jueves, 11 de agosto de 2011

Serge Latouche: Pequeño tratado del decrecimiento sereno

Idioma original: francés
Título original: Petit traité de la decroissance sereine
Fecha de publicación:
2007
Valoración: muy recomendable

Estos días parece que uno tiene que tener un máster en Economía financiera para leer el periódico. Vaya mesecito llevamos: que si los ataques a la deuda soberana, que si EEUU deja de ser un país sin riesgo para inversores, que si las bolsas se hunden, la economía se estanca y todo el tinglado se va a hacer gárgaras. Frente a todas estas calamidades, a veces difícilmente comprensibles para los profanos, aparece siempre una misma obsesión como bálsamo curalotodo: el crecimiento. Parece ser que (horror) el crecimiento económico se está desacelerando de nuevo y, frente a eso, todos debemos hacer un esfuerzo (trabajando más, cobrando menos y muchas gracias caballero vuelva cuando quiera), porque lo que importa, sobre todas las cosas, es que la economía crezca.

Pues bien, no sé si soy un bicho raro, o si alguien más comparte mis dudas, pero a mí siempre me ha chocado muchísimo esto de que la economía tenga que crecer constantemente para considerar que tiene buena salud. Si cada año hay que tener mayores beneficios y, por tanto, vender más, transportar más, producir más, ¿no parece evidente que toda esta danza infernal, a ritmo cada vez más rápido, nos llevará a estrellarnos contra la realidad de un planeta con recursos finitos? Bueno, pues esa es la tesis principal del libro de Latouche.

Este buen hombre es uno de los líderes de la corriente del decrecimiento, que tiene en Francia una presencia pública notable. Lo que sostiene, básicamente, es que el sistema económico actual, basado en el crecimiento constante, es un invento nefasto que nos hace más infelices, menos sanos y que, además, está condenado al colapso en pocos años. La solución no es un crecimiento "verde" o "sostenible", que no parecen más que coartadas para seguir con el mismo juego cambiando el color de las fichas. Lo que se necesita es un cambio radical en el imaginario colectivo, que derive en una nueva forma de economía, más local, más pausada, más consciente de los recursos que tenemos.

El diagnóstico que hace Latouche de la situación actual es inapelable, aunque no desconocido: para mantener las cotas de rentabilidad creciente debemos consumir cada vez más, y así ocurre que comemos más grasa, más sal y más azúcar de la que necesitamos, trabajamos más horas y con más estrés del que podemos soportar sin antidepresivos, y emitimos a la atmósfera mucho más CO2 de lo que ésta puede soportar. Esto sin contar la inestabilidad política y la precariedad de vida que nuestras compañías y gobiernos alientan en un buen número de países para proveernos de los recursos que necesitamos para seguir comiendo y comprando a un ritmo creciente. Lo nuevo es atreverse a formular una utopía económica y social concreta (en este tiempo descreído) y hacerlo, además, contra el credo que comparten universalmente todos los partidos de izquierda y derecha: crezamos y seremos felices.

Este libro en concreto es una versión abreviada de otro más amplio del mismo Latouche (La apuesta del decrecimiento), orientada a dar a conocer sus tesis de manera sencilla. Se lee fácil y del tirón, aunque es una pena que la traducción española flojee en bastantes ocasiones.

3 comentarios:

Montuenga dijo...

Efectivamente. Ahí está el .

Santi dijo...

Lo que yo me pregunto es si el sistema es sostenible sin ese crecimiento acelerado; quiero decir: concuerdo absolutamente con que no es posible ya mantener esa histeria del crecimiento continuo y el consumo galopante (que como hemos visto se basaba en un endeudamiento individual y social absolutamente enloquecido). Pero ¿un capitalismo de cocción lenta funcionaría? ¿No se basa el capitalismo (o por lo menos, el capitalismo actual) precisamente en el consumismo masificado y constante? ¿Un descenso del consumo, sin otros cambios sociales y sistémicos, no produciría más crisis, más recesión, más paro, etc?

Que no se me entienda mal, no estoy defendiendo seguir como estamos, porque ya vemos adónde nos ha llevado; lo que me pregunto es: si todos consumiéramos de un modo más racional y adecuado a las necesidades reales, ¿podría soportarlo el sistema socioeconómico actual?

Anónimo dijo...

La austeridad deberia de aplicarse en todos los ambitos