miércoles, 7 de agosto de 2013

Natalia Ginzburg: Querido Miguel

Idioma original: italiano
Título original: Caro Michele
Año de publicación: 1973
Valoración: Recomendable      



Hay novelas que parecen transcurrir como los días, párrafos enteros en los que nada de lo que se dice es demasiado importante, donde banalidad y rutina campean a sus anchas. Platos sobre la mesa, un escalón, una mancha, la vida cotidiana con sus pequeños contratiempos y su tedio inevitable. Pero, tal como Lenon expresó en una frase memorable, la vida no es más que eso y todo lo demás artificiosas abstracciones. De ahí que este tipo de relatos sean los que, finalmente, se quedan más tiempo en la memoria.

A Querido Miguel se le ha clasificado como epistolar pero emplea también otros recursos. El primero hace de núcleo central que cohesiona y marca el hilo del relato, las incursiones narrativas, que aparecen sobre todo al principio, sirven para impedir que se fuerce demasiado el contenido de las cartas. Ambos procedimientos van reflejando el transcurrir de unas vidas anónimas, llenas de melancolía y nostalgia, tanto del pasado –que aparece en ocasionales pinceladas– como de otro presente más feliz. En realidad, ellos –no la nómina entera sino, precisamente, los que se dirigen al lector– desearían mayor comunicación con los otros y canalizan esa añoranza en Miguel, quién, paradójicamente y después de las gemelas, más indiferencia muestra por la vida de familia, el que de verdad quiere volar por su cuenta siendo, no obstante, objeto de la preocupación de casi todos. Su vida, que de lejos se adivina apasionante, intriga a los lectores a la vez que provoca en familiares y amigos envidia e inquietud.

El protagonista lo es de una forma atípica pues ya hemos visto que la historia no se centra en él. Sus andanzas permanecen en penumbra como él mismo reconoce en una carta –donde viene a decir que ninguno de ellos puede opinar sobre su vida ya que lo desconocen todo y se sorprenderían si supieran la verdad–, se insinúa la relación con personas o grupos delictivos, tenencia de armas, una huída intempestiva, cierto compromiso político, de todo lo cual deducimos que pertenece a un grupo terrorista. El desenlace avala esa hipótesis. Pero la razón del protagonismo de Miguel está en que sirve de aglutinante de los otros personajes; es quien estimula la preocupación e impotencia maternas, una ayuda fraternal eficiente, las vacilantes tentativas de aprovecharse de él por parte de Mara o la sincera amistad de Osvaldo.

La acción transcurre durante más o menos un año en Roma a principios de los 70. De allí Miguel huye a Londres donde mantiene una vida errática: en un principio continúa con sus actividades clandestinas aunque poco después, intuimos, trata de ocultarse trabando relación con gente muy distinta y más tarde se traslada a Bélgica donde, parece ser, se planea un atentado. Pero el lector continúa en el escenario del principio acompañando a la familia que sigue apareciendo en primer plano.

Hay personajes que están trazados con una maestría excepcional, la madre, por ejemplo, su radical soledad, la incapacidad para comunicarse, una obsesión por el hijo ausente tan irrelevante como agónica. O Mara, la alocada chica que acaba de dar a luz e insinúa que Miguel es uno de los padres posibles; un personaje que no asume sus errores, que ni siquiera sabe cuidar de sí misma y lo espera todo de los otros, verosímil, sobre todo, por el radical absurdo en que vive, pues así somos las personas, incoherentes, irresponsables y volubles, y es esa sensación de déjà vu lo que nos hace sonreír de sus cartas. O Angélica, eficaz, resolutiva, de las cuatro hermanas de Miguel, la que adquiere mayor protagonismo, tanto por su temperamento activo como por la complicidad existente entre ellos.

Las relaciones familiares (el término familia entendido en su sentido amplio: vecinal, de compañerismo etc.) acabaron convirtiéndose en el asunto central de la autora. De ahí que, tanto el argumento como la manera tan sensitiva de abordarlo, le fuera como anillo al dedo a Martín Gaite, quien tradujo esta edición y se nota, pues supo trasladar al castellano ese toque intimista y coloquial  tan característico de su propia obra narrativa y tan cercano a la idiosincrasia de Ginzburg.

La obra fue llevada al cine con el mismo título por Mario Monicelli en 1976. No he podido verla pero he leído buenas críticas. El guión no parece ser del todo fiel a la novela, aunque sí convenientemente adaptado a la pantalla con el fin de sacar de la historia el mejor partido posible.

También de Natalia Ginzburg en ULAD: Aquí

martes, 6 de agosto de 2013

Naguib Mahfuz: Amor bajo la lluvia

Idioma original: árabe
Título original: al-Hubb tahl al-matar
Fecha de publicación: 1973
Valoración: Muy recomendable

Ha sido una agradable sorpresa este librito (por su extensión, que quede claro) de Naguib Mahfuz (El Cairo, 1912-2006), por ahora, el único escritor en lengua árabe que ha sido coronado como uno de los grandes de la literatura universal en Estocolmo.

Con un prólogo que merece la pena leer antes de la novela propiamente dicha (lo digo por esos lectores que lo hacen sólo al final por miedo a que les destripen la trama o se pierda parte del encanto del libro), Mahfuz construye en pocas páginas una lograda y ágil historia de amores, desencuentros y venganzas ambientada en su ciudad natal, en unos tiempos más bien revueltos en la tierra de los faraones.

Corren los primeros años de la década de los 70 y dos hechos han provocado que la sociedad egipcia de la época viva de forma constante en un estado marcial y que sus gentes respiren el aroma amargo de la humillación, la derrota y los deseos de venganza: la creación del Estado de Israel en 1948 y, sobre todo, la contienda de 1967, en la que Egipto perdió el Sinaí. Además, el país atraviesa una gran crisis económica y también moral, ya que en esta época comienza a hacerse más patente que nunca el choque entre un país árabe tradicional y el siempre al acecho Occidente, lleno de libertades, costumbres y escalas de valores nuevas y revolucionarias.

En este escenario, Mahfuz relata en breves capítulos, casi sin descripciones y con diálogos cortos pero contundentes, lo que les ocurre a tres muchachas egipcias atractivas y con estudios universitarios en una etapa fundamental de sus vidas: contraer matrimonio con los hombres que ellas han elegido libremente. Pero nada les saldrá como habían planeado por culpa de acontecimientos que sacarán a la luz las más bajas pasiones humanas.

Estoy segura de que Aliat, Sanía y Muna, estas tres chicas, dejarán con la boca abierta a aquellos lectores que estén convencidos de que la mujer árabe fue y es actualmente un ser sometido, debilitado y reprimido en un mundo machista y cercenador de sus libertades. Porque las mujeres de Amor bajo la lluvia, aparte de tener estudios superiores, vestimentas y formas de ocio de lo más "liberal", viven su sexualidad de forma tan abierta y despreocupada que, como enseguida descubrimos, dos de ellas llegaron a ejercer la prostitución de lujo para pertrecharse de toda clase de caprichos. Y este vergonzante secreto les acabará costando disgustos por culpa de una despechada lesbiana obsesionada con Aliat. Nada podrá hacer para impedirlo su amigo y proxeneta Higasi, que trabaja como director de fotografía en el cine, mundillo que ocupa un lugar muy especial en esta novela y en cuyas garras perversas y viciosas caerán otros personajes de la historia, trastocando sus vidas tanto como la guerra o los secretos revelados.

En fin, una novela que impresiona por la carga de amoralidad, egoísmo, falta de escrúpulos y libertinaje que arrastran casi todos sus personajes, algo que cuando se trata de seres literarios ubicados en contextos occidentales y más recientes, no llama tanto la atención. Muy recomendable. Yo, por mi parte, espero hacerme dentro de poco con El callejón de los milagros, también de Mahfuz, y cuya adaptación al cine me dejó con una amargura similar a la que me ha dejado este libro.

También de Naguib Mahfuz en ULADEl callejón de los milagros

lunes, 5 de agosto de 2013

Gershom Scholem: Walter Benjamin. Historia de una amistad

Idioma original: alemán
Título original: Walter Benjamin, die Geschichte einer Freundschaft
Año de publicación:  1975
Valoración: muy recomendable

Si visitáis la sección de Filosofía de cualquier librería de calidad, no os costará descubrir en la mesa de novedades varias ediciones de obras de Walter Benjamin y diversos ensayos sobre su vida o su pensamiento. La suya es quizá la figura intelectual del siglo XX a cuya recuperación se están dedicando en España los mayores esfuerzos en los últimos años. Adscrito habitualmente en los manuales al marxismo heterodoxo de la Escuela de Frankfurt, lo cierto es que la obra de Benjamin tiene más de heterodoxa que de marxista. En ella convive un voluntarioso compromiso político de izquierdas, que le empujaba al materialismo histórico, con una formación metafísica, un tono poetizante en el estilo y una irreductible tendencia a lo místico. Ingredientes, estos, no muy comunes en un "intelectual comprometido" de los años 30. 

A partir del momento en que recibe la influencia del legado marxista (y esto no pasa seriamente hasta 1929), el pensamiento de Benjamin estará atravesado por una tensión irresoluble -y a la postre irresuelta- entre dos polos. Estos condensan opciones a la vez políticas, emocionales, teóricas y metodológicas, y pueden sintetizarse en dos ciudades: Moscú y Jerusalén. El libro de Scholem es una guía inmejorable para entender la relevancia de ese segundo polo en la vida y obra de Benjamin. No se trata de una biografía al uso, sino del relato de una profunda amistad mantenida a lo largo de décadas y contada por uno de sus protagonistas.

Scholem conoce a Benjamin en 1915 en el Berlín donde ambos habían nacido. El segundo, con 23 años, se había ganado ya una cierta fama como incipiente teórico en el seno del movimiento estudiantil, mientras que el primero, con 18, estaba activamente involucrado en grupos sionistas y estudiaba con pasión hebreo y literatura judía. Con el tiempo, Scholem acabaría emigrando a Palestina y se convertiría en el fundador del estudio moderno de la mística judía (como ya comentamos aquí). Su visión, por tanto, es la más apropiada para arrojar luz sobre la ambigua relación de Benjamin con su propia herencia judía. Criado en una familia asimilada, Benjamin no fue nunca un practicante de la religión mosaica, pero esta no dejó de permear su obra, en la forma, por ejemplo, del mesianismo secularizado que anima su filosofía de la historia. Scholem revela cuán cerca estuvo Benjamin de emigrar a Palestina (con ayuda de su amigo) y de iniciar allí una carrera académica que muy probablemente le hubiera conducido por otros derroteros.

Esta que es la mayor riqueza del libro, es también su mayor debilidad: la vida y la obra de Benjamin las presenta Scholem desde un punto de vista cuando menos sesgado, a la luz exclusivamente de su relación con el judaísmo. Otras influencias innegables se presentan más bien como interrupciones o injerencias en la evolución "natural" de su pensamiento. De cualquier manera, el relato de Scholem es una fuente de información de primera, que fascina por el respeto con que presenta las muy duras circunstancias que fueron cerniéndose sobre la existencia de su amigo. En ocasiones el pudor parece hacerle pasar de puntillas justo por aquello que sería lo más revelador de una determinada decisión u orientación en su obra. Pero uno siente, en cualquier caso, que está bien así.

Otros libros de Gershom Scholem en ULADEl misticismo extraviado

domingo, 4 de agosto de 2013

Petros Márkaris: Suicidio perfecto

Idioma original: griego
Título original: Ο Τσε αυτοκτόνησε
Año de publicación: 2003
Valoración: está bien

Este es el segundo libro de Márkaris que leo, pero el primero que reseño (el anterior debí de leérmelo en la era pre-ULADiana, o a lo mejor lo leí y me dio pereza escribir la reseña). En cualquier caso, con estas dos novelas da para hacerse una idea del estilo de Márkaris, y de los métodos de su comisario Kostas Jaritos, un policía ni tan caótico como el Montalbano de Camillieri ni tan metódico como el Wallander de Mankell.

Al principio de esta novela, el comisario Jaritos está de baja, a causa de un disparo recibido en su anterior misión. Aburrido y atocinado, se deja dominar por su protectora mujer y hasta por un gato con el que comparte los bancos del parque. Solo lo sacará de su letargo un misterioso caso al que sus colegas policías no parecen estar dando el tratamiento adecuado: el suicido, en directo y en prime-time, de un importante hombre de negocios. ¿Qué puede llevar a una persona que parece exitosa y feliz no solo a suicidarse, sino a hacerlo públicamente y enfrente de una cámara de televisión? El misterio se complica aún más cuando a este suicido le sigue otro, y después otro...

En esta novela, Márkaris parece iniciar una línea que han seguido después sus posteriores novelas, en especial en su Trilogía de la crisis: la mezcla de intriga policial pura con elementos de intriga política y referencias a la situación económica europea y mundial. En este caso, tengo que decir, el tratamiento del tema parece algo superficial y algo inocente: los tejemanejes económicos fraudulentos que el comisario Jaritos va descubriendo parecen un juego de niños comparados con la trama Gürtel y compañía...

En mi opinión, lo mejor de la novela, como pasa muchas veces, son los personajes secundarios: la mujer de Jaritos, el novio de su hija, su improvisada compañera de investigaciones... Las relaciones humanas que se tejen entre ellos, en paralelo o al margen de la investigación central, hacen que la lectura sea mucho más amena y amigable, y a veces dan ganas de que no vuelvan a meterse de cabeza en el caso para seguir leyendo más sobre ellos.

¿Y por qué solo le he dado un "está bien"? Pues porque, como decía, antes, el desenlace me parece algo inocente. El misterio inicial es realmente intrigante (tres hombres exitosos se suicida impulsados por un extraño poder desconocido) pero la resolución del misterio, con una de esas carambolas tipo CSI ("esta camisa tiene polvo de una piedra que solo existe en un pequeño terreno de veinte metros cuadrados a las afuras de Las Vegas", algo así) y un "malo" final bastante poco creíble, al menos para mí. Pero bueno, hasta llegar a esa desilusión final, la lectura me entretuvo y me enganchó, así que quien quiera disfrutar de una agradable lectura policiaca en la playa, adelante...

También de Petros Márkaris en ULAD: Liquidación final

sábado, 3 de agosto de 2013

Evelyn Waugh: Merienda de negros

Idioma original: inglés
Título original: Black Mischief
Año de publicación: 1932
Traducción: Juan García Puente
Valoración: muy recomendable

Famoso por Brideshead Revisited, Evelyn Waugh es uno de esos escritores de época que aparece con posado serio en fotografías en blanco y negro. Con una pluma en la mano y un enorme cigarro puro en la otra. Cuestión estética, claro, pero resulta que Merienda de negros acaba siendo algo de lo que la pose de su autor sugiere. Una especie de mezcla entre farsa colonial, novela de dictador y comedia decididamente macabra. Inspirada, dicen, por la situación de Etiopía y la figura de Haile Selassie (igual que la esplendorosa El Emperador, de Ryszard Kapuscisnki), la novela rápidamente nos coloca en situaciones de la picaresca a las que inducen la miseria y el miedo. Un funcionario intenta colocar, a elevado precio, plazas en una lancha para huir de una ciudad que cede al asedio de los rebeldes. El más alto mandatario es engañado por todo el mundo que le rodea, a la par que por sí mismo. Los acólitos empiezan a moverse entre la confusión para salvar el pellejo, o incluso, en un salto mortal sin red, resituarse en el mando rival. Comedia macabra, dije: poca broma cuando interviene situación confusa y gatillo fácil (o soga, o machete), aunque al principio se apodere cierta sensación de que el autor está optando por cierta pre-concepción con algo de superioridad: como un observador colonial que presencia las tropelías de los bárbaros. Pero el tercer capítulo se encarga de acabar con eso. No suelo destacar pasajes, pero ese tercer capítulo es un auténtico hito narrativo. Todo un paseo por la alta sociedad londinense, todo un prodigio en el que se esboza, con trazo tenue pero claro, el mapa social del que Basil, pomposo Ministro de Modernización de Azania, surge, y el momento justo en que el lector repara en que la novela va muy en serio. Bueno, todo lo en serio que puede ir una obra así.
De ahí en adelante asistimos al previsible devenir de los hechos: los europeos que transitan escandalizados por un país que consideran ora una oportunidad de negocio ora un lugar de vacaciones, la estupefacción de los nativos, la enorme distancia entre las civilizaciones y sus puntos de roce. No es un libro para partirse de risa, es simplemente una gran sátira que hace pensar, un espléndido retrato y, aunque tenga trazos estilísticos de su época, Merienda de negros resulta ser una novela muy moderna. No es que sea más moderna que los libros de su época: es que es más moderna que muchos libros que se publicarán de aquí a veinte años. Waugh, qué envidia, tenía 29 años cuando publicó esta novela, en 1932, período entre guerras. Que más de 80 años aún seamos capaces de situar personajes muy parecidos en escenarios casi idénticos solo es un síntoma más de la contemporaneidad de su premisa. También lo es, tristemente, de que ciertas partes del mundo no hayan cambiado. Colonización política, militar o económica aún existe. Que la crítica hacia las situaciones que genera surja en un Tweet, en un documental (como el excelente La pesadilla de Darwin) o en magníficas novelas como ésta, eso es solo consecuencia de los tiempos.

Otros libros de Evelyn Waugh reseñados en Un Libro Al Día: ¡Noticia bomba!Retorno a Brideshead

viernes, 2 de agosto de 2013

Jean-Michel Guenassia: El club de los optimistas incorregibles

Idioma original: francés
Título original: Le Club des incorrigibles optimistes 
Año de publicación: 2009                  
Valoración: Muy recomendable





Pocas veces he comenzado una novela con más escepticismo que en esta ocasión. Incluso cuando llevaba ya unas decenas de páginas, y aunque no me parecía mal escrita, contaba con un protagonista simpático y su contenido resultaba atrayente de momento, me parecía inevitable que cayese mucho antes de sus 656 páginas. Porque, con aquellas premisas, ¿cómo era posible mantener en alto hasta el final una narración tan extensa sin ser ni Thomas Mann ni Tolstoi? Para mí no era más  que cuestión de tiempo, estaba segura de que, más pronto que tarde, me acabaría decepcionando. Mientras tanto, continuaba leyendo a toda velocidad y, a medida que iba avanzando, más compulsivamente. Pero el grosor de lo que restaba era cada vez menor y mis predicciones seguían sin cumplirse. No solo no encontraba motivos para abandonar el libro, es que su interés iba en aumento, y con rapidez creciente además.

Y es que la facilidad de lectura, si bien nunca ha sido un buen síntoma en sí mismo, tampoco es necesariamente malo. Guenassia no emprende ninguna aventura experimental, sencillamente se sirve, con total corrección, hondura, meticulosidad y coherencia, de esquemas narrativos clásicos. Pese a la crudeza de algunas situaciones y la complejidad de los aspectos que muestra, la prosa es sencilla y directa, abundan el diálogo y la acción, la mirada es clara y sin prejuicios, tal como corresponde a un personaje que no deja de crecer con la historia a la vez que esta crece a nuestros ojos. Ocurre que el ritmo y la verosimilitud, así como la empatía con el lector, consiguen, no solo mantener el interés bien alto, incluso apasionarnos con las peripecias de unos individuos tan entrañables como excepcionales (como muchas personas comunes y corrientes que nunca merecerán la atención de los medios), no solo por lo que son sino por el modo con que se destacan las facetas más luminosas de sus personalidades respectivas.

La acción comienza a principios de los años sesenta, dura unos cuatro años y narra, básicamente, el estado de cosas existente tras la Segunda Guerra Mundial, con el fenómeno nazi y la creación de la Unión Soviética como fenómenos relativamente recientes que han dado lugar a enormes contingentes de exiliados, así como el estallido de la guerra de Argelia y las consecuencias que todo ello tiene en Michel Marini y su multicultural familia.

La inusual precocidad del protagonista puede justificarse teniendo en cuenta que encarna un punto de vista, es decir, además de personaje, también es un recurso literario. No obstante, logra elevarse a la categoría de ser de carne y hueso porque manifiesta una personalidad definida y porque es capaz de lograr que compartamos con él esos primeros pasos de su vida adulta.

Escritor francés de origen argelino, Jean-Michel Guenassia, obtiene con esta novela en noviembre de 2009 el Goncourt des Lycéens, otorgado por los jóvenes franceses a uno de los finalistas del premio. No es difícil adivinar por qué: en ella se analizan las relaciones con el padre y la madre, el descubrimiento del primer amor, el conflicto con los hermanos, el despertar de la vocación profesional, el desafío al liderazgo o la revelación de los propios límites. Pero El club de los optimistas incorregibles es más que una novela de iniciación, investiga muchos de los principales escollos con que puede tropezar el ser humano: la amistad, que nunca es fácil, la relatividad del enamoramiento, la traición, la ideología, la familia, la fidelidad a los propios principios, la solidaridad, los prejuicios, el exilio, la lucha por la supervivencia, la identidad religiosa, los incontables sufrimientos que trajo el nazismo a Europa, las alianzas políticas, el liderazgo intelectual… Enumero y no acabo. De todo ello se sirve Guenassia para reflejar la lucha frente a la adversidad, la capacidad para superar el pasado y sobrevivir en circunstancias diferentes a las habituales hasta entonces, incluso aunque sean mucho peores e incluyan el desarraigo, la pérdida de seres queridos, la categoría profesional, el nivel adquisitivo o el status social.

Un verdadero canto al optimismo, tan innecesario cuando la vida nos sonríe como absolutamente imprescindible cada vez que el barco comienza a hacer aguas.

jueves, 1 de agosto de 2013

Rosa Montero: La ridícula idea de no volver a verte

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Tiene Rosa Montero como escritora una cualidad que me parece admirable, y es su capacidad para mutar de un libro a otro, su inquietud creativa: cuando otros escritores ya se habrían acomodado a un género y un estilo (y muchos lo han hecho, realmente), ella sigue intentando cosas diferentes y probando géneros nuevos. Dicho con otras palabras, mantiene un espíritu joven y literariamente inquieto que hace que su obra sea permeable a las tendencias actuales, y que La ridícula idea de no volver a verte tenga elementos en común con, por ejemplo, Bilbao-New York-Bilbao (la autoficción, la metaficción, la mezcla de personajes históricos y "domésticos"...). Aunque sea

La ridícula idea de no volver a verte es un texto complejo: tiene algo de biografía (o hagiografía) de Marie Curie, cuyo diario tras la muerte de su esposo sirve de inspiración para el libro; tiene mucho de confesión o exorcismo de la propia Rosa Montero, que también vio morir de forma abrupta a un ser querido (por accidente en el caso de Marie Curie, por enfermedad fulminante en el caso de la escritora); y tiene también algo, como nexo de unión, de ensayo de reflexión sobre la superación (si es que "superación" es el término adecuado) de la pérdida y el dolor.

Personalmente, la parte que me ha parecido más interesante (y es la parte que más espacio ocupa en el texto) es la recreación de la vida de Marie Curie, una figura sin ninguna duda apasionante: una mujer polaca sin medios económicos, que con su inteligencia y su capacidad de trabajo y sacrificio llegó a lo más alto del mundo científico francés y mundial (dos premios Nobel, cátedra en la Sorbona, dos elementos químicos descubiertos...). Pero más que en su faceta científica, Rosa Montero intenta desentrañar la personalidad que hay por debajo de la figura pública: el corazón caliente que (sospecha la escritora) se escondía debajo de un exterior serio y estoico.

El diario de Marie Curie, escrito inmediatamente después de la muerte de su marido, es una lamentación desgarrada y profundamente intimista. El texto de Rosa Montero que le sirve de pórtico (un pórtico mucho más largo que el propio diario en sí) es mucho más contenido y sereno; aunque el dolor y la muerte son el tema central, es un libro casi ligero, con un estilo cercano -Rosa Montero tutea literalmente al lector- y con un espíritu más leve que lo que cabría esperar dado el tema. Mucho  más leve, por ejemplo, que el impresionante Una pena en observación (que me ha sorprendido no ver mencionado en el texto, porque los puntos de relación son evidentes) y más en la línea de Nada que temer de Julian Barnes, aunque con menos humor negro.

Que nadie compre este libro, en cualquier caso, esperando encontrar una receta para superar el duelo: ni Rosa Montero ni Marie Curie -ni nadie- tienen esa receta...

Una nota final: No me parece acertado el diseño de la portada, que no refleja ni los temas ni el espíritu del libro; han debido de pensar que siempre queda bien poner Nueva York en blanco y negro...


También de Rosa Montero en ULAD: Lágrimas en la lluviaTe trataré como a una reinaTemblorLa hija del caníbalAmado AmoCrónica del desamor