domingo, 8 de febrero de 2026

Florence Knapp: Los nombres

Idioma original: inglés
Título original: The Names
Traducción: Núria Parés Sellarès en catalán para Grup 62 y Aurora Echevarría Pérez en castellano para Salamandra
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


Hay libros que llaman la atención por su enfoque, por el punto de partida que plantean, por las posibilidades que se abren delante de un prometedor inicio. Y este es un gancho importante, aunque a veces es simplemente un gancho porque en ocasiones el libro cuenta bastante más y la dirección que toma el desarrollo no tiene por qué coincidir con lo que se auguraba. Y este libro es uno de estos casos, pues el peso del relato no recae en "los nombres" en sí, sino en las consecuencias de su elección y quién la toma. Pero mejor vayamos a ello.

La historia se sitúa en octubre de 1987, un día antes de que Cora vaya a registrar el nombre de su hijo. Podría llamarse Gordon, siguiendo la tradición de la familia de su marido, pero es un nombre que no le gusta y ella tiene la fuerte sensación de que «el nombre de una persona podría haber influido en el transcurso de su vida»; de todos modos, parece que no tiene elección porque el padre está empecinado en que mantenga el nombre que tienen todos los varones mayores de su familia. Las dudas la asaltan en el momento de formalizar el registro, pues Cora cree que es una tontería ponerle un nombre que no le gusta y que, en el fondo, esta insistencia de su marido viene dada porque «a veces la necesidad de complacer las generaciones anteriores es mayor que la necesidad de amar las futuras». Así, la decisión de registrar un nombre u otro se convierte en el punto de partida de una historia que marcará el destino, no únicamente de su vida, sino la de su familia.

A nivel estructural, después de este prometedor inicio (que ocupa las primeras páginas del libro), el libro se trifurca en las posibles vidas que surgen a partir de la elección del nombre del recién nacido, el hijo menor de una familia de cuatro miembros, de manera que cada capítulo corresponde a una “posible” vida en un mismo momento temporal para facilitar la comprensión y el seguimiento en paralelo de lo que les ocurre. Además, el libro traza un arco narrativo muy amplio temporalmente, pues la autora narra las historias a través de saltos temporales de siete años. De esta manera, conocemos la vida de la familia (en cada una de sus tres versiones) en distintos momentos, como instantáneas tomadas en episodios puntuales de sus existencias. Esta estructura le permite a la autora dar continuidad a las historias y facilitar la comprensión lectora, pero tiene un gran inconveniente: cubrir casi cuarenta años de tres familias por separado a través de episodios puntuales con saltos de siete años le resta profundidad a cada una de las historias de manera que uno no llega a empatizar completamente con ellas. También es cierto que, pese a lo novedoso del planteamiento en la trifurcación, es algo que ya leí en el magnífico libro de Paul Auster «4 3 2 1» donde el autor utilizaba este mismo recurso con mejor resultado (probablemente porque Auster era un grandísimo escritor, pero también porque las casi mil páginas daban el margen necesario para explayarse que echo de menos en este libro).

A nivel argumental y sin revelar demasiado, Florence Knapp, a través de las diferentes vidas, más que del desarrollo de los hijos habla de las ausencias y las herencias que dejamos a nivel vital: aquello que construimos y cómo influenciamos en nuestros hijos: las expectativas, las conductas, las costumbres; qué vidas tienen los que continúan, qué les depara el futuro en función de lo que les ha ocurrido en el pasado, cómo los hechos ocurridos en la infancia condicionan nuestras vidas. Así, el libro abre un abanico desde el nacimiento y vemos la progresión de las vidas de los personajes en función de una decisión inicial (el nombre registrado), pero a la vez las diferentes historias mantienen ciertas similitudes por aquello que los rodea, por sus condiciones, por su entorno e, igualmente, por el poder que esa decisión en particular otorga a cada una de las vidas. Y es que en el fondo ahí está la clave del relato: en la decisión, la que se toma, quien la toma y bajo qué circunstancias, constatando de esta manera que, aunque las decisiones puedan afectar el desarrollo de una familia, no lo determinan más que aquello que las constituye, o las destruye.

Mi sensación tras la lectura es que a pesar de que lo que expone la contracubierta difiere con lo que ofrece y que echo en falta mayor profundidad en las “historias”, es un libro que se disfruta en lo que sí consigue abarcar: las ramificaciones que puede tener la vida de las personas y de su entorno en función de las elecciones tomadas. Así mismo, es también una historia de redenciones, de la capacidad de reencauzar vidas o continuar con una inercia destructiva; es una historia sobre posibilidades, aciertos y apuestas, sobre saltos al vacío o sobre buscar la comodidad dentro de la incomodidad, sobre valentías y flaquezas, sobre la autoridad y el poder, la sumisión o el atrevimiento, sobre la capacidad de decidir y marcar el camino, sobre trazar un camino a través de unos obstáculos que no siempre dejan ver lo que puede haber detrás. Y también, y especialmente, es una historia sobre el acompañamiento, el soporte, la calidez y la ayuda que podemos encontrar (o no) en las personas que nos rodean.

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