viernes, 1 de julio de 2022

Agota Kristof: ¿Dónde estás, Mathias?

Idioma original: francés
Título original: Où Es tu Mathias?
Traducción: Rubén Martín Giráldez, para Alpha Decay
Año de publicación: 2005 (textos de 1978 y principios años 90)
Valoración: muy recomendable


Hay autores que marcan de manera evidente la vida de un lector, y hay autores marcados de manera trágica por su propia vida. Agota Kristof, a quien considero una de las escritoras que mejor saben transmitir la tragedia vital, es un claro ejemplo de ello pues la huida de su país natal siendo niña (y que la autora describe y narra en su propia autobiografía «La analfabeta») marcó su vida pero también su estilo literario, un estilo marcado por la nostalgia, la ausencia y una terrible tristeza. 

En esta cortísima obra de apenas cincuenta páginas que incluye un relato corto («¿Dónde estás, Mathias?») y una pequeña pieza teatral («Line, el tiempo»), la autora muestra toda su calidad y los aspectos nucleares de su obra, pues es en ese hastío, en esa tristeza donde uno encuentra el estilo de Kristof, quien transmite de manera clara su visión nihilista en el siguiente diálogo de «¿Dónde estás, Mathias?», hablando de alguien que se hizo mayor que:

«tiene que atravesar la vida.
—¿La vida? ¿Por qué? Yo la atravesé y no encontré nada.
—Pero es que no hay nada que encontrar»

Así, en este relato que abre el libro, la autora nos presenta a Sandor, un niño triste y prácticamente abandonado, que ansía tener a alguien a su lado, incluso aunque sea alguien que no lo quiera porque «le habría encantado ser un niño mártir. Pero no lo era. Su padre nunca le pegaba (…) Le habría gustado que le dieran una bofetada. Para chillar. Para armar escándalo». Porque se encuentra solo, porque su mundo es un gran vacío en el que «los gallos siempre cantan demasiado temprano», donde los días son el infinito viviendo en una eterna repetición, aburrida e insulsa, que se constata al leer que «Sandor se sentó en la cama, bostezó. Y de repente recordó que su madre estaba muerta”. De esta manera, en las apenas veinte páginas del relato encontramos Kristof en su plenitud: protagonizado por un niño, pesimista, alicaído, en cierta manera cruel. La devastación y soledad emocional inunda un relato donde la crudeza toma forma de sueño y realidad, donde el abandono físico y emocional cobran fuerza y nos dirigen a un vacío en el que los encontramos solos y perdidos y únicamente nuestros sueños nos parecen acompañar en la caída al abismo irremediable que supone nuestra vida, una vida a la que hay que atravesar aun sabiendo que lo habrá nada al otro lado y puede que incluso tampoco en el camino.

El segundo relato del libro («Line, el tiempo») consta de una pequeña pieza teatral donde Kristof incide en la infancia, una infancia tremendamente madura y pesimista, de espíritu nihilista y devastadora. A ojos de Kristof, los niños que transitan por sus obras son terriblemente maduros, una madurez que les hace percibir una realidad de la que únicamente por la edad que tienen les es ajena, pero a la que observan con tristeza y pesar sabiendo que llegará un día en que será su presente, y la desolación ocupará sus trágicas vidas sin alicientes ni anhelos. Hay una nostalgia infinita en sus cortas vidas, mirando un futuro con aspecto de pasado que la autora, de manera clara y certera afirma en boca de su protagonista que «no has vuelto por mí. Has vuelto para encontrar la atmósfera de antaño, tu juventud, tus sueños, tus ilusiones».

Por todo ello, a pesar de su corta extensión, este libro es altamente recomendable, pues aporta al lector los principales elementos de la obra de Kristof y su inconfundible estilo marcado por una biografía que impregna sus relatos de tristeza, nostalgia, la búsqueda de un hogar que parece huir de sus protagonistas, empeñado en hallar un lugar en el que reposar sus almas cansadas, desgastadas y apesadumbradas. La desilusión y el pesar envuelve su obra a la vez que nos muestra que el camino vital nos lleva, una y otra vez, a un lugar donde nuestra mirada parece perderse en busca de un horizonte sin percatarnos que, por muy lejos que llegue la mirada, seguimos estando en el mismo sitio.

8 comentarios:

Santi dijo...

Muy interesante reseña, muchas gracias. Agota Kristof es siempre una autora a la que hay que acompañar atentamente...

Besay dijo...

Leí la trilogía de "Claus y Lucas" y me marcó profundamente. Kristof en cierta medida me recuerda a Rulfo: ese laconismo desesperanzado, ese pasado del que no se puede escapar y que amarga sin remedio la existencia. La sensibilidad de la autora es bella aun con la crudeza de los temas que trata. Es una gran escritora y tiene la poderosa capacidad de conmover desde la brevedad, que para mí es señal inequívoca de grandeza literaria; eso no quita que admire a autores como Torrente Ballester o Thomas Mann, capaz de abundar en páginas geniales. Gracias por la recomendación, habrá que echarle un vistazo. Que tengan un buen día todos los miembros del blog y gracias por la labor que realizan.

Marc Peig dijo...

Hola, Santi, Besay, buenas noches.
Estoy completamente de acuerdo con vosotros. Kristof hay que tenerla siempre en cuenta, pues cómo dice Besay, “tiene la poderosa capacidad de conmover desde la brevedad”. Para mí fue una escritora con un grandísimo talento que supo transmitir como pocos la nostalgia y la desesperación de las infancias perdidas y desamparadas.
Saludos, y gracias a ambos por los comentarios.
Marc

Anónimo dijo...

Muchas ganas me quedan de leer a Kristof

Anónimo dijo...

😱 ¿Habéis vuelto a abrir la posibilidad de comentar? Porque antes no se podía...
Gran reseña y gran autora.

Marc Peig dijo...

Sí, después de un tiempo de desconexión hemos abierto de nuevo los comentarios :-)
Y coincido, Kristof es una grana autora!
Muchas gracias por el elegido a la reseña y por el comentario.
Saludos!
Marc

Arturo Belano dijo...

Qué alegría que podamos hablar de nuevo por aquí.
Agota me gusta mucho. Claus y Lucas fue revelador.

Marc Peig dijo...

Ciertamente, Arturo. Para mí, Claus y Lucas fue una enorme sorpresa y me descubrió una nueva manera de narrar. A partir de ahí, leo todo lo que encuentro de Kristof (y creo que de momento no le he dejado nada).
Saludos, y gracias por el comentario.
Marc