miércoles, 7 de abril de 2021

Johannes Anyuru: Se ahogarán en las lágrimas de sus madres

Idioma original: sueco
Título original: De kommer att drunkna i sina mödrars tårar
Traducción: Neila García
Año de publicación: 2021
Valoración: está bien

Que el racismo y la xenofobia suponen un grave problema para la sociedad es algo evidente y, a pesar de que los países nórdicos son ejemplo en muchos aspectos relativos a la igualdad en su población y a la solidaridad social, Suecia no escapa a esta lacra que mina la vida en libertad de colectivos amenazados. Poner el foco en ello es el principal de este libro del sueco Johannes Anura que, envuelto de misterio e intriga, nos plantea hacia donde se dirige la sociedad de su país y, por extensión, la del resto de Europa y otros continentes.

Hábilmente, el autor empieza la narración con ritmo alto, pues ya desde las primeras páginas nos sitúa en medio del suceso que marcará el resto del relato: Anyuru nos traslada la tensión de la historia al ubicarnos en una tienda de cómics donde un famoso artista tiene previsto dar una charla sobre los límites de la libertad de expresión; el autor en cuestión se ha hecho famoso por publicar tiras cómicas en las que se incluyen caricaturas de Mahoma (en algo que recuerda mucho al atentado a Charlie Hebdo tratado por Lançon en el libro «El colgajo») y eso es algo que le pone en el punto de mira de los diferentes grupos radicales islámicos que aprovechan la ocasión para cometer un atentado terrorista que será filmado y mostrado al mundo para difundir el terror y su ideología. Pero hay algo que no acaba de encajar, pues uno de los terroristas tiene dudas, sabe que hay algo que no encaja, pues su consciencia le repite, de manera reiterada, que «todo está mal». Y empieza a ver el atentado casi de manera ajena, como si la chica no fuera realmente ella, como si lo presenciara desde el exterior de ella misma, como si ese acto ya lo hubiera vivido antes.

Cabe decir, que esas primeras cuarenta páginas son de alto interés, con un elevado ritmo narrativo, con un creciente misterio e intriga; la escena está narrada con habilidad, manteniendo la tensión, ubicándonos entre el desconcierto y la convicción de los terroristas inexpertos pero convencidos, pues son conscientes de que «un solo acontecimiento puede despertar al mundo». Pero, y ahí hay un primer “pero” al relato, pues la narración, aunque atrayente, tiene un estilo que descoloca al lector al incluir recuerdos de la chica durante la escena con la finalidad de hacer entender al lector lo que pasa por la cabeza de la chica, pero que rompe la tensión del momento descrito. Este primer capítulo largo de narración algo atropellada es el preámbulo de la historia que se narra después, en un salto temporal hacia delante de dos años con el que empieza el segundo capítulo y que sitúa a la chica en un hospital psiquiátrico y desde el que invita a un famoso escritor a entrevistarse con ella para narrarle que, en realidad, ella viene del futuro.

Este es el inicio con el que parte el libro y es algo que se resume en la contracubierta del libro por lo que no explico nada que pueda estropear la lectura. A partir de aquí, de la entrevista del autor con la chica, vamos conociendo los detalles de su vida «en ese mundo del que yo vengo», de una vida en los márgenes de una sociedad que mira de reojo a los musulmanes y que, según la narración de la chica, con el paso del tiempo esa situación no mejorará, sino todo lo contrario. Con ello, nos muestra una sociedad que da pequeños pasos pero firmes hacia un futuro de radicalización, marginalización y maltrato a los musulmanes, convirtiendo Kåningarden (“el patio de los conejos”), el barrio donde vivía de pequeña, en un gueto, un lugar donde enviaban a aquellos que no querían firmar el contrato de ciudadanía y que, con ese pretexto, les bloquean las cuentas bancarias sometiéndolos a la pobreza. Un lugar que se acabó convirtiendo en un centro de refugiados donde ubican a «los enemigos de Suecia», extranjeros, musulmanes, vagabundos y «dividen a la gente en amigos y en enemigos. —Peor (…) Nos dividen en personas y animales», «habíamos sido parte de una Suecia que no era tal, una parte que aquel país que me rodeaba necesitaba para purgarse». Así, la sociedad del mundo del que la chica asegura venir está terriblemente radicalizada, en el que constantemente se difunde el vídeo del atentado para recordar quienes, y de qué religión, eran los causantes, y se forman sectas constituidas por grupos de extrema derecha que atacan e intimidan a los que viven en ese barrio. Y es en ese preciso barrio, segregado a su vez en zonas clasificadas según el nivel de “amenaza” que suponen sus habitantes, donde conoce a los otros dos chicos terroristas, Hamad y Amin. 

De esta manera, y este es el principal aspecto positivo del libro, el autor utiliza este escenario y la historia para hablarnos de los problemas de la segregación y la culpabilización de una parte de la sociedad, de cómo los mensajes lanzados afectan a la ideología de los ciudadanos hasta el punto de afirmar, de manera certera, que en uno de los tiroteos mortales en Kåningarden fue causado por un «sueco blanco con motivaciones racistas y, por lo tanto, los medios no lo llamaron terrorista, pues, de haberlo hecho, las familias suecas se verían necesariamente sometidas a escuchas, vigilancia y acoso». Ese es el sesgo mediático al que se ven sometidos los musulmanes y su denuncia es uno de los puntos fuertes del libro. Así, el libro es una reflexión sobre los diferentes pasos que se dan en una sociedad partiendo de la desconfianza hacia la diferencia étnica y la religión que, con el tiempo, la lleva a sospechar de los que no consideran parte de ellos y apartarlos, segregarlos y expulsarlos. Cada paso es necesario para llegar a ese final, cada pequeño gesto es un paso más que acerca a un país al desastre y a la injusticia. 

Pero, a pesar del buen planteamiento e intención del autor, el libro presenta algunos puntos débiles a mi entender, pues el tono, el ritmo y la estructura no ayudan a conseguir un gran resultado: la narración es demasiada fragmentada, demasiado fría, sin conexión con los personajes y sin frases o párrafos que lleguen a impactarnos y eso es algo que sorprende pues estamos hablando de un autor que proviene del mundo de la poesía que se destaca, justamente, por lo contrario. Otro de sus puntos débiles es la estructura, pues el libro entremezcla constantemente diferentes líneas temporales: por una parte, la vida de la protagonista y sus recuerdos de infancia y adolescencia, cuando el país se vuelve hostil hacia ellos y les fuerza a emigrar; por otra parte, su internado en el hospital psiquiátrico y las conversaciones con el escritor y, por otra parte, la propia descripción del atentado. Esta fragmentación y el hecho de que ella afirme venir del futuro y, por tanto, narre sucesos ocurridos y vividos en distintos momentos contribuye a erosionar el relato, pues a menudo cuesta distinguir el tiempo narrado y, con ello, reduce la atracción que sí había despertado en un inicio. Tampoco ayuda que tanto el escritor como la chica narran en primera persona, lo cual en ocasiones despista al lector hasta que se da cuenta de quien está narrando y cuál de las historias, pues en estilo no se perciben diferencias, tiene la misma “voz”, el mismo tono. Así pues, más allá del contexto, a veces es difícil distinguir narrador y época, lo cual supone un contratiempo y desconexión lectora.

Afortunadamente, el libro mejora en su segunda mitad, cuando se centra más en lo que le sucede a la chica en el internado más que en su pasado. Ahí sí el autor retoma el pulso del relato para profundizar en su parte más lograda e interesante, narrándonos el ocaso de la civilización, de las sociedades supuestamente abiertas donde se supone que todos caben, pero que, en realidad solo caben algunos, pues «nada en mi interior se libraba del olvido del mundo, nada recordaba que este mundo no era hogar para el ser humano»; un mensaje triste que el autor sentencia, en las páginas finales, aseverando que «puede que los refugiados estemos locos (…) porque hemos perdido el mundo que nos daba sentido». Esa es la verdadera tragedia y el propósito del libro: hacernos ver que en la sociedad deben tener todos cabida y respetar la diferencia, pues de lo contrario se entra en una radicalización que no lleva a nada positivo, sino todo lo contrario.

martes, 6 de abril de 2021

Birgit Vanderbeke: Mejillones para cenar

Idioma original: alemán
Título original: Das Muschelessen
Año de publicación: 1990
Traducción: Marisa Presas Corbella
Valoración: Muy recomendable



Mejillones para cenar es una primera novela que se alzó en 1990 con el Premio Ingeborg Bachmann, el más prestigioso en lengua alemana. No es de extrañar puesto que esta obra sorprende por su concisión —apenas cien páginas— y su intensidad. En su forma es todo un ingenio de control narrativo y en su fondo, una bomba de relojería que se lee en una tarde con la respiración contenida.

Resumen resumido: Familia clase media en el marco de la RFA. La madre y los dos hijos esperan con cierta tensión la llegada del padre para sentarse a cenar. Es un día especial porque probablemente le hayan concedido el ascenso por el que tanto ha luchado y por ese motivo han preparado mejillones, su plato favorito. Pero el atraso del padre actúa como revulsivo en cada uno de los miembros de la familia; que a ninguno de ellos les gusten los mejillones solo es la punta del iceberg.

Tengo predilección por las historias que, como esta, hablan de cosas pequeñas para reflexionar sobre cosas grandes: un pequeño percance en el orden cotidiano (el retraso del padre a la hora de la cena) destapa la caja de los truenos y pone en evidencia una cuestión estructural: que la autoridad y la disciplina paterna ha convertido a esa familia en un feudo en el que el resto de miembros no se sienten respetados ni reconocidos. Y dentro de ese caldo de cultivo afloran, como no podía ser de otro modo, actitudes machistas y maltrato, sobretodo psicológico. Sin embargo, y contra lo que pueda parecer, el tono de la obra no resulta en absoluto dramático ni oscuro.

Conocemos las vicisitudes de esta familia a través de la voz narrativa de la hija mayor que emplea el monólogo interior sin puntos y aparte, e integrando los diálogos de forma indirecta con una técnica impecable. De ese modo, la narración fluye sin obstáculos y permite que la tensión vaya in crescendo página tras página. Y uno de los grandes logros, como decía, es el tono aparentemente luminoso y desenfadado con el que nos llega la información: la voz tiene muchísima retranca e ironía. Por momentos resulta engañosa puesto que tiene ecos de El pequeño Nicolás, donde la gracia reside en el hecho de que Nicolás, que tiene unos seis o siete años, relata inocentemente lo que sucede a su alrededor sin tomar plena conciencia de lo que significa. Pero no es ese el caso de Mejillones para cenar donde vamos deduciendo que la hija es una adolescente muy vivaz y, por tanto, el relato que está construyendo es un artefacto altamente corrosivo ya desde la primera página. La gracia y la sutileza con la que se siembra la duda nada más empezar se mantiene a lo largo de toda la narración empleándose recursos como la repetición y el pensamiento circular:
«Aquel día había mejillones para cenar, pero eso no era ni una señal ni una coincidencia. Cierto que era algo inusual, pero está claro que no era ninguna señal, aunque más tarde alguna vez hemos dicho, aquello fue un mal agüero, lo hemos dicho alguna vez, pero seguro que no lo era, como tampoco era una coincidencia.»
Esa inocencia impostada, sin embargo, no nos hace dudar de la veracidad del narrador, no es un falso narrador sino todo lo contrario, es una voz que con su ironía enfatiza todavía más la gravedad de la situación de opresión que está viviendo esa familia. En ese sentido hay que aclarar que probablemente las cuestiones machistas y de maltrato que se narran nos llegan hoy con mucha más impacto de lo que debió resultar para los lectores de hace treinta años, precisamente porque en aquellos momentos esas cuestiones estaban bastante normalizadas y se percibían más como una concesión a la convivencia que como una agresión grave.

Sin embargo, hay otro aspecto de la novela que por cuestiones de distancia temporal y mental, a los lectores de aquí (signifique eso lo que signifique) se nos puede pasar más por alto. Se trata de todo el subtexto en relación a la historia de Alemania, ya que los padres huyeron de la RDA hacia la RFA con los niños aún muy pequeños (pasando incluso por un campo de refugiados) y con el sueño —patológicamente idealizado por el padre— de prosperar al máximo de sus posibilidades. Ese tránsito debió ser común en muchas familias e individuos y probablemente forme parte del substrato cultural de buena parte de la población alemana aun hoy.

En ese sentido, la voz narrativa de la hija hace eco de las dificultades vividas por sus padres y de algún modo ilustra —sin justificar— la evolución de su padre que se crió en unas condiciones muy precarias de las que se avergüenza y que está obsesionado con medrar y proyectar una imagen de éxito bajo la que enterrar sus penurias de infancia y juventud; esa imagen patológica y sesgada de éxito que él idealiza debe hacerse extensiva a todos los miembros de su familia, con las consecuencias que ya sabemos.

Por lo tanto, Muy recomendable. Mejillones para cenar es un ejercicio brillante que se ajusta a lo mínimo en extensión y en recursos para cumplir con su objetivo, sin que por ello se pierda fuerza o belleza literaria. La única pega es que está descatalogada y que para conseguirlo hay que recurrir a bibliotecas o al mercado de segunda mano.

lunes, 5 de abril de 2021

Juan Benet: En el estado

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1977

Valoración: Raro


No sé si con Juan Benet estoy empezando a deslizarme hacia el completismo, eso de leerse cualquier cosa que haya escrito un cierto autor, y que es algo que en realidad me repele un poco. Y eso que ni mucho menos he leído todo (ni casi todo) lo publicado por el autor madrileño, pero me he sentido en riesgo de caer en ese vicio al toparme con esta novela, que es sin duda una obra menor, y además extraña a lo que yo consideraba el mundo literario de Benet, incluso a su estilo, sus personajes, sus atmósferas.

La verdad es que llegué a esta novela (por llamarla de alguna manera) de forma casual, y me llamó la atención porque nunca había oído hablar de ella y por ese título que, si nos olvidamos de la minúscula, parece más propio de un ensayo político (me recordó al difícil Jellinek). Pero no, es una especie de novela corta que, como decía, se aleja por completo de todo lo que conocía de este autor. En el estado es una narración algo caótica, con un tono sarcástico y desinhibido, que cuenta (es un decir) el encuentro de tres personajes que paran en una especie de mesón tras un viaje en autobús. Es en principio el clásico escenario de los viajeros que matan el tiempo de parada contándose cosas, aunque en realidad es la mujer prácticamente la única que refiere algunas historias personales. Relatos claro está completamente disparatados, casi siempre de índole sexual, que se sirven entremezclados con cosas sin conexión aparente, como largas exposiciones, algunas dramatizadas, sobre extrañas estrategias bélicas en la guerra franco-prusiana, complicadas digresiones filosóficas, o una hábil parodia sobre la creación literaria en la que medio mundo queda paralizado en la búsqueda de una única palabra que un misterioso autor necesita para continuar su obra.

Y como esto, todo lo que vamos descubriendo tiene tintes de farsa: el mismo ambiente y algunos personajes informes hacen pensar en el esperpento de Valle-Inclán, pasajes de apariencia onírica tienen ecos surrealistas, la estaticidad y el sinsentido de los protagonistas y sus diálogos recuerdan a Beckett, y hasta hay un par de pasajes en que Benet parece parodiarse a sí mismo. Todo ello, eso sí, sin perder en ningún momento de vista esa prosa compleja pero en mi opinión especialmente brillante, capaz de emocionar con la sola mención de un árbol solitario o de arrastrar al lector a una ciénaga de sensaciones contradictorias. O de conseguir esta imagen lúbrica nada menos que del mar Mediterráneo:

'Ese aparentemente apacible pero inquieto, tortuoso y multiforme mar interior, esa líquida lengua que al penetrar, invadir y sellar las profundas invaginaciones a que diera lugar la separación de los tres continentes históricos engendrará en las interioridades de cada seno y de cada golfo, las más delicadas, perversas, sugerentes y nocivas delicias de que puede presumir nuestra moribunda civilización'

No solo la forma, también la capacidad narrativa de Benet tiene destellos extraordinarios cuando relata una absurda guerra en la que el enemigo nunca se defiende, de forma que el invasor avanza en busca de algún contendiente encontrando pueblos cada vez más lejanos y extraños, toda una demostración de que cuando quiere también sabe narrar de una forma nítida y lineal. Sin olvidar tampoco esos crípticos pero geniales juegos de palabras, como el del mismo título (una acepción en desuso de estado es la de un figón o posada), o el más increíble de uno de los capítulos, Fármaco con olor a vid, que es en realidad un ingenioso anagrama de la frase Cómo olvidar a Franco. Y seguramente descubriríamos mil juegos, alusiones y equívocos más si fuéramos capaces de (y tuviéramos humor y conocimientos para) desentrañar el texto completo.

Yo creo que está bastante claro que este libro fue un simple entretenimiento, el pasatiempo de un escritor enorme que por ese tiempo debía estar sumergido en la redacción de Saúl ante Samuel, puede que su obra más compleja, que ya es decir, publicada un par de años después. Y puede que en el fondo  se encuentre también aquella reflexión que exponía en La inspiración y el estilo, según la cual (cito de memoria y aprox.) una vez conseguido un estilo personal, el autor puede librarse de la atadura del componente informativo del relato (argumento, desarrollo, desenlace) o, lo que es lo mismo o se parece bastante, tiene licencia para desparramar y lanzarse en varias direcciones sin importarle demasiado lo que piense el lector. O así lo interpreto yo al menos.  Así que el libro es un poco como el pintor que se distrae improvisando una cosa ligera con sus pinceles usados, se libera la mente y disfruta un rato de total libertad, lo que crea es algo muy diferente de aquello a lo que dedica su trabajo, pero no por eso deja de tener su sello personal.

Así que tenemos varias perspectivas. Si pensamos en un lector digamos normal, puede tener cierto interés si lo que busca es algo un poco loco, fuera de los cánones aunque bien escrito. Si por el contrario es usted fan declarado de Benet, adicto a la severidad y los misterios de Región e incondicional de esa atmósfera donde el tiempo pierde su secuencia lógica, sin muchas ganas de reírle las gracias al genio cuando le da por ponerse chistoso, igual mejor que no lo intente.


Otras obras de Juan Benet en ULAD: Volverás a RegiónNunca llegarás a nadaEl aire de un crimenSub rosaEn la penumbraOtoño en Madrid hacia 1950


domingo, 4 de abril de 2021

Anna Starobinets: Tienes que mirar

Idioma original:
ruso
Título original: Посмотри на него
Traducción: Viktoria Lefterova y Enrique Maldonado
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable y, en ciertas circunstancias, imprescindible
 
 
Como ya deben de estar hartos de saber los que me sigan en Twitter, hace exactamente dos años y dos meses fui padre de un niño precioso e inquieto, que desde entonces viene alegrando mis días y destrozando mis noches con la misma persistencia. La m/paternidad es algo maravilloso e imposible de comparar con casi ninguna otra experiencia de esta vida, pero también puede ser muy dura, física, mental y emocionalmente, con propensión a exacerbar los miedos y las inseguridades.

De hecho, en nuestro caso (mío y de mi pareja), ya desde el embarazo vivimos todo el proceso con una cierta angustia, sin que hubiera exactamente motivos objetivos para ello: los análisis decían que había algún riesgo cromosómico pero no demasiado; mi pareja desarrolló diabetes gestacional, que en la mayoría de los casos se controla fácilmente con modificaciones en la alimentación; hacia el final del embarazo había poco líquido amniótico y fue necesario provocar el parto... Pequeñas cosas que, sumadas, parecían apuntar, como en las películas de terror, hacia alguna tragedia futura que, felizmente, no se vino a confirmar. Así, después del parto (que fue caótico y con un trato bastante inhumano, aunque la parte puramente médica salió bien) nos fuimos a casa con un niño sano, pequeñito y gritón, con solo un par de sorpresas incómodas pero benignas de las que, por lo que hemos ido oyendo después, pocas familias se libran. Porque, de hecho, durante todos estos meses, quizás porque estábamos más atentos a ellas o porque las atraíamos, nos iban llegando multitud de historias de embarazos que no llegaban a término, problemas graves en el parto, deformidades "incompatibles con la vida", como si estuviéramos recopilando una antología de la m/paternidad trágica.

Este largo preámbulo, por el que pido disculpas a quien haya venido aquí a leer solo sobre literatura, intenta explicar por qué este libro me ha impactado tanto: porque viene a poner palabras, con la mezcla justa de crudeza y dolor, a lo que durante meses fue uno de nuestros mayores terrores, perder a nuestro hijo antes incluso de llegar a tenerlo. Porque este libro, como ya debe saber quien haya leído alguna información sobre él, es la narración detallada y dolorosa del proceso por el que tuvo que pasar la autora, Anna Starobinets, para interrumpir su embarazo desde el momento en que supo que su hijo tenía una deformidad congénita grave de los riñoes que hacía su supervivencia inviable. En cualquier caso, la historia es tan dura, y la forma de contarla tan descarnada, que seguro que cualquier lector o lectora siente un nudo en la garganta parecido al que he tenido yo durante casi toda la obra.

Anna Starobinets ya había aparecido en este blog varias veces, en su faceta de escritora de ciencia ficción, fantasía o terror. Podría decirse que, como la propia autora apunta en el texto, esa experiencia como narradora, y también como periodista, la preparó para poder contar esta historia gracias a la escisión entre la mujer que vive la experiencia del aborto, y la escritora que, a una distancia prudencial, observa, toma notas, describe y analiza el proceso. Porque ese es el tono empleado, quizás el más propicio para intentar aproximarse a la pérdida de un ser querido, como muchos otros escritores han ensayado anteriormente: una mezcla de minuciosidad en la narración y en el examen, unida a una exploración de los sentimientos sin caer en el morbo y, sobre todo, sin artificios retóricos que intenten exagerarlos.

Es así como acompañamos a Anna Starobinets en todo el largo y escabroso proceso, desde la ecografía en la que descubre la malformación del feto, pasando por un calvario de consultas con ecógrafos, ginecólogos, neonatólogos o psicólogos, entre otros ramos, marcadas en muchos casos (sobre todo en Rusia, algo menos en Alemania) por el trato inhumano, la burocratización del dolor y del tratamiento, o la desconsideración hacia los derechos y sentimientos del paciente y de su familia. (De hecho, y aunque probablemente en Rusia la situación sea aún más grave, sabemos que desgraciadamente no es exclusiva de este país ni mucho menos, y que la violencia obstétrica o la psiquiátrica son habituales también en países "suficientemente desarrollados", como la autora los denomina). Vemos así sus dudas, sus miedos, sus avances y retrocesos, las trabas que el sistema coloca en su camino, como si en vez de paliar su sufrimiento quisiese aumentarlo, como si tuviese que pagar por la culpa de haber engendrado un hijo fallido.

Varios aspectos hacen, por lo tanto, que este libro resulte impactante y, tal como se suele decir, "necesario". El primero es que da voz a todo un proceso de pérdida que por lo general nuestras sociedades esconden, por motivos ideológicos o por ser "cosas de mujeres", y ya se sabe que las cosas de mujeres son cosas menos importantes. Y también, por otra parte, porque se plantea no solo como testimonio sino como resistencia, tanto a los mensajes Mr Wonderful ("ya tendréis otro", "de todo se aprende", "Dios lo ha querido así") como a la visión de quienes lo equiparan a un procedimiento médico cualquiera (como una operación de apendicitis) en vez de tratarlo como lo que es: la pérdida de un ser en el que ya se habían depositado sueños, esperanzas, fantasías y (también) miedos, una pérdida que, como cualquier otra, exige su procesamiento y su luto.

Hay en este libro pasajes terribles y que me han dejado temblando y con el corazón apretado, en particular el que da título al libro: el momento en que la escritora, antes y después del procedimiento para interrumpir el embarazo, debe decidir si quiere ver el cuerpo de su hijo, como le aconseja la psicóloga del hospital, o si prefiere ahorrarse esa imagen para evitar que le persiga el resto de su vida. Uno, como lector, se pone en su piel, en una situación tan terrible y tan inimaginable, y es imposible que no se te encoja el alma... Por suerte, también hay momentos de humor y de amor, de solidaridad y de compasión, sobre todo en ese triángulo que forma la autora con el Gran Tejón (su marido, Sasha) y la Tejoncita (su hija, también llamada Sasha). De hecho el epílogo, en el que la historia de la familia se cierra con una sensación de esperanza, ternura y unión a pesar del dolor, ha ayudado a que el regusto final sea melancólico y no rotundamente trágico. La vida, con su dolor, su pérdida y su ocasional aridez, sigue adelante gracias a los afectos que se van construyendo por el camino.

(Cuando estoy casi acabando el libro, en uno de los momentos más duros, mi hijo se despierta de su siesta, viene corriendo a buscarme al cuarto, se sube a la cama y se sienta conmigo delante del ordenador. Luego me da un cabezazo en la nariz, dice "pupa" y me mira como si fuera culpa mía y vuelve a irse corriendo a su cuarto. Y, en fin, es eso).


Otras obras de Anna Starobinets en Un libro al día

sábado, 3 de abril de 2021

Federico Varese: Mafia Life


Idioma original:
inglés

Título original: Mafia Life

Año de publicación: 2017

Traducción: Daniel Saldaña

Valoración: muy recomendable


Mafia Life es un fascinante libro escrito por un criminólogo, pero despojado de los tecnicismos propios de un estudio. Son más de trescientas páginas que incluyen tanto un extenso índice de notas como curiosos cuadros comparativos que reafirman sus postulados. Varese escribe sobre mafias en su amplio sentido al uso: organizaciones criminales que penetran en las sociedades en que se desarrollan de una manera tan profunda que cuesta llegar hasta sus raíces sin sorprenderse de sus curiosas y contradictorias relaciones con el poder. Varese establece comparaciones en sus jerarquías, sus ritos de iniciación, sus códigos internos, sus normas, su día a día, y a todo aquel ajeno a ese mundo le resulta fascinante, pues la referencia más inmediata pueden ser películas o series o la presencia puntual en prensa (en noticias que hablan de reyertas, de ajustes de cuentas, de bandas rivales), la lectura va a interesarle de forma extrema por cuanto muy pocas sociedades o países, más bien ninguno, parecen a salvo de ese tipo de organizaciones. Hasta para eso la economía es global. Las conclusiones no son precisamente esperanzadoras, por cuando se viene a aseverar, como asevera el dicho, que en todas partes cuecen habas, y que Rusia, Hong Kong, Italia o Estados Unidos cuentan, cada uno, con su marca propia, y que, por mucho que pueda caerte bien Tony Soprano, las estructuras de poder y su condición desvergonzada de uso del crimen para obtener poder o rendimiento económico es común. Matices habrá los que haya, en ciertas condiciones internas o reglamentos que parecen revestirles de un glamour y de una sensación de honorabilidad propia de que, el libro es inequívoco, carecen.

Curiosa, por eso, la vertiente política planteada: las mafias no están cómodas cuando las opciones de izquierdas detentan el poder, y de hecho, tienden a pronunciarse políticamente por las opciones conservadoras. Lo cual es un detalle, como mínimo, revelador.

En cualquier caso, y con las limitaciones de espacio propias, pues solo los entresijos de un solo país de los mencionados ya podrían dar para mucho texto, la sensación es de una lectura apasionante y enormemente didáctica, quizás incluso algo frívola si la abordamos como un mero entretenimiento. Pueden estar más cerca de nosotros de lo que parece. 

Y yo me sentiría más cómodo si no tuviera que lidiar con un conflicto interno cada vez que reseño un libro de Malpaso. Este llevaba un tiempo en casa y simplemente ahora le llegó el turno de ser leído. Malpaso viene protagonizando malas noticias, una tras otra, siendo la última una tanda de envíos de burofax a muchos de los sufridos y pacientes colaboradores a los que siguen debiendo dinero. Parece ser que no les gusta que esa realidad se haga pública y deciden contratacar aludiendo a la mala imagen para el negocio que puede acarrear airear esa situación - real, insisto, y aunque desconozco el contenido de esos burofaxes supongo que deben contener advertencias - que es una forma fina de amenazar, como si a aquellos que ya tienen paciencia esperando cobrar algún día, haya que ir a echarles sal en las heridas. No tienes el dinero producto de tu trabajo, pero tampoco te quejes. Mala gestión pasada y mala gestión actual. Ignoro si el dinero se fue en malas inversiones o fue una salida más de fondos para las maquinaciones de una de las personas con quién se relacionó a la editorial, un miembro de la siniestra familia Pujol-Ferrusola. Pero esos burofaxes son tanto señales de un comportamiento inmoral como de  una huida hacia adelante patética. Por favor, Malpaso, paga ya.

viernes, 2 de abril de 2021

Peter Bagge: Credo. Rose Wilder Lane, la feminista libertaria

Idioma original: inglés
Título original: The Rose Wilder Lane Story
Año de publicación: 2019
Traducción: Hernán Migoya
Valoración: más o menos interesante

¿Alguien sabe quén fue Rose Wilder Lane (1886-1968), la escritora biografiada en esta cómic? Porque yo confieso que, hasta leerlo, ni idea... Pues resulta que la susodicha, hija de unos granjeros del Medio Oeste que acabaron instalándose en Missouri, huyendo de la sequía y la pobreza, fue una reportera -para la Cruz Roja, por ejemplo, en países como Albania o Armenia-, exitosa escritora de relatos, feminista y teórica política. Pero la  actividad que más fama -siquiera póstuma- y, sobre todo, fortuna le proporcionó fue haber sido coautora, junto a su señora madre, Laura Ingalls Wilder, de la célebre serie de libros de La casa de la pradera (supongo que esto ya sonará a los más viejunos viejóvenes de por aquí), que en principio no eran sino las memorias de juventud de su madre, reescritas por Rose para volverlas más publicables. 

Por lo que respecta a su ideología, Rose Wilder Lane, además de un feminismo quizás más práctico que teórico, fue una defensora del "libertarismo" o "anarcocapitalismo" (doctrina que ha acabado por ser bastante más capitalista que anarquista, me parece) y, sobre todo, opositora al, para ella, excesivo poder del Estado, ya fuera el de la América de Roosevelt, el fascista o el comunista -aunque de joven había sido socialista e interesada en el comunismo-; básicamente sus ideas vendrían a ser una vesión primigenia y bienintencionada de la de los "patriotas" que sólo abandonan sus arsenales de armas automáticas en Montana y sitios así para tomar el Capitolio junto a supremacistas blancos y pirados seguidores de QAnon (sería curioso saber los que R. W. L. hubiera pensado de esta gente, aunque al final de su vida ya protegió a un notorio conspiranoico llamado Joseph Kamp). Por supuesto, tuvo cierta relación con la churrigueresca madonna del ultraliberalismo, Ayn Rand (no sé si calificarla de "amistad", porque parece que el enorme ego de ésta le impedía ser amiga de quien fuera), así como con otras muchas escritoras y "comunicadoras" -sobre todo, radiofónicas- de su epóca, hoy en día me temo que mucho más olvidadas.

Se diría que mejor suerte ha corrido nuestra R. W. L. al despertar el interés de Peter Bagge, un conocido historietista que despuntó en los 90 con Mundo Idiota Odio, cómics emblemáticos para el movimiento grunge, y muy influido por el estilo de Robert Crumb. Bagge se ha dedicado en los últimos años a plasmar en cómics las biografías de otras mujeres que destacaron en diferentes aspectos en los EEUU de la primera mitad del siglo XX y que no son demasiado conocidas fuera de ciertos ámbitos, como Margaret Sanger, defensora de la planificación familiar o la antropóloga, folklorista y escritora afroamericana Zora Neale Hurston.  En este caso, sin embargo, no sé hasta que punto consigue el onjetivo de resaltar la figura de R. W. L. ; por una parte, quizá por la propia naturaleza del género, el autor ha tenido que sintetizar , cuando no obviar, muchos aspectos de las circunstancias d la época, y, de hecho, al final del libro ha puesto varias páginas de notas explicativas para me jor comprensión de las mismas. Por otro lado, aunque no deje de lado las características de la obra e ideas de esta escritora, lo que más atraen la atención del lector creo que acaba siendo aquello que no tiene relación directa con las mismas: su evidente bipolaridad, la tormentosa relación con su madre (que tenía un carácter muy parecido al suyo), la pérdida de su hijo, que la llevó a proteger a diversos "hijos" y luego "nietos" sustitutos... Por último, quizá debido al expresivo estilo "contracultural" del dibujo de Bagge, a muchos personajes, y desde luego a la protagonista, se les ve en casi todo momento malhumorados o incluso iracundos (tristes, en el mejor de los casos-, lo que no contribuye a crear empatçia con ellos o incluso con Rose, pese a la inudable inteligencia y valentía que demostró toda su vida (y que, además, contrasta con el afable aspecto que se puede ver en las fotos que acompañan a las notas finales).

En fin, un cómic/biografía gráfica (valga la redundancia) interesante, pero tal vez no tan satisfactorio como podría haber sido... No obstante, no descarto explorar otros de este mismo autor.



jueves, 1 de abril de 2021

Javier Eugercio: Terrorhome. Retrato de un sociópata rural

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Entre recomendable y está bien

Estimado Javier,

En primer lugar, deja que te dé las gracias por mandarme un ejemplar de tu novela. Me halaga que te interese saber mi opinión al respecto. 

Debo felicitarte porque con Terrorhome has logrado un producto muy digno. Para ser un libro auto publicado, el continente es muy profesional. Se nota que encargaste a un ilustrador que te diseñara la cubierta, y que peleaste con Amazon para que la imprimieran del color adecuado. 

El contenido también me parece meritorio. Tu historia engancha desde la primera página y está bien escrita. Además, se nota que un corrector revisó el texto, pues solamente he encontrado una errata (en la página 97 le falta una tilde a «aparte»).

Aquiles Entrecoz, tu narrador y protagonista, observa su entorno con esa lucidez que proporciona la misantropía. Le conocemos siendo un adolescente hormonado que se junta con los apestados de su clase, que se codea con los excéntricos de su localidad, que intenta escapar de la claustrofóbica herencia familiar. Empatizamos con él y no nos sorprende cuando, por culpa de esa sociedad que lo rechazó sistemáticamente (y a la que él mismo repudió), se convierte en un monstruo. 

A través de tu escenario, esa comarca llamada Baja Maraña, ilustras a la perfección a la España profunda más rancia y casposa. Y celebro que te atrevas a criticar, mediante la sátira y el esperpento, algunos de los rasgos identitarios (la tradición, la religión, el fútbol, el patriotismo, el sexismo, el racismo...) de nuestro país.

Si te parece, voy a listar las virtudes de tu obra:

  • Como he dicho antes, engancha.
  • La prosa y voz narrativa que emplea son deliciosas. Cultas la par que gamberras, se leen con agilidad e intensifican las situaciones cómicas hasta niveles inusitados. Hubieran podido caer en lo artificioso, pero son plausibles y jamás rompen la inmersión.
  • Algunos de los personajes que cobija son entrañables a su tragicómica manera. Sin duda, permitirán que los que nos consideramos «apestados sociales», «marginados», «parias» o «ceros a la izquierda» nos sintamos identificados.
  • Tiene una primera parte extraordinaria. Es verdad que, a ratos, se me antojaba irregular, pero la estructura, ritmo y humor de la misma me parecieron muy logrados. 
  • Se aprecia que te has inspirado en literatura de todo tipo, desde Don Quijote de la Mancha pasando por el realismo sucio norteamericano.

Llegados a este punto, me gustaría comentarte aspectos de Terrorhome que me parece que no acaban de funcionar: 

  • En lo estilístico, hay margen de mejora. Por ejemplo, para no emplear en exceso las cursivas, podrías recurrir a estrategias tipográficas alternativas. Asimismo, deberías tener cuidado con el uso del lenguaje, pues por momentos se siente más alambicado de lo que debiera, o fuerza la maquinaria. Pienso en la formulación rebuscada de algunas frases, o en la adjetivación casi lovecraftiana de ciertos sustantivos. 
  • Varias de tus reflexiones son derivativas. Sobre todo, esas que tratan sobre la cordura y la locura. Si no les dieras tanto foco, quizá eso no importaría, pero teniendo en cuenta que son recurrentes e incluso temáticamente relevantes, se beneficiarían de un mayor grado de complejidad.
  • La segunda parte decae, especialmente al compararla con su predecesora. Y es que intenta un arriesgado cambio de registro que, a mi juicio, no cuaja del todo. Por no hablar de que sus revelaciones (o giros de tuerca, si lo prefieres) son algo predecibles, y que pierde la oportunidad para darle un cierre a secundarios que, por el contrario, acaban quedando un poco colgados. 
  • Ya te he explicado que el libro en tanto que objeto ha quedado estupendo. Aun así, te recomiendo que modifiques el último párrafo de la contracubierta. Cuando aludes a «la historia del Joker» deduzco que te refieres a la película dirigida por Todd Philips, pero habría que especificarlo, teniendo en cuenta que el villano de DC ha sido encarnado en múltiples ocasiones. Ah, por cierto, te sugiero que diferencies el encabezado de los capítulos del que anuncia tu biografía y los agradecimientos.

Poco más que añadir. Sólo me gustaría animarte a que sigas escribiendo, y desear que tanto Terrorhome como los trabajos que están por llegar tengan mucho éxito.

Espero que mi crítica te haya servido. Cordialmente,


Oriol