jueves, 11 de julio de 2013

Javier Tomeo: Amado monstruo

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1985
Valoración: Recomendable

Esta novela corta (poco más de 100 páginas), finalista del Premio Herralde de novela de 1984, fue para mí una breve y agradable sorpresa que no puedo por menos de recomendar.

Llegué a ella por pura casualidad, ojeando las estanterías de la biblioteca, y el resumen que leí en su contraportada y las (buenas, por supuesto) críticas que lo acompañaban, hizo que me decidiera enseguida a llevármela conmigo. 

Tardé en leerla una tarde y la sensación que me dejó fue muy parecida a la del "caramelo de pimienta" con el que la comparaba uno de los críticos que la alababan.  

Esta obra del recientemente fallecido Javier Tomeo (un autor muy reconocido a nivel internacional, en Francia, especialmente), tuvo su correspondiente adaptación teatral, y no me extraña: al leerla, tuve la sensación de estar presenciando una pieza dramática con dos únicos actores y una atmósfera un tanto lúgubre y asfixiante a la par que limpia y ordenada. No por nada, el único escenario de la historia es un despacho en el que el señor Krugger, seleccionador de personal de cierta empresa, hace una entrevista de trabajo al personaje principal.

 Y aunque pueda parecer imposible que en una situación así un tipo le acabe contando sus obras y milagros a un desconocido ante el que se ha plantado para hacerse con un puesto de trabajo (como vigilante, por cierto), Tomeo logra que nos lo creamos, y poco a poco, gracias a las preguntas de Krugger y las ansias de hablar de su interpelado, vamos conciendo la peculiar vida que arrastra este último, un hombre de treinta años que vive con su acaparadora madre viuda, sin ningún hermano ni hermana, y que nunca, en su vida, ha trabajado, algo en lo que su progenitora ha tenido mucho que ver.

Así, sirviéndonos del guía de Krugger (un guía que no duda en meter ciertas pullas y comentarios insidiosos de vez en cuando), el intrigante, en ocasiones penoso, en otras brillante y un punto maquiavélico, entrevistado, nos irá revelando la naturaleza de su existencia, condicionada de forma insana por la presencia absoluta y narcotizante de su "madre gata": el tercer e invisible personaje de la trama, que vive y se presenta ante los lectores gracias al relato que de ella hace su hijo.

Y aunque quizás no fuera su intención, Krugger también dejará al descubierto mucho de sí mismo en esta peculiar entrevista que pondría los pelos como escarpias a los cuadriculados profesionales de los Recursos Humanos que pueblan las empresas actualmente.  

 Recomendable, en fin. Y que apenas se necesita una tarde de verano para saborear este peculiar sabor dulce y pimentoso, y mirar de otra forma a las madres que nos rodean...

También de Javier Tomeo en ULAD: Diálogo en re mayorHistorias mínimasConstructores de monstruos

miércoles, 10 de julio de 2013

Michel Houellebecq: Ampliación del campo de batalla

Idioma original: francés
Título original: Extension du domaine de la lutte
Año de publicación:1999
Traducción: Encarna Castejón
Valoración: muy recomendable

Sí: puede que Michel Houellebecq lleve muchos años escribiendo el mismo libro. Puede que sus personajes desesperados, con los que eternamente parece jugar a ser sus respectivos álter-egos, siempre respondan a ese perfil agrio, malcarado y de vuelta de todo. Pero qué decir de cómo los convierte en piezas de carne viva (a veces inerte, pero viva) y cómo logra que nos veamos reflejados, aunque sea para nuestro espanto.
Ampliación del campo de batalla fue su primera novela, obtuvo, en Francia, un premio menor de carácter local, a la mejor primera novela, y fue el pistoletazo de salida para una carrera no excesivamente prolífica, pero que tiene dos poderosas cumbres en Plataforma y El mapa y el territorio. Contados escritores pueden atribuirse dos novelas como éstas, pero para nada hay que desmerecer todas las grietas que abre con esta, la primera. Con influencias de Salinger, Sartre, y de Kafka y de Melville, el protagonista de la novela es un hombre de mediana edad cuya vida se reduce a trabajar y subsistir. Lo más cercano a la actividad física son sus reflexiones sobre lo que sucede a su entorno. Reflexiones que le sumen progresivamente en un proceso de ensimismamiento. Por él, se quedaría inmóvil en un rincón esperando que la vida pasara. Pues no confía en nada de lo que pueda ocurrirle, nada le estimula o lo poco que consigue estimularle él lo valora como insano.
Houellebecq ha construido un mundo propio desde esta novela. Puede que su estilo aquí sea un poco ingenuo, que la novela no sea tan amplia de rango como sus obras posteriores. El personaje se mueve por su país en el ámbito de sus desplazamientos profesionales. Va a donde le dicen y allí pertrecha la base de operaciones para sus reflexiones. La novela es de 1994 y la crítica al liberalismo a ultranza late ahí con fuerza. Seguro que a Houellebecq se la suda que se le considere, por ese motivo, un adelantado a su tiempo, pero seguro que no le gustó que lo tildaran de apocalíptico. 2013: veamos como está el mundo y qué ha sido de todos esos personajes obsesionados por el dinero y por el triunfo fatuo. Así que la reflexión del autor, puesta en mente del protagonista de Ampliación del campo de batalla es solo un precedente de lo que vendrá luego en su obra. Una semilla que hará crecer árboles extraños y retorcidos. Puede que no sea su mejor obra y puede que algunos de sus mensajes solo hayan hecho que perfeccionarse y depurarse, pero el gran escritor está tras esa historia turbia y nihilista. Y quien da primero da dos veces.

Todas las reseñas sobre Houellebecq en ULAD: Aquí


martes, 9 de julio de 2013

Louise Erdrich: La casa redonda

Idioma original: inglés
Título original: The Round House
Año de publicación: 2012
Traducción: Susana de la Higuera Glynne-Jones
Valoración: muy recomendable


La historia que nos cuenta La casa redonda sucede en 1988. El protagonista es Joe, un chico indio de trece años cuya vida cambia por completo después de que su madre haya sido violada y de que, completamente traumatizada, se encierre en su habitación y se aisle de todo y de todos, mientras que su padre, un juez tribal, intente infructuosamente que se haga justicia. Frustrado por los pocos resultados que la investigación policial parece ofrecer (a pesar de que su madre ha identificado al violador) y de los obstáculos que continuamente presenta la ley tribal, Joe decide acudir al lugar en el que tuvo lugar la brutal agresión (la casa redonda, un lugar de culto para los nativos de la reserva) y, con ayuda de sus amigos, investigar por su cuenta.

Aunque la historia de Joe es, por supuesto, la trama principal de La casa redonda, Louise Erdrich nos cuenta en este libro mucho más que eso. Nos habla de cómo era la vida de los indios (o nativos americanos, si queremos ser políticamente correctos) en la década de 1980, de lo ineficaces que resultan a veces las leyes a la hora de proteger a los ciudadanos (y más en una reserva india, donde las leyes tribales se enfrentan a las leyes "blancas" –por decirlo de alguna manera– y donde determinar en qué fracción de tierra se cometió un delito supone una gran diferencia a la hora de impartir justicia), del racismo imperante, de la brecha generacional entre los indios adultos (que aún mantienen en gran medida sus creencias y tradiciones) y los jóvenes (que son cada vez más "blancos")...

Pero, sobre todo, Erdrich saca a la luz un problema del que se sabe muy poco: las agresiones sexuales cometidas a mujeres indígenas. Como explica en el epílogo de este libro, una de cada tres mujeres indias será violada a lo largo de su vida (aunque la cifra real es, desgraciadamente, más alta, pues son minoría las mujeres que denuncian este tipo de agresiones), el 86% de las veces por hombres blancos que, debido a una confusa maraña de leyes, límites territoriales y demás injusticias y absurdeces, nunca serán castigados por ello.

Así, La casa redonda nos ofrece una bildungsroman ambientada en una reserva india, narrada con maestría y con gran verosimilitud, sin infantilizar la acción y presentando una visión realista de las relaciones entre adultos y adolescentes y de la manera en la que éstos se enfrentan al mundo que los rodea, así como una profunda y directa crítica social. Fácil de leer, en resumen, y lento (para bien) de digerir.



También de Louise Erdrich: Plaga de palomas.

lunes, 8 de julio de 2013

Camille Vannier: El horno no funciona

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien

Hay una librería situada en la calle Dos de Mayo de Bilbao en la que quiero plantar una tienda de campaña (discúlpenme todos los libreros y libreras de mi ciudad natal, espero que esto no sea entendido como una ofensa). Si un día alguien me preguntara por el Paraíso, lo arrastraría hasta ANTI- y después rogaría a los antianos que me adoptaran. Acto seguido, devoraría todos sus libros.

Sin embargo, hasta el momento sólo me he atrevido a comportarme como una clienta normal y corriente. Vamos, que les compro libros. El último capricho fue El horno no funciona, de la parisina Camille Vannier, una mezcla entre un diario ilustrado, un cómic autobiográfico y un libro de bocetos que Sins Entido publicó en 2011. El hilo conductor de la historia se construye a partir de los retratos de quince personas que conviven en diferentes momentos con la narradora, la propia Camille.

La protagonista llega a Barcelona en 2004, procedente de París. Entra a un ciber y encuentra el anuncio de un piso compartido donde “el horno no funciona”, una frase que ella repetirá cada vez que enseñe el piso a un nuevo inquilino: “… después de haber anunciado que tenemos una calefacción increíble y una lavadora súper silenciosa, es cuando les digo: “ah, por cierto, el horno no funciona”. La gente no suele reaccionar a la revelación que les acabo de hacer. Porque a ver, no pasa nada porque el horno no funcione. Pero cada vez que digo esta frase, en realidad lo que les digo es: “sí, el piso es muy bonito, muy grande,… Pero lo siento, nunca friego los platos, Josep no baja la tapa del water, Marco no sabe colgar la ropa en el tendedero,…con el tiempo para mí esta frase ha pasado a ser una metáfora de “nadie es perfecto”. 

Lo interesante, lo atractivo y el humor de la obra residen en esa extraña familia que describe Vannier con la que todos aquellos que hayamos compartido piso alguna vez podemos identificarnos, porque uno nunca sabe qué puede encontrarse después de ese primer contacto con un candidato a compañero de piso. Cándido y entrañable en apariencia, el compañero de piso puede convertirse en el futuro en un ser cruel y espeluznante. Recuerden, recuerden. Hagan memoria. Piensen en aquella cara bondadosa inicial que, tras su metamorfosis rauda y repentina, nunca limpiaba el baño, la vajilla, se comía sus galletas y, curiosamente, aunque con una periodicidad asombrosa, siempre olvidaba comprar el papel de baño o pagar al casero.


De cualquier modo, parece que, salvo alguna excepción (no parece sentir mucho aprecio por el trío Zoraia-Mariona-Rochelle, cuyo lema es “ajo y agua, tía”), C. Vannier ha tenido bastante suerte con sus compañeros y sus lápices de colores ilustran mediante una estética naïf y desenfadada una serie de bocetos alegres y dinámicos sobre personajes curiosos, dejados y algo maniáticos que componen esta atípica familia:“quizá no sea eterna como la biológica, pero tan familia como ésta… Una familia bis, que se formó con la ayuda de loquo.com. Pero… ¿Sabéis qué? Al fin y al cabo, elegida o no, la familia siempre es un follón.  


La pena es que, a pesar de que esa estética cercana al boceto que emplea a la hora de ilustrar sus personajes sea resultona y divertida, en lo referente a la narrativa textual la obra podría estar más trabajada y presentar quizás una trama más elaborada. 

domingo, 7 de julio de 2013

Rodrigo Soto: Gina

Idioma original: español
Año de publicación: 2001
Valoración: recomendable

Rodrigo Soto es un destacado escritor costarricense. En la contraportada de esta edición, publicada por Periférica en 2006, se mencionan referencias de alta fiabilidad: otro Rodrigo, Rey Rosa, y el mismísimo William Faulkner. Gina se publica individualmente aunque inicialmente fue publicada dentro de una serie de semblanzas.
Se trata de una novela corta, de apenas 100 páginas, distribuida en capítulos que cambian no sólo de narrador, sino de tiempo, e incluso de tendencia objetiva o subjetiva. Alguno de ellos es la pura descripción de un sueño o una situación vivencial. Corresponde al lector armar, contando con esa información, la historia de Gina, una historia que Soto consigue, merced a la aportación progresiva de nuevos matices, mostrar que no es tan sencilla como los primeros capítulos sugieren. Pues el inicio muestra a una mujer joven, con hijos, que toma la decisión de abandonar al padre de sus hijos y mudarse. Averiguaremos no sólo los motivos de esa decisión, sino muchas otras cosas, pero el sentido de la novela no es la resolución de un misterio: el sentido de Gina es mostrar las múltiples facetas que pueden mostrarse a través de la vida de una persona, y como todas ellas aportan algo de interés.

Obviamente se trata de narración breve y rara vez se ahonda en alguna de esas facetas. Soto deja huecos que el lector ha de encargarse de rellenar, sin que ello constituya un desafío a la creatividad que se exija por parte del autor. Al contrario, Gina provoca el estímulo de detonar la visión unidimensional: si la protagonista puede actuar maternalmente o escoger casi aleatoriamente a un desconocido para su primera experiencia sexual no es incompatible ni con una actitud ideológica militante ni con su arraigado sentido de la amistad. A veces, sobre todo en los extraños episodios oníricos (en los que no es extraña la presencia de personajes célebres), uno tiende a desorientarse. Puede que Gina sea uno de esos libros que merece una segunda lectura en la que algunos de sus pasajes empiecen a encontrar su lugar y a completar el mosaico. De momento, es una interesante y asequible puerta de entrada al trabajo de su autor, autor de estilo conciso y directo que, según me consta, es el primer escritor de Costa Rica que reseñamos en ULAD. Esperamos sugerencias.

sábado, 6 de julio de 2013

Joseph Roth: La leyenda del santo bebedor

Idioma original: alemán
Título original: Die Legende vom heiligen Trinker
Año de publicación: 1939
Valoración: Muy recomendable

Hay una categoría de libros que ocupa un lugar muy especial en mi corazón lector (y creo que en el de muchos lectores como yo): son los libros que parecen fáciles de escribir de tan sencillos que son, pero que de sencillos no tienen nada, faltaría más. A esta categoría pertenece esta Leyenda del santo bebedor, obra póstuma de uno de los grandes narradores centroeuropeos del siglo XX, Joseph Roth. Aunque aquí hayamos reseñado de él solamente Hotel Savoy y La rebelión, también merecerían una reseña (que tal vez algún día llegue) al menos La marcha Radetzky, La tela de araña y El busto del Emperador.

Pero vamos con esta Leyenda, que como indica su título tiene un aire misterioso de irrealidad, pese a su ambientación realista. La trama es (como decía antes) de lo más simple: a Andreas Kartak, un clochard parisino de origen polaco, un desconocido filántropo le hace entrega de doscientos francos, con la condición de que los devuelva cuando quiera y pueda a santa Teresita de Lisieux en la iglesia de Sainte Marie des Batignolles. Y el buen clochard intenta cumplir su promesa, pero siempre hay algo que se lo impide: cuando no es su afición a la bebida y a los placeres mundanos, es una antigua amante que intenta recuperarlo, y cuando no es un conocido que lo estafa. El dinero aparece y desaparece de la vida y de la cartera de Andreas milagrosamente (el término no es casual), hasta su último y desesperado intento de saldar su deuda con la santa. 

No hay que buscar, como decía, en esta novela alardes técnicos: el texto es una continua huida hacia adelante, que exige del lector la "suspensión de la incredulidad" para aceptar las premisas de un mundo en el que los encuentros casuales, las apariciones milagrosas y las coincidencias improbables se suceden. El estilo original de Roth debe ser, a juzgar por lo que he leído, uno de los valores de esta obra, pero eso resulta difícil de evaluar a través de una traducción, por mucho que sea una traducción competente como la realizada por Michael Faber-Kaiser para Anagrama.

La leyenda del santo bebedor es un libro en cierto modo festivo, a pesar de su estructura trágica (Andreas Kartak parece constantemente movido por fuerzas superiores a él que lo conducen a un final inevitable). El propio Joseph Roth pasó sus últimos años envuelto en una nube alcohólica en París, como el protagonista del relato. La frase final del libro explicita esta relación entre el protagonista y el autor, y explica también el evidente cariño con que es tratado el personaje: "Gebe Gott uns allen, uns Trinkern, einen so leichten und shönen Tod. / Denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte."

Más novelas de Joseph Roth en UnLibroAlDía: Hotel SavoyLa rebeliónFuga sin finLa Cripta de los CapuchinosLa marcha Radetzky

viernes, 5 de julio de 2013

Jack Green: ¡Despidan a esos desgraciados!

Idioma original: inglés
Título original: Fire the Bastards!
Fecha de publicación: 1962 (en español, por Alpha Decay en 2012, con traducción de Rubén Martín Giráldez)
Valoración: Interesante

Qué poco me apetece reseñar este libro en el que su autor analiza y pone a caldo las reseñas que un buen puñado de críticos literarios con cierta fama le hacen a una novela que él considera la bomba.

No sé si la culpa la tendrá el inclemente calor maltés, el atontamiento del que soy presa cuando me sumerjo en las anestesiantes vacaciones estivales, o mi reciente afición a leer blogs dedicados a criticar libros que la mayoría de las veces resultan a sus reseñistas bastante malos, pero lo cierto es que tengo una desagradable sensación de "empacho" de análisis literario, análisis literario ácido, je veux dire.

Y ojo, que ello no me impide hacer un ejercicio de autocrítica... Vamos, que soy consciente de que el tono indignado, jocoso y malévolo con el que algunos criticamos con mayor o menos frecuencia libros que nos intentan vender como obras loables y que nosotros consideramos de baja calidad o, incluso, auténticas tomaduras de pelo, puede llegar a cansar o saturar. Más aún si uno se empecina, además, en criticar la vida personal de los escritores, las acciones mafiosas de las editoriales, la falsedad de algunos premios literarios, etc, etc...

Pero a lo que iba...

Resulta que en esta etapa de lectura de reseñas avinagradas (más allá de ULAD, matizo) que estoy pasando, no se me ha ocurrido otra cosa que deglutir en apenas un par de tardes un libro en el que se critica a críticos literarios, y este rizo demencial ha hecho que mi cabeza conectara rápidamente con la engolada preguntita "¿Quién vigila a los vigilantes?" del comic/filme Watchmen.

Porque, ¿quién critica a los críticos? Pues miren, aparte de internautas en desacuerdo, trolls caverneros and company, tipos como Jack Green, el autor de ¡Despidan a esos desgraciados! (título muy utilizable en pancartas de la Spanish Revolution, por cierto).

 Jack Green es un tipo misterioso del que apenas circulan un par de fotos y que sacó su propio fanzine para publicar sus cosas y despotriques en los 60. Algunos dicen que Jack Green no existe (la foto que sacan los de Alpha Decay en su edición me hace pensar en un una suerte de Algarrobo, sí, sí, el de Curro Jiménez, intelectual); otros, que es el mismísimo y también presunto-inexistente Pynchon; otros, que en realidad se llama Christopher Carlisle Reid; otros, que es, fíjate tú, William Gaddis, y algunas teorías más.

La cosa es que, fuera quien fuera, sea quien sea, Jack Green, al individuo le sentó muy mal que casi todos los críticos de la época pusieran a bajar de un burro la novela  Los reconocimientos, la primera obra de un hombre de 32 primaveras llamado William Gaddis que por lo que cuentan (no, no la he leído), irrumpió en el mundo literario con la misma fuerza y capacidad desconcertante que el amado/odiado Ulises de James Joyce.

Al parecer, a Green este libro le pareció magistral y se indignó cuando leyó y leyó críticas y más críticas negativas al mismo, críticas que, según él, no estaban bien fundamentadas, eran injustas o, sencillamente, habían sido escritas por personas que ni siquiera se habían leído la obra. Y en ¡Despidan a esos desgraciados!, Green se desahogó analizando minuciosamente estas críticas y denunciando mediante elaboradas explicaciones y análisis por qué sus autores, según él, merecían acabar de patitas en la calle.

En fin. Este ensayo de Green es un libro interesante, sobre todo para los que, de una forma u otra, están familiarizados con el mundillo de la crítica literaria. Y es que pone en duda la profesionalidad de los que en teoría son los más autorizados en la materia. E incluso se atreve a darles también un coscorrón figurado a los que alabaron las virtudes de Los reconocimientos de forma poco creíble o con endebles argumentos.

Pero una cosa es cierta: yo, por mi parte, ya he tenido bastante. De blogs de crítica biliosa y libros criticones. Será el calor maltés, pero creo que en los próximos días me voy a poner con alguna cosita más light. Paso de que comience a salir humo de mis paneles auditivos.