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miércoles, 23 de octubre de 2024

David Mitchell: La casa del callejón

Idioma original: inglés

Título original: Slade House

Año de publicación: 2015

Traducción: Laura Salas Rodríguez

Valoración: está bien

Clasicazo de la narrativa de terror es el recurso de las casa encantadas, de las que podemos encontrar para todos los gustos, desde la de la clásica y consabida La maldición de Hill House, hasta ejemplos más recientes, como la que aparece en Carcoma o, rizando el rizo irónico, la de Cómo vender una casa encantada de Grady Hendrix. En La casa del callejón encontramos también una, Slade House, situada, qué sorpresa, en el escurridizo Slade Alley, un callejón en los suburbios de Londres o alguna localidad cercana. Una casa encantada habitada por ¿fantasmas? ¿Vampiros? ¿Brujos? Bueno, pues digamos que todo eso a la vez y ninguna de esas cosas... De hecho, ni siquiera podemos afirmar que Slade House sea una casa encantada sensu stricto, sino más bien se trataría de una ¿casa?¿Espacio? ¿Ente? que ofece a quien se qaventura tras sus muros aquello que más está ansiando, ya sea un niño algo rarito y solitario, un policía tirando a viva la Virgen, una joven acomplejada por su peso u otra que busca a su hermana desaparecida. Todos, y algún personaje más, enredados en una trama enrevesada y que se dilata alo largo de diferentes momentos en el tiempo, que ocupan a su vez diferrentes capítulos. 

Novela, pues, con un gran componente fantástico, quizás más que de terror puro y duro, aunque sí que nos puede proporcionar algún que otro momento bastante inquietante. La explicación final sobre lo que sustenta toda la trama me resulta, sin embargo, demasiado prolija y, por tanto, poco satisfactoria, pues siempre he considerado que en este género es conveniente mantener el misterio en todo aquello que se pueda y dejar cierto margen para la sugestión y la imaginación del lector. Cierto es que esta novela corta está, al parecer, emparentada con otra bastante más extensa del mismo autor, Relojes de hueso y tal vez (pues no la he leído) haya querido hacer aquí un epílogo para la misma-o de ambas-; en todo caso, lo mismo que hay detalles muy interesantes y sugerentes, creo que hay otros elementos que juegan en contra del efecto que se pretende conseguir. Por ejemplo, la dinámica entre cierta pareja de gemelos, que recuerdan al Team Rocket de los dibujos de los Pokémon...

En resumen y conclusión: estamos ante una novela fantástica o de terror "suave" que, por las  características de su trama y estilo -más que correcto, pero sin muchas complicaciones- creo que puede ser sobre todo del agrado de los lectores más juveniles (esos que ahora llaman "jóvenes adultos") o de cualquiera que guste de pasar un rato entretenido y algo asustado, pero no mucho. Adictos a las emociones más fuertes, mejor abstenerse.

Otros títulos de David Mitchell reseñados en Un Libro Al Día: Black Swam Green, Escritos fantasma, El atlas de las nubes

domingo, 6 de noviembre de 2022

Shirley Jackson: Hangsaman

Idioma original: Inglés
Título original: Hangsaman 
Año de publicación: 1951
Traducción: Maia Figueroa Evans
Valoración: Inquietante

¡Qué buena era Shirley Jackson! Hangsaman no es, ni de lejos, la obra que más me ha gustado de entre todas las que escribió, y aun así me parece un novelón.

Pero vamos por partes. Estamos ante un "bildungsroman" de corte experimental. Estamos, también, ante el retrato psicológico de Natalie Waite, una joven de diecisiete años. 

Jackson urde magistralmente la voz de Natalie, quien, además de una adolescente atribulada, es una de esas narradoras no fiables que la autora sabía encarnar con tanto tino. Y es que, desde el inicio, sabemos que hay algo en Natalie que no está bien. La vemos manteniendo conversaciones con un inspector de policía imaginario. Emborronando sus recuerdos. Estableciendo relaciones equívocas con un profesor de la universidad, su joven esposa y un par de alumnas. Incluso asistimos a su amistad con una tal Tony, que quizá no exista. Ah, y no olvidemos que tiene manías persecutorias. 

En fin: Hangsaman es una novela rara. No la recomiendo para iniciarse con Jackson, ya que su ritmo es algo lento, por momentos puede antojarse reiterativa y apenas desarrolla la mitad de los elementos que introduce. Sea como fuere, tampoco la descartaría, en caso de que la autora os guste. Y es que está perfectamente escrita, tiene una protagonista inolvidable, sinergias interesantes, pasajes extraordinarios (de corte onírico o directamente extraño) y un sentido del humor magnífico. Insisto: ¡qué buena era Shirley Jackson!


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Shirley Jackson: La lotería y otros cuentos

Idioma original: inglés
Título original: The Lottery and Other Stories
Año de publicación: 1948, 1949
Valoración: imprescindible

La lotería es un relato corto nacido de la mente de la que sin duda es una de las mejores escritoras estadounidenses del siglo pasado. Publicado por primera vez en 1948 en The New Yorker, su acogida por parte del público no pudo ser peor: muchos lectores cancelaron su suscripción a la revista y la autora recibió durante meses cartas en las que fue duramente criticada e insultada debido a la dureza del cuento. Pero, ¿qué cuenta esta historia exactamente? Cuenta la tradición que se lleva a cabo en un pequeño pueblo estadounidense, que consiste en sortear un premio entre todos los habitantes del pueblo. ¿Y qué es ese premio? La lapidación, por eso de quitarse el stress de encima y de que la cosecha de ese año sea buena y porque oye, es una tradición y las tradiciones hay que respetarlas. 

Si bien hoy en día no nos vamos a asustar por el argumento del cuento, todo que lo lea quedará encantado por la manera en que éste está escrito. Shirley Jackson confirma con esta pequeña obra que sabe crear ambientes como nadie y consigue, en apenas doce páginas, estremecer al lector con la propia historia, con las interpretaciones que se pueden leer entre líneas y con el oscuro sentido del humor que contiene.

Pero La lotería es, además de un cuento fabuloso, el broche de oro de esta colección de relatos que reúne 26 piezas en las que Jackson muestra (por si no había quedado claro en Siempre hemos vivido en el castillo o La maldición de Hill House) la gran imaginación que posee (que poseía, más bien) y toda su maestría a la hora de contar historias. Las narraciones que encontramos en este volumen están siempre ambientadas en la realidad más cotidiana, en una rutina diaria que aparentemente nada tiene de especial... hasta que todo cambia.

A pesar de que no encontramos en estos relatos elementos sobrenaturales o las características propias de los cuentos de terror (que nadie espere encontrar aquí a una versión antigua de Stephen King, por mucho que él se haya declarado fan absoluto de la autora), todos los escritos de Jackson nos dejan un regusto amargo, así como una inquietud que no sabemos muy bien de dónde viene y que nos cuesta bastante quitarnos de encima.

Quizá porque se encarga de enseñarnos las cosas terribles que se esconden en cada lugar que creemos seguro, o porque nos hace pensar en todo lo malo que tenemos dentro de nosotros, los relatos de Shirley Jackson resultan ser fáciles de leer y dificilísimos de olvidar. Y yo creo que no se le puede pedir más.



miércoles, 16 de julio de 2014

Shirley Jackson: Las brujas de Salem

Título original: The Witchcraft of Salem Village
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1956
Valoración: entre recomendable y está bien


En 1692 y 1693 tuvieron lugar una serie de procesos judiciales destinados a descubrir y condenar a las brujas que, aparentemente, atacaban a los vecinos y perjudicaban el ganado y las cosechas en los condados de Essex, Suffolk y Middlesex. Todo comenzó en la aldea de Salem, donde un grupo de niñas y adolescentes comenzó a sufrir ataques y a achacarlos a las acciones de las brujas. Llevados por el miedo y por el extremismo religioso, los líderes de Salem creyeron las acusaciones de las jóvenes y llevaron a juicio a más de 150 personas, cinco de las cuales murieron en prisión. Las demás, después de pasar un tiempo indeterminado entre rejas, fueron liberadas.

Shirley Jackson se encarga de narrar este triste suceso en Las brujas de Salem, quizá la única de sus obras que se aleja de la ficción para dar fe de uno de los episodios más vergonzosos de la historia estadounidense. Al fin y al cabo, no había más prueba en contra de las personas condenadas que la palabra de las jóvenes "endemoniadas", y tanto los líderes de la comunidad como los vecinos de los supuestos brujos entraron al trapo y utilizaron cualquier excusa (una mala contestación, una mirada de desconfianza, un mal gesto) para acusar de practicar la brujería y encerrar a gran parte de la población.

Además de contar los hechos tal y como sucedieron (tal y como hablan de ellos los registros de la época, más bien), Jackson se pregunta qué pudo llevar a toda una comunidad a comportarse de tal forma. Hay quien dice que el culpable de lo ocurrido fue un hongo alucinógeno presente en el pan, que causó los primeros ataques y alucinaciones, y que después la gente se dejó llevar por la histeria. Pero tampoco hay que olvidar el extremismo religioso, la ignorancia y la superstición imperantes en la época. Todo ello, unido a un ambiente de profunda represión, pudo llevar a la gente del pueblo de Salem (y de las aldeas cercanas) a creer realmente que las brujas y los demonios se habían apoderado de la comarca. En fin, cosas más raras se han visto (y, desgraciadamente, aún se ven).

Las brujas de Salem no es, de todas maneras, un libro de historia, sino un simple testimonio de lo ocurrido en Massachusetts hace cuatro siglos. Está bien para pasar el rato, para saber lo que ocurrió (y alejar los hechos de las películas sobre este tema que tantas veces hemos visto) y como puente entre otras lecturas.

También de Shirley Jackson en ULAD: La maldición de Hill HouseSiempre hemos vivido en el castilloEl reloj de solLa lotería y otros cuentosCuentos escogidos, Hangsaman

miércoles, 7 de mayo de 2014

Shirley Jackson: La maldición de Hill House

Título original: The Haunting of Hill House
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1959
Valoración: recomendable

Si bien Jemila introdujo a Shirley Jackson por primera vez en este blog hace unos meses, hoy voy a reseñar otra de sus novelas, La maldición de Hill House, que fue adaptada al cine en 1999 (y rebautizada como La guarida). Si alguien ha visto la película, que no piense que el libro no tiene nada que ofrecerle. Los puntos de partida de la historia son parecidos, pero el desarrollo la misma es diferente –y, todo hay que decirlo, el libro es muy superior a su versión cinematográfica.

En La maldición... nos encontramos al doctor Montague, un hombre que busca casas encantadas para descubrir lo que realmente ocurre en su interior (que, generalmente, no tiene nada de sobrenatural) y tirar por tierra todos los mitos que se han creado sobre ellas a lo largo del tiempo. Así descubre Hill House, un caserón de historia inusual, en el que han ocurrido unas cuantas desgracias y que nunca ha sido ocupado durante más de unos cuantos días seguidos. 

El doctor decide alquilar la casa e invitar a varios individuos a que pasen un verano en ella, para ver qué es lo que ocurre y cómo reaccionan sus objetos de estudio. Finalmente son cuatro las personas que llegarán a Hill House: el propio Montague, Eleanor (quien ha pasado toda su vida cuidando de su madre enferma y quiere participar en el experimento para sentir que empieza a vivir), Theodora (una joven con aparentes facultades psíquicas) y Luke (el futuro heredero de la casa).

Sin más compañía que la del matrimonio Dudley, quienes se encargan de cuidar de la casa y de preparar la comida a los invitados (nunca durante la noche; desde el principio dejan muy claro que sólo aparecerán por allí una vez haya salido el sol, y jamás cuando ya se haya ocultado), los cuatro comenzarán su verano en Hill House con una mezcla de curiosidad y miedo (unos) y escepticismo (otros), pero el antiguo edificio les demostrará que lo que ocurre entre sus paredes es mucho peor de lo que ellos podían imaginar.

Y no puedo contar más, salvo que La maldición... es una novela corta que, si bien a un lector actual seguramente no le dará miedo, sí se puede considerar como un gran clásico dentro de la literatura de terror. Poseedora de las características propias del género, el gran acierto de Jackson es insinuar más que contar, así como desarrollar unos personajes absolutamente realistas y verosímiles (los Dudley son un poco arquetípicos, pero se le perdona porque apenas aparecen). 

Con razón Stephen King se declara abiertamente un fan de Shirley Jackson. Basta este libro para descubrir que la autora tenía gran talento y para desear hacerse con los siguientes.

jueves, 16 de enero de 2014

Shirley Jackson: Siempre hemos vivido en el castillo

Título original: We have always lived in the castle
 Idioma original: inglés
 Fecha de publicación: 1942
 Valoración: Muy recomendable

 Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con la lectura de un libro. Tanto, que a medida que se acercaba el final, intentaba rebajar el ritmo de lectura para degustar con más cuidado la historia, pero como Siempre hemos vivido en el castillo no es un libro muy largo, la técnica me sirvió de bien poco: en dos tardes me lo leí. Y qué pena me dio que el placer durara tan poco…

 Yo sabía de Shirley Jackson gracias a algún que otro artículo o apunte en prensa, y bueno, también sabía que era la escritora de un escalofriante relato llamado La lotería que cuenta cómo cada año, en un idílico pueblo, eligen por sorteo a una persona que deberá ser apedreada hasta la muerte por el resto de los habitantes. Para desahogarse un poco y esas cosas…

 No hace demasiado que leí La lotería, pero ya conocía la historia por dos telefilmes que vi hace unos cuantos años y en los que aprovecharon la aterradora premisa para tejer tramas más complejas. Muy recomendable también este cuento.

Pero vayamos a Lady Shirley y su fortaleza…

 Shirley Jackson, nacida en San Francisco en 1916, fue una atípica escritora centrada, casi siempre, en el suspense y en el terror psicológico (también escribió libros para niños, entre otras cosas). Madre de cuatro hijos y esposa de un intelectual judío, murió antes de los cincuenta debido a un cúmulo de achaques probablemente originados por su obesidad y su adicción al alcohol y a toda clase de fármacos (los trastornos mentales también hicieron mella en ella). Pasó por la universidad pero la vida doméstica se llevó buena parte de su energía, y empezó a publicar libros a los treinta y pocos. Venerada por autores como Joyce Carol Oates (que hace un magnífico postfacio a este libro) o el maestro Stephen King (que ha reconocido la influencia de Jackson en su obra), se dice que en sus libros, Jackson destripa mediante alegorías o insinuaciones bastante directas la hipocresía y la inhumanidad pasiva de comunidades humanas aparentemente civilizadas, inspirándose en lo mal que sus educados vecinos de Nueva Inglaterra se lo hicieron pasar a ella y a su esposo, por ser éste hebreo.

 Siempre hemos vivido en el castillo cuenta la historia de las dos hermanas Blackwood, Merricat, adolescente de dieciocho años y la narradora del libro, y Constance, una bella y maternal veinteañera, que viven aisladas del mundo en su magnífica aunque algo anticuada mansión. Tan sólo están acompañadas por su gato Jonas y por el tío Julian, un anciano que está en silla de ruedas y al que se le va mucho la cabeza, pero no tanto como para olvidar que él es el único superviviente, aparte de las hermanas y el gato, de un envenenamiento masivo que seis años atrás se llevó al resto de los Blackwood: padre, madre, hermano y tíos. Crimen del que Constance fue acusada y absuelta, pero que enseguida comenzamos a sospechar que es achacable a otra persona…

No quiero dar demasiados detalles sobre la trama porque me gustaría que el lector de esta reseña se hiciera con el libro lo antes posible y degustara sin demasiadas pistas ni explicaciones su impagable savia. Creo que destripar y analizar la novela desde aquí, restaría encanto a la gran experiencia que constituye su lectura. Porque en Siempre hemos vivido en el castillo no se explica, se insinúa, una tremenda historia, al contrario de lo que sucede en los mamotretos superventas que tanto gustan en estos días, donde se describen a conciencia individuos de manual y situaciones folletinescas y predecibles. Pero no me resisto a afirmar que las personalidades de las Blackwood son dignas de un hondo análisis psiquiátrico (son dos agorafóbicas de manual, siendo Merricat una chiquilla maquiavélica y obsesiva, y Constance una trágica princesa entregada y contagiada de la locura de su hermana, a la que cocina y cuida como si fuera su única misión en la vida); que la irrupción en la casa de las Blackwood de cierto personaje masculino es una prueba de fuego para esa insana relación, y que la descripción de las personalidades y conductas de los envidiosos vecinos de las chicas es una magnífica continuación del pueblo de miserables civilizados de La lotería.

Leedlo y luego hablamos…

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