lunes, 23 de enero de 2017

Ian Manook: Yeruldelgger, muertos en la estepa

Idioma original: francés
Título original: Yeruldelgger
Año de publicación: 2013
Traducción: José Fajardo González
Valoración: entre recomendable y está bien

Comentaba yo en cierta reseña que ya parece no quedar un solo rincón de este nuestro planeta que no haya servido de ambientación para la correspondiente novela negra o de misterio. Y no me refería sólo a París, Londres, el Baztán, Cárcar... o cualquier lugar de la geografía navarra, en realidad; de hecho, la "pandemia" (benigna, que nadie se me enfade) parece tener una mayor incidencia en toda esa parte del globo  donde hace un frío que pela: ¿Acaso hay novela negra en Islandia? La hay. ¿en las islas Hébridas? También. ¿En Siberia-Gasteiz? ¡Por supuesto! Lo dicho. para encontrar un lugar original y aún virgen, un escritor novato en el género  debería irse... qué sé yo, a Mongolia, por lo menos, ¿no?

Pues no. También la Mongolia Exterior ya ha sido hollada por la ficción criminal (por cierto, siempre me ha resultado inquietante, en el plano existencial, que haya una Mongolia Exterior y otra Interior...): aquí tenemos esta novela, protagonizada además por personajes mongoles, aunque escrita, eso sí, por un francés, aun de exótico nombre, Ian Manook -en realidad, Patrick Manoukian, que tampoco está mal-; Yeruldelgger es un comisario de la policía de Ulan Bator que se encuentra al mismo tiempo con dos casos aparentemente inconexos: una niña enterrada malamente en medio de la estepa, varios años atrás, y unos ciudadanos de la República Popular China asesinados en lo que parece un salvaje crimen de tintes satánicos. La trama se va enredando cada vez más, como mandan los cánones, y así tenemos la oportunidad de encontrarnos con nómadas que ven C.S.I Miami, bandas de neonazis mongoles, monjes guerreros que le darían para el pelo a los de Shaolin, niños que viven en las cloacas de la capital -aunque en realidad no son cloacas-, potentados y preprotentes coreanos, agentes de los servicios secretos chinos... en suma, todo un festival.

Bien, confieso que hasta la fecha, mis conocimientos sobre el bello país mongol se reducían prácticamente a cero, por lo que , desde luego, no estoy en condiciones de dictaminar si la curiosa mezcla de exotismo (para nosotros los occidentales, claro), tradición y la más prosaica modernidad globalizada se corresponde con la realidad o no. He de suponer que sí, pues monsieur Manook parece un buen conocedor de ese país. Ahora bien, entre tanto el lector no mongol trata de dilucidar que hay de cierto en ese potpourri que sirve de marco a la novela, lo que también hace él es endiñarnos toda una serie de tópicos del género, como quien no quiere la cosa: el consabido poli rebelde, encallecido aunque carismático, atormentado por su pasado pero de corazón noble, su jefe incompetente y arribista; sus compañeras -en este caso la hermosa inspectora Oyun y la aún más bella forense Solongo-, derretidas ante las viriles cualidades del protagonista; los habituales polis corrompidos, matones sin cerebro, simpáticos secundarios, etc... en fin, que podríamos perfectamente encontrarnos ante un polar que se desarrollase en Marsella, Los Ángeles o Madrid. O incluso ante el argumento de una película protagonizada por Bruce Willis o Clint Eastwood (en sus tiempos mozos).

Aún así, hay que reconocer que la novela, además de ser de lectura fácil, que siempre es de agradecer -quizás se haga un poco larga en algún momento, no obstante-, resulta lo suficientemente variada y entretenida como para dejar un buen sabor de boca y cierta curiosidad sobre el país donde se desarrolla, cuando menos, al final habremos aprendido cual es la manera correcta, según la tradición, de entrar en una yurta mongola... Después de todo, nunca se sabe cuando nos podrá  hacer falta tal conocimiento.

domingo, 22 de enero de 2017

Bruce Springsteen: Born to Run

Idioma original: inglés
Título original: Born To Run
Años de publicación: 2016
Valoración: imprescindible para fans

Según nos cuenta el propio Bruce Springsteen, la idea de hacer un libro autobiográfico le surgió tras su actuación en la SuperBowl del 2009. La magnitud del espectáculo le sorprendió hasta tal punto que se propuso escribir un libro de memorias. El resultado de este trabajo es "Born To Run", donde de forma autobiográfica nos narra lo que ha sido su vida y obra, desde la infancia hasta la fecha de publicación del libro.

Siguiendo un orden cronológico, el músico empieza ya en las primeras páginas a explicarnos su infancia y entorno familiar de raíces italianas e irlandesas. Viviendo en una zona humilde, hijo de clase obrera y trabajadora, las capacidades económicas familiares eran muy limitadas. Además, la difícil relación paternal debido a la incompatibilidad de caracteres y a la personalidad del padre (de carácter frío, distante, estricto y con problemas con el alcohol) incidiría profundamente en la personalidad de Bruce forjando un carácter fuerte aunque, a la vez, con grandes carencias emocionales cuyos efectos acabarían haciendo mella a posteriori.

Con este punto de partida, Bruce Sprinsgteen nos hace partícipes de toda su vida y nos detalla su crecimiento como persona y como músico a la vez que nos explica la gestación de cada uno de los álbumes. Nos habla de esos difíciles años de infancia; de sus inicios como músico; de cómo teniendo él 19 años sus padres se trasladaron a California y se quedó sin un lugar donde vivir. En ese momento fue consciente que él era todo lo que tenía para salir adelante, no solo en el mundo de la música sino en la vida. Teniendo muy claro donde quería llegar, su confianza en él mismo y en su puesta en escena era lo que haría de él ser un músico de renombre. A partir de ahí, a la vez que nos va narrando divertidas anécdotas vividas, nos va contando la elaboración de cada uno de sus discos, especialmente el detalle y las dificultades de la grabación de Born To Run, el disco que lo lanzaría al estrellato y que acabaría suponiendo una línea divisoria entre lo que fue la vida adolescente de amor y libertad y la madurez de su vida posterior. Recorriendo sus discos de forma paralela a su vida nos explica qué pretendía con cada uno de ellos, qué buscaba y cómo se sentía en el momento de crearlos. Cómo conoció a cada uno de los personajes clave en su vida, sus idas y venidas con la E Street Band y sus roces con alguno de los miembros por su autoridad y por querer hacer las cosas a su manera. Cómo creció como músico. Pero también cómo, justo cuando estaba en la cima, llega la caída. Problemas emocionales por tanta exigencia hacia uno mismo; problemas familiares de la infancia que vuelven del subconsciente y de una vida esculpida a modo de self-made man. Aflora el lado oscuro de la vida y la depresión. El egocentrismo y el narcisismo aparecen en su vida junto con una gran tendencia al aislamiento hasta que llega la recuperación de la mano de su mujer y la paternidad. Capítulos finales donde nos habla desde la madurez sobre los hijos, la responsabilidad y la relación con sus padres en sus últimos años, pero también sobre la parte más amarga de su vida con  graves episodios de depresión que le han perseguido durante mucho tiempo, tras toda una vida de lucha, esfuerzo y con el lastre de una infancia marcada por el carácter autoritario de su padre. 

Este libro te permite ser consciente de cómo la música y las letras de Bruce Springsteen acompañan su vida, la de los habitantes de su país, siempre buscando aquel nexo de unión entre su música y el estado de la sociedad del momento. Vida y obra van de la mano, buscando la identificación entre ambas. En sus 50 años de trayectoria musical, vemos cómo sus canciones acompañan los acontecimientos que ocurrieron en su país: la era post-industrial, la lucha de la clase obrera y su pérdida de capacidad económica, el racismo, la guerra del Vietnam y sus consecuencias, el atentado en el WTC de NY y la caída de las Torres Gemelas, la inmigración. Mención especial al capítulo dedicado a la E Street Band, el gran grupo que acompaña al Boss en sus giras. Capítulos finales dedicados a Clarence Clemons, Big Man, y el duro golpe que supuso su muerte para Bruce. Todo esto explicado por él mismo, en un libro imprescindible para conocer qué hay detrás de este gran artista y de cada uno de sus discos.

Cabe decir que quienes sean poco aficionados a la música del autor no encontrarán en el libro mucho a destacar pues la prosa es simple y tampoco encontrarán elementos que les animen a la lectura. En cambio, los que sean fans sí disfrutarán con el libro recorriendo la evolución del artista, viendo sus motivaciones, sus porqués y conociendo de primera mano su personalidad así como anécdotas variopintas y experiencias vividas. 

Parece que la vida ha sido un largo y gran viaje para Bruce Springsteen. Somos afortunados por haber tenido la suerte de acompañarle a través de sus canciones y, al final, a medida que uno va avanzando en el libro, no puede evitar tener la sensación que leyendo, escuchando sus palabras, vuelve a aquella habitación de su adolescencia donde en compañía de sus amistades cerraba los ojos y se dejaba llevar por las notas de su guitarra y la música de su legendaria E Street Band. 

Tal y como afirma Bruce en la canción Thunder Road: "I've got this guitar and I learned how to make it talk". Él nos habla a través de su música y esta autobiografía es un lujo para todo aquel que ha pensado alguna vez, escuchando sus discos, que aquello era lo mejor que había oído nunca en su vida.

Nota: Podéis encontrar una reseña del disco The River en nuestro blog hermano UnDiscoALaSemana

sábado, 21 de enero de 2017

Colaboración: La esquina del mundo de Mylene Fernández Pintado

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: Recomendable

En esta, su segunda novela, Mylene Fernández Pintando nos regala una historia alejada del referente inmediato de la Revolución Cubana. Para tratarse de una narración situada en La Habana contemporánea, La última esquina es un poco rara. No hay en ella descripciones minuciosas sobre la “excepcionalidad socialista”, tampoco un didactismo exotista para lectores ávidos por recrearse en lo que no viven. Son precisamente estos rasgos originales, los que producen la atmósfera intimista de la narración y el sentido de un universo familiar o común que excede de los límites de la isla. Los dramas afectivos que se escenifican podrían suceder en Caracas, Estambul o Maputo. Como si la propuesta de esta novela hubiese presentido el fin de la excepcionalidad cubana en la política inmigratoria estadounidense, diría que el sentido de familiaridad está dado por la condición de cualquier individuo o comunidad de lo que la narradora refiere varias veces como “Tercer Mundo”. De allí que los dilemas centrales son los de la emigración: las disyuntivas de irse o quedarse, de aventurarse hacia lo nuevo y prometedor o bregar con las dificultades de lo conocido,  de enfrentar la posibilidad del fracaso y sufrir la nostalgia, o refugiarse en “esa esquina del mundo” precaria que es el propio país.

Marian es una tímida profesora de Lengua Española de la Universidad de La Habana que tras la muerte de su madre, le suceden un par de cosas que la descolocan un poco: debe escribir el prólogo del poemario de un jovencísimo escritor, Daniel, del que termina por enamorarse y, es ascendida a Jefa de Cátedra. Acostumbrada a una vida discreta  de rutinas y pocos amigos,  su relación con Daniel la lleva a experimentar emociones que abarcan la vergüenza por el qué dirán sobre la disparidad de edades de la pareja, la felicidad del amor correspondido, la ansiedad provocada por los repetidos desencuentros, la pasión compartida por la literatura y la asunción consciente  de un lugar propio en el mundo.  Mientras Daniel fantasea con la intensidad y el glamour de una vida como escritor en Europa, Marian apela por una vida con minúsculas en la casa de su infancia. Alrededor de ambos gravitan otros personajes que también confrontan los pros y contras de irse o de quedarse y hay incluso lo que viajan y vuelven.

Aunque la novela muestra una pluralidad de puntos de vista sobre el tema de la migración, repite muy sutilmente cierta apuesta ética por los que se quedan que es bastante común en la literatura cubana.  Es algo que revela el modo en que la distancia frente a la isla se sigue ficcionalizando más como carencia que como ganancia. En ese sentido, la hondura que se alcanza en este sencillo y honesto relato reside en un sentido vital arraigado al espacio nacional que, sin embargo, está distanciado del mero patrioterismo. Para aquellos que estén buscando moralejas, ideologías altisonantes y eventos exuberantes que diferenciaban radicalmente “lo cubano” de sus pares latinoamericanos, esta, con seguridad, no es la obra adecuada.

Firmado: Magdalena López

viernes, 20 de enero de 2017

Reseña Interruptus. Robert Galbraith: El gusano de seda

Idioma original: inglés
Título original: The silkworm
Año de publicación: 2014
Traducción: Gemma Rovira
Valoración: Repelo Muggletum

Mirad: antes de entrar en materia no puedo evitar sumirme en una pequeña reflexión: ¿por qué, si Robert Galbraith es un sinónimo de J.K. Rowling, esa circunstancia está siendo divulgada, de hecho, es la primera frase en el perfil del autor en la solapa? ¿a qué jugamos? ¿a alter-egos, a antifaces que apenas le cubren a uno la cara pero dan el morbillo de ocultar los rasgos? Es obvio que J. K. Rowling no necesita dinero, pero ¿es que la agobia la inseguridad de obtener el mismo éxito en otras voces, en otros ámbitos? Puede que sea una cuestión de ego, puede (oh, me encantaría este concepto) que su pulsión creativa sea tan intensa que considere injusto (cualquiera que escriba aunque sea una línea en un comentario debería sentirse así) dejar que el mundo ignore lo que pasa por su cabeza. No sirva de crítica: sirva este comentario para compartir mi extrañeza. Con su fortuna, con su influencia, podría haber mantenido su anonimato y ver si este tal Galbraith pudiera ser, por puro mérito literario, un triunfador. Puede que sea su caché, y que la editorial haya necesitado recurrir a filtrar el dato por si el libro (como otras decenas de miles) pasara desapercibido.

Soy J. K. Rowling y voy a escribir uno (ya van tres) de esos libros que van a alejarme de ese estereotipo que me ha hecho inmensamente rica, voy a demostrarle al mundo que soy válida en otro registro. Pero sin pasarme: sé que nadie se creerá una nueva guisa demasiado sofisticada. No seré DeLillo ni Pynchon, tampoco Welsh o Amis. ¿Y si soy la nueva Stieg Larsson?

Bien; esto es un hándicap. Es un error esa elección. Puede que sea lo que le pide el cuerpo. Más libre que ella, más rica que sus editores y que muchísima gente, esa es una elección libre pero que no la va a llevar a los niveles de Harry Potter. Como si no fuera capaz de ser escritora para adultos, cosa que les pasa a unos cuantos, y no pasa nada. Comtadmelo a mí: soy padre de dos potterheads. Que no se tomarán nada bien que yo declare tan contundentemente que, fuera de su hábitat natural, Rowling/Galbraith se muestra tan poco convincente que nada me empuja a, superadas mis 70 potestativas páginas de oportunidad a un libro, tener la mínima voluntad de adentrarme a las que restan, que son más de 400. Sí: sin el respaldo del nombre, esta novela, de haberse publicado, sería carne de cajón de rebajas, de mesa de remate a 5 euros y de estante olvidado de librería de antiguo. No lo toméis, incondicionales, como un sacrilegio. Si en la vida uno tarde o temprano ha de comprender qué es lo que sabe hacer bien.
Y algo similar debe haber interpretado la autora. Después de varios años, parece que la saga va a contar con algunas entregas adicionales.

jueves, 19 de enero de 2017

Ismaíl Kadare: La muñeca

Idioma original: albanés
Título original: Kukulla
Traductora: María Roces Gonzále
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien 

Ismaíl Kadare es uno de esos escritores que aparecen siempre en las quinielas del Nobel; todos los años está en mi lista personal, por lo menos, y me parece que sería un gran candidato, aunque quizás consideraciones políticas (su posición dudosa en relación con la dictadura de Hoxhá) le alejen del Premio. Ya ganó, mientras tanto, el Premio Príncipe de Asturias, lo que le valió unos comentarios poco simpáticos por parte de Sánchez-Dragó que dejaron en ridículo... a Sánchez-Dragó.

Pero a lo que iba: Ismaíl Kadaré es un gran escritor, de la talla de los más elegantes y sorprendentes narradores contemporáneos; quizás por eso me ha decepcionado un poco esta novela / memoria, en la que se notan algunos de los ragos personales del escritor, pero a la que le falta, creo, algo de poso y desarrollo.

Esta obra narra una serie de episodios en la vida de la familia del escritor (hasta qué punto sean episodios reales o novelados no lo sé, y tampoco sé si importa mucho), empezando por el matrimonio improbable entre sus padres, de familias enfrentadas: los Dori y los Kadaré. A este matrimonio siguen largos años de enfrentamiento larvado entre la madre ("la muñeca") y su suegra, con el padre como juez que nunca llega a dictar sentencia sobre el conflicto; y después saltamos a algunas escenas de la juventud del escritor, sus primeros éxitos, sus inseguridades y su arrogancia infantil, siempre con la figura de la madre como eje estructurador (aunque sutil) del relato.

Como decía, en La muñeca encontramos algunos rasgos que son típicos de la obra de Kadaré: los ambientes misteriosos de una Albania medieval y contemporánea al mismo tiempo; la ambigüedad con la que retrata personajes y situaciones, en particular la figura de "la muñeca", de la que no llegamos a saber si es tan frágil o tan ingenua como pretende aparentar; o la forma aparentemente espontánea, laberíntica que adoptan los textos de Kadaré (y en esto me recordaba particularmente a El accidente).

Y sin embargo, como también decía, me parece que esta es una obra pequeña, en extensión y en profundidad, que podría formar un capítulo de un libro más extenso de memorias, pero que tomado por sí solo no ha terminado de satisfacerme. Es un libro que apunta temas, personajes y anécdotas, pero no acaba de desarrollarlos: no hay duda de que el padre, "el gran Reformador" que está siempre planeando obras en la casa familiar, o la suegra, o la propia "muñeca", podrían haber dado origen a muchas más páginas divertidas, inquietantes o melancólicas. Pero quedan en cierto modo truncados, porque los vemos aparecer en el libro, y ganar consistencia, pero luego desaparecen y el texto pasa a otra cosa, a otros ambientes, a otros temas.

No cabe duda de que unas memorias de Kadaré serían un libro que haría salivar a muchos, entre otras cosas porque sería la ocasión para que el escritor diese su versión sobre los años de comunismo y dictadura en Albania. En ese sentido, La muñeca puede ser un aperitivo o un teaser (como se dice ahora). Habrá que esperar para ver, si los hay, los futuros desarrollos de estas memorias posibles.

También de Ismaíl Kadaré en Un libro al día: El cercoAbril quebradoEl palacio de los sueñosEl accidenteRéquiem por Linda B, La pirámide

miércoles, 18 de enero de 2017

Pedro Ugarte: Nuestra historia

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable

Un libro de relatos de un escritor de Bilbao titulado "Nuestra historia"... ¿Estamos ante otro libro sobre "el conflicto vasco", sobre ETA, los GAL o la madre que los parió? Afortunadamente, ¡NO!

Estamos ante lo que podría ser mi historia, tu historia, la historia de tu vecino del quinto izquierda, la historia de cualquiera de nosotros siempre (o preferentemente) que el sujeto protagonista de la historia tenga entre, pongamos, 35 y 50 años.

Porque los relatos que componen "Nuestra historia" hablan de personas atadas y agobiadas por hipotecas de todo tipo (obviamente, la hipoteca del piso, pero también hipotecas familiares, laborales, conyugales, etc), de personas en un equilibrio precario en casi todos los ámbitos de su vida, de los miedos de una generación (al fracaso, a la pérdida de algo, aunque sea tenue, a lo que aferrarse), de sucesos cotidianos que le ocurren a tipos corrientes, unos sucesos aparentemente anodinos, pero que ocultan o velan algo más profundo...

Diez relatos con una temática común, como ya hemos dicho, y con un protagonista que en todos ellos se llama Jorge, dando a entender que cualquiera puede ser uno de esos Jorge y a que cualquier Jorge le puede ocurrir lo que sucede en cualquiera de los relatos. Me resulta difícil creer que alguien que lea el libro no se sienta identificado con uno solo de los relatos de "Nuestra historia".

Diez relatos escritos con un lenguaje muy cuidado, de una manera "clásica", con los que Ugarte demuestra que no son necesarios sorpresas finales, golpes de efecto ni nada por el estilo para hacer buenos cuentos. "Solo" con la vida que pasa ante sus ojos y una mirada serena y lúcida es suficiente. ¡Qué fácil parece!

De los diez relatos, me quedo con los más breves. El comienzo es de lo más prometedor. "Días de mala suerte" y "Verónica y los dones" ponen el listón muy alto. Parece que Ugarte hubiera gastado toda la pólvora en estos relatos. Pero nada de eso. Aunque los tres siguientes relatos no llegan, en mi opinión, al nivel de estos dos, no hay ninguno prescindible. De hecho, la segunda mitad del libro, desde "Mi amigo Bóhm-Bawerk" en adelante, vuelve a estar, en general, a muy buen nivel, con mención especial para "El hombre del cartapacio".

Sé que estamos casi a comienzos de 2017, pero tengo claro que "Nuestra historia" estará, seguramente, en la lista de mis mejores lecturas del año. Ahora, ¿por qué no ha aparecido en casi ninguna de la miles de listas de "lo mejor de 2016"?

También de Pedro Ugarte en ULAD: El país del dinero

martes, 17 de enero de 2017

Joyce Carol Oates: Rey de Picas

Idioma original: inglés
Título original: Jack of Spades. A Tale of Suspense
Año de publicación: 2015
Traducción: José Luis López Muñoz
Valoración: está bien

Vamos a realizar un ejercicio de memoria literaria, amigos y compañeros ULADianos: ¿de qué escritor creéis que puede ser el siguiente argumento?: un exitoso autor de novelas de misterio mainstream escribe también otras más "cañeras" utilizando un pseudónimo, hasta que comienza a plantearse dejar de hacerlo, momento en el que ese pseudónimo parece cobrar vida propia y a interferir en la vida del escritor real. No, Koldo, no es de Proust, vaya idea... ¿Qué dices, Santi? ¡No, hombre, no... menuda obsesión con Murakami! ¿A nadie se le ocurre algo más plausible? A ver: oigo una voz que llega desde la lejanía... parece la de nuestra añorada Izas... ¿Cómo dices? ¡Exacto, gracias, Izas; sabía que podía confiar en ti: es el argumento de una novela de Stephen King! Por concretar, es el de La mitad oscura, una de las más interesantes, en mi opinión (aunque tampoco soy un experto) del autor de Maine y que escribió, precisamente, a raíz de su renuncia al pseudónimo que utilizaba, Richard Bachman. Pues así es también en esta novela de Joyce Carol Oates el inicio, al menos, de la trama, aunque luego cambie con respecto a la de King. De hecho, la cosa se complica cuando aparece una lectora chiflada de los libros del escritor que...

_ ¡Espera, esa sí que me la sé: es Misery!

_ Sí, bueno, también sale aquí algo que tiene que ver con Misery, aunque la novela no va por ahí... pero es cierto que las referencias a Stephen King son constantes desde la primera página, hasta casi convertirlo en un personaje más... Incluso se diría que Oates se trae bastante coña marinera cierto juego metaliterario a su costa (de hecho, aunque ignoro cuales son las relaciones personales entre ambos autores norteamericanos, casi parece que Rey de Picas constituye una especie de broma privada entre ambos. "¡Oye, Steve, te apuesto lo que quieras a que soy capaz de escribir una novela de las tuyas mejor que tú, incluso a partir de uno de tus argumentos!" "No te lo crees ni tú, Joyce... venga, vale, y el que pierda paga el six-pack de Miller que nos estamos bebiendo..."). Por lo demás, la sorna de Oates no se limita a sus referencias a colegas literatos reales -no sólo King- , sino que se ceba, a lo largo de toda la novela, en el protagonista, Andrew J. Rush, como ya he mencionado un exitoso autor de novelas de misterio "blanditas", esposo, padre y ciudadano ejemplar -o así se ve él mismo-, adalid de la corrección política y de la tranquila vida campestre, pero que parece ocultar un Mr. Hyde en su interior.

Y hasta aquí puede leer (es decir, escribir) para no estropearle la trama a nadie. Simplemente, debo avisar que se complica bastante... aunque tal vez no tanto como sería de desear. Me explico: la novela está escrita con la eficacia y hasta excelencia estilística que cabe esperar de tan insigne autora. Bien. La trama, aun no partiendo, ya digo, de un presupuesto original suyo, se va complicando de forma gradual, e incluso a su favor hay que decir que Oates sabe cómo introducir esas "complicaciones" de forma sutil, sugiriendo de manera exquisita lo que luego va a ir ocurriendo a lo largo de la historia; estupendo, también... Pero llega un momento en el que, quizás debido a la idea de mantener la narración dentro de los límites de una novela corta, la autora se decide por el camino más obvio, por no decir "fácil" (este adjetivo, con todo el entrecomillado del mundo), hurtando a los lectores la posibilidad de disfrutar de todo un novelón del género de suspense o thriller psicológico que podía haber sido este libro y limitándose a dejarlo en una especie de divertimento metaliterario, un guiño cómplice hacia sus colegas escritores y a los lectores más avisados. Porque, eso sí, lo "metaliterario" está presente en todo momento en esta novela y no sólo como referencia a otros autores o libros, sino con la inclusión de temas cuyo mayor desarrollo quizás habría tenido su interés: las vicisitudes de la creación literaria, el peligro de caer en el plagio, la dislocación personal que puede suponer dedicarse al oficio de escritor, etc...

No conozco tan bien la obra de Joyce Carol Oates (y a ver quíén: 50 novelas, 400 cuentos, no sé cuántos libros de otros géneros...) como para saber si sus lectores habituales estarán complacidos o decepcionados con esta novela. A mí me ha dejado más bien tibio. Ahora bien, estoy dispuesto a insistir con esta autora, una de las candidatas habituales al Nobel, a ver si cuando se lo den me pillan siendo ya un experto y puedo lucirme... Aunque, entre nosotros, si yo fuese el mandamás de la Academia Sueca de marras, a quien se lo concedería sería a Stephen King, ¡que eso sí que sería un puntazo! ; )


Otras obras de Joyce Carol Oates reseñadas en Un Libro Al Día: Puro fuegoViolación: Una historia de amor

lunes, 16 de enero de 2017

Stephen Witt: Cómo dejamos de pagar por la música

Idioma original: inglés
Título original: How Music Got Free
Año de publicación: 2015
Traducción: Damià Alou
Valoración: muy interesante

Entre pagar 18 o 20 euros por un CD que, a lo mejor, acaba no gustándote del todo, o bajártelo gratis para oírlo mientras decides dejarlo morirse o no en los abismos de un disco duro no parece haber color. Entre oír una tras otra las canciones que más te gustan de unos cuantos artistas o tragar una tras otra canciones de relleno porque el artista de turno quiere demostrar que es capaz de agotar los 74 minutos de un CD metiendo lo que sea (silencio, remezclas, versiones, descartes, demos) tampoco hay demasiada duda.
El título del libro lo dice: una serie de hechos lo hicieron posible.
Todo ello tiene unos cuantos responsables, claro. Y hay que señalarlos y echarles la culpa de todo: de tiendas cerradas y pérdida de puestas de trabajo y deterioro de la calidad y confinamiento de la música (ese arte sagrado que expresa lo que el silencio no puede expresar y bla bla bla) a mero fondo sonoro útil para cualquier otra actividad. Ese proceso no se gestó en poco tiempo ni en un solo lugar. Una vez la cosa fraguó, fue rapidísimo, claro. Dejad la puerta del supermercado abierta y decidle a la gente que entre y tome lo que quiera sin pagar. Claro que fue rápido, y llámese eMule o Kazaa o BitTorrent o Megaupload el fenómeno de las descargas ilegales se expandió y el golpe asestado es un golpe del que la industria del entretenimiento no va a reponerse. 
Stephen Witt sitúa tres escenarios para esta crónica/reportaje que se lee, no es broma, como una especie de novela de suspense. El tecnológico, con Karlheinz Brandenburg, ingeniero alemán que lucha contra sus competidores por imponer su standard de compresión de archivos sonoros, aquel que garantice máxima fidelidad con menor tamaño de fichero a almacenar o transportar por la red. Triunfando: mp3 no sé si la RAE lo habrá aceptado, pero buscadme al guapo que no sabe qué es. El empresarial, con Doug Morris, un ejecutivo voraz por el cobro del bonus y de las stock options que cierra el círculo: gestionar una empresa de forma que él pueda obtener el provecho que necesita. A cualquier precio, y por supuesto el factor calidad artística es un obstáculo fácilmente evitable. Y el mundano, con Dell Glover, operario en la cadena de distribución de CDs que descubre una buena manera de ganarse un sobresueldo: filtrar las novedades de forma que estén disponibles en la red antes que en las tiendas. Un trabajo adictivo y casi teñido de romanticismo. El Robin Hood que democratiza el acceso al arte. Cualquiera  sabe de sobra cuál es el destino de cada uno de estos factores y Witt se guarda muy hábilmente de emitir o inducir un juicio de valor o una opinión, porque por mucho que nos quejemos sabemos cuál es el resultado: sólo un obsesivo de la nostalgia puede afirmar que la música no se disfruta actualmente en MP3, AAC u OGG. Sólo un snob insoportable puede pensar que era mejor un mundo con la gente gastándose su poco dinero en enriquecer a tipos como Morris o conseguir que Madonna o las stars de turno hicieran más grandes y ostentosas sus mansiones con piscinas en forma de riñón.
Los efectos colaterales de ello todo el mundo parece aceptarlos tranquilamente. Las compañías han sido avariciosas y eso llamado mercado que justifica desde los desahucios hasta el ostracismo para muchas buenas iniciativas les ha propinado un uppercut. La tecnología se ha llevado por delante incluso a quienes pretendían dosificar sus hallazgos. Witt triunfa gestionando los tempos y parece ser capaz de escribir con igual maestría de la deriva de los continentes o del devenir de la liga de fútbol. Uno de los ensayos más fascinantes sobre los cambios bruscos a los que nos ha llevado la tecnología, y cómo nos hemos adaptado tanto que ya no concebimos el mundo sin ellos. 

domingo, 15 de enero de 2017

Siri Hustvedt: El hechizo de Lily Dahl

Idioma original: inglés
Título original: The Enchantment of Lily Dahl
Año de publicación: 1996
Traducción: Gian Castelli Gair
Valoración: recomendable para fans

Escritora de amplia riqueza cultural y multidisciplinar, con grandes intereses que abarcan no sólo la literatura sino también el arte y la psicología, Siri Husvedt mantiene a lo largo de su obra ciertos elementos ya característicos en ella. Así, tal y como ocurría en la anterior (y primera) novela de Siri Hustvedt "Los ojos vendados", las inquietudes principales de la autora siguen girando alrededor del comportamiento humano en lo tocante al deseo y al misterio existente en las relaciones entre personas, añadiendo pinceladas (y nunca mejor dicho) de tipo artístico.

En el libro que nos ocupa, la autora nos ubica en Webster (Minnesota), un pequeño pueblo en cuyo bar trabaja Lily Dahl, una joven camarera de carácter fuerte, luchador y atrevido. Sin mucha más distracción que el chismorreo y la habladuría, la vida sosegada, tranquila y monótona de los habitantes del pueblo se ve alterada por la llegada de Edward Shapiro, un artista de Nueva York que llega al pueblo para elaborar una obra pictórica algo particular. La obra consiste en la realización de retratos que contienen las historias personales de los modelos expuestos en los cuadros. Para poder pintar los lienzos, el autor necesita conversar durante horas con las personas a retratar para poder plasmar sobre la tela los sentimientos que se albergan en su interior y su auténtica personalidad. Asimismo, además del propio retrato, el autor pinta en el cuadro pequeñas viñetas con la historia de esa persona. De esta manera, diferentes habitantes del pueblo pasan ratos conversando con el pintor (conversaciones de las que se nos mantiene al margen) y empiezan a surgir una serie de rumores y misterios que copan el primer lugar en los chismorreos de sus habitantes.

Narrada desde el punto de vista de la joven Lily, la autora nos descubre como el carácter reservado de Ed despierta sus sentimientos y como se ve atraída no únicamente por su presencia sino por su carácter misterioso. Este hecho provoca un cambio en su personalidad  y actitud respecto a su propia vida de manera que empieza a cuestionarse su forma de afrontarla. Pero la aparición de Ed y sus retratos no únicamente afectan a Lily sino que, de igual manera, provocan la alteración de la vida cuotidiana del resto de los habitantes de forma que empiezan a sucederse un conjunto de situaciones extrañas donde se ven implicados de una manera u otra ya que el deseo, los celos y la personalidad extraña de alguno de los habituales clientes del bar se hacen presentes en la historia. Así, empezamos a descubrir las rarezas y detalles de ellos en una novela con cierto punto macabro, donde las escenas oníricas y visiones sufridas aportan misterio y oscuridad a la historia.

Al analizar esta novela en relación con el conjunto libros de la autora, los lectores que cuenten con Siri Hustvedt entre sus autoras favoritas sabrán que hay elementos de su literatura que son recurrentes a lo largo de su obra: el poder de los personajes femeninos, su visión sobre los hombres, anhelos e inseguridades. En línea continuista con su primera novela, la autora sigue indagando sobre el deseo y las relaciones personales añadiendo en este libro elementos de misterio algunos de los cuales aparecerán de nuevo con más profundidad en "Todo cuanto amé" aunque en otra forma, sustituyendo las pequeñas viñetas por maquetas de viviendas.

En cuanto a la valoración, desafortunadamente y muy a mi pesar, no puede ser más positiva ya que el libro avanza demasiado en el camino del misterio y se pierde entre tanto elemento onírico y surrealista, especialmente en su parte final. Únicamente en algunas ocasiones alcanza un nivel suficientemente alto para atraer la lectura de un lector que no sea un fan incondicional de la autora. Por contra, los seguidores de la obra de Hustvedt, y a pesar de que este libro no llega a la calidad del resto, sí encontrarán algunos elementos destacables que les permitirá constatar la evolución de la autora desde estos inicios algo titubeantes hasta la gran escritora que es en la actualidad.

sábado, 14 de enero de 2017

Gabriel Miró: Las cerezas del cementerio

Idioma original: español
Año de publicación: 1.910
Valoración: Está bien

No hace mucho tiempo comentaba cómo Max Aub se había quedado en tierra de nadie, ensombrecido por la generación del 98 y el grupo del 27. Algo parecido le ocurre a Gabriel Miró, figura siempre descolocada, como a rebufo de los grandes popes de las letras españolas y, como dice en su introducción Vázquez-Rial, ‘salvo excepciones, la permanencia de un autor en la historia de la literatura depende de su instalación en la sociedad literaria de su tiempo’. O sea, que el que no queda asignado a una generación o grupo concreto, lo tiene bastante crudo para fijarse en los libros de literatura. Por si fuera poco, parece que Ortega y Gasset crucificó desde el punto de vista artístico al pobre Miró, y de nada sirvió que Valle y algún otro salieran en su defensa, porque entonces Ortega era mucho Ortega. En definitiva, yo creo que lo que le pasa a don Gabriel es que es más modernista que noventayochista y, sobre todo, más poeta que novelista, como vamos a comprobar a continuación.

En ‘Las cerezas del cementerio’ no ocurre realmente casi nada, al menos nada interesante, lo cual ya sabemos que no tiene por qué ser un problema, siempre que a cambio se ofrezcan otras cosas. La pequeña historia la protagoniza un tal Félix, un jovencito enamoradizo que parece la caricatura almibarada del joven Werther. En una travesía en barco, el chico queda prendado de una bella treintañera, lo que no tendría nada de particular, si no fuera porque también siente cosquillitas cuando piensa en la hija adolescente de su amada. Y algo parecido le pasará con otra mujer que encuentra en un tren, o con su prima Isabel, con la que se reencuentra en el pueblo. Pero ¿qué le pasa a este muchacho? ¿estamos acaso ante la figura, tan poco frecuente en la literatura española de la época, de un depredador sexual? Pues no. En efecto, Félix se ve tocado por el rayo del amor casi a cada paso, pero es que todo lo que le rodea le genera un impulso irresistible al disfrute y la admiración: un amanecer, los campos de cereales, las recias casas de los labriegos, todo es éxtasis vital, el chico fundido felizmente con la creación (o claro candidato a una buena depresión, que también).

Precisamente es este derroche lo que Miró maneja con maestría. Todo en el relato son emociones, aromas, colores, todo un despliegue sensorial en el que el enamoramiento permanente constituye un eje que vertebra y ayuda a explicar lo demás; pero tampoco es del todo (ni principalmente, creo yo) una historia de amores, como pudiera parecer. Desde luego, la técnica de Miró se ajusta a la perfección al contenido, con un diluvio de figuras retóricas, tropos, superlativos, y una riqueza léxica que, dejando a un lado a Valle-Inclán, no recuerdo haber visto jamás. Y además deja algunas imágenes excepcionalmente dibujadas, como ésta de la sombra de un carruaje, que me permito transcribir:

‘Las luces de gas sacaban un estrecho espectro de la bestia del carruaje; lo tendían en la tierra y en las paredes, lo doblaban, lo arrugaban entre las jambas, canales y fenestras, y lo hundían en los hoscos portales’

Tampoco voy a negar que toda esta artillería literaria puede resultar excesivamente abrumadora, en especial en las primeras páginas, cuando todavía no hemos cogido el pulso a la novela. Pero si nos ponemos a buscar una simbiosis lógica entre forma y contenido, no podemos encontrar nada más conseguido.

No obstante, al margen de esta borrachera estilística, hay que admitir que el relato encalla sin que el autor parezca saber por dónde salir, se vuelve un círculo cerrado que se va agotando en sí mismo, y no se ve a dónde conduce lo ya conocido. Por el camino se queda la oscura historia del tío Guillermo (que acaba siendo una especie de muy cuestionable mcguffin) o las fantasmales apariciones de un asesino, todo lo cual, lejos de darle a la narración la entidad que se esperaba, queda como adornos superfluos que ni se desarrollan ni terminamos de entender qué pintan. Ni siquiera la previsible metáfora que da título al libro se explota con todas sus consecuencias. Al final, todo se resuelve en dos o tres páginas, un final atropellado en el que se presenta el montón de cosas que antes no habían ocurrido.

O sea, que sí, que don Gabriel escribía muy bien a su estilo y dominaba el léxico de forma apabullante, pero la verdad es que plantea una historia un poco tontorrona en la que no supo profundizar, ni fue capaz de darle un esqueleto argumental interesante o un desenlace que suscite el interés. Así que se queda uno con la sensación de fuegos artificiales, despliegue de medios técnicos ilimitados, pero sin eso que a veces he llamado chicha, enjundia, peso, nada que nos haga la novela un poquito inolvidable.

Y, pese a todo, igual es un tipo de literatura que conviene conocer y admirar por las cualidades que sí tiene.


viernes, 13 de enero de 2017

Edmundo Paz Soldán: Las visiones

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Bastante recomendable

Ponga en una olla una pizca de García Márquez, unas gotas de Orwell, una cucharada de Huxley y un pellizco de Philip K. Dick. Remueva durante unos minutos hasta que todos los ingredientes se hayan dorado. Pase la mezcla por la batidora y vierta el resultante en un montón de hojas en blanco. 

Si sois capaces de imaginar algo así, os podréis hacer una idea muy aproximada de lo que son las historias que componen "Las visiones".

Se trata de 14 relatos del género fantástico o ciencia-ficción, en los que hay mucha más ficción que ciencia, que ponen sobre la mesa una serie de temas de corte político o social. O, mejor dicho, el "continente" es ciencia-ficción pero el "contenido" es absolutamente real. Ambientados en un mundo ficticio (¿el futuro tal vez?), los temas son tan reales, tan vigentes como la violencia, la religión, el control social, el control mental, las drogas, los efectos del colonialismo, etc.

A modo de ejemplo: un relato sobre un juez que tiene visiones con personas por él condenadas, otro sobre hombres perdidos entre las ruinas de templos abandonados en la selva y que comparten, en cierto modo, un pasado común del que pretenden huir, otro en el que el protagonista es un sucedáneo del doctor Menegle experto en guerra lisérgica, otro sobre la convivencia (es un decir) entre humanos y replicantes al más puro estilo Blade Runner, etc.

La verdad, lo confieso, es que no soy demasiado aficionado a la ciencia-ficción. Pero el enfoque que da Paz Soldán a los relatos, además de ser tremendamente personal, es sumamente atrayente y original. Merece la pena acercarse a su particular universo.

Y ya puestos a recomendar otros libros de Paz Soldán, me atrevo a sugerir "Iris", su anterior novela. Y lo hago porque, pese a no haberla leído, los relatos de "Las visiones" son una extensión, en cuanto a temas y ambientes, de "Iris". Y si "Las visiones" es un muy buen libro, "Iris" imagino que no le andará a la zaga.

Aunque también podéis leer otros libros de Paz Soldán ya reseñados en ULAD, como Billie Ruth

jueves, 12 de enero de 2017

Carmelo Sardo/Giuseppe Grassonelli: Malerba. Vida a muerte en Sicilia

Idioma original: español
Título original: Malerba
Traducción: Nicolás Pastor
Año de publicación: 2015
Valoración: bastante recomendable

Malerba está más cerca de Una educación siberiana que de Gomorra. Podría mencionarse alguna de las obras más descarnadas de Edward Bunker por su veraz sentido de la realidad, pero diría que Bunker se sentía más orgulloso de su pasado criminal, y que Grassonelli, quizás narrador más joven y con alguna esperanza, apela al arrepentimiento como opción. No prioritaria, pero opción. 
Curioso: en esa narración puntillosa hay más detalles, más especificidad, de los encuentros sexuales que de los crímenes. Será cosa del vitalismo. Veinte años sin sexo, dice Antonio, con mucha claridad, y no queda tan fresco en el recuerdo que haya sido tan franco al lamentarse sobre veinte años sin libertad. Grassonelli elige para su narración, suponemos que por seguridad  y para alterar lo suficiente la realidad, ese álter ego. Un adolescente que ha crecido en un entorno (sobre el que será consciente de manera tardía) donde delinquir es algo habitual y casi necesario en la supervivencia. Robar, participar en peleas, elegir a alguien débil para ridiculizarlo, una especie de extremadamente cruel selección natural opera en su entorno. Y Malerba, mote adecuado (mala hierba) despunta ahí. Sin responder a organización ni jerarquía sus delitos van viento en popa. El más destacado, desplumar a las cartas a cualquier incauto que se cruce en su camino. O sea, trilerismo a gran nivel en partidas donde los jugadores pueden dejarse dinero a raudales, vehículos, o contraer deudas con gente muy poco recomendable. Malerba quiere ir por libre en una sociedad donde el crimen también es una institución de reglas muy estrictas. Y donde las diferencias se dirimen a toque de plomo. Así que Malerba se ve envuelto en una batalla contra la Cosa Nostra, batalla que involucra a su familia y donde, previsiblemente, sale perdiendo. Hay muertos en su familia y Malerba empleará todo su tiempo y sus recursos en tramar una venganza.
Curioso, #2: el Antonio en que se escuda Grassonelli evita en todo momento demasiada concreción o atisbo de colaboración con la estricta justicia italiana. No es que se arrepienta de sus delitos, sino que reivindica su derecho a ser un criminal por libre, sin organización detrás, sin una jerarquía paralela que se constituya en otro estado vampírico, en una trama piramidal de protecciones y comisiones. Como una especie de reivindicación del artesanado contra la producción industrial. Porque esto parece ser de lo que va Malerba: de un joven gobernado por las hormonas que busca su lugar en el mundo dentro del papel que le ha tocado representar, de una especie de rebelde que lucha por superar los errores del pasado sin que vea necesidad de borrarlos. Con ingenuidad y con tozudez, pero con una convicción que deja huella.

miércoles, 11 de enero de 2017

Antonio Soler: Apóstoles y asesinos

Idioma: español
Año de publicación: 2016
Valoración: bastante recomendable (sobre todo para interesados)

Dentro del santoral anarquista hispano destaca en un lugar prominente la figura de Salvador Seguí, llamado el Noi del Sucre, debido en gran medida a su trágico final, pero sobre todo por ser uno de los líderes sindicales más influyentes de hace casi un siglo, en los primeros tiempos de la CNT (también de los más discutidos en su época, aunque por lo que se refiere a las diatribas entre las diferentes familias y concepciones del anarquismo, parece que es algo que ha ido mutando y sobreviviendo al paso del tiempo).

El Noi del Sucre fue asesinado en marzo de 1923, a los 36 años de edad. Este libro, que podríamos denominar como una "biografía novelada", aunque en realidad es bastante más que eso, recorre toda su vida, desde su nacimiento en un pequeño pueblo leridano, del que salió en su niñez para ir a Barcelona. No obstante, la narración se centra sobre todo en los últimos años de su vida, cuando la CNT se había convertido en una de las principales fuerzas sindicales de España y, desde luego, la primera de Cataluña. En consecuencia, a partir de la huelga general de 1917 y, sobre todo, del éxito de la huelga de La Canadiense de 1919, los cenetistas barceloneses deben lidiar no sólo con la represión por parte de las fuerzas de orden público, sino también con la violencia por parte de los parapoliciales somatenes y los pistoleros de la patronal o del "amarillo" Sindicato Libre. Y, por otra parte, vérselas con los elementos más radicales del anarquismo, que no dudaban en recurrir a las pistolas y las bombas para defender sus posiciones. Por hacernos una idea: entre 1918 y 1923, cuando se impone la dictadura de Primo de Rivera, en Barcelona y alrededores se produjeron, según una estimación conservadora, más de 350 muertes violentas -aunque algunos atentados mortales tuvieron lugar en otras ciudades, como el que acabó con la vida del propio presidente del gobierno, Eduardo Dato-; lo cierto es que el libro puede leerse, en gran medida, como una novela de gángters o la crónica de una guerra mafiosa, que resultaría de lo más amena sino fuese porque, además de que hablamos de asesinatos reales, sabemos hoy que constituyó un antecedente claro del desquiciamiento posterior: no sólo la dictadura de Primo de Rivera ya mencionada, sino también de la Guerra Civil y la represión por parte del régimen franquista posterior.

Y eso que debemos resaltar el rigor y la sobriedad del estilo que el conocido novelista Antonio Soler le imprime a este libro; un estilo que, pese a lo truculento y hasta espectacular de alguno de sus pasajes, huye de cualquier efectismo gratuito y trata de centrarse -aunque sea inevitable recrear el ambiente y las circunstancias sociopolíticas de la época- en la figura carismática de Seguí y también en quienes le rodearon: su mujer Teresa, sus compañeros sindicalistas como su rival y luego cómplice Ángel Pestaña o Francesc Comas "Perones", que cayó junto a él; los amigos e interlocutores políticos, como fueron Francesc Layret y Lluís Companys, fundadores del Partit Republicà Català, asesinados también ambos (Companys en circunstancias aún más ominosas, si cabe). Igualmente tienen su lugar, como es lógico, sus adversarios, los perseguidores de la causa obrera: los siniestros jefes del pistolerismo, el ex-poliicía Bravo Padilla y el falso barón Koëning y los todavía más infames (en cuanto que abusadores del poder de sus cargos públicos) generales Martínez Anido -macabro administrador de la "Ley de Fugas"- y Miguel Arlegui. También, incluso, el asesino del Noi, un tal Inocencio Feced. Personajes todos que parecen más propios del género novelesco (y de hecho, ahí está más de una novela basada en ellos, como La verdad sobre el caso Savolta), pero que, para bien o para mal, fueron reales y forman parte de nuestra Historia.

Ya digo que pocas pegas se le pueden poner a este libro, escrito con gran rigor, honestidad y buen hacer literario (de hecho, no entiendo cómo hasta ahora no habíamos reseñado ningún título de este escritor... y soy el primero en entonar el mea culpa). La única que puedo ponerle no es, en verdad, responsabilidad de su autor, sino, en todo caso, del momento en que ha sido publicado y la percepción que un servidor tiene del mismo. Me explico: como ya ha señalado alguien antes que yo (suele suceder), estamos en un siglo en el que la literatura parece haber perdido interés por la ficción pura y se decanta más por lo "real" o por algún híbrido de la realidad, sea actual o histórica, con la narración... lo que podríamos llamar, en plan pedante, littérature vérité (por supuesto, es una percepción en gran medida falsa, siendo aún las novelas "puras" los libros más vendidos y leídos, aunque quizás no los títulos que suelen aparecer en los suplementos, las revistas culturales y los... ejem, blogs de aficionados al asunto); al ser una tendencia de gran predicamento en los últimos años, especialmente en las letras francesas, creo, libros como éste pueden acabar en el mismo saco que los de los epígonos de Emmanuel Carrère, por ejemplo y de esa forma, valga la paradoja, pasando más desapercibidos de lo que sin duda merecen. Esperemos que, al menos en este caso, no sea así.


martes, 10 de enero de 2017

J. R. Moehringer: El campeón ha vuelto

Idioma original: inglés
Título original: Resurrecting the Champ
Año de publicación: 1997
Traducción: Juanjo Estrella
Valoración: está bien

Publicado este año en nuestro país, más que considerarlo una novela, este libro es la publicación del artículo que J.R. Moehringer escribió en Los Ángeles Times en 1997. Narrado en primera persona, se trata de un trabajo de investigación llevado a cabo por el propio autor cuando trabajaba en el periódico. Nos cuenta sus inicios en el periodismo de investigación, en una etapa periodística donde se empezaba a valorar más la rapidez que el contenido. 

A través de una pista obtenida sobre un ex boxeador y aspirante en su día al título de campeón de boxeo, que está ya retirado y vive en la indigencia, el autor se dispone a hacer un artículo sobre su vida y cómo ha pasado de estar en la cima del deporte a la situación actual de pobreza y abandono. A raíz de las investigaciones realizadas, el autor consigue hallar "el Campeón" y establecer una relación con él más allá de la puramente periodística. De esta forma, ex-boxeador y periodista establecen una amistad mediante la comprensión mutua y la necesidad que tienen el uno del otro por causa de sus carencias afectivas. A través de esta amistad, va conociendo la personalidad del hombre mientras intenta por todos medios contrastar datos sobre la veracidad de su historia. Este análisis le permite tejer una complicidad y cogerle cariño a la persona más allá del personaje.

De esta manera, Moehringer nos detalla en primera persona sus reflexiones, no solo sobre la amistad y la necesidad de tener un referente en la vida, sino también sobre el periodismo. Así, en esta historia, ya vemos algunos tintes de la biografía del propio autor, explicando algún episodio de su infancia donde fue abandonado por su padre. Estos detalles sobre su pasado, a través de breves notas nostálgicas, serán la semilla que llevaría al autor a escribir posteriormente su brillante autobiografía "El bar de las grandes esperanzas" (reseñada también en este blog).

Libro interesante, aunque por su corta extensión y por la manera en la que está enfocado como artículo periodístico, no suscita más interés que el que tengamos por la evolución del periodismo de finales de siglo XX, así como por el propio autor y sus inicios como escritor y periodista.

También de J.R. Moehringer en ULAD: El bar de las grandes esperanzas, Open

lunes, 9 de enero de 2017

Colaboración: La casa y la isla de Ronaldo Menéndez

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: Recomendable

Con un humor negro afilado, Ronaldo Menéndez traza la historia de su propia generación a través de la vida de tres personajes que terminan por confluir en un caserón de Buenavista en La Habana.  A  lo largo del relato de los orígenes familiares de Anabela, Rebeca y el doctor Julio César Montalbán, sus nacimientos, pasos por la escuela, estudios en el preuniversitario de élite de la Revolución e incluso la participación de alguno de ellos en la guerra de Angola, se nos muestra una Cuba en la que no escasean los amigos delatores, la diáspora y las consecuentes disoluciones familiares, los racionamientos alimenticios (y etílicos), el idealismo juvenil, las jineteras, el mercado negro, la santería, la sexualidad adolescente, el rock, los freakies, los bajos fondos delincuenciales,  las desigualdades sociales y el racismo. Todos estos tópicos configuran el mapa de los últimos cuarenta años de un país al que hemos asistido por retazos a través de otras obras de Karla Suárez, Ángel Santiesteban, Leonardo Padura, Wendy Guerra, Amir Valle, Lorenzo Lunar, Pedro Juan Gutiérrez y Ena Lucía Portela por mencionar sólo algunos nombres de escritores cubanos que emergieron a finales de los años noventa. 

La lectura de esta historia, me hizo recordar esa otra novela de hace más de dos décadas escrita por Jesús Díaz, Las iniciales de la tierra. En ella, el autor desbrozaba la historia de un personaje con ecos autobiográficos bajo la excusa de un  informe de vida para una asamblea de trabajadores del partido. Y es que la narración de Menéndez es también, de cierta forma, una memoria confesional que estuvo marcada por los imperativos de la Revolución cubana. Entre uno y otro autor se cuenta al menos una generación de por medio y, sin embargo, el saldo final entre la fe inicial revolucionaria y el fracaso personal y colectivo resultante no es muy diferente. Si el protagonista de Díaz vivió la militarización de los años sesenta y la Zafra de los Diez Millones de 1970, los personajes principales de Menéndez testimonian la guerra internacionalista en Angola y la estampida del Mariel de 1980.

Más allá de la reunión de todos estos trazos epocales y de un maestría envidiable para concatenar tantas microhistorias sin golpes bajos y con mucha ironía, la mirada de Menéndez al abordar los años ochenta me resultó conmovedora. Hay, desde luego, un elemento de compatibilidad generacional para los que ya estamos sobre los cuarenta. Pero también, creo, hay la necesidad de rescatar una década cubana que prácticamente se ha visto invisibilizada por la atención mayoritaria que ha recibido la represión institucional que tuvo lugar en los setenta y la experiencia traumática del Período Especial en los noventa. Toda la recreación del grupo literario y de intervención urbana de El Establo, es al mismo tiempo entrañable y reveladora para entender un poco el presente de la isla. Se trató de jóvenes que hubiesen podido dirigir un cambio democrático en un contexto de apertura internacional como el de la glasnost y que terminaron devorados por los imperativos del sistema.

Es, precisamente, desde el lugar de una generación que no fue parte de la Revolución sino su consecuencia, que La casa y la isla es también una muestra del cansancio ante las fantasías utópicas poco solidarias y ajenas al día a día de los cubanos en la isla. Tal como advierte el personaje de Ronaldo: “Cuando uno le habla a esos tíos progres del primer mundo europeo, gente de izquierda que militó contra Franco o que incurrió en Mayo del 68, o a sus hijos neomaoístas o anarquistas o trotskistas o indignados, sobre nuestra hambre cubana de cada día enseguida te salen con el hambre de Somalia, de Bolivia o del Congo (…) Cuba es su sueño, aunque sea la pesadilla de tantos cubanos” .  En efecto, esta novela nos invita a prestar atención a lo que las últimas generaciones de cubanos tienen para decirnos.


Firmado: Magdalena López

También de Rolando Menéndez en ULAD: Rojo aceituna. Un viaje a la sombra del comunismo

domingo, 8 de enero de 2017

Edvard Munch: El friso de la vida

Idioma original: Noruego
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun y Kirsti Baggethun
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable para interesados

En 1844 Soren Kierkergaard escribió "El concepto de la angustia" y en 1893 Edvard Munch realizó lo que podría ser su representación pictórica en el archiconocido "El grito". "El grito" se inserta en "El friso de la vida (Livsfrisen)", ciclo pictórico realizado a partir de 1890 con una temática común (la Muerte, el Dolor, el Amor y la Angustia). De ahí la elección por parte de Nórdica de "El friso de la vida" como título para esta selección de textos del pintor.
Antes de nada, por si alguien anda despistado, recordar que Munch (1863-1944) fue un pintor noruego precursor del expresionismo. Formado en Amberes, París y Berlín, allí entró en contacto con Ibsen, Strindberg o Mallarmé, cuya influencia en su obra fue fundamental.

Munch escribió durante toda su vida sobre los más variados temas: reflexiones sobre el sentido y la esencia del arte, sobre el fundamento de su obra, textos de enorme carga lírica a medio camino entre la poesía en prosa o el microrrelato, diarios, etc. Sería conveniente que algunos de estos textos acompañaran a sus obras en museos y galerías para facilitar su comprensión, pero ese es otro tema. La temática de sus textos está profundamente marcada por la enfermedad, la locura y la muerte.  Esto obedece a sus antecedentes familiares y personales, debido a que su madre y su hermana fallecieron de turberculosis cuando Munch era apenas un niño y a que su padre era un hombre obsesivamente religioso, cercano a la locura. 

En cuanto a los textos que recoge el libro, estos se dividen en reflexiones sobre el arte, reflexiones sobre su obra, apuntes de sus diarios y un relato final, titulado "El gato blanco". 

Personalmente, destacaría las reflexiones sobre el arte (en general): ¿sirve el arte para algo?, ¿para qué?, ¿para cubrir esa necesidad de comunicación inherente al ser humano?, ¿para explicar el mundo?, ¿para explicar la vida?, ¿para conmover?. Más allá de las opiniones de Munch, esta parte plantea, en mi opinión, más preguntas de las que resuelve.

También resultan interesantes las reflexiones sobre su obra, sobre sus elecciones artísticas (expresionismo frente a impresionismo o realismo) y los textos que explican los motivos de algunos de sus cuadros. Mención aparte para la edición de Nórdica, con los textos y los cuadros del autor, una gozada.

En cuanto a los diarios, en ellos se ven las obsesiones ya comentadas del autor: la muerte, la angustia vital, el amor, etc. Estos textos están impregnados de una fuerte carga lírica y llenos de imágenes poderosas.

Quizá el relato final ("El gato blanco"), un relato cruel, sea lo más flojo del libro. 

Pero no importa. Quedémonos con el Munch pintor y con un libro sumamente atrayente para interesados en la vida y obra del noruego o en la pintura y el arte en general. Un verdadero descubrimiento.

sábado, 7 de enero de 2017

Svetlana Alexiévich: Últimos testigos

Idioma original: ruso
Título original: Poslednie svidételi. Solo dliá détskogo gólosa
Año de publicación: 2013
Traducción: Ioulia Dobrovolskaia / Zahara García González
Valoración: escalofriantemente imprescindible

Igual podríamos tener suerte, si la gente de Debate elige unos cuantos políticos para hacerles llegar una copia de este libro. No es que espere el milagro de convencerles de que trabajen a fondo en lo de acabar con la corrupción, o de que respeten, al menos, una décima parte de las promesas con las que obtienen sus votos. Eso ya hay que darlo por perdido. Se trata de que reflexionen acerca de lo que significa ser capaz de determinar el destino de la gente de a pie con sus decisiones. Como la de embarcar a un país en una guerra. O acerca de ese tentador recurso de llamar nazi a cualquiera a la que una discusión sube de tono. A ésos en concreto, a los que usan fotos de celebraciones nazis para compararlas con manifestaciones pacíficas, les diría que tomen esta excelente obra, Últimos testigos, y la abran al azar por cualquier página, y lean al azar cualquier párrafo, y se encontrarán con lo que los nazis de verdad hacían. No me hagáis aportar a mí algún extracto del texto, porque los hay de bastante truculentos, y ya es suficiente con leerlos una vez como para recrearse. Porque que esto quede solamente siete décadas atrás (y que, por tanto, muchos de sus protagonistas a cada bando hayan desaparecido) es un importante y espeluznante detalle. Muy posiblemente la cuestión de la obediencia debida o el pretexto de esa especie de locura colectiva sea un factor más. Pero los testimonios de este libro, al margen de, en su mayoría, lamentarse y sufrir con la rememoración de los hechos, no son algo de lo que la humanidad pueda darse el lujo de prescindir.
Los nazis, pasándose el acuerdo Ribbentrop-Molotov por el forro de los caprichos, invaden la URSS. Junio de 1941. Aviación, infantería precedida por los siniestros batallones punitivos, implantación del nuevo orden, represalias, crueldad casi imposible de reproducir, de forma individual y colectiva, castigos espeluznantes y arbitrarios, por la mínima nimiedad, sometimiento al capricho más azaroso (el derivado de considerar al pueblo soviético como infrahumanos y despenalizar cualquier barbarie que se les perpetre, y se perpetran un montón). Y los testimonios son adultos que eran niños en 1941, que han sobrevivido hasta que Svetlana Alexiévich ha acudido a entrevistarlos y a transcribir sus palabras. Huérfanos a los que el conflicto despojó de su padre o de su madre o de los dos. En el frente, en la resistencia, fruto del delirio asesino, de un bombardeo, de un capricho de algún loco uniformado, Difícil habrá resultado hacerlo, pues aventuro que en la confección de esta obra se han vertido muchas lágrimas. Muchos testimonios narran su propio sufrimiento, pero también cómo se han visto obligados a presenciar el sufrimiento de sus seres cercanos. El relato de las aldeas quemadas, de la venganza contra cualquiera relacionado con los partisanos que luchan contra los alemanes, el saqueo, el demonio del colaboracionismo, los delatores, los cercos, los bombardeos, las hambrunas, los golpes de madrugada en la puerta de los militantes comunistas, de los sospechosos de serlo. Los testimonios, algunos en aquel momento niños de 3 años (a pesar de lo cual, conservan un recuerdo tan vívido que resulta muy duro hacerse a la idea cuál fue su experiencia en el momento) cuando estalló la guerra y se produjo la entrada de las tropas alemanas, se suceden sin un orden o una estructura concreta. Algunos de ellos ya hablan desde la perspectiva de la victoria de la URSS y del retroceso de las tropas nazis, otros, durísimos, se hacen eco del terrible día a día de convivencia con un invasor que, tras un cierto falso espejismo de resplandor inicial, empieza a desplegar su maquinaria represiva, de cuyos ejemplos vais a permitir, insisto, que prescinda. Cada uno que lea este libro y se deje impactar por una u otra escena y que luego piense que se trata de casos reales, y realmente millones de personas han tenido que vivir así y pasar por todo eso.
Solo aclarar un detalle: no reseñaré ningún libro más de Svetlana Alexiévich aquí. Leeré los que se publiquen y me seguiré echando las manos a la cabeza, pero no pienso insistir más en la cuestión. Premio Nobel aparte: todo lo que esta escritora o como queráis llamarla ha escrito forma parte del conjunto de una obra que es imprescindible tener en cuenta. Profesores de historia, interesados en la literatura, curiosos acerca de la evolución de las sociedades en el siglo anterior. Incluso todos esos payasos que sueltan la palabrita de turno a primeras o esos descerebrados que coquetean con el negacionismo. Con todas las reservas que el término conlleva, más que imprescindible, obligatorio.

viernes, 6 de enero de 2017

Marcel Schwob: Vidas imaginarias

Idioma original: francés
Título original: Vies imaginaires
Año de publicación: 1896
Traducción: Olga Novo Presa
Valoración: muy recomendable

Dice un refrán español (un poco servil pero certero) que "algo tendrá el agua cuando la bendicen"; es decir, que cuando todo el mundo exalta la bondad de algo, por fuerza tiene que ser bueno. Ya, vale, no entremos en honduras... el caso es que todo lo que yo había hasta ahora sobre Marcel Schwob eran elogios. Empezando, como parece inevitable recordar, por la admiración que Borges sentía por su obra y puede que hasta por su figura -de hecho, Mayer André Marcel Schwob bien podría haber sido un personaje borgiano, por sí mismo-; también se dice que influyó en GideFaulkner y hasta Bolaño, además de ser amigo epistolar de R. L. Stevenson (parece que viajó hasta Samoa sólo para ver su tumba... y una vez allí, se dio media vuelta de inmediato) y haber conocido en su infancia a Jules Verne, que era amigo de su padre, un editor judío afincado en Nantes. Ahí es nada...

La característica principal de estas Vidas imaginarias es que no son imaginarias... al menos en un principio. Lo que hace Schwob es una serie de semblanzas de distintos personajes históricos más o menos conocidos: en algunos casos son ya célebres, como el filósofo Empédocles (paisano de Camilleri), el poeta Lucrecio o el pintor Uccello; en otros, son personajes secundarios o incluso marginales, que podemos encontrar en las biografías de otros más ilustres, como Loyseleur, el indigno juez que condenó a Juana de Arco o Gabriel Spenser, actor isabelino muerto a manos de Ben Johnson. El único personaje del que podemos tener la -casi- certeza de que no existió de verdad es Sufrah, el geomántico del cuento de Aladino. Las diferentes Vidas, además de estar dispuestas en orden cronológico, se van enlazando de forma a veces evidente y otras no tanto, dando como resultado una suerte de escalera que va descendiendo desde Empédocles, supuesto dios al escalón más bajo: Señores Burke y Hare, asesinos. Entre medias, un ramillete de joyas pirómanos reales o figurados -como el rencoroso poeta Angiolieri, autor de los inmortales versos: "Si yo fuera el fuego/ incendiaría el mundo"- prostitutas, herejes -el Fray Dolcino del que se habla en El nombre de la rosa-, ladrones, piratas varios, como el famoso capitán Kid... También otros personajes menos siniestros, como la célebre princesa Pocahontas, aunque éstos son los menos... de hecho, no es de extrañar que este libro fuera el modelo para la Historia universal de la infamia.

Lo que hace Schwob aquí es, con maestría y delicadeza ejemplares, conjeturar todo aquello que no conocemos de la vida de estos personajes, a partir de los datos que sí se conocen: el enamoramiento de la esclava hechicera Séptima, la pasión incestuosa de Clodia, la nostalgia por su niñez perdida de Katherine la Encajera, ramera... Incluso les regala un final alternativo al conocido por todos, como al satírico novelista Petronio. Les dota, a  la mayoría de ellos -incluso a los más infames-, de las tres dimensiones necesarias para dejar de ser simplemente unos nombres y unas líneas olvidados en algún libro, Los convierte, por arte de la palabra, en nuestros semejantes, incluso en nosotros mismos, en algún momento de nuestras vidas. Y de ahí el mérito y la fascinación que produce la obra de Schwob. 

¿Mis Vidas favoritas? Pues además de las ya mencionadas, quizás la del mayor Stede Bonnet, pirata por temperamento (y sin demasiada suerte como tal) o la del poeta trágico y maldito Ciryl Tourneur, "hijo de un dios desconocido y una prostituta". En realidad, todas son pequeñas maravillas, gemas narrativas que merece la pena conocer y atesorar, a la espera (vana, me temo) de que quizás algún día, alguien con el talento y la bonhomía de Marcel Schwob se digne a inmortalizarnos a nosotros o a nuestros fantasmas, de una forma tan sublime como ésta.

jueves, 5 de enero de 2017

Peter Stamm: Noche es el día

Idioma  original: alemán
Título original: Nacht ist der Tag
Año de publicación: 2013
Traducción: José Anibal Campos
Valoración: decepcionante


A menudo ocurre que uno se deja guiar por la intuición y por lo que ha leído acerca de un libro. En este caso, fue a raíz de una serie de entrevistas que hicieron al autor para promocionar este libro que provocaron que me atrajera la atención. El autor hablaba de una novela donde se pretendía reflejar cómo los cambios que experimentan las personas a nivel externo se traducen en un cambio también en la personalidad. El concepto de cómo está relacionado el exterior con el interior y la evolución de la identidad acorde con los cambios físicos (por motivos de la edad u otros) me interesó. Además, el hecho de ser  una novela escrita por Peter Stamm, autor finalista el 2013 del Man Booker International Prize, hizo que acabara de convencerme. ¿Valió la pena? Vamos a verlo.

Tenemos un personaje principal, Gillian, famosa presentadora de televisión que a raíz de un accidente de coche (no os desvelo nada, el libro empieza cuando el accidente ya ha ocurrido) sufre la muerte de su marido así como lesiones graves en su cara que alteran su parecido. A partir de aquí, el libro inicia una serie de flashbacks para ver la relación que tenía con su marido y cómo era su vida en las semanas anteriores al accidente cuando conoció a un artista que dedicaba su obra al retrato de mujeres desnudas. Hasta aquí, aunque la historia puede prometer, no es nada que no hayamos visto antes.

Sin querer revelar más acerca de la trama del libro, es sorprendente observar, a medida que avanzamos páginas, como un escritor tan altamente promocionado puede construir una novela tan vacía de contenido. Repleta de tópicos, de frases vacías sin sustancia ni relevancia y de párrafos que no aportan absolutamente nada, vamos avanzando en la lectura  de la novela esperando que algo nos sorprenda, no ya de la historia en sí (cosa harto difícil visto el argumento) sino al menos en su estilo. Lamentablemente no ocurre.

Las expectativas del escritor en lo referente a la motivación de la novela quedan claramente diluidas en una historia inverosímil, donde la transformación interna de la protagonista ya empieza antes del accidente con lo de que el cambio de identidad debido al accidente pierde su significado. Si hubiera seguido la trama argumental de la relación con el artista aún podría haber despertado algún interés pero justo cuando tiene definido el escenario de la trama, habiendo presentado los personajes, pega un salto temporal al futuro que acaba por echar por tierra cualquier atisbo de solidez. A modo de ejemplo, el autor opta porque el personaje de Gillian cambie de nombre para aumentar esta sensación de cambio como persona, en un intento que parece a la desesperada para conseguir credibilidad.

Si queremos historias donde se mezcle el arte, las relaciones y los deseos (correspondidos o no) entre artista y modelo, seguro que hay infinidad de libros netamente superiores (se me ocurre "Los ojos vendados" de Siri Hustvedt, por ejemplo). Si queremos historias sobre la capacidad de superación después de un hecho traumático, las hay a montones. Pero intentar mezclar las dos cosas, presentando primero a la protagonista en un primer tercio de libro, luego al artista en un segundo bloque y además jugar con dos momentos temporales en una novela de poco más de 160 páginas es harto complicado ya que se corre el riesgo de desdibujar la historia y no poder darle la solidez que requiere. O haces una novela extensa otorgando matices a los personajes y dándoles una personalidad definida y rica en detalles donde sí que la historia podría haber tenido margen de crecimiento, o te quedas en una novela corta que poco te aporta. De todos modos, no parece que una novela extensa hubiera sido mejor, visto el estilo de escritura del autor quien, además, declaró en una de las múltiples entrevistas promocionales que le hicieron, que el editor le pidió recortar algunas páginas. A saber qué contenían, visto lo visto.

Si los referentes de Peter Stamm son Hemingway, Scott Fitzgerald y John Williams como él mismo afirma, le queda aún mucho camino por recorrer. A menos que cambie mucho el estilo, no estaré pendiente de que esto ocurra.