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martes, 23 de junio de 2020

Slavoj Žižek: Pandemia


Idioma original: inglés
Título original: Pandemic!
Año de publicación: 2020
Traducción: Damià Alou
Valoración: interesante

Cierto dicho proclama que "Nada hay más viejo que el periódico de ayer". Sin ser tan precisos, muchas opiniones vinculadas al mundo actual inciden en la saturación informativa, en la inmediatez de los medios, en las redes sociales ya no como altavoces o megáfonos sino en elementos clave en la configuración de ese mundo global y viral (va sin segundas) que estamos creando para las generaciones venideras, mundo en el que los acontecimientos se suceden a un ritmo que obliga a las grandes mentes a pronunciarse constantemente.

Y mientras escribo esto me pregunto si Zizek no tendrá ya algo en mente sobre la cuestión de Minneapolis, la Desescalada, la Nueva Normalidad o el Primer Rebrote.

Por tanto, y con Occidente sacando pecho de forma precipitada sobre la superación de la fase más grave de la pandemia (actualización 23/6, 11:07, la OMS alerta de la rapidez de extensión de la pandemia en el continente americano) con ese mismo Occidente más pendiente de si las fases de la desescalada serán o han sido así o asá, con ese magma informativo en constante update y mutación, las opiniones de Zizek parecen ya formar parte de un período reciente pero pasado, parecen ser como el disco de Kanye West que quedaba siempre en borrador mientras las canciones no acababan de tener su versión definitiva. No quiero decir que leer esto en seis meses pierda valor, el valor sólido y fijado de la reflexión inmediata al hecho, pero es que, señores, esto de la humanidad está resultando muy complicado y el mejor sitio del mundo es mi casa hasta que no me dejan salir de ella.

Lo cual no significa que Pandemia, menudo título descriptivo, se ha matado el tío, no sea una lectura extremadamente interesante; si bien Zizek más que emitir conclusiones (cuestión que apoya el hecho de que este libro, más que apelar a bibliografía, apela a links de artículos en la red) comenta situaciones que está viviendo y les aporta una sutil perspectiva propia, fresca y audaz, quizás algo consciente de que su opinión es tenida en cuenta y dispone de la consecuente difusión y resonancia. Y no intenta dogmatizar sino mostrar sus reflexiones, poner el foco en las diversas reacciones de gobernantes, líderes, sociedades ante el espectacular suceso (no sé llamarlo de otra manera) que se ha llevado a la humanidad por delante cuando todos pensábamos que iban a ser los marcianos, un asteroide despistado o los pirados que tienen acceso al botón nuclear. Por supuesto, hay que tomarse la molestia, el pequeño receso, de leer este texto, que se publica todo lo deprisa que se puede: el café de la realidad se enfría rápidamente y nunca vamos a tener ocasión de ver tan pronto cómo fracasa y cae en el olvido todo lo que se profetiza por ahí: que si seremos más buenos, más cohesionados, con un planeta más limpio, con mayor consciencia de sociedad. Por suerte, Zizek presenta hechos y opiniones sin más sesgo que el poco menospreciable de  presentar esta y no esta otra; por suerte, se abstiene de entrar en cábalas, de dogmatizar con conclusiones solemnes, y se limita a consignar cuestiones objetivas. Pone orden en esos pensamientos y los presenta en un texto en cuya lectura es bueno y muy aconsejable invertir tiempo. Para hacerse una idea, más o menos orientarse y reflexionar, cosa que parece que ya se ha acordado unánimemente en subcontratar.

Para lo otro, para refutar y contradecir toda barbaridad que cualquiera ahora mismo se ve autorizado a expresar, ya tenemos Twitter, ¿verdad?

Unas cuantas obras de Slavoj Žižek reseñadas en ULADaquí

sábado, 14 de noviembre de 2015

Slavoj Zizek: Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales

Idioma original: inglés
Título original: Violence
Traductor: Antonio José Antón Fernández
Año de publicación: 2008
Valoración: interesante

Nota: Esta reseña estaba programada para el día de hoy antes de los atentados de ayer en París; hechos como estos hacen que reflexiones sobre la violencia como estas sean trágicamente necesarias.

En ULAD hemos reseñado ya varias obras de Zizek, el enfant terrible de la filosofía contemporánea, y las críticas han utilizado más o menos términos semejantes: provocador, ameno, denso, extravagante... Sus obras tienen la virtud de ser al mismo tiempo entretenidas y profundas, mezclando las citas de Marx o Lacan con chistes sobre Lenin y con el análisis de obras de la "cultura de masas" como El bosque de Shymalan, o con extravagancias como el "Masturbaraton" celebrado en Londres en 2006.

En este caso, esta peculiar técnica de pensamiento filosófico se aplica al tema de la violencia, de una forma oblicua, como dice el subtítulo, y como aclara el prólogo: pensar en actos concretos de violencia, dice Zizek (y se puede estar de acuerdo con él, o no), nos nubla la capacidad de raciocinio, porque nuestros instintos humanos nos llevan a apiadarnos de la víctima de la violencia y a sentir repugnancia por el agresor. El objetivo, por lo tanto, es reflexionar sobre la violencia desde una cierta distancia crítica, y en un nivel abstracto (aunque luego esta visión abstracta se aplique, efectivamente, a tres ejemplos recientes: los disturbios de los suburbios de París en 2005; los ataques terroristas del siglo XXI, y los incidentes que se produjeron después del paso del Katrina por Nueva Orleans.

Zizek parte de una distinción entre "violencia subjetiva" (lo que normalmente calificamos como "violencia" a secas: una agresión, una violación, un atentado, una guerra), y la "violencia sistémica", que es más difícil de percibir, pero que se manifiesta en la forma en la que millones de seres humanos sufren la miseria y mueren a causa de ella, sin que por ello nos rebelemos como nos rebelamos ante un atentado terrorista que produce muchas menos víctimas. Tenemos, dice Zizek, una ceguera selectiva que nos impide ver esta violencia sistémica, y que hace que no comprendamos determinados casos de "violencia subjetiva".

Pero hay aún un nivel superior de abstracción en el texto de Zizek: en el capítulo segundo (el más denso del libro) afirma, siguiendo a Lacan, pero también a Heidegger, que el lenguaje mismo incluye siempre una violencia contra la realidad, y si se aplica a los seres humanos, una violencia contra el prójimo. En el acto de nombrar, reducimos, simplificamos, cosificamos al otro. En el epílogo al libro, Zizek intenta dar una visión más favorable del problema, al afirmar que el lenguaje es al mismo tiempo una violencia contra el prójimo, y al mismo tiempo la forma de superar esa violencia, aunque ese elemento queda más eclipsado en el cuerpo del texto.

Desde luego, las propuestas de Zizek son provocadoras, y la distinción entre "violencia subjetiva" y "violencia sistémica" es extremamente útil para comprender muchos conflictos geopolíticos presentes y pasados; ahora bien, también me plantea algunos problemas. En primer lugar, al elevar el nivel de abstracción y decir, más o menos, que todo es violencia, o que hay violencia en todo, parece producirse una nivelación de todos los tipos y casos de violencia: tan terrible parece ser usar el lenguaje como poner una bomba. Esta visión puede ser ciertamente paralizante, porque impide reaccionar contra casos concretos de violencia (o si se quiere, "violencia subjetiva"), ya que siempre pueden ser resultado de una "violencia sistémica" anterior.

Y esa es, de hecho, la provocadora y algo paradójica conclusión a la que llega Zizek: que lo que tenemos que hacer ante la violencia es no actuar. En el mundo global todo el mundo parece tener la ansiedad de actuar constantemente, aunque sea de un modo tan fútil como un post en facebook o una firma en change.org. Según Zizek, frente a esta ansiedad de la sobreactuación, lo que hay que hacer es, como Lenin decía, "aprender, aprender y aprender". Y es casi imposible no estar de acuerdo con él en lo que dice respecto a un exceso de acción que evita cualquier reflexión previa, pero hay violencias ante las cuales es imposible permanecer impasible...

Otras obras de Zizek en ULADaquí

miércoles, 16 de abril de 2014

Biografías lectoras: ganadores (y 3)

Disclaimer: algunos títulos han sido mínimamente modificados (artículos o número) para lograr coherencia gramatical, pero son fácilmente reconocibles. El lenguaje soez es una exigencia del guión.


Aunque a los 25 años probablemente haya más pretenciosidad que sabiduría real, un cuarto de siglo es un tiempo decente para hacer cuentas de lo crecido. Si físicamente somos lo que comemos, intelectualmente somos lo que leemos.


Lo primero que nos mueve a descubrir nuestro entorno es la fantasía, los orcos y los hobbits de El señor de los anillos (Tolkien) y los magos de Harry Potter (J. K. Rowling) me trasladaron desde pequeño a ese mundo imaginario. Pero a medida que nos enfrentamos al mundo descubrimos que la realidad está muy lejos de esa fantasía y necesitamos nuevas herramientas para interpretar esa realidad que nos abruma. Descubrimos poco a poco la incompetencia de algunos Estúpidos hombres blancos (Michael Moore) y nos preguntamos ¿Qué han hecho con mi país, tío? (ídem). Te vas dando cuenta poco a poco del Desprestige (Catalán Deus) de muchos políticos y no queda más remedio que oponer Resistencia (Rosa Aneiros) llevando siempre A estrela na palabra (X. M. Beiras). A veces es necesario posicionarse En defensa de la intolerancia (Slavoj Zizek) para combatir los sofismas que se nos presentan como Los diez mandamientos del siglo XXI (Fernando Sabater). Y así, cuando estás Bajo el culo del sapo [expresión húngara: “estar jodido”] (Tibor Fisher) te das cuenta de que rebelarse es una obligación.


Y aunque a los 25 años parece que O sol do verán (Carlos Casares) empieza a ponerse y quedan atrás los tiempos en que capeábamos con entusiasmo La sombra del viento (Carlos Ruiz Zafón), siempre quedará alguna Lolita (Nabokov) en el recuerdo que nos despertará una pícara sonrisa. Recordaremos con rubor las Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones (Bukowski) que todos tuvimos. Y aunque no soy una Máquina de follar (ídem) puedo decir que quise a algunas Mujeres (ídem). Hay una edad en la que todo está por descubrir, en la que solo queremos unas eternas vacaciones en Lanzarote (Houellebecq), hacer todas las locuras que queramos, y Que nos juzguen los perros, si pueden (Paul M. Marchand).


Pero la vida no es una eterna Esmorga [“juerga” en gallego] (Blanco Amor). Existen demasiadas Ciudades de la alegría (Dominique Lapierre) donde ésta solo se encuentra escondida tras la miseria. Es imprescindible escuchar esas Voces robadas (Zlata Filipovic et al.) que Cuando un árbol cae (Isabel Núñez) se quedan en silencio o, mejor dicho, silenciadas. Es necesario leer esas Postales que desde la tumba (Emir Suljagic) nos envían desesperadamente los olvidados. Lugares donde se ha producido La destrucción del alma (Janja Bec) aunque aparentemente los verdugos No matarían ni una mosca (Slavenka Drakulic). Todas esas personas que vagaron Sin destino (Imre Kertész), y cuyo objetivo en esta tierra fue Vivir para contarla (Primo Levi), que lucharon, para quién sabe si encontrar, al final de su vida, la Liberación (Sándor Márai).

Pero en El país de las últimas cosas (Auster), siempre encontraremos alguna Tentación (Janos Székely) en la que caer, algún Tokio Blues (Murakami) que nos acaricie el alma o Ciento volando de catorce (Sabina) sonetos que nos escupan sus agridulces verdades a la cara.


Y aunque probablemente queden muchas letras en el tintero, y aunque no están todos los que son, sí son todos los que están. Perdónenme los eruditos por obviar a Shakespeare o Cervantes, quien esté en desacuerdo, que venga a corregirme de Oxford, amén (Carlos Reigosa).

lunes, 6 de enero de 2014

John Brunner: Todos sobre Zanzíbar

Idioma original: inglés
Título original: Stand on Zanzibar
Año de publicación: 1968
Valoración: está bien

De John Brunner, uno de los autores referentes de la New Wave de la ciencia-ficción británica, reseñamos ya hace un tiempo El rebaño ciego, una novela apocalíptica con un trasfondo ecologista. Las similitudes entre esta novela y Todos sobre Zanzíbar son bastante evidentes: novela coral, técnica fragmentaria, preocupaciones socio-políticas que caracterizan de hecho a casi toda la New Wave... Pero si El rebaño ciego es una novela sobre la destrucción de la naturaleza a manos de las grandes corporaciones, Todos sobre Zanzíbar trata sobre todo de las consecuencias geopolíticas, filosóficas y sociales de la proliferación tecnológica y del capitalismo extremo en el año (futuro) de 2010.

Es difícil resumir el argumento de una novela tan compleja como Todos sobre Zanzíbar. Hay, fundamentalmente, dos personajes principales, asociados con dos líneas argumentales lejanamente interrelacionadas: Donald Hogan, un inteligente estudiante que ha sido "captado" como espía por la Inteligencia estadounidense; y Norman House, un ambicioso ejecutivo de General Technics, una empresa tan poderosa que se a veces es indistinguible del propio Estado. El primero será enviado a Yatakang (un ficticio país del Sureste de Asia) para investigar un supuesto avance revolucionario en el campo de la eugenesia; el segundo, a Beninia, un país del África subsahariana que puede convertirse en una pieza clave de las relaciones políticas y económicas internacionales.

Pero tan importantes como estas dos tramas, que ocupan los capítulos titulados "Continuidad", son los fragmentos dedicados a crear un mundo (distópico) alrededor de ellas: se trata de los capítulos titulados "Viendo primeros planos", "Las cosas que pasan" o "Contexto". Los primeros son viñetas individuales de personajes secundarios, algunos de los cuales no vuelven a aparecer en la novela: pequeños relatos o microrrelatos de hechos simbólicos o significativos del estado del mundo. "Cosas que pasan" son recopilaciones de noticias breves, eslóganes, panfletos, todo tipo de textos sobre la actualidad (del mundo de ficción, claro). Los capítulos titulados "Contexto" ofrecen fragmentos y reflexiones extraídas en su mayor parte de los libros del ficticio escritor Chad Mulligan (no muy distinto de Slavoj Zizek, aunque Zizek era todavía un chaval cuando se escribió la novela).

Aunque Brunner es, por cronología y por inquietudes, un escritor de la "Nueva Ola" de la ciencia-ficción, sus obras anteceden también, en cierto modo, a las novelas del cyberpunk creado por William Gibson, sobre todo en su concepción del mundo distópico: ciudades cubiertas por cúpulas, brutales desigualdades sociales, cuerpos modificados por la ingeniería o la genética, poderosas empresas multinacionales que controlan la política y la economía global... En la novela de Brunner no faltan tampoco las preocupaciones por el control de la información y la manipulación de la opinión pública, con resonancias de los métodos del Gran Hermano en 1984.

No cabe duda de la maestría técnica y narrativa de Brunner, que en esta novela, como en El rebaño ciego, consigue no solo sostener en el aire varias tramas y conjuntos de personajes simultáneamente, sino también construir todo un mundo narrativo y ficcional cargado de significación y de advertencias sobre nuestro futuro. El mayor problema que tiene la novela, sin embargo, es su (en mi opinión) excesiva extensión y la larga espera hasta que las dos tramas principales entran en juego. La novela tiene casi setecientas páginas, pero hasta la página trescientos, aproximadamente, uno no tiene muy claro de qué va. Y esto puede ser excesivo; yo mismo, si no existiera ULAD y me sintiera obligado a terminarla para escribir esta reseña, no sé si habría seguido leyendo hasta el final...

Todos sobre Zanzíbar es una novela compleja, ambiciosa, visionaria, abrumadora. Pero corre el peligro de perder algunos de sus lectores a medio camino, y es una pena, porque el final consigue cerrar los hilos que las seiscientas páginas anteriores habían dejado abiertos.

También de John Brunner en ULAD: El rebaño ciego

miércoles, 9 de enero de 2013

Slavoj Zizek: En defensa de la intolerancia



Idioma original: alemán

Título original: Ein Plädoyer für die Intoleranz

Año de publicación: 1998

Valoración: Recomendable




De plena actualidad a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, este librito aborda, en menos de 130 páginas, cuestiones que aparecen en varias de las obras del autor. Zizek propone una nueva acepción del término política. Para él significa la asunción de voz y poder por parte de los excluidos hasta entonces (por ejemplo el demos de la antigua Grecia o el partido Solidaridad en la Polonia de los años 80). En contraposición, la postpolítica sería el discurso, tan extendido en las últimas décadas, que pretende que los conflictos ideológicos están ya superados con la finalidad de impedir que un nuevo grupo de silenciados pretendan hacerse con las riendas (lo que significaría el inicio de una nueva etapa política, según la terminología del autor). En nombre de esta distorsión (la afirmación genérica de que todo está en orden) se toleraría cualquier injusticia lo que generaría a veces explosiones aparentemente irracionales de violencia y que, en realidad, no serían sino la única forma de expresión de los que no tienen otro cauce.

La confusión deriva de que la postpolítica define la política como “el arte de lo posible” y según Zizek es “el arte de lo imposible”, justamente lo opuesto. Solo cuando se pretende transformar radicalmente algo que se considera inamovible – asegura – estaríamos haciendo política.

Por eso, desde su punto de vista , y sea quien sea la víctima, cualquier proteccionismo que no modifique las relaciones de poder sirve únicamente para mantener el status quo. Con esa estrategia, cada grupo continuará en el lugar de siempre mientras las supuestas medidas protectoras servirían para que, escudándose en atender sus justas reivindicaciones, nada cambie sustancialmente. Esta sería la astuta manera de superar la divisiones ideológicas haciendo creer a la opinión pública que llueve a gusto de todos, cuando lo que ocurre en realidad es que se están imponiendo, una vez más, los criterios del poder aunque disfrazándolos de objetividad científica. Según dice, los economistas y politólogos justifican así todos los desmanes económicos y consiguen convencer a la mayoría, aunque sea a regañadientes, de que están en posesión de la “única verdad”. Como ejemplo de este razonamiento, aporta el término “radical centre” (centro radical), término acuñado por Tony Blair para definir al partido laborista de la época. Lo que supone una incongruencia, ya que el centro es, precisamente, un concepto moderado, equidistante de radicalismos, cuya función es evitarlos posicionándose entre los extremismos de izquierda y derecha. Parece una forma muy burda de engañar a la opinión pública y, sin embargo, se consigue.

Siguiendo esa misma lógica, las posturas que tienen como objetivo la perpetuación del poder, la profundización de la brecha de las diferencias salariales y cualquier otro proyecto que sirva a los intereses de la gran economía se presentarían disfrazadas de eficacia.

Por otra parte, en el marco de la presente sociedad global, Zizek expone la controvertida afirmación de que el tolerante multiculturalismo actual no es más que una soterrada, astuta y diplomática forma de racismo. Afirma, además, que el reconocimiento de las diferencias culturales no hace sino esconder la verdadera y completa uniformidad que se ha extendido por el planeta y, de paso, desplazar la atención de la economía a la cultura. Y que sirve también como pretexto para tolerar conductas abusivas que se producen, – muchas veces desde el convencimiento más sincero –  apelando a la tradición.

Después de abordar asuntos de lo más diverso con argumentos, como mínimo, cuestionables, por ejemplo, su resuelta defensa de la clonación humana, realiza un (para mí) curioso análisis del tamagochi como función social y termina proclamando que la sociedad actual no ha dejado de ser represora aunque lo disimula valiéndose de argumentos científicos – como la locura – para condenar determinados actos. Algo parecido, sostiene, a lo que se acostumbraba en las sociedades soviéticas tachando de locos a los disidentes. Él aboga por el control de toda la sociedad mediante la colectivización de las decisiones económicas y por dejar de creer en la omnisciencia, inmutabilidad e inevitabilidad de las leyes del mercado.

Merece la pena revisar de vez en cuando nuestras certezas más arraigadas, lo que todo el mundo da por supuesto, Zizek es uno de esos autores que, aparte de la variedad de aspectos que analiza en sus obras y del rigor de algunos de sus análisis – por muy arbitrario que nos parezca a veces – posee la virtud de, cada vez que quiere, poner todo patas arriba.

Otras obras de Zizek en ULADaquí

viernes, 27 de mayo de 2011

Slavoj Zizek: El frágil absoluto

Idioma original: inglés
Título original: 2000
Fecha de publicación: The fragile absolute or, Why is the Christian legacy worth fighting for?
Valoración: recomendable

Hace más o menos diez años, sucedió algo curioso en el panorama de la filosofía contemporánea. En el ala, digamos, más radical y crítica del pensamiento actual, heredera de toda la (heterogénea) línea que va desde Marx a Derrida, pasando por Nietzsche, Lacan o Foucault, se dio una recuperación de temas cristianos tradicionales o, más aún, una defensa de la tradición cristiana misma. Alain Badiou publicó en 1998 San Pablo o la fundación del universalismo, en el que analiza toda la carga política del credo cristiano en su primera formulación coherente, la paulina. Dos años después aparecía El tiempo que resta, de Giorgio Agamben, con el subtítulo: Comentario a la Carta a los Romanos; todo el libro, por tanto, explícitamente dedicado a desentrañar las oscuras expresiones del que es quizá el escrito más relevante de San Pablo para la tradición exegética. Pues bien, ese mismo año publicó Zizek el libro del que hablamos hoy. Su subtítulo es también muy revelador: ¿Por qué merece la pena luchar por el legado cristiano?

Todos estos ensayos tienen un espíritu común, que consiste en reivindicar lo que la fe cristiana tiene de revolucionario, de subversivo, en sus planteamientos originales, para no abandonar ese legado (como había venido haciendo en gran parte el pensamiento de izquierdas) a una interpretación conservadora que lo neutralice. Algo interesante en los tres casos es que los autores no comparten la extendida ilusión que distingue el "cristianismo bueno" del propio Jesús de Nazaret y el "cristianismo malo" de sus seguidores, que sistematizaron el mensaje original en reglas, ritos e instituciones. Nietzsche, por ejemplo, alababa la figura histórica de Jesús y echaba pestes contra San Pablo, el "inventor" de la Iglesia cristiana. En el caso de estos autores sucede al revés: es a la interpretación de Pablo, precisamente, a la que atribuyen la mayor eficacia crítica.

Dicho esto, que Zizek deja claro desde el mismo prólogo a su libro, lo cierto es que en este caso hay que esperar bastante para que se vea por qué vía concreta va a rescatarse esta tradición paulina a la que me refiero. Hasta bien pasada la mitad del ensayo no empieza a contraponerse, por ejemplo, el exigente principio de caridad cristiana (el agápe de Pablo) a un cierto clima de tolerancia liberal, multicultural y New Age que irrita profundamente a Zizek. Tiene cierta miga cómo analiza la actual omnipresencia de los Derechos Humanos como una invitación a transgredir las normas del Decálogo: el derecho a la búsqueda de la felicidad a través de la propiedad privada como derecho a robar, el derecho a la libre expresión como derecho a mentir, el derecho a la intimidad como derecho al adulterio, etc. Según Zizek se percibiría aquí el vínculo entre la ley explícita y el deseo de transgredirla, cristalizado en lo que denomina un "suplemente fantasmal obsceno". La caridad cristiana trataría precisamente de romper ese vínculo.

El tono de Zizek es entretenido, mezclando todo tipo de referencias eruditas con ejemplos del cine comercial o, sin más, anécdotas y chistes. Ahora bien, las referencias eruditas giran casi en todo momento en torno a la obra de Lacan, de tal modo que se hace complicado seguir el discurso si no se conoce aquélla. Los abundantes destellos de genialidad, asegurados con Zizek, no acaban de impedir la impresión de que en sus manos las categorías de Lacan sirven prácticamente para justificar cualquier cosa. Uno acaba el libro con la sensación de haber asistido a una sesión de fuegos artificiales. Y ya se sabe que el humo se lo lleva el viento.

Otras obras de Zizek en ULADArte, ideologia y capitalismoSobre la violenciaEn defensa de la intoleranciaProblemas en el paraíso

jueves, 17 de marzo de 2011

VV.AA.: Arte, ideología y capitalismo

Idioma: castellano
Fecha de publicación: 2008
Valoración: está bien

Decíamos ayer que las transcripciones de conferencias no acaban de convencerme. Creo que voy a tener que retractarme. Está claro que todo buen conferenciante domina algunos trucos retóricos que en vivo sirven para meterse al público en el bolsillo y transcritos se desinflan sin remedio. Además, una ponencia está sujeta a circunstancias del momento (o incluso del espacio) y soporta por lo general argumentos menos exhaustivos y prolijos que un ensayo. Sin embargo -o quizá por eso mismo-, una conferencia transcrita tiene una gran ventaja frente a un texto concebido desde el principio como tal: la frescura. Un autor se atreverá a decir cosas que se pensaría mucho antes de poner por escrito. Quien la transcribe y publica comete, en este sentido, una traición; pero una traición que ofrece jugosas sorpresas.

En este caso el responsable de la elogiable traición es el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que desde hace varios años edita una colección de libritos con las intervenciones de las muy autorizadas voces que por allí pasan. Quienes no vivimos en Madrid no podemos más que agradecerles la idea. El libro del que hablo surge de una visita de Slavoj Zizek (en realidad no se escribe así, pero quien sepa poner sobre las zetas un acento circunflejo invertido que tire la primera piedra). Para quien no le suene, este señor es probablemente el filósofo más polémico sobre la faz del planeta. Abundan sus intervenciones en youtube, que no suelen aburrir. Por citar dos que recuerde: una disquisición sobre las diferencias entre los váteres alemanes y franceses, y la demostración inapelable de que Sonrisas y lágrimas es un film propagandístico pro-nazi.

Dicho esto, podéis suponer que merece la pena leer lo que el bueno de Zizek tiene que decir acerca de varias películas, entre ellas Titanic, Los pájaros, El código Da Vinci o El perfume. En estos y otros especímenes ejercita su agudísima capacidad de análisis, deudora de Marx y Lacan, levantando las máscaras de los más renombrados productos ideológicos del capitalismo actual. Sus comentarios se ilustran con fotogramas de las películas, lo que resulta muy útil para no perderse. También resulta útil tener ciertas nociones de Filosofía y Psicoanálisis, no lo vamos a negar.

Se completa el libro con dos intervenciones más, de Jorge Alemán y César Renduelles, que abundan en los mismos temas. La primera, sinceramente, me dejó bastante frío. Será que no entiendo a Lacan lo suficiente para apreciar su posible aportación a una nueva renovación de la izquierda política. En cuanto a la segunda, Renduelles demuestra con admirable rigor cómo gran parte del cine actual comulga de un sueño de redención violenta que nos salve a todos del ciclo de consumo desbocado que nos engulle. El club de la lucha, por ejemplo. Lo curioso, dice (y concuerdo), es que estos sueños no hacen sino reforzar, al nivel más profundo, la lógica que pretenden criticar, olvidando "que el consumismo es un epifenómeno material de un sistema social monstruosamente espiritual".

Se trata, en fin, de un librito que no te cambiará la vida, pero sí te deparará unos cuantos golpes de genio y unos cuantos destellos de lucidez sobre las apariencias cotidianas que nos rodean. Y eso no es poco, ¿no?