Mostrando entradas con la etiqueta sigo XX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sigo XX. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de mayo de 2024

Joyce Carol Oates: Un jardín de placeres terrenales

Idioma original:
Inglés
Título original: A Garden of Earthly Delights
Traducción (al catalán): Núria Busquet Molist
Año de publicación: 1966
Valoración: Ambicioso y decididamente recomendable

Menudo novelón es Un jardín de delicias terrenales. Varios son los aspectos por los que destaca esta ambiciosa obra de Joyce Carol Oates: la sensibilidad del conjunto, la voluptuosidad de su prosa, el tono agridulce global, su capacidad para retratar a la América rural y la complejidad de su elenco.

La protagonista indiscutible de Un jardín de delicias terrenales es Clara, quien en un inicio convive con su familia de jornaleros, luego escapa junto a Lowry, se casa con Curt y finalmente cuida de su hijo Swan. 

Los capítulos que subdividen el libro llevan el nombre de tres de los hombres que tanto han marcado la vida de Clara. El primero, por ejemplo, se titula "Carleton", en honor al padre de nuestra heroína; lo siguen "Lowry" y "Swan".

Son numerosos los temas barajados en esta novela. Yo destacaría la pobreza estructural, el maltrato en todas sus acepciones o las esperanzas y los desencantos existenciales. Estos temas se abordan con absoluta maestría a través del argumento y, en menor medida, de las incursiones en la psicología de los personajes. 

Solamente le pondría dos pegas a Un jardín de delicias terrenales. La primera sería su extensión; aunque el libro no se llega a hacer largo o pesado en ningún momento, dilata innecesariamente ciertas escenas. 

En segundo lugar, reprocharía a la novela que repita de vez en cuando información aportada previamente; esto último puede deberse a que Oates quiere enfatizar determinados detalles, pero a mí me sobran, por ejemplo, tantas menciones a la obsesión de Carleton por el tono de piel blanco, o a la idea de que, para Lowry, Clara no es más que un perro encontrado en la carretera. 

Ah, una última cosa: Un jardín de placeres terrenales es la primera novela (autoconclusiva, tranquilos) de una tetralogía llamada Wonderland. Según tengo entendido, el resto de la saga mantiene el nivel, por lo que estamos hablando sin duda de uno de los proyectos narrativos norteamericanos más grandes en lo que a escala y calidad respecta.


También de Joyce Carol Oates en ULAD: Aquí

jueves, 10 de marzo de 2022

Ingmar Bergman: Niños de domingo

Idioma original: Sueco
Título original: Söndagsbarn
Año de publicación: 1993
Traducción: Marina Torres
Valoración: Bastante recomendable

Hay una serie de requisitos que "exijo" a las novelas de corte autobiográfico, pero dos son indispensables: que el texto trascienda de lo individual a lo colectivo y que la voz me resulte literariamente creíble. Nada de ejercicios masturbatorio-knausgardianos y nada de niños citando a Aristóteles.

El caso es que en esta segunda parte de la trilogía autobiográfico-familiar de Bergman se cumplen las dos citadas premisas. Por un lado, los temas tratados en "Niños de domingo" son absolutamente universales; por otro, la voz y la estructura elegidas por Bergman dotan de credibilidad y sentido a lo narrado, lo que demuestra gran habilidad por parte del autor.

Un fin de semana en el mes de julio de 1926 (cuando Pu, trasunto literario de Bergman, apenas cuenta con 8 años) es el marco temporal de unos hechos que sitúan al pequeño Bergman frente a una sexualidad apenas entrevista, al primer miedo a la muerte (vía personas reales o a fantasmas, apariciones y leyendas), a la vejez o a la infelicidad, todos ellos perfectamente reconocibles para cualquiera de nosotros. Pero más allá de estos tempranos descubrimientos, la figura central de "Niños de domingo" es la del pastor Erik Bergman, padre del autor y cuya relación con este queda marcada por esos días de julio.  

Varios son, en mi opinión, los principales aciertos del autor:
  • La introducción de tres escenas situadas muchos años después, con un padre ya enfermo y agonizante, que dotan de mayor potencia (mención de honor para un final brutal), coherencia y sentido a los hechos pasados.
  • La conjugación de lo meramente evocativo y descriptivo, a veces hasta casi naif, en la parte inicial con lo puramente introspectivo y psicológico a medida que pasan las páginas.
  • El tono, frío y delicado al mismo tiempo, que evita la caída en ñoñerías y sentimentalismos baratos
En el lado no tan positivo, me choca bastante la alternancia entre primera y tercera persona. Entiendo que con ello el autor pretende dotar al texto de la suficiente distancia con los hechos, pero me da la impresión de que el mismo efecto se hubiese conseguido sin ese cambio de registro.

Por último, y para los "fans" de la obra bergmaniana, tres guiños cinéfilos: la casa de la infancia que es imposible desligar de la que aparecía en "Fresas salvajes", una escena muy muy "El séptimo sello" y la teatralidad de algunas escenas que recuerdan a las películas más centradas en las dudas, la culpa y la confusión. 

P.S.: Preciosa edición, como viene siendo habitual, esta de los riojanos Fulgencio Pimentel. ¡¡¡Porque hay mucha vida "en provincias"!!!