cultivable de un país con el único propósito de beneficiar a otro? Naturalmente, quien se sacrificaría sería Irlanda y el gran ganador ¡oh sorpresa! nada menos que USA, que se libraría de la presencia irlandesa gracias a la complicidad (y al dinero) de un irlandés. Podemos deducir que aquí no se salva nadie, ni de un lado ni del otro. Estos y otros personajes, cuyas descacharrantes ideas y acciones nos provocarán carcajadas constantes se posicionan claramente, señalan desajustes importantes, desvelan, por una parte, una mentalidad anclada en la tradición e inamovible (cazurros los llamaríamos por aquí), por otra, una tendencia a idear proyectos delirantes derrochando cantidades desorbitadas. Adivinen, si pueden, quién es quién. Fácil ¿verdad?

Bien, pues el tono ácido no se ciñe exclusivamente a los hechos, alcanza incluso a patronímicos y topónimos. En cuanto al asunto central es, como era de prever, fundamentalmente económico. Petróleo y patatas. El primero quiere eliminar de la faz de Irlanda a las segundas y para lograrlo la gran MacPherson –escocesa, por cierto– ha concebido su demencial proyecto. ¿Empieza a apetecerles el menú? Pues esto no es más que el punto de partida.  Por desgracia, el estado de Texas no tuvo tiempo de convertirse en escenario más que de forma muy indirecta, pero O’Brien planeaba que dos tercios de la novela tuvieran lugar allí. Y hasta soñaba con que la llevase al cine nada menos que John Huston.

Otras obras del autor: Re-reseñaLa vida dura, La boca pobre, El tercer policía, En-Nadar-Dos-PájarosCrónica de Dalkey

lunes, 26 de julio de 2021

2*1: "Contra vosotros" (Mercedes Soriano) y "Aposento" (Miguel Ángel Muñoz)

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1991
Valoración: muy recomendable alto

30 años han pasado desde la publicación de "Contra vosotros", 30 años que pueden parecer edades geológicas para una obra que había sido sepultada en el olvido hasta este 2021 en el que, por suerte para nosotros y gracias a La Navaja Suiza y a Miguel Ángel Muñoz, podemos (re)descubrir a Mercedes Soriano.

Desde luego, tras la lectura de "Contra vosotros" quedan la sensación de injusticia cometida por el "establishment literario" y la intención de reparar, en la medida de nuestras posibilidades, ese olvido. Porque "Contra vosotros" es un texto impactante y radical, aunque no totalmente novedoso (todo está ya inventado a estas alturas, ¿no?), que pese a ser en cierto modo fruto de su tiempo permanece plenamente vigente en planteamiento y mensaje.

En el aspecto formal, "Contra vosotros" está constituido por 7 monólogos interiores de 7 personajes diferentes (con voces perfectamente reconocibles, lo cual no es nada fácil) cuyas vidas se rozan en determinados momentos y una brutal coda / alegato / diatriba final. Monólogos, personajes e historias de diferentes origen y condición, marcados en su mayoría por el desencanto, la insatisfacción, el miedo y una continua indagación autoexploratoria y en un tono muy muy bernhardiano. Y es que al igual que la obra del austríaco construía desde lo autobiográfico una feroz crítica a la sociedad de sus tiempo, el texto de Soriano es la crónica de la derrota de una generación (o de parte importante de ella), de las esperanzas incumplidas, de los deseos truncados, etc. Esta generación no es otra que la que vio la muerte de dictador y el acceso al poder del PSOE en 1982, la que oyó los cantos de sirena y pereció ahogada entre la seguridad y la culpa, entre la autorrepresión y el conformismo.

Resumiendo en una sola frase: texto casi imprescindible por complejidad y atrevimiento estilístico, por fondo y por forma, que nos pone frente a un espejo al que no resulta nada cómodo mirarse.

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Idioma original:
Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Muy recomendable

Completamos el 2*1 con "Aposento", texto de Miguel Ángel Muñoz que nace de la atracción del autor por la figura de una Mercedes Soriano que, cuando apenas contaba con 40 año y formaba parte de "lo más granado de la literatura española del momento (Alfaguara, El País, etc), dejó Madrid y dejó de publicar y se refugió en un pequeño pueblo almeriense, lugar de origen de Muñoz.

Comienza así la búsqueda de una clave imposible que explique las razones de la decisión de Soriano, una búsqueda que es la mismo tiempo "exterior" e "interior" y que lleva al autor a reflexionar sobre lectura, escritura y vida, siempre con la idea de la trasformación, el "escondite" y el alejamiento como reconstrucción personal. No tiene nada que ver, es obvio, pero me vienen a la cabeza Arturo Belano y Ulises Lima en busca de Cesárea Tinajero. Cosas mías.

El caso es que "Aposento" no es una búsqueda al uso o una narración al uso de ese búsqueda. Porque aquí cabe el "ensayo", el diálogo  imaginado con la autora, la lectura de su obra, la narración "pura"...  Reflexiones, conexiones, referencias, resonancias e hilos que nos acercan a autores más o menos célebres que, en un momento dado, decidieron apartarse del mundo: Quignard, Pessoa, Emily Dickinson...; historias  que nos llevan de lo personal a lo general, de la obra de Mercedes Soriano y del Madrid de los 90 al Cabo de Gata del siglo XXI en una pesquisa cuya importancia no reside tanto en las respuestas encontradas como en las preguntas planteadas.

P. S.: Para que os hagáis una idea de lo que la lectura de estos dos textos han supuesto, al día siguiente de terminar la lectura de "Aposento" encargué "Historia de No", primera obra de Mercedes Soriano. En un tiempo la reseñaremos en el blog. No hay duda

domingo, 27 de septiembre de 2020

Fernando Pessoa: El mendigo y otros cuentos

 

Idioma original: portugués

Traducción: Roser Vilagrassa 

Año de publicación: 2012 (en castellano, 2019)

Valoración: Se deja leer 


Reconozco que tengo una idea muy limitada acerca de la obra de Fernando Pessoa, aunque tengo entendido que la mayor parte fue publicada después de su muerte. Así que, a la vista de este librito publicado por Acantilado el año pasado, me arriesgaré a decir que me parece por encima de todo un trabajo de bibliógrafo, el rescate de textos perdidos con los que satisfacer a completistas y estudiosos. Un trabajo, eso sí, muy bien hecho y editado con pulcritud, con la firma de Ana Maria Freitas, también responsable de otros volúmenes de Pessoa publicados por la misma editorial. Como es natural, Freitas debe ser experta en este autor sobre parte de cuya obra nos ilustra en el prólogo, explicando el conocido uso que Pessoa hace de los heterónimos, la conexión entre distintos textos y parte de la labor investigadora que dio lugar al libro del que hablamos hoy. Se trata en su mayor parte, nos cuenta Freitas, de esbozos, fragmentos o relatos inconclusos que tienen en común poco más que el aspecto exterior de un material narrativo y una extensión casi siempre escasa. Alguno de ellos fue escrito en el reverso de varios sobres, una cosa bien romántica y muy literaria, desde luego.

Hay que agradecer también a la editora y prologuista que nos ponga en antecedentes sobre algunas singularidades de los relatos. Se refiere a varios de ellos como ‘cuentos estáticos’, es decir, en los que no hay acción alguna, sino una corriente de reflexiones de diversa índole que un personaje (normalmente un individuo solitario más o menos misterioso: el mendigo, un ermitaño, un borracho) comunica a otro sin solución de continuidad. Gracias a la advertencia el shock del pobre lector queda un poquito atenuado, porque justamente son los tres o cuatro ‘relatos’ iniciales los que más decididamente muestran este formato. Aparece ese hombre peculiar y en dos líneas ya está lanzando su perorata sobre la vida y la muerte, la existencia, los placeres… pido disculpas porque sinceramente no me he detenido mucho en los detalles, pero las disertaciones suenan alguna vez a Coelho (con perdón), unas cuantas más a Cioran, y en ocasiones tienen un cierto tinte esotérico que se explica por algunas aficiones del poeta portugués. Vamos, que serán textos muy interesantes para quienes deseen profundizar en el pensamiento de Pessoa, pero seguramente para nadie más. Así que no sé cuál es el criterio para haber colocado los cuentos en ese orden, pero parece hecho a propósito para que el lector abandone cuanto antes.

Porque un poco más adelante las cosas mejoran hasta cierto punto. La afición de Pessoa hacia el ocultismo y cosas de esas se deja ver en El peregrino, el relato más largo y más elaborado, aunque también está inconcluso. Si bien nuevamente se inicia con la aparición de un misterioso hombre de negro, aquí sí que encontramos desarrollo, aunque también muy peculiar. El cuento tiene un indudable aroma a Las bodas alquímicas de Andreade por lo que es también un viaje iniciático; pero puede verse igualmente como una larga parábola en la que se van desgranando las virtudes que deben adornar al ser humano, y que el protagonista va encontrando en las sucesivas mujeres de las que se va enamorando. Una vez más el contenido responde con claridad a las reflexiones filosóficas de Pessoa, pero resulta mucho más gratificante para el lector. Incluso cuando se interrumpe la narración y se completa con unas notas rápidas sobre su posible continuación el texto adquiere una mayor agilidad que hace más fácil la comprensión del conjunto.

Lamento no tener el libro a mano (y no tener costumbre de tomar notas), porque hay algunos relatos más que tienen cierto interés. Uno es el titulado Maridos, en que la voz la tiene una mujer que se ha cargado al suyo, y hace un alegato muy pasional durante su juicio. Es una mujer asqueada de su vida de esposa hasta el fondo de su existencia, y es el suyo un muy duro discurso que podría definirse como feminista avant la lettre, una pieza rompedora que, lejos de quedarse en la superficie de hechos cotidianos, escarba en el derrumbe de toda una vida de una forma realmente sorprendente. Lo que podría parecer la otra cara de la moneda es el titulado (creo) El papagayo, donde se confiesa un hombre cuya personalidad va quedando borrada de forma inexorable por su pareja, otro ejemplo de esas existencias consumidas por las circunstancias, por una elección errónea o por el destino mismo.

Otros cuentos son apenas inicios truncados, asomos de historias sin continuidad, que hacen pensar hasta qué punto Pessoa pudo haberles dado desarrollo y convertirlas en historias más o menos poderosas. Nos quedamos con las ganas de saberlo, pero es lo que tienen este tipo de ediciones de material inédito o disperso, que al erudito le resultarán apasionantes, pero al lector estándar, aun cuando pueda encontrar destellos de verdadero interés, le dejan un tanto descolocado. 

Otras obras de Fernando Pessoa en ULAD: Libro del desasosiegoQuaresma, descifradorEl banquero anarquista



jueves, 1 de noviembre de 2018

Biblio-Necrophiliac Quiz 2018:


¡Feliz día de Todos los Santos y, mañana, día de los Fieles Difuntos a todo el mundo! Sabemos que muchos de nuestros lectores son unos empedernidos necrófi... bibliófilos y, sin duda, más de uno aprovecha sus vacaciones para visitar el Pére Lachaise, la abadía de Westminster o, aunque sea, el cementerio de La Almudena (vale, o La Recoleta), en busca de las tumbas de sus autores favoritos. Bueno, tampoco hace falta ser tan friki: en los suplementos literarios y en los blogs abundan, y más en estas fechas, los reportajes sobre los sepulcros de muchos escritores y escritoras que han honrado a nuestra especie con su presencia y obra (incluso el escritor holandés Cees Nooteboom escribió el libro Tumbas de poetas y pensadores). ¡Veamos si tanta información nos ha aprovechado realizando este rápido y divertido test, nuestro Biblio-Necrophiliac Quiz, sobre las últimas moradas de algunos/as muy insignes literatos/as!


Quien acierte todas las respuestas podrá participar en el sorteo de una fabulosa, aunque escalofriante, velada espiritista a cargo del Profesor Eggbá, sacerdote de la religión yoruba, reconocido sanador de todo tipo de enfermedades, incluidos el SIDA, el ébola, la alopecia y las hemorroides, experto en hechizos de amor, salud y trabajo, y célebre médium, intermediario en la comunicación con los muertos, a voluntad y bajo pedido... (ya sé que tal currículum resulta asombroso, pero si no te fías de un folleto que te dejan en el limpiaparabrisas del coche, ¿de qué te vas a fiar?).

Pues en palabras del, en cambio, inmortal Peter Pan: Here we go! Prohibido, eso sí, consultar la wikipedia o similares; no seáis tramposillos. Ni tramposillas... ; )

1- Venga, una facilita para empezar: ¿En que hermosa localidad mallorquina (perdón por la redundancia) se halla la tumba del escritor Robert Graves (perdón por otra redundancia)?
A/ Palma
B/ Calviá
C/ Deiá
D/ Magaluf

2- ¿Qué dejan sus muchos admiradores, según marca la tradición, en el sepulcro parisino de Oscar Wilde?
A/ Cartas de amor
B/ Besos
C/ Lazos de cintas arco iris
D/ Cajas de ansiolíticos

3- ¿Y sobre la tumba de qué famosa escritora lo que se deja son corazones formados con piedrecitas?
A/ Marguerite Duras
B/ Colette
C/ Barbara Cartland
D/ Patricia Highsmith

4- Ya puestos: ¿junto a la tumba de qué escritor, un pelín dipsómano, una figura misteriosa dejó durante muchos años una botella de coñac, en cada aniversario de su nacimiento?
A/ Edgar Allan Poe
B/ Malcolm Lowry
C/ Charles Bukowski
D/ Ernest Hemingway

5- ¿En la lápida de qué otro exitoso escritor podemos ver grabado un drakkar o barco vikingo?
A/ Stieg Larsson
B/ Michael Crichton
C/ Edison Tesla Marshall
D/ Jorge Luis Borges

6- ¿Qué famoso/a escritor o escritora está enterrado/a en plena naturaleza, al pie de un haya centenaria?
A/ Virginia Woolf
B/ Lev Tólstoi
C/ Isak Dinesen
D/ Bruce Chatwin

7- ¿De qué eximio autor, gloria de las letras de su patria, no estamos por completo seguros de dónde yacen sus restos (o al menos todos sus restos)?
A/ Miguel de Cervantes
B/ Fernando Pessoa
C/ William Shakespeare
D/ Todos ellos

8- ¿Y, en cambio, qué otro poeta, no menos insigne, dispone para su descanso eterno de dos sepulcros, dos (aunque sólo repose en uno de ellos, como es lógico)?
A/ Dante Aligheri
B/ Walt Whitman
C/ Reiner Maria Rilke
D/ Pablo Neruda

9- ¿En la tumba de qué gran escritor del género fantástico podemos contemplar una escultura que representa, precisamente, a ese autor saliendo de su propia tumba, cual walking dead ansioso por merendarse nuestros cerebros?
A/ Jules Verne
B/ H. P. Lovecraft
C/ Bram Stoker
D/ Richard Matheson

10- ¿Junto a la tumba de qué conocido/a autor /a de novelas detectivescas, situada en el no menos célebre Poet's Corner de Westminster, sus seguidores tienen permiso, por su cumpleaños y siempre que vayan vestidos como los personajes de sus novelas, a tomar el té con sandwiches de pepino?
A/ Arthur Conan Doyle
B/ Agatha Christie
C/ Michael Innes
D/ Esto es un INVENT como el Big Ben de grande, porque yo estuve en Londres de viaje con el insti y no recuerdo que ninguno de ésos estuviese enterrado allí...

Y para los obse... eruditos del tema, bonus extra, ya para nota:

11- ¿El cantante de qué mítica banda de heavy-metal intervino recientemente en la inauguración de una nueva lápida en la tumba del poeta, pintor y visionario William Blake, de quien es devoto admirador?
A/ Ozzy Osbourne, de Black Sabbath
B/ Bruce Dickinson, de Iron Maiden
C/ James Hetfield, de Metallica
D/ Jon Bon Jovi, de... vale, olvidémoslo

Las respuestas correctas, después de la preceptiva visita al tío Marcel:



Respuestas lúgubre y aproximadamente correctas: 
1-C/  2-B/  3-A/  4-A/  5-D/  6- C/ 7-D/  8-A/  9-A/  10-D/  11-B/

Valoración de los resultados:
De 1 a 3 aciertos: Reconoced que habéis seguido el mismo método que os sirvió para aprobar (a la cuarta vez) el examen teórico del carnet de conducir: poner las respuestas a boleo. Hala, venga, idos a comer huesos de santo o panellets, que os van a aprovechar más...
De 4 a 7 aciertos: Pscháa... podría estar mejor, sinceramente. Tiene un pase, pero pensad que con un cuatro, ni siquiera aprobaríais una asignatura de la ESO. Ahora bien, sí que podríais liderar un partido político español, así que no todo está perdido.
De 8 a 10 aciertos: ¡Enhorabuena: sois unos auténticos biblionecrófilos/as! Cuando hacéis un viaje lo primero que vais a visitar son las librerías y los cementerios; os gusta disfrutar de la paz de los camposantos leyendo y paseando entre sus tumbas... Vale, tenéis pocos amigos y además os llaman cada vez menos, pero cuando llegue el apocalipsis zombi ya veremos si logran rehuiros, ya... (a no ser que os toque ser zombis de ésos que van despacico, que entonces sí. Sorry).
11 aciertos: ¿Once? ¿En serio? Ejem... ¿No sois un poco raritos/as, eh? Y mirad que de raritos en este blog sabemos bastante. Por favor, dejad de leernos, no sigáis Un Libro Al Día... y si tratáis de contactar con nosotros os denunciaremos por ciberacoso. Hacedle un favor a la sociedad y acudid a un psiquiatra, o a un exorcista o lo que sea.  O mejor no salgáis nunca de casa... aquí tenéis una página web para que os vayáis entreteniendo; os prometo horas y horas de diversión:
https://www.findagrave.com/


miércoles, 4 de julio de 2018

Ciudades de libro #3 Lisboa: El rinoceronte y el poeta de Miguel Barrero

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: está bien

No es sencillo escribir sobre una ciudad que adoras, sobre todo si esa ciudad no es la tuya: es demasiado fácil caer en la idealización, en la postal exótica o en el tópico turístico. Algo así pasaba en otras dos novelas reseñadas por aquí, que tenían Lisboa como escenario de la acción: La calle de los ángeles de Jon Arretxe y Tren nocturno a Lisboa de Pascal Mercier. Algo así pasa, también, aunque en menor medida, en El rinoceronte y el poeta de Miguel Barrero. De hecho, El rinoceronte y el poeta ha sido definida como una "declaración de amor a la literatura, a Pessoa, a Lisboa". Y eso está muy bien. Lo que pasa es que ese amor debe transformarse en una obra literaria que se sostenga por sí propia, independientemente de lo bonito que sea el objeto amado. Y mira que a mí me gusta Lisboa, ¿eh?


Desde el punto de vista del argumento, El rinoceronte y el poeta se basa en un misterio: el profesor Eduardo Espinosa recibe una escueta carta de un colega, especialista como él en la obra de Pessoa, invitándolo a viajar a Lisboa para una conversación importante. El motivo de esa convocatoria y lo que se desvela en esa conversación entre eruditos no lo voy a contar, para no destripar la novela; y también porque casi es lo de menos: en realidad esa trama literario-detectivesca parece una excusa para que, mientras dura la espera de Espinosa, Miguel Barrero nos cuente cosas sobre Lisboa, sobre Pessoa, sobre el primer rinoceronte que llegó a Europa, desembarcado en Lisboa el 20 de mayo de 1515, sobre Cristóbal Colón, sobre el rey Don Manuel...

No es que estas digresiones sean poco interesantes, de hecho algunas de ellas son bien curiosas, sobre todo las referidas a los rinocerontes, su llegada a Europa y su posterior representacion / mitificación. También muchas de las historias biográficas o literarias sobre Fernando Pessoa resultan atractivas, porque en general casi todo lo que tiene que ver con Fernando Pessoa resulta atractivo. En cambio, otras digresiones están más traídas por los pelos, y el que el narrador repita "recordó Espinosa", "Espinosa pensó", etc., no hace que resulten más naturales: es inevitable pensar que quien recuerda esas cosas no es el personaje, sino el narrador, o mejor, el autor.

Y en cuanto a la representación de Lisboa, aunque por una parte es coherente con la figura del protagonista (un estudioso de Pessoa que visita la ciudad durante tres días, y que por lo tanto recorre solo aquellas áreas relacionadas con el poeta), no deja de resultar llamativo que se limite a barrios y puntos centrales y turísticos: Restauradores, Baixa, Bairro Alto, Alfama, Belém, el eléctrico 28, el cementerio de Prazeres... En ningún momento se visita ni se menciona la Lisboa del día a día, en la que la gente se levanta a las 7.30 de la mañana en un apartamento que apenas puede pagar, coge un autobús hasta los topes durante cuarenta minutos y llega a tiempo de servir cafés y pasteles de nata a los turistas por un sueldo que no llega a los 600€. Y se me dirá: ¡claro, no hay ninguna obligación de hablar de eso! Y contestaré: efectivamente, obligación, en literatura, prácticamente ninguna. Pero es que la otra Lisboa, la de A Brasileira, el Martinho da Arcada y el monasterio de los Jerónimos ya está muy vista; no estaría mal, de vez en cuando, intentar algo nuevo...

Es posible que esté sonando demasiado duro con la novela, y tengo que decir que El rinoceronte y el poeta está bien (de ahí la valoración: "está bien"). De hecho, no le falta mérito al hecho de conseguir mantener una trama basada en que un personaje espera dos días para reunirse con otro, y hablar. Y además está bien escrita, en el sentido de que el estilo está evidentemente cuidado y trabajado, si bien a veces cae en barroquismos y preciosismos excesivos para mi gusto. Un ejemplo, tomado de la primera página de la novela:
Quinientos años después, en una estupenda mañana de agosto en la que el sol doraba los campos y un cielo azul llenaba de optimismo los designios de una tierra condenada, mientras viajaba a bordo de un tren que comunicaba el epicentro de la meseta castellana con la para él bellísima desembocadura del Tajo en el Atlántico, el profesor Eduardo Espinosa pensó en aquel rinoceronte y se preguntó, por primera vez, si su historia podría entretejerse de algún modo con la del poeta a cuyo estudio había dedicado la mayor parte de su vida.
Vuelvo a oír una voz (¿de quién?) que dice: pues si no te ha parecido que estas novelas retratan bien Lisboa, ¿cuáles recomiendas? Y aquí, aun corriendo el riesgo de ser tópico yo mismo, tengo que referirme a los más grandes: el Libro del desasosiego del inevitable Pessoa, El año de la muerte de Ricardo Reis de Saramago, buena parte de la obra de Lobo Antunes o de Cardoso Pires, o si nos ponemos históricos, Os Maias de Eça de Queirós... Como se ve, es muy difícil (o así lo veo yo, por lo menos) que alguien que no ha vivido un largo tiempo en una ciudad escriba un gran libro sobre ella. Por mucho cariño que se le coja a un lugar durante una estancia de semanas, días o incluso meses, llegar a comprender el alma de las ciudades, si es que eso existe, lleva mucho más tiempo...

sábado, 23 de junio de 2018

Enrique Vila-Matas: El viento ligero en Parma


Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

Sábado del verano Occidental. Vayamos rapidito que hay que ir a la playa. Reseña breve y a volar.
Porque qué más puedo decir. Con excepciones señaladas (Bartleby y Compañía me pareció algo proclive a la espesura y Lejos de Veracruz excesivamente evanescente) todo lo que he leído de Vila-Matas me ha parecido excelente. Si fuera un poquito menos tímido y le diera por meterse en vericuetos socio-políticos ríete tú de Javier Marías. Bueno, y si escribiese para ese panfleto socialfakedemócrata llamado El País. Pero no lo hace, puede que lo haya hecho alguna vez y no voy a mirarlo (hay que ir a la playa), Vila-Matas dosifica su presencia en los medios y siempre que está presente lo hace con pretextos relacionados con lo literario.
Cómo se mueve el tío en ese contexto. Sí, argumentos no le faltarán a quienes se hastían de sus devaneos yoístas y de su manera de aparecer de una forma u otra en todos sus escritos. Pero si va a hacerlo como lo hizo en su  Dietario voluble o como lo hace en este compendio de artículos que hasta ayer yo ni conocía y resulta que Sexto Piso publicó hace una década, ahí estaré para leerle y empaparme de su prosa impoluta, de su enorme respeto a la gramática, de su legibilidad, de su conocimiento canónico de escritor tras escritor uno tras de otro, de su persistente tono irónico elegantemente oculto en cada frase y sobre todo en las autoreferentes. Aquí hay una veintena larga de pruebas con muy pocos resquicios. Quizás algún concepto en un artículo o una anécdota o una cita que vuelve a aparecer unas páginas más allá que puede ser unos años porque hay artículos aquí de distintas épocas y el hombre ha sido prolífico. De hecho uno de ellos es una curiosa retrospectiva que Vila-Matas hace su propia obra y que resulta ser tan estimulante del apetito. En ciertos artículos se entrega a disquisiciones sobre el proceso creativo relacionadas con algunas de sus obras. Siempre de forma amena, con una erudición natura y nada engreída. En otros recrea su cosmos de amistades literarias y sus viajes en distintas fases del proceso de inspiración (algunos en su búsqueda, otros supongo que disfrutando de sus merecidos royalties) y visita Mérida en Venezuela - fascinante pasaje de aires mannianos para alcanzar un hotel situado en los Andes, visita Parma, claro, pasea por Barcelona y habla de las aceras de la Diagonal, visita Lisboa - descomunal panegírico el le que dedica entre líneas - y menciona a autores favoritos y de su entorno (los mezcla al gusto) como Pérec, Gombrowitz, Pessoa, Villoro, Fresán, Cercas...y claro, cómo no iba a seducirme a mí... a Roberto Bolaño le dedica un par de artículos que algunos tildarán, obvio, de parciales y hasta de corporativistas, pero ahí están, generando frases para fajines y para ilustrar coloquios y demostrando a quien quiera la apuesta segura que es Vila-Matas a la hora de disfrutar de un escritor de tomo y lomo. 
Leo un día de estos El viaje vertical y lo juro que ya no reseño nada más aquí de él. 
(A partir de ese momento, seguiré leyéndole por puro placer, como deberíais hacer vosotros.)

Muchas obras de Enrique Vila-Matas reseñadas en ULADaquí

jueves, 31 de mayo de 2018

Almeida Garrett: Viajes por mi tierra

Idioma original: portugués
Título original: Viagens na minha terra
Traducción: Martín López-Vega
Año de publicación: 1846
Valoración: interesante

Me pregunto si alguno de los aquí (virtualmente) presentes conoce a Almeida Garret, un autor fundamental para entender la literatura, la cultura e incluso la política portuguesa del siglo XIX, pero que ha tenido bastante poca fortuna fuera de sus fronteras. Me pregunto incluso si mucha gente que ha estado en Lisboa, y que ha escalado la rua Garrett para llegar a la Brasileira y sacarse la foto con Pessoa, sabrá quién es ese Garrett que da nombre a la calle; o si quienes admiran el Teatro Dona Maria II en la plaza de Rossio sabrán que ese teatro no existiría si no fuera por Almeida Garrett, el gran promotor del rejuvenecimiento del teatro portugués...

Bueno, pues Almeida Garrett (o con su nombre completo, João Baptista da Silva Leitão de Almeida Garrett) fue un hombre del Renacimiento en pleno Romanticismo: revolucionario, escritor, político, diplomático, gestor cultural, periodista o dandy (aunque algo dado a enamorarse de adolescentes), Almeida Garrett jugó un papel esencial a la hora de promover una recuperación del teatro portugués (no solo con la teoría sin con la práctica, fundando y regulando los teatros, recuperando autores clásicos y escribiendo sus propias obras). Fue, además, poeta, autor de ensayos fundamentales como Portugal en la balanza de Europa y también de novelas como El arco de Santa Ana.

Y de estos Viajes por mi tierra que fueron un día lectura obligatoria en las escuelas, aunque ya no lo son (y quizás con buen motivo).

Los Viajes de Almeida Garrett tienen tres modelos citados en el propio texto: Xavier de Mestre y sus Viaje alrededor de mi cuarto; el Quijote y el Tristram Shandy. Con esos moldes, está claro lo que tenía que salir: más una sátira o una parodia que una historia de viajes propiamente dicha. El propio objeto de la obra (un modestísimo viaje desde Lisboa hasta el Ribatejo) ya contrasta con las grandes narraciones de viajes al Oriente, a África o a la Amazonia, por dar solo tres ejemplos clásicos. Y también la forma de contar la historia, en la que en realidad el viaje importa más bien poco, contrasta con el supuesto género de la narrativa de viajes en el que se inscribe.

Porque Almeida Garrett, siguiendo de cerca a Xavier de Mestre (a quien cita desde el epígrafe) viaja más a través de la imaginación, la digresión o el recuerdo, que propiamente con los pies. Así, el texto se convierte en un laberinto o una selva, en la que caben reflexiones sobre Camões, sobre la situación política de Portugal, sobre la política agraria del Marqués de Pombal o sobre el Quijote de Cervantes, y una multitud de guiños y reconvenciones a un lector al que se quiere al mismo tiempo atento y desconfiado, divertido y confuso por las vueltas, retrocesos y paradas que da el texto.

De hecho, quizás siguiendo esta vez a Cervantes, casi toda la segunda mitad de la obra está ocupada por una "novela intercalada": la historia de amor entre Joaninha ("la chica de los ruiseñores") y su primo Carlos, que a su vez le sirve a Almeida Garrett para contraponer el personaje de Frey Dinis (un fraile viejo y conservador) con Carlos (un joven liberal que acabará convertido en barón, o sea, en una nueva forma de fraile). Esta historia de amores, desamores e identidades ocultas tiene su punto entrañable, aunque también su punto desfasado; aunque Almeida Garrett desbarraba contra el romanticismo exaltado, lo cierto es que su sensibilidad era en sí misma romántica.

¿Por qué decía que a lo mejor ha sido bueno sacar Viajes por mi tierra del currículo de lecturas obligatorias en las escuelas? ¿Y por qué le doy un "interesante" y no un "recomendable"? Pues porque este es uno de esos libros que, con el paso de los años, se ha convertido más en un monumento que en una obra de disfrute; cabe leerlo, admirarlo, analizarlo, reírse con ciertas ocurrencias del autor, saltar unas cuantas páginas... pero no ofrece el tipo de placer que puede atrapar a lectores adolescentes, sobre todo porque para entender muchos de sus guiños se exige una cultura literaria bastante amplia. Aunque tenga su gracia y una indudable inteligencia en su estructura, su lectura a ratos se hace lenta y ardua.

En cualquier caso, Garrett merece su reconocimiento y su lugar en la memoria literaria de Portugal, y quizás algo más. No hay muchos individuos que hayan conseguido, ellos (casi) solos, levantar un teatro nacional de sus escombros. Espero que algunos de nuestros lectores, cuando suban por la rua Garrett en dirección a la Brasileira para sacarse una foto con Pessoa, se acuerden de esto, y recen una oración (laica, literaria) por el alma del bueno de Almeida Garrett.


sábado, 10 de febrero de 2018

Reseña + Entrevista: Los últimos. Voces de la Laponia española de Paco Cerdà

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Recomendable

Algo hay en el ambiente: un retorno, o al menos un interés por lo rural que no se veía en el panorama literario y editorial español, probablemente, desde que con la Transición nos sentimos europeos, modernos, cosmopolitas, que es como decir "urbanitas". Al boom crítico y de ventas de Intemperie de Jesús Carrasco le siguieron por otras novelas que se desarrollan en ambientes rurales, a menudo opresivos, siempre aislados de la "civilización": Por si se va la luz de Lara Moreno; Alabanza de Alberto Olmos, Si quieres puedes quedarte a ti de Txani Rodríguez... Y ahí está, por supuesto, el ensayo La España vacía de Sergio del Molino, que es como primo o hermano de este Los últimos de Paco Cerdà, con el que comparte un tema fundamental: el despoblamiento del interior español.

Los últimos. Voces de la Laponia española es un largo paseo por una de las áreas más despobladas de Europa, la denominada "Serranía Celtibérica": una zona amplísima (más de 60.000 kilómetros cuadrados) repartida por las provincias de Guadalajara, Teruel, Cuenca, Valencia, Castellón, Zaragoza, Soria, La Rioja, Burgos y Segovia, con una densidad de algo más de siete habitantes por kilómetro cuadrado; casi los mismos que la gélida Laponia, en el extremo norte de Europa.


A lo largo de esta larga crónica o reportaje, Paco Cerdà visita cada una de esas provincias, asciende hasta algunos de los pueblos más inaccesibles y despoblados (algunos, con uno, cuatro, veinte habitantes en invierno) y entrevista a personas muy diferentes que han elegido quedarse, o volver, a estos paradisíacos infiernos de aislamiento: agricultores, maestros, monjes, escritores, pastores, entrenadores de fútbol de categoría regional, artistas, activistas... Todos ellos cuentan una historia similar: la del abandono progresivo de los pueblos y de las formas de vida tradicionales, un abandono apoyado o ignorado por las instituciones; una "demotanasia", en palabras de la investigadora Pilar Burillo.

En algo se nota que este es un libro escrito por un periodista: en que en él encontramos una descripción minuciosa del terreno y del paisaje, y muchas entrevistas con los propios habitantes de la Laponia española, pero no un intento de proponer grandes tesis o soluciones mágicas al problema, imponiendo una voz autorial omnisciente. Es notable, por otra parte, el respeto y la consideración del escritor hacia los habitantes de estos pueblos (muchos de ellos luchando, como quijotes apasionados, contra los elementos y contra las instituciones), sin caer por ello en la idealización new age de la vida rural, ni en la mirada paternalista del que "se rebaja" a salir de la ciudad para entrevistar a los "nativos". Como dice uno de los entrevistados, "estoy harta de que me estudien, que parecemos bichos raros".

Y sin embargo, aunque esta es una crónica o un ensayo fundamentalmente periodístico, es también un libro con un estilo muy cuidado, cargado de imágenes, metáforas, un léxico riquísimo y adaptado al tema. También son abundantes las referencias literarias: a Llamazares y Cervera, pero también a Rulfo, a García Márquez, a Machado, a Cervantes. El párrafo con el que se inicia el texto es un buen ejemplo de este estilo:
"Vine a Motos porque me dijeron que acá vivía un solo habitante, un tal Matías López. Vine a buscar la zona cero de la despoblación, el punto justo donde el tumor de la soledad se trasmuta en metástasis de la desolación. Vine un domingo a mediodía buscando a un pastor soltero llamado Matías. Pero no hallé más que silencio y soledad. No encontré otra cosa que un no-lugar en un no-tiempo, una encrucijada geográfica y mental alejada de toda coordenada conocida"
De hecho, quizás la principal pega que se le pueda poner al libro sea que este estilo se alambica demasiado en ocasiones, perjudicando a la lectura del texto, o la insistencia en ofrecer datos numéricos de densidad poblacional, datos imprescindibles en un texto sobre este tema, pero que llegan a aturdir en algunos fragmentos. Las mejores páginas, en cambio, me parece, son aquellas en las que el autor dialoga con algunos de los habitantes de los pueblos, que transmiten una sabiduría dura y escéptica, y una voluntad férrea y afilada.

Este es, en definitiva, un libro político en su diagnóstico de un problema acuciante, apuntando al capitalismo salvaje y al desinterés institucional como causas de un deterioro progresivo. Si es un deterioro inevitable o irreversible, lo dirá el tiempo.

Entrevista con Paco Cerdà

¿Qué te llevó a querer escribir este libro? ¿Cómo/cuándo/por qué se te ocurrió la idea?

El libro nació a partir de la sensación de abandono, desolación y desigualdad que sentí al visitar una pequeña aldea valenciana con menos de diez habitantes. Viajé allí para hablar con sus vecinos y elaborar un reportaje dominical sobre la despoblación para mi periódico, Levante-EMV. Sin embargo, lo que iba a ser un reportaje dominical sembró en mí la idea de que sería bonito echarme a la carretera para recorrer todo este extenso territorio, con calma y sin prisas, para buscar las voces de sus resistentes, de esos últimos pobladores: últimos porque en muchos casos no tienen relevo generacional y su pueblo morirá con ellos, y últimos también porque representan la última preocupación de instituciones, empresas y ciudadanos de esta España desmemoriada con su pasado rural.


¿Cómo fue el proceso de investigación para el libro? Debiste de pasar unas cuantas horas conduciendo por carreteras terroríficas... ¿Cuánto tiempo te llevó reunir el material?

Fueron 2.500 kilómetros recorridos, la inmensa mayoría de ellos por carreteras muy modestas. El viaje fue en invierno, porque es cuando más auténtico es este territorio y no hay residentes puntuales de verano, y visité muchos pueblos pequeños, la gran mayoría de ellos con menos de cien habitantes. Recorrí las zonas montañosas y más apartadas de las provincias englobadas dentro de esta Serranía Celtibérica o Laponia del Sur: Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castelló. Fueron muchas horas de conducción, es cierto. Con Manolo García sonando en el coche y la mirada alucinada al ver tantos paisajes bellos, de una belleza que a veces parecía de postal inanimada. Y eso es lo que dolía.


Este libro realiza un diagnóstico, pero no prescribe ningún tratamiento: hay iniciativas (casi) individuales, muy voluntariosas, pero no soluciones estructurales para el problema de la Laponia española. ¿Hay solución, o la despoblación es un proceso irreversible e inevitable?

Tal vez sea la pregunta que más me han hecho. ¿Cuál es la solución? Y yo siempre respondo dos cosas. Primero: no sé cuál es la solución. Solo soy un cronista, muy alejado de esos tertulianos que todo lo saben. Conviene tener humildad: mi objetivo era relatar, contar, aquello que me tenían que decir esas voces que pocos se molestan en oír: el pastor que vive solo como único habitante de su pedanía; el maestro que cerrará el colegio del pueblo porque el curso siguiente no habrá alumnos suficientes; el pueblo donde solo vive un niño; el prior de un monasterio que reflexiona sobre el silencio, a veces con regusto a muerte, que abunda en estas tierras; el repoblador que ha vuelto a habitar una aldea abandonada, sin luz eléctrica, a base de agallas, conciencia y utopía; la mujer que regresa a su aldea natal, deshabitada desde hace un cuarto de siglo y toda llena de zarzas y maleza, y se le encoge el alma por ver cómo se desmorona el paisaje de su infancia; el equipo de fútbol del pueblo más pequeño de su provincia, que lucha contra viento y marea por resistir. Es una recopilación de historias humanas para retratar la gran historia humana que está olvidando este país: el abandono del medio rural más despoblado. Porque nada tiene que ver un pueblo de 2.000 habitantes con uno de 57 vecinos. Y segundo: no sé si hay solución: lo que sé seguro es que dejar morir este patrimonio cultural que representa nuestro entramado rural es una barbaridad que no podemos permitirnos como sociedad.  


Una de las virtudes del libro es respetar lo rural y sus habitantes, sin caer en la exaltación neorrural desinformada. ¿Cuál es tu relación personal con lo rural? ¿Lo añoras, o te horroriza? ¿Te irías a vivir a un pueblo de 40 habitantes?

Gracias por ese elogio: es el mayor halago que puedo recibir. No es ya solo el respeto. Para mí, como periodista y como persona, es fundamental mostrar empatía con la persona o la realidad que tienes delante. Yo nací en un pueblo y pasé en él toda mi infancia y adolescencia. Vuelvo allí cada fin de semana. Mi lugar favorito del mundo se llama Morella, y ojalá algún día cumpla el sueño de vivir allí. Siento una enorme admiración por lo rural, sí: miro las manos de mi padre, que es agricultor, y siento un íntimo orgullo. Soy un devoto de las tradiciones y de la cultura popular, durante tantos siglos marginada. Y admiro la capacidad de resistencia que demuestran los habitantes de la España más despoblada que no se han plegado a los intereses generales y siguen en sus pueblos con valores en extinción dignos de encomio: ausencia de consumismo estéril y de tecnoadicción uniformizante, comunión con la naturaleza y ritmos más humanos. Son los únicos, tal vez, que hoy no siguen al rebaño del capitalismo. Pero ese amor y esa admiración que yo siento por esta realidad, que sin duda están en el germen de Los últimos, no debe confundirse con pintar una Arcadia feliz, una estampa bucólica de los pueblos donde todo son bondades. Porque entonces estamos cayendo en la trampa: invisibilizamos el conflicto político que hay en dejar morir a los pueblos más pequeños. Una de las voces que aparece en el libro, el escritor Alfons Cervera, lo sintetiza a la perfección: Ni esto es la Toscana ni es Belfast: ni es el paraíso ni todo es conflicto. Y bajo ese patrón me he guiado.


¿A qué crees que se debe este interés por lo rural en el panorama editorial español? Tu ensayo, el de Sergio del Molino, novelas como Intemperie, Por si se va la luz...

Sinceramente, no lo sé. Puedo responder por mí: necesitaba contribuir con un grito periodístico, con un libro de combate, a denunciar un abandono silencioso. Y de lo que más orgulloso estoy, más allá de las cuatro ediciones que lleva el libro o de haber recibido una enorme atención mediática (¡hasta Le Monde se ha hecho eco del libro y del problema), es que mi crónica sirvió de catalizador para que el presidente valenciano Ximo Puig haya impulsado un ambicioso plan de medidas contra la despoblación del interior valenciano. Me llamó un día y me dijo: “Has conseguido lo que querías: vamos a impulsar una Agenda Valenciana Antidespoblament”. Solo con eso, el trabajo ya está amortizado.  


Algo que destaca en tu libro es el estilo con el que está escrito, que es mucho más cuidado y "literario" que la mayoría de libros de ensayo, me atrevería a decir. ¿Tienes alma de literato? ¿Sigues o te sientes influido por algún escritor en particular?

Muchas gracias por el elogio, es un honor viniendo de vosotros. Los últimos es una crónica, un gran reportaje, y siempre he creído que el buen periodismo ha de estar bien escrito. Al menos es lo que yo intento. Hay excelentes reporteros a los que admiro: desde David Remnick a Martín Caparrós o el Gay Talese de antes de la polémica con su último libro. Años luz nos separan, claro. Y si me pides un escritor vivo y no me vale acogerme a Kafka, Pessoa y Rulfo, me quedó con Gonzalo Hidalgo Bayal: no hay nadie al que admire más, por su prosa, por su exquisito lenguaje, por sus historias profundas y, no menos importante, por su humildad. Ahí está la base de este oficio de ver, oír, sentir y contar.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Nuestros autores olvidados #11: El día de los prodigios de Lídia Jorge

Idioma original: portugués
Título original: O dia dos prodígios
Año de publicación: 1980
Valoración: Muy recomendable

A diferencia de mis colegas, que han hecho justicia a determinados autores individuales olvidados hasta ahora por nosotros, con esta entrada yo me propongo hacer un desagravio colectivo: por ULAD han pasado ya muchos de los grandes escritores (hombres) que han marcado la historia de la literatura portuguesa (Camões, Eça de Queirós, Pessoa, Saramago, Cardoso Pires, Lobo Antunes, Gonçalo M. Tavares...), pero no así las escritoras (mujeres) que marcan, sobre todo, el siglo XX: la poetisa y narradora Sophia de Mello Breyner, la multifacética Natália Correia, Agustina Bessa-Luis, hermética y exigente, o la imaginativa y no menos exigente Lídia Jorge, que con obras como El día de los prodigios o La costa de los murmullos vino a representar la apertura de una nueva fase en las letras portuguesas tras la Revolución de los Claveles.

El día de los prodigios, publicada en 1980, trata precisamente, aunque de una forma tangencial e irónica, sobre la revolución del 25 de abril. La acción se sitúa en un pequeño pueblo del Algarve, Vilamaninhos, en el que en los mismos días de la revolución se están produciendo fenómenos asombrosos: una serpiente que vuela, una mula que huye, unos soldados que llegan al pueblo ataviados con claveles en las armas... Así, los grandes acontecimientos de la Historia quedan diluidos, por no decir anulados, en el contexto de la pequeña historia de la aldea, sus conflictos y relatos cotidianos y su cosmovisión mítica y mágica.

Por esta visión imaginativa en la que lo real y lo mítico se mezclan, El día de los prodigios ha sido comparado muy frecuentemente con el realismo mágico latinoamericano; quizás exista una influencia directa o una coincidencia en la perspectiva narrativa, pero creo que esta obra también conecta con una tradición propiamente portuguesa: la de la representación del mundo rural interior, como un microcosmos cerrado en el que operan reglas (morales, mentales e incluso naturales) diferentes a las de la gran ciudad o el gran mundo: así, Vilamaninhos podría ser perfectamente la villa en la que transcurre Humus, de Raul Brandão, o un primo hermano de la Gafeira de El Delfín de Cardoso Pires, que comparte con esta novela también la búsqueda estilística y técnica más exigente.

Porque, efectivamente, ningún comentario de esta novela puede dejar de lado la belleza y la eficacia del estilo de la autora, que mezcla la reproducción del habla de los habitantes de la aldea (con alteraciones fonéticas, por ejemplo) con una imaginación metafórica y una experimentación formal y estilística sorprendentes: las voces de los personajes se confunde a veces en largos párrafos en estilo indirecto y sintaxis entrecortada; otras veces aparecen indicados en forma de diálogo, o a doble columna, o con una indentación inferior al resto del texto.

Y el estilo: compacto, poético, trabajado como con un cincel. Copio un párrafo del principio de la novela, como ejemplo:

Carminha parecía fazer adeus, mas apenas lavaba janelas. Um pano branco na mão. O braço adejando de encontro ao vidro. Alguidarzinho ajoujado de espuma cremosa, um alguidar maior de pura água macia. Novelo de saias entre pernas. Cadeira de tábua ajaezada de nódoas, flores vermelhas. Os pés aí juntos no fundo côncavo. As pernas de leve penugem rasinha. Então Carminha empertigava-se de encontro à mancha renitente entre a unha e o vidro. Minúscula, fruto de mosca palhetando asas em tempo vazio, compondo um ovo de esterco redondo. E ali impregnado no vidro da quadrícula despintada de branco. Zing zing de encontro à lisura espelhada.

Que si soy capaz de traducirlo bien (Camões me perdone si no), significaría:

Carminha parecía decir adiós, pero solo lavaba ventanas. Un trapo blanco en la mano. El brazo agitándose al encuentro del cristal. Palanganita coronada de espuma cremosa, otra palangana mayor de pura agua suave. Embrollo de faldas entre piernas. Silla de tabla enjaezada de manchas, flores rojas. Los pies ahí juntos en el fondo cóncavo. Las piernas de leve plumaje rasito. Entonces Carminha se yergue al encuentro de la mancha persistente entre la uña y el cristal. Minúscula, fruto de mosca paleteando alas en tiempo vacío, componiendo un huevo de estiercol redondo. Y allí impregnado en el cristal de la cuadrícula despintada de blanco. Zing zing al encuentro de la lisura espejada.

Lídia Jorge tiene en Portugal un estatuto de clásico contemporáneo, de clásico vivo, del que no disfruta tanto fuera de sus fronteras. De hecho, El día de los prodigios no está todavía traducido al español (sí en cambio, entre otras obras, La costa de los murmullos). Esperemos que lo sea en breve, y Lídia Jorge deje de ser una autora solo conocida en Portugal.

También de Lídia Jorge en ULAD: Los tiempos del esplendor

jueves, 30 de marzo de 2017

Carles Pradas: La séptima vida de Kaspar Schwarz

Idioma original: Catalán
Título original: La setena vida de Kaspar Schwarz
Traducción: Carmen Gómez Aragón
Año de publicación: 2014
Valoración: Bastante recomendable

Cuatro referencias, dos cinematográficas y dos literarias, me vienen a la cabeza tras haber leído "La séptima vida de Kaspar Schwarz". La primera es "Zelig", aquella película de Woody Allen en que su protagonista, con el fin de ser aceptado, es capaz de transformarse físicamente en las personas que lo rodean, ya sea un músico de jazz o un indio cherokee. La segunda es "El enigma de Kaspar Hauser", película de Werner Herzog protagonizada por un joven que, tras haber estado aislado toda su vida, llega a la "civilización" y termina convirtiéndose casi en una atracción de feria. La tercera, ya literaria, son los heterónimos de Pessoa. Y la cuarta y última es Stefan Zweig, como paradigma de los escritores (artistas, científicos...) centroeuropeos del período de entreguerras que hubieron de adaptarse, consiguiéndolo o no, al derrumbe de su mundo. 


Digo todo esto porque "La séptima vida de Kaspar Schwarz" es un falso documental sobre un hombre que se supone que nació en 1895 y falleció (¿o no?) en algún momento mediado el siglo XX y que llegó a ser, gracias a su capacidad de adaptación y a su facilidad para el engaño, los siguientes personajes: Gaston Leclercq, el barón Jean Louis Foucault, Alexander Kosinski, Hugo von Hauser, Gerald S. Miller y, cómo no, el propio Kaspar Schwarz. De origen centroeuropeo, el "destino" le llevará a adoptar estas múltiples personalidades, a vivir, directamente o indirectamente, acontecimientos clave del siglo XX (Primera y Segunda Guerra Mundial, crac del 29, revolución rusa) y a vagar por Estados Unidos, Francia, Unión Soviética o Alemania. Eso sí, siempre en una permanente huida hacia delante tratando de escapar de un mundo en descomposición y de una soledad, fruto de un desgraciado primer amor, que le persigue a lo largo de todas sus vidas.

Con el fin de dar mayores visos de veracidad al documental, el texto va unido (no acompañado, unido) de fotografías, documentos y fragmentos del diario personal del Kaspar Schwarz. Estos documentos hace que el libro tenga "dos capas". Por un lado, tenemos un narrador clásico, casi detective, que nos va aportando la poca información de la que dispone. Por otro, el propio Kaspar Schwarz nos amplía esa información, sobre todo, a través de su críptico diario personal. Y que cada uno saque sus propias conclusiones.

En este punto, merece la pena destacar la edición del libro, cuidada hasta el extremo, con mención especial para la portada y contraportada, la integración de los documentos, en especial la sugerentes fotografías, de la vida de Kaspar Schwarz en el texto y la tipografía.
 
En definitiva, un libro sumamente curioso, original y divertido, que, pese a su aparente ligereza, plantea cuestiones que podríamos calificar como trascendentales, tales como cuántas personas o personalidades llevamos en nuestro interior, quiénes o qué somos realmente para las personas que nos rodean, quiénes o qué son los demás realmente para nosotros, la posibilidad de vivir otras vidas o el propio sentido de misma. Que cada cual las responda a su gusto.

Por último, no puedo acabar la reseña sin ponerle dos "peros" al libro. Uno es que me habría gustado que alguna de las situaciones o de las vidas en las que se ve inmerso Kaspar Schwarz tuviera mayor desarrollo. El otro es que se me ha hecho terriblemente corto. Me he quedado con ganas de más Kaspar. Pero igual, con un poco de suerte, reaparece bajo una nueva identidad y pronto volvemos a tener noticias suyas. ¿Quién sabe?

P.S.: Por si a alguien le interesa, hay una playlist en Spotify con lo que vendría a ser la BSO del libro. Os dejo en enlace porque merece (mucho) la pena https://play.spotify.com/user/astroreybooks/playlist/7InQfPtG6hdrdLOLfZWIS4

viernes, 18 de noviembre de 2016

Mathias Enard: Brújula

Idioma original: francés
Título original: Boussule
Año de publicación: 2015
Traducción: Robert Juan-Cantavella
Valoración: bastante recomendable

Siria, Turquía, Irán, Egipto... ¿qué nos traen a la cabeza los nombres de estos países? Vale, no hace falta que nadie conteste; cualquiera que vea los informativos de la tele sabe que las noticias que llegan de por allí no son precisamente halagüeñas: guerra, atentados, integrismo religioso, yihadismo, inestabilidad, éxodo de refugiados... Esa es la percepción que tenemos ahora mismo de ese Oriente Próximo. Pues bien, el francés Mathias Enard se ha propuesto con esta novela dar la vuelta a esa imagen de lo "oriental" (amigos uruguayos, no va por ustedes: es por emplear el mismo término que el escritor; en apariencia más vago, pero en realidad más inclusivo y hasta preciso que "árabe" o "musulmán"). Lo que pretende Enard es demostrarnos que entre Oriente y Occidente ha habido, al menos durante los últimos doscientos años, un diálogo constante, un juego de espejos en el que se han reflejado mutuamente las imágenes concebidas sobre el otro... aunque en verdad la novela se limita a dilucidar sobre esa idea de lo "oriental", generalizada hasta el punto de que incluso las propias sociedades actuales de esa zona del mundo, parecen haber asumido, en buena medida, la concepción occidental de la misma.

Desde luego, Mathias Enard está más que bien pertrechado para la tarea: orientalista también él, ha vivido en los países de los que habla en la novela y domina las lenguas árabe y persa (además de hablar el castellano mejor que yo y creo que también el catalán). En consecuencia, el despliegue erudito -pero sin llegar a la pedantería- de referencias culturales variadas resulta impresionante: por la novela desfilan orientalistas ilustres como los austríacos von Hammer-Purgstall, o Alois Musil (primo de Robert),alemanes como Friedrich Rückert y Max von Oppenheim, franceses como Charles Mandrus, traductor de Las mil y una noches, el padre Antonin Jaussen o el teórico racista conde de Gobineau; incluso el palestino Edward Said... pero también escritores y, sobre todo, poetas en diversas diversas lenguas: Annemarie Schwarzenbach (a medio camino con el apartado anterior), Georg Trokl, Osama Ibn Munqidh, Ernst Bloch, Ibn Arabi, Badr Shakir Al Sayyab, Kafka, Chateubriand, Dick al-Djinn, Marcel Proust, German Nouveau, Parviz Baharlou, Suhawardi, Thomas Mann, Nietzsche, Washington Irving, Sadeq Hedayat, Hafez al Shiraz, Heine, Flaubert, Henry Levet, Fernando Pessoa -Álvaro de Campos mediante-, Balzac, Goethe, Faris Shidyaq, Omar Jayam... Por último, y por razones inherentes a la novela, también un buen número de músicos, clásicos y contemporáneos: Félicien David, Karol Szymanowski, Julien Jalaleddin Weiss, Henry Rabaud, Hasbeyov, Bizet, Doménico Scarlatti, Franz Liszt, Mendelsohn, Wagner... y por encima de todos, Beethoven. ¿Son muchos nombres? Pues me he dejado unos cuantos...

El hilo que utiliza el autor para hilvanar todas estas referencias culturales, así como las recurrentes alusiones al reconocimiento de la "alteralidad" y la "construcción común" de un imaginario (glups... ahora que lo pienso, espero que este libro no lo lean los muchos inquisidores del anti-buenismo, o está apañado, el pobre Enard... Bueno, no; no creo que lleguen a leerlo), es la figura de un musicólogo orientalista vienés, Franz Ritter, que a lo largo de una noche de insomnio va desgranando toda una serie de disgresiones sobre esta fascinación occidental por Oriente, así como los recuerdos de sus vivencias en estos países... motivadas, en buena parte, por su prolongado enamoramiento por Sarah, que no es una moderna Scherezade, sino una especie de Lisa Simpson pelirroja y parisina, también orientalista, ella. Es la historia de estos personajes, más algún que otro secundario (Bilger el arqueólogo loco, Faugier el opiómano), lo que convierte al libro en una novela, y no en un ensayo o incluso un libro de viajes. Un viaje siempre hacia el este, siguiendo la brújula del protagonista, que marca ese punto cardinal, hacia el Oriente como metáfora del ansia vital, de la huida de la inmovilidad que prefigura la derrota y la muerte. Individual pero también cultural, colectiva. Ahora bien: si el bueno de Franz está bien definido y trazado (qué menos, si toda la novela se desarrolla a través de un monólogo en primera persona), representado como un entrañable y melancólico pagafantas con lecturas, la trama que le une con Sarah y a ambos con los demás personajes no resulta demasiado convincente. 

En mi opinión, quizás sea éste el punto débil de la novela, aunque no debió de parecérselo así al jurado que le concedió el premio Goncourt en el pasado 2015. Como, acostumbrado a los entrañablemente amañados premiso españoles, esto de los que se conceden en otros países me pilla un poco fuera de juego, no opinaré si esta concesión fue la más adecuada o no. En todo caso, sí que me parece justa. Brújula es un libro magníficamente escrito, muy interesante y, al menos para mí, ha sido grato de leer (aunque ya aviso que no me parece que la "gran historia de amor", como ha sido definida en algún medio, sea aquí lo más importante). Hasta qué punto se puede considerar una novela o no, es otra cuestión, pero, tratando como trata de la mixtura creativa, de la rotura de los compartimentos estancos en los que nos empeñamos en encerrar la diversidad de los elementos culturales, de la mezcla entre distintas concepciones del mundo... tampoco creo que eso tenga demasiada importancia.


Otros títulos de Mathias Enard reseñados en Un Libro Al DíaZona

miércoles, 31 de agosto de 2016

Vergílio Ferreira: Mañana sumergida

Idioma original: portugués
Título original: Manhã submersa
Año de publicación: 1954
Valoración: recomendable

Vergílio Ferreira es (como Raúl Brandão, con quien comparte ciertos ambientes, temas y estéticas) uno de esos autores que en Portugal son considerados clásicos, pero que en España apenas son conocidos. Afortunadamente, Acantilado parece estar traduciendo y difundiendo la obra de este autor entre nosotros: ha publicado ya seis de sus obras, aunque todavía no se ha decidido con esta Manhã submersa, quizás por ser un libro un tanto oscuro y opresivo, que puede no ser plato para todos los gustos. Y sin embargo, esta es una muy buena novela de iniciación o de paso a la madurez, al mismo tiempo que retrata un Portugal rural mísero, dominado por la religión y las desigualdades sociales.

El protagonista de la novela es António Santos Lopes, un niño de catorce años de una familia pobre, que es enviado al seminario con la esperanza de que llegue a ser sacerdote y pueda sostener a su madre y sus hermanos. El ambiente opresivo del seminario, la represión sexual, el miedo que los curas provocan en los seminaristas, la brutalidad de los familiares del pequeño António, todo ello contribuye a crear una atmósfera asfixiante descrita con una técnica por momentos casi naturalista que, al igual que sucedía con El delfín de Cardoso Pires, puede interpretarse como una metáfora del Portugal del Estado Novo, "orgullosamente solo".

Pero Mañana sumergida se ha leído sobre todo como una novela existencialista: el niño António (que comparte muchos rasgos con el propio Vergílio Ferreira, también seminarista en su día) se revuelve contra quienes intentan obligarlo a tomar los caminos establecidos (su familia, D. Estefânia, los Padres del seminario...) y lucha por encontrar su propio camino, su propia individualidad, a través de una soledad profunda que es al mismo tiempo buscada y angustiosa. Apartado poco a poco de todos aquellos en quienes cree encontrar un compañero de rebeldía (Gama, Gaudêncio...), se ve forzado a decidir quién es, quién quiere ser, y si va a adaptarse a las normas sociales que se le imponen o a quebrarlas.

Independientemente de que sea la representación del Portugal más conservador y cerrado, o de una lucha individual por encontrar la esencia en medio de la existencia, hay un elemento llamativo en Manhã submersa, que creo que comparte el resto de sus obras: el cuidado por el estilo, que casi se podría denominar de impresionista, por su atención a los colores, olores, sonidos, formas. Vergílio Ferreira abunda en descripciones que consiguen ser poéticas sin ser demasiado poéticas, sin caer en el adjetivo fácil ni en la cursilería, algo difícil de conseguir.

Esperemos que la obra de este autor siga difundiéndose en España, para que la literatura portuguesa del siglo XX sea un poco más conocida más allá de Pessoa, Saramago y Lobo Antunes.

martes, 20 de octubre de 2015

Luis Morales: Un amor como este

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: decepcionante

Decepcionante, sí, decepcionante. No se me ocurre adjetivo mejor para describir Un amor como este, la obra de Luis Morales dedicada a la relación entre el poeta Fernando Pessoa y su único amor (conocido), Ofélia Queiróz. La culpa, en parte, no es de él, sino de la faja que la Editorial Funambilista le ha colocado, y que habla de "la novela del único amor de Fernando Pessoa", o algo semejante. Pues no, señores, lo siento, pero esto no es una novela, o lo es solo en un sentido muy genérico, en el sentido de que "todo aquello a lo que se pone el nombre de novela, es una novela". Un amor como este es más bien un ensayo ficcionalizado, o una reconstrucción histórico-biográfico-imaginativa; se le puede llamar de muchas formas, pero novela... novela no.

Y de ahí viene la decepción, claro, porque uno compra el libro esperando encontrarse El cielo de Lima pero en versión lisboeta, y lo que hay es mucha documentación, mucha empatía con el poeta y con su mujer amada, pero muy poca literatura (lo que es doblemente decepcionante tratándose nada menos que del autor del Libro del desasosiego); el texto no tiene un alma propia, nunca pasa de ser más que una suma de cartas (las que los enamorados se intercambiaron en los dos periodos en los que fueron novios, o algo parecido) y algunos poemas de Pessoa, unidos por unas cuantas escenas inventadas, pero escritas sin demasiada gracia. Por momentos, el texto asume esta condición de ensayo divulgativo y se dedica a reconstruir la historia de Portugal o de Lisboa, o hace explícitas las fuentes en las que se ha basado; todo ello, con un formato narrativo y una voz literaria, podría haber dado lugar a una novela posmoderna, no hay duda, pero no es ese el caso.

Y las propias cartas de Fernando y Ofélia merecen comentario aparte. Ya he dicho otras veces que, en general, esto de publicar las cartas privadas de los escritores me parece muy discutible, si no se obtuvo su permiso para ello. Sí, se obtiene mucha información de esas cartas; sí, se llega a conocer mejor la intimidad de los escritores, pero ¿y su intimidad, y su derecho a que no husmeemos entre su ropa interio? Las cartas de amor cruzadas entre Pessoa y Ofelia me dan la razón, porque son, como el propio Álvaro de Campos decía en un poema, absolutamente ridículas. Se llaman el uno al otro de "bebecito", "ibiscito", "niñita", se dicen que echan de menos sus besitos, que se van a dar azotes, que han sido malos, malos, MALOS por no llamar por teléfono o responder a una carta...

¿De verdad leer esas cartas nos ayuda a entender mejor al gran Pessoa?

En cualquier caso, del tono de estas cartas no tiene la culpa Luis Morales, las cartas son lo que son, y él las utiliza con toda fidelidad y respeto. Hay que agradecerle también (bueno, yo por lo menos se lo agradezco) sus esfuerzos por aproximar las culturas española y portuguesa, a través de su obra literaria, o de su página web "Por amor a Lisboa"; de hecho, en todas sus biografías Luis Morales que nació en "Cáceres, Península Ibérica". Pero estas buenas intenciones iberistas no evitan que Un amor como este sea una decepción. La gran historia de amor de Fernando y Ofélia (si es que realmente fue para tanto la historia, que a mí hasta me quedan dudas) espera todavía un novelista que la cuente.