martes, 14 de marzo de 2023

Andrés Ibáñez: El perfume del cardamomo

Idioma: español

Año de publicación: 2008

Valoración: entre recomendable y está bien

Vamos hoy con un libro de sugerente título y elegante cubierta, a fe mía, que resulta ser, sorpresa, una recopilación de cuentos chinos (*)... pero escritos por un español, el no menos elegante Andrés Ibáñez. Tal curiosidad resulta, hasta donde yo conozco, bastante insólita en el panorama literario hispánico; puede que haya más ejemplos, pero, a bote pronto, yo sólo recuerdo Bélver Yin, el alabado debut, en su (ya lejano) día, de Jesús Ferrero (una novela, por cierto, aún no reseñada en ULAD, y que debería estarlo). 

En el caso de Ibáñez, éste se ha basado, sobre todo, en los cuentos tradicionales chinos para pergeñar ( hay quien diría "mixtificar") los suyos, aunque él mismo reconoce en el epílogo que los dos últimos, son, en el caso del más bien rococó Los piratas de los siete colores, un homenaje al cubano Lezama Lima, y en cuanto a La montaña del alma, un cuento que un chico auténtico difícilmente habría escrito de esa manera. En otros se habla del concepto del "mundo flotante" -justamente hay cuento titulado así-, como metáfora de los placeres sensualidad, el erotismo y la relajada disipación; esta idea, reconoce Ibáñez, la ha tomado de la literatura japonesa, más que de la china. Pero, vaya, para el lector no experto, como es un servidor, los 25 relatos del libro -algunos muy cortos tranquilo todo el mundo- tienen un aire de chineidad (¿se dice así?) bastante verosímil, aunque es posible que un eventual lector chino o, al menos, que conozca lo suficiente esta literatura, considere poco logrado el artificio. 

En todo caso, y si nos atenemos tan sólo a su valía literaria (o a la valía del resultado, mejor dicho), entre los 25 cuentos encontramos al menos ocho o nueve bastante notables otros tantos que no están nada mal; es decir, que al menos dos terceras partes de esta selección merecen la pena. El mejor de ellos, en mi opinión, resulta ser la divertida Historia de Chi Hsin Mien, el insaciable, cuyo desaforado priapismo tenía desesperadas a sus tres esposas, Crisantemos, Peonía y Loto Blanco, y que juntos protagonizan una historia de fantasmas como no habéis leído otra. También están bastante bien La mujer del bandido, la ya mencionada Del mundo flotante (que casi se diría sacado de Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino), Las hermanas Wang (un cuento que, por otra parte, veo difícil que pasara el filtro del Ministerio de Igualdad), Hay un camino, vitalista defensa de la literatura y la imaginación y que se complementa con el siguiente "relato": Los diferentes tipos de leyendas... También destacan El alquimista negro y su perro, con aire de parábola; la elegante y casi mínimalista fábula cíclica Marcas en el agua; El regreso, una historia de amor que parece inspirada en Las metamorfosis de Ovidio y, por último, el obviamente irisado y bastante cuqui Los piratas de los siete colores.

En conjunto, son cuentos que combinan suntuosidad con elegancia, erotismo con filosofía,  audacia formal con (supuesta) tradición y en los que encontramos todo un imaginario -bellas muchachas y apuesto bandidos con nombre de flor, monjes, brujos, cortesanas, animales parlantes y espíritus...- que tanto puede venir de la riquísima cultura china como de la idea occidental sobre esa cultura... Tanto da, pues lo importante es el placer de leerlos y el tener al menos asegurada, al hacerlo, la sonrisa.

(*) Se entiende que cuentos chinos... no en su acepción metafórica en castellano, por favor.

lunes, 13 de marzo de 2023

Albert Camus: Cartas a mi maestro

Idioma original: Francés
Título original: Cher monsieur Germain... Lettres et extraits
Traducción: Pablo Hermida Lazcano
Año de publicación: 2022
Valoración: Entrañable (aunque recomendable, lo que se dice recomendable, solamente para interesados)

Cartas a mi maestro compila la correspondencia que se conserva entre Albert Camus y el que fuera su profesor, Louis Germain. Evidentemente, un volumen así tiene un interés acotado y un valor más relacionado con lo documental que con lo puramente literario. Pese a todo, puede llegar a seducir a los profanos.

¿Cómo no emocionarse ante el vínculo de afecto y admiración que presentan estas páginas? ¿Cómo no enternecerse ante la intimidad que existió entre un maestro y su «colegial», entre un pedagogo y su alumno «ejemplar», entre un padre sustituto y su «hijo espiritual», entre un anciano y su «querido pequeño»?

En una misiva del 13 de febrero de 1950, Camus dijo lo siguiente: «Ni tengo ni tendré jamás cosas mejores que hacer que leer las cartas de aquel a quien le debo ser lo que soy, y a quien amo y respeto como al padre que no he conocido». El 19 de noviembre de 1957, después de que se le concediera el Premio Nobel de Literatura, escribió a Germain porque «Sin usted, sin esa mano afectuosa que tendió al niño pobre que yo era, sin sus enseñanzas y su ejemplo, no habría sucedido nada de todo esto». El propio Germain se sentía así con respecto a Camus: «Mi emoción ha sido tanto mayor porque mis propios hijos jamás me han manifestado tanto cariño». Repito: ¿cómo no emocionarse ante el apego que se profesaban ambos?

También me han parecido entrañables los puntuales destellos de humor que asomaban en su trato. Por ejemplo, cuando Camus bromeó en estos términos: «Después desearía descansar y vivir un poco en libertad a la espera de la bomba de hidrógeno». O cuando Germain afirmó que «Actualmente sigo un régimen bastante estricto: mi corazón da preocupaciones... al doctor», o que «Me consta que esto no les agrada a aquellos que querrían hacer de los profesores unos viajantes de comercio de la religión y, para ser más precisos, de la religión católica».

Hallo un par de pegas a la correspondencia entre Camus y Germain: acusa cierta repetición y, si el voyeur que se asoma a ella no tiene particular interés biográfico o histórico, tampoco podrá sacarle mucho partido, ya que plasma más nimiedades cotidianas que temas a los que los interlocutores podrían haberse prestado, como filosofía, literatura o religión. Pero bueno, insisto en que lo anterior no empaña que un profano pueda conmoverse frente al vínculo que ilustra.

Cartas a mi maestro se cierra con un fragmento de El primer hombre, la novela autobiográfica inacabada de Camus. En dicho fragmento se homenajea a Germain, quien aparece transmutado en un personaje literario llamado «el señor Bernard».  

En fin: este libro es el testimonio de una relación preciosa. Una relación que, como sucede incluso en las interacciones humanas más satisfactorias, pudo tener alguna desaveniencia anecdótica, algún periodo de desidia o mutismo unidireccional, pero en general fue una «amistad inquebrantable».


También de Albert Camus en ULAD: Aquí

domingo, 12 de marzo de 2023

Chigozie Obioma: Los pescadores


Idioma original: inglés

Título original: The fishermen

Año de publicación: 2016

Traducción: Dora Sales

Valoración: bastante recomendable


Siento no prestar demasiada atención a eso llamado literaturas periféricas. En concreto, a los autores africanos, cuyo vínculo con el mercado literario en castellano siempre suele ser el mismo: autores afincados en Occidente que optan por escribir en francés o inglés, y eso les franquea acceso al amplio mercado, que siempre los va a contemplar con cierta mirada entre condescendiente y escéptica. Chigozie Obioma escribe Los pescadores, primera novela, en inglés, pero trufa el texto de expresiones en igbo y yoruba, idiomas autóctonos, y, según reza la nota de la traductora, estas no siempre son traducidas para recalcar esa sensación de otredad. Una opción como otra, que quizás sea una intención del autor para desmarcarse y aseverar que esta es una novela que se desarrolla en Nigeria, en la ciudad de Akure, y bueno sería recordar que Nigeria es un enorme país que cuenta con una población de más de 220 millones de habitantes, aunque sea para valorar la enorme desproporción de atención que prestamos a sus manifestaciones culturales.

Por eso el impacto de Los pescadores debería ser mayor. Si se trata de que los libros tengan esa tan reiterada cualidad de transportarnos, la historia de Benjamin, narrador, su familia numerosa, las misteriosas ausencias de su padre, supongo que una analogía de la inestabilidad política del país en la época (años 90) en que se ambienta la novela, si de ello se trata Los pescadores tiene esa cualidad: pero ese lugar no parece un sitio agradable. Los pescadores son un grupo de hermanos que, desoyendo a su madre, se acercan a jugar a un río y en sus cercanías tienen un encuentro con Abulu, un indigente desquiciado que los maldice. Ahí se cuela el primer resquicio en que el libro parece ser más una crónica social que un mero episodio trágico en una familia. Aunque la familia es cristiana y acude a misa, el trasfondo de las creencias religiosas locales se filtra. De hecho, cada capítulo es titulado y precedido como si Obioma aportara un cierto aire místico, y el animismo está presente no solamente en la presentación de los personajes. Las tradiciones conviven con las creencias aportadas por los colonizadores, y la novela se tiñe de un sabor y un color acre y empezamos a comprender ese momento y esa situación. Cómo el sueño del padre para sus hijos, un futuro mejor, profesiones respetables, sólo parece poder materializarse a través de la emigración. Mientras los mandatarios van y vienen el panorama, desde el prisma occidental, parece dantesco. Obioma es rico en descripciones y estas incluyen estampas de alta precariedad. Nos damos cuenta de que ese no es un entorno confortable. No es una novela urbana en nuestro concepto del registro. Todo parece mísero y frágil. Y esa fragilidad la palpamos en la historia. Abulu lanza una maldición y la familia se ve arrastrada en una mezcla de superstición y destino terrible. Desde luego el viaje está garantizado, la capacidad de Obioma como narrador es muy notable e incluso rinde respetos al clásico Todo se desmorona. Y esa ciudad destartalada y polvorienta se manifiesta a cada rincón, esos críos que prácticamente solo usan su casa para dormir y que atraviesan esos caminos llenos de miseria, peligro y hedor están ahí.


sábado, 11 de marzo de 2023

Ken Follett: La clave está en Rebeca

Idioma original: inglés

Título original: The Key to Rebecca

Traductor: Jorge V. García Damiano

Año de publicación: 1980

Valoración: Está bien (recomendable para fans)


Ya saben que muy de vez en cuando me gusta darme una vuelta por los libros de gran consumo, esos con tiradas bestiales que llenan los escaparates de las librerías más visitadas. Y esta vez voy directamente a la cabeza: Ken Follett, uno de los autores más vendedores de las últimas décadas, responsable de tochos enormes que han devorado millones de lectores desde hace cuarenta años. Cuando se publicó la que creo que es la única reseña del autor galés en ULAD (ver enlace abajo), un comentarista se arrancó directamente diciendo ¿Cómo puede ser qué no tengáis reseña de “Los pilares de la tierra” en el blog? Bien, es una reflexión bastante lógica que dejo ahí por si alguien decide a arrancarse con ello. Por mi parte, me he dejado llevar por la recomendación de una fan (de Follett, no mía), y me ha parecido que esas cuatrocientas y pico páginas de La clave está en Rebeca eran suficientes por el momento.

Historia de espías. En el Egipto ocupado por los ingleses durante la Segunda Guerra mundial, con Rommel acechando desde el Oeste, se detecta a un peligroso espía nazi (personaje al parecer basado en la realidad) que está revelando secretos de estrategia obtenidos no se sabe cómo ni de dónde. Todo el relato es la narración de ese juego del gato y el ratón en el que un comandante británico busca sin descanso al infiltrado para frenar el progreso del Afrika Korps. Tenemos por tanto un enfrentamiento bastante obvio entre el bien y el mal, acentuado por la caracterización de ambos personajes: el espía va resultando cada vez más odioso, de inteligencia retorcida, carente de escrúpulos, manipulador y violento; el oficial inglés, bien dibujado y matizado, encarna todas las virtudes, no tanto por su personalidad como por el entorno que le rodea y adorna.

La dicotomía se completa con una mujer a cada lado. La amante del espía es una famosa bailarina del vientre que no dudará en ayudar al nazi sirviéndose de su atractivo, en tanto que del lado del perseguidor inglés aparecerá una joven judía con un pasado turbio aunque en proceso de regeneración. Vicios y virtudes frente a frente. De fondo se muestra el descontento de los nativos egipcios, cansados del poder británico y decididos a aliarse con el Reich si fuera necesario con tal de expulsarles. Por ahí aparece, algo tímidamente, el movimiento de los Oficiales Libres, encabezado por Anuar El-Sadat, dispuestos a mover el tablero.

Como novela de espías, el libro tiene poco que ver con la introspección de Graham Greene, y tampoco tiene la finura y la perspectiva de Le Carré. Aquí todo es acción e intensidad, algo que, como decía el otro día Marc, le acerca a un page turner, que pretende atrapar al lector haciéndole sentir dentro de la trama, experimentando sensaciones, inseguro ante los peligros y ansioso cuando estamos cerca de atrapar al malo.

Entiendo que estas cosas gusten a cierto tipo de lectores. Hablamos de libros bien escritos, que cuentan una historia sin ningún aparato formal, con una complejidad muy medida, lo suficiente para mantener la atención sin requerir demasiado esfuerzo, personajes más o menos creíbles con los que el lector pueda situarse y tomar partido, de manera que se involucre en el relato, se emocione y no se desconecte. Con sus crescendos de tensión, sus contrapuntos, espacios de aparente relajación y algún golpe de sorpresa. Un producto que se parece mucho a cierto cine norteamericano de acción, y me refiero a películas muy bien hechas, impactantes, donde se manejan con habilidad todos los recursos para atraer la atención y poner a funcionar las emociones del espectador. Pues todo esto lo hace estupendamente Ken Follett, y eso que tengo la sensación de que este no es uno de sus mejores libros (y que me perdone mi prescriptora).

Le podemos sacar defectos, claro, personajes que derivan hacia cierta simpleza, una escena final excesivamente larga y cargada con demasiados trucos, secundarios poco desarrollados o directamente pobres. Pero de verdad que el conjunto no desmerece, el libro se lee con interés (se podría decir eso de que ‘se devora’) y tiene una sólida estructura, dosificado con acierto y bien imbricado en el momento histórico. Así que todo va a depender del lector, de lo que uno exija al libro o espere de él. Por eso digo que entiendo el éxito de este tipo de novelas, porque es evidente que hay lectores que están encantados con estas historias hechas (y bien hechas, insisto) a medida  para el entretenimiento sin más complicaciones, por eso agradan esos grandes tochos que permiten sumergirse durante mucho tiempo en una trama identificable y convivir con sus personajes. 

No sé, algunos preferimos buscarnos problemas con libros que nos plantean dificultades, que cuentan cosas más complejas o lo hacen de alguna manera especial, cosas que hay que desentrañar o suscitan dudas. Pero claro, en una librería cabe mucho y cabe de todo, y el lector es libre para elegir, incluso para equivocarse. Y si el libro está bien construido, como es el caso, no hay nada que objetar. Incluso a veces puede ser saludable dejar un hueco para simplemente pasar el rato con obras como ésta.

También de Ken Follett en ULADUn mundo sin fin

viernes, 10 de marzo de 2023

José Cobo: Anatomía del cristianismo

Idioma original: Español

Año de publicación: 2022

Valoración: Fuera de concurso

Antes de nada, quiero pedir perdón al autor de este ensayo (si es que llega a leerme) por las burradas que pueda escribir en esta reseña. Ni mi formación "académica" ni "espiritual" permiten una lectura digamos plena de un texto en el que predominan los conceptos filosóficos y teológicos. Mis limitaciones son, por tanto, enormes, por lo que esta reseña no pretende tanto analizar el contenido del texto como transmitiros lo que su lectura me ha sugerido. De ahí la valoración inicial.

Entonces, ¿por qué leer y reseñar un libro de este tipo? Bueno, uno no es un hombre de fe pero la innegable influencia que el cristianismo tiene sobre nuestra civilización hace que me interese, ya sea desde el punto de vista meramente histórico o por lo que supone de permanente búsqueda de señales, y más en un mundo que parece haber convertido el cristianismo en "otra" religión de la interioridad. 

El problema, para mi, radica en que el texto tiene un enfoque más filosófico / teológico que histórico / sociológico, lo que complica la comprensión de determinados conceptos que me suenan demasiado parecidos (a veces todo me resulta un galimatías dialéctico) y hace que, por momentos, me encuentre algo perdido. Limitaciones mías, claro está, y error mío por pensar que el libro era "otra cosa".

Pese a lo anterior, sería completamente injusto negar que el texto de José Cobo posee una serie de virtudes que hacen que resulte sumamente interesante hasta para un profano en la materia como yo. Así, entre las cosas que me parecen más destacables se encuentran:

  • La revisión / reinterpretación de algunos de los dogmas de la Iglesia Católica, en especial aquellos referentes a la Reencarnación y Resurrección o a la relación Dios / Jesús y su naturaleza humana  y/o divina. Por ejemplo, ¿es Jesús el hijo de Dios porque no salva o nos salva porque es el hijo de Dios? 
  • Los debates teológicos del pasado que dieron lugar a doctrinas como el docetismo o el arrianismo. 
  • La interpretación de los esquemas mentales de los primeros cristianos y la alteración que la declaración cristiana supuso sobre lo que se entendía como Dios.
  • La idea de la relación entre el cristianismo y el nihilismo (la falta de esperanza - el nihilismo - es el punto de partida de la fe,) o el cristianismo y el ateísmo.
  • La presentación de Dios como algo alejado del infantil ente sobrenatural, como algo más temporal que espacial, como alteridad en falta. (si tú crees en mi, Yo soy; si no crees en mi, no soy)
Nada más queda que añadir un par de apuntes sobre lo "menos positivo". El primero, ligado a mis propias limitaciones, estaría ligado a un cierto "elitismo" y es que, aunque entiendo que el autor pretende dirigirse a un lector muy concreto, creo que el texto podría ser asequible a un público más amplio; el segundo sería una cierta reiteración en alguna de las ideas expuestas.

jueves, 9 de marzo de 2023

Arto Paasilinna: Delicioso suicidio en grupo

 

Idioma original: finés

Título original: Hurmaava joukkoitsemutha

Año de publicación: 1990

Traducción: Dulce Fernández Anguita

Valoración: entre recomendable y está bien

Parece ser que en Finlandia, quizás por la falta de luz solar, por el frío o por el excesivo consumo de destilados varios para combatirlo, vete a saber, se cometían al año, cuando esta novela fue escrita, alrededor de 1500 suicidios y diez veces más personas tenían en mente hacerlo... Una alegría de país, vaya. Dos de estos candidatos al suicidio resultan ser el director gerente de una lavandería -y arruinado- Onni Rellonen y el coronel del Ejército Hermanni Kempainen, que una mañana del día de San Juan coinciden en el mismo sitio para suicidarse, pero, al encontrarse con compañía, desisten y comienzan una amistad. Pronto se les ocurre contactar, por medio de un anuncio en el periódico, con los cientos de suicidas en potencia que debía de haber en el país y, con la ayuda de una de ellas, la atractiva jefa de estudios Helena Puusari, convocan una reunión en el restaurante Los Cantores para llevar a cabo un "seminario de suicidiología". Este será el comienzo de un delirante periplo a lo largo y ancho de Finlandia y bastante más allá, del que no voy a contar más, pues me temo que ya he destripado en exceso la historia (menos que en la contratapa de esta edición de Anagrama, en todo caso).

Añado, eso sí, que en su camino el grupo va recogiendo a otros potenciales suicidas, cada cual con sus peculiaridades y tribulaciones, que le impulsan a la idea de quitarse la vida. Esto permite al autor presentarnos una colección de compatriotas suyos que, supongo yo, constituyen una suerte de tipología social finlandesa y que, seguramente, en su momento dotaría a este libro de un mayor atractivo humorístico, al menos en su país de origen... Más allá, quiero decir, del chocante punto de partida: un grupo de suicidas fracasados o faltos de valor para matarse que se apoyan unos a otros mientras dan vueltas por el mundo.

Pero, en general y contra las apariencias,el mucho humor que sin duda contiene este libro (de hecho, Paasilinna fue uno de los principales cultivadores de la literatura de humor en su país) no es especialmente negro, incluso para los estándares actuales, ran movedizos -dejando aparte, repito, la idea central de la novela-, y mucho menos se le puede calificar de cruel -bueno, quizás un poco, en algún momento-; se trata más bien de un humor comprensivo y lleno de bonhomía, y el libro, más que darnos una visión funesta de la existencia y, mucho menos, una incitación al suicidio, resulta ser una celebración de la vida, del amor y de la alegría. De ahí, el "delicioso" del título...; ) 

miércoles, 8 de marzo de 2023

8 de Marzo. Thomas Gilbert: Mujeres de Salem

Idioma original: francés
Título original: Les filles de Salem
Traducción: Fernando Ballesteros
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable

Hoy también es una fecha muy adecuada para recordar que hay argumentos que siempre están de actualidad: un poder en decadencia esparce el miedo y el odio sobre una comunidad inmersa en la penuria y la ignorancia. El estallido desmiembra el tejido social y se ceba cruelmente en los colectivos más vulnerables. El poder sale fortalecido y recupera su hegemonía. Fin. 

Y digo colectivos más vulnerables y no únicamente mujeres porque (1) el feminismo aboga por todas las desigualdades y (2) quien lea esta novela comprobará que la misoginia nunca viaja sola y suele ir de la mano de la xenofobia, el racismo o el clasismo, entre otros.

Resumen resumido: Nueva Inglaterra, 1692. Abigail Hobbs se ha criado en una comunidad puritana y muy religiosa. Las opresiones que tendrá que soportar en el momento de pasar a la edad adulta y por el simple hecho de ser mujer la llevarán, junto con otras, a huir de vez en cuando al bosque para liberarse y expresarse sin ataduras. Tales excentricidades las convertirán en el blanco perfecto del reverendo Parrish que, ansioso por recuperar su influencia sobre la comunidad, las acusará de brujería con todas sus consecuencias.

Decir que Mujeres de Salem acaba mal no es hacer ningún spoiler. Pero por si hay algún despistado, el propio autor se encarga de anunciar la tragedia ya en la primera página:
Me llamo Abigail Hobbs. Tengo catorce años. Vivo con mis padres en Salem Village. He tenido una infancia feliz. (…). Y después llegó ese día fatídico.
A partir de ese momento, la trama va desgranando poco a poco todos los indicios que acabarán desencadenando la fatalidad, poniendo especial énfasis en el tránsito psicológico y emocional de esas mujeres oprimidas y ávidas de expresarse en todos los ámbitos, así como en el avance del odio y la corrosión en esa sociedad temerosa e ignorante que acabará estallando violentamente contra ellas. La concatenación de situaciones in crescendo envuelven al lector y lo hacen partícipe directo de la indignación y el sufrimiento. No obstante, la trama también deja lugar a pequeños momentos para el humor (muy necesario) como cuando un vecino con pinta de estar borracho denuncia que un lechón, supuestamente poseído, le ha llamado borracho.

La novela también contiene un epílogo escrito por Celia Amorós, que reflexiona alrededor del concepto de la caza de brujas en el marco de la cuarta ola del feminismo. Las conclusiones de esta filósofa, catedrática y teórica del feminismo se alternan con esbozos de algunas escenas de la novela.

Desde un punto de vista visual, estamos ante un deleite continuo, con imágenes y escenas tan expresivas como bellas. La novela empieza envuelta en colores brillantes y, a medida que avanza la acción y nos vamos adentrando en la tragedia, la gama se va oscureciendo. Sin embargo, la incomodidad está presente desde el principio también visualmente: la estridencia de los tonos amarillos de los maizales o la presencia de un asno al que todos admiran pero cuyo ojo en primer plano está rodeado de moscas y legañas con un realismo exasperante. Solo las escenas en las que Abigail se refugia en el bosque tienen una gama cromática que invita a la misma relajación y goce que experimenta la protagonista.

Todos estos recursos gráficos tan bien medidos por el autor, condicionan sensorialmente al lector para que se adentre mucho más en la historia.

No es la primera vez que una obra de ficción trata de narrar y apoderarse de los atroces sucesos que acontecieron en Salem Village. Desde la obra teatral El crisol de Arthur Miller y sus derivaciones cinematográficas, musicales y series. Pero quizá sea esta novela gráfica, la primera que aborda claramente los hechos desde una perspectiva de género, empezando por su título, y descartando todo el ideario que históricamente se ha desplegado para justificar lo que no tiene justificación: histeria, prácticas vudú, hongos en el pan de centeno que pueden provocar efectos parecidos al LSD... Thomas Gilbert destierra todos esas conjeturas no demostradas y pone en el foco aquellos elementos históricamente constatables: por una parte, penuria, religión exacerbada, ignorancia y miedo. Por otra parte, sometimiento, represión sexual y limitaciones en todos los aspectos vitales. Y todo ello enmarcado en un sistema patriarcal (y prácticamente feudal) sólidamente cimentado.

Otro detalle a considerar es el tratamiento que el autor le da a todos aquellos personajes que delatan los supuestos actos de brujería de sus convecinas. Al final también son víctimas de coacciones, del alcoholismo o de su propia miseria e ignorancia. La Abigail Hobbs de los hechos reales no formaba parte de las mujeres acusadas si no que fue utilizada para urdir y justificar la acusación contra ellas convirtiéndose, como bien plantea el autor en esta versión, en una víctima más y no como el detonante de la matanza, tal como muchos relatos aparentemente solventes de los hechos tratan de vendernos.

Los juicios de Salem llevaron a una veintena de personas a la horca y dejaron tras de sí un reguero de injusticias y torturas. Pocos años después, los propios responsables y representantes de la ley reconocerían el tremendo error cometido. Sin embargo, el ideario que ha trascendido no es la masacre de Salem o las injusticias de Salem o los homicidios de Salem o los ignorantes de Salem… si no que la palabra que siempre está implícita cuando leemos o escuchamos "Salem" se refiere a la única cosa que ha quedado demostrado que Salem jamás tuvo: brujas.

Feliz día de las brujas.