domingo, 11 de septiembre de 2022

Mick Conefrey: Everest 1922. Los pioneros

Idioma original: Inglés 
Título original: Everest 1922. The epic story of  the first attempt on th world´s highest mountain
Año de publicación: 2022
Traducción: Rosa Fernández-Arroyo
Valoración: Recomendable

Ya hablamos hace unos meses de Everest 1924, magnífica obra de Sebastián Álvaro en la que hablaba del contexto y desarrollo de la expedición que acabó con la vida de Mallory e Irvine y que dio comienzo a su leyenda. Dos años antes, y en una expedición mucho menos conocida, tuvo lugar una interesantísima y trágica aventura que sentó las bases tanto del asalto a la cumbre de 1924 como de posteriores expediciones.

Con un estilo directo, más cercano al reportaje que a la divulgación (como puede ser el de Sebas Álvaro), Conefrey traza un relato cronológico que comienza con la obsesión británica por el Everest de finales de la década de 1910 y termina con el regreso del grupo comandado por el General Bruce.

Por lo tanto, en este libro no encontraremos excesivas referencias al contexto histórico o sociopolítico (las hay, obviamente), sino que Conefrey más parece un periodista que sigue todo el proceso: las "protoexpediciones" al Himalaya, la primera expedición de reconocimiento al Everest en 1921 y la expedición de 1922, con sus aspectos financieros, organizativos, operativos y técnicos.

Como puntos a destacar de este texto de Mick Conefrey, cabe señalar:
  • La agilidad del texto, hasta el punto de acercarse por momentos a la novela "canónica" de aventuras
  • Su enfoque, que le lleva a cubrir diferentes aspectos de la expedición y que confiere cierta "totalidad" al texto
  • La preponderancia de los aspectos humanos sobre los técnicos, algo que los meros aficionados a la montaña agradecemos.
  • Producto de lo anterior es la desidealización de los protagonistas. Hay epopeya, drama y tragedia, pero también intrigas, envidias, rencillas... La vida, vaya.
  • La puesta de manifiesto de "puntos negativos": machismo, racismo... sin entrar en juicios fáciles o absurdos.
En el lado menos bueno, solo las malditas comparaciones. El ya citado "Everest 1924" me parece un texto más completo si cabe, al poner tanto a expedición como a expedicionarios más en relación con el contexto geo/sociopolítico de la época y ser más útil en cuanto a la comprensión de los motivos que pudieron dar lugar a estas aventuras.

sábado, 10 de septiembre de 2022

Juan Pablo Villalobos: Peluquería y letras


Idioma original: español
Año de publicación: 2022
Valoración: bastante recomendable

Un escritor mexicano afincado en Barcelona (en el bullicioso barrio de Gràcia), con nombre de pontífice y apellido de política chaquetera adicta al Candy Crush. Para empezar, una combinación curiosa. Bastante activo en las redes sociales, cosa que puede afectar a la actitud con la que uno acomete su lectura, pues he de decir que su perfil en Twitter marca bastante el tono de lo que uno encuentra en su obra. Adaptación a su entorno sin olvido alguno de los orígenes, en cualquier caso mostrando cierta añoranza entusiasta que huye del lagrimeo y la morriña. Cualquiera, sobre todo esos políticos adictos a las fotos electorales, podría decir que es el ejemplo absoluto de integración y bla bla bla. Pero lo que más destaca es su absoluto desparpajo, su actitud se traslada a las páginas de su obra y no desprende en ningún momento trascendencia ni engolamiento. 

Peluquería y letras es una novela corta que refleja ese bullicio. Un ejercicio que combina elementos biográficos (todos los personajes son presentados de forma anónima: brasileira, uruguasha, adolescente) pero Villalobos se presenta claramente en una de las escenas: nombre completo con sus dos apellidos. La trama es prácticamente vodevilesca: el escritor se presenta en un centro médico a recoger un justificante para su mujer, sufre un abandono por una peluquera en pleno corte de pelo, acude a la presentación de un libro, se cita en un restaurante con un extraño hombre que quiere hacerle un encargo. Parece una comedia de situación que se desplaza en un número reducido de escenarios y que puede inducir a pensar que se trate de una lectura ligera o banal. Pero ahí interviene el oficio: para nada esa ligereza es frivolidad. Primero, porque Villalobos transpira intención literaria y se ve bien a las claras (aunque eluda los listados, aquí solo se menciona a Bolaño y muy de pasada) que no se ve lastrado por la necesidad de trascender a cada frase, cuestión que acaba repercutiendo en que trascienda en el conjunto. 

Tampoco, por eso, hay que pasarse. Se trata de una novela breve, apenas una centena de páginas, de lectura rápida que no fugaz. Inexplicable como, incluso con sus ligeros toques mágicos, su lectura deja un poso refrescante y persistente. Por eso zanjo la cuestión con una aseveración contundente: lo mejor para explicar esta especie de modesto milagro es tomar el libro (por ejemplo, de la biblioteca más accesible), leerlo y, ya que estamos, jugar a las cinco diferencias entre aquellos que son escritores porque no pueden no escribir y aquellos otros que lo que ansían es ser leídos. Villalobos, por supuesto, en el primer grupo, y Peluquería y letras otra muestra de la fiesta (mexicana) que este hombre tiene en la cabeza.

viernes, 9 de septiembre de 2022

Mariana Travacio: Quebrada

Idioma original:
español
Año de publicación: 2022
Valoración: Muy recomendable (aunque un poquito menos que Como si existiese el perdón)
 
Hace unos pocos meses no sabía quién era Mariana Travacio, y ahora ya soy su fan, no diré que número uno, pero sí uno leal y que va a acompañar el resto de su trayectoria a partir de ahora. Y eso que su producción hasta la fecha es relativamente reducida: tres libros de relatos (Cotidiano, Cenizas de carnaval y Figuras infinitas) y dos novelas cortas -que son las que yo he leído-: Como si existiese el perdón, publicada en 2016, y Quebrada, recién publicada tanto en Argentina (en Tusquets) como en España (en Las Afueras). Pero con esta obra, al menos con la que yo he leído, da para identificar a una escritora con un estilo, una voz y un universo propios, aunque, como decía en la reseña de la novela anterior, existan, creo, antecedentes o parentescos razonables con los que vincularla (Rulfo, literatura gauchesca, el western...). 

En realidad, casi podría decirse que Quebrada es una precuela (como se suele decir ahora) de Como si existiese el perdón, puesto que recupera algunos de los espacios y personajes de la primera novela, situándose cronológicamente en un momento anterior. La historia, sin embargo, y sus protagonistas principales, son nuevos: un matrimonio que vive en una quebrada (de ahí el título, que sin embargo puede tener múltiples significados), y que ante el empeoramiento de las condiciones de vida deciden irse a buscar una vida mejor y, sobre todo, un lugar donde haya algo de agua; primero parte ella, Lina, y poco después su marido, Relicario, que carga con sus difuntos en una carreta camino abajo. 

En ese viaje en busca de campos verdes, trabajo y felicidad, Lina y Relicario irán encontrándose con las mismas personas, viviendo diferentes aventuras y desventuras, avanzando penosamente a través de pedregales, montañas y llanuras interminables. Su destino final es un lugar que cumple algunas de las esperanzas de los personajes (hay lluvia, trabajo, comida) pero que quizás también contenga sus propios fantasmas y maldiciones - y es aquí donde la novela conecta con Como si existiese el perdón, aunque no voy a detallar demasiado cómo, que si no luego me acusan de hacer demasiados spoilers.

Pero aunque Quebrada tiene de hecho muchos puntos en común con su predecesora (personajes comunes, paisajes desolados que marcan la vida de sus habitantes, capítulos cortos, elipsis, un estilo próximo a la oralidad...), hay también, sin embargo, diferencias importantes. En este caso, por ejemplo, no es una única voz la que nos transmite la historia, sino tres: en la primera parte, las de Lina y Relicario, que se alternan contando sus respectivas odiseas, dando lugar a paralelismos y repeticiones, pero también a desviaciones y variaciones; en la segunda parte, una nueva voz, que tendremos que esperar para saber a quién pertenece, retoma la historia aproximadamente en el punto en el que se había detenido, pero introduce nuevas tramas y conflictos en la trama (aunque retome y acompañe, también, a los de la primera parte).

Quebrada es, así, una novela técnicamente algo más compleja que Como si existiese el perdón, y el lector tiene que hacer un mayor esfuerzo para componer las piezas, identificar los nombres y los personajes, ordenar los eventos. Y este es, quizás, uno de los motivos de que me haya gustado algo menos, no porque el resultado sea defectuoso, sino porque la novela anterior, con su aparente sencillez (una voz, un estilo, una historia) funciona con la potencia de las narraciones redondas y perfectas, encapsuladas sobre sí mismas. Quebrada, en cambio, se dispara en más direcciones, tiene más puntos de fuga, y me ha transmitido menos esa sensación de que no falta ni sobra absolutamente nada, que sí tuve con Como si existiese el perdón.

Claro que otro motivo para que me gustase más aquella novela es que en este caso ya se ha perdido el efecto sorpresa: al abrir Quebrada ya sabía lo que podía esperar (aunque, naturalmente, podía acabar recibiendo algo completamente diferente), así que la bofetada de la sorpresa no ha existido en este caso. (Por cierto, qué placer ese de abrir un libro sin saber lo que te vas a encontrar, y encontrarte con algo maravilloso que no esperabas en absoluto; me pasó con Mariana Travacio, y también con Panza de burro de Andrea Abreu, que vuelvo a recomendar aprovechando que el Pisuerga pasa por Un libro al día).

En todo caso, insisto en que Mariana Travacio ha ganado un nuevo fan, que va a estar atento a lo que publique a partir de ahora y que, con el tiempo, intentará también hacerse con alguno de sus libros de relatos para ver qué tal funciona en las distancias cortas.

jueves, 8 de septiembre de 2022

Cory Doctorow: Radicalizado: Cuatro distopías muy actuales

Idioma original: inglés
Título original: Radicalized: Four Tales of Our Present Moment
Traducción: Miguel Temprano García, para Capitán Swing
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


¿Qué ocurre con las novelas distópicas que se escriben últimamente que parece que no sean tan inimaginables? ¿Será debido a una falta de imaginación de los autores que no prevén futuros muy lejanos o es que la sociedad actual está ya demasiado cerca de las varias distopías que podemos imaginar? ¿Será que nuestro mundo, llevado al extremo por el capitalismo radical, se asemeja demasiado a cualquier distopía imaginable? ¿Estaremos ya inmersos, puede que sin tan siquiera saberlo, en una distopía disfrazada de realidad?

Tal y como indica Doctorow en el subtítulo de las cuatro historias contenidas en este libro, estamos delante de «cuatro distopías muy actuales». Porque aquí no imaginamos mundos muy lejanos o tiempos situados muy al futuro que nos proyecten hacia sociedades difíciles de imaginar. Aquí estamos delante de historias donde se tratan 1) desigualdades sociales y su explotación (¡cómo no!), 2) racismo en cuerpos policiales y radicalismo en redes sociales, 3) prácticas poco éticas de compañías médicas de seguros y 4) el aislamiento social por parte de los superricos. Así, el libro nos ofrece una visión sobre en qué puede convertirse el mundo en un futuro muy próximo a nivel social, económico y tecnológico (aspectos estrechamente ligados entre ellos). Así que, como podéis ver, nada que chirríe en vuestra mente, aunque sí en vuestros principios.

Estructuralmente, este libro se compone de cuatro relatos de extensión desigual y acorde con lo que cada historia necesita, en los que el autor pone de manifiesto en todos ellos su aguda visión de un mundo que estamos dirigiendo al desastre, y cada vez de manera más rápida. Los relatos son totalmente independientes unos con otros pues sus personajes y temática no tienen relación a excepción del mensaje que se quiere transmitir y que es compartido por todos: una sociedad dirigida por una minoría y que somete y se sitúa por encima del resto.

Estilísticamente, Doctorow demuestra que maneja el pulso narrativo con mano firme, sin titubeos. No hay oscilaciones en cuanto al interés y tensión de las diferentes historias (quizá levemente en «Una minoría modélica», la menos destacable de todas en mi opinión y más diferente al introducir cierto tono satírico) en las que el autor sabe cómo transmitir su visión y cómo mantener el interés en las historias narradas. Asimismo, el autor se muestra claro y preciso en su análisis social y no duda en apuntar directamente con su pluma a los principales culpables de las desigualdades existentes, convirtiendo los relatos en una dura crítica hacia los evidentes sesgos raciales de los estamentos policiales, los poseedores de las grandes fortunas o las corporaciones empresariales.

A nivel argumentativo, en «Pan no autorizado», el autor despierta desde un inicio el interés del lector, con una historia donde, de golpe, los electrodomésticos empiezan a averiarse ; un horno que no reconoce si la rebanada de pan a tostar pertenece a uno de los hornos autorizados, un lavavajillas que no reconoce la marca de los platos a lavar… porque en esta historia los edificios incluyen electrodomésticos que solo funcionan con los productos de su misma marca evitando que sus inquilinos puedan encontrar productos con precios más económicos. Por supuesto, todo dirigido por las grandes constructoras y en perjuicio de sus arrendatarios. Porque estamos en un mundo donde todo está conectado y donde todo puede ser autentificado: agencias de empleo a la que das autorización y acceso a tus correos y redes sociales, electrodomésticos instalados o incluso ascensores que no paran en las plantas de huéspedes ricos si llevan dentro inquilinos de pisos de protección oficial, pisos de renta baja en edificios a los que solo puedes acceder en ascensor si nadie de los que viven en los pisos con precios de mercado necesita utilizarlos. Pero ¿qué ocurriría si alguien se revelara contra el «sistema»? ¿Qué pasaría con aquellos que buscan vacíos legales (o no) para saltarse esas normas que promueven la desigualdad? Así, el relato plantea una serie de interesantes cuestiones sobre derechos, tecnología y desarrollo en una sociedad cada vez más estratificada, capitalista y desigual.

En «Minoría modélica», el autor comienza el relato con un abuso policial por parte de policía blanca contra un ciudadano negro. Mientras retumban ahí los gritos de Eric Garner y otros tantos abusos policiales leemos que quien es testigo de este abuso es «El Águila Americana» al oir los ruidos mientras sobrevuela la escena desde el aire, volando con su portentosa capa de superhéroe («con los brazos extendidos hacia delante y la capa restallando a su espalda era un misil azul y rojo que descendía hacia el ruido») y ve como el hombre negro, tumbado sobre el asfalto, tiene «una magulladura en el pómulo con la forma de la punta de una porra. Los cuatro polis que rodeaban al negro del suelo habían sacado las porras. Le estaban golpeando. (…) El hombre del suelo gañía y chillaba, mientras los cuatro policías gritaban. Gritaban: “deje de resistirse”». La misión del Águila Americana es evitar los abusos policiales, pero él es un extraterrestre humanizado y como tal despierta recelos y admiraciones a partes iguales. Así, el relato nos ofrece una reflexión sobre los sesgos racistas por parte de la policía y la administración, pues «hay empresas que venden software a las fuerzas policiales, 'inteligencia artificial' que analiza todos los datos de detenciones desde el principio de los tiempos y hace predicciones sobre dónde va a cometerse un crimen. El argumento es que las matemáticas no mienten y tampoco son racistas» aunque es algo completamente falso pues «todos los datos que introducen en el sistema proceden de la policía, que se supone que tiene cierto sesgo» porque «son humanos y todos los humanos lo tienen, y en segundo lugar porque el departamento de Policía de Nueva York tiene un largo historial de discriminación racial». El autor es taxativo en este aspecto afirmando que «los polis solo encuentran crímenes allí donde los buscan». Pero, más allá de la crítica, Doctorow sitúa el relato en la disyuntiva entre qué hacer si las acciones que haces para ayudar lo único que consiguen es complicar las cosas,  ¿cómo se sienten las víctimas si obtienen una supuesta ayuda que no han pedido porque les complicará aún más su existencia? «Soy un ser humano y estás jugando con mi vida», le dicen al Águila Americana. Porque cuando una víctima se coge como ejemplo o como elemento clave o simbólico para denunciar una injusticia orquestada a todos los niveles policiales y jurídicos, el caso se complica. Y, ¿qué pasa con la víctima cuando quien le ha metido en ese embrollo no le ha preguntado si le parecía bien? Las manifestaciones se repiten y aumentan y empiezan a haber bandos de todos los tipos: a favor de los policías, en contra de ellos, en contra del Águila. Aparecen más polis, más manifestantes, antidisturbios y «al Águila le habría gustado ir con ellos, pero por supuesto no lo hizo. Si eres el Águila Americana, todo lo que haces significa algo» pero ante el incremento de la presencia policial y los manifestantes «ahora tenía que escoger entre Nueva York y los neoyorquinos» con el riesgo de quedar solo en medio hasta el punto de encontrarse ante la difícil pregunta: «¿te estas ofreciendo para librar todas las guerras de Estados Unidos y patrullar todas sus calles?»

En «Radicalizado», el autor nos presenta a Joe Gorman el día que cumple treinta y seis años, en una reunión con su jefe, el vicepresidente de una gran empresa. Justo en medio de la reunión recibe una llamada de su esposa informándole que tiene cáncer de mama en estado avanzado y que le quedan entre tres y seis meses de vida. Afortunadamente parece que existe una terapia experimental que puede ayudar a superar la enfermedad, pero su aseguradora les informa que no afrontará el alto coste de un millón y medio de un tratamiento experimental. Doctorow apunta otra vez certeramente, esta vez contra las compañías de seguros, afirmando que «dejar que la gente muriese porque salvarla perjudicaría la cuenta de beneficios era un acto malvado, y quienes lo hacían eran malvados». Así, el relato que narra en este cuento es el de una sociedad donde la sanidad pública no llega a todos y deja a los ciudadanos en manos de compañías privadas de seguros donde la balanza está, por una parte, la salud de los que la contratan y, en la otra, los beneficios. Y siempre la balanza ladea hacia este último lado. Y el autor sitúa su protagonista en medio de foros ubicados en la red oscura formada por miembros que se han visto tratados de manera injusta y donde se critica este tipo de compañías aseguradoras. Pero ¿qué ocurre si alguien de la red decide ir un paso más allá? ¿Qué ocurre si la desesperación los lleva a tomarse la justicia por su cuenta?

En «La máscara de la muerte roja», el protagonista Martin Mars se prepara para un inminente colapso sin saber a ciencia cierta si este llegaría de golpe o los poderes oficiales podrían prevenirlo y avisar con tiempo a la población. Para él es importante calcular bien el momento de la retirada pues pertenece a «Los Treinta, las personas a las que él había invitado para sobrevivir con él al apocalipsis» y tiene preparado un Fuerte para encerrarse y protegerse cuando eso ocurra. Porque Martin pertenece a los superricos, «podía permitírselo todo. Martín y el mercado se entendían muy bien». Así, desde su posición privilegiada sabe que no podían esperar al último momento «cuando los polis estuvieran demasiado ocupados esforzándose en sobrevivir y no pudiesen proteger a los estólidos burgueses de Paradise Valley». Y el suceso ocurriría sin lugar a duda, porque «este era un periodo de ajuste» en el que se describiría «el caos que reinaría cuando el ‘innecesariado’ fuese borrado de la existencia y la humanidad se realineara en torno a los más fuertes y brillantes que pudiese seleccionar la evolución». Es lo que equivaldría a la selección natural pero orquestada por el capitalismo. «Los economistas lo llamaban un ‘periodo de ajuste, pero las personas como Martin lo llamaban el suceso». Y superar este ‘ajuste’ refugiado en su bunker, este apocalipsis, «era el plan de Martin. Esperar a que volviera a reinstaurarse el orden y aparecer con todo lo necesario para hacerse un hueco en él: bienes comerciales, títulos al portador, dinero en metálico y su inteligencia, con el apoyo de un grupo leal de seguidores que sabían disparar todas las armas de la nutrida armería del Fuerte del día del Juicio». Con este último cuento, el retrato de Doctorow es el de una sociedad egoísta y encerrada en sí misma en la que los superricos se creen por encima del bien y del mal pero en el que su aislamiento es su gran castigo. Es evidente que el autor lo lleva al extremo, pero no me sorprendería que, con la pandemia, haya habido quien se lo ha planteado seriamente e incluso planificado. En cualquier modo, este aislamiento ya se está produciendo hoy mismo, sin necesidad de atrincherarse ni construir bunkers de aislamiento: no les hace falta, ya viven en sus burbujas, intocables, impasibles ante lo que sucede. 

Por todo lo expuesto, el libro de Doctorow es una muy interesante lectura en la que, a modo de ficción, se nos plantea un escenario (demasiado) próximo en el que la sociedad queda en manos de una minoría acaudalada que estructura, dirige, orquestra y ejecuta sus reglas mientras somete a las clases bajas a su dictamen. Quizá las distopías planteadas parecen lejanas, quizá parecen irreales, pero viéndolo con detalle, Doctorow puede que nos cambie el decorado, pero los protagonistas, los principios y las reglas establecidas son fácilmente identificables y mantenidas con un único y mismo fin: la supervivencia de los ricos a toda costa... o a costa de todos.

También de Cory Doctorow en ULAD: WalkawayMierdificación

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Georges Simenon: La muerte de Belle

Idioma original: Francés
Título original: La morte di Belle
Año de publicación: 1951
Traducción: Núria Petit
Valoración: Recomendable

La apacible vida de Spencer Ashby, maestro de escuela en una pequeña ciudad, se desmorona cuando Belle Sherman -hija de una amiga de su esposa a la que el matrimonio hospedaba desde hacía un tiempo- es asesinada en su casa. Al ser declarado sospechoso en la investigación, este hombre ingenuo, tímido y algo acomplejado conoce de primera mano la humillación de los interrogatorios policiales a la vez que es víctima del ostracismo y la hostilidad al que le somete su comunidad.

Esta es la premisa de La muerte de Belle, novela breve que funciona en tanto que atípico "thriller" judicial y logrado estudio de personaje. Digo atípico "thriller" judicial porque no le interesa resolver quién ha matado a Belle, sino describir las consecuencias que este acto tiene; digo logrado estudio de personaje porque describe la intrincada psicología de Spencer de manera minuciosa y verosímil, pero siempre dejando margen para la sorpresa.  

De La muerte de Belle destacaría: 

  • La atención al detalle de que hace gala su prosa.
  • La caracterización y evolución de su protagonista.
  • La oblicua relación que mantiene éste con su esposa.
  • El retrato de las dinámicas sociales llamémoslas provincianas.
  • La subtrama de Sheila Katz y sus implicaciones.
  • El sobrecogedor desenlace. 

Por todo lo expuesto, me atrevo a decir que La muerte de Belle es un clásico. Un clásico que recuerda al Wild de Tom Sharpe mezclado con El proceso de Franz Kafka. Un clásico que, estoy segurísimo, gustará a los amantes de la obra de Patricia Highsmith.


También de Georges Simenon en ULAD: Aquí

martes, 6 de septiembre de 2022

Antonio Pigafetta: Viaje alrededor del mundo

Idioma original: italiano

Título original: Primo viaggio intorno all Globo Terracqueo

Año de publicación: 1524

Traducción: José Toribio Medina

Valoración: Fuera de concurso

Se cumplen hoy mismo, 6 de septiembre de 2022, los quinientos años de una de las hazañas más impresionantes llevadas a cabo por un grupo de hombres en las toda la Historia: la primera circunnavegación del Globo, navegando siempre hacia el oeste, en una época en la que no existían los GPS, las radios, los motores y ni tan siquiera los barcos de casco metálico, se navegaba en unos cascarones de madera, movidos por velas de tela, cuerdas y con la ayuda, todo lo más, de una brújula y de rudimentarios mapas, si los había (y en este caso, no los había). Con tan exiguos medios, tal día como hoy dieciocho marinos llegaron a Sanlúcar de Barrameda en la nao Victoria, después de tres años de su partida  junto a a otras cuatro naves y 221 compañeros; capitaneados por Juan Sebastián Elcano (*), los supervivientes eran vascos, andaluces, gallegos, italianos, griegos, un alemán... entre ellos el autor de este libro, el caballero Antonio de Pigafetta, de Vicenza, que a su vuelta y tras ofrecerle su diario del viaje al emperador Carlos (aunque también lo hiciera a la regente de Francia, al Papa y a su protector, el Gran Maestro de Rodas) lo convirtió en un libro donde se narraba su aventura.

El objetivo de ésta, como bien se sabe, y comandada por el portugués Fernando de Magallanes, era llegar a las Molucas, las fabulosas Islas de las Especias, por el Oeste, para así evitar las restricciones que el Tratado de Tordesillas le imponía a Castilla. De esta forma, la expedición bajó por la costa sudamericana: Brasil, el río de la Plata, la Patogenia,  hasta descubrir el estrecho que hoy lleva el nombre de Magallanes y que les permitió pasar al Océano Pacífico, el cual atravesaron durante meses, en medio de grandes penurias -baste decir que el manjar más apreciado eran las ratas- hasta alcanzar las islas Marianas, las Filipinas y, por fin, las Molucas. Muerto Magallanes en una batalla contra los nativos filipinos de la isla de Matan, el mando de los restos de la flota recayó en Elcano, que decidió continuar el viaje hacia el oeste y de esta forma cruzaron el Océano Índico  para costear luego África de punta a Cabo- o al revés, en este caso- y regresar a España, como he dicho, tres años después de su partida.

Como toda relación de viajes de su época o anterior, la de Pigafetta abunda en detalles que , en ocasiones, se pueden hacer excesivos y hasta tediosos; hemos de tener en cuenta que, al escribir su diario, el autor pretendía dejar constancia de todo el mundo novedoso que se iba encontrando, no tanto pensando en el solaz de unos hipotéticos y futuros lectores. Además, también encontramos momentos más vibrantes, como el encuentro con los ignotos "gigantes" patagones, los motines que se produjeron en aquella tierra, las posteriores traiciones de algunos expedicionarios o de reyezuelos indonesios o las cuitas en el viaje de vuelta para evitar en lo posible a los portugueses, recelosos del carácter de esta expedición, que, después de todo, tenía el objetivo de hacerles la competencia directa en el comercio de las especias.

Pigafetta, por otra parte, es un gran observador que detalla muchas características y costumbres de los pueblos que encuentra, de una forma casi etnográfica, así como la flora y fauna de los países -con especial detenimiento en las Islas de las Especias, claro está-; incluso, al final del libro, se recoge un pequeño vocabulario de las lenguas habladas en Brasil, Patagonia, Filipinas y Molucas. Cierto es que , aún con todo el relativismo cultural del que hace gala el autor -sobre, por ejemplo, prácticas como la del canibalismo-, para la acendrada sensibilidad actual, su aventura y la de sus compañeros, puede parecer un mero episodio de la expansión colonial y explotadora europea; es verdad que si los protagonistas de aquel viaje no sometieron y explotaron más a los pueblos y tierras por las que pasaban fue por falta de medios, no de ganas.para otros, la primera vuelta al mundo no será sino el mayor hito simbólico, pero también efectivo, de esa globalización a la que se se achacan hoy en día tantos males. Es verdad que también los es. Pero al mismo tiempo, no deja de suponer un acontecimiento maravilloso, una hazaña, repito, quizás sin parangón en la Historia, dada la modestia de los medios, la enormidad de las ambiciones  y la inmensidad -a partir de entonces un poco menos- de ese mundo que, hace justo quinientos años, no sé si se hizo más pequeño, pero sí más nuestro.

(*) Pigafetta, por cierto, no menciona en ningún momento del libro a Elcano, pese a haber sido quien lideró la expedición en su regreso desde Filipinas. Quizás por animadversión personal, quizás, o eso se dice, porque Pigafetta era devoto admirador de Magallanes, mientras que el de Getaria fue uno de los que se rebeló contra él en la bahía de San Julián... o quizás (y me parece lo más probable, dada la naturaleza humana) porque el italiano no quería tener que compartir su fama como cronista de la gesta con quien la había capitaneado y, a la postre, tenía ya reservada su parte de gloria...

lunes, 5 de septiembre de 2022

Grazia Deledda: La hiedra

Idioma original: Italiano 
Título original: L'edera
Traducción: Itziar Hernández Rodilla
Año de publicación: 1912??
Valoración: Bastante recomendable

Hasta la fecha, seis autores italianos han sido galardonados con el Premio Nobel de Literatura: Giosué Carducci (1906), Luigi Pirandello (1934), Salvatore Quasimodo (1959), Eugenio Montale (1975), Dario Fo (1997) y Grazia Deledda (1926), de quien hoy os acercamos una novela recientemente recuperada por Cátedra en un formato más moderno que el clásico de lomos negros para las hispánicas y blancos para las "no  hispánicas". Curiosamente, Deledda fue una autora que alcanzó cierto éxito en España allá por los años 30, 40 o 50 para después caer en un olvido bastante injusto, al menos a tenor de la lectura de este libro.

El caso es que "La hiedra" me ha parecido una más que recomendable novela que recoge influencias de algunos de los movimientos más en boga en su época. De un lado está la clara influencia del naturalismo, que se hace notar en las profusas descripciones (especialmente en su parte inicial) de tradiciones, costumbres, leyendas y paisajes de su Cerdeña natal, en la objetividad en el tratamiento de los personajes y en la influencia del destino en las vidas de estos. Por otro, esta la influencia de los grandes de la novela rusa de finales del XIX, con esos personajes que viven entre la fiebre y la angustia, entre la esperanza y el arrepentimiento, atormentados por la culpa y el deseo de redención a través del sufrimiento y la penitencia.

Como telón de fondo están la ruina económica y moral de la familia Decherchi, lo que podría traer a la mente otras novelas mediterráneas de similar temática, como la "siciliana" El Gatopardo o la "mallorquina" Bearn. Pero creo que la profundización de la autora en la psicología de sus personajes hace que La hiedra tome derroteros diferentes a los de las indicadas novelas.

Tres son los puntos fuertes de La hiedra:

  • Los personajes de Annesa y Paulu, perfectamente construidos y con un magnífico desarrollo y tratamiento de su complejidad y sus contradicciones, en gran medida causada por los condicionantes socioculturales de su entorno
  • La simbiosis paisajes - psicología de los personajes
  • La agilidad de los diálogos
Por su parte, dos serían los aspectos menos positivos del texto:
  • Su primera parte. Cuesta "entrar en calor" ya que la novela avanza de forma excesivamente pausada, Deledda se toma su tiempo en situarnos a los personajes y la lectura se hace algo pesada. Por suerte, un hecho que ocurre mediado el libro desencadena los acontecimientos, hace que la acción se precipite y que el texto gane en ritmo y agilidad. 
  • Su epílogo, que según parece no figuraba en la versión inicial de la novela. Creo que poco aporta al texto y que el final sería más redondo si se hubiese optado por suprimirlo.
Pese a esto, ya digo que "La hiedra" me ha parecido una muy buena novela, tanto es así que si este es el nivel medio de Deledda, aquel lejano Nobel y la reciente recuperación de su obra están más que justificados.