Idioma original: inglés
Título original: The Message
Traducción: Paula Zumalacárregui en castellano para Capitán Swing
Año de publicación: 2024
Valoración: entre está bien y recomendable
Título original: The Message
Traducción: Paula Zumalacárregui en castellano para Capitán Swing
Año de publicación: 2024
Valoración: entre está bien y recomendable
Autor poco prolífico en cuanto a libros publicados, Ta-Nehisi Coates desfrunce su talento en diversas disciplinas: escritor de narrativa, autor de ensayos, guionista en cómics de Marvel, así como también artículos periodísticos. Tal despliegue le ofrece un campo de batalla envidiable para difundir las ideas sobre las que giran sus diferentes obras en torno al activismo social, cultural y especialmente político, centrado en gran parte a la lucha contra el racismo y el supremacismo.
En este ensayo, el autor comienza con un capítulo dedicado al periodismo, con una aseveración que denota su intención y su ideología y que engloba a los escritores afroamericanos: «cuando se vive como nosotros, entre personas cuya humanidad está siempre en entredicho, hasta los detalles más nimios —sobre todo, los detalles más nimios— adquieren carácter político. Para vosotros, no puede haber distancia entre la escritura y la política».
En esta obra, con pocos capítulos y de temática entrelazada, Coates nos habla en primer lugar de sus orígenes familiares, con un padre que «tenía una modesta y heterogénea colección de arte revolucionario», y una madre que «baila de maravilla. Adora la música (…) tiene también una habilidad innata para las manualidades». Unos padres que, por su activismo (su padre era miembro de los Black Panthers), le contagian un espíritu reivindicativo, de lucha y superación, que el autor apuntala al afirmar que «creo que, si mi padre tratara de describir las fuerzas que han configurado su vida, se fijaría primero en sus propias acciones: sus méritos, sus errores. Pero si ampliara la abertura hasta abarcar el mundo que lo rodeaba, vería que a algunas personas sus méritos les hacían ganar más y los errores les costaban menos».
Superado este primer capítulo donde Coates nos sitúa en cuanto a sus orígenes y raíces, el ensayo cobra forma y se vehicula a través de tres viajes del autor a lugares en conflicto (Dakar, Carolina del Sur y Palestina) que le sirven para exponer y denunciar diferentes situaciones en los que la desigualdad se pone de manifiesto. Así, en el primero de ellos, el autor expone un hecho clave en la cultura afroamericana, el esclavismo, y lo relaciona con sus orígenes africanos esgrimiendo que «la necesidad de una justificación específica para expoliar a unos seres humanos determinados es tan vieja como la propia ‘raza’ de hecho, es precisamente por lo que se inventó la raza. Para justificar la explotación de los africanos, era necesario escindirlos de la humanidad y arrojarlos a los escalafones inferiores». Con ello, Coates nos habla sobre la problemática que tuvieron los descubridores de la cultura egipcia por los rasgos africanos que tenían los egipcios así que, para justificarlo, llegaron a la conclusión que los rasgos negros correspondían a los esclavos. Así mismo, el autor aprovecha para desvelar el origen de su nombre “Ta-Nehisi”, la denominación del reino de Nubia en egipcio antiguo, que en ocasiones se traduce como "la tierra de los negros" reafirmando así su postulado mientras se cuestiona a su vez si «debiese decir que esa idea de Dakar como punto de origen de los afroestadounidenses es, en sí misma, una historia, una invención. Esa invención es de carácter colectivo, un origen imaginado y soñado para llenar el vacío de unas personas a las que les dijeron que venían de la nada y que, por lo tanto, no habían hecho nada ni eran nada. Gorea y su supuesta ‘puerta sin retorno’ satisfacen esa necesidad: una Lavinia perfecta para el agujero de nuestra historia». Así, afirma con pesar que «las personas negras, aquí y allá, somos víctimas de Occidente (…) conocemos la belleza de esta casa: sus escalones de caliza, su revestimiento de madera, sus baños de mármol. Pero, más aún, sabemos que la casa está encantada, que hay sangre en los ladrillos y fantasmas en el desván». En su segundo capítulo, el autor se centra en los Estados Unidos de América y su educación recibida en Baltimore, así como sus clases en la universidad de Nueva York y Howard y la herencia académica que quería dejar a sus estudiantes de creación literaria, un peso y una responsabilidad de la que es consciente pues, tal y como afirma, «el peligro que entrañamos los escritores y escritoras no es simplemente que podamos convencer a sus hijos de un dogma diferente, sino de que tengan el poder de formar sus propios dogmas». Con ello, el autor aprovecha para hacer hincapié en sus propios libros (con los que tiene un sentimiento casi paternal) y explica lo que siente por ellos y las impresiones que le causan destacando, entre otros, ‘Entre el mundo y yo’ (del que afirma que «es el superdotado o, más bien, ese cuyos dones se traducen con mayor facilidad al resto del mundo»). Ya en su último capítulo, el autor visita Palestina y nos habla en primer lugar de la Shoá para enlazarlo con la segregación entre judíos y palestinos (de los que afirma que son tratados en Israel como ciudadanos de Segunda). Así, Coates establece un paralelismo entre los EE. UU. De Jim Crow y el actual Israel de Netanyahu por la opresión que estos ejercen a los sectores de población que viven bajo el dominio del estado, afirmando que «los palestinos que viven en Israel tienen una esperanza de vida más baja, son más pobres y viven en vecindarios más violentos (…) En Israel, ciertas comunidades tienen permiso para discriminar de manera legal a los ciudadanos palestinos mediante el establecimiento de ‘comités de admisión’».
En este ensayo de Coates, el autor pone de manifiesto las desigualdades estructurales que hay en el mundo, en un recorrido a lo largo de tres viajes puntuales, y escribe un conjunto de artículos ensayísticos con un claro ánimo de denuncia, pero, a pesar de su evidente relación a través de un eje ideológico, el encaje no acaba de cuajar y los diferentes capítulos son desiguales en interés y claridad expositiva. Aún y así, siempre es bueno leer a Coates porque si activismo es una manera de mantener vivo el grito contra los poderes opresores y la desigualdad que ejercen y explotan.
Ya para terminar, afirma Coates que «escribir y reescribir es el intento de comunicar no solo una verdad, sino el éxtasis de una verdad. No basta con convencer al lector de mi argumentación: quiero que experimente el mismo disfrute que siento yo en mi soledad». Y qué duda cabe que eso es algo parecido a lo que intentamos transmitir los autores de este blog en nuestras reseñas: contagiar a los lectores de lo que nos aportan los libros que nos impactan.
También de Ta-Nehisi Coates en ULAD: Entre el mundo y yo

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