Año de publicación: 2004.
Valoración: recomendable.
Idioma original: español
Año de publicación: 2000
Valoración: muy recomendable
Qué enorme placer leer a Juan Marsé. Cuántos no alcanzarán en toda su producción el nivel de esta Rabos de lagartija, publicada con casi cuarenta años de intervalo respecto a otras novelas magistrales como Si te dicen que caí pero consiguiendo una especie de continuidad, sobre todo, más que espacio-temporal (novelas barcelonesas, ambientación en la post-guerra) más emocional, no quiero ser malinterpretado que aquí no hay inflamación alguna, sobre todo estilística, y la personalidad del autor arrasa con todo y, a ver si se van enterando algunos de los que pretenden cancelarlo por ciertas actitudes políticas personales, aunque su obra muestre claras influencias externas, estas son bien digeridas y asimiladas y generan un lenguaje propio. Florido, rico en descripciones y en vocabulario, juguetón sin excesos líricos, Marsé era de esos escritores cuyas novelas no dejaban cabos sueltos, cuya estructura no ofrecía lugar a improvisación, pero cuya impresión en el lector era fresca, dinámica, totalmente satisfactoria. Literatura en mayúsculas, diríamos.
Rabos de lagartija cuenta la historia de David Bartra, adolescente barcelonés que convive con su madre, embarazada. Estamos en la Barcelona de los años 50, presumiblemente en el barrio del Carmel, escenario habitual de las novelas de Marsé. El padre de David se oculta de la policía franquista, que lo persigue por circunstancias poco claras, seguramente vinculadas con su condición de desafecto, eufemismo que en los primeros lustros del franquismo podía acabar con los huesos de uno en el paredón. Por tanto, como tantas otras, la familia de David está señalada a todos los efectos y sus expectativas no son nada claras. El inspector Galván, un policía viudo, visita frecuentemente la casa preguntando por el padre, que nunca está en casa pues se oculta en diversos descampados de la zona, entre arbustos a los que David acude de vez en cuando a visitarle. David recibe al inspector de vez en cuando y se dedica a tomar el pelo al policía. Galván tolera esa actitud pues se ha prendado de la madre, a la que agasaja con productos desviados de los cauces de la época, marcada por la miseria, el hambre, el racionamiento, el célebre estraperlo. La madre rehúye al policía, pero este responde con tesón, siempre visitándola con la coartada de la búsqueda del marido. Un triángulo amoroso muy sui géneris, pero que sirve de sensacional marco en que retratar la situación social de la época. Las duras represalias contra el bando perdedor y la perversa persecución de cualquier conato de disidencia, pero nada es tan fácil en un barrio obrero y la novela se desarrolla en varios frentes: la casa con las recurrentes visitas del policía, los escondrijos en el monte donde el padre recibe las furtivas visitas del hijo, y el hijo en una estrafalaria amistad con Paulino, que a la vez es víctima de los abusos de un tío, guardia urbano, que lo amenaza.
Y sin que esta novela represente un desafío para el lector, he de decir que Marsé se muestra sumamente audaz al estructurar la narración. Hay un narrador omnisciente, pero los cambios de perspectiva en los diálogos son francamente chispeantes. Sobre todo en esos cambios, Marsé llega a poner voz al hijo que la madre alberga en su útero, al que el novelista le otorga un extraño protagonismo, como si fuera un testigo de esa precaria situación familiar. O la simple presencia, en la pared de la vivienda, de una foto recortada de una revista, la de un piloto de guerra de la aviación británica que acaba de haber sido preso de los alemanes, que parece albergar secretos e incógnitas sobre la figura del padre, su contexto y las situaciones que lo han convertido en un fugitivo.
Todo este panorama Marsé lo dibuja con precisión y maestría y, no conforme con eso, enlaza esa trama con uno de los primeros hechos en que una tímida pero tenaz respuesta se produjo ante el franquismo: la huelga de usuarios del tranvía de Barcelona en 1951, en protesta por la subida de tarifas. Y lo que sería una brillante novela de postguerra enlaza de forma sutil y certera con la realidad y la convierte en un excelente retrato de la sociedad en esa triste y oscura época.
También de Juan Marsé en ULAD: Últimas tardes con Teresa, La oscura historia de la prima Montse, Si te dicen que caí
Año de publicación: 1993
Valoración: Recomendable alto
Aunque confieso que le tenía un poquillo olvidado, siempre he pensado que Juan Marsé es un grandísimo narrador, en el sentido más literal, no solo que escribe bien, sino que cuenta muy bien, que quizá no es exactamente lo mismo. Se puede escribir bien de muchas maneras, con diferentes estilos o manejando recursos muy diversos; pero a la hora de narrar, yo creo que solo cabe hacerlo bien o mal en sus diversos grados, es decir, haciendo llegar el relato al lector y haciendo que le interese, que de alguna manera sienta que tiene entre manos algo importante, atrayente por alguna razón, algo bien hecho. Marsé construye buenos relatos y los cuenta con soltura y con la naturalidad de quien tiene talento para ello.
El escenario de El embrujo de Shaghai es el más habitual en la trayectoria de este autor, al menos en lo que yo conozco: Barcelona unos pocos años después de la guerra, cuando la sociedad ha empezado a reconstruirse bajo el nuevo Régimen, una ciudad gris y algo mugrienta, con algunas oleadas importantes de inmigrantes, donde el futuro de la mayoría se sitúa muy poco más allá de mañana, y los chavales se dedican a callejear o al menudeo, o sirven como aprendices de algún artesano o comerciante. Es seguramente el escenario de la adolescencia del propio Marsé, y observamos también, quizá de forma más solapada que en otras novelas, el contraste de las clases bajas con las familias algo más acomodadas.
En este escenario irrumpen algunos miembros del maquis, personajes que habitualmente cuentan con escasa presencia en la ficción, tipos que entran y salen de forma clandestina para preparar acciones, reclutar activistas o mantener contactos en el interior. Uno de ellos, el Kim, lleva tiempo medio desaparecido, sin más contacto con su familia que alguna pequeña carta. Su mujer y su hija adolescente y enferma de tuberculosis fantasean con el día en que el Kim vuelva para llevarles con él muy lejos. Entretanto, el chaval protagonista y parcialmente narrador entra por casualidad en contacto con la casa del ausente Kim, que visitará cada día durante un tiempo. La llegada coincide con la visita de un tal Forcat, compañero del combatiente desaparecido, que amenizará las tardes de los chavales contando las exóticas aventuras que han impedido al padre volver a encontrarse con su familia. Y bueno, ya he contado más de lo que acostumbro, creo.
La aparición del maquis, aunque sea meramente instrumental y ceñida a unos pocos personajes sueltos, acentúa la sensación de país sumido en la oscuridad del protofranquismo, porque la acción de estas guerrillas representaba una última opción de derribar al Régimen, opción sin embargo tan lejana e improbable que por el contrario parecía anunciar lo inevitable del destino de las próximas décadas. De esta forma, las estimulantes aventuras que con mucha destreza describe Forcat son una ventana a otros mundos, lejanos, excitantes, que sirven de bálsamo a la postración, el desánimo y la rebeldía infructuosa que, no sé si voluntariamente, pueden personificarse en la joven Susana, encamada, febril y rodeada de emanaciones de eucaliptos.
El contraste no es solo social, sino también individual. El fascinante relato del visitante, lleno de viajes y peligros, con el fondo de la eterna pugna entre el bien y el mal, se funde con las pequeñas miserias de lo cotidiano, celos, envidias, mentiras e ilusiones cutres que no hay forma de esconder. En esa mezcla de lo ilusionante y lo real surgen personajes de enorme atractivo, como el inolvidable capitán Blay, el viejo chiflado que detecta aires pútridos en las calles (algo que recuerda al Tibidabo de Gonzalo Suárez); Anita, la taquillera de cine, aficionada al vino y con fama de demasiado ligera; el propio Forcat, con un punto misterioso que nos sugiere respuestas sucesivas, ninguna convincente; o la tísica Susana, ya citada, todo un modelo de adolescente despótica y algo manipuladora. Un repertorio de personajes ricos y trazados con estilo.
Tampoco me parece que a Marsé se le pueda acusar de excesos formales. No tengo esa sensación de lecturas anteriores, y desde luego en el libro que ahora comentamos no cae en ese defecto en absoluto. Es una narración, mejor dicho, dos narraciones en formato de relato enmarcado, con un ritmo impecable y nítido, sin remansos, con algún recurso retórico muy esporádico, breve y pertinente, alguna prolepsis algo sorprendente, o un par de cambios repentinos de narrador, utilizados de forma tan contenida que se diría que el mismo autor se ha frenado en su uso. Marsé parece disfrutar jugando a autor de novela negra en esa narración subordinada, y también en ese aspecto consigue un resultado brillante, más incluso porque ese juego funciona muy bien como contrapunto de color a las vidas vulgares que desfilan por el relato principal.
Sí, bueno, quizá hay en la novela un par de cosas que me convencen algo menos, pero por una vez me las voy a callar. Lean ustedes el libro, que merece la pena, y descúbranlas por sí mismos.
Otras obras de Juan Marsé reseñadas en ULAD: Si te dicen que caí, Rabos de lagartija, La oscura historia de la prima Montse, Últimas tardes con Teresa
Idioma original: español
Año de publicación: 1966
Valoración: casi imprescindible
Juan Marsé tuvo que recurrir a la artimaña de publicar esta novela a través de una editorial mexicana, y desde luego uno comprende (aunque el propio autor corrigiera ediciones posteriores, supongo que inhibiendo una posible autocensura) que publicarla en España, en 1966, bajo la dictadura de Franco, hubiera sido solo concebible con recortes que prácticamente dejarían el texto en una inconexa secuencia de escenas románticas y andanzas de pillo de barrio, lo cual hubiera resultado un absoluto despropósito. A uno se le ocurre que prácticamente cualquier capítulo del libro es susceptible de ofender a la férrea y pacata censura franquista, y no solo por las abiertas referencias a los actos físicos, sino también por la contundente crítica social que carga de forma opresiva la novela. Una carga que puede asfixiar, pero que fascina.
Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases, repite cierta máxima, y Marsé parece tomársela al pie de la letra. La primera lectura de Últimas tardes con Teresa es la de una abierta crítica social sobre la sociedad barcelonesa de la post-guerra. Una crítica extrapolable a otros escenarios urbanos, pero desde luego simplemente irresistible si se es un poco cercano a esos paisajes, si se ha vivido en épocas cercanas, si se ha convivido, aunque sea de oídas, con situaciones parecidas. Marsé crea un personaje sencillamente avasallador. Manolo Reyes, el Pijoaparte, es un murciano o un xarnego, apelativos ya en desuso absoluto (ahora que, afortunadamente, Barcelona y muy buena parte de Catalunya han asumido su condición de tierra de acogida en la que la mezcla cultural nos mejora y enriquece), pero que en esos años 50 en que ambienta la novela representa un perverso estigma. El no-nacido en Catalunya (el Pijoaparte es andaluz) es un ser de segunda, una especie de advenedizo al que se separa y se segrega en una burbuja desde la cual solo se le permite contemplar, como si de un escaparate se tratara, a la clase media o alta catalana, tan bien definida por la comprensible pero intraducible (quizás "acomodada") palabra catalana benestant. En muchos casos, personajes de rancio abolengo, a veces aristócratas venidos a menos o reciclados en industriales que viven en barrios como Sarrià o Sant Gervasi y que disfrutan de segundas residencias en la Costa Brava, que tienen servicio doméstico, que conducen vehículos de alta gama, que pagan estudios universitarios a hijos e hijas, aunque sea para que éstos les salgan "rana". En los 50, la cosa consistía en que esos jovenzuelos de buena familia y apellidos de las 500 familias se convirtieran en militantes de algún movimiento contestatario, leyeran a los existencialistas y se alinearan, con no poco porcentaje de pura pose, con algo que les era tan ajeno como el proletariado.
Y el Pijoaparte se autoinvita a una de esas fiestas, seduce a Maruja, que le engaña pues resulta ser la criada (la raspa) de la familia Serrat, pero se prenda de Teresa, la pubilla, la hija de la familia, joven universitaria que conduce un Floride, a la que el Pijoaparte ve como un ascensor directo a una vida mejor, una vida donde no haya de hablar catalán con acento, donde no tenga que recurrir a aquello que hace para ganarse la vida en ese momento: robar motocicletas para vendérselas al Cardenal, oscuro personaje a medias entre el perista y el prestamista, en realidad casi un anciano caprichoso que obliga al Pijoaparte a la autohumillación cada vez que ha de pedirle un favor. Marsé, prosa indescriptible de constante tensión sexual, descripciones meticulosas y floridas que esbozan el muro invisible que separa esos dos mundos: el Monte Carmelo, escarpado barrio de gente modesta y, apenas una par de kilómetros hacia el sur, Sant Gervasi, escarpado barrio de gente bien. El Pijoaparte quiere cruzar esa barrera y se deja cubrir con la guisa que piensa que le funcionará: Teresa se deja fascinar por su pedigrí obrero, por su atractivo físico, y muestra al Pijoaparte como una especie de trofeo de caza, a partir del trágico accidente en que Maruja, con la que aún siendo criada y señora ha trabado amistad, se da un fuerte golpe en la cabeza al tropezar andando con unas sandalias prestadas. Teresa proyecta en su pasión por el Pijoaparte aquello que echa de menos en las amistades de la clase a la que pertenece. El Pijoaparte acepta ese rol obsesionado con ella y con todo lo que puede representar en su vida, pero el engaño, una especie de autoengaño coral, no puede salir adelante.
Un único pero a tan estratosférica novela, en todo caso, es la muy disculpable, dada la época, postergación del papel social de la mujer. Incluso así, Marsé es capaz de mostrar el avance en este punto que supone el salto generacional. Teresa parece una mujer que ya empieza a tomar sus propias decisiones, aunque siempre nos quedemos, otra baza de la novela, con la duda de si su personaje ha usado al Pijoaparte como una especie de juguete, capricho de niña rica que llega justo hasta donde ella se propone que debe llegar, como si esa relación desigual, de desenlace permanentemente en suspenso, no sea más que un prolongado paseo por la cuerda floja.
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Por cierto, obtuve mi copia de este estupendo libro en una de las tiendas de Llibre Solidari, un proyecto sin ánimo de lucro consistente en dar una segunda vida a aquellos libros que uno tiene en casa y sabe que no volverá a leer, o simplemente por el motivo que sea no va a conservar. Un proyecto donde los libros permiten, con lo que se obtiene de la venta de las donaciones de particulares, aportar dinero a causas para los necesitados. Esto no es ni propaganda ni promoción, es simplemente una sugerencia para aquellos que, residiendo en algunas poblaciones donde hay librerías de esta red, quieran tanto conseguir buenos libros a precios irrisorios como donar aquellos que deseen. Y, por lo que me consta, con buenos libreros al frente.
También de Juan Marsé en ULAD: Rabos de lagartija, Si te dicen que caí, La oscura historia de la prima Montse
Idioma original: españolAño de publicación: 2009
Valoración: muy recomendable
No voy a empezar con algo tan reiterado como que a veces grandes novelas surgen de bajas pretensiones. Porque Corazón de napalm se presentó a un premio y lo ganó. Algo de convicción en su obra tendría la autora cuando lo hizo, y aunque no haya que incidir más en la cuestión, creo que algo debió percibir. Una novela que podría parecer un mero ejercicio de suspense, las clásicas tramas que van a confluir, el lector especula cómo y cuándo, pero que no se queda ahí, que a través de ese encaje va más allá de sus intenciones y del marco de sus personajes.
Y me gusta Clara Usón, me gusta mucho aunque definiera como fallido su libro anterior, creo, aunque no he leído todas sus novelas, que es una escritora que mantiene su obra en una línea muy interesante, a espaldas de exigencias comerciales o de adscripción a una u otra corriente, sus novelas, incluso cuando no coinciden exactamente con la definición de novela, acostumbran a manipular resortes inusuales y a ser aguerridas, y eso fue lo que me frustró en El asesino tímido, que no incidiera en todas las posibilidades de la trama y que, a pesar de su eficacia narrativa, amagase y no golpeare.
Corazón de napalm plantea algunos de sus temas habituales, como son la figura materna y la pulsión suicida, sea esta manifestada de forma dura y tajante o lenta e inexorable. Para empezar, Fede, el protagonista de la narración, es un preadolescente en la turbia primera mitad de los 80, obsesionado por Sid Vicious (miembro particularmente nihilista de los Sex Pistols, ergo no-músico elevado a icono de un movimiento), y es un niño obeso, contento de estarlo, con actitudes pueriles hacia la vida, al margen de sus ídolos, su camiseta de los Pistols, y su sempiterna desorientación: ha sido enviado a Santander y obligado a convivir con su padre y su nueva pareja, mientras su madre se ha quedado a vivir en un piso en una zona acomodada de Barcelona, financiado por su suegro, alejada de su marido y su hijo pues es 1984 y es seropositiva. Los planes con Fede le desagradan profundamente. Enviarlo a internados, que no moleste demasiado, que termine siendo un hombre de provecho.
En la otra rama de la historia (que se alterna con los capítulos con Fede como protagonista) tenemos a Marta, pintora de cierto talento que se ha visto, para ganarse la vida, obligada a ocultar. Sus mayores logros artísticos han consistido en formar parte del equipo de Maristany, un célebre pintor ya fallecido que, en su última etapa, ha necesitado ayuda para acabar sus obras. Estamos ya en la primera década del presente milenio y Marta representa la precariedad de la generación post-boomer: malvive de diversos oficios, su vida sentimental registra oscilaciones, quiere evitar a toda costa representar una carga por sus padres (que viven en Valladolid) y parece buscar una estabilidad que le es negada por las circunstancias. Conoce a Juan, un juez especializado en menores, hombre guapo y brillante pero de escasa ambición, y se emparejan.
Sobre esas dos tramas que se adivinan confluyentes, Usón retrata, en especial, la generación de los primeros 80, la irrupción de la heroína y sus funestas consecuencias. No es un retrato directo y morboso, Usón no es Irvine Welsh. Es más bien una presencia constante que condiciona ciertos actos de sus personajes. Veo también ciertos aires a lo Juan Marsé: esa Barcelona donde los cuatro o cinco kilómetros que separan Sarrià del Raval (aunque a eso se le llamaba por entonces el Barrio Chino) son una insalvable frontera invisible donde las interacciones solo pueden producirse por filtraciones esporádicas y controladas. El Raval es el tercer vértice de un triángulo que, en Marsé, reflejaba el Carmelo. El comportamiento del abuelo, presente solo en sus acciones, como adinerado consigliere ausente garante del perfil industrial catalán: discreto, temeroso de los escándalos, con una percepción fría de la responsabilidad, en un caso extremo, feroz guardián de lo obtenido con el esfuerzo, vertebra la novela y, junto a una sutil crítica del comportamiento del mercado del arte (otro submundo propio de la Barcelona post gauche divine), sin llegar a los escenarios extremos trazados por Houellebecq en El mapa y el territorio, se completa una novela de impecable factura, de modestos logros que configuran uno grande, y a la que solo puede oponerse algún detalle o incoherencia algo ingenua, que toleraremos como licencia creativa, quizás bordeando lo surrealista por poco creíble, pero desde luego sin peso para desequilibrar la balanza. Muy buena novela.
Año de publicación: 2021
Valoración: muy recomendable alto
No voy a entrar en ningún tipo de polémicas. Rafa Lahuerta recalca en una entrevista (y menciona en muchas ocasiones en el libro) que decidió que este libro había de escribirlo en valenciano. Y yo, catalanoparlante, he entendido (y cuando alguna palabra no me ha sonado el contexto me la ha aclarado sin acudir a consulta alguna) cada una de las frases de esta novela. Así que las etiquetas reflejan mi intención y hasta aquí mi pronunciamiento.
Eso sí: Lahuerta ejerce una cierta opción al emplearlo. Al margen de cómo quiera denominarse, el idioma cooficial en la Comunitat Valenciana, el que no es el castellano, sufre una obvia situación de debilidad allí. Dos personas (del mismo partido, sorpresa) que presidieron el Govern ni siquiera hicieron el esfuerzo de hablarlo. Reivindicarlo me parece una acción magnífica y osada y es un enorme hito que Noruega sea un (odio la palabra, aviso) fenómeno editorial de tal envergadura. La traducción al castellano, por eso, está al caer, y espero y deseo que Lahuerta participe activamente en ella y sepa encontrar el justo equivalente y nada se pierda.
Porque esta es una gran novela, y habrá que considerarla así por encima del idioma en que se escriba y de la situación de sus escenarios. Mucho se perderá el lector que opine que no merece la pena porque no conoce esos barrios y esas calles. Yo estuve en algunos de ellos hace muchos años y me han dado ganas de volver, más por curiosidad o por evocación que por nostalgia. Lahuerta ha escrito una bildungsroman cuya aparente modestia es una poderosa baza. La historia de Albert Sanchis, hijo de comerciantes que han tirado adelante, una salazonería ubicada en el barrio de Velluters, no es una mera historia de localismo y costumbrismo de barrio. Es prácticamente un golpe de puño generacional en esa mesa de Monopoly de las grandes urbes. Valencia es una ciudad no muy grande. Otra ciudad que ha experimentado un crecimiento, una reconversión en dos fases. La reubicación del cauce del río Turia tras las inundaciones de 1957, en pleno franquismo, fue una. La otra, más sutil, con severo endeudamiento por medio, cuando en la última década del siglo XX entró en una espiral de proyectos inmobiliarios y promociones con objeto de hacer de la ciudad un atractivo turístico más para la pléyade de viajeros que antes optaban por Barcelona, Mallorca o Benidorm. Ya sabemos lo que sucede en las ciudades cuando los gobiernos prefieren congraciarse con el visitante ocasional (el de calidad, que gasta a espuertas y se aloja en hoteles caros) que con su habitante.
Pero Lahuerta no incide directamente en ello. Noruega es un testimonio de esa generación que se ha beneficiado de la digna lucha de la generación de la postguerra española. Los hijos de los nacidos en los años 20 y 30, los llamados boomers. Una generación a la que pertenece Sanchis, que es escritor (sus proyectos de novela cierran cada una de las partes del libro, en un sutil juego metaliterario) y puede permitirse una vida de pocos aprietos ya que sus padres, que han muerto apenas él ha cumplido la veintena, le han dejado una herencia con la que ir tirando. Su juventud se ha vivido en esas calles, en ese Barrio Chino que tantas ciudades comparten, con maleantes, prostitutas, gente que pasa su día en la barra de los bares, alcohol, drogas, etc. Es la España de los 80, la de la transición o el espejismo de la libertad sobrevenida y mal administrada. En Noruega Sanchis nos cuenta su vida, sus relaciones con las mujeres, su tendencia a estropearlo todo y a desaprovechar las ocasiones que se le brindan.
Y Lahuerta ha rehuido la nostalgia y el lagrimeo y la condescendencia. Es una novela brillante y vitalista, con un uso magistral del lenguaje y con pasajes literarios, uno tras otro, de una calidad sublime y juguetona. No es solo su prodigioso uso de un idioma cercano y puntilloso. Es cómo consigue aportar una visión nueva a muchos lugares comunes. Por favor, no comparemos eso con otros fenómenos. Ésta es una obra ejemplar que toma referencias universales en su temática, pero que no tiene miedo ni pudor en asimilar lo más cercano como primer punto de apoyo. Se nota que Lahuerta ha leído más a muchos que a sí mismo. Pla, Cercas (el mejor, no el que descubrió la novela negra), y Marsé, cuántas y cuán acertadas las referencias a Juan Marsé. Pero ahí se queda. Rinde pleitesía y ejecuta una novela dura, hay muchas muertes aquí y la gran mayoría son muertes crueles e injustas, una novela carnal, Sanchis parece responder al estereotipo del canalla con labia que embauca a las mujeres, y una novela social tras muchos biombos, llena de calles que se han transformado o desaparecido, de locales derribados y de comercios cerrados, de clases sociales que han surgido y se han hundido, de nuevos barrios diseñados a los que los gobernantes han olvidado insuflar vida. Qué gran novela, en el idioma que sea, qué gran hallazgo.
Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.
En riguroso orden de llegada.
Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.
Salud y cultura, amigos.
Anónimo
Ficción
Libros que merecen mejor valoración en el blog
Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino
Tres tristes tigres de Cabrera infante
Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan
La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses
Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia
El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique
Nada que decir, apuestas seguras
Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo
Ficciones de Borges
Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas
Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón
Bajo el volcán de Lowry
La insoportable levedad del ser de Kundera
No ficción
Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia
Sociología y pragmatismo de Wright Mills
La distinción de Bourdieu
La selva de los símbolos de Turner
Relectura necesaria
La imaginación sociológica de Wright Mills
Outsiders de Howard Becker
La zona gris de Auyero
Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas
Los trucos del oficio de Becker
Describir el escribir de Cassany
Decir casi lo mismo de Eco
Clásicos que faltaban
La rebelión de las masas de Ortega y Gasset
Técnica y civilización de Mumford
Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer
Adiós al socialismo de Del Búfalo
La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja
El Estado mágico de Coronil
Conseguidos por sorpresa
Orientalismo de Said
La invención de Irlanda de Kiberd
Comunidades imaginadas de Anderson
Gabriel Diz
Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:
1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)
2)El corazón del daño (María Negroni)
3)Años luz (James Salter)
4)2666 (Roberto Bolaño)
5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)
6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)
7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)
8)La hermana menor (Mariana Enriquez)
9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)
10)Prins (Cesar Aira)
11)La sangre manda (Stephen King)
12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)
13)Persecución (J.C. Oates)
Carlos Ávila:
El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De
todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar
Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.
Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.
Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la
precariedad de Jorge Moruno.
Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero
con Frutos extraños y Carrère con Yoga.
Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick
Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.
Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove
Ditlevsen.
Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos
de Kenneth Cook.
Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de
Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.
Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con
Guerra y paz.
Pablo GP
Libros Preferidos:
- Donal Ryan: Corazón giratorio.
- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.
- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.
- Albert Cohen: Bella del señor.
- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.
- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).
Libros Destacables:
- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.
- Alan Parks: Enero sangriento.
- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.
- Jeffrey Eugenides: Middlesex.
- Bruce Chatwin: Colina negra.
- Peter Kaldheim: El viento idiota.
Mención honrosa:
- Alan Parks: Hijos de Febrero.
- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.
- D.H. Lawrence: El arco iris.
- Chriss Offutt: Kentucky seco.
- Emmanuel Carrère: Yoga
Decepciones:
- George Saunders: Lincoln en el bardo.
- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.
- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.
- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.
Maqroll El Gaviero
Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):
- Los siete locos (Roberto Arlt)
- Limónov (Carrère)
- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)
- Glosa (JJ Saer)
- Me llamo Rojo (Pamuk)
- Martin Eden (Jack London)
- Kokoro (Soseki)
- El idiota (Dostoievsky)
- La suerte de Omensetter (W Gass)
Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).
Ángel Muñoz
El mejor,
No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.
Me daba perezón pero mira…
Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)
Me arriesgué y no me decepcionó
64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.
Qué necesidad tenía yo…
A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins; La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.
Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).
Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)
Sorpresas inesperadas
Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).
Me hicieron reír, mucho
Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)
Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción
Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)
Zoila Blanco
ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)
Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)
VERA (E. von Armin)
ELS DICS (I.Solá)
LA DRECERA (M.Martin Serra)
LAS LEALTADES (De Vigan)
LA AVERIA (F.Dürrenmatt)
ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)
EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)
TSUNAMI (A. Pijuan)
LLUM DE FEBRER (E.Strout)
L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)
LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)
AMARILLO (F. Romero)
EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)
LAS GRATITUDES (De Vigan)
Sergio Borao Llop
Ante todo, gracias por las reseñas diarias.
En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor
Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie
La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler
Noir, de Robert Coover
Todo lo que muere, de John Connolly
La casa de hojas, Mark Z. Danielewski
Solo el silencio, de R. J. Ellory
X, de Percival Everett
Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau
Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James
El gran cuaderno, de Agota Kristof
El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri
Cuentos completos, de Mario Levrero
Ánima, de Wajdi Mouawad
Plop, de Rafael Pinedo
Las primas, de Aurora Venturini
Michi:
Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao
Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los
mentirosos - Mary Karr
Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello
Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte
Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns
Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez
Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne
Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar
Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor

Idioma original: español