domingo, 18 de septiembre de 2022

H. P. Lovecraft: En las montañas de la locura

Idioma original: Inglés
Título original: At the Mountains of Madness
Año de publicación: 1936 (por entregas)
Traducción (al catalán): Edgar Cotes Argelich
Valoración: Imprescindible para interesados. Para el resto, recomendable

Septiembre de 1930. Los integrantes de una expedición a la Antártida descubren verdades tan antiguas como pavorosas. El geólogo William Dyer, uno de los pocos supervivientes, relatará lo sucedido. 

Esta vendría a ser la premisa de En las montañas de la locura, clásico del terror y la ciencia ficción tremendamente adictivo. Se cuenta entre las obras más conocidas de H. P. Lovecraft y tiene la particularidad de ser una narración larga salida de una pluma proclive al formato breve.

A mi juicio, la novela baraja magistralmente los elementos que caracterizan al horror cósmico: 

  • Atmósferas ominosas.
  • Misterios que nos quedan grandes a los meros mortales.
  • Protagonistas pasivos que sólo pueden enloquecer frente a aquello que se despliega a su alrededor.  
  • Un final que deja claro que poco puede hacer la Humanidad contra lo que mora en el gélido silencio del espacio.

Por contra, en el lado menos positivo destacaría que:

  • La prosa se antoja, en ocasiones, flojilla, pues abunda en descripciones sobredimensionadas, incontinencia de adjetivos, detalles anecdóticos...  
  • Las escenas se alargan más de lo estrictamente necesario (sobre todo teniendo en cuenta que la acción de este relato es prácticamente nula). 

Resumiendo: En las montañas de la locura puede hacerse largo, pesado, por momentos repetitivo. Aun así, creo sinceramente que es una aportación literaria impagable. Vale la pena leerlo, seas un admirador del autor o no, un entusiasta del género o no. Actualmente no me gusta tanto como cuando era adolescente, pero sigue pareciéndome una experiencia increíble. «¡Tekeli-li!», amigos míos, «¡Tekeli-li!».


También de H. P. Lovecraft en ULAD: Aquí

sábado, 17 de septiembre de 2022

Zygmunt Bauman: ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?

Idioma original: inglés

Título original: Does the Richness of the Few Benefit Us All?

Traducción: Alicia Capei Tatjer

Año de publicación: 2013

Valoración: Bastante Recomendable


Pues una pregunta bien explícita, no? Generemos riqueza, cuanta más mejor, aunque (o para que) se la lleven unos pocos, porque al final algo de todo eso nos llegará a los demás. También conocida como teoría del goteo, es la última vuelta de tuerca del neoliberalismo, que triunfa en todo el planeta y a la que tampoco hace ascos la socialdemocracia con aquello de hacer una tarta bien grande, que ya habrá tiempo de repartirla. En lenguaje más coloquial: cuanto más rico sea yo más sobras os echaré en el plato. Eso, si me beneficia y os portáis bien.

La respuesta de Bauman a la pregunta es obviamente negativa, no tanto desde el punto de vista económico (para lo cual no sé si tendría los argumentos técnicos necesarios) como desde el ético, claro está. Porque la clave está en el verbo: nos beneficia. Ya habrá expertos que discutan si en base a ese axioma la economía va mejor, suben los sueldos y desciende el desempleo y la miseria. Pero aunque así fuese esa situación nos beneficia tanto como si mañana Elon Musk o Amancio Ortega nos prometiesen un incremento del diez por ciento en nuestro salario si nos convertimos en sus esclavos. Ganamos más, pero eso no necesariamente nos beneficia, porque no es el único parámetro que hay que valorar.

La desigualdad, que es en definitiva de lo que estamos hablando, se ha multiplicado de forma explosiva en el siglo XXI. Bauman aporta algunos datos seguramente ya conocidos. Uno: 'casi todo el crecimiento del producto nacional que consiguió Estados Unidos desde el colapso crediticio de 2007, más del 90 por ciento del mismo, cayó en manos del 1 por ciento más rico de los estadounidenses'. Dos: 'el 20 por ciento más rico de la población consume el 90 por ciento de los bienes producidos''. Tres: 'el 1 por ciento más rico posee ahora casi 2.000 veces más que el 50% de la población mundial'. Y así hasta el infinito, más y más ejemplos extendidos por todo el mundo, desigualdades enloquecedoras y en aumento exponencial entre personas y entre países, cifras escalofriantes que ponen negro sobre blanco la concentración de la riqueza en manos de una minoría cada vez más ínfima y cada vez más acaparadora. El libro está editado en 2013, los datos han seguido disparándose desde entonces y lo que cuenta Bauman es una muy pequeña muestra frente al apabullante material, mucho más pormenorizado y técnico, que expone por ejemplo Thomas Piketty

Pero como el pensador polaco no es un economista que conozca a fondo los resortes del sistema, lo que le preocupa no es tanto subrayar la evidencia, ya de sobra demostrada, como detectar sus consecuencias. La primera es que la concentración de la riqueza implica también concentración del poder, y por tanto ‘la primera víctima de esa profunda desigualdad será la democracia’, toda vez que los bienes necesarios para la supervivencia van quedando en manos de unos pocos y por tanto la capacidad de decisión se ve cada vez más limitada. La desigualdad, planteada en estos términos brutales, deriva en una alteración de los conceptos de sujeto y objeto, y sectores cada vez más extensos de la población, engullidos y degradados por el sistema, centrados en la mera subsistencia, pasan progresivamente a convertirse en objetos, piezas que voluntariamente o no, dejan de tener voz y se limitan a contribuir a que el mecanismo siga funcionando.

El proceso se alimenta en gran parte del consumismo (una de las bestias negras de Bauman) que, inyectado profundamente en la sociedad, crea necesidades crecientes que el ciudadano se ve impulsado a satisfacer, con lo que se lanza a recoger las migajas que le caen, se endeuda, compra, y alimenta así al sistema de forma indefinida y creciente porque el beneficio que se genera va de nuevo, en términos macroeconómicos, a aquella minoría cada vez más reducida. La competitividad es otra de las patas del invento, al establecerse una competición entre los consumidores para intentar obtener siempre algo de más valor, algo que al menos simule un estatus algo más elevado.

Entrando en terrenos más propios de la sociología que de la economía, hay también espacio para la tecnología. Recogiendo una idea de Jonathan Franzen, Bauman ve en la tecnología un medio para escapar de la realidad, que en definitiva es aquello que se resiste al ser humano, algo que debemos doblegar o ante lo que debemos plegarnos, y fuerza nuestra voluntad en uno u otro sentido. La tecnología permite escapar de esos límites y plantearnos un mundo a nuestra medida, que se ajuste a nuestras expectativas y que podemos ignorar con solo darle a un botón. Un nuevo bien de consumo para no pensar demasiado y mostrarnos dóciles con lo que nos lo ofrece (y eso que, insisto, el libro tiene casi una década y el autor no se podía imaginar lo que vendría en los años siguientes)

Pese a que son poco más de cien páginas, Bauman va sondeando en distintos aspectos de la sociedad actual a partir de aquellos datos iniciales sobre la desigual distribución de la riqueza. A veces podemos tener la sensación de que se pierde un tanto en digresiones sobre temas sin una conexión demasiado clara, aunque la exposición es siempre fundamentada y rigurosa. Pero es lo que tiene poner un título tan sonoro y específico: puede que el lector acuda con un interés directo sobre lo que se propone y se decepcione al encontrarse con temas diferentes aunque colaterales. Para evitarlo conviene olvidarse un poco de la pregunta inicial y centrarnos en la lectura de un autor que ya es un clásico cuando se trata de analizar estos tiempos líquidos.

viernes, 16 de septiembre de 2022

Chris Offutt: Los cerros de la muerte

Idioma: inglés

Título original: The Killing Hills

Año de publicación: 2021

Traducción: Javier Lucini

Valoración: Está bastante bien


Primera novela de un prevista trilogía noir rural (no sé hasta qué punto es correcto emplear este término, pero va...), protagonizada por Mick Hardin, un militar natural de un villorrio de Kentucky que sirve en la División de Investigación Criminal del Ejército de EEUU... En esta novela, encontrándose Mick en su pueblo, Rocksalt, por motivos personales, su hermana Linda, sheriff de la localidad, le pide ayuda para resolver un crimen: una mujer ha sido encontrada muerta en una hondonada de los cerros boscosos de la zona. Mick se lanzará entonces a una investigación informal entre los recelosos lugareños para averiguar la verdad, no sin las consabidas interferencias del FBI, algún magnate local y los maleantes del pueblo...

Por decirlo claramente, esta novela reúne buena parte de los topicazos del género hardboiled, sin ningún rubor, sólo que trasladadas a las montañas Apalaches: secretos familiares, violencia que se dirime dentro de una comunidad cerrada, matones, algún asuntillo sexual que es mejor no difundir...  Sobre todo, el personaje de Mick Hardin supone la enésima versión del "detective" de novela negra: duro y algo desencantado pero no despiadado; extremadamente competente en lo suyo pero abrumado por su desastrosa vida personal; con un gran sentido de la justicia, pero no necesariamente respetuoso con la ley... Todo ello, eso sí, pasado por el ambiente y la idiosincrasia hillbillie de esa región... idiosincrasia que, básicamente, consiste en la consabida pregunta de "¿Y tú de quién eres?", como en cualquier pueblo de la España vaciada o sin vaciar. Aunque con una idea de la restitución y aún de la venganza más propios del agro corso o siciliano (o eso se supone). 

Claro que, pese a que la novela no suponga ninguna sorpresa para los aficionados al género, hay que reconocer que Chis Offutt sabe su oficio y lo hace muy bien: el libro se lee como quien bebe un vaso de agua, pero sin que deje la sensación de ser una lectura baladí. Gran parte de esta sensación se debe al dominio del autor en la creación de personajes (recordemos que también es guionista en exitosas series televisivas), en la agilidad en los diálogos y, sobre todo, en las descripciones del entorno; en esta novela, lejos de los callejones, clubes nocturnos o apartamentos donde se desarrollan las clásicas novelas policiacas urbanas, el entorno natural, con su accidentada orografía, los árboles y otras plantas, los animales y las personas que conviven con ellos adquiere un protagonismo que resulta fascinante y refrescante, y que consigue dejarnos con ganas de seguir visitando este rincón olvidado de Kentucky.


Otros títulos de este autor reseñados en Un Libro Al Día: Noche cerradaKentucky secoDos veces en el mismo río

jueves, 15 de septiembre de 2022

Katherine Mansfield: Sopa de ciruela

Idioma original: Inglés
Traducción (prólogo, selección y notas): Eleonora González Capria
Ilustraciones: Josefina Schargorodsky
Año de publicación (de este volumen): 2022
Año de publicación (de los textos incluidos en la selección): 1893 - 1923
Valoración: Sorpresa más que agradable

Una pequeña explicación al un tanto farragoso encabezamiento de la reseña: los textos que se incluyen en Sopa de ciruela proceden, en su gran mayoría, de los más de 50 cuadernos que Mansfield dejó tras su muerte y han permanecido inéditos en castellano hasta la publicación de esta compilación, lo que explica ese doble "año de publicación". En cuanto a la escasamente canónica valoración, esta obedece especialmente a cierto miedo inicial a una supuesta (por mi) rareza de los textos y a su carácter fragmentario.

Dicho esto, ¿qué clase de textos se recopilan en Sopa de ciruela y qué "orden" se sigue? Pues bien, podemos encontrar anotaciones de diario, estampas, viñetas, (bocetos de) cartas, (bocetos de) relatos, poemas, reseñas literarias, recetas de cocina, listas de gastos, etc que son agrupados según un no excesivamente estricto criterio "temático": el hambre, el buen beber, la escasez, en el café, en viaje, entre jardines... A primera vista, sorprende no encontrar demasiadas referencias a la escritura como proceso, como técnica. Al fin y al cabo, cabría esperar algo así de los diarios de una escritora, ¿no? Nada más lejos de la realidad. Lo que fundamentalmente hallaremos en los diversos materiales que componen Sopa de ciruela es cotidianeidad pura y dura. La vida, vaya.

Tú y yo todavía nos amamos, pero ya no me necesitas como antes y yo, por alguna razón, siempre tengo que sentirme "necesitada" para ser feliz.

Pero pese a esa aparente fragmentariedad y a ese aspecto breve o hiperbreve, "instantáneo" por momentos, sí que encontramos una cierta "continuidad narrativa", en especial en las partes 3ª y 4ª del volumen, hasta el punto de que las mismas pueden ser leídas como una novela (plagada de elipsis, eso sí).

Vivo de viejas ilusiones inventadas, pero ya no engañan a ninguno de los dos. 

Por lo tanto, ficción y no ficción se unen para conformar algo parecido a la (auto)biografía de Katherine Mansfield a través de unos textos en los que se combinan lo naif y lo oscuro, en los que angustia existencial, enfermedad y muerte comparten espacio con el humor, la ternura o el amor.

Me siento como una mosca que dejaron caer en el vaso de leche & después rescataron, pero todavía está demasiado empapada de leche & y ahogada como para empezar a a asearse.

Ojalá se pudiera distinguir el amor verdadero del falso como se distinguen los champiñones de los hongos venenosos. 

En lo referente a la parte ficcional, la literatura de Mansfield me trae a la cabeza a la gran Silvina Ocampo. Escenarios bucólicos (jardines, sobre todo, pero también cafés), niñas o mujeres jóvenes como protagonistas y algo oscuro u oculto que no acaba de encajar. Textos cargados de luces y aromas, relatos que insinúan en lugar de mostrar.

En cuanto a lo no ficcional, me quedo con la capacidad de la autora para mostrar el desgarramiento y la extrañeza que causaron en ella los sucesivos traslados a los que la obligaban sus enfermedades, con la combinación del detalle impresionista y la objetividad más fría en las descripciones y con el ejercicio de autodisección de su interioridad.

Lo dicho. Sorpresa más que agradable la de este volumen y esta autora, absoluta desconocida para mi, de quien ya tengo por casa Fiesta en el jardín y otras narraciones. Algún día hablaremos de el. O igual no. ¿Quién sabe?

miércoles, 14 de septiembre de 2022

​Rodney Garland: El corazón en el exilio

Idioma original: Inglés
Título original: The Heart in Exile
Traducción: Carlos Sanrune
Año de publicación: 1953
Valoración: Curioso

El corazón en el exilio, novela que el escritor húngaro Adam de Hegedus publicó bajo el muy británico pseudónimo de Rodney Garland, fue un "bestseller" en su época, pese a tocar un tema, el de la homosexualidad masculina, por entonces controvertido.

La historia aquí narrada es, hasta cierto punto, sencilla. El psiquiatra Tony Page investiga el suicidio de Julian Leclerc, con quien mantuvo un romance en la juventud y se introdujo en el mundo clandestino del Londres gay.

Como podéis intuir, esta premisa le debe mucho a la literatura detectivesca, por lo que entrega un misterio y suspense interesantes. Asimismo, permite al autor deleitarnos con una serie de caracterizaciones bastante logradas y un minucioso retrato del escenario.

A la obra de Garland sólo le reprocharía que en ocasiones se disgrega demasiado del argumento principal, que abusa del azar y la conveniencia (aunque esto último queda excusado, en cierto modo, al final del capítulo ocho) y que la trama del suicidio de Leclerc se cierra de forma algo anticlimática.

En resumen: El corazón en el exilio es una novela entretenida, con personajes trabajados y un subtexto rico. Si bien su visión está desfasada hoy día (de la homosexualidad, la moralidad, las relaciones entre hombres y mujeres o las diferencias de clases sociales), es un testimonio curioso y hasta cierto punto pionero que merece la pena conocer.

martes, 13 de septiembre de 2022

John le Carré: El espía que surgió del frío

Idioma original: inglés

Título original: The spy who came in from the cold

Traducción: Nieves Morón

Año de publicación: 1963

Valoración: Recomendable alto


Espías los ha habido siempre, pero a mediados del siglo pasado se llegó a consolidar una especie de subgénero literario basado en aventuras de ese mundo, seguramente tan oscuro y complejo como parece desde fuera.  Recién terminada la Segunda Guerra mundial (incluso podría decirse que antes de terminar) ya estaban configurados los dos bloques antagónicos que se enfrentarían durante los cincuenta años siguientes. En ese momento esos dos bloques comparten frontera en la Alemania ocupada y, de forma muy significativa, en el propio Berlin, de inmediato dividida, donde los nuevos enemigos literalmente se rozaban. El famoso Checkpoint Charlie, con toda su leyenda, es el símbolo de la guerra fría y el espionaje.

Por allí anda el espía británico Alec Leamas, responsable del tinglado en la República Democrática alemana, hasta que pierde a su último hombre justo cuando iba a cruzar la frontera. Parece que el trabajo de Leamas no ha sido demasiado provechoso, y el alto mando (todo lo dirige un tipo enigmática y muy apropiadamente conocido como Control) le manda un tiempo a la nevera. El agente, ya bastante bregado y un poco harto de todo, termina sin un céntimo, con un trabajillo de circunstancias, hasta que se le encomienda una última misión, que será al mismo tiempo una oportunidad para redimirse de su derrota.

La perspectiva del mundo del espionaje es muy diferente de la que proponía Graham Greene, por ejemplo en El factor humanoEn Greene interesa sobre todo la subjetividad, el espía como individuo cuyo trabajo es ese como podía ser cualquier otro. Para Le Carré, sin perder de vista el lado humano, es más importante la intriga, cómo funcionan los mecanismos del engaño y la simulación, qué leyes gobiernan ese entramado político-militar que hoy llamaríamos Inteligencia, en definitiva descubrir el juego oculto del adversario, anticiparse a sus movimientos, conocerle para debilitarle y destruirle. Y lo que encontramos es que no hay en realidad ninguna ley, nada tiene valor, incluida la vida, al margen del éxito de una misión, eso es lo único que importa.

Las redes de espionaje son realmente una gran trituradora que va destruyendo a todos los que, voluntariamente o no,  se acercan a ella, los destruye física o mentalmente, o ambas cosas. No a todos: solo pueden salvarse los que realmente conocen el sistema, quienes carecen de escrúpulos como el sistema exige, y saben mantenerse a flote a cualquier precio. Así vamos distinguiendo entre ese puñado de personajes bien dibujados (idealistas, desengañados, funcionariales) quiénes serán capaces de sobrevivir y quiénes sucumbirán en esa criba inexorable y muy descriptiva.

Según se dice, las novelas de John le Carré, y ésta en concreto, son el canon de la literatura de espionaje, el modelo que muchos otros copiaron después y que se llevó al cine una y otra vez. Y es que realmente el libro está estupendamente escrito, tiene el ritmo perfecto, el grado adecuado de complejidad para no frustrar al lector y que su esfuerzo resulte gratificante, integra ciertos elementos emocionales (la relación entre Leamas y la joven Liz, pero también la envidia de Fiedler, por ejemplo) en la justa medida para no deshumanizar del todo la trama. Y no falta el tanto de literatura forense (ya saben, la larga escena del juicio en donde se dilucidan cosas fundamentales), que tal vez no sea tan novedosa, bien llevada aunque intuyo que con un sesgo anglosajón que puede no ser del todo adecuado. 

Un conjunto brillante, donde tiene también cabida la sutileza para describir situaciones de forma que el leguaje digamos literario no es un adorno, sino que esté realmente al servicio de la narración:

‘En todas partes, ese aire de conspiración que se produce entre la gente que está levantada desde el amanecer, casi de superioridad, nacido de la experiencia común de haber visto desaparecer la noche y llegar la mañana.’

Es decir, captando las atmósferas necesarias para contextualizar el relato de forma impecable.

No sé si una historia de espías da como para hablar de literatura de gran calibre pero, si no perdemos la perspectiva de lo que estamos leyendo, hay que decir que el libro se cerca bastante a lo perfecto y desde luego merece ser conocido.


También de John le Carré en ULADEl sastre de PanamáUn hombre decente

lunes, 12 de septiembre de 2022

Darío Adanti: La ballena tatuada

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: entre recomendable y está bien

Se cumplen estos días cinco siglos de una de las mayores gestas de la historia de la Humanidad: la primera vuelta al Mundo...

-Espera, espera... ¿esta reseña no la habías hecho ya? ¿Os dedicáis ahora a plagiaros a vosotros mismos o qué?

-No, no, nada de eso... aquella era la reseña sobre el libro de Antonio Pigafetta; ésta sobre uno muy diferente, una novela gráfica de Darío Adanti que trata de...

-Ah. vale, otro libro de dibujitos... Había pocas ganas de trabajar, ¿eh?

-...trata también, aunque no sólo, de la primera circunnavegación del Globo llevada a cabo bajo el mando de Magallanes y Elcano, pero desde una perspectiva diferente. ¿Puedo seguir?

-Si no hay más remedio...Venga, dale, dale...

Darío Adanti, ilustrador argentino que reside en España desde hace la tira de años y muy conocido por ser uno de los (ir)responsables de la revista Mongolia, parte para componer este libro de algunos de sus intereses de la infancia y juventud, como la fascinación que le produjo el libro Moby Dick y, en concreto, la mención que se hace a una ballena de las cotas chilenas, a la que llamaban Don Miguel y que parecía "estar cubierta de tatuajes". Con este primer elemento realizó unas cuantas páginas que publicó en 1996, al poco de llegar a España y que, 25 años después, amplió hasta conformar este libro, añadiendo otros nuevos ingredientes, como la fascinación por la Historia de los navegantes que dieron la primera vuelta al mundo y por un libro ilustrado con fotografías del etnólogo Martin Gusinde sobre los habitantes originales de Yierra de Fuego y que estaba en el hogar de los adanti en Buenos Aires.


Combinando, pues, a Moby Dick, historias bíblicas, personajes casi olvidados de la Historia junto con otros harto conocidos, como los exploradores y conquistadores del XVI, leyendas marineras, un cancionero popular inexistente -pergeñado, claro, por el propio Adanti-, unas ilustraciones entre el underground clásico  y un estilo Lowbrow no menos lisérgico. Y mucho humor -negro, eso sí- y frescura, como si Bruce Chatwin hubiese sido dibujante de El Víbora. 
O Gary Baseman hiciera gala de un saber enciclopédico.