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miércoles, 6 de noviembre de 2024

Juan Marsé: La gran desilusión

Idioma original: español
Año de publicación: 2004.
Valoración: recomendable.

Un poco difícil emitir valoraciones sobre libros como éste. Se trata de un curioso experimento literario que solo tiene sentido si reconocemos previamente a Juan Marsé y su obra, de la cual hemos dado cuenta en este blog, como la descomunal influencia que representan en la literatura en español. Un escritor militante y comprometido, de opiniones polémicas y no siempre bien procesadas, pero, que, a tenor de lo leído aquí, fueron coherentes hasta el final y poco serviles - cosa que le procuró algún problema - con el poder establecido. En este sentido, Marsé mantuvo una línea inapelable de reivindicación de dos cuestiones fundamentales: esencia literaria asociada a la realidad y a los entornos que pisaba y conocía, reivindicación del origen , de la condición de clase aún cuando el éxito podía hacer tambalear los principios.
Entonces, no a cualquier escritor se le tienta con que haga una semblanza a posteriori de dos décadas, los años 30 y los 40, de enorme trascendencia en la historia de la humanidad. No a cualquiera se le deja libertad absoluta para que haga de eso, que parecería un cauteloso homenaje otoñal, una atractiva elección de anécdotas, hechos sociales y políticos, elementos culturales de un extenso abanico - aquí se habla de Concha Piquer y se habla de Faulkner - y, por supuesto, porque Marsé es básicamente un cronista social en el sentido estricto, y eso le aporta un matiz político que no por subliminal deja de ser demoledor. Por tanto, como lectores, no siempre disponemos - me viene Chaves Nogales a la cabeza - de la posibilidad de una narración de la historia hecha con la suficiente objetividad y a la vez con el estilo de Marsé, tan esquivo con andarse con las ramas, tan directo y preciso. El valor de La gran desilusión, al margen de que cualquier completista de Marsé pueda necesitar leerlo o cualquier lector esporádico acuda por curiosidad, es esa posibilidad de diálogo directo con su autor sin personaje o trama interpuesta. Marsé escribiendo, porque ese es el ineludible tema central y el nudo argumental no solo de este libro sino de la inentrañable historia de la humanidad de la época, sobre el auge del totalitarismo, sobre el nazismo, el fascismo y el franquismo, la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial, sin caer ni en demagogia ni, por un momento, en la mínima sospecha de idolatría por otra cosa que no sean iconos culturales. Sin restar importancia a todo lo que sucedía. Marsé hablando de sus recuerdos de esa época es, simplemente, otra manera de disfrutar de su escritura.

Otras obras de Juan Marsé reseñadas en ULAD: aquí

sábado, 17 de junio de 2023

Juan Marsé: Rabos de lagartija

Idioma original: español

Año de publicación: 2000

Valoración: muy recomendable

Qué enorme placer leer a Juan Marsé. Cuántos no alcanzarán en toda su producción el nivel de esta Rabos de lagartija, publicada con casi cuarenta años de intervalo respecto a otras novelas magistrales como Si te dicen que caí pero consiguiendo una especie de continuidad, sobre todo, más que espacio-temporal (novelas barcelonesas, ambientación en la post-guerra) más emocional, no quiero ser malinterpretado que aquí no hay inflamación alguna, sobre todo estilística, y la personalidad del autor arrasa con todo y, a ver si se van enterando algunos de los que pretenden cancelarlo por ciertas actitudes políticas personales, aunque su obra muestre claras influencias externas, estas son bien digeridas y asimiladas y generan un lenguaje propio. Florido, rico en descripciones y en vocabulario, juguetón sin excesos líricos, Marsé era de esos escritores cuyas novelas no dejaban cabos sueltos, cuya estructura no ofrecía lugar a improvisación, pero cuya impresión en el lector era fresca, dinámica, totalmente satisfactoria. Literatura en mayúsculas, diríamos. 

Rabos de lagartija cuenta la historia de David Bartra, adolescente barcelonés que convive con su madre, embarazada. Estamos en la Barcelona de los años 50, presumiblemente en el barrio del Carmel, escenario habitual de las novelas de Marsé. El padre de David se oculta de la policía franquista, que lo persigue por circunstancias poco claras, seguramente vinculadas con su condición de desafecto, eufemismo que en los primeros lustros del franquismo podía acabar con los huesos de uno en el paredón. Por tanto, como tantas otras, la familia de David está señalada a todos los efectos y sus expectativas no son nada claras. El inspector Galván, un policía viudo, visita frecuentemente la casa preguntando por el padre, que nunca está en casa pues se oculta en diversos descampados de la zona, entre arbustos a los que David acude de vez en cuando a visitarle. David recibe al inspector de vez en cuando y se dedica a tomar el pelo al policía. Galván tolera esa actitud pues se ha prendado de la madre, a la que agasaja con productos desviados de los cauces de la época, marcada por la miseria, el hambre, el racionamiento, el célebre estraperlo. La madre rehúye al policía, pero este responde con tesón, siempre visitándola con la coartada de la búsqueda del marido. Un triángulo amoroso muy sui géneris, pero que sirve de sensacional marco en que retratar la situación social de la época. Las duras represalias contra el bando perdedor y la perversa persecución de cualquier conato de disidencia, pero nada es tan fácil en un barrio obrero y la novela se desarrolla en varios frentes: la casa con las recurrentes visitas del policía, los escondrijos en el monte donde el padre recibe las furtivas visitas del hijo, y el hijo en una estrafalaria amistad con Paulino, que a la vez es víctima de los abusos de un tío, guardia urbano, que lo amenaza.

Y sin que esta novela represente un desafío para el lector, he de decir que Marsé se muestra sumamente audaz al estructurar la narración. Hay un narrador omnisciente, pero los cambios de perspectiva en los diálogos son francamente chispeantes. Sobre todo en esos cambios, Marsé llega a poner voz al hijo que la madre alberga en su útero, al que el novelista le otorga un extraño protagonismo, como si fuera un testigo de esa precaria situación familiar. O la simple presencia, en la pared de la vivienda, de una foto recortada de una revista, la de un piloto de guerra de la aviación británica que acaba de haber sido preso de los alemanes, que parece albergar secretos e incógnitas sobre la figura del padre, su contexto y las situaciones que lo han convertido en un fugitivo. 

Todo este panorama Marsé lo dibuja con precisión y maestría y, no conforme con eso, enlaza esa trama con uno de los primeros hechos en que una tímida pero tenaz respuesta se produjo ante el franquismo: la huelga de usuarios del tranvía de Barcelona en 1951, en protesta por la subida de tarifas. Y lo que sería una brillante novela de postguerra enlaza de forma sutil y certera con la realidad y la convierte en un excelente retrato de la sociedad en esa triste y oscura época.

También de Juan Marsé en ULAD: Últimas tardes con TeresaLa oscura historia de la prima MontseSi te dicen que caí

sábado, 12 de agosto de 2023

Juan Marsé: El embrujo de Shanghai

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1993

Valoración: Recomendable alto


Aunque confieso que le tenía un poquillo olvidado, siempre he pensado que Juan Marsé es un grandísimo narrador, en el sentido más literal, no solo que escribe bien, sino que cuenta muy bien, que quizá no es exactamente lo mismo. Se puede escribir bien de muchas maneras, con diferentes estilos o manejando recursos muy diversos; pero a la hora de narrar, yo creo que solo cabe hacerlo bien o mal en sus diversos grados, es decir, haciendo llegar el relato al lector y haciendo que le interese, que de alguna manera sienta que tiene entre manos algo importante, atrayente por alguna razón, algo bien hecho. Marsé construye buenos relatos y los cuenta con soltura y con la naturalidad de quien tiene talento para ello.

El escenario de El embrujo de Shaghai es el más habitual en la trayectoria de este autor, al menos en lo que yo conozco: Barcelona unos pocos años después de la guerra, cuando la sociedad ha empezado a reconstruirse bajo el nuevo Régimen, una ciudad gris y algo mugrienta, con algunas oleadas importantes de inmigrantes, donde el futuro de la mayoría se sitúa muy poco más allá de mañana, y los chavales se dedican a callejear o al menudeo, o sirven como aprendices de algún artesano o comerciante. Es seguramente el escenario de la adolescencia del propio Marsé, y observamos también, quizá de forma más solapada que en otras novelas, el contraste de las clases bajas con las familias algo más acomodadas. 

En este escenario irrumpen algunos miembros del maquis, personajes que habitualmente cuentan con escasa presencia en la ficción, tipos que entran y salen de forma clandestina para preparar acciones, reclutar activistas o mantener contactos en el interior. Uno de ellos, el Kim, lleva tiempo medio desaparecido, sin más contacto con su familia que alguna pequeña carta. Su mujer y su hija adolescente y enferma de tuberculosis fantasean con el día en que el Kim vuelva para llevarles con él muy lejos. Entretanto, el chaval protagonista y parcialmente narrador entra por casualidad en contacto con la casa del ausente Kim, que visitará cada día durante un tiempo. La llegada coincide con la visita de un tal Forcat, compañero del combatiente desaparecido, que amenizará las tardes de los chavales contando las exóticas aventuras que han impedido al padre volver a encontrarse con su familia. Y bueno, ya he contado más de lo que acostumbro, creo.

La aparición del maquis, aunque sea meramente instrumental y ceñida a unos pocos personajes sueltos, acentúa la sensación de país sumido en la oscuridad del protofranquismo, porque la acción de estas guerrillas representaba una última opción de derribar al Régimen, opción sin embargo tan lejana e improbable que por el contrario parecía anunciar lo inevitable del destino de las próximas décadas. De esta forma, las estimulantes aventuras que con mucha destreza describe Forcat son una ventana a otros mundos, lejanos, excitantes, que sirven de bálsamo a la postración, el desánimo y la rebeldía infructuosa que, no sé si voluntariamente, pueden personificarse en la joven Susana, encamada, febril y rodeada de emanaciones de eucaliptos. 

El contraste no es solo social, sino también individual. El fascinante relato del visitante, lleno de viajes y peligros, con el fondo de la eterna pugna entre el bien y el mal, se funde con las pequeñas miserias de lo cotidiano, celos, envidias, mentiras e ilusiones cutres que no hay forma de esconder. En esa mezcla de lo ilusionante y lo real surgen personajes de enorme atractivo, como el inolvidable capitán Blay, el viejo chiflado que detecta aires pútridos en las calles (algo que recuerda al Tibidabo de Gonzalo Suárez); Anita, la taquillera de cine, aficionada al vino y con fama de demasiado ligera; el propio Forcat, con un punto misterioso que nos sugiere respuestas sucesivas, ninguna convincente; o la tísica Susana, ya citada, todo un modelo de adolescente despótica y algo manipuladora. Un repertorio de personajes ricos y trazados con estilo.

Tampoco me parece que a Marsé se le pueda acusar de excesos formales. No tengo esa sensación de lecturas anteriores, y desde luego en el libro que ahora comentamos no cae en ese defecto en absoluto. Es una narración, mejor dicho, dos narraciones en formato de relato enmarcado, con un ritmo impecable y nítido, sin remansos, con algún recurso retórico muy esporádico, breve y pertinente, alguna prolepsis algo sorprendente, o un par de cambios repentinos de narrador, utilizados de forma tan contenida que se diría que el mismo autor se ha frenado en su uso. Marsé parece disfrutar jugando a autor de novela negra en esa narración subordinada, y también en ese aspecto consigue un resultado brillante, más incluso porque ese juego funciona muy bien como contrapunto de color a las vidas vulgares que desfilan por el relato principal.

Sí, bueno, quizá hay en la novela un par de cosas que me convencen algo menos, pero por una vez me las voy a callar. Lean ustedes el libro, que merece la pena, y descúbranlas por sí mismos.

Otras obras de Juan Marsé reseñadas en ULADSi te dicen que caíRabos de lagartijaLa oscura historia de la prima MontseÚltimas tardes con Teresa


lunes, 11 de enero de 2021

Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa

Idioma original: español

Año de publicación: 1966

Valoración: casi imprescindible 

Juan Marsé tuvo que recurrir a la artimaña de publicar esta novela a través de una editorial mexicana, y desde luego uno comprende (aunque el propio autor corrigiera ediciones posteriores, supongo que inhibiendo una posible autocensura) que publicarla en España, en 1966, bajo la dictadura de Franco, hubiera sido solo concebible con recortes que prácticamente dejarían el texto en una inconexa secuencia de escenas románticas y andanzas de pillo de barrio, lo cual hubiera resultado un absoluto despropósito. A uno se le ocurre que prácticamente cualquier capítulo del libro es susceptible de ofender a la férrea y pacata censura franquista, y no solo por las abiertas referencias a los actos físicos, sino también por la contundente crítica social que carga de forma opresiva la novela. Una carga que puede asfixiar, pero que fascina.

Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases, repite cierta máxima, y Marsé parece tomársela al pie de la letra. La primera lectura de Últimas tardes con Teresa es la de una abierta crítica social sobre la sociedad barcelonesa de la post-guerra. Una crítica extrapolable a otros escenarios urbanos, pero desde luego simplemente irresistible si se es un poco cercano a esos paisajes, si se ha vivido en épocas cercanas, si se ha convivido, aunque sea de oídas, con situaciones parecidas. Marsé crea un personaje sencillamente avasallador. Manolo Reyes, el Pijoaparte, es un murciano o un xarnego, apelativos ya en desuso absoluto (ahora que, afortunadamente, Barcelona y muy buena parte de Catalunya han asumido su condición de tierra de acogida en la que la mezcla cultural nos mejora y enriquece), pero que en esos años 50 en que ambienta la novela representa un perverso estigma. El no-nacido en Catalunya (el Pijoaparte es andaluz) es un ser de segunda, una especie de advenedizo al que se separa y se segrega en una burbuja desde la cual solo se le permite contemplar, como si de un escaparate se tratara, a la clase media o alta catalana, tan bien definida por la comprensible pero intraducible (quizás "acomodada") palabra catalana benestant. En muchos casos, personajes de rancio abolengo, a veces aristócratas venidos a menos o reciclados en industriales que viven en barrios como Sarrià o Sant Gervasi y que disfrutan de segundas residencias en la Costa Brava, que tienen servicio doméstico, que conducen vehículos de alta gama, que pagan estudios universitarios a hijos e hijas, aunque sea para que éstos les salgan "rana". En los 50, la cosa consistía en que esos jovenzuelos de buena familia y apellidos de las 500 familias se convirtieran en militantes de algún movimiento contestatario, leyeran a los existencialistas y se alinearan, con no poco porcentaje de pura pose, con algo que les era tan ajeno como el proletariado.

Y el Pijoaparte se autoinvita a una de esas fiestas, seduce a Maruja, que le engaña pues resulta ser la criada (la raspa) de la familia Serrat, pero se prenda de Teresa, la pubilla, la hija de la familia, joven universitaria que conduce un Floride, a la que el  Pijoaparte ve como un ascensor directo a una vida mejor, una vida donde no haya de hablar catalán con acento, donde no tenga que recurrir a aquello que hace para ganarse la vida en ese momento: robar motocicletas para vendérselas al Cardenal, oscuro personaje a medias entre el perista y el prestamista, en realidad casi un anciano caprichoso que obliga al Pijoaparte a la autohumillación cada vez que ha de pedirle un favor. Marsé, prosa indescriptible de constante tensión sexual, descripciones meticulosas y floridas que esbozan el muro invisible que separa esos dos mundos: el Monte Carmelo, escarpado barrio de gente modesta y, apenas una par de kilómetros hacia el sur, Sant Gervasi, escarpado barrio de gente bien. El Pijoaparte quiere cruzar esa barrera y se deja cubrir con la guisa que piensa que le funcionará: Teresa se deja fascinar por su pedigrí obrero, por su atractivo físico, y muestra al Pijoaparte como una especie de trofeo de caza, a partir del trágico accidente en que Maruja, con la que aún siendo criada y señora ha trabado amistad, se da un fuerte golpe en la cabeza al tropezar andando con unas sandalias prestadas. Teresa proyecta en su pasión por el Pijoaparte aquello que echa de menos en las amistades de la clase a la que pertenece. El Pijoaparte acepta ese rol obsesionado con ella y con todo lo que puede representar en su vida, pero el engaño, una especie de autoengaño coral, no puede salir adelante.

Un único pero a tan estratosférica novela, en todo caso, es la muy disculpable, dada la época, postergación del papel social de la mujer. Incluso así, Marsé es capaz de mostrar el avance en este punto que supone el salto generacional. Teresa parece una mujer que ya empieza a tomar sus propias decisiones, aunque siempre nos quedemos, otra baza de la novela, con la duda de si su personaje ha usado al Pijoaparte como una especie de juguete, capricho de niña rica que llega justo hasta donde ella se propone que debe llegar, como si esa relación desigual, de desenlace permanentemente en suspenso, no sea más que un prolongado paseo por la cuerda floja. 

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Por cierto, obtuve mi copia de este estupendo libro en una de las tiendas de Llibre Solidari, un proyecto sin ánimo de lucro consistente en dar una segunda vida a aquellos libros que uno tiene en casa y sabe que no volverá a leer, o simplemente por el motivo que sea no va a conservar. Un proyecto donde los libros permiten, con lo que se obtiene de la venta de las donaciones de particulares, aportar dinero a causas para los necesitados. Esto no es ni propaganda ni promoción, es simplemente una sugerencia para aquellos que, residiendo en algunas poblaciones donde hay librerías de esta red, quieran tanto conseguir buenos libros a precios irrisorios como donar aquellos que deseen. Y, por lo que me consta, con buenos libreros al frente.

También de Juan Marsé en ULAD: Rabos de lagartijaSi te dicen que caíLa oscura historia de la prima Montse

miércoles, 23 de marzo de 2011

Juan Marsé: La oscura historia de la prima Montse

Idioma original: español
Año de publicación: 1970
Valoración: está bien

No sé si esto podrá catalogarse como otra de mis "herejías", porque generalmente Juan Marsé está considerado por la crítica como uno de los novelistas españoles contemporáneos más relevantes e influyentes (Premio Cervantes en 2008, qué más se puede decir); y sin embargo, los dos libros suyos que he leído, Últimas tardes con Teresa y este, no me han terminado de convencer. Por supuesto que le reconozco sus méritos narrativos y estilísticos, pero sus historias no me acaban de interesar ni de convencer.

Esta, La oscura historia de la prima Montse, es una novela narrada en dos planos temporales: el presente, en el que el narrador, Paco, vuelve a encontrarse con sus tíos y primos (y a enrollarse con su prima Nuria, por cierto); y el pasado, en el que transcurre la "oscura historia de la prima Montse". Y la "oscura historia" consiste en que la tal prima, Montse Claramunt, hija de una familia burguesa catalana y profundamenta religiosa, se involucra (difícil decir hasta qué punto) con un presidiario ateo y proletario, provocando el predecible escándalo en su familia bien. Y el narrador, que es un punto más macarra que el resto, queda como personaje aislado entre dos mundos, conectándolos.

Como decía más arriba, evidentemente reconozco las bondades del libro: en cuanto a la técnica narrativa está estupendamente construido, con ese juego constante entre pasado y presente, y el modo en que Paco y Nuria van constrastando y corrigiendo sus recuerdos me recordaba a Faulkner y su Absalón, Absalón (una de mis novelas favoritas). Pero no fui capaz de identificarme con ninguno de los personajes: ni con los burgueses estirados (excesivamente caricaturizados en general), ni con el narrador, ni con el presidiario, ni con la prima Montse, cuyo retrato probablemente sea el más superficial de todos; y la historia dejó pronto de interesarme, nada más ver que la "oscura historia" en realidad no era tan oscura. En cuanto al estilo, me parece un arma de doble filo: es brillante en ocasiones, poético, una obra de arte en sí mismo; pero al mismo tiempo ese esteticismo estático dificulta el desarrollo de la historia, y hay casos en que llegas a perderte entre tanta floritura.

En resumen: está bien, pero no pasa a formar parte de mis autores de cabecera. O sea: si tuviera que hacerlo podría dar una clase sobre la maestría técnica de Marsé y su importancia como escritor en la España post-franquista; pero como lector, no le diría a nadie: "Tienes que leer a Marsé, es buenísimo".


domingo, 8 de julio de 2018

Ciudades de libro #7: Barcelona: Juan Marsé: Si te dicen que caí

Idioma original: español
Año de publicación: 1973
Valoración: muy recomendable

Mal empezamos. Esta es una semana dedicada a las ciudades de libro y desde aquí proclamo que la Barcelona que Marsé describe aquí nunca debería haber existido. Aunque sea el germen de esta Barcelona cuya alcaldesa actual se empeña en recordar su bisexualidad como si fuese una línea del CV y ciudad que bate año tras año récords de asistencia turística. Ya haya atentados o las terribles hordas independentistas se atrevan a colgar banderas y a ostentar lazos amarillos de esos que aterrorizan ancianas y no dejan dormir a honrados cabezas de familias numerosas. Si hubo algo que no debió haber pasado fue eso que amenaza de forma constante y que pesa en el ambiente de esta magnífica novela.

Marsé, en la edición de Lumen que he leído, admite que le fue difícil (pero consiguió, aunque el libro lo publicara una editorial mexicana en 1973) deshacerse de la presión censora a la hora de escribir esta novela. Que esto tuvo efectos liberadores. Obvio. Pocas páginas de esta novela hubieran superado los tijeretazos incluso de los censores tardofranquistas más proclives a la apertura. Porque Si te dicen que caí, que toma el título de una estrofa del himno falangista Cara al sol -justo ése que puede cantarse  a viva voz y a pecho descubierto sin que nada te pase - es una novela sórdida, lúgubre, lasciva de una forma insana y febril, aunque todo parta de lo que parecen ser inocentes juegos de niños con cierta tendencia a la crueldad, pronto puede uno ver que no hay inocencia aquí, que esta ha sido devastada de forma muy eficaz y sustituida por otro tipo de condiciones. Las convicciones, claro, el deseo de venganza, los dos lados de la represalia, tan permeables y tan condicionados por la necesidad de la supervivencia como ajustadora de la balanza entre convicciones y traición.

Esta novela es una maraña de historias entretejidas donde personajes con nombres y con motes vienen y van por los barrios de una Barcelona sumida en la peor de las post-guerras: la de una de las últimas ciudades grandes caídas y la de una que fue bastión y feudo del bando perdedor. El panorama es desolador y Can Compte, paraje imaginario a situar en las mediaciones de los barrios reales del Guinardó y el Carmel, los ve a todos transitar en un enjambre de confusión donde hay de todo, y siempre yendo y viniendo al grupo de críos que, creciendo en el entorno del conflicto bélico, yendo y viniendo en lugares, cines de mala muerte, patronatos religiosos, traperías, pisos en los barrios céntricos donde atienden recados a placer del bando ganador, bancos atracados para financiar una descabellada reorganización, oscuros edificios que son tapaderas para salas de tortura. En todo este panorama el lector va asumiendo los mensajes clave que lanza Marsé, todos ellos dardos envueltos en una prosa impoluta, de una carga literaria aplastante y plenamente eficaz en la entrega de sus mensajes subliminales: el bando ganador arrasa con todo y los años posteriores a su victoria son un despliegue de mecanismo de venganza y represión. Los rojos son perseguidos y aniquilados, con precisión y falta de compasión. Las rojas son objeto igual de esa crueldad, y esas mujeres, antes esposas, antes profesionales, ahora se ven abocadas a buscar medios de supervivencia como la prostitución. Ahí transita el Java y el Tetas y el Amén como transita la Fueguiña y la Rubianca y, claro, la Ramona, protagonista involuntaria y obsesión del Java. Si te dicen que caí no tiene un solo hilo narrativo. Hablamos de un pandemonium donde esos treinta años del 39 al 69 se entremezclan y hay quien conseguirá salir a flote o eso parecerá y mantendrá sus ideales, pero el destino es cruel con todos. Con los que acabado el conflicto deciden organizarse e intentar desgastar al franquismo, con quienes aceptan estoicos su condición de derrotados, con quienes optan por fundirse con el entorno.

Es obvio que Faulkner es una poderosa influencia aquí. Los cambios de sentido y de narrador son constantes, como si la voz se desplazara en un corro de niños que van aportando a una historia hasta que ésta se completa. También es constante esa sensación opresiva de quien está haciendo lo que hace por obligación o por no tener otro remedio, porque esta es una novela perturbadora y sexual en la que apenas hay encuentros sexuales. Marsé puede que eludiera la censura pero inveteró la novela de una turbia carga de deseo: puede que del deseo de quienes conviven en un entorno donde éste no ha podido desarrollarse con normalidad. En un algo forzado emparentamiento con otro clásico de la literatura catalana de post-guerra, La plaça del Diamant, esta Barcelona soleada y marítima de la actualidad es una ciudad triste, deprimida, opresiva, cenicienta en lo físico y cenicienta en lo mental. Y Marsé la debió vivir y la debió sufrir y aquí se manifiesta, entre brumas y tinieblas, con toda claridad.



domingo, 5 de junio de 2022

Clara Usón: Corazón de napalm


Idioma original: español

Año de publicación: 2009

Valoración: muy recomendable

No voy a empezar con algo tan reiterado como que a veces grandes novelas surgen de bajas pretensiones. Porque Corazón de napalm se presentó a un premio y lo ganó. Algo de convicción en su obra tendría la autora cuando lo hizo, y aunque no haya que incidir más en la cuestión, creo que algo debió percibir. Una novela que podría parecer un mero ejercicio de suspense, las clásicas tramas que van a confluir, el lector especula cómo y cuándo, pero que no se queda ahí, que a través de ese encaje va más allá de sus intenciones y del marco de sus personajes.

Y me gusta Clara Usón, me gusta mucho aunque definiera como fallido su libro anterior, creo, aunque no he leído todas sus novelas, que es una escritora que mantiene su obra en una línea muy interesante, a espaldas de exigencias comerciales o de adscripción a una u otra corriente, sus novelas, incluso cuando no coinciden exactamente con la definición de novela, acostumbran a manipular resortes inusuales y a ser aguerridas, y eso fue lo que me frustró en El asesino tímido, que no incidiera en todas las posibilidades de la trama y que, a pesar de su eficacia narrativa, amagase y no golpeare.

Corazón de napalm plantea algunos de sus temas habituales, como son la figura materna y la pulsión suicida, sea esta manifestada de forma dura y tajante o lenta e inexorable. Para empezar, Fede, el protagonista de la narración, es un preadolescente en la turbia primera mitad de los 80, obsesionado por Sid Vicious (miembro particularmente nihilista de los Sex Pistols, ergo no-músico elevado a icono de un movimiento), y es un niño obeso, contento de estarlo, con actitudes pueriles hacia la vida, al margen de sus ídolos, su camiseta de los Pistols, y su sempiterna desorientación: ha sido enviado a Santander y obligado a convivir con su padre y su nueva pareja, mientras su madre se ha quedado a vivir en un piso en una zona acomodada de Barcelona, financiado por su suegro, alejada de su marido y su hijo pues es 1984 y es seropositiva. Los planes con Fede le desagradan profundamente. Enviarlo a internados, que no moleste demasiado, que termine siendo un hombre de provecho.

En la otra rama de la historia (que se alterna con los capítulos con Fede como protagonista) tenemos a Marta, pintora de cierto talento que se ha visto, para ganarse la vida, obligada a ocultar. Sus mayores logros artísticos han consistido en formar parte del equipo de Maristany, un célebre pintor ya fallecido que, en su última etapa, ha necesitado ayuda para acabar sus obras. Estamos ya en la primera década del presente milenio y Marta representa la precariedad de la generación post-boomer: malvive de diversos oficios, su vida sentimental registra oscilaciones, quiere evitar a toda costa representar una carga por sus padres (que viven en Valladolid) y parece buscar una estabilidad que le es negada por las circunstancias. Conoce a Juan, un juez especializado en menores, hombre guapo y brillante pero de escasa ambición, y se emparejan.

Sobre esas dos tramas que se adivinan confluyentes, Usón retrata, en especial, la generación de los primeros 80, la irrupción de la heroína y sus funestas consecuencias. No es un retrato directo y morboso, Usón no es Irvine Welsh. Es más bien una presencia constante que condiciona ciertos actos de sus personajes. Veo también ciertos aires a lo Juan Marsé: esa Barcelona donde los cuatro o cinco kilómetros que separan Sarrià del Raval (aunque a eso se le llamaba por entonces el Barrio Chino) son una insalvable frontera invisible donde las interacciones solo pueden producirse por filtraciones esporádicas y controladas. El Raval es el tercer vértice de un triángulo que, en Marsé, reflejaba el Carmelo. El comportamiento del abuelo, presente solo en sus acciones, como adinerado consigliere ausente garante del perfil industrial catalán: discreto, temeroso de los escándalos, con una percepción fría de la responsabilidad, en un caso extremo, feroz guardián de lo obtenido con el esfuerzo, vertebra la novela y, junto a una sutil crítica del comportamiento del mercado del arte (otro submundo propio de la Barcelona post gauche divine), sin llegar a los escenarios extremos trazados por Houellebecq en El mapa y el territorio, se completa una novela de impecable factura, de modestos logros que configuran uno grande, y a la que solo puede oponerse algún detalle o incoherencia algo ingenua, que toleraremos como licencia creativa, quizás bordeando lo surrealista por poco creíble, pero desde luego sin peso para desequilibrar la balanza. Muy buena novela.


lunes, 18 de octubre de 2021

Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega


Idioma original:
valenciano

Año de publicación: 2021

Valoración: muy recomendable alto

No voy a entrar en ningún tipo de polémicas. Rafa Lahuerta recalca en una entrevista (y menciona en muchas ocasiones en el libro) que decidió que este libro había de escribirlo en valenciano. Y yo, catalanoparlante, he entendido (y cuando alguna palabra no me ha sonado el contexto me la ha aclarado sin acudir a consulta alguna) cada una de las frases de esta novela. Así que las etiquetas reflejan mi intención y hasta aquí mi pronunciamiento.

Eso sí: Lahuerta ejerce una cierta opción al emplearlo. Al margen de cómo quiera denominarse, el idioma cooficial en la Comunitat Valenciana, el que no es el castellano, sufre una obvia situación de debilidad allí. Dos personas (del mismo partido, sorpresa) que presidieron el Govern ni siquiera hicieron el esfuerzo de hablarlo. Reivindicarlo me parece una acción magnífica y osada y es un enorme hito que Noruega sea un (odio la palabra, aviso) fenómeno editorial de tal envergadura. La traducción al castellano, por eso, está al caer, y espero y deseo que Lahuerta participe activamente en ella y sepa encontrar el justo equivalente y nada se pierda. 

Porque esta es una gran novela, y habrá que considerarla así por encima del idioma en que se escriba y de la situación de sus escenarios. Mucho se perderá el lector que opine que no merece la pena porque no conoce esos barrios y esas calles. Yo estuve en algunos de ellos hace muchos años y me han dado ganas de volver, más por curiosidad o por evocación que por nostalgia. Lahuerta ha escrito una bildungsroman cuya aparente modestia es una poderosa baza. La historia de Albert Sanchis, hijo de comerciantes que han tirado adelante, una salazonería ubicada en el barrio de Velluters, no es una mera historia de localismo y costumbrismo de barrio. Es prácticamente un golpe de puño generacional en esa mesa de Monopoly de las grandes urbes. Valencia es una ciudad no muy grande. Otra ciudad que ha experimentado un crecimiento, una reconversión en dos fases. La reubicación del cauce del río Turia tras las inundaciones de 1957, en pleno franquismo, fue una. La otra, más sutil, con severo endeudamiento por medio, cuando en la última década del siglo XX entró en una espiral de proyectos inmobiliarios y promociones con objeto de hacer de la ciudad un atractivo turístico más para la pléyade de viajeros que antes optaban por Barcelona, Mallorca o Benidorm. Ya sabemos lo que sucede en las ciudades cuando los gobiernos prefieren congraciarse con el visitante ocasional (el de calidad, que gasta a espuertas y se aloja en hoteles caros) que con su habitante. 

Pero Lahuerta no incide directamente en ello. Noruega es un testimonio de esa generación que se ha beneficiado de la digna lucha de la generación de la postguerra española. Los hijos de los nacidos en los años 20 y 30, los llamados boomers. Una generación a la que pertenece Sanchis, que es escritor (sus proyectos de novela cierran cada una de las partes del libro, en un sutil juego metaliterario) y puede permitirse una vida de pocos aprietos ya que sus padres, que han muerto apenas él ha cumplido la veintena, le han dejado una herencia con la que ir tirando. Su juventud se ha vivido en esas calles, en ese Barrio Chino que tantas ciudades comparten, con maleantes, prostitutas, gente que pasa su día en la barra de los bares, alcohol, drogas, etc. Es la España de los 80, la de la transición o el espejismo de la libertad sobrevenida y mal administrada. En Noruega Sanchis nos cuenta su vida, sus relaciones con las mujeres, su tendencia a estropearlo todo y a desaprovechar las ocasiones que se le brindan.

Y Lahuerta ha rehuido la nostalgia y el lagrimeo y la condescendencia. Es una novela brillante y vitalista, con un uso magistral del lenguaje y con pasajes literarios, uno tras otro, de una calidad sublime y juguetona. No es solo su prodigioso uso de un idioma cercano y puntilloso. Es cómo consigue aportar una visión nueva a muchos lugares comunes. Por favor, no comparemos eso con otros fenómenos. Ésta es una obra ejemplar que toma referencias universales en su temática, pero que no tiene miedo ni pudor en asimilar lo más cercano como primer punto de apoyo. Se nota que Lahuerta ha leído más a muchos que a sí mismo. Pla, Cercas (el mejor, no el que descubrió la novela negra), y Marsé, cuántas y cuán acertadas las referencias a Juan Marsé. Pero ahí se queda. Rinde pleitesía y ejecuta una novela dura, hay muchas muertes aquí y la gran mayoría son muertes crueles e injustas, una novela carnal, Sanchis parece responder al estereotipo del canalla con labia que embauca a las mujeres, y una novela social tras muchos biombos, llena de calles que se han transformado o desaparecido, de locales derribados y de comercios cerrados, de clases sociales que han surgido y se han hundido, de nuevos barrios diseñados a los que los gobernantes han olvidado insuflar vida. Qué gran novela, en el idioma que sea, qué gran hallazgo.


miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor 



domingo, 1 de marzo de 2020

ULAD CUMPLE ONCE AÑOS. Reseña + Entrevista: Jorge Herralde: Un día en la vida de un editor


Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: imprescindible para interesados

Jorge Herralde es una leyenda. Con su experiencia vital, bromea, podrían llenarse veinticinco tomos, y prefiero no especular con los secretos que este editor, cuyo sello cumplió 50 años en 2019, guarda para sí, por su elegancia ejemplar. Para los trasnochados, una elegancia que nada tiene que ver con abrocharse la chaqueta cuando se camina. Es la elegancia innata del hombre culto que es, del icono absoluto que ha cambiado décadas de edición en español (y en catalán), que es responsable de los primeros amores literarios de tantos lectores, entre los que me incluyo sin ningún recato. Aunque el que esto escribe haya sido, digamos, poco benévolo con ciertos de los últimos lanzamientos del sello (pido disculpas por anteponer al hooligan literario a veces), todo se reduce a la expectativa que surge de haber vivido, bajo esas cubiertas amarillas o grises o bajo las multicolor de sus Compactos, auténticos episodios de apasionamiento sobre los cuales no voy a insistir.

El caso es que, en un movimiento que desprende cierto aroma a despedida  (no nos asustemos, pero Herralde ya tiene una edad en que ni siquiera las grandes pasiones deben impedir que uno disponga de un razonable porcentaje de tiempo libre), Herralde recopila aquí 400 páginas largas de entrevistas, artículos, semblanzas, reflexiones, crónicas, discursos, de diversas procedencias y fuentes, y con la inclusión de algún texto inédito.
En las entrevistas nos encontramos, claro, con conceptos que pueden repetirse, sobre todo porque muchos entrevistadores repiten preguntas lógicas, interpelaciones que destilan admiración y,a través de su lectura, comprendemos no solamente el devenir de la editorial, sus puntos álgidos y algunos periodos de incerteza, su portentoso camino de evolución de editorial comprometida políticamente con la lucha antifranquista (con la censura intentando ahogarla económicamente) para, sin abandonar cierta militancia, evolucionar hacia el poderoso e influyente conglomerado de hallazgo y promoción de primeras figuras literarias, que es absurdo enumerar otra vez...sino que también confirmamos el extremado amor y respeto por la literatura que Herralde desarrolló (desarrolla aún a otro ritmo menos extenuante) en su carrera, algo que se detecta en cada uno de sus pasos y en cada párrafo, respeto hacia autores, competidores, colaboradores, diríase que ese concepto de elegancia impera en el libro a toda costa, ése y la enorme lucidez que surge a cada línea: la visión del mundo editorial, su actitud hacia los voraces cambios de las últimas décadas, su paciencia con los autores, su coherencia combinada con su tesón y su determinación, él comprenderá que use el término "tozudez" como calificativo de quien no tolera el adormecimiento del ciudadadano ante lo que se le presenta sin exigir esfuerzo. Anagrama es una editorial fundamental para comprender la evolución de la lectura en español de un cierto perfil, nivel y exigencia. Sin Anagrama, las cosas simplemente no serían cómo son, y Herralde fue su máximo responsable a lo largo de décadas, y aquí nos lo explica: em trec el barret.*

 *Catalán por "me quito el sombrero".

Y, como acompañando su primer medio siglo con nuestra primera década, nos contesta unas cuantas modestas preguntas. No toco ni una coma, este texto es sagrado.

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ENTREVISTA UN LIBRO AL DÍA 18/02/2020

1 Me gusta mucho un concepto del que habla en una de las entrevistas del libro: la captación del tiempo libre que efectúan, por ejemplo, las plataformas de TV en streaming. Y hace poco Jorge Carrión polemizaba en Twitter sobre la opción del gasto de 20 euros en un libro frente a una cena o un par de copas. Con este panorama, ¿pondría en marcha hoy en día un proyecto como el de Anagrama?
En otoño de 1967, cuando empecé a preparar Anagrama, el panorama tampoco era precisamente halagüeño, por otras razones. Repasando nuestro Catálogo general de 2018, en la programación en la primera década de los 70 abundan propuestas singulares, bien distintas en sus registros de lo habitual en las librerías españolas. Quizá demasiado aventurado económicamente: Anagrama estuvo a punto de cerrar en el 1980 y fallecieron no pocas editoriales de las más peleonas.
2 Alude también a los inicios de la editorial como emblema de lucha antifranquista y, por tanto, asediada y castigada por la censura. Se me ocurren casos como el de Libros del KO o Capitán Swing, pero, en este mundo convulso, ¿ve posible una recuperación de cierta literatura militante?
Tanto Libros del KO como Capitán Swing me parecen editoriales audaces y estupendas, sin duda mis preferidas en el ámbito de la literatura militante, tantos años después. Y también la Anagrama actual tiene una vena militante, a veces en “Argumentos” o en “Crónicas” y, sobre todo, en sus “Nuevos Cuadernos Anagrama” (digamos una versión aggiornata de una de nuestras colecciones más significativas de los años 70). Por otra parte, en muchos países ha habido un resurgimiento interesante de editoriales militantes. Un ejemplo es la siempre combativa editorial Wagenbach, que ha recuperado una colección muy combativa de textos breves.
En el último capítulo de mi libro Opiniones mohicanas (primera publicación en el año 2000), lo titulo “Los nuevos insumisos”, en el que daba la bienvenida a las nuevas editoriales que habían aparecido en los años 70, 80 y 90.
“Las «anomalías» editoriales antes aludidas, en este inventario que no pretende ser exhaustivo, podrían verse como guerrillas culturales, síntoma también de un malestar profundo, a veces explícitamente políticas, o bien en pos de otros horizontes intelectuales y literarios, un Gran Rechazo también al vigente modelo cultural, o más precisamente acultural, papillas pre-digeridas bajas en calorías, una escritura light, un menú único, que nuestros nuevos héroes, quizá un tanto ilusos pero con ilusión, se niegan a consumir. Mi más cordial bienvenida a los nuevos insumisos.”
De las dieciocho que menciono en el texto, veinte años después, solo persisten algunas: Acantilado, Salamandra, Minúscula, Lengua de Trapo, Trea, Áltera, Octaedro, Páginas de Espuma, Sequitur... Otras de menor calado, no mencionadas, ya habían desaparecido.
3 Más menciones a ciertas lecturas recientes, y dados los orígenes y la propia ubicación de la editorial en un barrio acomodado de Barcelona, ¿cree que Anagrama franqueó con sus elecciones y su serie de bolsillo ese estigma del lector voraz como persona de un cierto perfil social?
No acabo de entender tal “estigma”.Y la cualificación de una editorial la define, sin lugar a dudas, como es bien sabido, su catálogo y su coherencia a lo largo de las épocas. Se puede estar de acuerdo o no con el catálogo, pero este es el que dice la verdad de una editorial más verosímil que los complacidos gorgoritos de los editores.
4 ¿Son conscientes de la repercusión que sus obras tuvieron en un país que salía de una dictadura mojigata?
Sí, en efecto. A menudo eran apuestas arriesgadas comercialmente pero que nos parecían especialmente pertinentes en nuestro catálogo. Por ejemplo, a numerosos autores excelentes, pero minoritarios, también les publicamos sus primeros libros de cuentos.
Con demasiada frecuencia, sobre todo en la primera década, fueron tiempos difíciles, pero nuestras elecciones coincidían con el ADN de Anagrama (sea ello lo que fuere). Y resultó extremadamente gratificante la repercusión en América Latina, donde realicé tantísimos viajes, tuvimos una excelente relación con los libreros, la prensa, las Ferias. Incorporamos, por ejemplo, algunos de los primeros libros de autores como Guadalupe Nettel, Zambra o Villalobos y también publicamos a grandísimos autores (de Pitol a Piglia) que ahora tienen el rango de clásicos.  Creo que una de las funciones fundamentales de un editor es estar atento a los nuevos autores, aquellos que, con el tiempo, pueden convertirse en los clásicos del futuro. Ninguna otra brújula.
5 Por el motivo que sea, se detecta una cierta pérdida del peso de Barcelona como centro editorial. ¿Cómo ve la escena editorial barcelonesa, al margen de la apoteosis anual de Sant Jordi?
Desde hace años, en el siglo XXI, han surgido centenares de nuevas editoriales, en muy distintos países, marcadas por la búsqueda de la excelencia y muchas de ellas han logrado asentarse. En épocas anteriores, el índice de “mortalidad” era mucho más elevado. Este es un hecho innegable y muy positivo.
Pero, sin ningún afán patriótico-barcelonés, resulta innegable que en nuestra ciudad tienen su sede dos de los sellos editoriales más poderosos del mundo: Planeta y Penguin Random House (Bertelsmann) y siguen en activo muchos excelentes de los sellos literarios independientes. Véase como ejemplos Acantilado, Minúscula o la propia Anagrama, que opera como sello independiente, aunque ha cambiado de propietario: la italiana Feltrinelli. Y también han surgido, en el siglo XXI, excelentes nuevas editoriales.
6 Otro mantra reciente: "Más autores que lectores", y yo creo que el editor es necesario para parar los pies a tanto talento en ciernes que eclipsa al talento real. ¿Llegó a sentirse tentado a hacer como dicen que hacía el editor de Carver?
En cuanto al editor de Carver, Gordon Lish, es una figura muy polémica, al margen de su talento. Es sabido que realizó una extrema cirugía en los cuentos de un Carver entonces autor desconocido e inseguro, sin recursos económicos y con graves problemas con el alcohol. Sus cuentos tuvieron mucho éxito, pero al final dejaron muy traumatizado al autor, que se sentía como un impostor involuntario, y al cabo de unos años empezó a reescribirlos tal como fueron concebidos. El primero fue Principiantes. Por desdicha, Carver murió antes de poder completar la revisión de los restantes. Como dato curioso: Carver falleció en agosto de 1988, un mes antes de la que hubiera podido ser su primera visita a Barcelona, invitado por Anagrama. No llegué, pues, a conocerlo, pero su gran amigo Richard Ford me habló a menudo de él, eran como hermanos.
He intervenido a menudo como editor en textos de los autores de la casa, pero siempre ha sido “cirugía menor” y pactada con el autor, a veces (pocas) con un cierto forcejeo. Por poner un ejemplo, bastante conocido, Bolaño pensó en Tormenta de mierda como título de un libro que, finalmente, se llamó, creo que afortunadamente, Nocturno de Chile.
Por cierto, para mí cambiar títulos ha sido un hobby frecuente. En varios casos, autores indecisos al respecto me pidieron que lo intentara yo.
7 Aunque me consta por la lectura del libro que ya cerró alguna de esas heridas, ¿se quedó con las ganas de publicar como Anagrama algún autor u obra en particular, en especial los llamados clásicos?
He citado a menudo el caso de Borges, pero ya estaba editado con contratos férreos en Argentina y en España. También me hubiera gustado publicar Teniente Bravo de Juan Marsé, pero Carmen Balcells, su agente, lo desvió a una editorial con mucho más poderío. Y también he deseado publicar a Mendoza, pero este tiene un férreo vínculo personal con Pere Gimferrer, hasta que la muerte los separe.En cualquier caso, con tantísimos grandes autores publicados, sería muy descortés con ellos ejercer de plañidera.
8 Y hoy, ¿qué lee por placer, con pura desconexión profesional, si ello le es posible?
Desde enero de 2017, elegí a Silvia Sesé como directora editorial (muy sabiamente, como es sabido). Al revés que antes, ya no leo a todos los autores que publicamos sino una lista restringida y diría que de lectura gozosamente inevitable.
Y, desde luego, leo y releo por placer memorias y diarios de escritores y editores muy escogidos con gran gratificación y sosiego. Entre otros ejemplos recientes figuran Barral, Castellet, Esther Tusquets, Salinas… y autores más recientes como Iñaki Uriarte o Marcos Ordoñez. Y suma y sigue. 
9 Sin necesidad de entrar en detalles, ¿puede mencionarme algunos autores por los que ha apostado y le frustre particularmente que no hayan tenido el éxito que cree que merecen?
No entraré en detalles para no entristeceros ni entristecerme y, por supuesto, para no recordarlo públicamente. Solo mencionaré a un extranjero, mi admiradísimo y muy minoritario Giorgio Manganelli: le publiqué cuatro joyas, creo haber cumplido con mi auto-impuesto “cometido histórico” con tan singular autor. Hace años, para mi alegría (y la de sus escasos pero muy agradecidos lectores), lo recuperó Siruela y creo que después ha habido algún otro intrépido colega.

Un pequeño test rápido (y si cree que debe añadir algún comentario, le ruego que lo haga), le paso una breve y heterogénea lista de autores y dígame si los hubiera encajado en Anagrama:

David Foster Wallace
William Gaddis
Isabel Allende
Mircea Cartarescu
Camilo José Cela
Primo Levi

Respecto al test rápido de autores de imaginaria publicación, desde luego editaríamos con gran orgullo a Primo Levi. También a David Foster Wallace, William Gaddis y Mircea Cartarescu. En cuanto a Isabel Allende, preferiría no ofrecer a los lectores de Anagrama una incorporación poco congruente.
El caso de Cela es especial: en mi juventud fui leyendo casi todos sus textos de los años 60, que me gustaron mucho, obviamente. Así, La familia de Pascual Duarte, La colmena, Viaje a la AlcarriaCuentos carpetovetónicos. Y en una ocasión estuve a punto de publicar una nueva edición de La colmena gracias a la singular decisión de su agente Carmen Balcells, quien, durante unos años, decidió que los libros que se vendían muy bien podrían seguir vendiéndose todavía mejor publicados por varias editoriales.  Gracias a ello, pude publicar los extraordinarios títulos de Juan Rulfo: Pedro Páramo y El llano en llamas. Y también mi novela preferida de García Márquez: El coronel no tiene quien le escriba. Quizá una preferencia inhabitual. Sin embargo, Gabo afirmó, unos años más tarde, que había escrito Cien años de soledad con el único propósito de lograr que El coronel tuviera más lectores. Di un respingo de júbilo, pero casi al instante recordé la merecida fama de gran mentiroso, más o menos juguetón, de Gabo, según decían sus íntimos amigos.
Volvamos a Cela. Cuando ya había acordado con Carmen Balcells la publicación de La colmena, se produjo un hecho muy desagradable. Habían empezado a triunfar visiblemente varios escritores de la llamada Nueva Narrativa Española y Cela los atacó en varios artículos (creo recordar que en El País) de una vileza moral que me parecía incompatible con dicha publicación en Anagrama. Fin de la historia.
Unos pocos años más tarde, los “auténticos” editores de Rulfo, García Márquez y otros autores le comunicaron a Balcells que se había acabado la fiesta y que ellos serían los únicos en publicar tales obras. Punto y aparte.
Curioso, Leo Messi ya ha pronunciado, hace poco, la palabra retirada. Y a Vd. no se la he leído en 460 páginas. Sin ponernos terribles, ¿se ve capaz de dejar de ser editor (profesión, dice, hecha a su medida) en algún momento?
La profesión de editor sigue siendo lo que más me gusta hacer. Sigo en ello, con menos intensidad, claro, mientras Silvia Sesé ha tomado las riendas de la dirección editorial con gran acierto y con mucha sintonía personal entre nosotros. Así que mientras crea que puedo seguir siendo útil y me sienta a gusto, seguiré en ello hasta que haya alguna interrupción drástica: auto-despido, mi despacho tapiado de pronto, la guadaña…

Jorge Herralde
Barcelona, 18 de febrero 2020


sábado, 30 de septiembre de 2017

Francisco Casavella: Un enano español se suicida en Las Vegas

Idioma original: español
Año de publicación: 1997
Valoración: se deja leer

Pues si hay que ser sacrílego, se es con un par.
Nada me extraña que algunos escritores locales anden tan veneradores con Casavella. Mi adorado Zanón, por ejemplo. Algún otro, pero no quiero hacer más daño. El tono de esta novela, en particular el de sus primeras decenas de páginas, ya suena a haber sido imitado en ese relato nervioso, acelerado, tardo-adolescente, ese recurso tan usado de hablar de hechos de la niñez, de correrías en pantalón corto por pisos de barrios obreros de Barcelona, proclives a todo tipo de estrecheces. Unos cuantos han ido por ahí y ahora, necrofilia mediante, no puedo negar que sea muy caballeroso rendirle pleitesía al creador de ese discurso, si es que Casavella fue el creador, eso está por ver, quizás Marsé o Vázquez Montalbán ya tantearon antes, no puedo decirlo.
Y es curioso, porque, para mi decepción, (pues aún conservo el agradable sabor a licor bien macerado de los mejores, que eran muchos, fragmentos de El día del Watusi), esta novela, (cuyo título particularmente discutiría mucho, me recuerda a cutreces de usar y tirar como los discos de la Orquesta Mondragón o algunas peliculillas de los 90 donde salían Juanjo Puigcorbé o Gabino Diego o Juan Luis Botto) no me ha gustado casi nada. El casi se lo reservo a esos tramos donde el Casavella-escritor-en-maduración empieza a mostrar maneras, pero en lo relativo a la concepción de la novela, a su desarrollo, y a eso que gusta tanto de la atemporalidad de la situación, demasiadas, sí, demasiadas cosas parecen estar simplemente en ciernes o incluso en pañales para que mi opinión, modesto lector que declara admiración al fallecido escritor barcelonés, pueda establecer que haya que recomendarla. Aquí sobran cosas: el inicio parece irnos a abocar a una especie de juego de persecuciones chorras, la sensación de que no sabemos si Casavella quiere confundirnos con la identidad de esos dos hermanos tan unidos y tan distantes o simplemente quiere definirnos esa dualidad en las relaciones familiares: rencor vs amor incondicional, celos vs defensa de la sangre. Más de 200 páginas y la dispersión de la trama no ha conseguido aclarármelo. Faltan otras cosas: parece reivindicar (véase portada de la reedición de Anagrama) esa condición de novela barcelonesa, cuando la ciudad es un escenario que no pasa de aportar algo más que eso que los pintores llaman veladura. Falta peso de los personajes secundarios: las respectivas compañeras no parecen trascender la condición de compañeras de alcoba, los matones (véase próximo párrafo dedicado a sinopsis) son exasperantemente planos y formulaicos, lo de Chester Winchester - el enano del título - no acabo de entenderlo... en fin.
Pues eso: dos hermanos con suertes dispares protagonizan una situación en la que las deudas de juego de uno de ellos arrastra a la familia y hay que coger el toro por los cuernos o, mejor dicho, ver si se huye hacia atrás o hacia adelante, mientras los mafiosos de turno (estereotipados hasta decir basta) acosan y van adelantando muestras de cariño, optando por organizar una mega-partida donde la cosa va a ser un todo o nada.
Así: cuatro líneas básicas desde las que la prosa de Casavella traza profundos altibajos (situándose más veces en los bajos) hasta convertirlas en eso, en 266 páginas bastante dispersas y confusas, pero, al primer párrafo me remito, capaces de deslumbrar tanto a algún pardal que, cegados por un cóctel donde, claro, la necrofilia no podía faltar, habrá quien, fajas, contraportadas, y aduladores varios incluidos, lo considere hasta algo seminal y capital. Y no.