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jueves, 1 de julio de 2021

Adrián Almazán: Técnica y tecnología

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

Técnica y tecnología es un ensayo valioso. En él, Adrián Almazán emplea disciplinas dispares para rebatir minuciosamente el dogmático argumentario de los tecnófilos (o, mejor dicho, de los «tecnolófilos»). 

Almazán desmiente en estas páginas, por ejemplo, que la tecnología (o la técnica) sea algo intrínseco a nuestra especie; que sea neutral; que los problemas ocasionados por ella deban solventarse con la misma; o que el progreso sea necesariamente positivo. De manera que el marco teórico en que se mueve el autor se aleja del antropocentrismo, el exencialismo humano y el capitalismo.

Ahora dejad que liste las múltiples virtudes de esta obra: 

  • Su amenidad la hace accesible incluso para profanos de la materia. 
  • Su claridad expositiva logra que las ideas barajadas permeen. 
  • Se muestra cautelosa a la hora de tocar temas en los que no hay un consenso científico claro o para los que Almazán no tiene una respuesta definitiva.
  • Usa la película Rompenieves de Bong Joon-ho para ilustrar sus tesis.
  • Propugna una revolución (anti-capitalista, ecologista e incluso diría que humanista) sin caer en la ingenuidad en el proceso.
  • No intenta forzar una solución concreta al "statu quo" actual, aunque sugiere que haberla, hayla. 

En cuanto a los defectillos que le pondría al texto, resaltaría los siguientes: 

  • Sus menciones al machismo me parecen algo gratuitas, y sus proclamas igualitarias no me acaban de convencer. Sea como fuere, tanto lo uno como lo otro aparece sólo esporádicamente.
  • Puede que aquí peque yo de esa miopía propia de quienes son incapaces de imaginar un futuro distinto, o quizá haga gala de un pragmatismo con el que no me gusta asociarme, pero no sé hasta qué punto es viable social, política y económicamente transformar las cosas con el nivel de profundidad por el que Almazán aboga. 

En definitiva, Técnica y tecnología es un ensayo la mar de interesante, tan académico como asequible, tan riguroso como idealista (y conste que esto último es un cumplido). 

domingo, 18 de junio de 2023

Katixa Agirre: De nuevo centauro

Idioma original:
euskera
Título original: Berriz zentauro
Traductora: Aixa de la Cruz
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable
 
Si hay algo de lo que no se puede acusar a Katixa Agirre, es de acomodarse en fórmulas que han demostrado funcionarle y tener éxito. Su anterior novela, Las madres no, tuvo muy buena acogida, tanto en el original en euskera como en sus traducciones al castellano, catalán y muchos otros idiomas. Lo fácil podría haber sido insistir en el tema (la maternidad) o en el género (una especie de thriller periodístico-judicial). En cambio, en Berriz zentauro, la autora se adentra en un terreno bastante poco transitado por la literatura en euskera: la ciencia ficción (o ficción especulativa, que es un término algo más amplio y sugerente). 

Así, la acción de De nuevo centauro se sitúa en un futuro no demasiado lejano, a mediados del siglo XXI, en un mundo que comparte muchos elementos con el nuestro, pero en el que también se han acentuado o acelerado ciertos procesos ya en curso: por ejemplo, el cambio climático ha provocado oleadas de desastres y refugiados; la realidad virtual ha pasado a formar parte de la vida cotidiana, y como consecuencia de las dos anteriores, los viajes se han reducido al mínimo y el turismo prácticamente ha desaparecido. Y sin embargo, esta es la historia de un viaje: el que la protagonista, Paula Pagaldai, realiza a París para documentarse para preparar un módulo educativo de realidad virtual sobre la vida de Mary Wollstonecraft, pionera del feminismo, testigo de la Revolución Francesa y madre de Mary Shelley. (Este recurso de integrar en el texto la biografía de un personaje histórico ya lo había explorado Katixa Agirre en Los turistas desganados, aunque en este caso se trata de un elemento más orgánico en la trama).

Los avances tecnológicos, tan presentes en este resumen, no son un simple elemento de worldbuilding, sino uno de los temas fundamentales de la obra: cómo la tecnología puede cuestionar, modelar o manipular nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos, cómo puede impactar en nuestra relación con los demás, con aspectos positivos y negativos. De nuevo centauro no es en ese sentido una novela "ludita", que cargue las tintas contra el progreso técnico, aunque sí alerte sobre ciertas alienaciones peligrosas. (Y la tecnología no es, por otra parte, la única forma en la que los personajes de la novela escapan de la percepción "normal" de la realidad; de hecho la protagonista tiene alucinaciones en las que conversa con la propia Mary Wollstonecraft, y en los últimos capítulos se adentrará en otro tipo de experiencias "extracorporales" no mediadas por la tecnología).

En cualquier caso, la utilización de medios tecnológicos es también un modo de plantear la disolución o fluidez de los binarismos establecidos: entre máquina y humano, entre humano y animal, en la definición de género o sexualidad. Así, por ejemplo, en sus escapadas virtuales Paula Pagaldai juega a "disfrazarse" con un avatar masculino llamado Viktor para mantener relaciones sexuales esporádicas, y otro personaje central en la segunda parte de la novela, Max Dox, representante de una resistencia contra el avance ciego de la técnica, mantiene una cierta ambigüedade de género y sexualidad que atrae poderosamente a quienes la rodean, incluida la protagonista. El propio título de la novela, con su referencia al centauro (mitad humano, mitad animal), vincula el texto con esta ruptura posthumana de conceptos binarios establecidos, en la línea del Manifiesto cyborg de Donna Haraway ("Prefiero ser una cyborg que una diosa", acaba diciendo). Esto no significa, con todo, que en la novela se obvien las violencias específicas de género (en el mundo real o en el virtual), desde el desigual reparto de tareas domésticas o la discriminación laboral, hasta las agresiones o violaciones de cuerpos o avatares.

Decía al principio que esta novela explora caminos nuevos y diferentes a la anterior; con todo, también existen algunas continuidades entre ambas. Una muy obvia es que repite editorial tanto en la lengua original (Elkar) como en la castellana (Tránsito), aunque en este caso no ha sido la propia autora quien se ha ocupado de la traducción (como sí hizo en Las madres no), sino su colega y amiga Aixa de la Cruz. Otro elemento importante que une ambas novelas es el tema de la maternidad, que era central en Amek ez dute y que aquí aparece en un plano relativamente secundario, aunque relevante: por una parte, está la cuestión de la maternidad de Wollstonecraft; también el proyecto, inspirado inadvertidamente por la propia Paula Pagaldai, de crear un módulo que permita vivir un embarazo y un parto virtual; y por último, también se plantea la posibilidad (que creo que tendría potencial incluso para un spin off en forma de relato) de tener hijos virtuales conectados a todos nuestros aparatos electrónicos, como un Tamagochi omnipresente e imposible de apagar.

De nuevo centauro acaba por lo tanto por ser una novela con varias capas de significado: en un nivel superficial, es una novela de ciencia ficción sobre un mundo que podría ser el nuestro dentro de unos cuantos (pero no demasiados) años; en otros niveles obvios de lectura, es una reflexión sobre la forma como navegamos un mundo en el que, por causa de la tecnología, pero también de la crisis climática o del "final de los grandes discursos" de la posmodernidad, "todo lo que era sólido se desvanece en el aire", como dijeron Marx y Engels hace ya más de 150 años. La búsqueda (las búsquedas) de Paula, así, de referentes o ilusiones a las que aferrarse puede ser la de todos nosotros, sus lectores, en un tiempo de constante(s) crisis.


Entrevista

Esta entrevista fue grabada a través de zoom el día 7 de junio de 2023. En la entrevista Katixa Agirre se refiere al proyecto Borradores del Futuro / Zirriborroak eta gero, en el que se integra el relato "Loratze perimetroa" ("Perímetro de floración") que en varios aspectos se puede considerar el germen de De nuevo centauro.



Otras obras de Katixa Agirre en Un libro al día

domingo, 16 de enero de 2022

Malditas cubiertas: Las peores de 2021

No existe el bien sin el mal. La luz sin la oscuridad. El ying sin el yang. El gin sin el tonic. Las reseñas acertadas sin las mías... y, por supuesto, no existe lo mejor sin lo peor... Así pues, ya sabéis lo que toca...

Lo peor de cada casa (bueno, casi):

- Hamnet, de Maggie O'Farrell. Mi primera elección quizá sorprenda a alguien, al tratarse de una novela de gran éxito y prestigio, además de que está entre mis propias mejores lecturas del 2021, pero la cubierta no me acaba de convencer, lo siento... Sigue el diseño habitual en Libros del Asteroide, con una fotografía o ilustración en blanco y negro sobre un fondo monocromo, aunque cruzado por una banda blanca para el título y la autoría. Pero, en este caso, la fotografía de una chica que representa a una de las protagonistas de la historia está encuadrada sólo en el espacio inferior, quedando libre el superior y desequilibrado el conjunto; la pobre parece mirarnos agobiada por el peso del vacío que tiene sobre su cabeza... El color elegido (ignoro con qué criterio, si lo hay), no sé si mostaza o cagalera, tampoco me resulta demasiado atrayente (lo curioso es que se trata del mismo color y diseño, aunque en ese caso con un dibujo , en vez de foto, que en Valle inquietante de Anna Wiener, y ahí sí que funciona).

- Gordo de porcelana, de David Pascual (Temas de Hoy): Alguien debió de pensar que, ya que se trataba de una novela más bien bizarresca en la que aparece gente vestida como mascotas de dibujos animados, bastaba con googlear "Imágenes Bizarre Furry Street Night" o algo así, y poner la primera foto que apareciese... (obviando, claro, que en la novela se habla de un "Gato del Espacio", no de un perro). Si la idea era sugerir en el lector un aire de cutrerío, tristeza y desconcierto, enhorabuena, porque se ha conseguido.



- Selene y los 4 elementos, de Lucía Etxebarria (autoedición): otra cubierta que parece hecha con una foto random, aunque quizá no lo sea...Quizás trate de imitar ciertas ediciones cutres de los años 70, con este tipo de fotos con mucho contraste, colores subidos, etc. Tal vez  se busque indicar que la tal Selene es una mujer de armas tomar... (perdón, prometo no volver a hacerlo). En cualquier caso, no sé hasta que punto conviene comentar que la mujer con la pistola de la foto se parece no poco a la autora y editora del libro (aunque más joven y con peluca)... La contra viene con sorpresa, por cierto.






"_Oye, que la editorial Reikiavik nos ha encargado la portada de un libro sobre mujeres bertsolaris titulado Reverso...
_¿Bertsoqué? ¿Eso qué es?
_Algo de unas vascas que recitan versos en su idioma o una cosa parecida... ¿Se te ocurre algo?
_Humm... ¿Vascas, dices? Pues ponemos a una tía con cara de flipada mirándose a un espejo, que me han dicho que allí son todas un poco rarunas...
_Vale, pero que lleve un flequillo de ésos cortado a hachazos, en plan aberchandal, como en la peli aquélla de los ocho apellidos...
_Ah, sí, qué risa, tú... Tranqui, que esto lo hacemos en un plis."

- La gran ola, de Albert Pijuan (Sexto Piso): No he leído este libro, que al parecer es una novela satírica que se ambienta durante el tsunami en el Índico del 2004 y que, según la sinopsis de la editorial, "esconde, tras su humor incisivo e irreverente, una crítica implacable a una élite indolente y voraz, y a la visión del mundo como resort", así que parece claro que el mecanismo mental que llevó a alguien a elegir esta foto para la cubierta fue el mismo que en el caso de La ciudad de la euforia, pero el resultado me parece harto diferente... En este caso, sin duda la cubierta es divertida y llamará nuestra atención desde las mesas de las librerías, pero sospecho más difícil que alguien decida llevarse el libro y menos aún pasar por la mirada inquisitiva de la cajera o cajero...

-Vestido de domingo, de David Sedanis ( Blackie Books): Un caso parecido; por lo visto, ésta es una novela autobiográfica de humor, basada en las desventuras familiares del autor... Ignoro que tiene que ver tal cosa una piedra con bujeros que recuerdan a unos ojos y boca, sobre fondo arbustivo verde, pero tampoco estoy seguro de querer saberlo.
- Uno de los géneros que más cubiertas de un gusto cuestionable han ofrecido al mundo, co una curiosa mezcla entre lo cursi y lo chabacano, ha sido siempre el de la novela romántica, aunque, ay, también en esos lugares ha habido cierta evolución (a mejor, lo que no era muy difícil) y las cubiertas con highlanders despelotados, tórridas escenas ante châteaux imitando a las del célebre ilustrador Pino y complementos masculinos dejados al desgaire sobre la mesilla, en plan 50 sombras... han quedado relegadas a la autoedición y el libro electrónico. Aún así, queda alguna editorial en papel que mantiene la tradición, como el sello Daphne, de Pàmies, en el que aún podemos encontrar despropósitos delicias como esta Dulce tentación, en la que se aúnan dos elementos incuestionables: el mozo luciendo tableta de chocolate y la supuesta caligrafía a mano, en color rosa... Morbazo picardía y romanticismo,  tándem ganador.

- Otro género en el que se tiende a menudo hacia lo colorido y abigarrado en sus cubiertas es el de la novela histórica, donde se pueden encontrar ejemplos inenarrable, aútenticas cimas de lo kitsch. No obstante, he optado para representarnos una cubierta mucho más sobria pero que me parece fallida en varios aspectos, la de ¡Pelayo!, del otrora célebre José Ángel Mañas (Esfera de los Libros). Podría aceptar (a duras penas), la supercalifragilística idea de rotular el título, ocupando toda la con letras de supuesto aire medieval; podría transigir con esos signos de exclamación que le dan un toque a lo Muchachada Nui; podría transigir con el nombre del autor inscrito en la O, cual sorpresa dentro de un huevo Kinder... Pero lo que no entiendo es por qué, si te molestas en concebir una cubierta así, dándole una importancia omnipresente al título, luego pongas de fondo una imagen desvaída del supuesto don Pelayo, como un fantasma de los tiempos altomedievales... Una cubierta conceptualmente  discutible pero que, además, se queda a medias...

- Dándole una importancia fundamental al título encontramos esta de Técnica y tecnología, de Adrián Almazán (Taugenit) Entiendo que los ensayos sesudos acostumbren a tener unas cubiertas más serias, incluso aburridas, que las novelas de humor o las eróticas, por ejemplo, es lo que dictan las convenciones,  pero aquí se han pasado de muermos formales, con ese fondo que oscila entre el gris ala de mosca y el color pizarra ( perdón, que me acabo de dar cuenta de que hay una pequeña figura en la esquina inferior derecha, como un Alma condenada a vagar por el Tártaro por toda la eternidad)... Tampico entiendo a qué viene, por detrás del título en Arial o la que sea, esa "y" imitando la caligrafía a mano... ¿"Y"? ¿ "Y" qué?


-Debolsillo ha publicado las primeras novelas de Stephen King con cubiertas de un estilo entre informal e improvisado (por no decir descuidado). Es verdad que son libros que han tenido infinidad de ediciones, así que no importa mucho, pero vaya... En el caso de La zona muerta o de It (que parece un jeroglífico de hoja parroquial), el resultado no me parece muy afortunado; en el de El misterio de Salem's Lot", no sé aún si hace daño mirarla o si es una genialidad...


- Independencia, de Javier Cercas (Tusquets): No sé ni por donde empezar con esta m... con lo que está mal en esta cubierta; por poco se ha librado de ser la peor del año, en mi opinión. Como se ve, está ilustrada con un fotomontaje sumamente confuso, en el que, sobre una cabeza masculina aparece proyectada una escena en la que un tipo (entiendo que el mismo del cabezón) está contemplando desde cierta altura una ciudad, diríjase que Barcelona... Sin leer el libro, no se sabe si está ahí con ánimo reflexivo o melancólico, pensando en tirarse desde un balcón o que se le ha olvidado dónde ha aparcado el coche y ha subido a Montjuic a ver si lo encuentra desde allí. Si la imagen ya es bastante confusa, como digo, aunque es verdad que sigue el mismo estilo que las otras cubiertas de la trilogía de la que forma parte esta novela, la cosa se agrava porque la panorámica es nocturna, por lo que resalta poco con el tradicional fondo negro de los libros de Tusquets.


- Supongo que no hace falta explicar por qué ésta es la cubierta más horrorosa de todo el 2021. En todo caso, quiero señalar que a la razón más evidente se une el detalle de que el diseñador parece no haberse dado cuenta (esperemos) de que, si la miras a más de un metro de distancia, las letras se diluyen un tanto sobre el fondo blanco, mientras que resaltan más sobre el oscuro... En fin, no sé si Aznar sacó libro el año pasado, pero es el único que podría competir con esta abominación...

Por último, resulta imposible saber qué cubierta nos aguarda como la más horrenda de 2022, pero, sin duda, ya podemos prever cual será la faja más épouvantable... ¿alguien quiere apostar?


miércoles, 12 de abril de 2017

Sergi Puertas: Estabulario

Idioma original: Español
Año de publicación: 2017
Valoración:  Recomendable

Según la RAE, un artefacto es un "objeto, especialmente una máquina o un aparato, construido con una cierta técnica para un determinado fin". Pues bien, "Estabulario" es un artefacto literario en toda regla. Está claro que no es un máquina o aparato, aunque de estas hay unas cuantas a lo largo del libro, pero, desde luego, está construido con una cierta técnica para un determinado fin: perturbar al lector.

Esta perturbación se logra a través de seis relatos que podríamos calificar de "distópico-apocalípticos", en los que se mezcla la ciencia-ficción, el terror (cotidiano) y la crítica social. Todos ellos se sitúan en un futuro no demasiado lejano, en el que la tecnología juega un papel importante (¿haciendo la vida más fácil o como elemento alienador?) y están protagonizados por personajes en situaciones límite que apenas pueden distinguir entre realidad y ficción. Son relatos cargados de mala baba, humor negro como el carbón, grotescos, excesivos, gamberros, desagradables en ocasiones, relatos en los que Puertas juega hábilmente con la información, fragmentaria al principio, caja de sorpresas a posteriori.

Quizá si tuviera que elegir me quedaría con los relatos menos "alocados", con esos que llevan una carga más "social", como "Obesidad mórbida modular", en el que un trabajador viste, como una segunda piel, un uniforme de trabajo controlado por una aplicación que, casualmente, se "va al carajo" y se lleva por delante todo lo demás. O como "Manos libres", quizá el más desagradable y angustioso, en el que se juntan encierro, muerte y tecnología en un mundo en destrucción. O como "Nuestra canción" que es, probablemente, el relato que más me ha gustado. Se trata de un relato reversible, en forma de pildorazos, en el que los personajes se mueven en una sensación de extrañamiento e irrealidad, al igual que ocurre con "Estabulario".

Por contra, "Pegar como texto sin formato", pasado de rosca, que en un primer momento parece un relato sobre la corrupción y acaba convirtiéndose en una orgía de sangre y cocaína y "Torremolinos", en el que se combinan reality-shows, control mental  y drogas en una Andalucía independiente mezcla de Andorra, Marruecos y Corea del Norte, son quizá los que más "fuera de juego" me han dejado y menos he disfrutado.

En cualquier caso, hay que reconocer que Puertas consigue con estos relatos removerte de tu asiento. Su personal mundo y su particular visión del mismo no dejarán indiferente al lector por excesivos, por angustiosos, por salvajes. Pero también he de decir que, en algunos momentos, uno se ve sobrepasado por tanto exceso. 

Pese a todo, y en previsión de que el futuro nos pueda deparar algo semejante, recomiendo asomarse a esos mundos que nos enseña Sergi Puertas. Eso sí, absténganse lectores de estómagos delicados.

domingo, 26 de julio de 2020

Tochoweek IV #7 - José Luis Sampedro: La vieja sirena

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1990
Valoración: Recomendable

No suelo leer libros de más de trescientas páginas por lo que las setecientas de La vieja sirena son para mí un tocho de pleno derecho y, lo que de verdad importa, un tocho que vale la pena. La principal garantía reside en su autor, el ya desaparecido José Luis Sampedro, escritor maravilloso y humanista como pocos. A los que no le conozcan les invito a buscar alguna de las entrevistas que se le hicieron, sobre todo a raíz de la —otra— crisis económica; sus reflexiones poseen una insólita confluencia de inteligencia, sensibilidad, empatía y humildad. En fin, no es que siempre se vayan los mejores, es que cuando los mejores se van, se nota.

Resumen resumido: Alejandría, siglo III. Irenia (antes Nur y antes Killia), una esclava de insólita belleza que desconoce su propio origen, es comprada para servir en la casa del poderoso Ahram el Navegante. Su encuentro con él y con su fiel servidor Krito, la llevará no solo a recuperar la memoria de un pasado mítico si no que reafirmará en ella el único sentido de tener una vida mortal: vivir con plenitud.

De entrada, parecería que estamos ante una novela histórica más, sobre todo por el minucioso retrato de la exuberante y multicultural Alejandría y su papel como centro comercial y neurálgico. El autor explica sus fuentes de documentación al final del libro y pide disculpas por las incoherencias en las que haya podido incurrir. No obstante, aclara: 
«Nunca pretendí hacer historia, sino comprender mejor el amor y el poder, esas dos grandes pasiones de todos los tiempos.» 
Sampedro nunca se queda en lo superficial o en lo sencillo en cuanto a temática y subtexto y en La vieja sirena juega a la confluencia de dos conceptos —lo histórico y lo mágico— para elevar el relato hacia aquello que es el verdadero objetivo de esta obra: explorar algunos aspectos de la esencia humana. Para ello reinterpreta el mito de la sirena desde una perspectiva contemporánea en la decadente y rígida Alejandría con el único propósito de poner en crisis el orden establecido. Materializa el mito en una mujer que fascina desde su dualidad y su misterio; a partir de ella logra dar cabida a realidades insospechadas en la mentalidad antigua predominante.

Desde el punto de vista narrativo, el texto es minucioso, visual, lírico y transpira verosimilitud, no solo en la evocación de la bella y caleidoscópica Alejandría y de los hechos sociopolíticos que la rodean, si no por lo bien que se reflejan los conflictos de los personajes que intervienen. Hay un narrador en tercera persona que aporta la información más descriptiva o de marco histórico pero la mayoría de los pasajes transcurren mediante la técnica del monólogo interior, para el caso de Irenia/Glauka y de Ahram el Navegante. Alguno de estos pasajes no solo son de gran belleza si no que contribuyen enormemente a la construcción del personaje:
«Yo también amaba aquella barba en mi mejilla; la de mi padre. Primer recuerdo de mi piel, más fuerte que el de la teta de mi madre. Aquel pecho era tan suave como mi propia piel; la barba de mi padre era fuerza. Levantaba la manta de la puerta para entrar en nuestra tienda y se me acercaba como un gigante. Su voz recia frente a la de mi madre. Sonaba como el cuerno de carnero que congregaba a la tribu; la de mi madre era la flauta de nuestras danzas. Siempre les estoy viendo. Mi mundo era la tienda, dentro todo era eterno: las dos voces, el tapiz, los besos. Fuera todo cambiaba: las rocas, las arenas, el ganado que va y viene, el cielo que hiela o quema. El sol se iba y la luna venía. Todo girando alrededor de la tienda; dentro mi mundo siempre el mismo. Las barbas del gigante, las manos de mi madre. El gigante levantándome hasta el cielo antes de sentarme en su hombro; yo sentía su barba en mis muslos desnudos. Luego me dejaba resbalar despacio y la barba rozaba mi mejilla. Era la firmeza, me hacía invulnerable.»
En otras ocasiones, dichos pasajes están al servicio de la expresión de los requiebros y las exaltaciones románticas y amorosas; pasajes demasiado abundantes para mi gusto. Del mismo modo, aquellos en los que se explican las estrategias bélicas, políticas y económicas de Ahram también pueden resultar algo excesivos. En cualquier caso y teniendo en cuenta que el leitmotiv de la trama es el poder y el amor, tales pasajes serán excesivos o no pero, desde luego, son pertinentes.

Algo que también está muy presente en La vieja sirena es lo erótico y lo sensorial, todo lo relacionado con el cuerpo, con la piel. Irenia/Glauka habita su cuerpo con total libertad, asume el dolor y busca el placer como algo natural, sin ataduras de ningún tipo. Este aspecto inherente de su psicología es una reacción a un pasado inmortal en el que, según ella, no se vive si no que tan solo se existe. Para Irenia la condición efímera de los humanos es la cualidad necesaria para la vida, porque es el tiempo el que dota a los momentos de su valor y sin él no existen las emociones ni las sensaciones; y es en la posibilidad de buscar esas emociones y sensaciones en la que ella se siente libre, pese a ser una esclava. Esa idea es el germen de todo el ideario que subyace en la novela y que tiene que ver con la libertad, la tolerancia y el elogio a la diferencia.

Desde el punto de vista ideológico, La vieja sirena mueve el suelo de muchas de las creencias que conforman la base de nuestra ideología actual, empezando por el simple hecho de que la civilización de esa Alejandría del siglo III no es tan distinta a la nuestra: luchas de poder, manipulación de la opinión pública, guerras, clasismo, opresión… y por la parte positiva: pensamiento crítico, tecnología, valores, diversidad, etc. Los mensajes están por todas partes y hacen referencia a muchas de las lacras que, como decía, nos asolan también a día de hoy. A modo de ejemplo:
  • La mujer en la historia como elemento silenciado, relegado y/o malversado. 
«(…) que fue Adán, con su orgullo masculino tan impropio de la mujer, quien realmente desafió a Dios en el paraíso terrenal e hizo pecar a Eva; aunque luego los varones redactores del Génesis impusieran una versión enmendada, muy conveniente para ellos al justificar la ulterior sumisión de la mujer en la vida social.»
  • La tolerancia ante la diversidad. La aceptación de que el placer no es único y que cada uno tiene derecho a explorar el propio sin ser señalado por ello.
«Si fuese inútil no estaría vivo… ¿Monstruo? Nada de lo que es puede ser monstruoso: desde el momento en que la naturaleza lo ha creado es natural. La vida no produce monstruos; los producimos nosotros.»
  • Sobre la masculinidad mal entendida o tóxica (muy interesante la evolución del protagonista, Ahram).
«(…) lancé mi cabellera sobre su rostro al decir que sí, que lo más imbécil del mundo es un hombre educado para ser solo macho, cuándo se darán cuenta ellos de lo que en verdad nos importa a las mujeres, cuándo sabrán que el centro del amor no está en su miembro, afortunadamente me confiesa que ya no lo tiene todo tan claro...»
En resumen, una novela hermosa, entretenida, que da pie a la reflexión y que valoro con un Recomendable a pesar de que, como he dicho, me sobran algunos pasajes. Me impactó muchísimo más cuando la leí hace cosa de veinte años y por entonces le hubiera dado un Muy Recomendable. Lo achaco a que mi bagaje lector por entonces era más limitado y a que, para qué engañarnos, el cinismo que te dan los años hace que las historias de amor tan grandiosas en lugar de emocionarte te provoquen cierta pelusilla.

miércoles, 20 de abril de 2016

TochoWeek #3. Thomas Piketty: El capital en el siglo XXI

Idioma original: francés
Título original: Le capital au XXIe siècle
Traducción: Francisco J. Ramos y Ana Escartín
Año de publicación: 2.013
Nº páginas: 859 (libro+apéndice)
Valoración: Muy recomendable  (Imprescindible para interesados)

Karl Marx escribió El capital en 1.873, y 140 años después el economista francés Thomas Piketty publica este trabajo, que suscitó gran interés y cierto grado de polémica, no en vano el autor es conocido por sus investigaciones sobre la desigualdad y las grandes fortunas. En realidad, aunque obviamente los dos son libros de economía, el que intentaré comentar hoy no constituye ni una revisión ni una réplica del clásico, con el que apenas coincide en aspectos muy concretos, aunque tampoco excluyo que se haya dejado funcionar el efecto tractor de título tan famoso. 

Tras una muy amplia y clarificadora introducción, en las dos primeras partes se pone al lector en antecedentes sobre algunos de los grandes parámetros que definen las magnitudes económicas a nivel internacional: el crecimiento, tanto económico como demográfico, el binomio capital/renta y las relaciones entre rentas del capital y del trabajo –punto en el que se aproxima algo más a algunos de los conceptos trabajados por Marx. Todas estas cuestiones se analizan, interrelacionan y justifican mediante un universo de datos y gráficos, que nos indica a las claras que estamos ante un estudio serio y riguroso, que busca explicaciones globales en que fundamentar la tesis que expone después. 

Tiene además la virtud de entroncar con un enfoque histórico-político de muy largo plazo, que no sólo hace la lectura menos árida para el profano, sino que permite una visión integrada de los fenómenos económicos. Incluso se permite recurrir con frecuencia a textos literarios –es especial, Balzac y Austen- para ilustrar algunas situaciones sobre la estratificación social, lo que resulta llamativo y francamente se agradece. Y, por otra parte, se ofrece la posibilidad de ampliar aún más la información, remitiéndose al descomunal material contenido en la página http://www.piketty.pse.ens.fr/fr/capital21c (anexo técnico), buena muestra de cómo compatibilizar un texto en papel con los recursos de la tecnología.

Una vez fijados los conceptos básicos, Piketty entra de lleno en el alma del libro, que no es otra que las desigualdades generadas por el sistema. La idea central consiste en que en la esencia misma del capitalismo se encuentra el mecanismo por el que, en unas condiciones dadas, las desigualdades aumentan de forma cada vez más acelerada. Sin entrar en profundidades, se puede decir que estamos ante el supuesto en que el rendimiento del capital es superior a la tasa de crecimiento, una realidad empírica que se cumple históricamente sin excepción. Dicho de otra forma, estamos ante esas estadísticas que periódicamente conocemos por los medios de comunicación, en las que vemos cómo un porcentaje ínfimo de la sociedad posee más de un tercio de la riqueza de un país, a veces incluso mucho más. Y no hablamos ya de dictadores subsaharianos o sátrapas postsoviéticos, sino de élites de Europa occidental y Estados Unidos, es decir, aquí y ahora.

Entrando en este tema, aunque sin abandonar su naturaleza técnica, el tono del libro empieza a cambiar ligeramente. Piketty no se limita a describir sino que se moja con las implicaciones sociales de estas desigualdades desbocadas, y hasta hace detonar algunas valoraciones que dejan claro que no está en la equidistancia:

‘La democracia real y la justicia social exigen instituciones específicas, que no son únicamente las del mercado, y que tampoco pueden limitarse a las instituciones parlamentarias y democráticas formales’

Y, planteado el problema, pasa a buscar soluciones. La única forma de corregir esta deriva –que en términos teóricos puede llevar al infinito, es decir, a la acumulación de todo el patrimonio mundial en manos de un puñado de individuos- reside en medidas fiscales y de control del capital. Las propuestas son a grandes rasgos 1) Un impuesto sobre la renta limpio de las exclusiones por las que se escapan las grandes fortunas, y recobrando la potente progresividad que ha perdido en las últimas décadas 2) Un modelo de tributación sobre el capital a nivel mundial, que el propio autor reconoce utópico a corto plazo, pero deseable como objetivo 3) El fin de los paraísos fiscales y de la opacidad sobre datos bancarios (vaya, una cosa que resulta, desde luego, de la máxima actualidad).

Es decir, que a lo largo de las casi 800 páginas (y miles de datos complementarios ofrecidos on line) se pone números, fechas y ubicación a esas intuiciones populares del tipo ‘los ricos son cada vez más ricos’, o a las informaciones, parciales y a veces poco rigurosas, que los medios transmiten de cuando en cuando y que aceptamos con desinterés y cierta resignación (estadísticas, datos de ONGs, listas Forbes). Pero se trata de realidades, muchas veces de magnitud más escalofriante aún de lo que pensamos, que tienen su origen en el propio sistema, y que son corregibles si hay voluntad para ello.

Es por tanto un imponente trabajo técnico, pero que no rehúye un importante grado de compromiso con el objetivo de combatir este desenfreno en las desigualdades, socialmente inaceptable. A nivel lector, tampoco nos olvidemos de que estamos ante un libro de economía, pero se advierte en él la voluntad de mantenerse más o menos cerca del gran público, adquiriendo así un cierto tono divulgativo que quizá los especialistas considerarán excesivo. Y si, aun sin perder el rigor, puede albergar la intención de provocar cierto debate, de ninguna manera es algo que se le pueda reprochar, porque aún queman los rescoldos de la crisis iniciada en 2.007, y no están tan lejanos los días en que los dirigentes políticos clamaban, presa del pánico, la necesidad de ‘refundar el capitalismo’.

Así que, si nos interesa indagar en este fenómeno económico que define nuestra sociedad en el principio del siglo XXI, el esfuerzo bien merece la pena.

sábado, 7 de octubre de 2023

Reseña + entrevista: 20 toneladas, de Luis Izquierdo-Mosso

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2020

Valoración: Muy recomendable


Pensé que no podía haber mejor sitio para este libro que donde lo encontré, una pequeña pero muy interesante librería bastante cercana a un famoso museo. Sí, también estaba en la elegante tienda del propio museo, por cierto luciendo (el libro) en una pequeña pila bien visible, lo que me sorprendió hasta cierto punto porque, como verán, 20 toneladas tiene un tanto bastante elevado de contestatario, de provocador, y algunos de sus pasajes pueden resultar un poco incómodos para el modelo de arte-espectáculo que el propio museo representa en alguna medida. Empezando por el mismo subtítulo, Arte contemporáneo para Turistas, porque sí, aquí se habla de arte contemporáneo, y el título de Turista lo adjudica el autor al espectador-consumidor que, incluido él mismo y cualquiera de nosotros, visita hoy en día museos ávido de imágenes y sobre todo experiencias.

Así que lo de Turista, así con mayúscula, viene con cierta coña, como viene empapada en ironía buena parte del texto, el libro entero podríamos decir, muestra de lo cual son las numerosas páginas con ilustraciones en las que se combinan imágenes de obras de arte auténticas con otras que pudieron haber existido pero no lo hicieron, o parodias de museos improbables dedicados a cosas extravagantes, o no tanto. Para eso el autor, Luis Izquierdo-Mosso (por cierto, medio vecino mío por parte de padre), es él también artista gráfico y sobre todo fotógrafo. Con ese tono burlón, aunque siempre medido, aborda la realidad del arte actual, ligado de forma insoluble a un mercado enloquecido en el que en muchas ocasiones es difícil distinguir la figura del artista y del inversor. 

El mercado, sí, el sistema que todo lo fagocita para regenerarse y crecer sin fin, donde todo es mercancía y las obras top acaban en colecciones especulativas, despachos de grandes multinacionales y casoplones de ricos aburridos que ya no saben en qué más gastar, porque las campañas electorales les cansan demasiado (a algunos no) y los viajes espaciales les dan miedo (a otros tampoco). Pero ojo, porque el arte, aunque no nos guste reconocerlo, siempre estuvo cerca del poder y el dinero: antes fue la Iglesia, luego la corte que encargaba retratos, o la burguesía deseosa de lucir pátina cultural. La diferencia por tanto no es tanta.

Los primeros nombres que desfilan por el libro son casi canónicos de arte actual, por supuesto Ai Weiwei y Damien Hirst, aunque también tiene su hueco Santiago Sierra, como abriendo boca a las reflexiones sobre el arte social-político-reivindicativo que más adelante ocuparán bastantes páginas. Se echa muy en falta el nombre de Jeff Koons, que es casi un abanderado de ese arte-espectáculo, pero lo que hay nos vale para ir introduciendo con ejemplos concretos esas manifestaciones que dejan admirado al Turista, aunque también perplejo, y puede que sospechando de alguna tomadura de pelo.

Tiene realmente gracia Izquierdo-Mosso porque se mete sin pudor en charcos en los que, aunque no venga mucho a cuento, mete el bisturí satírico contra la religión (la Virgen como ejemplo de gestación subrogada) o, en asuntos que parecen algo más oportunos, lanza mandobles contra el minimalismo (un poco exagerado) o el racionalismo (un tanto injusto, creo yo). Pero aparte de lo chispeante que sea su prosa o de esos fakes que salpican las imágenes, la frescura del libro proviene del desorden, un rumbo expositivo que prescinde de encorsetamientos cronológicos o estilísticos, siguiendo un guion sin la rigidez de apartados académicos, solo dependiente del hilo lógico que el autor no pierde nunca. Es un torrente de ideas con sus correspondientes ejemplos que nos obliga a seguirle sin saber muy bien a dónde va a parar.

Así, se interna en asuntos como la mujer en el arte, el feminismo y el sida, y repasa formas artísticas muy de nuestro tiempo, como el body art y el tatuaje, el bioarte, por supuesto la fotografía, que es lo suyo, al arte callejero (Banksy obviamente) y el mapping, hasta desembocar en el arte social, político y provocativo, que nunca dejó de existir, pero que es hoy en día más visible y cotidiano. Allá por los años 60 del siglo pasado, con la proliferación de las performances, el arte conceptual y otras formas de expresión que podríamos llamar alternativas, se derribaron las barreras del concepto mismo de arte, y hoy es el día en que es difícil distinguir el arte de por ejemplo el activismo social o ecológico, la cultura urbana, el teatro u otras manifestaciones. Como es también difícil delimitar la obra plástica digamos convencional del cachivache aparatoso y siempre muy llamativo que a veces transforma el museo en parque temático.

Hay que entender que esta dualidad siempre ha existido, al menos cuando algún artista ha tenido la valentía de salirse del carril académico, y un siglo después sigue habiendo gente (sinceramente, creo que mucha) a la que le parece que Picasso, por poner el ejemplo más socorrido, pinta mamarrachos que podría hacer un niño de cinco años. O que la abstracción es una simple ocurrencia porque no se parece a nada real. Por lo que apunta en algún momento, parece que Izquierdo-Mosso nos fuese a hacer luz sobre estas dudas que en algunos momentos nos asaltan hasta a los más crédulos. Pero no, la verdad es que no nos da ninguna receta, como no creo que nadie sería capaz de hacerlo. Sus ambiciones no van tan lejos, y podríamos decir que se limita a lo que debe: hacer pensar, y a lo sumo dejarnos la bucólica recomendación de simplemente disfrutar de lo que nos guste, observar con mesura, con calma y sin prejuicios, prestar atención a los detalles. Si de todo ello queda una experiencia de alguna manera placentera, eso que habremos ganado, gracias al libro y gracias al artista.

ooOoo

Por si no era suficiente con el libro, gracias a la editorial Lapislàtzuli nos hemos puesto en contacto con el autor, que ha tenido la paciencia de contestar a unas pocas preguntas. Ni qué decir tiene que se lo agradecemos un montón, y me permito recomendaros que leáis esta pequeña entrevista, que perfectamente puede ser más interesante que la reseña.

Un Libro Al Día: Por empezar por una frivolidad, ¿qué hace un tío nacido en Sestao en el mundo del arte contemporáneo? Porque, para quien no la conozca, esta localidad era hace unos cuantos años el epítome de la brutalidad industrial, el ruido, el humo y las fachadas ennegrecidas, un lugar que parecía lo más ajeno al arte que se podría imaginar ¿o quizá no es así? 

Luis Izquierdo-Mosso: Es verdad que Sestao no tenía aparente relación con el Arte, ni el contemporáneo ni el otro. En mi entorno no conocía a nadie que se dedicara a la práctica del arte visual, ni siquiera como afición. Aun no entiendo por qué, desde pequeño, quise ser pintor (y locutor de radio, y periodista).

Sí, en aquellos dos kilómetros cuadrados en que se amontonaban cuarenta mil personas rodeadas por la inmensa siderurgia de Altos Hornos de Vizcaya y por astilleros, fábricas de tubos, de maquinaria eléctrica, de cemento y puede que de otras cosas, no estaba muy extendido el interés por el Arte, ni para hacerlo ni para contemplarlo.

Sin embargo, había un tipo de Arte que sí estaba interesado por lugares como Sestao. Por la belleza del óxido, del humo, de las fachadas ennegrecidas. Quizá ese entorno en que crecí se manifestó como fuerza estética el día que descubrí un librito en que se mostraban algunos cuadros de Tàpies. La fascinación que produjo en aquel chaval de Sestao de diecisiete años fue el origen de todo.

ULAD: Y siguiendo con una pregunta original, ¿cómo surgió la idea de escribir este libro? Da toda la impresión de haber sido una idea espontánea que poco a poco va creciendo y tomando forma.

L.I-M: El libro es consecuencia de un trabajo académico en que mostraba cómo usar imágenes de obras de Arte contemporáneo para ilustrar temas de Filosofía de Bachillerato.  Juntaba así mis dos actividades predilectas, Arte y docencia de Filosofía. A partir de aquel material comencé a presentar una serie de charlas-performance (una especie de monólogos ilustrados con muchas imágenes) con títulos del tipo ¡¿de verdad eso es Arte?!. Se trataba de aparentes conferencias divulgativas donde aprovechaba el estupor que a mucha gente le produce buena parte del Arte contemporáneo para hablar de temas que me importan. El libro es una traslación del espíritu de aquellas charlas.

ULAD: Ahora más en serio, como comentaba en la reseña me ha llamado la atención que en el libro no cites a Jeff Koons, no solo como autor de algunas obras muy emblemáticas, sino sobre todo como paradigma del arte-espectáculo. Pero al  margen de por qué está o no en el libro, quisiera preguntarte qué piensas cuando contemplas alguna de sus obras.

L.I-M: La cuota de Arte-espectáculo está ampliamente representada en el libro, dado que se ha convertido en una tendencia metastásica en el Arte, especialmente en el que se ofrece a los Turistas que pululamos por el Mundo. Damien Hirst es un ejemplo tratado ampliamente en el libro. Koons está mencionado como uno de los artistas que han construido un personaje, que, bien mirado, son la mayoría. En su obra se podría encontrar ironía y autoparodia, aunque, al final, es un constructor de adornos caros.

ULAD: Al hilo de todo esto, iríamos a otro tema que tocas un poco de pasada: el espectador (o el Turista), quizá aún más si es aficionado al arte, parece que siempre desea un artista pobre, algo marginal, alejado de lo mercantil. Vamos, justo lo contrario de algunas de las grandes estrellas del arte actual.

L.I-M: El turista-espectador puede estar imbuido del mito del artista que murió pobre e incomprendido, tipo Van Gogh, un caso de superación post mortem. Mitos de artista hay para dar y tomar, pero también funciona el del artista rico, chulo, “echao palante”. El Arte y los artistas funcionan como espejos deformados en que nos miramos, y normalmente, vemos lo que quisiéramos ver, no tanto lo que hay. Del artista pobre envidiamos su libertad, la capacidad de dedicarse a cumplir su pasión contra viento y marea. Del rico envidiamos también su libertad y, por supuesto, la riqueza. En ambos casos la visión está distorsionada.

ULAD: Una cuestión que igual te atañe más personalmente como fotógrafo: te parece que la fotografía debería tener más espacio en estos museos donde ya circula habitualmente el video o las recreaciones de performances? ¿Es una actividad que por alguna razón queda fuera de los circuitos, o crees que su lugar no está ahí?

L.I-M: La Fotografía ya es, desde hace tiempo, una técnica plenamente integrada en el sistema del Arte de los Museos. Es verdad que hay momentos en que el mercado se inclina más por una técnica que por otra. Mercados y modas marcan también lo que circula por Museos y Galerías.

La verdad es que ha habido una cierta inflación de fotografías expuestas, a menudo en tamaños desmesurados, en un empeño de ocupar el lugar simbólico de la pintura. Hay quien piensa que el lugar de la Fotografía está en el Álbum, en el libro impreso, en la intimidad que ofrecen las fotos en tamaños pequeños. Las posibilidades de exhibición de las fotografías son tan inmensas que consiguen que consumamos fotografías en unas cantidades que pueden ser indigestas.

El Arte, sea lo que sea, tiene el deber de situar la Fotografía en los lugares en que sea pertinente, no como simple ruido visual.

ULADEn un pasaje del libro dices, en mi opinión con bastante acierto, que ‘la conducta de la persona no necesariamente invalida la obra del Artista’. Esto parece una opinión muy rotunda sobre la política de la cancelación.

L.I-M: Me parece claro que de la relación entre la conducta de una persona y la calidad de su obra como artista no se puede deducir que si la conducta es éticamente reprobable la obra vaya a convertirse en mala. De cantidad de artistas del pasado no conocemos detalles de su vida, pero eso no nos impide gozar de sus obras. Incluso podría pensar que una persona moralmente abyecta puede producir una obra artística interesante. Por tanto, no estoy de acuerdo en cancelar la obra de alguien en función de lo que se sepa de su conducta.

Otra cosa sería que, supongamos, de un cantante famoso se conozca que usa su fama y poder en su mundo profesional para ejercer, por ejemplo, acoso sexual. En este caso seria razonable cancelar su relación con ese mundo profesional del que se aprovecha. Pero eso no implica quemar sus discos ni no programar sus grabaciones. Ser un acosador no implica cantar mal.

Nosotros, como espectadores, estamos en disposición de apreciar las obras, no nos hace falta convivir con el artista, menos aún casarnos con él. Es bien conocido que es más reconfortante ser admirador de la obra de Picasso que ser su pareja y madre de sus hijos.

ULAD: Aunque en el libro no lo haces, o lo haces muy poco, puedes usar esta mini-entrevista para dejarnos alguna receta para que el Turista pueda distinguir la obra de arte del camelo o el anzuelo para llamar la atención.

L.I-M: Aquí debo hacer una pequeña explicación de cuál es el significado de Turista que uso en el libro. Se refiere a esas personas que en su vida cotidiana no tienen ninguna especial afición por el Arte, la Arqueología, la Historia, la Arquitectura, ni siquiera por la Geografía. Gente que, cuando viaja en sus merecidas vacaciones, es capaz de contemplar en una semana dos iglesias románicas, una catedral gótica, tres monumentos romanos, unas ruinas etruscas, dos museos de Arte clásico y alguno más de Arte contemporáneo. Todo lo que caiga en su camino con tal de llenar el tiempo de ocio con un barniz cultural. Después vuelven a la rutina cotidiana y no son capaces de visitar el museo que tienen a dos calles de su casa porque su interés por el Arte en exposición es nulo. Todos podemos ser Turistas.

Pues bien, es típica del Turista la sensación de que algunas obras de Arte, siempre del llamado contemporáneo, son un engaño, un camelo. Gente que se indigna ante cosas que no entiende que pertenezcan al mundo del Arte, aunque estén en un museo. Es una situación curiosa porque indignarse del Arte como camelo es como indignarse de la lluvia porque moja. Todo el Arte, de cualquier tipo y época, es un inmenso engaño, es una representación, un simulacro.

En el diccionario on line de la RAE hay tres acepciones de la palabra: Noticia falsa. Dicho o discurso intencionadamente desprovisto de sentido. Simulación, fingimiento, apariencia engañosa.

La tercera define la esencia de todas las Artes, la segunda se puede aplicar a algunas tendencias del Arte del siglo XX, la primera pertenece al ámbito de la comunicación, toca muy de refilón al Arte. Hay también una acepción coloquial: chasco, burla. Ésta es, justamente, la que menos relación tiene con el mundo del Arte y es, precisamente, la que demasiada gente aplica a su percepción del Arte contemporáneo.

Es perverso y absurdo pensar que una artista o museo decida trabajar solo para reírse del público, como si fueran esos majaderos acosadores que practican lo que actualmente llamamos bullying.

En el último apartado del libro, el payaso de las bofetadas, no doy recetas, pero prevengo al Turista para evitar esta sensación de engaño.


ULAD: Esto me sugiere que a estas alturas considerar la actividad artística como una parcela claramente delimitada igual no tiene mucho sentido. Que hay muchas manifestaciones muy diversas e interconectadas que nos pueden interesar por distintos motivos, o no interesar en absoluto, con las fronteras totalmente desdibujadas. No sé si estás de acuerdo con esto, y si de paso nos puedes dar una opinión muy general sobre el momento actual del arte, qué te parece lo más interesante, o a lo que ves más futuro.

L.I-M: Ciertamente. Los esfuerzos que se han hecho, desde principios del siglo XX, por ampliar los límites del Arte han acabado por triunfar. Actualmente cualquier cosa puede ser considerada como Arte. Esta situación puede producir confusión en el afán de saber cuándo estamos delante de una obra de Arte. Aunque hay códigos que no fallan, por ejemplo, todo lo que se exhibe en un museo de Arte es Arte, excepto los radiadores y los taburetes de las vigilantes, y a veces ni eso

Cada sociedad, cada cultura, ha marcado desde siempre unas pautas para reconocer el Arte y entender su significado. La sociedad actual, de una complejidad y con una tecnología multiforme, tiene un Arte complejo y multiforme, como no podría ser de otra manera. Además, los cambios de todo tipo en nuestras sociedades dan la impresión de acelerarse, por eso no es extraño que haya personas a las que les cuesta adaptarse y se refugian en formas artísticas del pasado.

Estamos en tiempos líquidos, como decía el filósofo Zygmunt Bauman, y esa corriente afecta al Arte y a todas las estructuras sociales. No me atrevo a hacer vaticinios, pero no es difícil ver que la práctica del Arte incorporará todo lo que aporten las tecnologías de la información, por ejemplo, la Inteligencia Artificial, al servicio de unos mensajes que saldrán de lo más profundo y de lo más superficial del mundo del que el Arte es, como siempre, un simple reflejo.



sábado, 19 de noviembre de 2016

Franco Berardi (Bifo): La fábrica de la infelicidad. Nuevas formas de trabajo y movimiento global

Resultado de imagen de la fabrica de la infelicidad amazonIdioma original: italiano
Título original: La fabbrica dell'infelicita'. New economy e movimento del cognitariato
Año de publicación: 2001
Valoración: Recomendable por su contenido


Fue más o menos en el cambio de siglo cuando comenzamos a sentir toda la dimensión del vértigo. La técnica nos sobrepasaba, adoptaba formas insólitas, y eso repercutía en todos los ámbitos, individual, social, económico, laboral, pedagógico, político… Un fenómeno global que hemos tenido que asimilar poco a poco, unas veces encantados de la vida, otras fastidiados –y a veces hasta alarmados– por sus consecuencias, tanto por las que contemplamos a diario como por esas que aún no podemos prever.
Precisamente de globalidad y consecuencias puede hablar largo y tendido el profesor Franco Berardi, filósofo nacido en Bolonia, que ha conseguido trazar en sus obras un amplio panorama de las circunstancias actuales diferenciándolas de las que, originadas en la civilización industrial, se han mantenido vigentes hasta hace unas pocas décadas.
Este ensayo, teniendo en cuenta todo lo que ha llovido desde entonces, debería haberse quedado obsoleto. Lo parecería, incluso, si nos quedásemos en la anécdota de que refleja una actualidad próspera donde la crisis ni siquiera asoma por ningún horizonte visible. Si supera ese enorme escollo es gracias a dos (meritorios) rasgos. Primero, el examen riguroso –y por completo vigente en nuestros días– de todos los aspectos destacables del nuevo orden social, donde se establecen los fenómenos transformadores, analizando relaciones de causa-efecto. Y en segundo lugar, pero no menos importante, el adelanto de lo que ocurriría años más tarde, reiterado en varias ocasiones y reflejado con una lucidez claramente premonitoria.
Constata Berardi que la implantación de la tecnología digital en la producción de bienes de todo tipo ha transformado los esquemas que definían al capitalismo tal como lo conocíamos, el que surgió de la civilización industrial. Queda claro que el valor fundamental de las transacciones actuales es el conocimiento, en sus dos vertientes: la innovadora y la meramente productiva. El trabajo intelectual digitalizado se encuentra a cargo  de una nueva clase que el autor denomina cognitariado. Ello implica que sus productos se hallen reducidos a bits –unidades puramente inmateriales–, que las unidades de producción se encuentren en gran parte desterritorializadas (lo que convierte en irrelevante el papel de los estados y traslada el trabajo físico a las zonas deprimidas mientras el intelectual se disemina y crea en los sujetos la ilusión de la autonomía productiva), que no estén vinculadas a ningún horario concreto ampliando su duración hasta el infinito, que la velocidad de la información sea ilimitada mientras la capacidad de emisores y receptores humanos continua siendo la misma –lo que produce una sobrecarga mental con consecuencias diversas– y que determinados intercambios sean totalmente ajenos al concepto de propiedad privada, de ahí que el valor de la fuerza productiva sea mucho menos cuantificable.

“… cuando el bien es un programa informático, una composición musical, una película o un proceso técnico, y es reproducible en formato digital, no identificable, no único, y puede ser disfrutado al mismo tiempo en varios lugares por diferentes personas sin quitarle nada a nadie, la noción misma de propiedad empieza a parecer evanescente y arbitraria.”

Tal cataclismo en los hábitos productivos y comunicativos produce además la destrucción de algunos mitos. El de la célebre mano invisible, tan aclamado por el neoliberalismo, que  no desemboca en el libre mercado como se aseguraba, sino en la proliferación de monopolios; el de la felicidad producida automáticamente por la economía en red; el de la inmunidad absoluta de los trabajadores virtuales –mito que se evaporó a partir del 11S–, el de la imposibilidad de que el cognitariado, a diferencia de otras clases, pueda ser despedido o marginado, de ahí la necesidad de acuñar un término cuyos vínculos semánticos son más que evidentes.
Se establece un difícil equilibrio entre el máximo de infelicidad soportable –por causa de la competencia, la culpabilización y el fracaso– para mantener la estabilidad del sistema y una felicidad no excesiva que asegure la adhesión. De ahí que denomine semiocapitalismo a la actual forma de vida y le añada fábrica de la infelicidad como sobrenombre.

“[Los] seres humanos están atravesando una fase de reprogramación neurológica, psíquica, relacional. El hardware de los organismos bioconscientes está en fase de mutación, de rediseño acelerado.”

En un mundo mercantilizado y consumista, donde el discurso político establece la felicidad como un estado casi obligatorio se produce, sin embargo, una anulación de la empatía, una progresiva indiferencia por lo que le suceda a los demás. (Desolidarización generalizada según la expresión de Berardi).
Un texto perspicaz, y por tanto necesario, para entender muchas de las claves del siglo que, por desgracia, peca de reiterativo, desorganizado y abstruso. Haría falta mayor sistematización y mayor claridad expresiva para disfrutar de toda la claridad de estas ideas.

jueves, 18 de noviembre de 2010

¿Existe la ciberliteratura?

Antes de nada, aclaremos los términos, que en sí no son nada claros: con "ciberliteratura" me refiero a la literatura electrónica o digital, creada directa y exclusivamente para los medios digitales, sobre todo (aunque no solo) para internet, y que no podría existir fuera de ellos; no considero ciberliteratura, por tanto, las ediciones digitales de obras en papel (o que podrían hacerse en papel, si se quisiera), ni por supuesto la literatura que trata primordialmente de temas cibernéticos (el género que se suele conocer como "cyberpunk", que merecería una entrada independiente).

Así definida, para la inmensa mayoría de los lectores la ciberliteratura no existe: nunca han oído hablar de ella ni podría citar ningún ejemplo. De hecho, la ciberliteratura está prácticamente reducida a las universidades y ámbitos artísticos, se produce y consume en ellos, y tiene escasa o ninguna repercusión en el ámbito literario comercial o mainstream. En proporción, la cantidad de crítica, cursos, seminarios y congresos que este tipo de literatura ha provocado parece un poco desproporcionado...

Siguiendo a Katherine Hayles y a la Electronic Literature Organization, se podría clasificar la literatura electrónica en los siguientes géneros:
  • Narrativa hipertextual: obras compuestas por textos y enlaces, al modo de "Elige tu propia aventura". Ya reseñamos aquí uno de sus ejemplos más acabados: afternoon, a story, de Michael Joyce; en español y en internet puede leerse Pentagonal, del chileno Carlos Labbé.
  • Narrativa multimedia o network fiction (no me acaba de convencer el segundo término): obras que utilizan las nuevas posibilidades que ofrece internet, añadiendo al texto sonidos, imágenes, vídeos, etc. Un ejemplo sería These Waves of Girls; en español fue pionera Gabriella Infinita, de la Universidad Javeriana de Colombia
  • Narrativa interactiva: similar en cierto modo a los anteriores, se diferencia por incluir mayores dosis de interacción y de juego, y menos texto; se introduce de lleno, por lo tanto, en el campo de los videojuegos, hasta el punto de que a veces es difícil distinguirlos. Un ejemplo en español es Golpe de gracia, también de la Javeriana (las dos primeras partes son más textuales, la tercera es propiamente un juego). Entre este tipo de juegos "literarios" se suele citar Myst, un clásico que creaba un complejo mundo de ficción y que tuvo hasta cinco continuaciones, si no me equivoco.
  • Ficción adaptada a tecnologías concretas, como el GPS o el teléfono, y que permiten relacionarse con entornos reales y tridimensionales. Por ejemplo, la novela The Missing Voice (Case Study B), en CD, constituía un recorrido virtual, pero realizable, por las calles de Londres. También hay ficciones adaptadas a géneros textuales propiamente digitales, como el sms, el blog, o incluso Twitter o facebook.
  • Teatro interactivo, en el que se combina en distintos grados la actuación real con la participación de actores virtuales, remotos o digitales. Así, en Façade el usuario real interactúa con dos personajes virtuales, Grace y Trip, y se ve inmerso en una trama a lo Quién teme a Virginia Woolf. También los avatares digitales (encubran o no a personas reales) son considerados por algunos críticos una forma de "teatro digital"...
  • Poesía digital: aquí se incluiría, hasta cierto punto como un cajón de sastre, todas aquellas obras no narrativas, más o menos experimentales, que emplean tecnologías digitales combinadas en mayor o menor medida con elementos textuales para crear "poesía". La variedad en este grupo es enorme: prácticamente todas las obras contenidas en el primer volumen de la Electronic Literature Collection formarían parte de este grupo (por cierto que el segundo volumen de la colección se espera para finales de este año).
  • Literatura generada por ordenador: poesía, narrativa o teatro generados de manera más o menos interactiva por ordenador. Varios de los que he visto son más bien lúdicos, sin intención estética real. Aquí van un par de ellos: el Poem generator, y el Poetry Generator.
  • Literatura colaborativa: las nuevas tecnologías no han inventado la escritura a varias manos, pero sí la han facilitado. Las wikis son el medio más utilizado para este tipo de proyectos: además de la Wikinovela, desarrollada por la Universidad de Deusto hace unos añitos, también está el proyecto A million penguins o Un soneto me manda, de José Antonio Millán.
En mi opinión, mucha de esta literatura es en realidad un ejercicio de virtuosismo: hacemos esto, porque podemos, porque la técnica nos lo permite, y porque siempre es tentadora la idea de introducir la literatura en cualquier nuevo medio o tecnología que surge; dudo mucho, en cambio, que estos cibergéneros lleguen a ser mayoritarios, por su dificultad, su especificidad y su carácter híbrido: ni son propiamente literatura, ni son propiamente videojuegos. En todo caso, es interesante saber que esta literatura existe, y que es posible hacerla; aunque sea para decidir que no merece la pena seguir por ese camino...

domingo, 5 de junio de 2016

Varios autores: 2084

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: Se deja leer / está bien

Vamos a empezar por lo más externo: la editorial. Estamos ante una editorial joven, que todavía cuenta con pocos libros en el catálogo (cinco en total, si no he contado mal), repartidos en tres colecciones: imaginabreve (para volúmenes de relato), imaginaverso (para poesía) e imaginafusión (para "narrativa gráfica"). Siempre es una buena noticia, y una iniciativa digna de elogio, que alguien se lance a publicar libros en estos tiempos, sobre todo apostando por autores noveles, y por tres géneros que no se sitúan entre los más vendidos. Así que, para empezar, bienvenida sea Inventa Editores, y que los sigamos viendo durante muchos años, ampliando su catálogo.

En este caso, el libro que propone, 2084, es una antología de relatos de ciencia ficción escritos por ocho escritores diferentes, en los que se plantean diferentes futuros posibles para la humanidad. Cada relato está acompañado de una breve presentación de su autor, y aquí tengo que poner mi primera pega: en estas presentaciones no solo se resume la biografía del autor (lo que puede ser interesante) sino que se describe su estilo -siempre en términos elogiosos, claro-, y se hace un pequeño resumen o análisis del relato que se va a leer. La verdad, creo que con la biografía habría sido suficiente, que el lector ya será capaz de sacar sus propias conclusiones sobre cómo escribe o de qué habla el autor en el cuento...

La mayor parte de los relatos presentan una realidad distópica: sociedades autoritarias, tecnificadas, burocratizadas, que suprimen la individualidad y/o el contacto humano. En "Mi porqué" de Sonia Mantiel, el arte está prohibido, mientras que en "La Autoría" de Marta Luján lo que está prohibido es la individualidad artística; en "Respiración asistida" de Patricio de la Torre la humanidad está medicada de forma perenne, creando superpoblación, pobreza, hambre; en "Azul Easton" de Juan Trenado, los empleados de una supercorporación están obligados a renunciar a su libertad para convertirse en una pieza de la maquinaria de producción... Si el futuro realmente se parece a lo que anuncian los relatos de 2084, va a ser un futuro terrible.

Hay que decir que, desde el punto de vista literario, el volumen es un tanto irregular. Algunos cuentos son demasiado obvios, demasiado planos: tienen como objetivo advertirnos sobre determinado peligro potencial o real, y se convierten en "relatos de tesis". Hay algunos que creo que escapan a este peligro y consiguen una complejidad mayor en su planteamiento. "El próximo noviembre" de Beatriz Lacalle, escrito en orden cronológico inverso al estilo de "Retorno a la semilla", plantea también un futuro apocalíptico, pero se centra en una historia cruda de violencia doméstica y sus consecuencias; "Velocidad de escape" de César Arza cuestiona el aislamiento al que puede conducirnos la tecnología (algo que también plantea "El holograma" de Rosa de Mena), pero lo hace de una forma más ambigua, crítica pero no "ludita". Por su parte, "¿Quién nos curará del fuego sordo?" de Pablo Medel, como su título indica, es el más poético de los relatos, situado en un mundo futuro en el que la realidad (o realidades) no siempre son fáciles de identificar.

2084 es por lo tanto un libro meritorio por lo que intenta: reunir las voces de ocho escritores noveles que se atreven a adentrarse en el género de la ciencia ficción, con sus muchas variantes, y volcar en él sus preocupaciones, sus miedos, su estilo y su técnica. No todos los resultados tienen la misma calidad, y los relatos que más me han gustado se sitúan en su mayor parte al final del libro (así que recomiendo paciencia a los lectores potenciales). En todo caso, hay que agradecer outra vez a Inventa Editores la audacia de publicaciones como esta, y estar atentos a las que puedan venir en el futuro.