martes, 23 de agosto de 2011

Jonathan Safran Foer: Comer animales

Idioma original: inglés
Título original: Eating Animals
Fecha de publicación: 2009
Valoración: muy recomendable

Que quede claro, ante todo, que me gusta la carne. Me gusta más el pescado, vale, pero como carne con placer (dadme un plato de hígado y lo dejaré limpio). Por eso y porque, siendo el ser humano omnívoro, creo que debemos comer de todo, cuando empecé a leer Comer animales lo hice con ciertos prejuicios. Pensaba que el autor era un vegetariano militante (cosa que no tiene nada de malo) que pretendía convencer al mundo de que la dieta "verde" es lo mejor del universo. Y, como tantas otras veces, me equivoqué. Es cierto que Safran Foer es vegetariano, pero no intenta convencer a los lectores de que ése es el camino a seguir, sino que muestra cómo es la industria de la carne y revela qué es exactamente lo que nos llevamos a la boca cuando comemos un filete o unas alitas de pollo o cualquier cosa que no haga la fotosíntesis. Y creedme, no es agradable.

El autor nos explica cómo funciona la industria cárnica, algo que no tiene nada que ver con las granjas de animales que yo conocí de niña o con los pequeños ganaderos que aún, a duras penas, resisten en el mercado. La mayor diferencia entre ambos reside, como siempre, en su objetivo principal: en el caso de los pequeños ganaderos, su objetivo es la calidad de la carne que venden. Por ello, sus animales reciben una alimentación equilibrada, hacen ejercicio, no viven hacinados, llegan a la edad adulta (un detalle bastante más importante de lo que parece) y son sacrificados en mataderos tradicionales de la forma más "humana" posible. En el caso de la industria cárnica, el objetivo es ganar mucho dinero invirtiendo poco. Por ello, los animales criados por ésta viven hacinados, reciben una alimentación artificial sobrehormonada, no salen al exterior, son sacrificados poco antes de llegar a lo que sería su adolescencia y son cruelmente tratados en la recta final de sus vidas.

¿Qué consecuencias tiene todo esto? Además del obvio y gratuito sufrimiento para esos millones de animales, esto provoca que haya cada vez más áreas de tierra y ríos contaminados (¿adivináis qué pasa con las heces de toooooodas esas criaturas? pues pensad que quien sólo se preocupa de ganar dinero a costa de maltratar animales no va a gastar un euro en procesar debidamente sus residuos orgánicos, habiendo ríos o montes para tirarlos alegremente), un incremento del efecto invernadero y un grave daño a nuestra salud, porque, entre otras cosas (quien quiera saber todo lo referente a E. Coli, salmonella y demás, que se lea el capítulo referente a los mataderos; yo no voy a fastidiarle el almuerzo a nadie), los animales están tan hormonados (para crecer más rápido y llegar a tener mayor tamaño) y reciben tantos antibióticos a lo largo de su corta vida que éstos están dejando de tener efecto en los seres humanos.

Lamentablemente, las especies acuáticas no se libran de este daño. Puede que el pescado no esté hormonado, pero la situación de la mayoría de las piscifactorías es tan dañiña para los animales (y para nosotros) como cualquier empresa cárnica de gran tamaño. Por no hablar de que la forma en la que se pesca actualmente acabará esquilmando el mar alrededor del año 2050 y de que hay especies que tienen tanto mercurio en su cuerpo que la OMS ya ha desaconsejado que acaben en nuestro plato.

En contra de lo que se pueda creer (de lo que yo creía) en un principio, Safran Foer no dice que no hay que comer carne, sino que hay que hacerlo (el que quiera) de forma responsable. Si queremos vivir de forma sostenible (aunque sólo sea por un motivo puramente egoísta, para que nuestros nietos tengan un mundo más o menos decente en el que habitar), tenemos que empezar con aquello que nos llevamos a la boca. Y, sinceramente, después de leer este libro y de lo que a raíz de esta lectura he investigado por ahí, os aseguro que en mi plato no va a volver a haber un trozo de carne que no haya salido de una granja ecológica.



También de Jonathan Safran Foer: Tan fuerte, tan cerca

4 comentarios:

Nicolás Flamel dijo...

Saludos!!! Es la primera vez que comento algo, aunque hace ya bastante tiempo que sigo el blog. Si bien no he leído este libro, he leído otros de temática similar, y no tengo duda que gran parte de la carne que se consume en el mundo tiene una oscura historia detrás; de hecho yo mismo como investigador de ciencias biológicas se como se las gastan las grandes corporaciones a la hora de poner en la balanza la calidad y las ganancias. Ojalá algún día la gente realmente se logre concientizar de todo lo que se lleva a la boca y del daño que puede hacerle (o que en muchos casos ya lo hace).

Hugo dijo...

Hola, izas. Dices en tu reseña:

siendo el ser humano omnívoro, creo que debemos comer de todo.

No estoy de acuerdo. Aquí explican por qué :D

Un saludo.

Luis Tovar dijo...

Hace poco me preguntaba alguien:

"¿Pero no es posible consumir huevos y leche sin dañar o explotar al animal?, osea, una especie de interacción biológica mutual. No lo veo anti-ético, creo. Mi abuelo tenía un campo con gallos y gallinas, las cuidaba bien, no estaban encerradas ni maltratadas, y comia sus huevos... Claro, es difícil cuando uno no dispone de espacio, y vive en la ciudad."

Incluso si fuera posible de alguna manera producir leche y huevos que no provocaran la muerte de miles de millones de animales cada año, el explotador tendría que seguir aún confinando y controlando a los animales a fin de obtener dichos productos para sus consumidores.

Es decir, aunque pudiéramos utilizar a los animales no humanos sin causarles daño y sufrimiento -algo que por otra parte es bastante difícil e inusual- seguiría siendo algo malo, porque estamos tratándolos como recursos para nuestro beneficio, y no como personas que son y que merecen el mismo respeto que deseamos para nosotros.

En el caso que esa persona comentaba de su abuelo, la razón por la que cuidaba de esos animales era solamente porque podía obtener un producto de ellos que le beneficiaba. Y me atrevo a suponer que cuando por algún motivo ya no daban leche o huevos seguramente los mataba para poder comerlos. Esto es lo que habitualmente ocurre, y es consecuencia de ver a los otros animales como objetos, y no como personas.

Es prácticamente imposible consumir huevos o lácteos, o cualquier otro producto de origen animal, sin explotar o dañar a alguien. Explotar significa utilizar a alguien como un mero recurso, como un simple medio para conseguir un fin. Y la explotación siempre es inmoral independientemente de la forma en que se haga; al igual que ocurre con el asesinato, la tortura, la violación y la esclavitud.

Respetar a los animales sólo puede tener una opción: veganismo

Danny dijo...

Totalmente de acuerdo, me estoy leyendo el libro ahora, yo soy vegano desde hace tiempo, por muchas de las razones que se explican en este libro, no pretendo que todo el mundo sea vegano, aunque no estaría triste si fuera asi jaja, pero almenos hacerse responsable del verdadero bienestar de esos animales, la comen donde viven y lo que contaminan, somos tan idiotas que no nos daremos cuenta de el daño que hacemos hasta que sea demasiado tarde, si no empieza a serlo ya...