viernes, 28 de abril de 2017

Antonio Orejudo: Los Cinco y yo

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: más que recomendable

Vuelve (y ya era hora) Antonio Orejudo con una novela que comienza contando su niñez en los últimos años del franquismo, cuando las turbas de chiquillos del baby-boom español invadían calles y colegios y la aún inexistente M-30 delimitaba (o no lo hacía, en realidad) el perímetro a partir del cual Madrid se diluía.

Vaya por delante que yo no soy de esa generación, la de Orejudo, sino de una posterior, aunque también he conocido las aulas abarrotadas, los partidos de fútbol en descampados y los interminables viajes por carretera nacional en plena canícula... pero, en principio, la fibra nostálgica que me podría tocar la novela (o el conocido "efecto Cuéntame"; quienes nos lean desde fuera de España y no sepan de que hablo no saben la suerte que tienen) la tengo más al fondo, a la derecha... Ni siquiera me reconozco en el rasgo que según el escritor, define a su generación: el disfrute de las aventuras de Los Cinco, de Enid Blyton; en mi época, éramos más (al menos, yo) de Los Tres Investigadores. 

Pero hay que reconocer que Orejudo es un narrador hábil y ameno, de forma que logra hacernos seguir con interés esta mezcla de remembranza y bildungsroman que retrata a esa generación que llegó a la adolescencia, con todo lo que eso implica, al tiempo que Franco la espichaba -conste que es la expresión que aparece en el libro-, para luego dejar a buena parte de sus integrantes tirados en la cuneta de la droga. Ahora bien, cuando uno ya le está cogiendo gusto a la historia y cariño a sus personajes, al doblar un recodo de la narración se encuentra metido, casi sin darse cuenta, en...¡un momento, no puede ser... una novela del execrable "género" de la (glups) AUTOFICCIÓN! ¡No, hombre, no, señor Orejudo Utrilla! ¡Se lo perdoné en Un momento de descanso, porque, después de todo, te partías de risa la caja, pero otra vez no, por el amor de Dios! Y, por si fuera poco, aquí hace usted combo con su colega Rafael Reig... por si queríamos arroz, dos tazas.

Claro que... pensándolo bien, es cierto que el protagonista-narrador se llama Antonio -Toni o Toñito, más bien- y que es profesor de universidad en Almería, pero algunos indicios no acaban de casar con el auténtico autor del libro... Lo mismo sucede con Reig, que aquí, por ejemplo, ha escrito una novela sobre los Cinco titulada After Five... Vale, ya lo pillo: lo que hace Orejudo no es introducirse él mismo en su ficción, como estamos acostumbrados a encontrar últimamente con excesiva frecuencia (y con ánimo egocéntrico/holgazán por parte del escritor que lo perpetra, añado), sino basarse en él y en su amigo Reig para crear unos personajes que se les pueden parecer -o no- más o menos, pero no son ellos en absoluto, de igual modo que hacía lo propio con las luminarias de la generación del 27 en su primera y divertidísima novela o con los rebeldes anabaptistas y teólogos protestantes del siglo XVI en Reconstrucción. ¿Se trata entonces de autoficción o no? Me mojo: yo creo que no... o, en todo caso, sería (eso espero) una irónicamente falsa autoficción. Así pues, aceptamos barco como animal acuático... con un alivio infinito.

Falsa autoficción que se entremezcla, además, con la falsa ficción a secas, que supone la novela After Five, con la vida de los Cinco una vez superada la adolescencia -de los Cuatro, en realidad, pues el quinto miembro era un perro y por tanto, de trayectoria vital más limitada- e incluso con los desvaríos de los fans y antifans literarios (que quien dice de Enid Blyton , dice de Joyce o Kafka). De aderezo, los entresijos del postcapitalismo industrial, financiero y hasta cultural, todo mezclado en una ensalada metaliteraria de la que , curiosamente, el lector, o este lector (y pido perdón si esto se considera por alguien como un spoiler o como se diga) sale con la sensación de haber vuelto a la casilla de salida, que, a pesar de las subidas, bajadas, tirabuzones y fuerza centrífuga que nos hayan aplicado una montaña rusa no deja de ser un circuito cerrado, y lo mismo esta novela: comenzábamos con la infancia y acabamos con esa misma infancia reflejada en la madurez, gracias a ese espejo que puede ser la ficción, cuyos límites no siempre están bien fijados, ni siquiera por la literatura. Entre medias, sucede todo eso de lo que habla la novela -aun con tal ligereza que no siempre nos damos cuenta de ello-: crecer, madurar, vivir...


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2 comentarios:

Dr.J dijo...

A mi me ha decepcionado mucho, tuve que dejarla en la pag 100. Yo si encuentro autoficcion, pereza, bombos mutuos con Reig...muy aburrido. Soy coetaneo estricto de Orejudo y he sido lector asiduo de los cinco pero ni la menor emocion.
Aprovecho para recomendarle el magnifico "El hombre de negro" (ed La Huerta Grande). Gracias y enhorabuena por el blog. Dr.J

Juan G. B. dijo...

Hola, Dr. J. :
Siento que no te haya gustado el libro de Orejudo. A mí, sin ser, como es obvio el mejor de los que ha escrito, sí que me ha agradado, sobre todo a partir del momento en que deja de ser una novela de memorias nostálgicas y pasa a ser un juego de autoficción, pero "de la buena".
Sobre el hecho de que salga Reig, creo que es un hecho conocido que los dos escritores son coleguitas , así que no me extraña. Tampoco me parece que haya tanto autobombo, de todos modos, puesto que ni el Toni ni el Reig de la novela salen del todo bien parados en los retratos que hace de ellos, creo...
En todo caso, aprovecho tu comentario para matizar algo que puse en la reseña, y sobre lo que he reflexionado, sobre todo después de leer este artículo del inevitable Alberto Olmos:
http://blogs.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2017-04-19/dia-del-libro-autoficcion-autopromocion_1368357/
Quiero decir que tal vez lo que haya hecho orejudo aquí no sea "falsa autoficción" , como digo yo, sino "autoficción de la buena", en la que el autor se convierte a sí mismo en personaje de ficción, pero de verdad, no como una simple excusa para ahorrarse el trabajo de construir un personaje como Dios manda (lo que ocurre en tantos libros que se han adscrito a la moda de la "autoficción de la mala"). No sé si me explico, pero escrito queda.
Un saludo y mil gracias por el comentario.