Idioma original: portugués
Título original: O retorno
Traductor: Jerónimo Pizarro
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable
La
Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 no solo puso fin a 41 años de Estado Novo; también terminó con la Guerra Colonial, que era uno de los motivos que había llevado a la rebelión de los capitanes de Abril. Así, entre finales de 1974 y 1975 se produjo un proceso de descolonización del Imperio portugués precipitado y caótico, que dio origen a lo que después se llamarían retornados: los portugueses o luso-descendientes que vivían en las antiguas colonias, sobre todo en Angola y Mozambique, y que salieron huyendo, poco antes o poco después de la independencia, en dirección a la metrópoli. Algunos consiguieron sacar algunas pertenencias en cajas o en maletas que se acumularon durante mucho tiempo en los muelles de Lisboa, pero muchos lo perdieron prácticamente todo; algunos tenían familiares que los acogieron, otros tuvieron que ser alojados y apoyados por el Estado. Su llegada a Portugal provocó un terremoto social, económico y político: eran casi medio millón de personas en un país de nueve millones, con hábitos, lenguajes, ideas diferentes; de hecho fueron generalmente mal recibidos, y el término "retornado" tiene todavía hoy una carga peyorativa que hace que sea rechazada por muchos de ellos.
Sobre este tema, que tiene algo de traumático, como sobre la Guerra Colonial, casi no se hablaba en Portugal hasta hace relativamente poco. Hasta que algunas obras, películas, series de televisión o exposiciones han empezado a romper el tabú y recuperar este tema para la memoria colectiva portuguesa. Y dentro de esta ola de recuperación, El retorno de Dulce Maria Cardoso (2011) ocupa un lugar particularmente relevante y simbólico, por su repercusión y su difusión, quizás comparable al Caderno de Memorias Coloniais de Isabela Figueiredo (2009). Naturalmente había obras anteriores, por ejemplo de Antonio Lobo Antunes (Esplendor de Portugal, Las naves...) pero no tuvieron la capacidad de generar debate y opinión que sí tuvo en cambio la obra de Dulce María Cardoso, sea por la dificultad propia de las obras de Lobo Antunes, o porque la sociedad portuguesa no estaba todavía preparada para afrontar el tema.
La historia de El retorno comienza precisamente en la última noche que la familia del narrador y protagonista pasa en Angola, antes de viajar hacia Lisboa: Rui, el hijo mayor de la familia, reflexiona frente a aquella "última cena" sobre su vida en Angola, la enfermedad de su madre, la Guerra, la revolución que les rodea y que ha hecho que muchos portugueses hayan salido ya en dirección a Portugal. Esa misma noche, el padre y patriarca de la familia es detenido por soldados angoleños, dejando a Rui en el papel de cabeza de familia, con la obligación de cuidar de su madre enferma y de su hermana menor. A la llegada a Lisboa, alojados por el gobierno portugués en un hacinado hotel de Estoril junto con otros retornados, deberá aprender a convivir con su nueva realidad, con la incertidumbre sobre el destino de su padre y del país, y con las turbulencias propias de un adolescente "en tiempos turbios", como siempre dice la directora del hotel.
Dulce Maria Cardoso se enfrenta a un equilibrio delicado, que creo que consigue sostener con éxito: por una parte, introducir todo el complejísimo contexto histórico, tanto de Angola como de Portugal, introduciendo datos, nombres, conceptos y expresiones propias de aquellos lugares y aquellos tiempos, y reproduciendo el ambiente de una época llena de posibilidades, sueños y miedos, en lo individual y en lo colectivo; por otra parte, crear unos personajes y una trama que se sostengan por sí solos y que atrapen al lector, sin que la documentación y la ambientación, como tantas veces ocurre, se coma a la narrativa. (Véase, por ejemplo, El sueño del celta de Vargas Llosa como ejemplo de fracaso en este equilibrio).
Como digo, la escritora consigue mantener esta tensión, sobre todo con la construcción de una voz narrativa que atraviesa el texto, la del joven Rui, ansioso e inseguro en un nuevo mundo desconcertante, desde un punto de vista histórico pero también vital. Quizás la primera sección, más breve, dedicada a los últimos días de vida en Angola, sea la más potente, mientras que la segunda, ya en Lisboa, llega a perderse en algunos episodios secundarios menos originales o interesantes. Pero es en efecto la voz de la memoria de Rui, un stream of consciousness que hace pensar, cómo no, otra vez en Lobo Antunes (aunque sin llegar a su nivel de barroquismo narrativo), la que da unidad y coherencia tanto a la trama narrativa como al conjunto de eventos y momentos históricos que se nos presentan.
La novela, por otra parte, consigue huir también de otro gran peligro en este tema: el saudosismo de una época pasada, la memoria idealizante y lusotropicalista del "buen imperialismo" portugués. El retorno muestra a la familia de Rui de forma simpática (o si se quiere, empática), y hasta cierto punto se los retrata como "buenos colonos", que no maltratan ni explotan [demasiado] a los angoleños. Pero no por ello se esconde la realidad de dominación, violencia y racismo que suponía el imperio colonial portugués, algo que todavía hoy muchos portugueses tienen cierta dificultad en reconocer. No es, en este sentido, una novela tan cruda como el Caderno de memórias coloniais, o como algunas de las obras de Lobo Antunes que han narrado esta época y estas cuestiones, pero tampoco es una visión edulcorada (I had a farm in Africa) de la relación entre países, clases e individuos en un contexto de dominación colonial.
El retorno, por cierto, está publicado en la editorial "La Umbría y la Solana", que está haciendo una labor encomiable por publicar obras clásicas y actuales de la literatura portuguesa en España. Dentro de poco #HabráReseña de Todo son historias de amor, también de Dulce María Cardoso, publicado por la misma editorial...
viernes, 7 de agosto de 2020
jueves, 6 de agosto de 2020
Amy Levy: Historia de una tienda
Título original: The romance of a shop
Año de publicación: 1888
Traducción: Gonzalo Gómez Montoro
Valoración: Entre recomendable y está bien
El padre de las hermanas Lorimer muere. Las cuatro muchachas deciden permanecer juntas, en vez de dispersarse por las casas de hospitalarios amigos y familiares, pero para ello necesitan dinero. Con sus escasos medios abren una tienda de fotografía, siguiendo de este modo el que fuera el oficio de su progenitor. Gran parte del Londres victoriano observará con desdén semejante iniciativa.
La verdad es que me ha encantado Historia de una tienda, novela costumbrista de apenas doscientas páginas escrita por Amy Levy (1861-1889). Retrata un fenómeno del que apenas sabía nada, el de las "New Woman", mujeres modernas e independientes que se expandían más allá del universo doméstico y accedían a las universidades, los clubs y los negocios.
Listemos ahora sus virtudes:
También debo señalar que esta novela no está libre de defectos:
La verdad es que me ha encantado Historia de una tienda, novela costumbrista de apenas doscientas páginas escrita por Amy Levy (1861-1889). Retrata un fenómeno del que apenas sabía nada, el de las "New Woman", mujeres modernas e independientes que se expandían más allá del universo doméstico y accedían a las universidades, los clubs y los negocios.
Listemos ahora sus virtudes:
- La caracterización de las protagonistas y su círculo inmediato. En serio, cada uno de estos personajes tiene idiosincrasias particulares, así como interacciones únicas con el resto.
- Tanto su ambientación como su trasfondo histórico nos trasladan a la época en la que transcurren los hechos.
- La atención al detalle que demuestran ciertos pasajes.
- Los toques cultos que Levy imprime a la narración. A fin de cuentas, la autora emplea palabras y expresiones francesas, alemanas o latinas, cita novelas, obras de teatro, poemas y la Biblia, o reflexiona sobre cuestiones de calado universal. Todo muy intelectual, como podéis ver, aunque sin caer nunca en la pretenciosidad gratuita.
- Entrelaza astutamente su subtexto militante y emancipador con el desarrollo del relato sin que éste se vea entorpecido por un planfletismo demasiado transparente en el proceso.
- El capítulo XIX es genial. Sólo de recordarlo me entran escalofríos.
También debo señalar que esta novela no está libre de defectos:
- Cuesta familiarizarse con los nombres de sus personajes.
- Su inicio es algo lento.
- Su segunda mitad traiciona, para mi gusto, el tono agridulce y el mensaje que la primera prometía. Aún así, hay que admitir que Levy arroja un par de eventos dramáticos para que, al menos, el tono no se diluya excesivamente. Desafortunadamente, el mensaje no logra reconducirlo satisfactoriamente.
- Estilísticamente se podría pulir un poco aquí y allá.
De cualquier manera, concluimos que Historia de una tienda es una delicia. Funciona como artefacto literario al uso, a la vez que educa a los lectores contemporáneos acerca de las "New Woman" y les permite trasladarse al Londres de la segunda mitad del siglo XIX.
Quiero terminar la reseña elogiando la labor de Chamán, editorial que nos ha granjeado la primera obra de Levy publicada en España. Se agradece que haya rescatado este clásico menor del olvido y haya invertido tanto en él. La maravillosa ilustración de la cubierta es de María José López Cerro, y la traducción y notas se las debemos al riguroso Gonzalo Gómez Montoro.
miércoles, 5 de agosto de 2020
Katherine Angel: Daddy Issues
Idioma original: inglésTítulo original: Daddy Issues
Traducción: Alberto Gª Marcos
Año de publicación: 2019
Valoración: recomendable
Quisiera avisar ya de entrada que es posible que esta reseña lleve a cierta polémica, pues el contenido del ensayo que nos ocupa se centra principalmente en la figura del padre y la relación con sus hijas. Y Katherine Angel analiza esta relación desde un punto de vista sociológico, cultural e incluso psiquiátrico con claras simpatías hacia las teorías freudianas.
Pongámonos en cualquier caso en antecedentes. Históricamente, y según apunta Angel, el patriarcado fue esencial en el discurso feminista de hace unas décadas, pero su universalismo fue en contra de su concepto organizativo, pues sugería una simpleza en el problema que únicamente requería una solución simple (cuando en realidad es mucho más complejo que esto). Igualmente, otro de los factores que jugaron en su contra en los noventa fue que las alusiones al patriarcado sonaban rancias; afortunadamente, hoy en día está resurgiendo esa mirada crítica hacia el patriarcado gracias a una serie de movimientos que cuestionan y critican la falta de igualdad intrínseca en esta construcción social.
El movimiento del #MeToo fue un aspecto clave en la sociedad para evaluar y analizar el sistema patriarcal que rige la mayoría de nuestros países. Y ese movimiento sirvió (y sigue siendo así) para criticar la figura de los hombres como personas dominantes en las diferentes esferas sociales, desde la académica, a la empresarial o incluso a la familiar. Y es cierto que, con el movimiento, irrumpió una oleada feminista con historias de abusos por parte de los hombres hacia las mujeres, pero no deja de ser también cierto que esa mirada crítica iba dirigida principalmente hacia las relaciones profesionales o sentimentales. Pero… ¿qué sucede con los padres?
Porque no nos engañemos, se critica a las parejas, los amigos, las ex parejas, pero, ¿qué ocurre con la figura paterna? ¿Debe ser ajena a esta mirada crítica? Porque la realidad es que se ensalza en exceso la labor de los padres en el cuidado de los hijos, y la autora, de manera categórica afirma (y creo que sabiamente) que la adulación que recibe un padre cuando se encarga de la crianza de un hijo le envuelve de un halo de santidad, mientras que si quien realiza esa tarea es la madre pasa totalmente desapercibida. Así, afirma que «una madre activa es una madre, mientras que un padre activo es un santo». Ahí aparecen los daddy issues, los traumas relacionados con el padre, que ejerce un influjo inevitable y, según la autora, «perturbador tanto si reivindica como si rechaza el rol patriarcal que le ha concedido la historia.»
Angel incide en el aspecto de que el padre es el gran olvidado cuando se recriminan actitudes machistas, y pone como ejemplo a Ivanka Trump y la relación sexualizada que su padre mantiene con ella a quien evalúa, admira y objetifica como a cualquiera de esas otras mujeres a las que «agarraría por el coño» (y discúlpenme la literalidad de la cita). Ivanka calificó esta frase de Trump como «claramente inapropiada y ofensiva», aunque añadió que «mi gran consuelo es que conozco a mi padre». Trump por su parte declaró que «de no ser hija mía, a lo mejor saldría con ella» y afirma que «yo contribuí a crearla. Ivanka. Mi hija, Ivanka. Mide un metro ochenta y tiene un cuerpo espectacular». Y, en esta ejemplificación de relaciones tóxicas, aunque dejando de lado la atracción física, también pone como ejemplo al padre de Meghan Markle que declaró, respecto a su hija, que «lo que me saca de quicio es su aire de superioridad. Si hoy en día es duquesa, es gracias a mí. Todo me lo debe a mí». Así, al igual que Trump se apropia de los atributos físicos de su hija, Markle se apropia de la identidad y los logros de la suya.
De esta manera, con estos dos ejemplos, Angel pone el foco en dos aspectos clave de los daddy issues; por una parte, «un concepto muy arraigado en la cultura: la asunción de que debe establecerse una suerte de relación amorosa entre un padre y una hija», como «un acuerdo de adoración mutua». Por otra parte, la apropiación de las cualidades o atributos de los hijos.
Esta especie de relación amorosa (y poned las comillas que consideréis), es tratada de manera muy acertada por la autora utilizando como base de su análisis una parte del guion de la película «El padre de la novia» donde el padre sintetiza en un monólogo el crecimiento de su hija desde pequeña hasta que se casa y los sentimientos de supuesto proteccionismo hacia ella, cuando en realidad no es más que la pérdida del poder hacia ella, su sexualización, y la pérdida de distancia respecto a su antiguo yo viril, convirtiendo a su hija en la que probablemente fuera la chica de sus sueños. Así, en la boda de la hija el padre se da cuenta de que «la ha perdido y qué será de su vida» desplazando con esta reflexión a su propia mujer, «borrada de este cuento de hadas». La afilada reflexión o crítica de la autora respecto al contenido de este monólogo (o las ideas que subyacen en él) ya merecen por sí solas la lectura de este libro y también su conclusión, que deja en el aire a modo de pregunta: «¿Puede ser que el horror del padre a la sexualidad de la hija sea una negación del horror que siente debido a su propio deseo?». Porque, de igual manera, afirma la autora que «históricamente, el padre ha protegido a la hija (…) es el guardián de su virginidad, su pudor, su recato». Ese pavor que profesa el padre hacia el posible pretendiente «nace de la identificación y el reconocimiento», es decir, que como hombre que fue la previene sobre ellos. Así, hay un «tenso y nunca reconocido deseo del padre hacia la hija a través de su identificación con otros hombres».
Por todo ello, este breve libro es recomendable pues cuestiona la figura de la paternidad hacia las hijas, y pone en duda cuánto hay de protección y cuánto hay de control y posesión, cuánto hay de miedo a que no sufran y cuánto hay de celos hacia sus parejas, cuánto hay de admiración de los padres a sus hijas por lo que son por sí mismas o porque lo perciben o sienten como logros propios, porque si son lo que lo son es gracias a ellos.
Como aspecto menos logrado es una excesiva retahíla de ejemplos de películas, libros y series con las que la autora sustenta su planteamiento pero, a pesar de ello, las reflexiones que la autora ofrece son interesantes e invitan a una introspección profunda sobre qué somos, cómo nos comportamos y por qué lo hacemos. Y, a pesar de la contundencia con la que la autora expresa sus reflexiones e independientemente de cuán de acuerdo se esté con su pensamiento, si tan sólo hay algo en él que consideramos que es acertado, su lectura ya vale la pena porque solo analizando nuestro comportamiento podremos empezar a dar pasos hacia una actitud más responsable hacia la sociedad y especialmente hacia las mujeres, sean nuestras hijas o no.
Pongámonos en cualquier caso en antecedentes. Históricamente, y según apunta Angel, el patriarcado fue esencial en el discurso feminista de hace unas décadas, pero su universalismo fue en contra de su concepto organizativo, pues sugería una simpleza en el problema que únicamente requería una solución simple (cuando en realidad es mucho más complejo que esto). Igualmente, otro de los factores que jugaron en su contra en los noventa fue que las alusiones al patriarcado sonaban rancias; afortunadamente, hoy en día está resurgiendo esa mirada crítica hacia el patriarcado gracias a una serie de movimientos que cuestionan y critican la falta de igualdad intrínseca en esta construcción social.
El movimiento del #MeToo fue un aspecto clave en la sociedad para evaluar y analizar el sistema patriarcal que rige la mayoría de nuestros países. Y ese movimiento sirvió (y sigue siendo así) para criticar la figura de los hombres como personas dominantes en las diferentes esferas sociales, desde la académica, a la empresarial o incluso a la familiar. Y es cierto que, con el movimiento, irrumpió una oleada feminista con historias de abusos por parte de los hombres hacia las mujeres, pero no deja de ser también cierto que esa mirada crítica iba dirigida principalmente hacia las relaciones profesionales o sentimentales. Pero… ¿qué sucede con los padres?
Porque no nos engañemos, se critica a las parejas, los amigos, las ex parejas, pero, ¿qué ocurre con la figura paterna? ¿Debe ser ajena a esta mirada crítica? Porque la realidad es que se ensalza en exceso la labor de los padres en el cuidado de los hijos, y la autora, de manera categórica afirma (y creo que sabiamente) que la adulación que recibe un padre cuando se encarga de la crianza de un hijo le envuelve de un halo de santidad, mientras que si quien realiza esa tarea es la madre pasa totalmente desapercibida. Así, afirma que «una madre activa es una madre, mientras que un padre activo es un santo». Ahí aparecen los daddy issues, los traumas relacionados con el padre, que ejerce un influjo inevitable y, según la autora, «perturbador tanto si reivindica como si rechaza el rol patriarcal que le ha concedido la historia.»
Angel incide en el aspecto de que el padre es el gran olvidado cuando se recriminan actitudes machistas, y pone como ejemplo a Ivanka Trump y la relación sexualizada que su padre mantiene con ella a quien evalúa, admira y objetifica como a cualquiera de esas otras mujeres a las que «agarraría por el coño» (y discúlpenme la literalidad de la cita). Ivanka calificó esta frase de Trump como «claramente inapropiada y ofensiva», aunque añadió que «mi gran consuelo es que conozco a mi padre». Trump por su parte declaró que «de no ser hija mía, a lo mejor saldría con ella» y afirma que «yo contribuí a crearla. Ivanka. Mi hija, Ivanka. Mide un metro ochenta y tiene un cuerpo espectacular». Y, en esta ejemplificación de relaciones tóxicas, aunque dejando de lado la atracción física, también pone como ejemplo al padre de Meghan Markle que declaró, respecto a su hija, que «lo que me saca de quicio es su aire de superioridad. Si hoy en día es duquesa, es gracias a mí. Todo me lo debe a mí». Así, al igual que Trump se apropia de los atributos físicos de su hija, Markle se apropia de la identidad y los logros de la suya.
De esta manera, con estos dos ejemplos, Angel pone el foco en dos aspectos clave de los daddy issues; por una parte, «un concepto muy arraigado en la cultura: la asunción de que debe establecerse una suerte de relación amorosa entre un padre y una hija», como «un acuerdo de adoración mutua». Por otra parte, la apropiación de las cualidades o atributos de los hijos.
Esta especie de relación amorosa (y poned las comillas que consideréis), es tratada de manera muy acertada por la autora utilizando como base de su análisis una parte del guion de la película «El padre de la novia» donde el padre sintetiza en un monólogo el crecimiento de su hija desde pequeña hasta que se casa y los sentimientos de supuesto proteccionismo hacia ella, cuando en realidad no es más que la pérdida del poder hacia ella, su sexualización, y la pérdida de distancia respecto a su antiguo yo viril, convirtiendo a su hija en la que probablemente fuera la chica de sus sueños. Así, en la boda de la hija el padre se da cuenta de que «la ha perdido y qué será de su vida» desplazando con esta reflexión a su propia mujer, «borrada de este cuento de hadas». La afilada reflexión o crítica de la autora respecto al contenido de este monólogo (o las ideas que subyacen en él) ya merecen por sí solas la lectura de este libro y también su conclusión, que deja en el aire a modo de pregunta: «¿Puede ser que el horror del padre a la sexualidad de la hija sea una negación del horror que siente debido a su propio deseo?». Porque, de igual manera, afirma la autora que «históricamente, el padre ha protegido a la hija (…) es el guardián de su virginidad, su pudor, su recato». Ese pavor que profesa el padre hacia el posible pretendiente «nace de la identificación y el reconocimiento», es decir, que como hombre que fue la previene sobre ellos. Así, hay un «tenso y nunca reconocido deseo del padre hacia la hija a través de su identificación con otros hombres».
Por todo ello, este breve libro es recomendable pues cuestiona la figura de la paternidad hacia las hijas, y pone en duda cuánto hay de protección y cuánto hay de control y posesión, cuánto hay de miedo a que no sufran y cuánto hay de celos hacia sus parejas, cuánto hay de admiración de los padres a sus hijas por lo que son por sí mismas o porque lo perciben o sienten como logros propios, porque si son lo que lo son es gracias a ellos.
Como aspecto menos logrado es una excesiva retahíla de ejemplos de películas, libros y series con las que la autora sustenta su planteamiento pero, a pesar de ello, las reflexiones que la autora ofrece son interesantes e invitan a una introspección profunda sobre qué somos, cómo nos comportamos y por qué lo hacemos. Y, a pesar de la contundencia con la que la autora expresa sus reflexiones e independientemente de cuán de acuerdo se esté con su pensamiento, si tan sólo hay algo en él que consideramos que es acertado, su lectura ya vale la pena porque solo analizando nuestro comportamiento podremos empezar a dar pasos hacia una actitud más responsable hacia la sociedad y especialmente hacia las mujeres, sean nuestras hijas o no.
martes, 4 de agosto de 2020
Mads Peder Nordbo: Los crímenes del Ártico
Idioma original: danésTítulo original: Pigen uden hud
Año de publicación: 2017
Traducción: Enrique Bernárdez Sanchís
Valoración: digamos que está bien
Ha habido en los últimos tiempos una cierta tendencia (no sé si incluso llegará a considerarse como "subgénero") a situar novelas policíacas o noir en lugares de clima desapacible, cuando no directamente helador: Islandia, las islas Shetland, Laponia, Siberia-Gasteiz... En fin, en este gélido panorama, como si el frío aguijoneara de alguna manera las ansias homicidas, no podía faltar un escenario tan poco hollado, como es el de al isla de Groenlandia. Ignoro si será ésta la primera novela que lo hace, pero, en todo caso, aquí tenemos Los crímenes del Ártico, primera de una trilogía del danés Mads Peder Nordbo, para rellenar el vacío.
La novela está protagonizada por otro danés -aun de padre noreteamericano-. el periodista Matthew Cave, que se ha trasladado a la capital groenlandesa, Nuuk, para trabajar en el periódico local, tratando de superar la consabida tragedia personal que le atormenta. Justo a tiempo, qué suerte tiene, para asistir a una serie de crímenes bastante truculentos que se suceden a partir del descubrimiento en un glaciar de una momia, quizás de época vikinga. pero también parecen viculados a otros crímenes sin resolver que tuvieron lugar en el mismo sitio cuarenta años atrás e investigados por el desaparecido policía Jakob Pedersen... Entre una cosa y otra, Matthew (y nosotros con él) conocerá mejor la cultura inuit y la Historia local, pero también a una muy peculiar groenlandesa llamada Tupaarnaq (he buscado el nombre y significa "tomillo").
No puedo contar mucho más de la novela sin destripar un poco su argumento; sí que resulta entretenida y su estilo sin florituras fácil de leer, aunque tampoco sin causar vergüenza ajena. Por ponerle alguna pega, decir que denota alguna influencia, creo (no he leído las novelas pero sí visto las pelis) de la archiexitosa saga Millenium, de Stieg Larsson. También, que no resulta del todo verosímil que unos crímenes tan horrendos como los que aquí se narran no causen un mayor revuelo en una comunidad tan pequeña como es la ciudad de Nuuk, pero habrá que suponer que en Groenlandia la gente es especialmente dura... De todos modos, resulta ésta una opción adecuada para alejarnos de los escenarios habituales del noir, y especialmente refrescante para leer en los calurosos veranos del sur de Europa.
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lunes, 3 de agosto de 2020
Cristina Peri Rossi: El amor es una droga dura
Idioma original: españolAño de publicación: 1999
Valoración: se deja leer
De la renombrada serie "cosas que andan por casa" hoy nos toca este capítulo: una novela de Seix Barral, editorial con cierta relativa fiabilidad, autora uruguaya, con título horripilante y completamente ochenta-noventero, propio de alguna de esas películas corales de pretendida frivolidad, ya que recordemos que en esas épocas ya había bastantes drogas duras y a fe que la frasecita hoy suena como mínimo bastante trasnochada.
Pero hay que cumplir, apreciados lectores, uno se enfrenta a la lectura sin saber nada de la autora más que las breves referencias completamente inocuas halladas no sin cierta desgana en Goodreads, donde esta novela, oh sorpresa, se sitúa en el extenso rango de valoraciones entre las 3 y las 4 estrellitas, tierra de nadie no inhóspita sino densamente poblada en la cual uno, cuestiones de la estadística, puede esperar cualquier cosa.
Pues bien: esta novela es una cosa bastante floja.
El tiempo le ha pasado factura no solo al título sino al mero hecho y circunstancias, pero la sinopsis espero me ayude en el propósito de justificar mi muy tibia valoración.
Javier, hombre, mediana edad, es un fotógrafo de enorme éxito que se ha hecho rico en el mundo de la moda y las modelos. Un mundo que le ha obligado en lo físico, claro. Vida nocturna, éxito personal por el que ha pagado con diversas adicciones, casi a la carta. Tabaco, alcohol, cocaína. Todo muy propio. También ha tenido una ajetreada vida amorosa, de cuyos detalles entre tanto vicio le cuesta un poco concretar, pero ha decidido dejarlo todo atrás. Se ha ido a vivir lejos de la ciudad, se ha emparejado con Gema, parece que a sus cincuenta años (bien llevados, eso sí, se nos recuerda constantemente) se ha decidido muy en firme a "sentar la cabeza".
Pero la cabra, ay, tira al monte. Y desplazado a la ciudad para vender una propiedad, un encuentro fortuito con Nora (de la que no recuerda nada, pero eso da igual, hombre) le devuelve la sensación, la punzada del deseo. Una mujer joven, hermosa, con unos preciosos ojos miel (le gusta mucho ese color, la autora nos lo recalca dos veces en menos deveinticinco líneas), mujer que empieza a marearle con una especie de ritual de cortejo en constante interrupción y claro, Javier, que sufre el síndrome de la media edad y que en el fondo echa de menos su vida del pasado (el campo es muy aburrido, la monogamia no está hecha para los triunfadores, la ciudad es el verdadero símbolo de la evolución de la raza humana). Todo el amontonamiento de clichés al uso justifica que Javier se quede en la ciudad (costeándose, cómo no, un carísimo hotel) y tome la descabellada (y nada veraz) decisión de recuperar su vida anterior: volverá a beber, a fumar y drogarse por la ilusión de que Dora se acueste con él, renunciará a su confort de persona retirada y emprenderá una nueva vida, una nueva "vieja" vida porque una mujer joven bellísima (el diálogo interior de Javier sobre el tema, y no es el único que mantiene, es de toma pan y moja) le ha hecho caso.
¿Dije "cliché"?
¿Dije "cliché"?
Pues eso: saquemos doscientas cuarenta páginas de reflexiones de adulto desorientado por la volatilidad de una veinteañera que (no pocas veces recuerda) podría ser su hija.
Añadámosle todas las circunstancias completamente increíbles (p.e. Gema acepta los reiterados retrasos en la vuelta a casa que Javier justifica con los argumentos más peregrinos).
Y ya tenemos servida una novela, que parece esconder un secreto y por eso he llegado hasta el final (bluf absoluto, oigan), de estilo sobrio aunque repetitivo, que simplemente es risible cuando pretende erotizarse, que me parece que ya en 1999 cuando se publicó resultaba algo forzada y escorada hacia el submundo de la literatura erótica "con elegancia". Imaginaos ahora.
domingo, 2 de agosto de 2020
Doris Lessing: Ben en el mundo
Idioma original: inglés
Título original: Ben in the world
Año de publicación: 2000
Traducción: Ángela Pérez
Valoración: Recomendable
«Ben en el mundo se lee como un cuento de hadas»
The New York Times
Vayan por delante mis respetos por los cuentos de hadas, pero sugerir que Ben en el mundo es como un cuento de hadas lleva a engaño sobre el tipo de lectura que nos espera ¿Y quién soy yo para contradecir al The New York Times? Pues soy alguien que sí se ha leído la novela y que no cobra por emitir titulares condescendientes y sin fundamento.
Con fundamento tampoco.
Estamos ante la segunda parte de la celebrada novela de la misma autora, titulada El quinto hijo, ya reseñada anteriormente.
Resumen resumido: Ben Lovatt ya tiene dieciocho años, no mantiene contacto alguno con su familia y malvive en los márgenes de la sociedad. Sabedor a la fuerza de que su aspecto y su comportamiento despiertan recelos, trata de mantener un perfil bajo, lo cual no le evita ser objeto continuo de abusos. Y aunque también se ha encontrado con personas buenas que quieren ayudarle, por más que se esfuerzan no hallan el modo de hacerlo. ¿Habrá un lugar para Ben en este mundo inhumanamente normalizado?
Para responder a esta pregunta, Doris Lessing tiene que lograr primero algo fundamental: que el lector conozca a Ben y empatice con él, ya que en El quinto hijo era su madre (Harriet Lovatt) la verdadera protagonista y sufridora principal del conflicto y era a partir de sus observaciones y reflexiones que pudimos intuir algunas cosas acerca del pequeño Ben, con la ayuda puntual del narrador. Pero aquí no tenemos a Harriet y, dada la particular naturaleza de Ben, no tendría ningún sentido focalizar en él. Ahí reside parte de la complejidad narrativa de esta novela, en desplegar toda una galería de personajes —con sus conflictos y sus subtramas— que se cruzan en la vida de Ben y a partir de cuyas percepciones podemos llegar a conocerlo y a quererlo.
«—Escucha, Ben —le dijo jadeando—, escucha, amigo. Vamos a perder el avión. En cuanto subamos al avión te encontrarás bien. Te darán una manta.
Ben se incorporó y dejó caer la bolsa. Richard no podía saberlo, pero había sido la palabra “manta” la que le hizo reaccionar. La anciana la empleaba para decirle: “Toma esta manta, Ben, abrígate bien. La calefacción está un poco floja esta noche”.
Richard se dio cuenta de que las cosas habían cambiado: Ben no parecía tan furioso (…).»
Eso hace que la novela necesite cierto recorrido inicial antes de que empiecen a pasar cosas, antes hemos tenido que profundizar un poco en el Ben adulto y por ello da la sensación de que el primer tercio de la novela presenta dificultades narrativas. En ese punto de la lectura yo llegué a pensar que era una novela malograda, que Doris Lessing había cometido ese fallo tan común entre los escritores consagrados de pensar que todo lo que escriben es publicable y que si se salvaba era porque ella es una autora que escribe muy muy bien aunque sea en la dirección equivocada. Pero cuando me interné en el segundo tercio pude observar cómo la historia y el conflicto se iban revelando e iban tomando cuerpo y tuve que reconocer mi error inicial al sentir que había cierta esperanza para aquella andadura narrativa tan incierta. Y entonces entré en el último tercio de la novela y los elementos sembrados hasta entonces cobraron todo su sentido y la historia adquirió una intensidad tremebundo que me fundió las cubiertas del libro a las manos como si fuera una brasa y no logré soltarlo hasta que acabé la última frase.
(Perdóname, Doris Lessing, nunca más volveré a dudar de ti)
Así como El quinto hijo es una novela en sí misma, que no pende de otra y que alcanza un cierre coherente y logrado, Ben en el mundo sí es subsidiaria de su predecesora, lo que la convierte en una suerte de obra insólita cuyos mimbres narrativos son únicos:
- La dilación en el arranque que comentaba anteriormente.
- Las subtramas de los diferentes personajes cuyo cierre conocemos con antelación para dejar claro el fin de su intervención en la trama de Ben.
- El final abrupto, como un dardo, tan propio de los relatos.
Esa naturaleza híbrida e insólita de esta obra puede llevar a pensar que se trate de un relato largo y de ahí la asociación —para mí no tan evidente, pero bueno— con el «cuento de hadas». Pero no es ni lo uno ni lo otro, es una tipología narrativa particular concebida para explicar esta historia en concreto, y que solo una escritora de la talla de Doris Lessing puede plantear y resolver con maestría. Así que Recomendable con asterisco, porque hay que leer primero El quinto hijo.
Las aventuras de este Ben adulto nos ponen de manifiesto que el problema no es que él sea un ser incompatible con el resto (hay mujeres que se sienten atraídas por él, hay gente de diferente edad y condición que empatiza con su situación y que trata de protegerlo y de ayudarlo) el problema que tiene Ben en el mundo es que el mundo no tiene un lugar para él porque Ben dista demasiado de lo que se considera «la norma». Solo es una metáfora de muchas de las injusticias que inundan los telediarios un día tras de otro por diferencias de raza, de género, de clase, de orientación sexual... Todos defendemos «la norma» con nuestra actitud porque hemos olvidado que «la norma» solo es un concepto muy vago y que en realidad todos podemos ser Ben.
sábado, 1 de agosto de 2020
Emilia Pardo Bazán: El saludo de las brujas
Idioma: EspañolAño de publicación: 1899
Valoración: Entre recomendable y está bien
¿Quién me hubiera dicho que disfrutaría tanto de El saludo de las brujas? A fin de cuentas, a esta novela de apenas doscientas páginas, escrita por la prolífica Emilia Pardo Bazán, la atraviesan una serie de ingredientes que, a priori, no me llamaban demasiado la atención. A saber: un registro realista, el amor como tema predominante, una prosa alambicada, una voz narradora que constantemente interrumpe la acción para meter baza y valores decimonónicos totalmente desfasados.
Pues resulta que Bazán consigue articular los mentados ingredientes de un modo sumamente atractivo. El registro realista de la historia, por ejemplo, adquiere interés gracias a Dacia, una nación ficticia que coexiste con otros países de la geografía mundial. En cuanto al amor, no se presenta dulcificado; es, de hecho, fuente de tragedias y desgracias de todo tipo. ¿Y qué hay de la prosa? El uso del lenguaje de Bazán es extraordinariamente rico. Es cierto que, a veces, la autora dilata excesivamente ciertas escenas, pero en ningún momento se siente que lo haga para exhibir músculo, sino para aportar matices y reflexiones enjundiosas.
Pues resulta que Bazán consigue articular los mentados ingredientes de un modo sumamente atractivo. El registro realista de la historia, por ejemplo, adquiere interés gracias a Dacia, una nación ficticia que coexiste con otros países de la geografía mundial. En cuanto al amor, no se presenta dulcificado; es, de hecho, fuente de tragedias y desgracias de todo tipo. ¿Y qué hay de la prosa? El uso del lenguaje de Bazán es extraordinariamente rico. Es cierto que, a veces, la autora dilata excesivamente ciertas escenas, pero en ningún momento se siente que lo haga para exhibir músculo, sino para aportar matices y reflexiones enjundiosas.
Una Dacia al borde de la guerra civil. Un romance imposible entre Felipe, un príncipe destronado, y Rosario, la sobrina de un talentoso pintor. Intriga política por doquier. Un desenlace algo abrupto pero francamente demoledor. ¡Drama, drama, drama! El contraste entre la libertad y el deber, la coherencia personal y la responsabilidad colectiva. Esto y más, mucho más, señores, es lo que encontraréis en El saludo de las brujas. Que la reivindicación de la institución monárquica que se gasta Bazán no os impida leer esta delicia, porque vale la pena.
También de Emilia Pardo Bazán en ULAD: Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza, Siete cuentos de misterio, Cuentos fantásticos, La gota de sangre, Insolación
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