viernes, 30 de noviembre de 2012

Ian McEwan: Chesil Beach

Idioma de publicación: Inglés
Título original: On Chesil Beach
Año de publicación: 2007
Valoración: decepcionante

Pues sí: ésta es una novela decepcionante. Para mí, claro, aunque puedo comprender que haya a quien le guste y quien disfrute de la delicadeza de su lenguaje y de lo significativo de su situación, y no lo digo en tono burlesco. A los que tengan cierta acusada anglofilia y cierta nostalgia por cierto tipo de cultura evocado por libros como los de Jane Austen o películas como las de James Ivory, por ejemplo.

Y una de las causas principales de que me parezca decepcionante es haber leído otros libros del autor, con lo cual sé que McEwan puede no ser tan cursi y relamido, y su intención, escribiendo cosas como lo de la cucharada manando limpiamente u otros eufemismos para definir situaciones sexuales o fisiológicas, no sé si es la de situarse en esos estilos literarios o la de, como consigue conmigo, provocar vergüenza ajena. Ya sé que McEwan no es el amigo cafre que es Welsh, pero es que aquí ni siquiera es el amigo confidente que es Hornby.  Me ha desesperado la levedad de estas páginas, la coartada de una situación que se hace muy ajena, para desgranar, una tras otra, las circunstancias sociales y educativas que convergen hacia la escena central del libro.

Porque este libro narra el difícil (parece, hasta épico) enfrentamiento a su primera noche de bodas de una pareja recién casada, noche a la que los dos acuden vírgenes. Cuestión que se plantea en la primera frase del libro.  A partir de ahí, la novela se esfuerza en detallar todos los factores que provocan esa situación, incluso en 1962, tan anómala. No sé si el libro es una proclama para promover el sexo prematrimonial, para estimular una educación más franca y abierta sobre la cuestión, por parte de padres o de sociedad, para evitar que situaciones así se produzcan. Insisto, ni idea de la intención de McEwan sabiendo, que, en Sábado, por ejemplo, es directo, preciso, y nada pacato.

Pero es que esta historia de tono ineludiblemente british, la de la relación previa entre estos dos jóvenes de clases sociales diferentes, él, hijo de madre con problemas mentales de clase humilde, ella, hija de profesores de Oxford, bien posicionada, de cómo se conocen, de cuáles son sus inquietudes y sus proyectos de futuro, de cuál es el destino que les espera y qué hecho determina sus vidas, ha colmado, por segunda vez, mi paciencia.

Pocas veces seré tan cruel como para decir que es mucho más amena la nota de la contraportada que el  libro en sí: puede que hasta dé más pistas, como lo hacen los buenos trailer de las películas que luego nos decepcionan. Porque si McEwan quería someter a la sociedad británica de la era pre-pop a una dura crítica, por su mojigatería y sentido del decoro, por su ausencia de carnalidad, le sobran páginas a patadas, le sobra ambientación y atrezzo, le sobran eufemismos y sentido de lo trascendente.

A ver, está bien su estilo y su estructura, no hay queja en ellos, y quien quiera que esta historia le sitúe en otros tiempos, con otras mentalidades, ahí tiene el libro para pronunciarse sobre él. A mí me ha parecido una situación tan alargada, una sutileza y ligereza prolongada y sostenida en el aire, tan magnificada y artificialmente convertida en determinante con tal de llenar páginas, y, al final, tan poco creíble que, incluso leído por segunda vez, he acabado este libro con un sustancial cabreo.

También de Ian McEwan en UnlibroaldíaSolar, Expiación

jueves, 29 de noviembre de 2012

Shalom Auslander: Esperanza: una tragedia

Idioma original: inglés
Título original: Hope: A Tragedy
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable


Solomon Kugel está harto de la ciudad y su estresante ritmo de vida, así como de la contaminación y de todas las fuentes de gérmenes que pueden perjudicar a su hijo, un niño de salud delicada, por lo que decide comprar una casa en el campo y mudarse allí con su mujer y su pequeño. Pero lo que promete ser una vida mejor resulta no serlo en absoluto. 

Por una parte, tiene que llevarse con él a su madre, que en teoría tiene una enfermedad degenerativa y se está muriendo, pero que cada día parece revivir y aprovechar para recordarle la suerte que tiene de estar vivo y para comportarse como una víctima del Holocausto, a pesar de que nunca ha pisado un campo de concentración y toda su familia se ha criado en los Estados Unidos. Por otra parte, hay un pirómano que se dedica a reducir a cenizas las granjas de la zona y Solomon teme que su casa vaya a correr la misma suerte. Y, por si todo eso fuera poco, descubre que hay alguien viviendo en su ático, que no tiene ninguna intención de marcharse del mismo y que, además, es Ana Frank.

Partiendo de esta premisa, lo único que podemos hacer es cruzar los dedos y esperar que Auslander reparta la mala leche y el humor negro al que nos tiene acostumbrados y escriba una novela divertida, crítica y políticamente incorrecta. Y sí, por suerte para nosotros, lo hace. Esperanza: una tragedia se ríe de todo lo que, al parecer, uno no se puede reír: de los judíos, de Ana Frank, de Hitler, del Holocausto, de los estadounidenses, de la propia madre... y además narra una historia tan absurda y  rocambolesca que hasta podría ser real.

Como hace también en sus otros libros, el autor utiliza el humor para hablar de todos aquellos temas que hoy en día consideramos "delicados" y dice lo que piensa sin morderse la lengua. Sí, es irreverente e imagino que sus palabras levantarán muchas ampollas, pero Shalom Auslander es algo más que un judío haciendo chistes sobre judíos: es un buen escritor y sus obras son también una crítica abierta y clara de la sociedad en la que vivimos. No sólo despedaza la religión y la política, sino que desnuda al ser humano y expone todas sus miserias, haciendo que nos riamos mucho, sí, pero también haciéndonos reflexionar al respecto.



También de Shalom Auslander: Lamentaciones de un prepucioCuidado con Dios.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Javier Tomeo: Historias mínimas

Idioma original: español
Año de publicación: 1988
Valoración: recomendable

En la introducción a esta obra, Javier Tomeo cuenta que el título que él daba a estos relatos antes de publicarlos era Microteatro psicopático. Me imagino a su editor, Jorge Herralde, diciéndole: "Tú no quieres vender libros, ¿no?". Bromas aparte, lo cierto es que el título original del autor refleja mucho mejor que el del editorel contenido del libro, porque lo que encontramos en él son pequeñísimas piezas de teatro (entre una y cinco páginas) protagonizadas por seres irreales, absurdos o desquiciados.

El microteatro de Tomeo está cerca de la parábola o del "misterio" medieval: los personajes son símbolos, personificaciones de ideas o caricaturas: niños, hombres o mujeres sin nombre; payasos, toreros, filósofos, marineros, militares; animales parlantes, esqueletos, muertos, sombras... y los escenarios, trenes, barcos, parques, casas, todo ello en un mundo de abstracciones y metaliterario en el que el público aparece muchas veces como un personaje más.

El tono de las historias varía de lo humorístico a lo poético, con deslizamientos en lo decididamente absurdo. Chispazos de ingenio casi encapsulables como chistes (un esqueleto le dice a otro: "lo peor que podemos hacer es desanimarnos") alternan con cuestionamientos afilados sobre la comunicación y la vida, siempre en un entorno onírico en el que el cielo puede convertirse en un queso gruyer o un niño puede robar la luna de un pozo para dársela a su madre.

Mi impresión es que estas "historias mínimas" ganan si se las lee con espacio entre unas y otras (po; todas seguidas, terminan resultando demasiado iguales unas a otras y se confunden en la memoria del lector; la sorpresa inicial se pierde, y los diálogos acaban por resultar variaciones unos de otros. Además, por lo que Paula dijo en su reseña de Diálogo en re menor, parece que este tipo de diálogos en un contexto abstracto e irreal es marca de la casa.

martes, 27 de noviembre de 2012

Michel Houellebecq: Plataforma

Título original: Plateforme
Idioma original: francés
Año de publicación: 2002
Valoración: imprescindible

Hace unos días que leí un libro cuyo argumento me recordó poderosamente a éste: nada de plagio, simplemente esa especie de mecanismo de la memoria, que se instala con fuerza, por el que no puedes dejar de establecer comparaciones. Hasta el punto de, años más tarde de mi primera experiencia, hacerme decidir a releer esta maravilla.
Aunque Houellebecq, desde entonces, sólo ha entregado dos novelas más (y sendas recopilaciones de ensayo y poesía), este libro aún se mantiene fresco y vital, y lo considero su obra cumbre. Bueno, obra cumbre entre otras de enorme altura. Lo que me hubiera gustado tener el pretexto de una reseña para darme otro festín como el de la primera vez que leí El mapa y el territorio.

Plataforma es otra de esas novelas de Houellebecq donde, desde la angustia existencial, la middle age crisis, y todos sus fantasmas particulares, su autor atiza a diestro y siniestro. Sin contemplaciones, sin cálculo de riesgos mercantiles o incluso físicos (afirmaciones de este libro le llevaron a ser señalado por el islamismo radical), en los libros de Houellebecq recibe todo el mundo. Anda que se corta este hombre. Las descripciones de encuentros sexuales, las experiencias más truculentas, las sensaciones de asco y desazón, a pelo y sin precauciones, descritas procazmente, con una frescura y una convicción abrumadoras.

A Houellebecq le importa un pepino el escándalo que produzcan sus afirmaciones directas, o las que pone en boca de sus personajes. Es rabiosamente moderno, es rabiosamente ambicioso y escribe con la chulería del que sabe que sus seguidores irredentos no es que le rían, es que le idolatran las gracias. Sé que hay gente que no traga su imagen de enfant terrible. Sé que hay gente que considera que esa postura áspera y nihilista es una opción muy fácil de tomar. Más hoy en día. ¿Lo era hace más de quince años, o hace solamente diez, cuando publicó esta novela?. No; entonces el mundo occidental vivía montado en esa alfombra mágica que en este libro se critica, el ocio y el consumo desaforado como instrumentos para combatir el aburrimiento y el desencanto, como únicos estímulos para sacar el pie de la cama. La vuelta de tuerca, a cualquier precio, para obtener algo mejor que la última vez; sea un coche, sea una casa, sea una experiencia sexual extrema, sea una cena carísima en un restaurante en el otro extremo del planeta.

He aquí el Houellebecq novelista, y, como el ensayista o el poeta, mucho más filósofo y sociólogo de lo que a muchos les gusta o les resulta confortable. Lo que en sus libros parecen recriminaciones auto-inflingidas no son más que, en el fondo, reconocimientos conscientes de culpabilidad. Houellebecq nos dice que él también es uno de esos tipos, que qué hay de malo convertir esa condición en la centralidad de su obra, en el leit-motiv de su carrera, en el core business de su negocio como escritor.
Y, sabéis, se le perdona, mientras escriba libros como éste, donde las páginas vuelan, en el que uno, que no es tan raro ni tan retorcido ni tan me against the world, se ve a sí mismo, en medio de su lectura, moviendo la cabeza en sentido afirmativo, rebuscando dónde anotar alguna frase (frases de esas lapidarias, sí, tramposas, sí, demagógicas, sí, de las que produce a un ritmo frenético) a la vez que siguiendo una trama a la que una relectura, aunque se conozca su desenlace, no aleja un milímetro de su enorme disfrute (más bien lo contrario, te hace sentir bien, en casa), al reencontrarte sus planteamientos, sus agrias y retorcidas experiencias y la portentosa manera en que las describe. Mientras haga todo eso y lo haga tan bien, cedo el privilegio de criticar sus apariciones, sus desapariciones, sus caprichos, o su peinado, a cualquier otro que quiera hacerlo.

Dicho ésto, esta novela trata de un hombre de unos 40 años, funcionario público asqueado de su existencia que, tras el asesinato de su padre, se toma un descanso, recupera algo su maltrecha ilusión por la vida,  y se empareja con una joven ejecutiva a la que conoce en un viaje, y con la que vive una gratificante relación física y sentimental (descrita con todo tipo de detalles), influyéndola finalmente para poner en marcha un tipo de viajes directamente orientados al turismo sexual. Lo hacen inspirados en su viaje a Tailandia, pero proyectan expandir esa idea a todo el globo.
En medio de toda esa historia, Houellebecq nos explica cómo es el mundo de hoy (bueno, el de hace 10 años, no hay gran diferencia), y por qué, a su entender, está mal que sea así.

El lector decide.

También de Michel Houellebecq en Un libro al día: Las partículas elementalesEl mapa y el territorio

lunes, 26 de noviembre de 2012

Series temáticas en ULAD

En Unlibroaldía estamos muy contentos: contentos con tener cada día más lectores y contentos con que éstos lleguen desde todos los rincones del mundo. Cuando abrimos el blog, los visitantes que nos leían desde fuera de España eran aproximadamente un 30% del total; hoy son ya casi el 50%.


España53.4 %

México
11.3 %

 Argentina
9.9 %

 Colombia
5.2 %

 Chile
3.8 %

 Perú
3.3 %

Estados Unidos
2.0 %

 Venezuela
1.4 %

 Uruguay
1.0 %

 Ecuador
0.9 %

Origen geográfico de visitantes al blog, por país

Por eso, queremos dar las gracias a todos esos visitantes que llegan a nosotros del otro lado del Atlántico, con los que une la pasión por los libros y la literatura. Hemos estado pensando cómo agradecer a esos lectores su interés y su fidelidad, y esto es lo que se nos ha ocurrido. Un libro al día va a dedicar una serie de semanas temáticas a la literatura de los países de nuestros seguidores. Empezaremos por México y seguiremos el orden del cuadro: Argentina, Colombia, Chile.... Pasarán por el blog los grandes autores del continente americano, del Norte y del Sur, y otros autores menos conocidos pero igualmente recomendables.

Y nos gustaría pedir vuestra colaboración. Nos gustaría que nos enviarais propuestas de reseñas de libros o autores de estos países; reseñas para que las publiquemos como colaboraciones, comentarios en el blog o a través facebook o Twitter, en definitiva cualquier tipo de participación.

Nuestra intención es dedicar a estas series una semana al mes, empezando en diciembre, y así contribuir a que todos nos sintamos ciudadanos de esa causa común que es la pasión por los libros.

Os esperamos.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Colaboración: Michael Kohlhaas de Heinrich von Kleist

Idioma original: alemán
Título original: Michael Kohlhaas: Aus einer alten Chronik
Año de publicación: 1811
Valoración: recomendable

Eustaquio Barjau, en su presentación de la novela de Kleist, advierte al lector de que no se trata de una lectura fácil y le previene del uso casi abusivo de las subordinaciones, que en más de una ocasión obligan a remontarse unas cuantas líneas más arriba para comprender el texto. Y si bien es cierto que efectivamente la estructura sintáctica del texto constituye un obstáculo, también lo es que la historia le atrapa a uno desde la primera página.

En cuanto al estilo, cabe destacar también el tono judicial que se mantiene toda la novela, la sensación inicial de estar leyendo una sentencia, que va tomando forma, sumando antecedentes de hecho, hasta la apoteosis final.

Michael Kohlhaas es un tratante de caballos que sufre un abuso a causa de unos discutiblemente necesarios aranceles para atravesar una también discutible frontera. Comienza entonces el periplo de Kohlhaas para que se haga justicia. Recibiendo evasivas de la administración, sintiéndose desamparado, advirtiendo la impunidad de algunos, presa de la desesperación y buscando liberarse de la prepotencia y arbitrariedad reinantes,  Kohlhaas decide tomarse la justicia por su mano. Es esta la empresa de un hombre apasionado e íntegro que acepta todos los contratiempos que le acontecen con un ánimo inquebrantable.

La novela está basada en una crónica del siglo XVI y la única referencia temporal que contiene es la visita del protagonista a Lutero en busca de consuelo. Lutero asume, en palabras de Kleist, “la tarea de represar, con el poder de la palabra sosegada, a Kohlhaas dentro del dique del orden humano”. Pero Kohlhhas se siente desterrado de ese dique humano, “repudiado es aquel a quien se niega la asistencia de las leyes”, manifiesta, y no cesará en su empeño hasta llegar a las últimas y dolorosas consecuencias, que sin embargo asume de buen grado.

Se trata de una constatación, en resumidas cuentas, de cómo la burocracia y los protocolos establecidos pueden, lejos de facilitar la vida al individuo, complicarle la existencia hasta el punto de convertirlo en un ser reaccionario y vengativo.

Cito a Poincaré: “Si conociéramos las leyes de la vida nos sorprenderíamos al ver lo sencillas que son”.

Firmado: Susana Daniel

sábado, 24 de noviembre de 2012

Mo Hayder: El tratamiento

Idioma original: Inglés
Título original: The Treatment
Año de publicación: 2001
Valoración: recomendable


Mo Hayder es una escritora británica que se dio a conocer en 2000 con su obra Birdman (que en España se publicó con el título El latido del pájaro), una novela negra en la que introdujo al inspector Jack Caffery y que inició una serie policial que abarcaría cinco libros más. 

La segunda obra perteneciente a dicha serie es El tratamiento, que comienza cuando Caffery acude a inspeccionar la casa de Alek y Carmel Peach, en la que éstos han sido retenidos contra su voluntad y aparentemente torturados durante varios días. Mientras el matrimonio es trasladado al hospital, la policía se concentra en la búsqueda de Rory, el hijo de nueve años de la pareja, que ha desaparecido.

Con este punto de partida y teniendo en cuenta que el personaje de Caffery es el típico agente de la ley de manual: inspector, detective... (lo que sea) volcado en el trabajo, con un pasado trágico que interfiere en la presente investigación y en su objetividad, una relación con una mujer que también sufrió un brutal ataque tiempo atrás y con la que difiere a la hora de hacer frente a lo ocurrido... más o menos ya sabemos por dónde va a ir esta historia.

Y, sin embargo, nos equivocamos. Cada vez que creemos que el argumento va a desarrollarse en una u otra dirección, la autora le da una vuelta y nos encontramos en un sitio completamente diferente y sin saber qué monstruo va a salir de qué armario. El tratamiento, por tanto, funciona porque está muy bien escrito y estructurado, y las piezas del puzzle que Hayder compone encajan a la perfección, y porque, a pesar de su aparentemente sencillo –y típico– comienzo, el argumento de la novela se complica y acaba enredándose en una madeja de acontecimientos de la que la autora consigue salir bien parada. Lo cual no es nada fácil, teniendo en cuenta que la historia no es para nada agradable, pues lo que comienza como un aparente secuestro deriva en un horrible caso de pedofilia, y no faltan detalles que nos pongan los pelos de punta en más de una ocasión.

Sí, es cierto, a pesar de parecer la típica novela policíaca, El tratamiento sorprende, entretiene, y deja mal cuerpo. Muy, muy mal cuerpo. Así que, si alguien quiere disfrutar/sufrir a partes iguales, éste es su libro.

viernes, 23 de noviembre de 2012

John Fante: Llenos de vida

Idioma original: inglés
Título original: Full of life
Año de publicación: 1952
Valoración: Muy recomendable

Reconozco que tengo debilidad por John Fante, uno de los escritores que mejor consigue crear personajes perdedores pero simpáticos, desagradables pero entrañables al mismo tiempo; también, uno de los pioneros en el campo de la auto-ficción, un filón que han explotado (con éxito) muchos otros escritores estadounidenses, desde Bukowsky a Paul Auster, pasando or Henry Miller o Philip Roth. Porque los protagonistas de Fante son siempre variantes del mismo tipo: un escritor italiamericano infantil y pusilánime, que lucha por abrirse camino en el mundo de la literatura o el cine en Los Ángeles. A veces (en su teatralogía más famosa) este personaje se llamará Arturo Bandini; en Llenos de vida se llama directamente John Fante, aunque su vida no es exactamente la vida del John Fante real.

El título, Llenos de vida, es en sí mismo un chiste, puesto que es una referencia al embarazo de la mujer del protagonista, Joyce: un embarazo que a veces será motivo de alegría, y casi siempre de incomodidad o preocupación para el protagonista. A este matrimonio algo disfuncional se une el padre del protagonista y narrador, que aplicará toda su destreza en reparar la casa del matrimonio, toda su superstición en conseguir que su nieto sea varón, y toda su mala leche en amargar la vida de su hijo.

Las historias de John Fante suelen ser, si se piensa bien, bastante tristes (esta menos, porque el protagonista vive en una situación mucho más desahogada que los de otras novelas, y el tema, la paternidad inminente, no es que sea precisamente trágico); pero siempre abunda en ellas una ligereza y una fluidez que las hacen entretenidas y casi alegres. Da igual que se hable de la descomposición de una familia, del alcoholismo o las drogas, de la lucha por la supervivencia en un mundo hostil: siempre se hace en tono de broma y con una respuesta ácida preparada debajo de la lengua.

Fante no es, desde luego, un maestro del estilo: emplea esa técnica, también muy americana, de decir lo que quiere decir con frases cortas, un lenguaje directo, pocos rodeos, pocos adjetivos. De otra forma, probablemente, habría perdido parte de su naturalidad, de su frescura.

Probablemente hablar de Fante como de un "clásico estadounidense", sobre todo después de una reseña de Franzen, sea demasiado; pero desde luego que es un autor recomendable, y hasta muy recomendable, para casi cualquier tipo de lector. Que alguien se atreva a decir eso de Franzen, o de DeLillo. O de Pynchon.

También de John Fante: Pregúntale al polvo

jueves, 22 de noviembre de 2012

Jonathan Franzen: Las correcciones

Título original: The corrections
Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2001
Valoración: Muy recomendable

Aún no consigo aclarar de manera definitiva si el canal HBO anda o no en la adaptación (con  la colaboración del autor) de esta novela para una de sus magníficas series, o si se ha descartado el proyecto debido a dificultades en el proceso, parece ser que debido a la complejidad de su puesta en imágenes.
Lo cual me parece una cuestión interesante acerca de este libro. Primero, porque, aunque se trata de una obra con un magnífico valor literario, uno no puede evitar, a medida que la lee, revestirla de aspectos visuales, proyectarla en esas imágenes asociadas al american life-style, pintarla de colores ligeramente pastel, y llenarla de actores semi-desconocidos, pero con prometedoras carreras ante sí.
Las correcciones es la novela que precedió a esa otra maravilla, ya reseñada aquí, que es Libertad, y sus similitudes son innegables, aunque hay que descartar intención de Franzen de establecer paralelismo. Ésta es pre-11-S y la otra es post-11-S. En términos estadounidenses, esa diferencia no es poca cosa. Las correcciones es, igual que Libertad, la historia algo épica de las vicisitudes de una familia americana, familia que responde a criterios más o menos stándard. Esta vez la familia se apellida Lambert, y el punto de partida de la novela es un ya duro primer capítulo, duro, eso sí, entre detalles de humor ligeramente ácido, sobre el Parkinson y cómo éste está afectando a Alfred, marido de Enid y patriarca de la familia. Extenderse en detalles es inútil y poco respetuoso hacia el trabajo de Franzen. Hay que leer esos párrafos, esas descripciones casi domésticas:

"Últimamente le había dado por hacer que su máquina calculadora imprimiese grandes columnas con números de ocho cifras, totalmente desprovistos de sentido. Cuando Alfred dedicó toda una tarde, o casi, a calcular cinco veces seguidas los pagos a la seguridad social por la señora de la limpieza, obteniendo cuatro resultados diferentes, y al final se quedó con el número que le había salido repetido (635,78 dólares, cuando la cifra exacta era 70,00), Enid organizó una incursión nocturna en el archivador de Alfred y lo despojó de todas las carpetas relativas al pago de impuestos, lo cual habría contribuido notablemente al más eficaz funcionamiento de la casa, si no hubiera sido porque las carpetas encontraron el modo de meterse en una bolsa de Nordstrom, con unos cuantos Good Housekeeping engañosamente antiguos bajo los cuales se ocultaban documentos más relevantes, pérdidas de guerra que trajeron como consecuencia que la señora de la limpieza se ocupase ella misma de rellenar los formularios y que Enid se limitara a firmar los cheques, mientras Alfred meneaba la cabeza ante lo complicado que era todo"

Ésta es una muestra, no más allá de las diez primeras páginas, de la prodigiosa prosa de Franzen. Bueno, de la prosa y de la imaginación y del sutil trabajo de perfil de la personalidad de los miembros de la familia y, en el fondo, de toda la labor necesaria para la puesta en escena de las grandes obras de Franzen. A medida que esas 734 páginas se despliegan, conoceremos a su esposa y a sus hijos, sus relaciones, sus proyectos fracasados y exitosos, y las circunstancias que han marcado y regido sus existencias.
Los conoceremos en toda suerte de situaciones y viviremos sus vidas en una especie de viaje donde no faltan los momentos surrealistas (una escena escatológica, una consulta médica a bordo de un crucero) ni las situaciones más cotidianas, ni esos lapsos marca de la casa que Franzen aprovecha para cargar las tintas ideológicamente contra el sistema establecido. Sí, ya entonces, ya antes de la crisis global y el asunto de Lehman Brothers, y el de Enron, y el de Fanny Mae. Porque si una palabra puede definir a Franzen como escritor es, como a Houellebecq, ambición. Bueno, haré trampas, y que sean dos: ambición y maestría.
Donde no se corta este novelista (la novela es su hábitat natural, no puedo evitar pensar que sus ensayos andan algún escalón más abajo) es donde muchos otros no llegan, por falta de agallas, de bagaje cultural, de capacidad de documentarse, de imaginación, de lo que sea. Jonathan Franzen es un escritor con una enorme convicción en que sus obras no pueden ser un pasatiempos más. Su vocación de alejamiento de best-seller no es sólo actitud. No es el caso, por millones que venda y galardones que obtenga (este libro en concreto fue premiado con el National Book Awards ). Puede que ése sea el motivo por el que tarde casi décadas en acabarlas.
Pero cuando uno se enfrenta a la suntuosidad de sus mejores momentos (porque no hay que negar que 734 páginas dan para ligeros altibajos, lo contrario sería inhumano), comprende que cada página, que cada interludio, cada mención de éste u otro detalle, ha estado calculado, meticulosamente insertado con la finalidad de alcanzar el efecto deseado. Sea un programa de TV visionado, o una marca de detergente usado, o una suscripción a una revista concreta. Franzen no dejó nada al azar en Las correcciones. Los impactos, a pequeña o a gran escala, deben aportar su resultado. Como pasa, y vuelvo al canal HBO que mencionaba, con series como The Sopranos, las novelas de Franzen son viajes vívidos y apasionantes tras los cuales, normalmente, las cosas nunca vuelven a parecer lo mismo.

También de Jonathan Franzen en Unlibroaldía: LibertadCómo estar solo

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Horacio Castellanos Moya: El asco. Thomas Bernhard en San Salvador

Idioma original: español
Año de publicación: 1997
Valoración: recomendable


Edgardo Vega, un salvadoreño que lleva dieciocho años viviendo en Canadá, se ve obligado a volver a su país de origen para asistir al entierro de su madre. Tiene que quedarse un mes en casa de su hermano para arreglar el papeleo y vender la casa familiar, tras lo cual su intención es volver a Canadá y olvidarse de El Salvador para siempre. Cuando lleva dos semanas en la ciudad queda con su amigo Horacio en el único bar en el que se siente cómodo y despotrica a gusto sobre todo lo que odia de su país, elaborando un interesante monólogo que posteriormente Horacio reproducirá en este libro.

Se queja del viaje, de los taxistas, de los bares, de la música tradicional, de la cultura (mejor dicho, de la falta de cultura), del culto a la televisión, de los políticos corruptos, de la falta de ideales, del consumismo atroz, de la comida tradicional, de las casas amuralladas y la absurda y extrema obsesión de los salvadoreños por la seguridad, de la influencia de la iglesia en la política y la sociedad e incluso de su familia, una panda de ineptos cuya máxima aspiración es cotillear (en el caso de ellas) o visitar prostíbulos (en el caso de ellos).

Horacio Castellanos (quien advierte al principio de El asco que Edgardo Vega existe y vive, efectivamente, en Canadá bajo otro nombre) escribió este libro en 1997 como un ejercicio de estilo, intentando emular a Thomas Bernhard y su crítica a su país natal. Lo que consiguió, al contrario que el escritor austríaco y tal y como cuenta en su epílogo, fue un rechazo absoluto e innumerables críticas por parte de público, crítica y conocidos, así como amenazas de muerte y la obligación de exiliarse para evitar que lo mataran o que hicieran daño a sus seres queridos.

Aunque, como dijo Robert Walser (y así lo reproduce también Castellanos), "No se hace frente impunemente a la nación propia", El asco siguió reeditándose en El Salvador y, poco después, en otros países sudamericanos y en Europa. El autor ha trabajado en otros países, ha escrito otras novelas, pero –para su desgracia– siempre será conocido por ser el autor de esta pequeña gran obra, en la que, además de realizar una dura crítica a su país de origen, también se descubre como un escritor de gran talento.

martes, 20 de noviembre de 2012

Thomas Pynchon: Vineland

Idioma original: inglés
Título original: Vineland
Año de publicación: 1990
Valoración: Muy recomendable


A estas alturas, ¿qué esperamos de una novela? Probablemente, no mucho. Las grandes aventuras literarias pasaron a la historia. Se han convertido en clásicos y ya no sorprenden a nadie. La comodidad se ha adueñado de las plumas, de los sofás y los despachos, nadie quiere ya molestarse mucho en emprender algo costoso de hacer y consumir asumiendo los riesgos que supone poner en circulación una obra con inciertas garantías de éxito. Al enorme bazar en que ha llegado a convertirse lo literario le conviene más acostumbrar a los lectores a una serie de esquemas trillados tanto en contenido como en forma. De ahí que la escasa (o ninguna) rebeldía y la ausencia de experimentación constituyan la mayor parte de la cosecha ficcional de las últimas décadas.

No voy a hablar de Pynchon porque, ni conozco suficientemente su obra ni tengo intención de repetir aquí el puñado de frases con que suelen referirse a él y a sus escritos. Quien tenga interés que las busque. Me ceñiré, pues, a Vineland. Una novela poco recomendable para quien no quiera complicarse demasiado la vida, porque Pynchon terminará, quiera usted o no quiera – a no ser que interrumpa la lectura – arrastrándole a un apasionante e incierto viaje a través de tierras imaginarias, tiempos futuros o espacios terrenales habitados por no-vivientes, de la mano de inolvidables personajes, tiernos o crueles, desorientados de una forma u otra, marginados a veces, siempre marginales.

La postura política del autor es diáfana, su intención crítica también, sus destinatarios, aquellos que no se sientan demasiado incómodos por sus ataques y se tomen la molestia de seguirle. El lector se trasladará, entonces, a los inquietos 60, con sus experimentos, rebeldías, hallazgos y la consiguiente represión por parte del poder; con constantes avances y retrocesos entre esta época y la de dos décadas más tarde, merodeará por unos Estados Unidos más misteriosos (o mágicos o inexplorados) de lo que son realmente, por un país tan irreal como verdadero en lo más profundo, pues la metáfora desvela todo lo que oculta la superficie. Los personajes no están demasiado definidos, tampoco los lugares ni los hechos. En eso reside parte de su encanto ya que, con unas cuantas pinceladas impresionistas, perfila un paisaje más exacto y reconocible que si lo hubiese retratado detalladamente. Mediante una combinación de fantasía y realidad, que logra a base de superponer elementos esotéricos y pseudocientíficos, nos sitúa en unos años 80 que parecen emerger de siglos futuros pero recrean un pasado que es a la vez presente y que, por desgracia, puede proyectarse en el tiempo.

La trama gira sobre varios ejes: la lucha entre un sector de la juventud y el poder establecido de la época de Nixon – que se prolongará hasta la de Reagan –, los esfuerzos de este poder por introducirse en los grupos rebeldes y corromper a sus miembros más vulnerables, la consiguiente traición a ideales, pareja y amistad; la música y el cine como medios de transformación social, la separación familiar que provocan los hechos – con la nota emotiva a cargo de la joven Prairie, que busca interminablemente a una madre fantasma, engullida por el sistema –; la violencia que generan tanto la represión como la resistencia a esta, así como las derivaciones y consecuencias de todo ello.

Un relato apasionante, en el que encontrarán mucha ideología, mucha acción – pero poco usual, nada que ver con el trepidante ritmo de los thrillers – aunque, como apuntaba al principio, a través de una lectura nada cómoda.



También de Pynchon: Contraluz

lunes, 19 de noviembre de 2012

Colaboración: El hombre en el laberinto de Robert Silverberg

Idioma original: Inglés
Título original: The man in the maze
Año de publicación: 1969
Valoración: Imprescindible para amantes de la ciencia ficción, Muy recomendable para el resto de lectores

Silverberg nos recrea la obra clásica Filoctetes de Sófocles de la mano de Dick Muller, explorador y diplomático intergaláctico. En uno de sus contactos con otra inteligencia (los hydranos), Muller resulta dañado, enfermo, trastocado para siempre. Esta enfermedad es una suerte de plaga, una peste, la peor que se pueda imaginar. La peste que Muller transmite no es otra que la verdad. La verdad sobre nosotros mismos. Todo lo que nos hace humanos, los pensamientos y sentimientos que secretamente nos avergüenzan se vierten de forma incontenible y desesperada sobre la gente que le rodea. La consecuencia es tajante: nadie quiere sentir en su propia piel la miseria que encierra la psique humana. Nadie quiere que le muestren la peor versión de si mismo.

El otrora orgulloso y arrogante Muller, ahora un paria rechazado por sus congéneres, abandonado, muerto en vida, se embarca en un exilio voluntario a Lemnos, un mundo cubierto por ruinas laberínticas de otra raza abandonadas tiempo atrás. Lemnos es conocido por los horrores reales e imaginarios que alberga su laberinto. ¿Qué busca Dick Muller? ¿La soledad o la muerte? No lo sabemos, tampoco importa. Consigue sobrevivir cual nuevo minotauro en el implacable dédalo que le observa durante nueve años enteros, esperando impertérrito cualquier error para acabar con su vida. Y aquí es donde comienza la historia, cuando nueve años después del accidente los humanos se ven obligados a buscar a Muller tratando de que salga de su exilio y salve a la raza humana.

Este libro no es una historia de ciencia ficción al uso, más bien nos encontramos ante una profunda reflexión sobre la soledad, el rechazo, la honestidad y el dolor. Sobre lo que nos hace ser humanos y lo que nos impulsa a alejarnos de la Humanidad. Es una obra desgarradora y dramática, y a la vez rebosante de un tibio eco de esperanza. Quien haya leído a este autor se dará cuenta de que la especie de telepatía indeseada que sufre nuestro protagonista es un prototipo de lo que tres años después será Muero por dentro, para muchos obra cumbre de Silverberg, que reseñaremos en breve, y que retoma y profundiza en esta idea.

El hombre en el laberinto siempre fue mi libro preferido. No el mejor que he leído, quizás ni siquiera el mejor libro de Silverberg, pero hay ocasiones en que una historia te atrapa y se queda en ti para siempre, no importa los años que pasen ni las páginas que hayas recorrido. Forma parte de ti. Este libro fue durante décadas un ‘inencontrable’, que muchos aficionados buscábamos en cada mercadillo y librerías de viejo, y que finalmente llegó a mí en forma de regalo, el más apreciado hasta la fecha. Ahora que Factoría de Ideas lo ha reditado no puede faltar una reseña que os invite a acercaros a él, si no lo conocéis.

Firma: Nerea Ortega

domingo, 18 de noviembre de 2012

Ricardo Piglia: Plata quemada

Idioma original: español
Año de publicación: 1997
Valoración: recomendable

Dos tipos ultimando los detalles de un atraco, que perpetrarán junto a otros: primer capítulo, y ya todo desprende un fuerte aroma tarantiniano, esa especie de marca de fábrica que ha impregnado la cultura popular de los últimos lustros. Crueldad y violencia gratuita, o muy  barata, cierto humor negro, diálogos aparentemente banales acerca del hecho de cargarse gente a tiros. Planificación del golpe, cronómetro en mano, ligera erótica del delincuente, hasta del delincuente más tirado, del que delinque porque es un desesperado adicto a las drogas o porque ese es su único modus vivendi. Descripción casi clínica del asalto, relación de fechorías, visualización de los asaltantes en su convivencia mientras dura el proceso de la huida.
Sí, dije tarantiniano, sobre todo ese ambiente desquiciado, el de los delincuentes (a los que acaban llamando los nihilistas) custodiando el botín e iniciando una especie de discusiones acerca de su reparto, perdiendo los nervios constantemente, presas de la sobreexcitación, de la creciente desconfianza entre ellos y de los abusos de substancias.
Pero podría también decir capotiano, de ese Capote frío y preciso de A sangre fría, pues algo comparte con él este libro, muchos años más tarde; algún espíritu común flota, y no sólo es que Piglia haga suya toda la jerga de los delincuentes de baja estopa (también, por cierto, convirtiendo su lectura en algo, a pesar de dinámico, no siempre sencillo). Es que la crónica de los hechos, unos hechos reales, se sustenta en parecidas licencias de adaptación y especulación de la realidad. En cierta búsqueda de los orígenes de la conducta criminal, que aquí también es errática, intuitiva y caprichosa. En este sentido, Plata quemada no es novela policíaca al uso, ni tan siquiera género negro; hay puntos en que parece más bien novela costumbrista, realismo visceral obstinado en mostrar la violencia y el crimen como elementos habituales del día a día, como componentes de la normalidad. Los atracadores,que saben que habrá que matar a los policías que custodian el furgón, lo relatan como un elemento más de la operación; su consideración es fría, casi como la de un epígrafe presupuestario. Esa frialdad, ese relato, a pesar de las sobreentendidas licencias del autor, tiñen este libro no de negro sino de rojo. Casi lo convierten en una de esas reconstrucciones de escenas del crimen. La tensión se palpa y, conforme el lógico e inexorable desenlace se acerca, conforme el número de hojas pendientes hasta el final se reduce, el lector transita por las vidas de unos criminales crueles e irrespetuosos con la sociedad en que viven, pero extrañamente fieles a sus principios.
Una efectiva novela, inspirada, dinámica, ligeramente descorazonadora, que se lee con una sorprendente facilidad.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Fritz Zorn: Bajo el signo de Marte

Idioma original: alemán
Título original: Mars
Fecha de publicación: 2007
Valoración: Imprescindible

"La sensibilidad no es una debilidad ni una inferioridad en el marco de la sociedad humana. Al contrario, la sensibilidad incluso es una necesidad porque sólo el hombre sensible intuye hasta qué punto su propia sociedad es malvada, y lo siente tan dolorosamente que intenta expresarlo en palabras y provocar una mejora mediante la formación de su crítica".

La que acabo de poner es una de las tantas frases memorables que contiene el libro que hoy reseño, por no hablar de los tres magníficos prólogos que, asimismo, contiene.

Hacía tiempo que no interrumpía mi lectura, cogía uno de mis cuadernos, y me ponía a apuntar frases del libro que me estaba leyendo. Pero es que no quiero olvidar ciertas cosas que he leído en Bajo el signo de Marte, impactante testimonio en primera persona del suizo Fritz Zorn, un enfermo de cáncer terminal de 32 años. Pero adelanto ya que lo que sobrecoge de esta ¿novela?, ¿autobiografía?, no es que un tipo cuente qué se le pasa por la cabeza mientras cientos de células cancerosas lo devoran sin piedad.

No, qué va...

Lo que le deja a uno horrorizado y maravillado al mismo tiempo mientras lee y lee sus lúcidos pero angustiosos párrafos, es la valentía que tuvo Fritz Zorn (apunte: apellido falso que significa "cólera" en alemán) para salir de sí mismo y analizarse, desdoblándose así en observador y en sujeto: un sujeto enfermo como ser humano y como organismo biológico. Y ello, poco antes de desaparecer del mundo.

Así pues, ésta se trata de la primera y única obra de Zorn, profesor de español y portugués suizo que en sus últimos días se dedica a desmigar sin compasión no sólo su personalidad, sin duda depresiva, tímida, introvertida e insociable de forma patológica, sino también a sus padres, una pareja de burgueses de Zúrich que le dieron una educación que tristemente le ayudó mucho a desarrollar sus "rarezas" innatas. Porque los padres de Zorn le transmitieron de forma constante la idea de que su papel en el mundo debía ser el de un personaje dedicado a contemplar y no a actuar, a agradar siempre a todo el mundo y a no importunar a nadie jamás. Y en cuanto a su educación sexual, se puede decir que la misma no existió, algo que unido a la falta de instintos sexuales de la que adolecía Zorn, provocaron que éste nunca se sintiera atraído físicamente por ningún hombre ni por ninguna mujer, ni que viera en ello un problema. Así, el autor de Bajo el signo de Marte murió sin haberse acostado jamás con nadie.

Cuenta la leyenda que Zorn le envió el manuscrito a un famosísimo editor suizo que le comunicó su decisión de publicarlo sólo un día antes de que el escritor muriera. Y una vez publicado el libro, el mismo se convirtió en un auténtico super- ventas. Esto deja claro que no siempre la masa lectora babea por libros largos, facilones y predecibles, ¿no?

En fin. Podría escribir y hablar tanto sobre este libro, Zorn, sus padres, y el mundo y los vicios silenciosos y burgueses que disecciona... Pero prefiero concluir diciendo que considero que éste se trata de un libro imprescindible porque bucea sin complejos por los más inaccesibles recovecos de un atormentado de apariencia apacible, casi perfecta, y en el que muchos, de una forma u otra, podemos vernos reflejados. Digamos que este libro hace hincapié en la manida cuestión de la libertad del ser humano frente a la sociedad que lo amamanta, pero desde el punto de vista de un animal moribundo que en sus últimos días se ve más lúcido que nunca.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Primo Levi: Si esto es un hombre

Idioma original: italiano
Título original: Se questo è un uomo
Año de publicación: 1947-1958
Valoración: Imprescindible

Hace unos días, a cuenta de la reseña de Liquidación de Kertész (quien poco después anunció que abandona la escritura; espero que no sea por culpa de nuestra reseña), hablaba en Twitter de escritores que han reflejado con una mirada especialmente lúcida el horror del Holocausto. Kertész es, obviamente, uno de ellos; Jorge Semprún, en mi opinión, es otro (por ejemplo en La escritura o la vida); y otro, imprescindible desde luego, es Primo Levi, quien fue de hecho el primero en dar testimonio de los horrores de los campos de concentración y la Solución Final.

Levi comenzó a escribir Si esto es un hombre casi inmediatamente después de la liberación de los campos, en 1946; tenía ya muy claro, incluso en ese momento de trauma, que era necesario dar cuenta de lo sucedido, para que el mundo supiera la verdad; para que no pudiera volver a repetirse. "Contaréis lo que pasa aquí y no os creerán", cuenta Levi (y otros supervivientes de los campos) que decían los oficiales de las SS. En efecto, la brutalidad de lo sucedido en Auschwitz, en Buchenwald, en Dachau, parecía superar la capacidad de asimilación y de comprensión humana (algo sobre lo que también reflexionan Kertész y Semprún en sus obras).

Si esto es un hombre es la narración, ni melodramática ni idealizada, de la experiencia de Primo Levi en los campos de concentración, desde su deportación junto con otros judíos italianos, hasta la liberación por el ejército ruso. Las vivencias aquí presentadas (el hambre, el cansancio extremo, la lucha por la supervivencia, las miserias físicas y morales, la muerte o la muerte en vida) nos resultan ahora ya conocidas, por la literatura y sobre todo por el cine de los últimos 70 años; pero pocas veces se han plasmado con tanta crudeza, con tanta sinceridad, con una conciencia tal clara del valor y la necesidad del testimonio.

Levi no huye de la crudeza, pero tampoco la busca; no cae en el kitsch ni en el maniqueísmo, un mal que aqueja a demasiadas obras recientes dedicadas al Holocasusto. Es un retrato brutal y polifónico, porque en él se incluyen también las historias (heroicas algunas, trágicas casi todas) de otros habitantes del lager, sobre los límites a los que se ve reducido un hombre sometido a aquellas condiciones: su progresiva pérdida de la dignidad, de la conciencia, de la humanidad.

Quizás porque las realidades descritas en el texto eran tan horribles que resultaban inverosímiles, hasta 1957 Primo Levi no consiguió que se lo publicara una gran editorial, Einaudi, que diez años antes había rechazado el manuscrito. Fue, en todo caso, a partir de esta fecha cuando Si esto es un hombre alcanzó difusión y notoriedad, animando a Primo Levi a escribir dos libros más sobre su experiencia en los campos: La Tregua (donde narra su regreso a Italia tras la liberación) y Los hundidos y los salvados, en el que reflexiona, ya desde cuarenta años de distancia, sobre el Holocausto, sus causas y sus consecuencias, tanto en las víctimas como en los verdugos (categorías más borrosas, según insiste Primo Levi, de lo que nos gustaría pensar).

Las obras de Primo Levi, y en especial este Si esto es un hombre, son un testimonio fundamental de uno de los mayores horrores de la historia; no solo por ser cronológicamente pioneras, sino sobre todo por su honestidad, su profundidad y su clarividencia. Como muestra, dejo aquí el poema con el que se abre el volumen, un llamamiento a la reflexión sobre la terrible condición humana y a la divulgación del testimonio de lo sucedido:

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si esto es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas al vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.
También de Primo Levi: El oficio ajeno

jueves, 15 de noviembre de 2012

Mercedes Cebrián: El malestar al alcance de todos

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: recomendable


El malestar al alcance de todos se abre con una cita de Pessoa (Mi vida es como si me golpeasen con ella) que se encarga de dejar claro el tono que va a llevar el libro a partir de entonces. Porque lo que nos ofrece esta obra es eso: malestar, una sucesión de situaciones aparentemente "normales" y cotidianas que nos dejarán un extraño sabor de boca cuando acabemos de leerlas.

La autora dosifica esa incomodidad en catorce cuentos y once poemas. Los poemas, he de reconocerlo, no me han convencido, y a gusto los habría eliminado de este libro. Y no es que estén mal escritos (estoy segura de que a mucha gente le encantarían), pero no son el tipo de poesía que me gusta y me resultan un tanto simples.

Los cuentos, sin embargo, ya son otro cantar. Tienen ciertas características comunes (todos están narrados en primera persona, la autora usa un lenguaje coloquial al redactarlos, tienen un estilo rápido y ameno...) que hacen que el lector conecte fácilmente con ellos. Además, las situaciones que describe son tan "normales", tan "de todos los días", que enseguida nos sentimos identificados con cada narrador (o lo reconocemos en algún conocido, que tanto da). 

Y ahí radica el secreto de El malestar al alcance de todos: en esa normalidad que acaba convirtiéndose en una purga de lo peor que todos llevamos dentro. Más que valorar al raro o al inadaptado, Cebrían se encarga, con estos relatos, de hacernos ver que todos escondemos algo (o mucho) de raros e inadaptados y todos fallamos en algún momento. No sé si será acertado decir que este libro es un espejo de lo que somos. Pero, si es así, desde luego no nos saca nuestro mejor perfil.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Amos Oz: Una pantera en el sótano

Título original: Panter va-martef
Idioma original: Hebreo
Fecha de publicación: 1995
Valoración: recomendable

Más efectos colaterales del último Nobel: el tesón de muchos en defender la candidatura de Amos Oz, que me inunda de curiosidad por su obra y me empuja a buscar sus referencias. Del resto se encarga la casualidad, que es la que hace que Una pantera en el sótano sea la novela elegida. En cualquier caso, si un escritor merece tal aclamación, cualquiera de sus libros debería ser válido para la iniciación.

Libros narrados por niños. Debo reconocer que sufrí una mala experiencia con el último que leí (un, lo siento, muy aburrido El niño perdido de Thomas Wolfe) y que, como consecuencia, uno a veces toma cierta predisposición. O llamémosle prejuicio. Que si una narrativa algo ingenua, que si un punto de vista algo forzado, que si ciertos temas escabrosos propios de adultos quedan, en principio, salvo sorpresa, descartados. Afortunadamente, Amos Oz me contradice, para empezar, porque el narrador es un adulto que recuerda, tan detallada y vívidamente que parece que estén en el presente, episodios de la niñez. Esta condición no está presente de una manera constante; son detalles concretos y aislados las menciones más cercanas al presente del narrador, los que nos van recordando que los hechos ya cuentan con el tamiz de la perspectiva de un adulto. Bravo por Oz, que sabe conservar cierto sentido de la inocencia sin rozar la cursilería.

La acción se ubica en el último tramo del Mandato de Palestina por los ingleses, en 1947. Previo a la creación del estado de Israel, los judíos establecidos, muchos de ellos huyendo del holocausto, tienen un enemigo que ahora nos parece algo inusual. Son los ingleses los que detentan ese Mandato en el período que va de 1917 a 1948, como consecuencia de la derrota del imperio otomano. En medio de una población sujeta al toque de queda, un niño judío de 12 años, pre-adolescente, ha organizado, en medio del conflicto que acabaría con la próxima liberación del territorio, un grupo a medias con otros dos amigos, entre el juego y el escarceo bélico, que se dedica a recoger información para facilitarla a los judíos miembros de la resistencia. Una comunidad cohesionada, consciente de que vienen de un enemigo alemán, y de que su enemigo inglés dará paso rápidamente a un multi-enemigo árabe. En cualquier caso, atemorizados por las patrullas y los registros, los habitantes tienen desplegada una extensa red solidaria de resistencia al invasor, y Profi, que es el nombre del niño, y sus dos amigos, participan en juegos en esa red, en lo que es una especie de fantasía infantil que pretende interactuar con la realidad. Profi, quebrantando el toque de queda, es interceptado por un soldado inglés del área administrativa, el cual, interesado en el idioma y la cultura hebrea, propone al niño, como pacto para dejarlo ir, un intercambio de clases de idiomas. El niño lo enfoca como la posibilidad de obtener información del enemigo y pasarla a su organización, pero sus compañeros desconfían de la relación y pasan a considerarlo un traidor.
Esta situación es usada como pretexto por el autor tanto para hablar de la situación del pueblo judío a dos años del final de la II Guerra Mundial, como para situar esa sociedad ante el advenimiento de la proclamación del estado de Israel. El sentir del pueblo judío a través de las opiniones de los miembros de la familia va manifestándose a lo largo del libro.
Excelente estilo el de Oz, al que creo que la traducción debe ser fiel, pues el espíritu poético mantenido en castellano es muy logrado. Un magnífico pasaje comparando el contenido de la biblioteca paterna a un ejército me resulta muy destacable. Y las sensaciones desasosegantes de ocupación, de soldados patrullando y practicando registros, muy fielmente descritas. Lástima que sepamos, desde el momento en que notamos al narrador en flash-back, que cierto desenlace trágico queda descartado. Seguro que la intención del autor no era componer un thriller en modo alguno, pero uno se queda, al final, con cierta sensación de que la historia y la trama podrían haber dado algo más de sí.

Otras obras de Amos Oz en Un libro al día: Una historia de amor y oscuridadDe repente en lo profundo del bosque

martes, 13 de noviembre de 2012

J. M. Coetzee: Desgracia

Idioma original: inglés
Título original: Disgrace
Año de publicación: 1999
Valoración: muy recomendable

David Lurie es un cincuentón divorciado (y además por partida doble) que trabaja dando clases de literatura romántica en la Universidad de Cape Town. Entre su menguante grupo de estudiantes se encuentra Melanie, con la que inicia un idilio –en principio, como tantos otros, sin importancia– que terminará precipitando su caída en desgracia.

Así es como Lurie, un urbanita de pro, se autodestierra a la granja que su hija Lucy intenta sacar adelante en la Provincia Oriental del Cabo. Todo parece marchar bien, a pesar de que lo que comenzó como una simple visita se ha prolongado hasta convertirse en una estancia de duración indeterminada.

Sin embargo, todo se verá alterado cuando padre e hija sean víctimas de un ataque brutal que cambiará para siempre su forma de enfrentarse con la vida y consigo mismos, y que no es más que el reflejo de que la balanza de poder está cambiando en Sudáfrica tras la abolición del apartheid. Además de hallar la forma de reencontrarse mutuamente, David y Lucy deben considerar, cada uno por su lado, qué lugar quieren ocupar en la nueva Sudáfrica... y cómo van a sobreponerse a la desgracia.

Coetzee nos va desvelando con exquisita elegancia las múltiples caras de unos personajes que, quizá incluso pese a las expectativas iniciales, descubrimos poliédricos. El autor no pone en tela de juicio las decisiones que padre e hija se ven obligados a tomar y, llegado el final, el lector alcanza a comprender, aunque tal vez no a compartir, sus más íntimas motivaciones. Desgracia trata de la madurez; de la culpa y de la redención; del respeto que se encuentra en los sedimentos del amor. Y, aunque todos estos temas se focalizan, se particularizan en la ficción, los conflictos que viven Lucy y David Lurie son los conflictos de una nación cuyas heridas, recientes y profundas, supuran todavía.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Colaboración: HHhH de Laurent Binet

Idioma original: francés
Título original: HHhH
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable


En esta su primera novela, Laurent Binet cuenta una historia que escuchaba de niño. La hazaña de dos hombres, Jozef Gabčík y Jan Kubiš, uno checo, el otro eslovaco, que apoyados por los gobiernos británico y checo (en el exilio) llevaron a cabo la “Operación Antropoide”, un atentado contra Reinhard Heydrich, cuando comandaba la ocupación alemana de Bohemia y Moravia en 1942.

Heydrich era uno de los oficiales favoritos de Hitler. Eficaz, despiadado, leal. Binet logra retratarlo a la perfección en la primera parte de la novela, partiendo de una perspectiva insegura, de la voz de un escritor que se sabe dueño de una información valiosa, casi testigo de la historia, pero que se niega a contarla como ficción. Recuerda un poco el problema que confiesa haber tenido Javier Cercas con la primera versión de Anatomía de un instante al creer que no funcionaría como novela.

Binet duda constantemente, pero su duda no es contemplativa, es una duda narrada que aparece entre los pasos de sus héroes y las decisiones de su villano. Una duda que crea una atmósfera de guerra sin recurrir a las bombas y a los fusiles. Su temor consiste en no hacerle justicia a la historia, en permitir que estos héroes terminen convertidos en simples personajes.

Y es que, cuesta creer que estos dos hombres hayan logrado internarse en territorio ocupado, prácticamente sin levantar sospechas. Investigaron la rutina de su víctima y decidieron el mejor momento para atacarlo. Todo esto a pesar del férreo control que mantenían el propio Heydrich y sus oficiales.

Capítulos cortos, imágenes claras, frases certeras, van marcando el camino hasta el día del atentado y los siguientes, que ocupan la segunda parte del libro. Entonces Binet se enfrenta con los baches de su investigación, sabe que le faltan detalles pero no pierde el impulso, en este punto el libro se va pareciendo cada vez menos a una novela y se convierte en un rompecabezas que nos empeñamos en completar.

Firmado: M.C.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Thomas Pynchon: Contraluz

Idioma original: inglés
Título original: Against the day
Año de publicación: 2006
Valoración: decepcionante

Esta, queridos amigos ULADianos, es la reseña de un fracaso, pero no sé muy bien si de un fracaso mío o de Thomas Pynchon. El caso es que no he conseguido terminarme Contraluz. Empecé a leerla con mucho ánimo; luego la fui abandonando poco a poco para dedicarme a otras lecturas; y ahora mismo ya tengo que reconocer que me da una terrible pereza retomarla, y que es mejor reconocerlo: no voy a seguir leyendo. Que conste que considero a Thomas Pynchon un gran escritor, uno de esos eternos candidatos al Nobel con toda justicia atendiendo a su originalidad: V es una novela alucinógena que en cuanto a exigencia está al nivel de los libros más exigentes, pero que, precisamente por su ambición y su imaginación desbordada, me atrapó; La subasta del lote 49, más breve, pero igualmente psicodélico, es una lectura recomendable para enfrentarse a este autor; no he leído El arco iris de gravedad, que algunos consideran su obra maestra.

Describir una novela de Thomas Pynchon nunca es fácil; usando una analogía (que será imprecisa como todas las analogías) se podría decir que Pynchon hace con la novela lo que Schöenberg con la música sinfónica: la despoja de algunos de sus elementos más reconocibles (la armonía, la melodía; la trama, los personajes como seres complejos psicológicamente) y resulta por eso mismo desconcertante e incluso desasosegante. Más que con una estructura narrativa, Pynchon juega con temas y resonancias que se repiten aquí y allá, y con distintos niveles de realidad que se entrecruzan en el texto. A todo esto se añade una ironía y un humor juguetón (los nombres de los personajes son a menudo notoriamente ridículos) y muchas veces paródico (en el original inglés, por lo que se lee, se incluye una alternancia de estilos literarios que me temo que se pierde, o se atenua, en la traducción española).

En Contraluz algunos de estos temas son la duplicidad (de identidades, de nombres, de situacione), simbolizada especialmente por el espato de Islandia, un misterioso mineral que permite refractar la luz y acceder a dimensiones paralelas; la relación entre luz y energía, con el inventor Nicola Tesla como invitado de honor; o el tema de la venganza, que domina la relación entre muchos de los individuos que pululan por la novela.

La construcción en forma episódica, saltando de una localización a otra (literatura cosmopolita, sin duda, la de Pynchon) hace difícil seguir a tantos personajes (más bien nombres, o "actantes", en el sentido de que hacen o les suceden cosas pero escasamente parecen portar una personalidad individual), de manera que la atención del lector debe centrarse en cada pasaje particular, renunciando casi por completo a intentar abarcar el conjunto. Así, uno puede seguir con interés las aventuras de "Los chicos del azar" o de los Traverse, para luego perderlos de vista durante muchas páginas, y volver a encontrarlos

El problema, diría yo, es que esta peculiar técnica de escritura solo funciona con una de dos condiciones: o que cada uno de los episodios sea verdaderamente seductor y mantenga la atención del lector (caso de V); o que la novela sea lo suficientemente corta como para terminarse antes de agotar al lector (caso de La subasta del lote 54). Contraluz no cumple ninguna de las dos condiciones (son más de 1000 páginas con páginas divertidas y otras que no llevan a ningún sitio especial), lo que conduce al fracaso. Lo que no sé es si al fracaso de Pynchon o al mío...

sábado, 10 de noviembre de 2012

Kathryn Stockett: Criadas y Señoras

Título original: The Help
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2009
Valoración: Está bien

Cuando cierta clase de lector escucha la palabra best-seller se le ponen los pelos como escarpias. Lo cierto es que no son pocos los que piensan que estos libros, todo un género literario, son una pérdida de tiempo. Los acusan de tener muy poca calidad, personajes estereotipados imposibles de creer, tramas sensacionalistas/románticas/esotéricas recién sacadas de una película para la televisión, demasiadas páginas y, pese a todo, campañas de marketing cada vez más caras, ramificadas e insistentes.

Vamos, que sus detractores dicen que te meten por los ojos y los oídos, de todas las formas posibles, libros largos y mal escritos con historias repetitivas y nada creíbles.

Y lo cierto es que yo, sin ser una extremista, estoy más cerca de esta posición que de la de los lectores que afirman convencidos que algo que gusta tanto no puede ser malo...

Pero en fin, polémicas y conclusiones aparte, lo que quiero decir es que hoy reseño un libro que tiene cobertura y rasgos de best-seller, sí, y que sin embargo, no me parece en absoluto mala literatura y no está hecho precisamente para evadirse de la realidad. Es más, habla de una realidad pasada con muchos aspectos censurables que siguen bien presentes hoy en día.

Me explicaré...

Criadas y Señoras es el primer libro de Kathryn Stockett. La autora es una escritora y periodista del legendario Sur de los EEUU, tierra fértil para engendrar y criar a escritores de toda clase pero siempre condicionados por un entorno cincelado por la esclavitud, las leyendas, las familias poderosas y conservadoras, y cierta sensación de opresión acrecentada por largos, cálidos y húmedos veranos.

La trama tiene lugar en 1962 en la ciudad Jackson, Misisipi, de donde es Stockett. Entonces y allí vive la señorita Eugenia, a la que todos llaman Skeeter, una desgarbada y sensible niña bien (niña bien = niña blanca) de veintitrés años que acaba de licenciarse en la universidad y que no se parece demasiado a sus amigas. Sucede que las jóvenes que la rodean y que llevan siendo sus íntimas desde la infancia están todas casadas y con niños de corta edad, camino que decidieron tomar dejando de lado sus estudios, como si no hubiera otra opción. Esto ya distingue a Skeeter de sus colegas, sí, pero también su poco interés por la moda y la estética (para desesperación de su madre), sus deseos de trabajar como periodista (comienza a perseguir su sueño escribiendo una columna de consejos domésticos en el periódico local), su anhelo secreto de enamorarse más que "pillar" a un hombre de provecho y, sobre todo, su comportamiento con las criadas negras que las rodean.

Porque Criadas y Señoras deja inmediatamente claro cómo eran (mal) tratadas y cómo vivían las mujeres negras que dedicaban toda su vida a servir y a aguantar a sus caprichosas y casi siempre inclementes empleadoras. Eran éstas princesitas blancas sureñas que las contrataban para que hicieran toda clase de tareas domésticas, inclusive criar a sus niños, algunas veces no queridos por sus padres.

Pero la señorita Skeeter, pudiendo ser una de estas escarlatas o´haras, sale rana...

Descontenta con su entorno pese a fingir tolerarlo,en la inquieta cabecita de Skeeter germina rápidamente una gran idea para dejar con la boca abierta a una poderosa editora de Nueva York que decide darle una oportunidad: escribir un libro que recoja los testimonios de una docena de criadas negras de Jackson, eso sí, cambiando los nombres propios y el de la propia ciudad para evitar represalias WASP.
Para ello contará con la impagable ayuda de Aibeleen, una triste criada ya en la cincuentena que sirve a su fría amiga Elizabeth, y de la acelerada, deslenguada pero bondadosa Mimmy, ex sirvienta de la terrible Hilly, la abeja reina de esa cuadrilla de pijas almidonadas que viven para aparentar, acumular cosas materiales, competir, criticar y maltratar a sus criadas.

Y lo que empieza como un excitante pero ingenuo proyecto secreto, acabará por cambiar para siempre a muchos de los implicados de una forma u otra en su gestación y publicación.

Y el libro está bien, muy bien. Me he divertido mucho leyéndolo y creo que es todo un acierto de la autora que en el mismo "hablen" en primera persona tres mujeres tan diferentes como Skeeter, Aibeleen y Mimmy. Además, dichos personajes principales están rodeados por secundarios muy bien armados y "visibles", donde destacan Celia Foote, la bondadosa "basura blanca" que emplea a Mimmy y que es rechazada por las mujeres de la ciudad como si fuera una negra, y la mala malisima de Hilly, obsesionada con controlarlo todo...

Algunos acusarán al libro de light o de benevolente porque sí es cierto que pese a narrar cosas duras y desagradables está bañado de una luz algo optimista, y rematado con un final relativamente happy. Pero hay que recordar que muy pocos best-sellers pueden presumir de mostrar sin excesos de sacarosa una realidad de hace 50 años que contiene factores vergonzosos: pecados sociales que, al menos yo, sigo viendo hoy en día. ¿Ejemplos? La idea de que hay razas inferiores, la hipocresía de las fiestitas y recolectas benéficas recordando al que está lejos mientras se maltrata al de al lado, y sobre todo, que se sigue mirando mal al que decide salirse del rebaño social del que forma parte y vivir siendo coherente con su personalidad y sus más íntimos deseos. Esto último, va por Skeeter.

PD: habemus película muy bien lograda con muchas nominaciones y premios, oscars inclusive...

viernes, 9 de noviembre de 2012

Imre Kertész : Liquidación

Título original: Felszámolás
Idioma original: Húngaro
Año de publicación: 2003
Valoración: Está bien

Efectos colaterales del último Nobel: interesarme por algunos de los autores que se han hecho con el galardón en los últimos años, sobre todo cuando ya ha pasado un tiempo y todo el revuelo ha remitido. Lo hice con Coetzee y pienso hacerlo algún día con Toni Morrison, por lo que a Mo Yan le esperan unos añitos; manías que tiene uno, de ir contracorriente. Porque cuando uno repara en la frecuencia con que se ha ido a premiar oscuros escritores de países cuya tradición literaria rara vez ha accedido a los dos mercados de mayor referencia aquí (el anglosajón y el hispánico), uno acaba pensando si no se está intentando, por una parte, impartir justicia con las lenguas y literaturas más minoritarias y por otra apelar a una especie de esnobismo global para despistar lo más posible, y de paso para hacerse algo los exquisitos. Lo sé, un juicio algo a la ligera.

Liquidación fue la primera novela que Imre Kertész, escritor húngaro que fue galardonado en el 2002, publicó una vez premiado; no he leído más de él, así que no puedo pronunciarme sobre si esa condición afectó de alguna manera la calidad de su obra; sí he visto las reseñas anteriores publicadas de sus novelas en ULAD, Dossier KSin destino y Diario de la galera, y veo que todas sus respectivas valoraciones superan a la que yo le otorgo. No puedo llegar a una conclusión sobre este hecho sin leerlos, lógicamente, pero sería maliciosa, seguro. Del tipo de los autores que han obtenido importantes premios cuya repercusión altera la esencia de su obra.
Porque Liquidación me estaba gustando mucho. Dentro de su escasa ambición, la novela calaba en mí, en tres capas muy sutiles: la propia historia personal del hombre que recibe un curioso encargo de un amigo, escritor suicidado; el trasfondo del gobierno húngaro que se ha desmoronado como consecuencia de la caída del muro; y el siempre efectivo recurso dramático de la mención de los campos de concentración (pues el escritor suicidado resulta tener un número de prisionero tatuado en un emplazamiento donde sólo se lo ponían a los bebés). Y ocurre que mientras el tema del pasado comunista de Hungría está excelentemente perfilado, a través de menciones prácticamente casuales pero notables, evocando ligeramente el espíritu de películas sobre la Guerra Fría, como La vida de los otros, con eso, justo cuatro o cinco esbozos, sutiles referencias, y un par de escenas típicas de los agentes de la autoridad procurando controlar la disidencia, por el contrario, tanto la historia personal de los dos protagonistas, el escritor suicida y el amigo encomendado, como el asunto de Auschwitz (este último en unas muy confusas páginas donde el nombre del campo es mencionado hasta la saciedad, rozando peligrosamente la banalidad y cierto sentido del absurdo) no se resuelven. No llegamos a conclusión alguna sobre el juego de triángulos amorosos y traiciones entre el escritor y su círculo de amantes y amistades, ni tampoco sobre la incidencia que tiene su condición de ex-prisionero (y la condición de judía de una de las mujeres) en los hechos que se exponen. Así que, por mucho que una buena parte del libro me haya hecho disfrutar, incluso elucubrar si nos acercábamos a un efectista final, al uso de libros como El lector, de Schlink, la novela pierde fuelle, espectacularmente, al final, y traza un desenlace algo desleído que, por lo menos a mí, me ha dejado algo decepcionado.

También de Imre Kertész en Un libro al día : Dossier KSin destino y Diario de la galera

jueves, 8 de noviembre de 2012

Leonardo Padura: Máscaras

Idioma original: español
Año de publicación: 1997
Valoración: Muy recomendable

Después de mi primera experiencia algo decepcionante con La cola de la serpiente, tuvo que ser la insistencia de una colega de departamento la que me convenció para darle una nueva oportunidad a Leonardo Padura. Y me alegro de haberlo hecho, porque, a juzgar por Máscaras, realmente no empecé con lo mejor de Padura. Máscaras es la tercera novela de su tetralogía de las cuatro estaciones: Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño. Concretamente, es la dedicada al verano, lo que en Cuba significa calores abrumadores y opresivos cargados de sensualidad y pereza.

Como todas las novelas de la serie de Mario Conde, Máscaras se integra en el género policiaco: el motor de la trama es la aparición del cadáver de un travesti en el Bosque de La Habana. El policía será entonces rescatado de su purgatorio como oficinista para encargarse del caso, lo que le llevará a sumergirse en un mundo que nunca imaginó llegar a conocer: el de los homosexuales cubanos, seres clandestinos en un régimen que los considera depravados y decadentes. A través de este "descenso a los infiernos", Mario Conde descubrirá no solo quién mató a Alexis Arayán, sino también nuevas facetas de sí mismo, de su país y de la condición humana.

Porque, en realidad, más que descubrir al asesino, lo que más interesa en esta novela es precisamente la presentación de ese submundo, y de los mecanismos represivos del régimen cubano, sobre todo en los años 70, contra homosexuales e intelectuales "disidentes". Es inevitable pensar por ejemplo en el caso de Heberto Padilla, escritor encarcelado en 1971, obligado a retractarse de sus posturas "antirrevolucionarias" y posteriormente exiliado a los Estados Unidos; este escándalo fue un punto de inflexión en el apoyo de muchos intelectuales a la causa de la revolución cubana. El propio Virgilio Piñera, dramaturgo cubano represaliado por su homosexualidad y su disidencia, figura en la novela de forma destacada.

Resulta llamativo que un escritor cubano, y que vive en Cuba, pueda escribir con tanta claridad sobre la corrupción de un régimen que permite que algunos se enriquezcan mediante la economía paralela, o que represalía a otros por su condición sexual o por sus ideas, o que premia la delación y la sospecha constantes. Como me decía la amiga que me prestó el libro, "una novela así no habría sido posible hace veinte o treinta años". Ahora mismo, la política cultural cubana ha cambiado mucho: no importa mucho lo que los escritores escriban, siempre que publiquen en el extranjero y traigan divisas a la isla.

Máscaras es, por lo tanto, una buena novela policiaca, que reúne lo mejor de la narrativa policiaca actual: una trama atractiva protagonizada por un detective desengañado en un mundo en descomposición.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Anton Chejov: Tres años

Idioma original: ruso
Título original: Tri Goda
Año de publicación: 1895 (montaje teatral: 2012)
Valoración: Recomendable

El jueves pasado acudí por primera vez a esta sala para ver una adaptación de la novela homónima de Chejov, – publicada por primera vez a finales del S. XIX – de la de la que me habían hablado maravillas.

La adaptación del género narrativo al teatro, incluso si, como en este caso, se trata de una novela corta, nunca es fácil, lo que se gana por un lado se suele perder por otro. Al principio, se recrean con detalle las incidencias de la trama, pero entonces el interés dramático no ha llegado aún a su punto culminante. Más adelante, sin embargo, se ha de simplificar, lógicamente, el texto de origen para no exceder el tiempo aconsejable. Se pierden así trozos de la novela, probablemente muy valiosos, Perdemos también el lenguaje original (aunque mediado por la traducción) del autor ruso. Sin embargo, el desarrollo argumental no se efectúa exclusivamente a través del diálogo – lo que hubiera sido, en mi opinión, lo deseable – sino que, paralelamente a este los propios actores realizan acotaciones para compensar la parte narrativa y orientar al espectador sobre el tiempo transcurrido o acontecimientos no representados. Esto, a mi juicio, le resta al montaje algo de brillantez.

La acción arranca cuando Alejandro, próspero industrial moscovita, se enamora locamente de la hija del médico rural, un hombre de economía modesta, que atiende a su hermana moribunda. (Ni médico ni paciente aparecen en escena, si les conocemos es a través de los otros). La chica primero le rechaza pero luego, harta de su vida anodina en un pueblo sin alicientes y deseosa de una vida más próspera y, sobre todo, de verse rodeada del brillo de la gran urbe, se lo piensa mejor y le acepta. Asistimos a lo que les ocurre a estos cinco personajes: el matrimonio, el cuñado vividor, la amante despechada y el amigo y nueva pareja de esta, durante los tres años siguientes.

Los hechos se trasladan de la época de Chejov a los años 30 del siglo pasado y de la Rusia zarista a la época inmediatamente anterior a nuestra guerra civil por obra y gracia de una adaptación libre que retoca el texto original cuando es necesario para añadir recuerdos familiares de la época o adaptar los hechos a las exigencias del nuevo producto. Los diversos episodios se van sucediendo con la rapidez que exige la representación, los caracteres se adaptan con naturalidad a las nuevas situaciones, se pierden las ilusiones iniciales a la vez que nace un cariño reposado, fruto tanto de la convivencia diaria como de haber experimentado la tragedia a dos. Mientras tanto el espectador reflexiona sobre el extraño influjo de los sentimientos, que arrastra a las mayores heroicidades pero también a los actos más deleznables, sobre la venda que nos ponen en los ojos esos planes de felicidad preconcebidos y que no hacen otra cosa que incapacitarnos para apreciar los pequeños milagros cotidianos en su justa medida.

Las interpretaciones están bien ejecutadas, sobre todo la de la pareja protagonista, quizá con más empeño al principio – cuando él aparece como un pretendiente algo ridículo, sin más atractivo que su dinero, torpe, inseguro en su afán de conquistar a Julia, y ella con la seguridad condescendiente e instintiva de quien no tiene nada que perder – y un poco más rutinariamente según transcurre el tiempo. Hay frecuentes acompañamientos de piano, incluso canciones interpretadas, con buena voz y estilo propio, por la actriz principal.

La sala es pequeña, el decorado básico, las gradas a solo unos pasos de los actores. Yo hubiera preferido más distancia, observar con menos detalle, que la impostación de voces tuviese un motivo. Todo ello añadiría grandeza al conjunto y, sobre todo, misterio.

Pero, por otra parte, entrar en ese espacio es encontrarse en familia, todos ellos son excepcionalmente amables, y al final te invitan a un licor de guindas buenísimo. Mientras lo tomábamos, charlamos con la actriz que interpreta a Paulina. Para ella, en esa obra en concreto, trabajar tan cerca del púbico, con el flujo instantáneo de emociones que se establece en ambos sentidos, supone un estímulo y una fuente constante de sugerencias. Eso sí, el que quiera verla tendrá que darse prisa ya que estará en cartelera solo lo que queda de mes.