Año de publicación: 2016
Valoración: Decepcionante (por decir algo)
No sé, a veces creo que, por una razón u otra, me aproximo
demasiado a los bordes del concepto de libro, y me surgen dudas de si algunas
cosas deberían realmente tener una reseña en el blog. Pero bueno, si le hicimos
un hueco al ilegible Manuscrito Voynich (excelente entrada, por cierto) o más
recientemente le dedicamos un zoom al libelo de Quevedo, entiendo que el margen es suficientemente
amplio. Este librito que traemos hoy no llega a ser ilegible, más bien al
contrario, pero me temo que está en esa dudosa frontera de lo reseñable.
En algún momento y lugar que no recuerdo me entero de que
existió una tal Maria Reiche, matemática y arqueóloga alemana que dedicó buen
parte de su vida y enormes esfuerzos a estudiar las líneas de Nazca, ya saben,
esa especie de inmensos dibujos trazados sobre el desierto peruano que les da
el nombre. Un misterio de esos que fascinan a los amigos de lo paranormal,
siempre dispuestos a buscarle explicaciones extraterrestres a todo lo que se
sale de lo conocido. Me llamó la atención que esta mujer se dedicase durante
tantos años a investigar casi en solitario semejante asunto, y me dispuse a
buscar un libro sobre ella, no sobre las figuras, que cuentan con amplia
bibliografía.
El resultado fue este librito del peruano Jorge Gundemar,
afincado en España y por lo visto autor de algunos otros títulos. Librito
porque es muy breve, y también sorprendente, porque en caracteres muy grandes,
empieza con un diálogo entre un niño y su abuelo. Enseguida descubrimos que el
abuelo está relatando su experiencia cuando en su infancia de pobreza se puso
al servicio de la loca que barría el desierto con sus escobas.
Supongo que la intención del autor no es hacer una pirueta
estilística presentando en este formato un esbozo de biografía de un personaje
tan singular. Seguramente, digo yo, lo que pretende es hacer llegar a los niños
de su país una pequeña historia acerca de un patrimonio cultural desde luego
bastante singular, y de paso presentar a la investigadora como alguien que,
llegando de muy lejos, se interesó por ello. Hasta le compraríamos esa intención
de construir un cuento divulgativo, con el nieto expectante y el abuelo
narrando una experiencia única. Pero dudo bastante de que el público infantil
se llegue a interesar de verdad por unos datos biográficos más bien poco
llamativos, y además sobre las misteriosas figuras de Nazca hay en el libro tan poca
información que tampoco creo que por ese camino fuese a llamar su atención.
Incluso se podría pensar que se trata de un trabajo de encargo para fomentar el conocimiento de las singularidades de la cultura nacional pero, si lo que queremos es encontrar información sobre el interesante personaje de Maria Reiche, creo que habrá que buscar por otros caminos. Así que nos quedamos con la extraña sensación de no saber bien lo que estamos leyendo, pero en todo caso me temo que la brevísima lectura no va a dejar satisfecho a casi nadie.


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