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lunes, 10 de febrero de 2014

Bruce Chatwin: Utz

Idioma original: inglés
Título original: Utz
Traductor: Eduardo Goligorsky
Año de publicación: 1989
Valoración: Muy recomendable.

Para muchos, Bruce Chatwin fue un autor de libros de viajes, especialmente de uno, En la Patagonia, que sirvió para revitalizar el género, allá por los 70, y cuya fórmula, entre la minuciosa descripción objetiva y la observación subjetiva (e incluso íntima), ha sido imitada en infinidad de ocasiones. Bruce Chatwin se ha convertido, además, en la imagen icónica del viajero por antonomasia, del mochilero que ha estado en todas partes (literalmente) y ha dormido lo mismo en chozas o tiendas beduinas que en mansiones de la jet-set internacional.
Para otros, al menos en el mundo anglófono, Chatwin fue una figura literaria desaparecida demasiado pronto y, más aún, una figura social, que se codeaba con todo tipo de personalidades de la cultura, ya fuera la literatura, el arte o el periodismo…
Pero, sobre todo, y para lo que aquí nos ocupa, Bruce Chatwin fue un escritor deslumbrante, que es probable sólo llegará a mostrarnos un apunte de lo que podría haber dado de sí su talento antes de su temprana desaparición. Y, curiosamente, en mi opinión dio su mejor medida no sólo en sus libros y artículos sobre viajes, sino, ante todo, en dos de sus novelas, Colina negra y Utz. He escrito “curiosamente” porque para tratarse de un escritor que ha pasado a la posteridad como un viajero incansable, incluso excesivo en su inquietud (y que teorizaba él mismo sobre el nomadismo), estas dos novelas tratan sobre personajes que no se mueven en su vida, o muy pocas veces, de su lugar de residencia: la novela de la que habla esta reseña está protagonizada por Kaspar Utz, un barón checo de vago origen judío que en la Praga comunista se dedica a coleccionar figurillas y otros objetos de porcelana de Meissen. Con las que atiborra su exiguo apartamento mientras trata de torear a las autoridades del momento, que ven ese coleccionismo como una peligrosa desviación burguesa.
Con estos mimbres y con un narrador anónimo que acude a Praga interesado, en principio, en las legendarias colecciones del emperador Rodolfo, el autor traza una radiografía sobre la pulsión coleccionista (algo que interesaba sobremanera al propio Chatwin, que había trabajado en Sotheby's y padecido toda su vida el desgarro entre el ansia de despojamiento total, al que decía aspirar, y la irreprimible querencia esteta por los objetos de una belleza singular). Además, encontramos aquí el retrato de un personaje cuando menos ambiguo y esquivo, en todos los sentidos; una vindicación del individuo frente al totalitarismo cutre; una reflexión sobre la pervivencia de la cultura de la “Vieja Europa”, en medio del oprobio comunista (eso, entonces; hoy habría que preguntarse sobre su pervivencia en medio del oprobio turbocapitalista); una exploración de las raíces de esa vieja cultura, en ocasiones híbrida o, al menos, injertada de elementos sorprendentes. La idea del coleccionismo (y del arte en sí mismo) como un acto de idolatría y, por tanto, una blasfemia a la Divinidad. E incluso podemos encontrar en el libro una historia de amor, cuando menos singular.
Todo ello escrito en menos de 150 páginas, con una prosa de alta precisión y mientras el autor de la novela, gravemente enfermo, se estaba muriendo (y él lo sabía, claro); todo escrito, además, a partir de un par de semanas de estancia en Praga, repartidas a lo largo de 20 años... Puede que fuera una impostura, como algún crítico señaló cuando se publicó, pero es una impostura magnífica. A ver quien da más.


Otros libros de Bruce Chatwin en Un Libro Al Día: Colina NegraLos trazos de la canción


sábado, 13 de noviembre de 2021

Bruce Chatwin: ¿Qué hago yo aquí?

Idioma original: inglés

Título original: What am I doing here?

Año de publicación: 1989

Traducción: Alberto Cardín

Valoración: bastante recomendable

Entre las variadas ocupaciones a las que el ya casi legendario Bruce Chatwin se dedicó con no poco éxito a lo largo de su vida estuvo la de reportero (quizá llamarle "periodista" sería inexacto), tras una etapa como director de arte en el Sunday Times. Antes de su muerte en 1989, Chatwin hizo una recopilación de varios de sus trabajos, publicados en diferentes medios escritos, que tituló con el significativo, aunque para mi gusto poco satisfactorio, título de ¿Qué hago yo aquí? (póstumamente, se han publicado otras recopilaciones con otros textos). Los artículos reunidos en este volumen están divididos en once apartados que, con permiso, paso a detallar, para que se vea lo extenso de los intereses y vivencias de este escritor:

  1. Escrito para familia y amigos: Brevísimos textos, algunos que datan de sus últimos días, pero no tienen demasiado interés, excepto para, precisamente, su familia y amigos.
  2. Extraños encuentros: Aquí encontramos desde una mixtificación del golpe de estado fallido -o fingido- al que asistió Chatwin en Benin, en 1978 (aunque, según de desvela en su biografía, lo que vivió el escritor en realidad no fue en absoluto así y, probablemente, tampoco como lo contaba él de viva voz, pero digamos que Chatwin fue, en cierta medida, un adelantado a la autoficción que tanto ha cundido en las letras unos años más tarde), así como otras aventuras africanas, hasta una visita a una secta pseudo-mansónica (de Manson, quiero decir- en Boston o un encuentro con el geomántico chino experto en feng-shui que asesoró en la construcción del célebre -al menos p, por entonces- edificio del BCSH de Hong-Kong, obra de Norman Foster.
  3. Amigos: Semblanzas de personajes tan dispares como el millonario de origen boliviano y coleccionista de arte George Ortiz, el músico sudafricano Kevin Volans, el pintor inglés Howard Hodgkin, más una breve anécdota con la editora de revistas de moda Diana Vreeland.
  4. Encuentros: Entrevistas, al peculiar "estilo Chatwin", con notorios y variopintos personajes del siglo XX: la poeta Nadezhda Mandelstan; la modista de haute couture Madelaine Vionnet, María Reche, una alemana que se apsó la vida estudiando los petroglifos de Nazca, en Perú; el vanguardista arquitecto soviético Konstantin Melnikov; el escritor, aventurero y político francés André Malraux y, finalmente, una ¿crónica? del complicado rodaje en Ghana de la adaptación de su novela El virrey de Ouidah, a cargo del dúo cómico compuesto por Werner Herzog y Klaus Kinski.
  5. Rusia: La historia del coleccionista de arte de vanguardia ruso George Costakis y un reportaje sobre un crucero por el Volga con un grupo de turistas alemanes (alguno, ex-combatiente de la II Guerra Mundial).
  6. China: Reportajes sobre los llamados "caballos celestes" del emperador Wu-Ti, el botánico austro-americano Joseph F. Rock y sobre las invasiones nómadas aasiáticas y el nomadismo en general (tema que le era especialmente caro a Chatwin).
  7. Gentes: La historia de Shamdev, un niño-lobo de la India contemporánea, al estilo de Mowgli; la de Salah Bougrine, un inmigrante argelino que asesinó a un conductor de autobús en Marsella (y que le sirve a Chatwin para una reflexión sobre la inmigración norteafricana y la reacción en su contra, ya en 1974), y la de Donald Evans, un artista americano fallecido en 1977, cuya obra consistía en sellos de correos inventados.
  8. Viajes: El relato de un viaje por Nepal con su esposa Elizabeth, en busca, supuestamente, de las huellas del Yeti y un "lamento por Afganistán",a raíz de la invasión soviética de ese país, que Chatwin había visitado ya en 1962, siguiendo los pasos del escritor de libros de viajes -y modelo para él- Robert Byron. Chatwin rememora el Afganistán anterior a la guerra, que él entronca con el de la Antigüedad, y lamenta que vaya a desaparecer para siempre... menos mal que no tuvo que ver lo que ha venido después.
  9. Dos individuos más: Una nueva semblanza-entrevista del escritor alemán Ernst Jünger y un reportaje sobre la campaña electoral india de 1978, que hizo siguiendo a Indira Gandhi junto a la famosa fotógrafa Eve Arnold.
  10. Coda: Dos textos más relacionados con Chile (el segundo, concretamente sobre la isla de Chiloé y sus leyendas, que sospecho Mariana Enriquez conoce).
  11. Relatos del mundo del arte: Un puñado de textos breves, entre lo anecdótico y lo críptico, sobre su época trabajando en la casa de subastas Sotheby's.
Como puede verse, otra cosa quizá no -que también-, pero está claro que Chatwin era un escritor de espíritu e intereses variaditos. Que luego sus mejores novelas (porque la citada El virrey de Ouidah no acaba de resultar óptima y sus "novelas de viaje" son... pues eso, novelas de viaje) traten sobre personajes que apenas salen de su entorno habitual y además resultan un tanto monomaníacos es uno de los misterios de este escritor, por lo demás, o en apariencia, no demasiado misterioso, pues ya en vida no debía de callar ni bajo el agua y dejó cumplida cuenta de sus muchos y variados viajes y proyectos. Que el título de uno de esos libros póstumos sea Anatomía de la inquietud no es casual ni postureo, ya os lo digo yo...

Sin duda, un personaje y autor irrepetible y, en cierto modo, epítome del siglo XX al que, aunque cada pocos años suele haber reediciones de sus obras, nunca está de más reivindicar; os aseguro que, desde luego, resulta siempre de lo más recomendable. 

Más libros de y sobre Bruce Chatwin reseñados: aquí

viernes, 14 de noviembre de 2014

Nicholas Shakespeare: Bruce Chatwin

Idioma original: inglés
Título original: Bruce Chatwin
Año de publicación: 1999
Traductor: José Manuel de Prada Samper
Valoración: muy recomendable (imprescindible para fans)

Ante todo, me atrevo a solicitar un aplauso para el autor de este libro: hay que tener valor para desarrollar una carrera literaria en Gran Bretaña, con tal apellido (a ver quién se atrevería a hacer lo mismo en España apellidándose Cervantes o Quevedo). Esta circunstancia, además, supone una amable ironía: el biografiado aquí, el escritor Bruce Chatwin, contaba que de niño solía visitar a unas tías-abuelas en Stratford-upon-Avon y las acompañaba a la iglesia, donde él mismo mostraba la tumba de William Shakespeare a los soldados aliados. Justo es que luego otro Shakespeare nos haga de guía en la visita del "mausoleo" de Chatwin (aún más metafórico, puesto que no está enterrado en ninguna parte).

Pido otro aplauso, además, en reconocimiento a la labor titánica llevada a acabo para esta biografía. No sólo por la extensión resultante (603 páginas, más notas y fotos), sino por la dificultad inherente para llevarla a cabo, pese a la colaboración de la viuda del biografiado y los numerosos testimonios de amigos, amantes, colegas, mentores y conocidos del mismo... Porque la de Bruce Chatwin quizá no fuera la vida más azarosa de un escritor en el azoroso siglo XX, pero seguro que sí una de las más inquietas y poliédricas: nacido en una familia de clase media de las Midlands, durante la II G. M., después del colegio no pasó por la universidad, sino que entró a trabajar como mozo en la casa de subastas Sotheby's. Allí, gracias a su legendario "buen ojo", pronto se convirtió en experto en arte y antigüedades (y en cebo sexual para los clientes) y con veintipocos años frecuentaba lugares, personas y ambientes de los más granado de la "sociedad internacional". Cansado de esta ocupación y (supuestamente) enfermo de la vista, comenzó a viajar, y a los 25 dejó la empresa para estudiar arqueología en Edimburgo... actividad que también abandonó cuando iba a comenzar una carrera profesional en esta disciplina. Pasó a trabajar para el Sunday Times, primero como asesor artístico y luego como reportero, llevando a cabo entrevistas y artículos brillantes sobre distintos aspectos de la actualidad de los años 70... Empleo que también desecharía para viajar a la Patagonia y escribir luego un libro sobre el viaje que ya se ha convertido en un clásico del género. A partir de ahí, comienza una carrera literaria que le proporcionó un éxito fulgurante y un reconocimiento creciente, hasta su muerte en 1989.

Aparte de esta variada actividad en tan distintos ámbitos, Chatwin fue posiblemente uno de los culos más inquietos de su época y, si bien resulte exagerado considerarlo como un "nómada" (una de sus obsesiones), sí que es cierto que se pasó la vida viajando por buena parte de los rincones del globo, por motivos profesionales o por propia inquietud. Por no hablar de una vida social también de lo más variopinta (en las páginas del libro, encontraremos desde miembros de la high-society a pintores, escritores, antropólogos... o pastores africanos y guías pashtunes). Con lo cual, se comprende aún más la dificultad de biografiar una existencia tan agitada e intensa.

Y aún así, la biografía resulta de una prolijidad abrumadora, casi excesiva. De hecho, creo que esta exhaustividad provoca una cierta distorsión en la visión que nos ofrece N. Shakespeare del personaje: en ocasiones, se nos presenta como un tipo chismoso, mixtificador, promiscuo, excesivamente esteta, más dilettante que erudito, agotador... (desde luego, no es una hagiografía); aunque los mismos testigos son los que también nos hablan de su encanto, originalidad, talento, excepcionalidad... Y el propio Shakespeare, para ser justo, también recoge -dentro de lo posible, claro- los momentos solitarios de estudio, de frenesí, de frustración y de hallazgos que acompañan a toda creación literaria. y que quizás fueran los más intensos en la intensa vida de Chatwin. Resultan en especial interesantes los capítulos en los que se explica cómo iba recogiendo los mimbres para tejer sus libros y también este proceso, propiamente dicho. Así como la otra cara de la moneda de la literatura: la dolorosa elaboración de su primer y fallido título, La alternativa nómada; un fracaso que le acompañaría hasta sus últimos días.

En todo caso, una biografía inmejorable para conocer a un personaje fascinante y, sobre todo, a un escritor inclasificable, pero no por ello menos imprescindible, más allá de modas o reivindicaciones.

lunes, 27 de junio de 2016

Bruce Chatwin: Colina Negra

Idioma original: inglés
Título original: On the Black Hill
Año de publicación: 1982
Traducción: Eduardo Goligorsky
Valoración: Imprescindible


Creo que está claro que Bruce Chatwin fue uno de los mejores escritores británicos de su generación. Y no hablamos de una cualquiera, sino de la llamada "generación Granta", nacidos en la posguerra de la II G. M., que eclosionó en los años 80: los Martin Amis, Salman Rushdie, Julian BarnesGraham SwiftHanif Kureishi y demás luminarias de las letras contemporáneas. Cierto que a Chatwin no se le encuadra, a veces, junto con esta generación de escritores, quizás porque era algo mayor, nacido durante la guerra, y además empezó a publicar en los 70 (aunque también Amis o Rushdie). Pero sospecho que la razón principal es que a Chatwin se le suele considerar como un "escritor de viajes"... incluso como EL escritor de viajes, o al menos, quien revitalizó el género en su época. Lo que no deja de ser curioso, ya que en su no demasiado larga producción literaria tan sólo hay dos libros de ese género -que, de hecho, el consideraba como "novelas de viajes", amén, eso sí, de los muchos que aparecen en sus recopilaciones de artículos. Sin embargo, escribió tres novelas, e incluso dos de ellas, bastante "estáticas", por decirlo así: los protagonistas apenas se mueven de los lugares en donde han nacido (también es verdad que la primera que escribió, la tensa y ambiciosa El virrey de Ouidah es todo lo contrario: narra la vida y andanzas de un inquieto traficante de esclavos brasileño, en dos continentes diferentes).

La acción de Colina Negra, en cambio, apenas se mueve de una granja y sus alrededores en las Blacks Hills, las montañas que trazan la frontera entre Inglaterra y Gales. En  realidad, no es una granja, sino dos -La Visión y La Roca-, puesto que, como señala la que fuera editora de Chatwin, Susannah Clapp todo en esta novela es dual: hay dos granjas, dos países -Inglaterra y Gales-, dos sendas, dos religiones, el trasfondo de dos guerras... y, sobre todo, lo que cuenta es la vida de dos hermanos, mellizos además: Lewis y Benjamin Jones, que viven juntos casi toda su vida, casi pegados como siameses o como un matrimonio indisoluble e incestuoso. Chatwin les acompaña en toda su andadura, desde antes incluso de su gestación por parte de la sensible aunque tenaz- huérfana de un reverendo y un colérico campesino galés, hasta sus últimos días, muchos, muchísimos años después. Entre medias, el devenir  de unas vidas en las que no sucede -casi- nada extraordinario... o quizás lo que ocurre es que -casi- todo lo es. Unas vidas que transcurren en un ambiente y entre unos personajes que nos resultan eviternos, alrededor de los cuales, fuera de la Colina Negra, va sucediendo eso que llamamos Historia, algo que parece no filtrarse a la granja de los hermanos Jones o a su vecina La Roca. pero cuando lo hace, es de una forma abrupta y turbadora.

Dependencia, sexualidad, aislamiento, soledad, descubrimiento, maravilla, rivalidad, serenidad... todo las experiencias que viven los gemelos las narra Chatwin con su asombrosa prosa cincelada en frío, precisa pero elusiva, capaz de evocar un recuerdo, descubrir un ambiente o relatar una existencia entera en un corto párrafo. No puedo dejar de señalar, además, que este escritor se inscribe plenamente en la "tradición" de las letras británicas de hacer un uso exhaustivo y deslumbrante de los elementos botánicos y climatológicos; una tradición observable tanto en, por supuesto, Thomas Hardy como en David Nobbs, sin ir más lejos... tradición gloriosa, en su aparente modestia, añado.

Sin duda, una novela excepcional y, me atrevo a decir, ya todo un clásico de la literatura inglesa. No esperan más para leerla, se lo aconsejo (eso sí, la portada es horrenda, lo sé; mucho más adecuada es la de la edición que yo tengo, con una hermosa foto campestre de Henri Cartier-Bresson, pero no he podido encontrarla con cierta calidad en la Red ... Sorry!)

Otros libros de Bruce Chatwin reseñados en Un Libro Al Día: UtzLos trazos de la canción

martes, 16 de septiembre de 2014

Bruce Chatwin: Los trazos de la canción

Idioma original: inglés
Título original: The Songlines
Año de publicación: 1987
Traducción: Eduardo Goligorsky
Valoración: imprescindible

No puedo evitar lanzar un tweet de pre-aviso apenas leídas unas páginas. Este libro es especial, o es importante, o así, es lo que digo. Puede que apenas un par de párrafos sean suficientes para saberlo. Y no recuerdo bien cómo he dado con él. Habitual como soy de las estanterías de ficción, esta excelente narración está catalogada como literatura de viajes. Luego hay otras coincidencias: cierta persona conocida se va a vivir a Australia, aunque resulta que me entero de esto cuando el libro ya está en casa, esperando paciente el inexorable turno de lectura que he preestablecido hace semanas. Ese turno que establece alternancia de estilos, de autores, de tiempos de ubicación de acciones. Bah. Igual es una estupidez, tanta premeditación. Cuando una lectura te levanta de la silla gravitando dará igual cuales sean sus características en relación a la anterior o a la siguiente. Basta con que sea irresistible. Y sí, Chatwin escribe desde su experiencia, pero sus personajes reales son fascinantes, cómo los presenta y los describe, les hace superar a muchas ficciones. Y lo que cuenta. Veamos lo que cuenta. 
Difícil es definir ya qué es Los trazos de la canción. Obviamente es la crónica de un viaje, pero su estilo y su distribución por capítulos cortos lo adaptarían incluso a la condición de relato. Y el tono es personal, confidente, lo que cuadra con lo autobiográfico y, ya puestos, atribuyamos a Chatwin la cualidad de envolverlo todo en un muy leve halo como para situarlo cerca de la ficción.
Y aún más difícil explicar de qué versa y a qué viene ese título. Los aborígenes australianos establecían las fronteras de sus territorios y la situación de algunos de sus lugares sagrados en función de canciones por las que esos territorios quedaban definidos. Una tradición secular que impone a los colonizadores ciertas restricciones. Arkadi, ruso residente en Australia y, a la sazón, cicerone de Chatwin, ha de encargarse de negociaciones relacionadas con los emplazamientos del proyecto de una línea de ferrocarril teniendo en cuenta esa condición. Dialogando con los representantes de las comunidades aborígenes e intentando comprender la necesidad de preservar lo sagrado de esos territorios. Eso es un punto de partida, solamente, aviso.
Los trazos de la canción es una colosal aventura en modo real: los lugares que sirven de escenario a esa misión, desde tabernas de mala muerte a chozas precarias, a caravanas destartaladas, sin recurrir a fácil búsqueda de lo exótico, sin hacer turismo eco-yuppie, esos lugares los vemos y los olemos. Sus personajes, tan notables y tan diversos que no sería justo nombrar a éste y olvidar a aquél. Sin el recurso de lo entrañable o lo sentimentaloide, se nos muestran en su día a día. Pero eso no es lo único: sería muy fácil tirar simplemente de solvencia como escritor para describir mundos y lugares lejanos, lo que ya a simple vista es fascinante. Chatwin no se queda (quedaba, lamentablemente Chatwin falleció con 49 años, en 1989) ahí. Los trazos de la canción desarrolla capítulos que son auténticos catálogos de citas donde tiene cabida el pensamiento humano, donde se ahonda en aspectos antropológicos, nuestro comportamiento atávico como especie, dominante o no, la agresividad, la condición carnívora, las especies que nos precedieron, nuestras costumbres, el nomadismo, el sedentarismo. Oh sí. 335 páginas de libro total. Qué es eso de restringirlo a un estante de libros de viaje. Disfruten de Chatwin (yo voy a seguir haciéndolo, claro), disfruten de su magnífica escritura y de su sentido común expectante. De su facilidad para escuchar y transcribir lo escuchado a espléndidas páginas que nos transportan tan lejos, y tan cerca.

También de Bruce Chatwin en ULAD: UtzColina Negra

jueves, 1 de noviembre de 2018

Biblio-Necrophiliac Quiz 2018:


¡Feliz día de Todos los Santos y, mañana, día de los Fieles Difuntos a todo el mundo! Sabemos que muchos de nuestros lectores son unos empedernidos necrófi... bibliófilos y, sin duda, más de uno aprovecha sus vacaciones para visitar el Pére Lachaise, la abadía de Westminster o, aunque sea, el cementerio de La Almudena (vale, o La Recoleta), en busca de las tumbas de sus autores favoritos. Bueno, tampoco hace falta ser tan friki: en los suplementos literarios y en los blogs abundan, y más en estas fechas, los reportajes sobre los sepulcros de muchos escritores y escritoras que han honrado a nuestra especie con su presencia y obra (incluso el escritor holandés Cees Nooteboom escribió el libro Tumbas de poetas y pensadores). ¡Veamos si tanta información nos ha aprovechado realizando este rápido y divertido test, nuestro Biblio-Necrophiliac Quiz, sobre las últimas moradas de algunos/as muy insignes literatos/as!


Quien acierte todas las respuestas podrá participar en el sorteo de una fabulosa, aunque escalofriante, velada espiritista a cargo del Profesor Eggbá, sacerdote de la religión yoruba, reconocido sanador de todo tipo de enfermedades, incluidos el SIDA, el ébola, la alopecia y las hemorroides, experto en hechizos de amor, salud y trabajo, y célebre médium, intermediario en la comunicación con los muertos, a voluntad y bajo pedido... (ya sé que tal currículum resulta asombroso, pero si no te fías de un folleto que te dejan en el limpiaparabrisas del coche, ¿de qué te vas a fiar?).

Pues en palabras del, en cambio, inmortal Peter Pan: Here we go! Prohibido, eso sí, consultar la wikipedia o similares; no seáis tramposillos. Ni tramposillas... ; )

1- Venga, una facilita para empezar: ¿En que hermosa localidad mallorquina (perdón por la redundancia) se halla la tumba del escritor Robert Graves (perdón por otra redundancia)?
A/ Palma
B/ Calviá
C/ Deiá
D/ Magaluf

2- ¿Qué dejan sus muchos admiradores, según marca la tradición, en el sepulcro parisino de Oscar Wilde?
A/ Cartas de amor
B/ Besos
C/ Lazos de cintas arco iris
D/ Cajas de ansiolíticos

3- ¿Y sobre la tumba de qué famosa escritora lo que se deja son corazones formados con piedrecitas?
A/ Marguerite Duras
B/ Colette
C/ Barbara Cartland
D/ Patricia Highsmith

4- Ya puestos: ¿junto a la tumba de qué escritor, un pelín dipsómano, una figura misteriosa dejó durante muchos años una botella de coñac, en cada aniversario de su nacimiento?
A/ Edgar Allan Poe
B/ Malcolm Lowry
C/ Charles Bukowski
D/ Ernest Hemingway

5- ¿En la lápida de qué otro exitoso escritor podemos ver grabado un drakkar o barco vikingo?
A/ Stieg Larsson
B/ Michael Crichton
C/ Edison Tesla Marshall
D/ Jorge Luis Borges

6- ¿Qué famoso/a escritor o escritora está enterrado/a en plena naturaleza, al pie de un haya centenaria?
A/ Virginia Woolf
B/ Lev Tólstoi
C/ Isak Dinesen
D/ Bruce Chatwin

7- ¿De qué eximio autor, gloria de las letras de su patria, no estamos por completo seguros de dónde yacen sus restos (o al menos todos sus restos)?
A/ Miguel de Cervantes
B/ Fernando Pessoa
C/ William Shakespeare
D/ Todos ellos

8- ¿Y, en cambio, qué otro poeta, no menos insigne, dispone para su descanso eterno de dos sepulcros, dos (aunque sólo repose en uno de ellos, como es lógico)?
A/ Dante Aligheri
B/ Walt Whitman
C/ Reiner Maria Rilke
D/ Pablo Neruda

9- ¿En la tumba de qué gran escritor del género fantástico podemos contemplar una escultura que representa, precisamente, a ese autor saliendo de su propia tumba, cual walking dead ansioso por merendarse nuestros cerebros?
A/ Jules Verne
B/ H. P. Lovecraft
C/ Bram Stoker
D/ Richard Matheson

10- ¿Junto a la tumba de qué conocido/a autor /a de novelas detectivescas, situada en el no menos célebre Poet's Corner de Westminster, sus seguidores tienen permiso, por su cumpleaños y siempre que vayan vestidos como los personajes de sus novelas, a tomar el té con sandwiches de pepino?
A/ Arthur Conan Doyle
B/ Agatha Christie
C/ Michael Innes
D/ Esto es un INVENT como el Big Ben de grande, porque yo estuve en Londres de viaje con el insti y no recuerdo que ninguno de ésos estuviese enterrado allí...

Y para los obse... eruditos del tema, bonus extra, ya para nota:

11- ¿El cantante de qué mítica banda de heavy-metal intervino recientemente en la inauguración de una nueva lápida en la tumba del poeta, pintor y visionario William Blake, de quien es devoto admirador?
A/ Ozzy Osbourne, de Black Sabbath
B/ Bruce Dickinson, de Iron Maiden
C/ James Hetfield, de Metallica
D/ Jon Bon Jovi, de... vale, olvidémoslo

Las respuestas correctas, después de la preceptiva visita al tío Marcel:



Respuestas lúgubre y aproximadamente correctas: 
1-C/  2-B/  3-A/  4-A/  5-D/  6- C/ 7-D/  8-A/  9-A/  10-D/  11-B/

Valoración de los resultados:
De 1 a 3 aciertos: Reconoced que habéis seguido el mismo método que os sirvió para aprobar (a la cuarta vez) el examen teórico del carnet de conducir: poner las respuestas a boleo. Hala, venga, idos a comer huesos de santo o panellets, que os van a aprovechar más...
De 4 a 7 aciertos: Pscháa... podría estar mejor, sinceramente. Tiene un pase, pero pensad que con un cuatro, ni siquiera aprobaríais una asignatura de la ESO. Ahora bien, sí que podríais liderar un partido político español, así que no todo está perdido.
De 8 a 10 aciertos: ¡Enhorabuena: sois unos auténticos biblionecrófilos/as! Cuando hacéis un viaje lo primero que vais a visitar son las librerías y los cementerios; os gusta disfrutar de la paz de los camposantos leyendo y paseando entre sus tumbas... Vale, tenéis pocos amigos y además os llaman cada vez menos, pero cuando llegue el apocalipsis zombi ya veremos si logran rehuiros, ya... (a no ser que os toque ser zombis de ésos que van despacico, que entonces sí. Sorry).
11 aciertos: ¿Once? ¿En serio? Ejem... ¿No sois un poco raritos/as, eh? Y mirad que de raritos en este blog sabemos bastante. Por favor, dejad de leernos, no sigáis Un Libro Al Día... y si tratáis de contactar con nosotros os denunciaremos por ciberacoso. Hacedle un favor a la sociedad y acudid a un psiquiatra, o a un exorcista o lo que sea.  O mejor no salgáis nunca de casa... aquí tenéis una página web para que os vayáis entreteniendo; os prometo horas y horas de diversión:
https://www.findagrave.com/


lunes, 12 de septiembre de 2022

Darío Adanti: La ballena tatuada

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: entre recomendable y está bien

Se cumplen estos días cinco siglos de una de las mayores gestas de la historia de la Humanidad: la primera vuelta al Mundo...

-Espera, espera... ¿esta reseña no la habías hecho ya? ¿Os dedicáis ahora a plagiaros a vosotros mismos o qué?

-No, no, nada de eso... aquella era la reseña sobre el libro de Antonio Pigafetta; ésta sobre uno muy diferente, una novela gráfica de Darío Adanti que trata de...

-Ah. vale, otro libro de dibujitos... Había pocas ganas de trabajar, ¿eh?

-...trata también, aunque no sólo, de la primera circunnavegación del Globo llevada a cabo bajo el mando de Magallanes y Elcano, pero desde una perspectiva diferente. ¿Puedo seguir?

-Si no hay más remedio...Venga, dale, dale...

Darío Adanti, ilustrador argentino que reside en España desde hace la tira de años y muy conocido por ser uno de los (ir)responsables de la revista Mongolia, parte para componer este libro de algunos de sus intereses de la infancia y juventud, como la fascinación que le produjo el libro Moby Dick y, en concreto, la mención que se hace a una ballena de las cotas chilenas, a la que llamaban Don Miguel y que parecía "estar cubierta de tatuajes". Con este primer elemento realizó unas cuantas páginas que publicó en 1996, al poco de llegar a España y que, 25 años después, amplió hasta conformar este libro, añadiendo otros nuevos ingredientes, como la fascinación por la Historia de los navegantes que dieron la primera vuelta al mundo y por un libro ilustrado con fotografías del etnólogo Martin Gusinde sobre los habitantes originales de Yierra de Fuego y que estaba en el hogar de los adanti en Buenos Aires.


Combinando, pues, a Moby Dick, historias bíblicas, personajes casi olvidados de la Historia junto con otros harto conocidos, como los exploradores y conquistadores del XVI, leyendas marineras, un cancionero popular inexistente -pergeñado, claro, por el propio Adanti-, unas ilustraciones entre el underground clásico  y un estilo Lowbrow no menos lisérgico. Y mucho humor -negro, eso sí- y frescura, como si Bruce Chatwin hubiese sido dibujante de El Víbora. 
O Gary Baseman hiciera gala de un saber enciclopédico.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

John Williams: Butcher's Crossing

Idioma original: inglés
Título original: Butcher's Crossing
Año de publicación: 1960
Traducción: Luis Murillo Fort
Valoración: muy recomendable


Es de esperar que al descubrimiento de una gran novela de un autor siga cierta corriente de recuperación de sus obras. Más cuando se trata de autores en lenguas foráneas: aflorarán las reediciones, las nuevas traducciones, las puestas en contexto de su obra. Irremisiblemente, es tan triste como cierto que, en ese alejamiento del centro del éxito nos acabemos encontrando con alguna novela que nos decepcione.
En este caso, respecto al enorme impacto de Stoner, este Butcher's Crossing de título intraducido, cinco años anterior, es, claro, diferente. Pero ya sabemos de la capacidad narrativa de Williams; ¿cabe esperar otro personaje del mismo calado, o aquí nos enfrentamos a algo distinto, a otra historia narrada de otra manera? o preguntar directamente ¿es Butcher's Crossing tan bueno como Stoner?
No querréis que os conteste directamente y dejéis de leer justo aquí.
Para empezar, el registro de Williams aquí es distinto, Más áspero, menos considerado con las formas, un estilo de lirismo crudo, tan fríamente descriptivo que resulta perturbador. Butcher's Crossing es el pequeño poblado compuesto por unos pocos comercios, hoteles, burdeles y casas, que sirve de punto de partida a una expedición de caza financiada por Will Andrews. Una especie de osada inversión para la que se rodea, o capta, a varios especialistas: cazadores, desolladores: todos ellos acaban componiendo una especie de organización empresarial donde, en un descabellado cuento de la lechera, todos hacen cábalas a cuenta de una enorme manada de búfalos que Miller, que se auto-impone como comandante de la misión, recuerda haber avistado hace casi una década. Cuentan con sacar una auténtica fortuna de sus pieles, a cuenta de una peregrina moda de la época (chaquetas de piel de búfalo que todo el mundo quiere llevar).
En clave de puro western, la expedición -hombres, víveres, caballos, bueyes, carro- se encontrará en situaciones extremas, en ida, estancia, y vuelta. Son unos meses que sitúan a cuatro hombres al margen de la civilización de la que proceden, un período en el que la convivencia, con las lógicas desavenencias, se vertebra en torno a esa finalidad común. Aquí es fácil comprender por qué se compara a este Williams con Melville o McCarthy (la solapa le atribuye condición de eslabón perdido entre ambos), pero yo hablaría también de Homero, y emparentaría a Williams con obras descarnadas de Kenneth Cook o Bruce Chatwin. La dureza en la descripción de algunas de las escenas, las relacionadas con las cacerías que pasan a ser anodinas jornadas laborales, la magnífica tensión conseguida en los momentos de mayor incertidumbre, la sensación claustrofóbica que aporta el espacio abierto, el encuentro con la naturaleza cruel e inexplorada. Bastante alejada, esta historia de un  año en la vida de un joven estudiante, de la epopeya vital de Stoner. Sí: demostración de la versatilidad de Williams.
Porque la respuesta es sí: Butcher's Crossing es tan bueno como Stoner.

También de John Williams en  UnLibroAlDíaStoner

miércoles, 3 de abril de 2024

Werner Herzog: Cada uno por su lado y Dios contra todos. Memorias

Idioma original: Alemán 
Título original: Jeder für sich und Gott gegen alle - Erinnerungen
Año de publicación: 2022
Traducción: Marina Bornas
Valoración: Imprescindible (hala, ahí tenéis)

Werner Herzog, ese tipo extraño y solitario, adicto a las historias peculiares, es uno de los máximos exponentes del cine del último cuarto del siglo XX y su "trilogía" Nosferatu - Aguirre, la cólera de Dios - Fitzcarraldo forma una especie de Santísima Trinidad cinematográfica para mi. Esto es un arma de doble filo; las expectativas no siempre se ven cumplidas y uno puede terminar, aunque sea de forma injusta, algo decepcionado. Vamos, un poco lo que me ocurrió con Conquista de lo inútil, diario de rodaje de Fitzcarraldo. 

En el caso de Cada uno por su lado y Dios contra todos las expectativas se han visto superadas, hasta el punto de que puedo afirmar, aunque aún estemos en el mes de abril, que este libro figurará en mi lista de "lo mejor del año 2024". Y, además, lo voy a razonar.

Siguiendo un orden por lo general cronológico, Herzog va entrelazando vida y obra en un texto que puede ser leído, obviamente, como autobiografía, pero también como novela de formación, novela de aventuras o crónica de viajes. 

Quien tenga interés en su cine, ya sea de ficción o documental, encontrará en estas páginas algunas de las claves que se observarán en su obra. En este sentido, hay dos frase determinantes: "lo que vimos de niños lo sigo viendo hoy" "hay una serie de motivos recurrentes en mi cine que casi siempre se basan en experiencias de la vida real". La infancia y adolescencia como claves que condicionan y explican el futuro, como punto de partida de un primer tercio del texto de lo más bernhardiano, con quien el autor comparte tiempo y espacio; la vida como escenario.

Entre lo anecdótico y el contexto sociopolítico de la época, la infancia y adolescencia a finales de la Segunda Guerra Mundial, las complejas relaciones familiares, su devoción por dos de sus hermanos, su pasión por el fútbol, su etapa escolar, sus diferentes formas de buscar la trascendencia (a través los viajes, de la religión, etc) configuran una novela de formación que puede ser leída, perfectamente, por alguien que no conozca la obra del alemán. Interesantísimo retrato de un tiempo y un lugar muy determinados, pero por ello profundamente universal, posee por sí solo un alto valor literario.

A medida que avanza el libro y que Werner Herzog se hace adulto, el texto se centra en el cine. Desde aquellos comienzos autodidactas y autofinanciados hasta los últimos documentales, pasando por sus adaptaciones operísticas, el autor repasa sus diferentes proyectos, fallidos o no. Siempre caminando por la cuerda floja y siempre atraído por historias al límite y personajes extravagantes, Herzog desgrana historias de sus rodajes, de sus relaciones con diferentes miembros de su equipo (Klaus Kinski (cómo no), Walter Saxer, etc) y con personajes tan sumamente interesantes como Bruce Chatwin, Mike Tyson (!!!) o Reinhold Messner. Es esta vertiente del texto la que lo sitúa más cerca de la novela de aventuras y la crónica de viajes, además de historia del cine, por supuesto. 

Su parte final, en cambio, pasa a centrarse en aspectos más confesionales e íntimos, más reflexivos o ensayísticos. Lo personal y familiar se unen a sus visiones de futuro y cierran el círculo que comienza con una epifanía de juventud.

Tres son, especialmente, las cosas que más me gustan de las memorias de Werner Herzog:
  1. Ya lo he comentado, pero el texto trasciende lo meramente personal y este me parece fundamental en libros de este tipo.
  2. Que no haya "ajustes de cuentas". Con una vida de este tipo y con la multitud de gente con la que se ha cruzado Herzog, sus memorias podrían haber tomado derroteros más sensacionalistas. No lo hacen y se agradece.
  3. El ritmo. Herzog nos mantiene pegados a las páginas del libro y maneja la tensión narrativa a la perfección. Resulta sorprendente, por la escasez de casos, que el autor maneje dos lenguajes tan diferentes como el literario y el cinematográfico con tanta soltura y solvencia.
En fin. Creo que lo todo anterior sirve para dar una imagen general de lo que son estas memorias y de los motivos de la valoración, ¿no os parece?

sábado, 23 de marzo de 2019

María Gainza: La luz negra


Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien

Me habían recomendado con entusiasmo a esta escritora, y, a falta de leer su anterior obra, El nervio óptico (tranquis: próximamente en Un Libro Al Día), me puse con la última que ha publicado, de no menos sugestivo título, La luz negra. ¿Dictamen al respecto? Pues regulinchi, amigos de ULAD, lo que no es ni bueno ni malo, sino todo lo contrario... Me explico: 

La novela está compuesta como una carrera de relevos entre cuatro personajes femeninos bastante intensitos -sale también algún que otro hombre, pero pintan poco... en este caso, de forma literal- o que, si se prefiere, conforman una especie de partida de póker, o de bridge, o de parchís, qué más da... de lo que sea que las obligue a mantener en tensión los hilos trazados entre ellas para sostener la narración. Ésta, contada en primera persona, corre a cargo de una joven sin oficio ni vocación que entra a trabajar en el departamento de autenticación y valoración de obras de arte de un importante banco, donde tiene como mentora a la legendaria Enriqueta Macedo, que la inicia no sólo en los secretos de su profesión, sino también en otros asuntos más turbios que la rodean. A partir de esta relación y una vez establecida en el mundo del arte, la protagonista-narradora se centra hasta la obsesión en otras dos figuras de mujer: la pintora de origen austríaco Marietta Lydis -personaje real, hay que decir- y su contrapartida o complemetaria, La Negra, mítica falsificadora y protagonista del ambiente artístico y alternativo argentino de los años 60.

Como se ve, la ambientación -los entresijos artísticos, las falsificaciones, el underground porteño- resulta bastante sugerente, los personajes interesantes y de gran presencia, y el tema de fondo -la búsqueda de un modelo a imitar o al menos de referencia, incluso una figura materna, por parte de una joven- puede dar bastante juego... ¿por qué he escrito antes, entonces, que el resultado  de todo esto es más bien regulero? En mi opinión, lo que falla es la tensión que ya he mencionado; no sé si por falta de la misma o por un exceso de ella, porque la escritora ha apretado demasiado las clavijas. Pero el caso es que la dialéctica (si se me permite el palabro) entre fondo y forma que condiciona toda narración se ve aquí descompensada, como la cuerda de un instrumento mal afinada o un manzana de apariencia perfecta que resulta, al ser mordida, estar fofa... Quizás el problema se encuentre en el formato o extensión del libro: se trata de una novela corta, que busca la condensación narrativa, cuando la historia que cuenta, o al menos en algunos momentos, lo que pide es dejarse ir, creo yo.

Pero tampoco quiero dejar la impresión de que esta es una novela fallida del todo; aparte del interés que suscita el argumento, ambientado en los aspectos más escondidos del mundillo del arte -también, parece, los relatos de El nervio óptico, pero bueno, su autora ha sido crítica de arte, justamente-, hay un par de aspectos de la misma que resultan de lo más interesante: por un lado, además de la narración directa, se utilizan formas más o menos originales para hacer semblanzas o relatos de algún personaje...el catálogo de objetos de una subasta, la transcripción de un juicio, los testimonios a la fuerza fragmentarios de una serie de ancianos...

Por otra parte (y esto reconozco que es una debilidad personal mía), en el libro hay una evidente referencia a Bruce Chatwin, no sólo porque se le nombra, en un momento dado, sino porque el escritor inglés también estuvo muy vinculado al arte y el coleccionismo, al haber tenido su primera ocupación en la casa Sotheby's -donde hizo una carrera meteórica gracias a su, se supone, legendario "ojo" para detectar falsificaciones-, además de que es un tema recurrente tanto en muchos de sus artículos periodísticos como en su novela Utz. Pero también hay un claro aire chatwiniano en algunos momentos de La luz negra, tanto por el interés por las biografías de personajes independientes, pero que se ven agitados por las turbulencias del siglo XX, como en la fascinación por los objetos y las historias que llevan aparejados. Cierto que la prosa de Gainza es más cálida, no está tan cincelada en frío como la del británico (puede que sea a causa de las diferencias entre idiomas), pero la relación no deja de estar presente, y para bien, en mi opinión.

miércoles, 8 de mayo de 2019

María Gainza: El nervio óptico

Idioma: español
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

Primera pregunta que se le puede ocurrir a quien tenga curiosidad por este libro, pero no tan claro si leerlo o no: ¿Se trata de una novela, como aparece en algunas sinopsis y reseñas, de un libro de cuentos, de autoficción o qué? 

Respuesta posible: El nervio óptico es una reunión de relatos escrito por la argentina María Gainza y que responden a un misma voluntad temática: todos ellos giran alrededor de alguna obra de arte pictórica, y, a partir de ésta, del pintor que la haya creado. Todos, además, están contados desde la perspectiva subjetiva de una narradora que parece ser la misma en todo el libro... o no -de igual manera que podría ser la propia Gainza, o no-; siempre se trata de una mujer aún joven, pero con ya bastante trayecto vivido, que se dedica a la crítica o al estudio del arte y que proviene de una familia acomodada, incluso patricia, pero venida a menos. Por tanto, si se considera cada capítulo como una narración independiente, sería un libro de relatos un tanto peculiar, pero si pensamos que la  narradora -y hasta cierto punto protagonista- es la misma en todos ellos, sí que podríamos considerar el libro una novela, incluso una partícipe de mi temida (¡ay!) autoficción.

Así pues, ¿estamos hablando de un libro de divulgación de obras de arte, un libro apara eruditos, una anecdotario sobre pintores? Pues de todo un poco, pero tampoco es nada de todo eso, en concreto. La/s narradora/s parte/n, ya digo, de obraas y vidas de artistas pictóricos, en ocasiones muy conocidos mundialmente -Courbet, Toulouse-Lautrec, el Greco- y en otras , poco más allá de las fronteras argentinas o hispanoamericanas para, desde ahí, enlazar sus observaciones y reflexiones al respecto con alguna historia que le haya ocurrido a ella , a alguien de su familia o amigos. Como explica ya en el primer relato, El ciervo de Dreux, "una escribe algo para contar otra cosa". Otra cosa, añado,  generalmente trágica o al menos triste, melancólica; no es un libro que, en general, irradie una alegría desbordante. agridulce, en todo caso...

Por otra parte, en la mayoría de los casos, aunque se hable de artistas "internacionales", sus obras a las que se hace referencia se encuentran en museos o colecciones privadas argentinas; en otros, son pintores de aquel país, que, al menos para mí me eran desconocidos hasta ahora (el pintor de batallas Cándido López, Augusto Schiavoni, Victorica...). También hay artistas que, pese a haber gozado de gran éxito en su momento, son considerados de segunda fila, por el tipo de pintura "de género" que realizaban: es el caso del pintor de cacerías, Dreux, el de ruinas Hubert Robert, el decorativista Sert - en este caso, la co-protagonista del relato es más bien su mujer, la extraordinaria Misia Godebska- o el exótico Foujita, retratista de gatos y mujeres.

Las asociaciones que hace Gainza entre la obra o el artista y la historia paralela que nos cuenta son en ocasiones obvias, como en el primer relato o en El cerro desde mi ventana -a partir de una obra de Henri Rousseau- o en Ser "rapper" (se refiere a un tipo de fantasma, no a Eminem y compañía... bueno, ya me entendéis); en otras, la conexión nos lleva por caminos más enrevesados y también más curiosos o sorprendentes... ¿Puede tener alguna relación Gustave Courbet con la película Le llaman Bodhi? Pues sí. ¿Rothko con una prostituta que ejerce en un hospital? ¿Toulouse-Lautrec con un dorodango, esfera perfecta que en la tradición japonesa se amasa con barro? ¿El Greco con los "pitucones", jóvenes que se consideran prometedores, pero también las coderas que se cosen en chaquetas o jerseys? Pues parece que también...

Tercera pregunta: ¿entonces, merece la pena leer este libro?

Pues yo creo que sí, sin duda. No sólo porque está estupendamente escrito, con un estilo cuidado y ágil a la vez, sino que además hay relatos que remiten a otros escritores excelentes, como el ambiente ominoso de Gracias, Charly, que recuerda al de algún cuento de su compatriota Mariana Enriquez o el muy "chatwiniano" Las artes de la respiración, sobre la pianista y musa de tantos pintores Misia Godebska y un supuesto tío Marion, epicúreo y decadente... (aunque , en realidad, la sombra de Bruce Chatwin sobrevuela todo este libro, tan centrado en el arte y en historias más o menos peculiares de gente sin duda peculiar). Pero, sobre todo, el libro merece la pena porque es una indagación, errática e inconcluyente, si se quiere (pero como no podría ser de otra manera), sobre los entresijos del destino y las vicisitudes del alma humana. O viceversa.


Otros títulos de esta autora reseñados en Un Libro Al Día: La luz negra

miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor 



domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.